martes, 20 de octubre de 2026

MANAL, Reunión: Recorriendo el disco con Claudio Gabis

 


En 1980, Manal volvió a reunirse después de años de separación. La vuelta de Javier Martínez, Claudio Gabis y Alejandro Medina no solo puso nuevamente en escena a uno de los grupos fundacionales del rock argentino: también reabrió una historia de afinidades, diferencias y vínculos personales que el tiempo no había dejado intactos. El álbum Reunión, publicado en 1981, documentó ese reencuentro y sus circunstancias, en un contexto muy diferente al de los primeros años de la banda. 

¿Qué había quedado de aquella sociedad musical? ¿Cómo se relacionaban tres personalidades que habían compartido una experiencia decisiva y luego habían seguido caminos distintos? En esta charla exclusiva, Claudio Gabis reconstruye los entretelones de aquella reunión, repasa la dinámica interna de Manal y pone en perspectiva las relaciones entre sus integrantes, entre la memoria de lo vivido y las tensiones de volver a encontrarse. 

ENTREVISTA> En esta nota vamos a hablar del disco Reunión. Recapitulemos, ustedes se habían separado en 1971, ¿no? 

Exactamente. Hacia mediados del 71. 

Ya estaban muy crispadas las relaciones entre ustedes. 

Eh, sí, sí. Hay un punto de partida que, por supuesto, es mi opinión y es que Javier tendría que haber sido solista desde el comienzo de su carrera. O sea, que él tenía las capacidades, las habilidades y el talento como para emprender desde el vamos una carrera solista, pero no poseía ciertas capacidades de trabajo y de liderazgo. Por lo cual, finalmente, cuando se forma Manal, Javier se ve integrado dentro de un trío de pares, con dos músicos que tienen su mismo nivel y que de ninguna manera se asumen como acompañantes, sino cada uno como un par del otro durante un periodo que corresponde más o menos a la primera etapa de Manal, hasta la grabación del primer disco y un poco más. Esa situación se estabiliza, y fuimos realmente un grupo de tres socios igualitarios con igual capacidad de decisión y de liderazgo mutuo. 

Una estabilidad grupal que se terminó por romper… 

Pasó eso sobre todo por consejos de terceros, cuando Javier vuelve a soñar con su posición de solista. Eso afectó mucho al trío porque nosotros lo sentíamos, lo sabíamos. Además, nos llevaban chismes, conversaciones, cosas de él y ya estaban muy crispadas las cosas. 

¿Los chismes les llegaban por parte del manager, los periodistas? ¿Qué era?

Era una cuestión del ambiente que cada uno tenía y de lo que nos decían a cada uno, las cosas que en un determinado momento hizo que la pectina que nos unía se deteriorara. Así empezamos a notar que el grupo ya no está funcionando como debía, que al fin se destruía lo que se había construido en los años anteriores, que era claramente como cada uno empezaba a pensar en una carrera solista porque ya no hay más remedio. 

Al principio se integran a La Pesada con Billy Bond, vos y Alejandro más activamente y Javier muchísimo menos… 

Sí, a esa incipiente etapa de La Pesada en donde cambian los integrantes todos los días. Luego, cuando el grupo estuvo más establecido, es cuando yo entro a La Pesada con Kubero Díaz, Isa Portugheis, Jimmy Márquez, Alejandro Medina, Billy Bond y Jorge Pinchevsky. Ahí Javier no se integra de una manera permanente y ya empieza a hacer los planes que después conducen a que se vaya del país. Luego yo me mudo a Brasil, una mudanza que se va haciendo en varias etapas. Así cada uno de nosotros sigue su camino. 

Vos también estudiaste en Berklee, te perfeccionaste. ¿Cómo se da luego el tema de la reunión de Manal? 

Bueno, yo vine a Buenos Aires a comienzos de 1980. Yo vivía en Brasil, en Río, vine a Buenos Aires y justo sucedió la reunión de Almendra… 

Okay, ¿vos estabas tocando en ese momento en Índex? 

Sí. Estaba en Índex, claro. Así que vine a visitar a mi familia. Mi madre no estaba bien, tenía problemas psiquiátricos, y entonces vine a asistirlo un poco a mi padre con eso y justo se reunió Almendra. Ipso facto después de la reunión de Almendra me llama Pedro Pujó y me dice quiere reunirse conmigo. Efectivamente nos encontramos con un tercer personaje, Mauricio Zalcberg, que estaba asociándose con Pedro Pujó y me dicen: "Bueno, se ha reunido Almendra. ¿Qué opinas de reunir a Manal?” Yo le dije que me parecía muy bien, que era fantástico, porque además era una reivindicación de nuestra validez junto a Almendra y nuestra importancia en el nacimiento del movimiento del rock en Argentina. Además, era una buena oportunidad para nosotros como grupo humano. En ese momento Javier estaba viviendo en Barcelona. Alejandro estaba aquí y yo estaba en contacto con él en forma permanente. Así que tomé la propuesta y me reuní con Alejandro y se lo propuse. Alejandro dijo que sí, inmediatamente. Entonces yo les dije: "Con Javier no se va a poder resolver esto hablándolo por teléfono. Esto por llamada internacional no se resuelve”. Y entonces aceptaron que yo viajara a España y que tuviera reuniones en persona con Javier para convencerlo de hacer la reunión del grupo. Y fue lo que pasó, viajé a Europa, me encontré con Javier en Barcelona, y no tuve muchas dificultades en convencerlo. 

Fue rápido… 

Sí. Me puso sus condiciones de que viajara su chica. Esas fueron sus condiciones previas, se fijó una cantidad de dinero que era interesante en ese momento para cada uno y se firmó un contrato. Así se inició el proceso que consistió en que yo me quedara en Europa. Yo había viajado con mi esposa, ella se volvió a Brasil, y yo me quedé en Barcelona. Después de hacer un periplo por otros lugares, me quedé con Javier, para viajar de vuelta con él. Primero pasamos por Nueva York y compramos instrumentos ahí. Otra de nuestras condiciones había sido tener un adelanto de dinero para comprar instrumentos. Luego de esa estadía viajamos a Río de Janeiro. Alejandro fue desde aquí para Río, y nos reunimos los tres allá. 

Así empezaron los ensayos… 

Sí. Se alquiló una quinta a unos 140, 150 km de Río y ahí ensayamos antes de venir a hacer la presentación aquí, a principios de 1980. 

Ok. Hacen los conciertos en Obras, uno con televisación de Canal 11… 

Sí, una grabación que me encantaría conseguir, pero nunca lo pude hacer. En fin, los conciertos son exitosos, reunimos alrededor de 25 o 30 mil personas. Creo que fueron cinco o seis conciertos en Obras. El grupo sonaba muy bien, estábamos muy influenciados en aquella época por el rock y el jazz fusión, por esa etapa del virtuosismo. Con más complejidad musical, ya los tres nos habíamos desarrollado cada uno en el terreno de la composición y teníamos temas para aportar, no solo Javier. Durante la primera etapa del grupo, Javier, salvo en “Avellaneda Blues” que lo hizo conmigo, todos los temas eran de él. 

En este caso era una reunión en igualdad de condiciones… 

Se podría decir que sí. También digamos que cuando se realiza la reunión se había establecido una relación absolutamente igualitaria entre los tres. Con cierta mayor responsabilidad de mi parte ya que había reunido el grupo y también podía llevar un control administrativo de lo que estamos haciendo. Es decir, me ocupaba un poco de la parte material porque a partir de los conciertos decidimos continuar un tiempo, pero no en forma ilimitada. Nos fijamos unos meses. Lo que pasó es que después nos engolosinamos con Manal, su funcionamiento, como sonaba y todo lo demás, y decidimos seguir. Pero justo se da el comienzo de toda la nueva ola de los grupos que encarnaban la movida de los raros peinados nuevos, y empezaron a surgir grupos como Virus, Soda Stereo y todo eso. Dentro de ese entorno musical Manal desentonaba, porque lo que nosotros hacíamos era blues y fusión. No era lo que la gente esperaba. Nos decían que nuestra música era antigua y depresiva. Justo se estaba saliendo del periodo más oscuro del Proceso Militar, y la música empezó a adquirir un matiz más pasatista, mientras que, por el contrario, las letras y las cosas de Manal eran muy serias. Nuestra actitud era muy seria, la carga instrumental era muy importante y no era acorde con lo que se estaba haciendo en el mundo del rock o del pop latino. 

¿Por eso no funcionó la cosa? 

Yo creo que después del primer bombazo que produjo la reunión de Manal con los shows en Obras Sanitarias y dos o tres cositas más, empezó a decaer la expectativa puesta en nosotros. También empezó a decaer la convocatoria del grupo en los shows en vivo. 

Porque siguieron tocando, estuvieron en La Falda, hicieron más shows… 

Sí, tal cual. Pero en una clara línea descendente. 

Incluso, corregime si me equivoco, en un show tuvieron de teloneros a Los Redondos… 

Efectivamente, cerca de La Plata, no recuerdo si en Villa Elisa o en City Bell. 

Antes firman contrato discográfico con CBS. 

Sí, se consigue firmar un contrato discográfico con CBS que era bastante bueno. Así se plantea la grabación de un disco nuevo en donde preparamos el material, todas canciones nuevas y entramos al estudio con muchísimas ganas. La relación se había restablecido bastante bien entre nosotros. Musicalmente funcionábamos bien y grabamos ese disco con temas de los tres, con un sonido y una sofisticación propia del momento musical que se vivía.

 

REUNIÓN, TEMA POR TEMA

 

Pasemos al disco en sí. ¿Cómo se hizo la tapa? 

La tapa es una foto de José Luis Perotta, que era un gran amigo nuestro. Perotta fue un excelente fotógrafo y uno de los primeros que les sacaron fotos a Manal y la tapa es una escultura de un amigo mío, Carlos Alves de Lima. La escultura de Carlos es una representación de un homo urbanus, ¿no?, que nos gustó mucho. Es una buena tapa, tiene un buen arte. 

Adentro del disco hay otra foto de ustedes, hecha por Perotta en la Costanera, ¿no? 

Sí, tal cual. En la Costanera, en la parte del extremo norte de Puerto Nuevo. 

¿Cómo fue la grabación del disco? 

Fue a principios de 1981 en el tradicional estudio grande de CBS en la calle Paraguay.  Un super estudio. Nosotros nunca llevábamos gente a las grabaciones. Siempre solos con nuestro stage manager, Román Rulo Rodríguez, que también tocó percusión en algún tema. Tuvimos como invitado a Fats Fernández en dos temas. La grabación fue fantástica porque ya había una tecnología infinitamente más sofisticada y mejor que la que tuvimos en la grabación de los dos primeros discos, 10 años antes. Había recursos que antes no existían. Nosotros teníamos mucha más experiencia. El clima dentro del grupo era todavía bueno. 

¿Cómo eran los ensayos del grupo en ese momento? ¿Eran de encontrarse los tres a ensayar al mismo tiempo? Porque Medina dijo en una entrevista que había dificultades, porque por ahí Javier tardaba más, ¿puede ser? 

Bueno, Javier siempre tardaba más. Por eso te hablaba de la impecabilidad necesaria para liderar un grupo como ese. Había que ser impecable y tener una conducta que a Javier siempre le costó, no solo en relación a Manal… 

Él era más bohemio… 

Bueno, si querés utilizar esa palabra puede ser. Lo que pasaba es que yo además seguía viviendo en Brasil, así que no estaba todo el tiempo acá. Iba y venía. Yo seguía con mi familia en Brasil y estaba dos meses aquí y luego pasaba dos meses allá, porque estábamos excediendo el plan original. El plan original era hacer los conciertos de la reunión y después seguir con conciertos esporádicos y de repente se había replanteado la cosa hacia una resurrección plena de Manal. Que desde el punto de vista material era muy difícil, porque ya te digo, yo vivía fuera. De cualquier forma, ensayábamos bastante. El grupo sonaba muy bien, estaba sonando fenómeno. Estábamos los tres tocando bastante bien y entramos al estudio con todas las ganas de hacer un buen disco. 

¿Qué te acordás de “¿Doblé en una esquina”, el tema que abre el disco? 

“Doblé en una esquina” es un tema que fue subestimado por la gente, pero es un gran tema. Tiene una letra… ¿Cómo te diría? De un romanticismo simpático, ¿no? 

Un tono muy porteño… 

Muy porteño. Tiene un buen riff, una buena melodía, la letra es buena, es un buen tema de Javier, y yo particularmente me basé muchísimo en todo el acompañamiento, con un arreglo basado en The Police. Yo me basé muchísimo en Andy Summers. Además, era un buen tema de difusión, ese era el objetivo, ¿no?, que el tema sonara en la radio. 

¿A vos te gustaba The Police? Eso es toda una revelación. 

Me gustaba mucho, sí, sí, sí. Los escuchaba mucho. 

Un trío como ustedes, también con relaciones complicadas… 

El trío es una forma dificultosa, porque además nunca es estable, y siempre son dos contra uno. Va variando la cosa, pero siempre son dos contra uno en las relaciones internas del trío. 

¿Cómo hacía los temas Javier? ¿Con la guitarra acústica? 

Sí. Javier los hacía con la guitarra, con toda una serie de recursos autodidactas, pero con muchísima eficacia. Los temas de Javier son muy complejos armónicamente. Por eso cuando se habla de Manal, como un grupo de blues, que toca blues, eso no es exacto. En Manal hay tres, cuatro, cinco blues en todo su repertorio, y todo lo demás se acerca más al soul, al jazz. Javier, con esa metodología sui generis que tenía, conseguía una eficacia compositiva extraordinaria en sus temas. Y todo eso nos daba lugar a poder hacer cosas muy interesantes, ¿no? Y en ese disco las hay. 

El segundo tema del disco es tuyo: “Como si fuera a tocar las estrellas”. ¿Cómo lo hiciste? 

Bueno, es un tema basado en la ciencia ficción, específicamente en una novela de Olaf Stapledon que se llama El Hacedor de Estrellas, publicada por Minotauro en los años 60, con prólogo de Borges. Es una obra muy emblemática de la ciencia ficción de la primera mitad del siglo XX, y yo me inspiré en eso. Siempre he sido un gran lector de la ciencia ficción y ese tema habla de la imposibilidad de entender dónde estamos y de alcanzar eso que vemos, pero no sabemos qué es, ni que hay. Y es un tema con mucha influencia del jazz rock, ¿no? Inclusive el solo es muy jazzístico. Hay varios temas con tratamiento jazzístico en el disco. 

Vos sos muy lector, ¿no? Porque en tu primer disco solista también hablabas de un cuento de Lovecraft, creo. 

Sí. En tres temas, una trilogía de ficción: “El viaje de Lord Dunsany”, “Fiebre de la ruta” y “Más allá del valle del tiempo”. La frase de “mis ardientes pies” salió de un cuento de Lovecraft, de la serie de Los Mitos de Cthulhu.  Entonces, “Como si fuera tocar las estrellas” completaría ya una tetralogía. 

Tu tema lo canta Alejandro. A esa altura vos ya no querías cantar, ¿no? Porque al principio, en tu primer solista, sí lo habías hecho… 

Sí, nunca fui estimulado a cantar, al contrario, me hubiera gustado cantar más. Ya te digo, la estructura, los acordes y todo lo que conforma el tema son muy de jazz fusión de aquella época. 

Luego sigue “Juega al juego, jugador”, de Medina. Es un tema que él ya traía de su época en Pappo´s Blues, creo, ¿no? 

Efectivamente, muy buen tema. Sí, en ese tema mi interpretación es mala. Yo usé un distorsionador que no funcionaba bien y quedó así, pero el tema es buenísimo, con una onda media funky y muchísima potencia, la potencia habitual que había en las cosas de Medina. Un tema muy bueno. 

“Te daré mi mano”, es otro temazo de Martínez… 

Es un temazo con una letra espectacular. Le hicimos un arreglo complicado, también muy sofisticado, tiene sitar en algunas partes. Le puse sitar, tiene un trabajo importante de guitarra, bajo y batería. Quedó buenísimo. Y el tema es extraordinario con un mensaje además muy humano de amor y de solidaridad. Un tema que Javier después lo grabó de nuevo. 

Vos te copabas mucho con la onda oriental, ¿no? Con los ragas y demás… 

Tal cual. Se habla mucho de que yo traje el blues a la Argentina, pero además traje la música de la India, traje el raga… 

Apareciste tocando raga con Isa en los estudios Phonalex, ahí en esa escena de la película Hasta que se ponga el sol… 

Claro, tal cual. Ahí en la película ya estoy tocando, o sea que introduje también en Argentina no solo digamos el blues y aledaños, sino que fui de los primeros que se atrevió a hacer algo que tenía que ver con la música de la India, ¿no? 

Bueno, el lado B de Reunión empieza con “Sacúdeme la vida”, otro temazo de Medina. 

Otro temazo de Medina, latino, no inspirado directamente, pero muy cercano a Santana y a esa onda. Ahí ya participa Fats Fernández haciendo unos riffs. Es un buen tema, también muy bien cantado por Medina. Yo he tenido la suerte de trabajar con los dos mejores cantantes de este tipo de música que ha habido en Argentina, en mi opinión, ¿no? Es un muy buen tema, que venía de antes en el repertorio de Alejandro. Yo sí me inspiré en Santana en la manera de tocar la guitarra. 

¿Fats era amigo de ustedes? 

Era un amigo, sí. Nosotros éramos amigos de toda la gente de jazz, había mucha comunión con toda esa gente. 

Llega luego “Nos veremos mañana”, otro tema de Javier… 

Sí. Eso es un blues menor potentísimo. Ahí yo también toqué el órgano y el piano, a parte de la guitarra. Tiene una letra fantástica, una evocación de la soledad urbana y de cómo son las relaciones amorosas en esta jungla. Yo te diría que está conectado un poco con “Necesito un amor”, pero es más crudo, ya pertenece a una etapa de más escepticismo con respecto a los temas de amor anteriores de Javier. 

Llega otro tema de Medina: “Tengo algo en mi mente para vos”. 

Bueno, es francamente un tema en swing, medio jazzístico, yo hago un solo totalmente jazzístico con influencias de George Benson. También toca Fats Fernández en el tema, que tiene la picaresca propia de Medina. Alejandro siempre juega con el doble sentido, con la sensualidad del amor, y también está muy bien cantado y tocado. A nosotros nos gustaba tocar aproximándonos un poco lo que podíamos al lenguaje de jazz. Siempre nos gustó mucho el jazz. 

Y el disco se cierra con “La Centuria”, otro tema tuyo, casi eminentemente instrumental… 

Sí, y muy influenciado por la música de Pat Metheny. Yo hice el tema durante una época en que escuchaba mucho a Pat. Lo había conocido en Boston y había asistido a su estreno con el Pat Metheny Group. Yo estaba enamoradísimo, copadísimo, con el lenguaje de Pat y el tema está inspirado un poco en su música. De hecho, el solo está estructurado en base a una armonía de él, a la combinación modal, en realidad, de los modos del solo de un tema de Pat Metheny que se llama “San Lorenzo”. Ese es un tema en el cual el solo lo hace la Lyle Mays en el piano, yo tomé esa estructura de solo y es la que tiene “La centuria”. Y está también inspirado en Las centurias, en realidad, que es la obra de Nostradamus. Me basé en esa obra profética o pseudo profética. 

Después de que termina de grabarse el disco, ¿cuánto duraron juntos? 

No te sabría decir, pero poco tiempo. Después de grabado el disco se acentuó la disminución de convocatoria de Manal. Seamos claros. Tocábamos y había poca gente. No era lo que tenía que ser. Y también empiezan a repetirse las mismas situaciones desagradables y des vinculantes que habíamos tenido antes, ¿no? Entonces, yo quiero volverme a Brasil y quedarme allá, no estar yendo y viniendo, porque eso estaba resintiendo mi relación matrimonial. Por otra parte, Javier vuelve a pensar en lanzar su carrera solista, Alejandro también, hay desavenencias, ausencias, en fin, vuelven a repetirse las mismas cosas, los mismos síndromes de desavenencias de 10 años antes. Finalmente ocurren dos o tres sucesos, más urticantes y finalmente yo digo: "No, chau. Yo me voy a Brasil…” Ahí se terminó el grupo. 

No se pudo sostener en el tiempo… 

No. Pero ya te digo, el plan inicial era hacerlo solo unos meses, y luego empezaron a surgir desavenencias porque nos habíamos extendido, creyendo que podíamos reconstruir para siempre el grupo, pero terminamos cayendo en los mismos problemas de antes. No era algo que pensaba solo yo, era algo que pensábamos los tres con mayor o menor, como te diría, sinceridad, honestidad. Así que no me acuerdo exactamente de una situación límite, pero se da el portazo final, y se decide clausurar el grupo. Terminarlo. Así se terminó todo. 

En una entrevista, Javier dijo que le hubiera gustado grabar un disco de Manal cada tanto, pero que al final no se dio… 

Claro, a mí también, y a Alejandro también. Pero lo que pasa es que había una serie de problemas de base en nuestra relación que se habían acentuado. Ya habían pasado 10 años, éramos más adultos cada uno, más afirmados en nuestra propia personalidad, en nuestro propio criterio, en nuestra propia estética y proyecto artístico. Estábamos muy firmes cada uno en su lugar. Habíamos crecido cada uno en lo suyo. Si bien durante la primera etapa del grupo habíamos logrado un momento de placidez, buena relación y amistad; en esta segunda etapa también lo logramos, pero al poco tiempo, al irse repitiendo los problemas que ya habíamos tenido, evidentemente ya éramos tres tipos 10 años más grandes, cada uno con sus proyectos de vida particular, así que no tenía sentido seguir juntos, no podíamos. 

En los 90 hubo dos reencuentros parciales de dos integrantes, pero siempre faltaba la tercera pata del grupo… 

Sí, por ejemplo, está Manal en el Roxy. Siempre dice, Manal en el Roxy (Sin Claudio Gabis). Es decir, está aclarando que no es Manal. Manal es Javier Martínez, Alejandro Medina y Claudio Gabis. Eso era Manal. Manal era la reunión de los tres. Ni Javier poniéndose “Manal, Javier Martínez”. Ni yo poniendo “Claudio Gabis Manal”. Ni Alejandro poniéndose “Manal”, Pappo´s Blues o lo que fuere. Manal éramos los tres. Y punto. 

¿Los problemas personales también terminaron frustrando la última reunión de 2014?

Sí, se frustra por las mismas desavenencias personales. Esa fue una reunión muy difícil de producir, se hizo gracias a la habilidad de Corcho [Rodríguez], su sabiduría intelectual y callejera permitió reunirnos. Pero era muy difícil, muy difícil. Yo creo que ninguno de los tres llegó a ilusionarse con esa reunión. Era conveniente desde el punto de vista artístico, desde el punto de vista económico y era algo que tenía que producirse. Pero ninguno pensó que eso podría tener una continuidad segura y posible. 


Incluso se había proyectado un show en la Calle Corrientes, en el Gran Rex… 

Sí, que finalmente no se produjo por diversas razones, algunas económicas y otras debido a que ya cada uno había vuelto, digamos, a una actitud completamente individualista y sin expectativa, ilusión o esperanza de reencuentro. En 2014, al principio, había una cierta ilusión de reconciliación. Básicamente reconciliación de Javier con nosotros dos. Porque a lo largo de tantos años Javier había contraído lo que yo llamo “el síndrome de La Mancha”. Para lo cual hay que leer a Cervantes. ¿No? Yo creo que Javier había identificado a Alejandro Medina y a Claudio Gabis como molinos de viento, nos había identificado como enemigos, y entonces se había agudizado mucho eso. Esta última reunión se produjo, pero se nota mucho la tensión existente en el documental que hizo el Corcho. En fin, no éramos un grupo de tres ilusionados debutantes. Estábamos ahí haciendo un esfuerzo para llevarnos bien… 

Se vio de entrada eso, ¿no? 

Sí, muy rápido en los ensayos se vio que la reconciliación auténtica y duradera y un sinceramiento de nuestra relación mutua no se iba a producir y, bueno, terminamos con la reunión, después nos volvimos a reunir para tocar en el 17 para tocar dos o tres temas en el Teatro Vorterix, en un festival que organizó el Corcho, pero ya estaba todo roto. No hacía falta que apareciera Billy para decir: "Rompan todo." No, ya estaba todo roto entre nosotros. No había forma de restablecerlo, lamentablemente. 

Tal cual. Una pena porque la química musical existía entre ustedes… 

Sí, a pesar de nosotros. Es decir, podíamos tocar juntos a pesar de esa tensión, ese enfrentamiento y esa dificultad de relacionamiento que nosotros siempre tuvimos; además por ser personajes de diferentes extracciones sociales, de diferentes educaciones y de diferentes criterios y proyectos vitales... Pero eso en la primera etapa en la grabación de Reunión en 1981 y en parte un poquito en algunas cosas de la reunión de 2014, esa tensión que en otro grupo hubiera producido, digamos, caos, en Manal se traducía en potencia y en una especie de fisión nuclear. O sea, todo ese esa tensión energética gravo magnética se convertía en una cosa atractiva, ¿no? Como esas relaciones amorosas en las cuales hay enfrentamiento y problemas, pero, sin embargo, eso conduce a hacer muy bien el amor, por ejemplo. En nuestro caso conducía a hacer muy bien música. 

¿Hoy, a la distancia, como ves a Reunión dentro de la discografía de Manal? 

Bueno, es un disco excelente. Está muy bien tocado, muy bien grabado. Eh, tuvo mucha influencia en el trabajo de Miguel Abuelo cuando volvió a fundar Los Abuelos de la Nada en los ochentas. Creo que es un disco que está subestimado, no es conocido, pero los temas son buenos, las interpretaciones son muy buenas. Es una lástima porque mostraba un Manal que había evolucionado, cada uno de nosotros había evolucionado mucho y estábamos tocando muy bien y sonábamos muy bien juntos. Quizás, si hubiéramos tenido una mayor respuesta del público, en aquel momento esta segunda disolución que se produjo no se hubiera producido de la misma manera y Manal hubiera podido seguir funcionando de esa forma en que te mencionaba Javier que era cada tanto reunirnos, hacer un par de recitales y grabar alguna cosa más. Lamentablemente, no se dio. 

Emiliano Acevedo




miércoles, 14 de octubre de 2026

VIVIANA SCALIZA Y EL ARTE DE DARLE VIDA A UNA CANCIÓN

Hay voces que construyen su identidad lejos de los moldes y encuentran en la música un territorio propio. Viviana Scaliza es una de ellas. Cantante y guitarrista, ligada al blues, el soul y los negro spirituals, construyó una trayectoria que tuvo uno de sus capítulos fundamentales en Las Blacanblus, el grupo que integró entre 1992 y 2006. Desde entonces, su recorrido solista y su trabajo como docente vocal ampliaron una búsqueda artística sostenida en la expresividad y el compromiso con la música. En esta conversación telefónica, Viviana repasa los distintos momentos de su carrera, las experiencias que marcaron su camino, su manera de entender una música que sigue encontrando nuevas formas de expresión ante los desafíos que enfrenta en este momento de su existencia.   

ENTREVISTA> ¿Cuáles fueron tus primeros acercamientos a la música? 

Mi mamá, a la tarde, escuchaba tango y folklore. Mi viejo escuchaba tangos por la mañana, en el programa de Héctor Larrea. Yo me cansaba de escuchar tango, por eso puede ser que no me haya enganchado mucho con esa música. Incluso, los miércoles a la noche me sacaban lo que yo estaba viendo en la tele para poner Grandes valores del tango, lo sufrí desde antes que empezara a conducirlo Soldán, para mí duraba como 42 horas… [risas] Así que, básicamente, empecé escuchando la radio y mi primera influencia terminó siendo Joan Baez, pero yo aún no sabía quién era. Justamente, una canción que me rompió la cabeza, no me acuerdo a que edad, fue cuando se estrenó acá la película Sacco y Vanzetti, y yo me morí con “Here´s to You”, la balada de la banda sonora.   

Desde chica te influenció… 

Y viste que cuando una es chica es como una esponja y se aprende las cosas de memoria porque te las pasan en la radio varias veces. Ya un poco más grande empecé a escuchar los Beatles y Joan Baez ya sabiendo quién era. Acá te estoy hablando siempre de antes de los 13 años, porque todo esto lo recuerdo con mi madre presente. Después, mi primera incursión en la música fue cuando empecé en un coro a los 14 años. Teníamos una profe de música en la secundaria que no se guiaba por el programa, nos enseñaba cosas que eran muy raras. Le dábamos bola tres alumnas nomás. Te estoy hablando del año 76, la mina venía con el tocadiscos, con un montón de discos. También traía libros de arte, literatura, entonces nos iba enseñando periodos de la música, comparando música, arquitectura, literatura, pintura, y yo ahí, que ya venía con un gusto por la música clásica, quedé fascinada. 

Esa profe te llevó al coro… 

Claro. Me llevó a un coro chiquito que había acá en Morón, ahí es donde conozco con los negro spirituals. Ahí conocí ese estilo y el resto del caminito más o menos conocido, porque eso fue el principio, mi entrada hacia el blues de alguna manera. 

¿En ese momento ya tocabas la guitarra? 

Sí. Yo toco desde los 9 años, más o menos. En la secundaria, yo llevaba la guitarra y la teníamos todo el día en el aula y nos la pasábamos tocando y cantando. Cuando empieza la dictadura, yo llegaba con la guitarra, la tenía que dejar en dirección, ir a buscarla para la hora de música y devolverla hasta que me iba. 

Descubrir la música negra te cambió todo, ¿no? 

Sí, como toda la música que ya venía escuchando anteriormente. Fueron cimbronazos muy grandes, es un efecto acumulativo. Empecé a escuchar discos de Janis Joplin también, que es mi segunda gran influencia. Pero no dejé la música pop o el folk por el blues, escucho ambas cosas a la vez. Empecé a escuchar a Bob Dylan y, a la vez, a Bessie Smith. Una vez que me relacioné con los negro spirituals, empiezo a estudiarlos en profundidad, ver cómo se cantaban, porque se cantan de formas distintas, no hablan todos de lo mismo. 

¿En esa época de adolescencia cantaste en grupos de barrio? 

Siempre. En grupos de barrio y también me largaba a cantar sola, en festivales por aquí y allá. Acá en Castelar hay mucha música, muchas bandas y de acá salieron muchos grupos como Escarcha, Plus, Taxi, musicazos como Julio Sáez, Hugo Racca, etc. Entonces había mucha música acá. También acá teníamos a Yuelze, o Aucán, que lo formaban Miguel y Eugenio. La cantidad de música que había en la zona era increíble. Yo tenía una bandita a los 18 años y después seguí tocando con otros amigos. Y antes de las Blacanblus tuve una banda en la que ya hicimos las cosas más en serio y se llamó BLU (Banda Lateral Única). Con BLU tocamos en un montón de lugares, en La Gran Aldea en San Telmo, en Babilonia, en infinidad de sitios. Yo luego empiezo a estudiar canto con Cristina Aguayo y participo en una banda de ella que se llamaba Shining Souls. Así que empiezo a estudiar canto negro y conozco a las chicas, a las dos negras, Déborah y Cris, y a Mona. 

Fue química, se dio un choque de planetas… 

Si pensamos que las casualidades no existen, pero pasó que quedamos nosotras cuatro, porque fuimos las que seguimos con un proyecto que empezó saliendo de esos ensayos de los sábados a la mañana con Cristina Aguayo. Se nos ocurrió hacer algo nosotras por afuera de ese ámbito. 

Y justo es la época que empieza a pisar fuerte el blues en Argentina, porque si bien habíamos tenido a Manal, o algún que otro grupo, como Memphis, no había habido una fiebre por el blues tan importante como la que hubo en esos años. 

No, nunca fue súper masivo. Había venido B.B. King en 1980, pero el boom por el blues se desató recién en la década del 90 en Argentina. A nosotras nos preguntaban en ese momento si creíamos que el blues era una moda, y lo negábamos, pero después, si te ponés a pensar, quizás lo haya sido, porque como las modas, esa movida se fue apagando y de ese momento ahora solo queda La Mississippi tocando. Incluso yo a veces me cuestiono un poco si realmente nosotras hacíamos blues. Porque yo escucho los discos y no me sale mucho blues. Era más lo que hacíamos en vivo, quizás, que lo que está grabado. Porque grabamos algunos covers de blues, pero después no hicimos demasiado blues. Yo sé que me van a querer re matar por esto que estoy diciendo, pero la verdad que no me importa, porque es cierto. Ponete a repasar los repertorios de todas las bandas de blues y hay blues, hay rock, pero blues propiamente dicho, no hay tanto si nos ponemos puristas… 

¿El nombre del grupo salió del nombre del disco de los Rolling Stones? 

Hay un tema “Black and Blue”, de Fats Waller. Es una mezcla de eso con el disco de los Stones, que nos gustó mucho. Por eso antes de salir a tocar en La Trastienda, poníamos “Melody”, que está en ese disco. Qué sé yo, en esa época no le dábamos mucha bola a las letras. Poníamos ese tema y la gente sabía que ya íbamos a salir a tocar. Terminaba el tema y aparecíamos nosotras. Pero, hace unos años, con Cris Dall hicimos unos cuantos shows y ella hacía el tema. Ahora, cuando tuve la letra adelante, me dije que yo no podía cantar eso nunca más en la vida. O sea, cuenta la historia de Melody, que es una chica que conoció en un bar, estaban todos borrachos, qué sé yo, bueno, entre otras cosas que pasan, se la termina llevando a la casa y al día siguiente se da cuenta que la chica le robó todo. Y termina diciendo en la última estrofa, “un día te voy a dar una sorpresa, te voy a agarrar y te voy a rostizar viva…” 

Tremendo…

Justo en una época en que habían pasado algunas cosas con el tema de rostizar vivas a las mujeres. O sea, hay cosas que envejecen bien y otras que no envejecen tan bien. Yo te puedo decir, qué lástima porque lo sigo escuchando y su música me sigue gustando. Pero bueno… Sí, el nombre del grupo fue por eso y decidimos ponerlo en castellano para que sea más fácil. Igualmente, nunca lo escriben bien. Que “Blanca Blues”, “Blacablus”, “Black and Blues”, así que nos terminó jugando una mala pasada el nombre… [risas] 

¿Cómo fue creciendo la popularidad del grupo hasta que grabaron el primer disco? 

Fue meteórico, nunca fuimos super masivas, llenábamos La Trastienda sí, esto fue cuando grabamos el disco, pero lo del disco surgió al año de estar tocando. Ojo, ¿viste que hay bandas que la tenían que remar durante años para grabar un disco en ese momento? No era como ahora. En ese momento necesitabas, sí o sí, tener un productor y un sello discográfico. Ahora, qué sé yo, mucha gente tiene estudios en su casa, hay muchos estudios más chicos, pero en ese momento lo que existían eran los grandes estudios y un productor, o sea, un productor musical, un productor ejecutivo, un productor que pusiera la guita. Hay muchas cosas que han desaparecido, salvo para los artistas grosos, los que venden mucho. 

Ustedes habían conocido a la Negra Poli, ¿no? 

Sí, habíamos tenido un acercamiento, me encontré con ella en el baño en un show de La Mississippi. Entonces, nos encontrábamos con la Negra en Plaza Serrano. Y ella insistía que teníamos que grabar, pero decía, "Ustedes no firmen con nadie, no firmen con nadie. Yo voy a hacer algo”. Y habló con Gustavo Gauvry. Así tuvimos una reunión con Gustavo, que nunca nos había ido a ver en vivo. Le llevamos un casete, al que llamábamos “Black and Truch” … [risas] Era un casete que habíamos grabado en un estudio, lo copiábamos en una doble casetera y lo vendíamos en los shows. Unas caraduras totales. Bueno, le llevamos ese casete y Gauvry nos dice, “Está bien, pero tendrían que hacer un repertorio en castellano…” Entonces le dijimos que teníamos pocos temas en castellano, que la mayoría era en inglés. Y él insistió hasta que nos fue a ver. Cuando nos fue a ver, dijo: "No, no se puede sacar esa parte." O sea, como que también eso era importante. Entonces, él dijo: "Vamos a hacer una cosa, para que no quede como que se metieron en un estudio a grabar en inglés. Vamos a hacer una grabación en vivo y de ahí se va a extraer la parte en inglés que va a estar en el disco”. Y así fue. Lo hicimos en el auditorio del ATE, que estaba en la calle Belgrano, con un estudio móvil que tenía Gustavo. Nuestro primer show fue en mayo del 92, y este disco sale a principios del 94, poco tiempo después. 


Era todo novedoso…
 

Lo que tenía lo que hacíamos las Blacanblus era la originalidad, dentro del ámbito local. No había acá bandas inspiradas en estos grupos vocales estadounidenses afroamericanos. Entonces, lo que llamaba la atención era eso. Que también les llamó la atención a todas las bandas de la época. Y nosotras decidimos no aceptar ir a hacerle coros a nadie porque si no quedábamos como las coristas de tal o cual. No queríamos eso. Pero cuando vino Pappo a decirnos, no pudimos decir que no… 

¿Cómo lo conocieron al Carpo? 

No sé cuándo nos conoció él a nosotras, si nos vio en un show o qué. Sé que nos llamó. Pero no era para un show, la primera vez que nos llamó, era para acompañarlo en Ritmo de la Noche, el programa de los domingos de Tinelli. En ese momento, Pappo estaba a full con el éxito de “Mi vieja”. Y me acuerdo que nosotras empezamos a tener conflictos internos por el hecho de ir a presentarnos en el programa de Tinelli. Me acuerdo estar en el hall central de Telefé, en el mismísimo lugar, discutiendo si lo hacíamos o no. Me acuerdo que Pappo había pedido que los músicos estuvieran sobre tarimas y que no pusieran minas en culo bailando alrededor. Fue a partir de ese momento, que nosotras empezamos a tocar con Pappo sin haber grabado juntos. Después de eso hicimos no sé si tres o cuatro estadios Obras con él, en los cuales tuvimos miedo de cómo iba a reaccionar el público. Pero esa vez no hicimos dos o tres spirituals, fueron solo coros. Estábamos ubicadas adelante de todo y teníamos miedo que nos trataran mal, que nos escupieran, como mínimo… Pero nos trataron tan lindo, que fue muy emocionante. También tiene que ver como él nos presentaba y en otro show en Obras le dijimos si podíamos tocar un tema nosotras y él dijo que sí. Armamos banda y tocamos “Dieciséis toneladas”, en medio del show de Pappo. 

Un verdadero honor… 

Sí, pero ya te digo, tocamos un montón con él sin haber grabado nunca. Recién grabamos en su último disco, Buscando un amor. Ahí grabamos “Rock and roll y fiebre”, “Juntos a la par” y, unos cuantos años después, “Blues del Delta”. Ya no estaba el Carpo cuando se grabó eso, eran temas que habían quedado de la primera grabación y les faltaba los caños, la armónica y los coros. 

¿Y del segundo álbum Rituales qué te acordás? 

Ese fue raro. Porque ya nosotras teníamos un representante que nos había dicho que teníamos que tener un productor. O sea, el disco fue un lio grabarlo. Empezamos grabando con Gauvry y Beto Satragni, pero en el medio hubo un conflicto de cuestiones personales, no musicales. Ahí el representante nos presentó a Alfredo Toth como productor musical. El técnico fue Adrián Bilbao. Lo que pasó fue que Toth era un tipo que venía del palo del rock, entonces el disco sonó totalmente diferente a lo que había sido nuestro primer álbum. En nuestro debut, todo es entusiasmo puro, no teníamos una banda y por eso todos los temas tienen diferentes músicos, y músicas, porque “El agitador” lo hicimos con Andrea Álvarez y Gaby Martínez de Las Pelotas. Y en el segundo disco, fue como que se le dio mucha bola a la parte musical y no tanta a la vocal. El tercero es en vivo y el cuarto disco sí tiene las voces muy al frente. Pero el segundo disco suena más rockero. 

Quizás, sin tanta esencia blusera… 

Claro, claro. De todas maneras, me acuerdo que Gauvry había dicho que el tema que elegimos como corte de difusión, “Hartas”, a él no le gustaba. Él hubiera elegido otro, no me acuerdo ahora cuál, pero decía que ese no le gustaba como corte y nosotras insistimos. Ese disco sale bastante tiempo después, pero es un disco muy bueno, o sea, musicalmente, a mí me gusta mucho. Es muy prolijo, muy bien armado, pero no tuvo tanta aceptación como el primero. 

Es como que el primero marcó mucho la trayectoria de ustedes, ¿no? 

Y sí, la gente habla de las Blacanblus y dice, Maldito piano. 

Sí, sonaba mucho en la radio, en la Rock&Pop lo pasaban a morir. 

Es que con la Rock&Pop teníamos una historia de cariño, Cristina conocía a mucha gente de ahí, era amiga de Lalo [Mir], de Bobby [Flores], de Douglas Vinci, de toda esa gente. Entonces, teníamos una gran conexión con la Rock&Pop. De hecho, después de firmar contrato con Gauvry, fuimos directo a la radio, les caímos y estaba Bobby Flores al aire.

¿Y del último disco, Suena en mí, qué recuerdos se te vienen a la mente? 

Ese disco fue el broche de una época larguísima que duró años. Una época que arrancó en el 2000 hasta 2005, años de mierda. Ya, antes de eso, estábamos tratando de grabar un disco. Teníamos un repertorio completamente diferente, pero nada que ver. Grabamos un demo en el estudio de Javier Calamaro, que nos lo prestó, y empezamos a buscar alguien que lo produzca. Pasamos por varias personas: Fabián Prado, Mario Breuer, que quería que hiciéramos jazz, nada que ver. Teníamos el demo, empezamos a dar vueltas, pero la crisis económica era brutal, todo se estaba yendo al carajo, y ahí no arreglamos con PopArt, porque nos equivocamos, quizás no lo pensamos bien y cuando quisimos arreglar con ellos ya no se podía. Nosotras seguimos con la idea del disco y ahí Fernando Taverna, que había sido asistente de escenario nuestro, tenía su estudio, y nos dice: "Bueno, yo les ofrezco el estudio y a ver qué sale. Vamos a grabar todo, lo que haya, todo." Así que nos olvidamos del repertorio que estábamos laburando, que queríamos grabar, e hicimos cosas originales, grabando lo que se nos ocurriese. Pedacitos de tema que tenían piano y voz, piano y guitarra, guitarra y voz, o sea, todo lo que había, pedazos de letra, pedacitos de tema, temas de otros. Ahí me dice, “¿Por qué no grabás ´Hombre de mala sangre´, de Lebón?”. Mirá, nunca habíamos hecho un cover de rock nacional, ¿viste? 

Toda una novedad… 

Yo lo hacía en las pruebas de sonido, por eso él sabía que yo lo cantaba. Así fue que grabamos pedacitos de diferentes cosas. El disco se terminó de componer en el estudio. Nosotras ya estábamos cansadas. Cansadas de vernos, cansadas del grupo. Entonces se tardó mucho tiempo en grabar ese disco, creo que el que más trabajó ahí fue Fernando. Él le puso todas las ganas. No solamente nos dio el estudio, sino que bueno, se pasaba días y días, creo que sin dormir, haciendo arreglos y cosas sobre los temas. Incluso el disco tiene temas con letras de un amigo de él. Tiene cosas compartidas, es una cosa muy rara el último disco, a lo que éramos las Blacanblus, pero a mí me parece hermoso. Y para quien nos conoce y lo escucha detenidamente se puede dar cuenta de cuáles son los dos temas que quiso producir Cristina Dall. Porque vos escuchás el disco y hay dos temas que tienen el viejo sonido Blacanblus. Están muy buenos, pero lo demás tiene el sello de Fernando Taverna y ahí sí trabajamos muchísimo las voces. 

Ahí se viene la separación… 

Claro, es que, ya te digo, estábamos cansadas. Era muy difícil remarla para que vaya gente a los shows, para que nos paguen lo que queríamos. Hubo un momento en que teníamos tres shows en un mes, dos se caían y en el tercero nos querían bajar el cachet. Ahora hay mucha gente que nos dice que nos reunamos. Pero lo que está pasando ahora es que la gente está viendo los videos nuestros de hace 30, 35 años. Claro, ahora aparecen los videos en YouTube, los discos en internet, pero el tiempo ya pasó. Ya no somos las mismas. Además, sería un despelote hacerlo, porque cada cual tendría que dedicarse full time para hacerlo como es debido, y ahora ya no podríamos hacerlo, porque además no somos las mismas tampoco. Entonces no vas a escuchar aquello. Lo que escuchabas en esa época eran años y años de tres ensayos a la semana y tocar todos los fines de semana. Era lógico que sonáramos como si fuéramos un relojito. Ya no va a ser igual.

Vos preferís que quede el recuerdo de lo que fueron… 

Sí, yo prefiero eso. Ser un buen recuerdo y no ser una decepción. Y las chicas piensan lo mismo. Todas estamos de acuerdo, no es que hay una que quiere volver, la otra no, que estamos peleadas. Las tres tenemos la misma forma de pensar.

En esa época que ustedes se separan ya había pasado el boom de blues, y emergía más el rock chabón, barrial y demás. ¿Por qué pensás que se da ese recambio en el rock? 

A mí me agarra el viejazo cuando empiezo a hablar de esto. Porque si vos vas viendo cómo va girando la rueda, ves que los que siguen manteniendo la poesía en sus letras y demás eran los viejos, los que se fueron muriendo, los Soulé, Spinetta y demás. Después empiezan a aparecer otros tipos de letras… La verdad, no sé porque se dan determinados cambios en la música. Ahora hay mucha gente que dice que el rock está muerto, que la buena música esta muerta. No, la música no está muerta, ahora, si vos vas a escuchar la música que te pasan en la radio y sí, puede ser que te haga pensar eso. Y eso depende también de las radios que escuchás, porque si te ponés a escuchar una radio de música clásica o de jazz te vas a dar cuenta que la música no murió para nada. A veces creo que se empieza a no pensar y que todo cuanto más simple es, más se impone. Y no hablo de más simple porque de golpe se pasó, no sé, del rock sinfónico a la canción. No, hablo de no tener que pensar demasiado en lo que se dice en una letra. Fijate en el caso de los Redondos, o el Indio, yo no entiendo que quieren decir el 85% de sus canciones, pero por lo menos te hacían pensar. Yo no soy ni rockera ni ricotera, pero la otra vez canté “Nuestro amo juega al esclavo”, acá en Castelar, para la conmemoración del 24 de marzo, pero cuando vi la letra de la canción me volví loca, me pareció totalmente apropiada para la fecha. Entonces, después de eso escuchás “Me gustas mucho” o “Pila Pila” y no sé que pensar, por más que después me digan que el Pity es un genio y qué sé yo. Hay que ver que es la genialidad para cada persona… 

Igual, estamos hablando de un compositor que se destaca bastante en ese estilo de rock, porque, después para abajo, tenés muchos más ejemplos de líricas mucho más básicas…

Tremendo. Muy básicas en letras y musicalmente también. Hubo bandas rolingas como Los Ratones Paranoicos que son muy respetables en lo suyo, pero todo lo que vino después… No quiero dar nombres, la gente que vaya a leer esto ya sabrán a quien me refiero, pero no aportaron demasiado musicalmente. Encima, yo no soy muy consumidora de rock. Yo creo que me quedé en la polémica Spinetta versus Charly, para que te des una idea. Yo creo que me quedé ahí con el rock nacional. 

¿Y qué música escuchás ahora? ¿Qué música te convoca más? 

Es una pregunta difícil. Digo que es difícil porque es más fácil decirte lo que no escucho. Porque mucho no escucho rock, por ejemplo, pero tampoco escucho tango, y no escucho reguetón y toda esa mierda. Tampoco escucho pop. Eso es lo que no escucho. Después, no sé, en general a mí me gusta escuchar música fuerte, además. Hay días que musicalizo todo el barrio, sobre todo los sábados a la mañana, sábados al mediodía, que me agarra haciendo cosas acá en mi casa. Puedo escuchar desde música brasileña a un grupo finés, o Diamanda Galás, música minimal, música clásica, blues, qué sé yo, pero es música que voy seleccionando para cada día, no escucho todo junto. Necesito ser ordenada. Soy súper ecléctica en cuanto a la música, pero tengo días en que me agarra el ataque de folk y me pongo a escuchar la vieja música de Joan Baez, que escuchaba hace mil años. La música del mundo me encanta. Me gusta mucho algo que hizo Yo-Yo Ma con una banda que se llama Silkroad Ensemble, haciendo la ruta de la seda, entonces tenés músicos y músicas de todos esos países: Grecia, Turquía, la India con sus instrumentos típicos. Bueno, eso a mí me fascina, por ejemplo. 

Y cuando das clases, ¿te adaptás a lo que quieren aprender tus alumnos o ya tenés un programa determinado y no se sale de ahí? 

No, no tengo nada predeterminado, cada persona es un mundo en todo sentido, no solo en gustos musicales, sino vocalmente. El repertorio siempre es a gusto del consumidor. Yo puedo sugerir cosas también porque hay temas que me tienen harta. Por ejemplo, si hablamos de blues, “Desconfío” está prohibido acá. Hay varias canciones que están prohibidas. Yo les puedo decir: "Che, mirá, esta canción que elegiste me parece que todavía es muy complicada para esta etapa tuya o tenemos que elegir algo que nos dé un poquito más de desafío." Pero vos también tenés que cantar las canciones que te gustan. Porque si yo impongo un repertorio, a los dos días no los tengo más. Es más, escuchando los pedidos de los alumnos yo empecé a conocer muchas más cosas o empecé a darle bola a interpretes que no conocía. Por ejemplo, me pasó con la música de Cerati o la de Soda, a la que empecé a escuchar por mis alumnos. Qué loco esos temas, cosas así, o qué buena letra o qué buena voz tenía Gustavo. Porque para mí el pop era para divertirse y listo. Eso, ese intercambio con mis alumnos, me sacó muchos preconceptos de la cabeza. Así voy descubriendo cosas en músicas que no escuchaba. O incluso descubrir que está bueno algún tema de alguna banda que yo detestaba. Por ejemplo, han venido con algún tema de Tan Biónica, y me parecieron muy interesantes algunas letras. No me acuerdo el nombre de la canción, pero después te ponés a pensar en la vida del pibe, que anda chocando con el auto todo el tiempo, y analizás la letra y te das cuenta que se está describiendo a él mismo. Eso es muy valioso, hay que reconocérselo. Lo cual no me hace fanática de Tan Biónica ni de cerca, porque no es el tipo de música que me gusta, pero es lindo descubrir canciones, cosas, que se le puede dar vuelta a algún repertorio, trabajar con ese material… 

En 2019 tuviste un infarto. ¿Cómo fue tu vida luego de eso? 

Y bueno, uno de los problemas que estoy teniendo ahora es un tema cardiorrespiratorio que me está impidiendo moverme demasiado. Qué loco es tener un infarto, es como que vos pensás que la vida sigue igual y de pronto te encontrás con que voló una mosca y te largaste a llorar o la querés cagar a trompadas o las dos cosas juntas. Entonces me sentía muy rara anímicamente. Un amigo que se había infartado me dijo que me quedara tranquila, que en unos meses se me pasaba. Pero es que fue re loco el cambio, fue como empezar a sentir que tenés otro cuerpo. Tenés que tomar medicación, es muy loco. Espero que no le pase a nadie, pero si alguien le pasa o alguien le pasó, sabe cómo es. No quiero adentrarme demasiado en todo lo que me trajo eso después ni cómo fue, porque bueno, fue todo un tema. Pero es re loco tener que pasar por algo así y encima no darte cuenta que te estás infartando. Fue lo que me pasó. Pero acá estoy. No se van a deshacer de mí tan fácilmente. 

He notado que en tu disco en vivo elegiste un repertorio muy ecléctico, porque incluís temas de Carole King, temas perdidos de Roque Narvaja e incluso de Roberto Carlos. ¿Cómo surge esa búsqueda? 

Lo que pasa es que yo no soy compositora, entonces eso a mí me limita. Por eso tengo que buscar un repertorio que no sea, qué sé yo, lo más conocido del disco de Carole King era “(You Make Me Feel Like) A Natural Woman”, pero en la versión de Aretha Franklin. El tema de Roque Narvaja lo canto desde que soy adolescente, el tema de Roberto Carlos me gustó a los 13, 14 años porque una prima mía era fanática de Roberto Carlos, y yo le pedí el disco porque se estilaba prestarnos los discos en esa época. El último tema del Lado 2 se llamaba “Ilegal, inmoral o engorda”. Yo ya era medio rebeldita desde ese momento. Entonces leí ese título y dije, "¿Qué es esto? ¿Me prestás el disco?" Lo escuché y me encantó. Y hace unos años, con esta cosa de que ahora encontrás todo en las redes dije, "Uy, aquel tema." Me acordaba del título, pero no me acordaba como era. Digo, "¿Me gustará todavía?" Y lo escuché y dije, "Síiii." Se los mostré a la banda y dijeron, "Sí, hagámoslo…” Después encontrás una buena mezcla en el disco, y hay algunas cosas que quedaron afuera, que son las que quiero grabar ahora, que son temas originales. Hay un tema que no está grabado de Esteban Piceda, que es el compositor de “Las puertas del infierno”, yo le puse un cachito de letra no más. Y esa grabación también tardó bastante en salir a la luz. Una vez que se grabó, Charly De Hoz, que es guitarrista, productor, cantante y es una bestia, lo mezcló, lo arreglamos, quedó ahí y está buenísimo. Así que luego de mucho tiempo sacamos el disco. 

¿Cómo es colaborar con otros músicos? 

Me encanta. Y lo que me gusta, más allá de este cansancio que vengo trayendo encima, es mi responsabilidad por hacer bien el trabajo. Me encargo solo de cantar. Por supuesto, no voy a hacer cosas que no me gusten. Lo último que hicimos con Lucy Patané fue alucinante. Ese repertorio lo hicimos dos veces y la segunda vez en el Teatro Vorterix fue alucinante la recepción de la gente, yo no lo podía creer. En general no escucho mucho ni los gritos ni los aplausos, no sé por qué, pero es como que se me cierra el oído a eso. Me pasa en un pub, me pasa en cualquier lado. Me dicen, “che, te gritaron tal cosa”, pero no lo escuché. Ese día con Lucy, cuando pisé el escenario, la gente hizo una ovación indescriptible. Me dije, "Bueno, estamos en carrera." Y así fue. Hicimos el tema “Génesis”, de Vox Dei. También participé de algo que se llamó Cancionero del repertorio de la Cuenca Matanza - Riachuelo, que fue un proyecto maravilloso y ahí canto “Avellaneda Blues”, en una colaboración junto con Alejandro Medina. O sea que no me salgo tampoco de la zona de confort horriblemente. A veces sí, porque grabé con Marian Farías Gómez el tema “Zamba del ángel”. El folklore también me gusta mucho. Salirme de la zona de confort sería cantar tango, por ejemplo. Yo creo que canté un tango una sola vez. 

¿Y hacer música celta? ¿Eso también es salirse un poco o no tanto? 

Sí, recontra, pero no fue tanto por la música, porque hacíamos muchos temas irlandeses, que a mí me encantaban, pero es muy diferente el entorno. Esa música tiene un público diferente al público al que yo venía acostumbrada. Era todo muy distinto. Eso sí fue salirme de la zona de confort. No en la música porque en la música me sentía muy cómoda. Pero también te das cuenta que todos los estilos tienen un yeite. Y si vos no sabés ese yeite no suena. Entonces, no sé si lo que yo hacía en música celta suena. Por ejemplo, cuando yo escucho alguien que canta blues, pero no sabe cantar una bluenote, se nota. Si no sabés hacer el yeite del blues estás haciendo una balada, es otra cosa. Se puede decir que la música celta fue lo más raro que he cantado. Por eso, así como llegué me fui… 

Cada vez hay más chicas haciendo música rock, pop y demás. ¿Cómo ves toda esta movida de las chicas empoderadas haciendo música? 

Toda esa generación intermedia, de chicas de 40 años, como Lucy Patané, Paula Maffia, o las Bertoldi, me encanta, por supuesto. Yo muchas veces me encuentro con estas chicas, ¿no? Y todas me elogian, me dicen que yo un faro, porque las Blacanblus y qué sé yo, pero la única que me invitó a cantar, y de la cual siento realmente que me tiene un gran respeto, y yo a ella también, es Lucy. Es la única que me dijo, "Che, ¿venís a cantar un tema?" Fue la que me puso en un lugar como un Vorterix lleno, me presentó como una de las mejores cantantes de la Argentina y la gente me aplaudió. Entonces, a mí me podés decir todo lo que quieras, pero si estás en la cresta de la ola y no me podés invitar a cantar una canción y bueno, no me digas nada. Salúdame con cariño. Está bien. Digo todo esto como un reconocimiento hacia Lucy. 

¿Cómo sufriste el machismo en la escena musical? 

Bueno, si vamos a hablar solo de machismo, porque se podría hablar de muchas otras cosas, pero, ¿sabés en dónde lo vimos eso estando en las Blacanblus? Con los técnicos. Los más pelotudos eran los sonidistas. Con los músicos no había problemas, porque viste que participamos un montón de festivales de blues en los que estaban Pappo, Botafogo, La Mississippi y nosotras. Lo que sí fue que siempre abríamos los festivales, no los terminábamos ni estuvimos en el medio. Pero después participamos en los shows y terminábamos arriba del escenario con todos al final, pero con los sonidistas ha sido una lucha, sobre todo al principio que eran los sonidistas medio pelo de los lugares medio pelo donde tocábamos. Después ya tuvimos nuestros propios técnicos. Pero sí, nos trataban mal, nos trataban de histéricas, a Déborah le han llegado a decir que porque no iba al psiquiatra. Nos quemaban el oído. Esos sonidistas pensaban que la consola tenía nada más que volumen, graves y agudos. Creo que no sabían que existían los ecualizadores ni nada parecido. Entonces vos pedías algo y te daban mil vueltas a full. Vos pedías que te suban y no te subían, si vos estabas en tres no te subían a cinco, te subían a diez. Vos pedías que te bajen, te bajaban a dos. Entonces era lógico que terminaras con el oído quemado. Y a veces, cuando ya teníamos el oído quemado, hacían que movían algo en la consola y no movían nada, que eso fue lo que ocurrió. Que la Negra decía: "Sí, creo que me escucho un poco mejor." Y el sonidista le respondía: "Eh, no toque nada, ¿no ves? Tenés que ir al psicólogo." Bueno, yo me he peleado con sonidistas. Lo que tengo para decir a mi favor es que todos en algún momento me han pedido disculpas. A lo largo del tiempo, ¿no? No en el momento. En el momento nadie te pide disculpas. 

¿Hay algo que te haya quedado pendiente en tu carrera? 

Siempre hay cosas pendientes en la carrera musical. Siempre va a haber un paso más allá que querés dar. Me gusta estar en un estudio de grabación y grabar más discos, eso me encantaría. Me gusta más grabar que el vivo. Eh, pero bueno, creo que yo a esta altura no podría decir: "Quiero ser una estrella internacional…” porque sé que eso ya no va a ocurrir. Eso era por ahí lo que una aspiraba cuando era chica. Ahora mis objetivos se ponen más realistas, más cuando empezás a pisar la tercera edad. Entonces, mi objetivo ahora es seguir en carrera, poder seguir grabando, seguir aprendiendo, viendo si canto alguna otra cosa que no haya cantado nunca y que me divierta. Viene por ahí la cosa. Objetivos realistas. 

Cuando pensás en los 90, los años del boom del blues, ¿qué extrañás de toda esa época? 

Lo único que puedo llegar a extrañar de los 90 era lo que hacíamos con las Blacanblus. O sea, estar en un lugar donde la gente te reconocía, porque todo lo demás fue duro. Cuando todo explota, en el 2001, me cagué de hambre, pero en los 90 con la cuestión económica me fue muy bien. Pero era una época de mucha droga, fue difícil sobreponerse a eso. ¿Te acordás de que se decía de “pizza con champán” y todo eso estaba bañado en merca? Bueno, yo estaba más o menos por ahí. Eh, así que nada. Sí, no volvería eso, lo veo como una pesadilla. Hay gente que dice: "Yo no me arrepiento de nada de lo que hice." Bueno, yo sí. Me pareció una mierda, pero bueno, lo que sí, ya te digo, lo que me gustaría por ahí volver a tener sería este reconocimiento que me daba ser integrante de las Blacanblus. Ahora eso ya pasó, quiero estar lo mejor posible de salud. Ahora, mi mejor proyecto soy yo misma. 

Emiliano Acevedo