
Siempre
es un placer hablar con alguien tan idealista y apasionado con la música, con
el arte de hacer canciones, como es Miguel
Zavaleta. Luego de muchos años volví a entrevistarlo y me llevé
la misma impresión que la primera vez: es imposible escucharlo y no estar de
acuerdo con varios de sus conceptos. En esta charla desglosamos su trayectoria
con Suéter y
mucho más acerca de su ideario que lo ha llevado hasta aquí, como músico y
artista. Un dialogo sin desperdicio y sin tregua.
ENTREVISTA> Cuarenta y cinco años con Suéter, toda una vida. ¿Cómo lo llevás?
Suéter
es una banda extraña. Yo la hice, pero soy músico desde los 70, armé Suéter
recién en los 80, y siempre me costó. En su momento, a nosotros nos señalaron
como que hacíamos música rara, éramos la banda rara. Y, quizás, lo éramos,
comparados con otros grupos. Nunca nada fue fácil para Suéter. El grupo surgió cuando
el rock se volvió una música popular en el país, pero yo ya venía desde el año
73, y en el 76 debuté con Bubu en un
teatro. Hicimos giras nacionales. O sea que yo soy del rock de los 70, y en los
80 la luché como pude, pero siempre tuve, afortunadamente, unos músicos
increíbles a mi lado, y una predisposición artística impresionante a mi
alrededor.
Eso
es muy importante…
Claro,
pero a mí todo me importaba un bledo, lo cual no era muy sano para el
desarrollo de una vida profesional. Por otro lado, no trabajamos, yo estaba en
cualquiera. Mientras todo el mundo se iba a tocar al exterior, yo me la pasaba
riendo, que era lo único que quería hacer… Y eso hizo que Suéter sea siempre
una banda extraña.
No
te interesó la profesionalización a ultranza…
No
sé si eso. Yo siempre estuve rodeado de mis amigos y ellos eran profesionales. Salvo
Hilda [Lizarazu], que era mi mujer, y era la única nueva, mi grupo de
amigos eran Fabi [Cantilo], Dani Melingo y Cachorro López… Justo anteayer hablé con Cachorro y hace tres días
con Melingo, o sea somos amigos desde siempre. Si bien ellos sí eran de los 80,
yo me consideré siempre un fuera de época o sea “un adelantado”, como me
decían. No sé cómo decirlo, porque “adelantado” es un concepto musical que no
sé cómo ponerlo. Yo hago lo que me nace y eso trae una raíz diferente. Así lo
fui llevando, y para sorpresa mía, un par de temas a la gente le gustaron y una
cosa fue llevando a la otra. La verdad que yo tenía mentalidad de los 70, donde
lo que el artista buscaba era que el disco, y la obra, gustara.
Otra
concepción, más artística, menos mercantilista…
Puede
ser. Lo cierto es que empecé a separar esa obra en temas, porque si no ni me
grababan. Porque si el tema duraba más de cuatro minutos y medio, no servía.
Entonces, me adapté a los 80 en ese aspecto. Pero la música de Suéter, para mí
sigue siendo extraña de cierta forma. Cuando el rock estalló y se hizo popular,
al principio me puse contento, pero a los dos años sabía que no era lo que yo
quería. Yo quería ser músico para hacer música que escucharan los melómanos. Lo
que pasaba era que en los 70, más allá de algunos firestones quilomberos, la
gran mayoría del público eran amantes de la música, como era yo también. En esa
época yo era cadete de la revista Pelo,
y el público era directamente sensacional. Luego del boom, eso fue reemplazado
por la masa numérica. En ese momento, como no sabía cómo era la masa numérica
de gente, no me alerté, pero después vi que ya era otro mundo, el mundo del
espectáculo, del show, y yo nunca quise estar en el mundo del espectáculo.
Le huís al show business…
Mirá.
De hecho, tanto Pergolini como Pettinato, me ofrecieron dos veces trabajar
en la tele, y les dije que no. A mí nunca me interesó estar saltando al lado de
Pachano… Y el rock, en un momento
dado, creo que se transformó en eso. Los felicito a los que se engancharon,
algunos son buenos y muy buenos pibes, pero no era ese mi mundo, no lo es, y nunca
lo será.

Seguiste
en la tuya…
Yo
sigo haciendo música pensando en un pequeño mundo, en lo que tendría que haber
sido: la ucronía de pensar que el rock nunca se hizo popular y que sigue siendo
como cuando yo me hice músico en los 70.
Un
movimiento utópico…
Sí,
no era masivo, pero tampoco éramos pocos los amantes del rock en ese entonces.
Cuando hicimos giras por el interior, en Tucumán, entraban 10 mil personas. Yo
con ese mundo era feliz. Aparte, yo no pensaba en la plata, porque tenía para
comer y un techo, entonces nunca me importó la guita. Salvo un poco ahora, que
estoy medio jodido, pero tampoco me importa tanto.
Decías
que te tuviste que amoldar a los mandatos del pop. Hacer canciones más cortas,
radiables, casi no hacer temas instrumentales…
Por
eso te digo que fueron 45 años difíciles. Con muchísimo cariño, pero también
bajo la lupa de gente a las que no les interesa la música. Se detienen a
destacar en mí cosas que no importan, más allá de lo que sí importa que es lo
vinculado a la música, a lo artístico. Por eso yo siempre me sentí en offside. El
mundo del espectáculo es para otros. Yo nací para otra cosa.
Siempre
le escapaste a la fama…
No
es así porque al principio hice de todo para ser famoso, porque todos mis
amigos estaban en esa. Pero ellos eran mucho más inteligentes que yo. Los veía
y no quería quedarme atrás. Igual me quedé más abajo que todos porque ellos eran
laburantes y desde el principio supieron que con eso podían hacer plata, mientras
que yo lo único que quería era reírme. Por eso mi último disco, que lo voy a
hacer con Melingo, se va a llamar El
hombre que ríe. A mí lo único que me interesaba era reír, y lo lograba,
porque nos matábamos de risa, pero yo no tenía otro camino. Con
mis amigos nos matamos de risa, se reían todos, pero laburaban. Entonces, terminaron
tocando en otros lados, y cuando todos despegaron para otro planeta, yo seguía
riendo en mi cuarto.
Eso
fue en los 80, ya en los 90 se volvió más grande el negocio de la música…
Es
que llegó la masa y con la masa llegó la música de los 90, que es el fin del
rock nacional. ¿Qué canción queda de la gente de los 90? Investigalo y vas a ver… es horrible. A mi
gusto, eh. Pero también a gusto de nuestros hermanos sudamericanos. Porque al
llegar a los 90 se acabó el rock argentino en el exterior. Salvo los que venían
de antes, Gustavo [Cerati], que era un genio y todo eso.
Pero el rock nacional se convirtió en la popularidad, llegó la hinchada de fobal, y sonamos. Y mirá que yo fui
hincha de fútbol casi 40 años de mi vida. Fanático, estoy en una tapa de la
revista El Gráfico, dando lástima, con
otros flacos agarrados a una alambrada. O sea, yo separaba los mundos. Me
acuerdo que me encontraba al Flaco Spinetta,
bastante solapado para que no lo reconozcan en la cancha. Muchas veces me lo
encontré en la cancha de River.
Sí,
él era fan de River.
Era
re fan, yo también. Después me importó todo un carajo. Ojalá se mueran, me da
lo mismo. O sea, les tomé antipatía a los futbolistas, a todo eso. Y, el Flaco
tenía otro mundo. O sea, vos ibas y eras un artista o lo intentabas, porque yo
también intenté ser artista. Creo que lo logré, pero me costó. Y yo creo que
él, que siempre fue un artista, volvía a su casa y no pensaba como un hincha de
fútbol. Porque yo también era un hincha de fútbol. No me ponía a tirar piedras,
pero quizás sí. O sea, estaba totalmente alienado, porque uno también se pone
con la masa y hasta podés perder la identidad. La cuestión es que después a todos
esos que gritaban a veces a mi lado en la cancha los encontré como público de
rock. Y para mí para mí no fue una evolución, fue horrible.
La
“futbolización del rock”…
Para
mí es totalmente sorprendente. De cualquier forma, soy de una banda que no
vende la cantidad de entradas que venden, o vendían, mis amigos, pero en
algunos casos creo que se pone más mi música, y se recuerda más, que otros que
fueron súper exitosos. De cualquier forma, son todas apreciaciones personales.
¿Cuánto puedo ver del mundo real? Nada, un poquito aquí, un poquito allá.

Tus
temas están en el inconsciente colectivo. O sea, hay varias canciones de Suéter
que las conoce todo el mundo, eso es innegable.
Sí,
por suerte. Yo no me lo esperaba. Aparte que los temas conocidos no son los
mejores, pero qué le voy a hacer. El otro día estaba tocando en vivo y me
pedían temas. Hasta que uno gritó: "No soy el mismo", y yo lo miré y
me causó una cosa tan linda. Un tema hecho con tanto sentimiento. La mayoría de
los temas que hice, especialmente los de los 90, los hice pensando que
probablemente a nadie le podrían gustar mucho. No a nadie, sí a esos que de
alguna manera siempre me dirigí. Entonces, ese tipo sí era de esos a los que yo
había hecho mi música. Él la sintió de esa manera y me pidió un tema que nadie
jamás me había pedido. Incluso, el otro día viene una persona y me dice que
"Última vuelta en el Italpark" era su favorito. Afortunadamente, de
esas alegrías tuve muchas. Casi siempre me han tirado buena onda, incluso los
que no gustan de mi música, eso es genial.
En
una entrevista que vi hace poco, haciendo alusión a esto que decías de tus
amigos, al momento de la aparición de Suéter, hablabas de que era una época
mágica del rock nacional y que no creías que se vuelva a vivir. ¿Por qué
considerás que hoy no sería posible volver a vivir una época como esa?
No
volverá. Porque la juventud actual, con los valores deformes y enfermos que
traen, con la crueldad, lo vuelven imposible. Nosotros éramos jipones. ¿Y qué
era ser jipón? Era ser un boludo, lo cual seguí siendo casi toda mi vida, que
lo único que quería era reír, estar bajo el sol, hacer música, estar con
chicas, por eso ibas a Ibiza y estaban todos desnudos. Esa no era parte de mis
ideales, pero sí eran los ideales de Woodstock y de mi generación. Mi
generación fue diferente. Ahora somos los… ¿Cómo se llama? Los baby boomers. Nos tienen temor. Y es que
seguimos siendo una generación diferente y sensacional. Esa generación, la
nuestra, no se repetirá más.
La
de los jipones…
Claro.
Ya la generación de los 90, o sea, la Generación X, es horrible. Es una
generación sin esperanza, donde encima se dan el lujo de decirte que el símbolo
del rock son los cuernitos. Rock no es cuernitos, muchachos, el rock es la V de
amor y paz. Y si no lo comprendés, te hago un piquete de ojos con la V, boludo
(risas). Porque aparte, eran tan boluditos los de los 90, que capaz te
encontrabas con un chihuahua de medio metro con campera negra, que hasta se
animaba a escupirte. En algunos casos han terminado muy mal. Yo soy un tipo
paciente y nunca estrangulé a ninguno. Pero a mi lado he visto mucho chihuahua
golpeado, ¿viste? Porque ellos no se daban cuenta. Ellos creían que era piola
ser así, y eso lo llevaron a la música. Ya en la música no importaba la
belleza, importaba el shock que hicieran en su generación. Por eso ha habido
cosas vergonzosas como el punk nacional…
Ah,
no te gusta nada de eso.
Pero
escuchame, yo prefiero un chimpancé, que aparte me parece más natural. Todo eso
es posicionamiento hecho por gente sin talento. O sea, porque si tenés talento
y te posicionás, ok, pero no había nadie con verdadero talento, solamente un
par de músicos eran más o menos pasables. Nadie se incorpora a un movimiento
que para hacer un buen tema tenés que hacer algo feo y si es posible
desagradable. El feísmo, salvo Marilyn
Manson, ¿quién más se destaca? El feísmo es algo espantoso.
Siempre
te referís a eso: el feísmo dentro del arte…
Es
que tenés que tener mucho talento para hacer algo hermoso dentro del feísmo.
Porque ¿para qué carajo están los artistas? Para hacer algo hermoso, no para hacer
algo desagradable. Lo hermoso puede ser tu mensaje, puede ser la forma con que
lo hacés o el sonido que generás. Y por otro lado, podés generar un sonido que
te haga sentir mal. Yo escucho cumbia y me siento mal, y podría llegar a hacer cosas
feas. Si me obligás a escuchar esa basura, u otras basuras semejantes, se me
modifica el estado de ánimo, no es indiferente para mí. No, no lo es. Me pone
mal. Últimamente, para mí el mundo se convirtió en algo bastante tóxico en lo
sonoro.

Así
que ahora no te gusta nada de lo que suena en la música joven.
No
tanto, algunas cosas sí. Ahora hay buenas bandas de pop. Muy lindas bandas,
desde el 2015 y 16, que me encantan, con cantantes que cantan, no que ladran y
les va bastante bien de plata y todo eso. Son bandas que podrían haber sido
dignas en la época en que el rock era digno. Yo los respeto, pero si me hablas
de Bad Bunny o de cosas así, la
verdad que no. Eso me pone mal. Igual que la cumbia o estilos similares.
¿Y
quiénes son los artistas que te gustan?
No
quiero decir los nombres, porque después se agrandan los pendejos. Aparte, si
nombro a uno tengo que nombrar a los otros. Hubo unos que se agrandaron mucho,
¿me entendés?, y ya me dio bronca nombrarlos porque me gustan, pero se
agrandaron, ¿viste? Claro, son chicos. No saben que el mundo del espectáculo es
hoy sí, mañana quizás no. Entonces, es lógico. Son chicos, yo también en los 70
estaba re agrandado. Un día me dijeron, "Acordate que Peter Gabriel hay uno solo." Me lo dijo un productor, y tenía
razón.
¿Eso
qué fue en la época de Bubu o después?
Eh,
una época intermedia. Imagínate lo que es eso. Me gustan muchas bandas que por
lo menos cantan afinados, porque lo que más desapareció aquí es el canto. Están
todos ladrando a lo loco. El otro día también un par de colegas tuyos se reían
de Barbra Streisand en un medio. Yo no
tenía acceso a hablar con ellos porque si no les hubiera dicho lo que se
merecían. Pero bueno, por eso yo sigo en mi cabeza, sigo en el mundo de ayer.
Ya estoy demasiado grande para seguir hablando boludeces.
Vos
sabés que el otro día estaba mirando a un youtuber, que recomienda discos, y se
puso a hablar de Suéter y dijo que para él estaban solo un escalón más más abajo
de Serú Girán, porque era un grupo de la hostia, ¿no? Y rescató lo que tenían
ustedes, con un sonido tan particular, único, de la conjunción de bajo,
teclado, guitarra, voces, que eran muy buenos los arreglos que hacían. ¿Cómo
fue eso? ¿Cómo fue germinando ese estilo en la música de Suéter? ¿Cuáles crees
que fueron las influencias del grupo para para llegar a ser lo que fue?
Mirá,
yo un día me puse a tocar el piano en forma autodidacta y nunca saqué una
canción de otro. Recién a los 39 años saqué por primera vez una canción que no
fuera mía. Lo único que yo intentaba hacer eran cosas mías. Y estuve seis años
aporreando el piano sin lograrlo, tocando mal, ahora toco pasable porque
practiqué como 20 mil horas y hasta me animo a tocar jazz. En aquel momento era
un Neanderthal, pero en esos seis años de alguna manera la música que me
gustaba fue fermentando y un día, en el año 1981, me salió mi primer canción y
luego no pararon de salir hasta que completé lo que sería el primer disco de
Suéter, y un poquito más también, porque dejé afuera un par. Entonces, de
alguna manera, creo que el sonido de Suéter tiene algo que ver con que yo nunca
imité a nadie. O sea, lo máximo que me acerqué a robarle a otro son ambientes,
pero nunca melodías ni líneas. No porque fuera un gran tipo ni mucho menos,
sino porque ya te dije: yo no sacaba temas. Yo solo escuchaba otra música, pero
no me importaba cómo estaba hecha. Yo quería hacer lo mío a mi manera, a lo
bruto, y tardé un huevo en hacerlo, pero terminé haciendo lo que me gustaba. Es
verdad que estamos un escalón abajo de Serú
Girán. Es verdad, pero solo de Serú Girán y de Jade, la banda de Luis Alberto. De todos lo demás, de nadie. No,
no, no, porque yo podría decir otra cosa. No, como mucho, estamos al lado de
otros, pero no abajo. Salvo de esas dos bandas que realmente eran muy buenas, excelentes,
la de Luis y la de Charly.
Sí,
aparte tenían muy buenos instrumentistas en Suéter, y además tenían algo que no
era habitual hasta ese momento en el rock que era el humor, ¿no? Porque el rock
era muy solemne en la Argentina. En cambio llegan ustedes y rompen un poco con
eso.
Sí,
sí, otra de las cosas, otro de los errores. Porque ni aún en el rock antiguo el
humor tenía cabida. Por supuesto estaban Alice
Cooper y Frank Zappa, que son palabras mayores. Pero si
Zappa no hubiera tenido humor, y no se hubiera reído de sí mismo, hubiera
terminado siendo muchísimo más importante de lo que fue. Por eso él hace un
disco que justamente se llama ¿Pertenece
el humor al rock?, a la música. Porque no pertenece. La gente va a tomar en
serio al que habla serio de sí mismo. Especialmente cuando llegó la época
populachera, cuando cualquier salame ponía cara de entendido y hablaba en serio
de eso. Y la gente le cree, porque mayoría de la gente es medio sorda, entonces
no puede distinguir si es bueno o es malo y le cree la actitud. Pero si vos te reís
de vos mismo, dudan de vos, y yo no pude evitar hacer eso, pero es un error. Es
un error pero igual sigo haciéndolo. Porque no estoy para solucionar errores,
estoy no sé para qué, pero no para eso.
Claro,
igual en el humor y en tus letras había también una bajada que era profunda.
Así que yo creo que era muy ecléctica tu propuesta y lo sigue siendo, ¿no?
Hasta el día de hoy.
Sí,
a mi show solista le voy a poner el nombre Eclecticum.
Y aparte me doy el lujo de cantar Carpenters, Bee Gees, Chicago, Dávalos,
Stamponi, Aznavour, es totalmente ecléctico, porque la música es… Los
culpables de la mala música no son los estilos, hasta hay cumbia que es linda y
buena, obviamente de Colombia, ya que en todos los estilos hay cosas feas y
lindas. Por eso me doy el lujo de hacer shows con la mitad de clásicos, los que
yo considero las mejores canciones a mi entender y eso es hermoso. Es que el
rock es ecléctico, Suéter también, porque yo soy ecléctico y nunca pude hacer
un único estilo ni lo quise hacer.

¿Se
escuchaba mucha música en tu casa cuando eras chico?
No,
en mi casa no existía la música. Por ahí en verano sí, escuchaba folclore
mientras comíamos asado. Esa era mi música de chico y hasta tenía mi propio
show de folclore. De vez en cuando, podía cantar algún tema de Antonio Prieto, ¿viste? Algo así, pero
el rock no existía cuando yo tenía mi show a los cuatro, cinco años. Yo era de
las bagualas, el zapateo y las chacareras, pero en mi casa la música era casi
inexistente. Cuando yo tenía 12 o 13 años, mis hermanos mayores no podían dejar
de costado lo que sucedía con su generación, y empezaron a traer discos de lo
que se llamaba el Flower Power: Gary Puckett & The Union Gap, Johnny Hallyday, Johnny Rivers,
Scott McKenzie; todo eso en paralelo con el éxito de los Beatles. Parece increíble ahora, pero
siendo yo de una familia de provincia, los Beatles eran una mariconada en ese
entonces.
Anti
Beatles…
Yo
no escuchaba eso. ¿Entendés? Aparte Lennon
había dicho que era más famoso que Jesucristo,
entonces se armó una cosa fea con los Beatles. Sin embargo, un día en mi casa
veo que alguien, no sé quién, hasta el día de hoy nunca pregunté quién lo había
llevado, al lado del tocadiscos había dejado Revolver. Y lo puse en la bandeja. Y ahí se pudrió todo. Escuché
ese disco de los Beatles y dije: "¿Qué es esto?" Ya me habían gustado
los discos del Flower Power, ya me
interesaban. Aparte ver el mundo que representaban The Mamas and The Papas, el mundo de Woodstock, hizo que me enamoré
de la música de rock. Por eso terminé siendo cadete de la revista Pelo. Y le servía café a tipos que
después tocaron conmigo y que serían luego mis amigos. Pero yo les servía café
cuando era chico.
¿Te
presentaste a ver a Daniel Ripoll y le dijiste quiero trabajar en Pelo? ¿Cómo
fue eso?
Algo
parecido, la hermana de la chica con la que yo tenía onda trabajaba con Ripoll,
y cuando vio que yo amaba la música me pasó el contacto. Porque ellos tenían
discos y eso me volvió loco. La chica tenía un montón de discos, porque
trabajaba en Pelo, pero no le
interesaban porque ella trabajaba ahí de contadora. Me acuerdo que estaba Led Zeppelin II. Y digo: "¿Qué es
eso?" Y dice: “Lo que está pegando ahora en Europa es Elton John”. Yo pensaba que era Tom Jones. No, era Elton John. Y me dio el disco de Elton John y el
de Zeppelin. Por supuesto, un disco
clave en el rock mundial. Ese es el álbum que inventó el Heavy Metal, un género
que después produjo verdaderas porquerías, porque lo bueno fue Black Sabbath, Deep Purple, Led Zeppelin
y pará de contar. Todos los demás son… He escuchado cosas tocadas como Satanás.
Tocaban bárbaro, pero la música era espantosa. Los cantantes con unas voces
impresionantes, híper grasas. Pero Led Zeppelin lo tenía a Robert Plant, un cantante fabuloso. Y tenía a ese genio de la
música que se llama Jimmy Page, uno
de los más grandes del siglo XX. Ese momento no me lo olvidó más.

Vos
sos muy fan del rock progresivo, ¿no?
Y
es que ese fue el momento de la música. Yo me hice músico real escuchando el
rock progresivo. Porque yo era el cadete de la Revista Pelo, pero no me interesaba ser músico. De hecho, para mí era
ciencia ficción que yo fuera músico. Pero me enloquecí, empecé a cantar y a
sentir que yo tenía que ser eso, y justo se mezcló con un diluvio de música
progresiva: King Crimson, Yes, Genesis,
y esa música es superior. Quizás al día de hoy esto ya no le interesa a nadie, pero
no me importa, es superior. No solo lo que tocaban, porque después habrá habido
gente que ha tocado mejor quizá, pero el rock progresivo eran obras musicales
maravillosas en las que yo me ponía auriculares y volaba. Entonces yo quería
hacer eso. Yo no quería hacer “yeah, yeah, yeah...” y gritar: “Eh, ¡puto!” En un momento dado, hacer esas porquerías era
ser dios. No, yo quería hacer música elaborada. De hecho, del rock progresivo
salto a escuchar música clásica. En un momento dado entendía la música clásica
como pocos. Con Dani Melingo íbamos muchísimo al Colón, nos metíamos en los
pasillos, hacíamos cursos, nos matábamos de risa. O sea, si no hubiera sido por
el rock progresivo, el rock sinfónico, yo no hubiera escuchado todos los
artistas clásicos que conozco ahora y me vuelven loco. Era otro nivel de la
música.
Hay
una info en internet, en Wikipedia, que quiero corroborar, ya que estábamos
hablando de rock progresivo. Dice que vos conociste a Patrick Moraz y fuiste su
alumno de piano. ¿Es cierto eso?
Nada
que ver. Yo hice pis al lado de Patrick
Moraz en el teatro Venue de Londres, y no le miré nada, porque no soy gay. Así
que… Pero sí comí con Robert Plant y
con Anthony Phillips… Estuve con
Anthony Phillips, siendo yo un pendejo que dijo idioteces, y Anthony Phillips
no me echó de su casa de casualidad, allá en Londres. Y conocí acá en Buenos
Aires a Robert Plant en los 90 y obvio que charlé con él porque era un divino.
Parecía un porteño de Villa Lugano, Robert. Cuando le conté que acá en el sur,
en los años 69, 70, escuchábamos Led Zeppelin sin parar, me miraba con los ojos
así de grande, no lo podía creer. Yo estaba emocionado, y eso que no soy
cholulo. Quizá fui un poquito cholulo cuando lo conocí al Flaco Spinetta,
porque lo había conocido siendo muy chiquitito, entonces cuando lo volví a ver
de grande medio que me pegó. Así que lo puse al día a Robert sobre la Argentina
de los años 60 y se mataba de risa. Porque aparte acá había un ambiente musical
y unos talentazos increíbles, cuando yo era cadete de la Pelo. Unos talentazos, que ahora la gente no los nombra, porque son
unos sordos de mierda. Un tipo como [Ricardo]
Soulé. Alguien como Miguel Cantilo. Hasta el mismo Del Guercio, Edelmiro Molinari, Litto Nebbia… Esa fue una generación
absolutamente genial y ahora no los recuerdan. En aquel momento, Crucis también fue una gran banda, era
competidora de Bubu, entonces yo no la trataba con cariño, pero era muy buena.
Pero
mirá que ahora los pibes se copan mucho con el rock viejo de la Argentina y los
vinilos están saliendo de nuevo. La gente los compra, se vuelve loca por la
música de esa época. No sé si es tan así que no le dan pelota, por ahí los
medios masivos son los que no los nombran…
No,
yo sé que aquí hay un público que está comprando eso, y en aquella época habrían
estado en ese nicho que yo amaba, no son iguales a los demás. Sin embargo, hoy
en día, la mayoría no tiene la más puta idea, no solo el rock de los 70, del
rock en general.
Hay
mucha desinformación…
Es
que esa minoría maravillosa que era el público de los 70, esos son los que hoy
en día siguen escuchando música linda, porque para la gente con sensibilidad, la
música va a seguir naciendo. Porque en un momento dado miran hacía su costado y
ven una bola de cosas raras, entonces buscan algo y lamentablemente tiene que
retroceder en el tiempo. ¿Hace cuánto que en este país no se hace una buena
canción? En el exterior, por suerte, ha habido algunas. Pero si vos sos una
persona a la que le gusta la buena música y querés oír canciones, tenés que irte
antes de los 90 en Argentina. Sino sonaste. Hay algunas banditas argentinas a
partir de 2016… Pero tampoco llegan a ese nivel de canciones que había antes.
¿Vos
decís que el rock se volvió muy jinglero?
Exactamente,
es así, pero más te digo, en el primer disco de Suéter yo no sabía lo que era
la palabra hit. No, no, era algo que estaba fuera de mi radar… Yo jamás… Porque Yes y todo eso era una gran música,
éxito, pero no hit. Y en el en el 84 me preguntan, cuándo voy a hacer el
segundo disco: “¿Tenés algún hit?” Y respondí: "¿Qué?" Y después del
87, 88, el jingle dominó la escena y listo, se acabó. Muy poca gente no sigue
el patrón jingle. Cada vez es más difícil diferenciar jingle de una canción. Por
ejemplo, “We´re Only Just Begun”, de los Carpenters, era un jingle, pero mirá
la calidad. Entonces, ¿qué es un jingle? Y yo creo que un jingle es la
frecuencia de la belleza de una canción. O sea, cuando vos haces un jingle
tirás para el lado infantil. Hoy en día las melodías son en un 90% infantiles.
O sea, hacer una melodía como “Tenderly”… No, no, ni te la graban. Ni
“Yesterday” grabarían hoy en día o le darían una bola importante.
¿Te
da pena que se haya bajado el nivel de belleza o ya te resignaste?
Ya
me acostumbré. Esto ya lo veía a finales de los 90, años 2000, yo sabía que
esto ya no tenía vuelta atrás. Lo que nunca me imaginé es que la música de
robot pudiera tener tanto éxito. El punchi, punchi… Esa porquería. Y sí. Y que
luego de eso triunfara la música sin alma. Una de las cosas que buscaron los
productores es que la música no tuviera alma. Eso sí que me tomó por sorpresa.
Eso era ciencia ficción. Sin embargo, la música sin alma triunfó. Triunfó
porque aparte se abrieron las condiciones para que eso pasara y que cualquiera
hiciese música. Pero, lamentablemente, cualquiera es cualquiera, y no pueden
ponerle el alma aunque quisieran. Generalmente, abrevan en instrumentos que
están llenos de bases de batería y bajo, y terminan diciendo: "Yo hago
música." No, vos mezclás samplers. Los tipos se autotitulan “productores”.
Yo he visto cosas de chiquitos de ahora, de 18, 19 años y para mí es ciencia
ficción. Por supuesto, la importancia que tomó la batería y la percusión es
enfermiza. Por eso, me da lástima la caída del nivel de belleza. Yo ya me
resigné, pero la tristeza que me causó esto y la decepción siempre está un poco
ahí. Porque me enoja Bad Bunny, que
me parece una payasada, me parece una traición al ser humano que eso triunfe. O
sea, me llama la atención, porque generalmente los berretas no se meten en
temas importantes. Sin embargo, el idiota está hablando ahora de temas
importantes. Se metió contra Trump
en la entrega de los Grammy. O sea, me llama la atención porque los berretas
siempre se hacen los opas. Porque el berreta no puede poner en tela de juicio
su música, y si alguien se le riera es lo peor que les puede pasar. O sea, vos
ves al músico espantoso cuando no soporta la risa. Porque, claro, el músico
espantoso se rodea con un aura de seriedad para su público, porque el público
no puede distinguir lo que es bueno de lo malo. Entonces, ese artista no puede
permitir que alguien se ría de él. Muy pocos son los que pueden permitir algo
así. No, muy poquitos.

Ahora,
¿cómo viviste la reedición de los discos de Suéter, que vuelvan a estar en las
plataformas digitales, después de estar descatalogados tanto tiempo?
Yo
no le di pelota nada, porque yo nunca le di pelota a nada. Me dijeron y al
final los terminé poniendo. Yo hice un disco con Pedro Aznar y Diego Chorno
en el año 90 y lo edité recién hace cinco años. O sea, yo no le daba bola a
nada, solo quería reírme. Y seguí riéndome, durante mucho tiempo. En realidad,
lo que quería era ser feliz. Y lo logré, y cuando lo logré, por suerte gasté mi
tiempo en estudiar, pero ya no me importó nada. Me importó un bledo, ¿viste? Ni
que escucharan mi música o que la dejaran de escuchar.
Pero
te pusiste a estudiar música…
Por
suerte. Estudié durante esa época y ahora que lo necesito me sirve. Aunque me
encanta escuchar que a mi música le dan pelota, en realidad fui yo el que no le
di pelota. No, no la subí a la plataforma, y no me importó si la subían de mala
manera. Porque de cualquier forma, como nunca me preocupo mucho la guita, ahora
que me preocupo un poco más, veo que las plataformas son una estafa absoluta.
¿Cómo
viviste la época de mayor popularidad de Suéter en el 84 con el disco Lluvia de gallinas y demás?
En
realidad, mi época de mayor popularidad fue en el 86 con “Vía México”, con el
asunto de la Ley de Divorcio, porque aparecí en la televisión. Ese fue un año realmente
muy popular y me cagué de risa, ¿qué esperabas que hiciera? Un hombre que ríe,
y se le pone todo a su favor, ríe el doble. Yo cumplí todos mis sueños. Todos
esos sueños estúpidos que uno tiene de chiquito, yo los cumplí todos. El solo
hecho de que hayan escuchado un tema mío, para mí es suficiente, ya está. Yo no
me vuelvo loco ni con la aceptación, ni la fama, ni con nada. Todo eso me
parece... Que todo puede ser tan relativo que ya al final se pierden los
límites.
Obvio.
¿Y ahora estás componiendo? ¿Seguís
componiendo?
Sí,
tengo mucha música compuesta. Ahora estoy haciendo una cosa de jazz con Dani
Melingo. Estoy practicando mucho y tengo un montón de música compuesta, pero no
sé… si no consigo alguien que me ponga publicidad para la música, no sé si vale
la pena gastar plata en grabarla. Porque si después nadie la va a conocer, no
me interesa hacerlo. Yo ya viví un par de discos que nadie los conoció y me los
metí en el bolsillo, y no quiero que me pase de vuelta.
¿Vos
decís el solista del 2007?
Por
ejemplo, ese y Volver a nacer, el que
hice con Aznar, que solo hace siete años que está puesto en la web. No, no
quiero que me pase eso de vuelta. Porque uno pone muchas ganas. No es un placer
grabar, tampoco es un dolor, pero después ves que no le llega a nadie y eso no
es lindo…
Es
muy bueno el disco de 2007: No
lo sé, suerte, quizás. Yo lo escuchaba
mucho en el teléfono, me lo había bajado cuando estaba en tu página de internet.
A
mí me gusta también. Pero la gente no tiene idea que lo hice.
Igual
salió en físico.
Sí,
salió físico recién ahora, hace un par de años. Pero, ¿qué se le va a hacer? De
cualquier manera, en la medida que pueda tener shows para vivir, eso es lo
único que me puede importar en cuanto a números.
Además
seguir con Suéter y cantando con La Titanic, tu banda de amigos.
Sí,
seguir haciendo música siempre. Ya sea tocar con La Titanic para cien personas, o hacer mi música sinfónica para que
salga y nadie se entere, o mi música folclórica para que salga y nadie se
entere, y esta música de jazz que estoy haciendo con Dani… Quizás porque Dani
es más conocido, alguien se entere. No sé.
Esto
del jazz son temas nuevos, ¿no? ¿O versiones?
No,
son temas nuevos, inventados. Más que nada para tocar el piano. Yo nunca toqué
el piano, recién ahora estoy tocándolo, después de 20 mil horas de práctica.

Hay
una pregunta que me gusta hacerle a los compositores: ¿Qué tema de otro te
hubiese gustado componer a vos?
Oh, “Close to the Edge”, de Yes. O cualquiera del disco Seeling England by the Pound, de Genesis.
“Your Song”, de Elton John. “Here, There and Everywhere” y “Your Mother Should
Know”, de los Beatles. “Living Loving Maid”, de Led Zeppelin. Hay
tantos temas… El “Adagio de piano en Sol Mayor”, del concierto para piano y
orquesta de Ravel. “El concierto
para arpa, flauta y orquesta”, de Mozart.
“El concierto para percusión y orquesta”, de Bartók. Me hubiera gustado hacer tantas cosas… Temas de Zappa, algunos
de Steely Dan. O “Venecia sin ti”,
de Aznavour. Me hubiera encantado hacerlos, pero como no los compuse, si puedo,
los toco y los canto.
Sí,
sí, tiene un poco de Steely Dan la música de Suéter…
Totalmente.
Era increíble, es de las pocas cosas americanas blancas que realmente dejaban
de hacer la misma armonía todo el tiempo para ir a cosas diferentes. Por eso me
gustaba tanto. Los americanos son muy repetitivos, siempre todo gira alrededor
de tres acordes, raras veces van más lejos que eso. Hay cosas buenísimas, pero
cuando vas a los europeos ahí te volvés loco.
Vos
sos más del pop británico en lo que respecta a tu gusto musical…
Claro.
Para mí la armonía es el tesoro. La melodía es la música. Pero, dentro de la
música, la armonía es el tesoro. La base rítmica es lo más importante para la
gente, pero no para mí. La base rítmica para mí no tiene tanta importancia como
la armonía. Yo estoy musicalmente formado en otra época. O sea, que haya
tamborcitos en exceso me pone un poquito de mal humor. En los 80 ya me habían
hinchado un poco las pelotas con el volumen del bajo y la batería. Decía,
"Muchachos, ¿qué pasa con el bajo y la batería?" Y después terminaron
haciendo discos de bajo y batería. Algo más aburrido que eso es difícil de
imaginar.
Y
de tus temas, ¿cuál es el que más te enorgullece haber hecho?
No
sé, porque escucho uno, que no escuchaba hace 20 años, y me quedo súper
contento, no lo puedo creer, y así con otras cosas. Entonces, pasa a ser uno
mis favoritos por un tiempo. Pero, básicamente, como los hice, como los grabé y
los toqué muchísimo, no me los pongo a escuchar, ¿me entendés? Rara vez pongo
música. Generalmente, si pongo mi música es la que hice sinfónica, pero ni
siquiera. Generalmente es la música que pone otra gente la que escucho.
¿Y
que “Amanece en la ruta” se haya vuelto casi un tema de fogón, cómo lo llevás?
Me
parece sensacional, pero nunca me lo hubiera esperado.
Vos
sabes que había una persona que comentó una vez en una revista que ese tema, si
tuviera una letra en inglés, estaría en El
cordero se acuesta en Broadway, porque le
hacía acordar a Genesis.
Exactamente,
porque yo quise hacer algo que tuviera ese ambiente de misterio que tiene Peter Gabriel en “The Lamia”. “The
Lamia” es un tema que está en The Lamb
Lies Down On Broadway, donde, al igual que ese tema de Spinetta en el que
entra en un panal de abejas [“La aventura de la abeja reina”], el tiempo se
detiene y todo cambia, todo se hace diferente y ya no hay un tiempo, entrás en
otro lugar. Y ese es mi homenaje a ellos. Aparte un tema con una armonía
formal, no pop. Por eso cuando lo cantan, rara vez lo cantan bien, lo cantan
como si fuera pop. “Amanece en la ruta” no es pop, es otra cosa. De hecho no lo
iba a poner en el disco, y que haya sido así aceptado en forma masiva, me
sorprende de primera mano. Me sorprende de una manera increíble.

Sí,
ya es un clásico de los 80, y de todo el rock argentino. Pero hay varios de
Suéter que se volvieron clásicos.
Me
sorprende porque para que los temas de una banda se vuelvan clásicos tiene que
haber sido una banda muy importante y nosotros nunca lo fuimos. Es como una
excepción que una banda que no es tan importante en taquilla tenga tantos temas
que hayan quedado en la memoria popular. Es todo un fenómeno, pero más extraño.
Casi tan extraño como nuestra música.
Emiliano
Acevedo