Claudia Ruffinatti es mucho más que la tecladista y una de las voces y compositoras de las recordadas Viuda e Hijas de Roque Enroll. En ella se conjuga un pasado prestigioso como música de conservatorio, pianista clásica y mujer que se hizo a sí misma, llegando a ser una profesional en todo lo que sea Ceremonial y Protocolo, su actividad actual en la que es una referente principal. A lo largo de su vida, Claudia ha vivido mil historias, tanto en la música, en la cual construyó una carrera desfachatada y pionera junto a Las Viudas, como en su reconversión posterior. Muchas de esas anécdotas de los recordados años 80, llenos de glamour y pop, están en esta nota que tan amablemente nos ofreció.
ENTREVISTA> ¿Cómo fueron tus comienzos en la música?
Al principio comencé a jugar con el piano como cualquier niña juega con las muñecas. En mi casa había un piano, que mi papá le había dado a mi mamá como regalo de compromiso. Tuve la fortuna que me dejaran tocarlo y me la pasaba jugando con él. Luego, a los seis años, me enviaron a la profesora de música del barrio. Creo que aprendí a leer en el pentagrama antes de aprender a leer y escribir.
¿En qué barrio vivías de chica?
En Villa Devoto. Nací y viví en el barrio aproximadamente hasta los 20 años. Ahí empezó mi época nómade, no solo de vivir en varias casas y departamentos, sino de mudarme a otros barrios.
Así que rápidamente te copaste con el piano…
Más que coparme, me mandaron a estudiar y punto. No lo elegí yo. Evidentemente, deben haber percibido una facilidad en mí cuando me sentaba a jugar con el instrumento. Así estuve estudiando durante bastante tiempo con la profesora del barrio y después mis viejos entendieron que tal vez tenía que cambiar de profe y de nivel, porque, seguramente, habrán contado con la información de que existían otros lugares académicamente más completos. Y así fue que a los 10 años empecé a prepararme para ingresar en el conservatorio Manuel de Falla. Me acuerdo cuando vi el plan de estudios, tenía más materias que la carrera de Medicina (risas)… Por supuesto, en ese momento se rendía examen de ingreso a los conservatorios estatales de música, porque las vacantes no eran muchas y no solo había un filtro por cantidad de vacantes, sino para que los ingresantes tengan un determinado nivel de conocimiento previo y no entren de cero. Así que bueno, me preparé, rendí e ingresé con felicitado, más o menos. Y después hice toda la carrera del profesorado. En ese momento la carrera se llamaba Cultura Musical y mi especialidad era el piano. Así que hice toda la carrera académica en el conservatorio, lo que sería la carrera de música clásica.
Pero no se te dio por ser concertista de piano…
Di conciertos. Tampoco me salvé de dar conciertos, porque eso estaba incluido dentro de la pauta académica. Es que tuve un maestro de altísimo nivel que organizaba conciertos con sus discípulos. El plan de estudios del conservatorio de esa época era muy vanguardista, con decirte que habían materias muy interesantes como Rítmica contemporánea o Conjunto de cámara, en donde tenías que tocar con otros instrumentistas. O sea, que te obligaba a la práctica con otros. Tenías que amoldarte a la rítmica. También tuvimos una materia de música electrónica que fue fascinante. Ahí se trabajaba con sintetizadores, con música experimental electrónica, con aparatos especiales, distorsionadores, etc.; todas cosas muy novedosas para todos nosotros.
¿Y tu educación formal cómo siguió?
A los 18 años yo quería entrar a la facultad, pero mi papá no quería que yo estudiara en la universidad por determinadas razones de filosofía religiosa. Él era un señor un poco estricto.
Vos venís de una familia protestante, ¿no?
Sí, tal cual. Protestantes y rozando con el fanatismo religioso, te diría. Vivíamos en una comunidad muy ortodoxa en lo religioso, observante, bastante cerrada. Mi papá no quería que yo estudiara, así que le dije: "Bueno, yo empiezo a trabajar”. Porque, aparte, también quería tener una autonomía financiera. Así me presenté a trabajar en una academia de música en la que buscaban profesores de teclado, pianistas. La consigna de la incorporación era que te capacitaras y tomaras un curso de órgano electrónico, porque era una academia de los teclados Yamaha. Era justo la época de la plata dulce en Argentina y estaba de moda tener un teclado en la casa. Entonces eran comunes los organitos con caja rítmica y con botoncitos con luces y colores, con sonidos de cuerdas, piano, trompetita, etc. Por supuesto, los había de distintas marcas y calidades. Había algunos que tenían unos sonidos preseteados bastante buenos. Así que me capacité y por supuesto entré a trabajar en la academia, y así empecé a trabajar en Promúsica, la casa de instrumentos musicales electrónicos más importante del país.
¿Ese fue tu primer contacto profesional con el mundillo musical?
Es que ahí yo tenía acceso a todo lo que entraba al país. Porque justo empezaron a entrar sintetizadores y cosas muy pro cuando se abrió la importación, aparte de tener toda la línea analógica de los 70. Es que a principio de los 80 empezaron a entrar algunos instrumentos que venían con mix analógico y digital, hasta que después, por supuesto, aparecieron todos los aparatos digitales. Así que yo tenía la posibilidad de ver el último modelo que entraba de Japón y Estados Unidos, todo a mi disposición para que los probase.
¿Cómo conociste a las chicas de Las Viudas?
Por medio de un compañero del conservatorio. Él me había dicho que en la cartelera de la revista Pelo había aparecido un aviso de un grupo femenino solicitando tecladista. Se trataba de una banda llamada Rouge, en donde estaban María Gabriela Epumer y Claudia Sinesi, posteriormente guitarrista y bajista de las Viudas, respectivamente. Así me vinculé con ellas, con María Gabriela en particular, que vivía cerca de casa, para ser parte de Rouge. Así que fui a la casa, charlamos, creo que fui con un teclado, tocamos algo y me dijo: "Bueno, cuando ensayemos, te aviso." El punto es que nunca llegué a ensayar con Rouge porque se disolvió antes que yo ingresara. Pero ahí quedó el vínculo con María Gabriela, nos hablábamos, creo que me habrá invitado, salíamos a escuchar música. Hasta que un día me llamó por teléfono, no me lo voy a olvidar jamás, fue un domingo al mediodía, teléfono de línea, y me dice: "¿Cómo te va, Rufina? Mirá, hay un productor que está queriendo armar una banda de chicas y necesitamos una tecladista. ¿Te interesa ser parte?" Por supuesto, acepté la propuesta. Me dice: "Mirá que hay que grabar un disco en 30 días." Yo le dije que contara conmigo. Así empezó la historia de la banda por la cual hoy nos tienen más asociadas a todas, ¿no? Viuda e Hijas del Roque Enroll.
Viniendo del mundo de la música clásica, ¿el rock en tu vida fue un cimbronazo tal que te hizo dar cuenta que la cosa iba por ahí de ahí en más?
Sí, definitivamente, el rock y el pop fue lo mío desde el primer momento. El punto es que cuando yo estaba en mi casa tocaba, mi papá compró una batería en una oportunidad - por supuesto, jamás supe que había que afinarle los parches-, pero venía un vecino a mi casa y tocaba cómo podía la guitarra y hacíamos covers de las canciones que nos gustaban. Era como tener una banda. Eso fue a los 11, 12, 13 años y si vos me preguntás qué música era la que me gustaba, era esa. Y en mi casa siempre hubo muchos discos, mi mamá compraba muchos discos y libros también. Ella pensaba que de esa manera íbamos a ser más inteligentes, no le salió muy bien (risas). Así que en casa se escuchaba música de absolutamente todo tipo. A mi papá le gustaba mucho la música mexicana. Los mexicanos, tipo mariachi, los que tocaban bailecitos y demás. A mí me gustaba mucho la música de películas. También me gustaban las óperas en español, que son muy divertidas. A mi mamá le gustaba mucho la zarzuela. Así que se escuchaba eso, se escuchaban boleros, se escuchaba tango, se escuchaba de todo. A mí me gustaba mucho el rock y el pop desde muy chica.
Un ambiente muy ecléctico…
Por supuesto. El primer disco que me compré fue uno de música pop: Hot Pants en Sótano Beat, a los 10 años. Yo escuchaba absolutamente de todo.
¿Cómo cranearon el estilo musical desfachatado de Las Viudas?
El punto es que había un productor artístico que tenía un plan armado cuando se hizo el grupo. El plan original era un grupo de chicas físicamente bien dotadas, para el gusto de la época, y mucho que sepamos tocar o no tocar no les interesaba, probablemente la propuesta era para hacer playback. Y el repertorio musical prácticamente ya estaba medio impuesto. Muy hábilmente el productor nos vio cuando llegamos y empezaron las primeras reuniones para que nos contaran de qué se trataba el proyecto. En principio, cuando nos presentamos, la imagen que teníamos nosotras físicamente no fue la que ellos pretendían, no obstante, nos dieron la oportunidad de que explicáramos que éramos todas músicas, componíamos, etc.
Los convencieron…
Es que nosotras les dijimos que nosotras componíamos nuestros propios temas. Así que evidentemente hubo por parte de las cuatro la percepción de que esto iba a funcionar y aparte teníamos realmente la voluntad de que esto funcionara, porque era una oportunidad muy importante. A diferencia de los tiempos actuales, para los más jóvenes que lean esta nota, hoy cualquiera puede grabar su disco y sus temas, teniendo algún programa más o menos, y aunque no lo tenga también, pero en aquella época no era así. Hoy cualquiera puede grabar, editar, o sea, es muchísimo más fácil. En esa época tenías que hacer muchas cosas para que un sello discográfico te diera la posibilidad de escucharte y de considerarte. Hubo muchos que fueron sumamente afortunados y otros eran excelentes músicos y nunca grabaron un disco en su vida. Así es la vida en todos los órdenes, ¿no? A algunos les toca y a otros no, nosotras tuvimos la posibilidad de que se nos presentara esta oportunidad y de estar a la altura de las circunstancias.
Tal cual, fue así. Pero la lucharon desde el comienzo…
Es que también tuvimos la suerte que el productor artístico hábilmente cambiara sobre la marcha el proyecto inicial. Entendiendo que lo nuestro también podía llegar a ser interesante. De esta manera negociamos que íbamos a grabar un tema que él propusiera en el elepé y el resto serían todos temas de nuestra composición y autoría. Y lo logramos así porque probablemente era para garantizarse estratégicamente un hit por disco, probablemente sería por eso. Pero nosotras le demostramos que podía haber más de un hit por disco. Eso, afortunadamente, fue lo que ocurrió.
En esa época el rock era muy machista y misógino, ¿no?
Sin lugar a dudas. Era muy machista el ambiente del rock y la prensa ni te digo. Incluso, hay diccionarios del rock nacional en donde nosotras no estamos, por ejemplo. No te digo que adhieras al estilo musical de Las Viudas, pero no podés negar que vendíamos más discos que el Topo Gigio, que Soda Stereo, con todo el respeto lo digo; vendíamos más discos que varios artistas importantes de acá. Así que logramos imponer nuestra propuesta, la aceptaron. No solamente nuestra propuesta musical, sino también nuestra propuesta estética. Por otro lado, el productor nos pidió algunas cosas a las cuales adherimos, por ejemplo, que, aparte de la voz líder de Mavi Díaz, en cada disco, cada una de nosotras cantara un tema solista.
¿Qué te acordás de la grabación del primer disco homónimo en los Estudios Panda en el 84?
Menos para Mavi, creo que fue la primera experiencia en un estudio para el resto de nosotras. Pero todas éramos muy jugadas. En mi caso, no había estado en un estudio de esas características pero sí había grabado, sí había tenido un micrófono, así que podía lidiar con eso tranquilamente. Tenía práctica, no es que me agarró pánico, no para nada; nos explicaron, marcamos cuatro y dale que va.
Sí, vos habías tocado para la iglesia, ¿no?
Claro. No te puedo explicar, yo tocaba, no te digo todos los domingos, pero con mucha frecuencia, para 1500, 2000 personas. También cantaba en coros o tocaba el órgano o el armonio para que cante la congregación. O sea, las comunidades protestantes cantan a cuatro voces y muy bien casi todas. O sea, que estaba acostumbrada a acompañar a un gran coro de 300 o 400 personas. Estaba fogueada musicalmente, y hacíamos grabaciones en ambientes no profesionales.
¿Cómo grabaron ese primer disco?
De madrugada, probablemente por disponibilidad del estudio. Teníamos muy poco tiempo disponible. No recuerdo cuantas horas y días duró la grabación, pero cuando lo logramos, estábamos sumamente emocionadas. No sé si entendíamos mucho la importancia de todo eso que estaba ocurriendo. Teníamos dudas al respecto, en especial Claudia o María Gabriela -cuyos hermanos tocaban con músicos top-, de que nuestra música fuera muy sencilla o pasatista, pero luego nos dimos cuenta que no era nada de eso porque a nuestro material le dimos una vuelta muy importante a nivel de estructura y de calidad musical. Así que después se nos pasó y nos amigamos con el estilo.
Se amigaron con el twist…
Empezamos tocando twist, que era la movida que se venía imponiendo en ese momento, que en principio fue lo que nos propusieron, y después también empezamos a agregar otros temas más pop, y ya a medida que iban pasando los años y los discos, cada vez fue más pop nuestra propuesta. Éramos muy chicas, no obstante empezó toda una vorágine de notas de televisión, de shows. Así que no teníamos mucha dimensión del tiempo ni de la magnitud de todo el fenómeno.
En el primer disco la pegaron con “Bikini a lunares amarillo justo justo” y “Estoy tocando fondo”, ¿no?
Sí, fueron esos dos los que pegaron más y fueron más difundidos. “Bikini” fue, justamente, el tema impuesto por nuestro productor, que era una canción de los años 50 con letra en inglés, por supuesto. Nosotras hicimos una versión en español, la música es la original, pero la versión en español no es la fiel traducción de lo que decía el texto. O sea, la letra que hicimos nosotras dice cualquier cosa, es muy atrevida. Hoy la leés y pensás que es un chiste, pero en ese momento había un poco de pudor en las expresiones respecto a temas íntimos o de higiene personal. No se hablaba de que las mujeres se depilaban. Por supuesto, todas se rasuraban o se depilaban con cera, pero nadie lo andaba diciendo. Era una cosa para el ámbito de la intimidad y la privacidad absoluta. Entonces, nosotras contamos una historia de una chica que iba feliz a la playa y estando allí se daba cuenta que se había olvidado de depilar con cera y entonces le dio vergüenza y no sé qué. Nos divertíamos con ese tipo de cosas. Y a la gente le resultaba totalmente gracioso.
Y también metían el dedo en la llaga con temas como “Carolina Amoniaco”…
Claro, pero había chicos muy chiquitos que cantaban la canción y repetían las frases sin entender el significado. En “Carolina” el significado que se le daban a las frases no era lo que realmente significaban. También hay un tema que es tremendamente vanguardista: “¿Qué le digo a los chicos?”, que no tuvo mucha difusión, pero habla de una pareja en donde hay un tema de identificación de sexo femenino por parte del hombre. Para la mujer está todo bien que su hombre se auto perciba así, le dice: “Me pedís el rouge y te lo presto, usá mi sombra, mi rubor, mi brillo, úsame todo si quieres, mi amor, pero ¿qué le digo a los chicos?”. En ese momento estaba totalmente ocultas todas estas problemáticas, ocultas y postergadas, y no socialmente bien vistas. El hecho de tener una identidad sexual diferente a la del órgano que te acompaña en el cuerpo, era problemático… Así que hablamos de lo transgénero y de otras temáticas muy atrevidas para la época.
¿Y eso de dónde salía la letra de ese tema? ¿Cómo se les ocurrió?
Porque nosotras teníamos muchos amigos transformistas, gays, y amigas lesbianas, estábamos acostumbradas a la cuestión. Teníamos también dentro de nuestro entorno familiar cercano a personas que eran homosexuales, así que estamos absolutamente acostumbradas. Incluso yo tenía un vecino en mi edificio que era transformista. Así que estaba todo bien.
¿Cómo componían?
Las letras no era que las hacíamos las cuatro juntas. Hay varios temas que las letras son de las cuatro. Pero hay temas que son letra y música de una sola o la letra de dos y la música de una. O sea, hay distintas variables dentro de la composición de nuestros temas. Si algo nos llamaba la atención, algo que le pasó a alguien cercano o alguna de nosotras, eso era el disparador e inspirador para escribir una canción.
¿Considerás que Ciudad Catrúnica es el mejor disco de la banda?
En realidad, Ciudad Catrúnica fue el disco del momento de la cresta de la ola de Viudas. Entonces, son varias las cosas que podemos decir que influyeron para que fuera un disco tremendo. Luego ocurrió una serie de factores exógenos, que sin lugar a dudas repercutieron en la banda, y empezaron a traer otros factores endógenos, o sea, vivíamos en un momento de la economía del país tremenda, muchas bandas empezaron a emigrar, nosotras nos desvinculamos de nuestro productor discográfico, artístico y todo, entonces no teníamos nadie que nos represente en el exterior, hubiera sido muy bueno que hiciéramos una recorrida por Latinoamérica porque se estaba recién iniciando una movida muy fuerte del rock en español. Así que en muchos países eso era muy bien visto y recibido, por eso las bandas argentinas que tuvieron esta posibilidad explotaron.
Y ustedes no pudieron llegar al exterior…
Y ese fue el punto por el que no pudimos continuar. A mí me gustó mucho el tercer disco, Vale 4, que tiene varios temas que me encantan. Uno es “Los amo a todos”, ese le gustaba mucho a Luis Alberto Spinetta, lo cantaba Claudia Sinesi. En ese mismo disco hay un tema que se llama “El block”, que es muy lindo, con un pop muy bueno con contrapuntos, arreglos y demás. Ese es un tema cuya letra aun hoy te identifica.
Ni que hablar de “La familia argentina”.
Sí, lo que pasa es que la gran mayoría de nuestros temas aparentan ser alegres, divertidos, pero contienen una segunda lectura, hay una lectura entre líneas con un significado que en muchas oportunidades grafican situaciones y realidades sociales, como es el caso de “La familia argentina”, del grupo social primario que es la familia, ¿no? En donde la mujer cuenta, bueno, estamos comiendo y los chicos no me dan bola o los chicos se fueron a dormir y en el momento en que quiero empezar a hablar con mi marido, el me dice, "¿Me das el diario o prendé la tele?” También dice que no tiene ganas de cocinar y está cansada o no hay más crema, me quiero poner crema en la cara y no, lo cual significa no hay más crema, no hay guita. Pero la letra da entender que, a pesar de todo, seguimos con la careteada de que está todo bien en la familia argentina. Es un tema muy divertido ese. Divertido y no tanto, ¿no? Dependiendo de cómo lo leas y lo cantes.
El tema “Necesito mimitos” es tuyo, ¿cómo lo hiciste?
En un colectivo. Yo soy profesional de las comunicaciones institucionales, soy licenciada en relaciones públicas con varios posgrados, y en ese momento estaba haciendo un trabajo para una clínica en Florencio Varela, cualquier cosa. Estaba haciendo toda la colaboración para el lanzamiento de un sistema prepago, muy novedoso en ese momento, y volvía en un micro de media distancia. Ahí armé la letra para ese tema. Así que tenía varias estrofas que después cambié. Cada una de las estrofas hacía alusión a algún novio que había tenido o que tenía y después la cambié a un texto un poco más genérico, para que entre a otro molde.
Otro de mis temas preferidos, que también hacía alusión a uno de los fenómenos de la época, era “La silicona no perdona”…
Recién empezaban a hacerse los primeros implantes en la Argentina, que eran de otros materiales, y las primeras cápsulas de silicona tenían algunos defectos importantes, ¿no? Por eso jugamos con que la Lola había tenido la necesidad de implantarse. “Un colmillo muy filoso”, dice, que eso no ocurría, pero bueno, fue un chiste, ¿no?
Medio tanguero les salió.
Sí, ahí toco simulando un bandoneón. Yo estaba acostumbrada a tocar todos los ritmos, y simular instrumentos con el teclado, por mis demostraciones en Promúsica. No tenía pánico escénico para nada, estaba acostumbrada a tocar de todo en público. Otro de los temas con doble lectura que me gusta mucho es “Tras la medianera”. Ese es un tema muy divertido. “Tras la medianera” se llama así porque en esa época no te dejaban ponerle de título una canción un nombre que ya estuviese registrado, dos canciones no se podían llamar de la misma manera. Nosotras queríamos ponerle “Media a media”, al final de cuentas tenías que poner tres opciones de título. Bueno, se aceptó “Tras la medianera”. Pero jugábamos con la expresión “media”. Todo “media”: “a media luz, tras la medianera, la vecinita se medía la pollera”. “Medio apurada con las tijeras porque quería que quedara a media pierna”. Nosotras componiendo nos moríamos de risa de las cosas que se nos ocurrían.
Se ve que había un brainstorming importante ahí…
Totalmente, sí, olvidate. Y el punto es que lo que entendimos siempre que primero nos teníamos que divertir nosotras para que eso pudiera transmitirse y llegar al público, ¿no?
Lo que me llamó la atención de la historia de Las Viudas, y que no está muy dicho, fue la estafa que sufrieron ustedes acerca de las ganancias que generaron y que no llegaron a sus manos…
Mirá, nadie habló de esto, y a esta altura del partido, a mí en particular, me importan tres pepinos, lo que piensen o lo que digan o lo que fueran. Y aparte todos los que nos estafaron, casi todos, salvo uno, están muertos, así que me importa tres pepinos. Eran otros tiempos, así como ahora se está visibilizando mucho el trabajo en negro, se está realmente midiendo y sintiendo el impacto que tiene eso en las personas y la sociedad, en ese momento ni te digo, o sea, el trabajo negro, las contrataciones, bla bla bla, las facturas, los papeles, no había nada. La compañía discográfica no declaraba la real venta de los discos, entonces por lo tanto no pagaba en Sadaic los impuestos que correspondían por la venta y por la cantidad de discos vendidos. Eso por un lado. Y por otro lado, al no tener en claro la cantidad de discos vendidos, las regalías para el artista, que es una comisión que el artista recibe por la por la venta de los discos, acordada por contrato; por más contrato que tengas, si la discográfica no declara la real cantidad de discos vendidos, entonces la estafa viene al momento que en Sadaic no cobrás lo que tenés que cobrar, porque no entra el porcentaje que Sadaic recauda por el número vendido. Y por otro lado no cobrás en forma directa por parte de la compañía las regalías que corresponden al número de discos vendidos. Hoy es distinto porque ahora los temas se venden sueltos en las plataformas digitales, se puede comprar el disco completo o comprar un tema en particular, ¿no? Pero en ese momento, como era físico, te comprabas el disco, después el casete y después el CD completo. Así que no solamente no nos dábamos cuenta, sino que sí, después nos empezamos a dar cuenta, pero en ese momento no estaba bien visto que un artista tuviera un litigio con una compañía discográfica, porque después ninguna otra te contrataba. Había una especie de solidaridad entre las diferentes compañías discográficas. Entonces medio como que tenías que dejar pasar la estafa que te hacían… Igualmente, algunos no lo dejaron pasar, ¿eh?, acordate que Charly le grafitió toda la oficina a uno que no se estaba portando muy bien. Era este mismo justamente.
¿Por qué después del 86, cuando tocan el súmmum de la popularidad, aparecen en la revista Gente, en todos lados, personajes del año, etc., el grupo dura dos años más y se separan? ¿Qué pasó?
Fue justamente lo que te comentaba antes, el país entró en una situación económica de suma gravedad, híper inflación en donde ninguna empresa, ningún teatro ni boliche ni nada querían contratarte porque no había forma de ponerle precio a un show y tampoco el empresario tenía forma de asegurar que iba a vender una entrada. Entonces era tal la incertidumbre que no te contrataban y los músicos viven del vivo, a parte de los de los discos vendidos y de todo lo demás. Fundamentalmente vivimos de las presentaciones en vivo. Es ahí cuando muchos grupos empezaron a irse a otros países, a hacer giras por otros países, a trabajar lo que no se podía trabajar acá. No había laburo. No te contrataba nadie. Entonces, como no había trabajo, nosotras que éramos cuatro mujeres, cuatro caciques socias al 25% en opinión, en decisión y en cobro; cuando empezó a bajar la intensidad y la cantidad de shows y todo, empezamos a tener diferentes opiniones y rispideces porque en realidad la estábamos pasando muy mal. Así que nos separamos civilizadamente.
Hubo cambios ahí…
Sí, Mavi se fue a vivir a España. Nosotras intentamos rearmar la banda con un casting importantísimo que hicimos de vocalistas. Pero, finalmente, decidimos que no. Se armó otra banda en la que al principio iba a participar y después decidí que no y María Gabriela y Claudia Sinesi conformaron Maleta de loca, en donde grabaron un disco. Y yo me abrí, me fui para otro rubro, del cual tenía muchas ganas de activar, que era la organización de eventos, principalmente de comidas. Así me asocié con el chef ejecutivo del Alvear Palace Hotel. Me fue muy pero muy bien y ahí arranqué en otra actividad que me apasiona y de la que también conozco muchísimo el campo. Así he trabajado mucho, me he especializado y actualmente me contratan y me tienen como referente en medios de comunicación como especialista en ceremonial y protocolo. Esto viene ya que mi formación y profesión en este ámbito siempre estuvo en paralelo con la música en mi vida. Fue mi rol también dentro de la banda ya que yo era la que hablaba, la que negociaba, presentaba, la que hablaba con los abogados, la que hablaba de plata, la que discutía, o sea, iba yo siempre.
Y en todos estos años, ¿cuál fue el papel de la música en tu vida? ¿Seguiste tocando, seguiste componiendo o ya no?
Mi participación pasa por las notas a las que me invitan amablemente a hablar de mi vida y que me honran mucho, además de tocar ocasionalmente de invitada en alguna banda, pero no de manera profesional. Tengo un piano en casa, un piano acústico, me compré el piano de María Gabriela Epumer, que le había regalado un novio, y que tiene marcas de quemadura de cigarrillo de Charly García, que por supuesto jamás haré reparar ni lustrar, como te imaginarás. Porque así será. Ese piano está bendecido. Así quedará. De vez en cuando me siento a tocar cuando quiero. Me resulta mucho más fácil sentarme al piano y tocar un tema que quiero recrear en mi mente y que tengo ganas de volver a escuchar que buscarlo en una plataforma digital. Es más rápido abrir la tapa del piano y tocarlo.
Con Las Viudas volvieron en el 2014, ¿hay una posibilidad de que vuelvan a hacer algo juntas o ya la ves como una posibilidad un poco lejana?
En el año del caballo fue lo de Perlas y diamantes, que es un trabajo que lo estamos volviendo a publicar en redes justamente en este que también es el año del caballo. Mirá, 12 años, me acordaba ayer con el tema del horóscopo chino. Con total sinceridad, cada una de nosotras tiene su carrera y su actividad muy comprometida en forma individual. Nunca digas nunca, si hay una propuesta la tendríamos en cuenta, pero tendría que ser una propuesta muy pero muy importante e interesante, como ocurrió en el 2014, que firmamos contrato con Sony Music, en donde nos dijeron: "Chicas, dedíquese a esto." Voy a ser totalmente sincera, nos pusieron toda la plata que pedimos, esta es la verdad. Claro que muy bien, adelanto de contrato con esa plata y lo que nos permitió a todas, decir: "Muy bien, por seis o siete meses me dedico de lleno a esto." Tal cual. Así nomás. Muy holgada y cómodamente. Entonces, bueno, si eso ocurriera yo lo pensaría y creo que lo consideraríamos todas nosotras. En 2014 ocurrió eso y pasó lo que tenía que pasar. Hicimos los shows que se organizaron y ahí quedó.
Creo que Las Viudas fueron la única banda en la historia del rock argentino que tuvo un público tan amplio, desde grandes hasta chicos, y muchos de esos chicos y chicas después habrán empezado alguna carrera musical. ¿Cómo sentís ese legado que deja el grupo a través de los años?
Me genera orgullo. Son cosas de las cuales nos enteramos en redes o de gente que te encontrás en la calle o en un evento o en lo que fuera y te dicen cosas tan lindas, gente que se dedicó a la música por nosotras o que cambió su propio rumbo sexual escuchando nuestras canciones. Eso nos hace sentir mucha felicidad, ese reconocimiento. No era que no existían mujeres que tocaran instrumentos que no fueran convencionales o clásicos y acústicos. Sí existían, lo que pasa que eran muy pocas en esa época. Había muchas mujeres que tocaban guitarra, no guitarra eléctrica, y bajo olvidate. Piano, obviamente que habían infinidad de mujeres que tocaban piano, pero no sintetizador. Tampoco había mujeres bateristas, era un instrumento asociado a lo masculino. Entonces, nuestra popularidad, nuestra puesta en escena, y el estar tan presentes en los medios de comunicación, gráficos, televisivos y radiales, fue muy inspirador para muchas chicas que empezaron a tocar y a capacitarse en estos instrumentos que eran asociados a la figura masculina. Entendemos que hemos sido referentes. Eso está buenísimo.
Claro, sí. Y otra cosa que impusieron ustedes fueron los vestuarios desfachatados, algo que realmente llamó la atención dentro de la pacatería que era el vestuario del rockero argentino.
Sí. Empezamos a mostrar que lo visual era importante y fuimos referentes en el rock nacional porque a partir de nuestras presentaciones todas las bandas empezaron a darle un poquitito más de importancia a la pollerita, el vestidito, cambiar de color el peinado, el maquillaje, incluso bandas masculinas, ¿no? Fuimos bastante criticadas por eso, porque si te maquillabas y te batías el pelo, entonces no podías ser buen músico. Incluso me he enterado que en muchas cátedras de diseño de moda, de diseño de indumentaria y de estas carreras que hoy en día profesionalizan estas actividades, somos mencionadas como referentes de estética escénica. Tal cual, tal cual. Hay varios profesores que nos usan como ejemplo y se ve en clase, nos estudian. Ese es otro reconocimiento que nos honra y al que estaremos siempre muy agradecidas.
Emiliano
Acevedo










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