miércoles, 26 de agosto de 2026

DESFACHATADAS: Recordando a Viuda e Hijas de Roque Enroll con Claudia Ruffinatti

 


Claudia Ruffinatti es mucho más que la tecladista y una de las voces y compositoras de las recordadas Viuda e Hijas de Roque Enroll. En ella se conjuga un pasado prestigioso como música de conservatorio, pianista clásica y mujer que se hizo a sí misma, llegando a ser una profesional en todo lo que sea Ceremonial y Protocolo, su actividad actual en la que es una referente principal. A lo largo de su vida, Claudia ha vivido mil historias, tanto en la música, en la cual construyó una carrera desfachatada y pionera junto a Las Viudas, como en su reconversión posterior. Muchas de esas anécdotas de los recordados años 80, llenos de glamour y pop, están en esta nota que tan amablemente nos ofreció. 

ENTREVISTA> ¿Cómo fueron tus comienzos en la música? 

Al principio comencé a jugar con el piano como cualquier niña juega con las muñecas. En mi casa había un piano, que mi papá le había dado a mi mamá como regalo de compromiso. Tuve la fortuna que me dejaran tocarlo y me la pasaba jugando con él. Luego, a los seis años, me enviaron a la profesora de música del barrio. Creo que aprendí a leer en el pentagrama antes de aprender a leer y escribir.   

¿En qué barrio vivías de chica? 

En Villa Devoto. Nací y viví en el barrio aproximadamente hasta los 20 años. Ahí empezó mi época nómade, no solo de vivir en varias casas y departamentos, sino de mudarme a otros barrios. 

Así que rápidamente te copaste con el piano… 

Más que coparme, me mandaron a estudiar y punto. No lo elegí yo. Evidentemente, deben haber percibido una facilidad en mí cuando me sentaba a jugar con el instrumento. Así estuve estudiando durante bastante tiempo con la profesora del barrio y después mis viejos entendieron que tal vez tenía que cambiar de profe y de nivel, porque, seguramente, habrán contado con la información de que existían otros lugares académicamente más completos. Y así fue que a los 10 años empecé a prepararme para ingresar en el conservatorio Manuel de Falla. Me acuerdo cuando vi el plan de estudios, tenía más materias que la carrera de Medicina (risas)… Por supuesto, en ese momento se rendía examen de ingreso a los conservatorios estatales de música, porque las vacantes no eran muchas y no solo había un filtro por cantidad de vacantes, sino para que los ingresantes tengan un determinado nivel de conocimiento previo y no entren de cero. Así que bueno, me preparé, rendí e ingresé con felicitado, más o menos. Y después hice toda la carrera del profesorado. En ese momento la carrera se llamaba Cultura Musical y mi especialidad era el piano. Así que hice toda la carrera académica en el conservatorio, lo que sería la carrera de música clásica. 

Pero no se te dio por ser concertista de piano… 

Di conciertos. Tampoco me salvé de dar conciertos, porque eso estaba incluido dentro de la pauta académica. Es que tuve un maestro de altísimo nivel que organizaba conciertos con sus discípulos. El plan de estudios del conservatorio de esa época era muy vanguardista, con decirte que habían materias muy interesantes como Rítmica contemporánea o Conjunto de cámara, en donde tenías que tocar con otros instrumentistas. O sea, que te obligaba a la práctica con otros. Tenías que amoldarte a la rítmica. También tuvimos una materia de música electrónica que fue fascinante. Ahí se trabajaba con sintetizadores, con música experimental electrónica, con aparatos especiales, distorsionadores, etc.; todas cosas muy novedosas para todos nosotros. 

¿Y tu educación formal cómo siguió? 

A los 18 años yo quería entrar a la facultad, pero mi papá no quería que yo estudiara en la universidad por determinadas razones de filosofía religiosa. Él era un señor un poco estricto. 

Vos venís de una familia protestante, ¿no? 

Sí, tal cual. Protestantes y rozando con el fanatismo religioso, te diría. Vivíamos en una comunidad muy ortodoxa en lo religioso, observante, bastante cerrada. Mi papá no quería que yo estudiara, así que le dije: "Bueno, yo empiezo a trabajar”. Porque, aparte, también quería tener una autonomía financiera. Así me presenté a trabajar en una academia de música en la que buscaban profesores de teclado, pianistas. La consigna de la incorporación era que te capacitaras y tomaras un curso de órgano electrónico, porque era una academia de los teclados Yamaha. Era justo la época de la plata dulce en Argentina y estaba de moda tener un teclado en la casa. Entonces eran comunes los organitos con caja rítmica y con botoncitos con luces y colores, con sonidos de cuerdas, piano, trompetita, etc. Por supuesto, los había de distintas marcas y calidades. Había algunos que tenían unos sonidos preseteados bastante buenos. Así que me capacité y por supuesto entré a trabajar en la academia, y así empecé a trabajar en Promúsica, la casa de instrumentos musicales electrónicos más importante del país. 

¿Ese fue tu primer contacto profesional con el mundillo musical? 

Es que ahí yo tenía acceso a todo lo que entraba al país. Porque justo empezaron a entrar sintetizadores y cosas muy pro cuando se abrió la importación, aparte de tener toda la línea analógica de los 70. Es que a principio de los 80 empezaron a entrar algunos instrumentos que venían con mix analógico y digital, hasta que después, por supuesto, aparecieron todos los aparatos digitales. Así que yo tenía la posibilidad de ver el último modelo que entraba de Japón y Estados Unidos, todo a mi disposición para que los probase. 

¿Cómo conociste a las chicas de Las Viudas? 

Por medio de un compañero del conservatorio. Él me había dicho que en la cartelera de la revista Pelo había aparecido un aviso de un grupo femenino solicitando tecladista. Se trataba de una banda llamada Rouge, en donde estaban María Gabriela Epumer y Claudia Sinesi, posteriormente guitarrista y bajista de las Viudas, respectivamente. Así me vinculé con ellas, con María Gabriela en particular, que vivía cerca de casa, para ser parte de Rouge. Así que fui a la casa, charlamos, creo que fui con un teclado, tocamos algo y me dijo: "Bueno, cuando ensayemos, te aviso." El punto es que nunca llegué a ensayar con Rouge porque se disolvió antes que yo ingresara. Pero ahí quedó el vínculo con María Gabriela, nos hablábamos, creo que me habrá invitado, salíamos a escuchar música. Hasta que un día me llamó por teléfono, no me lo voy a olvidar jamás, fue un domingo al mediodía, teléfono de línea, y me dice: "¿Cómo te va, Rufina? Mirá, hay un productor que está queriendo armar una banda de chicas y necesitamos una tecladista. ¿Te interesa ser parte?" Por supuesto, acepté la propuesta. Me dice: "Mirá que hay que grabar un disco en 30 días." Yo le dije que contara conmigo. Así empezó la historia de la banda por la cual hoy nos tienen más asociadas a todas, ¿no? Viuda e Hijas del Roque Enroll. 

Viniendo del mundo de la música clásica, ¿el rock en tu vida fue un cimbronazo tal que te hizo dar cuenta que la cosa iba por ahí de ahí en más? 

Sí, definitivamente, el rock y el pop fue lo mío desde el primer momento. El punto es que cuando yo estaba en mi casa tocaba, mi papá compró una batería en una oportunidad - por supuesto, jamás supe que había que afinarle los parches-, pero venía un vecino a mi casa y tocaba cómo podía la guitarra y hacíamos covers de las canciones que nos gustaban. Era como tener una banda. Eso fue a los 11, 12, 13 años y si vos me preguntás qué música era la que me gustaba, era esa. Y en mi casa siempre hubo muchos discos, mi mamá compraba muchos discos y libros también. Ella pensaba que de esa manera íbamos a ser más inteligentes, no le salió muy bien (risas). Así que en casa se escuchaba música de absolutamente todo tipo. A mi papá le gustaba mucho la música mexicana. Los mexicanos, tipo mariachi, los que tocaban bailecitos y demás. A mí me gustaba mucho la música de películas. También me gustaban las óperas en español, que son muy divertidas. A mi mamá le gustaba mucho la zarzuela. Así que se escuchaba eso, se escuchaban boleros, se escuchaba tango, se escuchaba de todo. A mí me gustaba mucho el rock y el pop desde muy chica. 

Un ambiente muy ecléctico… 

Por supuesto. El primer disco que me compré fue uno de música pop: Hot Pants en Sótano Beat, a los 10 años. Yo escuchaba absolutamente de todo. 

¿Cómo cranearon el estilo musical desfachatado de Las Viudas? 

El punto es que había un productor artístico que tenía un plan armado cuando se hizo el grupo. El plan original era un grupo de chicas físicamente bien dotadas, para el gusto de la época, y mucho que sepamos tocar o no tocar no les interesaba, probablemente la propuesta era para hacer playback. Y el repertorio musical prácticamente ya estaba medio impuesto. Muy hábilmente el productor nos vio cuando llegamos y empezaron las primeras reuniones para que nos contaran de qué se trataba el proyecto. En principio, cuando nos presentamos, la imagen que teníamos nosotras físicamente no fue la que ellos pretendían, no obstante, nos dieron la oportunidad de que explicáramos que éramos todas músicas, componíamos, etc. 

Los convencieron… 

Es que nosotras les dijimos que nosotras componíamos nuestros propios temas. Así que evidentemente hubo por parte de las cuatro la percepción de que esto iba a funcionar y aparte teníamos realmente la voluntad de que esto funcionara, porque era una oportunidad muy importante. A diferencia de los tiempos actuales, para los más jóvenes que lean esta nota, hoy cualquiera puede grabar su disco y sus temas, teniendo algún programa más o menos, y aunque no lo tenga también, pero en aquella época no era así. Hoy cualquiera puede grabar, editar, o sea, es muchísimo más fácil. En esa época tenías que hacer muchas cosas para que un sello discográfico te diera la posibilidad de escucharte y de considerarte. Hubo muchos que fueron sumamente afortunados y otros eran excelentes músicos y nunca grabaron un disco en su vida. Así es la vida en todos los órdenes, ¿no? A algunos les toca y a otros no, nosotras tuvimos la posibilidad de que se nos presentara esta oportunidad y de estar a la altura de las circunstancias. 

Tal cual, fue así. Pero la lucharon desde el comienzo… 

Es que también tuvimos la suerte que el productor artístico hábilmente cambiara sobre la marcha el proyecto inicial. Entendiendo que lo nuestro también podía llegar a ser interesante. De esta manera  negociamos que íbamos a grabar un tema que él propusiera en el elepé y el resto serían todos temas de nuestra composición y autoría. Y lo logramos así porque probablemente era para garantizarse estratégicamente un hit por disco, probablemente sería por eso. Pero nosotras le demostramos que podía haber más de un hit por disco. Eso, afortunadamente, fue lo que ocurrió. 

En esa época el rock era muy machista y misógino, ¿no? 

Sin lugar a dudas. Era muy machista el ambiente del rock y la prensa ni te digo. Incluso, hay diccionarios del rock nacional en donde nosotras no estamos, por ejemplo. No te digo que adhieras al estilo musical de Las Viudas, pero no podés negar que vendíamos más discos que el Topo Gigio, que Soda Stereo, con todo el respeto lo digo; vendíamos más discos que varios artistas importantes de acá. Así que logramos imponer nuestra propuesta, la aceptaron. No solamente nuestra propuesta musical, sino también nuestra propuesta estética. Por otro lado, el productor nos pidió algunas cosas a las cuales adherimos, por ejemplo, que, aparte de la voz líder de Mavi Díaz, en cada disco, cada una de nosotras cantara un tema solista. 

¿Qué te acordás de la grabación del primer disco homónimo en los Estudios Panda en el 84? 

Menos para Mavi, creo que fue la primera experiencia en un estudio para el resto de nosotras. Pero todas éramos muy jugadas. En mi caso, no había estado en un estudio de esas características pero sí había grabado, sí había tenido un micrófono, así que podía lidiar con eso tranquilamente. Tenía práctica, no es que me agarró pánico, no para nada; nos explicaron, marcamos cuatro y dale que va. 

Sí, vos habías tocado para la iglesia, ¿no? 

Claro. No te puedo explicar, yo tocaba, no te digo todos los domingos, pero con mucha frecuencia, para 1500, 2000 personas. También cantaba en coros o tocaba el órgano o el armonio para que cante la congregación. O sea, las comunidades protestantes cantan a cuatro voces y muy bien casi todas. O sea, que estaba acostumbrada a acompañar a un gran coro de 300 o 400 personas. Estaba fogueada musicalmente, y hacíamos grabaciones en ambientes no profesionales. 

¿Cómo grabaron ese primer disco? 

De madrugada, probablemente por disponibilidad del estudio. Teníamos muy poco tiempo disponible. No recuerdo cuantas horas y días duró la grabación, pero cuando lo logramos, estábamos sumamente emocionadas. No sé si entendíamos mucho la importancia de todo eso que estaba ocurriendo. Teníamos dudas al respecto, en especial Claudia o María Gabriela -cuyos hermanos tocaban con músicos top-, de que nuestra música fuera muy sencilla o pasatista, pero luego nos dimos cuenta que no era nada de eso porque a nuestro material le dimos una vuelta muy importante a nivel de estructura y de calidad musical. Así que después se nos pasó y nos amigamos con el estilo. 

Se amigaron con el twist… 

Empezamos tocando twist, que era la movida que se venía imponiendo en ese momento, que en principio fue lo que nos propusieron, y después también empezamos a agregar otros temas más pop, y ya a medida que iban pasando los años y los discos, cada vez fue más pop nuestra propuesta. Éramos muy chicas, no obstante empezó toda una vorágine de notas de televisión, de shows. Así que no teníamos mucha dimensión del tiempo ni de la magnitud de todo el fenómeno. 

En el primer disco la pegaron con “Bikini a lunares amarillo justo justo” y “Estoy tocando fondo”, ¿no? 

Sí, fueron esos dos los que pegaron más y fueron más difundidos. “Bikini” fue, justamente, el tema impuesto por nuestro productor, que era una canción de los años 50 con letra en inglés, por supuesto. Nosotras hicimos una versión en español, la música es la original, pero la versión en español no es la fiel traducción de lo que decía el texto. O sea, la letra que hicimos nosotras dice cualquier cosa, es muy atrevida. Hoy la leés y pensás que es un chiste, pero en ese momento había un poco de pudor en las expresiones respecto a temas íntimos o de higiene personal. No se hablaba de que las mujeres se depilaban. Por supuesto, todas se rasuraban o se depilaban con cera, pero nadie lo andaba diciendo. Era una cosa para el ámbito de la intimidad y la privacidad absoluta. Entonces, nosotras contamos una historia de una chica que iba feliz a la playa y estando allí se daba cuenta que se había olvidado de depilar con cera y entonces le dio vergüenza y no sé qué. Nos divertíamos con ese tipo de cosas. Y a la gente le resultaba totalmente gracioso. 

Y también metían el dedo en la llaga con temas como “Carolina Amoniaco”… 

Claro, pero había chicos muy chiquitos que cantaban la canción y repetían las frases sin entender el significado. En “Carolina” el significado que se le daban a las frases no era lo que realmente significaban. También hay un tema que es tremendamente vanguardista: “¿Qué le digo a los chicos?”, que no tuvo mucha difusión, pero habla de una pareja en donde hay un tema de identificación de sexo femenino por parte del hombre. Para la mujer está todo bien que su hombre se auto perciba así, le dice: “Me pedís el rouge y te lo presto, usá mi sombra, mi rubor, mi brillo, úsame todo si quieres, mi amor, pero ¿qué le digo a los chicos?”. En ese momento estaba totalmente ocultas todas estas problemáticas, ocultas y postergadas, y no socialmente bien vistas. El hecho de tener una identidad sexual diferente a la del órgano que te acompaña en el cuerpo, era problemático… Así que hablamos de lo transgénero y de otras temáticas muy atrevidas para la época. 

¿Y eso de dónde salía la letra de ese tema? ¿Cómo se les ocurrió? 

Porque nosotras teníamos muchos amigos transformistas, gays, y amigas lesbianas, estábamos acostumbradas a la cuestión. Teníamos también dentro de nuestro entorno familiar cercano a personas que eran homosexuales, así que estamos absolutamente acostumbradas. Incluso yo tenía un vecino en mi edificio que era transformista. Así que estaba todo bien. 

¿Cómo componían? 

Las letras no era que las hacíamos las cuatro juntas. Hay varios temas que las letras son de las cuatro. Pero hay temas que son letra y música de una sola o la letra de dos y la música de una. O sea, hay distintas variables dentro de la composición de nuestros temas. Si algo nos llamaba la atención, algo que le pasó a alguien cercano o alguna de nosotras, eso era el disparador e inspirador para escribir una canción. 

¿Considerás que Ciudad Catrúnica es el mejor disco de la banda? 

En realidad, Ciudad Catrúnica fue el disco del momento de la cresta de la ola de Viudas. Entonces, son varias las cosas que podemos decir que influyeron para que fuera un disco tremendo. Luego ocurrió una serie de factores exógenos, que sin lugar a dudas repercutieron en la banda, y empezaron a traer otros factores endógenos, o sea, vivíamos en un momento de la economía del país tremenda, muchas bandas empezaron a emigrar, nosotras nos desvinculamos de nuestro productor discográfico, artístico y todo, entonces no teníamos nadie que nos represente en el exterior, hubiera sido muy bueno que hiciéramos una recorrida por Latinoamérica porque se estaba recién iniciando una movida muy fuerte del rock en español. Así que en muchos países eso era muy bien visto y recibido, por eso las bandas argentinas que tuvieron esta posibilidad explotaron. 

Y ustedes no pudieron llegar al exterior… 

Y ese fue el punto por el que no pudimos continuar. A mí me gustó mucho el tercer disco, Vale 4, que tiene varios temas que me encantan. Uno es “Los amo a todos”, ese le gustaba mucho a Luis Alberto Spinetta, lo cantaba Claudia Sinesi. En ese mismo disco hay un tema que se llama “El block”, que es muy lindo, con un pop muy bueno con contrapuntos, arreglos y demás. Ese es un tema cuya letra aun hoy te identifica. 

Ni que hablar de “La familia argentina”. 

Sí, lo que pasa es que la gran mayoría de nuestros temas aparentan ser alegres, divertidos, pero contienen una segunda lectura, hay una lectura entre líneas con un significado que en muchas oportunidades grafican situaciones y realidades sociales, como es el caso de “La familia argentina”, del grupo social primario que es la familia, ¿no? En donde la mujer cuenta, bueno, estamos comiendo y los chicos no me dan bola o los chicos se fueron a dormir y en el momento en que quiero empezar a hablar con mi marido, el me dice, "¿Me das el diario o prendé la tele?” También dice que no tiene ganas de cocinar y está cansada o no hay más crema, me quiero poner crema en la cara y no, lo cual significa no hay más crema, no hay guita. Pero la letra da entender que, a pesar de todo, seguimos con la careteada de que está todo bien en la familia argentina. Es un tema muy divertido ese. Divertido y no tanto, ¿no? Dependiendo de cómo lo leas y lo cantes. 

El tema “Necesito mimitos” es tuyo, ¿cómo lo hiciste? 

En un colectivo. Yo soy profesional de las comunicaciones institucionales, soy licenciada en relaciones públicas con varios posgrados, y en ese momento estaba haciendo un trabajo para una clínica en Florencio Varela, cualquier cosa. Estaba haciendo toda la colaboración para el lanzamiento de un sistema prepago, muy novedoso en ese momento, y volvía en un micro de media distancia. Ahí armé la letra para ese tema. Así que tenía varias estrofas que después cambié. Cada una de las estrofas hacía alusión a algún novio que había tenido o que tenía y después la cambié a un texto un poco más genérico, para que entre a otro molde.   

Otro de mis temas preferidos, que también hacía alusión a uno de los fenómenos de la época, era “La silicona no perdona”… 

Recién empezaban a hacerse los primeros implantes en la Argentina, que eran de otros materiales, y las primeras cápsulas de silicona tenían algunos defectos importantes, ¿no? Por eso jugamos con que la Lola había tenido la necesidad de implantarse. “Un colmillo muy filoso”, dice, que eso no ocurría, pero bueno, fue un chiste, ¿no? 

Medio tanguero les salió. 

Sí, ahí toco simulando un bandoneón. Yo estaba acostumbrada a tocar todos los ritmos, y simular instrumentos con el teclado, por mis demostraciones en Promúsica. No tenía pánico escénico para nada, estaba acostumbrada a tocar de todo en público. Otro de los temas con doble lectura que me gusta mucho es “Tras la medianera”. Ese es un tema muy divertido. “Tras la medianera” se llama así porque en esa época no te dejaban ponerle de título una canción un nombre que ya estuviese registrado, dos canciones no se podían llamar de la misma manera. Nosotras queríamos ponerle “Media a media”, al final de cuentas tenías que poner tres opciones de título. Bueno, se aceptó “Tras la medianera”. Pero jugábamos con la expresión “media”. Todo “media”: “a media luz, tras la medianera, la vecinita se medía la pollera”. “Medio apurada con las tijeras porque quería que quedara a media pierna”. Nosotras componiendo nos moríamos de risa de las cosas que se nos ocurrían. 

Se ve que había un brainstorming importante ahí… 

Totalmente, sí, olvidate. Y el punto es que lo que entendimos siempre que primero nos teníamos que divertir nosotras para que eso pudiera transmitirse y llegar al público, ¿no? 

Lo que me llamó la atención de la historia de Las Viudas, y que no está muy dicho, fue la estafa que sufrieron ustedes acerca de las ganancias que generaron y que no llegaron a sus manos… 

Mirá, nadie habló de esto, y a esta altura del partido, a mí en particular, me importan tres pepinos, lo que piensen o lo que digan o lo que fueran. Y aparte todos los que nos estafaron, casi todos, salvo uno, están muertos, así que me importa tres pepinos. Eran otros tiempos, así como ahora se está visibilizando mucho el trabajo en negro, se está  realmente midiendo y sintiendo el impacto que tiene eso en las personas y la sociedad, en ese momento ni te digo, o sea, el trabajo negro, las contrataciones, bla bla bla, las facturas, los papeles, no había nada. La compañía discográfica no declaraba la real venta de los discos, entonces por lo tanto no pagaba en Sadaic los impuestos que correspondían por la venta y por la cantidad de discos vendidos. Eso por un lado. Y por otro lado, al no tener en claro la cantidad de discos vendidos, las regalías para el artista, que es una comisión que el artista recibe por la por la venta de los discos, acordada por contrato; por más contrato que tengas, si la discográfica no declara la real cantidad de discos vendidos, entonces la estafa viene al momento que en Sadaic no cobrás lo que tenés que cobrar, porque no entra el porcentaje que Sadaic recauda por el número vendido. Y por otro lado no cobrás en forma directa por parte de la compañía las regalías que corresponden al número de discos vendidos. Hoy es distinto porque ahora los temas se venden sueltos en las plataformas digitales, se puede comprar el disco completo o comprar un tema en particular, ¿no? Pero en ese momento, como era físico, te comprabas el disco, después el casete y después el CD completo. Así que no solamente no nos dábamos cuenta, sino que sí, después nos empezamos a dar cuenta, pero en ese momento no estaba bien visto que un artista tuviera un litigio con una compañía discográfica, porque después ninguna otra te contrataba. Había una especie de solidaridad entre las diferentes compañías discográficas. Entonces medio como que tenías que dejar pasar la estafa que te hacían… Igualmente, algunos no lo dejaron pasar, ¿eh?, acordate que Charly le grafitió toda la oficina a uno que no se estaba portando muy bien. Era este mismo justamente. 

¿Por qué después del 86, cuando tocan el súmmum de la popularidad, aparecen en la revista Gente, en todos lados, personajes del año, etc., el grupo dura dos años más y se separan? ¿Qué pasó? 

Fue justamente lo que te comentaba antes, el país entró en una situación económica de suma gravedad, híper inflación en donde ninguna empresa, ningún teatro ni boliche ni nada querían contratarte porque no había forma de ponerle precio a un show y tampoco el empresario tenía forma de asegurar que iba a vender una entrada. Entonces era tal la incertidumbre que no te contrataban y los músicos viven del vivo, a parte de los de los discos vendidos y de todo lo demás. Fundamentalmente vivimos de las presentaciones en vivo. Es ahí cuando muchos grupos empezaron a irse a otros países, a hacer giras por otros países, a trabajar lo que no se podía trabajar acá. No había laburo. No te contrataba nadie. Entonces, como no había trabajo, nosotras que éramos cuatro mujeres, cuatro caciques socias al 25% en opinión, en decisión y en cobro; cuando empezó a bajar la intensidad y la cantidad de shows y todo, empezamos a tener diferentes opiniones y rispideces porque en realidad la estábamos pasando muy mal. Así que nos separamos civilizadamente. 

Hubo cambios ahí… 

Sí, Mavi se fue a vivir a España. Nosotras intentamos rearmar la banda con un casting importantísimo que hicimos de vocalistas. Pero, finalmente, decidimos que no. Se armó otra banda en la que al principio iba a participar y después decidí que no y María Gabriela y Claudia Sinesi conformaron Maleta de loca, en donde grabaron un disco. Y yo me abrí, me fui para otro rubro, del cual tenía muchas ganas de activar, que era la organización de eventos, principalmente de comidas. Así me asocié con el chef ejecutivo del Alvear Palace Hotel. Me fue muy pero muy bien y ahí arranqué en otra actividad que me apasiona y de la que también conozco muchísimo el campo. Así he trabajado mucho, me he especializado y actualmente me contratan y me tienen como referente en medios de comunicación como especialista en ceremonial y protocolo. Esto viene ya que mi formación y profesión en este ámbito siempre estuvo en paralelo con la música en mi vida. Fue mi rol también dentro de la banda ya que yo era la que hablaba, la que negociaba, presentaba, la que hablaba con los abogados, la que hablaba de plata, la que discutía, o sea, iba yo siempre. 

Y en todos estos años, ¿cuál fue el papel de la música en tu vida? ¿Seguiste tocando, seguiste componiendo o ya no? 

Mi participación pasa por las notas a las que me invitan amablemente a hablar de mi vida y que me honran mucho, además de tocar ocasionalmente de invitada en alguna banda, pero no de manera profesional. Tengo un piano en casa, un piano acústico, me compré el piano de María Gabriela Epumer, que le había regalado un novio, y que tiene marcas de quemadura de cigarrillo de Charly García, que por supuesto jamás haré reparar ni lustrar, como te imaginarás. Porque así será. Ese piano está bendecido. Así quedará. De vez en cuando me siento a tocar cuando quiero. Me resulta mucho más fácil sentarme al piano y tocar un tema que quiero recrear en mi mente y que tengo ganas de volver a escuchar que buscarlo en una plataforma digital. Es más rápido abrir la tapa del piano y tocarlo. 

Con Las Viudas volvieron en el 2014, ¿hay una posibilidad de que vuelvan a hacer algo juntas o ya la ves como una posibilidad un poco lejana? 

En el año del caballo fue lo de Perlas y diamantes, que es un trabajo que lo estamos volviendo a publicar en redes justamente en este que también es el año del caballo. Mirá, 12 años, me acordaba ayer con el tema del horóscopo chino. Con total sinceridad, cada una de nosotras tiene su carrera y su actividad muy comprometida en forma individual. Nunca digas nunca, si hay una propuesta la tendríamos en cuenta, pero tendría que ser una propuesta muy pero muy importante e interesante, como ocurrió en el 2014, que firmamos contrato con Sony Music, en donde nos dijeron: "Chicas, dedíquese a esto." Voy a ser totalmente sincera, nos pusieron toda la plata que pedimos, esta es la verdad. Claro que muy bien, adelanto de contrato con esa plata y lo que nos permitió a todas, decir: "Muy bien, por seis o siete meses me dedico de lleno a esto." Tal cual. Así nomás. Muy holgada y cómodamente. Entonces, bueno, si eso ocurriera yo lo pensaría y creo que lo consideraríamos todas nosotras. En 2014 ocurrió eso y pasó lo que tenía que pasar. Hicimos los shows que se organizaron y ahí quedó. 

Creo que Las Viudas fueron la única banda en la historia del rock argentino que tuvo un público tan amplio, desde grandes hasta chicos, y muchos de esos chicos y chicas después habrán empezado alguna carrera musical. ¿Cómo sentís ese legado que deja el grupo a través de los años? 

Me genera orgullo. Son cosas de las cuales nos enteramos en redes o de gente que te encontrás en la calle o en un evento o en lo que fuera y te dicen cosas tan lindas, gente que se dedicó a la música por nosotras o que cambió su propio rumbo sexual escuchando nuestras canciones. Eso nos hace sentir mucha felicidad, ese reconocimiento. No era que no existían mujeres que tocaran instrumentos que no fueran convencionales o clásicos y acústicos. Sí existían, lo que pasa que eran muy pocas en esa época. Había muchas mujeres que tocaban guitarra, no guitarra eléctrica, y bajo olvidate. Piano, obviamente que habían infinidad de mujeres que tocaban piano, pero no sintetizador. Tampoco había mujeres bateristas, era un instrumento asociado a lo masculino. Entonces, nuestra popularidad, nuestra puesta en escena, y el estar tan presentes en los medios de comunicación, gráficos, televisivos y radiales, fue muy inspirador para muchas chicas que empezaron a tocar y a capacitarse en estos instrumentos que eran asociados a la figura masculina. Entendemos que hemos sido referentes. Eso está buenísimo. 

Claro, sí. Y otra cosa que impusieron ustedes fueron los vestuarios desfachatados, algo que realmente llamó la atención dentro de la pacatería que era el vestuario del rockero argentino. 

Sí. Empezamos a mostrar que lo visual era importante y fuimos referentes en el rock nacional porque a partir de nuestras presentaciones todas las bandas empezaron a darle un poquitito más de importancia a la pollerita, el vestidito, cambiar de color el peinado, el maquillaje, incluso bandas masculinas, ¿no? Fuimos bastante criticadas por eso, porque si te maquillabas y te batías el pelo, entonces no podías ser buen músico. Incluso me he enterado que en muchas cátedras de diseño de moda, de diseño de indumentaria y de estas carreras que hoy en día profesionalizan estas actividades, somos mencionadas como referentes de estética escénica. Tal cual, tal cual. Hay varios profesores que nos usan como ejemplo y se ve en clase, nos estudian. Ese es otro reconocimiento que nos honra y al que estaremos siempre muy agradecidas. 

Emiliano Acevedo

domingo, 26 de julio de 2026

HABLANDO DE INVISIBLE CON MACHI: "Spinetta era un genio absoluto..."

Siempre es un placer dialogar con Machi Rufino. Una persona amable, generosa y un musicazo, de los mejores y más versátiles bajistas de nuestro país. En esta ocasión hablamos sobre la época de Invisible, y me contó varias historias y anécdotas al respecto. Una trayectoria inigualable en uno de los mejores grupos que hubo en el rock argentino de todas las épocas. Una charla para disfrutar, de la primera a la última oración.

ENTREVISTA> ¿Cómo era grabar un disco en esa época?

Simple. Entrábamos a grabar y ya. En esa época teníamos que lidiar con las limitaciones propias de un estudio de grabación, como Phonalex, que solamente tenía cuatro canales. Los técnicos hacían malabares para agregar algún canal más durante la mezcla. No sé si había más canales en otros estudios, eso vino después. Por esos años estaba CBS Columbia, porque no era Sony Music aún, y tenía el estudio en la calle Paraguay, creo que tenían un grabador rarísimo que era de tres canales, no de cuatro, de tres, una cosa bastante rara. Y entonces, lo que hacían técnicos como Norberto Orliac –el ingeniero de grabación en el primer disco de Invisible- era grabar la batería y el bajo de entrada, ya con una imagen estéreo, es decir, usaba dos canales para repartir la imagen de la batería junto con el bajo. Entonces, quedaban dos canales, uno para la guitarra, uno para la voz. Si había que meter una guitarra, se hacía en la reducción de cuatro canales a dos, cuando se hacía el pase de los cuatro a los dos canales, había que tocar ahí. Obviamente, si te equivocabas, había que hacer todo de vuelta, no se podía corregir.

Una labor artesanal…

Eh, pero ya te digo, era propio de la época, así que no era una cosa que uno decía: "Uy, bueno, qué lástima." No, era lo que había y uno hacía eso. O sea, en realidad eran cinco canales, el quinto canal se hacía en el momento en que el ingeniero reducía los cuatro canales del grabador multitrack a los dos canales del máster, ese era el procedimiento. No me acuerdo de qué tipo de mesa de grabación tenían en Phonalex, tengo una imagen de una mesa en tonos oscuros. No sé qué mesa sería. Me acuerdo de los parlantes porque un día vino David Lebón a escuchar y se volvió loco, le encantó. Ese tipo de cosas. Igual, no éramos de recibir visitas cuando grabábamos, ¿viste?

La visita de David fue una excepción…

Claro. Estábamos los tres solos grabando, no teníamos nadie que viniera de afuera. Una cosa que me acuerdo es de la grabación de “Jugo de lúcuma”, que empieza con una cosa medio extraña, que todo el mundo sabe que es, en realidad era una cámara que se había grabado y como nos gustó el sonido se pasó al revés. Se pasó invertido en la introducción del tema.

En el primer disco de Invisible se nota mucho el tema del sonido. Se nota que el grupo tocaba con un sonido muy claro, sin distorsión, bien clarito, se escuchaba perfectamente la batería, el bajo, las violas. ¿Eso fue decidido por ustedes?

No. Empecemos por decir que teníamos muy buenos instrumentos. Pomo tenía una Ludwig que era tremenda, con un bombo de no sé cuántas pulgadas, era gigantesco, al estilo de la batería que tenía Mitch Mitchell en la Jimi Hendrix Experience. Yo tenía un bajo Fender 69 que era caño, y Luis tenía varias violas… O sea, partíamos de la base que teníamos unos instrumentos muy buenos, punto número uno. Después, por ejemplo, si hablamos de efectos, hasta el día de hoy yo no uso efectos, no tengo pedal, uso el bajo enchufado del equipo y ya, eso es todo. Al revés de todos los bajistas de ahora, y no tan de ahora, que suben al escenario y abren una valija llena de pedales. Pero tampoco los usaba en aquella época. O sea, no los usaba antes y menos ahora…

Un sonido puro…

Totalmente. Es que tocábamos con instrumentos naturales, buenos instrumentos, no había problemas con ellos. Entonces, no había muchas cuestiones. Ahora, hablando del sonido, en esa época si vos te pasabas de los 18 minutos por cara de un LP, se resentía el sonido. Había una relación de tamaño de los surcos con el sonido. Lo que más se afectaba eran los graves. Entonces, como teníamos más temas para grabar, que excedían el tiempo de los 18 minutos, a mí se me ocurrió, hoy lo digo sin que se me mueva un pelo, que sacáramos junto con el LP un disco simple con los dos temas que faltaban.

Algo no usual…

Tal cual. Me acuerdo que Luis me miró, se le encendió la cara, y me dijo: "Impresionante”. Él se lo se lo propuso al de la discográfica Microfón. Y todos contentos porque, por supuesto, lo iban a cobrar más caro. O sea, a mí se me ocurrió lo del track extra. Que después se convirtió en norma cuando aparecieron los CD.

Tenían material de sobra en ese primer material de Invisible.

Sí. Por eso, para no resentir el sonido, hicimos los 18 minutos reglamentarios por lado y metimos un disco simple que incluía “La llave del mándala” y “Lo que nos ocupa es esa abuela, la conciencia que regula el mundo”.

¿Y qué te acordás de “El diluvio y la pasajera”?

En ese tema hubo una mezcla, se utilizaron dos grabadores al mismo tiempo, uno reproducía la primera parte y el otro la segunda, para que se mezclara la primera parte con la segunda. Por eso se escucha el ruido de unos auriculares. Fue así como se hizo. Había dos grabadores simultáneos, para lograr una tercera mezcla de esas dos grabaciones. Fue así. Pero no hubo corte, no fue cortar y pegar. Sino que fue mezclar. Se mezclaron los sonidos, porque si no hubiera sido una cosa muy brusca. Lo mismo pasó cuando se grabó Durazno Sangrando. Por ejemplo, ahí “Encadenado al anima” también tiene una parte así, donde se va yendo la música por un canal y aparece otra por el otro canal. También se hizo algo así en ese tema. Pero ahí ya era distinto, había otro tipo de consola, ya teníamos 16 canales, era otra cosa. Pero todo se hacía en vivo, ¿entendés? O sea, si no quedaba bien, había que repetirlo todo. No era como ahora, que lo editás en la pantalla de la computadora y no tenés ningún problema.

¿Cuánto tardó en grabarse en grabarse ese primer disco?

No me acuerdo, pero nosotros nunca tardábamos mucho. Trabajábamos al revés de todo lo que era la movida de rock de esa época, porque éramos muy estructurados. Primero, teníamos los temas recontra ensayados, recontra sabidos, y no íbamos a pelotudear al estudio, no íbamos a ensayar al estudio, no íbamos a perder tiempo. Entonces, entrábamos y grabábamos, quedaba de una.

Método sumamente pragmático…

Eso era así. Así que debe haber durado mucho menos que lo que duraba la grabación de un disco de cualquier banda de rock de esa época, de eso estoy seguro. Y lo mismo pasó cuando fuimos a CBS. Ahí a los técnicos les llamaba la atención eso porque estaban acostumbrados a que las bandas de rock que ellos tenían tardaban una vida en grabar. Y nosotros íbamos y grabábamos, quedaban muchos temas en primera toma, ¿viste? O sea, no entendían nada. Por supuesto, nos pusieron en un pedestal por esa razón. Y porque teníamos todo ya armado, no íbamos a ver qué hacíamos a un estudio de grabación. Éramos muy disciplinados, en ese sentido. Yo no sé si Luis fue así toda la vida, con Almendra y con Pescado Rabioso, no lo sé. Pero con Invisible era así.

Ensayos muy largos, ¿no?

Es conocido que con Invisible nos fuimos unos cuantos meses a una quinta en General Rodríguez. Y ahí particularmente se gestó el primer disco. En esa época, tocábamos todo el día, después nos hacíamos la comida, dormíamos con las camas una al lado de la otra. Conversábamos mucho y eso creó una relación humana muy fuerte entre Luis, Pomo y yo que se mantuvo aún después de que Invisible se terminó. De hecho, yo después volví a tocar con Luis, y Pomo también lo hizo. Lo cual habla a las claras de cómo era la relación que teníamos los tres.

Una confraternidad. Pomo dijo una vez en joda que eran una “sociedad anónima”, o algo así…

Es que el hecho de convivir de lunes a viernes durante varios meses, aparte en época invernal, fue así. Incluso, teníamos una chimenea que había que alimentarla con madera. Además había muy buena onda entre nosotros, ante todo. Y ya te digo, hablábamos un montón, muchísimo. No sé, era otra época, y además con cero consumo de drogas. Porque como yo nunca fui afecto a eso, de alguna manera impuse mi criterio, e inclusive estábamos tan enganchados uno con el otro que como Pomo es vegetariano nos llevó a Luis y a mí también a querer ser vegetarianos. O sea, fíjate a qué nivel venía la cosa.

Una gran amistad entre los tres…

Por supuesto. Después cuando Pomo se casó, Luis y yo fuimos testigos de su matrimonio. Más tarde, cuando me casé yo, Pomo y Luis fueron testigos del mío, y después, cuando se casó Spinetta, Pomo y yo fuimos testigos del matrimonio de Luis. O sea, éramos como los tres mosqueteros, realmente. Y eso se reflejó en la música que hacíamos, sin ninguna duda. Después, por todo lo demás, éramos una banda como cualquier otra. Pero había una cosa que nos diferenciaba de otras bandas y era que tuvimos una convivencia y un contacto cercano a todo nivel, fundamentalmente a nivel mental. Sintonizamos los baleros uno con el otro. Invisible no es una banda como cualquier otra…

Claro. Aparte irrepetible…

Sí, e irrepetible para cualquiera de nosotros, porque eso lo haces en un momento de tu vida que lo podés hacer. Lo hicimos así porque aún no teníamos hijos. Bueno, Pomo sí tenía una hija muy pequeñita, pero Luis y yo no teníamos hijos. Éramos muy jóvenes, veinteañeros todos. Después, ya cuando la vida cambia, vos tenés otras obligaciones y eso, así que olvidate de ir a convivir en una quinta, de lunes a viernes, durante meses. Eso ya no va, no lo podés hacer. O sea, ocurrió en el momento que se podía hacer. Y esos son las casualidades, porque no podés planear ese tipo de cosas.

¿Y por qué fueron a una quinta?

Porque estábamos en el año 73 y no era como ahora que hay salas totalmente equipadas para ensayar. Eso no existía. Entonces, se ensayaba donde se podía. Ensayamos un tiempo en la casa de los padres de Luis. Imaginate, los padres se querían matar. Habían pasado por Almendra, Pescado y ahora tenían a Invisible. Así que terminamos buscando donde hacerlo y cuando pintó la posibilidad de la quinta por supuesto agarramos viaje. No importaba que fuera como a 70 km de la Capital. Así que teníamos un lugar en donde podíamos tocar. Y un día, por ejemplo, vino un golpe de luz y se me quemó el equipo de bajo, yo me quería matar directamente. En que en esa zona la red eléctrica era bastante precaria. Igual, ahora lo ves en retrospectiva y pensás que bien que fue así, porque sin esa convivencia no sé si hubiera sido la banda que terminó siendo.

Esas ideas de grabación, como lo que hablábamos de la cámara al comienzo de “Jugo de lúcuma”, ¿se le ocurrían a Luis?

Posiblemente, no me acuerdo. Eso fue una cámara de una guitarra que quedó grabada y que después se pasó al revés para que no se pudiera identificar qué parte de guitarra era.  

¿Cómo te llevás con esa falsa idea que tiene alguna gente de que Spinetta les robaba los músicos a Pappo?

Ante todo, no es así. Lo que pasa es que la gente se engancha con esas cosas, vaya a saber por qué, y hace de eso una bola de nieve. Eso quedó ahí pero nunca fue así, primero porque Spinetta no hubiera hecho nunca algo así, porque era un tipo con bastante dignidad y honestidad como para ir a sacarle, entre comillas, los músicos a otros músicos. No lo hubiera hecho nunca. Por otro lado, Pappo era un tipo muy inestable con los músicos que tenía a su lado. A punto tal que en el Volumen 2 de Pappo´s Blues no se sabe ni quién toca. Es una mezcolanza de músicos, no se sabe nada. Sé que hay un bajista brasilero, y después otros de acá, pero no se sabe ni quién toca. Entonces, cuando yo empecé a tocar con él, pensé que iba a tocar 15 días, un mes, y terminé tocando más de un año con Pappo. Fue la formación de Pappo´s Blues que más duró. Seguimos juntos hasta que a Pappo se le ocurrió irse a tocar con otra gente. Así de corta, ¿entendés? Y nosotros quedamos boyando ahí con Pomo muy poco tiempo.

Ahí se da lo de Luis…

Sí. Un día me tocó el timbre y me dijo: "Mirá, yo ya estoy con Pomo y quería ver si te interesaba que hagamos esto junto a vos…” O sea, no fue de ninguna manera como esa gente se imagina, de que Spinetta nos “robó” a Pappo. Lo que pasa es que coincidió con la historia anterior cuando Black Amaya y David Lebón, que habían sido los integrantes de la primera versión de Pappo´s Blues, después fueron integrantes de Pescado Rabioso. Entonces muchos dijeron: "Spinetta les saca a los músicos a Pappo…” No les sacó a los músicos a nadie, a nadie. Eso fue así y punto. O sea, frente a ese tipo de cosas, como frente a tantas otras pelotudeces que la gente dice, yo no me engancho de ninguna manera. Por eso yo tampoco participo en ningún tipo de polémica en las redes sociales, porque es perder el tiempo y hacerse mala sangre, y es algo que no me importa nada. Que la gente diga cualquier boludez, me da lo mismo.

¿Cómo es la historia del disco en vivo de Invisible en el Teatro Coliseo, que salió hace unos años?

Eso lo grabó el sonidista Carlos Melero, que nos hizo sonido una sola vez en esa ocasión. El tipo grabó, de canuto, ¿entendés? Porque a nosotros nunca nos dijo que había grabado el concierto, o si queríamos tener un casete con la grabación. Nunca lo hizo y ni nos enteramos. De repente, hace un par de años, no sé si fue en 2022, me empiezan a llegar comentarios de diversos músicos que me hablaban de lo bien que sonaba esa grabación de Invisible en el Coliseo. Yo estaba totalmente al margen de eso. Entonces me entero que el INAMU tenía en su poder una cinta que era de la grabación del Teatro Coliseo hecha por Melero. Entonces, yo no tenía demasiado contacto, pero conseguí el teléfono, y llamé. 

Te cercioraste al respecto…

Claro. Les dije que como podía ser que yo, habiendo sido integrante de Invisible, no estaba enterado al respecto, cuando otros músicos me decían que bien que sonaba y demás. Ahí me dicen que me iban a mandar el material. Y me mandan pedacitos de todos los temas. Ahí les dije, no, pedacitos no, mándenme el material entero. Bueno, fue así la cosa. Después me enteré que esa cinta apareció en calidad de donación. Una cosa rarísima. Porque, a ver, Pomo y yo, que fuimos integrantes de Invisible, estamos todavía respirando, y los hijos de Spinetta, que son sus herederos, están todos vivitos y coleando. Entonces, ¿cómo vas a donar ese material al INAMU? Si están vivos los verdaderos herederos  universales de eso.

Todo muy raro…

Rarísimo. Y lo que más bronca me da es que Luis nunca supo que eso existía. Por supuesto las cosas se ordenan como tienen que ser. Porque, ¿a quién pertenece ese material? A nosotros. Entonces, después hablamos con la gente de Sony, que tiene todo el catálogo de Invisible. Por supuesto, dijeron que sí, para sacarlo, así se firmó un nuevo contrato, tanto por producción como por la banda en sí misma, y ahí salió el disco que, obviamente, no es todo el concierto, porque lo que hay ahí es ese material, pero nosotros no tocamos solo 40 minutos en el concierto. O sea, que si había más material nunca nos enteramos. Y esta persona murió, así que tampoco se puede saber. Pero es muy raro todo eso, que haya estado ese material escondido tantos años y que después haya aparecido como donación al INAMU. Pero, bueno, ya está, ya fue. Ya pasó. 

Aparte, es un discazo que queda para la posteridad y muestra cómo era en vivo el grupo…

Sí, está bueno. Hasta ganó un premio Gardel.

De los tres discos de estudio de Invisible, ¿cuál es tu preferido?

El primero, sin dudas.

¿Por qué?

Porque el primero fue el producto de esa convivencia de meses en la quinta de Gran Rodríguez, donde cada cosa que tocábamos era un descubrimiento. Es que, en ese momento, nosotros mismos por ahí tocábamos música que, cuando terminábamos de tocar, nos mirábamos y decíamos: “¿Qué corno es esto que estamos tocando?” Nos pasó en “Irregular”, por ejemplo. Imaginate la música que se tocaba en Buenos Aires en esa época. Lo nuestro no tenía nada que ver con eso, era otro mundo. Después lo pondría a Durazno sangrando, y en último lugar a El Jardín de los presentes. Pero ya te digo, es solamente mi opinión, por supuesto. El tercer disco no tenía la magia del primero ni tampoco la complejidad del segundo, donde todo el primer lado es un tema conectado con los que vienen después, es una música integral.

¿Ese universo sonoro surgía solamente de la cabeza de Luis o había algunas otras músicas que escuchaba y también lo influenciaban?

Mirá, Luis era un tipo que tenía suficiente originalidad como para pelear con cualquiera, ¿viste? Acá hay mucha gente que decía que Invisible era King Crimson, pero eso no existe, nada que ver. Nosotros no nos juntábamos a escuchar discos, para empezar. Por supuesto escuchábamos música, yo escucho música desde que tengo uso de razón, pero ¿para buscar influencia? ¿Un tipo como Spinetta? Tipos así son genios. Spinetta era un genio, yo lo puedo decir con conocimiento de causa, porque no solamente toqué con él en Invisible, grabé en A 18 minutos del sol, grabé Téster de violencia, grabé en La la la, grabé Mondo di cromo, además de otras cosas más. Fui su amigo personal durante 40 años. Además, fui técnico de grabación en Fuego gris, la banda sonora que él hizo en 1993. Por eso te puedo decir que nunca terminé de asombrarme de la musicalidad de Spinetta. Por ejemplo, un día me dice: "Machi, prepará todo para grabar guitarra acústica”, qué sé yo, ponemos los micrófonos y arranca a tocar “La pequeña Dama Azul”. Se me cayó la mandíbula al piso. Alguna vez le preguntaron de donde sacaba los temas. "No sé, los saco de una bolsa", dijo. O sea, era un tipo con una creatividad y calidad musical tal que no necesitaba escuchar música de otros para inspirarse. El que piensa eso es un ignorante, un envidioso, y de última es un pelotudo, porque eso no tiene nada que ver. Te cuento otra. Yo fui testigo cuando él hizo los demos para ir a grabar Only Love Can Sustain a los Estados Unidos, a fines de los setenta. Porque nos veíamos muy seguido, estábamos juntos todo el tiempo. Luis, a pesar de que no era un pianista, sabía tocar acordes en un teclado. Me acuerdo que había hecho ese tema llamado “Jade”, que es una cosa alucinante. Bueno, lo tocó, lo grabó, qué sé yo, grabó otros temas. Grabó algunos que no salieron, por ejemplo. No estaban incluidos. Okay, se va a Estados Unidos. Graba el disco allá, cuando vuelve, me trae un disco de regalo y me hizo una dedicatoria en inglés, no sé por qué, para no romper con esa cosa de que el disco venía de allá. Y entonces miro el disco y le digo: “Uy, dice, Productor Dr. George Butler." Y le digo: "Che, qué copado." Le digo: "¿Es un es un médico que le gusta la música, un abogado?" Ahí me mira y me dice: "No, Machi, es doctor en música." Y después me enteré que George Butler había sido productor de Miles Davis, una monstruosidad. Y cuando escucho el disco, imagínate que le pusieron arregladores, músicos de primer nivel, estaba Abraham Laboriel en bajo, por ejemplo, una cosa increíble. El tema era exactamente igual a como él grabó el demo del que yo fui testigo. Nadie dijo: "No, este acorde está mal o habría que hacer esta otra inversión, lo que sea." ¿Entendés lo que quiero decir? Nadie tuvo nada que objetar con respecto a eso, porque estaba perfecto como lo había hecho él en el demo. Entonces me parece de mala leche decir que un tipo como Spinetta podía llegar a tener influencias de alguien, Spinetta era un genio absoluto.

Me decías eso de Fuego Gris, muy interesante, porque no es un disco muy revisitado de Luis…

Tal cual. Me acuerdo que estábamos haciendo la banda sonora de la película, o sea, música incidental que acompaña una escena determinada, en este caso era una escena medio dramática donde la protagonista se cae por un agujero y va a parar a otro mundo subterráneo, no sé. Yo trabajé ocho años haciendo publicidad, ¿okay? Grababa jingles y todo ese tipo de cosas. Así que tenía experiencia en grabar música incidental, conocía perfectamente cómo se hacía. El día que tuvimos que grabar esa parte en Fuego Gris, Luis me dice: “Tengo que grabar música incidental”; y lo veo que llega al estudio con un muñequito de goma, con un casete, con unas cositas que hacían ruido. Yo digo: “¿Qué es esto?” Bueno, agarro el casete. El casete tenía “Maribel”, grabado por una banda de cumbia. Ahí me dice: "Machi, grabá esto y pasalo al revés."

Increíble…

Lo grabamos en un track. Y después empezó con los muñequitos y qué sé yo, fue sumando canales. Así hizo algo absolutamente original, un proceso único para hacer esa música incidental, algo que ningún publicitario o gente dedicada a eso hubiera hecho de esa manera, ya que hubieran ido por otros caminos más conocidos, ¿no? O sea, Luis era original. No se proponía ser un artista original, era de nacimiento original. Por eso te digo que era un genio, si es que existen los genios, Spinetta era un genio, ni hablar de los temas, cómo cantaba, etc. No hay suficientes elogios para hablar de él…

Y vos te diste el gusto de ser su amigo, de trabajar a su lado…

Mirá, yo siempre fui su fan. Fui fan de Almendra, porque los vi en su debut en el Instituto Di Tella. Nunca me imaginé que iba a tocar con él y, de hecho, soy uno de los músicos que más grabó con él. Creo que Javier Malosetti grabó once discos con Luis, yo grabé nueve. O sea, estamos ahí, más o menos. Y eso me da orgullo. Es un honor haber podido compartir con él tanta música y conocer cosas, que no tengo por qué revelarlas, cosas que son íntimas, por supuesto, de una persona tan brillante como era Luis. Luis era brillante, sé que a veces se usa esa palabra para cualquier cosa, pero Spinetta era verdaderamente brillante. Así que todos los que dicen que si se inspiraba en algo, son pelotudos, no tienen la más puta idea, y lo único que buscan es degradar la personalidad de uno de los más grandes artistas que hemos tenido en este país.

Vos me dijiste que el disco de Invisible que menos te gusta es el tercero. ¿Tiene que ver un poco con la presencia del cuarto elemento, de otro integrante? ¿Vos lo veías más como un trío, y que haya otro músico tocando, no cuajó tan bien en la dinámica?

Mirá, eh. ¿Qué decirte? Yo estuve de acuerdo con la inclusión de Tomás porque no era que Luis decidía solo, porque era un trío, los tres firmamos el contrato con Sony o con CBS, los tres teníamos poder de decisión. No era que Luis decía “se hace esto y punto”. No sé si lo habrá hecho en otras bandas, pero con Invisible eso no ocurría. O sea que yo estuve de acuerdo. Yo lo que más recuerdo no pasaba por una cuestión musical, ¿viste? Porque Tomás Gubitsch es un es un gran músico. Sí, creo que había un problema con la diferencia de edad. Una gran diferencia de edad, porque creo que él tenía 18 y yo tenía 30, que en esa época era mucho. Entonces era difícil ponerse de acuerdo. Una cosa es tocar y otra cosa integrar una banda donde hay que tomar decisiones de todo tipo, desde cómo llegás a un lugar, en qué vehículo, en qué transporte, o dónde te hospedás, hay cosas que son más de otra índole y en donde empiezan a haber diferencias y demás.

Claro, era difícil compatibilizar…

Por eso creo el trío tenía esas tres puntas y siempre en algún punto se iba a acomodar. Pero un cuarteto no era así. O sea, pienso que de pronto si había algunas diferencias, obviamente, se agudizaron en el formato de cuarteto. Pero ya te digo, la prueba de esto está que ni bien se separa Invisible, yo sigo tocando con Luis y después que yo dejo de tocar con Luis entra Pomo a Spinetta Jade. O sea, hay que entenderlo como lo que quiero decir. Luis siempre quiso tocar con Pomo y siempre quiso tocar conmigo, eso es clarísimo.

Tal cual, es así…

O sea, quizás es feo decir: "No, sí, fue por culpa de esto o aquello." No, fue una decisión de los tres y a lo mejor nos equivocamos. ¿Y sabes por qué pienso que nos equivocamos? Porque, por ejemplo, mirá a Soda Stereo. Soda Stereo tocó con pianistas, con percusionistas, con guitarristas, invitados, pero Soda Stereo fueron tres tipos siempre, nunca incluyeron a un cuarto integrante, más allá que participaran en una grabación o tocaran en vivo. Y nosotros no sabemos por qué hicimos eso, la verdad que si me preguntás por qué te digo que no me acuerdo. Creo que tendríamos que haber hecho lo mismo que Soda, seguir siendo tres pero con músicos invitados. De hecho ya lo habíamos hecho porque tocó Moretto como invitado con nosotros, y también tocaron  Mosalini y Mederos. Tendríamos que habernos mantenido como trío, quizás. Pero son todas especulaciones que a esta altura ya no tienen sentido porque pasaron 50 años.

Otro de los hitos inolvidables que viviste junto a Spinetta fue tu participación en Las bandas eternas, con la reunión de Invisible…

Mirá, fue muy raro, porque fue volver a juntar a Invisible en el 2009 y era una banda que se había separado en el 76. En ese momento pasó algo gracioso porque la gente me decía en las redes sociales: “Machi, ¿es cierto que Spinetta va a juntar a todos los músicos con los que tocó en un concierto?” A lo que yo les contestaba que estaban en pedo, porque conociendo a Spinetta, él nunca iba a hacer una cosa así. Contestaba eso porque era lo primero que me venía a mente, y empezaba a negar los rumores. Pero la gente me seguía preguntando y yo lo seguía negando. Hasta que un día sonó el teléfono: "Machi, sí, soy Luis, tenemos que hablar." Apenas me dijo eso, le respondí: "No me jodas, no me digas que esto de tocar es cierto…” Y me responde: “Sí, es verdad." O sea, yo debo haber sido de los últimos que se enteraron que eso se iba a hacer. Eso por un lado. Por el otro lado, nos juntamos un día en la casa de Spinetta a cenar con Pomo. Ese fue el primer encuentro de los tres, después de tantos años, y lo siguiente fue ir a ensayar.

¿Cómo fue ese momento?

Cuando fuimos a ensayar, yo recuerdo que había nervios. Como que había que romper el hielo, pero eso duró solo dos minutos, ¿viste? Tocamos los primeros temas e inmediatamente apareció la vieja magia, las jodas, los chistes y pasarla bien como ocurría en la época de Invisible, la vieja época del grupo en los años setenta. Así que lo recuerdo como una cosa muy linda, que además se dio arriba del escenario también. Porque yo recuerdo que después vi casi todas las críticas de los diarios, las revistas y todos decían: "Invisible fue lo más de lo más." Claro, porque todos veníamos tocando. Yo ya venía tocando con mi trío hacía como dos años. Pomo tenía su banda, Luis tenía la suya, algo que no ocurría con los demás músicos que tocaron esa noche. No ocurrió lo mismo con Pescado, ni con Almendra. O sea, no podía ser de otra manera. Iba a ser así. Eso también fue muy gratificante. Realmente hubo una propuesta de seguir con Invisible. A la que Pomo y yo estábamos de acuerdo pero Luis no quiso. Era una propuesta de seguir un poco más porque se vio la respuesta de la gente, pero no, quedó ahí. Creo que hicimos honor al grupo, porque el tema de los reencuentros de las viejas bandas es un arma de doble filo. Podés tocar todo mal, que sea una porquería, y arruinar el recuerdo que la gente tenía de antes. O sea, eso puede ocurrir tranquilamente. Y creo que no pasó con Invisible. O sea que salió bien, hicimos honor al pasado.

Tal cual, fue impresionante, lo vemos hoy en el DVD y se te cae la mandíbula.

Quedó para la historia. Yo siempre me acuerdo que en un momento estábamos al costado del escenario, cuando no tocábamos, y se me acerca Malosetti, que es un gran amigo mío, y me dijo: “¿Ustedes se dan cuenta que estamos asistiendo a un evento histórico?” Tenía razón. Fue así, un evento histórico, y tampoco es cierto lo que la gente dice que Luis se estaba despidiendo, por su enfermedad, nada que ver. Aun no tenía síntomas de la enfermedad ni nada, así que eso es falso también. No fue que él quiso hacer el concierto porque estaba enfermo, nada que ver.

Muchos te nombran como uno de los mejores bajistas de nuestro rock. ¿Cómo te sentís al respecto?

Bueno. Lo que pasa que a mí hablar de rock medio que me hincha las bolas. Algunos me llaman “músico de rock”, pero yo toqué un montón de otras cosas. No me considero músico de rock, me considero músico, a secas. De hecho, tengo algo de lo cual también me enorgullezco y que es que en la década del 80 me convocó Rubén Baby López Furst para tocar con él. Él fue un gran pianista de jazz. Me acuerdo que me dijo que tenía un trío, pero se había quedado sin bajista, y si estaba interesado en tocar con él. Por supuesto le dije que sí. Me acuerdo que me dijo: "Bueno, dame una dirección así te mando los temas, te mando las partituras y nos juntamos tal día en mi casa...” Yo hice los deberes, me aprendí los temas y fui. Obviamente me estaba haciendo un casting. Así que fui, me tomó la prueba y parecía que habíamos tocado toda la vida juntos. Cuatro años toqué con Baby. Un privilegio y un honor para mí. Tocamos un año en trío, después se sumó Jorge Navarro, otro genio del piano, y fue increíble. Imaginate que en el pequeño mundo del jazz no sabían quién era Machi, a pesar de que yo ya había tocado con Pappo, con Invisible y qué sé yo; ellos se mueven en otro mundo. Me decían: "Ah, pero vos sos el bajista de Baby, ¿no?" Así empezaron a aparecer tríos, cuartetos, quintetos con los que toqué. Así que no me fui más de ahí. Porque, por ejemplo, me acuerdo que cuando hicimos la presentación de Mondo de Cromo en el Teatro Coliseo, yo salía corriendo de ahí y me iba corriendo a La Trastienda, la vieja Trastienda que estaba en Palermo, porque teníamos una actuación con Baby y Jorge Navarro, o sea, me iba del escenario del rock a un escenario de jazz. Después toqué dos veces de invitado del grupo Aca Seca Trío, que hacían folklore, ahora están separados, creo. Y también toqué con Leo Genovese, hice tangos en Nueva York. O sea, que a mí que me digan: “Es un músico de rock." A mí el rock me encasilla de una manera que no me gusta. Respeto a los que se asumen como músicos de rock. Yo soy músico, no músico de rock. Y me gusta toda la música.

¿Qué te gusta del rock actual?

De las bandas nuevas, por ejemplo, nuevas acá, me gusta Snarky Puppy, a los que conocí en el 2014 en Washington. Snarky Puppy es una de mis preferidas. Los sigo desde entonces. Me gusta Vulfpeck, me gusta Cory Wong. De la música me gusta todo, me gusta el flamenco español, la bossa nova, la música centroamericana, el jazz, por supuesto, el rock también. Quizás lo que menos me puede llegar a gustar es la música de rock europeo. Yo estoy más del lado de Yankilandia porque obviamente hay una gran influencia negra, la música góspel y demás, y eso me llama mucho más la atención. Por supuesto, me gustan algunas bandas inglesas, empezando por los Beatles, obviamente, que son los que de alguna manera despertaron en mí el querer tocar. Los Stones, también. Nunca voy a negar eso. Del rock sinfónico me gusta Yes y ELP, no mucho más que eso…

¿Qué opinás de músicos como Ca7riel y Paco Amoroso?

Me encanta lo que hacen. Siempre estoy abierto a las nuevas tendencias. Por ejemplo, la otra vez toqué de invitado de los chicos de esta banda UATS, que son los que acompañan habitualmente a Ca7riel y Paco, todos musicazos. Estaban Javier Burin, Maxi Sayes, que es el percusionista, Edu Giardina y “El Tío La Bomba”, que es el bajista, divinos todos. Me invitaron a tocar y ahí yo les decía: "Pero el público de ustedes va a decir, ¿qué hace este jovato ahí?” Y no, nada que ver. Fue muy lindo todo. Y por supuesto me encanta. Me gusta Ca7riel y Paco, por supuesto. ¿Cómo no me va a gustar? Si tenés oreja, no podés desconocer lo que estás oyendo. Y además un músico como Ca7riel que toca muy bien la guitarra, hizo una versión de “El anillo del Capitán Beto” en el Teatro Colón que te impresiona. Así que no tengo problema, me encanta. Me gusta más eso que por ahí lo más tradicional. Ya no me despierta mucho la atención el rock cuadrado. Claramente, sigo escuchando rock clásico: Jimi Hendrix, Frank Zappa –por supuesto, muero con Zappa-, me encanta Cream, ni hablar. También tengo varios de esos festivales Crossroads, que se hacen en Chicago, ¿cómo no me va a gustar eso? Steely Dan también me encanta, por supuesto, tuve la suerte de verlos en Nueva York, antes de la muerte de Walter Becker, y los escucho siempre. Pero ya te digo, a mí no me gusta que me encasillen como un mero músico de rock…

Emiliano Acevedo