Hay voces
que construyen su identidad lejos de los moldes y encuentran en la música un
territorio propio. Viviana Scaliza es
una de ellas. Cantante y guitarrista, ligada al blues, el soul y los negro
spirituals, construyó una trayectoria que tuvo uno de sus capítulos fundamentales
en Las
Blacanblus, el grupo que integró entre 1992 y 2006. Desde entonces,
su recorrido solista y su trabajo como docente vocal ampliaron una búsqueda artística
sostenida en la expresividad y el compromiso con la música. En esta conversación
telefónica, Viviana repasa los distintos momentos de su carrera, las
experiencias que marcaron su camino, su manera de entender una música que sigue
encontrando nuevas formas de expresión ante los desafíos que enfrenta en este
momento de su existencia.
ENTREVISTA> ¿Cuáles fueron tus primeros acercamientos a la música?
Mi mamá, a la tarde, escuchaba tango y folklore. Mi viejo escuchaba tangos por la mañana, en el programa de Héctor Larrea. Yo me cansaba de escuchar tango, por eso puede ser que no me haya enganchado mucho con esa música. Incluso, los miércoles a la noche me sacaban lo que yo estaba viendo en la tele para poner Grandes valores del tango, lo sufrí desde antes que empezara a conducirlo Soldán, para mí duraba como 42 horas… [risas] Así que, básicamente, empecé escuchando la radio y mi primera influencia terminó siendo Joan Baez, pero yo aún no sabía quién era. Justamente, una canción que me rompió la cabeza, no me acuerdo a que edad, fue cuando se estrenó acá la película Sacco y Vanzetti, y yo me morí con “Here´s to You”, la balada de la banda sonora.
Desde chica te influenció…
Y viste que cuando una es chica es como una esponja y se aprende las cosas de memoria porque te las pasan en la radio varias veces. Ya un poco más grande empecé a escuchar los Beatles y Joan Baez ya sabiendo quién era. Acá te estoy hablando siempre de antes de los 13 años, porque todo esto lo recuerdo con mi madre presente. Después, mi primera incursión en la música fue cuando empecé en un coro a los 14 años. Teníamos una profe de música en la secundaria que no se guiaba por el programa, nos enseñaba cosas que eran muy raras. Le dábamos bola tres alumnas nomás. Te estoy hablando del año 76, la mina venía con el tocadiscos, con un montón de discos. También traía libros de arte, literatura, entonces nos iba enseñando periodos de la música, comparando música, arquitectura, literatura, pintura, y yo ahí, que ya venía con un gusto por la música clásica, quedé fascinada.
Esa profe te llevó al coro…
Claro. Me llevó a un coro chiquito que había acá en Morón, ahí es donde conozco con los negro spirituals. Ahí conocí ese estilo y el resto del caminito más o menos conocido, porque eso fue el principio, mi entrada hacia el blues de alguna manera.
¿En ese momento ya tocabas la guitarra?
Sí. Yo toco desde los 9 años, más o menos. En la secundaria, yo llevaba la guitarra y la teníamos todo el día en el aula y nos la pasábamos tocando y cantando. Cuando empieza la dictadura, yo llegaba con la guitarra, la tenía que dejar en dirección, ir a buscarla para la hora de música y devolverla hasta que me iba.
Descubrir la música negra te cambió todo, ¿no?
Sí, como toda la música que ya venía escuchando anteriormente. Fueron cimbronazos muy grandes, es un efecto acumulativo. Empecé a escuchar discos de Janis Joplin también, que es mi segunda gran influencia. Pero no dejé la música pop o el folk por el blues, escucho ambas cosas a la vez. Empecé a escuchar a Bob Dylan y, a la vez, a Bessie Smith. Una vez que me relacioné con los negro spirituals, empiezo a estudiarlos en profundidad, ver cómo se cantaban, porque se cantan de formas distintas, no hablan todos de lo mismo.
¿En esa época de adolescencia cantaste en grupos de barrio?
Siempre. En grupos de barrio y también me largaba a cantar sola, en festivales por aquí y allá. Acá en Castelar hay mucha música, muchas bandas y de acá salieron muchos grupos como Escarcha, Plus, Taxi, musicazos como Julio Sáez, Hugo Racca, etc. Entonces había mucha música acá. También acá teníamos a Yuelze, o Aucán, que lo formaban Miguel y Eugenio. La cantidad de música que había en la zona era increíble. Yo tenía una bandita a los 18 años y después seguí tocando con otros amigos. Y antes de las Blacanblus tuve una banda en la que ya hicimos las cosas más en serio y se llamó BLU (Banda Lateral Única). Con BLU tocamos en un montón de lugares, en La Gran Aldea en San Telmo, en Babilonia, en infinidad de sitios. Yo luego empiezo a estudiar canto con Cristina Aguayo y participo en una banda de ella que se llamaba Shining Souls. Así que empiezo a estudiar canto negro y conozco a las chicas, a las dos negras, Déborah y Cris, y a Mona.
Fue química, se dio un choque de planetas…
Si pensamos que las casualidades no existen, pero pasó que quedamos nosotras cuatro, porque fuimos las que seguimos con un proyecto que empezó saliendo de esos ensayos de los sábados a la mañana con Cristina Aguayo. Se nos ocurrió hacer algo nosotras por afuera de ese ámbito.
Y justo es la época que empieza a pisar fuerte el blues en Argentina, porque si bien habíamos tenido a Manal, o algún que otro grupo, como Memphis, no había habido una fiebre por el blues tan importante como la que hubo en esos años.
No, nunca fue súper masivo. Había venido B.B. King en 1980, pero el boom por el blues se desató recién en la década del 90 en Argentina. A nosotras nos preguntaban en ese momento si creíamos que el blues era una moda, y lo negábamos, pero después, si te ponés a pensar, quizás lo haya sido, porque como las modas, esa movida se fue apagando y de ese momento ahora solo queda La Mississippi tocando. Incluso yo a veces me cuestiono un poco si realmente nosotras hacíamos blues. Porque yo escucho los discos y no me sale mucho blues. Era más lo que hacíamos en vivo, quizás, que lo que está grabado. Porque grabamos algunos covers de blues, pero después no hicimos demasiado blues. Yo sé que me van a querer re matar por esto que estoy diciendo, pero la verdad que no me importa, porque es cierto. Ponete a repasar los repertorios de todas las bandas de blues y hay blues, hay rock, pero blues propiamente dicho, no hay tanto si nos ponemos puristas…
¿El nombre del grupo salió del nombre del disco de los Rolling Stones?
Hay un tema “Black and Blue”, de Fats Waller. Es una mezcla de eso con el disco de los Stones, que nos gustó mucho. Por eso antes de salir a tocar en La Trastienda, poníamos “Melody”, que está en ese disco. Qué sé yo, en esa época no le dábamos mucha bola a las letras. Poníamos ese tema y la gente sabía que ya íbamos a salir a tocar. Terminaba el tema y aparecíamos nosotras. Pero, hace unos años, con Cris Dall hicimos unos cuantos shows y ella hacía el tema. Ahora, cuando tuve la letra adelante, me dije que yo no podía cantar eso nunca más en la vida. O sea, cuenta la historia de Melody, que es una chica que conoció en un bar, estaban todos borrachos, qué sé yo, bueno, entre otras cosas que pasan, se la termina llevando a la casa y al día siguiente se da cuenta que la chica le robó todo. Y termina diciendo en la última estrofa, “un día te voy a dar una sorpresa, te voy a agarrar y te voy a rostizar viva…”
Tremendo…
Justo en una época en que habían pasado algunas cosas con el tema de rostizar vivas a las mujeres. O sea, hay cosas que envejecen bien y otras que no envejecen tan bien. Yo te puedo decir, qué lástima porque lo sigo escuchando y su música me sigue gustando. Pero bueno… Sí, el nombre del grupo fue por eso y decidimos ponerlo en castellano para que sea más fácil. Igualmente, nunca lo escriben bien. Que “Blanca Blues”, “Blacablus”, “Black and Blues”, así que nos terminó jugando una mala pasada el nombre… [risas]
¿Cómo fue creciendo la popularidad del grupo hasta que grabaron el primer disco?
Fue meteórico, nunca fuimos super masivas, llenábamos La Trastienda sí, esto fue cuando grabamos el disco, pero lo del disco surgió al año de estar tocando. Ojo, ¿viste que hay bandas que la tenían que remar durante años para grabar un disco en ese momento? No era como ahora. En ese momento necesitabas, sí o sí, tener un productor y un sello discográfico. Ahora, qué sé yo, mucha gente tiene estudios en su casa, hay muchos estudios más chicos, pero en ese momento lo que existían eran los grandes estudios y un productor, o sea, un productor musical, un productor ejecutivo, un productor que pusiera la guita. Hay muchas cosas que han desaparecido, salvo para los artistas grosos, los que venden mucho.
Ustedes habían conocido a la Negra Poli, ¿no?
Sí, habíamos tenido un acercamiento, me encontré con ella en el baño en un show de La Mississippi. Entonces, nos encontrábamos con la Negra en Plaza Serrano. Y ella insistía que teníamos que grabar, pero decía, "Ustedes no firmen con nadie, no firmen con nadie. Yo voy a hacer algo”. Y habló con Gustavo Gauvry. Así tuvimos una reunión con Gustavo, que nunca nos había ido a ver en vivo. Le llevamos un casete, al que llamábamos “Black and Truch” … [risas] Era un casete que habíamos grabado en un estudio, lo copiábamos en una doble casetera y lo vendíamos en los shows. Unas caraduras totales. Bueno, le llevamos ese casete y Gauvry nos dice, “Está bien, pero tendrían que hacer un repertorio en castellano…” Entonces le dijimos que teníamos pocos temas en castellano, que la mayoría era en inglés. Y él insistió hasta que nos fue a ver. Cuando nos fue a ver, dijo: "No, no se puede sacar esa parte." O sea, como que también eso era importante. Entonces, él dijo: "Vamos a hacer una cosa, para que no quede como que se metieron en un estudio a grabar en inglés. Vamos a hacer una grabación en vivo y de ahí se va a extraer la parte en inglés que va a estar en el disco”. Y así fue. Lo hicimos en el auditorio del ATE, que estaba en la calle Belgrano, con un estudio móvil que tenía Gustavo. Nuestro primer show fue en mayo del 92, y este disco sale a principios del 94, poco tiempo después.
Lo que tenía lo que hacíamos las Blacanblus era la originalidad, dentro del ámbito local. No había acá bandas inspiradas en estos grupos vocales estadounidenses afroamericanos. Entonces, lo que llamaba la atención era eso. Que también les llamó la atención a todas las bandas de la época. Y nosotras decidimos no aceptar ir a hacerle coros a nadie porque si no quedábamos como las coristas de tal o cual. No queríamos eso. Pero cuando vino Pappo a decirnos, no pudimos decir que no…
¿Cómo lo conocieron al Carpo?
No sé cuándo nos conoció él a nosotras, si nos vio en un show o qué. Sé que nos llamó. Pero no era para un show, la primera vez que nos llamó, era para acompañarlo en Ritmo de la Noche, el programa de los domingos de Tinelli. En ese momento, Pappo estaba a full con el éxito de “Mi vieja”. Y me acuerdo que nosotras empezamos a tener conflictos internos por el hecho de ir a presentarnos en el programa de Tinelli. Me acuerdo estar en el hall central de Telefé, en el mismísimo lugar, discutiendo si lo hacíamos o no. Me acuerdo que Pappo había pedido que los músicos estuvieran sobre tarimas y que no pusieran minas en culo bailando alrededor. Fue a partir de ese momento, que nosotras empezamos a tocar con Pappo sin haber grabado juntos. Después de eso hicimos no sé si tres o cuatro estadios Obras con él, en los cuales tuvimos miedo de cómo iba a reaccionar el público. Pero esa vez no hicimos dos o tres spirituals, fueron solo coros. Estábamos ubicadas adelante de todo y teníamos miedo que nos trataran mal, que nos escupieran, como mínimo… Pero nos trataron tan lindo, que fue muy emocionante. También tiene que ver como él nos presentaba y en otro show en Obras le dijimos si podíamos tocar un tema nosotras y él dijo que sí. Armamos banda y tocamos “Dieciséis toneladas”, en medio del show de Pappo.
Un verdadero honor…
Sí, pero ya te digo, tocamos un montón con él sin haber grabado nunca. Recién grabamos en su último disco, Buscando un amor. Ahí grabamos “Rock and roll y fiebre”, “Juntos a la par” y, unos cuantos años después, “Blues del Delta”. Ya no estaba el Carpo cuando se grabó eso, eran temas que habían quedado de la primera grabación y les faltaba los caños, la armónica y los coros.
¿Y
del segundo álbum Rituales qué te acordás?
Ese fue raro. Porque ya nosotras teníamos un representante que nos había dicho que teníamos que tener un productor. O sea, el disco fue un lio grabarlo. Empezamos grabando con Gauvry y Beto Satragni, pero en el medio hubo un conflicto de cuestiones personales, no musicales. Ahí el representante nos presentó a Alfredo Toth como productor musical. El técnico fue Adrián Bilbao. Lo que pasó fue que Toth era un tipo que venía del palo del rock, entonces el disco sonó totalmente diferente a lo que había sido nuestro primer álbum. En nuestro debut, todo es entusiasmo puro, no teníamos una banda y por eso todos los temas tienen diferentes músicos, y músicas, porque “El agitador” lo hicimos con Andrea Álvarez y Gaby Martínez de Las Pelotas. Y en el segundo disco, fue como que se le dio mucha bola a la parte musical y no tanta a la vocal. El tercero es en vivo y el cuarto disco sí tiene las voces muy al frente. Pero el segundo disco suena más rockero.
Quizás, sin tanta esencia blusera…
Claro, claro. De todas maneras, me acuerdo que Gauvry había dicho que el tema que elegimos como corte de difusión, “Hartas”, a él no le gustaba. Él hubiera elegido otro, no me acuerdo ahora cuál, pero decía que ese no le gustaba como corte y nosotras insistimos. Ese disco sale bastante tiempo después, pero es un disco muy bueno, o sea, musicalmente, a mí me gusta mucho. Es muy prolijo, muy bien armado, pero no tuvo tanta aceptación como el primero.
Es como que el primero marcó mucho la trayectoria de ustedes, ¿no?
Y sí, la gente habla de las Blacanblus y dice, Maldito piano.
Sí, sonaba mucho en la radio, en la Rock&Pop lo pasaban a morir.
Es
que con la Rock&Pop teníamos una historia de cariño, Cristina conocía a
mucha gente de ahí, era amiga de Lalo [Mir], de Bobby [Flores],
de Douglas Vinci, de toda esa gente. Entonces, teníamos una gran
conexión con la Rock&Pop. De hecho, después de firmar contrato con Gauvry, fuimos
directo a la radio, les caímos y estaba Bobby Flores al aire.
¿Y del último disco, Suena en mí, qué recuerdos se te vienen a la mente?
Ese disco fue el broche de una época larguísima que duró años. Una época que arrancó en el 2000 hasta 2005, años de mierda. Ya, antes de eso, estábamos tratando de grabar un disco. Teníamos un repertorio completamente diferente, pero nada que ver. Grabamos un demo en el estudio de Javier Calamaro, que nos lo prestó, y empezamos a buscar alguien que lo produzca. Pasamos por varias personas: Fabián Prado, Mario Breuer, que quería que hiciéramos jazz, nada que ver. Teníamos el demo, empezamos a dar vueltas, pero la crisis económica era brutal, todo se estaba yendo al carajo, y ahí no arreglamos con PopArt, porque nos equivocamos, quizás no lo pensamos bien y cuando quisimos arreglar con ellos ya no se podía. Nosotras seguimos con la idea del disco y ahí Fernando Taverna, que había sido asistente de escenario nuestro, tenía su estudio, y nos dice: "Bueno, yo les ofrezco el estudio y a ver qué sale. Vamos a grabar todo, lo que haya, todo." Así que nos olvidamos del repertorio que estábamos laburando, que queríamos grabar, e hicimos cosas originales, grabando lo que se nos ocurriese. Pedacitos de tema que tenían piano y voz, piano y guitarra, guitarra y voz, o sea, todo lo que había, pedazos de letra, pedacitos de tema, temas de otros. Ahí me dice, “¿Por qué no grabás ´Hombre de mala sangre´, de Lebón?”. Mirá, nunca habíamos hecho un cover de rock nacional, ¿viste?
Toda una novedad…
Yo lo hacía en las pruebas de sonido, por eso él sabía que yo lo cantaba. Así fue que grabamos pedacitos de diferentes cosas. El disco se terminó de componer en el estudio. Nosotras ya estábamos cansadas. Cansadas de vernos, cansadas del grupo. Entonces se tardó mucho tiempo en grabar ese disco, creo que el que más trabajó ahí fue Fernando. Él le puso todas las ganas. No solamente nos dio el estudio, sino que bueno, se pasaba días y días, creo que sin dormir, haciendo arreglos y cosas sobre los temas. Incluso el disco tiene temas con letras de un amigo de él. Tiene cosas compartidas, es una cosa muy rara el último disco, a lo que éramos las Blacanblus, pero a mí me parece hermoso. Y para quien nos conoce y lo escucha detenidamente se puede dar cuenta de cuáles son los dos temas que quiso producir Cristina Dall. Porque vos escuchás el disco y hay dos temas que tienen el viejo sonido Blacanblus. Están muy buenos, pero lo demás tiene el sello de Fernando Taverna y ahí sí trabajamos muchísimo las voces.
Ahí se viene la separación…
Claro,
es que, ya te digo, estábamos cansadas. Era muy difícil remarla para que vaya
gente a los shows, para que nos paguen lo que queríamos. Hubo un momento en que
teníamos tres shows en un mes, dos se caían y en el tercero nos querían bajar
el cachet. Ahora hay mucha gente que nos dice que nos reunamos. Pero lo que
está pasando ahora es que la gente está viendo los videos nuestros de hace 30,
35 años. Claro, ahora aparecen los videos en YouTube, los discos en internet,
pero el tiempo ya pasó. Ya no somos las mismas. Además, sería un despelote
hacerlo, porque cada cual tendría que dedicarse full time para hacerlo como es
debido, y ahora ya no podríamos hacerlo, porque además no somos las mismas
tampoco. Entonces no vas a escuchar aquello. Lo que escuchabas en esa época eran
años y años de tres ensayos a la semana y tocar todos los fines de semana. Era lógico
que sonáramos como si fuéramos un relojito. Ya no va a ser igual.
Vos preferís que quede el recuerdo de lo que fueron…
Sí,
yo prefiero eso. Ser un buen recuerdo y no ser una decepción. Y las chicas piensan
lo mismo. Todas estamos de acuerdo, no es que hay una que quiere volver, la
otra no, que estamos peleadas. Las tres tenemos la misma forma de pensar.
En esa época que ustedes se separan ya había pasado el boom de blues, y emergía más el rock chabón, barrial y demás. ¿Por qué pensás que se da ese recambio en el rock?
A mí me agarra el viejazo cuando empiezo a hablar de esto. Porque si vos vas viendo cómo va girando la rueda, ves que los que siguen manteniendo la poesía en sus letras y demás eran los viejos, los que se fueron muriendo, los Soulé, Spinetta y demás. Después empiezan a aparecer otros tipos de letras… La verdad, no sé porque se dan determinados cambios en la música. Ahora hay mucha gente que dice que el rock está muerto, que la buena música esta muerta. No, la música no está muerta, ahora, si vos vas a escuchar la música que te pasan en la radio y sí, puede ser que te haga pensar eso. Y eso depende también de las radios que escuchás, porque si te ponés a escuchar una radio de música clásica o de jazz te vas a dar cuenta que la música no murió para nada. A veces creo que se empieza a no pensar y que todo cuanto más simple es, más se impone. Y no hablo de más simple porque de golpe se pasó, no sé, del rock sinfónico a la canción. No, hablo de no tener que pensar demasiado en lo que se dice en una letra. Fijate en el caso de los Redondos, o el Indio, yo no entiendo que quieren decir el 85% de sus canciones, pero por lo menos te hacían pensar. Yo no soy ni rockera ni ricotera, pero la otra vez canté “Nuestro amo juega al esclavo”, acá en Castelar, para la conmemoración del 24 de marzo, pero cuando vi la letra de la canción me volví loca, me pareció totalmente apropiada para la fecha. Entonces, después de eso escuchás “Me gustas mucho” o “Pila Pila” y no sé que pensar, por más que después me digan que el Pity es un genio y qué sé yo. Hay que ver que es la genialidad para cada persona…
Igual,
estamos hablando de un compositor que se destaca bastante en ese estilo de
rock, porque, después para abajo, tenés muchos más ejemplos de líricas mucho
más básicas…
Tremendo. Muy básicas en letras y musicalmente también. Hubo bandas rolingas como Los Ratones Paranoicos que son muy respetables en lo suyo, pero todo lo que vino después… No quiero dar nombres, la gente que vaya a leer esto ya sabrán a quien me refiero, pero no aportaron demasiado musicalmente. Encima, yo no soy muy consumidora de rock. Yo creo que me quedé en la polémica Spinetta versus Charly, para que te des una idea. Yo creo que me quedé ahí con el rock nacional.
¿Y qué música escuchás ahora? ¿Qué música te convoca más?
Es una pregunta difícil. Digo que es difícil porque es más fácil decirte lo que no escucho. Porque mucho no escucho rock, por ejemplo, pero tampoco escucho tango, y no escucho reguetón y toda esa mierda. Tampoco escucho pop. Eso es lo que no escucho. Después, no sé, en general a mí me gusta escuchar música fuerte, además. Hay días que musicalizo todo el barrio, sobre todo los sábados a la mañana, sábados al mediodía, que me agarra haciendo cosas acá en mi casa. Puedo escuchar desde música brasileña a un grupo finés, o Diamanda Galás, música minimal, música clásica, blues, qué sé yo, pero es música que voy seleccionando para cada día, no escucho todo junto. Necesito ser ordenada. Soy súper ecléctica en cuanto a la música, pero tengo días en que me agarra el ataque de folk y me pongo a escuchar la vieja música de Joan Baez, que escuchaba hace mil años. La música del mundo me encanta. Me gusta mucho algo que hizo Yo-Yo Ma con una banda que se llama Silkroad Ensemble, haciendo la ruta de la seda, entonces tenés músicos y músicas de todos esos países: Grecia, Turquía, la India con sus instrumentos típicos. Bueno, eso a mí me fascina, por ejemplo.
Y cuando das clases, ¿te adaptás a lo que quieren aprender tus alumnos o ya tenés un programa determinado y no se sale de ahí?
No, no tengo nada predeterminado, cada persona es un mundo en todo sentido, no solo en gustos musicales, sino vocalmente. El repertorio siempre es a gusto del consumidor. Yo puedo sugerir cosas también porque hay temas que me tienen harta. Por ejemplo, si hablamos de blues, “Desconfío” está prohibido acá. Hay varias canciones que están prohibidas. Yo les puedo decir: "Che, mirá, esta canción que elegiste me parece que todavía es muy complicada para esta etapa tuya o tenemos que elegir algo que nos dé un poquito más de desafío." Pero vos también tenés que cantar las canciones que te gustan. Porque si yo impongo un repertorio, a los dos días no los tengo más. Es más, escuchando los pedidos de los alumnos yo empecé a conocer muchas más cosas o empecé a darle bola a interpretes que no conocía. Por ejemplo, me pasó con la música de Cerati o la de Soda, a la que empecé a escuchar por mis alumnos. Qué loco esos temas, cosas así, o qué buena letra o qué buena voz tenía Gustavo. Porque para mí el pop era para divertirse y listo. Eso, ese intercambio con mis alumnos, me sacó muchos preconceptos de la cabeza. Así voy descubriendo cosas en músicas que no escuchaba. O incluso descubrir que está bueno algún tema de alguna banda que yo detestaba. Por ejemplo, han venido con algún tema de Tan Biónica, y me parecieron muy interesantes algunas letras. No me acuerdo el nombre de la canción, pero después te ponés a pensar en la vida del pibe, que anda chocando con el auto todo el tiempo, y analizás la letra y te das cuenta que se está describiendo a él mismo. Eso es muy valioso, hay que reconocérselo. Lo cual no me hace fanática de Tan Biónica ni de cerca, porque no es el tipo de música que me gusta, pero es lindo descubrir canciones, cosas, que se le puede dar vuelta a algún repertorio, trabajar con ese material…
En 2019 tuviste un infarto. ¿Cómo fue tu vida luego de eso?
Y bueno, uno de los problemas que estoy teniendo ahora es un tema cardiorrespiratorio que me está impidiendo moverme demasiado. Qué loco es tener un infarto, es como que vos pensás que la vida sigue igual y de pronto te encontrás con que voló una mosca y te largaste a llorar o la querés cagar a trompadas o las dos cosas juntas. Entonces me sentía muy rara anímicamente. Un amigo que se había infartado me dijo que me quedara tranquila, que en unos meses se me pasaba. Pero es que fue re loco el cambio, fue como empezar a sentir que tenés otro cuerpo. Tenés que tomar medicación, es muy loco. Espero que no le pase a nadie, pero si alguien le pasa o alguien le pasó, sabe cómo es. No quiero adentrarme demasiado en todo lo que me trajo eso después ni cómo fue, porque bueno, fue todo un tema. Pero es re loco tener que pasar por algo así y encima no darte cuenta que te estás infartando. Fue lo que me pasó. Pero acá estoy. No se van a deshacer de mí tan fácilmente.
He notado que en tu disco en vivo elegiste un repertorio muy ecléctico, porque incluís temas de Carole King, temas perdidos de Roque Narvaja e incluso de Roberto Carlos. ¿Cómo surge esa búsqueda?
Lo que pasa es que yo no soy compositora, entonces eso a mí me limita. Por eso tengo que buscar un repertorio que no sea, qué sé yo, lo más conocido del disco de Carole King era “(You Make Me Feel Like) A Natural Woman”, pero en la versión de Aretha Franklin. El tema de Roque Narvaja lo canto desde que soy adolescente, el tema de Roberto Carlos me gustó a los 13, 14 años porque una prima mía era fanática de Roberto Carlos, y yo le pedí el disco porque se estilaba prestarnos los discos en esa época. El último tema del Lado 2 se llamaba “Ilegal, inmoral o engorda”. Yo ya era medio rebeldita desde ese momento. Entonces leí ese título y dije, "¿Qué es esto? ¿Me prestás el disco?" Lo escuché y me encantó. Y hace unos años, con esta cosa de que ahora encontrás todo en las redes dije, "Uy, aquel tema." Me acordaba del título, pero no me acordaba como era. Digo, "¿Me gustará todavía?" Y lo escuché y dije, "Síiii." Se los mostré a la banda y dijeron, "Sí, hagámoslo…” Después encontrás una buena mezcla en el disco, y hay algunas cosas que quedaron afuera, que son las que quiero grabar ahora, que son temas originales. Hay un tema que no está grabado de Esteban Piceda, que es el compositor de “Las puertas del infierno”, yo le puse un cachito de letra no más. Y esa grabación también tardó bastante en salir a la luz. Una vez que se grabó, Charly De Hoz, que es guitarrista, productor, cantante y es una bestia, lo mezcló, lo arreglamos, quedó ahí y está buenísimo. Así que luego de mucho tiempo sacamos el disco.
¿Cómo es colaborar con otros músicos?
Me encanta. Y lo que me gusta, más allá de este cansancio que vengo trayendo encima, es mi responsabilidad por hacer bien el trabajo. Me encargo solo de cantar. Por supuesto, no voy a hacer cosas que no me gusten. Lo último que hicimos con Lucy Patané fue alucinante. Ese repertorio lo hicimos dos veces y la segunda vez en el Teatro Vorterix fue alucinante la recepción de la gente, yo no lo podía creer. En general no escucho mucho ni los gritos ni los aplausos, no sé por qué, pero es como que se me cierra el oído a eso. Me pasa en un pub, me pasa en cualquier lado. Me dicen, “che, te gritaron tal cosa”, pero no lo escuché. Ese día con Lucy, cuando pisé el escenario, la gente hizo una ovación indescriptible. Me dije, "Bueno, estamos en carrera." Y así fue. Hicimos el tema “Génesis”, de Vox Dei. También participé de algo que se llamó Cancionero del repertorio de la Cuenca Matanza - Riachuelo, que fue un proyecto maravilloso y ahí canto “Avellaneda Blues”, en una colaboración junto con Alejandro Medina. O sea que no me salgo tampoco de la zona de confort horriblemente. A veces sí, porque grabé con Marian Farías Gómez el tema “Zamba del ángel”. El folklore también me gusta mucho. Salirme de la zona de confort sería cantar tango, por ejemplo. Yo creo que canté un tango una sola vez.
¿Y hacer música celta? ¿Eso también es salirse un poco o no tanto?
Sí, recontra, pero no fue tanto por la música, porque hacíamos muchos temas irlandeses, que a mí me encantaban, pero es muy diferente el entorno. Esa música tiene un público diferente al público al que yo venía acostumbrada. Era todo muy distinto. Eso sí fue salirme de la zona de confort. No en la música porque en la música me sentía muy cómoda. Pero también te das cuenta que todos los estilos tienen un yeite. Y si vos no sabés ese yeite no suena. Entonces, no sé si lo que yo hacía en música celta suena. Por ejemplo, cuando yo escucho alguien que canta blues, pero no sabe cantar una bluenote, se nota. Si no sabés hacer el yeite del blues estás haciendo una balada, es otra cosa. Se puede decir que la música celta fue lo más raro que he cantado. Por eso, así como llegué me fui…
Cada vez hay más chicas haciendo música rock, pop y demás. ¿Cómo ves toda esta movida de las chicas empoderadas haciendo música?
Toda esa generación intermedia, de chicas de 40 años, como Lucy Patané, Paula Maffia, o las Bertoldi, me encanta, por supuesto. Yo muchas veces me encuentro con estas chicas, ¿no? Y todas me elogian, me dicen que yo un faro, porque las Blacanblus y qué sé yo, pero la única que me invitó a cantar, y de la cual siento realmente que me tiene un gran respeto, y yo a ella también, es Lucy. Es la única que me dijo, "Che, ¿venís a cantar un tema?" Fue la que me puso en un lugar como un Vorterix lleno, me presentó como una de las mejores cantantes de la Argentina y la gente me aplaudió. Entonces, a mí me podés decir todo lo que quieras, pero si estás en la cresta de la ola y no me podés invitar a cantar una canción y bueno, no me digas nada. Salúdame con cariño. Está bien. Digo todo esto como un reconocimiento hacia Lucy.
¿Cómo sufriste el machismo en la escena musical?
Bueno, si vamos a hablar solo de machismo, porque se podría hablar de muchas otras cosas, pero, ¿sabés en dónde lo vimos eso estando en las Blacanblus? Con los técnicos. Los más pelotudos eran los sonidistas. Con los músicos no había problemas, porque viste que participamos un montón de festivales de blues en los que estaban Pappo, Botafogo, La Mississippi y nosotras. Lo que sí fue que siempre abríamos los festivales, no los terminábamos ni estuvimos en el medio. Pero después participamos en los shows y terminábamos arriba del escenario con todos al final, pero con los sonidistas ha sido una lucha, sobre todo al principio que eran los sonidistas medio pelo de los lugares medio pelo donde tocábamos. Después ya tuvimos nuestros propios técnicos. Pero sí, nos trataban mal, nos trataban de histéricas, a Déborah le han llegado a decir que porque no iba al psiquiatra. Nos quemaban el oído. Esos sonidistas pensaban que la consola tenía nada más que volumen, graves y agudos. Creo que no sabían que existían los ecualizadores ni nada parecido. Entonces vos pedías algo y te daban mil vueltas a full. Vos pedías que te suban y no te subían, si vos estabas en tres no te subían a cinco, te subían a diez. Vos pedías que te bajen, te bajaban a dos. Entonces era lógico que terminaras con el oído quemado. Y a veces, cuando ya teníamos el oído quemado, hacían que movían algo en la consola y no movían nada, que eso fue lo que ocurrió. Que la Negra decía: "Sí, creo que me escucho un poco mejor." Y el sonidista le respondía: "Eh, no toque nada, ¿no ves? Tenés que ir al psicólogo." Bueno, yo me he peleado con sonidistas. Lo que tengo para decir a mi favor es que todos en algún momento me han pedido disculpas. A lo largo del tiempo, ¿no? No en el momento. En el momento nadie te pide disculpas.
¿Hay algo que te haya quedado pendiente en tu carrera?
Siempre hay cosas pendientes en la carrera musical. Siempre va a haber un paso más allá que querés dar. Me gusta estar en un estudio de grabación y grabar más discos, eso me encantaría. Me gusta más grabar que el vivo. Eh, pero bueno, creo que yo a esta altura no podría decir: "Quiero ser una estrella internacional…” porque sé que eso ya no va a ocurrir. Eso era por ahí lo que una aspiraba cuando era chica. Ahora mis objetivos se ponen más realistas, más cuando empezás a pisar la tercera edad. Entonces, mi objetivo ahora es seguir en carrera, poder seguir grabando, seguir aprendiendo, viendo si canto alguna otra cosa que no haya cantado nunca y que me divierta. Viene por ahí la cosa. Objetivos realistas.
Cuando pensás en los 90, los años del boom del blues, ¿qué extrañás de toda esa época?
Lo único que puedo llegar a extrañar de los 90 era lo que hacíamos con las Blacanblus. O sea, estar en un lugar donde la gente te reconocía, porque todo lo demás fue duro. Cuando todo explota, en el 2001, me cagué de hambre, pero en los 90 con la cuestión económica me fue muy bien. Pero era una época de mucha droga, fue difícil sobreponerse a eso. ¿Te acordás de que se decía de “pizza con champán” y todo eso estaba bañado en merca? Bueno, yo estaba más o menos por ahí. Eh, así que nada. Sí, no volvería eso, lo veo como una pesadilla. Hay gente que dice: "Yo no me arrepiento de nada de lo que hice." Bueno, yo sí. Me pareció una mierda, pero bueno, lo que sí, ya te digo, lo que me gustaría por ahí volver a tener sería este reconocimiento que me daba ser integrante de las Blacanblus. Ahora eso ya pasó, quiero estar lo mejor posible de salud. Ahora, mi mejor proyecto soy yo misma.
Emiliano
Acevedo












