martes, 29 de septiembre de 2026

UNA HISTORIA ASOMBROSA, entrevista a Gabriel Agudo

 

Gabriel Agudo es una figura bastante singular dentro del rock progresivo argentino. Cantante, compositor, multiinstumentista y productor, tuvo una etapa de notoriedad ligada al grupo Bad Dreams, pero su trayectoria posterior lo llevó a trabajar con músicos internacionales del progresivo de primera línea. La formación musical de Agudo está profundamente vinculada con el rock sinfónico de los 70 y 80, grupos como Yes, Genesis, Pink Floyd, King Crimson, Camel y Marillion, además de otros de hard rock como Led Zeppelin, Black Sabbath y Deep Purple. También ha participado en proyectos de jazz rock, blues, soul y funk. De ahí salió su estilo vocal, que no procede tanto de la tradición del cantante de rock argentino convencional, sino de la escuela del rock progresivo anglosajón.

Lo más interesante de la carrera de Gabriel es lo que ocurrió después de su salida de Bad Dreams, cuando empezó a colaborar con Steve Rothery, guitarrista histórico de Marillion, como cantante de The Steve Rothery Band en sus presentaciones sudamericanas. También se incorporó a In Continuum, proyecto dirigido por Dave Kerzner, junto a músicos como Marco Minnermann, Matt Dorsey y Randy McStine. Contando también con el respaldo de invitados de enorme prestigio dentro de la escena progresiva.

ENTREVISTA> ¿Cómo fue tu primer acercamiento a la música?

En mi casa se respiraba mucha música porque mi papá fue un cantor frustrado de tango. Así que yo también tengo el tango bajo la piel de tanto haberlo escuchado de chico. Inclusive, en algún momento me gustaría hacer un disco de tango o cantar tango. En cambio, a mi mamá le gustaba la música internacional, así que los primeros acercamientos en ese aspecto que tuve fueron con los Beatles en el año 67. En mi casa se escuchaban mucho los discos de los Beatles, y aparte, mi mamá tenía una de sus mejores amigas que vivía en el piso de arriba y su hijo Eduardo tocaba la guitarra y también era fanático de los Beatles. Entonces, yo iba mucho a escucharlo tocar guitarra en su cuarto y es ahí cuando empecé a sentirme magnetizado por la música.

¿Empezaste con la viola?

Sí, más o menos a los 9 años empecé a tomar clases de guitarra y después seguí con clases de armonía y composición en el piano. Luego me desarrollé como músico tocando en bandas. Era la época de la secundaria en donde uno se juntaba con los compañeros del colegio a jugar que era musico.

Escuchando discos también, ¿no?

Claro, como yo vivía en Caballito, ahí tenía uno de los de los centros más importantes de cultura musical de Buenos Aires que era el Parque Rivadavia, en donde nos juntábamos a cambiar discos. Ahí te encontrabas tanto con músicos como con fanáticos del rock, yo iba desde muy chico y ahí descubrí discos como Close to the Edge, de Yes; los álbumes de Genesis; o a artistas del rock nacional, como Pescado Rabioso, Charly García y todas las grandes bandas de los setenta. Mientras tanto seguía con mi formación musical. Rápidamente, sentí que tenía una facilidad para cantar y ya tenía la memoria musical de acordarme las melodías y las letras, pero recién a los 15 años me di cuenta que tenía la posibilidad de desarrollarme como cantante también, además de ser músico.

¿Y qué te atrapó del rock progresivo?

Es que cuando escuché por primera vez Close to the Edge el cerebro se me dividió en mil partes. Ya me gustaba la música clásica, porque en mi casa mi abuelo escuchaba muchísima música clásica, los tenores italianos, pero también cosas complicadas también como Prokófiev. Pero, cuando escuché Close to the Edge, al principio no entendía nada porque, obviamente, utilizaban distintos estilos o distintas formas musicales, era una paleta de colores inmensas donde uno escuchaba de todo, escuchaba rock, soul, blues, música clásica, era algo increíble. Luego, de Yes pasé a Genesis, de la primera época con Peter Gabriel, y encontré el rock progresivo con más complejidad, pero más en formato canción. Y después obviamente me copé con King Crimson y Jethro Tull.

Ibas absorbiendo todo…

Tal cual, es que cuando uno empieza a investigar, empieza a tratar de escuchar todo lo posible, como una esponja, ¿no? Eran los años de la dictadura y en esa época de los militares había mucha música que estaba prohibida, por eso existía una cultura de excitación entre los chicos, en donde tratábamos de alguna forma de juntarnos con amigos a ver como conseguíamos discos y los escuchábamos. Lo que me fascinó del rock progresivo fue que era un inmenso mar donde había una paleta de colores que incluía todos los estilos y me apasionaba cómo se unían esas piezas. Es increíble cómo era el resultado final, cómo llegaban a esa fórmula, cada una de esas bandas. La originalidad que tenía esa música era algo inmenso y agradezco a Dios haber estado vivo cuando los pioneros del rock progresivo recién empezaban sus caminos.

Aparte, te diste el lujo de tocar con varios de ellos a los cuales tenías pegados en los posters de tu cuarto…

Sí, eso fue increíble. Yo siempre le conté a Steve Rothery, cuando empecé a tocar con él, que yo de pibe tenía los posters de Marillion pegados en mi habitación, junto a otras imágenes de David Gilmour, Steve Hackett y Peter Gabriel. En esa época se acostumbraba que nosotros tengamos posters pegados con cinta scotch. Ya nadie se acuerda de esa costumbre juvenil, pero para nosotros era importantísimo… (risas) Uno de los posters era de Rothery, que era un ídolo para mí. En esa época también estaba muy copado con el Ruso Lebón, lo adoro desde siempre, lo mismo que a Spinetta. Para mí, haber tenido la oportunidad de compartir el escenario con algunos de ellos y conocerlos es una de las grandes satisfacciones que me dio la vida y que me hacen sentir muy honrado y agradecido.

¿Fuiste al conservatorio o estudiabas clases particulares de música?

Estudié con profesores particulares, y mucho en forma autodidacta, no hice conservatorio, no tuve una formación académica, sino una formación particular con muchos profesores y después con los primeros videos con las clínicas y esas cosas. En esa época no había internet, por supuesto, así que aprendíamos tocando con otros, tratando de mejorar en la ejecución del instrumento o en la ejecución vocal, etc.

¿En tu casa te pidieron que hicieras una carrera formal aparte de dedicarte a la música?

Bueno, yo estudié y me recibí de abogado. Durante un tiempo desarrollé la carrera en paralelo a mi labor musical, pero con el tiempo fui descubriendo que la abogacía no era algo que me gustara mucho. Así que me fui enfilando hacía la música, sabiendo que en Argentina ese era un camino de espinas. Generalmente, en la música es bastante difícil desarrollarse en forma profesional. Ahora cambió bastante, pero en los 80, cuando yo empecé a tocar en vivo, había una movida cultural bastante más grande.  En los 90, también hubo un estallido de lugares en donde tocar, principalmente pubs, pero también en teatros más chicos, y en los 2000 cambió mucho eso. Ahora parece que hay un renacer de lo que es la cultura de la música en vivo. Pero, claro, siempre hay como una especie de preconcepto de que cuando uno elige el camino del arte, o el camino de la música, siempre va a ser un camino de espinas, especialmente en el tema económico. Igualmente, he hecho trabajos de todo tipo, en paralelo con la música, obviamente, todo en post de que ese trabajo sirviera para apoyar el proyecto musical que yo tenía.

¿Qué banda tenías en esa época de los primeros 90?

Yo tuve durante muchos años una banda que se llamó Chico Vudú. En esa época me había alejado mucho del rock progresivo y me dediqué a todo lo que era el soul, funk, y blues. Siempre me gustaron los músicos negros, de Robert Johnson en adelante, siempre estuve fascinado por esa música. Entonces, me sumergí mucho en ese estilo, pero era muy difícil acá en esa época porque no había etnia negra en el país y no había mucha gente que escuche eso. Eran reductos muy chicos donde se escuchaba ese tipo de música funk, o del soul. Generalmente en la Zona Oeste del Gran Buenos había lugares de blues, pero el soul y el funk no eran géneros populares. Con esa banda hicimos dos discos, tocamos en muchísimos lugares y teníamos canciones propias, en donde yo escribía las letras y las melodías; y los arreglos los hacíamos entre todos. Canciones en castellano.

¿Y qué pasó?

Tuvimos la oportunidad de firmar contrato con Universal. En esa época había dos bandas peleando por firmar con la compañía, estábamos nosotros y Bersuit Vergarabat. Justo pasó que Universal se fusiona con PolyGram y quedó seleccionada Bersuit. Eso fue un mazazo para mí, que hacía bastante tiempo que venía luchando en la música, y me terminé alejando de la actividad profesional durante cinco años. Seguí en actividad, tocando en mi casa, pero me sentía frustrado del desgaste de haber transitado el underground durante tanto tiempo y que justo cuando estábamos por dar un salto se frustró. Estuve así hasta que mi amigo Marcelo Bordoli, que es saxofonista, me dijo que había unos muchachos haciendo la música de Genesis y buscaban cantante. Yo estaba viviendo en Pilar en esa época y ellos eran de allí también, y mi amigo ensayaba en la sala del baterista. Al principio me negué, porque seguía muy frustrado, pero fui a la prueba y quedé en la banda. Así empezamos a hacer tributo a la música de Genesis, principalmente se enfocaba poco en la primera época, sino más de la época de Phil Collins como cantante, aunque también hacíamos algunos temas de la época de Gabriel. Increíblemente, la banda empezó a crecer, empezamos a hacer desde teatros chicos hasta llegar a tocar en el Teatro Coliseo. Después empezamos a tocar en más lugares, en Mendoza, Rosario, haciendo teatros grandes en todo el país y tocamos en Chile, y otros lugares más. Y el pináculo de eso fue cuando hicimos el Luna Park con Ángel Mahler junto a una orquesta sinfónica. Tocamos con arreglos del querido Ángel Mahler, que lamentablemente falleció hace poco. Gran músico y persona.

Llegaron a la cumbre como banda tributo…

Puede ser. Lo que pasó fue que en ese momento me reuní con toda la banda y les dije que no quería hacer más todo lo que era tributo. Primero, porque yo entendía que la música de Genesis es una matemática perfecta y nosotros hacíamos una interpretación, no éramos exégetas ni estábamos en el detalle fino como, por ejemplo, bandas como Rael y Genetics, que reproducen la música original nota a nota. Nosotros dábamos libertad a la a la interpretación y uno sabe que el fanático de Genesis -yo soy uno de ellos- es muy enfermito de que las cosas tienen que ser de una determinada manera. Entonces les dije que me parecía que teníamos un desarrollo importante y que teníamos la capacidad para hacer nuestra propia música y yo -por mi formación en inglés que le agradezco a mis padres por haber ido un colegio irlandés desde muy chico- podía hacer letras en ese idioma.

Un cambio total…

Claro. Por eso me dijeron que estaba loco, que no nos iba a ir bien haciendo material propio en inglés. Pero yo estaba convencido que sí y así empezamos a armar el primer disco con el tecladista de Bad Dreams, empezamos a armar las composiciones que le dieron vida al primer álbum de la banda: Apocalypse Of The Mercy, y con ese disco la banda empezó a tener impacto en países que no nos imaginábamos: Japón, toda Europa, Estados Unidos. Así el grupo empezó a crecer con música propia, y tuvimos la oportunidad de tocar en muchos lugares, como Centroamérica, toda Sudamérica, Estados Unidos. Fuimos llamados varias veces para participar del Cruise to the Edge, que es un uno de los festivales más importantes del mundo de rock progresivo. Lamentablemente, como pasa en muchas bandas, después del tercer disco empezaron a haber fricciones internas. Siempre el tema de los egos en los las bandas es lo que ocasiona la autodestrucción y las termina destruyendo. Así fue que el grupo decidió que no quería seguir más conmigo. Y yo me encontré en ese momento con un camino incierto de nuevo, como pasó cuando después de haber estado 10 años con la banda anterior de soul, y no habíamos conseguido el contrato discográfico. Me encontré con un camino incierto donde tenía un background sí, obviamente, pero estaba totalmente solo, no tenía músicos, no tenía absolutamente nada. Entonces me tomé un tiempo para poder reflexionar cuál iba a ser mi rumbo, qué es lo que iba a hacer. Paralelamente, por suerte, en esa época Steve Rothery estaba queriendo hacer unas giras por Sudamérica y necesitaba un cantante que hiciera las partes de Fish, del Marillion antiguo. Me lo propuso, recogí el guante, fue bastante desafiante porque obviamente, como decías vos, estaba tocando al lado del “póster”, ¿no?, tocando al lado de uno de mis ídolos y obviamente la exigencia es mucho mayor.

Jugando en Primera…

Eh, digamos que es Primera A, entonces fue un trabajo arduo, tenía poco tiempo para preparar todas las cosas y para aprender las inmensas letras de Fish con las inflexiones vocales y todo lo que son los giros idiomáticos, las pronunciaciones, lo que hacen a la interpretación vocal, porque obviamente no podés hacer cualquier cosa. Menos estando al lado de un genio del rock progresivo como Steve Rothery. Creo que hice un humilde papel en esa gira. Steve y la banda estuvieron bastante contentos con mi performance y eso hizo que esas experiencias se hayan repetido a lo largo de los años. También en ese momento inicial de letargo, me contacta Dave Kerzner, un amigo mío que es un músico muy conocido en el rock progresivo de Estados Unidos, ex tecladista y compositor de Sound of Contact, la banda de Simon Collins, el hijo de Phil Collins. Dave justo iba a tocar en uno de los Cruise to the Edge e iba a hacer un show con músicos invitados, en donde iban a estar el cantante y el bajista de Yes; Steve Rothery; Randy McStine, que ahora está tocando con Porcupine Tree y muchísimos músicos muy conocidos de rock progresivo. Así que me invitó a participar de un show de Pink Floyd en donde él iba a hacer su propia música también. Finalmente, me invitó a cantar un tema de Floyd y temas de Sound of Contact con él. Cuando terminó el crucero Dave me hizo la propuesta de formar parte de Incontinuum, que es una banda norteamericana de rock progresivo, continuadora de Sound of Contact. Yo no dudé y acepté su propuesta. Así empecé a viajar a Estados Unidos varias veces para grabar el primer y el segundo disco y también tocamos en Estados Unidos en varias ciudades, hicimos gira ahí.

¿Ahí surge tu labor solista?

Es que yo tenía muchas ideas para componer y hacer temas propios y lanzarme solo, pero no tenía absolutamente nada. Entonces, gracias al aporte de muchos amigos como Clive Nolan de Pendragon y de Arena, Steve Rothery y, principalmente René Bosc, que es un amigo mío que es un exdirector de Radio France International, que es el que maneja toda la música clásica de París; me fui a Francia unos cuantos meses para construir estas canciones que yo estaba teniendo y eso derivó en el primer disco solista mío, que se llama New Life.

¿Con músicos invitados?

Sí, tuve la posibilidad de tener invitados de lujo, como el propio Dave Kerzner, Clive Nolan y Fernando Perdomo, un guitarrista estadounidense que es sensacional. También participó el mismo René Bosc y su mujer Helene Collerette, que es la primera violinista de Radio France International. Afortunadamente, el disco empezó a venderse muy bien en Japón, Europa y Estados Unidos. Así se fueron dando las cosas, no fue premeditado. Tuve la oportunidad de tocar en Europa también. Así empecé a conectarme con muchos músicos que realmente se vieron interesados en tocar junto a mí, con lo cual yo me sentí muy honrado porque son músicos de primera línea internacional, como los integrantes de la Neal Morse Band, como Bill Hubauer, Randy George y Eric Gillette y también otros músicos europeos, como Jimmy Pallagrosi.

¿Qué es lo que te guía?

Qué sé yo, uno trata de ver siempre para atrás, yo tengo 59 años, o sea, no soy joven, me considero joven, pero no tengo 20, 25, 30 años. Y las oportunidades se fueron dando y hoy me encuentro en esta situación, mal o bien, tengo un material y mucha música hecha. Afortunadamente, tengo gente que me ha apoyado, también he recibido el apoyo de los fans, que fue fundamental para realizar mi primer y segundo disco hoy en día con el tema de las crowdfunding y todo lo que creó Marillion en su época. Hoy en día, los fans son un apoyo muy importante para los nuevos artistas, o para artistas independientes que no están dentro del circuito de las discográficas, o los poderosos que manejan la música.

¿Cómo es eso en medio del reinado de las plataformas digitales?

A veces es muy difícil con las plataformas digitales porque la gente es muy reacia a comprar música, ¿no? Entonces, a veces eso hace que la vida de un músico, que principalmente vive de su arte, sea más complicada. Lo que antes era la venta de discos pasa a ser ahora la realización de shows que a veces tiene períodos donde son muy constantes y otras veces no hay tantos shows.

Con Steve Rothery

También empezaste un tributo a la música de Peter Gabriel…

Es que siempre me encantó cantar el material de Peter Gabriel, su etapa solista. Entonces, con el con el primer baterista de de Bad Dreams, Sergio Darosa, formamos una banda que se llama Monkey, toda con excelentes músicos argentinos. Así empezamos a recorrer la discografía de Gabriel, incluyendo sus mayores éxitos. No llegamos a los últimos discos, por respeto al artista original. También me llamaron de otro proyecto que es llevado a cabo por unos amigos músicos muy buenos de Mendoza, que me convocaron para hacer la música de Phil Collins. Ese va a ser otro lindo desafío desde el punto de vista vocal, tratar de cantar ese material, es un proyecto que está en crecimiento.

Volviendo a tu material solista, en tus álbumes hablás mucho de la libertad, el karma, el amor y el universo. ¿Cómo se fue dando el interés por esos temas para escribir ese material?

En mi primer disco yo como venía de un viaje muy complejo desde el punto de vista espiritual por la enfermedad de mi madre, el Alzheimer, que sufrió durante 10 años y fue devastador para ella y para todos los que la queríamos, ¿no? Para todos los que la amaban. Justamente, ella partió en esa época antes de que saliera el disco. Yo también venía viviendo el periodo posterior a mi salida de Bad Dreams con todo lo que había pasado, esto de la incertidumbre que viene luego de romper con una banda donde compartiste tantos años. Fue un periodo muy doloroso porque se quedan amigos atrás. Yo venía realizando por todo esto una especie de un viaje espiritual en esa época y por eso decidí que el primer disco que se llamase New Life (Nueva Vida), escribiendo las letras de los temas desde mi interior, y por eso adentro del disco se ve un pájaro que simboliza la libertad, y dentro del pájaro hay un mapa donde están los distintos estadios espirituales. Lo que quise hacer es describir esos estadios espirituales desde mi interior, como yo lo veía. Entonces, partimos de la libertad, del karma, del miedo al rechazo, de muchísimas cosas. Sí, ese primer disco fue enfocado desde ese punto de vista, más espiritual, y desde lo musical es mucho más progresivo, mucho más experimental, porque obviamente estaba buscando mi camino. Decidí hacer cosas más jugadas de lo que venía haciendo con Bad Dreams.

¿Y cómo fue la búsqueda en el segundo álbum?

En el segundo disco yo tengo una raíz muy enraizada con lo que es el metal y el rock en sí. Yo siempre fui fanático de muchas bandas de metal, principalmente de Black Sabbath y Iron Maiden. Entonces, decidí meter más toques de metal o de rock. El primer disco por ahí tiene un sonido más este setentoso, y el segundo disco tiene un toque más moderno, con partes rockeras y obviamente metiendo cosas también de mi época del soul. También hay sonidos étnicos, ya que estuve inspeccionando ese lado, escribiendo letras desde ese punto de vista. Por eso el disco se llamó Tales and Thunders, porque son esos cuentos o esas historias que siempre nos cautivaron de chicos, como el primer hombre en la luna, como el Voyager, como lo que pasa cuando uno se divorcia -algo que he experimentado en carne propia-, entonces tiene que ver con el momento en que uno toma esa decisión. Estuve sondeando el tema de la muerte a través de la historia de Romeo y Julieta, en un tema en donde participa Steve Rothery, y también me metí con el tema de los chamanes, de la cultura sioux.

Una propuesta bastante ecléctica…

Sí. No fue premeditado, sino que surgió en ese momento. Es una mezcla de cosas de donde uno trata de obtener inspiración. Tuve la fortuna de contar con algunos músicos invitados del calibre de Dave Foster, que toca la guitarra en un tema, también Derek Sherinian, que tocó un solo de teclados, el mismo Steve Rothery, que nuevamente participó de invitado en el disco. Fue un trabajo arduo porque me concentré en hacer absolutamente todo. Hice todos los arreglos, lo grabé, lo mezclé, lo mastericé, por suerte ahí sí tuve la ayuda de mi amigo Sergio Darosa, que me ayudó muchísimo en el proceso de mezcla y de masterización, porque en algunos momentos uno se obsesiona tanto cuando hace todo solo que a veces perdés el rumbo. Así que fue un proceso muy desgastante pero también sanador, muy lindo, con todo lo que implican los costos de generar un disco y sacarlo en formato digital. Es un trabajo verdaderamente arduo y complicado en lo económico llevarlo a cabo siendo un artista independiente.

Dijiste que sobrellevaste la enfermedad y la pérdida de tu madre más tu divorcio, problemas económicos, y también tuviste un accidente. Todo eso, ¿cómo se plasmó en tu obra?

Obviamente, todos tenemos problemas y lo importante es destacar lo que es el valor de la resiliencia, ¿no? De poder seguir adelante a pesar de las dificultades. Es como decía Nietzche acerca de lo que no te mata te fortalece. Entonces uno sale más fortalecido y de alguna forma de esa situación aprendes a valorar más las cosas y el tiempo presente y a valorar que esto no se hace por el ego, es una obra. El musico tiene que trascender las cosas, empezar a liberarse y disfrutar el proceso creativo. Lo bueno es volver a esa esencia. A darse cuenta que después de las dificultades se puede volver a construir, a renovarse.

¿Qué opinás del presente del rock progresivo argentino?

Me pone contento ya que ha tenido un renacimiento en estos últimos años y hay una nueva camada de bandas progresivas acá en la Argentina muy buenas. He venido escuchando a músicos muy buenos. Realmente las nuevas generaciones de músicos son excelentes. Argentina siempre ha sido una enorme cuna de rock progresivo. Y está bueno que está renaciendo toda esa movida. Yo realmente admiro mucho a mis colegas, a los músicos argentinos, creo que no tenemos nada que envidiar a los de afuera. Creo que es importante apoyarse entre los músicos para que esto siga andando, para que esto siga vivo. Es necesario defender el estilo y tratar de generar más espacio y abrirnos más a la gente y decirles que el rock progresivo es una música que conmueve, que es una música que se nutre de varios estilos y que es una música para volar.

¿Cuáles son tus máximas influencias como cantante?

Tengo muchísimos cantantes icónicos que han marcado mi vida: David Bowie, Peter Gabriel, Geoff Tate de Queensryche, Bruce Dickinson, Robert Plant, Otis Redding, Buddy Guy. Todos esos cantantes me han impactado. Siempre lo que me gusta es escuchar muchos cantantes y saber cómo vocalmente utilizan su técnica y analizarlos. Uno aprende muchísimo de eso. Uno aprende todo el tiempo y siempre la clave es la humildad. Por eso en la tapa del primer disco, New Life, estoy en una caverna mirando para arriba y hay una luz. Lo que quiero expresar con eso es que siempre uno puede aprender y ser mejor todos los días. En cuanto uno piensa que sabe todo, o que llegó a un techo, es cuando no se avanza en la vida. Siempre hay que tener ese hambre. Y con respecto a ser cantante, uno aprende y va evolucionando y obviamente las emociones influyen también en la composición, no solamente en la ejecución vocal, y en la ejecución de los instrumentos. Entonces, siempre está bueno estar conectado con todo eso.

Hay una pregunta vicio que tengo para los compositores: ¿Qué tema de otro te hubiese gustado componer?

Tengo millones específicamente de rock progresivo. Pero algo que me hubiera gustado componer es el primer movimiento del “Claro de Luna”, de Beethoven. Me hubiese gustado componer algo así con esa profundidad, ese dramatismo, esa simplicidad y perfección. También me hubiera gustado componer “Supper´s Ready”, de Genesis, por supuesto. Porque es increíble cuando uno escucha esas canciones, escucha la música varias veces, y todas las veces que lo escuchás siempre vas encontrando nuevos matices, nuevas cosas, eso generalmente pasa.

¿Qué te está inspirando a componer ahora? ¿Qué temáticas?

En estos momentos estoy abocado a hacer algo más rockero. Más power, estoy volviendo a mis fuentes. Entonces, quiero explorar esa veta. Estoy tratando de fusionar eso, estoy escribiendo cosas, imaginando historias en mi cabeza, y a partir de esas historia que imagino estoy escribiendo letras. Esas letras están más enfocadas en historias ajenas, no estoy partiendo desde mi persona. Obviamente a uno se le escapa el toque personal, porque siempre uno es subjetivo cuando escribe, ¿no? Pero estoy tratando de basarme en algo que se me ocurre. Por ejemplo, el otro día hice un tema que se llama “Whispering Boy”, que se habla de la meditación y después el último single habla de la inmortalidad del alma de un tipo que va pasando, que va cambiando de cuerpo y de cara, pero sigue siendo la misma persona porque su alma es inmortal. Ahora estoy planificando un single acerca de un vengador y también se me ocurrió otro acerca de los ojos de un gato, de lo que ve un gato con sus ojos. Son cosas que me van surgiendo. Por ahí se me ocurren melodías, las voy grabando y en base a eso después empiezo a construir una canción que me lleva obviamente su tiempo, no es fácil componer porque hay que construir toda la canción, ¿no? Y después grabar también lleva su tiempo. Entonces yo trato de tomarme mi tiempo y hacerlo bien, sin apuros. Obviamente, puede pasar en el proceso creativo que uno se arrepienta de alguna cosa o hacer algo y después darse cuenta que eso que hizo no sirvió de nada y empezar de nuevo de cero, es algo muy loco, pero es así.

Emiliano Acevedo



lunes, 14 de septiembre de 2026

PRECISIÓN Y VERSATILIDAD, entrevista a Luis Ceravolo

 

Como baterista y músico integral, Luis Ceravolo merece un perfil que no quede reducido a sus trabajos con Astor Piazzolla y Luis Alberto Spinetta, porque su trayectoria profesional es muchísimo más amplia: fue músico de sesión, trabajó para bandas sonoras de publicidades, integró la orquesta televisiva estable de Canal 13 y desarrolló una carrera como baterista profesional de enorme versatilidad con infinidad de artistas grandísimos. Y es que el devenir de Ceravolo permite entender muy bien el funcionamiento de la música porteña desde los años 70 en adelante. Su perfil profesional se construyó sobre una característica que mantendría durante toda su carrera: la capacidad de moverse entre lenguajes musicales muy diferentes. Jazz, tango, folklore, rock, fusión, música popular, televisión y publicidad formaron parte de su actividad. 

Ceravolo es un músico acostumbrado a trabajar dentro de estructuras de producción que exigen precisión, lectura, adaptación y rapidez. Músico de oficio, es capaz de poner su conocimiento instrumental al servicio de cada producción que le toca hacer, además de sus proyectos artísticos personales. Compositor, arreglador, productor y docente, su propia biografía profesional lo define justamente de esa manera. 

Sin dudas, Ceravolo pertenece a una generación de músicos argentinos que podían pasar del escenario de jazz a un estudio de grabación, de una orquesta de televisión a una sesión publicitaria y de allí a una banda de rock o a un conjunto de tango, manteniendo en todos los casos un altísimo nivel profesional.

ENTREVISTA> ¿Cuál es tu actualidad musical? 

Ahora tengo un grupo que se llama Luis Ceravolo 4, en el que hacemos una música de fusión de tango y jazz; ahí tenemos un repertorio con muchos temas de Piazzolla, un tema mío y temas de otros compositores. También tocamos un tema de jazz llamado “Cherokee”. Esta versión la hice en baguala, pero suena medio tango también, porque al tener un bandoneón, los arreglos son tangueros y los músicos tienen ese espíritu, porque en mi grupo todos los temas tienen solos y eso los convierte en una cosa bastante original, ya que en el tango no se improvisa, pero en este grupo todos tienen que improvisar. El piano, el bandoneón, la batería, el contrabajo, obviamente todos tocamos solos. Después también estoy trabajando en A 18´, que es un grupo que se dedica a hacer música de Spinetta. Y también toco en trío con la cantante Alejandra Martin. 

Vos venís de una familia de músicos, ¿no? 

Sí, es verdad. Mi viejo era químico y pianista. Repartía su vida entre su trabajo -que era lo que más lo tenía comprometido- y la música, pero él se hacía su tiempo para dedicarse a la orquesta, con la que tocaba en programas de radio, dos veces por semana. Él tocaba el piano y hacía los arreglos para la orquesta de piano, contrabajo, batería, vibráfono, percusión y cuatro violines. Mi hermano, que era cuatro años mayor que yo, tocaba el vibráfono en la orquesta y después entré yo tocando la batería a los 13 años. Estando en la orquesta hacíamos viajes en cruceros todos los veranos. Era mi felicidad tocar ahí, me pasaba el año esperando la época de los cruceros, porque aparte ganaba buena guita. En los cruceros viajábamos al Caribe, a Sudáfrica, era impresionante. Así empecé con la música, tocando en la radio y durante trece años en los cruceros. 

¿Y cómo seguiste? 

A los 16, 17 años ya estaba tocando en un grupo. Yo había conocido muchos músicos y empecé a tocar profesionalmente bastante rápido. 

¿Y por qué elegiste la batería? ¿Qué fue lo que te apasionó del instrumento? 

La verdad es que me gustaba estar al lado de los diferentes bateristas que acompañaban a mi viejo, desde que era chiquito. Primero estudié piano, a los seis años. Pero a los 11 o 12 empecé con la batería, y ya me enganché con el instrumento. 

¿Y quiénes eran tus referentes en la batería? 

Carl Palmer era uno que me impresionaba mucho por lo que tocaba y por la técnica que tenía. Era un tipo que se ve que había estudiado clásico, había estudiado muy en serio la batería. También me gustaban Tony Williams y Elvin Jones. Otro que me apasionaba, uno de mis máximos referentes, era Peter Erskine, que tocaba con Weather Report. También me encanta Steve Gadd. Por supuesto, soy muy fan de Max Roach, Buddy Rich, no sé, muchos tipos. Otro es Jeff Porcaro, de Toto, otro capo. 

¿Cuáles fueron tus primeros grupos luego de tocar con tu padre? 

Bueno, empecé a conocer músicos de jazz y por ahí tocaba con algunos grupos, en formaciones que no eran estables. Toqué en algunos grupos, pero el más importante terminaría siendo SOS, cuando yo tenía 21 años. Ahí conozco a Rubén Rada. Allí también estaban el trompetista Gustavo Bergali y el sueco Bo Gathu, que era el bajista y fundador de la banda. También estaba el Héctor "Finito" Bingert, un saxofonista uruguayo muy capo. SOS fue el primer grupo serio en el que estuve, pero duró poco, un par de años nomás. Grabamos un disco que se llamó SOS (Sonido Original del Sur), que fue una producción nuestra, independiente. Pero cuando terminamos de grabarlo no podíamos editarlo porque justo coincidió con la crisis mundial de petróleo, de escasez de vinilo, el elemento para hacer los discos. Entonces, la pasta se guardaba para los artistas que vendían mucho, que eran más comerciales, y nosotros como éramos un grupo nuevo y hacíamos una música que no era tan comercial, sino de jazz rock, funkero y candombe; no tuvimos lugar. El grupo fue una cooperativa en donde todos teníamos que ver en el armado. Fue una experiencia muy linda. El álbum apareció editado en Uruguay, pero nos estafaron, porque nunca cobramos nada de ese lanzamiento, ni siquiera nos avisaron, y usaron el nombre de Rada para titular el disco. Fue injusto ese lanzamiento. Recién hace seis años yo conseguí editarlo en Argentina, en el sello Aqua, y se hizo un cd con la gráfica como correspondía, con la foto de todos los integrantes y una ficha técnica completa con lo que tocaba cada uno, los arreglos, etc. 

¿Cómo conociste a Spinetta? 

Lo conocí antes de Invisible. Justo antes de armar ese grupo Luis se conectó conmigo y tuvimos una reunión, pero me borré. Me escapé de ese proyecto, que no sabía que iba a ser Invisible. Lo que pasa es que la propuesta me asustó un poco porque yo estaba estudiando, estaba en la facultad y su propuesta era ir a convivir y estar juntos. Hubiera sido divertidísimo, pero me lo perdí. Por tonto, seguramente, porque después ellos llevaron a cabo esa propuesta yéndose a vivir en una quinta en General Rodríguez. Justamente, ahora vivo bastante cerca de Rodríguez. Ellos vivían ahí toda la semana y después los fines de semana venían a Buenos Aires, al revés que todo el mundo, ¿no? Pero me lo perdí y recién tuve la segunda oportunidad de tocar con él en 1977, el año que fui a Europa con Piazzolla. 

¿Cómo se da ese reencuentro con Luis? 

Es que luego de la vuelta del viaje a Europa estuve unos meses sin trabajo y bastante angustiado por el cambio de vida. Yo venía de tocar con Astor en teatros impresionantes durante la gira, conociendo Europa, y luego estaba en Argentina sin guita y sin la batería, porque recién llegó como tres meses más tarde. Era una situación de mucho bajón. Así que empecé a tocar en un boliche, en un club de jazz con Santiago Giaccobe y Ricardo Sanz, y ahí aparecieron un día Spinetta con Machi, y se quedaron a escuchar toda la actuación. Cuando terminamos de tocar, Spinetta me dijo: "Me gustaría que entres a la banda que estoy armando." Así que fue un año que empezó muy bien con Piazzolla y terminó súper bien con Spinetta… 

Estando en la Banda Spinetta hicieron el repertorio de Los Espacios Amados que quedó prácticamente inédito… 

Sí, quedaron inéditos, aunque se podrían haber grabado. Él retomó luego el formato canción y le fue muy bien. Yo me fui del grupo de Spinetta porque empecé a tocar con Rada en La Banda, y me divertía mucho tocar ahí. Igualmente, fue muy difícil dejar de tocar con Spinetta. No sabía que iba a formar Spinetta Jade, pero Luis quería que siguiera tocando con él. Pero bueno, no podía hacer las dos cosas. Con Spinetta había que tener una dedicación exclusiva porque había muchos ensayos y lógicamente no podías faltar jamás a un concierto, esa era la forma en la que se tocaba con Luis. 

Esa época de Spinetta fue muy jazzera… 

Sí, tal cual. Los temas eran loquísimos y super complicados. Muy difíciles y por eso necesitábamos ensayar muchísimo. 

¿Qué cosas te acordás de ese momento? 

Éramos muy amigos con Luis. Muchas noches nos quedamos escuchando música y charlando. Fue una época muy linda. Todos teníamos mucho tiempo y los ensayos eran muy divertidos. Hubo una época que ensayamos en la casa de mi madre en Castelar. Así que nos íbamos allá y pasábamos el día. Yo tenía un cuarto en donde teníamos todos los instrumentos. Íbamos dos o tres veces por semana allá. Era una casa muy grande con terreno y entonces jugábamos al scalextric en los descansos o al tiro al blanco. Machi era el preparador de los autos y nos moríamos de risa. Pero laburábamos un montón también, ensayando ese repertorio. 

Fue una buena época del Flaco, además vos lo acompañaste en su viaje a Estados Unidos, ¿no? 

Sí, fuimos a Estados Unidos, pero yo fui como amigo nomás, no a tocar. No fui a trabajar. Él fue a firmar un contrato con la CBS y estuvimos como tres semanas allá. Fue lindísimo. Estábamos en Nueva York con Spinetta y con Guillermo Vilas, porque Vilas fue el contacto que tuvo Spinetta con la CBS. Vilas era un tipo muy importante en esa época, por su suceso como tenista, pero además le gustaba mucho la música y era un fan de Luis. Así que bueno, estábamos ahí con un manager que le puso Vilas a Spinetta para que nos llevara a todos lados. 

Vos grabaste los demos de lo que después sería Solo el amor puede sostener, ¿no? 

Acá lo hicimos, pero eran grabaciones que luego no se usaron, fueron solo demos. No tenían buena calidad de sonido, algo que usualmente no pasaba con Spinetta ya que él era muy cuidadoso con eso a la hora de tocar. Los grabamos en un estudio que no era gran cosa, fue hecho solo para mostrar los temas a la CBS. Y tampoco grabamos todo el disco, hicimos cuatro demos nomás. 

¿Luego te gustó como quedó el disco norteamericano de Spinetta? 

A mí me gustó. A Luis no le gustó mucho, porque no le gustó la cosa medio Hollywood de las cuerdas, los arreglos, etc. Pero él cantó muy bien siempre y ese disco no fue la excepción. Pero a él lo que no le gustó fue que le metían mano en sus arreglos y ese no era por ahí el sonido que le gustaba, a él le gustaba como sonaban sus bandas, ¿no? De hecho, subestimó ese álbum. Aunque le pusieron un montón de guita no le gustó un carajo como quedó el disco. Tal es así que tuvo luego la oportunidad de hacer algo más en Estados Unidos y él lo rechazó. Luis siguió su camino e indudablemente es un mérito impresionante porque siempre siguió haciendo lo que él quería hacer. Siempre hizo lo que quiso. 

Volviendo a lo de tu época con Piazzolla, ¿Cómo surge el contacto para tocar con Astor? 

Yo creo la banda de Astor la eligió Daniel, el hijo. Creo que los músicos tenían que ser de jazz o rock. Igualmente, yo jamás se lo pregunté. El tema es que un día me llamaron, no me acuerdo si Astor o Daniel, para encontrarme con Astor en su departamento de la calle Libertador. Así que cuando fui no lo podía creer. Esos son llamados que a vos te parecen qué son mentira, que es una broma, ¿no? Pero me llamaron por teléfono y me dijeron que Piazzolla me quería llevar a una gira que iba a ser de un año. Yo hacía poco había visto al Octeto Electrónico, porque el grupo existía con otros músicos acá, estaban Giaccobe, Adalberto Cevasco, Juan Carlos Cirigliano, el Zurdo Roizner, Daniel Piazzolla, Antonio Agri, Horacio Malvicino… Todos musicazos. Era tremendo como sonaban. Yo fui a verlos en un club de jazz que se llamaba La Ciudad, muy lindo lugar. Y me quedé loco, eran fabulosos. Y a los pocos meses me llamaron para hacer la gira. Fue un momento de gran felicidad. Así que lo conocí a Astor en persona en ese departamento, donde nos contó un poco como iba a ser la gira. Luego, en París, vino a recibirnos al aeropuerto, nos llevó al hotel y después hubo una recepción en su casa. Fue todo maravilloso. 

¿Cómo siguió esa estadía? 

Al día siguiente fui a comprar instrumentos porque viajamos sin nada. Yo no llevé platillos, no llevé nada. Y uno o dos días después empezaron los ensayos en el Teatro Olympia, que era maravilloso. 

Una época muy progresiva de Piazzolla, se podría decir. 

Tal vez. Sí, puede ser. Influenciado no sé porque en realidad ya que todo es tango. En mi caso, si bien había batería en el tango, no era lo usual. Yo había escuchado a Mariano Mores, que tenía un baterista que tocaba bárbaro. Pero era más bailable y tropical, no sé cómo definirlo, era un poco más comercial, pero de buena calidad también. Astor había tenido a José Corriale, por ejemplo, que era un baterista y percusionista muy bueno y de una escuela muy clásica. Por supuesto, también tuvo al Zurdo Roizner, que era un capo. El Zurdo tenía bastante influencia jazzística por su formación desde chico. 

¿Cómo era trabajar con Piazzolla? 

Había mucha responsabilidad, pero fuimos a ensayar conociendo ya la música. No estoy seguro si tuve las partituras antes, pero sí escuchamos la música y estaba perfecta, super bien escrita. Astor sabía escribir para la batería, algo que no es tan común. Escribía muy bien, muy simple. Si vos tocabas lo que estaba escrito, estaba bien. Pero él obviamente esperaba el aporte personal de cada músico, ¿no? Por eso también llamó músicos que tenían más que ver con el rock y con el jazz. Así que él no era intimidante en ningún sentido, porque desde el primer ensayo la cosa sonó perfecta. Salvo Gustavo Beytelman, el pianista, que era muy capo, la mayoría no éramos tangueros. Ni Tommy Gubitsch, ni Osvaldo Caló, ni Ricardo Sanz, ni yo. Todos habíamos tenido muy poca relación con el tango. Yo había tocado tango con mi viejo, pero lo tocaba más como una cosa medio tango europeo, ¿entendés? Así que de tango ninguno de nosotros conocía mucho. Así que lo aprendimos escuchándolo a Piazzolla y tocando. Ahí pasamos a ser músicos de tango moderno al instante. 

¿Cómo se originó La Banda? 

Fue una iniciativa de Beni Izaguirre, el trompetista. Él tuvo la idea y nos juntamos en un restaurant de la zona norte en donde me contó el proyecto y me pareció fantástico. Beni se encargó de llamarlos a Rada, Navarro, Baraj y Sanz; de armar todo lo que fue La Banda. Empezamos a ensayar y había mucho laburo, pero no tantos lugares para tocar. No había muchos lugares, eran poquísimos. La Banda llenaba todos los lugares en donde tocábamos. 

¿Cómo fue grabar el disco? 

Grabamos en los Estudios ION con Amílcar Gilabert, el técnico, que era un capo. Fue hermoso grabar ese disco. Sí, fue una grabación impresionante en 24 canales, todo un avance tecnológico para la época, y además tuvimos la producción de Oscar López y nos pagaron muy bien, fue el único disco en que yo gané buena plata. Justamente, fue reeditado este 2026 y está genial. 

Una pena que La Banda no haya durado más… 

Sí, claro, fue un grupo tremendo, pero bueno, yo qué sé, fue así la vida. No sé qué pasó, puede ser que a Rada le hayan ofrecido ser solista, no estoy seguro cómo fue que se desarmó el grupo. Fue una pena. Lamentablemente, no tuvimos un representante que nos manejara bien, que nos guiara. Nos perdimos la posibilidad de tocar en un Festival en Córdoba en donde tocaron todos los artistas de rock de la época, eso hubiera estado buenísimo. Inclusive, podríamos haber seguido tocando juntos porque había material de sobra. Lo ponías a Rada y te componía de todo. Componía un disco en un día. El grupo sonaba muy bien y todos estábamos muy enganchados con ese proyecto, pero quedó ahí. 

¿Cómo fue trabajar con Oscar Cardozo Ocampo, Rubén Juárez y Susana Rinaldi? 

Oscar Cardozo Ocampo fue muy importante para mí. Éramos muy amigos y toqué en muchas grabaciones en donde él era el arreglador. Después, cuando hizo el grupo que se llamaba Folk Sin Límite, fuimos a tocar hasta a Japón. Con Oscar aprendí a tocar un montón de ritmos que no conocía y también conocí mucha gente del folklore. También estuve con Rubén Juárez, en el tango, un paso muy importante en mi carrera. Rubén era un divino, empecé con él en un teatro, en un espectáculo que duró como cuarenta días, me encantó. Con Susana toqué la primera vez en Mar del Plata, cuando aun estaba en la Banda Spinetta. Toqué un par de conciertos con ella en esa oportunidad. Susana es una artista tremenda. Tocamos con la orquesta de Atilio Stampone, un capo impresionante. Luego trabajé con Susana en un espectáculo en el Maipo, unos años más tarde, otra labor muy linda. 

Trabajaste con Manolo Juárez también, ¿qué recordás de esa experiencia? 

Manolo era un divino. Pensar que me he encontrado con él en grabaciones y él fue el pianista de una gira que hice con Roque Narvaja. Aunque parece mentira, Manolo Juárez estuvo de pianista de Roque, que es un fenómeno también. Fue fantástico. Nos hemos divertido tanto con Manolo, que además fue un musicazo. Después hubo una época donde yo toqué en su grupo y grabamos un disco muy lindo. Un álbum que se retrasó su edición porque a Manolo no le gustaba el sonido del piano. Se terminó editando mucho después, luego de su muerte. 

Finalmente, luego de tocar con tanta gente, te decidiste a formar tu propio grupo. ¿Cómo fue eso? 

Mirá, me presionó el pianista Cristian Zárate a hacerlo. Yo tenía ganas de hacer algo, pero nunca me ponía seriamente a hacerlo. Como que lo iba postergando, aparecían otras cosas y eso quedaba siempre en otro plano, ¿entendés? Pero se lo había comentado a Cristian, que tenía ganas de hacerlo y algunas ideas. Al final él me insistió y también mi esposa Alejandra, los dos. Y tuve tiempo para hacerlo, lo hicimos en la pandemia. Fuimos a grabar y me parece que la consigna era que grabase en Soundrec, un estudio que está por Serrano y Juan B. Justo. Ese estudio me daba la posibilidad de trabajar con instrumentos acústicos: bandoneón, contrabajo, batería y piano. Fuimos al estudio solo los que íbamos a grabar. Además de Cristian, me acompañaron Nicolás Enrich en bandoneón y Juan Pablo Navarro en contrabajo. 

¿Cómo craneaste ese disco? 

Ya venía con algunas cosas, las tenía anotadas, por ejemplo, el tema “Libertango” siempre estuvo en el proyecto. Empecé a estudiar diferentes maneras de tocar ese famoso 3/3/2 rítmico de Piazzolla, esa base rítmica. Es difícil, porque necesitaba mucha independencia de manos y pies, por eso le dediqué mucho tiempo. Y después me puse a deformar muchos arreglos, como pasó en “La puñalada”, a partir de una idea original de un arreglo de Cristian y del guitarrista Leonardo Sánchez, que finalmente terminamos haciendo juntos. También incluí el arreglo que había hecho del tema de jazz “Cherokee”, que lo había tocado con un sexteto mío anterior. 

¿Cómo surgió la idea de hacer el repertorio de A 18´? Porque ustedes se concentraron en una en una etapa de Spinetta que no era muy conocida por el gran público. 

Exacto, sí. Fue una idea mía que surgió a partir de que tenía ganas de hacer algo con Guille Arrom. Porque veníamos tocando con Guille en Anacrusa, el grupo histórico de José Luis Castiñeira de Dios. Así que un día le propuse a Guille porque no nos metíamos a hacer este repertorio de Spinetta, el disco A 18´del Sol y otros temas más de otras épocas. A Guille le encantó mi propuesta, mi idea era hacerlo con Machi. Lo llamé a Machi y dijo que sí. Luego llamamos a Andrés Beeuwsaert. Ahí a partir de ese momento fue siempre una cooperativa. La idea fue mía, pero luego fue una idea de los cuatro, con voz y voto por igual. Así empezó el grupo, pero después fue cambiando y fuimos incorporando otros temas del repertorio spinettiano. Después se fue Andrés Beeuwsaert y entró Álvaro Torres, que es un gran músico y también dueño de un empuje impresionante. Más tarde Machi se retiró y lo llamamos a Pato Resico, que fue un fenómeno realmente. Pato nos salvó, porque yo no sabía cómo íbamos a seguir sin Machi. Pero con Pato resolvimos muy bien el inconveniente y pudimos continuar. Con Pato nos pusimos de acuerdo para hacer los temas inéditos. Por ejemplo, él vino e hizo “Tanino”, cantándolo mientras tocaba el bajo, con una energía impresionante. De hecho, lo grabamos y quedó buenísimo. Y Pato se quedó hasta que pudo, luego tuvo dos ofertas de trabajo muy buenas, además de tocar con Nahuel Pennisi. Así que tuvo que dejar el grupo y lo llamamos a César Franov, el grupo siempre tuvo unos músicos buenísimos. Y el último en entrar fue Dhani Ferrón, que también es un fenómeno, tanto en la parte instrumental como en el canto. Siempre vamos agregando nuevos temas de Luis al repertorio de nuestros shows.

Emiliano Acevedo