El
amor por la música de grupos o solistas consagrados, muchas veces, lleva a
algunos músicos a crear bandas tributo cuyos shows, verdaderamente, transportan
al público a décadas pasadas o momentos imborrables. Así, el respeto y
profesionalismo de estos intérpretes ofrece una buena manera de mitigar el
duelo por ya no poder ver en vivo a esos conjuntos o artistas. Y, también,
proponen la posibilidad de regalar o regalarse la experiencia de presenciar
repertorios amados de una forma accesible.
En
Argentina, hay variadísimos proyectos como estos que además de tocar las
canciones originales de las bandas e intérpretes brindan elaboradas
caracterizaciones de sus referentes. Lo mismo da si es para un gran evento
cultural o una pequeña reunión social o empresarial. En general, se trata de
historias de veneración y pasión.
En
el caso del grupo porteño Kiss
Alive, la banda fue conformada por Andy Buonfrate con otros tres músicos, en 2012. Cuando el baterista
se fue, “Tute”
se sumó a la banda encargándose de la parte más creativa del grupo. A lo largo
de los años hubo varios cambios en el grupo pero la particularidad de ser un
grupo “sin caras” por el maquillaje hace que si algún integrante de la banda es
reemplazado no se note a simple vista. “El fan sigue viendo a los cuatro
clones de KISS”, concluye “Tute”, que no da su nombre real “para mantener la
mística”.
Por
supuesto, en un show de Kiss Alive el vestuario es una parte esencial. No solo
tienen vestuarista o gente que tiene zapaterías especiales que les hacen las
botas de plataforma a medida o compran en el exterior prendas de la marca de KISS sino que, también,
en la mayoría del vestuario, ponen manos a la obra ellos mismos con la ayuda de
la manager.
En
esta nota realizada en 2021, en medio de la pandemia, conversamos con Tute
acerca de cómo es jugar a ser KISS…
ENTREVISTA>¿Cómo
se formó la banda?
La
banda la forma Andy [Buonfrate], con otros tres músicos, en 2012. Cuando el
baterista se va, me sumé a la banda. Y me encargué de la parte más creativa del
grupo como para traer un poco de aire a la propuesta. Hubo cambios a los largo
de los años pero la particularidad de ser un grupo “sin caras” por el
maquillaje hace que si algún integrante de la banda cambia no se vea simple
vista ese reemplazo. El fan sigue viendo a los cuatro clones de KISS.
¿Cómo
arman los shows?
Tenemos
dos modos de armar los shows. Por un lado, los shows de clásicos o éxitos que,
por lo general, son los shows con los que hacemos las presentaciones cuando viajamos
a otro país o provincia o a algún evento. Y por otro, están los shows temáticos
que los producimos tomando una porción de la historia del grupo y jugamos con
eso. Por ejemplo, un show temático fue el del Unplugged and Symphony. Tomamos dos o tres discos de KISS que
tocaron con sinfónica o unplugged,
nos asociamos con un director de orquesta y metimos 11 músicos del Teatro Colón
en el escenario. En otra oportunidad, tomamos la película Kiss Meets the Phantom of the Park (1978) y recreamos en el escenario
el set disc de la película con dos pantallas gigantes, y entraban los
personajes en el escenario. Y así hacemos muchísimas locuras. Eso altera los
trajes, la escenografía y es muy costoso pero son muy bien recibidas por el
público.
¿Se
puede vivir de esto?
No.
No se puede vivir de esto por varios factores. Primero porque vivimos en
Sudamérica y no hay mucho dinero y recursos disponibles para que una banda
pueda girar continuamente. Además, KISS siguió activo como banda hasta hace muy
poco, entonces, los tributos no son atractivos como lo sería uno de Queen o Beatles, por ejemplo. Y el tercer motivo es que a pesar de ser una
banda muy popular, KISS no es extremadamente masiva. Lo que hacemos es
reinvertir todo lo que ganamos en cada show. Así hacemos una cadena de
inversión y re inversión constante.
¿Y
a qué se dedican a parte de esto?
Todos
tenemos otras bandas y proyectos varios. Por ejemplo, Andy (que hace de Paul
Stanley) y yo tenemos cada uno su banda solista pero juntos formamos la
banda The Quarantimes. Mark (que hace de Ace Frehley) toca en otras bandas tributo. También, tengo una banda
con Zar (que hace de Gene Simmons), que es mi hermano, que se
llama Tomalo y tiene 20 años. Mucha
música dando vueltas. Después, tenemos trabajos muy dispares: un profesor de
Lengua y Literatura, un creativo audiovisual, un abogado y yo, que soy director
de arte.
¿En
qué época de KISS se centra la puesta de los shows?
La
carga está puesta en los inicios de la banda pero hemos tocado todas las
épocas. Lo primordial es que la gente se mueva. No hacemos un tema rarísimo
solo para demostrar que lo sabemos. Queremos que la gente que nos ve, se
divierta.
¿Cómo
consiguen el vestuario?
Por
un lado, tenemos vestuarista o gente que tiene zapaterías especiales en las que
nos hacen las botas con esas plataformas a medida. Por otro lado, hemos
comprado en el exterior varias prendas de la marca de KISS y la porción más
grande, la hacemos nosotros mismos con ayuda de Sil [Silvia Altomare], nuestra manager. Hemos aprendido a hacer muchas
cosas que en la vida hubiéramos imaginado. De hecho, el último show importante
que dimos salimos con los trajes del disco Dynasty
[1979] que son muy coloridos y estrafalarios. Así que trabajamos como cinco o
seis meses cortando tela, pegando tachas, haciendo las borlas de los pelos del
tigre. Una locura. Nos juntábamos todos los domingos a laburar en eso. La
verdad que nos divertimos mucho. Y después, lo disfrutamos porque al ver las
fotos y las caras de la gente todo ese esfuerzo vale la pena.
¿Qué
hace especial a este tributo?
Creo
que cualquier tributo, hecho con seriedad, está hecho por alguien que quiere a
la banda y siempre va a poner siempre todo de sí. En nuestro caso, somos cuatro
fanáticos enfermos de KISS que trabajamos fuerte y nos animamos a ideas que no,
necesariamente, salen del catálogo obligado de la banda. Como te conté, editar
una película para que salga en pantalla en simultáneo con los temas que tocamos
y a la vez, los monstruossaliendo al
escenario. Y lo hicimos porque pensábamos “qué lindo si KISS se animara a hacer
una locura como esta”. Nos divertimos y nos animamos a poner las bombas, el
dragón que tira humo por la boca, a jugar con las pantallas haciendo una
pantalla para cada canción en todos los shows o replicar escenas y fotografías
clásicas. La verdad que nos lo tomamos muy en serio y, difícilmente todo esto
que te cuento lo veas en otro lado. También, nos divertimos mucho. Lo que te
puedo decir es que todo está hecho con huevo y corazón.
Claro,
aparte desde lo visual debe ser muy caro recrear la esencia de una banda como
KISS…
El
tributo a KISS es toda una inversión porque no es cualquier banda que toca con
cualquier ropa o cualquier instrumento. Pero esa sumatoria de detalles, también,
es linda. Nosotros tenemos los distintos bajos de Gene, las violas de Paul
y Ace, y cuando lo vemos todo junto,
nos sale el fan. ¡Es un flash!
¿Cuáles
son las repercusiones que les llegan de los fans?
El
fan de KISS, por lo general, es un fanático muy religioso como los fanáticos de
fútbol. Se saben todo, es un fan coleccionista. Y como es una banda muy longeva
que tuvo cambios de formación, están los que aman una época y no de otra, los
que odian una etapa. Y en ese contexto, aparecen las bandas tributo que se
comen aplauso, besos y cachetadas. Además, es muy difícil animársele a una
banda como esta que es tan producida y exagerada porque, difícilmente, algún
día estar cerca de poder ofrecer toda la parafernalia de ellos. A nosotros nos
bancan y nos siguen mucho. Siempre hay un grupo fijo que vienen con sus remeras,
maquillados o viene el abuelo, el hijo y el nieto. Si hacemos palillos o
remeras, se los llevan todos. Nos piden las púas. Nos bancan pero es un trabajo
de hormiga.
Varias
veces estuvieron en shows televisivos…
Sí.
Estuvimos en la tele varias veces en Sin
Codificar, Polémica en el Bar.
Una experiencia que tiene un rebote muy fuerte. Al día siguiente, se te suman
500 personas al Instagram o al Facebook. Realmente, la publicidad que tiene un
medio es impresionante. También, hemos hecho muchos eventos privados sociales o
empresariales.
¿Alguna
vez hicieron shows sin los trajes o el maquillaje como es el tema de hacer el
Unplugged?
Hacemos
temas de todas las épocas pero nunca sin los trajes y el maquillaje porque
creemos que ahí se pierde el plus que puede tener un tributo. Trabajamos mucho
el look, los movimientos, los instrumentos (que son iguales). Entre el
maquillaje y ponernos el traje estamos una hora y media o dos.
¿Tuvieron
contacto con los integrantes de KISS?
Sí.
Andy y yo tuvimos nuestras experiencias de meet
and greet. Gene Simmons tiene
firmada fotos de la banda. Los hemos conocido y tratado. Es divertido cuando
les hemos acercado fotos de la banda y ellos se ríen. Ellos entendieron que los
tributos mantienen al fandom vivo.
Quásar viene
pisando fuerte en el ámbito del rock progresivo argentino con una obra que
cuenta con influencias de los grupos clásicos del género en los años 70. Así, en
su música puede escucharse la herencia musical de Yes, Genesis y Crucis, entre otros. La banda
interpreta sus propias composiciones, embarcadas en la búsqueda de un sonido novedoso
acorde a los tiempos que corren pero sin olvidar la tradición del viejo y
querido rock sinfónico. Además, los integrantes del grupo tienen una
característica muy particular: ninguno de ellos sobrepasa los 23 años.
Entre el 16 y el 22 de diciembre de
2022 grabaron su disco debut en Estudio Kimono, con la operación de sonido a
cargo de Claudio Lafalce, otro
referente importante del rock progresivo en nuestro país. El material se mezcló
y masterizó entre enero y mayo de 2023 y el 25 de mayo de 2023 el álbum homónimo
fue lanzado a todas las plataformas digitales. También puede encontrarse, de
modo físico, en el sitio web de Viajero inmóvil Records.
El grupo está integrado por Santiago Rodríguez
(guitarra eléctrica y criolla), Francisco
Comínguez (teclados), Iván
Vega
(bajo eléctrico) y Leopoldo
Arenas (batería y percusión).
Con ellos nos encontramos a charlar en
una tarde inclemente de este verano porteño para conocer más acerca de esta interesantísima
propuesta. Quásar en primera
persona.
ENTREVISTA> ¿Cómo se iniciaron en la música?, ¿cómo se
encontraron? Y ¿cómo fue la apuesta por el género que eligieron?
Francisco
(teclados): Nos conocimos en el secundario en la escuela
de música [Juan Pedro] Esnaola y nos fuimos dando cuenta de que nos gustaba la
misma música, básicamente. Y ahí nos fuimos construyendo juntos.
Santiago
(guitarra): Al principio empezamos, simplemente, por
juntarnos a tocar, pero no queríamos tocar temas de otras bandas. Naturalmente,
surgió la idea de componer y trabajar con materiales que cada uno tenía y, de
forma muy intuitiva, empezamos a hacer temas propios. De a poco todo empezó a tomar
forma y empezamos a hacerlo más conscientemente, tomando decisiones ya pensando
a futuro.
¿Apostaron
al sonido progresivo de entrada?
Leopoldo
(batería): Creo que era la música que más escuchábamos, también
porque era la música que nos gustaba desde chicos. En nuestras casas siempre se
escuchaba eso o cosas parecidas, y nosotros fuimos inclinándonos a lo
progresivo porque, definitivamente, nos gusta.
Iván
(bajo): Bueno, en mi casa, por ejemplo, se escuchaba mucho Charly. Desde que tengo memoria sonaba Serú Girán.El
disco Bicicleta es el que más presente tengo. Y después, La Máquina [de Hacer Pájaros], fue más una búsqueda propia.
Así
que la onda progresiva viene de familia…
Leopoldo:
Me acuerdo del día en el que mi vieja me preguntó que estaba escuchando y le dije
que un tema de Yes. Entonces, me
dijo, "¿Escuchaste este disco?" y me mostró Close to the Edge. Lo puso y para mí fue un punto de inflexión, por
lo menos en esa época. Fue algo muy fuerte. Pero con Francisco ya veníamos escuchando
ese estilo en clase con auriculares.
Iván: En
mi casa no se escuchaba nada. En mi caso, conocí Close to the Edge y Yes por Leopoldo y
Francisco. Ellos me fueron mostrando esa música.
Francisco: En
mi casa tampoco se escuchaba rock progresivo, pero sí, mucho rock bien de los 60,
70. Serú Girán, Sui Generis, los Beatles, Queen. Después descubrí el rock progresivo y me empezó a gustar
más. Y también, como toco el piano, el rock progresivo me atrajo porque hay más
teclado.
Claramente,
no solo su formación musical si no también, la idea de armar algo arrancó tempranamente.
Santiago:
Sí, la Esnaola es un bachiller con formación musical. O sea, es una escuela
superior entonces uno, al mismo tiempo que hace la secundaria, a contra turno,
hace el conservatorio. Todos nosotros, hacíamos la formación musical por la
tarde. Coincidimos en cursos entre varios de nosotros.
Leopoldo: Entonces,
estábamos siempre interconectados de alguna manera.
Iván: Y
también, como en esta escuela nadie podía hacer el bachiller sin hacer música estaba
llena de músicos y armar una banda era tan fácil como ir a comprar un alfajor
al quiosco.
Santiago: Por
otro lado, el rock progresivo era un género bastante predilecto en la escuela porque
tiene un lado académico, y, también, la fuerza o lo más dinámico del rock.
Entonces, para la juventud, hay algo que se asociaba entre esas dos cosas que lo
hacía atractivo.
Leopoldo: Está
bastante relacionado a la adolescencia. Me parece que es el momento para
descubrirlo. Aparte ya había otras bandas de rock progresivo en la escuela y eso,
un poco también, nos hacía quizás ponerlo en el horizonte como una posibilidad.
Además
de Ca7riel y Paco Amoroso ¿hay grupos o solistas que han salido de ese colegio
que después se volvieron conocidos?
Leopoldo: Sí,
hay una banda que se llama Cáliz que
fue la que más nos marcó, sobre todo porque eran solo un año más grandes que
nosotros y bastante cercanos.
Iván: Cáliz
creo que fue mi banda favorita durante mucho tiempo y un poco lo sigue siendo.
Ir a ver a Cáliz era lo mejor que me podía pasar, era alucinante. Esa banda fue
una influencia muy grande para nosotros. No solo por la música sino porque
estaban estudiando con nosotros, lo veíamos todos los días. Eran unos capos.
Fue un empujón muy grande para la formación de nuestro grupo.
¿Cuáles
son sus influencias?
Leopoldo:Crucis, Yes, Genesis. La Máquina. Pero, sobre todo, creo que Yes y Genesis. Y de
acá nos gustan El Reloj, Alas, Serú
Girán.
Iván: Escuchamos mucho a Serú. Bueno, a Charly en
general, prácticamente, en todas sus etapas.
¿Cómo
es salir a tocar rock progresivo en la actualidad?
Iván: La
actualidad, me da un poco de lástima porque siento que ahora no importa mucho
la música, sino lo que sucede a su alrededor. Es decir, hoy para moverse bien y
hacerla circular se tiene que transformar en un producto que forma parte de un
sistema que, en realidad, es ajeno a la música porque ese producto necesita ser
visibilizado de una manera y se pierde el contenido musical en sí o al concepto
de todo lo que quiere transmitir la música. Entonces, me parece que el proceso
para insertarse en el mercado y para crecer como artista o como banda es tan
ajeno a la música que, a mí, no sé, no me convoca.
Leopoldo:
Creo que todavía seguimos viendo de qué manera transar con la actualidad. En un
momento nos lo pusimos a pensar bastante en la manera en la que queríamos
mostrarnos y creo que todavía no lo sabemos muy bien. Lo que sí es bueno, y no deja
de sorprenderme nunca, es que a la gente le gusta lo que hacemos y nos viene a
ver. Eso es algo muy valioso. Lo que hacemos es poco esperable para el mercado
de la música. Entonces, siento que la novedad de hacer un show más
multidisciplinario, con concepto y con diferentes temáticas, también, es
atractivo.
Santiago: Nos
cuesta mucho hacer cosas para atraer más gente. En general, los medios de
comunicación o redes sociales se usan para promocionar la música y no son
nuestros espacios más cómodos para habitar. Hace poco hablaba con una amiga que
me decía que, por ejemplo, en Instagram se valora mucho que muestres tu cara,
incluso si es una imagen casual. Que eso te da visualizaciones. Y eso no tiene
tanto que ver con lo que nosotros queremos mostrar. Justamente, hacemos algo
bastante despersonalizado. Entonces nos cuesta un poco, a veces, entender qué
podemos hacer para llegar a más gente en esos medios.
¿De
dónde creen que surge el público de la banda?
Francisco: A
mí me genera cierto misterio de dónde sale la gente. Al principio, creo que
salía de algunos festivales en escuelas en las que tocábamos como en un
festival del [Colegio Nacional] Buenos Aires, en otro del [Escuela Técnica
Fernando] Faber… Y así muchos. Había gente joven que se copaba. Vamos tocando
en festivales a los que nos invitan y creo que el disco les ha llegado a
algunas personas de esa manera. También,
conocimos bandas de rock progresivo que nos hicieron llegar a gente a la que le
gusta el género y de esa manera llegamos a más gente, incluso personas más
grandes que nosotros. Pero no sabría bien de dónde sale toda la gente que nos
viene a ver.
Santiago:
Iba a decir, también, que el público del rock progresivo nos conoció por haber
sacado el disco con Felipe Surkán en
la discográfica Viajero Inmóvil. Creo que él, también, ayudó a hacernos
conocidos en ese ambiente.
¿Cómo
cranearon su primer disco, Quásar (2023)?
Francisco: En
principio, no lo pensamos mucho. Con Francisco, mientras nos formamos, nos
juntábamos a tocar y de la nada empezaron a salir ideas que se convirtieron en
temas hasta que llegó un punto en el que empezamos a diagramar un disco con las
cosas que teníamos. Y de poco dijimos, “bueno, hagamos realidad esto de grabar
un disco”. Entonces, empezamos a tener
un objetivo más claro. A partir de ahí vino un largo proceso en el que tomamos
decisiones para incluir, sacar o modificar los temas. Nuestra idea era grabar más
o menos en el año de la pandemia o en el siguiente. Pero se frenó bastante por
eso. En definitiva, empezamos a tocar y
grabar más en serio después de la pandemia, pero, en realidad, veníamos
pensando todo hace mucho. Aunque desde al principio no teníamos el plan de
hacer un disco se fue armando un poco para un lado y para el otro, o sea, había
cosas ya hechas y empezamos a pensar en cómo darle un sentido.
¿Cuál
es el concepto del disco?
Francisco:
No nos gusta contar mucho (Risas) Hay que verlo cuando tocamos. Cuando tocamos
en vivo antes de sacar el disco contábamos parte de la historia de la que habla.
Y así dábamos como un marco conceptual pero nunca dejando de lado la música
para que sea ella la que te cuente la historia. No darlo todo explicado o
escrito como un libro. Entonces íbamos generando algo donde todas las cosas
influían y al final cada uno se terminaba armando algo personal. Sí, es una
historia de unas personas que hacen un viaje por el espacio y terminan en un quásar
por ciertas cosas que les van pasando.
¿El
nombre el grupo surge por la historia, entonces?
Todos:
Al revés…
Santiago: Primero
nos gustó el nombre y después de ahí a partir de “Código Quasar”, que fue el
primer tema que tenía una narrativa conceptual, la historia se fue abriendo
como un árbol.
Francisco: Sí,
la narrativa del Código es un poco más literal, como que va contando “acá pasó
tal cosa y acá pasó esta otra”.
Santiago: Sí,
como que nos acercamos y alejamos de la historia. Los últimos temas que hicimos
en el disco reflejan eso, como la separación de la historia a la que ya nos habíamos
acercado.
El
disco tiene un solo tema con letra y es el que abre, ¿cómo surge incluirlo en
una obra instrumental?
Francisco:
Es el primer tema del disco, pero el último que hicimos. Tardamos en hacerlo
porque queríamos que esté muy bueno. El tema lo hizo Santiago.
Santiago: Le
pusimos mucha expectativa a ese tema. No solo queríamos que esté bueno, sino
que la idea de entrada fue que tenga letra. Nos llevó mucho tiempo porque lo
que nos sale más fácil es hacer temas instrumentales.
¿Y
cómo es ofrecer un material que demanda una escucha detenida en una época en la
que predomina la dispersión y la velocidad para los consumos culturales?
Francisco: Creo
que hay algunas personas que, evidentemente, prestan atención. Creo que hay
mucha gente que lo escucha y le interesa. Y, sobre todo, en vivo lo que hacemos
tiene un atractivo visual, también. Intentamos que haya bastantes cosas que
capten la atención cuando nos vienen a ver. Si querés ver y no solo escuchar
cerrando los ojos, siempre hay otros estímulos.
¿Usan visuales?
Francisco:
No, no usamos pantallas ni proyecciones. Solo somos nosotros en escena, pero nos
dedicamos mucho a la vestimenta o quizás hacemos alguna cosa en vivo. Es
difícil de contar.
Leopoldo:
En una oportunidad en la que tocamos en el Centro Cultural San Martín vino de
invitado el bajista de Cáliz, que es muy amigo nuestro, sobre todo de Fran,
para leer parte de la historia y actuar.
Francisco: Una
vez pusimos una pecera en el escenario e íbamos tirándole cosas de colores para
que hagan formas y musicalizamos esa escena con una composición inédita e
irrepetible y, en simultáneo, una actriz bailaba. El mundo que vamos armando a
partir de la música, en algún sentido, está un poco guiado por lo visual,
naturalmente.
Santiago: Igual
es todo muy abstracto, no es que guionamos lo que va a suceder. En ese caso, nosotros
hicimos la sugerencia de que la escena tenía que ver con el agua, por ejemplo. Porque
ese recital lo pensamos en relación al agua, pero damos la libertad de cómo interpretar
esas abstracciones.
Iván:
Estoy de acuerdo con lo decías de la velocidad. Hoy el mundo está apuntado
hacia el lado de tener estímulos más efímeros de lo que sea, no solo de la
música. Hacia la generación de dopamina, o algo que ofrece satisfacción
rápidamente y que dura poco. Pero considero que hay una cierta resistencia en
algunos sectores. En el mundo viven 8000 millones de personas y no todas van a
girar y mirar hacia el mismo lado. Entonces, si tuviéramos que encasillar
nuestra música, que no es algo que solemos hacer, o definir un público;
definitivamente, sería para ese sector que resiste y rompe la tendencia a que
sea todo rápido. Creo que se perdió el hábito de escuchar música y no estar
haciendo otra cosa en simultáneo.
Leopoldo:
Además pensamos bastante en que los shows no se parezcan entre sí y que cada
uno tenga su distintivo, que ninguno sea igual a al anterior.
Francisco: No
solemos tocar el disco entero. Aparte, nuestro primer disco es bastante largo.
A veces, sumamos temas nuevos o cosas que no son, necesariamente, para grabar
en un disco pero que sí nos ayudan a generar momentos en los shows. En vivo,
hay bastantes cosas más allá de los temas grabados.
Santiago: A
esos momentos los llamamos Interludios.
Son como pequeñas piezas que no pertenecen a ningún disco y, seguramente, nunca
pertenecerán, pero están buenísimas para aprovecharlas en vivo y crear un clima
distinto a lo que se puede escuchar en el disco.
Francisco:
Claro, creo que tienen un propósito distinto al de escuchar el disco sentado en
tu casa.
¿Los ayuda alguien a diseñar los
vestuarios?
Santiago:
No, lo hacemos nosotros con lo que tenemos.
Iván:
Algunas veces fuimos a ferias americanas en las que venden ropa rara. Es decir,
que no verías a alguien usándola en la calle. Hemos comprado varias cosas para
tocar en vivo en una feria cerca de donde vivo en la que hay un puesto de ropa
que vende ropa para teatro. Ahí compramos algunas túnicas y trajes del estilo
de reyes medievales porque lo sentimos relacionado con la música, de alguna
manera.
Francisco: Tenemos
la idea de generar cierta inmersión en el espectador, a partir de la estética.
Como que lo que estás viendo en el escenario es ajeno o lejano al mundo
cotidiano.
Ahora ya están planeando un nuevo
disco, ¿cómo viene eso?
Francisco:
Estamos componiendo para poder terminarlo lo antes posible.
Iván:
Estamos terminando de ensamblar y tenemos muchas ganas de grabarlo.
Francisco:
Sí, yo creo que va a ser una propuesta diferente. Aunque verlo desde adentro es
muy diferente a como se vea desde afuera…
Leopoldo:
Pero a simple escucha ya es distinto.
Santiago:
Sí, intentamos que sea muy distinto.
Francisco:
Eso pasa porque tenemos búsquedas diferentes. Y al contrario del primero, este
material está pensado desde el principio para ser disco. De hecho, cuando
surgen ideas musicales decimos: "Está la guardamos para el próximo
disco". Hay muchas ideas que vienen de antes, y como tenemos más
experiencia y más estudio, también, las arreglamos y componemos con ellas.
Somos todavía más quisquillosos que antes.
Iván:
Sí. Y para mí un factor importante es que somos bastante más grandes porque
algunas partes del primer disco las compusimos con 16. Personalmente, creo que,
por una cuestión biológica y lógica, cambiamos mucho y eso se ve reflejado,
también, en la música.Más allá de todo
lo que dijo Fran, que es cierto, creo que este, también, es un factor que
influye para que el nuevo disco sea distinto.
Santiago:
La manera en la que nos acercamos a las cosas era bastante más espontánea o
menos premeditada que ahora. Hoy, pensamos mucho más en todo. Lo cual no es ni
bueno ni malo. En aquel momento, todo surgió de un modo mucho más intuitivo. Sí,
bien ahora está más definido que lo que hacemos es rock progresivo, por las
características de los instrumentos que usamos y la influencia que tenemos. Pero,
en verdad, también entendemos que es un género con mucha libertad. Y estamos en
una búsqueda de mayor libertad.
Francisco: Claro,
no sé. Personalmente, pienso que antes decíamos: "Vamos a hacer rock
progresivo". Y ahora, decimos, "Vamos a hacer música."
¿Qué
obra de del rock progresivo tiene cada uno como referencia de excelencia u
horizonte?
Iván:
A mí, Close to the Edge que me vuela
la peluca.
Leopoldo: En
mi caso, Relayer, también.
Santiago: Coincido
con Francisco y Leopoldo porque es más ambicioso en algunas cosas. Close to the Edge como que, por momentos,
permanece dentro de la canción. Relayer toma la forma y la lleva para
cualquier lado.
Francisco:
Igual, de Yes nos gusta todo.
¿Les
gusta el neo progresivo?
Leopoldo: Por
cómo está grabado y por el sonido más metálico, se me aleja un poco. A veces,
incluso, hasta me hace acordar a cómo está grabado el pop o ese tipo de cosas.
No me suena tan natural. Me parece que el diseño sonoro de los 70 estaba más
apuntado a crear un espacio y no tanto a que pegue un bajo fuerte y retumbe.
Santiago: Sí,
la estética cambió mucho después de los 80.
Francisco: Sí.
A mí me pasa que siento que el rock progresivo moderno es muy un género. Siento
que hay menos variedad. O sea, son músicos del carajo, en general, que tocan
muy bien, muy preciso pero los podés distinguir fácilmente. Pero si vas a
comparar Genesis con King Crimson o Yes
con Jethro Tull, es como que cada
uno hacía un género distinto. Había otra libertad, para mí que es bastante
diferente a los que es el rock progresivo moderno.
Santiago:
También, porque se estaba gestando el género. Un poco quizás lo que hacemos nosotros
es parecido. O sea, un sonido más de los 70. Con nuestro primer disco no
apuntamos a una renovación del género. Si no que buscamos acercarnos a esa
música que nos gustaba en ese momento.
¿Qué
otros grupos de rock progresivo actuales les gusta?
Francisco: De
Argentina, solo tres. Cáliz, que grabó un disco está muy bueno. Los recomiendo
siempre. Y después, la banda Ícaro,
que está muy bueno lo que hacen. Y, FlaxoN,
que grabaron un disco hace unos años.
¿Escuchan
otro tipo de música?
Francisco: Con
Santi, como estudiamos composición en la universidad, nos gusta mucho la música
clásica o académica contemporánea y creo que, también, tomamos mucho de ahí.
Leopoldo:
Yo, escucho una banda que es de las pocas que me gusta ir a ver en vivo que se
llama SACRUM que es de jazz fusión. Es
un trio de bajo, teclado y batería. El tecladista, también, fue al Esnaola y nos
conoce. Aparte, estar en la carrera de jazz, inevitablemente, hace que empieza
a escucharlo más. También, shows homenaje, por ejemplo, al guitarrista Grant Green.
Iván: A
mí siempre me gustó el rock nacional, aunque no tiene mucho que ver con el
progresivo… Me gusta mucho la cultura
del rock, el pogo, que sea una música revolucionaria. Escuchaba mucho a una
banda que se llama Plini de metal
progresivo. Hace rato que no la escucho.
También,
Steven Wilson. Actualmente, como estoy
tomando clases de jazz, lo estoy escuchando mucho. Así que eso: rock nacional,
jazz fusión y jazz clásico son los tres géneros que escucho a diario por fuera
del progresivo.
Jorge Minissale acaba
de lanzar en todas las plataformas su último disco en estudio, titulado Hippiedelia, el cuarto de su
trayectoria como solista. El músico, conocido por ser integrante del grupo Suéter —entre otras formaciones—,
presenta un material de ocho temas propios y cuenta con la participación como
invitados a Pablo Sbaraglia y Fernando Samalea.
Se
trata de un álbum que se aleja de las temáticas actuales de la música argentina
para recuperar el mensaje de resistencia y transformación que definió a toda
una generación. El sonido del álbum es crudo y potente, y se perfila como una voz
rebelde frente a una sociedad moderna que avanza hacia niveles intolerables de
desconexión humana y crueldad. Hippiedelia
contiene un fuerte mensaje crítico del individualismo y la alienación que
produce la sociedad moderna. Muy lejos de la música para entretener en un mundo
poco entretenido, es un álbum conceptual, idealista y combativo en donde Minissale se siente cómodo para narrar, inspirado en los ideales que hicieron
del rock un movimiento social de cambio y las contraste con las miserias que
produce el mundo de hoy.
Los
créditos de Los Impulsores, los músicos
que grabaron el álbum son: Martín
Paladino en batería, Mariano
Escudero en bajo, Leandro Romero
en guitarra, y Jorge Minissale en
guitarra, teclados, sintetizadores y voces. Producido por Jorge Minissale y
Leandro Romero.
En
esta nota convocamos a Jorge para que nos contara los vericuetos de este disco
formidable.
ENTREVISTA>
Contame un poco sobre tu nuevo trabajo Hippiedelia.
Este
disco está enfocado en un público que presta atención, que da tiempo, ganas y que
tiene la costumbre de escuchar. Un público con sensibilidad, que no se deja
llevar por un montón de situaciones y que de verdad gusta de la música. Para nosotros
que somos un poquito más jovatelis, por decirlo de una manera elegante (risas).
Cada tanto uno intenta hacer algo así, a veces sale, a veces no…
¿Cómo fue la elaboración del disco?
El
disco estaba listo hace dos años, pero me enganché con hacer la producción del
disco de Suéter en el que
reversionamos los clásicos. Y fue un trabajo muy largo en donde puse toda mi atención.
Hippiedelia lo teníamos mezclado y
masterizado con Leandro Romero, que
es el ingeniero y coproductor conmigo y aparte es el guitarrista de Los Impulsores. Veníamos hablando hace
un montón de cómo lo queríamos hacer. Esta es la primera vez que, como pudimos solventar
la grabación y no depender de nadie, tuvimos el control de todo. Los discos
anteriores los hice con amigos y las instalaciones eran de ellos, por respeto o
educación muchas veces terminás haciendo cosas que no estás del todo convencido. En este, en cambio, pudimos alquilar el
estudio que nos gustaba para grabar la batería o los micrófonos para grabar las
voces. Siento que con este trabajo dimos un salto de calidad como productores.
Este disco me hizo crecer un montón en esa función. A lo mejor no tuvo tantas
horas de grabación sino muchas horas juntos craneando y buscando. Por eso estamos
muy contentos con el resultado.
Tiene
muchas capas de sonido. Además de tus guitarras, también, hay mucho teclado…
Sí,
pensé que como es mi tercer álbum de estudio teníamos que hacer algo diferente
y tenía ganas de hacer un disco con menos elementos. O
sea, con menos guitarras y las pocas que introducimos que suenen bien, que
tengan presencia. A diferencia de los otros discos donde la búsqueda fue orquestar
con guitarras, acá me pareció mucho más interesante ir por el teclado. Básicamente,
porque pensé el estilo del disco como pop rock barroco.
¿Y
el teclado es un instrumento familiar para vos?
Sí,
me crié con ese sonido. Hay un poquito de órgano, pero en lugar del tener el
clásico sonido de Hammond nos inclinamos por el lado del Continental que es un
teclado de estado sólido más bien de los 60. De hecho, si escuchás el tercer
tema del disco [“Ya No Importa Lo Que Te Importa”] es muy Spencer Davis Group. La idea fue hacer el sonido similar al de Steve Winwood. Es como un homenaje. Después
usamos algunos sintetizadores líderes como puede ser el Arp o el Minimoog que
son los teclados que conozco bastante. Si bien no soy tecladista ni mucho
menos, los conozco porque me crie con todos esos sonidos por mis amigos músicos.
Éstos son sonidos muy familiares para mí. Así
que bueno, un poco eso y a la vez, también, tenía la idea de dejar muchas capas
debajo y la batería o la voz solas. Dejar mucho agujero, no recargar. Cuando
llegamos a las grabaciones teníamos todo demeado y se respetaron casi todos los
ritmos armados. Entonces, no sufrimos una decepción. Quería mantener el sonido
del demo porque son meses y meses que venís escuchando eso y después te cuesta
mucho salir de esa sonoridad de la que terminás enamorándote.
También se nota que está pensado como
obra conceptual…
¡Sí!
Yo venía reflexionando sobre el concepto en Trigémino, también,
y todas las canciones hablan de lo mismo. En Hippiedelia, también, salgo en la tapa, pero como un personaje que
representa a alguien de mi edad, alguien que está con una pata en cada siglo. Y
quizás ahí hay un punto de mucha coincidencia con lo de Trigémino, que es, también, mi grupo de rock progresivo con el que
estoy a full ahora. Por eso Hippiedelia
apunta a un estado mental y a la vez es un lugar al que ese personaje quiere,
de alguna manera, escapar. Es decir, ir hacia una zona que es una isla para abandonar
todas estas cosas mundanales con las que, la verdad, no estoy de acuerdo. Así,
hacer un álbum que hable de eso buscando las palabras, la rima, es mi forma de protesta:
la narrativa de un personaje que ante las imposibilidades que instala la
situación, opta por dejar todo atrás e ir a un lugar donde hay otra gente como
él porque no está solo. No es Robinson Crusoe, él se va a Hippiedelia porque allí hay gente como él. Estamos en una época en
la que te empiezan a llenar la cabeza con que todo lo nuevo está buenísimo y
todo lo anterior no. Yo no creo eso.
Estamos hablando de todo lo que tenga
que ver con hiperconectividad, inteligencia artificial y una mirada
celebratoria sobre los avances tecnológicos.
Sí,
el loco se está yendo a Hippiedelia como un lugar en el que no va a
tener que estar dependiendo de un celular, de X, de las tendencias. La realidad
es que todas estas cosas nos van a trascender. Nosotros no vamos a estar cuando
el mundo esté manejado por todo lo que hoy es ciencia ficción. Este trabajo
surge en defensa propia. Yo no regalo, defiendo lo mío. O sea, las muelas que
perdí y todas las deficiencias en mis órganos, no lo voy a regalar. ¿Entendés?
Porque eso fue apostarle a una historia. No quiero juzgar porque a mí no me
interesa eso, pero creo el gran error de los artistas que llegan a cierta edad es
que se ponen a hablar de lo que suena ahora. A mí no me interesa hablar de lo
de ahora, porque para eso están los chicos que representan a su generación y
está buenísimo. ¿Vos crees que los chicos de 15 y 17 años conocen a los Beatles, los Who o los Rolling Stones?
Si los conocen es por los papás. Y está muy bien porque así debe ser.
Obviamente, que los artistas de nuestra generación son esos baluartes que
siguen de pie y siguen moviendo. Eso no está en discusión. El error está en
querer llenar la cancha de Vélez porque ni yo ni otros de mi generación la vamos
a llenar. Nuestro momento pasó y está bien que haya pasado. La pasamos bien y
estuvo bien. Lo que quiero decir es que no hay que renegar tanto. Yo me corro a
un costado, a mí no me interesa hablar, lo que sí no me gusta es que me vengan
a tratar mal a mí. Por eso digo que el disco es un poco en defensa propia. Entonces,
el disco no está hecho con ánimo de juzgar, sino con ánimo de resistencia.
Bueno,
eso es el rock…
Es
que este álbum tiene que ver con eso: rescatar un poquito la filosofía rock. Cuando
se habla del rock a veces se confunde el rock con la sonoridad. Deep Purple, Riff, V8, son rock. Pero podés
hacer algo que no suene con esa crudeza y, también, sea rock. Para mí la Mahavishnu Orquestra es rock. El legado
del amor fue el primer festival que se hizo en Estados Unidos, básicamente,
para que no manden al matadero a la juventud. Pero cuando hablan de hippies lo
primero que dicen siempre es que son faloperos y que no se bañan, Sin embargo, atrás
de eso, también, había una filosofía, un principio muy power. No solo
decían “paz y amor”, también, decían “No queremos ir a la guerra”. En los 70 el
rock, también, tenía una razón de ser que era, básicamente, oponerse a la
represión. Entonces, el disco abreva en esas aguas.
No
hay Melodyne, no hay Autotune, no hay nada de eso.
No,
claro. Lo que hay que recordar que un disco es un documento. Una cosa es que
pongas autotune porque no pegas una nota y otra, es que lo pongas como un
efecto. ¿Quién arrancó con el autotune?
Cher con “Believe”…
Puede
ser… acá, el que arrancó con eso fue Maxi
Trusso que, dicho por él, lo usó como efecto, como para ponerle un delay a
la voz. Después se empezó a utilizar para corregir. A mí, la verdad, ni me
interesa porque no hace falta. Que hagan lo que quieran, si quieren cantar con autotune
porque no pueden cantar y la gente los va a ver, está muy bien. Yo,
difícilmente. No digo que soy un tenor para cantar en el Colón, pero, hoy no
tengo esos problemas. Además, nunca nos olvidemos de que somos músicos y/o artistas que no estamos operando a
alguien con un problema de vida o muerte. No estamos haciendo un puente que le
va a solucionar el problema a toda una comunidad. No somos. Paremos con la
boludez, también. Son
muchas batallas que empiezan a pasar factura. Son 50 años haciendo esto, el
oído está medio quemado. Sigo manteniendo el calibre de las cuerdas, pero tengo
algunos dedos que ya se me están empezando a doblar. Como le pasa a un deportista,
vos estás poniendo el físico todo el tiempo. El oído lo sometí. No hemos sido
gente que se ha cuidado, digamos, hemos sido bastante imprudentes. Igual no me
arrepiento de nada, yo voy al mango, loco. Ya está.
¿Hay algo de la omnipotencia de la
juventud que mantenés?
No
sé. Hago música. Cuando éramos chicos creíamos que íbamos a detener el mundo o
a cambiarle la cabeza a la gente, pero, a la gente no la cambia nada, la gente
sigue su camino. Y bueno, nosotros lo único que hacemos es ayudar un poco. A lo
mejor alguien estando triste, escucha tu música y siente alguna resonancia de
alguna situación en la armonía entre un acorde mayor y menor y eso le levanta el
espíritu. Entonces, la distracción está bien y sí podés crear un poco de
conciencia, sos Gardel. Yo hago
música y hay 200 millones más que la hacen. Después si tocas un poquito una
fibra, eso está bárbaro, pero tampoco hay que creérsela y dejar de saludar al
tipo de al lado. ¡Pará, boludo! Si sos un pibe común y silvestre que tiene la
suerte de haberse divertido y seguir divirtiéndose haciendo cosas.
¿Y con este disco te divertiste?
¡Sí!
Me imagino que el trabajo de músico es, también, como el de un pintor o un escritor
porque arrancás con un lienzo o una hoja en blanco. Las canciones arrancan así:
en blanco. Y este disco, también, arrancó de esa manera. Fue en pandemia. Todos
arrancamos un poco ahí porque estábamos al pedo, no teníamos mucho para hacer,
no podíamos hacer nada. Fue como una película de zombis. Y empezás de cero. Tenés
una idea en una guitarrita, una secuencia en un pianito, en un tecladito, un
tarareo. Y bueno, eso es divertido. También fue divertido hacerlo porque arranca
de una manera y no sabes hacia dónde va a ir. En este caso, fue diferente a lo
que hicimos con Trigémino, que fue un trabajo de equipo, acá fue más solitario
pero siempre le mandaba las cosas a Leandro y él me hacía una devolución. Eso
me hacía sentir que estábamos bien encaminados. Tal vez por eso, siento que es
el disco más maduro o más serio. Este trabajo no necesitó un solo de guitarra. Soy guitarrista, obviamente,
pero también tengo otras cosas que me gustan como, por ejemplo, escribir,
cantar, componer, y producir. Y como nunca siento que estoy haciendo todo bien,
nunca me detengo y trato de seguir adelante sin deprimirme. Por el contrario,
trato de inspirarme con mis colegas. Esa siempre fue mi postura musical:
aprender del de al lado, del que admirás y tratar de ver si en esa sana
competencia, vos también podés llegar.
EL DISCO TEMA A TEMA
¿De qué va “El ideario de hoy” en el
que participa Pablo Sbaraglia y abre el disco?
Ese
loco que estaba buscando irse, el personaje del disco, habla del ideario de hoy con el
que no se siente cómodo. No se trata de una moda, de que él usaba un pantalón palazo
y ahora no se usa más. Él te está hablando de la sociedad y de que no siempre lo
nuevo es mejor que lo anterior. El ideal tiene que ver con lo que es ser
humano. La sociedad te va limando con todos los elementos que nos pone a la mano.
Nosotros, mi generación, no somos tan adictos con la tecnología. Estamos,
pero no tenemos esa falopa de no estar un minuto sin mostrarte. “Mirá, me salió
un grano” y todo el mundo opinando del grano. Todos son estrellas. Frente a las
tendencias, yo doy un pasito al costado. Pablo está porque, en realidad, me
pareció que era una canción un poco para él que siempre estuvo del otro lado, produciendo
y grabando como en Justo y necesario, mi
primer disco solista. Así que quise devolverle el lugar del
artista. Es un tema que tiene una
onda un poquito surf en el riff de la guitarra. La Jaguar con vibrato buscaba
esa vibra, ese concepto de apertura por eso inicia el álbum. Un álbum siempre
es algo delicado y muy diferente a hacer canciones sueltas.
De
“La Utopía Suburbana”, el segundo tema, me llamó mucho la atención la frase:
“Todas las victorias cosechadas hoy no tienen valor”, porque siento que habla
de lo efímero e instantáneo que es todo en la actualidad…
Es
lo que acabás de decir… Hay tanta gente
que dio su vida por algo que hoy no tiene ningún valor. Y no es un disco que
trata de la cosa política que habla de alguien en particular. Está en otro
lugar, va más por algo universal. No habla de personas o personajes. El tema es
que hay luchas que ya no tienen valor. Hacer un disco como este te cuesta mucha
guita porque lo tenés que hacer sin una gran productora por detrás porque las productoras
están para hacer otras cosas. O sea lo que estás elaborando ya no tiene valor porque
la gente no quiere escucharlo. Hoy, la gente soporta 10 o 5 segundos de lo de
lo que le ponen adelante. Entonces, ¿cómo puedes luchar contra eso?
El
video de esta canción tiene esas imágenes retro de vacaciones, parques de
diversiones o viajes familiares…
Claro
porque en el suburbio es donde la cosa siempre fue un poco más pura que en las
grandes ciudades y las imágenes que elegimos representan un poquito lo que
nosotros queríamos decir con el disco.
Y el
final del tema es en el mejor estilo Pappo´s Blues…
Es
un homenaje al primer disco de Pappo´s
Blues. Amo Pappo´s Blues. Yo empecé a tocar la guitarra por él y mi guitarra
está firmada por Pappo. Igual esto
es un poquito más caretón, dirían los muchachos (risas). En realidad, está un
poquito más orientado a Jack White,
ese sonido con mucho fuzz y esa psicodelia. Teníamos muchas ganas de romper al
final de la canción.
Sigue
“Ya No Importa Lo Que Te Importa” que empieza con ritmo intenso y urgente y una
letra que plantea “desprenderse no está mal/bienvenida a las emociones”. ¿A qué
hace referencia todo?
Sí,
ahí aparece el órgano con el Continental, que es un poco lo que yo te decía de
ir a en busca de la sonoridad de los 60. La canción, como el título, habla de
que lo que a uno le importa ya no le importa a nadie. Lo que yo siento que
importa; a la gente, realmente, le chupa un huevo, pero lo digo así en esta
tercera canción que muestra que el disco se va poniendo espeso. Este disco no
tiene un tema sobre el sentimiento hacia una chica. No habla de lo que le pasa
a un pibe de 30, esto es otra cosa. Entonces, no puedo cantarle a la falopa
como le cantaba cuando tenía 30 años porque eso ya no lo vivo. Si lo hago me
internan. Yo tengo que escribir de lo que siento y lo que me parece pero situado
en este momento de mi vida. Imagínate que acá hay un millón de personas que
escriben con una pluma maravillosa, por ejemplo, Andrés [Calamaro], y lo
hacen con nivel y altura. A lo mejor en un futuro pueda cantarle a una musa. Es
muy complicado cuando se asume el rol de compositor y escribís. Ahora sentí que
debía hablar de una lucha contra el sistema. O sea, contra lo que nos imponen. Una
lucha completamente desigual y ridícula porque no le mueve un pelo a nadie, porque
ya no le importa a nadie lo que a vos te importa. Por ejemplo, sentarte a
escuchar un disco entero. ¿Cuánta gente vas a encontrar que se sienta a
escuchar un disco con auriculares tomando una cervecita en el patio de su casa
o en el balcón? Yo lo hago y me como un viaje de la putísima madre. Pero eso le
pasa a mí generación. Tal vez porque los pibes ahora no tienen la posibilidad de
escuchar por ejemplo Focus 3, porque no se la dan. Los pibes están
bombardeados desde los siete, ocho años escuchando música para mover el orto de
un cantante que habla como un puertorriqueño. ¿Si vivís acá? Y eso es lo normal.
La canción habla un poco de todo esto.
En
“Calypso” llaman la atención esas palmas tipo flamenco…
Claro,
el chiste de la canción es que es una especie de tablao, pero con un bandoneón
tocado por [Fernando] Samalea. Esa sesión fue muy divertida.
El video de esta canción quería mostrar un poco cómo el loco [el personaje del
disco] pasa por Buenos Aires antes de irse. Si te fijás en el video del primer
tema, este personaje está caminando con su mochila por Plaza de Mayo como empezando
a despedirse. Y cuando viene “Calypso” ya se le hizo de noche y empieza a
caminar hacia la ruta para que alguien se lo lleve. Mirá, lo al pedo que
estamos para estar pensando eso… pero no lo puedo evitar, y no lo hago para
agradar, me divierto mucho haciéndome estas películas. Y si hay un loco o una
loca que se engancha, bienvenidos.
Yo
creo que hay muchos locos que se enganchan…
Seguramente,
no quiero ser peyorativo. Lo que digo es que no está pensado como un producto
sino desde otro lugar. El nombre del tema es como una identidad porque el ritmo
es como un calypso, que es una música de América Central, como del mambo, son
variantes hermosas de esa música y, también, quedó porque era el barco del
barco de [Jacques] Cousteau, ese capitán de aventuras que
veíamos cuando éramos chicos y nos volvíamos locos. Y después, también,
queríamos que sea el Buenos Aires, de noche y lloviendo. Porque somos eso. No
podemos tener la alegría brasilera. Somos un poco tristes y hay que asumirlo.
Entonces,
en “Abandonando la locura de las masas”, tu personaje ya se fue...
Sí,
ahí abandonó todo y se fue a la mierda. Ésta es una canción que empieza con un riff
de Rhodes de mano izquierda. Yo quería poner esta canción en el final del álbum,
pero después no estábamos seguros porque la canción nos gustaba mucho para dejar
al final porque teníamos miedo de que la gente no llegara al último tema. Pero es
una canción de final porque se va en fade out. Ahí al tipo alguien ya lo
levantó y dijo "Chau".
“El
universo jugando a favor” es una de mis canciones preferidas del disco.
Contanos sobre ella.
Vos sabés que para esta canción la invité a Fabi
Cantilo pero no me dio pelota. A Fabi la conozco de chiquita,
pero bueno, sé que estaba muy ocupada con el tema de la película. Me hubiese
gustado mucho que estuviera ella o, también, Celeste [Carballo]
porque hubiera estado bueno que el estribillo lo hiciera una voz femenina. Me
gustaría saber porque es tu tema favorito del álbum…
Por
su letra y por cómo vas llevando el clima de la canción de un modo tan orgánico
con la música y cuando llega al estribillo, que ahora sé que pudo haber hecho
Fabi, que habla de la religión del dinero y las maquinitas. También, la
referencia al “arder en el fuego fatuo de la estupidez” que me parece una frase
espectacular para definir nuestro tiempo...
Bueno,
te agradezco mucho. Siempre juego con la palabra “fatuo” que estaba en la
canción de La Máquina de Hacer Pájaros:
“Quémate en el fuego, fatuo, báñate en el verde lugar”. Porque nosotros somos
eso, La Máquina, Serú Girán… Ellos
son una fuente literaria. Luis Alberto
[Spinetta] sacaba un disco y
teníamos que correr a la biblioteca porque no había dónde conseguir los libros
de los que el loco estaba hablando en las notas. Era “¿Qué? ¿Quién es Baudelaire?” e íbamos en manada a una
biblioteca a conseguir libros de Baudelaire para saber de qué estaba hablando
Luis.
El
personaje del disco abandona todo, también, porque como dice esta canción se
impone una forma de pensar con la que no coincide...
Claro,
ni hablar. Creo que es así. Estamos bajo una influencia. Ahora, todo tiene que
ser muy rápido. Los pibes lo entendieron muy bien, porque son genios. Ellos no tuvieron
una cosa analógica en las manos, entonces, para ellos esto es lo lógico. Y está
bien, pero hay muchos, como yo, que piensan que no se la tienen por qué comer,
y no se anotan en esa. El sentido común no se puede perder.
Repasemos
“Las formas del olvido”.
Ah,
esta canción iba a quedar afuera del disco. A veces pienso que si no olvidás y
te quedás siempre con lo mismo no se puede seguir adelante. Imaginate si todo el tiempo pensara en la
pérdida de mis padres, de mi hermano sería muy complicado. Yo, para seguir
adelante, tengo que olvidarme. Y esta canción habla un poquito de eso que tiene
un riff de guitarra muy barroco al principio onda Jack White. Después la
canción varía hacia otro lugar.
Y
llegamos al cierre con “El pacto”.
Esta
canción tiene un estilo en el que nunca utilicé, fijate que casi no hay
guitarras; y está inspirado en alguien en el cual vos confiaste y te decepcionó. No
una pareja.
¿Un
amigo?
No,
tampoco. Alguien que te transmitió una creencia que vos seguiste, pero con el
tiempo te quedaste pedaleando solo porque esa persona cambió. Habla de un pacto
que se quebró. Entonces, ese tipo de rupturas hacen que el loco quiera irse a Hippiedelia, también. Nos pareció buena
para un cierre porque es tranquila, sin estridencias y me parece que es la que
quizás tiene el estilo más pop barroco como los Zombies, los Lemon Twigs
o los últimos discos de Arctic Monkeys.
Son
todos artistas conceptuales…
Sí.
Pero fíjate en el estilo; es un estilo donde el piano es un poco el que lleva
la batuta, son canciones de medio tiempo y muy orquestadas. Nosotros admiramos
mucho al productor, el pibe [James] Ford, en su sonido y su manera de
orquestar. Ford es
alguien de quien aprender mucho.
Sí,
logra un sonido que abarca todo el disco y lo hace muy integral. Parecen
películas sonoras…
Sí,
bueno, por ejemplo, en “Calypso”, cuando viene la parte que queda el teclado
solo, a mí se me representaba la imagen de la Avenida 9 de Julio en invierno de
noche y con llovizna.
Creo
que lo que queda claro es que, desde Suéter para acá, tu prioridad es la
búsqueda artística antes que lo comercial. Y si viene el éxito, lo hace como consecuencia
lógica de hacer algo bueno que, además, se difundió.
Sí.
Siempre. Imaginate que, como solista, arranqué en el 2014 y para que un tema
sea un clásico tienen que pasar como 25 años… lleva mucho tiempo. Entonces, la
ironía es que a lo mejor llega y lo van a ver mis herederos. Y ya verás, lo
preocupado que estoy… (risas) Yo siempre hago la mía y sé que no soy el único
que está en este barco. Si eso requiere que sean 10, serán 10, no hay problema. Yo ya no me
como más la del artista. Ahora, tenés que hacer música que en 10 segundos “atrape”
a la gente. No, yo no salgo a cazar personas. Yo toco con mi guitarra una cancioncita.
Hago lo mío, me divierto y si alguien se divierte con eso, ok seguimos. En este
trabajo mostré otra de mis facetas porque tengo un poco de esto, un poco del
otro. Y lo muestro en el momento en el que tengo ganas. A lo mejor el próximo disco
sea de canciones con guitarra criolla y nada más. Y esta, tal vez, sea mi
próxima aventura.