viernes, 19 de junio de 2026

MIGUEL ZAVALETA: "La generación de los 90 es horrible..."

 


Siempre es un placer hablar con alguien tan idealista y apasionado con la música, con el arte de hacer canciones, como es Miguel Zavaleta. Luego de muchos años volví a entrevistarlo y me llevé la misma impresión que la primera vez: es imposible escucharlo y no estar de acuerdo con varios de sus conceptos. En esta charla desglosamos su trayectoria con Suéter y mucho más acerca de su ideario que lo ha llevado hasta aquí, como músico y artista. Un dialogo sin desperdicio y sin tregua. 

ENTREVISTA> Cuarenta y cinco años con Suéter, toda una vida. ¿Cómo lo llevás? 

Suéter es una banda extraña. Yo la hice, pero soy músico desde los 70, armé Suéter recién en los 80, y siempre me costó. En su momento, a nosotros nos señalaron como que hacíamos música rara, éramos la banda rara. Y, quizás, lo éramos, comparados con otros grupos. Nunca nada fue fácil para Suéter. El grupo surgió cuando el rock se volvió una música popular en el país, pero yo ya venía desde el año 73, y en el 76 debuté con Bubu en un teatro. Hicimos giras nacionales. O sea que yo soy del rock de los 70, y en los 80 la luché como pude, pero siempre tuve, afortunadamente, unos músicos increíbles a mi lado, y una predisposición artística impresionante a mi alrededor. 

Eso es muy importante… 

Claro, pero a mí todo me importaba un bledo, lo cual no era muy sano para el desarrollo de una vida profesional. Por otro lado, no trabajamos, yo estaba en cualquiera. Mientras todo el mundo se iba a tocar al exterior, yo me la pasaba riendo, que era lo único que quería hacer… Y eso hizo que Suéter sea siempre una banda extraña. 

No te interesó la profesionalización a ultranza… 

No sé si eso. Yo siempre estuve rodeado de mis amigos y ellos eran profesionales. Salvo Hilda [Lizarazu], que era mi mujer, y era la única nueva, mi grupo de amigos eran Fabi [Cantilo], Dani Melingo y Cachorro López… Justo anteayer hablé con Cachorro y hace tres días con Melingo, o sea somos amigos desde siempre. Si bien ellos sí eran de los 80, yo me consideré siempre un fuera de época o sea “un adelantado”, como me decían. No sé cómo decirlo, porque “adelantado” es un concepto musical que no sé cómo ponerlo. Yo hago lo que me nace y eso trae una raíz diferente. Así lo fui llevando, y para sorpresa mía, un par de temas a la gente le gustaron y una cosa fue llevando a la otra. La verdad que yo tenía mentalidad de los 70, donde lo que el artista buscaba era que el disco, y la obra, gustara. 

Otra concepción, más artística, menos mercantilista… 

Puede ser. Lo cierto es que empecé a separar esa obra en temas, porque si no ni me grababan. Porque si el tema duraba más de cuatro minutos y medio, no servía. Entonces, me adapté a los 80 en ese aspecto. Pero la música de Suéter, para mí sigue siendo extraña de cierta forma. Cuando el rock estalló y se hizo popular, al principio me puse contento, pero a los dos años sabía que no era lo que yo quería. Yo quería ser músico para hacer música que escucharan los melómanos. Lo que pasaba era que en los 70, más allá de algunos firestones quilomberos, la gran mayoría del público eran amantes de la música, como era yo también. En esa época yo era cadete de la revista Pelo, y el público era directamente sensacional. Luego del boom, eso fue reemplazado por la masa numérica. En ese momento, como no sabía cómo era la masa numérica de gente, no me alerté, pero después vi que ya era otro mundo, el mundo del espectáculo, del show, y yo nunca quise estar en el mundo del espectáculo. 

Le huís al show business… 

Mirá. De hecho, tanto Pergolini como Pettinato, me ofrecieron dos veces trabajar en la tele, y les dije que no. A mí nunca me interesó estar saltando al lado de Pachano… Y el rock, en un momento dado, creo que se transformó en eso. Los felicito a los que se engancharon, algunos son buenos y muy buenos pibes, pero no era ese mi mundo, no lo es, y nunca lo será. 

Seguiste en la tuya… 

Yo sigo haciendo música pensando en un pequeño mundo, en lo que tendría que haber sido: la ucronía de pensar que el rock nunca se hizo popular y que sigue siendo como cuando yo me hice músico en los 70. 

Un movimiento utópico… 

Sí, no era masivo, pero tampoco éramos pocos los amantes del rock en ese entonces. Cuando hicimos giras por el interior, en Tucumán, entraban 10 mil personas. Yo con ese mundo era feliz. Aparte, yo no pensaba en la plata, porque tenía para comer y un techo, entonces nunca me importó la guita. Salvo un poco ahora, que estoy medio jodido, pero tampoco me importa tanto. 

Decías que te tuviste que amoldar a los mandatos del pop. Hacer canciones más cortas, radiables, casi no hacer temas instrumentales… 

Por eso te digo que fueron 45 años difíciles. Con muchísimo cariño, pero también bajo la lupa de gente a las que no les interesa la música. Se detienen a destacar en mí cosas que no importan, más allá de lo que sí importa que es lo vinculado a la música, a lo artístico. Por eso yo siempre me sentí en offside. El mundo del espectáculo es para otros. Yo nací para otra cosa. 

Siempre le escapaste a la fama… 

No es así porque al principio hice de todo para ser famoso, porque todos mis amigos estaban en esa. Pero ellos eran mucho más inteligentes que yo. Los veía y no quería quedarme atrás. Igual me quedé más abajo que todos porque ellos eran laburantes y desde el principio supieron que con eso podían hacer plata, mientras que yo lo único que quería era reírme. Por eso mi último disco, que lo voy a hacer con Melingo, se va a llamar El hombre que ríe. A mí lo único que me interesaba era reír, y lo lograba, porque nos matábamos de risa, pero yo no tenía otro camino. Con mis amigos nos matamos de risa, se reían todos, pero laburaban. Entonces, terminaron tocando en otros lados, y cuando todos despegaron para otro planeta, yo seguía riendo en mi cuarto. 

Eso fue en los 80, ya en los 90 se volvió más grande el negocio de la música… 

Es que llegó la masa y con la masa llegó la música de los 90, que es el fin del rock nacional. ¿Qué canción queda de la gente de los 90?  Investigalo y vas a ver… es horrible. A mi gusto, eh. Pero también a gusto de nuestros hermanos sudamericanos. Porque al llegar a los 90 se acabó el rock argentino en el exterior. Salvo los que venían de antes, Gustavo [Cerati], que era un genio y todo eso. Pero el rock nacional se convirtió en la popularidad, llegó la hinchada de fobal, y sonamos. Y mirá que yo fui hincha de fútbol casi 40 años de mi vida. Fanático, estoy en una tapa de la revista El Gráfico, dando lástima, con otros flacos agarrados a una alambrada. O sea, yo separaba los mundos. Me acuerdo que me encontraba al Flaco Spinetta, bastante solapado para que no lo reconozcan en la cancha. Muchas veces me lo encontré en la cancha de River. 

Sí, él era fan de River. 

Era re fan, yo también. Después me importó todo un carajo. Ojalá se mueran, me da lo mismo. O sea, les tomé antipatía a los futbolistas, a todo eso. Y, el Flaco tenía otro mundo. O sea, vos ibas y eras un artista o lo intentabas, porque yo también intenté ser artista. Creo que lo logré, pero me costó. Y yo creo que él, que siempre fue un artista, volvía a su casa y no pensaba como un hincha de fútbol. Porque yo también era un hincha de fútbol. No me ponía a tirar piedras, pero quizás sí. O sea, estaba totalmente alienado, porque uno también se pone con la masa y hasta podés perder la identidad. La cuestión es que después a todos esos que gritaban a veces a mi lado en la cancha los encontré como público de rock. Y para mí para mí no fue una evolución, fue horrible. 

La “futbolización del rock”… 

Para mí es totalmente sorprendente. De cualquier forma, soy de una banda que no vende la cantidad de entradas que venden, o vendían, mis amigos, pero en algunos casos creo que se pone más mi música, y se recuerda más, que otros que fueron súper exitosos. De cualquier forma, son todas apreciaciones personales. ¿Cuánto puedo ver del mundo real? Nada, un poquito aquí, un poquito allá. 

Tus temas están en el inconsciente colectivo. O sea, hay varias canciones de Suéter que las conoce todo el mundo, eso es innegable. 

Sí, por suerte. Yo no me lo esperaba. Aparte que los temas conocidos no son los mejores, pero qué le voy a hacer. El otro día estaba tocando en vivo y me pedían temas. Hasta que uno gritó: "No soy el mismo", y yo lo miré y me causó una cosa tan linda. Un tema hecho con tanto sentimiento. La mayoría de los temas que hice, especialmente los de los 90, los hice pensando que probablemente a nadie le podrían gustar mucho. No a nadie, sí a esos que de alguna manera siempre me dirigí. Entonces, ese tipo sí era de esos a los que yo había hecho mi música. Él la sintió de esa manera y me pidió un tema que nadie jamás me había pedido. Incluso, el otro día viene una persona y me dice que "Última vuelta en el Italpark" era su favorito. Afortunadamente, de esas alegrías tuve muchas. Casi siempre me han tirado buena onda, incluso los que no gustan de mi música, eso es genial. 

En una entrevista que vi hace poco, haciendo alusión a esto que decías de tus amigos, al momento de la aparición de Suéter, hablabas de que era una época mágica del rock nacional y que no creías que se vuelva a vivir. ¿Por qué considerás que hoy no sería posible volver a vivir una época como esa? 

No volverá. Porque la juventud actual, con los valores deformes y enfermos que traen, con la crueldad, lo vuelven imposible. Nosotros éramos jipones. ¿Y qué era ser jipón? Era ser un boludo, lo cual seguí siendo casi toda mi vida, que lo único que quería era reír, estar bajo el sol, hacer música, estar con chicas, por eso ibas a Ibiza y estaban todos desnudos. Esa no era parte de mis ideales, pero sí eran los ideales de Woodstock y de mi generación. Mi generación fue diferente. Ahora somos los… ¿Cómo se llama? Los baby boomers. Nos tienen temor. Y es que seguimos siendo una generación diferente y sensacional. Esa generación, la nuestra, no se repetirá más. 

La de los jipones… 

Claro. Ya la generación de los 90, o sea, la Generación X, es horrible. Es una generación sin esperanza, donde encima se dan el lujo de decirte que el símbolo del rock son los cuernitos. Rock no es cuernitos, muchachos, el rock es la V de amor y paz. Y si no lo comprendés, te hago un piquete de ojos con la V, boludo (risas). Porque aparte, eran tan boluditos los de los 90, que capaz te encontrabas con un chihuahua de medio metro con campera negra, que hasta se animaba a escupirte. En algunos casos han terminado muy mal. Yo soy un tipo paciente y nunca estrangulé a ninguno. Pero a mi lado he visto mucho chihuahua golpeado, ¿viste? Porque ellos no se daban cuenta. Ellos creían que era piola ser así, y eso lo llevaron a la música. Ya en la música no importaba la belleza, importaba el shock que hicieran en su generación. Por eso ha habido cosas vergonzosas como el punk nacional… 

Ah, no te gusta nada de eso. 

Pero escuchame, yo prefiero un chimpancé, que aparte me parece más natural. Todo eso es posicionamiento hecho por gente sin talento. O sea, porque si tenés talento y te posicionás, ok, pero no había nadie con verdadero talento, solamente un par de músicos eran más o menos pasables. Nadie se incorpora a un movimiento que para hacer un buen tema tenés que hacer algo feo y si es posible desagradable. El feísmo, salvo Marilyn Manson, ¿quién más se destaca? El feísmo es algo espantoso. 

Siempre te referís a eso: el feísmo dentro del arte… 

Es que tenés que tener mucho talento para hacer algo hermoso dentro del feísmo. Porque ¿para qué carajo están los artistas? Para hacer algo hermoso, no para hacer algo desagradable. Lo hermoso puede ser tu mensaje, puede ser la forma con que lo hacés o el sonido que generás. Y por otro lado, podés generar un sonido que te haga sentir mal. Yo escucho cumbia y me siento mal, y podría llegar a hacer cosas feas. Si me obligás a escuchar esa basura, u otras basuras semejantes, se me modifica el estado de ánimo, no es indiferente para mí. No, no lo es. Me pone mal. Últimamente, para mí el mundo se convirtió en algo bastante tóxico en lo sonoro. 

Así que ahora no te gusta nada de lo que suena en la música joven. 

No tanto, algunas cosas sí. Ahora hay buenas bandas de pop. Muy lindas bandas, desde el 2015 y 16, que me encantan, con cantantes que cantan, no que ladran y les va bastante bien de plata y todo eso. Son bandas que podrían haber sido dignas en la época en que el rock era digno. Yo los respeto, pero si me hablas de Bad Bunny o de cosas así, la verdad que no. Eso me pone mal. Igual que la cumbia o estilos similares. 

¿Y quiénes son los artistas que te gustan? 

No quiero decir los nombres, porque después se agrandan los pendejos. Aparte, si nombro a uno tengo que nombrar a los otros. Hubo unos que se agrandaron mucho, ¿me entendés?, y ya me dio bronca nombrarlos porque me gustan, pero se agrandaron, ¿viste? Claro, son chicos. No saben que el mundo del espectáculo es hoy sí, mañana quizás no. Entonces, es lógico. Son chicos, yo también en los 70 estaba re agrandado. Un día me dijeron, "Acordate que Peter Gabriel hay uno solo." Me lo dijo un productor, y tenía razón. 

¿Eso qué fue en la época de Bubu o después? 

Eh, una época intermedia. Imagínate lo que es eso. Me gustan muchas bandas que por lo menos cantan afinados, porque lo que más desapareció aquí es el canto. Están todos ladrando a lo loco. El otro día también un par de colegas tuyos se reían de Barbra Streisand en un medio. Yo no tenía acceso a hablar con ellos porque si no les hubiera dicho lo que se merecían. Pero bueno, por eso yo sigo en mi cabeza, sigo en el mundo de ayer. Ya estoy demasiado grande para seguir hablando boludeces. 

Vos sabés que el otro día estaba mirando a un youtuber, que recomienda discos, y se puso a hablar de Suéter y dijo que para él estaban solo un escalón más más abajo de Serú Girán, porque era un grupo de la hostia, ¿no? Y rescató lo que tenían ustedes, con un sonido tan particular, único, de la conjunción de bajo, teclado, guitarra, voces, que eran muy buenos los arreglos que hacían. ¿Cómo fue eso? ¿Cómo fue germinando ese estilo en la música de Suéter? ¿Cuáles crees que fueron las influencias del grupo para para llegar a ser lo que fue? 

Mirá, yo un día me puse a tocar el piano en forma autodidacta y nunca saqué una canción de otro. Recién a los 39 años saqué por primera vez una canción que no fuera mía. Lo único que yo intentaba hacer eran cosas mías. Y estuve seis años aporreando el piano sin lograrlo, tocando mal, ahora toco pasable porque practiqué como 20 mil horas y hasta me animo a tocar jazz. En aquel momento era un Neanderthal, pero en esos seis años de alguna manera la música que me gustaba fue fermentando y un día, en el año 1981, me salió mi primer canción y luego no pararon de salir hasta que completé lo que sería el primer disco de Suéter, y un poquito más también, porque dejé afuera un par. Entonces, de alguna manera, creo que el sonido de Suéter tiene algo que ver con que yo nunca imité a nadie. O sea, lo máximo que me acerqué a robarle a otro son ambientes, pero nunca melodías ni líneas. No porque fuera un gran tipo ni mucho menos, sino porque ya te dije: yo no sacaba temas. Yo solo escuchaba otra música, pero no me importaba cómo estaba hecha. Yo quería hacer lo mío a mi manera, a lo bruto, y tardé un huevo en hacerlo, pero terminé haciendo lo que me gustaba. Es verdad que estamos un escalón abajo de Serú Girán. Es verdad, pero solo de Serú Girán y de Jade, la banda de Luis Alberto. De todos lo demás, de nadie. No, no, no, porque yo podría decir otra cosa. No, como mucho, estamos al lado de otros, pero no abajo. Salvo de esas dos bandas que realmente eran muy buenas, excelentes, la de Luis y la de Charly. 

Sí, aparte tenían muy buenos instrumentistas en Suéter, y además tenían algo que no era habitual hasta ese momento en el rock que era el humor, ¿no? Porque el rock era muy solemne en la Argentina. En cambio llegan ustedes y rompen un poco con eso. 

Sí, sí, otra de las cosas, otro de los errores. Porque ni aún en el rock antiguo el humor tenía cabida. Por supuesto estaban Alice Cooper y Frank Zappa, que son palabras mayores. Pero si Zappa no hubiera tenido humor, y no se hubiera reído de sí mismo, hubiera terminado siendo muchísimo más importante de lo que fue. Por eso él hace un disco que justamente se llama ¿Pertenece el humor al rock?, a la música. Porque no pertenece. La gente va a tomar en serio al que habla serio de sí mismo. Especialmente cuando llegó la época populachera, cuando cualquier salame ponía cara de entendido y hablaba en serio de eso. Y la gente le cree, porque mayoría de la gente es medio sorda, entonces no puede distinguir si es bueno o es malo y le cree la actitud. Pero si vos te reís de vos mismo, dudan de vos, y yo no pude evitar hacer eso, pero es un error. Es un error pero igual sigo haciéndolo. Porque no estoy para solucionar errores, estoy no sé para qué, pero no para eso. 

Claro, igual en el humor y en tus letras había también una bajada que era profunda. Así que yo creo que era muy ecléctica tu propuesta y lo sigue siendo, ¿no? Hasta el día de hoy. 

Sí, a mi show solista le voy a poner el nombre Eclecticum.  Y aparte me doy el lujo de cantar Carpenters, Bee Gees, Chicago, Dávalos, Stamponi, Aznavour, es totalmente ecléctico, porque la música es… Los culpables de la mala música no son los estilos, hasta hay cumbia que es linda y buena, obviamente de Colombia, ya que en todos los estilos hay cosas feas y lindas. Por eso me doy el lujo de hacer shows con la mitad de clásicos, los que yo considero las mejores canciones a mi entender y eso es hermoso. Es que el rock es ecléctico, Suéter también, porque yo soy ecléctico y nunca pude hacer un único estilo ni lo quise hacer. 

¿Se escuchaba mucha música en tu casa cuando eras chico? 

No, en mi casa no existía la música. Por ahí en verano sí, escuchaba folclore mientras comíamos asado. Esa era mi música de chico y hasta tenía mi propio show de folclore. De vez en cuando, podía cantar algún tema de Antonio Prieto, ¿viste? Algo así, pero el rock no existía cuando yo tenía mi show a los cuatro, cinco años. Yo era de las bagualas, el zapateo y las chacareras, pero en mi casa la música era casi inexistente. Cuando yo tenía 12 o 13 años, mis hermanos mayores no podían dejar de costado lo que sucedía con su generación, y empezaron a traer discos de lo que se llamaba el Flower Power: Gary Puckett & The Union Gap, Johnny Hallyday, Johnny Rivers, Scott McKenzie; todo eso en paralelo con el éxito de los Beatles. Parece increíble ahora, pero siendo yo de una familia de provincia, los Beatles eran una mariconada en ese entonces. 

Anti Beatles… 

Yo no escuchaba eso. ¿Entendés? Aparte Lennon había dicho que era más famoso que Jesucristo, entonces se armó una cosa fea con los Beatles. Sin embargo, un día en mi casa veo que alguien, no sé quién, hasta el día de hoy nunca pregunté quién lo había llevado, al lado del tocadiscos había dejado Revolver. Y lo puse en la bandeja. Y ahí se pudrió todo. Escuché ese disco de los Beatles y dije: "¿Qué es esto?" Ya me habían gustado los discos del Flower Power, ya me interesaban. Aparte ver el mundo que representaban The Mamas and The Papas, el mundo de Woodstock, hizo que me enamoré de la música de rock. Por eso terminé siendo cadete de la revista Pelo. Y le servía café a tipos que después tocaron conmigo y que serían luego mis amigos. Pero yo les servía café cuando era chico. 

¿Te presentaste a ver a Daniel Ripoll y le dijiste quiero trabajar en Pelo? ¿Cómo fue eso? 

Algo parecido, la hermana de la chica con la que yo tenía onda trabajaba con Ripoll, y cuando vio que yo amaba la música me pasó el contacto. Porque ellos tenían discos y eso me volvió loco. La chica tenía un montón de discos, porque trabajaba en Pelo, pero no le interesaban porque ella trabajaba ahí de contadora. Me acuerdo que estaba Led Zeppelin II. Y digo: "¿Qué es eso?" Y dice: “Lo que está pegando ahora en Europa es Elton John”. Yo pensaba que era Tom Jones. No, era Elton John. Y me dio el disco de Elton John y el de Zeppelin. Por supuesto, un disco clave en el rock mundial. Ese es el álbum que inventó el Heavy Metal, un género que después produjo verdaderas porquerías, porque lo bueno fue Black Sabbath, Deep Purple, Led Zeppelin y pará de contar. Todos los demás son… He escuchado cosas tocadas como Satanás. Tocaban bárbaro, pero la música era espantosa. Los cantantes con unas voces impresionantes, híper grasas. Pero Led Zeppelin lo tenía a Robert Plant, un cantante fabuloso. Y tenía a ese genio de la música que se llama Jimmy Page, uno de los más grandes del siglo XX. Ese momento no me lo olvidó más. 

Vos sos muy fan del rock progresivo, ¿no? 

Y es que ese fue el momento de la música. Yo me hice músico real escuchando el rock progresivo. Porque yo era el cadete de la Revista Pelo, pero no me interesaba ser músico. De hecho, para mí era ciencia ficción que yo fuera músico. Pero me enloquecí, empecé a cantar y a sentir que yo tenía que ser eso, y justo se mezcló con un diluvio de música progresiva: King Crimson, Yes, Genesis, y esa música es superior. Quizás al día de hoy esto ya no le interesa a nadie, pero no me importa, es superior. No solo lo que tocaban, porque después habrá habido gente que ha tocado mejor quizá, pero el rock progresivo eran obras musicales maravillosas en las que yo me ponía auriculares y volaba. Entonces yo quería hacer eso. Yo no quería hacer “yeah, yeah, yeah...” y gritar: “Eh, ¡puto!” En un momento dado, hacer esas porquerías era ser dios. No, yo quería hacer música elaborada. De hecho, del rock progresivo salto a escuchar música clásica. En un momento dado entendía la música clásica como pocos. Con Dani Melingo íbamos muchísimo al Colón, nos metíamos en los pasillos, hacíamos cursos, nos matábamos de risa. O sea, si no hubiera sido por el rock progresivo, el rock sinfónico, yo no hubiera escuchado todos los artistas clásicos que conozco ahora y me vuelven loco. Era otro nivel de la música. 

Hay una info en internet, en Wikipedia, que quiero corroborar, ya que estábamos hablando de rock progresivo. Dice que vos conociste a Patrick Moraz y fuiste su alumno de piano. ¿Es cierto eso? 

Nada que ver. Yo hice pis al lado de Patrick Moraz en el teatro Venue de Londres, y no le miré nada, porque no soy gay. Así que… Pero sí comí con Robert Plant y con Anthony Phillips… Estuve con Anthony Phillips, siendo yo un pendejo que dijo idioteces, y Anthony Phillips no me echó de su casa de casualidad, allá en Londres. Y conocí acá en Buenos Aires a Robert Plant en los 90 y obvio que charlé con él porque era un divino. Parecía un porteño de Villa Lugano, Robert. Cuando le conté que acá en el sur, en los años 69, 70, escuchábamos Led Zeppelin sin parar, me miraba con los ojos así de grande, no lo podía creer. Yo estaba emocionado, y eso que no soy cholulo. Quizá fui un poquito cholulo cuando lo conocí al Flaco Spinetta, porque lo había conocido siendo muy chiquitito, entonces cuando lo volví a ver de grande medio que me pegó. Así que lo puse al día a Robert sobre la Argentina de los años 60 y se mataba de risa. Porque aparte acá había un ambiente musical y unos talentazos increíbles, cuando yo era cadete de la Pelo. Unos talentazos, que ahora la gente no los nombra, porque son unos sordos de mierda. Un tipo como [Ricardo] Soulé. Alguien como Miguel Cantilo. Hasta el mismo Del Guercio, Edelmiro Molinari, Litto Nebbia… Esa fue una generación absolutamente genial y ahora no los recuerdan. En aquel momento, Crucis también fue una gran banda, era competidora de Bubu, entonces yo no la trataba con cariño, pero era muy buena. 

Pero mirá que ahora los pibes se copan mucho con el rock viejo de la Argentina y los vinilos están saliendo de nuevo. La gente los compra, se vuelve loca por la música de esa época. No sé si es tan así que no le dan pelota, por ahí los medios masivos son los que no los nombran… 

No, yo sé que aquí hay un público que está comprando eso, y en aquella época habrían estado en ese nicho que yo amaba, no son iguales a los demás. Sin embargo, hoy en día, la mayoría no tiene la más puta idea, no solo el rock de los 70, del rock en general. 

Hay mucha desinformación… 

Es que esa minoría maravillosa que era el público de los 70, esos son los que hoy en día siguen escuchando música linda, porque para la gente con sensibilidad, la música va a seguir naciendo. Porque en un momento dado miran hacía su costado y ven una bola de cosas raras, entonces buscan algo y lamentablemente tiene que retroceder en el tiempo. ¿Hace cuánto que en este país no se hace una buena canción? En el exterior, por suerte, ha habido algunas. Pero si vos sos una persona a la que le gusta la buena música y querés oír canciones, tenés que irte antes de los 90 en Argentina. Sino sonaste. Hay algunas banditas argentinas a partir de 2016… Pero tampoco llegan a ese nivel de canciones que había antes. 

¿Vos decís que el rock se volvió muy jinglero? 

Exactamente, es así, pero más te digo, en el primer disco de Suéter yo no sabía lo que era la palabra hit. No, no, era algo que estaba fuera de mi radar… Yo jamás…  Porque Yes y todo eso era una gran música, éxito, pero no hit. Y en el en el 84 me preguntan, cuándo voy a hacer el segundo disco: “¿Tenés algún hit?” Y respondí: "¿Qué?" Y después del 87, 88, el jingle dominó la escena y listo, se acabó. Muy poca gente no sigue el patrón jingle. Cada vez es más difícil diferenciar jingle de una canción. Por ejemplo, “We´re Only Just Begun”, de los Carpenters, era un jingle, pero mirá la calidad. Entonces, ¿qué es un jingle? Y yo creo que un jingle es la frecuencia de la belleza de una canción. O sea, cuando vos haces un jingle tirás para el lado infantil. Hoy en día las melodías son en un 90% infantiles. O sea, hacer una melodía como “Tenderly”… No, no, ni te la graban. Ni “Yesterday” grabarían hoy en día o le darían una bola importante. 

¿Te da pena que se haya bajado el nivel de belleza o ya te resignaste? 

Ya me acostumbré. Esto ya lo veía a finales de los 90, años 2000, yo sabía que esto ya no tenía vuelta atrás. Lo que nunca me imaginé es que la música de robot pudiera tener tanto éxito. El punchi, punchi… Esa porquería. Y sí. Y que luego de eso triunfara la música sin alma. Una de las cosas que buscaron los productores es que la música no tuviera alma. Eso sí que me tomó por sorpresa. Eso era ciencia ficción. Sin embargo, la música sin alma triunfó. Triunfó porque aparte se abrieron las condiciones para que eso pasara y que cualquiera hiciese música. Pero, lamentablemente, cualquiera es cualquiera, y no pueden ponerle el alma aunque quisieran. Generalmente, abrevan en instrumentos que están llenos de bases de batería y bajo, y terminan diciendo: "Yo hago música." No, vos mezclás samplers. Los tipos se autotitulan “productores”. Yo he visto cosas de chiquitos de ahora, de 18, 19 años y para mí es ciencia ficción. Por supuesto, la importancia que tomó la batería y la percusión es enfermiza. Por eso, me da lástima la caída del nivel de belleza. Yo ya me resigné, pero la tristeza que me causó esto y la decepción siempre está un poco ahí. Porque me enoja Bad Bunny, que me parece una payasada, me parece una traición al ser humano que eso triunfe. O sea, me llama la atención, porque generalmente los berretas no se meten en temas importantes. Sin embargo, el idiota está hablando ahora de temas importantes. Se metió contra Trump en la entrega de los Grammy. O sea, me llama la atención porque los berretas siempre se hacen los opas. Porque el berreta no puede poner en tela de juicio su música, y si alguien se le riera es lo peor que les puede pasar. O sea, vos ves al músico espantoso cuando no soporta la risa. Porque, claro, el músico espantoso se rodea con un aura de seriedad para su público, porque el público no puede distinguir lo que es bueno de lo malo. Entonces, ese artista no puede permitir que alguien se ría de él. Muy pocos son los que pueden permitir algo así. No, muy poquitos. 

Ahora, ¿cómo viviste la reedición de los discos de Suéter, que vuelvan a estar en las plataformas digitales, después de estar descatalogados tanto tiempo? 

Yo no le di pelota nada, porque yo nunca le di pelota a nada. Me dijeron y al final los terminé poniendo. Yo hice un disco con Pedro Aznar y Diego Chorno en el año 90 y lo edité recién hace cinco años. O sea, yo no le daba bola a nada, solo quería reírme. Y seguí riéndome, durante mucho tiempo. En realidad, lo que quería era ser feliz. Y lo logré, y cuando lo logré, por suerte gasté mi tiempo en estudiar, pero ya no me importó nada. Me importó un bledo, ¿viste? Ni que escucharan mi música o que la dejaran de escuchar. 

Pero te pusiste a estudiar música… 

Por suerte. Estudié durante esa época y ahora que lo necesito me sirve. Aunque me encanta escuchar que a mi música le dan pelota, en realidad fui yo el que no le di pelota. No, no la subí a la plataforma, y no me importó si la subían de mala manera. Porque de cualquier forma, como nunca me preocupo mucho la guita, ahora que me preocupo un poco más, veo que las plataformas son una estafa absoluta. 

¿Cómo viviste la época de mayor popularidad de Suéter en el 84 con el disco Lluvia de gallinas y demás? 

En realidad, mi época de mayor popularidad fue en el 86 con “Vía México”, con el asunto de la Ley de Divorcio, porque aparecí en la televisión. Ese fue un año realmente muy popular y me cagué de risa, ¿qué esperabas que hiciera? Un hombre que ríe, y se le pone todo a su favor, ríe el doble. Yo cumplí todos mis sueños. Todos esos sueños estúpidos que uno tiene de chiquito, yo los cumplí todos. El solo hecho de que hayan escuchado un tema mío, para mí es suficiente, ya está. Yo no me vuelvo loco ni con la aceptación, ni la fama, ni con nada. Todo eso me parece... Que todo puede ser tan relativo que ya al final se pierden los límites. 

Obvio. ¿Y ahora  estás componiendo? ¿Seguís componiendo? 

Sí, tengo mucha música compuesta. Ahora estoy haciendo una cosa de jazz con Dani Melingo. Estoy practicando mucho y tengo un montón de música compuesta, pero no sé… si no consigo alguien que me ponga publicidad para la música, no sé si vale la pena gastar plata en grabarla. Porque si después nadie la va a conocer, no me interesa hacerlo. Yo ya viví un par de discos que nadie los conoció y me los metí en el bolsillo, y no quiero que me pase de vuelta. 

¿Vos decís el solista del 2007? 

Por ejemplo, ese y Volver a nacer, el que hice con Aznar, que solo hace siete años que está puesto en la web. No, no quiero que me pase eso de vuelta. Porque uno pone muchas ganas. No es un placer grabar, tampoco es un dolor, pero después ves que no le llega a nadie y eso no es lindo… 

Es muy bueno el disco de 2007: No lo sé, suerte, quizás. Yo lo escuchaba mucho en el teléfono, me lo había bajado cuando estaba en tu página de internet. 

A mí me gusta también. Pero la gente no tiene idea que lo hice. 

Igual salió en físico. 

Sí, salió físico recién ahora, hace un par de años. Pero, ¿qué se le va a hacer? De cualquier manera, en la medida que pueda tener shows para vivir, eso es lo único que me puede importar en cuanto a números. 

Además seguir con Suéter y cantando con La Titanic, tu banda de amigos. 

Sí, seguir haciendo música siempre. Ya sea tocar con La Titanic para cien personas, o hacer mi música sinfónica para que salga y nadie se entere, o mi música folclórica para que salga y nadie se entere, y esta música de jazz que estoy haciendo con Dani… Quizás porque Dani es más conocido, alguien se entere. No sé. 

Esto del jazz son temas nuevos, ¿no? ¿O versiones? 

No, son temas nuevos, inventados. Más que nada para tocar el piano. Yo nunca toqué el piano, recién ahora estoy tocándolo, después de 20 mil horas de práctica.

Hay una pregunta que me gusta hacerle a los compositores: ¿Qué tema de otro te hubiese gustado componer a vos? 

Oh, “Close to the Edge”, de Yes. O cualquiera del disco Seeling England by the Pound, de Genesis. “Your Song”, de Elton John. “Here, There and Everywhere” y “Your Mother Should Know”, de los Beatles. “Living Loving Maid”, de Led Zeppelin. Hay tantos temas… El “Adagio de piano en Sol Mayor”, del concierto para piano y orquesta de Ravel. “El concierto para arpa, flauta y orquesta”, de Mozart. “El concierto para percusión y orquesta”, de Bartók. Me hubiera gustado hacer tantas cosas… Temas de Zappa, algunos de Steely Dan. O “Venecia sin ti”, de Aznavour. Me hubiera encantado hacerlos, pero como no los compuse, si puedo, los toco y los canto. 

Sí, sí, tiene un poco de Steely Dan la música de Suéter… 

Totalmente. Era increíble, es de las pocas cosas americanas blancas que realmente dejaban de hacer la misma armonía todo el tiempo para ir a cosas diferentes. Por eso me gustaba tanto. Los americanos son muy repetitivos, siempre todo gira alrededor de tres acordes, raras veces van más lejos que eso. Hay cosas buenísimas, pero cuando vas a los europeos ahí te volvés loco. 

Vos sos más del pop británico en lo que respecta a tu gusto musical… 

Claro. Para mí la armonía es el tesoro. La melodía es la música. Pero, dentro de la música, la armonía es el tesoro. La base rítmica es lo más importante para la gente, pero no para mí. La base rítmica para mí no tiene tanta importancia como la armonía. Yo estoy musicalmente formado en otra época. O sea, que haya tamborcitos en exceso me pone un poquito de mal humor. En los 80 ya me habían hinchado un poco las pelotas con el volumen del bajo y la batería. Decía, "Muchachos, ¿qué pasa con el bajo y la batería?" Y después terminaron haciendo discos de bajo y batería. Algo más aburrido que eso es difícil de imaginar. 

Y de tus temas, ¿cuál es el que más te enorgullece haber hecho? 

No sé, porque escucho uno, que no escuchaba hace 20 años, y me quedo súper contento, no lo puedo creer, y así con otras cosas. Entonces, pasa a ser uno mis favoritos por un tiempo. Pero, básicamente, como los hice, como los grabé y los toqué muchísimo, no me los pongo a escuchar, ¿me entendés? Rara vez pongo música. Generalmente, si pongo mi música es la que hice sinfónica, pero ni siquiera. Generalmente es la música que pone otra gente la que escucho. 

¿Y que “Amanece en la ruta” se haya vuelto casi un tema de fogón, cómo lo llevás? 

Me parece sensacional, pero nunca me lo hubiera esperado. 

Vos sabes que había una persona que comentó una vez en una revista que ese tema, si tuviera una letra en inglés, estaría en El cordero se acuesta en Broadway, porque le hacía acordar a Genesis. 

Exactamente, porque yo quise hacer algo que tuviera ese ambiente de misterio que tiene Peter Gabriel en “The Lamia”. “The Lamia” es un tema que está en The Lamb Lies Down On Broadway, donde, al igual que ese tema de Spinetta en el que entra en un panal de abejas [“La aventura de la abeja reina”], el tiempo se detiene y todo cambia, todo se hace diferente y ya no hay un tiempo, entrás en otro lugar. Y ese es mi homenaje a ellos. Aparte un tema con una armonía formal, no pop. Por eso cuando lo cantan, rara vez lo cantan bien, lo cantan como si fuera pop. “Amanece en la ruta” no es pop, es otra cosa. De hecho no lo iba a poner en el disco, y que haya sido así aceptado en forma masiva, me sorprende de primera mano. Me sorprende de una manera increíble. 

Sí, ya es un clásico de los 80, y de todo el rock argentino. Pero hay varios de Suéter que se volvieron clásicos. 

Me sorprende porque para que los temas de una banda se vuelvan clásicos tiene que haber sido una banda muy importante y nosotros nunca lo fuimos. Es como una excepción que una banda que no es tan importante en taquilla tenga tantos temas que hayan quedado en la memoria popular. Es todo un fenómeno, pero más extraño. Casi tan extraño como nuestra música. 

Emiliano Acevedo


domingo, 31 de mayo de 2026

ANDREA ÁLVAREZ: "El tiempo que estamos viviendo es horrible..."

 



Andrea Álvarez, la diosa de la batería y las percusiones en Argentina. Compositora y solista por derecho propio, autora de una obra considerable y sólida. Con casi 50 años de carrera, Andrea no tiene concesiones ni caretas, siempre habla lo que siente y al hueso. Directa y sin dobleces. Así fue esta nota que amablemente nos obsequió en su sala en donde enseña el honorable oficio de la música. Esperamos que la disfruten tanto como nosotros hacerla. 

ENTREVISTA> ¿Cómo empieza tu amor por las percusiones y la batería? 

Es algo que me preguntan siempre, pero también la pregunta tiene que ver también con el hecho de ser mujer, porque en la época en que yo era niña no era algo común. Ahora es re común que los chicos hagan recreativo de música o pintura o lo que sea, algo cultural; pero no cuando yo era chica. Yo nací en el 62 y en esa época a las chicas nos mandaban a hacer inglés, deporte, baile o danza clásica. Sin embargo, a mí me mandaron a hacer música cuando era chiquita porque mis viejos tenían un amigo, Norman Monk, en la zona sur del Gran Buenos Aires, en la ciudad de José Mármol, que había hecho una escuela de música para niños con un método que en ese momento era nuevo, creo que era el Método Suzuki. Entonces, nosotros íbamos todos los sábados a estudiar y a los 5 años ya leía música. 

Muy rápido… 

Sí, después me puse a tocar el clarinete porque ellos necesitaban un clarinete en la orquesta, pero era todo muy estricto porque mis viejos eran muy amantes de la música. Íbamos mucho al Teatro Colón a ver música clásica. O sea, yo estaba muy entrenada desde niña por ver espectáculos. A mi viejo le gustaba María Elena Walsh, así que fui a ver desde muy chica muchos shows, y de todo tipo. Pero el quiebre creo que fue cuando conocí a los Beatles, cuando tenía siete años. En ese momento pasaban los dibujitos en la televisión, pasaban también la película Help! y yo la veía todas las veces que podía. Así, a los siete años mi viejo me regaló Revolver en casete y un grabador. Por supuesto, también todos los mis amiguitos de Burzaco tenían los hermanos más grandes que escuchaban rock argentino. En esa época mis viejos tenían un buen combinado, que todavía lo sigo teniendo, un Ken Brown. No tenían el Winco que tenían todos, eran melómanos. Porque en mi casa se escuchaba mucha música de todo tipo, lo brasilero, Vinicius, también Serrat, mucho tango, jazz y también Gaby, Fofó y Miliki. O sea, mis viejos no le decían que no a lo popular. Lo único que les costó fue comprar el televisor, recién lo compraron cuando el hombre llegó a la Luna y no me lo olvidé más. Ahí empezamos a mirar los dibujitos. 

También se leía mucho en tu casa, ¿no? 

Sí, muchos libros. Una colección que todavía conservo era la de los Polidoro. Hasta que no tuve el Walkman, ya siendo adolescente, no podía vivir si no tenía un libro a mano. Cuando tuve Walkman yo viajaba escuchando música, escuchando casetes, rebobinando con la birome, y ahí cambié. Pero también leía, no podía estar sin leer. 

¿Y cómo sigue tu formación musical? 

Bueno, mi hermano terminó tocando el saxo y yo la batería, ya en el secundario. Lo que es seguro es que ni bien vi un show de rock, supe que ese era el lugar en que quería estar. Yo lo supe siempre, nunca tuve una crisis vocacional. Mi hermano al final terminó siendo fotógrafo, además de saxofonista, pero yo no, yo sabía que lo mío pasaba por la música. Nunca tuve ninguna duda. Lo que sí no había en mi época era lugares como hay ahora para hacer terciaria. Entonces, yo iba a La Plata a la Universidad de Bellas Artes, pero era época de dictadura. Entonces, era un garronazo toda la educación artística porque eran los peores profesores. Toda mi educación secundaria fue en dictadura con un solo manual sin ninguna foto. 

Tremendo… 

Yo siempre le digo a todos mis alumnos eso, aprovechá, que te gusta la geografía, la botánica, que ahora tenés figuritas, videos, colores. Yo no tenía nada en los libros, ni siquiera estaba la palabra democracia en los libros de historia. Creo que eso también me hizo valorar otras cosas que hoy la gente no valora porque no sabe lo que es no tenerlas. 

¿Cuál fue tu primer grupo? 

MIA [Músicos Independientes Asociados]. Ahí empiezo a ser música en la escena argentina. Primero fui fan de MIA, luego accidentalmente los conocí y me invitaron a su sala. Yo era muy chica, tenía 14 años. Y ya a los 16 era parte de MIA. Tomaba clases de piano, mis viejos aceptaron todo porque se hicieron amigos de los padres de Lito y Liliana Vitale y es como que encontraron en esa época un refugio para que yo desarrolle la energía que era evidente que tenía y que se podía disparar para cualquier lado. Creo que también esa era la finalidad de Músicos Independientes Asociados, ¿no? Sin dudas, fue un refugio durante la dictadura. De hecho, después cuando ya la dictadura no existió más y se fue restableciendo la democracia, MIA no tuvo mucho sentido. Pero sí, fue la cuna de todo lo que ahora es la autogestión y la música independiente. 

Algo que vos llevás adelante hasta la actualidad: la autogestión… 

Sí. Yo traigo eso de ahí y por mi viejo, que también era independiente, vendía libros. Por eso tengo una escuela de que no tengo la naturaleza de tener patrón. Claro, es normal. O sea, yo no conocía el no amor por la música, no sé cómo decirte, los viajes que me hacía escuchando discos, encerrándome, tratando de encontrar temas en la radio y aunque yo ya tenía los discos de los Beatles, escuchaba a Badía contando un montón de anécdotas, una y otra vez. Y mi papá me llevaba ahí a la Beatlemanía, y yo veía esos videos 200 millones de veces. Aun así cuando vi Get Back me reemocioné. Mismo ahora me pasa de que en las redes sociales hay videos de esa época en que yo escuchaba música apasionadamente y veo esos artistas por primera vez moverse. 

Era difícil ver a los ídolos musicales en esas épocas… 

Claro. En ese momento yo veía Weather Report o a Chick Corea en vivo. Pero hasta que no los vi en vivo, no sabía qué caras tenían, no es como ahora que tenés YouTube y podés ver todo. Entonces, a mí me re emociona y por suerte tengo el algoritmo engañado que me trae algunas porquerías, pero me trae mucho esa música de George Duke, que es impresionante. Yo venía escuchando a Billy Cobham, porque mi tío nos regaló Spectrum apenas salió, cuando éramos re chiquitos, pero no sabía cómo era, después vi la foto y después ya de grande aparecieron los VHS con las clínicas y ahí lo vi. O sea, si no lo veías en vivo, no veías videos con el tipo moviéndose y todo eso. Por eso la música en vivo era tan importante. 

¿Cómo fue tu paso por Rouge? 

Rouge fue mi primera y creo que mi única banda. Nunca después estuve en una banda porque mi meta era ser sesionista, que era lo que se usaba en los 80, 90. Y como yo no componía, quería hacer la carrera de sesionista. Cuando empiezo a tocar un poco mejor, que fue enseguida, porque es como que yo me senté en la batería y me di cuenta que entendía todo. No sabía tocar, leer, pero ya entendía. La recontra registro esa sensación. Después, Lito Vitale, que fue mi primer profe, me deriva a Horacio Gianello. Gianello me toma de alumna, porque yo era mujer, sino no me hubiera tomado porque estaba recontra colapsado. En esa época, yo tenía 16 años y viajaba de Burzaco a todos lados en Bondi y no me importaba nada. No había teléfono, no había nada y mis viejos me dejaban. O sea, había una confianza, qué sé yo, igual nunca me pasó nada. Igual, tuve miedos y todo eso, porque venía a la noche del Centro a Burzaco, fijándote si te seguían cuando bajabas del colectivo y alguien se paraba con vos y todas esas cosas. Pero, bueno, Gianello fue el que me terminó de armar como baterista y ahí empiezo a conocer gente para tocar. Conozco a Claudia Sinesi, accidentalmente. 

En Rouge… 

Claro. Rouge ya existía, con una baterista que también era alumna de Gianello, que se llamaba Mary Sánchez, que ahora es manager de Sandra Mihanovich. Mary era más grande que yo. Yo ya la había visto tocando con Sandra en la tele, entonces la registraba. Pasó que Mary Sánchez se fue a vivir a España y reestructuran Rouge, queda una sola integrante original y deciden hacer temas en castellano. Esto fue en 1980. Así entré yo al grupo, porque Claudia Sinesi me conocía, y ahí aparece María Gabriela Epumer, a la que yo admiraba porque desde muy chiquita ya tocaba con María Rosa Yorio, con el Mono Fontana. Entonces, cuando con Claudia Sinesi íbamos caminando hasta el colectivo desde la sala de ensayo, y me dice que era la hermana de Quique Sinesi, me volví loca. Porque yo conocía todo, era fanática de todo y aparte leía las revistas mil veces y me sabía de memoria los nombres de todos los músicos de la época. Ahora nadie sabe quiénes son, pero yo me sabía todo. Entonces, Claudia Sinesi me nombraba a Pedro Aznar y demás, y aparte yo tenía los discos donde estaban todos esos músicos. Yo flasheaba en colores y ahí, ni bien empezamos a tocar, María Gabriela, Claudia Sinesi y yo armamos una cofradía, porque estábamos destinadas a estar juntas. Entonces, estábamos juntas todo el día, todos los días. O estábamos en la casa de María Gabriela, en Devoto, o en mi casa en Burzaco. O en lo de Claudita en Villa Lugano. 

Impresionante… 

Nos quedábamos a dormir en las casas de las otras, hablamos todo el tiempo por teléfono, hablamos de música, de chicos, éramos muy amigas. Pero Rouge duró poco. En ese momento, María y Claudita componían temas, tocamos seguido. Los shows lo armábamos nosotras y nos llevaban mis viejos, los viejos de María Gabriela, cortábamos los tickets, íbamos de vacaciones. O sea, nunca tuve la necesidad de luchar en contra de alguien para ser música, porque yo tenía a mi familia que me apoyaba. Igualmente, había costado, porque mi viejo quería que hiciera la facultad, pero no había forma de convencerme. Por eso las tres contábamos con el apoyo de nuestras familias. María y Claudita no habían terminado el secundario, pero a mí me obligaron a terminar el secundario. Me llevaba mi viejo a la puerta del colegio, porque todos antes terminaban abandonando el secundario cuando tenían 15 años. En cambio, Claudita tenía la escuela en la casa, con el Mono Fontana, con Pedro Aznar, con su hermano. Estaba ahí a la tarde tocando, y María Gabriela igual. Nosotras registrábamos que éramos distintas como mujeres. A pesar de que en MIA había muchas mujeres y todas participaban musicalmente, María era familiar de Celeste Carballo, o sea, nosotras no estábamos en un lugar donde la mujer era marginal en la música. Pero registrábamos que eso no era común en la sociedad. Entonces creo que nuestra lucha o batalla pasaba por ahí. 

Feminismo bien entendido… 

Yo desde muy chica registré que cuando uno es músico o es artista hay una pregunta que te tienen que hacer que es en contra de que estás, o por qué lo hacés. Y creo que nuestra batalla era contra eso establecido de que las mujeres tenían que ser de determinada manera o seguir determinados patrones. Y nosotras éramos muy conscientes de eso. Siempre. De la forma en que nos salía hacerlo, porque no se hablaba del feminismo. Se hablaba y no se hablaba, porque también estaba María Elena Walsh, estaba María Herminia Avellaneda, tenían un programa en la tele que mi mamá lo miraba conmigo, o sea, yo tenía una mamá muy empoderada. También Esther Soto, la mamá de Lito Vitale, era una jefa total, y la mamá de María Gabriela tenía un power que no podía más, pero bueno, estábamos rodeadas de un estilo de mujeres. 

El mundo del rock era muy machista… 

Todo el mundo era así. Eso también lo veíamos. El mundo de rock era lo mismo que la sociedad. No es que era solo el mundo de rock, pasaba también en el mundo del folklore, el mundo de todo. Quizás en el mundo de la música clásica, en la cocina o en el magisterio siempre hubo más mujeres, pero siempre la parte superior de la jefatura tenía una impronta masculina. 

¿Y ahora cómo ves que haya tantas chicas que se hayan volcado al rock en estos últimos años? 

No veo que se vuelquen tanto al rock. A la música sí, pero al rock no tanto. Depende de lo que uno considere que es rock. Lo que pasa que la gente empezó a definir al rock como otra cosa. Y el rock es un movimiento, es un estilo de música con determinados patrones y antes que nada es una intención al tocar, que no necesariamente está en la palabra, sino en los sonidos, en las actitudes y hay una forma de percutir al rock. Entonces, vos podés interpretar al rock, así como yo puedo interpretar a la cumbia, pero eso no quiere decir que seas rockero. Y el sonido digital no es rockero. Los plugins no son rockeros. Es cómodo todo eso y para mí el rock tiene que ser incómodo. Los personajes del rock tienen que incomodar. No tienen que dejar tranquilo al otro. El rock que toma mate, a mí no me no me interesa, por decirlo simbólicamente. Yo también tomo mate. Calamaro también toma mate. Pero no es cómodo. Te puede gustar o no gustar, pero que es incómodo. Y Andrés es rockero en sus shows porque son personas que saben mucho de música. Te puede gustar o no o pensar que es un pelotudo, lo que sea. Está bien. Pero no estamos hablando de eso, hay de todo. 

El rock es actitud… 

Claro. Yo creo que hay más pop, pop rock. Pero rock, rock, no. Lo que estoy viendo ahora mucho en TikTok o en Instagram, que es lo que más uso yo, son bandas de pibes chicos, yankees, que tienen un audio rockero roto, roto porque tienen plata para comprarse los fuzz y todo eso y aparentemente están rotos en todo, pero es una rotura actuada. Porque para mí también tiene que haber una necesidad más profunda, un conflicto más grande. El mundo está lleno de conflictos, podríamos expresarnos absolutamente en el conflicto. Pero también está lleno de comodidades materiales. Entonces, quienes entienden cómo usar las redes sociales, en general tiene más comodidad material, y para mí es más disruptivo si veo cosas más tercermundistas, más pobres. Más necesidad de verdad, necesidad de morfar. 

Artistas que tengan hambre de verdad… 

Es que yo me doy cuenta al toque porque soy más grande, pero también me doy cuenta que no me están hablando a mí, están hablándole a alguien de su misma edad, que están tratando de romper, pero vos sabes que están rompiendo desde una casa donde hay comida, tienen a sus papás, está todo bien, nadie les dice que no pueden hacerlo, no hay nadie que les está prohibiendo hacer música. 

Claro, pero vos fíjate que en los grandes rockeros argentinos también eran clase media y sin embargo eran súper rockeros, tipo Spinetta, García… 

Pero había una situación social para estar en contra. También la hay ahora, pero no están en contra. Están en contra de que la gente esté boludeando en las redes sociales, pero no más que eso, o sea, aquella era otra época. La época analógica no se puede comparar con esta época porque no tiene nada que ver el siglo XX con este siglo. En ese momento, un pibe de 18 años leía. Sus padres escuchaban Discépolo y la gente escribía en letra cursiva. Y entonces cuando expresaban algo era porque habían leído o como Pappo que por ahí era más rústico pero tenía otra información con la cual decir las cosas. La revolución pasaba por ponerte a tocar todo el día y tratar de decir algo, no pegarla. Entonces todo lo que pasaba tenía un significado en su contenido. Después se veía qué pasaba o qué no pasaba, pero eran pibes chicos, los mejores discos del rock fundacional están hechos por pibes, Black Sabbath, Zeppelin, eran todos pibes de veinte años. Ahora a un pibe de 30 capaz que le dicen que es joven, ¿qué joven?, yo a los 30 años ya había hecho no sé cuántos Vélez con Soda Stereo. Lito Vitale tenía 15 años cuando tocaba toda esa música de rock progresivo. 

Eran todos pibes con un bagaje enorme… 

Sí, sí. Por ejemplo, cuando surge Babasónicos y toda la movida sónica, me acuerdo que nosotros con Soda teníamos 27, 28 años, y la nueva camada del rock tenía 20 y nosotros éramos viejos para ellos, éramos caretas. Y vos escuchás el primer disco de Babasónicos, o el de Juana La Loca, y están buenísimos, la rompen mal. Lo escuchás ahora y son modernos. En cambio vos escuchás discos actuales y está bien, pero creo que son una recreación de algo que ya fue hecho antes. 

Una copia de copia… 

No sé si es copia, porque es lo que les sale con lo que les pasa, pero no hay una novedad. Yo creo que en la música ya está. Podríamos no hacer más música, y no nos va a alcanzar la vida para escuchar toda la que está hecha. Entonces, yo no le veo tanta importancia a eso. Hay pocas personas que lograron seguir haciendo más música interesante de grande: Jack White, Paul McCartney, incluso hasta Black Sabbath hizo un disco muy bueno que se llamaba 13, o Patti Smith. Hay tipos que vos los escuchás y siguen creando siempre, pero en general son gente que está muy conectada hacia dentro, no para el afuera. Antes que nada se satisfacen a ellos mismos. Mirás las biopics de Queen o de Elton John y ves a tipos que se sentaban ante los directivos de las discográficas y les decían: "Quiero hacer la revolución. Quiero cambiar el mundo, quiero romperles la cabeza a todos y a los músicos. Los quiero reventar.” Hasta Liam Gallagher decía eso ya más adelante en los 90. En esa época, si vos le decías “la quiero pegar” a un directivo de la compañía, te daba una patada en el culo. Ahora todo cambió. Vos te tenés que sentar y hablarle a uno de esos CEOs que hay ahora, que no sé ya ni a quién representan pero están ahí, le tenés que decir: "Bueno, ¿qué tengo que hacer para ser famoso? Decime lo que tengo que hacer, lo hacemos. Estoy dispuesto.” Ni siquiera tienen que tener carisma, ni siquiera tienen que tener una buena canción. Pasa por otro lado. Yo no sé si está bien o está mal. Representa perfectamente el tiempo que estamos viviendo ahora, que es un tiempo horrible. 

¿Hay algo que te guste? ¿Alguna expresión musical, alguna banda? 

Yo voy a ver un montón de bandas, no necesitan gustarme. Puedo pasarla bien con algo que no me mueva el amperímetro. Voy a ver varias bandas que registro muy bien que no me están tocando a mí. La última gran emoción que tuve fue haber visto al Jon Spencer Blues Explosion en Niceto, y también Otoboke Beaver, la banda de las japonesas, que la rompieron. Obviamente, voy a ver a Living Colour y también me emociono. Llamo emoción a estar ahí y tener ganas de tocar. Me pasó con Oasis también, o con Las Diferencias, que es una banda de acá que me emocionó hasta las lágrimas.  También toqué un tema con Robot Zonda y es una banda que tiene temazos, todos hits y nadie le da bola. También me gusta mucho Nina Suárez, me parece que hace grandes temas, aunque no haga el estilo de música que más me gusta. Antes hablaba de Jon Spencer, y me encanta, pero no es siempre eso lo que escucho. Es una música que me da ganas de tocar. Yo escucho otra música también. A mí me gusta escuchar hip-hop. También escucho rock, obvio, pero no es la música que más escucho. Escucho mucho a Liam Gallagher; Oasis, más o menos, prefiero escuchar a Liam, me gusta más la voz más madura, pero esa no es una música que a mí me de ganas de tocar, pero me gusta escucharla. Las que me dan ganas de tocar tienen que ver más con Jack White, Jon Spencer y eso. Después también me gustó mucho el show de Lucy Patané. Hay artistas que hacen shows que me parecen buenísimos, aunque por ahí después no escuche su música, aunque el disco de Lucy me parece muy bueno. Es que yo puedo ver algo bueno que trascienda mi gusto personal. O sea, no necesito que sea algo que me guste, lo puedo ver igual. También me gustó mucho Espanto Club. 

¿Y con respecto a festivales como el Cosquín Rock cómo te sentís? 

A mí no me molesta que haya otros estilos de música en los festivales, porque me parece que los festivales ahora son de música, no son de rock. Desde hace años, más de una década, son festivales donde la gente no va a escuchar música, sino que va a pertenecer a algo. Hacía mucho que yo no iba a ningún festival, y cuando fui a ver a Jack White en el Lollapalooza me sorprendió, porque entré y le dije a mi hijo: "Pero esto no es un festival de rock. Acá no hay gente que le guste rock.” Y mi hijo me dijo: "Mamá, esto es el Lollapalooza, acá vienen todos a ver DJs." Yo fui a ver a Jack White en ese contexto, y fue uno de los mejores shows que vi, pero era otro estilo de gente. Todo bien, pero me pudren los festivales. No es un lugar donde a mí me hayan tratado bien. Por eso decidí no estar. No creo que sea un lugar ideal para tocar, a menos que tengas mucha palanca para poder brillar. Tenés que ser de los “palancas”. Si sos de los artistas de más abajo, no te dejan armar un contexto como para lucirte. Por lo menos así me pasó a mí y después decidí no estar más. A mí no me gusta particularmente el Cosquin Rock, me confundo los años porque siempre es lo mismo, siempre están los mismos y la gente y los artistas también se preparan para hacer lo mismo, a veces hasta hay tipos como el de Los Piojos que se pone la misma ropa. No, no los distingo, no me interesa. Me interesan algunos artistas en particular, que puedo llegar a ver, pero no me interesa el evento. El evento me parece mentiroso, un horror. Aparte no es federal. Porque todo el tiempo están diciendo rock federal, federal, federal. Hasta los mismos músicos le chupan el culo al tipo ese, diciendo eso. Y, ¿federal de qué?, si son todos de acá. Y está en Córdoba, ¿eso es federal? O sea, no es federal. Es lo mismo de siempre. 

Todos los años la misma historia… 

Claro. Aparte las bandas de rock, está todo bien, yo les tengo mucho cariño, pero son las bandas que se armaron en los últimos 20 años, siguen estando arriba y ya tienen mi edad y después hubo un hueco gigante y ahora hay un poco de bandas de más abajo, pero que no tienen la situación estadio, que es un desarrollo que vos hacés cuando se hace un proceso natural. Es como la política. La industria no se encargó de armar un under, de desarrollar un under real, desarrolló un under falso para mí, de muchos artistas funcionales a un sistema. Y así suena la música. O sea, es una música que a la gente le gusta mucho porque los deja exactamente igual que como entraron al show y no les cuestiona nada. Hay gente a la que esa situación les gusta mucho, pero también hay mucha gente que yo conozco que eso no le gusta nada. 

A mí me pasa con tu música que la siento como si fuera una patada en la cabeza… 

Lo que pasa es que mi móvil para escribir es la disconformidad. No es el amor ni es la rabia. Y la música traslada eso. Pero ahí es donde yo digo: ¿cuál es el móvil de los demás a la hora de escribir? Por supuesto, cada uno tiene su estilo para expresar las cosas. Pero a mí me gustaría saber cuál es el móvil. Porque no lo escucho mucho. O sino lo escucho como una cosa medio como “Ok, voy a decir algo un poco conflictivo, pero no tanto porque no quiero ofender a nadie.” Porque hay gente que odia la revolución desde la industria. La revolución que también es medio falsa, porque me hago el loco, pero estoy dentro del sistema, es más soy el sistema, pero me hago el loquito o la loquita, qué sé yo. A mí eso no me interesa, ¿me entendés? Está todo bien, entiendo la época, entiendo los tiempos, entiendo el código, pero no, es lógico que no me interese, porque yo estoy grande. ¿Cómo me va a interesar eso? 

Hay rockeros tratando de hacer “la revolución” desde un sillón… 

A mí me da cosa ver mis colegas que tratan de quedar siempre bien con todos. Yo prefiero ver un Noel Gallagher o un Liam Gallagher gastando a otro, insultando, porque no pasa nada, ¿cuál es? O sea, toda una escena hablando de una amistad que no existe y cuidando no molestar a nadie cuando después off the record se dan todos con un caño. Eh, que no está mal dar con un caño, porque vos sos músico, tu expresión es esa y la antena la tenés para eso, o sea, estás escuchando todo. Yo escucho todo, soy muy curiosa, y aparte mis alumnos me traen cosas para que escuche. A mí la música que no me gusta no me molesta en lo más mínimo porque estoy acostumbrada. Hay música que sí me molesta, pero no es que me molesta la música, me molestan los artistas. O sea, determinados artistas, no me los banco. Yo, por ejemplo, no le tengo bronca al reggaetón, no sé por qué le tienen tanta bronca. No sé, no deben saber bailar. Pero cuando bailas, yo que hice clase de zumba, el reggaetón está buenísimo para bailar. A mí no me gustan todos los artistas. Yo registro cuáles, por ahí no sé ni quiénes son, pero digo: "Ah, este tema está mejor que esto, esto está mejor producido." 

Es como dice Fito “una cuestión de actitud”. 

Es de actitud, sí, pero más que nada en el reggaetón y todo, es una cuestión de cómo están producidos, cómo quiénes son. No son iguales todos los artistas. Pero bueno, cuesta el negocio y este mundo en el que vivimos, que está raro. 

Fuiste una de las primeras que se animó a irse a Nueva York. ¿Cómo fue eso? 

No es que me animé, fue de casualidad. En realidad, me fui de vacaciones y cuando llegué, en octubre del 85, fue como si me hubieran mostrado una paleta de 200 colores, luego de haber vivido con una paleta de cinco o seis colores. Era la época de Madonna y su película Buscando desesperadamente a Susan, era la época cuando Nueva York estaba a full, existía Basquiat, Andy Warhol, estaban todos vivos, y estaban en la noche en el mismo lugar que vos. Entonces, cuando llegué, abrí los ojos y pregunté: “¿Cómo tengo que hacer para quedarme acá?” Y así me fui quedando, limpiando casas, hasta que encontré el trabajo de niñera, porque no tenía un mango, aparte acá había mucha crisis, no es que podían vender, mandarte dólares, mis viejos no me podían ayudar. Así encontré un trabajo cuidando un nene. Fue rarísimo cómo me tomaron, porque aparte yo no hablaba bien inglés, era un desastre, y aparte tenía el pelo todo teñido de color. Pero me tomaron y esa familia también me ayudó a que yo me quedara. 

Como que te adoptaron… 

Algo así. Fue como una familia para mí y yo tengo esa naturaleza de necesitar un núcleo familiar. Después vino mi hermano y se quedó seis meses, eso también me ayudó. Luego me casé para tener la green card y después la devolví. Tuve miles de anécdotas… 

Allá conociste mucha gente… 

Sí. Conocí muchísima gente, tomé clases y mientras tanto acá en Argentina el rock nacional se hizo muy grande. Así todos los amigos que yo tenía acá y que no habían tenido un mango empezaron a laburar, a tener mucha plata, y empezaron a viajar a Nueva York y ahí me los encontraba. Nos encontrábamos y salíamos a pasear. 

Después volviste de la mano de Charly, ¿no? 

Volví, porque me hice muy amiga de Charly, incluso tuvimos una relación, y él me dijo: "Volvete a tocar la percusión." Y por él empecé a estudiar percusión. En ese momento tenía que despegar, tenía que decidir qué hacer, porque hasta ahí había tomado clases y todo, pero tenía como un paréntesis de tocar. Todo en mí era en la onda “quiero vivir, ser joven”. Estaba de joda, todo el día, viviendo mi propia experiencia, porque como te decía, Nueva York en esa época estaba a full, todo buenísimo. Charly me trae, me hace estudiar percusión, me compra los primeros timbales, que son los que todavía tengo y son los que usé en Soda Stereo, y me trae acá en una gira del disco Parte de la religión. Pero cuando vine, me encontré con que él estaba re loco, no era el mismo Charly que yo conocía de Nueva York. Acá pasaban otras cosas. Él no quería ensayar, y después quería que yo haga los coros y yo no quería, yo quería tocar. Al mismo tiempo, al haber vuelto, me empezaba a llamar mucha gente para tocar. Así me llamaron Los Guarros. 

Después estuviste con Lebón, ¿no? 

Después de Los Guarros, un día faltó el baterista y yo llamé a Jota Morelli, que era mi amigo, y Jota estaba tocando con David Lebón y me dijo: "¿No querés ir a tocar con David?” Ahí voy con David, a él le encanta, y empiezo a tocar con Lebón. Y de ahí paso a Soda Stereo. O sea que antes de eso, cuando entré a Los Guarros, me di cuenta de que en Argentina podía hacer una carrera fácil y ya me quedé definitivamente acá, porque extrañaba mi casa, extrañaba mi familia. No era lo mismo que ahora que vos agarrás el teléfono y hablás. Yo hacía casetes y se los mandaba por carta a mis viejos. Igualmente, no fue fácil, me costó volverme, aun extraño Nueva York, esa Nueva York que conocí. Pero acá pasaban otras cosas y de hecho yo no me equivoqué, porque hice una gran carrera, pero después cuando quise hacer una carrera solista, ahí sí hubo un freno. Ahí sí no me pude desarrollar de la forma en que, naturalmente, me podría haber desarrollado.

¿Qué pasó? 

Por ahí no tuve la suerte de encontrar mi momento, por ahí estuvo a destiempo, no lo sé. Nunca lo sabré. Pero cuando objetivamente veo mis discos pienso que tendría que haber pasado otra cosa. Algo natural, no forzado. Pero no pasó. Y no creo que ahora vaya a pasar, porque cada vez tengo menos interés de forzar nada ni en pedir nada a nadie. No tengo nada de ganas, cero interés. Es una sensación que me viene desde la pandemia. Es más, no sé cómo hice el último disco, porque mi mantra era: “Creo que no voy a tocar más”. O sea, directamente lo pensaba. Y ahora mi mantra es: “No tengo ganas de hacer nada”. Eso es un síntoma de esta época de Milei, eh. Realmente me cuesta mucho hacer cosas, no tengo ganas. 

¿Te sentiste discriminada como solista? 

No, no. Porque si vos decís “soy discriminada”, te victimizás, y yo nunca me sentí víctima de nada, a pesar de haber sido agredida. Es como que haber sido una sesionista tan conocida, que me haya ido tan bien, habiendo estado en el lugar más top en aquel momento... Igual, si yo hubiera hecho lo mismo en esta época de redes sociales, yo hubiera estallado, o sea, pero en esa época era muy de nicho todo lo que pasaba, ¿no? Yo empecé a componer siendo grande, casi teniendo 40 años. En una época donde los de esa edad ya eran grandes. Ahora los de esa edad parecen adolescentes, pero en esa época no. Entonces, siendo mujer, diciendo cosas que por ahí no estaban a la moda, no era el momento para mí. Después, cuando las mujeres se pusieron de “moda”, entre comillas, no era mi momento tampoco, se ve que tampoco soy funcional a esta época. No lo sé. Pero no encontré nunca un apoyo desde los diferentes lugares, porque para poder hacer una carrera con proyección, tenés que tener una estructura que sostenga eso. Pero lamentablemente yo no puedo construir, o sea, realmente admiro a las bandas que, cuando llega enero, ya tienen todo un año programado, porque esa es la forma de desarrollar un proyecto y está buenísimo. Es realmente admirable poder hacer eso en equipo. Pero es algo que solo lo puede hacer una ínfima minoría de la comunidad musical. 

Es muy difícil organizar una carrera como músico… 

No es que me pasa a mí, le pasa al 99.9%. La minoría es la visible, entonces muchos músicos se frustran, pero en realidad es un porcentaje muy pequeño los que lo logran. El que puede hacerlo. Independiente o no. En general, cuando vos ya juntaste un montón de público es una mezcla de suerte con la magia y con qué hiciste un plan, pero el plan te puede salir o no. Lo que antes pasaba era que se generaba un interés en el público para que vaya a comprar las entradas. Ahora es distinto. También se genera un interés, pero ahora ponen un tema en TikTok, tenés que poner la plata y tampoco hay una fórmula exacta, porque yo veo gente que hace todo para pegarla y no pasa nada. Hay gente que hasta es desagradable para pegarla, aunque sea por eso. Quieren ser famosos, sin importarles ser famosos porque los odian. 

Volviendo a tu historia en Soda Stereo, ¿cómo fue estar ahí, en esa marea popular, siendo testigo y protagonista a la vez de algo que era bastante masivo? 

Lo viví normal porque no me daba cuenta. O sea, sí me daba cuenta que era un lugar de éxito para el afuera, pero no para mí. También me daba cuenta que me aburría. Me gustaba, estaba bueno, pero no ganaba tanta plata como la gente se imaginaba. Ganaba más plata tocando con otros que pensaban que a mí me pagaban un montón de plata en Soda, entonces me pagaban mejor. Pero lo que ganaba con el grupo era prestigio y experiencia. Aparte, a mí me gusta tocar. Pero a la vez también lo padecía, pero no lo padecía por la música, lo padecía por las cosas extra musicales. El hecho que Cerati se haya muerto volvió a la experiencia de Soda Stereo mucho más grande para la gente. Para mí siempre fue grande, aunque nunca fui yo una fan de Soda Stereo, no es el estilo de música que yo escuchaba, qué sé yo. Aunque a veces escucho un tema y digo: "Ah, este tema está re bueno." También lo analizo y digo: "Ah, mirá esta letra, está buena, eh." Pero yo en el momento que estaba lo vivía como algo normal. Pero yo me fui antes del concierto en la 9 de Julio, mirá cómo será que ni quise hacer la 9 de Julio. A mí no me interesaba, o sea, yo me quería ir. Yo quería tocar la batería, quería ser yo. 

Hacer la tuya… 

Claro. Yo me daba cuenta que estaba infeliz, no quería más. A mí me gusta tocar la percusión, pero no me da una plenitud. No es que estoy tocando con Santana la percusión, ¿me entendés? O sea, estoy tocando algo que es totalmente accesorio, y me pudrí de ser accesorio. O sea, me da y me quita lo de Soda Stereo. Porque por un lado me da que mucha gente me agradece por algo que siente que yo les di, aunque no era mi música. Mucha gente me reconoce por la calle, me saluda y me dice gracias por la música. Yo sé que no es por mi música. Pero igual está bien porque fui parte de esa música. Los músicos somos muy importantes, nadie nos da pelota, pero todos los que tocamos somos importantes. No puede ser cualquiera, era ese. Los productores, los managers, todos te hacen creer que puede ser cualquiera, pero no puede ser cualquiera. No es de verdad que puede ser cualquiera. Andá a decirle a Dave Grohl que Taylor Hawkins podría ser cualquiera. Te va a decir ni en pedo, mirá, no puede encontrar un reemplazante. Yo sé que no era cualquiera. Entonces, acepto, pero sé que no me lo dicen por mi música que es lo que más me gusta. Me lo dicen por mi ser en la música. Me lo dicen mucho, ¿eh? Y creo que es un piropo y está buenísimo. Por otro lado, las agresiones son: “Si no hubieras estado en Soda Stereo…”, “Si no hubieras hecho tal cosa o tal otra…”, y a mí eso no me importa un carajo lo que me digan. Hay gente que piensan: “Si no fuera por Cerati…” Y no la ven, parafraseando a nuestro querido gobernante. No la ven, no entienden. Y bueno, yo no tengo la culpa. No les puedo hacer entender. No me interesa que lo entiendan, o sea, qué sé yo, no entendiste nada, es tu tema… 

Estás muy presente en las redes, ¿eso cómo te repercute? 

Estoy presente porque no toco seguido, entonces necesito comunicarme. Como no toco seguido y no existe más el diario que yo leía todas las mañanas, leo las redes y como una puede contestar, contesto. Antes leía el diario y puteaba en vos alta. Yo no puedo no opinar. Tengo una opinión de todo, como todo el mundo, todos tenemos una opinión. Lo que pasa es que hay gente a la que no le gusta decirla. Nombrame algo y yo opino como cualquier persona. Pero no tengo una única opinión, tengo varias, pero las redes hacen que me pueda comunicar y por suerte me comunico y me desentiendo. Entonces las puedo usar, no me están usando. 

Usás las redes… 

Claro. Cuando me contestan, si me contesta un termo, me chupa un huevo. Hay imbéciles que me dicen que lloro porque soy kuka, ¿qué carajo me importa lo que me diga un tarado mental? O sea, lo que me preocupa es que haya tanta gente idiota. Me duele que el mundo esté lleno de pelotudos, pero ¿qué le voy a hacer? No lo puedo cambiar. No soy la mamá, no puedo hacer un esfuerzo. No es que quiero que piensen como yo, quiero que piensen. O sea, si una persona te dice: "Llorá, Kuka", ¿qué le vas a decir a esa persona. No hay un intercambio posible con una persona tan pelotuda. Es como que me da pena. No es que una persona que te dice estoy en desacuerdo con vos por esto y esto… Ok, ahí podés llegar a tener un intercambio válido y enriquecedor, porque está todo bien, imagínate un mundo donde todos piensen como uno, sería aburridísimo, pero las personas que repiten eso, ese tipo de frases… Creo que estamos viviendo un momento en donde la idiotez está siendo amplificada de una forma que duele un montón. Pero a mí me da tristeza que la gente sea así, parecen sectas de seguidores. Y lo que me da bronca son los que supuestamente no son sectas de seguidores y utilizan las causas del momento en beneficio personal, haciéndose los que están haciendo algo colectivo. A esos les tengo mucha bronca. 

¿Pero quién son esos? ¿Artistas? 

Artistas o políticos. Que, además, también están hiper blindados. Y yo le tengo un especial rechazo a la gente blindada. Porque también tienen un club de defensores de trolls. No les podés decir nada. Ahora, después cuando se abre una puerta, alguien los descubre y les sacan el blindaje, ya es tarde, ya está. 

Cuando opinás de alguna expresión artística, y hay gente que te ataca, ¿qué sentís? 

No me interesa, porque no sé quiénes son. Lo que sí sé es que hay muchos del ambiente musical que son aburridísimos, por eso también la música de ahora es tan aburrida, ¿no? La que hacen los viejos y la que hacen los jóvenes. Son aburridos, entonces no dicen nada, no opinan, no juegan a la opinión. Si es divertido jugar. Por supuesto, primero te tenés que saber criticar a vos mismo. Entonces, nadie me va a decir algo que me moleste más que lo que me digo yo a mí misma. No pueden competir con eso. Y eso me da a mí el resto para poder opinar a veces, porque no es que opino de todo lo que pienso, ni en pedo. No, yo de música opino todo el tiempo porque es mi tema, pero no lo digo. Suponete que debo decir una cosa de dos mil que tengo pensadas... (risas) Públicamente, hasta ahí, eh. Casi que no digo nada. Parece que digo mucho porque nadie dice nada, pero no, además ¿qué me pueden decir? No sé. No podés decirle a nadie que no te gusta. Lo más lindo es que esas personas que se pueden ofender, ni siquiera te escuchan. O sea, ¿por qué tengo que cuidar yo a alguien que me ignora absolutamente? ¿Me entendés? Estoy cuidando a alguien a la cual yo le chupo un huevo. No solo no me escuchan, no tienen ni idea lo que yo hago. Hay productores que nunca vinieron a un show mío. Y yo tengo que estar hablando bien o cuidando a esa persona, ¿quiénes son? 

Es complicado… 

Es que ahora todo el mundo se ofende, ¿viste? Yo también pienso que no hay que opinar de todo. Por eso te digo, yo opino de lo que me sale en el momento, espontáneamente, no lo planifico. La mayoría de las personas planifican mucho qué van a opinar. Más o menos se fijan 90% o más si hay agua en la pileta, a ver si se van a tirar o no. O cuando dicen algo. Ahora hay por ahí algún artista que dice algo. Y luego hay un par de medios que son bien puntuales, que amplifican los dichos como si los hubiera dicho Juana Azurduy, pero lo que dicen es re soft, porque no están diciendo nada, y encima ni siquiera es verdad lo que están diciendo. Es como que se estuvieran quejando, pero desde una posición de privilegio absoluta. Se hacen las víctimas, y no estoy hablando del Lali, ¿eh? Ni en pedo, hablo de artistas que están mucho más debajo de ella. ¿Qué sé yo? En parte prefiero un Babasónico que diga algo que a mí me molesta, pero que él tiene ganas de decir; prefiero eso y que se genere una polémica por algo para mí era algo re pelotudo, porque podría decir algo un poco más interesante, pero que se genere una polémica porque dice lo que se le canta y está bien. 

Como cuando Fito Páez que se queja del reguetón, eso también… 

Lo que pasa es que Fito es medio boludo. Yo jamás voy a discutir la importancia artística de Fito Páez, aunque a mí no me gusta. Pero un tipo que compuso una canción como “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, ya está. O sea, ¿qué le voy a decir a un tipo que toca tan bien el piano? Un tipo que hizo toda una carrera. A mí él no me interesa, ni como persona ni como artista. No me gusta la banda que tiene, no me gusta cómo suenan los shows, me parece muy careta, no me interesa, pero no voy a discutir su importancia. Aparte habla con ese acento medio cheto, como que no sé, como si fuera… No sé, me parece un boludo, pero a mí tampoco me gusta el reggaetón, no voy a poner un disco de reggaetón en mi casa, pero no voy a estar poniendo en el reggaetón mi enemigo. Es la industria a la que pongo como mi enemiga, pero en el reggaetón no, el reggaetón es música, no le hace mal a nadie, el reggaetón está ahí para que baile la gente que puede mover la pelvis, que no sería Fito Páez precisamente. Entonces, lo que les tienen más bronca al reggaetón, es porque es totalmente sexual. Pero los argentinos en general no pueden bailar reggaetón, si no saben mover la pelvis. No saben bailar. 

Tal cual, gente sin swing… jajaja. 

Al argentino, más el porteño, le pasa la vida por la cabeza, no por la pelvis. Y ahí está el problema de todo. No tienen onda, ¿me entendés? No están parados, no tienen base. Entonces no saben bailar, no saben divertirse. Divertirse también es poder cuestionar algo, cagarse de la risa y pasar a otra cosa, no sentir, "Ay, me ofendí." Dejate de joder, ofendete por el presidente, cómo te vas a ofender por pelotudeces. Yo lo siento así, obviamente. También me dan un poco de risa los otros artistas que descubren el folklore, que lo agarran y dicen que son Juana Azurduy. “La Jefa”, ese concepto de la jefa del trap, todo eso es tan pelotudo, tan de gente muy boluda. Y cuando ves a esa gente, te decís: “Sí, bueno, por algo estamos así…”  Sí, la jefa, la jefa, ¿viste? Yo voy a decir, dale, boluda. Pero yo digo, dale, boluda y soy una hija de puta, soy machista, soy amiga de abusadores y están todas las pelotudas repitiendo eso y bueno… Cómo no le puedo decir pelotuda, si me parece una pelotuda. Encima es una música de mierda. O sea, no, porque me dicen que yo no apoyo a las mujeres jóvenes. No, no es que no apoyo, no me gustás vos. O sea, no me gusta esa persona en particular. 

Totalmente, ¿por qué te tendría que gustar? 

Claro. Si me parece una nada. Re bancada por la industria, pero la nada misma. Entonces, ¿por qué me tiene que gustar? Sería boludo que a mí me guste. Yo tengo mucho conocimiento encima, escucho mucha música, estoy muy entrenada en el oído y aparte hice y participé en mil cosas. ¿Por qué me va a gustar eso? Tendría que haber borrado el disco rígido para que me guste, no sé. Aun así, a veces el gusto se mete de maneras extrañas en uno y te pueden gustar cosas súper básicas o rústicas, qué sé yo, que te terminan entrando. No tiene que haber una sofisticación, no tiene que venir Frank Zappa resucitado para que a mí algo me guste. Pero me tiene que pasar algo con eso. No una actuación de que va a pasar algo. Como yo digo, esto es música para gente que no vivió. O sea, no salió a ningún lado, oyó esto y le gustó. Le gustó y piensa que es lo máximo y bueno, qué sé yo. 

Es así… 

Claro. Pero cada tanto aparecen bandas y artistas que me copan. Hace poco vi una banda en Strummer, en el tributo a Spinetta, que me encantó. Se llaman Pos Lúdio. Fui a ver a una alumna mía que se llama Coconimia, que es divina, canta, toca todos los instrumentos, y está por sacar un disco ahora. Ella cantaba un tema de Spinetta sola con la guitarra y después venía Pos Lúdio. Geniales, son muy progresivos. Yo casi me voy del lugar. Me estaba yendo porque yo solo había ido a ver a Coconimia. Pero empezaron a tocar estos chicos y me quedé muda de cómo tocaron a Spinetta. Mientras miraba yo pensaba, "Al Flaco le gustaría escuchar esto." Y obviamente se los escribí. Emocionante como tocaban sin ningún tipo de cotillón de vestuarios, pelucas y pelotudeces para distraer. No, el pibe cantaba hermoso, todos tocaban bárbaro y aparte le ponían una impronta, tocando temas importantes de Pescado Rabioso, espectacular, y ahí me emocioné. 

Es genial cuando pasa eso… 

Por eso te digo que lo justo y la emoción te entran. Y yo estoy abierta a eso, no tengo preconceptos ni tengo un catador de ver quién entra y quién no entra. No, o sea, puede entrar cualquiera. Incluso alguien que no me gusta y que en ese momento hizo algo que me gustó, no estoy cerrada a nada, tengo la emoción absolutamente lista para recibir lo que sea. Por eso yo no tengo prejuicios, pero cuando digo que a mí no me pasó nada, es porque no me pasó nada. 

Muchas veces criticaste la industria de la música, los premios. Claramente al gobierno. ¿Todo eso te harta? 

Eso es todo. O sea, el mundo capitalista, no es que me voy a hacer la zurda ni nada, ¿no? Pero pienso que podría ser de otra manera. Lo de la industria es lo mismo que la política. La política, los políticos me dan bronca, yo soy una convencida de que uno tiene que participar, que no podés decir: "Ay, yo no voto, son todos iguales." No, yo no creo que sean todos iguales. ¿Son iguales en que son unos garcas? Puede ser, pero ¿por qué? Porque al estar cerca del poder, no hay nadie que tenga poder y que no esté ligado con algo turbio en la actualidad. La industria en la música también responde a estos esquemas de poder, se busca privilegiar los resultados, los negocios de los poderosos CEOs por encima de lo artístico. Esas cosas me dan bronca. Me revienta la desaparición del pensamiento crítico. Esto es lo que pienso yo, mucha gente no lo entiende, en especial en las redes. Muchos me dicen: "Ay, Andrea te bloquea porque no pensás igual que ella." "No, te bloquea porque sos un pelotudo que le rompés las pelotas y le dejás 20 mensajes sin ningún tipo de contenido y sos un idiota." Entonces, te bloqueo porque te ahorro el trabajo, no me ves más y no me rompas más las bolas. No me molesta para nada que alguien tenga otra opinión. Pero esta onda secta religiosa no la tolero, eso mismo ocurre en la música y en todo. Ocurre en la pintura, ocurre en la arquitectura… 

Son sectarios… 

Claro. Son cosas que molestan muchísimo. Igual que las canciones que hacen ahora con veinte pelotudos por detrás. Bueno, no son pelotudos, son veinte tipos de traje y corbata que te hacen un tema que no es ni una canción, pero después hacen que funcione, porque lo repiten 200 millones de veces. Así hacen también los edificios, tipo estudio de arquitectura, esos edificios de durlock, sin persiana, con balcón de vidrio y saben que están haciendo mierda el barrio, que están haciendo mierda las napas, pero los hacen igual. Esas cosas me dan bronca. Derrumban una casa que estaba buenísima, en vez de hacer algo con eso, y ponen un edificio horrible. Lo mismo pasa en la música. Rompieron, tiraron a la mierda los originales de obras populares, no populares, de música clásica de todo tipo, pero les chupa todo un huevo, no les importa nada. Una locura total. Replican el CD, lo hacen en vinilo. Un desastre. Fíjate que ahora se idolatran artistas de cotillón. A mí me encanta Billie Eilish, ¿pero viste el show de Billie Eilish? Parece un show de evangelista. ¿Entendés? Hay una persona sola que está en un estadio gigante y le dice a las otras, ahora cállense, ahora sonrían, ahora levántense, les da órdenes; o sea, era rarísimo todo eso. Me encanta ella, pero sus shows son eso. Antes lo que pasaba, era que primero tenías que tener una excelencia tipo Michael Jackson, viste, pero tenías que tener una banda de la puta madre, cantar bien, hacer todo bien. Pero antes que nada tenías que tener canciones. Sin canciones no existía nada. Ahora no hay una canción. 

El nihilismo llevado a su máxima expresión… 

Hay canciones que te repiten 200 millones de veces, pero no hay una canción desde la definición de obra y contenido. Son todos edificios de durlock. Es lo mismo para mí, que me venga alguien y me diga lo que quiera. 

Hace un rato hablábamos sobre Soda Stereo, me nombraste la muerte de Cerati, y como eso catalizó el mito, pero vos que trabajaste con él, ¿cómo era trabajar con Gustavo y cómo era él como figura humana? 

Yo te voy a decir lo mismo que te pueden decir Richard Coleman o Adrián Taverna, que son gente como yo que trabajó mucho con él. Gustavo era una persona fanática del laburo, o sea, le gustaba tocar. No a todos los artistas, y menos a los solistas les gusta tocar, y no a todos les gusta ensayar. Porque ensayar es tocar, y él era fanático de ensayar. Nosotros ensayábamos mucho en Soda. Pero eso yo vi que lo siguió haciendo. Ensayar mucho, ensayar bien, que no es pasar los temas, sino meterte en la canción, por eso después sonaba tan bien. Y, creo que cualquiera que laburó con él, yo escucho siempre que dicen lo mismo, él era un gran fan de la música. A mí me gusta ese estilo de artista, los que son fans de la música, que pueden ser fans de otro, Charly es otro así. 

Músicos fanáticos de la música. Es un gran concepto ese... 

Totalmente. Yo hace siglos que no veo a Charly García, pero vos ibas a ver un show con Charly y él era el primer fanático de los que tocaban. Tener esa capacidad es hermoso. Entonces, cuando vos estás tocando, esa persona escuchó discos como si fuera oyente, más allá de que fuera él una persona importante en la música, y así también escuchaba Cerati los discos. O sea, disfrutaba la música. A mí me pasa, tengo esa capacidad, no soy Cerati, obviamente, pero yo escucho discos y no los escucho como si fuera música, sino desde el lado de oyente, de fan. Bueno, Gustavo era un gran fan de la música, de los discos, compraba y los escuchaba. Le gustaba tocar, le gustaba ensayar, le gustaba tener el escenario bien, le gustaba que el espectáculo fuera excelente. Siempre y en cualquier situación me acuerdo cuando, por ejemplo, él vino a tocar en mi primer disco solista. Él no sabía cómo yo componía ni nada, entonces me dijo: "Quiero escuchar todos los temas, quiero escuchar cómo empezaste a componer, quiero escuchar qué pasa." Supongo que lo hacía con todo el mundo, escuchaba los discos, se los llevaba, te hacía una devolución porque los escuchaba. Le daba importancia a lo que vos le mostrabas. 

Súper generoso… 

Me acuerdo porque el último disco mío que escuchó fue Doble A y me lo dijo luego de un show donde presentaba Ahí Vamos, mi disco preferido de él, aunque uno de los que más escuché fue el primero suyo. El primer solista que hizo fue uno de los pocos discos nacionales que yo ponía todo el día, ida y vuelta. Pero, bueno, me acuerdo de ese concierto presentación, que entró al camarín y había hecho un showzazo. Había estado Ricardo Mollo de invitado cantando “Crimen”, con Coleman y él que hacían las guitarras, la rompían, una banda, que creo que fue su mejor banda. Y entra al camarín, me ve y me dice: "Este disco es tu mejor disco. Acá le diste vuelta de rosca a la composición…” Increíble, yo había ido a verlo a él, que era el centro de la atención y sin embargo te estaba haciendo su devolución, se preocupaba por hacer eso. Él no necesitaba quedar bien con vos. ¿Entendés? Y así supongo que lo hacía con un montón de gente. Le gustaba la música. A mí también me gusta. No sé si éramos amigos con Gustavo, aunque yo lo consideraba un amigo, lo que estoy segura es que éramos amigos de la música. 

¿Qué te inspira a la hora de hacer tus discos? 

La necesidad de sacar la bronca que tengo para fuera, que no es la inspiración que tengo en este momento que tengo dos temas que no puedo terminar. Mi necesidad ahora es salir a matar gente… (risas) Porque tengo dos temas inconclusos que no puedo terminar. 

Escuché que dijiste que tu último disco fue el mejor que hiciste. Tiene mucha polenta. ¿Cómo lo craneaste, cómo lo hiciste? 

[La cadena del mal] Lo empecé a hacer en la época del gobierno de [Mauricio] Macri. En realidad cuando yo hablo, le hablo a una persona que detesto, lo enfoco medio ahí y en personas de esa época, ese estilo de personas. Luego vino la pandemia, lo dejé de hacer, y cuando aparece esta posibilidad [La Libertad Avanza] que todavía no era gobierno, me vino la inspiración en dos segundos y lo terminé. Pero no es que lo hice para algo o alguien en particular, es para una forma, una entidad que es así. No solo le canto a ese estilo de personas, de política y de industria, sino también a los que parecen que son buenos y son los peores, que son los topos. Son los que yo le llamo “los Astiz”, que parece que son buenos y que la gente le dice: "Ay, son todo lo que está bien", y que para mí son el peor enemigo. Otra cosa que hago en este disco es que habló también de mí, de mis dolores y de las cosas que me jodieron. Lo hablo en un tema que se llama “Desigual” y en otro tema que se llama “Dos minutos”, y también hablo mucho de la muerte, por la muerte de mis viejos, la muerte de mis amigos, la muerte de los artistas que me gustan y la muerte del siglo XX, que es el siglo que me armó, todo eso me duele un montón. Me cuesta mucho porque no me gusta lo que está pasando, como digo en la canción. No es que no quiero que pasen cosas nuevas, no me está gustando esto en particular. Entonces, le hablo a eso también, a la necesidad de que pase algo, no me importa si lo hago yo o no. Me gustaría que pasen otras cosas que me gusten más. 

Es lo que decís en “Sos la muerte del rock”, ¿no? 

Es que hablo de alguien que viene a arruinarnos las cosas que nos gustan, ¿por qué la querés arruinar? Dejame ser. Dejame que disfrute esto, si a vos no te hace nada. En general la gente que tiene poder es muy infeliz y no quiere que nadie sea feliz. Se basan en eso. 

Dijiste que en este trabajo te influyó bastante el hip-hop, ¿no? 

En realidad yo hice el disco no escuchando tanto rock, escuché mucho hip-hop de los 90, muy fanatizada con 2Pac, con el disco The Chronic de Dr.Dre, y de ahí medio que saqué la energía. Después la toqué como me sale a mí. Pero mientras tanto escuchaba mucho esa música. Cada disco mío es un instante diferente de escucha de música. Por ejemplo, cuando hice Y lo dejamos venir, escuchaba mucho rock y blues en esa época, y como estaba estudiando la guitarra cuando compuse los temas, todo eso se metió en mi composición. Cuando hice Doble A escuchaba prácticamente nada más que Jon Spencer Blues Explosion y The Raconteurs. Tenía un MP3 y pocos discos, escuchaba nada más que eso. Y también leía Clarice Inspector, leía mucho en esa época. En cada época escucho algo que me inspira. Y ahora, por ejemplo, estoy escuchando mucho una banda, que es la que toca con Jon Spencer, que se llama The Bobby Lees, pero en realidad lo que estoy escuchando mucho ahora es Joni Mitchell, discos viejos, escucho mucho cuando hago gimnasia. El otro día escuché Like a Virgin, de Madonna, y me parece un discazo. No escucho necesariamente rock, pero escucho discos enteros. Escucho The Police también. No puedo entender que hayan hecho tanta buena música en tan poco tiempo. También a veces me copo y pongo Black Sabbath, qué sé yo. Y a veces me pongo a escuchar discos que quiero enterarme qué son. 

Hay una pregunta que me gusta hacerle a muchos compositores: ¿Qué tema de otro te hubiese gustado componer a vos? 

“Seven Nation Army”. Cada vez que lo hago tocar con mis alumnos pienso, "La puta madre, este es el tema que me gustaría que fuera mío." ¿Por qué? Porque tiene un riff que hace todo el tema. Se canta en todo el mundo. Le ponés la letra que querés, todo el mundo lo conoce, aunque no conozca a los White Stripes. O sea, ese tema. A mí me gusta lo popular. Pero aparte con ese tema Jack White insinuó todo lo que está haciendo hasta hoy. 

Fotos: Albí Álvarez (show)

           Nora Lezano (estudio) 


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Entrevistó: Emiliano Acevedo