Mario Siperman
es tecladista, productor y también arquitecto, miembro fundacional de Los
Fabulosos Cadillacs, con un paso previo por los adelantados del tecno-pop
argentino Los Encargados. En la actualidad, emprende también
una tarea titánica que es la regrabación en castellano de las canciones de Leonard Cohen. El proyecto, que empezó
hace diez años, se llama El Poeta,
y es una carpeta aún en desarrollo donde ya se sumaron a cantar Cucuza Castiello, Nito
Mestre, Emilio Del Guercio, Silvina Garré, Leo García, Teresa
Parodi, Víctor Heredia, Ariel
Minimal y Daniela Herrero, entre otros. En esta charla con
Mario, hablamos de este proyecto y de sus comienzos en la música.
ENTREVISTA>
¿Cuáles son tus proyectos musicales en la actualidad?
Mi
actualidad se centra en el proyecto de El Poeta, canciones de Leonard Cohen en
español. Por supuesto, sigo con Los Cadillacs. En el proyecto de El Poeta estoy
a full preparando el cuarto disco, que ya lo tengo casi terminado.
¿Qué
va a incluir este cuarto disco?
Algo
groso es que finalmente va a estar “Aleluya”, que es el tema más emblemático de
Leonard Cohen. Lo va a cantar Beto
Cuevas, el cantante del grupo chileno La
Ley. También va a estar “So Long Marianne”, cantado por Víctor Heredia. ¿Quién más está? Eh,
están Mariana Michi y Débora Dixon, y también va a haber un
tema cantado por Gustavo Roca, que
es mi compañero en este proyecto. De a poco, vamos a empezar también a meter
temas cantados por alguno de nosotros. Algo fuera de lo común es que “I´m Your
Man”, otro tema emblemático de Cohen, va estar interpretado por el periodista Gustavo Lutteral, que canta
increíblemente bien.
¿Cómo
hacen las adaptaciones al castellano de las canciones de Cohen?
Claro,
la gracia del proyecto es justamente es esa: que la obra de Leonard Cohen
merece ser disfrutada la música y entendida la letra. También por eso se llama
“El Poeta”, para darle mucho hincapié a lo que significa la parte escrita de su
obra. Y en general las adaptaciones las hacemos entre Gustavo y yo. Cuando lo
hacemos nosotros, cuando elegimos el cantante que pensamos que es la persona
ideal para esa canción, tenemos después un mini feedback entre los tres porque en
general vienen a cantar esos temas gente con mucha experiencia y quizás encuentran
alguna palabra que les resuena mejor, que les gusta más. Por ejemplo, en el
caso de Cucuza Castiello -que cantó “Chelsea Hotel”- le metió unas palabras un
poquito más en sintonía con el lenguaje arrabalero del tango y fueron ideas de
él. Y después hay otros temas con algunas personas, como por ejemplo Richard Coleman que grabó “The Future”,
que nos pidió hacer él mismo la letra en español. También pasó con Andrea Echeverri, de Aterciopelados, con el único tema del que
tenemos dos versiones hasta ahora: “Coming Back to You”, porque en el primer
disco la cantaba Antonio Birabent. La
versión de Antonio es muy lineal a la letra original, mientras que, por el
contrario, Andrea hizo una versión muy libre de la letra, tomando algunas
frases y la idea del significado de la canción. Entonces, está bueno que pase
eso, que haya distintas situaciones. Porque así como buscamos cantantes
distintos para darle un distinto sabor a cada canción, está bueno estar abierto
a que haya cambios en la letra, siempre respetando la idea original de la
canción.
Las
interpretaciones en castellano tienen vida propia, ¿no?
Como
todo proyecto que lleva muchos años también evolucionamos nosotros. Entonces
ahora escucho algunas palabras que usé para la traducción de alguna canción y
digo, "Esta otra palabra hubiera estado mejor o hubiera respetado más el
sentido de la canción, sí, esta frase la hubiera cambiado, etc." Pero eso,
bueno, te pasa siempre, con cualquier música u obra que hagas. Después, cuando la
ves con perspectiva, le encontrás las cosas que le podrías haber hecho mejor. Lo
bueno es que el proyecto sigue en pie y seguimos haciéndolo, por lo tanto hay
perspectiva para ver las cosas a lo lejos.
¿Y
tu pasión por Leonard Cohen de dónde viene?
Mi
pasión por Leonard Cohen viene de un lado extraño. Primero, hay algo bueno en
este proyecto: es que yo no soy un fan enfermo de Leonard Cohen, como si lo soy
de The Who o de los Beatles, en donde me sé hasta el color
de los calzoncillos de John Lennon. Con
Leonard Cohen me pasa que es un artista que me gusta mucho, pero no tengo un
fanatismo enfermo. Es más, tengo algunos discos, pero no tengo muchos discos de
él. Sí, terminé escuchando casi toda su obra, cuando me metí de lleno en el
proyecto. Pero tampoco todo, cada tanto me aparecen temas que no conocía, los escucho
y me parecen buenos. O sea, tiene de bueno eso, que es un artista en la que su
obra obviamente está completa pues falleció, pero sigo descubriendo cosas que
para mí son inéditas o desconocidas. Y eso me gusta porque hace que de acá al
futuro no esté todo linealmente estipulado y organizado, ¿entendés? O sea, si
yo hiciera hoy en día versiones en español de una banda como The Who, ya sabría
qué temas irían y en qué orden, en cada uno de los discos de las versiones. En
este caso eso no pasa. Está mucho más abierto. ¿Y de dónde viene? Viene de algo
bastante deforme. En el año 1977 mi papá me regaló un libro que era la
enciclopedia del rock de la [revista] New
Musical Express. Y en la tapa creo que estaba Marc Bolan, un tipo muy glam rock. Ya estaba empezando el punk pero
el libro es anterior, debe ser del 76, no me acuerdo bien. Porque todavía no
figuraban las bandas de punk rock. Hay muchos artistas del glam rock como Bowie y demás. Entonces, mirando todas
las fotos en el orden alfabético, en un momento me topo con la letra C y aparecía
un artista con pelo cortito, vestido con saco y corbata. Era el auténtico bicho
raro de mi enciclopedia del rock. Y eso me llevó a curiosear, a ver quién era, que
hacía ese tipo raro dentro del rock.
Aparte
Cohen era bastante mayor en edad que el resto de la generación de jóvenes
rockeros de la época…
Claro.
Sí, porque él en realidad en sus primeros años se dedicó a escribir literatura,
a escribir libros, poesía, novelas. Y él cae en Nueva York con su primera
canción que es “Suzanne” y creo que ya era un tipo como de 30 años. Para estar
en Nueva York en 1966, era un viejo. Era un tipo más grande.
Volviendo
a esas épocas primigenias, contanos un poco cómo te iniciaste en la música,
¿por qué elegiste el piano? Porque en tu época había mucha pasión por las
guitarras, ¿no? Era más usual una guitarra que un piano.
En
realidad me inicié en la música porque tuve la suerte de nacer en 1963. O sea,
que tenía 6 o 7 años cuando se separaron los Beatles. Era un momento increíble
de la música. Era como la novedad, no solo de la música, o sea, yo digo siempre
que antes de los Beatles el mundo era en blanco y negro, y a partir de los
Beatles el mundo se iluminó y fue de colores. Incluso la manera de vestirse de
la gente. Como se vestía mi papá, con traje gris para ir a la oficina, a
después pasar a ponerse una chomba con flores. O sea, yo estaba en el colegio
primario y quería tener una banda de rock y justo conocí a un pibito que también
tenía las hermanas un poco más grandes y que seguían a Pescado Rabioso, Invisible
e íbamos a la casa para escuchar esos discos y nos volvíamos locos. Entonces,
cuando estábamos en cuarto, quinto grado del colegio, ya habíamos armado un dúo
que se llamaba Imagen. Un dúo en una
onda Sui Generis, o algo así. Este amiguito
mío tocaba la guitarra, entonces yo tenía que tocar el piano. Así fue, así
empezó y siguió todo.
¿Fuiste
a clases de piano?
Sí,
con una profesora de piano, doña Rosita, que vivía a tres, cuatro cuadras de mi
casa, y era la mamá del dentista del barrio. En esa época vivía en Barrio Norte.
Estudié más clásico que otra cosa. Ahí un poco por la influencia académica de
mis viejos que eran universitarios, que tenían estudios más serios, y te decían
que si querías estudiar piano tenías que estudiar clásico. Lo cual, en
realidad, es un error; hubiera sido mucho mejor que yo hubiera estudiado de
chiquito música popular, más tipo jazz, porque eso me hubiera servido mucho
más. Pero no se consideraba hacer eso. Ahí todavía existía el prejuicio hacia
el rockero.
El
secundario lo hiciste en el Colegio Nacional Buenos Aires, ¿no?
Sí.
Lamentablemente fui al Buenos Aires durante la peor época de la dictadura,
cursé entre 1977 y el 82. Así que era horrible.
Para
salir un poco de esa opresión te fuiste metiendo cada vez más en la música,
¿no? ¿Cómo fue eso?
Claro,
lo rescatable del colegio era que había cuatro o cinco pibes con los cuales
escuchamos muy buena música, estábamos copados en la etapa del jazz rock,
música progresiva, Piazzolla y toda
una cosa media intelectual, pero también escuchábamos a Pappo´s Blues. Yo fui a ver mucho a Pappo´s Blues cuando era chico en
el Teatro Estrellas, que era un teatro chiquitito. También fui a ver muchas
veces a Piazzolla con su Quinteto, vi a La
Máquina de Hacer Pájaros y a Crucis,
que claramente era mi banda favorita de ese momento. Vi muchos recitales. Vi a Joe Cocker en el año 77, la primera vez
que vino, y fue increíble; ahí fui con mi hermana. También vi a Ravi Shankar, Paco de Lucía, Chick Corea
y Weather Report con Jaco Pastorius. Muchos shows a los que
iba con mis compañeros de colegio. Me acuerdo que en esa época había una
bandita de chetos que se copaban con la música disco, por Fiebre de Sábado Por La Noche, y nosotros los detestábamos, y hoy
en día amamos esa música, inclusive ahora soy fanático de los Bee Gees. Mientras tanto, nosotros entonces
éramos rockeros que escuchábamos Gentle
Giant, Premiata Forneria Marconi, Jarrett…
¿Y
a Los Encargados cómo llegás?
Eso
fue por Hugo Foigelman, un compañerito
del Buenos Aires, un pibe que toca increíblemente el piano. Él era de Caballito
y conocía a Daniel Melero, que era de
Flores. Hugo tocaba en lo que en lo que fue el grupo previo a Los Encargados, que
se llamaba Graffiti. A Hugo
Foigelman lo sortean para la colimba y cuando se va me recomienda a mí como
reemplazo suyo en Los Encargados. Y ahí empecé a escuchar un poco de música
electrónica porque en lo de Melero había muy buenos discos. Cerca de su casa,
en Acoyte y Rivadavia, había una disquería que llamaba Tower Records; por
supuesto no tenía nada que ver con la cadena norteamericana, salvo que le
habían copiado el nombre y el logo. Ellos tenían unos discos muy buenos, y así
en lo de Melero no solo había discos de Kraftwerk,
Ultravox, esas cosas, sino también había álbumes de los Talking Heads, Sex Pistols, The Clash, Visage,
Bowie, y ahí ya empieza a surgir este parentesco con lo que después fueron
los Cadillacs, por más que la
primera época del grupo no es ni The
Specials ni Madness ni ska, ni
eso, pero sí había mucho punk rock.
Creo
que al primer rock argentino de los 80 The Clash lo influenció bastante.
Claro,
pero Melero entendía el sentido de poder hacer música sin ser un virtuoso. Él
decía como tocar sin saber tocar. Eso es un poquito el criterio del comienzo de
los Cadillacs también, que era un criterio completamente vanguardista para el
rock nacional de esa época. O sea, era casi como un manifiesto intelectual que insultaba
a las generaciones anteriores del rock nacional. Pero una actitud necesaria,
porque eso es el rock. El rock es desobedecer las leyes prescriptas de lo que había
que hacer en la generación anterior. Qué es también lo que pasa ahora…
¿Eso
sigue pasando en la actualidad?
Mirá,
ahora hay pibes que tocan increíble. Hay unos instrumentistas como no hubo
nunca en la historia de la música. ¿Por qué? Porque van al colegio y en el
colegio en la clase de música estudian a Spinetta.
Pero ¿qué pasa? No tienen esa bronca interna que teníamos nosotros hace más de
cuarenta años. O sea, hoy en día, nosotros, los papás, queremos que nuestros
hijos sean músicos o futbolistas, no queremos más que sean abogados, médicos, ingenieros
o ingenieros de caminos. Entonces, les compramos las mejores Gibson Les Paul,
los mejores teclados Nord, para que nuestros hijos hagan música. Entonces
nuestros hijos tocan todo muy bien, pero ¿dónde está la bronca y el fuego? Es todo
más difícil por eso. Pensá que todos los músicos que nosotros amamos: los Beatles, los Rolling Stones, Pink Floyd
o The Who, eran todos pibitos que de
bebés estuvieron en un refugio escuchando como les caían bombas encima. La
mayoría se criaron en la calle sin padres, sin nada, con tías que le decían:
"Vos con la guitarrita te vas a morir de hambre." Con todo eso. O
sea, es durísimo, pero es una escuela que los pibes de ahora no tienen.
¿Lo
de Los Cadillacs empieza cuando te vas de Los Encargados?
Yo
básicamente me voy de Los Encargados porque me fui a tocar con Los Cadillacs
que eran mis compañeros de diversión del fin de semana. Eran todos pibes de mi
edad, mientras que Melero debe tener 6 años más que yo, me parece. Imaginate
que cuando él tenía 24 o 25, yo tenía 18. O sea, no era mí. Estábamos juntos, éramos
amigos, pero no era un amigo que iba a llamarme para hacer algo el fin de
semana, ¿entendés? Entonces, en ese momento, yo opté por hacer música con los
pibes con los que salía el fin de semana a pelotudear. Eso es como es y lo que me
llevó a la decisión de dejar de tocar con Melero. Dejé de tocar con Los
Encargados, que era una banda que no terminaba de trascender, pero que tenía un
nombre, ya había armado sus cosas, para empezar a tocar con pibes con los que
no habíamos hecho nada. Pero opté por eso, porque opté por la amistad, y
sentirme más cómodo que con vidas mucho más grandes que yo.
Y
empiezan un poco con el rockabilly para después apuntar más por el ska y demás,
¿eso era un poco por los discos que escuchaban?
Sí,
sí. Claro, por eso se llamaba Cadillacs 57
también. El rockabilly y demás, creo que nos llegaron primero por los discos de
los Stray Cats antes de empezar a
escuchar Madness. Y los discos de
Stray Cats estaban buenísimos. Eran espectaculares. Entonces, nos metimos un
poquito más por ese lado y después sí, descubrimos Madness, The Specials y eso, y no solo nos
encantaban sino que también era algo que podíamos tocar. Porque si nos llegaba
a encantar “La Novena” de Beethoven,
no hubiésemos podido tocar eso. Así que, por suerte, encontramos algo que nos
gustaba y que era fácil.
Sí,
bueno, pero después aprendieron mucho, ahora son una institución musical…
Bueno,
claro, un poquito te lo estoy exagerando para hacerlo más divertido, pero,
claro, vos escuchás Madness y los arreglos son muy sofisticados. No es joda. O
sea, hay arreglos muy buenos, complicados y difíciles de tocar.
¿Pegaron
de entrada con Los Cadillacs?
Sí,
la verdad que fue todo muy rápido. Hicimos cuatro o cinco shows y eso también era
lo lindo de esa época. O sea, por más que era complicado, tocamos en un barcito
llamado Blues, en Marcelo T. de Alvear y Talcahuano y estaban en ese momento
los directores artísticos de las compañías discográficas, que eran cinco, seis:
EMI, CBS, RCA, Interdisc y no mucho más. Había cazadores de talentos yendo a
ver a las nuevas bandas. Y nos vieron tocar ahí, así a la semana habíamos
firmado contrato con Interdisc, con Pelo
Aprile. Así fue y entramos a grabar rápido el primer disco, obviamente
estábamos muy verdes musicalmente… En fin, hay muchas cosas de preproducción en
el primer disco que son un desastre. Pero ese desastre también tiene su onda.
Porque también pasó que, para el que buscaba algo distinto para escuchar, lo
nuestro era una novedad, era algo fresco, divertido. Capaz que también generamos
empatía por ese lado. Así que con el primer disco, por más que tiene muchos
defectos, nos fue muy bien. Y eso fue el comienzo de esta historia en la que estamos
hasta hoy, cuarenta años después…
Dialogar
con Guillermo Piccolini
puede ser fascinante. Nos encontramos en un bar de Congreso y charlamos un par
de horas sobre algo que nos apasiona: la música. En su caso, el arte de hacer
canciones, la contemplación poética y la inspiración en todas sus formas. Como
cantautor, Picco ha recorrido largos caminos hasta aquí, desarrollando una obra
extensa y suculenta plasmada en varios proyectos, tanto en forma grupal como
solista. Ojalá les guste el texto que viene a continuación que es una pequeña
muestra de todo eso.
ENTREVISTA> ¿Qué estás haciendo ahora?
Ahora
estoy terminando un álbum nuevo. Hay temas que van saliendo, que corresponden a
la parte que ya está hecha. Porque no tenía sentido esperar a que estuviera
todo listo y sacar un disco entero en los tiempos que corren. Ya no funciona
así.
¿Ya
no funciona sacar un disco entero? ¿Hay que sacar singles?
Son
todos singles, pero siempre fueron todos singles en el pop, en la música
folclórica y en el tango. Efectivamente, cuando un artista compone a lo largo
de dos años, lo más normal es que las composiciones tengan una unidad, un hilo
conductor. Entonces agrupás esas canciones en un álbum. Yo estoy haciendo un
álbum que me parece que va a tener un sentido. Pero en medio del proceso pasan
cosas. Por ejemplo, conocí a Pablo Dacal,
nos llevamos bien, nos juntamos a ensayar y terminamos diciendo: "Che,
grabémoslo." Son cosas que pasan fuera de programa y están buenísimas.
Porque también me pongo a cantar una canción de Willy Crook con los Funky
Torinos. Willy la cantaba con guitarra, pero nosotros, ahora que él no
está, la hacemos con Patán [Vidal] en piano y voz, y termina siendo
una versión completamente distinta. Y me gusta, la voy a grabar, me gusta
trabajar sobre eso. Son proyectos anexos, no forman parte de un álbum. Pero al
mismo tiempo son canciones que canto yo, que hago yo, aunque algunas no sean mías.
Vamos a ver cómo queda el disco, la verdad es que me gustan las canciones, son más
abiertas.
Ah,
no es tan de raíz folclórica como Futuro
Imperfecto, tu primer solista…
No
es tan así, pero tiene mucho elementos folclóricos. Aquel disco estaba pensado que
iba a ser como el primero de Dylan. Pero
luego le pusimos algunos detalles y así se armó un poquito más. Este es un poco
más orquestado. Como que psicológicamente me di permiso de poder tocar un
sintetizador si se me antoja, algo que en el disco anterior tenía prohibido. Es
interesante trabajar con un concepto. No abrir muchos juegos.
¿Cuándo
y cómo te surgieron estas nuevas canciones?
Tengo
muchas ideas viejas muy buenas que nunca puedo terminar. Es como una maldición.
No terminan de cuajar en una canción. Y
otras que por ahí son más normales, tienen más fuerza.
¿En
tus canciones viene primero la melodía y después la letra o eso va mutando?
No
sé. Pasa de cualquier manera.
Porque
vos sos medio poeta también…
Es
muy raro que haga algo con la letra primero. Eso es más raro, a veces lo hago,
pero la canción a veces viene y ya cuenta de lo que quiere hablar. Ya viene con
un sentido, palabras incorporadas… salen solas.
Y
vos tenés la facilidad de combinar letras con situaciones cómicas…
Sí,
no sé, eso pasa un poco a mi pesar, es como un viejo gusto por el disparate. Por
ahí a mí hasta me parece normal pero no es tan normal. Mi gusto por el
disparate creo que está bien, el gusto por el sonido disparatado, por la
palabra disparatada…
¿Eso
viene de tu infancia?
No
sé, por ahí fue una cosa más artística de cuando era chico, que me gustaban los
surrealistas, lo dadá. Por ahí viene de ahí, porque ellos usaban mucho el
humor. Y después, cuando era adolescente, me gustaban mucho Los Twist, Virus, Los Redondos, aunque
ellos no usaban tanto el humor. Pero después aterricé en España y armamos Los Toreros Muertos. Pachuco Cadáver y Venus también tienen sus cosas humorísticas.
Siempre hay algo de eso. No sé cómo se ve de afuera, pero yo noto un hilo
conductor en mis canciones. No noto una gran diferencia con lo que hacemos en
Pachuco y lo que hago hoy. Si bien Pachuco es ambient rock…
Ese
material se siente bien anclado en una etapa determinada de la música: fines de
los 80, principios de los 90…
Es
como el post punk, qué sé yo. El principio de lo indie…
Lo
que hacés ahora es más atemporal.
Pero
yo siempre estuve del lado de la canción. Por más que me gustaba el disparate y
la música rara, música concreta o música de vanguardia, de escuela europea o la
new wave de Nueva York, los Residents…
Por ejemplo los Residents es un grupo que a mí me gusta muchísimo. Yo puedo
poner Eskimo, esos discos largos,
pero normalmente elijo Dog Stab! o Commercial Album, álbumes que tienen
canciones. Siempre prefiero la canción en definitiva. Yo busco meterme dentro de
la canción, pegarme a una tradición. Una música que se note que es de acá.
Es
como volver a tus raíces. Vos empezaste tocando folklore.
Sí,
de niño. Me acuerdo en el colegio en los actos del 9 de julio había que hacer
un número y la maestra nos ponía a mi amigo Daniel y a mí para que tocásemos la
guitarra.
¿Y
cuándo te atrapó el rock, el pop?
Es
que de repente aparecieron los Beatles y
eso fue una revelación. Porque la música beat también sonaba en la radio:
“Salta pequeña langosta”, “Yo en mi casa y ella en el bar” y otros temas. Escuchabas
en la radio ese estilo de música beat en castellano, como se llamaba en esa
época. Pero de repente se me aparecen los Beatles, con esa manera de gritar en
su primer disco, que a mí de niño se me presentó como una auténtica revelación.
Foto: Nora Lezano
¿Vos
pediste el disco o tus padres ya lo escuchaban?
Lo
escuché en lo de una tía. Mis viejos escuchaban otros discos. Mi papá escuchaba
bastante música, después dejó de escuchar. Pero sí, tenía un par de discos de María Elena Walsh que ponía mucho, Palito Ortega y demás. Que era poco.
Sino podías escuchar lo que pasaban en la radio y de rock no había casi ningún
programa, muy poco se pasaba. Yo era chico en esa época, no escuchaba la radio,
pero bueno, podías acceder a unos discos. Por eso a mí todavía me preguntan:
"¿Pero no escuchaste tal disco?" No sé, no, porque nadie de mi
entorno lo tenía. Capaz que ibas de visita a la casa de alguien para escuchar tal
disco que se había comprado. O venía alguno con dos o tres discos a la tuya, y eran
una revelación. Yo recuerdo cuando me vinieron de visita con discos de Nina Hagen y Magazine y me volaron la cabeza. Eso pasó cuando era más grande, a
los 17 años. No lo podía creer. O sino escuchar por primera vez a los B-52s. Los músicos que me gustan
siempre tuvieron un componente epifánico. Me pasa con Vinicio Capossela, por ejemplo, que es un músico italiano que gusta
mucho. Me pasó cuando descubrí al Cuchi
Leguizamón. Entonces esa escasez, que es un poco lo que hablaba antes de
limitar los medios para hacer algo, te hace pensar más y eso por ahí está bien.
Limitar los medios es interesante porque no es importante escuchar toda la
música de los artistas.
No.
Es imposible…
Sí,
y me parece reiterativo. A mí me encanta escuchar a los Beatles, pero si los
ponés vos, porque yo no lo voy a poner casi nunca. Yo los escucho desde que
tengo seis años, quiero escuchar cosas nuevas, cosas que no escuché del todo,
no sé, lo nuevo.
¿Y
qué escuchás ahora?
Escucho
poca música. Mucho folclore y tango en forma aleatoria. Cosas viejas. Me gusta
la chanson francesa. No tanto el francés, pero sí como construyen el tipo de
canción que hacen. Gainsbourg me
gusta muchísimo. El otro día fui al parque y me traje un disco por dos mangos
de Michel Sardou, que también tiene
uno o dos temas de Gainsbourg. Me
encanta ese disco, los arreglos, la elegancia, el cariño que hay puesto en eso.
Cada nota de cada instrumento. Son tipos que pensaban que notas iban a poner en
cada parte de la canción. Hay un cariño puesto ahí que yo hoy lo agradezco,
comparado con los métodos de producción musicales de la actualidad. Me gustan
muchas cosas que se producen con los métodos actuales, pero son métodos más
industriales. Son casi de fabricación.
Antes
todo era más artesanal, había menos canales, menos medios y había que elegir
bien los sonidos que ibas a meter en el disco.
Exacto.
Y es lo de antes, no hay tiempo para escucharlo todo. Entonces, lo que la vida
te pone delante y lo que supiste buscar, te define también. Imaginate a un
tarado que es fan de los Residents y de Hugo
Díaz. Cosas un poco disímiles. Para empezar ese tarado solo puede ser
argentino, ¿no? Muy raro que sea otra cosa con Hugo en la cuestión. Pero eso te
da una personalidad que es distinta.
¿Y
qué escuchás más en la actualidad, el mainstream o lo under?
Es
que hay tanta música para escuchar… Hay música de África. Pero no podés
escuchar todo, porque entonces no entendés nada o se transforma todo en una
melange. O sea, hay cosas que no elegís. Yo elijo folclore random porque, ya te digo, es random.
Por ahí pongo Argentinísima, Volumen 22
y que sea lo que Dios quiera. Por ahí sale el Soldado Chamamé cantando, no sé, cualquier cosa.
O
Zitarrosa…
Sí,
Zitarrosa y después sale un tema de Los
Bombos Tehuelches, sin anestesia. Es random.
Y entonces conectás con eso, entendés ese tipo de canciones, ese tipo de
historias. Historias que son distintas a las que escribían Lou Reed o Bowie, que
también me gustan, pero si tengo que elegir hoy, elijo una artista más
auténtico.
En
una nota dijiste que el rock un poco te cansó…
A
mí me gustaba la rebeldía del rock, esa manera de gritar en los discos. Pero
cuando toda la música es así, ¿dónde está esa rebeldía? Cuando la música
mainstream estaba hecha con instrumentos acústicos, salieron los rockeros e
hicieron una revolución violenta, adolescente, urgente; gritando, eso me
encantaba. Pero hace 60 años que estamos así, con el mismo ritmo. Cada vez con
menos variantes rítmicas porque todo se va acotando y perfeccionando pero se
toca de una sola manera, ya no es tan abierto. Ringo [Starr] no solo
era un poco disparatado a veces en sus propuestas rítmicas, sino que además
tocaba suelto, no tocaba preciso como se toca desde hace mucho tiempo, desde la
New Wave para acá. Para mí hasta el año 2000 llega la novedad en el rock. Con
dificultad. Y del 2000 ya pasaron 26 años. Se siguen haciendo grandes canciones
con ese formato, yo no digo que no, pero a mí ese sonido me tiene un poco
cansado. Y la pose, donde no se sabe si los músicos son un grupo de músicos o
un grupo de modelos, también me tiene un poco cansado. Tal vez es la envidia porque
yo estoy viejo y ellos son jóvenes. Pero la estética actual del rockstar no me
cabe, no tiene gracia.
¿Y
cuándo estabas con Roberto Pettinato en Pachuco Cadáver, cómo hacías para
congeniar eso? Porque él tiene una figura muy importante como personaje.
Era
difícil, pero bueno, en la época que hacíamos Pachuco, Pettinato era otra
persona. Estuve hace poco con Roberto cuando cumplió 70. Lo quiero un montón.
Pero como te digo, en aquel entonces él no era aún el personaje post TV. Pero bueno,
eso es lo que también hacía que el grupo no pudiera seguir funcionando, porque algunas
situaciones eran muy difíciles y raras. La combinación de imágenes, entre él y
yo. No lo pudimos resolver y se terminó.
Siempre
me pareció genial que en la tapa del disco hayan aparecido desnudos como
estrategia para que les den pelota.
Mirá,
nosotros estábamos haciendo ese proyecto siendo dos melómanos y frikis de la
música y nos parecía que estaba bueno. Así tocamos un par de veces en vivo y la
gente nos decía: "Che, está buenísimo." ¿Qué hacemos? Y mandémonos a
Inglaterra, Estados Unidos… Pero si mandábamos un casete iba a quedar ahí
tirado entremedio de 500 más que llegaban por día. Entonces, nos sacamos unas
fotos y en un momento dado nos sacamos unas desnudos, porque ya no sabíamos más
qué fotos sacar. Y la verdad es que las fotos desnudas tenían gracia porque, ya
que no contenían nada erótico, simplemente eran dos tipos desnudos, no había
nada más que eso. Y al mismo tiempo eso tenía mucho que ver con la música que
hacíamos: lo que podían tocar dos tipos desnudos. Obviamente, cuando venía Willy Crook era mejor, y con Gillespi también; pero los dos solitos
nos las arreglábamos bien. Así inventamos ese concepto del “taxi rock”.
¿Cómo
es eso?
Como
yo ya tenía varios instrumentos, y algunos medio grandes, no entraban en un
taxi. Entonces, la idea era que teníamos que entrar nosotros dos con todos los
instrumentos en un solo taxi, porque sino perdíamos plata. Ese es el concepto
del taxi rock, que es más o menos el mismo que manejo hoy. Tener un set minimalista
y hacer música con eso, con lo mínimo. La manera de hacerlo pasó a ser esa. Por
otra parte, a mí no me gusta tocar con pistas. Lo hice algunas veces, pero no
me gusta. Me puede gustar la sonoridad, pero darle play a la computadora y
tocar arriba no me va.
Lo
tuyo es más orgánico…
Por
ahí toco siempre igual las canciones, pero no quiero estar pendiente de seguir
a una máquina que mete cosas que no están ahí y que el público escucha. Me
parece que eso genera una distancia en donde lo que ganás en sonoridad lo
perdés en conexión, y me parece que uno sale perdiendo en ese intercambio.
El
azar ha estado bastante presente en tu trayectoria, ¿no? Porque es como que una
cosa te fue llevando a la otra, cosas que no planeaste y se fueron dando en los
diferentes grupos, proyectos en los que estuviste…
Un
poco es verdad que nunca planeo nada, porque generalmente los planes salen mal.
Y entonces, como siempre y en todo, me dejo guiar mucho por la intuición. Y es
como si hubiera tenido o tuviera un ángel de la guarda que me dice:
"Venga, por acá, amigo”. No sé, a mí me pasó así. No tengo una
explicación. Yo no creo cómo cree la gente en la meritocracia. Yo tengo una
carrera de 40 años. Alguna gracia habrá que tener para soportar una carrera
dura como es la de músico. No sé cuál es, pero me reconozco que algunas cosas
interesantes hice en estos años. Quizás no las suficientes, a mí me hubiera
gustado hacer más. Pero también había que trabajar, ganarse la vida…
¿Hiciste
otros trabajos aparte de la música?
No,
siempre laburé con la música, pero hice muchísimos discos para otra gente, hice
música para publicidades, toqué para otra gente. No todos los proyectos en los
que estuve fueron míos. Produje Dale Aborigen
de Todos Tus Muertos, y toqué un
tiempo con ellos. Toqué con Man Ray,
produje su disco Piropo en España
también, y me metí en proyectos que llevaban mucho tiempo, y cuando terminás de
hacerlos hay que ser realmente un héroe para decir: "Ahora voy a hacer mis
canciones”, porque no querés escuchar más nada. Luego de pasar 10 horas metido
en un estudio de grabación, lo último que querés es agarrar una guitarra.
Hablabas
de que ya tenés 40 años de trayectoria, pero empezaste bien arriba con Los
Toreros Muertos, ¿cómo se dio?
Surgió.
Hubo una larga cadena de personas que me dijeron: “Andá para allá.” Un señor en
una esquina, un camarero en un bar que nunca más volví a ver. Gente que te dice:
"Anda allá, no, fíjate." Y por ahí no tenés nada mejor que hacer y
vas. Y los Toreros se armó inmediatamente. Estaban Pablo [Carbonell] y Many [Moure], que ya tenían cuatro o cinco canciones escritas y estaban
buenas, una era un embrión largo de “Mi agüita amarilla”, que duraba casi 15
minutos. Y bueno, me sumé. Yo traía y generaba material para trabajar y entonces
hicimos un montón de canciones rápidamente. Y enseguida llenábamos el lugar, cada
vez que tocábamos, explotaba todos los días. Era un lugar chico, más chico que
este bar. Pero un día vinieron un par de integrantes de la banda de Sabina y nos produjeron. Son cosas que
ocurren. Nosotros pensábamos que era todo facilísimo en esa época. Después, con
dolor descubrimos que no era tan fácil la vida. Pero en ese momento pensábamos
que la vida era muy fácil. Porque realmente había sido así.
Y
las canciones fluían…
No
tanto. Las canciones había que hacerlas y también había que tener una actitud
arriba del escenario. Habría cosas buenas y malas también, pero había algo ahí.
Así que nos llamaron, grabamos un disco y nos iban a echar de la discográfica,
pero después descubrieron que habíamos vendido un montón, entonces no nos
echaron. Y así fue. No hubo plan, manejos o reuniones.
Ese
fue tu momento de mayor popularidad, ¿no?
Los
Toreros fueron el grupo más exitoso en el que estuve, sí, sin duda. Yo ya hacía
música antes de irme a España. Hacía música electrónica, básicamente. Influenciado
por Brian Eno. Me gustaban Suicide, los Residents. En esa época
ponía cuatro pistas, una caja de ritmos. Pero además tocaba con gente. Ahí
tocaba cosas más normales. A mis amigos del barrio les gustaba el blues y eso era
algo simple que podíamos tocar y zapar durante horas.
¿Sos
autodidacta?
No,
siempre tuve maestros y nunca fui un alumno muy aventajado.
Pero
te defendés bastante bien, en todo lo que sea piano y guitarra…
Más
o menos entiendo lo que hago. Pero me divierte hacer ciertas audacias, me
divierte el ruido, entonces yo al piano lo toco de manera percusiva, no
solamente acordes o los arpegios, también le pego, todo es parte del disparate.
Pero bueno, con los Toreros yo hacía esa música y tocaba lo que terciara.
Quiero decir, también iba a tocar con quien me convocara. En ese contexto me
voy a Madrid con Javier Martínez a
tocar con Moris, en 1984. Un
proyecto que al final no prosperó. Pero sí sucedió lo de los Toreros. La música
de los Toreros originalmente también se parecía mucho a lo que hacía yo en mi Gran
Bourg natal, porque también usábamos una caja de ritmos en ese escenario
infinito en el que tocábamos. Cuando vamos a grabar con los Toreros, los
productores nos dicen que no, que con caja de ritmo no va, que tiene que ser
con batería. Porque ellos eran old school
y nosotros no sabíamos cómo hacer un disco. Yo llegué a ese estudio con un
cuatro pistas. Pero eran estudios grandes, de los de antes de los 80, con máquinas
enormes, consolas enormes, micrófonos que no viste en tu vida. Y había un tipo
ahí que me decía: "Séntate ahí y callate." Y uno se sienta ahí y se
calla. Y cada tanto pregunta, y aprende. Entonces nos dijeron que teníamos que
grabar con batería. A nosotros nos daba lo mismo, nosotros tocábamos eso porque
era un bar de jams, no había
posibilidad de tener un batería ahí porque no entraba. Entonces, teníamos una
caja de ritmos. Many tocaba el bajo, yo tocaba el piano y el sinte. Y por ahí
subía un guitarrista, porque era un lugar de improvisaciones, o por ahí subía
uno que tocaba la armónica, o uno que tocaba la durzaina, que es un clarinete aragonés.
En realidad, suena más como un oboe. Se subían varios guitarristas con estilos distintos.
En esas jams hacíamos los temas de
los Toreros, porque cantaba Pablo. Pero el formato de eso era completamente
variable. A veces lo tocamos más rápido, a veces más lento, a veces duraba más,
a veces duraba menos, a veces tenía una estrofa más, una estrofa menos, era
todo completamente variable.
Lo
que se llama freestyle…
Sí,
por eso, cuando llegamos a grabar no había un plan. ¿Qué vamos a grabar? Entonces
los productores, que eran old school,
nos pidieron un baterista. Nosotros conseguimos un baterista muy bueno. Many,
que era el mayor, trajo un baterista muy bueno que grabó. Y uno de los
productores tocó la guitarra y otro tocó el saxo, entonces ya la banda estaba. Pero
no era una banda en la que habíamos estado tres meses ensayando los seis. Entonces,
cuando llegó el momento de tocar en vivo después de la grabación, volvimos a
casi lo mismo que hacíamos antes, pero después empezaron a salir shows de un grupo
que tiene disco, shows un poco más formales y grandes, con cachet. Tener
batería fue una decisión que nadie tomó, simplemente ocurrió. Y después viene
Pachuco que es como lo que hacía antes con máquinas. También están los Lions,
Man Ray, Venus, muchos grupos. Pero a mí me parece que lo que hago ahora es
igual, salvo por el asunto del bombo que es la caja de ritmos. De hecho, lo uso
de esa manera. Después llamo a alguien que sabe tocar y hace su magia.
Me
llamó mucho la atención eso que dijiste en una entrevista de que te influyó mucho
haber trabajado en España en un disco de Susana Rinaldi en los años 2000.
Sí,
eso fue un disco que Alejo Stivel me
encargó. Yo trabajaba para Alejo en ese momento, durante esa época que te decía
antes en que había que trabajar mucho en otros proyectos. Yo trabajaba 10, 11
horas por día. Alejo es hijo de Zulema
Katz, así que Susana es casi como su tía, básicamente, algo así. Tiene una
relación familiar. Alejo habrá visto que existía Gotán Project, Bajofondo,
y quiso hacer algo en ese estilo, porque en ese momento era un productor muy de
onda en España. Y entonces me encargó hacer eso. Yo le dije que de tango no
sabía nada y de música electrónica de baile casi nada. Pero él me insistió, y
como era mi jefe, no podía decirle que no.
Fue
una propuesta ineludible.
Algo
así. Había que hacer versiones de “El día que me quieras”, “El choclo”, “La
cumparsita”, “Caminito”, muchos tangos for export. Entonces, claro, de repente
te dicen que te proponen participar en algo que pareciera ser una carnicería del
patrimonio musical argentino. Y yo lo llevé como pude, dentro de los parámetros
que tenía, y así se fue armando un disco interesante. Un poco malogrado, pero
que era raro de entrada. Entonces empezó a pasar una cosa simpática en lo
musical. Hasta que un día llegó Susana, puso su voz y a mí me explotó la cabeza
directamente.
¿Por
qué?
Es
que llegó y cantó de una manera que a mí no se me hubiera ocurrido nunca. Y en
primera toma, era increíble. Venía, grababa y te contaba un par de anécdotas un
buen rato. Luego, decía: “Pará, voy a cantarla de nuevo”. Volvía al estudio y
era como si cantara otra persona. Otra cosa totalmente distinta. Hay una
anécdota muy tonta, pero que fue lo primero que vi de ella. Le estaban poniendo
el micrófono. Le pusieron el mejor micrófono que tenían en el estudio, un Neumann
U67 a válvula, con todos los chiches, que sale un montón de guita. A cualquiera
que venía a grabar en el estudio le ponían el pop stopper, para que las “p” no
exploten en el micrófono y para que la saliva no impacte en la cápsula. En eso,
Susana lo mira al asistente y le dice: "Sacame eso de ahí adelante, nene;
que soy una profesional”. Me encantó. Marcó el terreno inmediatamente. Nadie la
iba a tocar. Y todos los temas fueron así. Muy genial ella y su manejo de la
palabra, como decir el tango. No intentaba hacer una melodía sino que la
fraseaba según las palabras.
Te
cambió tu propia perspectiva de cómo hacer música.
Sí,
sí. Además que el proyecto me enfocó en una muy diferente a lo que yo venía
haciendo, y me tuve que poner a estudiar. Porque son obras complejas y hay que
ver cómo son. Así me puse en contacto con el legüero, por ejemplo. Yo siempre
había tenido un legüero, pero nunca se me había ocurrido usarlo en un proyecto
mío, porque yo era más rockero. Salió eso y la frutilla de ese disco para mí es
un tema que se llama “Vamos todavía”, que es un poema de Juanca Tavera, qué ella me lo dejó grabado sin música. O sea, me
dijo fijate si podés hacer algo con esto, y me dejó un poema grabado, hermoso.
Entonces yo encontré una melodía y lo fui armonizando de una manera extraña. Y
a ella le encantó. Cuando volvió y escuchó lo que había pasado quedó muy
contenta. De ese disco también me gusta mucho la versión que hizo de “Uno”, o
la de “Balada para mi muerte”. Me parece que ahí la descoció.
Y
te influenció…
No
sé si me influenció pero me disparó para otro lado. Me mostró que había un
mundo más allá de la de la llamada música internacional, que es inglesa o
norteamericana, pero no es internacional. Porque música internacional había
antes. En este país antes se escuchaba más música italiana que música inglesa,
más música francesa. Se escuchaba español o portugués, pero ahora es muy raro
que eso ocurra. Se escucha música en castellano o en inglés. Pero los otros
idiomas no están tan presentes. A
mí me aburre un poco eso, porque hay música africana, hay otras músicas interesantísimas,
pero está todo loteado. Por ejemplo, a mí me encantan CA7RIEL & Paco Amoroso, quienes parece que hacen todo bien,
pero ellos poco y nada de lo que hacen en lo musical es nacional, ni el acento
que tienen parece de acá. Pero bueno, sí tienen una manera de hacer que es
argentina. Y eso es una impronta también. Lo mismo pasa con Milo J y demás. Hay una búsqueda ahí y
eso me gusta. Está lleno de músicos jóvenes buenísimos. Y por ahí son piolas
para poder navegar en el mundo que les toca.
Hablemos
un poco de tu participación como músico invitado en el disco doble Lobo Suelto – Cordero Atado, de Los Redondos…
Sí,
a mí me invitaron en un par canciones de ese disco ("Sorpresa de Shanghái"
y "Caña seca y un membrillo"). Fui un día y grabé. Por supuesto, me
encanta escucharme tocar ahí porque son unos de mis ídolos. Creo que está bien
lo que hice. Fue una experiencia hermosa. Justamente, en el disco que estoy
haciendo ahora el maestro Skay grabó
en una canción, así que estoy muy contento. Hay un par de invitados que ya develaré,
muy simpáticos y algunos sorprendentes.
Tu
amistad con Skay lleva ya muchos años…
Tal
cual. Vos sabés que yo no tengo ni una foto con Skay. Nos conocemos desde el
84, o sea, son un montón de años. Pero no tengo ni una foto con él. Increíble.
Y salvo esta participación mía con Los Redondos, no habíamos podido plasmar ese
cariño que nos teníamos en la vida en lo
musical.
Hubo
un ofrecimiento, a fines de los 80, de que te unieras al grupo, ¿no?
Hubo,
pero yo estaba haciendo otras cosas. Justo estaba con Los Toreros en España,
tenía una novia, muchos compromisos. Hubiera estado muy bien. Incluso, por ahí le
hubiera podido dar al Indio su apetencia por lo tecno mucho antes. Pero yo no
podía hacerlo en ese momento. Igual, lo que ocurrió está maravilloso, estoy
agradecidísimo a la vida por eso.
Claramente,
hiciste un montón de discos importantes…
Sí,
una cosa que muy poca gente sabe es que yo toqué con los tres manales. Toqué
con Javier, toqué con el Negro Medina y toqué con Claudio. Nunca juntos, pero con los
tres. Algo que agradezco inmensamente porque Manal es para mi corazón el gran grupo argentino. Hacían todo bien.
Hay momentos que los escuchás y decís, "Pero estos guachos son The Police
10 años antes en Argentina." Y con una voz mucho mejor.
Y
aún hoy Manal, junto con Moris, son dos referentes musicales que te siguen
influenciando…
Sí.
Toda esa época, junto a Tango…
Igual, ahora también hay gente muy importante como FernandoCabrera. Está
lleno de gente hermosa que hizo una música espectacular, Eduardo Mateo mismo. La otra vez fui al cumpleaños de Petti y le
regalé un disco de José Larralde. Él
hace poco dijo que no entendía el folklore. Entonces le dije que cuando lo
ponga piense que Larralde era un blusero raro, a ver qué le parecía. Porque
viste que uno se enfrenta a Robert
Johnson y hace como que entiende el inglés, ¿no? Y es bien precario lo de
Johnson. A mí me gustó y demás, pero digo, no es sofisticado, porque los bluseros
se ponen la gorra y dicen que la gran música es el blues. El blues tiene tres
tonos. Hay grandes artistas bluseros, pero el blues es una música sencilla y no
es mejor que el cuarteto per se. Hay artistas que hacen cosas buenas y malas en
todos lados con distintos estilos. Y lo del blues es bien limitado.
Larralde
hacía esas milongas larguísimas…
Tal
cual. Y es como el blues, tónica y dominante, que es lo mismo que hace Zitarrosa,
nada más que lo de Larralde es más lento. Era como una zapada de blues, es lo mismo.
En mi opinión, poéticamente, los bluseros no tienen ni para empezar frente a la
milonga. Como poética, después si te gustan los solos de guitarra de blues eso
es otra cosa. También es un descubrimiento, ¿no? Porque ya de más grandecitos podemos
decir: “She Loves You, Yeah, Yeah, Yeah…” Ok, me encanta. Pero digamos que también
hay gente que pudo decir más o menos lo mismo sin el yeah, yeah yeah; de
maneras más trabajadas, originales y profundas.
Quizás
en el rock nos enamoramos más de las sonoridades que del mensaje.
Claro.
Y es interesante porque en el fondo es una música que no nos pertenece. Sí,
nosotros la hicimos, la recogimos, es como el blues de acá, hay blues de acá: Manal, Memphis, me encanta el blues. Y más, te digo, cuando Adrián Otero escribe “El blues del
estibador” o “El blues de las 6:30” eso es de acá. Lo mismo “Moscato, Pizza y
Fainá”, “La bifurcada”, la manera que tiene de hablar, es de acá. Pero es un trasplante
que tiene fecha de vencimiento, me parece. Porque, a la vez, el blues no es un
género de acá. Y acá tenemos gente que cantan cosas simples, pero también
tenemos gente que con esa simpleza hacen un delirio. Quiero decir, tónica
dominante de la milonga, de ahí, con un poco de candombe sería el tango y los
delirios musicales que se han hecho son increíbles. Imaginate, Discépolo, Cadicamo, un nivel de poética elevadísima, no es “She Loves You”,
es mucho más. Tengo una amiga que defiende al pop y dice que no se puede
comparar. Y bueno, yo creo que sí se puede comparar cómo manejaba Fangio y cómo manejo yo. Porque hay unas
cuestiones técnicas, acá hay una riqueza y un conocimiento del oficio, un amor
que hace que esa persona sea excelente en eso. Estamos hablando de grandes
poetas del tango, intentando compararlos a grandes letristas del rock, que
además no son Dylan. ¿Tienen buenas letras? Tienen buenas letras. Pero Manzi no escribía solo buenas letras. Y
por eso son obras que están hechas en fierro. Vos escuchás eso hoy y es una
fuente de sabiduría. Se aprende de la vida escuchando esa música. Hubiera sido
interesante aprenderlas antes. Como escribió Discépolo: “Cuando estén secas las pilas de todos los timbres
que vos apretás…”
Tremenda
frase…
Ahí
hay un compromiso. A mí me gusta, entonces quizás ese es el descubrimiento que,
como te digo, siempre fue epifánico, porque con los Residents fue epifánico,
con los Beatles, los Who, con “My
Generation”, Led Zeppelin, King Crimson, B-52´s, con todos los que
me gustan fue epifánico…
¿Y
ahora la música que te sale se podría describir en base a algún género, algún
estilo, o es una mezcla de todo?
Uno
tiene ideas respecto a cómo se formó en música. Por ejemplo, es difícil pensar
a Fito sin Chico Buarque, o sin Charly.
Hay artistas que te muestran sus particularidades y posibilidades para que vos
hagas tu propio camino. Porque por ahí no hacés una banda tributo, por ahí
tomás algunas cosas de ahí, otras cosas de otro lado, algunas cosas se te
ocurren en el camino, y así encontraste un instrumento que hace un ruido raro y
bueno… Todo eso te llevó por un camino, la vida te va llevando por caminos y
eso son las canciones que hacés, supongo. Al menos es lo que creo yo, ya que no
veo gran diferencia. Lo mío son canciones pop, como de rock pero con un ritmo folclórico.
Es música que intenta ser popular. No tiene pretensiones de nada, es una
canción que dice cosas y no tiene más pretensiones que mostrarte eso.
Con
tus letras uno se imagina situaciones, personajes…
A
mí me parecen que son como páginas de cómics. No necesariamente la historia
está completa. Son viñetas. Nunca una historia está completa en una canción de
tres minutos.
Y ahí
entra en juego el arte de los intérpretes con su estilo, su sonoridad, su
impronta.
Claro,
gente como Juliette Greco o
Zitarrosa, Yupanqui, Juan Falú o el Tata Cedrón. No hay complejidad ahí. No es que no la haya, lo que
no hay es una cosa rebuscada. Hay arte. No hace falta escuchar tanto, no hay
tiempo y uno no tiene atención para tanto. Es limitado el tiempo de vida y el
tiempo de atención. Entonces hay que enfocarse en lo que en lo que a uno le
sirve. Como cantó Javier: “No hay tiempo de más…”
¿Y
en lo que estás haciendo ahora hay un concepto que abarca la mayoría de los
temas o son todas historias individuales que no se tocan entre sí?
Hay
un concepto. Pero no necesariamente todos los temas responden a ese concepto.
Hay una dirección general, el disco tiene un concepto pero no todos los temas
responden exactamente a esa idea. No es una ópera rock.
¿Algunas
lecturas te inspiran a escribir letras de canciones, como les pasa a otros
compositores del rock y pop?
No
tengo un plan. Lo que leo me influye. Lo que veo me influye, lo que pienso me
influye. Cuando estoy frente a la canción por algún lado sale. Pero por ahí sale
una cosa me influyó hace tres años. No tengo control sobre eso ni un plan al
respecto. Por ahí es un defecto, pero bueno, es así.
Hay
una pregunta que le hago casi siempre a mis entrevistados, como un vicio particular
mío, ¿qué canción de otro autor te hubiese gustado componer a vos?
“Construcción”
de Chico Buarque. Porque tiene una forma extrañísima y un reordenamiento
caleidoscópico. En su forma es una obra muy moderna. Además de la poesía
que tiene. También me hubiera gustado hacer “De nada sirve”, de Moris, por
supuesto…