¿Obra
maestra o farsa? ¿Por qué no ambas cosas? Y es que CA7RIEL
& Paco Amoroso se vuelven a superar con el lanzamiento de
un disco conceptual monumental que incluye comedia absurda, sátira y drama. Un
trabajo amplio en estilos musicales y géneros, con una inmensa cantidad de capas
sonoras y atmósferas. El dúo argentino aparece renovado en FREE SPIRITS,cuya
narrativa está centrada en un proceso de recuperación mental después de sufrir
un burnout por
la presión del reconocimiento. El álbum continúa una terapia intensiva de los
chicos en el Free Spirits Wellness Center, un retiro
holístico ficticio deSting dirigido
a celebridades quemadas por la fama.
FREE SPIRITS habla
de las vidas vacías de las estrellas de la música actual. Contiene sexo, drogas y la falsa idea de que el dinero y la fama dan felicidad. A
nivel musical, es un disco ecléctico donde se pueden encontrar fusiones de trap
con toques de la música del medio oriente o con guitarras distorsionadas, así
como bossa nova, house, rock, balada romántica, rave y más. Con canciones muy cromáticas
que van del bolero de loft de hotel a temas muy oscuros, casi tribales.
Tema por tema
Esta producción se abre con “Nada Nuevo”, casi la banda
sonora de una película de Bollywood, que incluye un ritmo frenético, mucha cámaras
de voces y un entramado melódico arábico que lo vuelve muy atractivo. Es un tema con mucha locura,
que musicalmente se va para cualquier lado pero es genial. “Goo Goo Ga Ga”, que tiene como invitado al gran Jack
Black, es casi una canción de Minecraft.
Una sambita latinosa, con escalas con cromatismos (como si fuera una canción demente
para niños), que es el racconto de la vida de un tipo que se arrepiente de
haber desperdiciado su juventud y quiere resetear todo para volver a ser un
bebé. Mientras tanto lo que suena es una bossa nova muy jazzera y absurda. ¿Pero
qué se podía esperar de esta conjunción de estrellas del humor? “No Me Sirve
Más” es un temazo, con influencias house y disco, una bomba inconformista en la
que el protagonista quiere más y más, dentro de un entramado social que lo empuja
hacia la híper ambición. También contiene una conexión de ritmos y géneros, con capas
y capas de voces, con variaciones dinámicas que te vuelan la cabeza.
Nada que ver con “Ay Ay Ay”, a dúo con Anderson .Paak, que es una orgía demente hecha canción
latinoamericana que linkea directamente con clásicos como “Guantanamera”. Un
tema bien jodón para festejar y bailar que tiene una segunda parte espectacular
bien diferente, con mucho groove y un par de guitarrazos soberbios. “Vida Loca”
es la canción de desamor del disco, muy sentimental, pero en los términos de
CA7RIEL & Paco Amoroso, y sabemos lo que eso significa. Es un tema sentido,
con mucha dulzura, una sensibilidad tremenda y una letra que habla de las vidas
arrepentidas (?) que están llevando los artistas. Con mucho punchi, punchi, “Muero”
contrariamente es un tour de force tremendo
y adictivo. Incluye también un cambio inesperado en el medio de la canción que
descoloca a todos los oyentes.
El tema junto a Sting (“Hasta Jesús Tuvo Un Mal Día”) es 100%
pop ochentoso, en donde la música propicia un acercamiento irresistible entre
los tres artistas que se vuelve gracioso y hitero. Sin dudas, encaja plenamente
en el ambiente y concepto del álbum de recuperación y superación. En sí, es un
temazo, con cambios melódicos hermosos que te rompen la cabeza cuando sube al
final. Por su parte, “Ha Ha” incluye el inopinado sampleo de “La Felicidad”, el
clásico de Palito Ortega, que
funciona como sarcástica confesión. Es un muy buen tema, que empieza como
balada, deviene muy rítmico y vuelve a ser balada, con una producción excelsa.
Un super hit, sorpresivo y espectacular. “Soy Increíble” es otro gran caramelo
pop. Un acercamiento instrumental al sonido Daft Punk, disfrutable y también ochentoso. Aparece una guitarra super
funky, muy groovera, que suena a Prince.
Y aquí llega uno de los puntos más altos del disco: “Himno
del Mediocre”, casi un homenaje a la canción romántica de los años setenta. Un
tema que va a quedar en el recuerdo porque pinta para clásico. Es absurdo pero también
la cabal demostración de la dualidad del perdedor nato que se acepta como tal. Nada
que ver con “Todo Ray”, que es uno de los temas más marchosos del disco.
Instrumentalmente es impecable. Una canción que seguramente va a explotar en
vivo porque es una barbaridad, la locura desatada. Y el cierre de FREE SPIRITS es “Lo Quiero Ya!”, que parece el sampleo de una canción búlgara. Un tema que encaja a la
perfeccion con la historia del disco, con una entramado rítmico complejo que es
demente. Una secuencia de ruido blanco sumada a unos coros enigmáticos
soft porno transforman el ritual en una rave secreta cuasi satánica…
Un final acorde para un disco que no se puede dejar de
escuchar y volver a escuchar en repeat…
Anel Paz es uno de los mejores guitarristas argentinos. Dueño de
una versatilidad única, demuestra toda su pasión por la música en todos los
trabajos que realiza, ya sea como socio fundador del sello discográfico Happy
Together Records -como productor, técnico de grabación y captador de
talentos-, así como en su labor como cantautor y docente. Fanático del surf y
la lectura, entre idas y vueltas; ha formado parte de innumerables proyectos
musicales, desde Los Violadores, Los Políticos, hasta llegar a liderar El
General Paz y La Triple Frontera, su grupo actual. Esta experiencia musical, que
lo fascina, sintetizó su larga búsqueda musical en un combo que mixtura en sus
composiciones rítmicas diversas de la música popular que van del rock al funk, pasando por el reggae, el candombe, la samba y el folklore. En esta charla temática nos dedicamos a hablar de lo que
más lo apasiona: la guitarra. Para eso nos encontramos en su estudio del barrio
de Caballito, en donde nos recibió con la humildad y generosidad de los grandes.
ENTREVISTA> ¿Cómo te enamoraste de la guitarra?
Yo
venía de estudiar música y flauta dulce en el Collegium Musicum a los 8 años.
Pero mi pasión con la guitarra empezó por la influencia de un tío rockero. Yo
venía escuchando la música que se pasaba en mi casa, como todo el mundo, y en
mi casa eran muy melómanos, se escuchaba mucha música clásica, jazz, tango,
música brasileña, buena música, buenos artistas. Había una colección muy grande
de discos de vinilo en casa. Hasta que un día vino mi tío y me dijo: "Mirá,
pendejo, tenés que escuchar todo esto…” Y me trajo Deep Purple, Jimi Hendrix, Santana, Pink Floyd y Led Zeppelin. Ahí me explotó el cerebro,
yo tenía 13, 14 años.
Eso
fue en los años 70, ¿no?
Claro.
En 1977, 78, en la época del Mundial de Argentina. Fue entonces que el sonido
de la guitarra me voló la cabeza. Estaba re loco, hacía el air guitar, todo eso… Tocaba la guitarra en el aire, flasheándola
con Gilmour, Hendrix, Page, Clapton,
Peter Green del viejo Fleetwood Mac,
B.B. King, Jeff Beck… Ahí me hice el vivo, porque yo tengo dos hermanos
mellizos a los que les llevo nueve años, y ellos eran chiquitos y todavía
recibían regalos de Reyes. Entonces, como a los cuatro hermanos nos tenían que
regalar algo, yo les pedí a mis viejos una guitarra. Ellos no querían saber
nada porque las guitarras eran carísimas, pero igual aceptaron y me compraron
una. Era una Kuc, industria argentina, modelo Stratocaster anaranjada fluo. Con
esa guitarra toqué durante años. Mi hermana menor había pedido una guitarra
criolla, pero nunca se enganchó a tocar, y me la terminé quedando. Así que
empecé a tocar en paralelo con las dos guitarras. Tocaba con la eléctrica sobre
los discos que escuchaba, orejeando, hasta que en un momento formé Los Espasmódicos, mi primera banda en
la escuela, con Marcelo Burd en guitarra
y voz, un amigo que amaba a Elvis
Presley. Hicimos un trío en el que yo tocaba la guitarra y hacía coros,
junto a Marcelo y Javier “Dr. Muerte” Ramos,
otro amigo muy querido, que en paz descanse, en la batería. Yo tocaba la
guitarra, pero como no sabía tocar bien guitarra, tocaba el bajo. O sea, tocaba
el bajo en la guitarra una octava más arriba. Entonces, la banda no tenía peso
porque no tenía bajo. Un desastre (risas). Pero igualmente hacíamos rockabilly,
éramos como los Stray Cats, aunque
todavía no existían los Stray Cats.
Esos
fueron tus primeros pinitos con el instrumento, ¿en qué momento empezás a
aprender en serio?
Con
un profesor de guitarra clásica llamado Luis
Venosa, a los 15 años. Ahí también me empezó a fascinar el tema de la
guitarra española. Luego armé otra banda llamada Dr. Rock con Mariano Gatto
(guitarra y voz), Javier Ramos
(batería y coros) y Alejandro Bouvier
(bajo y coros); ahí yo tocaba la guitarra y hacía coros. Así empezamos a hacer
shows e iban todos nuestros compañeros de la secundaria. Tocábamos en los pubs,
era una locura. Ahí me volví loco con la guitarra. Estaba todo el día practicando,
tocando con mi banda y sacando cosas de Zeppelin,
etc. Yo era menor pero me iba todo el tiempo al cine Lara a ver La Canción es la Misma, y me sacaba las
canciones. Un tiempo más tarde se produce la época de La Plata Dulce en Argentina, el “deme dos”, y todo el mundo iba a
Estados Unidos a comprar cosas. Entonces un día mi viejo nos propone viajar a
Estados Unidos.
Anel en Dr. Rock, 1980.
Ahí
te volviste loco…
Claro,
imaginate. Yo venía re loco con un montón de violeros: Page, Blackmore, Gilmour, Hendrix, Santana, Frank Marino, Peter Green, B.B.
King, Ted Nugent... Todo eso fue previo a la época en que aparece Van Halen y cambia todo. Porque la
primera vez que escuché a Van Halen no entendí más nada. No entendía que
pasaba, que era eso de la técnica nueva del tapping. Yo decía: "Esto no se
puede hacer en la guitarra…” Pero, previo a eso, estaban todos los guitarristas
más tradicionales, más clásicos. Ya Hendrix era una locura, ¿no? Obviamente, lo
que hacía Steve Howe era
impresionante. Y otros que también me volvían loco eran Paco de Lucía y Cacho Tirao.
Mismo el maestro EduardoFalú. Mi viejo me llevaba a ver a Paco
de Lucía y yo me acobardaba, pensaba que tenía que dejar la guitarra porque no
se podía tocar así. “Ese tipo no es humano”, pensaba. Me gustaría nombrar a
todos los guitarristas que me volaron la cabeza: Larry Carlton, Robben Ford, John McLaughlin, Lee Ritenoir, Steve
Hackett, Trevor Rabin, Andy Taylor. Por supuesto, también me agarró un
ataque demencial por Frank Zappa…
Pero sigue habiendo guitarristas súper grosos en la actualidad como el italiano
Matteo Mancuso, un fuera de serie.
En Brasil está Yamandu Costa, un
violero de otro planeta. Y en otros géneros me gustaba mucho lo que hacía en
tango Juanjo Domínguez, tremendo
guitarrista. Por supuesto, no se puede negar la importancia en el folklore de Atahualpa Yupanqui.
Contame
como fue tu primer viaje a Estados Unidos.
Todo
el mundo se compraba remeras, cámaras de fotos. Pero yo le dije a mi viejo que
no quería nada de eso, que lo único que quería comprar era una guitarra. Yo no
tenía ni idea de que comprar y le pregunté a mi tío rockero, que me anotó en un
papel: “Comprá Gibson o Fender”, esa era la posta… (risas) Así que con mi
viejo, quien primero se negó pero luego aceptó mi pedido, fuimos a una casa de
música de Miami a comprar una guitarra. Así que llegué y les dije a los
vendedores: “Quiero una Fender o una Gibson…” Ellos me miraban como si yo no
tuviera ni idea de nada. Ahí me compré una Gibson SG, que en ese momento me
salió 350 dólares, una fortuna para la época. Así, me volví a Argentina con la
Gibson y era Gardel. Con esa viola
toqué en una banda de heavy metal que se llamaba INRI. Luego toqué en una banda de fusión llamada Océano. Yo estaba todo el día tocando,
esa es la verdad. Pero, como te decía antes, no entendía nada de lo que tocaba Eddie Van Halen, me pasaba días tratando
de descular su técnica. Me volvía loco. Ahí, justo tengo que hacer la colimba
el año de Malvinas…
Tocando en Océano, 1981.
No.
Tremendo…
Sí,
pero zafé de ir a Malvinas, ¿sabes por qué? Porque, gracias a Dios, estaba en
muy buen estado físico. Porque yo jugaba mucho al fútbol, jugaba al rugby,
hacía artes marciales, siempre me gustó mantener un cierto estado físico.
Entonces me meten en la colimba en Policía Militar. Pero era muy duro lo del
entrenamiento y todo eso. Me acuerdo que conmigo estaba Blas Giunta, el que después jugó en Boca. Ahí me sugieren para
zafar del entrenamiento que me metiera en la banda de música. Así que fui y les
dije que quería estar en la banda de música. Me hacen una prueba con un tambor.
Yo nunca había tocado el tambor, ni tenía idea, pero pasé la prueba, entré en
la banda y ahí zafé de ir a Malvinas. Cuando salgo de la colimba, luego de
catorce meses, me pegó muy fuerte toda la experiencia. Con decirte que mi amigo
del alma, Javier Ramos, fue a Malvinas. Así que hice un cambio muy fuerte en lo
mental, salí con la cabeza ultra punk. O sea, el tema era quiero vivir ya la
vida, ahora. Me importaba todo un carajo, fuck
everybody, porque fue muy loco lo que viví en la colimba, ¿viste?
Ultra
heavy…
Tal
cual. Entonces, dije, "Lo único que voy a hacer es tocar todo el puto
día." Me metí en el conservatorio Manuel de Falla, y estaba todo el día
estudiando y tocando. Además, en donde podía tocar con la eléctrica me anotaba.
Empecé a tocar con bandas, me empezaron a contratar. Fueron varios años que no
paré. Empecé a estudiar armonía, empecé a estudiar de todo. Pero siempre con la
pasión por la guitarra. En ese momento vi a alguien que me enseñó cómo se hacia
el tapping. Justo aparece toda una nueva camada de guitarristas, como Steve Vai, que empieza a tocar con
Zappa, en el año 84, 85. En ese momento sale el primer solista de Vai, Flex-Able, en 1984, ese discazo es una
locura.
¿Y
cómo era estudiar en el conservatorio?
Estaba
bueno. Ahí me pasó algo loco porque nos eligen a cinco chicos, los que
estábamos más avanzados en cada año, para tocar con el maestro Falú. Eso fue en
1984, 85. Cuando mi viejo me vio tocando con Falú vio que lo mío con la
guitarra venía en serio. Yo estaba todo el día practicando. Justo en esa época
empiezan a aparecer la tercera generación de monstruos de la guitarra eléctrica
que son los que traen toda la deformidad. Dejaba la guitarra eléctrica de ser esa
cosa “linda” de escuchar a Clapton,
por decir algo, y pasa al frente la cuestión de la técnica endemoniada y
pirotécnica. Por ahí venía la mano. Medio raro también, porque para mí lo que
manda es la música, no la técnica. Pero yo tenía que tener la técnica, entonces
tenía que practicar todo el día. Entonces, un día le digo a mi viejo: "Yo
me voy a ir a vivir a Estados Unidos, porque quiero estudiar." Quería irme
a Estados Unidos para tocar con todos esos monstruos de la guitarra que estaban
apareciendo. Pero no había forma financiera de que yo hiciese eso. Sin embargo,
cuando mi viejo me vio tocando con Falú entendió todo y me dijo que iba a
buscar la manera de que fuera a Estados Unidos…
En el Conservatorio con el Maestro Falú.
Una
verdadera patriada la de tu viejo…
Totalmente.
Pero yo también había empezado a moverme. En esa época era un quilombo, no
había internet, no había nada. Llamar por larga distancia salía un montón de
guita. Pero bueno, empecé a acercarme a la posibilidad de irme al Musician
Institute a estudiar, porque ahí estaban varios de mis ídolos: Scott Henderson, Frank Gambale y Joe Diorio (el master del Bebop). Ahí
empiezo con el tema de los guitarristas. Ya me había vuelto loco con Alan Holdsworth. La primera vez que lo
que escuché sentía que ahí se había terminado todo. Porque, de hecho, Steve Vai,
Van Halen y muchos más dijeron que el mejor guitarrista es Alan Holdsworth.
Un
capo…
Sí,
y yo me volví loco con él y lo fui varias veces a ver tocar y éramos solo 20
personas.
Increíble…
Yo
nunca me saqué una foto con él porque me daba vergüenza. Pero íbamos 20 a
verlo, y 17 éramos del Musician Institute. Pero escuchás lo que hacía Alan
Holdsworth y era una locura. Otro con el que me volví loco fue Hiram Bullock. Y en ese momento también
estaba copado con Paul Gilbert, que
recién estaba en Racer X. También
había salido Cacophony con Marty Friedman, otro super violero con
el que después tuve el honor de tocar. Y además ya despuntaba Jason Becker, que era tremendo lo que
hacía. Por supuesto, antes también me había vuelto loco con Randy Rhoads, el primer violero de Ozzy como solista. Y hay un montón de
violeros tremendos que no se hicieron tan famosos, que no son masivos ni
populares y me encantan. Uno de ellos es Shawn
Lane, que llevó la técnica en la guitarra hasta lugares impensados. Él
falleció muy joven y era un talento increíble.
Tocando con Marty Friedman (de Megadeth), 2003.
Tommy Bolin también murió muy joven…
Tal
cual, otra bestia. Tremendo. Lo que toca en Spectrum,
el disco de Billy Cobham, no se
puede creer. Lo que está tocando el tipo ahí está quince años adelantado. Pero,
bueno, volviendo a lo mío, en un momento me enganché con esos monstruos de la
técnica. Pero a mí siempre me gustó tener la técnica que te permitiera hacer
las cosas pero no quedarme enganchado en eso. En un momento se volvió una
carrera para ver quien tocaba más rápido y todo eso y yo no me quise subir a
ese tren. Me enganché técnicamente con la guitarra, como una cuestión de
desafío personal, pero no musicalmente en eso. Porque después pasa que ves a
guitarristas que está buenísimo lo que tocan pero no te transmiten nada. Ahí
dije no, yo no quiero eso. Porque después viene Gilmour, toca solo cuatro notas y te mata.
Fue
una elección musical la tuya…
Claro.
En el Instituto estudié con Gambale
y con Paul Gilbert, y eso me voló la
cabeza. También los conceptos musicales de Scott
Henderson. También tuve la suerte de estar ahí con Jennifer Batten, que es una de las reinas del tapping. Además tuve
la fortuna de asistir a seminarios de Joe
Pass, me saqué fotos con él, un grande, sin dudas. Así que mi pasión por la
guitarra no se detuvo más desde que tengo quince años. Después, cuando surgió
la posibilidad de ser endorser de Ibanez, aparecí en el mismo catalogo
internacional con animales como George
Benson, Paul Gilbert, Scott Henderson, Steve Vai, Satriani, Ritchie Kotzen…
Con Joe Pass, en el Musician Institute, 1988.
Todos
monstruos…
Sí.
Con Satriani también me re enganché
en un momento, me sabía todas sus canciones. Pero luego lo que me atrapó mucho
es ser guitarrista cantante. Me empezó a llamar la atención eso. Porque no hay
tantos. Salir del guitarrista “atómico” y ser un guitarrista frontman que
canta. Ahí el grupo es muy reducido. En el exterior están, obviamente, Clapton,
Hendrix…
Peter
Frampton…
Frampton
es genial. George Benson también es
tremendo, la rompe cantando y con la viola. Otro es Frank Marino, un guitarrista y cantante canadiense espectacular. Ted Nugent es otro que toca y canta
super bien. El frontman. Y después decís Prince,
uno que toca y se canta todo. Pero empezás a buscar y no hay tantos que hagan
ambas cosas. Curiosamente, en Argentina hay varios: Pappo, Lebón, Cerati, Mollo...
Guitarristas
frontmen…
Sí,
el modelo clásico sería Frank Zappa,
un fuera de serie. Zappa está en otro universo, a otro nivel. Bueno, yendo a
los bluseros, B.B. King, por
supuesto; Gary Moore, tremendo
violero. Gary Moore, para mí es uno de los que no están en el lugar que se
merecen en la cabeza de la gente. Gary Moore tocaba y cantaba tremendo. Me
estoy olvidando muchos… A ver. Bueno,
Rory Gallagher, Freddie King, Johnny Winter
y Stevie Ray Vaughan. Todos
masters increíbles. Me empecé a volver loco con eso de tocar la guitarra y
cantar y por eso armé El General Paz y
La Triple Frontera.
En El General Paz y La Triple Frontera, con Arthur Maia
Una
nueva forma de relacionarse con el instrumento…
Claro.
El cantar me cambió el concepto de cómo tocar la guitarra. Es muy loco…
¿Cómo
es eso?
Porque
buscas más la melodía. El primer gran quiebre sobre cómo tocar la guitarra lo
tuve cuando me fui a vivir a Estados Unidos. Porque acá no se trabajaba mucho
el tema del swing. Lo que es el swing, que es como la subdivisión interna de la
música, como vibra, como se percibe, como late la música. Por eso, cuando
llegué a Estados Unidos, sentía que yo tenía una dureza que tenía que pulir. Y
tuve que empezar a entender cómo era la cosa, porque no lo podés entender
intelectualmente, lo tenés que incorporar. Cuando empezás a swingear todo
cambia. En dos segundos te das cuenta si un músico swinguea o no.
Con Joe Diorio, 1988.
Hacer
producciones también te cambió la perspectiva.
Claro.
Ahí empecé a entender la guitarra desde otro lugar, de que es un instrumento
polifónico, que podés meter muchas notas a la vez. No todos los instrumentos son
polifónicos. Y cuando empecé a cantar, descubrí otro nivel de la guitarra.
Empezás con los solos de guitarra a trabajar los motivos musicales que viene
trayendo la voz, y ahí empezás a entender mejor cosas que te gustaban
anteriormente, como, por ejemplo, lo que hizo Santana en “Black Magic Woman”,
el tema de Peter Green. Como él desarrolla con la guitarra la melodía en ese
tema es algo espectacular. Ahora, cada vez disfruto más entender la riqueza que
tiene la guitarra como instrumento, porque es un instrumento rítmico, como puede
ser la batería, la percusión; también es un instrumento polifónico, como puede
ser el piano; y también es un instrumento solista, como puede ser un violín,
una flauta, un saxo, un viento… Y, cuando lo trabajás, en contrapunto con la
voz, tocando y cantando, eso es una experiencia mágica.
Tocando con Scott Henderson, 1994.
¿Vos
sos de usar muchos pedales o más o menos?
Tuve
una época de usar mucho porque son lindos y te permiten llevar la guitarra a
otros universos sonoros. Pero en un momento anterior a mi paso por Violadores, yo tenía una banda que se
llamaba Pasión y Resurrección. Ahí hacíamos
un rock bien crudo, en la onda The Cult,
con guitarras más pirotécnicas. En ese entonces decidí tocar con el equipo y
nada más y empecé a sacar todos los pedales. Después entré a los Violas y ahí
solamente tocaba con el equipo. Tenía un equipo Marshall 30 aniversario con
tres canales: canal crunchy, canal de
distorsión y canal de solo, y nada más. Lo único que tenía puesto era un delay
en los solos. Porque quería esa cosa pura, salvaje de la guitarra en el
amplificador. Y con El General Paz mantuve bastante puro el sonido, a pesar de
que es otra música que da para hacer efectos, por una cuestión de mezclar con
la raíz de la música. Pero ahora en estos nuevos temas que estoy haciendo estoy
poniendo un poquito más de locura sonora. Tengo distintas épocas. Pero a mí me
gusta el sonido del equipo. Mientras que acústica y la española tienen la magia
de lo orgánico. De hecho, habitualmente cuando vas a probar una guitarra en una
casa de música, te ponen 1000 pedales… No, no, paren chicos. No es así. La guitarra
se prueba desenchufada. O a lo sumo con un cablecito y con el equipo en nada, seco.
Porque la guitarra es un instrumento que tiene que vibrar solo. El sonido lo tenés
que sacar directamente de la guitarra, no podés estar pensando que el sonido lo
vas a sacar del pedal.
En Los Violadores, 1995.
¿Tenés
las guitarras que necesitás y nada más?
Hubo
un par de guitarras que vendí en su momento y ahora me quiero matar. Lo que
pasa con los instrumentos es que cuando te llega un instrumento bueno no lo
tenés que vender nunca. Yo pensaba que todos los instrumentos eran buenos y
después te vas dando cuenta que no es así. O sea, los instrumentos están todos
bien, pero el que está allá arriba, que lo tocaste y te diste cuenta que es
para vos, ese lo tenés que guardar, te lo tenés que quedar siempre. Son muy
pocas, eh. Yo te puedo probar 200 guitarras, y te digo, no, no, no… O sea, sí
sirven y podés tocar con esa guitarra o cualquiera. Pero hay solo algunas en
las que algo pasa, que la madera se junta ahí, y es algo mágico. Se conjugan
miles de cosas: la madera, quién lo fabricó, el momento justo… y cuando la
encontrás, la tocás y decís: “Es esta”.
Contame
alguna anécdota al respecto…
Cuando
vivía en Los Ángeles, me dice Diego
Temprano -mi gran amigo y hermano, con el que estudiamos en el Musician
Institute- que había conocido a José
Arredondo, un chileno que le arreglaba y tuneaba los equipos a Eddie Van
Halen. Bueno, fuimos a la casa en el Valle de Los Ángeles y ahí estaba el
equipo de Van Halen y le pregunté si podía tocar la viola y me dijo que no
había ningún problema. Arredondo le estaba haciendo el prototipo del equipo Peavey
del disco 5150. Fue una experiencia
única tocar esa guitarra. Imaginate, ¡tocar la guitarra de Eddie!
¿Ahora
cuántas guitarras tenés?
No
tengo muchas guitarras. Tengo la Ibanez verde que es tremenda. Mi guitarra
española que tengo hace mil años… Lo que pasa es que también me cambió mucho la
perspectiva el tema de los viajes, cuando empecé con las giras internacionales
en el 2015. Porque tenés que viajar lo más ligero posible. En las primeras
giras nos llevábamos todo un equipamiento brutal y ahora es imposible sostener
eso. A nivel financiero, porque te sale un huevo, y a nivel logística porque es
un quilombo. Tenés que reducir todo y llegar con mi guitarrita a cualquier
lugar y sonar. Ya sea el festival más grande o un pub chico, yo tengo que
sonar, tengo que reducir todo. Fue todo un desafío que nos llevó tiempo, lo hablé mucho con mi manager, Pablo Turchetti. En el
estudio sí grabo con mil cosas, porque ahí estoy para investigar, uso una
guitarra, la otra, un equipo, los otros. El estudio está para investigar, pero
el vivo te exige otra dinámica.
¿Qué
te da la Ibanez verde?
Es
una guitarra con una madera increíble y es ancha, no es una guitarra especial
para la pirotecnia, las pirotécnicas son como muy flaquitas, finitas y muy veloces.
Esta es una guitarra machaza con buen tono. Finalmente, cuando ganás en
velocidad perdés en tono y viceversa. Cuando ganás en tono perdés en velocidad.
O sea, para el tono obviamente tenés que tener cuerdas bien gruesas, estilo Stevie
Ray Vaughan, unas cuerdas re gruesas que te sangran todos los dedos. Cuando
querés tener mucho ritmo y velocidad no le pones cuerdas gruesas. Yo a la
Ibanez le pongo cuerdas 0.10, un poquito gruesas. Pero son elecciones
personales, es para lo que cada uno vaya a tocar.
El
amor por la música de grupos o solistas consagrados, muchas veces, lleva a
algunos músicos a crear bandas tributo cuyos shows, verdaderamente, transportan
al público a décadas pasadas o momentos imborrables. Así, el respeto y
profesionalismo de estos intérpretes ofrece una buena manera de mitigar el
duelo por ya no poder ver en vivo a esos conjuntos o artistas. Y, también,
proponen la posibilidad de regalar o regalarse la experiencia de presenciar
repertorios amados de una forma accesible.
En
Argentina, hay variadísimos proyectos como estos que además de tocar las
canciones originales de las bandas e intérpretes brindan elaboradas
caracterizaciones de sus referentes. Lo mismo da si es para un gran evento
cultural o una pequeña reunión social o empresarial. En general, se trata de
historias de veneración y pasión.
En
el caso del grupo porteño Kiss
Alive, la banda fue conformada por Andy Buonfrate con otros tres músicos, en 2012. Cuando el baterista
se fue, “Tute”
se sumó a la banda encargándose de la parte más creativa del grupo. A lo largo
de los años hubo varios cambios en el grupo pero la particularidad de ser un
grupo “sin caras” por el maquillaje hace que si algún integrante de la banda es
reemplazado no se note a simple vista. “El fan sigue viendo a los cuatro
clones de KISS”, concluye “Tute”, que no da su nombre real “para mantener la
mística”.
Por
supuesto, en un show de Kiss Alive el vestuario es una parte esencial. No solo
tienen vestuarista o gente que tiene zapaterías especiales que les hacen las
botas de plataforma a medida o compran en el exterior prendas de la marca de KISS sino que, también,
en la mayoría del vestuario, ponen manos a la obra ellos mismos con la ayuda de
la manager.
En
esta nota realizada en 2021, en medio de la pandemia, conversamos con Tute
acerca de cómo es jugar a ser KISS…
ENTREVISTA>¿Cómo
se formó la banda?
La
banda la forma Andy [Buonfrate], con otros tres músicos, en 2012. Cuando el
baterista se va, me sumé a la banda. Y me encargué de la parte más creativa del
grupo como para traer un poco de aire a la propuesta. Hubo cambios a los largo
de los años pero la particularidad de ser un grupo “sin caras” por el
maquillaje hace que si algún integrante de la banda cambia no se vea simple
vista ese reemplazo. El fan sigue viendo a los cuatro clones de KISS.
¿Cómo
arman los shows?
Tenemos
dos modos de armar los shows. Por un lado, los shows de clásicos o éxitos que,
por lo general, son los shows con los que hacemos las presentaciones cuando viajamos
a otro país o provincia o a algún evento. Y por otro, están los shows temáticos
que los producimos tomando una porción de la historia del grupo y jugamos con
eso. Por ejemplo, un show temático fue el del Unplugged and Symphony. Tomamos dos o tres discos de KISS que
tocaron con sinfónica o unplugged,
nos asociamos con un director de orquesta y metimos 11 músicos del Teatro Colón
en el escenario. En otra oportunidad, tomamos la película Kiss Meets the Phantom of the Park (1978) y recreamos en el escenario
el set disc de la película con dos pantallas gigantes, y entraban los
personajes en el escenario. Y así hacemos muchísimas locuras. Eso altera los
trajes, la escenografía y es muy costoso pero son muy bien recibidas por el
público.
¿Se
puede vivir de esto?
No.
No se puede vivir de esto por varios factores. Primero porque vivimos en
Sudamérica y no hay mucho dinero y recursos disponibles para que una banda
pueda girar continuamente. Además, KISS siguió activo como banda hasta hace muy
poco, entonces, los tributos no son atractivos como lo sería uno de Queen o Beatles, por ejemplo. Y el tercer motivo es que a pesar de ser una
banda muy popular, KISS no es extremadamente masiva. Lo que hacemos es
reinvertir todo lo que ganamos en cada show. Así hacemos una cadena de
inversión y re inversión constante.
¿Y
a qué se dedican a parte de esto?
Todos
tenemos otras bandas y proyectos varios. Por ejemplo, Andy (que hace de Paul
Stanley) y yo tenemos cada uno su banda solista pero juntos formamos la
banda The Quarantimes. Mark (que hace de Ace Frehley) toca en otras bandas tributo. También, tengo una banda
con Zar (que hace de Gene Simmons), que es mi hermano, que se
llama Tomalo y tiene 20 años. Mucha
música dando vueltas. Después, tenemos trabajos muy dispares: un profesor de
Lengua y Literatura, un creativo audiovisual, un abogado y yo, que soy director
de arte.
¿En
qué época de KISS se centra la puesta de los shows?
La
carga está puesta en los inicios de la banda pero hemos tocado todas las
épocas. Lo primordial es que la gente se mueva. No hacemos un tema rarísimo
solo para demostrar que lo sabemos. Queremos que la gente que nos ve, se
divierta.
¿Cómo
consiguen el vestuario?
Por
un lado, tenemos vestuarista o gente que tiene zapaterías especiales en las que
nos hacen las botas con esas plataformas a medida. Por otro lado, hemos
comprado en el exterior varias prendas de la marca de KISS y la porción más
grande, la hacemos nosotros mismos con ayuda de Sil [Silvia Altomare], nuestra manager. Hemos aprendido a hacer muchas
cosas que en la vida hubiéramos imaginado. De hecho, el último show importante
que dimos salimos con los trajes del disco Dynasty
[1979] que son muy coloridos y estrafalarios. Así que trabajamos como cinco o
seis meses cortando tela, pegando tachas, haciendo las borlas de los pelos del
tigre. Una locura. Nos juntábamos todos los domingos a laburar en eso. La
verdad que nos divertimos mucho. Y después, lo disfrutamos porque al ver las
fotos y las caras de la gente todo ese esfuerzo vale la pena.
¿Qué
hace especial a este tributo?
Creo
que cualquier tributo, hecho con seriedad, está hecho por alguien que quiere a
la banda y siempre va a poner siempre todo de sí. En nuestro caso, somos cuatro
fanáticos enfermos de KISS que trabajamos fuerte y nos animamos a ideas que no,
necesariamente, salen del catálogo obligado de la banda. Como te conté, editar
una película para que salga en pantalla en simultáneo con los temas que tocamos
y a la vez, los monstruossaliendo al
escenario. Y lo hicimos porque pensábamos “qué lindo si KISS se animara a hacer
una locura como esta”. Nos divertimos y nos animamos a poner las bombas, el
dragón que tira humo por la boca, a jugar con las pantallas haciendo una
pantalla para cada canción en todos los shows o replicar escenas y fotografías
clásicas. La verdad que nos lo tomamos muy en serio y, difícilmente todo esto
que te cuento lo veas en otro lado. También, nos divertimos mucho. Lo que te
puedo decir es que todo está hecho con huevo y corazón.
Claro,
aparte desde lo visual debe ser muy caro recrear la esencia de una banda como
KISS…
El
tributo a KISS es toda una inversión porque no es cualquier banda que toca con
cualquier ropa o cualquier instrumento. Pero esa sumatoria de detalles, también,
es linda. Nosotros tenemos los distintos bajos de Gene, las violas de Paul
y Ace, y cuando lo vemos todo junto,
nos sale el fan. ¡Es un flash!
¿Cuáles
son las repercusiones que les llegan de los fans?
El
fan de KISS, por lo general, es un fanático muy religioso como los fanáticos de
fútbol. Se saben todo, es un fan coleccionista. Y como es una banda muy longeva
que tuvo cambios de formación, están los que aman una época y no de otra, los
que odian una etapa. Y en ese contexto, aparecen las bandas tributo que se
comen aplauso, besos y cachetadas. Además, es muy difícil animársele a una
banda como esta que es tan producida y exagerada porque, difícilmente, algún
día estar cerca de poder ofrecer toda la parafernalia de ellos. A nosotros nos
bancan y nos siguen mucho. Siempre hay un grupo fijo que vienen con sus remeras,
maquillados o viene el abuelo, el hijo y el nieto. Si hacemos palillos o
remeras, se los llevan todos. Nos piden las púas. Nos bancan pero es un trabajo
de hormiga.
Varias
veces estuvieron en shows televisivos…
Sí.
Estuvimos en la tele varias veces en Sin
Codificar, Polémica en el Bar.
Una experiencia que tiene un rebote muy fuerte. Al día siguiente, se te suman
500 personas al Instagram o al Facebook. Realmente, la publicidad que tiene un
medio es impresionante. También, hemos hecho muchos eventos privados sociales o
empresariales.
¿Alguna
vez hicieron shows sin los trajes o el maquillaje como es el tema de hacer el
Unplugged?
Hacemos
temas de todas las épocas pero nunca sin los trajes y el maquillaje porque
creemos que ahí se pierde el plus que puede tener un tributo. Trabajamos mucho
el look, los movimientos, los instrumentos (que son iguales). Entre el
maquillaje y ponernos el traje estamos una hora y media o dos.
¿Tuvieron
contacto con los integrantes de KISS?
Sí.
Andy y yo tuvimos nuestras experiencias de meet
and greet. Gene Simmons tiene
firmada fotos de la banda. Los hemos conocido y tratado. Es divertido cuando
les hemos acercado fotos de la banda y ellos se ríen. Ellos entendieron que los
tributos mantienen al fandom vivo.
Quásar viene
pisando fuerte en el ámbito del rock progresivo argentino con una obra que
cuenta con influencias de los grupos clásicos del género en los años 70. Así, en
su música puede escucharse la herencia musical de Yes, Genesis y Crucis, entre otros. La banda
interpreta sus propias composiciones, embarcadas en la búsqueda de un sonido novedoso
acorde a los tiempos que corren pero sin olvidar la tradición del viejo y
querido rock sinfónico. Además, los integrantes del grupo tienen una
característica muy particular: ninguno de ellos sobrepasa los 23 años.
Entre el 16 y el 22 de diciembre de
2022 grabaron su disco debut en Estudio Kimono, con la operación de sonido a
cargo de Claudio Lafalce, otro
referente importante del rock progresivo en nuestro país. El material se mezcló
y masterizó entre enero y mayo de 2023 y el 25 de mayo de 2023 el álbum homónimo
fue lanzado a todas las plataformas digitales. También puede encontrarse, de
modo físico, en el sitio web de Viajero inmóvil Records.
El grupo está integrado por Santiago Rodríguez
(guitarra eléctrica y criolla), Francisco
Comínguez (teclados), Iván
Vega
(bajo eléctrico) y Leopoldo
Arenas (batería y percusión).
Con ellos nos encontramos a charlar en
una tarde inclemente de este verano porteño para conocer más acerca de esta interesantísima
propuesta. Quásar en primera
persona.
ENTREVISTA> ¿Cómo se iniciaron en la música?, ¿cómo se
encontraron? Y ¿cómo fue la apuesta por el género que eligieron?
Francisco
(teclados): Nos conocimos en el secundario en la escuela
de música [Juan Pedro] Esnaola y nos fuimos dando cuenta de que nos gustaba la
misma música, básicamente. Y ahí nos fuimos construyendo juntos.
Santiago
(guitarra): Al principio empezamos, simplemente, por
juntarnos a tocar, pero no queríamos tocar temas de otras bandas. Naturalmente,
surgió la idea de componer y trabajar con materiales que cada uno tenía y, de
forma muy intuitiva, empezamos a hacer temas propios. De a poco todo empezó a tomar
forma y empezamos a hacerlo más conscientemente, tomando decisiones ya pensando
a futuro.
¿Apostaron
al sonido progresivo de entrada?
Leopoldo
(batería): Creo que era la música que más escuchábamos, también
porque era la música que nos gustaba desde chicos. En nuestras casas siempre se
escuchaba eso o cosas parecidas, y nosotros fuimos inclinándonos a lo
progresivo porque, definitivamente, nos gusta.
Iván
(bajo): Bueno, en mi casa, por ejemplo, se escuchaba mucho Charly. Desde que tengo memoria sonaba Serú Girán.El
disco Bicicleta es el que más presente tengo. Y después, La Máquina [de Hacer Pájaros], fue más una búsqueda propia.
Así
que la onda progresiva viene de familia…
Leopoldo:
Me acuerdo del día en el que mi vieja me preguntó que estaba escuchando y le dije
que un tema de Yes. Entonces, me
dijo, "¿Escuchaste este disco?" y me mostró Close to the Edge. Lo puso y para mí fue un punto de inflexión, por
lo menos en esa época. Fue algo muy fuerte. Pero con Francisco ya veníamos escuchando
ese estilo en clase con auriculares.
Iván: En
mi casa no se escuchaba nada. En mi caso, conocí Close to the Edge y Yes por Leopoldo y
Francisco. Ellos me fueron mostrando esa música.
Francisco: En
mi casa tampoco se escuchaba rock progresivo, pero sí, mucho rock bien de los 60,
70. Serú Girán, Sui Generis, los Beatles, Queen. Después descubrí el rock progresivo y me empezó a gustar
más. Y también, como toco el piano, el rock progresivo me atrajo porque hay más
teclado.
Claramente,
no solo su formación musical si no también, la idea de armar algo arrancó tempranamente.
Santiago:
Sí, la Esnaola es un bachiller con formación musical. O sea, es una escuela
superior entonces uno, al mismo tiempo que hace la secundaria, a contra turno,
hace el conservatorio. Todos nosotros, hacíamos la formación musical por la
tarde. Coincidimos en cursos entre varios de nosotros.
Leopoldo: Entonces,
estábamos siempre interconectados de alguna manera.
Iván: Y
también, como en esta escuela nadie podía hacer el bachiller sin hacer música estaba
llena de músicos y armar una banda era tan fácil como ir a comprar un alfajor
al quiosco.
Santiago: Por
otro lado, el rock progresivo era un género bastante predilecto en la escuela porque
tiene un lado académico, y, también, la fuerza o lo más dinámico del rock.
Entonces, para la juventud, hay algo que se asociaba entre esas dos cosas que lo
hacía atractivo.
Leopoldo: Está
bastante relacionado a la adolescencia. Me parece que es el momento para
descubrirlo. Aparte ya había otras bandas de rock progresivo en la escuela y eso,
un poco también, nos hacía quizás ponerlo en el horizonte como una posibilidad.
Además
de Ca7riel y Paco Amoroso ¿hay grupos o solistas que han salido de ese colegio
que después se volvieron conocidos?
Leopoldo: Sí,
hay una banda que se llama Cáliz que
fue la que más nos marcó, sobre todo porque eran solo un año más grandes que
nosotros y bastante cercanos.
Iván: Cáliz
creo que fue mi banda favorita durante mucho tiempo y un poco lo sigue siendo.
Ir a ver a Cáliz era lo mejor que me podía pasar, era alucinante. Esa banda fue
una influencia muy grande para nosotros. No solo por la música sino porque
estaban estudiando con nosotros, lo veíamos todos los días. Eran unos capos.
Fue un empujón muy grande para la formación de nuestro grupo.
¿Cuáles
son sus influencias?
Leopoldo:Crucis, Yes, Genesis. La Máquina. Pero, sobre todo, creo que Yes y Genesis. Y de
acá nos gustan El Reloj, Alas, Serú
Girán.
Iván: Escuchamos mucho a Serú. Bueno, a Charly en
general, prácticamente, en todas sus etapas.
¿Cómo
es salir a tocar rock progresivo en la actualidad?
Iván: La
actualidad, me da un poco de lástima porque siento que ahora no importa mucho
la música, sino lo que sucede a su alrededor. Es decir, hoy para moverse bien y
hacerla circular se tiene que transformar en un producto que forma parte de un
sistema que, en realidad, es ajeno a la música porque ese producto necesita ser
visibilizado de una manera y se pierde el contenido musical en sí o al concepto
de todo lo que quiere transmitir la música. Entonces, me parece que el proceso
para insertarse en el mercado y para crecer como artista o como banda es tan
ajeno a la música que, a mí, no sé, no me convoca.
Leopoldo:
Creo que todavía seguimos viendo de qué manera transar con la actualidad. En un
momento nos lo pusimos a pensar bastante en la manera en la que queríamos
mostrarnos y creo que todavía no lo sabemos muy bien. Lo que sí es bueno, y no deja
de sorprenderme nunca, es que a la gente le gusta lo que hacemos y nos viene a
ver. Eso es algo muy valioso. Lo que hacemos es poco esperable para el mercado
de la música. Entonces, siento que la novedad de hacer un show más
multidisciplinario, con concepto y con diferentes temáticas, también, es
atractivo.
Santiago: Nos
cuesta mucho hacer cosas para atraer más gente. En general, los medios de
comunicación o redes sociales se usan para promocionar la música y no son
nuestros espacios más cómodos para habitar. Hace poco hablaba con una amiga que
me decía que, por ejemplo, en Instagram se valora mucho que muestres tu cara,
incluso si es una imagen casual. Que eso te da visualizaciones. Y eso no tiene
tanto que ver con lo que nosotros queremos mostrar. Justamente, hacemos algo
bastante despersonalizado. Entonces nos cuesta un poco, a veces, entender qué
podemos hacer para llegar a más gente en esos medios.
¿De
dónde creen que surge el público de la banda?
Francisco: A
mí me genera cierto misterio de dónde sale la gente. Al principio, creo que
salía de algunos festivales en escuelas en las que tocábamos como en un
festival del [Colegio Nacional] Buenos Aires, en otro del [Escuela Técnica
Fernando] Faber… Y así muchos. Había gente joven que se copaba. Vamos tocando
en festivales a los que nos invitan y creo que el disco les ha llegado a
algunas personas de esa manera. También,
conocimos bandas de rock progresivo que nos hicieron llegar a gente a la que le
gusta el género y de esa manera llegamos a más gente, incluso personas más
grandes que nosotros. Pero no sabría bien de dónde sale toda la gente que nos
viene a ver.
Santiago:
Iba a decir, también, que el público del rock progresivo nos conoció por haber
sacado el disco con Felipe Surkán en
la discográfica Viajero Inmóvil. Creo que él, también, ayudó a hacernos
conocidos en ese ambiente.
¿Cómo
cranearon su primer disco, Quásar (2023)?
Francisco: En
principio, no lo pensamos mucho. Con Francisco, mientras nos formamos, nos
juntábamos a tocar y de la nada empezaron a salir ideas que se convirtieron en
temas hasta que llegó un punto en el que empezamos a diagramar un disco con las
cosas que teníamos. Y de poco dijimos, “bueno, hagamos realidad esto de grabar
un disco”. Entonces, empezamos a tener
un objetivo más claro. A partir de ahí vino un largo proceso en el que tomamos
decisiones para incluir, sacar o modificar los temas. Nuestra idea era grabar más
o menos en el año de la pandemia o en el siguiente. Pero se frenó bastante por
eso. En definitiva, empezamos a tocar y
grabar más en serio después de la pandemia, pero, en realidad, veníamos
pensando todo hace mucho. Aunque desde al principio no teníamos el plan de
hacer un disco se fue armando un poco para un lado y para el otro, o sea, había
cosas ya hechas y empezamos a pensar en cómo darle un sentido.
¿Cuál
es el concepto del disco?
Francisco:
No nos gusta contar mucho (Risas) Hay que verlo cuando tocamos. Cuando tocamos
en vivo antes de sacar el disco contábamos parte de la historia de la que habla.
Y así dábamos como un marco conceptual pero nunca dejando de lado la música
para que sea ella la que te cuente la historia. No darlo todo explicado o
escrito como un libro. Entonces íbamos generando algo donde todas las cosas
influían y al final cada uno se terminaba armando algo personal. Sí, es una
historia de unas personas que hacen un viaje por el espacio y terminan en un quásar
por ciertas cosas que les van pasando.
¿El
nombre el grupo surge por la historia, entonces?
Todos:
Al revés…
Santiago: Primero
nos gustó el nombre y después de ahí a partir de “Código Quasar”, que fue el
primer tema que tenía una narrativa conceptual, la historia se fue abriendo
como un árbol.
Francisco: Sí,
la narrativa del Código es un poco más literal, como que va contando “acá pasó
tal cosa y acá pasó esta otra”.
Santiago: Sí,
como que nos acercamos y alejamos de la historia. Los últimos temas que hicimos
en el disco reflejan eso, como la separación de la historia a la que ya nos habíamos
acercado.
El
disco tiene un solo tema con letra y es el que abre, ¿cómo surge incluirlo en
una obra instrumental?
Francisco:
Es el primer tema del disco, pero el último que hicimos. Tardamos en hacerlo
porque queríamos que esté muy bueno. El tema lo hizo Santiago.
Santiago: Le
pusimos mucha expectativa a ese tema. No solo queríamos que esté bueno, sino
que la idea de entrada fue que tenga letra. Nos llevó mucho tiempo porque lo
que nos sale más fácil es hacer temas instrumentales.
¿Y
cómo es ofrecer un material que demanda una escucha detenida en una época en la
que predomina la dispersión y la velocidad para los consumos culturales?
Francisco: Creo
que hay algunas personas que, evidentemente, prestan atención. Creo que hay
mucha gente que lo escucha y le interesa. Y, sobre todo, en vivo lo que hacemos
tiene un atractivo visual, también. Intentamos que haya bastantes cosas que
capten la atención cuando nos vienen a ver. Si querés ver y no solo escuchar
cerrando los ojos, siempre hay otros estímulos.
¿Usan visuales?
Francisco:
No, no usamos pantallas ni proyecciones. Solo somos nosotros en escena, pero nos
dedicamos mucho a la vestimenta o quizás hacemos alguna cosa en vivo. Es
difícil de contar.
Leopoldo:
En una oportunidad en la que tocamos en el Centro Cultural San Martín vino de
invitado el bajista de Cáliz, que es muy amigo nuestro, sobre todo de Fran,
para leer parte de la historia y actuar.
Francisco: Una
vez pusimos una pecera en el escenario e íbamos tirándole cosas de colores para
que hagan formas y musicalizamos esa escena con una composición inédita e
irrepetible y, en simultáneo, una actriz bailaba. El mundo que vamos armando a
partir de la música, en algún sentido, está un poco guiado por lo visual,
naturalmente.
Santiago: Igual
es todo muy abstracto, no es que guionamos lo que va a suceder. En ese caso, nosotros
hicimos la sugerencia de que la escena tenía que ver con el agua, por ejemplo. Porque
ese recital lo pensamos en relación al agua, pero damos la libertad de cómo interpretar
esas abstracciones.
Iván:
Estoy de acuerdo con lo decías de la velocidad. Hoy el mundo está apuntado
hacia el lado de tener estímulos más efímeros de lo que sea, no solo de la
música. Hacia la generación de dopamina, o algo que ofrece satisfacción
rápidamente y que dura poco. Pero considero que hay una cierta resistencia en
algunos sectores. En el mundo viven 8000 millones de personas y no todas van a
girar y mirar hacia el mismo lado. Entonces, si tuviéramos que encasillar
nuestra música, que no es algo que solemos hacer, o definir un público;
definitivamente, sería para ese sector que resiste y rompe la tendencia a que
sea todo rápido. Creo que se perdió el hábito de escuchar música y no estar
haciendo otra cosa en simultáneo.
Leopoldo:
Además pensamos bastante en que los shows no se parezcan entre sí y que cada
uno tenga su distintivo, que ninguno sea igual a al anterior.
Francisco: No
solemos tocar el disco entero. Aparte, nuestro primer disco es bastante largo.
A veces, sumamos temas nuevos o cosas que no son, necesariamente, para grabar
en un disco pero que sí nos ayudan a generar momentos en los shows. En vivo,
hay bastantes cosas más allá de los temas grabados.
Santiago: A
esos momentos los llamamos Interludios.
Son como pequeñas piezas que no pertenecen a ningún disco y, seguramente, nunca
pertenecerán, pero están buenísimas para aprovecharlas en vivo y crear un clima
distinto a lo que se puede escuchar en el disco.
Francisco:
Claro, creo que tienen un propósito distinto al de escuchar el disco sentado en
tu casa.
¿Los ayuda alguien a diseñar los
vestuarios?
Santiago:
No, lo hacemos nosotros con lo que tenemos.
Iván:
Algunas veces fuimos a ferias americanas en las que venden ropa rara. Es decir,
que no verías a alguien usándola en la calle. Hemos comprado varias cosas para
tocar en vivo en una feria cerca de donde vivo en la que hay un puesto de ropa
que vende ropa para teatro. Ahí compramos algunas túnicas y trajes del estilo
de reyes medievales porque lo sentimos relacionado con la música, de alguna
manera.
Francisco: Tenemos
la idea de generar cierta inmersión en el espectador, a partir de la estética.
Como que lo que estás viendo en el escenario es ajeno o lejano al mundo
cotidiano.
Ahora ya están planeando un nuevo
disco, ¿cómo viene eso?
Francisco:
Estamos componiendo para poder terminarlo lo antes posible.
Iván:
Estamos terminando de ensamblar y tenemos muchas ganas de grabarlo.
Francisco:
Sí, yo creo que va a ser una propuesta diferente. Aunque verlo desde adentro es
muy diferente a como se vea desde afuera…
Leopoldo:
Pero a simple escucha ya es distinto.
Santiago:
Sí, intentamos que sea muy distinto.
Francisco:
Eso pasa porque tenemos búsquedas diferentes. Y al contrario del primero, este
material está pensado desde el principio para ser disco. De hecho, cuando
surgen ideas musicales decimos: "Está la guardamos para el próximo
disco". Hay muchas ideas que vienen de antes, y como tenemos más
experiencia y más estudio, también, las arreglamos y componemos con ellas.
Somos todavía más quisquillosos que antes.
Iván:
Sí. Y para mí un factor importante es que somos bastante más grandes porque
algunas partes del primer disco las compusimos con 16. Personalmente, creo que,
por una cuestión biológica y lógica, cambiamos mucho y eso se ve reflejado,
también, en la música.Más allá de todo
lo que dijo Fran, que es cierto, creo que este, también, es un factor que
influye para que el nuevo disco sea distinto.
Santiago:
La manera en la que nos acercamos a las cosas era bastante más espontánea o
menos premeditada que ahora. Hoy, pensamos mucho más en todo. Lo cual no es ni
bueno ni malo. En aquel momento, todo surgió de un modo mucho más intuitivo. Sí,
bien ahora está más definido que lo que hacemos es rock progresivo, por las
características de los instrumentos que usamos y la influencia que tenemos. Pero,
en verdad, también entendemos que es un género con mucha libertad. Y estamos en
una búsqueda de mayor libertad.
Francisco: Claro,
no sé. Personalmente, pienso que antes decíamos: "Vamos a hacer rock
progresivo". Y ahora, decimos, "Vamos a hacer música."
¿Qué
obra de del rock progresivo tiene cada uno como referencia de excelencia u
horizonte?
Iván:
A mí, Close to the Edge que me vuela
la peluca.
Leopoldo: En
mi caso, Relayer, también.
Santiago: Coincido
con Francisco y Leopoldo porque es más ambicioso en algunas cosas. Close to the Edge como que, por momentos,
permanece dentro de la canción. Relayer toma la forma y la lleva para
cualquier lado.
Francisco:
Igual, de Yes nos gusta todo.
¿Les
gusta el neo progresivo?
Leopoldo: Por
cómo está grabado y por el sonido más metálico, se me aleja un poco. A veces,
incluso, hasta me hace acordar a cómo está grabado el pop o ese tipo de cosas.
No me suena tan natural. Me parece que el diseño sonoro de los 70 estaba más
apuntado a crear un espacio y no tanto a que pegue un bajo fuerte y retumbe.
Santiago: Sí,
la estética cambió mucho después de los 80.
Francisco: Sí.
A mí me pasa que siento que el rock progresivo moderno es muy un género. Siento
que hay menos variedad. O sea, son músicos del carajo, en general, que tocan
muy bien, muy preciso pero los podés distinguir fácilmente. Pero si vas a
comparar Genesis con King Crimson o Yes
con Jethro Tull, es como que cada
uno hacía un género distinto. Había otra libertad, para mí que es bastante
diferente a los que es el rock progresivo moderno.
Santiago:
También, porque se estaba gestando el género. Un poco quizás lo que hacemos nosotros
es parecido. O sea, un sonido más de los 70. Con nuestro primer disco no
apuntamos a una renovación del género. Si no que buscamos acercarnos a esa
música que nos gustaba en ese momento.
¿Qué
otros grupos de rock progresivo actuales les gusta?
Francisco: De
Argentina, solo tres. Cáliz, que grabó un disco está muy bueno. Los recomiendo
siempre. Y después, la banda Ícaro,
que está muy bueno lo que hacen. Y, FlaxoN,
que grabaron un disco hace unos años.
¿Escuchan
otro tipo de música?
Francisco: Con
Santi, como estudiamos composición en la universidad, nos gusta mucho la música
clásica o académica contemporánea y creo que, también, tomamos mucho de ahí.
Leopoldo:
Yo, escucho una banda que es de las pocas que me gusta ir a ver en vivo que se
llama SACRUM que es de jazz fusión. Es
un trio de bajo, teclado y batería. El tecladista, también, fue al Esnaola y nos
conoce. Aparte, estar en la carrera de jazz, inevitablemente, hace que empieza
a escucharlo más. También, shows homenaje, por ejemplo, al guitarrista Grant Green.
Iván: A
mí siempre me gustó el rock nacional, aunque no tiene mucho que ver con el
progresivo… Me gusta mucho la cultura
del rock, el pogo, que sea una música revolucionaria. Escuchaba mucho a una
banda que se llama Plini de metal
progresivo. Hace rato que no la escucho.
También,
Steven Wilson. Actualmente, como estoy
tomando clases de jazz, lo estoy escuchando mucho. Así que eso: rock nacional,
jazz fusión y jazz clásico son los tres géneros que escucho a diario por fuera
del progresivo.