lunes, 14 de septiembre de 2026

PRECISIÓN Y VERSATILIDAD, entrevista a Luis Ceravolo

 

Como baterista y músico integral, Luis Ceravolo merece un perfil que no quede reducido a sus trabajos con Astor Piazzolla y Luis Alberto Spinetta, porque su trayectoria profesional es muchísimo más amplia: fue músico de sesión, trabajó para bandas sonoras de publicidades, integró la orquesta televisiva estable de Canal 13 y desarrolló una carrera como baterista profesional de enorme versatilidad con infinidad de artistas grandísimos. Y es que el devenir de Ceravolo permite entender muy bien el funcionamiento de la música porteña desde los años 70 en adelante. Su perfil profesional se construyó sobre una característica que mantendría durante toda su carrera: la capacidad de moverse entre lenguajes musicales muy diferentes. Jazz, tango, folklore, rock, fusión, música popular, televisión y publicidad formaron parte de su actividad. 

Ceravolo es un músico acostumbrado a trabajar dentro de estructuras de producción que exigen precisión, lectura, adaptación y rapidez. Músico de oficio, es capaz de poner su conocimiento instrumental al servicio de cada producción que le toca hacer, además de sus proyectos artísticos personales. Compositor, arreglador, productor y docente, su propia biografía profesional lo define justamente de esa manera. 

Sin dudas, Ceravolo pertenece a una generación de músicos argentinos que podían pasar del escenario de jazz a un estudio de grabación, de una orquesta de televisión a una sesión publicitaria y de allí a una banda de rock o a un conjunto de tango, manteniendo en todos los casos un altísimo nivel profesional.

ENTREVISTA> ¿Cuál es tu actualidad musical? 

Ahora tengo un grupo que se llama Luis Ceravolo 4, en el que hacemos una música de fusión de tango y jazz; ahí tenemos un repertorio con muchos temas de Piazzolla, un tema mío y temas de otros compositores. También tocamos un tema de jazz llamado “Cherokee”. Esta versión la hice en baguala, pero suena medio tango también, porque al tener un bandoneón, los arreglos son tangueros y los músicos tienen ese espíritu, porque en mi grupo todos los temas tienen solos y eso los convierte en una cosa bastante original, ya que en el tango no se improvisa, pero en este grupo todos tienen que improvisar. El piano, el bandoneón, la batería, el contrabajo, obviamente todos tocamos solos. Después también estoy trabajando en A 18´, que es un grupo que se dedica a hacer música de Spinetta. Y también toco en trío con la cantante Alejandra Martin. 

Vos venís de una familia de músicos, ¿no? 

Sí, es verdad. Mi viejo era químico y pianista. Repartía su vida entre su trabajo -que era lo que más lo tenía comprometido- y la música, pero él se hacía su tiempo para dedicarse a la orquesta, con la que tocaba en programas de radio, dos veces por semana. Él tocaba el piano y hacía los arreglos para la orquesta de piano, contrabajo, batería, vibráfono, percusión y cuatro violines. Mi hermano, que era cuatro años mayor que yo, tocaba el vibráfono en la orquesta y después entré yo tocando la batería a los 13 años. Estando en la orquesta hacíamos viajes en cruceros todos los veranos. Era mi felicidad tocar ahí, me pasaba el año esperando la época de los cruceros, porque aparte ganaba buena guita. En los cruceros viajábamos al Caribe, a Sudáfrica, era impresionante. Así empecé con la música, tocando en la radio y durante trece años en los cruceros. 

¿Y cómo seguiste? 

A los 16, 17 años ya estaba tocando en un grupo. Yo había conocido muchos músicos y empecé a tocar profesionalmente bastante rápido. 

¿Y por qué elegiste la batería? ¿Qué fue lo que te apasionó del instrumento? 

La verdad es que me gustaba estar al lado de los diferentes bateristas que acompañaban a mi viejo, desde que era chiquito. Primero estudié piano, a los seis años. Pero a los 11 o 12 empecé con la batería, y ya me enganché con el instrumento. 

¿Y quiénes eran tus referentes en la batería? 

Carl Palmer era uno que me impresionaba mucho por lo que tocaba y por la técnica que tenía. Era un tipo que se ve que había estudiado clásico, había estudiado muy en serio la batería. También me gustaban Tony Williams y Elvin Jones. Otro que me apasionaba, uno de mis máximos referentes, era Peter Erskine, que tocaba con Weather Report. También me encanta Steve Gadd. Por supuesto, soy muy fan de Max Roach, Buddy Rich, no sé, muchos tipos. Otro es Jeff Porcaro, de Toto, otro capo. 

¿Cuáles fueron tus primeros grupos luego de tocar con tu padre? 

Bueno, empecé a conocer músicos de jazz y por ahí tocaba con algunos grupos, en formaciones que no eran estables. Toqué en algunos grupos, pero el más importante terminaría siendo SOS, cuando yo tenía 21 años. Ahí conozco a Rubén Rada. Allí también estaban el trompetista Gustavo Bergali y el sueco Bo Gathu, que era el bajista y fundador de la banda. También estaba el Héctor "Finito" Bingert, un saxofonista uruguayo muy capo. SOS fue el primer grupo serio en el que estuve, pero duró poco, un par de años nomás. Grabamos un disco que se llamó SOS (Sonido Original del Sur), que fue una producción nuestra, independiente. Pero cuando terminamos de grabarlo no podíamos editarlo porque justo coincidió con la crisis mundial de petróleo, de escasez de vinilo, el elemento para hacer los discos. Entonces, la pasta se guardaba para los artistas que vendían mucho, que eran más comerciales, y nosotros como éramos un grupo nuevo y hacíamos una música que no era tan comercial, sino de jazz rock, funkero y candombe; no tuvimos lugar. El grupo fue una cooperativa en donde todos teníamos que ver en el armado. Fue una experiencia muy linda. El álbum apareció editado en Uruguay, pero nos estafaron, porque nunca cobramos nada de ese lanzamiento, ni siquiera nos avisaron, y usaron el nombre de Rada para titular el disco. Fue injusto ese lanzamiento. Recién hace seis años yo conseguí editarlo en Argentina, en el sello Aqua, y se hizo un cd con la gráfica como correspondía, con la foto de todos los integrantes y una ficha técnica completa con lo que tocaba cada uno, los arreglos, etc. 

¿Cómo conociste a Spinetta? 

Lo conocí antes de Invisible. Justo antes de armar ese grupo Luis se conectó conmigo y tuvimos una reunión, pero me borré. Me escapé de ese proyecto, que no sabía que iba a ser Invisible. Lo que pasa es que la propuesta me asustó un poco porque yo estaba estudiando, estaba en la facultad y su propuesta era ir a convivir y estar juntos. Hubiera sido divertidísimo, pero me lo perdí. Por tonto, seguramente, porque después ellos llevaron a cabo esa propuesta yéndose a vivir en una quinta en General Rodríguez. Justamente, ahora vivo bastante cerca de Rodríguez. Ellos vivían ahí toda la semana y después los fines de semana venían a Buenos Aires, al revés que todo el mundo, ¿no? Pero me lo perdí y recién tuve la segunda oportunidad de tocar con él en 1977, el año que fui a Europa con Piazzolla. 

¿Cómo se da ese reencuentro con Luis? 

Es que luego de la vuelta del viaje a Europa estuve unos meses sin trabajo y bastante angustiado por el cambio de vida. Yo venía de tocar con Astor en teatros impresionantes durante la gira, conociendo Europa, y luego estaba en Argentina sin guita y sin la batería, porque recién llegó como tres meses más tarde. Era una situación de mucho bajón. Así que empecé a tocar en un boliche, en un club de jazz con Santiago Giaccobe y Ricardo Sanz, y ahí aparecieron un día Spinetta con Machi, y se quedaron a escuchar toda la actuación. Cuando terminamos de tocar, Spinetta me dijo: "Me gustaría que entres a la banda que estoy armando." Así que fue un año que empezó muy bien con Piazzolla y terminó súper bien con Spinetta… 

Estando en la Banda Spinetta hicieron el repertorio de Los Espacios Amados que quedó prácticamente inédito… 

Sí, quedaron inéditos, aunque se podrían haber grabado. Él retomó luego el formato canción y le fue muy bien. Yo me fui del grupo de Spinetta porque empecé a tocar con Rada en La Banda, y me divertía mucho tocar ahí. Igualmente, fue muy difícil dejar de tocar con Spinetta. No sabía que iba a formar Spinetta Jade, pero Luis quería que siguiera tocando con él. Pero bueno, no podía hacer las dos cosas. Con Spinetta había que tener una dedicación exclusiva porque había muchos ensayos y lógicamente no podías faltar jamás a un concierto, esa era la forma en la que se tocaba con Luis. 

Esa época de Spinetta fue muy jazzera… 

Sí, tal cual. Los temas eran loquísimos y super complicados. Muy difíciles y por eso necesitábamos ensayar muchísimo. 

¿Qué cosas te acordás de ese momento? 

Éramos muy amigos con Luis. Muchas noches nos quedamos escuchando música y charlando. Fue una época muy linda. Todos teníamos mucho tiempo y los ensayos eran muy divertidos. Hubo una época que ensayamos en la casa de mi madre en Castelar. Así que nos íbamos allá y pasábamos el día. Yo tenía un cuarto en donde teníamos todos los instrumentos. Íbamos dos o tres veces por semana allá. Era una casa muy grande con terreno y entonces jugábamos al scalextric en los descansos o al tiro al blanco. Machi era el preparador de los autos y nos moríamos de risa. Pero laburábamos un montón también, ensayando ese repertorio. 

Fue una buena época del Flaco, además vos lo acompañaste en su viaje a Estados Unidos, ¿no? 

Sí, fuimos a Estados Unidos, pero yo fui como amigo nomás, no a tocar. No fui a trabajar. Él fue a firmar un contrato con la CBS y estuvimos como tres semanas allá. Fue lindísimo. Estábamos en Nueva York con Spinetta y con Guillermo Vilas, porque Vilas fue el contacto que tuvo Spinetta con la CBS. Vilas era un tipo muy importante en esa época, por su suceso como tenista, pero además le gustaba mucho la música y era un fan de Luis. Así que bueno, estábamos ahí con un manager que le puso Vilas a Spinetta para que nos llevara a todos lados. 

Vos grabaste los demos de lo que después sería Solo el amor puede sostener, ¿no? 

Acá lo hicimos, pero eran grabaciones que luego no se usaron, fueron solo demos. No tenían buena calidad de sonido, algo que usualmente no pasaba con Spinetta ya que él era muy cuidadoso con eso a la hora de tocar. Los grabamos en un estudio que no era gran cosa, fue hecho solo para mostrar los temas a la CBS. Y tampoco grabamos todo el disco, hicimos cuatro demos nomás. 

¿Luego te gustó como quedó el disco norteamericano de Spinetta? 

A mí me gustó. A Luis no le gustó mucho, porque no le gustó la cosa medio Hollywood de las cuerdas, los arreglos, etc. Pero él cantó muy bien siempre y ese disco no fue la excepción. Pero a él lo que no le gustó fue que le metían mano en sus arreglos y ese no era por ahí el sonido que le gustaba, a él le gustaba como sonaban sus bandas, ¿no? De hecho, subestimó ese álbum. Aunque le pusieron un montón de guita no le gustó un carajo como quedó el disco. Tal es así que tuvo luego la oportunidad de hacer algo más en Estados Unidos y él lo rechazó. Luis siguió su camino e indudablemente es un mérito impresionante porque siempre siguió haciendo lo que él quería hacer. Siempre hizo lo que quiso. 

Volviendo a lo de tu época con Piazzolla, ¿Cómo surge el contacto para tocar con Astor? 

Yo creo la banda de Astor la eligió Daniel, el hijo. Creo que los músicos tenían que ser de jazz o rock. Igualmente, yo jamás se lo pregunté. El tema es que un día me llamaron, no me acuerdo si Astor o Daniel, para encontrarme con Astor en su departamento de la calle Libertador. Así que cuando fui no lo podía creer. Esos son llamados que a vos te parecen qué son mentira, que es una broma, ¿no? Pero me llamaron por teléfono y me dijeron que Piazzolla me quería llevar a una gira que iba a ser de un año. Yo hacía poco había visto al Octeto Electrónico, porque el grupo existía con otros músicos acá, estaban Giaccobe, Adalberto Cevasco, Juan Carlos Cirigliano, el Zurdo Roizner, Daniel Piazzolla, Antonio Agri, Horacio Malvicino… Todos musicazos. Era tremendo como sonaban. Yo fui a verlos en un club de jazz que se llamaba La Ciudad, muy lindo lugar. Y me quedé loco, eran fabulosos. Y a los pocos meses me llamaron para hacer la gira. Fue un momento de gran felicidad. Así que lo conocí a Astor en persona en ese departamento, donde nos contó un poco como iba a ser la gira. Luego, en París, vino a recibirnos al aeropuerto, nos llevó al hotel y después hubo una recepción en su casa. Fue todo maravilloso. 

¿Cómo siguió esa estadía? 

Al día siguiente fui a comprar instrumentos porque viajamos sin nada. Yo no llevé platillos, no llevé nada. Y uno o dos días después empezaron los ensayos en el Teatro Olympia, que era maravilloso. 

Una época muy progresiva de Piazzolla, se podría decir. 

Tal vez. Sí, puede ser. Influenciado no sé porque en realidad ya que todo es tango. En mi caso, si bien había batería en el tango, no era lo usual. Yo había escuchado a Mariano Mores, que tenía un baterista que tocaba bárbaro. Pero era más bailable y tropical, no sé cómo definirlo, era un poco más comercial, pero de buena calidad también. Astor había tenido a José Corriale, por ejemplo, que era un baterista y percusionista muy bueno y de una escuela muy clásica. Por supuesto, también tuvo al Zurdo Roizner, que era un capo. El Zurdo tenía bastante influencia jazzística por su formación desde chico. 

¿Cómo era trabajar con Piazzolla? 

Había mucha responsabilidad, pero fuimos a ensayar conociendo ya la música. No estoy seguro si tuve las partituras antes, pero sí escuchamos la música y estaba perfecta, super bien escrita. Astor sabía escribir para la batería, algo que no es tan común. Escribía muy bien, muy simple. Si vos tocabas lo que estaba escrito, estaba bien. Pero él obviamente esperaba el aporte personal de cada músico, ¿no? Por eso también llamó músicos que tenían más que ver con el rock y con el jazz. Así que él no era intimidante en ningún sentido, porque desde el primer ensayo la cosa sonó perfecta. Salvo Gustavo Beytelman, el pianista, que era muy capo, la mayoría no éramos tangueros. Ni Tommy Gubitsch, ni Osvaldo Caló, ni Ricardo Sanz, ni yo. Todos habíamos tenido muy poca relación con el tango. Yo había tocado tango con mi viejo, pero lo tocaba más como una cosa medio tango europeo, ¿entendés? Así que de tango ninguno de nosotros conocía mucho. Así que lo aprendimos escuchándolo a Piazzolla y tocando. Ahí pasamos a ser músicos de tango moderno al instante. 

¿Cómo se originó La Banda? 

Fue una iniciativa de Beni Izaguirre, el trompetista. Él tuvo la idea y nos juntamos en un restaurant de la zona norte en donde me contó el proyecto y me pareció fantástico. Beni se encargó de llamarlos a Rada, Navarro, Baraj y Sanz; de armar todo lo que fue La Banda. Empezamos a ensayar y había mucho laburo, pero no tantos lugares para tocar. No había muchos lugares, eran poquísimos. La Banda llenaba todos los lugares en donde tocábamos. 

¿Cómo fue grabar el disco? 

Grabamos en los Estudios ION con Amílcar Gilabert, el técnico, que era un capo. Fue hermoso grabar ese disco. Sí, fue una grabación impresionante en 24 canales, todo un avance tecnológico para la época, y además tuvimos la producción de Oscar López y nos pagaron muy bien, fue el único disco en que yo gané buena plata. Justamente, fue reeditado este 2026 y está genial. 

Una pena que La Banda no haya durado más… 

Sí, claro, fue un grupo tremendo, pero bueno, yo qué sé, fue así la vida. No sé qué pasó, puede ser que a Rada le hayan ofrecido ser solista, no estoy seguro cómo fue que se desarmó el grupo. Fue una pena. Lamentablemente, no tuvimos un representante que nos manejara bien, que nos guiara. Nos perdimos la posibilidad de tocar en un Festival en Córdoba en donde tocaron todos los artistas de rock de la época, eso hubiera estado buenísimo. Inclusive, podríamos haber seguido tocando juntos porque había material de sobra. Lo ponías a Rada y te componía de todo. Componía un disco en un día. El grupo sonaba muy bien y todos estábamos muy enganchados con ese proyecto, pero quedó ahí. 

¿Cómo fue trabajar con Oscar Cardozo Ocampo, Rubén Juárez y Susana Rinaldi? 

Oscar Cardozo Ocampo fue muy importante para mí. Éramos muy amigos y toqué en muchas grabaciones en donde él era el arreglador. Después, cuando hizo el grupo que se llamaba Folk Sin Límite, fuimos a tocar hasta a Japón. Con Oscar aprendí a tocar un montón de ritmos que no conocía y también conocí mucha gente del folklore. También estuve con Rubén Juárez, en el tango, un paso muy importante en mi carrera. Rubén era un divino, empecé con él en un teatro, en un espectáculo que duró como cuarenta días, me encantó. Con Susana toqué la primera vez en Mar del Plata, cuando aun estaba en la Banda Spinetta. Toqué un par de conciertos con ella en esa oportunidad. Susana es una artista tremenda. Tocamos con la orquesta de Atilio Stampone, un capo impresionante. Luego trabajé con Susana en un espectáculo en el Maipo, unos años más tarde, otra labor muy linda. 

Trabajaste con Manolo Juárez también, ¿qué recordás de esa experiencia? 

Manolo era un divino. Pensar que me he encontrado con él en grabaciones y él fue el pianista de una gira que hice con Roque Narvaja. Aunque parece mentira, Manolo Juárez estuvo de pianista de Roque, que es un fenómeno también. Fue fantástico. Nos hemos divertido tanto con Manolo, que además fue un musicazo. Después hubo una época donde yo toqué en su grupo y grabamos un disco muy lindo. Un álbum que se retrasó su edición porque a Manolo no le gustaba el sonido del piano. Se terminó editando mucho después, luego de su muerte. 

Finalmente, luego de tocar con tanta gente, te decidiste a formar tu propio grupo. ¿Cómo fue eso? 

Mirá, me presionó el pianista Cristian Zárate a hacerlo. Yo tenía ganas de hacer algo, pero nunca me ponía seriamente a hacerlo. Como que lo iba postergando, aparecían otras cosas y eso quedaba siempre en otro plano, ¿entendés? Pero se lo había comentado a Cristian, que tenía ganas de hacerlo y algunas ideas. Al final él me insistió y también mi esposa Alejandra, los dos. Y tuve tiempo para hacerlo, lo hicimos en la pandemia. Fuimos a grabar y me parece que la consigna era que grabase en Soundrec, un estudio que está por Serrano y Juan B. Justo. Ese estudio me daba la posibilidad de trabajar con instrumentos acústicos: bandoneón, contrabajo, batería y piano. Fuimos al estudio solo los que íbamos a grabar. Además de Cristian, me acompañaron Nicolás Enrich en bandoneón y Juan Pablo Navarro en contrabajo. 

¿Cómo craneaste ese disco? 

Ya venía con algunas cosas, las tenía anotadas, por ejemplo, el tema “Libertango” siempre estuvo en el proyecto. Empecé a estudiar diferentes maneras de tocar ese famoso 3/3/2 rítmico de Piazzolla, esa base rítmica. Es difícil, porque necesitaba mucha independencia de manos y pies, por eso le dediqué mucho tiempo. Y después me puse a deformar muchos arreglos, como pasó en “La puñalada”, a partir de una idea original de un arreglo de Cristian y del guitarrista Leonardo Sánchez, que finalmente terminamos haciendo juntos. También incluí el arreglo que había hecho del tema de jazz “Cherokee”, que lo había tocado con un sexteto mío anterior. 

¿Cómo surgió la idea de hacer el repertorio de A 18´? Porque ustedes se concentraron en una en una etapa de Spinetta que no era muy conocida por el gran público. 

Exacto, sí. Fue una idea mía que surgió a partir de que tenía ganas de hacer algo con Guille Arrom. Porque veníamos tocando con Guille en Anacrusa, el grupo histórico de José Luis Castiñeira de Dios. Así que un día le propuse a Guille porque no nos metíamos a hacer este repertorio de Spinetta, el disco A 18´del Sol y otros temas más de otras épocas. A Guille le encantó mi propuesta, mi idea era hacerlo con Machi. Lo llamé a Machi y dijo que sí. Luego llamamos a Andrés Beeuwsaert. Ahí a partir de ese momento fue siempre una cooperativa. La idea fue mía, pero luego fue una idea de los cuatro, con voz y voto por igual. Así empezó el grupo, pero después fue cambiando y fuimos incorporando otros temas del repertorio spinettiano. Después se fue Andrés Beeuwsaert y entró Álvaro Torres, que es un gran músico y también dueño de un empuje impresionante. Más tarde Machi se retiró y lo llamamos a Pato Resico, que fue un fenómeno realmente. Pato nos salvó, porque yo no sabía cómo íbamos a seguir sin Machi. Pero con Pato resolvimos muy bien el inconveniente y pudimos continuar. Con Pato nos pusimos de acuerdo para hacer los temas inéditos. Por ejemplo, él vino e hizo “Tanino”, cantándolo mientras tocaba el bajo, con una energía impresionante. De hecho, lo grabamos y quedó buenísimo. Y Pato se quedó hasta que pudo, luego tuvo dos ofertas de trabajo muy buenas, además de tocar con Nahuel Pennisi. Así que tuvo que dejar el grupo y lo llamamos a César Franov, el grupo siempre tuvo unos músicos buenísimos. Y el último en entrar fue Dhani Ferrón, que también es un fenómeno, tanto en la parte instrumental como en el canto. Siempre vamos agregando nuevos temas de Luis al repertorio de nuestros shows.

Emiliano Acevedo


lunes, 7 de septiembre de 2026

BOSTERO SACADO: "La pasión por el rock y el fútbol no se negocia..."

 


Ariel Piccini es músico, compositor e ingeniero de sonido, pero también hincha fanático de Boca Juniors y en YouTube se hizo conocido por su canal llamado Bostero Sacado. Ahí se comenta los partidos y el devenir del equipo xeneize. Con amplia repercusión, Bostero Sacado ha ido creciendo a pasos agigantados en los dos últimos años. Su propia presentación lo define como un hincha de Boca que intenta analizar y debatir la actualidad del club; su propuesta gira alrededor de opiniones muy directas, debates con sus seguidores y transmisiones en vivo. Su comunidad lo identifica como "Vikingo". Lo interesante es que no se presenta como un periodista deportivo tradicional, sino más bien como una voz del hincha, alguien que comenta partidos, jugadores, dirigentes y especialmente la situación institucional de Boca desde una posición personal y muy pasional. Justamente, en esta nota hablamos con Ariel de sus dos pasiones: el fútbol y la música. Una charla sin desperdicio. 

ENTREVISTA> Contame un poco cómo te fuiste metiendo en la música… 

Es una larga historia. Mi viejo era fanático de los Beatles. Él es muy melómano, y había música todo el tiempo en nuestra casa. Se escuchaba a los Beatles, los Bee Gees, mucho rock nacional. Mi viejo era el mayor de cinco hermanos, y cada uno de ellos ponía su propia música en las reuniones familiares. Así algunos, por ejemplo, escuchaban Moris o Pappo, Pappo´s Blues o Los Abuelos de la Nada. La menor de mis tías escuchaba mucho Supertramp y a mí también me terminó encantando, me copaba con “The Logical Song” y todo eso. Así que me picó la música desde chiquito. Siempre escuchaba buena música. En esos años de la década del 80 se escuchaba mucho Soda Stereo, Virus, también La Torre, la banda de Patricia Sosa; mi tío rompía mucho las bolas escuchando La Torre. A mí también me gustaba porque sonaba bien. Luego, a los 12 años, yo quería tocar el saxo. Me acuerdo de Badía & Compañía, que era un programa que miraba mi viejo, en donde estaba el saxofonista Oscar Kreimer que me copaba mucho lo que hacía. Ahora está la hija de él tocando y lo hace bárbaro. 

¿Y te enganchaste con el saxofón? 

Mirá. Yo miraba a Kreimer y escuchaba mucho “Your Latest Trick”, el tema de Dire Straits que tiene saxo y estaba súper copado. Por eso mi viejo averiguó para comprarme uno. Pero cuando empecé la secundaria me metí en el rock más duro, me empecé a juntar con pibes que les gustaba los Ramones, el punk, y yo empiezo a escuchar más heavy metal, thrash y todo eso. Me empecé a copar con Deep Purple, Zeppelin, aunque seguía escuchando a los Beatles y demás, así me empieza a gustar la guitarra eléctrica y cuando cumplo catorce años, en 1992, me regalan una Les Paul. Así empecé a tocar la viola, sin ir a un profesor ni nada de eso. Con unos compañeritos de colegio, a los que les gustaba el heavy metal, empecé a armar mis banditas de heavy metal, pero si no sabés tocar bien es bastante complicado. Luego de varios intentos frustrados empecé a aprender un poco, me llevó un par de años empezar a tocar la viola. Al principio empecé con un cancionero de los Beatles, que mostraba como eran los acordes, cómo tenía que hacer el Sol, el La, el La Menor, todo. Entonces, como era muy fácil para mí, porque sabía bien las canciones, el cancionero me empezó a enseñar mucho cómo tocar realmente. A partir de ahí empecé a tener otra relación con el instrumento, otra relación con el armado de canciones, empecé a componer mis canciones, ahí sí armé mi primera banda de verdad, que empezamos siendo más punkis, pero terminamos siendo de rock and roll. 

¿Y cómo fue el devenir de esa banda? 

Estuve tres o cuatro años con esa banda. Después armamos otra que duró cinco años. Incluso llegamos a grabar un demo, queriendo grabar un disco. Pero al final el proyecto quedó ahí. Luego me vine a vivir a Coronel Suárez. Ahí hubo un bache de tres, cuatro años, ya con mi hijo mayor recién nacido. Fueron años en los que no hice música. Pero más tarde retomé porque acá había una escuela municipal de música gratuita y mi mujer me impulsó a anotarme para estudiar guitarra. Ahora ya soy muy amigo de mi profesor. En realidad, no fueron clases para empezar a tocar guitarra, sino más bien para ordenar lo que yo sabía hacer y empezar a encontrar un sentido. Eso me dio muchas más ganas de hacer cosas. Así empecé a ser profesor de música en la escuela, dando una cátedra de ensamble de rock durante cinco años. Formaba grupitos de rock con los chicos, tocando ocasionalmente junto a ellos, así tres veces fuimos a competir a los Juegos Bonaerenses, dos veces llegando a la final en Mar de Plata. 

¿Te volvieron las ganas de tener una banda propia? 

Sí, como mi hijo mayor estaba tocando la batería, empezamos a una banda en la que estuvimos tocando. Ahora está medio parado el proyecto, no creo que se reanude. Ese fue el último gran proyecto de banda que tuve. 

¿Vos de que barrio sos? 

De Villa del Parque, viví ahí hasta que me vine a Coronel Suárez. De pibe no estaba nunca en mi casa, me la pasaba mayormente en la calle y ahí, a tres cuadras una de otra, había dos rockerías. En ese momento era medio nuevo el concepto de rockería. Eran esos lugares donde vendían discos, casetes truchos, posters, remeras, buzos, las pulseritas con tachas, todas esas cosas. Yo me pasaba un montón de tiempo ahí. Me acuerdo que había dos flacos en una de las rockerías que escuchaban KISS todo el día. Así que yo también me hice kissero. Después estaba la rockería de Fabián, que creo que todavía está. En ese local yo compraba todos mis discos, porque siempre tenía los últimos importados que llegaban. Era plena década del 90, con el furor de los discos importados. Escuchaba muchos discos increíbles y me la pasé yendo a un montón de recitales todos los fines de semana. Mis amigos y yo no íbamos a boliches, nos la pasábamos yendo a recitales. Nos la pasábamos siempre hablando de música, escuchando discos y demás. 

Además de ponerte a estudiar música de grande, ¿qué otra cosa estudiaste? 

Ingeniería de sonido. Me recibí de eso. Me gusta mucho todo lo referente a la producción musical. Me encanta producir. Hago cosas en mi casa. Me encanta grabar. 

¿Qué vínculos encontrás entre la música rock y ser hincha fanático de un club? 

Yo lo que veo es que hay un vínculo muy estrecho que tiene que ver con la manera en que uno forma identidad desde pendejo. Tanto el club del que sos hincha y la música que escuchás son lo que se vincula con tu propia identidad y difícilmente lo vayas a cambiar. Si sos realmente fanático, o si fuiste fanático, de varias bandas de rock y las ibas a ver, difícilmente cambie eso. Lo mismo pasa con tu equipo de fútbol, nadie se hace hincha de otro club cuando crece. Con relación a la música, por ejemplo, tenés a la hinchada de Racing, los Racing Stones, que hacen referencia en su nombre a los Rolling Stones. Entonces, desde ese punto de vista, me parece que al nivel cultural, y sobre todo acá en Argentina, hay un link muy interesante para desarrollar y hablar de eso. Tanto en el rock como en el fútbol, los fanáticos somos gente que no suelta, nos resistimos a soltar. Siempre se supo que el hincha de fútbol era alguien que hasta las últimas consecuencias iba a ser hincha fanático de su equipo, que iba a defender eso y que eso lo iba a definir como persona. Ahora, también pasa lo mismo con la gente del rock. Es gente muy fiel. 

Un fenómeno que sigue hasta hoy… 

Claro, tal cual. Ahora que se dice que el rock está desapareciendo, aparece gente que se resiste a eso, que no quiere soltar su pasión por la música y determinados grupos. Como diciendo, esto yo no lo voy a soltar, voy a seguir escuchando a Pappo, a Divididos, a los Beatles, Foo Fighters, lo que sea que escuchen. Por ejemplo, hace un rato me pasaron un video de la reunión de Ritchie Blackmore con Deep Purple, en donde el loco se subió a tocar la viola en “Smoke On The Water”. Y son todos unos viejitos, pero así todo, siendo unos viejitos, que parecen recién salidos de una clase de yoga, te emocionás igual, porque decís, "Estos tipos son parte de mi vida." Yo me acuerdo perfectamente que estaba haciendo el día que murió Spinetta o el día que murió George Harrison, porque ambos fueron tipos que definieron mi vida, que tienen que ver con la música que me apasiona. No quiero pecar de soberbio o ignorante, pero esas sensaciones, tan vinculadas con el rock, con los músicos de rock, no sé si en otros géneros musicales se da. Seguramente, debe haber fans de Luis Miguel que lo siguen a morir, pero no sé si esa gente puede ser fanática del fútbol. Es como que el estereotipo está creado entre la gente de fútbol y la gente del rock. Me encantaría investigar un poco ahí, eso es lo que estoy tratando de hacer. Quizás escriba un libro al respecto. 

Claro, pero viste que el jugador de fútbol en sí no es tan rockero, es más cumbiero… 

Sí, nada que ver. Claro, el vínculo que veo entre el fútbol y el rock se da a nivel de los hinchas, no de los jugadores. Yo hablo del parecido entre el fanático de fútbol que es fanático de rock también, ¿no? Que hay una forma de llevar las dos pasiones de una manera paralela. 

En tu stream de YouTube sobre Boca volcaste todo tu costado futbolero, pero con mucha memoria acerca de datos sobre la historia del club mezclado, incluso, con tu lado periodístico, ¿de dónde viene eso? 

Yo siempre fui muy memorioso e insoportablemente discutidor. Mi viejo también es muy memorioso y siempre discutimos sobre detalles chiquitos, a ver quién tiene razón. Siempre estuve muy pendiente de los resultados de Boca, desde hace 40 años para acá. Yo tengo la camiseta de Boca desde que nací y desde que tengo ocho años, en 1986, empecé a estar muy pendiente de todo lo que pasaba con el equipo. Siempre fui recontra futbolero, me gusta jugar y discuto muchísimo por fútbol. Me peleo por fútbol. No pelear mal, pero he discutido fuerte por fútbol. Y dentro de esta cosa de defender la identidad, Boca también tiene mucho que ver con la identidad. Además, en 1998 hice un año de periodismo deportivo, me fue muy bien, pero después hubo una cosa que no me gustó en la escuela y largué. Luego me pasé a mi otra pasión que es la música, estudiando ingeniería de grabación. Pero siempre estuve muy metido en todas las conversaciones de fútbol, siempre soy el que se acuerda quién hizo el gol, el que se acuerda cuántos minutos iban, qué camisetas usó el equipo, cuál fue la formación en tal partido, se me pueden escapar algunas cosas, pero por lo general me acuerdo patente de todo. Antes hablaba solo de fútbol y me ponía loco con los partidos. Hasta que un día, luego de una muy mala racha de Boca en 2024, mi mujer me dijo porque no me hacía una página de Instagram para poner lo que quería decir de Boca y que la gente opinase. Así la empecé a hacer y al poco tiempo eso devino en un canal de YouTube, entonces empecé a ver cómo se hacía esto. Me empecé a meter y le di para adelante. Al principio era todo grabado, hasta que me empezaron a pedir alguno de los de los oyentes que hiciera vivos y eso fue lo que mejor anduvo. Rápidamente tuvo respuesta. Yo disfrutó mucho la ida y vuelta con otros hinchas de Boca, me hace bien, está buenísimo. 

¿Qué opinás acerca de que tanto el fútbol como la música hayan sido cooptados por el negocio, como que se perdió la pasión? 

No sé si es totalmente así, pero que el que diga eso no le va a faltar razón. Por ejemplo, venimos de un mundial en el cual yo hice un video diciendo que hubo cosas que me parecieron muy raras y muy alejadas de los hinchas genuinos. Porque ahora hay hinchas nuevos que van a sacarse fotos en la cancha mientras se está jugando el partido. Yo no juzgo a nadie, pero como que eso le quita clima. Mismo la cancha de Boca está llena de extranjeros, llena de gente que no tiene nada que hacer ahí, que va solo por la experiencia de vivir un partido en la Bombonera. Con la música se vive un fenómeno similar. Hoy en día apretás dos botones y la IA te compone un tema. A mí me encanta que haya un Ed Sheeran que tiene una pedalera que lupea cosas y parece una orquesta andante y que encima la maneja muy bien. Me parece admirable. Pero a mí dame una banda de tipos reales que te transmitan algo más allá del solo hecho de hacer música. Muchos pibes que van ahora a ver conciertos de rock no saben cómo vivirlo, no lo disfrutan como nosotros que capaz somos viejos para ellos. Lo dijo Dave Grohl la otra vez en un concierto de Foo Fighters: “Si ustedes que son jóvenes, no saben cómo es un concierto de rock, miren a los viejos que tienen al lado para aprender a vivirlo. Hagan lo que hacen ellos…” Pero, igualmente, yo creo que son cosas cíclicas y que pueden volver en cualquier momento. 

¿Y qué hay de positivo en la actualidad tanto en la música como en el fútbol? 

Siempre lo positivo se vincula con el nivel de masividad que se le pueden dar a las cosas. Un mundial como el último, por ejemplo, llegó a muchísima más gente. Hoy en día hay mucha más apertura, las mujeres van muchísimo más a la cancha que lo que iban en los años noventa, por ejemplo. Hoy no hay diferenciación de sexo en el fútbol y está bueno que así sea. Y en cuanto a la música, la apertura se da tanto en lo bueno como en lo malo, porque cualquiera es músico, pero hay muchísimos músicos nuevos con gran talento. Hay gente con mucho talento haciendo cosas, y hay gente que no tiene talento y suple ese talento con tecnología. Cada uno sabrá hacer su propia selección y escuchar lo que le guste y le parezca más adecuado. Por ejemplo, yo escucho a Lady Gaga, que es algo moderno, pero la mina es una bestia en lo que hace. Todo lo que hace es soberbio, ya sea cantando o tocando el piano. Una música del carajo. Pero después veo los recitales y no me gusta tanto el tema de su performance, sus disfraces y demás. No es lo mío, no es lo que a mí me gusta, pero ella es espectacular. Lo mismo me pasa con Dua Lipa. Vos la escuchás en vivo, con todos los pibitos en la tribuna con los telefonitos haciendo la coreo y no te llama la atención, pero luego la ves en el Tiny Desk, ella sola con un bajista, un guitarrista, una pista de ritmo y tres coristas, y te parece espectacular la música que hace. Está buenísimo. Entonces, ¿dónde dibujás la línea? Porque hay gente que tiene talento de verdad, ¿entendés? Y hay gente que me parece que no lo tiene, que directamente le mete todo lo que tiene a el Auto-Tune o sino a la inteligencia artificial y ya está. Y después ponen caritas de atorrante, de vago o de lindo o linda y ya son un producto vendible. Por supuesto, esos no me interesan. 

¿Qué músicas escuchás ahora? 

Los mismos grupos que me gustaban de pibe, pero también empecé a redescubrir bandas que se me habían pasado de largo en su momento como Steely Dan. Son espectaculares sus discos. Me encanta escuchar música que está bien producida, que tiene buen sonido. Los discos de Michael Jackson, los tres que hizo con Quincy Jones, me parecen sensacionales. Me copa mucho lo que hizo Madonna en los 80 y principios de los 90. Escucho tango también, me gusta mucho. Ahí tengo un link directo a la infancia también, porque yo me quedaba muchas veces a dormir en lo de mi abuelo y te levantabas todos los domingos a la mañana escuchando tango, ¿viste? O era Julio Sosa, o era alguna orquesta, de D´Arienzo o lo que fuera. El tango tiene un lenguaje musical muy atractivo. También soy muy fan de Piazzolla, que me parece que fue el Beethoven del siglo XX, me parece sensacional todo lo que hizo. En líneas generales, no le hago asco a muchas cosas. Es más fácil decirte lo que no me gusta, obviamente. No me gusta la cumbia, no me gusta la música melódica, aunque puedo rescatar algunos temas de Abel Pintos que me parecen buenos. Pero no me pondría a escuchar eso, Luciano Pereira o Luis Miguel. Tampoco me gusta el rock barrial porque no me gusta la producción que tiene. No me gusta cómo suenan las voces, no me gusta la producción. Las bandas tipo Gardelitos, Callejeros, La Beriso, todas esas, yo las esquivo porque no me llenan, no me gustan. 

¿Cuáles son tus proyectos de acá en más? 

En la música no tengo proyectos actualmente. Capaz me inclinaría a tocar de músico invitado para alguna banda ocasionalmente o en algún grupo que covers. Me pasó en la última banda que tuve en la cual quise hacer temas propios, pero después se te hace muy difícil enganchar a la gente con los temas propios. Entonces tenía que estar siempre buscando ver con qué cover abría o con qué cover la enamoraba un poquito al público. Lo que pasaba es que era una banda chica y de pueblo. Pero, bueno, si sale alguna cosa como para juntar el billete la haría. Y si mis hijos en algún momento me necesitan para algo, en alguna de sus bandas, también voy a estar. Pero ellos ya vuelan solos y tienen sus propias bandas, así que no me necesitan. 

Lo tuyo pasa por el streaming de Boca en YouTube… 

Sí, estoy enfocado en eso, me gusta hacerlo, lo disfruto. Mientras lo disfrute lo voy a seguir haciendo. Aparte estoy bastante conforme con el hecho de poder salir o tratar de pararme en un lugar que esté alejado de esta grieta política de mierda que hay en Boca, que a mí me revienta, en la que tenés que ser de uno o tenés que ser del otro. Yo no quiero ponerme a discutir a las personas, quiero ponerme a discutir por el club, porque esas cosas a veces rompen bastante los huevos. A veces también te comes muchísimas puteadas, hay mucha gente que no te entiende y no te va a entender nunca. Hay que aceptar que hay gente que tiene sus propios sesgos y preconceptos y listo, ya está. Hay que entender que no hay tanto absolutismo en este mundo. No se puede ser tan talibán de las cosas. Si más o menos te manejás en esos parámetros te va a ir un poquito mejor. 

Volviendo al vínculo entre música y fútbol, ¿cuál es tu canción de cancha preferida? 

Mirá, lo que extraño en la cancha son las canciones clásicas. Me copa mucho cuando la hinchada se pone a cantar “dale bo” con la melodía del vals “Desde el alma”. Esa me encanta porque es un grito de guerra que se cantaba cuando el equipo ya había liquidado el partido. Otra que mí me encantaba, era “Boca te llevo en el alma y cada día te quiero más…” Porque cuando llegaba el momento de esa canción era espectacular en la cancha y no se escucha más últimamente. Fuimos el año pasado a la cancha con los chicos y ni una vez se cantó. Pero, bueno, cambian las canciones, van cambiando con el paso del tiempo. Después hay canciones que son bárbaras para la cancha y que por ahí no te gustan en otros contextos porque no te dicen nada, como puede ser “It´s a Heartache”, la de Bonnie Tyler, o la clásica “Todavía cantamos”, de Víctor Heredia. Hay una de Estelares, “Ella dijo”, que se canta en la cancha y está muy buena.   

Roque Narvaja también le legó muchas canciones a la hinchada… 

Tal cual. Son un orgullo para ellos que sus canciones lleguen a las hinchadas. León Gieco lo dijo en un momento con respecto a “Solo le pido a Dios”. Como que ese reconocimiento popular es glorioso para los compositores de las canciones. 

Sos compositor de tus propios temas en los grupos en los que estuviste, ¿hay algún tema de otro autor que te hubiese gustado componer a vos? 

Los 13 discos de los Beatles. Tengo que pedir y elijo todo. Sí, soy muy envidioso. Me encantan discografías enteras, la de los Beatles, cualquier tema de los Beatles me hubiera gustado componer; también cualquier tema de Zeppelin. O sino de Serú Girán o Spinetta. Agarrá el tema más choto de Spinetta, que no creo que tenga ninguno, pero déjamelo componer a mí. Hace poco salió una película llamada Yesterday en la que de repente todo el mundo se olvida que existían los Beatles, y el pibe que es el único que se acuerda hace pasar como propios todos los temas de los Beatles. Te juró que esa era una idea mía, antes de que se existiera la película. A mí me encantaría ser ese pibe… (risas) Es como cuando León cantó que todos somos los salieris de Charly, ¿no? Esa es la idea. Todos los músicos somos salieri de alguien. Uno está todo el tiempo tomando referencias. No estoy hablando de plagios explícitos, sino de influencias. Tomás algunos estilos y maneras. La música se va nutriendo de esas referencias y es una pasión interminable. 

Emiliano Acevedo


miércoles, 26 de agosto de 2026

DESFACHATADAS: Recordando a Viuda e Hijas de Roque Enroll con Claudia Ruffinatti

 


Claudia Ruffinatti es mucho más que la tecladista y una de las voces y compositoras de las recordadas Viuda e Hijas de Roque Enroll. En ella se conjuga un pasado prestigioso como música de conservatorio, pianista clásica y mujer que se hizo a sí misma, llegando a ser una profesional en todo lo que sea Ceremonial y Protocolo, su actividad actual en la que es una referente principal. A lo largo de su vida, Claudia ha vivido mil historias, tanto en la música, en la cual construyó una carrera desfachatada y pionera junto a Las Viudas, como en su reconversión posterior. Muchas de esas anécdotas de los recordados años 80, llenos de glamour y pop, están en esta nota que tan amablemente nos ofreció. 

ENTREVISTA> ¿Cómo fueron tus comienzos en la música? 

Al principio comencé a jugar con el piano como cualquier niña juega con las muñecas. En mi casa había un piano, que mi papá le había dado a mi mamá como regalo de compromiso. Tuve la fortuna que me dejaran tocarlo y me la pasaba jugando con él. Luego, a los seis años, me enviaron a la profesora de música del barrio. Creo que aprendí a leer en el pentagrama antes de aprender a leer y escribir.   

¿En qué barrio vivías de chica? 

En Villa Devoto. Nací y viví en el barrio aproximadamente hasta los 20 años. Ahí empezó mi época nómade, no solo de vivir en varias casas y departamentos, sino de mudarme a otros barrios. 

Así que rápidamente te copaste con el piano… 

Más que coparme, me mandaron a estudiar y punto. No lo elegí yo. Evidentemente, deben haber percibido una facilidad en mí cuando me sentaba a jugar con el instrumento. Así estuve estudiando durante bastante tiempo con la profesora del barrio y después mis viejos entendieron que tal vez tenía que cambiar de profe y de nivel, porque, seguramente, habrán contado con la información de que existían otros lugares académicamente más completos. Y así fue que a los 10 años empecé a prepararme para ingresar en el conservatorio Manuel de Falla. Me acuerdo cuando vi el plan de estudios, tenía más materias que la carrera de Medicina (risas)… Por supuesto, en ese momento se rendía examen de ingreso a los conservatorios estatales de música, porque las vacantes no eran muchas y no solo había un filtro por cantidad de vacantes, sino para que los ingresantes tengan un determinado nivel de conocimiento previo y no entren de cero. Así que bueno, me preparé, rendí e ingresé con felicitado, más o menos. Y después hice toda la carrera del profesorado. En ese momento la carrera se llamaba Cultura Musical y mi especialidad era el piano. Así que hice toda la carrera académica en el conservatorio, lo que sería la carrera de música clásica. 

Pero no se te dio por ser concertista de piano… 

Di conciertos. Tampoco me salvé de dar conciertos, porque eso estaba incluido dentro de la pauta académica. Es que tuve un maestro de altísimo nivel que organizaba conciertos con sus discípulos. El plan de estudios del conservatorio de esa época era muy vanguardista, con decirte que habían materias muy interesantes como Rítmica contemporánea o Conjunto de cámara, en donde tenías que tocar con otros instrumentistas. O sea, que te obligaba a la práctica con otros. Tenías que amoldarte a la rítmica. También tuvimos una materia de música electrónica que fue fascinante. Ahí se trabajaba con sintetizadores, con música experimental electrónica, con aparatos especiales, distorsionadores, etc.; todas cosas muy novedosas para todos nosotros. 

¿Y tu educación formal cómo siguió? 

A los 18 años yo quería entrar a la facultad, pero mi papá no quería que yo estudiara en la universidad por determinadas razones de filosofía religiosa. Él era un señor un poco estricto. 

Vos venís de una familia protestante, ¿no? 

Sí, tal cual. Protestantes y rozando con el fanatismo religioso, te diría. Vivíamos en una comunidad muy ortodoxa en lo religioso, observante, bastante cerrada. Mi papá no quería que yo estudiara, así que le dije: "Bueno, yo empiezo a trabajar”. Porque, aparte, también quería tener una autonomía financiera. Así me presenté a trabajar en una academia de música en la que buscaban profesores de teclado, pianistas. La consigna de la incorporación era que te capacitaras y tomaras un curso de órgano electrónico, porque era una academia de los teclados Yamaha. Era justo la época de la plata dulce en Argentina y estaba de moda tener un teclado en la casa. Entonces eran comunes los organitos con caja rítmica y con botoncitos con luces y colores, con sonidos de cuerdas, piano, trompetita, etc. Por supuesto, los había de distintas marcas y calidades. Había algunos que tenían unos sonidos preseteados bastante buenos. Así que me capacité y por supuesto entré a trabajar en la academia, y así empecé a trabajar en Promúsica, la casa de instrumentos musicales electrónicos más importante del país. 

¿Ese fue tu primer contacto profesional con el mundillo musical? 

Es que ahí yo tenía acceso a todo lo que entraba al país. Porque justo empezaron a entrar sintetizadores y cosas muy pro cuando se abrió la importación, aparte de tener toda la línea analógica de los 70. Es que a principio de los 80 empezaron a entrar algunos instrumentos que venían con mix analógico y digital, hasta que después, por supuesto, aparecieron todos los aparatos digitales. Así que yo tenía la posibilidad de ver el último modelo que entraba de Japón y Estados Unidos, todo a mi disposición para que los probase. 

¿Cómo conociste a las chicas de Las Viudas? 

Por medio de un compañero del conservatorio. Él me había dicho que en la cartelera de la revista Pelo había aparecido un aviso de un grupo femenino solicitando tecladista. Se trataba de una banda llamada Rouge, en donde estaban María Gabriela Epumer y Claudia Sinesi, posteriormente guitarrista y bajista de las Viudas, respectivamente. Así me vinculé con ellas, con María Gabriela en particular, que vivía cerca de casa, para ser parte de Rouge. Así que fui a la casa, charlamos, creo que fui con un teclado, tocamos algo y me dijo: "Bueno, cuando ensayemos, te aviso." El punto es que nunca llegué a ensayar con Rouge porque se disolvió antes que yo ingresara. Pero ahí quedó el vínculo con María Gabriela, nos hablábamos, creo que me habrá invitado, salíamos a escuchar música. Hasta que un día me llamó por teléfono, no me lo voy a olvidar jamás, fue un domingo al mediodía, teléfono de línea, y me dice: "¿Cómo te va, Rufina? Mirá, hay un productor que está queriendo armar una banda de chicas y necesitamos una tecladista. ¿Te interesa ser parte?" Por supuesto, acepté la propuesta. Me dice: "Mirá que hay que grabar un disco en 30 días." Yo le dije que contara conmigo. Así empezó la historia de la banda por la cual hoy nos tienen más asociadas a todas, ¿no? Viuda e Hijas del Roque Enroll. 

Viniendo del mundo de la música clásica, ¿el rock en tu vida fue un cimbronazo tal que te hizo dar cuenta que la cosa iba por ahí de ahí en más? 

Sí, definitivamente, el rock y el pop fue lo mío desde el primer momento. El punto es que cuando yo estaba en mi casa tocaba, mi papá compró una batería en una oportunidad - por supuesto, jamás supe que había que afinarle los parches-, pero venía un vecino a mi casa y tocaba cómo podía la guitarra y hacíamos covers de las canciones que nos gustaban. Era como tener una banda. Eso fue a los 11, 12, 13 años y si vos me preguntás qué música era la que me gustaba, era esa. Y en mi casa siempre hubo muchos discos, mi mamá compraba muchos discos y libros también. Ella pensaba que de esa manera íbamos a ser más inteligentes, no le salió muy bien (risas). Así que en casa se escuchaba música de absolutamente todo tipo. A mi papá le gustaba mucho la música mexicana. Los mexicanos, tipo mariachi, los que tocaban bailecitos y demás. A mí me gustaba mucho la música de películas. También me gustaban las óperas en español, que son muy divertidas. A mi mamá le gustaba mucho la zarzuela. Así que se escuchaba eso, se escuchaban boleros, se escuchaba tango, se escuchaba de todo. A mí me gustaba mucho el rock y el pop desde muy chica. 

Un ambiente muy ecléctico… 

Por supuesto. El primer disco que me compré fue uno de música pop: Hot Pants en Sótano Beat, a los 10 años. Yo escuchaba absolutamente de todo. 

¿Cómo cranearon el estilo musical desfachatado de Las Viudas? 

El punto es que había un productor artístico que tenía un plan armado cuando se hizo el grupo. El plan original era un grupo de chicas físicamente bien dotadas, para el gusto de la época, y mucho que sepamos tocar o no tocar no les interesaba, probablemente la propuesta era para hacer playback. Y el repertorio musical prácticamente ya estaba medio impuesto. Muy hábilmente el productor nos vio cuando llegamos y empezaron las primeras reuniones para que nos contaran de qué se trataba el proyecto. En principio, cuando nos presentamos, la imagen que teníamos nosotras físicamente no fue la que ellos pretendían, no obstante, nos dieron la oportunidad de que explicáramos que éramos todas músicas, componíamos, etc. 

Los convencieron… 

Es que nosotras les dijimos que nosotras componíamos nuestros propios temas. Así que evidentemente hubo por parte de las cuatro la percepción de que esto iba a funcionar y aparte teníamos realmente la voluntad de que esto funcionara, porque era una oportunidad muy importante. A diferencia de los tiempos actuales, para los más jóvenes que lean esta nota, hoy cualquiera puede grabar su disco y sus temas, teniendo algún programa más o menos, y aunque no lo tenga también, pero en aquella época no era así. Hoy cualquiera puede grabar, editar, o sea, es muchísimo más fácil. En esa época tenías que hacer muchas cosas para que un sello discográfico te diera la posibilidad de escucharte y de considerarte. Hubo muchos que fueron sumamente afortunados y otros eran excelentes músicos y nunca grabaron un disco en su vida. Así es la vida en todos los órdenes, ¿no? A algunos les toca y a otros no, nosotras tuvimos la posibilidad de que se nos presentara esta oportunidad y de estar a la altura de las circunstancias. 

Tal cual, fue así. Pero la lucharon desde el comienzo… 

Es que también tuvimos la suerte que el productor artístico hábilmente cambiara sobre la marcha el proyecto inicial. Entendiendo que lo nuestro también podía llegar a ser interesante. De esta manera  negociamos que íbamos a grabar un tema que él propusiera en el elepé y el resto serían todos temas de nuestra composición y autoría. Y lo logramos así porque probablemente era para garantizarse estratégicamente un hit por disco, probablemente sería por eso. Pero nosotras le demostramos que podía haber más de un hit por disco. Eso, afortunadamente, fue lo que ocurrió. 

En esa época el rock era muy machista y misógino, ¿no? 

Sin lugar a dudas. Era muy machista el ambiente del rock y la prensa ni te digo. Incluso, hay diccionarios del rock nacional en donde nosotras no estamos, por ejemplo. No te digo que adhieras al estilo musical de Las Viudas, pero no podés negar que vendíamos más discos que el Topo Gigio, que Soda Stereo, con todo el respeto lo digo; vendíamos más discos que varios artistas importantes de acá. Así que logramos imponer nuestra propuesta, la aceptaron. No solamente nuestra propuesta musical, sino también nuestra propuesta estética. Por otro lado, el productor nos pidió algunas cosas a las cuales adherimos, por ejemplo, que, aparte de la voz líder de Mavi Díaz, en cada disco, cada una de nosotras cantara un tema solista. 

¿Qué te acordás de la grabación del primer disco homónimo en los Estudios Panda en el 84? 

Menos para Mavi, creo que fue la primera experiencia en un estudio para el resto de nosotras. Pero todas éramos muy jugadas. En mi caso, no había estado en un estudio de esas características pero sí había grabado, sí había tenido un micrófono, así que podía lidiar con eso tranquilamente. Tenía práctica, no es que me agarró pánico, no para nada; nos explicaron, marcamos cuatro y dale que va. 

Sí, vos habías tocado para la iglesia, ¿no? 

Claro. No te puedo explicar, yo tocaba, no te digo todos los domingos, pero con mucha frecuencia, para 1500, 2000 personas. También cantaba en coros o tocaba el órgano o el armonio para que cante la congregación. O sea, las comunidades protestantes cantan a cuatro voces y muy bien casi todas. O sea, que estaba acostumbrada a acompañar a un gran coro de 300 o 400 personas. Estaba fogueada musicalmente, y hacíamos grabaciones en ambientes no profesionales. 

¿Cómo grabaron ese primer disco? 

De madrugada, probablemente por disponibilidad del estudio. Teníamos muy poco tiempo disponible. No recuerdo cuantas horas y días duró la grabación, pero cuando lo logramos, estábamos sumamente emocionadas. No sé si entendíamos mucho la importancia de todo eso que estaba ocurriendo. Teníamos dudas al respecto, en especial Claudia o María Gabriela -cuyos hermanos tocaban con músicos top-, de que nuestra música fuera muy sencilla o pasatista, pero luego nos dimos cuenta que no era nada de eso porque a nuestro material le dimos una vuelta muy importante a nivel de estructura y de calidad musical. Así que después se nos pasó y nos amigamos con el estilo. 

Se amigaron con el twist… 

Empezamos tocando twist, que era la movida que se venía imponiendo en ese momento, que en principio fue lo que nos propusieron, y después también empezamos a agregar otros temas más pop, y ya a medida que iban pasando los años y los discos, cada vez fue más pop nuestra propuesta. Éramos muy chicas, no obstante empezó toda una vorágine de notas de televisión, de shows. Así que no teníamos mucha dimensión del tiempo ni de la magnitud de todo el fenómeno. 

En el primer disco la pegaron con “Bikini a lunares amarillo justo justo” y “Estoy tocando fondo”, ¿no? 

Sí, fueron esos dos los que pegaron más y fueron más difundidos. “Bikini” fue, justamente, el tema impuesto por nuestro productor, que era una canción de los años 50 con letra en inglés, por supuesto. Nosotras hicimos una versión en español, la música es la original, pero la versión en español no es la fiel traducción de lo que decía el texto. O sea, la letra que hicimos nosotras dice cualquier cosa, es muy atrevida. Hoy la leés y pensás que es un chiste, pero en ese momento había un poco de pudor en las expresiones respecto a temas íntimos o de higiene personal. No se hablaba de que las mujeres se depilaban. Por supuesto, todas se rasuraban o se depilaban con cera, pero nadie lo andaba diciendo. Era una cosa para el ámbito de la intimidad y la privacidad absoluta. Entonces, nosotras contamos una historia de una chica que iba feliz a la playa y estando allí se daba cuenta que se había olvidado de depilar con cera y entonces le dio vergüenza y no sé qué. Nos divertíamos con ese tipo de cosas. Y a la gente le resultaba totalmente gracioso. 

Y también metían el dedo en la llaga con temas como “Carolina Amoniaco”… 

Claro, pero había chicos muy chiquitos que cantaban la canción y repetían las frases sin entender el significado. En “Carolina” el significado que se le daban a las frases no era lo que realmente significaban. También hay un tema que es tremendamente vanguardista: “¿Qué le digo a los chicos?”, que no tuvo mucha difusión, pero habla de una pareja en donde hay un tema de identificación de sexo femenino por parte del hombre. Para la mujer está todo bien que su hombre se auto perciba así, le dice: “Me pedís el rouge y te lo presto, usá mi sombra, mi rubor, mi brillo, úsame todo si quieres, mi amor, pero ¿qué le digo a los chicos?”. En ese momento estaba totalmente ocultas todas estas problemáticas, ocultas y postergadas, y no socialmente bien vistas. El hecho de tener una identidad sexual diferente a la del órgano que te acompaña en el cuerpo, era problemático… Así que hablamos de lo transgénero y de otras temáticas muy atrevidas para la época. 

¿Y eso de dónde salía la letra de ese tema? ¿Cómo se les ocurrió? 

Porque nosotras teníamos muchos amigos transformistas, gays, y amigas lesbianas, estábamos acostumbradas a la cuestión. Teníamos también dentro de nuestro entorno familiar cercano a personas que eran homosexuales, así que estamos absolutamente acostumbradas. Incluso yo tenía un vecino en mi edificio que era transformista. Así que estaba todo bien. 

¿Cómo componían? 

Las letras no era que las hacíamos las cuatro juntas. Hay varios temas que las letras son de las cuatro. Pero hay temas que son letra y música de una sola o la letra de dos y la música de una. O sea, hay distintas variables dentro de la composición de nuestros temas. Si algo nos llamaba la atención, algo que le pasó a alguien cercano o alguna de nosotras, eso era el disparador e inspirador para escribir una canción. 

¿Considerás que Ciudad Catrúnica es el mejor disco de la banda? 

En realidad, Ciudad Catrúnica fue el disco del momento de la cresta de la ola de Viudas. Entonces, son varias las cosas que podemos decir que influyeron para que fuera un disco tremendo. Luego ocurrió una serie de factores exógenos, que sin lugar a dudas repercutieron en la banda, y empezaron a traer otros factores endógenos, o sea, vivíamos en un momento de la economía del país tremenda, muchas bandas empezaron a emigrar, nosotras nos desvinculamos de nuestro productor discográfico, artístico y todo, entonces no teníamos nadie que nos represente en el exterior, hubiera sido muy bueno que hiciéramos una recorrida por Latinoamérica porque se estaba recién iniciando una movida muy fuerte del rock en español. Así que en muchos países eso era muy bien visto y recibido, por eso las bandas argentinas que tuvieron esta posibilidad explotaron. 

Y ustedes no pudieron llegar al exterior… 

Y ese fue el punto por el que no pudimos continuar. A mí me gustó mucho el tercer disco, Vale 4, que tiene varios temas que me encantan. Uno es “Los amo a todos”, ese le gustaba mucho a Luis Alberto Spinetta, lo cantaba Claudia Sinesi. En ese mismo disco hay un tema que se llama “El block”, que es muy lindo, con un pop muy bueno con contrapuntos, arreglos y demás. Ese es un tema cuya letra aun hoy te identifica. 

Ni que hablar de “La familia argentina”. 

Sí, lo que pasa es que la gran mayoría de nuestros temas aparentan ser alegres, divertidos, pero contienen una segunda lectura, hay una lectura entre líneas con un significado que en muchas oportunidades grafican situaciones y realidades sociales, como es el caso de “La familia argentina”, del grupo social primario que es la familia, ¿no? En donde la mujer cuenta, bueno, estamos comiendo y los chicos no me dan bola o los chicos se fueron a dormir y en el momento en que quiero empezar a hablar con mi marido, el me dice, "¿Me das el diario o prendé la tele?” También dice que no tiene ganas de cocinar y está cansada o no hay más crema, me quiero poner crema en la cara y no, lo cual significa no hay más crema, no hay guita. Pero la letra da entender que, a pesar de todo, seguimos con la careteada de que está todo bien en la familia argentina. Es un tema muy divertido ese. Divertido y no tanto, ¿no? Dependiendo de cómo lo leas y lo cantes. 

El tema “Necesito mimitos” es tuyo, ¿cómo lo hiciste? 

En un colectivo. Yo soy profesional de las comunicaciones institucionales, soy licenciada en relaciones públicas con varios posgrados, y en ese momento estaba haciendo un trabajo para una clínica en Florencio Varela, cualquier cosa. Estaba haciendo toda la colaboración para el lanzamiento de un sistema prepago, muy novedoso en ese momento, y volvía en un micro de media distancia. Ahí armé la letra para ese tema. Así que tenía varias estrofas que después cambié. Cada una de las estrofas hacía alusión a algún novio que había tenido o que tenía y después la cambié a un texto un poco más genérico, para que entre a otro molde.   

Otro de mis temas preferidos, que también hacía alusión a uno de los fenómenos de la época, era “La silicona no perdona”… 

Recién empezaban a hacerse los primeros implantes en la Argentina, que eran de otros materiales, y las primeras cápsulas de silicona tenían algunos defectos importantes, ¿no? Por eso jugamos con que la Lola había tenido la necesidad de implantarse. “Un colmillo muy filoso”, dice, que eso no ocurría, pero bueno, fue un chiste, ¿no? 

Medio tanguero les salió. 

Sí, ahí toco simulando un bandoneón. Yo estaba acostumbrada a tocar todos los ritmos, y simular instrumentos con el teclado, por mis demostraciones en Promúsica. No tenía pánico escénico para nada, estaba acostumbrada a tocar de todo en público. Otro de los temas con doble lectura que me gusta mucho es “Tras la medianera”. Ese es un tema muy divertido. “Tras la medianera” se llama así porque en esa época no te dejaban ponerle de título una canción un nombre que ya estuviese registrado, dos canciones no se podían llamar de la misma manera. Nosotras queríamos ponerle “Media a media”, al final de cuentas tenías que poner tres opciones de título. Bueno, se aceptó “Tras la medianera”. Pero jugábamos con la expresión “media”. Todo “media”: “a media luz, tras la medianera, la vecinita se medía la pollera”. “Medio apurada con las tijeras porque quería que quedara a media pierna”. Nosotras componiendo nos moríamos de risa de las cosas que se nos ocurrían. 

Se ve que había un brainstorming importante ahí… 

Totalmente, sí, olvidate. Y el punto es que lo que entendimos siempre que primero nos teníamos que divertir nosotras para que eso pudiera transmitirse y llegar al público, ¿no? 

Lo que me llamó la atención de la historia de Las Viudas, y que no está muy dicho, fue la estafa que sufrieron ustedes acerca de las ganancias que generaron y que no llegaron a sus manos… 

Mirá, nadie habló de esto, y a esta altura del partido, a mí en particular, me importan tres pepinos, lo que piensen o lo que digan o lo que fueran. Y aparte todos los que nos estafaron, casi todos, salvo uno, están muertos, así que me importa tres pepinos. Eran otros tiempos, así como ahora se está visibilizando mucho el trabajo en negro, se está  realmente midiendo y sintiendo el impacto que tiene eso en las personas y la sociedad, en ese momento ni te digo, o sea, el trabajo negro, las contrataciones, bla bla bla, las facturas, los papeles, no había nada. La compañía discográfica no declaraba la real venta de los discos, entonces por lo tanto no pagaba en Sadaic los impuestos que correspondían por la venta y por la cantidad de discos vendidos. Eso por un lado. Y por otro lado, al no tener en claro la cantidad de discos vendidos, las regalías para el artista, que es una comisión que el artista recibe por la por la venta de los discos, acordada por contrato; por más contrato que tengas, si la discográfica no declara la real cantidad de discos vendidos, entonces la estafa viene al momento que en Sadaic no cobrás lo que tenés que cobrar, porque no entra el porcentaje que Sadaic recauda por el número vendido. Y por otro lado no cobrás en forma directa por parte de la compañía las regalías que corresponden al número de discos vendidos. Hoy es distinto porque ahora los temas se venden sueltos en las plataformas digitales, se puede comprar el disco completo o comprar un tema en particular, ¿no? Pero en ese momento, como era físico, te comprabas el disco, después el casete y después el CD completo. Así que no solamente no nos dábamos cuenta, sino que sí, después nos empezamos a dar cuenta, pero en ese momento no estaba bien visto que un artista tuviera un litigio con una compañía discográfica, porque después ninguna otra te contrataba. Había una especie de solidaridad entre las diferentes compañías discográficas. Entonces medio como que tenías que dejar pasar la estafa que te hacían… Igualmente, algunos no lo dejaron pasar, ¿eh?, acordate que Charly le grafitió toda la oficina a uno que no se estaba portando muy bien. Era este mismo justamente. 

¿Por qué después del 86, cuando tocan el súmmum de la popularidad, aparecen en la revista Gente, en todos lados, personajes del año, etc., el grupo dura dos años más y se separan? ¿Qué pasó? 

Fue justamente lo que te comentaba antes, el país entró en una situación económica de suma gravedad, híper inflación en donde ninguna empresa, ningún teatro ni boliche ni nada querían contratarte porque no había forma de ponerle precio a un show y tampoco el empresario tenía forma de asegurar que iba a vender una entrada. Entonces era tal la incertidumbre que no te contrataban y los músicos viven del vivo, a parte de los de los discos vendidos y de todo lo demás. Fundamentalmente vivimos de las presentaciones en vivo. Es ahí cuando muchos grupos empezaron a irse a otros países, a hacer giras por otros países, a trabajar lo que no se podía trabajar acá. No había laburo. No te contrataba nadie. Entonces, como no había trabajo, nosotras que éramos cuatro mujeres, cuatro caciques socias al 25% en opinión, en decisión y en cobro; cuando empezó a bajar la intensidad y la cantidad de shows y todo, empezamos a tener diferentes opiniones y rispideces porque en realidad la estábamos pasando muy mal. Así que nos separamos civilizadamente. 

Hubo cambios ahí… 

Sí, Mavi se fue a vivir a España. Nosotras intentamos rearmar la banda con un casting importantísimo que hicimos de vocalistas. Pero, finalmente, decidimos que no. Se armó otra banda en la que al principio iba a participar y después decidí que no y María Gabriela y Claudia Sinesi conformaron Maleta de loca, en donde grabaron un disco. Y yo me abrí, me fui para otro rubro, del cual tenía muchas ganas de activar, que era la organización de eventos, principalmente de comidas. Así me asocié con el chef ejecutivo del Alvear Palace Hotel. Me fue muy pero muy bien y ahí arranqué en otra actividad que me apasiona y de la que también conozco muchísimo el campo. Así he trabajado mucho, me he especializado y actualmente me contratan y me tienen como referente en medios de comunicación como especialista en ceremonial y protocolo. Esto viene ya que mi formación y profesión en este ámbito siempre estuvo en paralelo con la música en mi vida. Fue mi rol también dentro de la banda ya que yo era la que hablaba, la que negociaba, presentaba, la que hablaba con los abogados, la que hablaba de plata, la que discutía, o sea, iba yo siempre. 

Y en todos estos años, ¿cuál fue el papel de la música en tu vida? ¿Seguiste tocando, seguiste componiendo o ya no? 

Mi participación pasa por las notas a las que me invitan amablemente a hablar de mi vida y que me honran mucho, además de tocar ocasionalmente de invitada en alguna banda, pero no de manera profesional. Tengo un piano en casa, un piano acústico, me compré el piano de María Gabriela Epumer, que le había regalado un novio, y que tiene marcas de quemadura de cigarrillo de Charly García, que por supuesto jamás haré reparar ni lustrar, como te imaginarás. Porque así será. Ese piano está bendecido. Así quedará. De vez en cuando me siento a tocar cuando quiero. Me resulta mucho más fácil sentarme al piano y tocar un tema que quiero recrear en mi mente y que tengo ganas de volver a escuchar que buscarlo en una plataforma digital. Es más rápido abrir la tapa del piano y tocarlo. 

Con Las Viudas volvieron en el 2014, ¿hay una posibilidad de que vuelvan a hacer algo juntas o ya la ves como una posibilidad un poco lejana? 

En el año del caballo fue lo de Perlas y diamantes, que es un trabajo que lo estamos volviendo a publicar en redes justamente en este que también es el año del caballo. Mirá, 12 años, me acordaba ayer con el tema del horóscopo chino. Con total sinceridad, cada una de nosotras tiene su carrera y su actividad muy comprometida en forma individual. Nunca digas nunca, si hay una propuesta la tendríamos en cuenta, pero tendría que ser una propuesta muy pero muy importante e interesante, como ocurrió en el 2014, que firmamos contrato con Sony Music, en donde nos dijeron: "Chicas, dedíquese a esto." Voy a ser totalmente sincera, nos pusieron toda la plata que pedimos, esta es la verdad. Claro que muy bien, adelanto de contrato con esa plata y lo que nos permitió a todas, decir: "Muy bien, por seis o siete meses me dedico de lleno a esto." Tal cual. Así nomás. Muy holgada y cómodamente. Entonces, bueno, si eso ocurriera yo lo pensaría y creo que lo consideraríamos todas nosotras. En 2014 ocurrió eso y pasó lo que tenía que pasar. Hicimos los shows que se organizaron y ahí quedó. 

Creo que Las Viudas fueron la única banda en la historia del rock argentino que tuvo un público tan amplio, desde grandes hasta chicos, y muchos de esos chicos y chicas después habrán empezado alguna carrera musical. ¿Cómo sentís ese legado que deja el grupo a través de los años? 

Me genera orgullo. Son cosas de las cuales nos enteramos en redes o de gente que te encontrás en la calle o en un evento o en lo que fuera y te dicen cosas tan lindas, gente que se dedicó a la música por nosotras o que cambió su propio rumbo sexual escuchando nuestras canciones. Eso nos hace sentir mucha felicidad, ese reconocimiento. No era que no existían mujeres que tocaran instrumentos que no fueran convencionales o clásicos y acústicos. Sí existían, lo que pasa que eran muy pocas en esa época. Había muchas mujeres que tocaban guitarra, no guitarra eléctrica, y bajo olvidate. Piano, obviamente que habían infinidad de mujeres que tocaban piano, pero no sintetizador. Tampoco había mujeres bateristas, era un instrumento asociado a lo masculino. Entonces, nuestra popularidad, nuestra puesta en escena, y el estar tan presentes en los medios de comunicación, gráficos, televisivos y radiales, fue muy inspirador para muchas chicas que empezaron a tocar y a capacitarse en estos instrumentos que eran asociados a la figura masculina. Entendemos que hemos sido referentes. Eso está buenísimo. 

Claro, sí. Y otra cosa que impusieron ustedes fueron los vestuarios desfachatados, algo que realmente llamó la atención dentro de la pacatería que era el vestuario del rockero argentino. 

Sí. Empezamos a mostrar que lo visual era importante y fuimos referentes en el rock nacional porque a partir de nuestras presentaciones todas las bandas empezaron a darle un poquitito más de importancia a la pollerita, el vestidito, cambiar de color el peinado, el maquillaje, incluso bandas masculinas, ¿no? Fuimos bastante criticadas por eso, porque si te maquillabas y te batías el pelo, entonces no podías ser buen músico. Incluso me he enterado que en muchas cátedras de diseño de moda, de diseño de indumentaria y de estas carreras que hoy en día profesionalizan estas actividades, somos mencionadas como referentes de estética escénica. Tal cual, tal cual. Hay varios profesores que nos usan como ejemplo y se ve en clase, nos estudian. Ese es otro reconocimiento que nos honra y al que estaremos siempre muy agradecidas. 

Emiliano Acevedo