lunes, 13 de abril de 2026

CONTEMPLACIÓN: EL ARTE DE HACER CANCIONES, entrevista a Guillermo Piccolini


Foto: Nora Lezano


Dialogar con Guillermo Piccolini puede ser fascinante. Nos encontramos en un bar de Congreso y charlamos un par de horas sobre algo que nos apasiona: la música. En su caso, el arte de hacer canciones, la contemplación poética y la inspiración en todas sus formas. Como cantautor, Picco ha recorrido largos caminos hasta aquí, desarrollando una obra extensa y suculenta plasmada en varios proyectos, tanto en forma grupal como solista. Ojalá les guste el texto que viene a continuación que es una pequeña muestra de todo eso. 

ENTREVISTA> ¿Qué estás haciendo ahora? 

Ahora estoy terminando un álbum nuevo. Hay temas que van saliendo, que corresponden a la parte que ya está hecha. Porque no tenía sentido esperar a que estuviera todo listo y sacar un disco entero en los tiempos que corren. Ya no funciona así. 

¿Ya no funciona sacar un disco entero? ¿Hay que sacar singles? 

Son todos singles, pero siempre fueron todos singles en el pop, en la música folclórica y en el tango. Efectivamente, cuando un artista compone a lo largo de dos años, lo más normal es que las composiciones tengan una unidad, un hilo conductor. Entonces agrupás esas canciones en un álbum. Yo estoy haciendo un álbum que me parece que va a tener un sentido. Pero en medio del proceso pasan cosas. Por ejemplo, conocí a Pablo Dacal, nos llevamos bien, nos juntamos a ensayar y terminamos diciendo: "Che, grabémoslo." Son cosas que pasan fuera de programa y están buenísimas. Porque también me pongo a cantar una canción de Willy Crook con los Funky Torinos. Willy la cantaba con guitarra, pero nosotros, ahora que él no está, la hacemos con Patán [Vidal] en piano y voz, y termina siendo una versión completamente distinta. Y me gusta, la voy a grabar, me gusta trabajar sobre eso. Son proyectos anexos, no forman parte de un álbum. Pero al mismo tiempo son canciones que canto yo, que hago yo, aunque algunas no sean mías. Vamos a ver cómo queda el disco, la verdad es que me gustan las canciones, son más abiertas. 

Ah, no es tan de raíz folclórica como Futuro Imperfecto, tu primer solista… 

No es tan así, pero tiene mucho elementos folclóricos. Aquel disco estaba pensado que iba a ser como el primero de Dylan. Pero luego le pusimos algunos detalles y así se armó un poquito más. Este es un poco más orquestado. Como que psicológicamente me di permiso de poder tocar un sintetizador si se me antoja, algo que en el disco anterior tenía prohibido. Es interesante trabajar con un concepto. No abrir muchos juegos. 

¿Cuándo y cómo te surgieron estas nuevas canciones? 

Tengo muchas ideas viejas muy buenas que nunca puedo terminar. Es como una maldición.  No terminan de cuajar en una canción. Y otras que por ahí son más normales, tienen más fuerza. 

¿En tus canciones viene primero la melodía y después la letra o eso va mutando? 

No sé. Pasa de cualquier manera. 

Porque vos sos medio poeta también… 

Es muy raro que haga algo con la letra primero. Eso es más raro, a veces lo hago, pero la canción a veces viene y ya cuenta de lo que quiere hablar. Ya viene con un sentido, palabras incorporadas… salen solas. 

Y vos tenés la facilidad de combinar letras con situaciones cómicas… 

Sí, no sé, eso pasa un poco a mi pesar, es como un viejo gusto por el disparate. Por ahí a mí hasta me parece normal pero no es tan normal. Mi gusto por el disparate creo que está bien, el gusto por el sonido disparatado, por la palabra disparatada… 

¿Eso viene de tu infancia? 

No sé, por ahí fue una cosa más artística de cuando era chico, que me gustaban los surrealistas, lo dadá. Por ahí viene de ahí, porque ellos usaban mucho el humor. Y después, cuando era adolescente, me gustaban mucho Los Twist, Virus, Los Redondos, aunque ellos no usaban tanto el humor. Pero después aterricé en España y armamos Los Toreros Muertos. Pachuco Cadáver y Venus también tienen sus cosas humorísticas. Siempre hay algo de eso. No sé cómo se ve de afuera, pero yo noto un hilo conductor en mis canciones. No noto una gran diferencia con lo que hacemos en Pachuco y lo que hago hoy. Si bien Pachuco es ambient rock 

Ese material se siente bien anclado en una etapa determinada de la música: fines de los 80, principios de los 90… 

Es como el post punk, qué sé yo. El principio de lo indie… 

Lo que hacés ahora es más atemporal. 

Pero yo siempre estuve del lado de la canción. Por más que me gustaba el disparate y la música rara, música concreta o música de vanguardia, de escuela europea o la new wave de Nueva York, los Residents… Por ejemplo los Residents es un grupo que a mí me gusta muchísimo. Yo puedo poner Eskimo, esos discos largos, pero normalmente elijo Dog Stab! o Commercial Album, álbumes que tienen canciones. Siempre prefiero la canción en definitiva. Yo busco meterme dentro de la canción, pegarme a una tradición. Una música que se note que es de acá. 

Es como volver a tus raíces. Vos empezaste tocando folklore. 

Sí, de niño. Me acuerdo en el colegio en los actos del 9 de julio había que hacer un número y la maestra nos ponía a mi amigo Daniel y a mí para que tocásemos la guitarra. 

¿Y cuándo te atrapó el rock, el pop? 

Es que de repente aparecieron los Beatles y eso fue una revelación. Porque la música beat también sonaba en la radio: “Salta pequeña langosta”, “Yo en mi casa y ella en el bar” y otros temas. Escuchabas en la radio ese estilo de música beat en castellano, como se llamaba en esa época. Pero de repente se me aparecen los Beatles, con esa manera de gritar en su primer disco, que a mí de niño se me presentó como una auténtica revelación. 

Foto: Nora Lezano

¿Vos pediste el disco o tus padres ya lo escuchaban? 

Lo escuché en lo de una tía. Mis viejos escuchaban otros discos. Mi papá escuchaba bastante música, después dejó de escuchar. Pero sí, tenía un par de discos de María Elena Walsh que ponía mucho, Palito Ortega y demás. Que era poco. Sino podías escuchar lo que pasaban en la radio y de rock no había casi ningún programa, muy poco se pasaba. Yo era chico en esa época, no escuchaba la radio, pero bueno, podías acceder a unos discos. Por eso a mí todavía me preguntan: "¿Pero no escuchaste tal disco?" No sé, no, porque nadie de mi entorno lo tenía. Capaz que ibas de visita a la casa de alguien para escuchar tal disco que se había comprado. O venía alguno con dos o tres discos a la tuya, y eran una revelación. Yo recuerdo cuando me vinieron de visita con discos de Nina Hagen y Magazine y me volaron la cabeza. Eso pasó cuando era más grande, a los 17 años. No lo podía creer. O sino escuchar por primera vez a los B-52s. Los músicos que me gustan siempre tuvieron un componente epifánico. Me pasa con Vinicio Capossela, por ejemplo, que es un músico italiano que gusta mucho. Me pasó cuando descubrí al Cuchi Leguizamón. Entonces esa escasez, que es un poco lo que hablaba antes de limitar los medios para hacer algo, te hace pensar más y eso por ahí está bien. Limitar los medios es interesante porque no es importante escuchar toda la música de los artistas. 

No. Es imposible… 

Sí, y me parece reiterativo. A mí me encanta escuchar a los Beatles, pero si los ponés vos, porque yo no lo voy a poner casi nunca. Yo los escucho desde que tengo seis años, quiero escuchar cosas nuevas, cosas que no escuché del todo, no sé, lo nuevo. 

¿Y qué escuchás ahora? 

Escucho poca música. Mucho folclore y tango en forma aleatoria. Cosas viejas. Me gusta la chanson francesa. No tanto el francés, pero sí como construyen el tipo de canción que hacen. Gainsbourg me gusta muchísimo. El otro día fui al parque y me traje un disco por dos mangos de Michel Sardou, que también tiene uno o dos temas de Gainsbourg. Me encanta ese disco, los arreglos, la elegancia, el cariño que hay puesto en eso. Cada nota de cada instrumento. Son tipos que pensaban que notas iban a poner en cada parte de la canción. Hay un cariño puesto ahí que yo hoy lo agradezco, comparado con los métodos de producción musicales de la actualidad. Me gustan muchas cosas que se producen con los métodos actuales, pero son métodos más industriales. Son casi de fabricación. 

Antes todo era más artesanal, había menos canales, menos medios y había que elegir bien los sonidos que ibas a meter en el disco. 

Exacto. Y es lo de antes, no hay tiempo para escucharlo todo. Entonces, lo que la vida te pone delante y lo que supiste buscar, te define también. Imaginate a un tarado que es fan de los Residents y de Hugo Díaz. Cosas un poco disímiles. Para empezar ese tarado solo puede ser argentino, ¿no? Muy raro que sea otra cosa con Hugo en la cuestión. Pero eso te da una personalidad que es distinta. 

¿Y qué escuchás más en la actualidad, el mainstream o lo under? 

Es que hay tanta música para escuchar… Hay música de África. Pero no podés escuchar todo, porque entonces no entendés nada o se transforma todo en una melange. O sea, hay cosas que no elegís. Yo elijo folclore random porque, ya te digo, es random. Por ahí pongo Argentinísima, Volumen 22 y que sea lo que Dios quiera. Por ahí sale el Soldado Chamamé cantando, no sé, cualquier cosa. 

O Zitarrosa… 

Sí, Zitarrosa y después sale un tema de Los Bombos Tehuelches, sin anestesia. Es random. Y entonces conectás con eso, entendés ese tipo de canciones, ese tipo de historias. Historias que son distintas a las que escribían Lou Reed o Bowie, que también me gustan, pero si tengo que elegir hoy, elijo una artista más auténtico. 

En una nota dijiste que el rock un poco te cansó… 

A mí me gustaba la rebeldía del rock, esa manera de gritar en los discos. Pero cuando toda la música es así, ¿dónde está esa rebeldía? Cuando la música mainstream estaba hecha con instrumentos acústicos, salieron los rockeros e hicieron una revolución violenta, adolescente, urgente; gritando, eso me encantaba. Pero hace 60 años que estamos así, con el mismo ritmo. Cada vez con menos variantes rítmicas porque todo se va acotando y perfeccionando pero se toca de una sola manera, ya no es tan abierto. Ringo [Starr] no solo era un poco disparatado a veces en sus propuestas rítmicas, sino que además tocaba suelto, no tocaba preciso como se toca desde hace mucho tiempo, desde la New Wave para acá. Para mí hasta el año 2000 llega la novedad en el rock. Con dificultad. Y del 2000 ya pasaron 26 años. Se siguen haciendo grandes canciones con ese formato, yo no digo que no, pero a mí ese sonido me tiene un poco cansado. Y la pose, donde no se sabe si los músicos son un grupo de músicos o un grupo de modelos, también me tiene un poco cansado. Tal vez es la envidia porque yo estoy viejo y ellos son jóvenes. Pero la estética actual del rockstar no me cabe, no tiene gracia. 

¿Y cuándo estabas con Roberto Pettinato en Pachuco Cadáver, cómo hacías para congeniar eso? Porque él tiene una figura muy importante como personaje. 

Era difícil, pero bueno, en la época que hacíamos Pachuco, Pettinato era otra persona. Estuve hace poco con Roberto cuando cumplió 70. Lo quiero un montón. Pero como te digo, en aquel entonces él no era aún el personaje post TV. Pero bueno, eso es lo que también hacía que el grupo no pudiera seguir funcionando, porque algunas situaciones eran muy difíciles y raras. La combinación de imágenes, entre él y yo. No lo pudimos resolver y se terminó. 

Siempre me pareció genial que en la tapa del disco hayan aparecido desnudos como estrategia para que les den pelota. 

Mirá, nosotros estábamos haciendo ese proyecto siendo dos melómanos y frikis de la música y nos parecía que estaba bueno. Así tocamos un par de veces en vivo y la gente nos decía: "Che, está buenísimo." ¿Qué hacemos? Y mandémonos a Inglaterra, Estados Unidos… Pero si mandábamos un casete iba a quedar ahí tirado entremedio de 500 más que llegaban por día. Entonces, nos sacamos unas fotos y en un momento dado nos sacamos unas desnudos, porque ya no sabíamos más qué fotos sacar. Y la verdad es que las fotos desnudas tenían gracia porque, ya que no contenían nada erótico, simplemente eran dos tipos desnudos, no había nada más que eso. Y al mismo tiempo eso tenía mucho que ver con la música que hacíamos: lo que podían tocar dos tipos desnudos. Obviamente, cuando venía Willy Crook era mejor, y con Gillespi también; pero los dos solitos nos las arreglábamos bien. Así inventamos ese concepto del “taxi rock”. 

¿Cómo es eso? 

Como yo ya tenía varios instrumentos, y algunos medio grandes, no entraban en un taxi. Entonces, la idea era que teníamos que entrar nosotros dos con todos los instrumentos en un solo taxi, porque sino perdíamos plata. Ese es el concepto del taxi rock, que es más o menos el mismo que manejo hoy. Tener un set minimalista y hacer música con eso, con lo mínimo. La manera de hacerlo pasó a ser esa. Por otra parte, a mí no me gusta tocar con pistas. Lo hice algunas veces, pero no me gusta. Me puede gustar la sonoridad, pero darle play a la computadora y tocar arriba no me va. 

Lo tuyo es más orgánico… 

Por ahí toco siempre igual las canciones, pero no quiero estar pendiente de seguir a una máquina que mete cosas que no están ahí y que el público escucha. Me parece que eso genera una distancia en donde lo que ganás en sonoridad lo perdés en conexión, y me parece que uno sale perdiendo en ese intercambio. 

El azar ha estado bastante presente en tu trayectoria, ¿no? Porque es como que una cosa te fue llevando a la otra, cosas que no planeaste y se fueron dando en los diferentes grupos, proyectos en los que estuviste… 

Un poco es verdad que nunca planeo nada, porque generalmente los planes salen mal. Y entonces, como siempre y en todo, me dejo guiar mucho por la intuición. Y es como si hubiera tenido o tuviera un ángel de la guarda que me dice: "Venga, por acá, amigo”. No sé, a mí me pasó así. No tengo una explicación. Yo no creo cómo cree la gente en la meritocracia. Yo tengo una carrera de 40 años. Alguna gracia habrá que tener para soportar una carrera dura como es la de músico. No sé cuál es, pero me reconozco que algunas cosas interesantes hice en estos años. Quizás no las suficientes, a mí me hubiera gustado hacer más. Pero también había que trabajar, ganarse la vida… 

¿Hiciste otros trabajos aparte de la música? 

No, siempre laburé con la música, pero hice muchísimos discos para otra gente, hice música para publicidades, toqué para otra gente. No todos los proyectos en los que estuve fueron míos. Produje Dale Aborigen de Todos Tus Muertos, y toqué un tiempo con ellos. Toqué con Man Ray, produje su disco Piropo en España también, y me metí en proyectos que llevaban mucho tiempo, y cuando terminás de hacerlos hay que ser realmente un héroe para decir: "Ahora voy a hacer mis canciones”, porque no querés escuchar más nada. Luego de pasar 10 horas metido en un estudio de grabación, lo último que querés es agarrar una guitarra. 

Hablabas de que ya tenés 40 años de trayectoria, pero empezaste bien arriba con Los Toreros Muertos, ¿cómo se dio? 

Surgió. Hubo una larga cadena de personas que me dijeron: “Andá para allá.” Un señor en una esquina, un camarero en un bar que nunca más volví a ver. Gente que te dice: "Anda allá, no, fíjate." Y por ahí no tenés nada mejor que hacer y vas. Y los Toreros se armó inmediatamente. Estaban Pablo [Carbonell] y Many [Moure], que ya tenían cuatro o cinco canciones escritas y estaban buenas, una era un embrión largo de “Mi agüita amarilla”, que duraba casi 15 minutos. Y bueno, me sumé. Yo traía y generaba material para trabajar y entonces hicimos un montón de canciones rápidamente. Y enseguida llenábamos el lugar, cada vez que tocábamos, explotaba todos los días. Era un lugar chico, más chico que este bar. Pero un día vinieron un par de integrantes de la banda de Sabina y nos produjeron. Son cosas que ocurren. Nosotros pensábamos que era todo facilísimo en esa época. Después, con dolor descubrimos que no era tan fácil la vida. Pero en ese momento pensábamos que la vida era muy fácil. Porque realmente había sido así. 

Y las canciones fluían… 

No tanto. Las canciones había que hacerlas y también había que tener una actitud arriba del escenario. Habría cosas buenas y malas también, pero había algo ahí. Así que nos llamaron, grabamos un disco y nos iban a echar de la discográfica, pero después descubrieron que habíamos vendido un montón, entonces no nos echaron. Y así fue. No hubo plan, manejos o reuniones. 

Ese fue tu momento de mayor popularidad, ¿no? 

Los Toreros fueron el grupo más exitoso en el que estuve, sí, sin duda. Yo ya hacía música antes de irme a España. Hacía música electrónica, básicamente. Influenciado por Brian Eno. Me gustaban Suicide, los Residents. En esa época ponía cuatro pistas, una caja de ritmos. Pero además tocaba con gente. Ahí tocaba cosas más normales. A mis amigos del barrio les gustaba el blues y eso era algo simple que podíamos tocar y zapar durante horas. 

¿Sos autodidacta? 

No, siempre tuve maestros y nunca fui un alumno muy aventajado. 

Pero te defendés bastante bien, en todo lo que sea piano y guitarra… 

Más o menos entiendo lo que hago. Pero me divierte hacer ciertas audacias, me divierte el ruido, entonces yo al piano lo toco de manera percusiva, no solamente acordes o los arpegios, también le pego, todo es parte del disparate. Pero bueno, con los Toreros yo hacía esa música y tocaba lo que terciara. Quiero decir, también iba a tocar con quien me convocara. En ese contexto me voy a Madrid con Javier Martínez a tocar con Moris, en 1984. Un proyecto que al final no prosperó. Pero sí sucedió lo de los Toreros. La música de los Toreros originalmente también se parecía mucho a lo que hacía yo en mi Gran Bourg natal, porque también usábamos una caja de ritmos en ese escenario infinito en el que tocábamos. Cuando vamos a grabar con los Toreros, los productores nos dicen que no, que con caja de ritmo no va, que tiene que ser con batería. Porque ellos eran old school y nosotros no sabíamos cómo hacer un disco. Yo llegué a ese estudio con un cuatro pistas. Pero eran estudios grandes, de los de antes de los 80, con máquinas enormes, consolas enormes, micrófonos que no viste en tu vida. Y había un tipo ahí que me decía: "Séntate ahí y callate." Y uno se sienta ahí y se calla. Y cada tanto pregunta, y aprende. Entonces nos dijeron que teníamos que grabar con batería. A nosotros nos daba lo mismo, nosotros tocábamos eso porque era un bar de jams, no había posibilidad de tener un batería ahí porque no entraba. Entonces, teníamos una caja de ritmos. Many tocaba el bajo, yo tocaba el piano y el sinte. Y por ahí subía un guitarrista, porque era un lugar de improvisaciones, o por ahí subía uno que tocaba la armónica, o uno que tocaba la durzaina, que es un clarinete aragonés. En realidad, suena más como un oboe. Se subían varios guitarristas con estilos distintos. En esas jams hacíamos los temas de los Toreros, porque cantaba Pablo. Pero el formato de eso era completamente variable. A veces lo tocamos más rápido, a veces más lento, a veces duraba más, a veces duraba menos, a veces tenía una estrofa más, una estrofa menos, era todo completamente variable. 

Lo que se llama freestyle 

Sí, por eso, cuando llegamos a grabar no había un plan. ¿Qué vamos a grabar? Entonces los productores, que eran old school, nos pidieron un baterista. Nosotros conseguimos un baterista muy bueno. Many, que era el mayor, trajo un baterista muy bueno que grabó. Y uno de los productores tocó la guitarra y otro tocó el saxo, entonces ya la banda estaba. Pero no era una banda en la que habíamos estado tres meses ensayando los seis. Entonces, cuando llegó el momento de tocar en vivo después de la grabación, volvimos a casi lo mismo que hacíamos antes, pero después empezaron a salir shows de un grupo que tiene disco, shows un poco más formales y grandes, con cachet. Tener batería fue una decisión que nadie tomó, simplemente ocurrió. Y después viene Pachuco que es como lo que hacía antes con máquinas. También están los Lions, Man Ray, Venus, muchos grupos. Pero a mí me parece que lo que hago ahora es igual, salvo por el asunto del bombo que es la caja de ritmos. De hecho, lo uso de esa manera. Después llamo a alguien que sabe tocar y hace su magia. 

Me llamó mucho la atención eso que dijiste en una entrevista de que te influyó mucho haber trabajado en España en un disco de Susana Rinaldi en los años 2000. 

Sí, eso fue un disco que Alejo Stivel me encargó. Yo trabajaba para Alejo en ese momento, durante esa época que te decía antes en que había que trabajar mucho en otros proyectos. Yo trabajaba 10, 11 horas por día. Alejo es hijo de Zulema Katz, así que Susana es casi como su tía, básicamente, algo así. Tiene una relación familiar. Alejo habrá visto que existía Gotán Project, Bajofondo, y quiso hacer algo en ese estilo, porque en ese momento era un productor muy de onda en España. Y entonces me encargó hacer eso. Yo le dije que de tango no sabía nada y de música electrónica de baile casi nada. Pero él me insistió, y como era mi jefe, no podía decirle que no. 

Fue una propuesta ineludible. 

Algo así. Había que hacer versiones de “El día que me quieras”, “El choclo”, “La cumparsita”, “Caminito”, muchos tangos for export. Entonces, claro, de repente te dicen que te proponen participar en algo  que pareciera ser una carnicería del patrimonio musical argentino. Y yo lo llevé como pude, dentro de los parámetros que tenía, y así se fue armando un disco interesante. Un poco malogrado, pero que era raro de entrada. Entonces empezó a pasar una cosa simpática en lo musical. Hasta que un día llegó Susana, puso su voz y a mí me explotó la cabeza directamente. 

¿Por qué? 

Es que llegó y cantó de una manera que a mí no se me hubiera ocurrido nunca. Y en primera toma, era increíble. Venía, grababa y te contaba un par de anécdotas un buen rato. Luego, decía: “Pará, voy a cantarla de nuevo”. Volvía al estudio y era como si cantara otra persona. Otra cosa totalmente distinta. Hay una anécdota muy tonta, pero que fue lo primero que vi de ella. Le estaban poniendo el micrófono. Le pusieron el mejor micrófono que tenían en el estudio, un Neumann U67 a válvula, con todos los chiches, que sale un montón de guita. A cualquiera que venía a grabar en el estudio le ponían el pop stopper, para que las “p” no exploten en el micrófono y para que la saliva no impacte en la cápsula. En eso, Susana lo mira la asistente y le dice: "Sacame eso de ahí adelante, nene; que soy una profesional”. Me encantó. Marcó el terreno inmediatamente. Nadie la iba a tocar. Y todos los temas fueron así. Muy genial ella y su manejo de la palabra, como decir el tango. No intentaba hacer una melodía sino que la fraseaba según las palabras. 

Te cambió tu propia perspectiva de cómo hacer música. 

Sí, sí. Además que el proyecto me enfocó en una muy diferente a lo que yo venía haciendo, y me tuve que poner a estudiar. Porque son obras complejas y hay que ver cómo son. Así me puse en contacto con el legüero, por ejemplo. Yo siempre había tenido un legüero, pero nunca se me había ocurrido usarlo en un proyecto mío, porque yo era más rockero. Salió eso y la frutilla de ese disco para mí es un tema que se llama “Vamos todavía”, que es un poema de Juanca Tavera, qué ella me lo dejó grabado sin música. O sea, me dijo fijate si podés hacer algo con esto, y me dejó un poema grabado, hermoso. Entonces yo encontré una melodía y lo fui armonizando de una manera extraña. Y a ella le encantó. Cuando volvió y escuchó lo que había pasado quedó muy contenta. De ese disco también me gusta mucho la versión que hizo de “Uno”, o la de “Balada para mi muerte”. Me parece que ahí la descoció. 

Y te influenció… 

No sé si me influenció pero me disparó para otro lado. Me mostró que había un mundo más allá de la de la llamada música internacional, que es inglesa o norteamericana, pero no es internacional. Porque música internacional había antes. En este país antes se escuchaba más música italiana que música inglesa, más música francesa. Se escuchaba español o portugués, pero ahora es muy raro que eso ocurra. Se escucha música en castellano o en inglés. Pero los otros idiomas no están tan presentes. A mí me aburre un poco eso, porque hay música africana, hay otras músicas interesantísimas, pero está todo loteado. Por ejemplo, a mí me encantan CA7RIEL & Paco Amoroso, quienes parece que hacen todo bien, pero ellos poco y nada de lo que hacen en lo musical es nacional, ni el acento que tienen parece de acá. Pero bueno, sí tienen una manera de hacer que es argentina. Y eso es una impronta también. Lo mismo pasa con Milo J y demás. Hay una búsqueda ahí y eso me gusta. Está lleno de músicos jóvenes buenísimos. Y por ahí son piolas para poder navegar en el mundo que les toca. 

Hablemos un poco de tu participación como músico invitado en el disco doble Lobo Suelto – Cordero Atado, de Los Redondos… 

Sí, a mí me invitaron en un par canciones de ese disco ("Sorpresa de Shanghái" y "Caña seca y un membrillo"). Fui un día y grabé. Por supuesto, me encanta escucharme tocar ahí porque son unos de mis ídolos. Creo que está bien lo que hice. Fue una experiencia hermosa. Justamente, en el disco que estoy haciendo ahora el maestro Skay grabó en una canción, así que estoy muy contento. Hay un par de invitados que ya develaré, muy simpáticos y algunos sorprendentes. 

Tu amistad con Skay lleva ya muchos años… 

Tal cual. Vos sabés que yo no tengo ni una foto con Skay. Nos conocemos desde el 84, o sea, son un montón de años. Pero no tengo ni una foto con él. Increíble. Y salvo esta participación mía con Los Redondos, no habíamos podido plasmar ese cariño que nos teníamos en  la vida en lo musical. 

Hubo un ofrecimiento, a fines de los 80, de que te unieras al grupo, ¿no? 

Hubo, pero yo estaba haciendo otras cosas. Justo estaba con Los Toreros en España, tenía una novia, muchos compromisos. Hubiera estado muy bien. Incluso, por ahí le hubiera podido dar al Indio su apetencia por lo tecno mucho antes. Pero yo no podía hacerlo en ese momento. Igual, lo que ocurrió está maravilloso, estoy agradecidísimo a la vida por eso. 

Claramente, hiciste un montón de discos importantes… 

Sí, una cosa que muy poca gente sabe es que yo toqué con los tres manales. Toqué con Javier, toqué con el Negro Medina y toqué con Claudio. Nunca juntos, pero con los tres. Algo que agradezco inmensamente porque Manal es para mi corazón el gran grupo argentino. Hacían todo bien. Hay momentos que los escuchás y decís, "Pero estos guachos son The Police 10 años antes en Argentina." Y con una voz mucho mejor. 

Y aún hoy Manal, junto con Moris, son dos referentes musicales que te siguen influenciando… 

Sí. Toda esa época, junto a Tango… Igual, ahora también hay gente muy importante como Fernando Cabrera. Está lleno de gente hermosa que hizo una música espectacular, Eduardo Mateo mismo. La otra vez fui al cumpleaños de Petti y le regalé un disco de José Larralde. Él hace poco dijo que no entendía el folklore. Entonces le dije que cuando lo ponga piense que Larralde era un blusero raro, a ver qué le parecía. Porque viste que uno se enfrenta a Robert Johnson y hace como que entiende el inglés, ¿no? Y es bien precario lo de Johnson. A mí me gustó y demás, pero digo, no es sofisticado, porque los bluseros se ponen la gorra y dicen que la gran música es el blues. El blues tiene tres tonos. Hay grandes artistas bluseros, pero el blues es una música sencilla y no es mejor que el cuarteto per se. Hay artistas que hacen cosas buenas y malas en todos lados con distintos estilos. Y lo del blues es bien limitado. 

Larralde hacía esas milongas larguísimas… 

Tal cual. Y es como el blues, tónica y dominante, que es lo mismo que hace Zitarrosa, nada más que lo de Larralde es más lento. Era como una zapada de blues, es lo mismo. En mi opinión, poéticamente, los bluseros no tienen ni para empezar frente a la milonga. Como poética, después si te gustan los solos de guitarra de blues eso es otra cosa. También es un descubrimiento, ¿no? Porque ya de más grandecitos podemos decir: “She Loves You, Yeah, Yeah, Yeah…” Ok, me encanta. Pero digamos que también hay gente que pudo decir más o menos lo mismo sin el yeah, yeah yeah; de maneras más trabajadas, originales y profundas. 

Quizás en el rock nos enamoramos más de las sonoridades que del mensaje. 

Claro. Y es interesante porque en el fondo es una música que no nos pertenece. Sí, nosotros la hicimos, la recogimos, es como el blues de acá, hay blues de acá: Manal, Memphis, me encanta el blues. Y más, te digo, cuando Adrián Otero escribe “El blues del estibador” o “El blues de las 6:30” eso es de acá. Lo mismo “Moscato, Pizza y Fainá”, “La bifurcada”, la manera que tiene de hablar, es de acá. Pero es un trasplante que tiene fecha de vencimiento, me parece. Porque, a la vez, el blues no es un género de acá. Y acá tenemos gente que cantan cosas simples, pero también tenemos gente que con esa simpleza hacen un delirio. Quiero decir, tónica dominante de la milonga, de ahí, con un poco de candombe sería el tango y los delirios musicales que se han hecho son increíbles. Imaginate, Discépolo, Cadicamo, un nivel de poética elevadísima, no es “She Loves You”, es mucho más. Tengo una amiga que defiende al pop y dice que no se puede comparar. Y bueno, yo creo que sí se puede comparar cómo manejaba Fangio y cómo manejo yo. Porque hay unas cuestiones técnicas, acá hay una riqueza y un conocimiento del oficio, un amor que hace que esa persona sea excelente en eso. Estamos hablando de grandes poetas del tango, intentando compararlos a grandes letristas del rock, que además no son Dylan. ¿Tienen buenas letras? Tienen buenas letras. Pero Manzi no escribía solo buenas letras. Y por eso son obras que están hechas en fierro. Vos escuchás eso hoy y es una fuente de sabiduría. Se aprende de la vida escuchando esa música. Hubiera sido interesante aprenderlas antes. Como escribió Discépolo: “Cuando estén secas las pilas de todos los timbres que vos apretás…” 

Tremenda frase… 

Ahí hay un compromiso. A mí me gusta, entonces quizás ese es el descubrimiento que, como te digo, siempre fue epifánico, porque con los Residents fue epifánico, con los Beatles, los Who, con “My Generation”, Led Zeppelin, King Crimson, B-52´s, con todos los que me gustan fue epifánico… 

¿Y ahora la música que te sale se podría describir en base a algún género, algún estilo, o es una mezcla de todo? 

Uno tiene ideas respecto a cómo se formó en música. Por ejemplo, es difícil pensar a Fito sin Chico Buarque, o sin Charly. Hay artistas que te muestran sus particularidades y posibilidades para que vos hagas tu propio camino. Porque por ahí no hacés una banda tributo, por ahí tomás algunas cosas de ahí, otras cosas de otro lado, algunas cosas se te ocurren en el camino, y así encontraste un instrumento que hace un ruido raro y bueno… Todo eso te llevó por un camino, la vida te va llevando por caminos y eso son las canciones que hacés, supongo. Al menos es lo que creo yo, ya que no veo gran diferencia. Lo mío son canciones pop, como de rock pero con un ritmo folclórico. Es música que intenta ser popular. No tiene pretensiones de nada, es una canción que dice cosas y no tiene más pretensiones que mostrarte eso. 

Con tus letras uno se imagina situaciones, personajes… 

A mí me parecen que son como páginas de cómics. No necesariamente la historia está completa. Son viñetas. Nunca una historia está completa en una canción de tres minutos. 

Y ahí entra en juego el arte de los intérpretes con su estilo, su sonoridad, su impronta. 

Claro, gente como Juliette Greco o Zitarrosa, Yupanqui, Juan Falú o el Tata Cedrón. No hay complejidad ahí. No es que no la haya, lo que no hay es una cosa rebuscada. Hay arte. No hace falta escuchar tanto, no hay tiempo y uno no tiene atención para tanto. Es limitado el tiempo de vida y el tiempo de atención. Entonces hay que enfocarse en lo que en lo que a uno le sirve. Como cantó Javier: “No hay tiempo de más…” 

¿Y en lo que estás haciendo ahora hay un concepto que abarca la mayoría de los temas o son todas historias individuales que no se tocan entre sí? 

Hay un concepto. Pero no necesariamente todos los temas responden a ese concepto. Hay una dirección general, el disco tiene un concepto pero no todos los temas responden exactamente a esa idea. No es una ópera rock. 

¿Algunas lecturas te inspiran a escribir letras de canciones, como les pasa a otros compositores del rock y pop? 

No tengo un plan. Lo que leo me influye. Lo que veo me influye, lo que pienso me influye. Cuando estoy frente a la canción por algún lado sale. Pero por ahí sale una cosa me influyó hace tres años. No tengo control sobre eso ni un plan al respecto. Por ahí es un defecto, pero bueno, es así. 

Hay una pregunta que le hago casi siempre a mis entrevistados, como un vicio particular mío, ¿qué canción de otro autor te hubiese gustado componer a vos? 

“Construcción” de Chico Buarque. Porque tiene una forma extrañísima y un reordenamiento caleidoscópico. En su forma es una obra muy moderna. Además de la poesía que tiene. También me hubiera gustado hacer “De nada sirve”, de Moris, por supuesto… 

Emiliano Acevedo




domingo, 29 de marzo de 2026

HABLANDO DE "SOLO BIEN SE EXPLOTA", EL NUEVO DISCO DE ZELMAR GARÍN...

 


Cada disco de Zelmar Garín es una nueva aventura sónica y experimental. Tras ser protagonista del documental internacional Dissecting Zelmar, Garín presenta su nuevo disco Zelmar Solo Bien Se Explota con una gira que combina música e imágenes de una trayectoria artística que ya lleva más de 25 años. Zelmar es una de las figuras más inquietas del under argentino. Músico, productor, coleccionista y curador de discos, su labor es prácticamente inabarcable, con decenas de álbumes editados (solo y con bandas) en los que recorre un amplio espectro que va del rock a la canción, pasando por el blues, el folk, la psicodelia y la murga. En esta nota charlamos sobre este último lanzamiento y todos sus proyectos actuales. 

ENTREVISTA> Contame como pensaste el concepto del álbum y cómo lo grabaste… 

Yo estaba viviendo en La Boca y tenía una micro sala de grabación, pero hacía rato que no craneaba ningún disco. Pero también veía que la ola libertaria empezaba a ganar demasiado espacio. Te estoy hablando de finales de 2023, principios de 2024. Cuando ganan las elecciones, empecé una carpetita en la compu a la que le puse “Tibios” y ahí empecé a grabar ideas. Sin esa cosa política que al final después tuvo. En esa época le metía mucho a la batería, le adosaba elementos de chatarra, chapas, diferentes objetos y así empecé a armar ritmos, bases, y en un momento empecé a grabar. 

Casi un brainstorming personal… 

Y sí. Me armaba todo cada tarde y ahí empezaba a grabar en crudo ideas. Después comenzaba a editar, componer y a sumar capas. Una manera compositiva de grabar, cortar, pegar, producir, y post producir sonidos. Yo hace rato que vengo desarrollando esta forma de grabar en casa, porque si estás en un estudio eso son horas que hay que pagar. Así que con mi consolita de dos, tres, cuatro canales empecé a hacer tomas. Así también empecé a incursionar mucho en los teclados. Obviamente, guitarras, bajos, voces y después cosas que van surgiendo: flautas, también usé sampleos. Cada tema tiene su propia impronta. 

El título del disco menciona a Eduardo Mateo, ¿no? 

Claro. Siempre fui fana de Mateo, desde que apareció tempranamente en mi vida. O sea, es uno de mis músicos predilectos. Siempre lo he sentido una influencia. Es curioso, porque muchos cuando escuchan mi música me nombran a King Crimson y a mí, en realidad, lo que me ha influenciado es Mateo, obviamente Spinetta también, pero no King Crimson, o sea eso viene medio de rebote. 

Por eso, tapa y título hacen referencia a Mateo… 

Claro. La tapa es una parodia. El disco de él se llamaba Mateo solo bien se lame, y como justamente ahora todos los músicos estamos en esta era donde hacemos todo -grabarnos, auto producirnos, ser nuestros plomos, nuestros route managers, nuestro todo- es como una auto explotación. Aparte lo que te requieren ahora es que también estés en las redes. Por eso esta cosa de la auto explotación que vivimos los músicos, porque ya no alcanza con tocar, componer, ensayar y tratar de ir a tocar; sino también viene todo lo otro que te acabo de contar aparejado, lo cual a veces es una limadura que te hace olvidar de la música, ¿no? Por eso la alegoría con Mateo, un disco en donde él toca todo, que se llama Mateo solo bien se lame. Entonces, a este en chiste le puse: Zelmar solo bien se explota. 

Lo vamos a recorrer tema por tema. El disco empieza con una intro, ¿no? 

Sí, ahí utilicé un audio real de una entrevista que me hicieron en la radio en el programa Oro Negro. 

También aparece la voz de un señor que habla… 

Bueno, ese señor que habla salió de una grabación que encontré. Hay muchas grabaciones como esas, ya que yo laburo con archivos y donaciones y me he encontrado un archivo muy antiguo de casetes de un señor que hacía pruebas en su casa, porque también estoy en contacto con material hogareño de gente que obviamente ya se murió. Entonces, a veces me guardo esas cosas para después usarlas como elemento compositivo en mis propios discos. Por eso está este loco diciendo “Hola, hola”, en casi todo el disco, porque es un tipo que está probando un equipo de audio. Ahí estaba él solo haciendo eso, hasta hay una especie de saludo de Navidad, en joda. Bueno, todo eso. Incluso, a veces hay cosas que no se escuchan muy patentes, pero están ahí. 

La intro se llama “Oro Negro” por el programa… 

Sí, pero además es una especie de introducción de la incertidumbre de algo que empieza y no se sabe a dónde va, que es un poco también lo que sentimos con este gobierno. El oro negro obviamente es por los vinilos, y era el título del programa de Maximiliano Romero y Lucía Rollano. Ellos me habían invitado cuando tenían el programa en Radio Nacional, pero los echaron cuando cambió el gobierno. Ahí había ido a presentar una cosa y usé un pedazo de ese fragmento de la grabación de ese día y así armé toda la intro. Después lo procesé y por eso se escucha esa especie de sintetizadores al principio. Eso sumado al tipo que habla cosas, que prueba el sistema de audio. Obviamente todo está superprocesado. Le bajé el pitch, qué sé yo, y así empieza a crecer otro feedback que va hacia la introducción del tema que sigue. Que, a la vez, funciona como una especie de crítica social. Muy murguero, si lo pensás. 

¿Y la letra de “Saca el odio (Delivery)”? 

Tiene que ver con la escalada que tuvo lugar en el último gobierno kirchnerista, con los tipos más desprotegidos a nivel laboral. Porque ellos eran los que más estaban a favor de la supuesta libertad pero son tipos a los que no les queda otra que ir a laburar con la bici o con la moto. 

Son personas bastante resentidas… 

Bueno, es un poco eso, ¿no? Es un poco la visión del tipo que está ahí enojado con el mundo, anda en bicicleta y todo eso que le va pasando por su cabeza. En el medio hay un rap, medio afrobeat. Todo ahí se desarrolla con los sintes porque tiene unas guitarras sintetizadas interesantes. Ese solo que es un juguete que después destruí con cosas. Un poco es eso. También es el tema de difusión, por lo menos el que naturalmente la gente elige, porque al tener batería a tierra y esa cosa super pop, hace que sea fácil de escuchar. 

¿De qué habla “Desguace estatal”? 

Fue lo primero que hice. Casi es un tema instrumental. En realidad, lo había armado previamente a que esto fuera un disco. Justo había armado una banda ficticia que se llamó Marrano y sus Financistas, pero que era Marra - no y sus financistas, en donde va la S tenía el símbolo de pesos. Es más, el señor Marra aparece en el audio. Yo había visto un video del chabón cambiando dólares por pesos en una manifestación en La Matanza y dice: "Transacción hecha". No sé si viste ese video. Pero a raíz de eso, y todo lo que venían proponiendo estos tipos, básicamente lo que yo sentí es que venían a desguazar el estado, que finalmente es lo que está ocurriendo. Así lo hice a modo de crítica y a la vez no perdiendo el humor de esa bizarreada que me parecía todo. Bizarreada porque el loco estaba cagándose de risa y valentonándose, siendo él un tipo que es cambista. El tema musicalmente tiene momentos interesantes, medio que le hace un chiste al heavy metal. Otra vez aparece el viejo del comienzo hablando. 

Otra vez, como puente conductor… 

Claro. Como te conté, me había hecho un intérprete falso, que era Marrano y sus Financistas. Hicimos una tapa con IA que es un dibujo de un chancho lleno de guita en un mundo explotado. Después de eso cada simple que fui sacando tuvo una tapa realizada por algún pintor, algún ilustrador. Hice esto e incluso llegó a salir una nota en un blog que se llama Tiro al Blanco, donde contaba la historia de la banda. Una banda en donde eran todos personajes inventados. Yo no daba mi nombre, hicimos un Instagram de Marrano, que también usé como conejillo de indias para seguir a toda la gente con la que yo no estaba de acuerdo, también para engañar un poco el logarismo y entender un poco lo que estaba pasando con todo lo que se vino después. Así empecé a seguir a la vicepresidenta, al presidente y a esos influencers libertarios. O sea, a todos esos que jamás me iban a aparecer, por eso hice ese usuario ficticio y ahí empecé a hacer como una especie de inteligencia. 

Una SIDE paralela… 

Sí, así saqué ese tema, primero como Marrano y sus financistas, y después lo quise incluir en el disco y le puse “Desguace Estatal”. 

Uno que tiene mucha presencia de la bata. 

Aparece una pieza de milonga y la bata tiene un desarrollo que va coincidiendo con los riffs que entran y salen. Dice: “Ese es el ritmo del deshuesado y en La matanza lo bailan bien descontrolado”. Si vos ves el video y no entendés nada de la vida, te cagás de risa. Y un poco es eso. El tema es bastante complejo, pero le di como una especie de onda Residents, en la que vos no sabés quién toca, no conocés la identidad de los músicos y es una música bastante freaky. Después, cuando empecé a armar el disco, empecé a hacer esta serie de temitas que funcionan como separadores. Iba sacando temas y los saqué primero como simples. Cada uno tiene una ilustración diferente. El primero que saqué fue “No soy un león”, que hizo Pancho Pepe, que funciona sobre la idea del cazador y el animal. Viste que es un león, pero que en realidad es una cebra. Ese fue un concepto que encontró él que me parece genial. Igual, el título lo dice todo. 

Contame la idea musical de “No soy un león”… 

Fue el segundo tema que saqué. La voz que se escucha, por ejemplo, es un disco de pasta de Tarzán, de la década del 50, que digitalicé y puse ahí. Obviamente parece que está en Marte. También tiene un desarrollo que va guiando la batería, ahí están las chapas y el bombo va a contratiempo. Me gusta esta cosa de la música africana en la que aparece un tono, aparece un motivo, se va, entra otro motivo, cambia el ritmo, coincide con otra cosa, es una especie de cosa monocorde, pero a la vez con patterns rítmicos y eso da una especie de armonía que va entrando y saliendo. Si lo escuchás de lejos, parece estático, pero en realidad se está desarrollando. El armado del tema me costó bastante. En un principio duraba como siete minutos. Luego lo fui achicando hasta que quedó en tres minutos. Todo el proceso del disco tiene que ver con la idea de meterle horas y horas, grabar cosas, probar, cortar, después producir más sonidos. Esa es la forma que tiene de composición en sí, lo cual me hace medio imposible poder tocarlo en vivo. 

Después sigue “Volviendo en barco”, ¿no? 

Este es uno de los temas más lindos. Por lo menos la gente se copa de inmediato cada vez que lo muestro. Los audios incidentales que utilicé los había encontrado en un disco de pasta que era uno de esos audios que mandaban para Estados Unidos de un programa de radio. Cuando hablo de discos de pasta son esos materiales del año 50 para atrás. Por eso suena con tanto ruido a pesar que lo digitalicé lindo y todo. Pero bueno, es interesante lo que dice, lo que cuenta. Y como la canción tiene ese tinte de alguien que viene en un barco, lo usé. Y acá usé como sampler, digamos, pedazos de discos para armar la base. Ahí se suma una batería de plástico, hecha a partir de una caja de herramientas. Saqué eso, puse unos micrófonos y toqué con unas baquetas. No sé si te das cuenta que primero entra el disco que está sampleado y retocado, con el pitch bajado. Después se suma una batería basurienta, como la llamo yo. Ahí se va armando un mar, hay otras grabaciones también súper procesadas. Ahí desaparece el sampler. Queda una nota pedal, entra la guitarra, vuelve. Hay una nota pedal ahí que está hecha con unos pincullos. Bueno, ahí entra la viola. Son varias violas haciendo lo mismo. Después se abren, una eléctrica y una criolla. Y la canción es sencilla, ronda siempre ahí con dos tonos y en la parte B tiene tres tonos. Tiene una cosa media hipnótica. 

¿El título “Volviendo en barco” tiene algo que ver con lo que dijo Alberto Fernández, de eso que los argentinos venimos de los barcos? 

No. Definitivamente no. Pero podría ser. Acá la tapa la hizo mi hermana. La idea es esto, ¿no? Este es mi delirio, cada uno puede interpretar lo que se le cante el ojete: Es alguien que viene como arrepentido. Porque, un poco, yo también sentía esa especie de desazón de que el gobierno que habíamos militado nos había… No traicionado, pero que estábamos en una etapa de cambio de paradigma que es un bajón. Pero también lo pongo como alguien que se mandó una cagada y viene pensando en cómo seguir adelante, ¿no? La letra dice: "Vino buscando perdón, cruzó los mares, pensó si hoy tal vez sienta el fuego. Cansado bebe el vapor, el cielo escucha el rezo, pensó que si es el día, meditando sobre lo ocurrido no encuentra reparo a lo que pasó. La duda lo consume en el barco, espera una imagen, una vibración…” Esa cuestión del barco sería uno mismo pensando. La cuestión del agua se relaciona con lo que dice Jung, al respecto de los sueños, acerca de que si vos soñás con agua quiere decir que es el inconsciente que se está manifestando. Por lo menos yo lo asocio así. Y después está la cosa del dragón, una especie de espíritu superior, que en realidad lo viene cuidando, pero a la vez poniéndole los puntos. Porque cuando empieza a fantasear el tipo, “la fantasía el dragón quemó”, ¿viste? Entonces hay un viaje místico ahí. Cuando salga el vinilo con este tema va a terminar el Lado A. 

Después viene “Cabecita negra”, que sería el primero del Lado B. ¿“Cabecita negra” tiene que ver con la gente humilde que vota a este gobierno? 

Un poco sí, un poco el concepto de cabecita negra viene de un famoso cuento de Germán Rozenmacher. El concepto que viene de cabecita negra, que no deja de ser un pájaro nacional también. Y un poco sería eso. También hay misticismo en la letra. Porque cuando estoy haciendo las letras no tengo un concepto muy definido. Creo que viene apareciendo con cómo suenan las músicas. Pensá que todo lo fui construyendo en forma aleatoria, las letras también. En casi todos los temas primero vino la música, las diferentes partes, y después empezaba con la melodía a ver si me gustaba. Hay temas que tenían varias melodías que corté y quedaron más simples de lo que eran en un principio. Acá son todos sintetizadores y una base media como drum and bass, milonguera por momentos. También tiene esta cosa medio espacial. Yo me lo imagino como alitas. La base tiene un concepto mateísta. Mateo laburaba algo que se llama toco. Él jodía con otro percusionista que se llamaba Chichito Cabral, e inventaron eso que se llama el toco, que lo escuchás como un grave y un agudo, pero se puede correr el acento. Puede ser un ritmo en dos, como el de una batería, pero que puede cambiar el acento. Entonces, cuando estás escuchando, y eso está arriba de una canción, se van corriendo los acentos. Ese es un poco el concepto de la batería que se escucha acá. Pero aparte de eso, hay pequeños sonidos que están tocados. En un momento aparece una cámara, luego se achica. 

Un entramado rítmico y sonoro… 

Sí. Acá casi todo lo que suena son teclados. Y eso que yo no toco el teclado. Y en un momento aparece un banjo. Pero bueno, la historia es como una fábula, como que la persona que está cantando deposita su confianza en un pájaro negro. Él sabe que ese pájaro tiene un poder pero lo tiene que cuidar. Entonces viene un perro, se pone celoso y trata de matar al pájaro. Entonces él lo reprende y después hay una especie de resumen del cuento: “Toda la ironía que el pájaro contó, cuánto tiempo falta pa´que renazca la voz, cabecita negra no te olvides quién sos...” 

Tal cual, es así… 

Sí, por más que te vendan estas pseudolibertas financieras, no te olvidés tu clase social, de dónde sos, de dónde venís. Pero bueno, puede tener otras libres interpretaciones. 

“Choriplaner Versus las Fuerzas del Cielo” es un link al siguiente tema… 

Sí, que en realidad es una especie de “piazzollada” totalmente deformada. La voz y todo lo que se escucha era una propaganda del gobierno de la ciudad de la década del 80. Que siempre tiene esa cosa de vanagloriarse de que el país se saca adelante trabajando, que ahora ya quedó como una frase caduca pero que sigue tomando la derecha para adoctrinar. Por supuesto, yo acá la tomo en sorna.

Luego arranca “Los Pescadores”. Esta es medio psicodélica, ¿no? 

Es el tema pop del disco. La tapa del single la hizo Iván Riskin. Iván hace muchos cómics, es noisero en su forma de dibujar y de pintar. “Pescadores” habla de lo que veía en la calle yendo a laburar todos los días de La Boca a San Telmo. Es que en esos cuatro años que yo viví en La Boca, la gente que viene de las provincias a revolver en los tachos de basura capitalinos creció enormemente. Son personas cada vez más detonadas que se ponen a gritar en medio de la calle. En fin, lo que vemos todos los días. Eso se fue acrecentando y quedó el personaje que vemos ahora, alguien con un palo viendo que puede escarbar y vender. Por supuesto, hay mucha gente viviendo al lado de los tachos de basura. Acá a la vuelta hay personas que duermen ahí en medio de un olor insoportable. Es una degradación que yo nunca vi y que es de esta época. El tema es una canción medio sacra por momentos. Tiene una armonía tradicional con un desarrollo y un sonido medio indie. La voz está doblada, una que es muy aguda y una que está abajo. Habla de un personaje que habita en la ciudad y que antes era el ciruja. Un tipo que va a pescar en los “mares negros”, que son los contenedores y las bolsas de basura. Hay muchas personas en la calle con desordenes psíquicos también. Eso es correlativo de un montón de políticas que se fueron perdiendo. Todas las personas que tienen problemas psiquiátricos con tratamientos ambulatorios, mucha gente sin contención y que está afuera del sistema. Eso es un poco de lo que habla la canción. 

Después de un link, llega el último tema del disco: “El Helicóptero”. ¿A qué se refiere? 

Una canción que tiene bastante desarrollo, dura siete minutos. Arranca con una intro de menos de un minuto. Que es electrónica, con baterías electrónicas que están tocadas por mí. También hay un tecladito primitivo, un Casio de los 80, que tengo en mi casa, que mete unas baterías que parecen un chiste. Después entran unas violas, suenan medio folk. El último disco de Mateo, que justamente estuve escuchando ayer, se llama La Mosca, y tiene una canción llamada “Ficción Solar”. O “Carolina”, que es otra de mis canciones preferidas de Mateo. Ambas tienen esa cosa espacial de guitarras acústicas con mucha reverb y sonido muy envolvente. Acá hay una acústica mezclada con una eléctrica sin amplificación, unos sintes y una especie de batería media folclórica. La canción es medio premonitoria, la hice cuando presentaron la Ley Bases. Y también habla del colapso terrestre, los incendios y demás, la ecología es una pavada para esta gente que nos gobierna. Gente que parece estar todo el tiempo inflando un globo de la crueldad. Algo que en algún momento va a explotar, se les va a volver en contra. Por lo menos es lo que pienso yo: Ellos verduguean todo el tiempo a mucha gente, en algún momento esas personas se tienen que levantar. Después, el helicóptero obviamente es una imagen que a los argentinos nos remite al 2001. Este tema lo dice a principios del 2024. Musicalmente, está hecho con una afinación típica del blues, que es un Mi Mayor. La guitarra te da otras posibilidades cuando la afinás así. Suena diferente, tiene más armónicos. Este tema en el vivo me da para improvisar. Es de los pocos temas que toco en vivo por ahora, por lo menos. Estamos tocando a full con Nahuel Creche. Cuando lo empecé a armar pensé que iba a ser un embole porque es una canción larga. Pero tiene un desarrollo armónico que te va llevando. Yo creo que se hace bastante escuchable a pesar de ser la más larga del disco. 

Es un disco corto… 

Sí, 31 minutos. Creo que es el disco más corto que he hecho. También pensando en los tiempos de ahora y pensando que lo iba a editar en vinilo. 

El disco termina con otro link: “La venganza de Conan y su Ejército de Papas Fritas” … 

Termina con unas frecuencias super graves, es un sub low. Y ahí aparece un tango. El que habla es un médico, o algo así, que le mandaba un saludo en joda a algún amigo. Lo usé como de final diciendo vaffanculo, andá a cagar, y por eso tiene ese título también gracioso. Es un médico que era tanguero y que le mandó un saludo a otro tanguero. Un final medio oculto. 

Ahora la idea es sacarlo en vinilo. ¿Cómo continúa este proyecto? 

Ya hicimos la presentación en diciembre en Roseti, en la que armamos un video porque el disco es bastante intocable. O sea, yo podría armar una banda de cinco o seis músicos para tocar el disco en vivo. Pero también mi realidad es que ya hice eso una vez o dos y es mucho laburo. Para tocar una, dos, tres veces al año parece un despropósito y tampoco me da decirle a cinco o seis amigos hacer todo ese laburo, que vengan a ensayar y yo no poder pagarles. Porque aparte cada vez que tocamos por ahí como máximo pueden venir cincuenta personas. Así que desistí de esa idea. Estuve pensando un año cómo mierda iba a presentar este álbum. Pero el disco tiene un poco lo que ya te conté, mucho trabajo, cabeza y laburo de sonido. Después en vivo un poco se pierde eso. Así que para la presentación armamos un video con la escucha del disco, un video que armó la productora Circo Bohemio usando diferentes fuentes. Y al final en la parte del helicóptero sí aparecía yo con la guitarra, Nahuel se sumaba en un octapad y ahí cerraba el disco. También toqué un montón de repertorio mío. Yo saco discos desde el año 98 y tengo un montón de repertorio. Así que lo reformulo. Agarro los temas que más me pueden garpar hacerlos con la guitarra y una batería y los hacemos. Sí, armé especialmente para la fecha de diciembre, aparte del video, unos arreglos de cuerda para “No Soy Un León” y “Volviendo en Barco”, junto a mi hermano Waldemar, que tocó junto a su cuarteto de cuerdas El Piola Quartet. Y eso estuvo re bueno. O sea, el arreglo que terminó de armar mi hermano quedó re groso, es más, eso me gustaría grabarlo en algún momento. Tiene una sonoridad diferente y ahí también ves la potencialidad que puede tener el tema llevándolo a otro contexto. Quedé muy conforme con eso. De ahí nos fuimos a tocar a Uruguay, hicimos cinco fechas, tocamos en la tele también, en Mira Montevideo, un programa central de la televisión uruguaya. Estuvo bueno. 

¿Y cómo sigue esto? 

Mi idea ahora es tratar de presentar el disco. Porque además este lanzamiento coincide con la salida del documental Dissecting Zelmar (https://www.youtube.com/watch?v=xkkcbUnL5Jk), que produce el canal norteamericano Wastoids en YouTube. Una producción que me honra, hecha por Salvador Cresta. Y bueno, es el recorrido de todos estos años en la música y un poco capitalizar mi carrera. El año pasado di de baja a Gualicho Turbio y Ácido Canario, mis proyectos de banda, para poder viajar o para tratar de hacer otras cosas en donde por ahí tengo que estar solo. Si me va bien, joya, y si me va mal, me jodo yo solo. Pero estar dependiendo de otras personas hace que a veces no puedas activar. También depende mucho del humor, de la economía, de la amistad, ¿viste? Mi idea ahora es salir a tocar, ya sea presentando este disco, más algunos de Ácido Canario, temas de otros discos míos o lo que fuera. Lo que tenga ganas de tocar. Ya que tengo un montón de discos sacados, un montón de canciones, de facetas y cosas. 

¿Cómo va a ser la edición del vinilo de Zelmar Solo Bien Se Explota? 

Es una tirada súper corta, son 100 discos nomás. Me ayuda Finca Records y la gente de Música En El Ático, que es un programa de radio y podcast de Emilio Riesta. Lo voy a vender por mi cuenta en mi tienda de vinilos nuevos y usados. También voy a las ferias de vinilo y después mandaré algunos a Europa para que me hagan distribución. Pero pocos, no sé cuántos. O sea, si no voy a tocar afuera es difícil vender discos. Pero bueno, mi idea es ir a tocar afuera este año. Vamos a ver cómo me va. Mi idea es viajar, llevar discos y también tengo la posibilidad de que me los distribuyan allá. Todo es un trabajo de hormiga, por supuesto. 

Emiliano Acevedo