jueves, 12 de febrero de 2026

QUÁSAR, EN BUSCA DE UNA UTOPÍA PROGRESIVA...

Quásar viene pisando fuerte en el ámbito del rock progresivo argentino con una obra que cuenta con influencias de los grupos clásicos del género en los años 70. Así, en su música puede escucharse la herencia musical de Yes, Genesis y Crucis, entre otros. La banda interpreta sus propias composiciones, embarcadas en la búsqueda de un sonido novedoso acorde a los tiempos que corren pero sin olvidar la tradición del viejo y querido rock sinfónico. Además, los integrantes del grupo tienen una característica muy particular: ninguno de ellos sobrepasa los 23 años.

Entre el 16 y el 22 de diciembre de 2022 grabaron su disco debut en Estudio Kimono, con la operación de sonido a cargo de Claudio Lafalce, otro referente importante del rock progresivo en nuestro país. El material se mezcló y masterizó entre enero y mayo de 2023 y el 25 de mayo de 2023 el álbum homónimo fue lanzado a todas las plataformas digitales. También puede encontrarse, de modo físico, en el sitio web de Viajero inmóvil Records. 

El grupo está integrado por Santiago Rodríguez (guitarra eléctrica y criolla), Francisco Comínguez (teclados), Iván Vega (bajo eléctrico) y Leopoldo Arenas (batería y percusión).

Con ellos nos encontramos a charlar en una tarde inclemente de este verano porteño para conocer más acerca de esta interesantísima propuesta. Quásar en primera persona.

ENTREVISTA> ¿Cómo se iniciaron en la música?, ¿cómo se encontraron? Y ¿cómo fue la apuesta por el género que eligieron? 

Francisco (teclados): Nos conocimos en el secundario en la escuela de música [Juan Pedro] Esnaola y nos fuimos dando cuenta de que nos gustaba la misma música, básicamente. Y ahí nos fuimos construyendo juntos. 

Santiago (guitarra): Al principio empezamos, simplemente, por juntarnos a tocar, pero no queríamos tocar temas de otras bandas. Naturalmente, surgió la idea de componer y trabajar con materiales que cada uno tenía y, de forma muy intuitiva, empezamos a hacer temas propios. De a poco todo empezó a tomar forma y empezamos a hacerlo más conscientemente, tomando decisiones ya pensando a futuro. 

¿Apostaron al sonido progresivo de entrada? 

Leopoldo (batería): Creo que era la música que más escuchábamos, también porque era la música que nos gustaba desde chicos. En nuestras casas siempre se escuchaba eso o cosas parecidas, y nosotros fuimos inclinándonos a lo progresivo porque, definitivamente, nos gusta. 

Iván (bajo): Bueno, en mi casa, por ejemplo, se escuchaba mucho Charly. Desde que tengo memoria sonaba Serú Girán. El disco Bicicleta es el que más presente tengo. Y después, La Máquina [de Hacer Pájaros], fue más una búsqueda propia.   

Así que la onda progresiva viene de familia 

Leopoldo: Me acuerdo del día en el que mi vieja me preguntó que estaba escuchando y le dije que un tema de Yes. Entonces, me dijo, "¿Escuchaste este disco?" y me mostró Close to the Edge. Lo puso y para mí fue un punto de inflexión, por lo menos en esa época. Fue algo muy fuerte. Pero con Francisco ya veníamos escuchando ese estilo en clase con auriculares. 

Iván: En mi casa no se escuchaba nada. En mi caso, conocí Close to the Edge y Yes por Leopoldo y Francisco. Ellos me fueron mostrando esa música. 

Francisco: En mi casa tampoco se escuchaba rock progresivo, pero sí, mucho rock bien de los 60, 70. Serú Girán, Sui Generis, los Beatles, Queen. Después descubrí el rock progresivo y me empezó a gustar más. Y también, como toco el piano, el rock progresivo me atrajo porque hay más teclado. 

Claramente, no solo su formación musical si no también, la idea de armar algo arrancó tempranamente. 

Santiago: Sí, la Esnaola es un bachiller con formación musical. O sea, es una escuela superior entonces uno, al mismo tiempo que hace la secundaria, a contra turno, hace el conservatorio. Todos nosotros, hacíamos la formación musical por la tarde. Coincidimos en cursos entre varios de nosotros. 

Leopoldo: Entonces, estábamos siempre interconectados de alguna manera. 

Iván: Y también, como en esta escuela nadie podía hacer el bachiller sin hacer música estaba llena de músicos y armar una banda era tan fácil como ir a comprar un alfajor al quiosco. 

Santiago: Por otro lado, el rock progresivo era un género bastante predilecto en la escuela porque tiene un lado académico, y, también, la fuerza o lo más dinámico del rock. Entonces, para la juventud, hay algo que se asociaba entre esas dos cosas que lo hacía atractivo. 

Leopoldo: Está bastante relacionado a la adolescencia. Me parece que es el momento para descubrirlo. Aparte ya había otras bandas de rock progresivo en la escuela y eso, un poco también, nos hacía quizás ponerlo en el horizonte como una posibilidad. 

Además de Ca7riel y Paco Amoroso ¿hay grupos o solistas que han salido de ese colegio que después se volvieron conocidos? 

Leopoldo: Sí, hay una banda que se llama Cáliz que fue la que más nos marcó, sobre todo porque eran solo un año más grandes que nosotros y bastante cercanos. 

Iván: Cáliz creo que fue mi banda favorita durante mucho tiempo y un poco lo sigue siendo. Ir a ver a Cáliz era lo mejor que me podía pasar, era alucinante. Esa banda fue una influencia muy grande para nosotros. No solo por la música sino porque estaban estudiando con nosotros, lo veíamos todos los días. Eran unos capos. Fue un empujón muy grande para la formación de nuestro grupo. 

¿Cuáles son sus influencias? 

Leopoldo: Crucis, Yes, Genesis. La Máquina. Pero, sobre todo, creo que Yes y Genesis. Y de acá nos gustan El Reloj, Alas, Serú Girán. 

Iván: Escuchamos mucho a Serú. Bueno, a Charly en general, prácticamente, en todas sus etapas. 

¿Cómo es salir a tocar rock progresivo en la actualidad? 

Iván: La actualidad, me da un poco de lástima porque siento que ahora no importa mucho la música, sino lo que sucede a su alrededor. Es decir, hoy para moverse bien y hacerla circular se tiene que transformar en un producto que forma parte de un sistema que, en realidad, es ajeno a la música porque ese producto necesita ser visibilizado de una manera y se pierde el contenido musical en sí o al concepto de todo lo que quiere transmitir la música. Entonces, me parece que el proceso para insertarse en el mercado y para crecer como artista o como banda es tan ajeno a la música que, a mí, no sé, no me convoca. 

Leopoldo: Creo que todavía seguimos viendo de qué manera transar con la actualidad. En un momento nos lo pusimos a pensar bastante en la manera en la que queríamos mostrarnos y creo que todavía no lo sabemos muy bien. Lo que sí es bueno, y no deja de sorprenderme nunca, es que a la gente le gusta lo que hacemos y nos viene a ver. Eso es algo muy valioso. Lo que hacemos es poco esperable para el mercado de la música. Entonces, siento que la novedad de hacer un show más multidisciplinario, con concepto y con diferentes temáticas, también, es atractivo. 

Santiago: Nos cuesta mucho hacer cosas para atraer más gente. En general, los medios de comunicación o redes sociales se usan para promocionar la música y no son nuestros espacios más cómodos para habitar. Hace poco hablaba con una amiga que me decía que, por ejemplo, en Instagram se valora mucho que muestres tu cara, incluso si es una imagen casual. Que eso te da visualizaciones. Y eso no tiene tanto que ver con lo que nosotros queremos mostrar. Justamente, hacemos algo bastante despersonalizado. Entonces nos cuesta un poco, a veces, entender qué podemos hacer para llegar a más gente en esos medios. 

¿De dónde creen que surge el público de la banda? 

Francisco: A mí me genera cierto misterio de dónde sale la gente. Al principio, creo que salía de algunos festivales en escuelas en las que tocábamos como en un festival del [Colegio Nacional] Buenos Aires, en otro del [Escuela Técnica Fernando] Faber… Y así muchos. Había gente joven que se copaba. Vamos tocando en festivales a los que nos invitan y creo que el disco les ha llegado a algunas personas de esa manera. También, conocimos bandas de rock progresivo que nos hicieron llegar a gente a la que le gusta el género y de esa manera llegamos a más gente, incluso personas más grandes que nosotros. Pero no sabría bien de dónde sale toda la gente que nos viene a ver. 

Santiago: Iba a decir, también, que el público del rock progresivo nos conoció por haber sacado el disco con Felipe Surkán en la discográfica Viajero Inmóvil. Creo que él, también, ayudó a hacernos conocidos en ese ambiente. 

¿Cómo cranearon su primer disco, Quásar (2023)? 

Francisco: En principio, no lo pensamos mucho. Con Francisco, mientras nos formamos, nos juntábamos a tocar y de la nada empezaron a salir ideas que se convirtieron en temas hasta que llegó un punto en el que empezamos a diagramar un disco con las cosas que teníamos. Y de poco dijimos, “bueno, hagamos realidad esto de grabar un disco”.  Entonces, empezamos a tener un objetivo más claro. A partir de ahí vino un largo proceso en el que tomamos decisiones para incluir, sacar o modificar los temas. Nuestra idea era grabar más o menos en el año de la pandemia o en el siguiente. Pero se frenó bastante por eso.  En definitiva, empezamos a tocar y grabar más en serio después de la pandemia, pero, en realidad, veníamos pensando todo hace mucho. Aunque desde al principio no teníamos el plan de hacer un disco se fue armando un poco para un lado y para el otro, o sea, había cosas ya hechas y empezamos a pensar en cómo darle un sentido.   

¿Cuál es el concepto del disco? 

Francisco: No nos gusta contar mucho (Risas) Hay que verlo cuando tocamos. Cuando tocamos en vivo antes de sacar el disco contábamos parte de la historia de la que habla. Y así dábamos como un marco conceptual pero nunca dejando de lado la música para que sea ella la que te cuente la historia. No darlo todo explicado o escrito como un libro. Entonces íbamos generando algo donde todas las cosas influían y al final cada uno se terminaba armando algo personal. Sí, es una historia de unas personas que hacen un viaje por el espacio y terminan en un quásar por ciertas cosas que les van pasando. 

¿El nombre el grupo surge por la historia, entonces? 

Todos: Al revés… 

Santiago: Primero nos gustó el nombre y después de ahí a partir de “Código Quasar”, que fue el primer tema que tenía una narrativa conceptual, la historia se fue abriendo como un árbol. 

Francisco: Sí, la narrativa del Código es un poco más literal, como que va contando “acá pasó tal cosa y acá pasó esta otra”. 

Santiago: Sí, como que nos acercamos y alejamos de la historia. Los últimos temas que hicimos en el disco reflejan eso, como la separación de la historia a la que ya nos habíamos acercado. 

El disco tiene un solo tema con letra y es el que abre, ¿cómo surge incluirlo en una obra instrumental? 

Francisco: Es el primer tema del disco, pero el último que hicimos. Tardamos en hacerlo porque queríamos que esté muy bueno. El tema lo hizo Santiago. 

Santiago: Le pusimos mucha expectativa a ese tema. No solo queríamos que esté bueno, sino que la idea de entrada fue que tenga letra. Nos llevó mucho tiempo porque lo que nos sale más fácil es hacer temas instrumentales. 

¿Y cómo es ofrecer un material que demanda una escucha detenida en una época en la que predomina la dispersión y la velocidad para los consumos culturales? 

Francisco: Creo que hay algunas personas que, evidentemente, prestan atención. Creo que hay mucha gente que lo escucha y le interesa. Y, sobre todo, en vivo lo que hacemos tiene un atractivo visual, también. Intentamos que haya bastantes cosas que capten la atención cuando nos vienen a ver. Si querés ver y no solo escuchar cerrando los ojos, siempre hay otros estímulos.  

¿Usan visuales? 

Francisco: No, no usamos pantallas ni proyecciones. Solo somos nosotros en escena, pero nos dedicamos mucho a la vestimenta o quizás hacemos alguna cosa en vivo. Es difícil de contar. 

Leopoldo: En una oportunidad en la que tocamos en el Centro Cultural San Martín vino de invitado el bajista de Cáliz, que es muy amigo nuestro, sobre todo de Fran, para leer parte de la historia y actuar. 

Francisco: Una vez pusimos una pecera en el escenario e íbamos tirándole cosas de colores para que hagan formas y musicalizamos esa escena con una composición inédita e irrepetible y, en simultáneo, una actriz bailaba. El mundo que vamos armando a partir de la música, en algún sentido, está un poco guiado por lo visual, naturalmente. 

Santiago: Igual es todo muy abstracto, no es que guionamos lo que va a suceder. En ese caso, nosotros hicimos la sugerencia de que la escena tenía que ver con el agua, por ejemplo. Porque ese recital lo pensamos en relación al agua, pero damos la libertad de cómo interpretar esas abstracciones. 

Iván: Estoy de acuerdo con lo decías de la velocidad. Hoy el mundo está apuntado hacia el lado de tener estímulos más efímeros de lo que sea, no solo de la música. Hacia la generación de dopamina, o algo que ofrece satisfacción rápidamente y que dura poco. Pero considero que hay una cierta resistencia en algunos sectores. En el mundo viven 8000 millones de personas y no todas van a girar y mirar hacia el mismo lado. Entonces, si tuviéramos que encasillar nuestra música, que no es algo que solemos hacer, o definir un público; definitivamente, sería para ese sector que resiste y rompe la tendencia a que sea todo rápido. Creo que se perdió el hábito de escuchar música y no estar haciendo otra cosa en simultáneo. 

Leopoldo: Además pensamos bastante en que los shows no se parezcan entre sí y que cada uno tenga su distintivo, que ninguno sea igual a al anterior. 

Francisco: No solemos tocar el disco entero. Aparte, nuestro primer disco es bastante largo. A veces, sumamos temas nuevos o cosas que no son, necesariamente, para grabar en un disco pero que sí nos ayudan a generar momentos en los shows. En vivo, hay bastantes cosas más allá de los temas grabados. 

Santiago: A esos momentos los llamamos Interludios. Son como pequeñas piezas que no pertenecen a ningún disco y, seguramente, nunca pertenecerán, pero están buenísimas para aprovecharlas en vivo y crear un clima distinto a lo que se puede escuchar en el disco. 

Francisco: Claro, creo que tienen un propósito distinto al de escuchar el disco sentado en tu casa.  

¿Los ayuda alguien a diseñar los vestuarios? 

Santiago: No, lo hacemos nosotros con lo que tenemos. 

Iván: Algunas veces fuimos a ferias americanas en las que venden ropa rara. Es decir, que no verías a alguien usándola en la calle. Hemos comprado varias cosas para tocar en vivo en una feria cerca de donde vivo en la que hay un puesto de ropa que vende ropa para teatro. Ahí compramos algunas túnicas y trajes del estilo de reyes medievales porque lo sentimos relacionado con la música, de alguna manera. 

Francisco: Tenemos la idea de generar cierta inmersión en el espectador, a partir de la estética. Como que lo que estás viendo en el escenario es ajeno o lejano al mundo cotidiano. 

Ahora ya están planeando un nuevo disco, ¿cómo viene eso? 

Francisco: Estamos componiendo para poder terminarlo lo antes posible. 

Iván: Estamos terminando de ensamblar y tenemos muchas ganas de grabarlo. 

Francisco: Sí, yo creo que va a ser una propuesta diferente. Aunque verlo desde adentro es muy diferente a como se vea desde afuera…  

Leopoldo: Pero a simple escucha ya es distinto. 

Santiago: Sí, intentamos que sea muy distinto. 

Francisco: Eso pasa porque tenemos búsquedas diferentes. Y al contrario del primero, este material está pensado desde el principio para ser disco. De hecho, cuando surgen ideas musicales decimos: "Está la guardamos para el próximo disco". Hay muchas ideas que vienen de antes, y como tenemos más experiencia y más estudio, también, las arreglamos y componemos con ellas. Somos todavía más quisquillosos que antes. 

Iván: Sí. Y para mí un factor importante es que somos bastante más grandes porque algunas partes del primer disco las compusimos con 16. Personalmente, creo que, por una cuestión biológica y lógica, cambiamos mucho y eso se ve reflejado, también, en la música.  Más allá de todo lo que dijo Fran, que es cierto, creo que este, también, es un factor que influye para que el nuevo disco sea distinto. 

Santiago: La manera en la que nos acercamos a las cosas era bastante más espontánea o menos premeditada que ahora. Hoy, pensamos mucho más en todo. Lo cual no es ni bueno ni malo. En aquel momento, todo surgió de un modo mucho más intuitivo. Sí, bien ahora está más definido que lo que hacemos es rock progresivo, por las características de los instrumentos que usamos y la influencia que tenemos. Pero, en verdad, también entendemos que es un género con mucha libertad. Y estamos en una búsqueda de mayor libertad. 

Francisco: Claro, no sé. Personalmente, pienso que antes decíamos: "Vamos a hacer rock progresivo". Y ahora, decimos, "Vamos a hacer música." 

¿Qué obra de del rock progresivo tiene cada uno como referencia de excelencia u horizonte? 

Francisco: Yo, diría Relayer, de Yes. 

Iván: A mí, Close to the Edge que me vuela la peluca. 

Leopoldo: En mi caso, Relayer, también. 

Santiago: Coincido con Francisco y Leopoldo porque es más ambicioso en algunas cosas. Close to the Edge como que, por momentos, permanece dentro de la canción. Relayer toma la forma y la lleva para cualquier lado. 

Francisco: Igual, de Yes nos gusta todo.   

¿Les gusta el neo progresivo? 

Leopoldo: Por cómo está grabado y por el sonido más metálico, se me aleja un poco. A veces, incluso, hasta me hace acordar a cómo está grabado el pop o ese tipo de cosas. No me suena tan natural. Me parece que el diseño sonoro de los 70 estaba más apuntado a crear un espacio y no tanto a que pegue un bajo fuerte y retumbe. 

Santiago: Sí, la estética cambió mucho después de los 80. 

Francisco: Sí. A mí me pasa que siento que el rock progresivo moderno es muy un género. Siento que hay menos variedad. O sea, son músicos del carajo, en general, que tocan muy bien, muy preciso pero los podés distinguir fácilmente. Pero si vas a comparar Genesis con King Crimson o Yes con Jethro Tull, es como que cada uno hacía un género distinto. Había otra libertad, para mí que es bastante diferente a los que es el rock progresivo moderno. 

Santiago: También, porque se estaba gestando el género. Un poco quizás lo que hacemos nosotros es parecido. O sea, un sonido más de los 70. Con nuestro primer disco no apuntamos a una renovación del género. Si no que buscamos acercarnos a esa música que nos gustaba en ese momento. 

¿Qué otros grupos de rock progresivo actuales les gusta? 

Francisco: De Argentina, solo tres. Cáliz, que grabó un disco está muy bueno. Los recomiendo siempre. Y después, la banda Ícaro, que está muy bueno lo que hacen. Y, FlaxoN, que grabaron un disco hace unos años. 

¿Escuchan otro tipo de música?   

Francisco: Con Santi, como estudiamos composición en la universidad, nos gusta mucho la música clásica o académica contemporánea y creo que, también, tomamos mucho de ahí. 

Leopoldo: Yo, escucho una banda que es de las pocas que me gusta ir a ver en vivo que se llama SACRUM que es de jazz fusión. Es un trio de bajo, teclado y batería. El tecladista, también, fue al Esnaola y nos conoce. Aparte, estar en la carrera de jazz, inevitablemente, hace que empieza a escucharlo más. También, shows homenaje, por ejemplo, al guitarrista Grant Green. 

Iván: A mí siempre me gustó el rock nacional, aunque no tiene mucho que ver con el progresivo…  Me gusta mucho la cultura del rock, el pogo, que sea una música revolucionaria. Escuchaba mucho a una banda que se llama Plini de metal progresivo. Hace rato que no la escucho.

También, Steven Wilson. Actualmente, como estoy tomando clases de jazz, lo estoy escuchando mucho. Así que eso: rock nacional, jazz fusión y jazz clásico son los tres géneros que escucho a diario por fuera del progresivo. 

Redes:


ENTREVISTÓ: Emiliano Acevedo



martes, 27 de enero de 2026

ABANDONAR EL MUNDO: Jorge Minissale y su disco Hippiedelia...

Jorge Minissale acaba de lanzar en todas las plataformas su último disco en estudio, titulado Hippiedelia, el cuarto de su trayectoria como solista. El músico, conocido por ser integrante del grupo Suéter —entre otras formaciones—, presenta un material de ocho temas propios y cuenta con la participación como invitados a Pablo Sbaraglia y Fernando Samalea. 

Se trata de un álbum que se aleja de las temáticas actuales de la música argentina para recuperar el mensaje de resistencia y transformación que definió a toda una generación. El sonido del álbum es crudo y potente, y se perfila como una voz rebelde frente a una sociedad moderna que avanza hacia niveles intolerables de desconexión humana y crueldad. Hippiedelia contiene un fuerte mensaje crítico del individualismo y la alienación que produce la sociedad moderna. Muy lejos de la música para entretener en un mundo poco entretenido, es un álbum conceptual, idealista y combativo en donde Minissale se siente cómodo para narrar, inspirado en los ideales que hicieron del rock un movimiento social de cambio y las contraste con las miserias que produce el mundo de hoy. 

Los créditos de Los Impulsores, los músicos que grabaron el álbum son: Martín Paladino en batería, Mariano Escudero en bajo, Leandro Romero en guitarra, y Jorge Minissale en guitarra, teclados, sintetizadores y voces. Producido por Jorge Minissale y Leandro Romero. 

En esta nota convocamos a Jorge para que nos contara los vericuetos de este disco formidable. 

ENTREVISTA> Contame un poco sobre tu nuevo trabajo Hippiedelia. 

Este disco está enfocado en un público que presta atención, que da tiempo, ganas y que tiene la costumbre de escuchar. Un público con sensibilidad, que no se deja llevar por un montón de situaciones y que de verdad gusta de la música. Para nosotros que somos un poquito más jovatelis, por decirlo de una manera elegante (risas). Cada tanto uno intenta hacer algo así, a veces sale, a veces no… 

¿Cómo fue la elaboración del disco? 

El disco estaba listo hace dos años, pero me enganché con hacer la producción del disco de Suéter en el que reversionamos los clásicos. Y fue un trabajo muy largo en donde puse toda mi atención. Hippiedelia lo teníamos mezclado y masterizado con Leandro Romero, que es el ingeniero y coproductor conmigo y aparte es el guitarrista de Los Impulsores. Veníamos hablando hace un montón de cómo lo queríamos hacer. Esta es la primera vez que, como pudimos solventar la grabación y no depender de nadie, tuvimos el control de todo. Los discos anteriores los hice con amigos y las instalaciones eran de ellos, por respeto o educación muchas veces terminás haciendo cosas que no estás del todo convencido. En este, en cambio, pudimos alquilar el estudio que nos gustaba para grabar la batería o los micrófonos para grabar las voces. Siento que con este trabajo dimos un salto de calidad como productores. Este disco me hizo crecer un montón en esa función. A lo mejor no tuvo tantas horas de grabación sino muchas horas juntos craneando y buscando. Por eso estamos muy contentos con el resultado. 

Tiene muchas capas de sonido. Además de tus guitarras, también, hay mucho teclado… 

Sí, pensé que como es mi tercer álbum de estudio teníamos que hacer algo diferente y tenía ganas de hacer un disco con menos elementos. O sea, con menos guitarras y las pocas que introducimos que suenen bien, que tengan presencia. A diferencia de los otros discos donde la búsqueda fue orquestar con guitarras, acá me pareció mucho más interesante ir por el teclado. Básicamente, porque pensé el estilo del disco como pop rock barroco. 

¿Y el teclado es un instrumento familiar para vos? 

Sí, me crié con ese sonido. Hay un poquito de órgano, pero en lugar del tener el clásico sonido de Hammond nos inclinamos por el lado del Continental que es un teclado de estado sólido más bien de los 60. De hecho, si escuchás el tercer tema del disco [“Ya No Importa Lo Que Te Importa”] es muy Spencer Davis Group. La idea fue hacer el sonido similar al de Steve Winwood. Es como un homenaje. Después usamos algunos sintetizadores líderes como puede ser el Arp o el Minimoog que son los teclados que conozco bastante. Si bien no soy tecladista ni mucho menos, los conozco porque me crie con todos esos sonidos por mis amigos músicos. Éstos son sonidos muy familiares para mí. Así que bueno, un poco eso y a la vez, también, tenía la idea de dejar muchas capas debajo y la batería o la voz solas. Dejar mucho agujero, no recargar. Cuando llegamos a las grabaciones teníamos todo demeado y se respetaron casi todos los ritmos armados. Entonces, no sufrimos una decepción. Quería mantener el sonido del demo porque son meses y meses que venís escuchando eso y después te cuesta mucho salir de esa sonoridad de la que terminás enamorándote. 

También se nota que está pensado como obra conceptual… 

¡Sí! Yo venía reflexionando sobre el concepto en Trigémino, también, y todas las canciones hablan de lo mismo. En Hippiedelia, también, salgo en la tapa, pero como un personaje que representa a alguien de mi edad, alguien que está con una pata en cada siglo. Y quizás ahí hay un punto de mucha coincidencia con lo de Trigémino, que es, también, mi grupo de rock progresivo con el que estoy a full ahora. Por eso Hippiedelia apunta a un estado mental y a la vez es un lugar al que ese personaje quiere, de alguna manera, escapar. Es decir, ir hacia una zona que es una isla para abandonar todas estas cosas mundanales con las que, la verdad, no estoy de acuerdo. Así, hacer un álbum que hable de eso buscando las palabras, la rima, es mi forma de protesta: la narrativa de un personaje que ante las imposibilidades que instala la situación, opta por dejar todo atrás e ir a un lugar donde hay otra gente como él porque no está solo. No es Robinson Crusoe, él se va a Hippiedelia porque allí hay gente como él. Estamos en una época en la que te empiezan a llenar la cabeza con que todo lo nuevo está buenísimo y todo lo anterior no. Yo no creo eso. 

Estamos hablando de todo lo que tenga que ver con hiperconectividad, inteligencia artificial y una mirada celebratoria sobre los avances tecnológicos. 

Sí, el loco se está yendo a Hippiedelia como un lugar en el que no va a tener que estar dependiendo de un celular, de X, de las tendencias. La realidad es que todas estas cosas nos van a trascender. Nosotros no vamos a estar cuando el mundo esté manejado por todo lo que hoy es ciencia ficción. Este trabajo surge en defensa propia. Yo no regalo, defiendo lo mío. O sea, las muelas que perdí y todas las deficiencias en mis órganos, no lo voy a regalar. ¿Entendés? Porque eso fue apostarle a una historia. No quiero juzgar porque a mí no me interesa eso, pero creo el gran error de los artistas que llegan a cierta edad es que se ponen a hablar de lo que suena ahora. A mí no me interesa hablar de lo de ahora, porque para eso están los chicos que representan a su generación y está buenísimo. ¿Vos crees que los chicos de 15 y 17 años conocen a los Beatles, los Who o los Rolling Stones? Si los conocen es por los papás. Y está muy bien porque así debe ser. Obviamente, que los artistas de nuestra generación son esos baluartes que siguen de pie y siguen moviendo. Eso no está en discusión. El error está en querer llenar la cancha de Vélez porque ni yo ni otros de mi generación la vamos a llenar. Nuestro momento pasó y está bien que haya pasado. La pasamos bien y estuvo bien. Lo que quiero decir es que no hay que renegar tanto. Yo me corro a un costado, a mí no me interesa hablar, lo que sí no me gusta es que me vengan a tratar mal a mí. Por eso digo que el disco es un poco en defensa propia. Entonces, el disco no está hecho con ánimo de juzgar, sino con ánimo de resistencia. 

Bueno, eso es el rock… 

Es que este álbum tiene que ver con eso: rescatar un poquito la filosofía rock. Cuando se habla del rock a veces se confunde el rock con la sonoridad. Deep Purple, Riff, V8, son rock. Pero podés hacer algo que no suene con esa crudeza y, también, sea rock. Para mí la Mahavishnu Orquestra es rock. El legado del amor fue el primer festival que se hizo en Estados Unidos, básicamente, para que no manden al matadero a la juventud. Pero cuando hablan de hippies lo primero que dicen siempre es que son faloperos y que no se bañan, Sin embargo, atrás de eso, también, había una filosofía, un principio muy power. No solo decían “paz y amor”, también, decían “No queremos ir a la guerra”. En los 70 el rock, también, tenía una razón de ser que era, básicamente, oponerse a la represión. Entonces, el disco abreva en esas aguas. 

No hay Melodyne, no hay Autotune, no hay nada de eso. 

No, claro. Lo que hay que recordar que un disco es un documento. Una cosa es que pongas autotune porque no pegas una nota y otra, es que lo pongas como un efecto. ¿Quién arrancó con el autotune? 

Cher con “Believe”… 

Puede ser… acá, el que arrancó con eso fue Maxi Trusso que, dicho por él, lo usó como efecto, como para ponerle un delay a la voz. Después se empezó a utilizar para corregir. A mí, la verdad, ni me interesa porque no hace falta. Que hagan lo que quieran, si quieren cantar con autotune porque no pueden cantar y la gente los va a ver, está muy bien. Yo, difícilmente. No digo que soy un tenor para cantar en el Colón, pero, hoy no tengo esos problemas. Además, nunca nos olvidemos de que somos músicos y/o artistas que no estamos operando a alguien con un problema de vida o muerte. No estamos haciendo un puente que le va a solucionar el problema a toda una comunidad. No somos. Paremos con la boludez, también. Son muchas batallas que empiezan a pasar factura. Son 50 años haciendo esto, el oído está medio quemado. Sigo manteniendo el calibre de las cuerdas, pero tengo algunos dedos que ya se me están empezando a doblar. Como le pasa a un deportista, vos estás poniendo el físico todo el tiempo. El oído lo sometí. No hemos sido gente que se ha cuidado, digamos, hemos sido bastante imprudentes. Igual no me arrepiento de nada, yo voy al mango, loco. Ya está. 

¿Hay algo de la omnipotencia de la juventud que mantenés? 

No sé. Hago música. Cuando éramos chicos creíamos que íbamos a detener el mundo o a cambiarle la cabeza a la gente, pero, a la gente no la cambia nada, la gente sigue su camino. Y bueno, nosotros lo único que hacemos es ayudar un poco. A lo mejor alguien estando triste, escucha tu música y siente alguna resonancia de alguna situación en la armonía entre un acorde mayor y menor y eso le levanta el espíritu. Entonces, la distracción está bien y sí podés crear un poco de conciencia, sos Gardel. Yo hago música y hay 200 millones más que la hacen. Después si tocas un poquito una fibra, eso está bárbaro, pero tampoco hay que creérsela y dejar de saludar al tipo de al lado. ¡Pará, boludo! Si sos un pibe común y silvestre que tiene la suerte de haberse divertido y seguir divirtiéndose haciendo cosas. 

¿Y con este disco te divertiste? 

¡Sí! Me imagino que el trabajo de músico es, también, como el de un pintor o un escritor porque arrancás con un lienzo o una hoja en blanco. Las canciones arrancan así: en blanco. Y este disco, también, arrancó de esa manera. Fue en pandemia. Todos arrancamos un poco ahí porque estábamos al pedo, no teníamos mucho para hacer, no podíamos hacer nada. Fue como una película de zombis. Y empezás de cero. Tenés una idea en una guitarrita, una secuencia en un pianito, en un tecladito, un tarareo. Y bueno, eso es divertido. También fue divertido hacerlo porque arranca de una manera y no sabes hacia dónde va a ir. En este caso, fue diferente a lo que hicimos con Trigémino, que fue un trabajo de equipo, acá fue más solitario pero siempre le mandaba las cosas a Leandro y él me hacía una devolución. Eso me hacía sentir que estábamos bien encaminados. Tal vez por eso, siento que es el disco más maduro o más serio. Este trabajo no necesitó un solo de guitarra. Soy guitarrista, obviamente, pero también tengo otras cosas que me gustan como, por ejemplo, escribir, cantar, componer, y producir. Y como nunca siento que estoy haciendo todo bien, nunca me detengo y trato de seguir adelante sin deprimirme. Por el contrario, trato de inspirarme con mis colegas. Esa siempre fue mi postura musical: aprender del de al lado, del que admirás y tratar de ver si en esa sana competencia, vos también podés llegar.  

EL DISCO TEMA A TEMA 

¿De qué va “El ideario de hoy” en el que participa Pablo Sbaraglia y abre el disco? 

Ese loco que estaba buscando irse, el personaje del disco, habla del ideario de hoy con el que no se siente cómodo. No se trata de una moda, de que él usaba un pantalón palazo y ahora no se usa más. Él te está hablando de la sociedad y de que no siempre lo nuevo es mejor que lo anterior. El ideal tiene que ver con lo que es ser humano. La sociedad te va limando con todos los elementos que nos pone a la mano. Nosotros, mi generación, no somos tan adictos con la tecnología. Estamos, pero no tenemos esa falopa de no estar un minuto sin mostrarte. “Mirá, me salió un grano” y todo el mundo opinando del grano. Todos son estrellas. Frente a las tendencias, yo doy un pasito al costado. Pablo está porque, en realidad, me pareció que era una canción un poco para él que siempre estuvo del otro lado, produciendo y grabando como en Justo y necesario, mi primer disco solista. Así que quise devolverle el lugar del artista. Es un tema que tiene una onda un poquito surf en el riff de la guitarra. La Jaguar con vibrato buscaba esa vibra, ese concepto de apertura por eso inicia el álbum. Un álbum siempre es algo delicado y muy diferente a hacer canciones sueltas. 

De “La Utopía Suburbana”, el segundo tema, me llamó mucho la atención la frase: “Todas las victorias cosechadas hoy no tienen valor”, porque siento que habla de lo efímero e instantáneo que es todo en la actualidad… 

Es lo que acabás de decir…  Hay tanta gente que dio su vida por algo que hoy no tiene ningún valor. Y no es un disco que trata de la cosa política que habla de alguien en particular. Está en otro lugar, va más por algo universal. No habla de personas o personajes. El tema es que hay luchas que ya no tienen valor. Hacer un disco como este te cuesta mucha guita porque lo tenés que hacer sin una gran productora por detrás porque las productoras están para hacer otras cosas. O sea lo que estás elaborando ya no tiene valor porque la gente no quiere escucharlo. Hoy, la gente soporta 10 o 5 segundos de lo de lo que le ponen adelante. Entonces, ¿cómo puedes luchar contra eso? 

El video de esta canción tiene esas imágenes retro de vacaciones, parques de diversiones o viajes familiares… 

Claro porque en el suburbio es donde la cosa siempre fue un poco más pura que en las grandes ciudades y las imágenes que elegimos representan un poquito lo que nosotros queríamos decir con el disco. 

Y el final del tema es en el mejor estilo Pappo´s Blues… 

Es un homenaje al primer disco de Pappo´s Blues. Amo Pappo´s Blues. Yo empecé a tocar la guitarra por él y mi guitarra está firmada por Pappo. Igual esto es un poquito más caretón, dirían los muchachos (risas). En realidad, está un poquito más orientado a Jack White, ese sonido con mucho fuzz y esa psicodelia. Teníamos muchas ganas de romper al final de la canción.

Sigue “Ya No Importa Lo Que Te Importa” que empieza con ritmo intenso y urgente y una letra que plantea “desprenderse no está mal/bienvenida a las emociones”. ¿A qué hace referencia todo? 

Sí, ahí aparece el órgano con el Continental, que es un poco lo que yo te decía de ir a en busca de la sonoridad de los 60. La canción, como el título, habla de que lo que a uno le importa ya no le importa a nadie. Lo que yo siento que importa; a la gente, realmente, le chupa un huevo, pero lo digo así en esta tercera canción que muestra que el disco se va poniendo espeso. Este disco no tiene un tema sobre el sentimiento hacia una chica. No habla de lo que le pasa a un pibe de 30, esto es otra cosa. Entonces, no puedo cantarle a la falopa como le cantaba cuando tenía 30 años porque eso ya no lo vivo. Si lo hago me internan. Yo tengo que escribir de lo que siento y lo que me parece pero situado en este momento de mi vida. Imagínate que acá hay un millón de personas que escriben con una pluma maravillosa, por ejemplo, Andrés [Calamaro], y lo hacen con nivel y altura. A lo mejor en un futuro pueda cantarle a una musa. Es muy complicado cuando se asume el rol de compositor y escribís. Ahora sentí que debía hablar de una lucha contra el sistema. O sea, contra lo que nos imponen. Una lucha completamente desigual y ridícula porque no le mueve un pelo a nadie, porque ya no le importa a nadie lo que a vos te importa. Por ejemplo, sentarte a escuchar un disco entero. ¿Cuánta gente vas a encontrar que se sienta a escuchar un disco con auriculares tomando una cervecita en el patio de su casa o en el balcón? Yo lo hago y me como un viaje de la putísima madre. Pero eso le pasa a mí generación. Tal vez porque los pibes ahora no tienen la posibilidad de escuchar por ejemplo Focus 3, porque no se la dan. Los pibes están bombardeados desde los siete, ocho años escuchando música para mover el orto de un cantante que habla como un puertorriqueño. ¿Si vivís acá? Y eso es lo normal. La canción habla un poco de todo esto. 

En “Calypso” llaman la atención esas palmas tipo flamenco… 

Claro, el chiste de la canción es que es una especie de tablao, pero con un bandoneón tocado por [Fernando] Samalea. Esa sesión fue muy divertida. El video de esta canción quería mostrar un poco cómo el loco [el personaje del disco] pasa por Buenos Aires antes de irse. Si te fijás en el video del primer tema, este personaje está caminando con su mochila por Plaza de Mayo como empezando a despedirse. Y cuando viene “Calypso” ya se le hizo de noche y empieza a caminar hacia la ruta para que alguien se lo lleve. Mirá, lo al pedo que estamos para estar pensando eso… pero no lo puedo evitar, y no lo hago para agradar, me divierto mucho haciéndome estas películas. Y si hay un loco o una loca que se engancha, bienvenidos. 

Yo creo que hay muchos locos que se enganchan… 

Seguramente, no quiero ser peyorativo. Lo que digo es que no está pensado como un producto sino desde otro lugar. El nombre del tema es como una identidad porque el ritmo es como un calypso, que es una música de América Central, como del mambo, son variantes hermosas de esa música y, también, quedó porque era el barco del barco de [Jacques] Cousteau, ese capitán de aventuras que veíamos cuando éramos chicos y nos volvíamos locos. Y después, también, queríamos que sea el Buenos Aires, de noche y lloviendo. Porque somos eso. No podemos tener la alegría brasilera. Somos un poco tristes y hay que asumirlo. 

Entonces, en “Abandonando la locura de las masas”, tu personaje ya se fue... 

Sí, ahí abandonó todo y se fue a la mierda. Ésta es una canción que empieza con un riff de Rhodes de mano izquierda. Yo quería poner esta canción en el final del álbum, pero después no estábamos seguros porque la canción nos gustaba mucho para dejar al final porque teníamos miedo de que la gente no llegara al último tema. Pero es una canción de final porque se va en fade out. Ahí al tipo alguien ya lo levantó y dijo "Chau". 

“El universo jugando a favor” es una de mis canciones preferidas del disco. Contanos sobre ella. 

Vos sabés que para esta canción la invité a Fabi Cantilo pero no me dio pelota. A Fabi la conozco de chiquita, pero bueno, sé que estaba muy ocupada con el tema de la película. Me hubiese gustado mucho que estuviera ella o, también, Celeste [Carballo] porque hubiera estado bueno que el estribillo lo hiciera una voz femenina. Me gustaría saber porque es tu tema favorito del álbum… 

Por su letra y por cómo vas llevando el clima de la canción de un modo tan orgánico con la música y cuando llega al estribillo, que ahora sé que pudo haber hecho Fabi, que habla de la religión del dinero y las maquinitas. También, la referencia al “arder en el fuego fatuo de la estupidez” que me parece una frase espectacular para definir nuestro tiempo... 

Bueno, te agradezco mucho. Siempre juego con la palabra “fatuo” que estaba en la canción de La Máquina de Hacer Pájaros: “Quémate en el fuego, fatuo, báñate en el verde lugar”. Porque nosotros somos eso, La Máquina, Serú Girán… Ellos son una fuente literaria. Luis Alberto [Spinetta] sacaba un disco y teníamos que correr a la biblioteca porque no había dónde conseguir los libros de los que el loco estaba hablando en las notas. Era “¿Qué? ¿Quién es Baudelaire?” e íbamos en manada a una biblioteca a conseguir libros de Baudelaire para saber de qué estaba hablando Luis. 

El personaje del disco abandona todo, también, porque como dice esta canción se impone una forma de pensar con la que no coincide... 

Claro, ni hablar. Creo que es así. Estamos bajo una influencia. Ahora, todo tiene que ser muy rápido. Los pibes lo entendieron muy bien, porque son genios. Ellos no tuvieron una cosa analógica en las manos, entonces, para ellos esto es lo lógico. Y está bien, pero hay muchos, como yo, que piensan que no se la tienen por qué comer, y no se anotan en esa. El sentido común no se puede perder. 

Repasemos “Las formas del olvido”. 

Ah, esta canción iba a quedar afuera del disco. A veces pienso que si no olvidás y te quedás siempre con lo mismo no se puede seguir adelante. Imaginate si todo el tiempo pensara en la pérdida de mis padres, de mi hermano sería muy complicado. Yo, para seguir adelante, tengo que olvidarme. Y esta canción habla un poquito de eso que tiene un riff de guitarra muy barroco al principio onda Jack White. Después la canción varía hacia otro lugar.

Y llegamos al cierre con “El pacto”. 

Esta canción tiene un estilo en el que nunca utilicé, fijate que casi no hay guitarras; y está inspirado en alguien en el cual vos confiaste y te decepcionó. No una pareja. 

¿Un amigo? 

No, tampoco. Alguien que te transmitió una creencia que vos seguiste, pero con el tiempo te quedaste pedaleando solo porque esa persona cambió. Habla de un pacto que se quebró. Entonces, ese tipo de rupturas hacen que el loco quiera irse a Hippiedelia, también. Nos pareció buena para un cierre porque es tranquila, sin estridencias y me parece que es la que quizás tiene el estilo más pop barroco como los Zombies, los Lemon Twigs o los últimos discos de Arctic Monkeys. 

Son todos artistas conceptuales… 

Sí. Pero fíjate en el estilo; es un estilo donde el piano es un poco el que lleva la batuta, son canciones de medio tiempo y muy orquestadas. Nosotros admiramos mucho al productor, el pibe [James] Ford, en su sonido y su manera de orquestar. Ford es alguien de quien aprender mucho. 

Sí, logra un sonido que abarca todo el disco y lo hace muy integral. Parecen películas sonoras… 

Sí, bueno, por ejemplo, en “Calypso”, cuando viene la parte que queda el teclado solo, a mí se me representaba la imagen de la Avenida 9 de Julio en invierno de noche y con llovizna. 

Creo que lo que queda claro es que, desde Suéter para acá, tu prioridad es la búsqueda artística antes que lo comercial. Y si viene el éxito, lo hace como consecuencia lógica de hacer algo bueno que, además, se difundió. 

Sí. Siempre. Imaginate que, como solista, arranqué en el 2014 y para que un tema sea un clásico tienen que pasar como 25 años… lleva mucho tiempo. Entonces, la ironía es que a lo mejor llega y lo van a ver mis herederos. Y ya verás, lo preocupado que estoy… (risas) Yo siempre hago la mía y sé que no soy el único que está en este barco. Si eso requiere que sean 10, serán 10, no hay problema. Yo ya no me como más la del artista. Ahora, tenés que hacer música que en 10 segundos “atrape” a la gente. No, yo no salgo a cazar personas. Yo toco con mi guitarra una cancioncita. Hago lo mío, me divierto y si alguien se divierte con eso, ok seguimos. En este trabajo mostré otra de mis facetas porque tengo un poco de esto, un poco del otro. Y lo muestro en el momento en el que tengo ganas. A lo mejor el próximo disco sea de canciones con guitarra criolla y nada más. Y esta, tal vez, sea mi próxima aventura. 

Entrevistó: Emiliano Acevedo

Fotos: KVK y Jorge Minissale