miércoles, 14 de enero de 2026

ESPERANDO LOS ARRENDAJOS, entrevista a Sergio Makaroff


Sergio Makaroff
es un irreverente artista todoterreno que siempre vuelve. Autor de canciones de culto que otros artistas como Andrés Calamaro, Los Tipitos o Ariel Rot hicieron populares; Sergio se inició como parte del circuito porteño del café concert de principios de los 70, pero a fines de esa década se las tomó de Argentina huyendo de la Dictadura. Fue así que Alejo Stivel y Ariel Rot, quienes tocaban sus temas en el Viejo Continente, lo llevaron para España, en donde empezó una incipiente carrera como solista, sinuosa e intermitente, hasta que hizo pie con la aparición de Los Rodríguez, para luego volver con todo, a por sus fueros, a mediados de los 90, cuando empezó a editar una serie de discos, uno mejor que el otro. El ecléctico Makaroff en sentido profundo y estricto. Ya lo entrevistamos hace más de 10 años en Intersticio Rock, pero nos quedamos con ganas de más, así que insistimos. Y aquí lo tenemos de vuelta: Un intercambio de sensaciones, un ping-pong frenético, a través de la pantalla fría de internet con el cantante que mejor peina su bigote. 

ENTREVISTA> ¿Cuáles fueron tus primeras experiencias ligadas a la música? 

Canciones infantiles, como todo el mundo. De ahí saltamos a Chubby Checker y el twist. Y después la gran revelación: Beatles, Rolling Stones, Kinks, etcétera. 

¿Es cierto que con tu hermano fueron los primeros alumnos de guitarra que tuvo Claudio Gabis? ¿Cómo fue esa experiencia? 

No exactamente; Claudio me mostró la vuelta de blues de 12 compases en el Café Politeama de la calle Corrientes, pero sus enseñanzas no fueron específicas de guitarra: en esos momentos yo quería ser bajista. El primer porro de mi vida lo fumamos juntos. Iba a su casa en la calle Rosario, escuchábamos música, me contaba cosas. Años más tarde mi hermano tomó clases de blues con él de un modo más formal. 

¿Cómo era la movida artística en los primeros momentos del rock argentino, que vos viviste como músico y periodista? 

Es una pregunta para escribir un libro… Digamos que me impactó de una manera brutal y absoluta. A los 14 o 15 vi a los Shakers en vivo y me volaron el coco. Después a Manal, Almendra, toda la bola. A los 17 empecé a trabajar como periodista para las revistas Cronopios y La Bella Gente; hacía entrevistas y crítica de discos. Escribí sobre Manal –uno de los primeros artículos publicados sobre ellos- y también sobre Pappo, Edelmiro Molinari, etc. A raíz de eso me acerqué al mundo de Mandioca: iba a la casa de Mario Rabey y de ahí a los shows de Manal con Jorge  Álvarez y Pedro Pujó; a veces ayudaba a cargar los equipos pero básicamente era un invitado. 

¿De dónde surge esa facilidad de poner humor en tus líricas? ¿Cómo componés? ¿Te sale primero la letra o la música? 

La vida es una broma absurda y el humor es mi respuesta natural a ese estado de cosas. Al principio escribía primero la letra pero al cabo de unos años me di cuenta de que si empezaba por la música me salían canciones mejores, aunque el proceso fuera más difícil. 

¿Cómo te llevas con la idea instalada en Argentina de ser un cantautor de culto pero no muy conocido en nuestro país? 

Lo llevo con agradecimiento. En Hispanoamérica hay algunos miles de personas a las que les gustan mis canciones: ese era mi objetivo en la vida y lo cumplí.  

¿Cómo fueron tus primeros tiempos en España? ¿Cómo te asentaste en el panorama musical de la época?

Para contarte eso también tendría que escribir un libro… Llegué como un amigo de los Tequila (Ariel Rot y Alejo Stivel) que había compuesto canciones para ellos. Eso me abrió las puertas de las discográficas. O sea que aterricé en un lecho de rosas. El panorama español de esa época era incipiente comparado con Manal, Almendra, Charly García, etc. Sentí que venía de un lugar culturalmente más avanzado. 

¿Qué recuerdos tienes de tu primer disco solista, Tengo una idea, editado en 1980, en donde te apuntaste a la new wave, con temazos como “El hijo de Sam”, “Ella dijo hola” o “Explorador Celeste”? 

Muy buenos. La portada la hizo Juan Gatti; al poco tiempo tenía un grupo de acompañamiento, un mánager y hasta un club de fans financiado por la compañía CBS. Estaba cumpliendo mis sueños infantiles y vivía en un país que despertaba a la democracia y se integraba por fin en Europa. No podía pedir más. 

¿Qué recuerdas de tu segundo álbum, La buena vida? 

Lo grabamos en vivo con la ayuda de Ariel. La portada era una foto de Lydia Delgado, la madre de mi hija y el ingeniero de grabación –Barry Sage- había trabajado con los Rolling Stones. Se puede bajar gratuitamente de mi página web: https://www.sergiomakaroff.com/noticias/la-buena-vida-de-regalo/ 

Tuviste problemas con la industria discográfica. ¿Por qué crees que ocurrieron, por qué no difundían tus trabajos como era debido? 

Los problemas fueron con las drogas: a nadie le hace bien drogarse todos los días con sustancias cada vez más potentes pero a mí en especial me destrozaron. Las cosas se torcieron… En 1994 logré acabar con un enganche de 25 años y todo se enderezó de golpe. Sigo viajando en la estela de ese impacto. 

¿Cómo se dio la génesis para hacer tu disco Un hombre feo en 1996, el primero después de un largo tiempo sin grabar, con todos temazos? 

Como te contaba antes dejé las drogas después de 25 años de machacarme todos los días. El resultado fue milagroso y paradójico: nunca volé tanto como sin drogas. Me puse a componer como loco y conseguí que la Warner Brothers me contratara. Ariel, mi hermano Eduardo y Alejo Stivel fueron los productores. Un renacimiento inesperado y providencial. 

¿Cómo te llevas con “Tranqui, Tronqui” o “El rock del ascensor”, tus temas más difundidos en España y Argentina, respectivamente? 

Bien, gracias. Me gusta más “Tranqui, tronqui”, una historia verídica contada de un modo literal. “Rock del ascensor” es una especie de broma. 

¿Qué recuerdos tienes de tu álbum Rico y famoso? 

Excelentes, pero no recuerdo los detalles particulares. Me gusta componer, grabar y actuar en vivo. Es un trabajo muy divertido. Fito Páez colaboró en varios temas. 

¿Cómo hiciste el disco Makaroff en 2002? 

Lo grabé en el estudio de Tito Rosell, él fue el productor. El nombre fue una idea de mi hermano Eduardo, que también se apellida Makaroff… ¡mirá vos lo que son las cosas!... de modo que fue una cesión generosa por su parte. Ariel y mi hermano ayudaron y colaboraron, como siempre. 

¿Qué recuerdos tienes de tu disco Número 1?

Nada especial: estar en mi salsa, con músicos, productor y portada elegidos por mí, haciendo lo que tengo que hacer.
 

¿Cómo ideaste tu álbum El inventor del rompehielos en 2011? 

Grabo un álbum cuando tengo suficientes canciones que me gustan. Voy componiendo y acumulando, puliendo los temas en casa y al final elijo los mejores y a la pileta. 

¿Qué recuerdos tienes de tu octavo álbum Mis posesiones? 

La memoria de las composiciones y las grabaciones está un poco difuminada. Hay ciertas similitudes dentro de lo que es, mayormente, un universo explosivo de situaciones abigarradas y variopintas. De la portada, en cambio, recuerdo más detalles: es un collage de mi autoría realizado con stickers o pegatinas –como se llaman en España- con el que quise expresar mi visión del cosmos en tanto ente vibratorio autocontenido y transversal.

¿Cómo es la experiencia de hacer discos en forma autogestionada, sin depender de una discográfica?

Mayor libertad, menos dinero: un negocio redondo (para los que apreciamos más la libertad que la guita). La verdad es que las discográficas nunca me impusieron condiciones artísticas. Lo intentaron, pero no lo lograron. Siempre compuse las canciones solo, con mi hermano o con Ariel y se me nota que soy difícil de doblegar o moldear. O sea que no perdieron tiempo en tratar de trazarme la dirección artística. 

En medio de la pandemia hiciste tu álbum Desastre con patas, ¿cómo surgió? ¿Qué te inspiró?

Nuevamente no hay nada especial o distintivo en esta colección de canciones. Todas son letra y música mía. Lo único que podría destacar es que me sentí más cómodo que nunca componiendo, arreglando, grabando y mezclando. El arte de portada también es mío: un autorretrato que hice una noche -en dos patadas- para decirle algo a Maite, mi mujer. A la mañana siguiente lo miré y pensé “hasta el peor dibujante acierta alguna vez”. Soy pésimo como artista plástico pero ahí está, eternizado para los anales de la Historia.
 

Sos de cuna rockera, pero te movés con soltura en otros géneros como el candombe, el tango y los ritmos tropicales, ¿cómo fuiste incorporando esas influencias musicales? ¿Ya las tenías en Argentina o las incorporaste en España? 

Mi modelo son los Beatles. Ellos se abrieron a todo, experimentaron con lo que les vino en gana, sin complejos. “Here, there and everywhere” es un bolero, sin ir más lejos. O sea que yo nunca sentí que tuviera que limitarme a un estilo u otro. No pedí permiso e incursioné con descaro en todo lo que me apeteció. 


Ahora toda tu discografía está en Spotify y otras plataformas digitales, ¿cómo te llevas con la experiencia de que cualquiera pueda escucharla en cualquier lugar del mundo con solo hacer clic? ¿Qué repercusiones tienes? 

¡No mentes la soga en casa del ahorcado! Yo uso Deezer y YouTube pero el modelo es el mismo: robar a los músicos con la complicidad alegre y manifiesta de las discográficas y sus editoriales. La repercusión principal es que ellos se quedan con toda la mosca y nosotros con la sensación de que nos podrían estar escuchando en Groenlandia o Mozambique. El atraco del siglo. 

¿Cómo ves la industria musical en la actualidad?

No me tirés de la lengua, gaucho… Me remito a la respuesta anterior. 

¿Qué música escuchas? ¿Qué artistas nuevos te gustan?

Escucho de todo. De los relativamente nuevos me gustan Billie Eilish, Paco Amoroso & Ca7riel, Charley Crockett, Colectivo Da Silva, Conociendo Rusia, Rex Orange County, Gabriel Ríos,Buika, Kali Uchis, Abercrombie & Such, Sebastián Díaz, Pacífica y La Grúa del Sur. 

¿Cuáles son tus actividades actuales, a qué te dedicas?

A grabar mi décimo álbum, que se llamará Hippies en pelotasSiempre con la producción de Jose Nortes, los arreglos de Ariel Rot y doce canciones compuestas por mí. Todavía no está terminado o sea que seguro que habrán más colaboraciones e invitados. Hilda Lizarazu se ofreció para cantar en algún tema y yo acepté encantado. Además de eso me dedico a contemplar a los arrendajos en la hondonada. De repente desaparecieron y justamente hoy le pregunté a la IA y me dijo que sus hábitos migratorios son irregulares y que la ornitología aún no tiene respuesta para esa conducta.

¿Cuáles son tus proyectos artísticos de acá en más?

Suspirar y esperar que vuelvan los arrendajos a la hondonada.

Emiliano Acevedo

domingo, 14 de diciembre de 2025

CLÁSICOS Y MODERNOS, entrevista a Trigémino

Foto: Diego Prol

 

El rock progresivo argentino es como Troilo, nunca se fue, siempre está llegando. Cada vez más chicos jóvenes se copan con este estilo que cautivó al público rockero en los años 70. Incluso surgen bandas nuevas muy interesantes, que continúan la senda iniciada en aquella época por Alas, Espíritu, Ave Rock, Invisible, MIA, Redd, La Máquina de Hacer Pájaros, Crucis y tantos más.

Una banda de culto progresivo surgida en la Zona Oeste en 1976 fue Trigémino. Estaban formados originalmente por Juan “Pollo” Raffo (teclados), Jorge Minissale (guitarra), Claudia Puyó (voz), Marco Pusineri (batería) y Eduardo Rovediello (bajo). En 1977 ingresa como cantante Carlos Garófalo, quien al año siguiente se encarga también del bajo, así quedan convertidos en cuarteto. Pero a pesar de su suceso y de aparecer en varias publicaciones de la época no pudieron editar material discográfico y se separan.

El cuarteto se volvería a juntar en los años 2000 para tocar. Así en 2018 completarían y editarían, ahora sí, su primer álbum Trampas para engañar, una verdadera obra maestra del prog. Allí revisitan y graban el material que compusieron en los años 70, incluyendo la suite de 30 minutos que da nombre al trabajo. Lo presentan a sala llena en el Teatro Monteviejo, material que se puede ver en el canal de YouTube de la banda. Y ahora llega el nuevo trabajo de Trigémino intitulado Corre hacia tu vida. Un álbum grabado, mezclado y masterizado por César Silva en El Hornero.

Actualmente, Trigémino está liderado por Juan "Pollo" Raffo (teclados y voces) y Jorge Minissale (guitarras y voces). Completan la formación el histórico Fernando Samalea en batería, Héctor "Cote" Conrado en voces y Lalo Calello en bajo.

Para saber más de este esperado nuevo lanzamiento hablamos con Pollo Raffo y Jorge Minissale y nos salió esta nota que hoy compartimos con ustedes. Puro Rock Progresivo Argentino…

ENTREVISTA> En Trigémino hay muchos puntos de contacto con ese rock progresivo de los 70, ¿no?

Raffo: Es que el momento de salir de casa a escuchar música en vivo y empezar a ver qué pasaba en el mundo se nos dio a los 14 años. En ese momento, las bandas de rock que había para escuchar eran Aquelarre, Invisible. A Pescado no llegué a escucharlo en vivo, por ahí Jorge sí pudo. También estaba el último Sui Generis, La Máquina, eso era lo que había para escuchar dentro de lo contracultural del rock argentino en aquel momento.

Yo veo puntos de contacto de la música de Trigémino con grupos como Espíritu…

Raffo: Sí, porque seguramente escuchábamos a la misma gente. Minissale y yo escuchábamos mucho Yes. Yo también escuchaba muchísimo Emerson, Lake & Palmer. Después, otro grupo que nos llamó muchísimo la atención en aquel momento fue Premiata Forneria Marconi y también nos impresionaron increíblemente los discos de Opa. En esos momentos, además de tocar estábamos juntos prácticamente todo el tiempo, o sea, Trigémino era nuestro grupo de pertenencia juvenil. Y no solamente los músicos, sino que se generaba todo un grupo de gente, amigos y amigas alrededor. Independientemente de que tocáramos o ensayáramos, nos juntábamos seguido. Estar juntos, guitarrear en casa, porque eran momentos en los cuales estar afuera era hostil. Entonces, la sociabilidad se daba puertas adentro y los recitales de rock eran un poco el punto de encuentro. Hay muchísimos libros que cuentan esa situación concreta de que era peligroso ir un concierto de rock porque había grandes chances de que hubiera una razzia policial a la salida, pero también tenías la posibilidad de tener un espacio comunal con gente que vos sabías que estaba en la misma onda, hasta por el aspecto físico te diría. En la calle vos reconocías a la gente que te podía ayudar.

Hablemos un poco de la banda, ¿qué es para ustedes Trigémino? Porque ustedes hacen muchos proyectos musicales diferentes y justamente esta formación remite al rock progresivo que estaba en auge en los 70…

Raffo: Es probable que el elemento progresivo esté también presente en las otras cosas que hacemos. A mí me gusta una definición de Felipe Surkan, del sello Viajero Inmóvil, en la que usa el término progresivo como adjetivo que se puede aplicar a otros géneros musicales. Por ejemplo, hay rock progresivo, hay tango progresivo, folklore progresivo, jazz… En ese sentido tengo la impresión de que las cosas que hemos hecho o que seguimos haciendo en paralelo a Trigémino tienen que ver con lo que sería la individualidad de cada uno, no negocian ese aspecto, me parece. Y a la vez Trigémino es una especie de espacio intermedio, o terreno común, donde se juegan muchísimas cosas que tienen que ver con lo histórico personal. Por supuesto, se genera una situación musical que no responde a la individualidad de ninguna de las personas que forma el grupo. Y lo incluyo en este caso a Carlos Garófalo, que fue quien co compuso el material con nosotros. Y a la vez esas particularidades están presentes.

Una nueva forma de expresión artística…

Raffo: Vuelvo a citar a Felipe Surkan, que cuando estábamos haciendo los demos de esto, yo le mandé la música y lo primero que nos dijo al respecto era que lo que estábamos escribiendo ahora iba a estar permeado de las experiencias individuales de cada uno de nosotros. Por separado, claro, a diferencia del primer disco que era una revisita literal y respetuosa de los que hacíamos en los 70. Y me puse a pensar en eso, ante la respuesta de Felipe. Como que rápidamente empecé a escuchar en fast forward todos los temas.  Y dije, "No, sabés que no." O sea, ahí me cayó la ficha que no hay prácticamente ningún elemento muy obvio de las cosas que podemos estar haciendo individualmente por fuera de Trigémino. Y a la vez están, lo cual me parece súper interesante porque se termina generando una identidad un poco más compleja, porque no suena como ningún grupo, no suena como nadie.

Tal cual. Porque aparte es progresivo, pero suena actual. No es nostálgico.

Raffo: Genial que suene así…

¿Cómo fue cranear este disco nuevo? ¿Cómo lo fueron desarrollando?

Minissale: Fue una idea que floreció en la pandemia. Me acuerdo que mi idea era hacer algo nuevo en donde el chiste era que nadie tenía que venir a traer una canción terminada. Se lo comenté a Juan, y a él le pareció que estaba buenísimo. Básicamente, porque el chiste de actuar en grupo es como estar en un equipo de fútbol, nadie está preguntando quién hace el gol, si estás adelante del arco tenés que patear. Así, si yo hago una parte de una canción, digo: "Tomá, seguila." Porque yo sé que la va a seguir y me va a gustar. Esa es una inercia básica de gente que además de todo su cariño sabe con quién está. Me parece que el disco parte de esa premisa y esto está buenísimo, no hay una canción que sea de una sola persona. Pero las canciones son fragmentos y lo loco es que no parece que fueran sumándose partes, sino que es una entidad. Está muy bien, porque eso requiere una empatía armónica, una empatía sonora. Otra cosa que me parece alucinante del disco es la parte de los textos. Me parece que está muy bien cómo se abordó el tema de la lírica. En principio porque ya somos muchachos un poco mayores. Cuando éramos chicos abordábamos toda la fantasía de historias con juglares y cosas que son un chiste ahora para esta edad que tenemos.

Se adaptaron a sus tiempos vitales.

Minissale: Sí, porque estar cantando a este edad que le cortaron la cabeza a uno es medio raro. Entonces acá abordamos algo que es muy potente. Eso me parece que está bueno y así se fue gestando. Igual es una patriada lo que hicimos. Una patriada de Raffo porque él se puso al hombro muchas cosas, porque no fue simple hacer este disco, lo tuvimos que sacar adelante. Por suerte apareció Samalea, que es un fan de Trigémino de siempre. Y él quería estar porque para él esto era una deuda pendiente, algo que le faltaba hacer. Fernando tocó con éste, tocó con aquel y también quería tocar con Trigémino. Creo que nosotros fuimos dejando un pequeño surco con lo que vinimos haciendo, y eso está bien. La verdad, lo que hizo Fernando fue muy bueno y creo que el disco es muy coherente y, como decís vos, suena a lo que somos ahora. No es un disco de nostalgia. Pero tampoco estuvimos buscando referencias musicales…

Nada a que asirse…

Minissale: No. Porque no queríamos sonar como Close to the Edge. Eso sería imposible, absurdo. Porque las condiciones técnicas son imposibles de igualar. Entonces voy a tener que sonar con lo que es el hoy. Por otra parte, me parece que este trabajo está muy logrado con respecto a lo que se intentó hacer. Así que creo que les va a caer muy bien a los que les gusta el rock progresivo. Y a diferencia del disco anterior, en este hay mucha canción y tiene todo lo que tiene que tener alrededor.

Raffo: En realidad estamos tocando una música que aprendimos en el momento que estaba sonando. No estamos revisitando algo que ocurrió 20 años antes que nosotros empecemos a tocar. No estamos haciendo una investigación sobre el rock progresivo para sonar así. En ese sentido, creo que tenemos autoridad, porque cuando eso estaba ocurriendo, en el momento que esos discos estaban saliendo, nosotros ya éramos músicos, teníamos este proyecto y estábamos recibiendo toda esa música. Y creo que eso, inconscientemente, te da una cierta libertad, como para decir: "Miren, no hace falta que me vengan a explicar cómo es esto…" Porque lo sabemos desde el momento que apareció. Y me parece que eso te da un resto para lo que está sonando. Me gustó lo de la comparación con el disco anterior del grupo, porque esto es bastante más maduro. Antes recreamos un material hecho por gente que tenía 17, 18 años, y ahora somos gente que compone a los 60. Y por supuesto, en el medio nos pasaron un montón de cosas. También es cierto que en los 70 las composiciones colectivas funcionaban igual. Traíamos fragmentos y veíamos como los ensamblábamos.

¿Qué fue distinto esta vez?

Raffo: Ahora se dio más a nivel del ADN, es como si en vez de conectar pedazos, vincularlos y pegarlos o hacer transiciones y demás, ahora se generó otra cosa, como si hubiéramos tomado la identidad genética de los fragmentos de música que íbamos trayendo y lo que salió es una especie de bicho nuevo, que tiene todas esas cosas, pero están tan mezcladas que no que tiene una tercera identidad, una cuarta identidad o una quinta.

Aparte el hecho de componerlos en colaboración…

Raffo: Sí, es más, yo no compongo en colaboración desde esa época adolescente. Siempre escribí solo, he hecho música para letras escritas por otra gente y demás. Por eso para mí lo de Trigémino es una experiencia increíble. Y está bien lo que dice Jorge de los de los textos, creo que ahí se nota la mirada de gente mayor escribiendo. Otra cosa que me parece interesante en los textos es que salvo alguno, la gran mayoría de ellos no están contados en primera persona, que es una cosa que a mí particularmente siempre me hace un poco de ruido, con esos compositores que en todas sus canciones cuentan lo que le pasa. Entonces están buenos estos textos que hablan de cosas como si uno pusiera la cámara en otro lado. Y ese es un punto de madurez en la manera de contar el texto de una canción.

¿Y cómo hicieron las letras?

Raffo: Igual que la música. En todos los casos es posible que haya un elemento inicial, alguien tiene una idea de un fragmento de música o un fragmento de letra. Eso ha ido yendo y viniendo. A veces un fragmento de canción completa, entonces por ahí a esa estrofa alguien le aporta una sección instrumental que contrasta, agarra la letra y la edita. Creo que hay un tema que apareció que solo tenía letra y al que luego le pusimos música. Me parece que es “El cuarto gol”, que tenía solo letra y después apareció la música.

Minissale: Para mí eso es la convivencia de un grupo. Por eso alucinaba cuando escribíamos y a lo mejor lo hacíamos así por Zoom o por alguna otra plataforma. Procesos compositivos entre los tres y a veces había debates y era buenísimo, era muy divertido. Y uno va aprendiendo un montón de cosas en el medio. Por ahí no se te ocurre a vos, se le ocurre a otro, pero ese otro está jugando en tu equipo. Con la música también es un poco así. Hubo muchas idas y vueltas porque los demos iban y venían. Lo que pasa es que ahora estamos muy cancheros con las grabaciones en casa. De hecho algunas cosas quedaron en el disco, porque Juan lo tiene todo muy aceitado, él es muy hábil con su plataforma. Yo no tengo tanta habilidad pero tampoco estoy tan mal. Así pudimos ir armando esas cosas. Y lo interesante es que hay una vibra en los ensayos, que es como el vivo, una adrenalina, que es divina, hermosa. Por supuesto este disco tiene mucha producción, porque, a la vez, sabíamos lo que queríamos. ¿Qué queríamos? Bueno, el órgano tiene que estar adelante, porque el órgano es el instrumento que en este género tiene un lugar protagónico. La batería también tiene que estar en su lugar. Ahí, Samalea vino con un audio en su batería que quizás no es el audio que tienen todos los otros discos que él toca. Entonces se fue armando una cosa, pero lo teníamos en la cabeza porque ya veníamos haciendo los demos. Así que fue muy divertido. A mí me pasó algo parecido a lo que dice Juan, porque yo tampoco estaba acostumbrado. Esto de armar los demos y las canciones uno mismo. Y está bueno cuando laburás con otro. Pero es como yo te dije al principio. Vos podés trabajar con otro cuando confías en él.

Raffo: Esa es la palabra clave. Confiar.

Minissale: Difícilmente haya sido rechazado algo que se hizo. Si yo le mandaba algo a él, difícilmente yo rechazaba lo que él me devolvía.

Raffo: La confianza es central. A veces no entendés lo que el otro te está queriendo decir en lo que te manda, pero hacés un esfuerzo para ver qué es eso.

¿Pero se juntaron en un estudio para hacerlo o fueron uniendo pedazos?

Raffo: Más o menos. Otra cosa que es interesante es que siempre lo pensamos como una obra posible de ser tocada en vivo. Eso creo que fue una característica de la producción. Obviamente, hay ciertas sobre grabaciones y demás, pero no está pensado como un producto de estudio donde vos tenés 18 capas de sintetizadores, 15 guitarras, coros duplicados, multiplicados por 17. Sabíamos que tenía que sonar creíble y sencillo de poder ser traducido al vivo. Porque, volviendo a eso que hablábamos, estas bandas que nosotros escuchábamos en los 70, grababan así.

Minissale: ¡Grababan en vivo!

Raffo: Grababan en el estudio, pero vos escuchás las versiones en vivo y no difieren mucho de las de estudio. Eso era natural. Independientemente que después sí, por cuestión de dificultades de logística y demás, fuimos grabando con capas y reemplazando con las cosas que estaban en los demos, pero en todo momento está presente la sensación de que es algo orgánico que puede ser tocado en vivo.

¿Qué les aportó Samalea?

Raffo: Lo suyo es mortal. Le dimos los demos, se los llevó, los empezó a estudiar y en un momento nos llamaba para decirnos: "Che, me gustaría juntarme con ustedes." Nosotros teníamos una especie de confianza ciega en Samalea. Sabíamos que lo iba a hacer bien. Llegado el momento fui a la casa a escucharlo. Me senté, puso los demos, tocó arriba y no erró ni un palo, o sea, pasó todos los temas de memoria. Impresionante. Así que le dije que grabara lo que quisiera, que pusiera el tambor que le gustase, poné tus cositas, nosotros nos sentamos y escuchamos.

Foto: Diego Prol

domingo, 30 de noviembre de 2025

AIRE PARA SOPLAR, entrevista a Miguel Ángel Tallarita

 

No es una novedad para nadie que Miguel Ángel Tallarita es uno de los mejores y más versátiles trompetistas de la escena. En su carrera como músico profesional, que arrancó a fines de los años 80, ha tocado con infinidad de artistas de primerísimo orden. Figuras como Los Pericos, GIT, Los Enanitos Verdes, La Mississippi, La Portuaria, Mercedes Sosa, Estelares, Palito Ortega y Kevin Johansen han sido algunos nomás de los nombres que acompañó Tallarita con su trompeta, tanto en la grabación en estudio como en vivo. Son infinitos los proyectos en los que se encuentra metido Miguel, al ser uno de los instrumentistas más requeridos de Argentina, además de integrar Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, la legendaria banda de apoyo de Indio Solari. Amablemente, en uno de sus pocos momentos libres, nos concedió esta nota en la que hablamos de estas historias en la música…

ENTREVISTA> ¿Cuáles son tus proyectos actuales?

Por supuesto, sigo con Los Fundamentalistas Del Aire Acondicionado, la banda del Indio Solari. Estamos al mango, ensayando mucho para los próximos shows. Ensayamos todos los días a full, muchas horas, para estos dos grandes conciertos que van a ser el 6 y el 7 de diciembre en el Estadio Único de La Plata, con dos listas espectaculares con muchos temas. Estamos metiéndole con todo, así que no tengo mucho más margen para hacer otras cosas. También estuve tocando con la banda de Willy Crook, con Los Funky Torinos. Y bueno, sigo con mi proyecto, La Con Todo Band, con la que vengo de hacer el último show del año en el Rojas, un restaurante muy lindo de la zona del Abasto. Es un restaurante de comida peruana japonesa muy buena que está en Avenida Corrientes, un lugar hermoso con un gran escenario, suena bárbaro, así que estuvimos muy felices de terminar el año con La Con Todo en este lugar.

Volviendo a tus orígenes, teniendo en cuenta que tenías un padre y un tío trompetistas, se puede decir que no podías dejar de ser músico, ¿no? Como que la música te eligió a vos. ¿Lo pensás así?

No, no creo que tenga que ver. La música es una pasión que nace, que a uno le puede despertar cierta curiosidad, pero luego ves lo que cuesta. En mi caso, fueron 12 años de conservatorio, de muchas horas por día estudiando y entrenando. Así que tenés que tener un amor y una pasión muy grande. Puede haber despertado porque lo vi a en mis tíos, en mi papá, puede eso tener que ver. Sin embargo, yo nunca viví con mi papá, así que nunca lo vi tocar al lado mío ni estudiar y eso. Seguramente despertó una lucecita, pero después todo el sacrificio que hice fue también gracias a mi vieja que me pudo pagar las clases particulares y mantenerme, gracias a eso pude ir al conservatorio, estudiar y hacer una carrera.

¿De dónde vinieron tus influencias a la hora de tocar?

Nunca tuve ídolos, tengo referentes. Mis referentes son mi maestro Roberto Fats Fernández, por ejemplo, mi maestro Óscar Serrano, también viene de tocar con Américo Bellotto, con todos los grandes trompetistas con los que compartí y aprendí muchísimo y después el mayor maestro también son los discos. Escuchar los discos, escuchar a los grosos, Louis Armstrong, Chet Baker, Dizzy Gillespie, Freddie Hubbard, Clifford Brown, Lee Morgan. De todos, de cada uno se aprende y no solo de trompetistas, uno aprende de cualquier instrumentista. Me encanta Marta Argerich, el Gato Barbieri; orquestas como la de Count Basie y Duke Ellington, escuchar las grandes bandas. Es infinito el abanico que hay para aprender, para escuchar y disfrutar.

¿Sos de escuchar mucha música actualmente? ¿Qué escuchás?

Todo el día. Siempre escucho música nueva y tengo clavada la radio 89.1, que es la FM Blackie, donde hay 24 horas de jazz. La tengo en el auto y en casa todo el tiempo. Y después vinilos. Cuando puedo compro un vinilo, trato de ir a Zivals, aunque sea una vez por mes o cada dos meses a comprarme un vinilo de los históricos y algún disco de algo nuevo que haya salido, algún artista. Ahora estoy escuchando el disco de Valentino, el guitarrista de la banda de Willy Crook, Los Funky Torinos, que me regaló su vinilo en el que también tuve el honor de participar. Es música nueva que siempre refresca y ayuda a aprender y a desarrollarnos como músicos y como personas.

¿Cómo te adaptas a tantos géneros distintos que haces en la música? Porque vos hiciste de todo, tocaste con todos y debe ser muy diferente pasar de una banda que hace funk a otra que hace rock, o tocar tango, salsa o tocar con Mercedes Sosa.

Son las ganas de aprender y la pasión que tengo por la música. No soy apasionado de ningún estilo sino de la música, de todos los géneros. Me gusta, trato de escuchar, aprender y poder tocar un poquito de todo.

Y cuando vas a tocar con un artista que no conociste o con el que nunca trabajaste y tenés que dar lo tuyo, ¿cómo lo preparás?

Escucho su música. Ahora es mucho más fácil, antes había que ir a comprar el disco, ahora están las plataformas digitales. Spotify, YouTube y por supuesto que si me gusta mucho trato de tener el disco físico y colaborar con los artistas.

¿Cómo hiciste para recuperarte después de lo que te pasó con el COVID en 2021? ¿Cómo saliste adelante?

Y con las ganas de vivir. Ganas de vivir, el amor por la vida. Por mi mujer, por mi mamá, mi familia, los amigos y mi profesión que es la música, que es un lugar donde me siento muy bien y pongo toda la energía.

Hablemos un poco de gente con la que tocaste. Por ejemplo, no se habla mucho de tu participación en Fuerza Natural, el último disco de Gustavo Cerati. ¿Qué nos podés contar de esa experiencia? ¿Cómo era trabajar con él?

Sí, fue fantástico, fue una experiencia divina. Estábamos ahí con Alejandro Terán, que es el que dirigió la grabación, hizo los arreglos, así que fue espectacular. Ya habíamos tocado en los Once episodios sinfónicos, ya habíamos trabajado mucho con Gustavo. Era un gran artista, una persona muy generosa y muy sabia, que tanto hizo por la música.

¿Y qué tenía de distinto a otros músicos?

Un gran artista. Yo te puedo decir lo que es estar con él en un estudio, porque no lo conocí en profundidad, así que no te puedo hablar mucho más que decirte que era un gran artista y una persona muy respetuosa, a la que siempre uno escuchaba y de la que aprendía y, por supuesto, agradezco que me haya convocado para poder participar de un tremendo disco como Fuerza Natural, uno de los discos que también tengo acá en vinilo y que escucho mucho.

¿Cómo fue lo del Indio? ¿Cómo llegaste a tocar con él y cómo te llamó? ¿Cómo es como trabajar con él?

Me convocaron para una prueba, me aprendí los temas y gracias a Dios funcionó. Estuvieron conformes, su director musical, él, así que fuimos para adelante. El Indio es uno de los músicos más grosos del mundo, a nivel compositivo y como artista. Así que es un orgullo tremendo y una tremenda responsabilidad tocar su música y estar ensayándola todos los días. Por eso estoy muy contento, agradecido a Dios, a él, a la vida porque es divino estar con su tremenda banda y compartir esta experiencia con compañeros que admiro tanto porque son músicos re grosos y estar todos los días con ellos. Igualmente, cuando uno trabaja de lo que le gusta y ama lo que hace, deja de ser un trabajo, ¿no? Me siento bendecido y agradezco a Dios cada día que me regala.

¿Y cómo lo cómo es tratar al Indio en la intimidad?

Por supuesto es una persona divina y cada vez que nos juntamos, vamos a grabar o nos reunimos yo soy de hablar muy poco. Me gusta escuchar, aprender porque él es una persona con un humor hermoso. Siempre son encuentros que quedan en mi corazón y que me van a quedar para siempre y por supuesto soy feliz por compartir la música, que es lo que más nos une a todos los seres humanos. Así fuimos con mi mujer también a ver una muestra de arte que se está haciendo acá en el centro, que se llama Brutto, y tiene unos cuadros increíbles. Son cuadros de arte digital con su música, ahí podés escuchar su voz. La verdad que fue una experiencia muy linda, que le recomiendo a todos, creo que están hasta febrero. Está en el Centro, así que busquen donde está Brutto y vayan a ver esta muestra, los que tengan la posibilidad de estar acá en Buenos Aires.

¿Lo ves seguido al Indio?

Sí, estuvimos grabando hace un par de meses.

¿En el repertorio que hacen con Los Fundamentalistas repasan todos los discos solistas del Indio, algunos temas de los Redondos y van mechando canciones?

Hay de todo, sorpresas y como siempre un espectáculo tremendo, así que no se lo pierdan, van a hacer dos listas diferentes los dos días, así que vayan a los dos shows del 6 y al 7. Creo que el 6 está todo agotado, así que queda muy poquitas entradas para el 7.

Contame un poco como es tu labor solista, como craneas tus discos…

Se trabaja mucho acá en mi casa con el piano y cuando ya está todo diseñado, me junto con el productor y vamos tratándole de ir limándolo y dándole forma al disco. Ahora estoy en eso, componiendo y trabajando para el disco que vamos a hacer el año que viene. Esa es la parte más linda, la parte creativa, la parte de producción y después vendrá todo lo que tiene que ver con los artistas que vamos a invitar, las versiones de algunos temas que queremos hacer. Es un trabajo muy lindo que siempre me gusta hacerlo con un productor. En el caso del primer disco fue Pablo Sbaraglia y en el segundo disco fue Alejandro Terán y Nelson Pombal.

Tu segundo álbum me parece que fue más personal, ¿no? Tiene un vuelo más propio, ¿puede ser?

Sí, fueron temas que compusimos con el maestro Alejandro Terán. Igual, me gusta mucho el primero que tiene más versiones. El próximo va a ser mitad y mitad.

Vinilo también…

Y espero que sí, un vinilo pero esta vez de color. Quiero hacer un vinilo como los de Blue Note, color rojo. Rojo y con un lindo arte como este último, Cazador nocturno, que fue una foto de Nora Lezano, una gran artista.

Y lo de tu trompeta roja, ¿de dónde surge esa historia?

De Miles Davis, que es el único trompetista creo que del mundo que tocaba con una trompeta roja. Y yo soy el único que la tiene acá en nuestro país.

¿Cómo la conseguiste?

En Nueva York, la fabrica Martin. Me la trajeron. La mandé a pedir a Nueva York y vino grabada con mi nombre, personalizada.

¿Cómo es la vida del músico? ¿Cómo es vivir de la música? Porque me imagino un chico que recién empieza y ve solo obstáculos en la época actual, donde es tan difícil darse a conocer, por más que haya un montón de medios y demás. Poder mostrar lo tuyo cuando hay tantos músicos a la vez. ¿Cuál es tu experiencia personal? ¿Qué podrías aconsejar a los pibes que quieren meterse en esto?

Y, que estudien mucho, hacer el esfuerzo de tocar lo mejor posible, prepararse con buenos maestros, estudiar armonía, componer, hacer arreglos y después estar bien preparados para cuando uno quiere armar algo, cuando vas a componer, armar una banda o ser un músico como yo, que soy músico sesionista y siempre traté de estar preparado, a la altura de los artistas que me convocaron para trabajar.

Vos grabaste más de 500 discos, ¿hay alguno en particular por el que tengas especial cariño, que te haya quedado en la memoria por algo en especial?

Cada uno tiene su historia y todos tienen su rinconcito en mi corazón. Así que el agradecimiento eterno a todos los artistas que me dieron la oportunidad de trabajar con ellos y de los cuales aprendo y aprendí en toda mi carrera y seguiremos así hasta que Dios disponga.

Cuando vos empezaste en los 80, ¿era muy diferente la escena musical a como es ahora?

Sí, había mucha movida, todas las bandas necesitaban de músicos sesionistas para grabar, no existían los programas que existen hoy en donde en los vientos puede tocar cualquiera desafinado, y con todos los programas lo corrigen y queda bárbaro. Así que había mucho trabajo, muchos lugares donde tocar. Era otra Buenos Aires, los boliches estaban llenos, la gente iba. Era mucho más fácil pagar la entrada para ver un show, pero bueno, es lo que nos toca ahora y hay que seguir adelante.

Contame un poco que te parece la música actual, si te convoca algo, te gusta algo…

Escucho muy poco de lo que no tenga que ver con la música que me gusta a mí, que es el jazz, el latin jazz y después las cosas experimentales. Escuché muchas de las cosas que hacen Ca7riel con Paco Amoroso, que está buenísimo, es una música que también convoca mucho, a los chicos les gusta. Trato de escuchar de todo, pero lo que más me gustan son las cosas que escucho de los grandes maestros, de los clásicos. Por supuesto que toda la música nueva es bienvenida y hay que estar alerta porque siempre se aprende de todo.

Emiliano Acevedo