domingo, 15 de marzo de 2026

ANEL PAZ Y SU PASIÓN INTERMINABLE POR LAS GUITARRAS...


Anel Paz es uno de los mejores guitarristas argentinos. Dueño de una versatilidad única, demuestra toda su pasión por la música en todos los trabajos que realiza, ya sea como socio fundador del sello discográfico Happy Together Records -como productor, técnico de grabación y captador de talentos-, así como en su labor como cantautor y docente. Fanático del surf y la lectura, entre idas y vueltas; ha formado parte de innumerables proyectos musicales, desde Los Violadores, Los Políticos, hasta llegar a liderar El General Paz y La Triple Frontera, su grupo actual. Esta experiencia musical, que lo fascina, sintetizó su larga búsqueda musical en un combo que mixtura en sus composiciones rítmicas diversas de la música popular que van del rock al funk, pasando por el reggae, el candombe, la samba y el folklore. En esta charla temática nos dedicamos a hablar de lo que más lo apasiona: la guitarra. Para eso nos encontramos en su estudio del barrio de Caballito, en donde nos recibió con la humildad y generosidad de los grandes. 

ENTREVISTA> ¿Cómo te enamoraste de la guitarra? 

Yo venía de estudiar música y flauta dulce en el Collegium Musicum a los 8 años. Pero mi pasión con la guitarra empezó por la influencia de un tío rockero. Yo venía escuchando la música que se pasaba en mi casa, como todo el mundo, y en mi casa eran muy melómanos, se escuchaba mucha música clásica, jazz, tango, música brasileña, buena música, buenos artistas. Había una colección muy grande de discos de vinilo en casa. Hasta que un día vino mi tío y me dijo: "Mirá, pendejo, tenés que escuchar todo esto…” Y me trajo Deep Purple, Jimi Hendrix, Santana, Pink Floyd y Led Zeppelin. Ahí me explotó el cerebro, yo tenía 13, 14 años. 

Eso fue en los años 70, ¿no? 

Claro. En 1977, 78, en la época del Mundial de Argentina. Fue entonces que el sonido de la guitarra me voló la cabeza. Estaba re loco, hacía el air guitar, todo eso… Tocaba la guitarra en el aire, flasheándola con Gilmour, Hendrix, Page, Clapton, Peter Green del viejo Fleetwood Mac, B.B. King, Jeff Beck… Ahí me hice el vivo, porque yo tengo dos hermanos mellizos a los que les llevo nueve años, y ellos eran chiquitos y todavía recibían regalos de Reyes. Entonces, como a los cuatro hermanos nos tenían que regalar algo, yo les pedí a mis viejos una guitarra. Ellos no querían saber nada porque las guitarras eran carísimas, pero igual aceptaron y me compraron una. Era una Kuc, industria argentina, modelo Stratocaster anaranjada fluo. Con esa guitarra toqué durante años. Mi hermana menor había pedido una guitarra criolla, pero nunca se enganchó a tocar, y me la terminé quedando. Así que empecé a tocar en paralelo con las dos guitarras. Tocaba con la eléctrica sobre los discos que escuchaba, orejeando, hasta que en un momento formé Los Espasmódicos, mi primera banda en la escuela, con Marcelo Burd en guitarra y voz, un amigo que amaba a Elvis Presley. Hicimos un trío en el que yo tocaba la guitarra y hacía coros, junto a Marcelo y Javier “Dr. Muerte” Ramos, otro amigo muy querido, que en paz descanse, en la batería. Yo tocaba la guitarra, pero como no sabía tocar bien guitarra, tocaba el bajo. O sea, tocaba el bajo en la guitarra una octava más arriba. Entonces, la banda no tenía peso porque no tenía bajo. Un desastre (risas). Pero igualmente hacíamos rockabilly, éramos como los Stray Cats, aunque todavía no existían los Stray Cats. 

Esos fueron tus primeros pinitos con el instrumento, ¿en qué momento empezás a aprender en serio? 

Con un profesor de guitarra clásica llamado Luis Venosa, a los 15 años. Ahí también me empezó a fascinar el tema de la guitarra española. Luego armé otra banda llamada Dr. Rock con Mariano Gatto (guitarra y voz), Javier Ramos (batería y coros) y Alejandro Bouvier (bajo y coros); ahí yo tocaba la guitarra y hacía coros. Así empezamos a hacer shows e iban todos nuestros compañeros de la secundaria. Tocábamos en los pubs, era una locura. Ahí me volví loco con la guitarra. Estaba todo el día practicando, tocando con mi banda y sacando cosas de Zeppelin, etc. Yo era menor pero me iba todo el tiempo al cine Lara a ver La Canción es la Misma, y me sacaba las canciones. Un tiempo más tarde se produce la época de La Plata Dulce en Argentina, el “deme dos”, y todo el mundo iba a Estados Unidos a comprar cosas. Entonces un día mi viejo nos propone viajar a Estados Unidos. 

Anel en Dr. Rock, 1980.

Ahí te volviste loco… 

Claro, imaginate. Yo venía re loco con un montón de violeros: Page, Blackmore, Gilmour, Hendrix, Santana, Frank Marino, Peter Green, B.B. King, Ted Nugent... Todo eso fue previo a la época en que aparece Van Halen y cambia todo. Porque la primera vez que escuché a Van Halen no entendí más nada. No entendía que pasaba, que era eso de la técnica nueva del tapping. Yo decía: "Esto no se puede hacer en la guitarra…” Pero, previo a eso, estaban todos los guitarristas más tradicionales, más clásicos. Ya Hendrix era una locura, ¿no? Obviamente, lo que hacía Steve Howe era impresionante. Y otros que también me volvían loco eran Paco de Lucía y Cacho Tirao. Mismo el maestro Eduardo Falú. Mi viejo me llevaba a ver a Paco de Lucía y yo me acobardaba, pensaba que tenía que dejar la guitarra porque no se podía tocar así. “Ese tipo no es humano”, pensaba. Me gustaría nombrar a todos los guitarristas que me volaron la cabeza: Larry Carlton, Robben Ford, John McLaughlin, Lee Ritenoir, Steve Hackett, Trevor Rabin, Andy Taylor. Por supuesto, también me agarró un ataque demencial por Frank Zappa… Pero sigue habiendo guitarristas súper grosos en la actualidad como el italiano Matteo Mancuso, un fuera de serie. En Brasil está Yamandu Costa, un violero de otro planeta. Y en otros géneros me gustaba mucho lo que hacía en tango Juanjo Domínguez, tremendo guitarrista. Por supuesto, no se puede negar la importancia en el folklore de Atahualpa Yupanqui. 

Contame como fue tu primer viaje a Estados Unidos. 

Todo el mundo se compraba remeras, cámaras de fotos. Pero yo le dije a mi viejo que no quería nada de eso, que lo único que quería comprar era una guitarra. Yo no tenía ni idea de que comprar y le pregunté a mi tío rockero, que me anotó en un papel: “Comprá Gibson o Fender”, esa era la posta… (risas) Así que con mi viejo, quien primero se negó pero luego aceptó mi pedido, fuimos a una casa de música de Miami a comprar una guitarra. Así que llegué y les dije a los vendedores: “Quiero una Fender o una Gibson…” Ellos me miraban como si yo no tuviera ni idea de nada. Ahí me compré una Gibson SG, que en ese momento me salió 350 dólares, una fortuna para la época. Así, me volví a Argentina con la Gibson y era Gardel. Con esa viola toqué en una banda de heavy metal que se llamaba INRI. Luego toqué en una banda de fusión llamada Océano. Yo estaba todo el día tocando, esa es la verdad. Pero, como te decía antes, no entendía nada de lo que tocaba Eddie Van Halen, me pasaba días tratando de descular su técnica. Me volvía loco. Ahí, justo tengo que hacer la colimba el año de Malvinas…

Tocando en Océano, 1981.


No. Tremendo… 

Sí, pero zafé de ir a Malvinas, ¿sabes por qué? Porque, gracias a Dios, estaba en muy buen estado físico. Porque yo jugaba mucho al fútbol, jugaba al rugby, hacía artes marciales, siempre me gustó mantener un cierto estado físico. Entonces me meten en la colimba en Policía Militar. Pero era muy duro lo del entrenamiento y todo eso. Me acuerdo que conmigo estaba Blas Giunta, el que después jugó en Boca. Ahí me sugieren para zafar del entrenamiento que me metiera en la banda de música. Así que fui y les dije que quería estar en la banda de música. Me hacen una prueba con un tambor. Yo nunca había tocado el tambor, ni tenía idea, pero pasé la prueba, entré en la banda y ahí zafé de ir a Malvinas. Cuando salgo de la colimba, luego de catorce meses, me pegó muy fuerte toda la experiencia. Con decirte que mi amigo del alma, Javier Ramos, fue a Malvinas. Así que hice un cambio muy fuerte en lo mental, salí con la cabeza ultra punk. O sea, el tema era quiero vivir ya la vida, ahora. Me importaba todo un carajo, fuck everybody, porque fue muy loco lo que viví en la colimba, ¿viste? 

Ultra heavy… 

Tal cual. Entonces, dije, "Lo único que voy a hacer es tocar todo el puto día." Me metí en el conservatorio Manuel de Falla, y estaba todo el día estudiando y tocando. Además, en donde podía tocar con la eléctrica me anotaba. Empecé a tocar con bandas, me empezaron a contratar. Fueron varios años que no paré. Empecé a estudiar armonía, empecé a estudiar de todo. Pero siempre con la pasión por la guitarra. En ese momento vi a alguien que me enseñó cómo se hacia el tapping. Justo aparece toda una nueva camada de guitarristas, como Steve Vai, que empieza a tocar con Zappa, en el año 84, 85. En ese momento sale el primer solista de Vai, Flex-Able, en 1984, ese discazo es una locura. 

¿Y cómo era estudiar en el conservatorio? 

Estaba bueno. Ahí me pasó algo loco porque nos eligen a cinco chicos, los que estábamos más avanzados en cada año, para tocar con el maestro Falú. Eso fue en 1984, 85. Cuando mi viejo me vio tocando con Falú vio que lo mío con la guitarra venía en serio. Yo estaba todo el día practicando. Justo en esa época empiezan a aparecer la tercera generación de monstruos de la guitarra eléctrica que son los que traen toda la deformidad. Dejaba la guitarra eléctrica de ser esa cosa “linda” de escuchar a Clapton, por decir algo, y pasa al frente la cuestión de la técnica endemoniada y pirotécnica. Por ahí venía la mano. Medio raro también, porque para mí lo que manda es la música, no la técnica. Pero yo tenía que tener la técnica, entonces tenía que practicar todo el día. Entonces, un día le digo a mi viejo: "Yo me voy a ir a vivir a Estados Unidos, porque quiero estudiar." Quería irme a Estados Unidos para tocar con todos esos monstruos de la guitarra que estaban apareciendo. Pero no había forma financiera de que yo hiciese eso. Sin embargo, cuando mi viejo me vio tocando con Falú entendió todo y me dijo que iba a buscar la manera de que fuera a Estados Unidos… 

En el Conservatorio con el Maestro Falú.

Una verdadera patriada la de tu viejo… 

Totalmente. Pero yo también había empezado a moverme. En esa época era un quilombo, no había internet, no había nada. Llamar por larga distancia salía un montón de guita. Pero bueno, empecé a acercarme a la posibilidad de irme al Musician Institute a estudiar, porque ahí estaban varios de mis ídolos: Scott Henderson, Frank Gambale y Joe Diorio (el master del Bebop). Ahí empiezo con el tema de los guitarristas. Ya me había vuelto loco con Alan Holdsworth. La primera vez que lo que escuché sentía que ahí se había terminado todo. Porque, de hecho, Steve Vai, Van Halen y muchos más dijeron que el mejor guitarrista es Alan Holdsworth. 

Un capo… 

Sí, y yo me volví loco con él y lo fui varias veces a ver tocar y éramos solo 20 personas. 

Increíble… 

Yo nunca me saqué una foto con él porque me daba vergüenza. Pero íbamos 20 a verlo, y 17 éramos del Musician Institute. Pero escuchás lo que hacía Alan Holdsworth y era una locura. Otro con el que me volví loco fue Hiram Bullock. Y en ese momento también estaba copado con Paul Gilbert, que recién estaba en Racer X. También había salido Cacophony con Marty Friedman, otro super violero con el que después tuve el honor de tocar. Y además ya despuntaba Jason Becker, que era tremendo lo que hacía. Por supuesto, antes también me había vuelto loco con Randy Rhoads, el primer violero de Ozzy como solista. Y hay un montón de violeros tremendos que no se hicieron tan famosos, que no son masivos ni populares y me encantan. Uno de ellos es Shawn Lane, que llevó la técnica en la guitarra hasta lugares impensados. Él falleció muy joven y era un talento increíble.

Tocando con Marty Friedman (de Megadeth), 2003.

Tommy Bolin también murió muy joven…

Tal cual, otra bestia. Tremendo. Lo que toca en Spectrum, el disco de Billy Cobham, no se puede creer. Lo que está tocando el tipo ahí está quince años adelantado. Pero, bueno, volviendo a lo mío, en un momento me enganché con esos monstruos de la técnica. Pero a mí siempre me gustó tener la técnica que te permitiera hacer las cosas pero no quedarme enganchado en eso. En un momento se volvió una carrera para ver quien tocaba más rápido y todo eso y yo no me quise subir a ese tren. Me enganché técnicamente con la guitarra, como una cuestión de desafío personal, pero no musicalmente en eso. Porque después pasa que ves a guitarristas que está buenísimo lo que tocan pero no te transmiten nada. Ahí dije no, yo no quiero eso. Porque después viene Gilmour, toca solo cuatro notas y te mata.

Fue una elección musical la tuya…

Claro. En el Instituto estudié con Gambale y con Paul Gilbert, y eso me voló la cabeza. También los conceptos musicales de Scott Henderson. También tuve la suerte de estar ahí con Jennifer Batten, que es una de las reinas del tapping. Además tuve la fortuna de asistir a seminarios de Joe Pass, me saqué fotos con él, un grande, sin dudas. Así que mi pasión por la guitarra no se detuvo más desde que tengo quince años. Después, cuando surgió la posibilidad de ser endorser de Ibanez, aparecí en el mismo catalogo internacional con animales como George Benson, Paul Gilbert, Scott Henderson, Steve Vai, Satriani, Ritchie Kotzen

Con Joe Pass, en el Musician Institute, 1988.

Todos monstruos…

Sí. Con Satriani también me re enganché en un momento, me sabía todas sus canciones. Pero luego lo que me atrapó mucho es ser guitarrista cantante. Me empezó a llamar la atención eso. Porque no hay tantos. Salir del guitarrista “atómico” y ser un guitarrista frontman que canta. Ahí el grupo es muy reducido. En el exterior están, obviamente, Clapton, Hendrix…

Peter Frampton…

Frampton es genial. George Benson también es tremendo, la rompe cantando y con la viola. Otro es Frank Marino, un guitarrista y cantante canadiense espectacular. Ted Nugent es otro que toca y canta super bien. El frontman. Y después decís Prince, uno que toca y se canta todo. Pero empezás a buscar y no hay tantos que hagan ambas cosas. Curiosamente, en Argentina hay varios: Pappo, Lebón, Cerati, Mollo...

Guitarristas frontmen…

Sí, el modelo clásico sería Frank Zappa, un fuera de serie. Zappa está en otro universo, a otro nivel. Bueno, yendo a los bluseros, B.B. King, por supuesto; Gary Moore, tremendo violero. Gary Moore, para mí es uno de los que no están en el lugar que se merecen en la cabeza de la gente. Gary Moore tocaba y cantaba tremendo. Me estoy olvidando muchos… A ver. Bueno, Rory Gallagher, Freddie King, Johnny Winter y Stevie Ray Vaughan. Todos masters increíbles. Me empecé a volver loco con eso de tocar la guitarra y cantar y por eso armé El General Paz y La Triple Frontera.

En El General Paz y La Triple Frontera, con Arthur Maia

Una nueva forma de relacionarse con el instrumento…

Claro. El cantar me cambió el concepto de cómo tocar la guitarra. Es muy loco…

¿Cómo es eso?

Porque buscas más la melodía. El primer gran quiebre sobre cómo tocar la guitarra lo tuve cuando me fui a vivir a Estados Unidos. Porque acá no se trabajaba mucho el tema del swing. Lo que es el swing, que es como la subdivisión interna de la música, como vibra, como se percibe, como late la música. Por eso, cuando llegué a Estados Unidos, sentía que yo tenía una dureza que tenía que pulir. Y tuve que empezar a entender cómo era la cosa, porque no lo podés entender intelectualmente, lo tenés que incorporar. Cuando empezás a swingear todo cambia. En dos segundos te das cuenta si un músico swinguea o no.

Con Joe Diorio, 1988.

Hacer producciones también te cambió la perspectiva.

Claro. Ahí empecé a entender la guitarra desde otro lugar, de que es un instrumento polifónico, que podés meter muchas notas a la vez. No todos los instrumentos son polifónicos. Y cuando empecé a cantar, descubrí otro nivel de la guitarra. Empezás con los solos de guitarra a trabajar los motivos musicales que viene trayendo la voz, y ahí empezás a entender mejor cosas que te gustaban anteriormente, como, por ejemplo, lo que hizo Santana en “Black Magic Woman”, el tema de Peter Green. Como él desarrolla con la guitarra la melodía en ese tema es algo espectacular. Ahora, cada vez disfruto más entender la riqueza que tiene la guitarra como instrumento, porque es un instrumento rítmico, como puede ser la batería, la percusión; también es un instrumento polifónico, como puede ser el piano; y también es un instrumento solista, como puede ser un violín, una flauta, un saxo, un viento… Y, cuando lo trabajás, en contrapunto con la voz, tocando y cantando, eso es una experiencia mágica.

Tocando con Scott Henderson, 1994.

¿Vos sos de usar muchos pedales o más o menos? 

Tuve una época de usar mucho porque son lindos y te permiten llevar la guitarra a otros universos sonoros. Pero en un momento anterior a mi paso por Violadores, yo tenía una banda que se llamaba Pasión y Resurrección. Ahí hacíamos un rock bien crudo, en la onda The Cult, con guitarras más pirotécnicas. En ese entonces decidí tocar con el equipo y nada más y empecé a sacar todos los pedales. Después entré a los Violas y ahí solamente tocaba con el equipo. Tenía un equipo Marshall 30 aniversario con tres canales: canal crunchy, canal de distorsión y canal de solo, y nada más. Lo único que tenía puesto era un delay en los solos. Porque quería esa cosa pura, salvaje de la guitarra en el amplificador. Y con El General Paz mantuve bastante puro el sonido, a pesar de que es otra música que da para hacer efectos, por una cuestión de mezclar con la raíz de la música. Pero ahora en estos nuevos temas que estoy haciendo estoy poniendo un poquito más de locura sonora. Tengo distintas épocas. Pero a mí me gusta el sonido del equipo. Mientras que acústica y la española tienen la magia de lo orgánico. De hecho, habitualmente cuando vas a probar una guitarra en una casa de música, te ponen 1000 pedales… No, no, paren chicos. No es así. La guitarra se prueba desenchufada. O a lo sumo con un cablecito y con el equipo en nada, seco. Porque la guitarra es un instrumento que tiene que vibrar solo. El sonido lo tenés que sacar directamente de la guitarra, no podés estar pensando que el sonido lo vas a sacar del pedal. 

En Los Violadores, 1995.

¿Tenés las guitarras que necesitás y nada más? 

Hubo un par de guitarras que vendí en su momento y ahora me quiero matar. Lo que pasa con los instrumentos es que cuando te llega un instrumento bueno no lo tenés que vender nunca. Yo pensaba que todos los instrumentos eran buenos y después te vas dando cuenta que no es así. O sea, los instrumentos están todos bien, pero el que está allá arriba, que lo tocaste y te diste cuenta que es para vos, ese lo tenés que guardar, te lo tenés que quedar siempre. Son muy pocas, eh. Yo te puedo probar 200 guitarras, y te digo, no, no, no… O sea, sí sirven y podés tocar con esa guitarra o cualquiera. Pero hay solo algunas en las que algo pasa, que la madera se junta ahí, y es algo mágico. Se conjugan miles de cosas: la madera, quién lo fabricó, el momento justo… y cuando la encontrás, la tocás y decís: “Es esta”. 

Contame alguna anécdota al respecto… 

Cuando vivía en Los Ángeles, me dice Diego Temprano -mi gran amigo y hermano, con el que estudiamos en el Musician Institute- que había conocido a José Arredondo, un chileno que le arreglaba y tuneaba los equipos a Eddie Van Halen. Bueno, fuimos a la casa en el Valle de Los Ángeles y ahí estaba el equipo de Van Halen y le pregunté si podía tocar la viola y me dijo que no había ningún problema. Arredondo le estaba haciendo el prototipo del equipo Peavey del disco 5150. Fue una experiencia única tocar esa guitarra. Imaginate, ¡tocar la guitarra de Eddie! 

¿Ahora cuántas guitarras tenés? 

No tengo muchas guitarras. Tengo la Ibanez verde que es tremenda. Mi guitarra española que tengo hace mil años… Lo que pasa es que también me cambió mucho la perspectiva el tema de los viajes, cuando empecé con las giras internacionales en el 2015. Porque tenés que viajar lo más ligero posible. En las primeras giras nos llevábamos todo un equipamiento brutal y ahora es imposible sostener eso. A nivel financiero, porque te sale un huevo, y a nivel logística porque es un quilombo. Tenés que reducir todo y llegar con mi guitarrita a cualquier lugar y sonar. Ya sea el festival más grande o un pub chico, yo tengo que sonar, tengo que reducir todo. Fue todo un desafío que nos llevó tiempo, lo hablé mucho con mi manager, Pablo Turchetti. En el estudio sí grabo con mil cosas, porque ahí estoy para investigar, uso una guitarra, la otra, un equipo, los otros. El estudio está para investigar, pero el vivo te exige otra dinámica. 

¿Qué te da la Ibanez verde? 

Es una guitarra con una madera increíble y es ancha, no es una guitarra especial para la pirotecnia, las pirotécnicas son como muy flaquitas, finitas y muy veloces. Esta es una guitarra machaza con buen tono. Finalmente, cuando ganás en velocidad perdés en tono y viceversa. Cuando ganás en tono perdés en velocidad. O sea, para el tono obviamente tenés que tener cuerdas bien gruesas, estilo Stevie Ray Vaughan, unas cuerdas re gruesas que te sangran todos los dedos. Cuando querés tener mucho ritmo y velocidad no le pones cuerdas gruesas. Yo a la Ibanez le pongo cuerdas 0.10, un poquito gruesas. Pero son elecciones personales, es para lo que cada uno vaya a tocar. 

Emiliano Acevedo


sábado, 28 de febrero de 2026

KISS ALIVE: Mucho más que un tributo a KISS...

 


El amor por la música de grupos o solistas consagrados, muchas veces, lleva a algunos músicos a crear bandas tributo cuyos shows, verdaderamente, transportan al público a décadas pasadas o momentos imborrables. Así, el respeto y profesionalismo de estos intérpretes ofrece una buena manera de mitigar el duelo por ya no poder ver en vivo a esos conjuntos o artistas. Y, también, proponen la posibilidad de regalar o regalarse la experiencia de presenciar repertorios amados de una forma accesible. 

En Argentina, hay variadísimos proyectos como estos que además de tocar las canciones originales de las bandas e intérpretes brindan elaboradas caracterizaciones de sus referentes. Lo mismo da si es para un gran evento cultural o una pequeña reunión social o empresarial. En general, se trata de historias de veneración y pasión. 

En el caso del grupo porteño Kiss Alive, la banda fue conformada por Andy Buonfrate con otros tres músicos, en 2012. Cuando el baterista se fue, “Tute” se sumó a la banda encargándose de la parte más creativa del grupo. A lo largo de los años hubo varios cambios en el grupo pero la particularidad de ser un grupo “sin caras” por el maquillaje hace que si algún integrante de la banda es reemplazado no se note a simple vista.  “El fan sigue viendo a los cuatro clones de KISS”, concluye “Tute”, que no da su nombre real “para mantener la mística”. 

Por supuesto, en un show de Kiss Alive el vestuario es una parte esencial. No solo tienen vestuarista o gente que tiene zapaterías especiales que les hacen las botas de plataforma a medida o compran en el exterior prendas de la marca de KISS sino que, también, en la mayoría del vestuario, ponen manos a la obra ellos mismos con la ayuda de la manager. 

En esta nota realizada en 2021, en medio de la pandemia, conversamos con Tute acerca de cómo es jugar a ser KISS… 

ENTREVISTA> ¿Cómo se formó la banda? 

La banda la forma Andy [Buonfrate], con otros tres músicos, en 2012. Cuando el baterista se va, me sumé a la banda. Y me encargué de la parte más creativa del grupo como para traer un poco de aire a la propuesta. Hubo cambios a los largo de los años pero la particularidad de ser un grupo “sin caras” por el maquillaje hace que si algún integrante de la banda cambia no se vea simple vista ese reemplazo. El fan sigue viendo a los cuatro clones de KISS. 

¿Cómo arman los shows? 

Tenemos dos modos de armar los shows. Por un lado, los shows de clásicos o éxitos que, por lo general, son los shows con los que hacemos las presentaciones cuando viajamos a otro país o provincia o a algún evento. Y por otro, están los shows temáticos que los producimos tomando una porción de la historia del grupo y jugamos con eso. Por ejemplo, un show temático fue el del Unplugged and Symphony. Tomamos dos o tres discos de KISS que tocaron con sinfónica o unplugged, nos asociamos con un director de orquesta y metimos 11 músicos del Teatro Colón en el escenario. En otra oportunidad, tomamos la película Kiss Meets the Phantom of the Park (1978) y recreamos en el escenario el set disc de la película con dos pantallas gigantes, y entraban los personajes en el escenario. Y así hacemos muchísimas locuras. Eso altera los trajes, la escenografía y es muy costoso pero son muy bien recibidas por el público. 

¿Se puede vivir de esto? 

No. No se puede vivir de esto por varios factores. Primero porque vivimos en Sudamérica y no hay mucho dinero y recursos disponibles para que una banda pueda girar continuamente. Además, KISS siguió activo como banda hasta hace muy poco, entonces, los tributos no son atractivos como lo sería uno de Queen o Beatles, por ejemplo. Y el tercer motivo es que a pesar de ser una banda muy popular, KISS no es extremadamente masiva. Lo que hacemos es reinvertir todo lo que ganamos en cada show. Así hacemos una cadena de inversión y re inversión constante. 

¿Y a qué se dedican a parte de esto? 

Todos tenemos otras bandas y proyectos varios. Por ejemplo, Andy (que hace de Paul Stanley) y yo tenemos cada uno su banda solista pero juntos formamos la banda The Quarantimes. Mark (que hace de Ace Frehley) toca en otras bandas tributo. También, tengo una banda con Zar (que hace de Gene Simmons), que es mi hermano, que se llama Tomalo y tiene 20 años. Mucha música dando vueltas. Después, tenemos trabajos muy dispares: un profesor de Lengua y Literatura, un creativo audiovisual, un abogado y yo, que soy director de arte. 

¿En qué época de KISS se centra la puesta de los shows? 

La carga está puesta en los inicios de la banda pero hemos tocado todas las épocas. Lo primordial es que la gente se mueva. No hacemos un tema rarísimo solo para demostrar que lo sabemos. Queremos que la gente que nos ve, se divierta. 

¿Cómo consiguen el vestuario? 

Por un lado, tenemos vestuarista o gente que tiene zapaterías especiales en las que nos hacen las botas con esas plataformas a medida. Por otro lado, hemos comprado en el exterior varias prendas de la marca de KISS y la porción más grande, la hacemos nosotros mismos con ayuda de Sil [Silvia Altomare], nuestra manager. Hemos aprendido a hacer muchas cosas que en la vida hubiéramos imaginado. De hecho, el último show importante que dimos salimos con los trajes del disco Dynasty [1979] que son muy coloridos y estrafalarios. Así que trabajamos como cinco o seis meses cortando tela, pegando tachas, haciendo las borlas de los pelos del tigre. Una locura. Nos juntábamos todos los domingos a laburar en eso. La verdad que nos divertimos mucho. Y después, lo disfrutamos porque al ver las fotos y las caras de la gente todo ese esfuerzo vale la pena. 

¿Qué hace especial a este tributo? 

Creo que cualquier tributo, hecho con seriedad, está hecho por alguien que quiere a la banda y siempre va a poner siempre todo de sí. En nuestro caso, somos cuatro fanáticos enfermos de KISS que trabajamos fuerte y nos animamos a ideas que no, necesariamente, salen del catálogo obligado de la banda. Como te conté, editar una película para que salga en pantalla en simultáneo con los temas que tocamos y a la vez, los monstruos  saliendo al escenario. Y lo hicimos porque pensábamos “qué lindo si KISS se animara a hacer una locura como esta”. Nos divertimos y nos animamos a poner las bombas, el dragón que tira humo por la boca, a jugar con las pantallas haciendo una pantalla para cada canción en todos los shows o replicar escenas y fotografías clásicas. La verdad que nos lo tomamos muy en serio y, difícilmente todo esto que te cuento lo veas en otro lado. También, nos divertimos mucho. Lo que te puedo decir es que todo está hecho con huevo y corazón. 

Claro, aparte desde lo visual debe ser muy caro recrear la esencia de una banda como KISS…

El tributo a KISS es toda una inversión porque no es cualquier banda que toca con cualquier ropa o cualquier instrumento. Pero esa sumatoria de detalles, también, es linda. Nosotros tenemos los distintos bajos de Gene, las violas de Paul y Ace, y cuando lo vemos todo junto, nos sale el fan. ¡Es un flash! 

¿Cuáles son las repercusiones que les llegan de los fans? 

El fan de KISS, por lo general, es un fanático muy religioso como los fanáticos de fútbol. Se saben todo, es un fan coleccionista. Y como es una banda muy longeva que tuvo cambios de formación, están los que aman una época y no de otra, los que odian una etapa. Y en ese contexto, aparecen las bandas tributo que se comen aplauso, besos y cachetadas. Además, es muy difícil animársele a una banda como esta que es tan producida y exagerada porque, difícilmente, algún día estar cerca de poder ofrecer toda la parafernalia de ellos. A nosotros nos bancan y nos siguen mucho. Siempre hay un grupo fijo que vienen con sus remeras, maquillados o viene el abuelo, el hijo y el nieto. Si hacemos palillos o remeras, se los llevan todos. Nos piden las púas. Nos bancan pero es un trabajo de hormiga. 

Varias veces estuvieron en shows televisivos… 

Sí. Estuvimos en la tele varias veces en Sin Codificar, Polémica en el Bar. Una experiencia que tiene un rebote muy fuerte. Al día siguiente, se te suman 500 personas al Instagram o al Facebook. Realmente, la publicidad que tiene un medio es impresionante. También, hemos hecho muchos eventos privados sociales o empresariales. 

¿Alguna vez hicieron shows sin los trajes o el maquillaje como es el tema de hacer el Unplugged? 

Hacemos temas de todas las épocas pero nunca sin los trajes y el maquillaje porque creemos que ahí se pierde el plus que puede tener un tributo. Trabajamos mucho el look, los movimientos, los instrumentos (que son iguales). Entre el maquillaje y ponernos el traje estamos una hora y media o dos. 

¿Tuvieron contacto con los integrantes de KISS? 

Sí. Andy y yo tuvimos nuestras experiencias de meet and greet. Gene Simmons tiene firmada fotos de la banda. Los hemos conocido y tratado. Es divertido cuando les hemos acercado fotos de la banda y ellos se ríen. Ellos entendieron que los tributos mantienen al fandom vivo.   

Emiliano Acevedo



jueves, 12 de febrero de 2026

QUÁSAR, EN BUSCA DE UNA UTOPÍA PROGRESIVA...

Quásar viene pisando fuerte en el ámbito del rock progresivo argentino con una obra que cuenta con influencias de los grupos clásicos del género en los años 70. Así, en su música puede escucharse la herencia musical de Yes, Genesis y Crucis, entre otros. La banda interpreta sus propias composiciones, embarcadas en la búsqueda de un sonido novedoso acorde a los tiempos que corren pero sin olvidar la tradición del viejo y querido rock sinfónico. Además, los integrantes del grupo tienen una característica muy particular: ninguno de ellos sobrepasa los 23 años.

Entre el 16 y el 22 de diciembre de 2022 grabaron su disco debut en Estudio Kimono, con la operación de sonido a cargo de Claudio Lafalce, otro referente importante del rock progresivo en nuestro país. El material se mezcló y masterizó entre enero y mayo de 2023 y el 25 de mayo de 2023 el álbum homónimo fue lanzado a todas las plataformas digitales. También puede encontrarse, de modo físico, en el sitio web de Viajero inmóvil Records. 

El grupo está integrado por Santiago Rodríguez (guitarra eléctrica y criolla), Francisco Comínguez (teclados), Iván Vega (bajo eléctrico) y Leopoldo Arenas (batería y percusión).

Con ellos nos encontramos a charlar en una tarde inclemente de este verano porteño para conocer más acerca de esta interesantísima propuesta. Quásar en primera persona.

ENTREVISTA> ¿Cómo se iniciaron en la música?, ¿cómo se encontraron? Y ¿cómo fue la apuesta por el género que eligieron? 

Francisco (teclados): Nos conocimos en el secundario en la escuela de música [Juan Pedro] Esnaola y nos fuimos dando cuenta de que nos gustaba la misma música, básicamente. Y ahí nos fuimos construyendo juntos. 

Santiago (guitarra): Al principio empezamos, simplemente, por juntarnos a tocar, pero no queríamos tocar temas de otras bandas. Naturalmente, surgió la idea de componer y trabajar con materiales que cada uno tenía y, de forma muy intuitiva, empezamos a hacer temas propios. De a poco todo empezó a tomar forma y empezamos a hacerlo más conscientemente, tomando decisiones ya pensando a futuro. 

¿Apostaron al sonido progresivo de entrada? 

Leopoldo (batería): Creo que era la música que más escuchábamos, también porque era la música que nos gustaba desde chicos. En nuestras casas siempre se escuchaba eso o cosas parecidas, y nosotros fuimos inclinándonos a lo progresivo porque, definitivamente, nos gusta. 

Iván (bajo): Bueno, en mi casa, por ejemplo, se escuchaba mucho Charly. Desde que tengo memoria sonaba Serú Girán. El disco Bicicleta es el que más presente tengo. Y después, La Máquina [de Hacer Pájaros], fue más una búsqueda propia.   

Así que la onda progresiva viene de familia 

Leopoldo: Me acuerdo del día en el que mi vieja me preguntó que estaba escuchando y le dije que un tema de Yes. Entonces, me dijo, "¿Escuchaste este disco?" y me mostró Close to the Edge. Lo puso y para mí fue un punto de inflexión, por lo menos en esa época. Fue algo muy fuerte. Pero con Francisco ya veníamos escuchando ese estilo en clase con auriculares. 

Iván: En mi casa no se escuchaba nada. En mi caso, conocí Close to the Edge y Yes por Leopoldo y Francisco. Ellos me fueron mostrando esa música. 

Francisco: En mi casa tampoco se escuchaba rock progresivo, pero sí, mucho rock bien de los 60, 70. Serú Girán, Sui Generis, los Beatles, Queen. Después descubrí el rock progresivo y me empezó a gustar más. Y también, como toco el piano, el rock progresivo me atrajo porque hay más teclado. 

Claramente, no solo su formación musical si no también, la idea de armar algo arrancó tempranamente. 

Santiago: Sí, la Esnaola es un bachiller con formación musical. O sea, es una escuela superior entonces uno, al mismo tiempo que hace la secundaria, a contra turno, hace el conservatorio. Todos nosotros, hacíamos la formación musical por la tarde. Coincidimos en cursos entre varios de nosotros. 

Leopoldo: Entonces, estábamos siempre interconectados de alguna manera. 

Iván: Y también, como en esta escuela nadie podía hacer el bachiller sin hacer música estaba llena de músicos y armar una banda era tan fácil como ir a comprar un alfajor al quiosco. 

Santiago: Por otro lado, el rock progresivo era un género bastante predilecto en la escuela porque tiene un lado académico, y, también, la fuerza o lo más dinámico del rock. Entonces, para la juventud, hay algo que se asociaba entre esas dos cosas que lo hacía atractivo. 

Leopoldo: Está bastante relacionado a la adolescencia. Me parece que es el momento para descubrirlo. Aparte ya había otras bandas de rock progresivo en la escuela y eso, un poco también, nos hacía quizás ponerlo en el horizonte como una posibilidad. 

Además de Ca7riel y Paco Amoroso ¿hay grupos o solistas que han salido de ese colegio que después se volvieron conocidos? 

Leopoldo: Sí, hay una banda que se llama Cáliz que fue la que más nos marcó, sobre todo porque eran solo un año más grandes que nosotros y bastante cercanos. 

Iván: Cáliz creo que fue mi banda favorita durante mucho tiempo y un poco lo sigue siendo. Ir a ver a Cáliz era lo mejor que me podía pasar, era alucinante. Esa banda fue una influencia muy grande para nosotros. No solo por la música sino porque estaban estudiando con nosotros, lo veíamos todos los días. Eran unos capos. Fue un empujón muy grande para la formación de nuestro grupo. 

¿Cuáles son sus influencias? 

Leopoldo: Crucis, Yes, Genesis. La Máquina. Pero, sobre todo, creo que Yes y Genesis. Y de acá nos gustan El Reloj, Alas, Serú Girán. 

Iván: Escuchamos mucho a Serú. Bueno, a Charly en general, prácticamente, en todas sus etapas. 

¿Cómo es salir a tocar rock progresivo en la actualidad? 

Iván: La actualidad, me da un poco de lástima porque siento que ahora no importa mucho la música, sino lo que sucede a su alrededor. Es decir, hoy para moverse bien y hacerla circular se tiene que transformar en un producto que forma parte de un sistema que, en realidad, es ajeno a la música porque ese producto necesita ser visibilizado de una manera y se pierde el contenido musical en sí o al concepto de todo lo que quiere transmitir la música. Entonces, me parece que el proceso para insertarse en el mercado y para crecer como artista o como banda es tan ajeno a la música que, a mí, no sé, no me convoca. 

Leopoldo: Creo que todavía seguimos viendo de qué manera transar con la actualidad. En un momento nos lo pusimos a pensar bastante en la manera en la que queríamos mostrarnos y creo que todavía no lo sabemos muy bien. Lo que sí es bueno, y no deja de sorprenderme nunca, es que a la gente le gusta lo que hacemos y nos viene a ver. Eso es algo muy valioso. Lo que hacemos es poco esperable para el mercado de la música. Entonces, siento que la novedad de hacer un show más multidisciplinario, con concepto y con diferentes temáticas, también, es atractivo. 

Santiago: Nos cuesta mucho hacer cosas para atraer más gente. En general, los medios de comunicación o redes sociales se usan para promocionar la música y no son nuestros espacios más cómodos para habitar. Hace poco hablaba con una amiga que me decía que, por ejemplo, en Instagram se valora mucho que muestres tu cara, incluso si es una imagen casual. Que eso te da visualizaciones. Y eso no tiene tanto que ver con lo que nosotros queremos mostrar. Justamente, hacemos algo bastante despersonalizado. Entonces nos cuesta un poco, a veces, entender qué podemos hacer para llegar a más gente en esos medios. 

¿De dónde creen que surge el público de la banda? 

Francisco: A mí me genera cierto misterio de dónde sale la gente. Al principio, creo que salía de algunos festivales en escuelas en las que tocábamos como en un festival del [Colegio Nacional] Buenos Aires, en otro del [Escuela Técnica Fernando] Faber… Y así muchos. Había gente joven que se copaba. Vamos tocando en festivales a los que nos invitan y creo que el disco les ha llegado a algunas personas de esa manera. También, conocimos bandas de rock progresivo que nos hicieron llegar a gente a la que le gusta el género y de esa manera llegamos a más gente, incluso personas más grandes que nosotros. Pero no sabría bien de dónde sale toda la gente que nos viene a ver. 

Santiago: Iba a decir, también, que el público del rock progresivo nos conoció por haber sacado el disco con Felipe Surkán en la discográfica Viajero Inmóvil. Creo que él, también, ayudó a hacernos conocidos en ese ambiente. 

¿Cómo cranearon su primer disco, Quásar (2023)? 

Francisco: En principio, no lo pensamos mucho. Con Francisco, mientras nos formamos, nos juntábamos a tocar y de la nada empezaron a salir ideas que se convirtieron en temas hasta que llegó un punto en el que empezamos a diagramar un disco con las cosas que teníamos. Y de poco dijimos, “bueno, hagamos realidad esto de grabar un disco”.  Entonces, empezamos a tener un objetivo más claro. A partir de ahí vino un largo proceso en el que tomamos decisiones para incluir, sacar o modificar los temas. Nuestra idea era grabar más o menos en el año de la pandemia o en el siguiente. Pero se frenó bastante por eso.  En definitiva, empezamos a tocar y grabar más en serio después de la pandemia, pero, en realidad, veníamos pensando todo hace mucho. Aunque desde al principio no teníamos el plan de hacer un disco se fue armando un poco para un lado y para el otro, o sea, había cosas ya hechas y empezamos a pensar en cómo darle un sentido.   

¿Cuál es el concepto del disco? 

Francisco: No nos gusta contar mucho (Risas) Hay que verlo cuando tocamos. Cuando tocamos en vivo antes de sacar el disco contábamos parte de la historia de la que habla. Y así dábamos como un marco conceptual pero nunca dejando de lado la música para que sea ella la que te cuente la historia. No darlo todo explicado o escrito como un libro. Entonces íbamos generando algo donde todas las cosas influían y al final cada uno se terminaba armando algo personal. Sí, es una historia de unas personas que hacen un viaje por el espacio y terminan en un quásar por ciertas cosas que les van pasando. 

¿El nombre el grupo surge por la historia, entonces? 

Todos: Al revés… 

Santiago: Primero nos gustó el nombre y después de ahí a partir de “Código Quasar”, que fue el primer tema que tenía una narrativa conceptual, la historia se fue abriendo como un árbol. 

Francisco: Sí, la narrativa del Código es un poco más literal, como que va contando “acá pasó tal cosa y acá pasó esta otra”. 

Santiago: Sí, como que nos acercamos y alejamos de la historia. Los últimos temas que hicimos en el disco reflejan eso, como la separación de la historia a la que ya nos habíamos acercado. 

El disco tiene un solo tema con letra y es el que abre, ¿cómo surge incluirlo en una obra instrumental? 

Francisco: Es el primer tema del disco, pero el último que hicimos. Tardamos en hacerlo porque queríamos que esté muy bueno. El tema lo hizo Santiago. 

Santiago: Le pusimos mucha expectativa a ese tema. No solo queríamos que esté bueno, sino que la idea de entrada fue que tenga letra. Nos llevó mucho tiempo porque lo que nos sale más fácil es hacer temas instrumentales. 

¿Y cómo es ofrecer un material que demanda una escucha detenida en una época en la que predomina la dispersión y la velocidad para los consumos culturales? 

Francisco: Creo que hay algunas personas que, evidentemente, prestan atención. Creo que hay mucha gente que lo escucha y le interesa. Y, sobre todo, en vivo lo que hacemos tiene un atractivo visual, también. Intentamos que haya bastantes cosas que capten la atención cuando nos vienen a ver. Si querés ver y no solo escuchar cerrando los ojos, siempre hay otros estímulos.  

¿Usan visuales? 

Francisco: No, no usamos pantallas ni proyecciones. Solo somos nosotros en escena, pero nos dedicamos mucho a la vestimenta o quizás hacemos alguna cosa en vivo. Es difícil de contar. 

Leopoldo: En una oportunidad en la que tocamos en el Centro Cultural San Martín vino de invitado el bajista de Cáliz, que es muy amigo nuestro, sobre todo de Fran, para leer parte de la historia y actuar. 

Francisco: Una vez pusimos una pecera en el escenario e íbamos tirándole cosas de colores para que hagan formas y musicalizamos esa escena con una composición inédita e irrepetible y, en simultáneo, una actriz bailaba. El mundo que vamos armando a partir de la música, en algún sentido, está un poco guiado por lo visual, naturalmente. 

Santiago: Igual es todo muy abstracto, no es que guionamos lo que va a suceder. En ese caso, nosotros hicimos la sugerencia de que la escena tenía que ver con el agua, por ejemplo. Porque ese recital lo pensamos en relación al agua, pero damos la libertad de cómo interpretar esas abstracciones. 

Iván: Estoy de acuerdo con lo decías de la velocidad. Hoy el mundo está apuntado hacia el lado de tener estímulos más efímeros de lo que sea, no solo de la música. Hacia la generación de dopamina, o algo que ofrece satisfacción rápidamente y que dura poco. Pero considero que hay una cierta resistencia en algunos sectores. En el mundo viven 8000 millones de personas y no todas van a girar y mirar hacia el mismo lado. Entonces, si tuviéramos que encasillar nuestra música, que no es algo que solemos hacer, o definir un público; definitivamente, sería para ese sector que resiste y rompe la tendencia a que sea todo rápido. Creo que se perdió el hábito de escuchar música y no estar haciendo otra cosa en simultáneo. 

Leopoldo: Además pensamos bastante en que los shows no se parezcan entre sí y que cada uno tenga su distintivo, que ninguno sea igual a al anterior. 

Francisco: No solemos tocar el disco entero. Aparte, nuestro primer disco es bastante largo. A veces, sumamos temas nuevos o cosas que no son, necesariamente, para grabar en un disco pero que sí nos ayudan a generar momentos en los shows. En vivo, hay bastantes cosas más allá de los temas grabados. 

Santiago: A esos momentos los llamamos Interludios. Son como pequeñas piezas que no pertenecen a ningún disco y, seguramente, nunca pertenecerán, pero están buenísimas para aprovecharlas en vivo y crear un clima distinto a lo que se puede escuchar en el disco. 

Francisco: Claro, creo que tienen un propósito distinto al de escuchar el disco sentado en tu casa.  

¿Los ayuda alguien a diseñar los vestuarios? 

Santiago: No, lo hacemos nosotros con lo que tenemos. 

Iván: Algunas veces fuimos a ferias americanas en las que venden ropa rara. Es decir, que no verías a alguien usándola en la calle. Hemos comprado varias cosas para tocar en vivo en una feria cerca de donde vivo en la que hay un puesto de ropa que vende ropa para teatro. Ahí compramos algunas túnicas y trajes del estilo de reyes medievales porque lo sentimos relacionado con la música, de alguna manera. 

Francisco: Tenemos la idea de generar cierta inmersión en el espectador, a partir de la estética. Como que lo que estás viendo en el escenario es ajeno o lejano al mundo cotidiano. 

Ahora ya están planeando un nuevo disco, ¿cómo viene eso? 

Francisco: Estamos componiendo para poder terminarlo lo antes posible. 

Iván: Estamos terminando de ensamblar y tenemos muchas ganas de grabarlo. 

Francisco: Sí, yo creo que va a ser una propuesta diferente. Aunque verlo desde adentro es muy diferente a como se vea desde afuera…  

Leopoldo: Pero a simple escucha ya es distinto. 

Santiago: Sí, intentamos que sea muy distinto. 

Francisco: Eso pasa porque tenemos búsquedas diferentes. Y al contrario del primero, este material está pensado desde el principio para ser disco. De hecho, cuando surgen ideas musicales decimos: "Está la guardamos para el próximo disco". Hay muchas ideas que vienen de antes, y como tenemos más experiencia y más estudio, también, las arreglamos y componemos con ellas. Somos todavía más quisquillosos que antes. 

Iván: Sí. Y para mí un factor importante es que somos bastante más grandes porque algunas partes del primer disco las compusimos con 16. Personalmente, creo que, por una cuestión biológica y lógica, cambiamos mucho y eso se ve reflejado, también, en la música.  Más allá de todo lo que dijo Fran, que es cierto, creo que este, también, es un factor que influye para que el nuevo disco sea distinto. 

Santiago: La manera en la que nos acercamos a las cosas era bastante más espontánea o menos premeditada que ahora. Hoy, pensamos mucho más en todo. Lo cual no es ni bueno ni malo. En aquel momento, todo surgió de un modo mucho más intuitivo. Sí, bien ahora está más definido que lo que hacemos es rock progresivo, por las características de los instrumentos que usamos y la influencia que tenemos. Pero, en verdad, también entendemos que es un género con mucha libertad. Y estamos en una búsqueda de mayor libertad. 

Francisco: Claro, no sé. Personalmente, pienso que antes decíamos: "Vamos a hacer rock progresivo". Y ahora, decimos, "Vamos a hacer música." 

¿Qué obra de del rock progresivo tiene cada uno como referencia de excelencia u horizonte? 

Francisco: Yo, diría Relayer, de Yes. 

Iván: A mí, Close to the Edge que me vuela la peluca. 

Leopoldo: En mi caso, Relayer, también. 

Santiago: Coincido con Francisco y Leopoldo porque es más ambicioso en algunas cosas. Close to the Edge como que, por momentos, permanece dentro de la canción. Relayer toma la forma y la lleva para cualquier lado. 

Francisco: Igual, de Yes nos gusta todo.   

¿Les gusta el neo progresivo? 

Leopoldo: Por cómo está grabado y por el sonido más metálico, se me aleja un poco. A veces, incluso, hasta me hace acordar a cómo está grabado el pop o ese tipo de cosas. No me suena tan natural. Me parece que el diseño sonoro de los 70 estaba más apuntado a crear un espacio y no tanto a que pegue un bajo fuerte y retumbe. 

Santiago: Sí, la estética cambió mucho después de los 80. 

Francisco: Sí. A mí me pasa que siento que el rock progresivo moderno es muy un género. Siento que hay menos variedad. O sea, son músicos del carajo, en general, que tocan muy bien, muy preciso pero los podés distinguir fácilmente. Pero si vas a comparar Genesis con King Crimson o Yes con Jethro Tull, es como que cada uno hacía un género distinto. Había otra libertad, para mí que es bastante diferente a los que es el rock progresivo moderno. 

Santiago: También, porque se estaba gestando el género. Un poco quizás lo que hacemos nosotros es parecido. O sea, un sonido más de los 70. Con nuestro primer disco no apuntamos a una renovación del género. Si no que buscamos acercarnos a esa música que nos gustaba en ese momento. 

¿Qué otros grupos de rock progresivo actuales les gusta? 

Francisco: De Argentina, solo tres. Cáliz, que grabó un disco está muy bueno. Los recomiendo siempre. Y después, la banda Ícaro, que está muy bueno lo que hacen. Y, FlaxoN, que grabaron un disco hace unos años. 

¿Escuchan otro tipo de música?   

Francisco: Con Santi, como estudiamos composición en la universidad, nos gusta mucho la música clásica o académica contemporánea y creo que, también, tomamos mucho de ahí. 

Leopoldo: Yo, escucho una banda que es de las pocas que me gusta ir a ver en vivo que se llama SACRUM que es de jazz fusión. Es un trio de bajo, teclado y batería. El tecladista, también, fue al Esnaola y nos conoce. Aparte, estar en la carrera de jazz, inevitablemente, hace que empieza a escucharlo más. También, shows homenaje, por ejemplo, al guitarrista Grant Green. 

Iván: A mí siempre me gustó el rock nacional, aunque no tiene mucho que ver con el progresivo…  Me gusta mucho la cultura del rock, el pogo, que sea una música revolucionaria. Escuchaba mucho a una banda que se llama Plini de metal progresivo. Hace rato que no la escucho.

También, Steven Wilson. Actualmente, como estoy tomando clases de jazz, lo estoy escuchando mucho. Así que eso: rock nacional, jazz fusión y jazz clásico son los tres géneros que escucho a diario por fuera del progresivo. 

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ENTREVISTÓ: Emiliano Acevedo