martes, 27 de enero de 2026

ABANDONAR EL MUNDO: Jorge Minissale y su disco Hippiedelia...

Jorge Minissale acaba de lanzar en todas las plataformas su último disco en estudio, titulado Hippiedelia, el cuarto de su trayectoria como solista. El músico, conocido por ser integrante del grupo Suéter —entre otras formaciones—, presenta un material de ocho temas propios y cuenta con la participación como invitados a Pablo Sbaraglia y Fernando Samalea. 

Se trata de un álbum que se aleja de las temáticas actuales de la música argentina para recuperar el mensaje de resistencia y transformación que definió a toda una generación. El sonido del álbum es crudo y potente, y se perfila como una voz rebelde frente a una sociedad moderna que avanza hacia niveles intolerables de desconexión humana y crueldad. Hippiedelia contiene un fuerte mensaje crítico del individualismo y la alienación que produce la sociedad moderna. Muy lejos de la música para entretener en un mundo poco entretenido, es un álbum conceptual, idealista y combativo en donde Minissale se siente cómodo para narrar, inspirado en los ideales que hicieron del rock un movimiento social de cambio y las contraste con las miserias que produce el mundo de hoy. 

Los créditos de Los Impulsores, los músicos que grabaron el álbum son: Martín Paladino en batería, Mariano Escudero en bajo, Leandro Romero en guitarra, y Jorge Minissale en guitarra, teclados, sintetizadores y voces. Producido por Jorge Minissale y Leandro Romero. 

En esta nota convocamos a Jorge para que nos contara los vericuetos de este disco formidable. 

ENTREVISTA> Contame un poco sobre tu nuevo trabajo Hippiedelia. 

Este disco está enfocado en un público que presta atención, que da tiempo, ganas y que tiene la costumbre de escuchar. Un público con sensibilidad, que no se deja llevar por un montón de situaciones y que de verdad gusta de la música. Para nosotros que somos un poquito más jovatelis, por decirlo de una manera elegante (risas). Cada tanto uno intenta hacer algo así, a veces sale, a veces no… 

¿Cómo fue la elaboración del disco? 

El disco estaba listo hace dos años, pero me enganché con hacer la producción del disco de Suéter en el que reversionamos los clásicos. Y fue un trabajo muy largo en donde puse toda mi atención. Hippiedelia lo teníamos mezclado y masterizado con Leandro Romero, que es el ingeniero y coproductor conmigo y aparte es el guitarrista de Los Impulsores. Veníamos hablando hace un montón de cómo lo queríamos hacer. Esta es la primera vez que, como pudimos solventar la grabación y no depender de nadie, tuvimos el control de todo. Los discos anteriores los hice con amigos y las instalaciones eran de ellos, por respeto o educación muchas veces terminás haciendo cosas que no estás del todo convencido. En este, en cambio, pudimos alquilar el estudio que nos gustaba para grabar la batería o los micrófonos para grabar las voces. Siento que con este trabajo dimos un salto de calidad como productores. Este disco me hizo crecer un montón en esa función. A lo mejor no tuvo tantas horas de grabación sino muchas horas juntos craneando y buscando. Por eso estamos muy contentos con el resultado. 

Tiene muchas capas de sonido. Además de tus guitarras, también, hay mucho teclado… 

Sí, pensé que como es mi tercer álbum de estudio teníamos que hacer algo diferente y tenía ganas de hacer un disco con menos elementos. O sea, con menos guitarras y las pocas que introducimos que suenen bien, que tengan presencia. A diferencia de los otros discos donde la búsqueda fue orquestar con guitarras, acá me pareció mucho más interesante ir por el teclado. Básicamente, porque pensé el estilo del disco como pop rock barroco. 

¿Y el teclado es un instrumento familiar para vos? 

Sí, me crié con ese sonido. Hay un poquito de órgano, pero en lugar del tener el clásico sonido de Hammond nos inclinamos por el lado del Continental que es un teclado de estado sólido más bien de los 60. De hecho, si escuchás el tercer tema del disco [“Ya No Importa Lo Que Te Importa”] es muy Spencer Davis Group. La idea fue hacer el sonido similar al de Steve Winwood. Es como un homenaje. Después usamos algunos sintetizadores líderes como puede ser el Arp o el Minimoog que son los teclados que conozco bastante. Si bien no soy tecladista ni mucho menos, los conozco porque me crie con todos esos sonidos por mis amigos músicos. Éstos son sonidos muy familiares para mí. Así que bueno, un poco eso y a la vez, también, tenía la idea de dejar muchas capas debajo y la batería o la voz solas. Dejar mucho agujero, no recargar. Cuando llegamos a las grabaciones teníamos todo demeado y se respetaron casi todos los ritmos armados. Entonces, no sufrimos una decepción. Quería mantener el sonido del demo porque son meses y meses que venís escuchando eso y después te cuesta mucho salir de esa sonoridad de la que terminás enamorándote. 

También se nota que está pensado como obra conceptual… 

¡Sí! Yo venía reflexionando sobre el concepto en Trigémino, también, y todas las canciones hablan de lo mismo. En Hippiedelia, también, salgo en la tapa, pero como un personaje que representa a alguien de mi edad, alguien que está con una pata en cada siglo. Y quizás ahí hay un punto de mucha coincidencia con lo de Trigémino, que es, también, mi grupo de rock progresivo con el que estoy a full ahora. Por eso Hippiedelia apunta a un estado mental y a la vez es un lugar al que ese personaje quiere, de alguna manera, escapar. Es decir, ir hacia una zona que es una isla para abandonar todas estas cosas mundanales con las que, la verdad, no estoy de acuerdo. Así, hacer un álbum que hable de eso buscando las palabras, la rima, es mi forma de protesta: la narrativa de un personaje que ante las imposibilidades que instala la situación, opta por dejar todo atrás e ir a un lugar donde hay otra gente como él porque no está solo. No es Robinson Crusoe, él se va a Hippiedelia porque allí hay gente como él. Estamos en una época en la que te empiezan a llenar la cabeza con que todo lo nuevo está buenísimo y todo lo anterior no. Yo no creo eso. 

Estamos hablando de todo lo que tenga que ver con hiperconectividad, inteligencia artificial y una mirada celebratoria sobre los avances tecnológicos. 

Sí, el loco se está yendo a Hippiedelia como un lugar en el que no va a tener que estar dependiendo de un celular, de X, de las tendencias. La realidad es que todas estas cosas nos van a trascender. Nosotros no vamos a estar cuando el mundo esté manejado por todo lo que hoy es ciencia ficción. Este trabajo surge en defensa propia. Yo no regalo, defiendo lo mío. O sea, las muelas que perdí y todas las deficiencias en mis órganos, no lo voy a regalar. ¿Entendés? Porque eso fue apostarle a una historia. No quiero juzgar porque a mí no me interesa eso, pero creo el gran error de los artistas que llegan a cierta edad es que se ponen a hablar de lo que suena ahora. A mí no me interesa hablar de lo de ahora, porque para eso están los chicos que representan a su generación y está buenísimo. ¿Vos crees que los chicos de 15 y 17 años conocen a los Beatles, los Who o los Rolling Stones? Si los conocen es por los papás. Y está muy bien porque así debe ser. Obviamente, que los artistas de nuestra generación son esos baluartes que siguen de pie y siguen moviendo. Eso no está en discusión. El error está en querer llenar la cancha de Vélez porque ni yo ni otros de mi generación la vamos a llenar. Nuestro momento pasó y está bien que haya pasado. La pasamos bien y estuvo bien. Lo que quiero decir es que no hay que renegar tanto. Yo me corro a un costado, a mí no me interesa hablar, lo que sí no me gusta es que me vengan a tratar mal a mí. Por eso digo que el disco es un poco en defensa propia. Entonces, el disco no está hecho con ánimo de juzgar, sino con ánimo de resistencia. 

Bueno, eso es el rock… 

Es que este álbum tiene que ver con eso: rescatar un poquito la filosofía rock. Cuando se habla del rock a veces se confunde el rock con la sonoridad. Deep Purple, Riff, V8, son rock. Pero podés hacer algo que no suene con esa crudeza y, también, sea rock. Para mí la Mahavishnu Orquestra es rock. El legado del amor fue el primer festival que se hizo en Estados Unidos, básicamente, para que no manden al matadero a la juventud. Pero cuando hablan de hippies lo primero que dicen siempre es que son faloperos y que no se bañan, Sin embargo, atrás de eso, también, había una filosofía, un principio muy power. No solo decían “paz y amor”, también, decían “No queremos ir a la guerra”. En los 70 el rock, también, tenía una razón de ser que era, básicamente, oponerse a la represión. Entonces, el disco abreva en esas aguas. 

No hay Melodyne, no hay Autotune, no hay nada de eso. 

No, claro. Lo que hay que recordar que un disco es un documento. Una cosa es que pongas autotune porque no pegas una nota y otra, es que lo pongas como un efecto. ¿Quién arrancó con el autotune? 

Cher con “Believe”… 

Puede ser… acá, el que arrancó con eso fue Maxi Trusso que, dicho por él, lo usó como efecto, como para ponerle un delay a la voz. Después se empezó a utilizar para corregir. A mí, la verdad, ni me interesa porque no hace falta. Que hagan lo que quieran, si quieren cantar con autotune porque no pueden cantar y la gente los va a ver, está muy bien. Yo, difícilmente. No digo que soy un tenor para cantar en el Colón, pero, hoy no tengo esos problemas. Además, nunca nos olvidemos de que somos músicos y/o artistas que no estamos operando a alguien con un problema de vida o muerte. No estamos haciendo un puente que le va a solucionar el problema a toda una comunidad. No somos. Paremos con la boludez, también. Son muchas batallas que empiezan a pasar factura. Son 50 años haciendo esto, el oído está medio quemado. Sigo manteniendo el calibre de las cuerdas, pero tengo algunos dedos que ya se me están empezando a doblar. Como le pasa a un deportista, vos estás poniendo el físico todo el tiempo. El oído lo sometí. No hemos sido gente que se ha cuidado, digamos, hemos sido bastante imprudentes. Igual no me arrepiento de nada, yo voy al mango, loco. Ya está. 

¿Hay algo de la omnipotencia de la juventud que mantenés? 

No sé. Hago música. Cuando éramos chicos creíamos que íbamos a detener el mundo o a cambiarle la cabeza a la gente, pero, a la gente no la cambia nada, la gente sigue su camino. Y bueno, nosotros lo único que hacemos es ayudar un poco. A lo mejor alguien estando triste, escucha tu música y siente alguna resonancia de alguna situación en la armonía entre un acorde mayor y menor y eso le levanta el espíritu. Entonces, la distracción está bien y sí podés crear un poco de conciencia, sos Gardel. Yo hago música y hay 200 millones más que la hacen. Después si tocas un poquito una fibra, eso está bárbaro, pero tampoco hay que creérsela y dejar de saludar al tipo de al lado. ¡Pará, boludo! Si sos un pibe común y silvestre que tiene la suerte de haberse divertido y seguir divirtiéndose haciendo cosas. 

¿Y con este disco te divertiste? 

¡Sí! Me imagino que el trabajo de músico es, también, como el de un pintor o un escritor porque arrancás con un lienzo o una hoja en blanco. Las canciones arrancan así: en blanco. Y este disco, también, arrancó de esa manera. Fue en pandemia. Todos arrancamos un poco ahí porque estábamos al pedo, no teníamos mucho para hacer, no podíamos hacer nada. Fue como una película de zombis. Y empezás de cero. Tenés una idea en una guitarrita, una secuencia en un pianito, en un tecladito, un tarareo. Y bueno, eso es divertido. También fue divertido hacerlo porque arranca de una manera y no sabes hacia dónde va a ir. En este caso, fue diferente a lo que hicimos con Trigémino, que fue un trabajo de equipo, acá fue más solitario pero siempre le mandaba las cosas a Leandro y él me hacía una devolución. Eso me hacía sentir que estábamos bien encaminados. Tal vez por eso, siento que es el disco más maduro o más serio. Este trabajo no necesitó un solo de guitarra. Soy guitarrista, obviamente, pero también tengo otras cosas que me gustan como, por ejemplo, escribir, cantar, componer, y producir. Y como nunca siento que estoy haciendo todo bien, nunca me detengo y trato de seguir adelante sin deprimirme. Por el contrario, trato de inspirarme con mis colegas. Esa siempre fue mi postura musical: aprender del de al lado, del que admirás y tratar de ver si en esa sana competencia, vos también podés llegar.  

EL DISCO TEMA A TEMA 

¿De qué va “El ideario de hoy” en el que participa Pablo Sbaraglia y abre el disco? 

Ese loco que estaba buscando irse, el personaje del disco, habla del ideario de hoy con el que no se siente cómodo. No se trata de una moda, de que él usaba un pantalón palazo y ahora no se usa más. Él te está hablando de la sociedad y de que no siempre lo nuevo es mejor que lo anterior. El ideal tiene que ver con lo que es ser humano. La sociedad te va limando con todos los elementos que nos pone a la mano. Nosotros, mi generación, no somos tan adictos con la tecnología. Estamos, pero no tenemos esa falopa de no estar un minuto sin mostrarte. “Mirá, me salió un grano” y todo el mundo opinando del grano. Todos son estrellas. Frente a las tendencias, yo doy un pasito al costado. Pablo está porque, en realidad, me pareció que era una canción un poco para él que siempre estuvo del otro lado, produciendo y grabando como en Justo y necesario, mi primer disco solista. Así que quise devolverle el lugar del artista. Es un tema que tiene una onda un poquito surf en el riff de la guitarra. La Jaguar con vibrato buscaba esa vibra, ese concepto de apertura por eso inicia el álbum. Un álbum siempre es algo delicado y muy diferente a hacer canciones sueltas. 

De “La Utopía Suburbana”, el segundo tema, me llamó mucho la atención la frase: “Todas las victorias cosechadas hoy no tienen valor”, porque siento que habla de lo efímero e instantáneo que es todo en la actualidad… 

Es lo que acabás de decir…  Hay tanta gente que dio su vida por algo que hoy no tiene ningún valor. Y no es un disco que trata de la cosa política que habla de alguien en particular. Está en otro lugar, va más por algo universal. No habla de personas o personajes. El tema es que hay luchas que ya no tienen valor. Hacer un disco como este te cuesta mucha guita porque lo tenés que hacer sin una gran productora por detrás porque las productoras están para hacer otras cosas. O sea lo que estás elaborando ya no tiene valor porque la gente no quiere escucharlo. Hoy, la gente soporta 10 o 5 segundos de lo de lo que le ponen adelante. Entonces, ¿cómo puedes luchar contra eso? 

El video de esta canción tiene esas imágenes retro de vacaciones, parques de diversiones o viajes familiares… 

Claro porque en el suburbio es donde la cosa siempre fue un poco más pura que en las grandes ciudades y las imágenes que elegimos representan un poquito lo que nosotros queríamos decir con el disco. 

Y el final del tema es en el mejor estilo Pappo´s Blues… 

Es un homenaje al primer disco de Pappo´s Blues. Amo Pappo´s Blues. Yo empecé a tocar la guitarra por él y mi guitarra está firmada por Pappo. Igual esto es un poquito más caretón, dirían los muchachos (risas). En realidad, está un poquito más orientado a Jack White, ese sonido con mucho fuzz y esa psicodelia. Teníamos muchas ganas de romper al final de la canción.

Sigue “Ya No Importa Lo Que Te Importa” que empieza con ritmo intenso y urgente y una letra que plantea “desprenderse no está mal/bienvenida a las emociones”. ¿A qué hace referencia todo? 

Sí, ahí aparece el órgano con el Continental, que es un poco lo que yo te decía de ir a en busca de la sonoridad de los 60. La canción, como el título, habla de que lo que a uno le importa ya no le importa a nadie. Lo que yo siento que importa; a la gente, realmente, le chupa un huevo, pero lo digo así en esta tercera canción que muestra que el disco se va poniendo espeso. Este disco no tiene un tema sobre el sentimiento hacia una chica. No habla de lo que le pasa a un pibe de 30, esto es otra cosa. Entonces, no puedo cantarle a la falopa como le cantaba cuando tenía 30 años porque eso ya no lo vivo. Si lo hago me internan. Yo tengo que escribir de lo que siento y lo que me parece pero situado en este momento de mi vida. Imagínate que acá hay un millón de personas que escriben con una pluma maravillosa, por ejemplo, Andrés [Calamaro], y lo hacen con nivel y altura. A lo mejor en un futuro pueda cantarle a una musa. Es muy complicado cuando se asume el rol de compositor y escribís. Ahora sentí que debía hablar de una lucha contra el sistema. O sea, contra lo que nos imponen. Una lucha completamente desigual y ridícula porque no le mueve un pelo a nadie, porque ya no le importa a nadie lo que a vos te importa. Por ejemplo, sentarte a escuchar un disco entero. ¿Cuánta gente vas a encontrar que se sienta a escuchar un disco con auriculares tomando una cervecita en el patio de su casa o en el balcón? Yo lo hago y me como un viaje de la putísima madre. Pero eso le pasa a mí generación. Tal vez porque los pibes ahora no tienen la posibilidad de escuchar por ejemplo Focus 3, porque no se la dan. Los pibes están bombardeados desde los siete, ocho años escuchando música para mover el orto de un cantante que habla como un puertorriqueño. ¿Si vivís acá? Y eso es lo normal. La canción habla un poco de todo esto. 

En “Calypso” llaman la atención esas palmas tipo flamenco… 

Claro, el chiste de la canción es que es una especie de tablao, pero con un bandoneón tocado por [Fernando] Samalea. Esa sesión fue muy divertida. El video de esta canción quería mostrar un poco cómo el loco [el personaje del disco] pasa por Buenos Aires antes de irse. Si te fijás en el video del primer tema, este personaje está caminando con su mochila por Plaza de Mayo como empezando a despedirse. Y cuando viene “Calypso” ya se le hizo de noche y empieza a caminar hacia la ruta para que alguien se lo lleve. Mirá, lo al pedo que estamos para estar pensando eso… pero no lo puedo evitar, y no lo hago para agradar, me divierto mucho haciéndome estas películas. Y si hay un loco o una loca que se engancha, bienvenidos. 

Yo creo que hay muchos locos que se enganchan… 

Seguramente, no quiero ser peyorativo. Lo que digo es que no está pensado como un producto sino desde otro lugar. El nombre del tema es como una identidad porque el ritmo es como un calypso, que es una música de América Central, como del mambo, son variantes hermosas de esa música y, también, quedó porque era el barco del barco de [Jacques] Cousteau, ese capitán de aventuras que veíamos cuando éramos chicos y nos volvíamos locos. Y después, también, queríamos que sea el Buenos Aires, de noche y lloviendo. Porque somos eso. No podemos tener la alegría brasilera. Somos un poco tristes y hay que asumirlo. 

Entonces, en “Abandonando la locura de las masas”, tu personaje ya se fue... 

Sí, ahí abandonó todo y se fue a la mierda. Ésta es una canción que empieza con un riff de Rhodes de mano izquierda. Yo quería poner esta canción en el final del álbum, pero después no estábamos seguros porque la canción nos gustaba mucho para dejar al final porque teníamos miedo de que la gente no llegara al último tema. Pero es una canción de final porque se va en fade out. Ahí al tipo alguien ya lo levantó y dijo "Chau". 

“El universo jugando a favor” es una de mis canciones preferidas del disco. Contanos sobre ella. 

Vos sabés que para esta canción la invité a Fabi Cantilo pero no me dio pelota. A Fabi la conozco de chiquita, pero bueno, sé que estaba muy ocupada con el tema de la película. Me hubiese gustado mucho que estuviera ella o, también, Celeste [Carballo] porque hubiera estado bueno que el estribillo lo hiciera una voz femenina. Me gustaría saber porque es tu tema favorito del álbum… 

Por su letra y por cómo vas llevando el clima de la canción de un modo tan orgánico con la música y cuando llega al estribillo, que ahora sé que pudo haber hecho Fabi, que habla de la religión del dinero y las maquinitas. También, la referencia al “arder en el fuego fatuo de la estupidez” que me parece una frase espectacular para definir nuestro tiempo... 

Bueno, te agradezco mucho. Siempre juego con la palabra “fatuo” que estaba en la canción de La Máquina de Hacer Pájaros: “Quémate en el fuego, fatuo, báñate en el verde lugar”. Porque nosotros somos eso, La Máquina, Serú Girán… Ellos son una fuente literaria. Luis Alberto [Spinetta] sacaba un disco y teníamos que correr a la biblioteca porque no había dónde conseguir los libros de los que el loco estaba hablando en las notas. Era “¿Qué? ¿Quién es Baudelaire?” e íbamos en manada a una biblioteca a conseguir libros de Baudelaire para saber de qué estaba hablando Luis. 

El personaje del disco abandona todo, también, porque como dice esta canción se impone una forma de pensar con la que no coincide... 

Claro, ni hablar. Creo que es así. Estamos bajo una influencia. Ahora, todo tiene que ser muy rápido. Los pibes lo entendieron muy bien, porque son genios. Ellos no tuvieron una cosa analógica en las manos, entonces, para ellos esto es lo lógico. Y está bien, pero hay muchos, como yo, que piensan que no se la tienen por qué comer, y no se anotan en esa. El sentido común no se puede perder. 

Repasemos “Las formas del olvido”. 

Ah, esta canción iba a quedar afuera del disco. A veces pienso que si no olvidás y te quedás siempre con lo mismo no se puede seguir adelante. Imaginate si todo el tiempo pensara en la pérdida de mis padres, de mi hermano sería muy complicado. Yo, para seguir adelante, tengo que olvidarme. Y esta canción habla un poquito de eso que tiene un riff de guitarra muy barroco al principio onda Jack White. Después la canción varía hacia otro lugar.

Y llegamos al cierre con “El pacto”. 

Esta canción tiene un estilo en el que nunca utilicé, fijate que casi no hay guitarras; y está inspirado en alguien en el cual vos confiaste y te decepcionó. No una pareja. 

¿Un amigo? 

No, tampoco. Alguien que te transmitió una creencia que vos seguiste, pero con el tiempo te quedaste pedaleando solo porque esa persona cambió. Habla de un pacto que se quebró. Entonces, ese tipo de rupturas hacen que el loco quiera irse a Hippiedelia, también. Nos pareció buena para un cierre porque es tranquila, sin estridencias y me parece que es la que quizás tiene el estilo más pop barroco como los Zombies, los Lemon Twigs o los últimos discos de Arctic Monkeys. 

Son todos artistas conceptuales… 

Sí. Pero fíjate en el estilo; es un estilo donde el piano es un poco el que lleva la batuta, son canciones de medio tiempo y muy orquestadas. Nosotros admiramos mucho al productor, el pibe [James] Ford, en su sonido y su manera de orquestar. Ford es alguien de quien aprender mucho. 

Sí, logra un sonido que abarca todo el disco y lo hace muy integral. Parecen películas sonoras… 

Sí, bueno, por ejemplo, en “Calypso”, cuando viene la parte que queda el teclado solo, a mí se me representaba la imagen de la Avenida 9 de Julio en invierno de noche y con llovizna. 

Creo que lo que queda claro es que, desde Suéter para acá, tu prioridad es la búsqueda artística antes que lo comercial. Y si viene el éxito, lo hace como consecuencia lógica de hacer algo bueno que, además, se difundió. 

Sí. Siempre. Imaginate que, como solista, arranqué en el 2014 y para que un tema sea un clásico tienen que pasar como 25 años… lleva mucho tiempo. Entonces, la ironía es que a lo mejor llega y lo van a ver mis herederos. Y ya verás, lo preocupado que estoy… (risas) Yo siempre hago la mía y sé que no soy el único que está en este barco. Si eso requiere que sean 10, serán 10, no hay problema. Yo ya no me como más la del artista. Ahora, tenés que hacer música que en 10 segundos “atrape” a la gente. No, yo no salgo a cazar personas. Yo toco con mi guitarra una cancioncita. Hago lo mío, me divierto y si alguien se divierte con eso, ok seguimos. En este trabajo mostré otra de mis facetas porque tengo un poco de esto, un poco del otro. Y lo muestro en el momento en el que tengo ganas. A lo mejor el próximo disco sea de canciones con guitarra criolla y nada más. Y esta, tal vez, sea mi próxima aventura. 

Entrevistó: Emiliano Acevedo

Fotos: KVK y Jorge Minissale


miércoles, 14 de enero de 2026

ESPERANDO LOS ARRENDAJOS, entrevista a Sergio Makaroff


Sergio Makaroff
es un irreverente artista todoterreno que siempre vuelve. Autor de canciones de culto que otros artistas como Andrés Calamaro, Los Tipitos o Ariel Rot hicieron populares; Sergio se inició como parte del circuito porteño del café concert de principios de los 70, pero a fines de esa década se las tomó de Argentina huyendo de la Dictadura. Fue así que Alejo Stivel y Ariel Rot, quienes tocaban sus temas en el Viejo Continente, lo llevaron para España, en donde empezó una incipiente carrera como solista, sinuosa e intermitente, hasta que hizo pie con la aparición de Los Rodríguez, para luego volver con todo, a por sus fueros, a mediados de los 90, cuando empezó a editar una serie de discos, uno mejor que el otro. El ecléctico Makaroff en sentido profundo y estricto. Ya lo entrevistamos hace más de 10 años en Intersticio Rock, pero nos quedamos con ganas de más, así que insistimos. Y aquí lo tenemos de vuelta: Un intercambio de sensaciones, un ping-pong frenético, a través de la pantalla fría de internet con el cantante que mejor peina su bigote. 

ENTREVISTA> ¿Cuáles fueron tus primeras experiencias ligadas a la música? 

Canciones infantiles, como todo el mundo. De ahí saltamos a Chubby Checker y el twist. Y después la gran revelación: Beatles, Rolling Stones, Kinks, etcétera. 

¿Es cierto que con tu hermano fueron los primeros alumnos de guitarra que tuvo Claudio Gabis? ¿Cómo fue esa experiencia? 

No exactamente; Claudio me mostró la vuelta de blues de 12 compases en el Café Politeama de la calle Corrientes, pero sus enseñanzas no fueron específicas de guitarra: en esos momentos yo quería ser bajista. El primer porro de mi vida lo fumamos juntos. Iba a su casa en la calle Rosario, escuchábamos música, me contaba cosas. Años más tarde mi hermano tomó clases de blues con él de un modo más formal. 

¿Cómo era la movida artística en los primeros momentos del rock argentino, que vos viviste como músico y periodista? 

Es una pregunta para escribir un libro… Digamos que me impactó de una manera brutal y absoluta. A los 14 o 15 vi a los Shakers en vivo y me volaron el coco. Después a Manal, Almendra, toda la bola. A los 17 empecé a trabajar como periodista para las revistas Cronopios y La Bella Gente; hacía entrevistas y crítica de discos. Escribí sobre Manal –uno de los primeros artículos publicados sobre ellos- y también sobre Pappo, Edelmiro Molinari, etc. A raíz de eso me acerqué al mundo de Mandioca: iba a la casa de Mario Rabey y de ahí a los shows de Manal con Jorge  Álvarez y Pedro Pujó; a veces ayudaba a cargar los equipos pero básicamente era un invitado. 

¿De dónde surge esa facilidad de poner humor en tus líricas? ¿Cómo componés? ¿Te sale primero la letra o la música? 

La vida es una broma absurda y el humor es mi respuesta natural a ese estado de cosas. Al principio escribía primero la letra pero al cabo de unos años me di cuenta de que si empezaba por la música me salían canciones mejores, aunque el proceso fuera más difícil. 

¿Cómo te llevas con la idea instalada en Argentina de ser un cantautor de culto pero no muy conocido en nuestro país? 

Lo llevo con agradecimiento. En Hispanoamérica hay algunos miles de personas a las que les gustan mis canciones: ese era mi objetivo en la vida y lo cumplí.  

¿Cómo fueron tus primeros tiempos en España? ¿Cómo te asentaste en el panorama musical de la época?

Para contarte eso también tendría que escribir un libro… Llegué como un amigo de los Tequila (Ariel Rot y Alejo Stivel) que había compuesto canciones para ellos. Eso me abrió las puertas de las discográficas. O sea que aterricé en un lecho de rosas. El panorama español de esa época era incipiente comparado con Manal, Almendra, Charly García, etc. Sentí que venía de un lugar culturalmente más avanzado. 

¿Qué recuerdos tienes de tu primer disco solista, Tengo una idea, editado en 1980, en donde te apuntaste a la new wave, con temazos como “El hijo de Sam”, “Ella dijo hola” o “Explorador Celeste”? 

Muy buenos. La portada la hizo Juan Gatti; al poco tiempo tenía un grupo de acompañamiento, un mánager y hasta un club de fans financiado por la compañía CBS. Estaba cumpliendo mis sueños infantiles y vivía en un país que despertaba a la democracia y se integraba por fin en Europa. No podía pedir más. 

¿Qué recuerdas de tu segundo álbum, La buena vida? 

Lo grabamos en vivo con la ayuda de Ariel. La portada era una foto de Lydia Delgado, la madre de mi hija y el ingeniero de grabación –Barry Sage- había trabajado con los Rolling Stones. Se puede bajar gratuitamente de mi página web: https://www.sergiomakaroff.com/noticias/la-buena-vida-de-regalo/ 

Tuviste problemas con la industria discográfica. ¿Por qué crees que ocurrieron, por qué no difundían tus trabajos como era debido? 

Los problemas fueron con las drogas: a nadie le hace bien drogarse todos los días con sustancias cada vez más potentes pero a mí en especial me destrozaron. Las cosas se torcieron… En 1994 logré acabar con un enganche de 25 años y todo se enderezó de golpe. Sigo viajando en la estela de ese impacto. 

¿Cómo se dio la génesis para hacer tu disco Un hombre feo en 1996, el primero después de un largo tiempo sin grabar, con todos temazos? 

Como te contaba antes dejé las drogas después de 25 años de machacarme todos los días. El resultado fue milagroso y paradójico: nunca volé tanto como sin drogas. Me puse a componer como loco y conseguí que la Warner Brothers me contratara. Ariel, mi hermano Eduardo y Alejo Stivel fueron los productores. Un renacimiento inesperado y providencial. 

¿Cómo te llevas con “Tranqui, Tronqui” o “El rock del ascensor”, tus temas más difundidos en España y Argentina, respectivamente? 

Bien, gracias. Me gusta más “Tranqui, tronqui”, una historia verídica contada de un modo literal. “Rock del ascensor” es una especie de broma. 

¿Qué recuerdos tienes de tu álbum Rico y famoso? 

Excelentes, pero no recuerdo los detalles particulares. Me gusta componer, grabar y actuar en vivo. Es un trabajo muy divertido. Fito Páez colaboró en varios temas. 

¿Cómo hiciste el disco Makaroff en 2002? 

Lo grabé en el estudio de Tito Rosell, él fue el productor. El nombre fue una idea de mi hermano Eduardo, que también se apellida Makaroff… ¡mirá vos lo que son las cosas!... de modo que fue una cesión generosa por su parte. Ariel y mi hermano ayudaron y colaboraron, como siempre. 

¿Qué recuerdos tienes de tu disco Número 1?

Nada especial: estar en mi salsa, con músicos, productor y portada elegidos por mí, haciendo lo que tengo que hacer.
 

¿Cómo ideaste tu álbum El inventor del rompehielos en 2011? 

Grabo un álbum cuando tengo suficientes canciones que me gustan. Voy componiendo y acumulando, puliendo los temas en casa y al final elijo los mejores y a la pileta. 

¿Qué recuerdos tienes de tu octavo álbum Mis posesiones? 

La memoria de las composiciones y las grabaciones está un poco difuminada. Hay ciertas similitudes dentro de lo que es, mayormente, un universo explosivo de situaciones abigarradas y variopintas. De la portada, en cambio, recuerdo más detalles: es un collage de mi autoría realizado con stickers o pegatinas –como se llaman en España- con el que quise expresar mi visión del cosmos en tanto ente vibratorio autocontenido y transversal.

¿Cómo es la experiencia de hacer discos en forma autogestionada, sin depender de una discográfica?

Mayor libertad, menos dinero: un negocio redondo (para los que apreciamos más la libertad que la guita). La verdad es que las discográficas nunca me impusieron condiciones artísticas. Lo intentaron, pero no lo lograron. Siempre compuse las canciones solo, con mi hermano o con Ariel y se me nota que soy difícil de doblegar o moldear. O sea que no perdieron tiempo en tratar de trazarme la dirección artística. 

En medio de la pandemia hiciste tu álbum Desastre con patas, ¿cómo surgió? ¿Qué te inspiró?

Nuevamente no hay nada especial o distintivo en esta colección de canciones. Todas son letra y música mía. Lo único que podría destacar es que me sentí más cómodo que nunca componiendo, arreglando, grabando y mezclando. El arte de portada también es mío: un autorretrato que hice una noche -en dos patadas- para decirle algo a Maite, mi mujer. A la mañana siguiente lo miré y pensé “hasta el peor dibujante acierta alguna vez”. Soy pésimo como artista plástico pero ahí está, eternizado para los anales de la Historia.
 

Sos de cuna rockera, pero te movés con soltura en otros géneros como el candombe, el tango y los ritmos tropicales, ¿cómo fuiste incorporando esas influencias musicales? ¿Ya las tenías en Argentina o las incorporaste en España? 

Mi modelo son los Beatles. Ellos se abrieron a todo, experimentaron con lo que les vino en gana, sin complejos. “Here, there and everywhere” es un bolero, sin ir más lejos. O sea que yo nunca sentí que tuviera que limitarme a un estilo u otro. No pedí permiso e incursioné con descaro en todo lo que me apeteció. 


Ahora toda tu discografía está en Spotify y otras plataformas digitales, ¿cómo te llevas con la experiencia de que cualquiera pueda escucharla en cualquier lugar del mundo con solo hacer clic? ¿Qué repercusiones tienes? 

¡No mentes la soga en casa del ahorcado! Yo uso Deezer y YouTube pero el modelo es el mismo: robar a los músicos con la complicidad alegre y manifiesta de las discográficas y sus editoriales. La repercusión principal es que ellos se quedan con toda la mosca y nosotros con la sensación de que nos podrían estar escuchando en Groenlandia o Mozambique. El atraco del siglo. 

¿Cómo ves la industria musical en la actualidad?

No me tirés de la lengua, gaucho… Me remito a la respuesta anterior. 

¿Qué música escuchas? ¿Qué artistas nuevos te gustan?

Escucho de todo. De los relativamente nuevos me gustan Billie Eilish, Paco Amoroso & Ca7riel, Charley Crockett, Colectivo Da Silva, Conociendo Rusia, Rex Orange County, Gabriel Ríos,Buika, Kali Uchis, Abercrombie & Such, Sebastián Díaz, Pacífica y La Grúa del Sur. 

¿Cuáles son tus actividades actuales, a qué te dedicas?

A grabar mi décimo álbum, que se llamará Hippies en pelotasSiempre con la producción de Jose Nortes, los arreglos de Ariel Rot y doce canciones compuestas por mí. Todavía no está terminado o sea que seguro que habrán más colaboraciones e invitados. Hilda Lizarazu se ofreció para cantar en algún tema y yo acepté encantado. Además de eso me dedico a contemplar a los arrendajos en la hondonada. De repente desaparecieron y justamente hoy le pregunté a la IA y me dijo que sus hábitos migratorios son irregulares y que la ornitología aún no tiene respuesta para esa conducta.

¿Cuáles son tus proyectos artísticos de acá en más?

Suspirar y esperar que vuelvan los arrendajos a la hondonada.

Emiliano Acevedo

domingo, 14 de diciembre de 2025

CLÁSICOS Y MODERNOS, entrevista a Trigémino

Foto: Diego Prol

 

El rock progresivo argentino es como Troilo, nunca se fue, siempre está llegando. Cada vez más chicos jóvenes se copan con este estilo que cautivó al público rockero en los años 70. Incluso surgen bandas nuevas muy interesantes, que continúan la senda iniciada en aquella época por Alas, Espíritu, Ave Rock, Invisible, MIA, Redd, La Máquina de Hacer Pájaros, Crucis y tantos más.

Una banda de culto progresivo surgida en la Zona Oeste en 1976 fue Trigémino. Estaban formados originalmente por Juan “Pollo” Raffo (teclados), Jorge Minissale (guitarra), Claudia Puyó (voz), Marco Pusineri (batería) y Eduardo Rovediello (bajo). En 1977 ingresa como cantante Carlos Garófalo, quien al año siguiente se encarga también del bajo, así quedan convertidos en cuarteto. Pero a pesar de su suceso y de aparecer en varias publicaciones de la época no pudieron editar material discográfico y se separan.

El cuarteto se volvería a juntar en los años 2000 para tocar. Así en 2018 completarían y editarían, ahora sí, su primer álbum Trampas para engañar, una verdadera obra maestra del prog. Allí revisitan y graban el material que compusieron en los años 70, incluyendo la suite de 30 minutos que da nombre al trabajo. Lo presentan a sala llena en el Teatro Monteviejo, material que se puede ver en el canal de YouTube de la banda. Y ahora llega el nuevo trabajo de Trigémino intitulado Corre hacia tu vida. Un álbum grabado, mezclado y masterizado por César Silva en El Hornero.

Actualmente, Trigémino está liderado por Juan "Pollo" Raffo (teclados y voces) y Jorge Minissale (guitarras y voces). Completan la formación el histórico Fernando Samalea en batería, Héctor "Cote" Conrado en voces y Lalo Calello en bajo.

Para saber más de este esperado nuevo lanzamiento hablamos con Pollo Raffo y Jorge Minissale y nos salió esta nota que hoy compartimos con ustedes. Puro Rock Progresivo Argentino…

ENTREVISTA> En Trigémino hay muchos puntos de contacto con ese rock progresivo de los 70, ¿no?

Raffo: Es que el momento de salir de casa a escuchar música en vivo y empezar a ver qué pasaba en el mundo se nos dio a los 14 años. En ese momento, las bandas de rock que había para escuchar eran Aquelarre, Invisible. A Pescado no llegué a escucharlo en vivo, por ahí Jorge sí pudo. También estaba el último Sui Generis, La Máquina, eso era lo que había para escuchar dentro de lo contracultural del rock argentino en aquel momento.

Yo veo puntos de contacto de la música de Trigémino con grupos como Espíritu…

Raffo: Sí, porque seguramente escuchábamos a la misma gente. Minissale y yo escuchábamos mucho Yes. Yo también escuchaba muchísimo Emerson, Lake & Palmer. Después, otro grupo que nos llamó muchísimo la atención en aquel momento fue Premiata Forneria Marconi y también nos impresionaron increíblemente los discos de Opa. En esos momentos, además de tocar estábamos juntos prácticamente todo el tiempo, o sea, Trigémino era nuestro grupo de pertenencia juvenil. Y no solamente los músicos, sino que se generaba todo un grupo de gente, amigos y amigas alrededor. Independientemente de que tocáramos o ensayáramos, nos juntábamos seguido. Estar juntos, guitarrear en casa, porque eran momentos en los cuales estar afuera era hostil. Entonces, la sociabilidad se daba puertas adentro y los recitales de rock eran un poco el punto de encuentro. Hay muchísimos libros que cuentan esa situación concreta de que era peligroso ir un concierto de rock porque había grandes chances de que hubiera una razzia policial a la salida, pero también tenías la posibilidad de tener un espacio comunal con gente que vos sabías que estaba en la misma onda, hasta por el aspecto físico te diría. En la calle vos reconocías a la gente que te podía ayudar.

Hablemos un poco de la banda, ¿qué es para ustedes Trigémino? Porque ustedes hacen muchos proyectos musicales diferentes y justamente esta formación remite al rock progresivo que estaba en auge en los 70…

Raffo: Es probable que el elemento progresivo esté también presente en las otras cosas que hacemos. A mí me gusta una definición de Felipe Surkan, del sello Viajero Inmóvil, en la que usa el término progresivo como adjetivo que se puede aplicar a otros géneros musicales. Por ejemplo, hay rock progresivo, hay tango progresivo, folklore progresivo, jazz… En ese sentido tengo la impresión de que las cosas que hemos hecho o que seguimos haciendo en paralelo a Trigémino tienen que ver con lo que sería la individualidad de cada uno, no negocian ese aspecto, me parece. Y a la vez Trigémino es una especie de espacio intermedio, o terreno común, donde se juegan muchísimas cosas que tienen que ver con lo histórico personal. Por supuesto, se genera una situación musical que no responde a la individualidad de ninguna de las personas que forma el grupo. Y lo incluyo en este caso a Carlos Garófalo, que fue quien co compuso el material con nosotros. Y a la vez esas particularidades están presentes.

Una nueva forma de expresión artística…

Raffo: Vuelvo a citar a Felipe Surkan, que cuando estábamos haciendo los demos de esto, yo le mandé la música y lo primero que nos dijo al respecto era que lo que estábamos escribiendo ahora iba a estar permeado de las experiencias individuales de cada uno de nosotros. Por separado, claro, a diferencia del primer disco que era una revisita literal y respetuosa de los que hacíamos en los 70. Y me puse a pensar en eso, ante la respuesta de Felipe. Como que rápidamente empecé a escuchar en fast forward todos los temas.  Y dije, "No, sabés que no." O sea, ahí me cayó la ficha que no hay prácticamente ningún elemento muy obvio de las cosas que podemos estar haciendo individualmente por fuera de Trigémino. Y a la vez están, lo cual me parece súper interesante porque se termina generando una identidad un poco más compleja, porque no suena como ningún grupo, no suena como nadie.

Tal cual. Porque aparte es progresivo, pero suena actual. No es nostálgico.

Raffo: Genial que suene así…

¿Cómo fue cranear este disco nuevo? ¿Cómo lo fueron desarrollando?

Minissale: Fue una idea que floreció en la pandemia. Me acuerdo que mi idea era hacer algo nuevo en donde el chiste era que nadie tenía que venir a traer una canción terminada. Se lo comenté a Juan, y a él le pareció que estaba buenísimo. Básicamente, porque el chiste de actuar en grupo es como estar en un equipo de fútbol, nadie está preguntando quién hace el gol, si estás adelante del arco tenés que patear. Así, si yo hago una parte de una canción, digo: "Tomá, seguila." Porque yo sé que la va a seguir y me va a gustar. Esa es una inercia básica de gente que además de todo su cariño sabe con quién está. Me parece que el disco parte de esa premisa y esto está buenísimo, no hay una canción que sea de una sola persona. Pero las canciones son fragmentos y lo loco es que no parece que fueran sumándose partes, sino que es una entidad. Está muy bien, porque eso requiere una empatía armónica, una empatía sonora. Otra cosa que me parece alucinante del disco es la parte de los textos. Me parece que está muy bien cómo se abordó el tema de la lírica. En principio porque ya somos muchachos un poco mayores. Cuando éramos chicos abordábamos toda la fantasía de historias con juglares y cosas que son un chiste ahora para esta edad que tenemos.

Se adaptaron a sus tiempos vitales.

Minissale: Sí, porque estar cantando a este edad que le cortaron la cabeza a uno es medio raro. Entonces acá abordamos algo que es muy potente. Eso me parece que está bueno y así se fue gestando. Igual es una patriada lo que hicimos. Una patriada de Raffo porque él se puso al hombro muchas cosas, porque no fue simple hacer este disco, lo tuvimos que sacar adelante. Por suerte apareció Samalea, que es un fan de Trigémino de siempre. Y él quería estar porque para él esto era una deuda pendiente, algo que le faltaba hacer. Fernando tocó con éste, tocó con aquel y también quería tocar con Trigémino. Creo que nosotros fuimos dejando un pequeño surco con lo que vinimos haciendo, y eso está bien. La verdad, lo que hizo Fernando fue muy bueno y creo que el disco es muy coherente y, como decís vos, suena a lo que somos ahora. No es un disco de nostalgia. Pero tampoco estuvimos buscando referencias musicales…

Nada a que asirse…

Minissale: No. Porque no queríamos sonar como Close to the Edge. Eso sería imposible, absurdo. Porque las condiciones técnicas son imposibles de igualar. Entonces voy a tener que sonar con lo que es el hoy. Por otra parte, me parece que este trabajo está muy logrado con respecto a lo que se intentó hacer. Así que creo que les va a caer muy bien a los que les gusta el rock progresivo. Y a diferencia del disco anterior, en este hay mucha canción y tiene todo lo que tiene que tener alrededor.

Raffo: En realidad estamos tocando una música que aprendimos en el momento que estaba sonando. No estamos revisitando algo que ocurrió 20 años antes que nosotros empecemos a tocar. No estamos haciendo una investigación sobre el rock progresivo para sonar así. En ese sentido, creo que tenemos autoridad, porque cuando eso estaba ocurriendo, en el momento que esos discos estaban saliendo, nosotros ya éramos músicos, teníamos este proyecto y estábamos recibiendo toda esa música. Y creo que eso, inconscientemente, te da una cierta libertad, como para decir: "Miren, no hace falta que me vengan a explicar cómo es esto…" Porque lo sabemos desde el momento que apareció. Y me parece que eso te da un resto para lo que está sonando. Me gustó lo de la comparación con el disco anterior del grupo, porque esto es bastante más maduro. Antes recreamos un material hecho por gente que tenía 17, 18 años, y ahora somos gente que compone a los 60. Y por supuesto, en el medio nos pasaron un montón de cosas. También es cierto que en los 70 las composiciones colectivas funcionaban igual. Traíamos fragmentos y veíamos como los ensamblábamos.

¿Qué fue distinto esta vez?

Raffo: Ahora se dio más a nivel del ADN, es como si en vez de conectar pedazos, vincularlos y pegarlos o hacer transiciones y demás, ahora se generó otra cosa, como si hubiéramos tomado la identidad genética de los fragmentos de música que íbamos trayendo y lo que salió es una especie de bicho nuevo, que tiene todas esas cosas, pero están tan mezcladas que no que tiene una tercera identidad, una cuarta identidad o una quinta.

Aparte el hecho de componerlos en colaboración…

Raffo: Sí, es más, yo no compongo en colaboración desde esa época adolescente. Siempre escribí solo, he hecho música para letras escritas por otra gente y demás. Por eso para mí lo de Trigémino es una experiencia increíble. Y está bien lo que dice Jorge de los de los textos, creo que ahí se nota la mirada de gente mayor escribiendo. Otra cosa que me parece interesante en los textos es que salvo alguno, la gran mayoría de ellos no están contados en primera persona, que es una cosa que a mí particularmente siempre me hace un poco de ruido, con esos compositores que en todas sus canciones cuentan lo que le pasa. Entonces están buenos estos textos que hablan de cosas como si uno pusiera la cámara en otro lado. Y ese es un punto de madurez en la manera de contar el texto de una canción.

¿Y cómo hicieron las letras?

Raffo: Igual que la música. En todos los casos es posible que haya un elemento inicial, alguien tiene una idea de un fragmento de música o un fragmento de letra. Eso ha ido yendo y viniendo. A veces un fragmento de canción completa, entonces por ahí a esa estrofa alguien le aporta una sección instrumental que contrasta, agarra la letra y la edita. Creo que hay un tema que apareció que solo tenía letra y al que luego le pusimos música. Me parece que es “El cuarto gol”, que tenía solo letra y después apareció la música.

Minissale: Para mí eso es la convivencia de un grupo. Por eso alucinaba cuando escribíamos y a lo mejor lo hacíamos así por Zoom o por alguna otra plataforma. Procesos compositivos entre los tres y a veces había debates y era buenísimo, era muy divertido. Y uno va aprendiendo un montón de cosas en el medio. Por ahí no se te ocurre a vos, se le ocurre a otro, pero ese otro está jugando en tu equipo. Con la música también es un poco así. Hubo muchas idas y vueltas porque los demos iban y venían. Lo que pasa es que ahora estamos muy cancheros con las grabaciones en casa. De hecho algunas cosas quedaron en el disco, porque Juan lo tiene todo muy aceitado, él es muy hábil con su plataforma. Yo no tengo tanta habilidad pero tampoco estoy tan mal. Así pudimos ir armando esas cosas. Y lo interesante es que hay una vibra en los ensayos, que es como el vivo, una adrenalina, que es divina, hermosa. Por supuesto este disco tiene mucha producción, porque, a la vez, sabíamos lo que queríamos. ¿Qué queríamos? Bueno, el órgano tiene que estar adelante, porque el órgano es el instrumento que en este género tiene un lugar protagónico. La batería también tiene que estar en su lugar. Ahí, Samalea vino con un audio en su batería que quizás no es el audio que tienen todos los otros discos que él toca. Entonces se fue armando una cosa, pero lo teníamos en la cabeza porque ya veníamos haciendo los demos. Así que fue muy divertido. A mí me pasó algo parecido a lo que dice Juan, porque yo tampoco estaba acostumbrado. Esto de armar los demos y las canciones uno mismo. Y está bueno cuando laburás con otro. Pero es como yo te dije al principio. Vos podés trabajar con otro cuando confías en él.

Raffo: Esa es la palabra clave. Confiar.

Minissale: Difícilmente haya sido rechazado algo que se hizo. Si yo le mandaba algo a él, difícilmente yo rechazaba lo que él me devolvía.

Raffo: La confianza es central. A veces no entendés lo que el otro te está queriendo decir en lo que te manda, pero hacés un esfuerzo para ver qué es eso.

¿Pero se juntaron en un estudio para hacerlo o fueron uniendo pedazos?

Raffo: Más o menos. Otra cosa que es interesante es que siempre lo pensamos como una obra posible de ser tocada en vivo. Eso creo que fue una característica de la producción. Obviamente, hay ciertas sobre grabaciones y demás, pero no está pensado como un producto de estudio donde vos tenés 18 capas de sintetizadores, 15 guitarras, coros duplicados, multiplicados por 17. Sabíamos que tenía que sonar creíble y sencillo de poder ser traducido al vivo. Porque, volviendo a eso que hablábamos, estas bandas que nosotros escuchábamos en los 70, grababan así.

Minissale: ¡Grababan en vivo!

Raffo: Grababan en el estudio, pero vos escuchás las versiones en vivo y no difieren mucho de las de estudio. Eso era natural. Independientemente que después sí, por cuestión de dificultades de logística y demás, fuimos grabando con capas y reemplazando con las cosas que estaban en los demos, pero en todo momento está presente la sensación de que es algo orgánico que puede ser tocado en vivo.

¿Qué les aportó Samalea?

Raffo: Lo suyo es mortal. Le dimos los demos, se los llevó, los empezó a estudiar y en un momento nos llamaba para decirnos: "Che, me gustaría juntarme con ustedes." Nosotros teníamos una especie de confianza ciega en Samalea. Sabíamos que lo iba a hacer bien. Llegado el momento fui a la casa a escucharlo. Me senté, puso los demos, tocó arriba y no erró ni un palo, o sea, pasó todos los temas de memoria. Impresionante. Así que le dije que grabara lo que quisiera, que pusiera el tambor que le gustase, poné tus cositas, nosotros nos sentamos y escuchamos.

Foto: Diego Prol