martes, 6 de octubre de 2026

RODRIGO MARTÍN: Reinventando el Rock Sónico

El café está tranquilo y la conversación empieza sin apuro. En Temperley, lejos del ruido de los escenarios, Rodrigo Martín habla de música mientras afuera la tarde sigue su ritmo. Sobre la mesa aparecen nombres, discos, canciones, autores de libros, directores de películas y recuerdos que inevitablemente llevan a Juana La Loca, la banda que encabezó desde los años 90 y que se convirtió en una referencia de la escena alternativa argentina. 

La cercanía del próximo show funciona como disparador. El 10 de octubre, en The Roxy, Juana La Loca volverá a encontrarse con el público para recorrer parte de su repertorio y de una historia que todavía tiene capítulos por contar. 

Entre el café y los recuerdos, la charla va y viene entre aquellos años de Rodrigo, las canciones que sobrevivieron al paso del tiempo y el presente de un músico que sigue pensando su obra desde el escenario... 

ENTREVISTA> En el último tiempo estuviste con mucha actividad… 

Sí. Primero reeditamos Electronauta, masterizado por primera vez, porque en 1993 había salido sin ser masterizado. Ahora lo masterizamos para vinilo, lo cual también se conecta mucho con Subversónica, el disco de versiones con invitados, que estamos adelantando el 10 de octubre en el Roxy. Todo ocurrió a partir de redescubrir aquel primer disco, porque al masterizarlo y excitar ciertas frecuencias, comencé a escuchar cosas que me había olvidado que había grabado. 

Contame cómo estás preparando este show próximo del Roxy… 

No es la presentación del disco porque el álbum completo no fue subido aún a ninguna plataforma. Estamos adelantándolo de a un corte. Hasta ahora fue “Sábado a la noche” con Santiago Motorizado, “Perdí la fe” con Walas, y ahora viene “Viernes a la noche” con Toti Iglesias; cuyo videoclip oficial se filma en el Roxy, durante el show. Y luego sale a fin de año “Angelical” con Mariano Martínez. Esos serían los cuatro cortes del disco. De ahí en más sale el disco completo, la presentación con los invitados, para mostrar en su totalidad el disco, va a ser el año que viene. Sin embargo, el 10 de octubre es un adelanto. Hay varias modificaciones en cuanto a las versiones oficiales de los temas. “Sábado a la noche” va a sonar tal cual es la versión grabada por Santiago; “Perdí la fe”, lo mismo; pero tenemos un agregado ya que, por ejemplo, la versión de “Planeta infierno” va a estar a cargo de la concertista de piano Aldana Isjaqui, con cello y violín. Una orquestación compuesta por ella y en “Alucinaciones del 2000” lo mismo. O sea, si bien es un adelanto de Subversónica, ya hay importantes matices de diferencia, con el agregado de la filmación en vivo de “Viernes a la noche”. 

¿Y qué sentiste al volver a hacer estos temas? Si bien nunca se fueron es volver a revisitarlos de una manera diferente. 

Sin duda. Resignificarlos. Eso me ocurrió porque en este caso la decisión fue volverlos a grabar, pero al imprimirles la dinámica, el concepto, la ejecución de volver a grabarlos, la resignificación en la reinterpretación me permite a mí colocar en el tema ingredientes, performances, que al terminar de grabarlos en su momento y re escucharlos, yo pensaba: “¿Por qué no se me ocurrió tal cosa aquella vez?” Al pensar eso lo llevé al plano del vivo. De hecho, la versión que grabamos con Santiago Motorizado de “Sábado a la noche” es la que estamos tocando en vivo ahora. Es una versión más larga, que al final tiene más lírica, distinta a la que está en la versión oficial. Por ejemplo, dice: "Amor en tu coche, amor en tu coche" y resalta ahí “Otra vez, otra vez, otra vez…” Me dije, esto lo dejo plasmado. Por ejemplo, en “Perdí la fe” siempre pensé porque no le había puesto cuerdas armonizando la fiereza de las guitarras en el estribillo. Bueno, este fue el momento preciso. Otro caso fue “Dame pasión”, donde decidí poner una guitarra más rockera, llevando al tema hacia el punk rockerizado, el punk glam, y convoqué a Stuka. Lo mismo me pasó en “Angelical”, en donde decidí que quería un solo más emotivamente glam y de base unas guitarras más potentes acentuando el dramatismo del tema, por eso llamé a Mariano Martínez.  Y así, en cada tema fui imaginando al ejecutor determinado. En “Perdí la fe” pensé en una voz emotivamente expresiva y que también lindere con el dramatismo de la lírica, y no podía ser otro que Walas. Cada tema fue, además de revisionado, vuelto a entender, resignificado, pensando cada integrante para que tomara una dimensión aún más profunda. Sin embargo, en Subversónica estas canciones las tomo directamente como nuevas canciones, más allá del embrión original. También hay un tema que adelanta el disco del año que viene y se llama “Mucho ego”. 

¿Ya estás grabando ese disco nuevo? 

Sí, lo vengo haciendo en desde antes de la grabación de Subversónica, en paralelo se podría decir. 

Ahora también estás escribiendo un libro autobiográfico… 

No. El libro es biográfico, escrito por Diego Perri. 

Toda tu vida. Va a ser bastante groso. 

Sí, sí. Es complicado hacerlo o más o menos. Y ya está terminado. Lo estamos revisando, corrigiendo, pero ya está hecho. Calculo que a comienzos del año que viene ya va a estar editado. Paralelamente a eso estoy escribiendo mi segundo libro. El libro que estamos haciendo con Diego es un recorrido en el que, obviamente, hay rock, pero también tiene cosas que están completamente alejadas del rock. 

¿Cómo fue que llegaste a esta forma tan particular de hacer canciones? 

Creo que porque fui educado con intolerancia a la resignación. Fui educado dentro de un marco donde el terreno de la especulación, las ideas y la maquinación era válido en tanto y en cuanto eso se traspasará al formato tangible. Entonces, se gestó en mí, desde pequeña edad, una búsqueda y una dinámica permanente. Siempre prefiero las preguntas a la respuesta. Eso no significa que no ejecute una búsqueda hacia la respuesta, pero para dinamizar esa búsqueda primero tenés que preguntarte, si esto te es suficiente o no. Para mí nada es suficiente. Entonces, estoy lanzado permanentemente a la búsqueda de nuevas respuestas y considero que en esa búsqueda se transita un camino donde se incorpora conocimiento. En ese camino se van gestando cosas, como, por ejemplo, Tramas, mi primer libro. Ahora estoy organizando mi primera muestra de arte, ya que pinto desde muy temprana edad. Son facetas mías que siempre han quedado a la sombra de lo que es mi aspecto musical. 

Y en esa búsqueda aparecen los discos… 

Claro. Pero es un recorrido para llegar a una nueva respuesta que satisfaga una necesidad constante de absorber conocimiento. Por supuesto, también estoy convencido de que un conocimiento nuevo no reemplaza a uno viejo. Muchas veces pasa como con las canciones, lo resignifica, se le otorga una nueva valorización a lo que ya sabías, en tanto y en cuanto a lo que incorporás, lo reafirma o lo contradiga. Pero estoy convencido de que el conocimiento no ocupa espacio físico, así que yo lo sumo en lugar de reemplazar. 

¿Y vos te nutrís de lecturas, películas, de todo el arte en general? 

Sí. Muchas veces me pasa al ver una película. También leo desde muy temprana edad a autores que mi mamá me pasaba, por ejemplo, Ray Bradbury y también me compraba las versiones infantiles de las novelas de Julio Verne: Un viaje a la luna, Viaje al centro de la tierra y demás. Eso iba fomentando mi imaginación en tanto y en cuanto que cuando leés tenés que fabricarte la escena. No es como ver una película, esa es otra dimensión que también me encanta, ya que desde muy pequeño veo cine, pero el libro hace que vos lo que lo que estás leyendo te lo tengas que fabricar mentalmente. También leía a autores mucho más rígidos a temprana edad. Por supuesto, después en la facultad leí un montón, pero a Jean Paul Sartre lo leía cuando tenía 12 años o también a René Descartes, El discurso del método lo leí a los 20, y todo eso también lo utilizo como caldo de cultivo para composiciones. Por ejemplo, para que te des una idea, Belleza tiene un tema que se llama “Los dragones del Edén”, que está basado en un libro de Isaac Asimov, en donde se plantea un año tal cual nosotros lo entendemos de 365 días. El humano mide el tiempo según la vuelta que da la tierra al sol. Por consiguiente, si viviésemos en Plutón, moriríamos antes del año de vida, ya que tarda como 80 años en dar la vuelta. Y los dragones del Edén son los dinosaurios, teorías y especulación sobre la evolución de la mente humana y el libro plantea que en el equivalente a un año humano la humanidad aparecería recién a las 23:59 del 31 de diciembre. O sea, es muy corta la historia humana en el planeta. Nadie sabe cuántos años tiene el planeta Tierra. Pero el planteo dentro del esquema es eso y entonces en Belleza primero estuvo la letra después del nombre del tema, así inmediatamente recurro a cosas que han marcado o establecido un momento determinado en mi desarrollo, en mi aprendizaje, en mi vida en general. 

Todo el arte te inspira… 

Tanto los libros como las películas, incluso fotografías. Muchas veces con mis alumnos y alumnas vamos a exposiciones de arte y apreciamos obras y en base a eso se dispara una canción o, por ejemplo, implemento un ejercicio que se trata de abrir un libro al azar en una página, leerlo y la frase más icónica en la apreciación instantánea se desarrolla como un concepto de una canción. En realidad, son distintos vehículos para expresar y transmitir una idea. También dirijo video, el último video que hicimos de “Perdí la fe”, con Walas, está dirigido por mí. Me interesa mucho el cine. Conozco a directores argentinos como Demián Rugna, que además escribió la contratapa de Tramas, me parece notable Cuando acecha la maldad, su última película, o también Aterrados; son obras maestras. Por supuesto, me encanta la obra de Stanley Kubrick, una de las películas favoritas de toda mi vida es Barry Lyndon; o David Lynch cuando hizo el enigma de Twin Peaks, y así me voy nutriendo de distintos aspectos artísticos para transformarlos en distintos formatos. 

Foto: Mauro Feola (Circo Bohemio)
¿Cómo te salió la inspiración para realizar Tramas, tu primer libro? 

De hecho, lo terminé de escribir utilizando textos de hace 30 años mezclados con textos escritos cuatro horas antes de entregar el original a la editorial. Incluso, me tuve que poner a googlear un montón de frases que había en el libro porque realmente no sabía si eran mías o si las había leído en algún momento. Pero todo el tiempo me vienen esas ideas a la memoria. O, por ejemplo, a veces me despierto cantando una canción. Seguramente son residuos del día anterior o de la semana anterior que toman forma esa noche o ese día, porque hace poco que duermo de noche. 

¿Qué enseñás? ¿Composición? 

Canto y composición. Tengo alumnos y alumnas, por ejemplo, que vienen por canto, otros que vienen por composición. Mi hija, que está integrada, estudia bajo; tengo otros alumnos que son de guitarra. Aunque comenzamos con eso, la clase termina siendo integrada, o sea, si venís por canto, vas a cantar lo que componés. Y si venís por composición, vas a componer y luego lo vas a cantar. O sea, empezamos con la iniciativa, pero luego termina siendo arte en general. 

¿No te sentís un poco precursor de un montón de grupos de la actualidad, ya sea Tan Biónica o Winona Riders, que están experimentando con sonidos, algo que vos ya venías haciendo hace 30 años? 

Cada banda de las que vos estás nombrando tiene su personalidad definida y también están en ese lugar por mérito propio. Lo que sí noto en la actualidad en muchas bandas y, reitero, en este caso, también en mis alumnos y mis alumnas, es una recuperación volcada a las canciones, pero una recuperación de las ideas de los 90. Esto que te digo, que siempre lo he afirmado, de preferir el interrogante a la respuesta segura, tomar riesgos artísticos o no ejecutar el mandato de moda o de época, en definitiva, no hacer, entre comillas, lo que se espera de vos. Por ejemplo, tengo una canción nueva que se llama “Lo que se espera de vos”. Todo se refiere a la inconformidad, el desafío, la búsqueda, tomar riesgos artísticos, eso hoy lo noto con muchísima fuerza. 

Es un proceso que se viene dando en la música… 

Hoy y desde hace cinco, seis, diez años atrás bandas como Él Mató a un Policía Motorizado, con su contraste de melodías suaves, introspectivas, cándidas, tan agradables, contrastadas con capas fluidas de sonido, pero, reitero, cada banda tiene su personalidad y están en el lugar que ocupan y merecen por mérito propio y eso me produce muchísima satisfacción. Me encanta la convicción que tienen acerca de su búsqueda artística, porque podría gustarle ese tipo de concepto, ese tipo de música y no ejecutarlo. 

Tal cual. Estamos transitando una época muy cancionera, de búsquedas sonoras, después de vivir tiempos de rock más cuadrado, como que ahora se abrió un poco el panorama, ¿no? 

Sí, y yo lo celebro. No sé si soy precursor de eso, pero sí recojo el guante y me hago responsable de esa dialéctica y de esa puesta en práctica. 

¿Cómo te salen las canciones con esa mirada tan filosófica de la vida con tanta sensualidad e intención? 

Bueno, primero y principal, acabás de decir la palabra justa: todas mis canciones son intencionales. Hacia distintos ángulos y distintas perspectivas, pero lo que yo hago no es ingenuo, o sea, no es al azar. Es lo que te decía anteriormente, considero que una obra artística es la vehiculización de un cúmulo de ideas. Cada vez que compongo una canción, deposito un concepto en ella, y muchas veces la composición es completamente instintiva. Compongo y abordo la composición, y es lo que transmito también cuando doy clase, desde diferentes ángulos. Hay canciones que son meramente instintivas en donde agarro la guitarra, comienzo a cantar y surge, a la vez, melodía y letra. Otras veces me despierto cantando una canción. Otras veces, al estar nadando o trotando, se disparan químicos que alientan la composición. Entonces, por ejemplo, uno de los temas nuevos del próximo disco se llama “Vida Vampira” y se me ocurrió trotando. Otras veces establezco un concepto. Cuando compuse “Vida Modelo”, lo que quería transmitir era una linealidad del sistema de organización humano. Lo dije millones de veces: nacer, escuela, trabajar, morir. Eso no me entraba en una melodía. Entonces, recurría a frases como “después del colegio, trabajar, volverte viejo…”, para colocarlo en formato canción. Ataco la composición desde distintos ángulos y muchas veces mezclo los distintos métodos. Pero yo supongo que también la carga filosófica que tienen muchas de las canciones tienen que ver con mi formación. 

Vos estudiaste en la facultad, leíste mucho… 

Sí, sí, pero anterior a eso. Mi abuela cuándo, a grandes rasgos me echaron del jardín de infantes, me agarró y me dijo: "Bueno, todo bien, pero tú vas a aprender a leer y escribir acá en casa antes de empezar primer grado…” y tenía la maravillosa idea de enseñarme a leer leyendo a Nietzsche o Chéjov. Entonces aprendí a leer con libros como El Anticristo o Así hablaba Zaratustra. Todo eso para mí era tan cotidiano que lo tomaba como leer [la revista] Billiken. Para mí era el mismo tipo de lectura o, por ejemplo, antes de saber leer, para dormirme venía mi tío y me leía la Odisea. Todo eso duró hasta que mi vieja agarró y dijo: "No, pará..." Entonces compró la adaptación, justamente de Billiken, de la Odisea para niños. La cuestión es que yo al otro día iba al colegio y ya tenía como 20, 25 dioses, cuando todos los chicos eran unicreyentes. Y todo eso fomentaba mi imaginación, entonces, en el momento de plasmarlo recurro a todo eso y sin dejar de lado lo que incorporo día a día en todo sentido, ya que sigo leyendo, viendo películas todo el tiempo, escuchando música, descubriendo bandas. Estoy todo el tiempo en el movimiento de incorporar con conocimiento, pero, viste que hay ciertos elementos que ocurren por primera vez en tu vida, que se establecen como fundacionales de una construcción de la personalidad. Entonces, eso es algo muy difícil de modificar, yo te diría imposible, porque tiene que ver con el momento de la gestación de tu individualidad y en el momento de la expresión permanentemente volvés a eso. Sin desconocer lo que lo que diariamente vas incorporando. Eso también modifica y reafirma formas de ser, pero aquello que ocurrió antes del establecimiento de la personalidad es fundamental en el quehacer cotidiano. 

¿Cuáles creés que fueron los puntos musicales en donde vos te sentiste identificado en esas épocas primigenias? 

Mi primer impacto con la música, que lo recuerdo muy vagamente, pero después lo busqué y una amiga me lo pasó, es algo que siempre me contaba mi madre acerca de una canción de Ginebra Llave que hacían unas ardillitas con corte de pelo beatle y que cantaban: “Y dale, dale, dale, Ginebra Llave…” En el relato de mi madre y mi abuela, ellas me decían que inmediatamente estuviera haciendo lo que estaba haciendo, me paraba delante del televisor. Así que ya tenía una atracción hacia la melodía, la música. En la adultez lo que realmente me impactó fue el primer disco de aquello que estableció un quiebre en mi forma compositiva de entender la música y la belleza sonora que fue el primer disco de The Jesus and Mary Chain, el álbum que se llama Psychocandy, grabado en 1984 y editado en 1985. Hubo un par de discos antes que también me impactaron, pero la primera vez que escuché Psychocandy, eso fue un antes y un después en mi vida, en la forma de capturar la canción. La belleza del del ruido y justo en Beatle la mitad de la década donde de los 80, donde las bandas estaban muy preocupadas por la exacerbación del hi-fi, de la mezcla correcta y de “esto está bien, esto está mal”, justo ahí vienen estos pibes y es como si fuera un ama de casa entonando melodías infantiles detrás de un lavarropas. O sea, el contraste violentísimo entre el acople, la distorsión llevada al extremo, de hecho, cuando entra un solo en el tema es como otra capa de sonido y arriba de eso está el tipo cantando: “You never understand me…”, como si estuviese feliz mientras que por detrás solo hay caos. A mí igual me encanta el hi-fi, la refinación del audio, todo eso; pero puedo recurrir a la violencia auditiva, sonora, y contrastarla con una melodía que cantemos todos. Ese contraste me parece muy muy sugestivo y lo apliqué en Electronauta. 

Volviendo a eso, al tema de lo sonoro, contame un poco cómo pensás los discos a partir de tanta mutación. Porque tenés álbumes repletos de capas de guitarras, algunos más electrónicos, después experimentaciones que suenan más hogareñas. ¿Cómo va mutando eso? 

Bueno, también me gusta reiterarme en ciertos conceptos porque establezco una analogía muy fuerte con respecto a eso. Por ejemplo, desde el punto de vista lingüístico, hay muchas teorías sobre la estructura del lenguaje, o sea, ¿qué es lo que hablamos? Una de las teorías, que estuvo mucho tiempo en boga, y yo calculo que hoy día debe ser la más aceptada, aunque ya se establecieron parámetros de disrupción en cuanto al discurso, pero una estructura que se mantiene es que el lenguaje es un significante. Por ejemplo, la palabra “árbol”, eso es un significante, pero por debajo subyace un significado, o sea, lo que en realidad es el árbol, que, si lo tuviese que explicar recurriría a otros significantes, pues yo te diría: "Raíz, tierra, copa, rama." Serían más significantes, pero por debajo de eso subyace, o así está enunciado, un significado, que es lo que lo que hace al árbol, árbol. Bueno, en mi caso, yo cada disco lo tomo como la suma de distintos significantes. Cambian de forma, se establecen otros parámetros en base a no reiterar fórmulas armónicas ni melódicas e incluso transgredir la estructura de la canción, como pasó en “Sábado a la noche” que no tiene un estribillo definido o “Planeta infierno” que no tiene ningún estribillo. Y por debajo de eso lo que significa esa cadena de significantes, en este caso en la suma de cada disco, subyace y determina un significado común, que es en cada disco lo que venimos hablando ahora: establecer una ruptura o un nuevo interrogante con respecto al disco anterior. En cuanto a la producción, por ejemplo, en Subversónica, el 70% del disco está grabado en mi casa. Las baterías están tomadas de distintos ángulos del living de mi casa, que es piso de madera, techo muy alto, hay micrófonos en la calle, en la vereda, está tomado desde distintos ángulos, en contraposición a Endorfina, el anterior álbum, que está grabado en un estudio de grabación, pero en ese disco comencé a aplicar la estimulación armónica como método fundamental de ecualización. Si bien no dejé de lado la ecualización tradicional, la excitación de ciertas frecuencias, comencé a experimentar con la excitación armónica. Entonces, a partir de ese disco comencé a utilizar aparatos que combinaban distintos resultados de válvula, una válvula tríodo mezclada con un pentodo, estimulación de ciertos armónicos, ya que cuando nosotros hablamos disparamos armónicos. La estimulación de unos armónicos como el armónico número nueve o el armónico número seis en deterioro de otros como el doce que no me interesaban. Esa búsqueda la establecí en endorfinas para romper o no romper, porque cada disco también vuelvo a escucharlo y es como hablarme a mí mismo, pero para establecer un nuevo parámetro. Entonces, el significado que atraviesan las distintas formas es eso: La búsqueda de la pregunta, la novedad, la inquietud del inconformismo y asesinar la resignación. 

Hay una pregunta vicio que me gusta hacer: ¿Qué canción de otro te hubiese gustado componer a vos? 

[Canta] “Yo soy del barrio de tres esquinas, viejo baluarte del arrabal, donde florecen, como glicinas, las lindas pibas de delantal…” “Tres esquinas”, me hubiera gustado componer ese tango… 

Emiliano Acevedo

martes, 29 de septiembre de 2026

UNA HISTORIA ASOMBROSA, entrevista a Gabriel Agudo

 

Gabriel Agudo es una figura bastante singular dentro del rock progresivo argentino. Cantante, compositor, multiinstumentista y productor, tuvo una etapa de notoriedad ligada al grupo Bad Dreams, pero su trayectoria posterior lo llevó a trabajar con músicos internacionales del progresivo de primera línea. La formación musical de Agudo está profundamente vinculada con el rock sinfónico de los 70 y 80, grupos como Yes, Genesis, Pink Floyd, King Crimson, Camel y Marillion, además de otros de hard rock como Led Zeppelin, Black Sabbath y Deep Purple. También ha participado en proyectos de jazz rock, blues, soul y funk. De ahí salió su estilo vocal, que no procede tanto de la tradición del cantante de rock argentino convencional, sino de la escuela del rock progresivo anglosajón.

Lo más interesante de la carrera de Gabriel es lo que ocurrió después de su salida de Bad Dreams, cuando empezó a colaborar con Steve Rothery, guitarrista histórico de Marillion, como cantante de The Steve Rothery Band en sus presentaciones sudamericanas. También se incorporó a In Continuum, proyecto dirigido por Dave Kerzner, junto a músicos como Marco Minnermann, Matt Dorsey y Randy McStine. Contando también con el respaldo de invitados de enorme prestigio dentro de la escena progresiva.

ENTREVISTA> ¿Cómo fue tu primer acercamiento a la música?

En mi casa se respiraba mucha música porque mi papá fue un cantor frustrado de tango. Así que yo también tengo el tango bajo la piel de tanto haberlo escuchado de chico. Inclusive, en algún momento me gustaría hacer un disco de tango o cantar tango. En cambio, a mi mamá le gustaba la música internacional, así que los primeros acercamientos en ese aspecto que tuve fueron con los Beatles en el año 67. En mi casa se escuchaban mucho los discos de los Beatles, y aparte, mi mamá tenía una de sus mejores amigas que vivía en el piso de arriba y su hijo Eduardo tocaba la guitarra y también era fanático de los Beatles. Entonces, yo iba mucho a escucharlo tocar guitarra en su cuarto y es ahí cuando empecé a sentirme magnetizado por la música.

¿Empezaste con la viola?

Sí, más o menos a los 9 años empecé a tomar clases de guitarra y después seguí con clases de armonía y composición en el piano. Luego me desarrollé como músico tocando en bandas. Era la época de la secundaria en donde uno se juntaba con los compañeros del colegio a jugar que era musico.

Escuchando discos también, ¿no?

Claro, como yo vivía en Caballito, ahí tenía uno de los de los centros más importantes de cultura musical de Buenos Aires que era el Parque Rivadavia, en donde nos juntábamos a cambiar discos. Ahí te encontrabas tanto con músicos como con fanáticos del rock, yo iba desde muy chico y ahí descubrí discos como Close to the Edge, de Yes; los álbumes de Genesis; o a artistas del rock nacional, como Pescado Rabioso, Charly García y todas las grandes bandas de los setenta. Mientras tanto seguía con mi formación musical. Rápidamente, sentí que tenía una facilidad para cantar y ya tenía la memoria musical de acordarme las melodías y las letras, pero recién a los 15 años me di cuenta que tenía la posibilidad de desarrollarme como cantante también, además de ser músico.

¿Y qué te atrapó del rock progresivo?

Es que cuando escuché por primera vez Close to the Edge el cerebro se me dividió en mil partes. Ya me gustaba la música clásica, porque en mi casa mi abuelo escuchaba muchísima música clásica, los tenores italianos, pero también cosas complicadas también como Prokófiev. Pero, cuando escuché Close to the Edge, al principio no entendía nada porque, obviamente, utilizaban distintos estilos o distintas formas musicales, era una paleta de colores inmensas donde uno escuchaba de todo, escuchaba rock, soul, blues, música clásica, era algo increíble. Luego, de Yes pasé a Genesis, de la primera época con Peter Gabriel, y encontré el rock progresivo con más complejidad, pero más en formato canción. Y después obviamente me copé con King Crimson y Jethro Tull.

Ibas absorbiendo todo…

Tal cual, es que cuando uno empieza a investigar, empieza a tratar de escuchar todo lo posible, como una esponja, ¿no? Eran los años de la dictadura y en esa época de los militares había mucha música que estaba prohibida, por eso existía una cultura de excitación entre los chicos, en donde tratábamos de alguna forma de juntarnos con amigos a ver como conseguíamos discos y los escuchábamos. Lo que me fascinó del rock progresivo fue que era un inmenso mar donde había una paleta de colores que incluía todos los estilos y me apasionaba cómo se unían esas piezas. Es increíble cómo era el resultado final, cómo llegaban a esa fórmula, cada una de esas bandas. La originalidad que tenía esa música era algo inmenso y agradezco a Dios haber estado vivo cuando los pioneros del rock progresivo recién empezaban sus caminos.

Aparte, te diste el lujo de tocar con varios de ellos a los cuales tenías pegados en los posters de tu cuarto…

Sí, eso fue increíble. Yo siempre le conté a Steve Rothery, cuando empecé a tocar con él, que yo de pibe tenía los posters de Marillion pegados en mi habitación, junto a otras imágenes de David Gilmour, Steve Hackett y Peter Gabriel. En esa época se acostumbraba que nosotros tengamos posters pegados con cinta scotch. Ya nadie se acuerda de esa costumbre juvenil, pero para nosotros era importantísimo… (risas) Uno de los posters era de Rothery, que era un ídolo para mí. En esa época también estaba muy copado con el Ruso Lebón, lo adoro desde siempre, lo mismo que a Spinetta. Para mí, haber tenido la oportunidad de compartir el escenario con algunos de ellos y conocerlos es una de las grandes satisfacciones que me dio la vida y que me hacen sentir muy honrado y agradecido.

¿Fuiste al conservatorio o estudiabas clases particulares de música?

Estudié con profesores particulares, y mucho en forma autodidacta, no hice conservatorio, no tuve una formación académica, sino una formación particular con muchos profesores y después con los primeros videos con las clínicas y esas cosas. En esa época no había internet, por supuesto, así que aprendíamos tocando con otros, tratando de mejorar en la ejecución del instrumento o en la ejecución vocal, etc.

¿En tu casa te pidieron que hicieras una carrera formal aparte de dedicarte a la música?

Bueno, yo estudié y me recibí de abogado. Durante un tiempo desarrollé la carrera en paralelo a mi labor musical, pero con el tiempo fui descubriendo que la abogacía no era algo que me gustara mucho. Así que me fui enfilando hacía la música, sabiendo que en Argentina ese era un camino de espinas. Generalmente, en la música es bastante difícil desarrollarse en forma profesional. Ahora cambió bastante, pero en los 80, cuando yo empecé a tocar en vivo, había una movida cultural bastante más grande.  En los 90, también hubo un estallido de lugares en donde tocar, principalmente pubs, pero también en teatros más chicos, y en los 2000 cambió mucho eso. Ahora parece que hay un renacer de lo que es la cultura de la música en vivo. Pero, claro, siempre hay como una especie de preconcepto de que cuando uno elige el camino del arte, o el camino de la música, siempre va a ser un camino de espinas, especialmente en el tema económico. Igualmente, he hecho trabajos de todo tipo, en paralelo con la música, obviamente, todo en post de que ese trabajo sirviera para apoyar el proyecto musical que yo tenía.

¿Qué banda tenías en esa época de los primeros 90?

Yo tuve durante muchos años una banda que se llamó Chico Vudú. En esa época me había alejado mucho del rock progresivo y me dediqué a todo lo que era el soul, funk, y blues. Siempre me gustaron los músicos negros, de Robert Johnson en adelante, siempre estuve fascinado por esa música. Entonces, me sumergí mucho en ese estilo, pero era muy difícil acá en esa época porque no había etnia negra en el país y no había mucha gente que escuche eso. Eran reductos muy chicos donde se escuchaba ese tipo de música funk, o del soul. Generalmente en la Zona Oeste del Gran Buenos había lugares de blues, pero el soul y el funk no eran géneros populares. Con esa banda hicimos dos discos, tocamos en muchísimos lugares y teníamos canciones propias, en donde yo escribía las letras y las melodías; y los arreglos los hacíamos entre todos. Canciones en castellano.

¿Y qué pasó?

Tuvimos la oportunidad de firmar contrato con Universal. En esa época había dos bandas peleando por firmar con la compañía, estábamos nosotros y Bersuit Vergarabat. Justo pasó que Universal se fusiona con PolyGram y quedó seleccionada Bersuit. Eso fue un mazazo para mí, que hacía bastante tiempo que venía luchando en la música, y me terminé alejando de la actividad profesional durante cinco años. Seguí en actividad, tocando en mi casa, pero me sentía frustrado del desgaste de haber transitado el underground durante tanto tiempo y que justo cuando estábamos por dar un salto se frustró. Estuve así hasta que mi amigo Marcelo Bordoli, que es saxofonista, me dijo que había unos muchachos haciendo la música de Genesis y buscaban cantante. Yo estaba viviendo en Pilar en esa época y ellos eran de allí también, y mi amigo ensayaba en la sala del baterista. Al principio me negué, porque seguía muy frustrado, pero fui a la prueba y quedé en la banda. Así empezamos a hacer tributo a la música de Genesis, principalmente se enfocaba poco en la primera época, sino más de la época de Phil Collins como cantante, aunque también hacíamos algunos temas de la época de Gabriel. Increíblemente, la banda empezó a crecer, empezamos a hacer desde teatros chicos hasta llegar a tocar en el Teatro Coliseo. Después empezamos a tocar en más lugares, en Mendoza, Rosario, haciendo teatros grandes en todo el país y tocamos en Chile, y otros lugares más. Y el pináculo de eso fue cuando hicimos el Luna Park con Ángel Mahler junto a una orquesta sinfónica. Tocamos con arreglos del querido Ángel Mahler, que lamentablemente falleció hace poco. Gran músico y persona.

Llegaron a la cumbre como banda tributo…

Puede ser. Lo que pasó fue que en ese momento me reuní con toda la banda y les dije que no quería hacer más todo lo que era tributo. Primero, porque yo entendía que la música de Genesis es una matemática perfecta y nosotros hacíamos una interpretación, no éramos exégetas ni estábamos en el detalle fino como, por ejemplo, bandas como Rael y Genetics, que reproducen la música original nota a nota. Nosotros dábamos libertad a la a la interpretación y uno sabe que el fanático de Genesis -yo soy uno de ellos- es muy enfermito de que las cosas tienen que ser de una determinada manera. Entonces les dije que me parecía que teníamos un desarrollo importante y que teníamos la capacidad para hacer nuestra propia música y yo -por mi formación en inglés que le agradezco a mis padres por haber ido un colegio irlandés desde muy chico- podía hacer letras en ese idioma.

Un cambio total…

Claro. Por eso me dijeron que estaba loco, que no nos iba a ir bien haciendo material propio en inglés. Pero yo estaba convencido que sí y así empezamos a armar el primer disco con el tecladista de Bad Dreams, empezamos a armar las composiciones que le dieron vida al primer álbum de la banda: Apocalypse Of The Mercy, y con ese disco la banda empezó a tener impacto en países que no nos imaginábamos: Japón, toda Europa, Estados Unidos. Así el grupo empezó a crecer con música propia, y tuvimos la oportunidad de tocar en muchos lugares, como Centroamérica, toda Sudamérica, Estados Unidos. Fuimos llamados varias veces para participar del Cruise to the Edge, que es un uno de los festivales más importantes del mundo de rock progresivo. Lamentablemente, como pasa en muchas bandas, después del tercer disco empezaron a haber fricciones internas. Siempre el tema de los egos en los las bandas es lo que ocasiona la autodestrucción y las termina destruyendo. Así fue que el grupo decidió que no quería seguir más conmigo. Y yo me encontré en ese momento con un camino incierto de nuevo, como pasó cuando después de haber estado 10 años con la banda anterior de soul, y no habíamos conseguido el contrato discográfico. Me encontré con un camino incierto donde tenía un background sí, obviamente, pero estaba totalmente solo, no tenía músicos, no tenía absolutamente nada. Entonces me tomé un tiempo para poder reflexionar cuál iba a ser mi rumbo, qué es lo que iba a hacer. Paralelamente, por suerte, en esa época Steve Rothery estaba queriendo hacer unas giras por Sudamérica y necesitaba un cantante que hiciera las partes de Fish, del Marillion antiguo. Me lo propuso, recogí el guante, fue bastante desafiante porque obviamente, como decías vos, estaba tocando al lado del “póster”, ¿no?, tocando al lado de uno de mis ídolos y obviamente la exigencia es mucho mayor.

Jugando en Primera…

Eh, digamos que es Primera A, entonces fue un trabajo arduo, tenía poco tiempo para preparar todas las cosas y para aprender las inmensas letras de Fish con las inflexiones vocales y todo lo que son los giros idiomáticos, las pronunciaciones, lo que hacen a la interpretación vocal, porque obviamente no podés hacer cualquier cosa. Menos estando al lado de un genio del rock progresivo como Steve Rothery. Creo que hice un humilde papel en esa gira. Steve y la banda estuvieron bastante contentos con mi performance y eso hizo que esas experiencias se hayan repetido a lo largo de los años. También en ese momento inicial de letargo, me contacta Dave Kerzner, un amigo mío que es un músico muy conocido en el rock progresivo de Estados Unidos, ex tecladista y compositor de Sound of Contact, la banda de Simon Collins, el hijo de Phil Collins. Dave justo iba a tocar en uno de los Cruise to the Edge e iba a hacer un show con músicos invitados, en donde iban a estar el cantante y el bajista de Yes; Steve Rothery; Randy McStine, que ahora está tocando con Porcupine Tree y muchísimos músicos muy conocidos de rock progresivo. Así que me invitó a participar de un show de Pink Floyd en donde él iba a hacer su propia música también. Finalmente, me invitó a cantar un tema de Floyd y temas de Sound of Contact con él. Cuando terminó el crucero Dave me hizo la propuesta de formar parte de Incontinuum, que es una banda norteamericana de rock progresivo, continuadora de Sound of Contact. Yo no dudé y acepté su propuesta. Así empecé a viajar a Estados Unidos varias veces para grabar el primer y el segundo disco y también tocamos en Estados Unidos en varias ciudades, hicimos gira ahí.

¿Ahí surge tu labor solista?

Es que yo tenía muchas ideas para componer y hacer temas propios y lanzarme solo, pero no tenía absolutamente nada. Entonces, gracias al aporte de muchos amigos como Clive Nolan de Pendragon y de Arena, Steve Rothery y, principalmente René Bosc, que es un amigo mío que es un exdirector de Radio France International, que es el que maneja toda la música clásica de París; me fui a Francia unos cuantos meses para construir estas canciones que yo estaba teniendo y eso derivó en el primer disco solista mío, que se llama New Life.

¿Con músicos invitados?

Sí, tuve la posibilidad de tener invitados de lujo, como el propio Dave Kerzner, Clive Nolan y Fernando Perdomo, un guitarrista estadounidense que es sensacional. También participó el mismo René Bosc y su mujer Helene Collerette, que es la primera violinista de Radio France International. Afortunadamente, el disco empezó a venderse muy bien en Japón, Europa y Estados Unidos. Así se fueron dando las cosas, no fue premeditado. Tuve la oportunidad de tocar en Europa también. Así empecé a conectarme con muchos músicos que realmente se vieron interesados en tocar junto a mí, con lo cual yo me sentí muy honrado porque son músicos de primera línea internacional, como los integrantes de la Neal Morse Band, como Bill Hubauer, Randy George y Eric Gillette y también otros músicos europeos, como Jimmy Pallagrosi.

¿Qué es lo que te guía?

Qué sé yo, uno trata de ver siempre para atrás, yo tengo 59 años, o sea, no soy joven, me considero joven, pero no tengo 20, 25, 30 años. Y las oportunidades se fueron dando y hoy me encuentro en esta situación, mal o bien, tengo un material y mucha música hecha. Afortunadamente, tengo gente que me ha apoyado, también he recibido el apoyo de los fans, que fue fundamental para realizar mi primer y segundo disco hoy en día con el tema de las crowdfunding y todo lo que creó Marillion en su época. Hoy en día, los fans son un apoyo muy importante para los nuevos artistas, o para artistas independientes que no están dentro del circuito de las discográficas, o los poderosos que manejan la música.

¿Cómo es eso en medio del reinado de las plataformas digitales?

A veces es muy difícil con las plataformas digitales porque la gente es muy reacia a comprar música, ¿no? Entonces, a veces eso hace que la vida de un músico, que principalmente vive de su arte, sea más complicada. Lo que antes era la venta de discos pasa a ser ahora la realización de shows que a veces tiene períodos donde son muy constantes y otras veces no hay tantos shows.

Con Steve Rothery

También empezaste un tributo a la música de Peter Gabriel…

Es que siempre me encantó cantar el material de Peter Gabriel, su etapa solista. Entonces, con el con el primer baterista de de Bad Dreams, Sergio Darosa, formamos una banda que se llama Monkey, toda con excelentes músicos argentinos. Así empezamos a recorrer la discografía de Gabriel, incluyendo sus mayores éxitos. No llegamos a los últimos discos, por respeto al artista original. También me llamaron de otro proyecto que es llevado a cabo por unos amigos músicos muy buenos de Mendoza, que me convocaron para hacer la música de Phil Collins. Ese va a ser otro lindo desafío desde el punto de vista vocal, tratar de cantar ese material, es un proyecto que está en crecimiento.

Volviendo a tu material solista, en tus álbumes hablás mucho de la libertad, el karma, el amor y el universo. ¿Cómo se fue dando el interés por esos temas para escribir ese material?

En mi primer disco yo como venía de un viaje muy complejo desde el punto de vista espiritual por la enfermedad de mi madre, el Alzheimer, que sufrió durante 10 años y fue devastador para ella y para todos los que la queríamos, ¿no? Para todos los que la amaban. Justamente, ella partió en esa época antes de que saliera el disco. Yo también venía viviendo el periodo posterior a mi salida de Bad Dreams con todo lo que había pasado, esto de la incertidumbre que viene luego de romper con una banda donde compartiste tantos años. Fue un periodo muy doloroso porque se quedan amigos atrás. Yo venía realizando por todo esto una especie de un viaje espiritual en esa época y por eso decidí que el primer disco que se llamase New Life (Nueva Vida), escribiendo las letras de los temas desde mi interior, y por eso adentro del disco se ve un pájaro que simboliza la libertad, y dentro del pájaro hay un mapa donde están los distintos estadios espirituales. Lo que quise hacer es describir esos estadios espirituales desde mi interior, como yo lo veía. Entonces, partimos de la libertad, del karma, del miedo al rechazo, de muchísimas cosas. Sí, ese primer disco fue enfocado desde ese punto de vista, más espiritual, y desde lo musical es mucho más progresivo, mucho más experimental, porque obviamente estaba buscando mi camino. Decidí hacer cosas más jugadas de lo que venía haciendo con Bad Dreams.

¿Y cómo fue la búsqueda en el segundo álbum?

En el segundo disco yo tengo una raíz muy enraizada con lo que es el metal y el rock en sí. Yo siempre fui fanático de muchas bandas de metal, principalmente de Black Sabbath y Iron Maiden. Entonces, decidí meter más toques de metal o de rock. El primer disco por ahí tiene un sonido más este setentoso, y el segundo disco tiene un toque más moderno, con partes rockeras y obviamente metiendo cosas también de mi época del soul. También hay sonidos étnicos, ya que estuve inspeccionando ese lado, escribiendo letras desde ese punto de vista. Por eso el disco se llamó Tales and Thunders, porque son esos cuentos o esas historias que siempre nos cautivaron de chicos, como el primer hombre en la luna, como el Voyager, como lo que pasa cuando uno se divorcia -algo que he experimentado en carne propia-, entonces tiene que ver con el momento en que uno toma esa decisión. Estuve sondeando el tema de la muerte a través de la historia de Romeo y Julieta, en un tema en donde participa Steve Rothery, y también me metí con el tema de los chamanes, de la cultura sioux.

Una propuesta bastante ecléctica…

Sí. No fue premeditado, sino que surgió en ese momento. Es una mezcla de cosas de donde uno trata de obtener inspiración. Tuve la fortuna de contar con algunos músicos invitados del calibre de Dave Foster, que toca la guitarra en un tema, también Derek Sherinian, que tocó un solo de teclados, el mismo Steve Rothery, que nuevamente participó de invitado en el disco. Fue un trabajo arduo porque me concentré en hacer absolutamente todo. Hice todos los arreglos, lo grabé, lo mezclé, lo mastericé, por suerte ahí sí tuve la ayuda de mi amigo Sergio Darosa, que me ayudó muchísimo en el proceso de mezcla y de masterización, porque en algunos momentos uno se obsesiona tanto cuando hace todo solo que a veces perdés el rumbo. Así que fue un proceso muy desgastante pero también sanador, muy lindo, con todo lo que implican los costos de generar un disco y sacarlo en formato digital. Es un trabajo verdaderamente arduo y complicado en lo económico llevarlo a cabo siendo un artista independiente.

Dijiste que sobrellevaste la enfermedad y la pérdida de tu madre más tu divorcio, problemas económicos, y también tuviste un accidente. Todo eso, ¿cómo se plasmó en tu obra?

Obviamente, todos tenemos problemas y lo importante es destacar lo que es el valor de la resiliencia, ¿no? De poder seguir adelante a pesar de las dificultades. Es como decía Nietzche acerca de lo que no te mata te fortalece. Entonces uno sale más fortalecido y de alguna forma de esa situación aprendes a valorar más las cosas y el tiempo presente y a valorar que esto no se hace por el ego, es una obra. El musico tiene que trascender las cosas, empezar a liberarse y disfrutar el proceso creativo. Lo bueno es volver a esa esencia. A darse cuenta que después de las dificultades se puede volver a construir, a renovarse.

¿Qué opinás del presente del rock progresivo argentino?

Me pone contento ya que ha tenido un renacimiento en estos últimos años y hay una nueva camada de bandas progresivas acá en la Argentina muy buenas. He venido escuchando a músicos muy buenos. Realmente las nuevas generaciones de músicos son excelentes. Argentina siempre ha sido una enorme cuna de rock progresivo. Y está bueno que está renaciendo toda esa movida. Yo realmente admiro mucho a mis colegas, a los músicos argentinos, creo que no tenemos nada que envidiar a los de afuera. Creo que es importante apoyarse entre los músicos para que esto siga andando, para que esto siga vivo. Es necesario defender el estilo y tratar de generar más espacio y abrirnos más a la gente y decirles que el rock progresivo es una música que conmueve, que es una música que se nutre de varios estilos y que es una música para volar.

¿Cuáles son tus máximas influencias como cantante?

Tengo muchísimos cantantes icónicos que han marcado mi vida: David Bowie, Peter Gabriel, Geoff Tate de Queensryche, Bruce Dickinson, Robert Plant, Otis Redding, Buddy Guy. Todos esos cantantes me han impactado. Siempre lo que me gusta es escuchar muchos cantantes y saber cómo vocalmente utilizan su técnica y analizarlos. Uno aprende muchísimo de eso. Uno aprende todo el tiempo y siempre la clave es la humildad. Por eso en la tapa del primer disco, New Life, estoy en una caverna mirando para arriba y hay una luz. Lo que quiero expresar con eso es que siempre uno puede aprender y ser mejor todos los días. En cuanto uno piensa que sabe todo, o que llegó a un techo, es cuando no se avanza en la vida. Siempre hay que tener ese hambre. Y con respecto a ser cantante, uno aprende y va evolucionando y obviamente las emociones influyen también en la composición, no solamente en la ejecución vocal, y en la ejecución de los instrumentos. Entonces, siempre está bueno estar conectado con todo eso.

Hay una pregunta vicio que tengo para los compositores: ¿Qué tema de otro te hubiese gustado componer?

Tengo millones específicamente de rock progresivo. Pero algo que me hubiera gustado componer es el primer movimiento del “Claro de Luna”, de Beethoven. Me hubiese gustado componer algo así con esa profundidad, ese dramatismo, esa simplicidad y perfección. También me hubiera gustado componer “Supper´s Ready”, de Genesis, por supuesto. Porque es increíble cuando uno escucha esas canciones, escucha la música varias veces, y todas las veces que lo escuchás siempre vas encontrando nuevos matices, nuevas cosas, eso generalmente pasa.

¿Qué te está inspirando a componer ahora? ¿Qué temáticas?

En estos momentos estoy abocado a hacer algo más rockero. Más power, estoy volviendo a mis fuentes. Entonces, quiero explorar esa veta. Estoy tratando de fusionar eso, estoy escribiendo cosas, imaginando historias en mi cabeza, y a partir de esas historia que imagino estoy escribiendo letras. Esas letras están más enfocadas en historias ajenas, no estoy partiendo desde mi persona. Obviamente a uno se le escapa el toque personal, porque siempre uno es subjetivo cuando escribe, ¿no? Pero estoy tratando de basarme en algo que se me ocurre. Por ejemplo, el otro día hice un tema que se llama “Whispering Boy”, que se habla de la meditación y después el último single habla de la inmortalidad del alma de un tipo que va pasando, que va cambiando de cuerpo y de cara, pero sigue siendo la misma persona porque su alma es inmortal. Ahora estoy planificando un single acerca de un vengador y también se me ocurrió otro acerca de los ojos de un gato, de lo que ve un gato con sus ojos. Son cosas que me van surgiendo. Por ahí se me ocurren melodías, las voy grabando y en base a eso después empiezo a construir una canción que me lleva obviamente su tiempo, no es fácil componer porque hay que construir toda la canción, ¿no? Y después grabar también lleva su tiempo. Entonces yo trato de tomarme mi tiempo y hacerlo bien, sin apuros. Obviamente, puede pasar en el proceso creativo que uno se arrepienta de alguna cosa o hacer algo y después darse cuenta que eso que hizo no sirvió de nada y empezar de nuevo de cero, es algo muy loco, pero es así.

Emiliano Acevedo