miércoles, 14 de octubre de 2026

VIVIANA SCALIZA Y EL ARTE DE DARLE VIDA A UNA CANCIÓN

Hay voces que construyen su identidad lejos de los moldes y encuentran en la música un territorio propio. Viviana Scaliza es una de ellas. Cantante y guitarrista, ligada al blues, el soul y los negro spirituals, construyó una trayectoria que tuvo uno de sus capítulos fundamentales en Las Blacanblus, el grupo que integró entre 1992 y 2006. Desde entonces, su recorrido solista y su trabajo como docente vocal ampliaron una búsqueda artística sostenida en la expresividad y el compromiso con la música. En esta conversación telefónica, Viviana repasa los distintos momentos de su carrera, las experiencias que marcaron su camino, su manera de entender una música que sigue encontrando nuevas formas de expresión ante los desafíos que enfrenta en este momento de su existencia.   

ENTREVISTA> ¿Cuáles fueron tus primeros acercamientos a la música? 

Mi mamá, a la tarde, escuchaba tango y folklore. Mi viejo escuchaba tangos por la mañana, en el programa de Héctor Larrea. Yo me cansaba de escuchar tango, por eso puede ser que no me haya enganchado mucho con esa música. Incluso, los miércoles a la noche me sacaban lo que yo estaba viendo en la tele para poner Grandes valores del tango, lo sufrí desde antes que empezara a conducirlo Soldán, para mí duraba como 42 horas… [risas] Así que, básicamente, empecé escuchando la radio y mi primera influencia terminó siendo Joan Baez, pero yo aún no sabía quién era. Justamente, una canción que me rompió la cabeza, no me acuerdo a que edad, fue cuando se estrenó acá la película Sacco y Vanzetti, y yo me morí con “Here´s to You”, la balada de la banda sonora.   

Desde chica te influenció… 

Y viste que cuando una es chica es como una esponja y se aprende las cosas de memoria porque te las pasan en la radio varias veces. Ya un poco más grande empecé a escuchar los Beatles y Joan Baez ya sabiendo quién era. Acá te estoy hablando siempre de antes de los 13 años, porque todo esto lo recuerdo con mi madre presente. Después, mi primera incursión en la música fue cuando empecé en un coro a los 14 años. Teníamos una profe de música en la secundaria que no se guiaba por el programa, nos enseñaba cosas que eran muy raras. Le dábamos bola tres alumnas nomás. Te estoy hablando del año 76, la mina venía con el tocadiscos, con un montón de discos. También traía libros de arte, literatura, entonces nos iba enseñando periodos de la música, comparando música, arquitectura, literatura, pintura, y yo ahí, que ya venía con un gusto por la música clásica, quedé fascinada. 

Esa profe te llevó al coro… 

Claro. Me llevó a un coro chiquito que había acá en Morón, ahí es donde conozco con los negro spirituals. Ahí conocí ese estilo y el resto del caminito más o menos conocido, porque eso fue el principio, mi entrada hacia el blues de alguna manera. 

¿En ese momento ya tocabas la guitarra? 

Sí. Yo toco desde los 9 años, más o menos. En la secundaria, yo llevaba la guitarra y la teníamos todo el día en el aula y nos la pasábamos tocando y cantando. Cuando empieza la dictadura, yo llegaba con la guitarra, la tenía que dejar en dirección, ir a buscarla para la hora de música y devolverla hasta que me iba. 

Descubrir la música negra te cambió todo, ¿no? 

Sí, como toda la música que ya venía escuchando anteriormente. Fueron cimbronazos muy grandes, es un efecto acumulativo. Empecé a escuchar discos de Janis Joplin también, que es mi segunda gran influencia. Pero no dejé la música pop o el folk por el blues, escucho ambas cosas a la vez. Empecé a escuchar a Bob Dylan y, a la vez, a Bessie Smith. Una vez que me relacioné con los negro spirituals, empiezo a estudiarlos en profundidad, ver cómo se cantaban, porque se cantan de formas distintas, no hablan todos de lo mismo. 

¿En esa época de adolescencia cantaste en grupos de barrio? 

Siempre. En grupos de barrio y también me largaba a cantar sola, en festivales por aquí y allá. Acá en Castelar hay mucha música, muchas bandas y de acá salieron muchos grupos como Escarcha, Plus, Taxi, musicazos como Julio Sáez, Hugo Racca, etc. Entonces había mucha música acá. También acá teníamos a Yuelze, o Aucán, que lo formaban Miguel y Eugenio. La cantidad de música que había en la zona era increíble. Yo tenía una bandita a los 18 años y después seguí tocando con otros amigos. Y antes de las Blacanblus tuve una banda en la que ya hicimos las cosas más en serio y se llamó BLU (Banda Lateral Única). Con BLU tocamos en un montón de lugares, en La Gran Aldea en San Telmo, en Babilonia, en infinidad de sitios. Yo luego empiezo a estudiar canto con Cristina Aguayo y participo en una banda de ella que se llamaba Shining Souls. Así que empiezo a estudiar canto negro y conozco a las chicas, a las dos negras, Déborah y Cris, y a Mona. 

Fue química, se dio un choque de planetas… 

Si pensamos que las casualidades no existen, pero pasó que quedamos nosotras cuatro, porque fuimos las que seguimos con un proyecto que empezó saliendo de esos ensayos de los sábados a la mañana con Cristina Aguayo. Se nos ocurrió hacer algo nosotras por afuera de ese ámbito. 

Y justo es la época que empieza a pisar fuerte el blues en Argentina, porque si bien habíamos tenido a Manal, o algún que otro grupo, como Memphis, no había habido una fiebre por el blues tan importante como la que hubo en esos años. 

No, nunca fue súper masivo. Había venido B.B. King en 1980, pero el boom por el blues se desató recién en la década del 90 en Argentina. A nosotras nos preguntaban en ese momento si creíamos que el blues era una moda, y lo negábamos, pero después, si te ponés a pensar, quizás lo haya sido, porque como las modas, esa movida se fue apagando y de ese momento ahora solo queda La Mississippi tocando. Incluso yo a veces me cuestiono un poco si realmente nosotras hacíamos blues. Porque yo escucho los discos y no me sale mucho blues. Era más lo que hacíamos en vivo, quizás, que lo que está grabado. Porque grabamos algunos covers de blues, pero después no hicimos demasiado blues. Yo sé que me van a querer re matar por esto que estoy diciendo, pero la verdad que no me importa, porque es cierto. Ponete a repasar los repertorios de todas las bandas de blues y hay blues, hay rock, pero blues propiamente dicho, no hay tanto si nos ponemos puristas… 

¿El nombre del grupo salió del nombre del disco de los Rolling Stones? 

Hay un tema “Black and Blue”, de Fats Waller. Es una mezcla de eso con el disco de los Stones, que nos gustó mucho. Por eso antes de salir a tocar en La Trastienda, poníamos “Melody”, que está en ese disco. Qué sé yo, en esa época no le dábamos mucha bola a las letras. Poníamos ese tema y la gente sabía que ya íbamos a salir a tocar. Terminaba el tema y aparecíamos nosotras. Pero, hace unos años, con Cris Dall hicimos unos cuantos shows y ella hacía el tema. Ahora, cuando tuve la letra adelante, me dije que yo no podía cantar eso nunca más en la vida. O sea, cuenta la historia de Melody, que es una chica que conoció en un bar, estaban todos borrachos, qué sé yo, bueno, entre otras cosas que pasan, se la termina llevando a la casa y al día siguiente se da cuenta que la chica le robó todo. Y termina diciendo en la última estrofa, “un día te voy a dar una sorpresa, te voy a agarrar y te voy a rostizar viva…” 

Tremendo…

Justo en una época en que habían pasado algunas cosas con el tema de rostizar vivas a las mujeres. O sea, hay cosas que envejecen bien y otras que no envejecen tan bien. Yo te puedo decir, qué lástima porque lo sigo escuchando y su música me sigue gustando. Pero bueno… Sí, el nombre del grupo fue por eso y decidimos ponerlo en castellano para que sea más fácil. Igualmente, nunca lo escriben bien. Que “Blanca Blues”, “Blacablus”, “Black and Blues”, así que nos terminó jugando una mala pasada el nombre… [risas] 

¿Cómo fue creciendo la popularidad del grupo hasta que grabaron el primer disco? 

Fue meteórico, nunca fuimos super masivas, llenábamos La Trastienda sí, esto fue cuando grabamos el disco, pero lo del disco surgió al año de estar tocando. Ojo, ¿viste que hay bandas que la tenían que remar durante años para grabar un disco en ese momento? No era como ahora. En ese momento necesitabas, sí o sí, tener un productor y un sello discográfico. Ahora, qué sé yo, mucha gente tiene estudios en su casa, hay muchos estudios más chicos, pero en ese momento lo que existían eran los grandes estudios y un productor, o sea, un productor musical, un productor ejecutivo, un productor que pusiera la guita. Hay muchas cosas que han desaparecido, salvo para los artistas grosos, los que venden mucho. 

Ustedes habían conocido a la Negra Poli, ¿no? 

Sí, habíamos tenido un acercamiento, me encontré con ella en el baño en un show de La Mississippi. Entonces, nos encontrábamos con la Negra en Plaza Serrano. Y ella insistía que teníamos que grabar, pero decía, "Ustedes no firmen con nadie, no firmen con nadie. Yo voy a hacer algo”. Y habló con Gustavo Gauvry. Así tuvimos una reunión con Gustavo, que nunca nos había ido a ver en vivo. Le llevamos un casete, al que llamábamos “Black and Truch” … [risas] Era un casete que habíamos grabado en un estudio, lo copiábamos en una doble casetera y lo vendíamos en los shows. Unas caraduras totales. Bueno, le llevamos ese casete y Gauvry nos dice, “Está bien, pero tendrían que hacer un repertorio en castellano…” Entonces le dijimos que teníamos pocos temas en castellano, que la mayoría era en inglés. Y él insistió hasta que nos fue a ver. Cuando nos fue a ver, dijo: "No, no se puede sacar esa parte." O sea, como que también eso era importante. Entonces, él dijo: "Vamos a hacer una cosa, para que no quede como que se metieron en un estudio a grabar en inglés. Vamos a hacer una grabación en vivo y de ahí se va a extraer la parte en inglés que va a estar en el disco”. Y así fue. Lo hicimos en el auditorio del ATE, que estaba en la calle Belgrano, con un estudio móvil que tenía Gustavo. Nuestro primer show fue en mayo del 92, y este disco sale a principios del 94, poco tiempo después. 


Era todo novedoso…
 

Lo que tenía lo que hacíamos las Blacanblus era la originalidad, dentro del ámbito local. No había acá bandas inspiradas en estos grupos vocales estadounidenses afroamericanos. Entonces, lo que llamaba la atención era eso. Que también les llamó la atención a todas las bandas de la época. Y nosotras decidimos no aceptar ir a hacerle coros a nadie porque si no quedábamos como las coristas de tal o cual. No queríamos eso. Pero cuando vino Pappo a decirnos, no pudimos decir que no… 

¿Cómo lo conocieron al Carpo? 

No sé cuándo nos conoció él a nosotras, si nos vio en un show o qué. Sé que nos llamó. Pero no era para un show, la primera vez que nos llamó, era para acompañarlo en Ritmo de la Noche, el programa de los domingos de Tinelli. En ese momento, Pappo estaba a full con el éxito de “Mi vieja”. Y me acuerdo que nosotras empezamos a tener conflictos internos por el hecho de ir a presentarnos en el programa de Tinelli. Me acuerdo estar en el hall central de Telefé, en el mismísimo lugar, discutiendo si lo hacíamos o no. Me acuerdo que Pappo había pedido que los músicos estuvieran sobre tarimas y que no pusieran minas en culo bailando alrededor. Fue a partir de ese momento, que nosotras empezamos a tocar con Pappo sin haber grabado juntos. Después de eso hicimos no sé si tres o cuatro estadios Obras con él, en los cuales tuvimos miedo de cómo iba a reaccionar el público. Pero esa vez no hicimos dos o tres spirituals, fueron solo coros. Estábamos ubicadas adelante de todo y teníamos miedo que nos trataran mal, que nos escupieran, como mínimo… Pero nos trataron tan lindo, que fue muy emocionante. También tiene que ver como él nos presentaba y en otro show en Obras le dijimos si podíamos tocar un tema nosotras y él dijo que sí. Armamos banda y tocamos “Dieciséis toneladas”, en medio del show de Pappo. 

Un verdadero honor… 

Sí, pero ya te digo, tocamos un montón con él sin haber grabado nunca. Recién grabamos en su último disco, Buscando un amor. Ahí grabamos “Rock and roll y fiebre”, “Juntos a la par” y, unos cuantos años después, “Blues del Delta”. Ya no estaba el Carpo cuando se grabó eso, eran temas que habían quedado de la primera grabación y les faltaba los caños, la armónica y los coros. 

¿Y del segundo álbum Rituales qué te acordás? 

Ese fue raro. Porque ya nosotras teníamos un representante que nos había dicho que teníamos que tener un productor. O sea, el disco fue un lio grabarlo. Empezamos grabando con Gauvry y Beto Satragni, pero en el medio hubo un conflicto de cuestiones personales, no musicales. Ahí el representante nos presentó a Alfredo Toth como productor musical. El técnico fue Adrián Bilbao. Lo que pasó fue que Toth era un tipo que venía del palo del rock, entonces el disco sonó totalmente diferente a lo que había sido nuestro primer álbum. En nuestro debut, todo es entusiasmo puro, no teníamos una banda y por eso todos los temas tienen diferentes músicos, y músicas, porque “El agitador” lo hicimos con Andrea Álvarez y Gaby Martínez de Las Pelotas. Y en el segundo disco, fue como que se le dio mucha bola a la parte musical y no tanta a la vocal. El tercero es en vivo y el cuarto disco sí tiene las voces muy al frente. Pero el segundo disco suena más rockero. 

Quizás, sin tanta esencia blusera… 

Claro, claro. De todas maneras, me acuerdo que Gauvry había dicho que el tema que elegimos como corte de difusión, “Hartas”, a él no le gustaba. Él hubiera elegido otro, no me acuerdo ahora cuál, pero decía que ese no le gustaba como corte y nosotras insistimos. Ese disco sale bastante tiempo después, pero es un disco muy bueno, o sea, musicalmente, a mí me gusta mucho. Es muy prolijo, muy bien armado, pero no tuvo tanta aceptación como el primero. 

Es como que el primero marcó mucho la trayectoria de ustedes, ¿no? 

Y sí, la gente habla de las Blacanblus y dice, Maldito piano. 

Sí, sonaba mucho en la radio, en la Rock&Pop lo pasaban a morir. 

Es que con la Rock&Pop teníamos una historia de cariño, Cristina conocía a mucha gente de ahí, era amiga de Lalo [Mir], de Bobby [Flores], de Douglas Vinci, de toda esa gente. Entonces, teníamos una gran conexión con la Rock&Pop. De hecho, después de firmar contrato con Gauvry, fuimos directo a la radio, les caímos y estaba Bobby Flores al aire.

¿Y del último disco, Suena en mí, qué recuerdos se te vienen a la mente? 

Ese disco fue el broche de una época larguísima que duró años. Una época que arrancó en el 2000 hasta 2005, años de mierda. Ya, antes de eso, estábamos tratando de grabar un disco. Teníamos un repertorio completamente diferente, pero nada que ver. Grabamos un demo en el estudio de Javier Calamaro, que nos lo prestó, y empezamos a buscar alguien que lo produzca. Pasamos por varias personas: Fabián Prado, Mario Breuer, que quería que hiciéramos jazz, nada que ver. Teníamos el demo, empezamos a dar vueltas, pero la crisis económica era brutal, todo se estaba yendo al carajo, y ahí no arreglamos con PopArt, porque nos equivocamos, quizás no lo pensamos bien y cuando quisimos arreglar con ellos ya no se podía. Nosotras seguimos con la idea del disco y ahí Fernando Taverna, que había sido asistente de escenario nuestro, tenía su estudio, y nos dice: "Bueno, yo les ofrezco el estudio y a ver qué sale. Vamos a grabar todo, lo que haya, todo." Así que nos olvidamos del repertorio que estábamos laburando, que queríamos grabar, e hicimos cosas originales, grabando lo que se nos ocurriese. Pedacitos de tema que tenían piano y voz, piano y guitarra, guitarra y voz, o sea, todo lo que había, pedazos de letra, pedacitos de tema, temas de otros. Ahí me dice, “¿Por qué no grabás ´Hombre de mala sangre´, de Lebón?”. Mirá, nunca habíamos hecho un cover de rock nacional, ¿viste? 

Toda una novedad… 

Yo lo hacía en las pruebas de sonido, por eso él sabía que yo lo cantaba. Así fue que grabamos pedacitos de diferentes cosas. El disco se terminó de componer en el estudio. Nosotras ya estábamos cansadas. Cansadas de vernos, cansadas del grupo. Entonces se tardó mucho tiempo en grabar ese disco, creo que el que más trabajó ahí fue Fernando. Él le puso todas las ganas. No solamente nos dio el estudio, sino que bueno, se pasaba días y días, creo que sin dormir, haciendo arreglos y cosas sobre los temas. Incluso el disco tiene temas con letras de un amigo de él. Tiene cosas compartidas, es una cosa muy rara el último disco, a lo que éramos las Blacanblus, pero a mí me parece hermoso. Y para quien nos conoce y lo escucha detenidamente se puede dar cuenta de cuáles son los dos temas que quiso producir Cristina Dall. Porque vos escuchás el disco y hay dos temas que tienen el viejo sonido Blacanblus. Están muy buenos, pero lo demás tiene el sello de Fernando Taverna y ahí sí trabajamos muchísimo las voces. 

Ahí se viene la separación… 

Claro, es que, ya te digo, estábamos cansadas. Era muy difícil remarla para que vaya gente a los shows, para que nos paguen lo que queríamos. Hubo un momento en que teníamos tres shows en un mes, dos se caían y en el tercero nos querían bajar el cachet. Ahora hay mucha gente que nos dice que nos reunamos. Pero lo que está pasando ahora es que la gente está viendo los videos nuestros de hace 30, 35 años. Claro, ahora aparecen los videos en YouTube, los discos en internet, pero el tiempo ya pasó. Ya no somos las mismas. Además, sería un despelote hacerlo, porque cada cual tendría que dedicarse full time para hacerlo como es debido, y ahora ya no podríamos hacerlo, porque además no somos las mismas tampoco. Entonces no vas a escuchar aquello. Lo que escuchabas en esa época eran años y años de tres ensayos a la semana y tocar todos los fines de semana. Era lógico que sonáramos como si fuéramos un relojito. Ya no va a ser igual.

Vos preferís que quede el recuerdo de lo que fueron… 

Sí, yo prefiero eso. Ser un buen recuerdo y no ser una decepción. Y las chicas piensan lo mismo. Todas estamos de acuerdo, no es que hay una que quiere volver, la otra no, que estamos peleadas. Las tres tenemos la misma forma de pensar.

En esa época que ustedes se separan ya había pasado el boom de blues, y emergía más el rock chabón, barrial y demás. ¿Por qué pensás que se da ese recambio en el rock? 

A mí me agarra el viejazo cuando empiezo a hablar de esto. Porque si vos vas viendo cómo va girando la rueda, ves que los que siguen manteniendo la poesía en sus letras y demás eran los viejos, los que se fueron muriendo, los Soulé, Spinetta y demás. Después empiezan a aparecer otros tipos de letras… La verdad, no sé porque se dan determinados cambios en la música. Ahora hay mucha gente que dice que el rock está muerto, que la buena música esta muerta. No, la música no está muerta, ahora, si vos vas a escuchar la música que te pasan en la radio y sí, puede ser que te haga pensar eso. Y eso depende también de las radios que escuchás, porque si te ponés a escuchar una radio de música clásica o de jazz te vas a dar cuenta que la música no murió para nada. A veces creo que se empieza a no pensar y que todo cuanto más simple es, más se impone. Y no hablo de más simple porque de golpe se pasó, no sé, del rock sinfónico a la canción. No, hablo de no tener que pensar demasiado en lo que se dice en una letra. Fijate en el caso de los Redondos, o el Indio, yo no entiendo que quieren decir el 85% de sus canciones, pero por lo menos te hacían pensar. Yo no soy ni rockera ni ricotera, pero la otra vez canté “Nuestro amo juega al esclavo”, acá en Castelar, para la conmemoración del 24 de marzo, pero cuando vi la letra de la canción me volví loca, me pareció totalmente apropiada para la fecha. Entonces, después de eso escuchás “Me gustas mucho” o “Pila Pila” y no sé que pensar, por más que después me digan que el Pity es un genio y qué sé yo. Hay que ver que es la genialidad para cada persona… 

Igual, estamos hablando de un compositor que se destaca bastante en ese estilo de rock, porque, después para abajo, tenés muchos más ejemplos de líricas mucho más básicas…

Tremendo. Muy básicas en letras y musicalmente también. Hubo bandas rolingas como Los Ratones Paranoicos que son muy respetables en lo suyo, pero todo lo que vino después… No quiero dar nombres, la gente que vaya a leer esto ya sabrán a quien me refiero, pero no aportaron demasiado musicalmente. Encima, yo no soy muy consumidora de rock. Yo creo que me quedé en la polémica Spinetta versus Charly, para que te des una idea. Yo creo que me quedé ahí con el rock nacional. 

¿Y qué música escuchás ahora? ¿Qué música te convoca más? 

Es una pregunta difícil. Digo que es difícil porque es más fácil decirte lo que no escucho. Porque mucho no escucho rock, por ejemplo, pero tampoco escucho tango, y no escucho reguetón y toda esa mierda. Tampoco escucho pop. Eso es lo que no escucho. Después, no sé, en general a mí me gusta escuchar música fuerte, además. Hay días que musicalizo todo el barrio, sobre todo los sábados a la mañana, sábados al mediodía, que me agarra haciendo cosas acá en mi casa. Puedo escuchar desde música brasileña a un grupo finés, o Diamanda Galás, música minimal, música clásica, blues, qué sé yo, pero es música que voy seleccionando para cada día, no escucho todo junto. Necesito ser ordenada. Soy súper ecléctica en cuanto a la música, pero tengo días en que me agarra el ataque de folk y me pongo a escuchar la vieja música de Joan Baez, que escuchaba hace mil años. La música del mundo me encanta. Me gusta mucho algo que hizo Yo-Yo Ma con una banda que se llama Silkroad Ensemble, haciendo la ruta de la seda, entonces tenés músicos y músicas de todos esos países: Grecia, Turquía, la India con sus instrumentos típicos. Bueno, eso a mí me fascina, por ejemplo. 

Y cuando das clases, ¿te adaptás a lo que quieren aprender tus alumnos o ya tenés un programa determinado y no se sale de ahí? 

No, no tengo nada predeterminado, cada persona es un mundo en todo sentido, no solo en gustos musicales, sino vocalmente. El repertorio siempre es a gusto del consumidor. Yo puedo sugerir cosas también porque hay temas que me tienen harta. Por ejemplo, si hablamos de blues, “Desconfío” está prohibido acá. Hay varias canciones que están prohibidas. Yo les puedo decir: "Che, mirá, esta canción que elegiste me parece que todavía es muy complicada para esta etapa tuya o tenemos que elegir algo que nos dé un poquito más de desafío." Pero vos también tenés que cantar las canciones que te gustan. Porque si yo impongo un repertorio, a los dos días no los tengo más. Es más, escuchando los pedidos de los alumnos yo empecé a conocer muchas más cosas o empecé a darle bola a interpretes que no conocía. Por ejemplo, me pasó con la música de Cerati o la de Soda, a la que empecé a escuchar por mis alumnos. Qué loco esos temas, cosas así, o qué buena letra o qué buena voz tenía Gustavo. Porque para mí el pop era para divertirse y listo. Eso, ese intercambio con mis alumnos, me sacó muchos preconceptos de la cabeza. Así voy descubriendo cosas en músicas que no escuchaba. O incluso descubrir que está bueno algún tema de alguna banda que yo detestaba. Por ejemplo, han venido con algún tema de Tan Biónica, y me parecieron muy interesantes algunas letras. No me acuerdo el nombre de la canción, pero después te ponés a pensar en la vida del pibe, que anda chocando con el auto todo el tiempo, y analizás la letra y te das cuenta que se está describiendo a él mismo. Eso es muy valioso, hay que reconocérselo. Lo cual no me hace fanática de Tan Biónica ni de cerca, porque no es el tipo de música que me gusta, pero es lindo descubrir canciones, cosas, que se le puede dar vuelta a algún repertorio, trabajar con ese material… 

En 2019 tuviste un infarto. ¿Cómo fue tu vida luego de eso? 

Y bueno, uno de los problemas que estoy teniendo ahora es un tema cardiorrespiratorio que me está impidiendo moverme demasiado. Qué loco es tener un infarto, es como que vos pensás que la vida sigue igual y de pronto te encontrás con que voló una mosca y te largaste a llorar o la querés cagar a trompadas o las dos cosas juntas. Entonces me sentía muy rara anímicamente. Un amigo que se había infartado me dijo que me quedara tranquila, que en unos meses se me pasaba. Pero es que fue re loco el cambio, fue como empezar a sentir que tenés otro cuerpo. Tenés que tomar medicación, es muy loco. Espero que no le pase a nadie, pero si alguien le pasa o alguien le pasó, sabe cómo es. No quiero adentrarme demasiado en todo lo que me trajo eso después ni cómo fue, porque bueno, fue todo un tema. Pero es re loco tener que pasar por algo así y encima no darte cuenta que te estás infartando. Fue lo que me pasó. Pero acá estoy. No se van a deshacer de mí tan fácilmente. 

He notado que en tu disco en vivo elegiste un repertorio muy ecléctico, porque incluís temas de Carole King, temas perdidos de Roque Narvaja e incluso de Roberto Carlos. ¿Cómo surge esa búsqueda? 

Lo que pasa es que yo no soy compositora, entonces eso a mí me limita. Por eso tengo que buscar un repertorio que no sea, qué sé yo, lo más conocido del disco de Carole King era “(You Make Me Feel Like) A Natural Woman”, pero en la versión de Aretha Franklin. El tema de Roque Narvaja lo canto desde que soy adolescente, el tema de Roberto Carlos me gustó a los 13, 14 años porque una prima mía era fanática de Roberto Carlos, y yo le pedí el disco porque se estilaba prestarnos los discos en esa época. El último tema del Lado 2 se llamaba “Ilegal, inmoral o engorda”. Yo ya era medio rebeldita desde ese momento. Entonces leí ese título y dije, "¿Qué es esto? ¿Me prestás el disco?" Lo escuché y me encantó. Y hace unos años, con esta cosa de que ahora encontrás todo en las redes dije, "Uy, aquel tema." Me acordaba del título, pero no me acordaba como era. Digo, "¿Me gustará todavía?" Y lo escuché y dije, "Síiii." Se los mostré a la banda y dijeron, "Sí, hagámoslo…” Después encontrás una buena mezcla en el disco, y hay algunas cosas que quedaron afuera, que son las que quiero grabar ahora, que son temas originales. Hay un tema que no está grabado de Esteban Piceda, que es el compositor de “Las puertas del infierno”, yo le puse un cachito de letra no más. Y esa grabación también tardó bastante en salir a la luz. Una vez que se grabó, Charly De Hoz, que es guitarrista, productor, cantante y es una bestia, lo mezcló, lo arreglamos, quedó ahí y está buenísimo. Así que luego de mucho tiempo sacamos el disco. 

¿Cómo es colaborar con otros músicos? 

Me encanta. Y lo que me gusta, más allá de este cansancio que vengo trayendo encima, es mi responsabilidad por hacer bien el trabajo. Me encargo solo de cantar. Por supuesto, no voy a hacer cosas que no me gusten. Lo último que hicimos con Lucy Patané fue alucinante. Ese repertorio lo hicimos dos veces y la segunda vez en el Teatro Vorterix fue alucinante la recepción de la gente, yo no lo podía creer. En general no escucho mucho ni los gritos ni los aplausos, no sé por qué, pero es como que se me cierra el oído a eso. Me pasa en un pub, me pasa en cualquier lado. Me dicen, “che, te gritaron tal cosa”, pero no lo escuché. Ese día con Lucy, cuando pisé el escenario, la gente hizo una ovación indescriptible. Me dije, "Bueno, estamos en carrera." Y así fue. Hicimos el tema “Génesis”, de Vox Dei. También participé de algo que se llamó Cancionero del repertorio de la Cuenca Matanza - Riachuelo, que fue un proyecto maravilloso y ahí canto “Avellaneda Blues”, en una colaboración junto con Alejandro Medina. O sea que no me salgo tampoco de la zona de confort horriblemente. A veces sí, porque grabé con Marian Farías Gómez el tema “Zamba del ángel”. El folklore también me gusta mucho. Salirme de la zona de confort sería cantar tango, por ejemplo. Yo creo que canté un tango una sola vez. 

¿Y hacer música celta? ¿Eso también es salirse un poco o no tanto? 

Sí, recontra, pero no fue tanto por la música, porque hacíamos muchos temas irlandeses, que a mí me encantaban, pero es muy diferente el entorno. Esa música tiene un público diferente al público al que yo venía acostumbrada. Era todo muy distinto. Eso sí fue salirme de la zona de confort. No en la música porque en la música me sentía muy cómoda. Pero también te das cuenta que todos los estilos tienen un yeite. Y si vos no sabés ese yeite no suena. Entonces, no sé si lo que yo hacía en música celta suena. Por ejemplo, cuando yo escucho alguien que canta blues, pero no sabe cantar una bluenote, se nota. Si no sabés hacer el yeite del blues estás haciendo una balada, es otra cosa. Se puede decir que la música celta fue lo más raro que he cantado. Por eso, así como llegué me fui… 

Cada vez hay más chicas haciendo música rock, pop y demás. ¿Cómo ves toda esta movida de las chicas empoderadas haciendo música? 

Toda esa generación intermedia, de chicas de 40 años, como Lucy Patané, Paula Maffia, o las Bertoldi, me encanta, por supuesto. Yo muchas veces me encuentro con estas chicas, ¿no? Y todas me elogian, me dicen que yo un faro, porque las Blacanblus y qué sé yo, pero la única que me invitó a cantar, y de la cual siento realmente que me tiene un gran respeto, y yo a ella también, es Lucy. Es la única que me dijo, "Che, ¿venís a cantar un tema?" Fue la que me puso en un lugar como un Vorterix lleno, me presentó como una de las mejores cantantes de la Argentina y la gente me aplaudió. Entonces, a mí me podés decir todo lo que quieras, pero si estás en la cresta de la ola y no me podés invitar a cantar una canción y bueno, no me digas nada. Salúdame con cariño. Está bien. Digo todo esto como un reconocimiento hacia Lucy. 

¿Cómo sufriste el machismo en la escena musical? 

Bueno, si vamos a hablar solo de machismo, porque se podría hablar de muchas otras cosas, pero, ¿sabés en dónde lo vimos eso estando en las Blacanblus? Con los técnicos. Los más pelotudos eran los sonidistas. Con los músicos no había problemas, porque viste que participamos un montón de festivales de blues en los que estaban Pappo, Botafogo, La Mississippi y nosotras. Lo que sí fue que siempre abríamos los festivales, no los terminábamos ni estuvimos en el medio. Pero después participamos en los shows y terminábamos arriba del escenario con todos al final, pero con los sonidistas ha sido una lucha, sobre todo al principio que eran los sonidistas medio pelo de los lugares medio pelo donde tocábamos. Después ya tuvimos nuestros propios técnicos. Pero sí, nos trataban mal, nos trataban de histéricas, a Déborah le han llegado a decir que porque no iba al psiquiatra. Nos quemaban el oído. Esos sonidistas pensaban que la consola tenía nada más que volumen, graves y agudos. Creo que no sabían que existían los ecualizadores ni nada parecido. Entonces vos pedías algo y te daban mil vueltas a full. Vos pedías que te suban y no te subían, si vos estabas en tres no te subían a cinco, te subían a diez. Vos pedías que te bajen, te bajaban a dos. Entonces era lógico que terminaras con el oído quemado. Y a veces, cuando ya teníamos el oído quemado, hacían que movían algo en la consola y no movían nada, que eso fue lo que ocurrió. Que la Negra decía: "Sí, creo que me escucho un poco mejor." Y el sonidista le respondía: "Eh, no toque nada, ¿no ves? Tenés que ir al psicólogo." Bueno, yo me he peleado con sonidistas. Lo que tengo para decir a mi favor es que todos en algún momento me han pedido disculpas. A lo largo del tiempo, ¿no? No en el momento. En el momento nadie te pide disculpas. 

¿Hay algo que te haya quedado pendiente en tu carrera? 

Siempre hay cosas pendientes en la carrera musical. Siempre va a haber un paso más allá que querés dar. Me gusta estar en un estudio de grabación y grabar más discos, eso me encantaría. Me gusta más grabar que el vivo. Eh, pero bueno, creo que yo a esta altura no podría decir: "Quiero ser una estrella internacional…” porque sé que eso ya no va a ocurrir. Eso era por ahí lo que una aspiraba cuando era chica. Ahora mis objetivos se ponen más realistas, más cuando empezás a pisar la tercera edad. Entonces, mi objetivo ahora es seguir en carrera, poder seguir grabando, seguir aprendiendo, viendo si canto alguna otra cosa que no haya cantado nunca y que me divierta. Viene por ahí la cosa. Objetivos realistas. 

Cuando pensás en los 90, los años del boom del blues, ¿qué extrañás de toda esa época? 

Lo único que puedo llegar a extrañar de los 90 era lo que hacíamos con las Blacanblus. O sea, estar en un lugar donde la gente te reconocía, porque todo lo demás fue duro. Cuando todo explota, en el 2001, me cagué de hambre, pero en los 90 con la cuestión económica me fue muy bien. Pero era una época de mucha droga, fue difícil sobreponerse a eso. ¿Te acordás de que se decía de “pizza con champán” y todo eso estaba bañado en merca? Bueno, yo estaba más o menos por ahí. Eh, así que nada. Sí, no volvería eso, lo veo como una pesadilla. Hay gente que dice: "Yo no me arrepiento de nada de lo que hice." Bueno, yo sí. Me pareció una mierda, pero bueno, lo que sí, ya te digo, lo que me gustaría por ahí volver a tener sería este reconocimiento que me daba ser integrante de las Blacanblus. Ahora eso ya pasó, quiero estar lo mejor posible de salud. Ahora, mi mejor proyecto soy yo misma. 

Emiliano Acevedo




martes, 6 de octubre de 2026

RODRIGO MARTÍN: Reinventando el Rock Sónico

El café está tranquilo y la conversación empieza sin apuro. En Temperley, lejos del ruido de los escenarios, Rodrigo Martín habla de música mientras afuera la tarde sigue su ritmo. Sobre la mesa aparecen nombres, discos, canciones, autores de libros, directores de películas y recuerdos que inevitablemente llevan a Juana La Loca, la banda que encabezó desde los años 90 y que se convirtió en una referencia de la escena alternativa argentina. 

La cercanía del próximo show funciona como disparador. El 10 de octubre, en The Roxy, Juana La Loca volverá a encontrarse con el público para recorrer parte de su repertorio y de una historia que todavía tiene capítulos por contar. 

Entre el café y los recuerdos, la charla va y viene entre aquellos años de Rodrigo, las canciones que sobrevivieron al paso del tiempo y el presente de un músico que sigue pensando su obra desde el escenario... 

ENTREVISTA> En el último tiempo estuviste con mucha actividad… 

Sí. Primero reeditamos Electronauta, masterizado por primera vez, porque en 1993 había salido sin ser masterizado. Ahora lo masterizamos para vinilo, lo cual también se conecta mucho con Subversónica, el disco de versiones con invitados, que estamos adelantando el 10 de octubre en el Roxy. Todo ocurrió a partir de redescubrir aquel primer disco, porque al masterizarlo y excitar ciertas frecuencias, comencé a escuchar cosas que me había olvidado que había grabado. 

Contame cómo estás preparando este show próximo del Roxy… 

No es la presentación del disco porque el álbum completo no fue subido aún a ninguna plataforma. Estamos adelantándolo de a un corte. Hasta ahora fue “Sábado a la noche” con Santiago Motorizado, “Perdí la fe” con Walas, y ahora viene “Viernes a la noche” con Toti Iglesias; cuyo videoclip oficial se filma en el Roxy, durante el show. Y luego sale a fin de año “Angelical” con Mariano Martínez. Esos serían los cuatro cortes del disco. De ahí en más sale el disco completo, la presentación con los invitados, para mostrar en su totalidad el disco, va a ser el año que viene. Sin embargo, el 10 de octubre es un adelanto. Hay varias modificaciones en cuanto a las versiones oficiales de los temas. “Sábado a la noche” va a sonar tal cual es la versión grabada por Santiago; “Perdí la fe”, lo mismo; pero tenemos un agregado ya que, por ejemplo, la versión de “Planeta infierno” va a estar a cargo de la concertista de piano Aldana Isjaqui, con cello y violín. Una orquestación compuesta por ella y en “Alucinaciones del 2000” lo mismo. O sea, si bien es un adelanto de Subversónica, ya hay importantes matices de diferencia, con el agregado de la filmación en vivo de “Viernes a la noche”. 

¿Y qué sentiste al volver a hacer estos temas? Si bien nunca se fueron es volver a revisitarlos de una manera diferente. 

Sin duda. Resignificarlos. Eso me ocurrió porque en este caso la decisión fue volverlos a grabar, pero al imprimirles la dinámica, el concepto, la ejecución de volver a grabarlos, la resignificación en la reinterpretación me permite a mí colocar en el tema ingredientes, performances, que al terminar de grabarlos en su momento y re escucharlos, yo pensaba: “¿Por qué no se me ocurrió tal cosa aquella vez?” Al pensar eso lo llevé al plano del vivo. De hecho, la versión que grabamos con Santiago Motorizado de “Sábado a la noche” es la que estamos tocando en vivo ahora. Es una versión más larga, que al final tiene más lírica, distinta a la que está en la versión oficial. Por ejemplo, dice: "Amor en tu coche, amor en tu coche" y resalta ahí “Otra vez, otra vez, otra vez…” Me dije, esto lo dejo plasmado. Por ejemplo, en “Perdí la fe” siempre pensé porque no le había puesto cuerdas armonizando la fiereza de las guitarras en el estribillo. Bueno, este fue el momento preciso. Otro caso fue “Dame pasión”, donde decidí poner una guitarra más rockera, llevando al tema hacia el punk rockerizado, el punk glam, y convoqué a Stuka. Lo mismo me pasó en “Angelical”, en donde decidí que quería un solo más emotivamente glam y de base unas guitarras más potentes acentuando el dramatismo del tema, por eso llamé a Mariano Martínez.  Y así, en cada tema fui imaginando al ejecutor determinado. En “Perdí la fe” pensé en una voz emotivamente expresiva y que también lindere con el dramatismo de la lírica, y no podía ser otro que Walas. Cada tema fue, además de revisionado, vuelto a entender, resignificado, pensando cada integrante para que tomara una dimensión aún más profunda. Sin embargo, en Subversónica estas canciones las tomo directamente como nuevas canciones, más allá del embrión original. También hay un tema que adelanta el disco del año que viene y se llama “Mucho ego”. 

¿Ya estás grabando ese disco nuevo? 

Sí, lo vengo haciendo en desde antes de la grabación de Subversónica, en paralelo se podría decir. 

Ahora también estás escribiendo un libro autobiográfico… 

No. El libro es biográfico, escrito por Diego Perri. 

Toda tu vida. Va a ser bastante groso. 

Sí, sí. Es complicado hacerlo o más o menos. Y ya está terminado. Lo estamos revisando, corrigiendo, pero ya está hecho. Calculo que a comienzos del año que viene ya va a estar editado. Paralelamente a eso estoy escribiendo mi segundo libro. El libro que estamos haciendo con Diego es un recorrido en el que, obviamente, hay rock, pero también tiene cosas que están completamente alejadas del rock. 

¿Cómo fue que llegaste a esta forma tan particular de hacer canciones? 

Creo que porque fui educado con intolerancia a la resignación. Fui educado dentro de un marco donde el terreno de la especulación, las ideas y la maquinación era válido en tanto y en cuanto eso se traspasará al formato tangible. Entonces, se gestó en mí, desde pequeña edad, una búsqueda y una dinámica permanente. Siempre prefiero las preguntas a la respuesta. Eso no significa que no ejecute una búsqueda hacia la respuesta, pero para dinamizar esa búsqueda primero tenés que preguntarte, si esto te es suficiente o no. Para mí nada es suficiente. Entonces, estoy lanzado permanentemente a la búsqueda de nuevas respuestas y considero que en esa búsqueda se transita un camino donde se incorpora conocimiento. En ese camino se van gestando cosas, como, por ejemplo, Tramas, mi primer libro. Ahora estoy organizando mi primera muestra de arte, ya que pinto desde muy temprana edad. Son facetas mías que siempre han quedado a la sombra de lo que es mi aspecto musical. 

Y en esa búsqueda aparecen los discos… 

Claro. Pero es un recorrido para llegar a una nueva respuesta que satisfaga una necesidad constante de absorber conocimiento. Por supuesto, también estoy convencido de que un conocimiento nuevo no reemplaza a uno viejo. Muchas veces pasa como con las canciones, lo resignifica, se le otorga una nueva valorización a lo que ya sabías, en tanto y en cuanto a lo que incorporás, lo reafirma o lo contradiga. Pero estoy convencido de que el conocimiento no ocupa espacio físico, así que yo lo sumo en lugar de reemplazar. 

¿Y vos te nutrís de lecturas, películas, de todo el arte en general? 

Sí. Muchas veces me pasa al ver una película. También leo desde muy temprana edad a autores que mi mamá me pasaba, por ejemplo, Ray Bradbury y también me compraba las versiones infantiles de las novelas de Julio Verne: Un viaje a la luna, Viaje al centro de la tierra y demás. Eso iba fomentando mi imaginación en tanto y en cuanto que cuando leés tenés que fabricarte la escena. No es como ver una película, esa es otra dimensión que también me encanta, ya que desde muy pequeño veo cine, pero el libro hace que vos lo que lo que estás leyendo te lo tengas que fabricar mentalmente. También leía a autores mucho más rígidos a temprana edad. Por supuesto, después en la facultad leí un montón, pero a Jean Paul Sartre lo leía cuando tenía 12 años o también a René Descartes, El discurso del método lo leí a los 20, y todo eso también lo utilizo como caldo de cultivo para composiciones. Por ejemplo, para que te des una idea, Belleza tiene un tema que se llama “Los dragones del Edén”, que está basado en un libro de Isaac Asimov, en donde se plantea un año tal cual nosotros lo entendemos de 365 días. El humano mide el tiempo según la vuelta que da la tierra al sol. Por consiguiente, si viviésemos en Plutón, moriríamos antes del año de vida, ya que tarda como 80 años en dar la vuelta. Y los dragones del Edén son los dinosaurios, teorías y especulación sobre la evolución de la mente humana y el libro plantea que en el equivalente a un año humano la humanidad aparecería recién a las 23:59 del 31 de diciembre. O sea, es muy corta la historia humana en el planeta. Nadie sabe cuántos años tiene el planeta Tierra. Pero el planteo dentro del esquema es eso y entonces en Belleza primero estuvo la letra después del nombre del tema, así inmediatamente recurro a cosas que han marcado o establecido un momento determinado en mi desarrollo, en mi aprendizaje, en mi vida en general. 

Todo el arte te inspira… 

Tanto los libros como las películas, incluso fotografías. Muchas veces con mis alumnos y alumnas vamos a exposiciones de arte y apreciamos obras y en base a eso se dispara una canción o, por ejemplo, implemento un ejercicio que se trata de abrir un libro al azar en una página, leerlo y la frase más icónica en la apreciación instantánea se desarrolla como un concepto de una canción. En realidad, son distintos vehículos para expresar y transmitir una idea. También dirijo video, el último video que hicimos de “Perdí la fe”, con Walas, está dirigido por mí. Me interesa mucho el cine. Conozco a directores argentinos como Demián Rugna, que además escribió la contratapa de Tramas, me parece notable Cuando acecha la maldad, su última película, o también Aterrados; son obras maestras. Por supuesto, me encanta la obra de Stanley Kubrick, una de las películas favoritas de toda mi vida es Barry Lyndon; o David Lynch cuando hizo el enigma de Twin Peaks, y así me voy nutriendo de distintos aspectos artísticos para transformarlos en distintos formatos. 

Foto: Mauro Feola (Circo Bohemio)
¿Cómo te salió la inspiración para realizar Tramas, tu primer libro? 

De hecho, lo terminé de escribir utilizando textos de hace 30 años mezclados con textos escritos cuatro horas antes de entregar el original a la editorial. Incluso, me tuve que poner a googlear un montón de frases que había en el libro porque realmente no sabía si eran mías o si las había leído en algún momento. Pero todo el tiempo me vienen esas ideas a la memoria. O, por ejemplo, a veces me despierto cantando una canción. Seguramente son residuos del día anterior o de la semana anterior que toman forma esa noche o ese día, porque hace poco que duermo de noche. 

¿Qué enseñás? ¿Composición? 

Canto y composición. Tengo alumnos y alumnas, por ejemplo, que vienen por canto, otros que vienen por composición. Mi hija, que está integrada, estudia bajo; tengo otros alumnos que son de guitarra. Aunque comenzamos con eso, la clase termina siendo integrada, o sea, si venís por canto, vas a cantar lo que componés. Y si venís por composición, vas a componer y luego lo vas a cantar. O sea, empezamos con la iniciativa, pero luego termina siendo arte en general. 

¿No te sentís un poco precursor de un montón de grupos de la actualidad, ya sea Tan Biónica o Winona Riders, que están experimentando con sonidos, algo que vos ya venías haciendo hace 30 años? 

Cada banda de las que vos estás nombrando tiene su personalidad definida y también están en ese lugar por mérito propio. Lo que sí noto en la actualidad en muchas bandas y, reitero, en este caso, también en mis alumnos y mis alumnas, es una recuperación volcada a las canciones, pero una recuperación de las ideas de los 90. Esto que te digo, que siempre lo he afirmado, de preferir el interrogante a la respuesta segura, tomar riesgos artísticos o no ejecutar el mandato de moda o de época, en definitiva, no hacer, entre comillas, lo que se espera de vos. Por ejemplo, tengo una canción nueva que se llama “Lo que se espera de vos”. Todo se refiere a la inconformidad, el desafío, la búsqueda, tomar riesgos artísticos, eso hoy lo noto con muchísima fuerza. 

Es un proceso que se viene dando en la música… 

Hoy y desde hace cinco, seis, diez años atrás bandas como Él Mató a un Policía Motorizado, con su contraste de melodías suaves, introspectivas, cándidas, tan agradables, contrastadas con capas fluidas de sonido, pero, reitero, cada banda tiene su personalidad y están en el lugar que ocupan y merecen por mérito propio y eso me produce muchísima satisfacción. Me encanta la convicción que tienen acerca de su búsqueda artística, porque podría gustarle ese tipo de concepto, ese tipo de música y no ejecutarlo. 

Tal cual. Estamos transitando una época muy cancionera, de búsquedas sonoras, después de vivir tiempos de rock más cuadrado, como que ahora se abrió un poco el panorama, ¿no? 

Sí, y yo lo celebro. No sé si soy precursor de eso, pero sí recojo el guante y me hago responsable de esa dialéctica y de esa puesta en práctica. 

¿Cómo te salen las canciones con esa mirada tan filosófica de la vida con tanta sensualidad e intención? 

Bueno, primero y principal, acabás de decir la palabra justa: todas mis canciones son intencionales. Hacia distintos ángulos y distintas perspectivas, pero lo que yo hago no es ingenuo, o sea, no es al azar. Es lo que te decía anteriormente, considero que una obra artística es la vehiculización de un cúmulo de ideas. Cada vez que compongo una canción, deposito un concepto en ella, y muchas veces la composición es completamente instintiva. Compongo y abordo la composición, y es lo que transmito también cuando doy clase, desde diferentes ángulos. Hay canciones que son meramente instintivas en donde agarro la guitarra, comienzo a cantar y surge, a la vez, melodía y letra. Otras veces me despierto cantando una canción. Otras veces, al estar nadando o trotando, se disparan químicos que alientan la composición. Entonces, por ejemplo, uno de los temas nuevos del próximo disco se llama “Vida Vampira” y se me ocurrió trotando. Otras veces establezco un concepto. Cuando compuse “Vida Modelo”, lo que quería transmitir era una linealidad del sistema de organización humano. Lo dije millones de veces: nacer, escuela, trabajar, morir. Eso no me entraba en una melodía. Entonces, recurría a frases como “después del colegio, trabajar, volverte viejo…”, para colocarlo en formato canción. Ataco la composición desde distintos ángulos y muchas veces mezclo los distintos métodos. Pero yo supongo que también la carga filosófica que tienen muchas de las canciones tienen que ver con mi formación. 

Vos estudiaste en la facultad, leíste mucho… 

Sí, sí, pero anterior a eso. Mi abuela cuándo, a grandes rasgos me echaron del jardín de infantes, me agarró y me dijo: "Bueno, todo bien, pero tú vas a aprender a leer y escribir acá en casa antes de empezar primer grado…” y tenía la maravillosa idea de enseñarme a leer leyendo a Nietzsche o Chéjov. Entonces aprendí a leer con libros como El Anticristo o Así hablaba Zaratustra. Todo eso para mí era tan cotidiano que lo tomaba como leer [la revista] Billiken. Para mí era el mismo tipo de lectura o, por ejemplo, antes de saber leer, para dormirme venía mi tío y me leía la Odisea. Todo eso duró hasta que mi vieja agarró y dijo: "No, pará..." Entonces compró la adaptación, justamente de Billiken, de la Odisea para niños. La cuestión es que yo al otro día iba al colegio y ya tenía como 20, 25 dioses, cuando todos los chicos eran unicreyentes. Y todo eso fomentaba mi imaginación, entonces, en el momento de plasmarlo recurro a todo eso y sin dejar de lado lo que incorporo día a día en todo sentido, ya que sigo leyendo, viendo películas todo el tiempo, escuchando música, descubriendo bandas. Estoy todo el tiempo en el movimiento de incorporar con conocimiento, pero, viste que hay ciertos elementos que ocurren por primera vez en tu vida, que se establecen como fundacionales de una construcción de la personalidad. Entonces, eso es algo muy difícil de modificar, yo te diría imposible, porque tiene que ver con el momento de la gestación de tu individualidad y en el momento de la expresión permanentemente volvés a eso. Sin desconocer lo que lo que diariamente vas incorporando. Eso también modifica y reafirma formas de ser, pero aquello que ocurrió antes del establecimiento de la personalidad es fundamental en el quehacer cotidiano. 

¿Cuáles creés que fueron los puntos musicales en donde vos te sentiste identificado en esas épocas primigenias? 

Mi primer impacto con la música, que lo recuerdo muy vagamente, pero después lo busqué y una amiga me lo pasó, es algo que siempre me contaba mi madre acerca de una canción de Ginebra Llave que hacían unas ardillitas con corte de pelo beatle y que cantaban: “Y dale, dale, dale, Ginebra Llave…” En el relato de mi madre y mi abuela, ellas me decían que inmediatamente estuviera haciendo lo que estaba haciendo, me paraba delante del televisor. Así que ya tenía una atracción hacia la melodía, la música. En la adultez lo que realmente me impactó fue el primer disco de aquello que estableció un quiebre en mi forma compositiva de entender la música y la belleza sonora que fue el primer disco de The Jesus and Mary Chain, el álbum que se llama Psychocandy, grabado en 1984 y editado en 1985. Hubo un par de discos antes que también me impactaron, pero la primera vez que escuché Psychocandy, eso fue un antes y un después en mi vida, en la forma de capturar la canción. La belleza del del ruido y justo en Beatle la mitad de la década donde de los 80, donde las bandas estaban muy preocupadas por la exacerbación del hi-fi, de la mezcla correcta y de “esto está bien, esto está mal”, justo ahí vienen estos pibes y es como si fuera un ama de casa entonando melodías infantiles detrás de un lavarropas. O sea, el contraste violentísimo entre el acople, la distorsión llevada al extremo, de hecho, cuando entra un solo en el tema es como otra capa de sonido y arriba de eso está el tipo cantando: “You never understand me…”, como si estuviese feliz mientras que por detrás solo hay caos. A mí igual me encanta el hi-fi, la refinación del audio, todo eso; pero puedo recurrir a la violencia auditiva, sonora, y contrastarla con una melodía que cantemos todos. Ese contraste me parece muy muy sugestivo y lo apliqué en Electronauta. 

Volviendo a eso, al tema de lo sonoro, contame un poco cómo pensás los discos a partir de tanta mutación. Porque tenés álbumes repletos de capas de guitarras, algunos más electrónicos, después experimentaciones que suenan más hogareñas. ¿Cómo va mutando eso? 

Bueno, también me gusta reiterarme en ciertos conceptos porque establezco una analogía muy fuerte con respecto a eso. Por ejemplo, desde el punto de vista lingüístico, hay muchas teorías sobre la estructura del lenguaje, o sea, ¿qué es lo que hablamos? Una de las teorías, que estuvo mucho tiempo en boga, y yo calculo que hoy día debe ser la más aceptada, aunque ya se establecieron parámetros de disrupción en cuanto al discurso, pero una estructura que se mantiene es que el lenguaje es un significante. Por ejemplo, la palabra “árbol”, eso es un significante, pero por debajo subyace un significado, o sea, lo que en realidad es el árbol, que, si lo tuviese que explicar recurriría a otros significantes, pues yo te diría: "Raíz, tierra, copa, rama." Serían más significantes, pero por debajo de eso subyace, o así está enunciado, un significado, que es lo que lo que hace al árbol, árbol. Bueno, en mi caso, yo cada disco lo tomo como la suma de distintos significantes. Cambian de forma, se establecen otros parámetros en base a no reiterar fórmulas armónicas ni melódicas e incluso transgredir la estructura de la canción, como pasó en “Sábado a la noche” que no tiene un estribillo definido o “Planeta infierno” que no tiene ningún estribillo. Y por debajo de eso lo que significa esa cadena de significantes, en este caso en la suma de cada disco, subyace y determina un significado común, que es en cada disco lo que venimos hablando ahora: establecer una ruptura o un nuevo interrogante con respecto al disco anterior. En cuanto a la producción, por ejemplo, en Subversónica, el 70% del disco está grabado en mi casa. Las baterías están tomadas de distintos ángulos del living de mi casa, que es piso de madera, techo muy alto, hay micrófonos en la calle, en la vereda, está tomado desde distintos ángulos, en contraposición a Endorfina, el anterior álbum, que está grabado en un estudio de grabación, pero en ese disco comencé a aplicar la estimulación armónica como método fundamental de ecualización. Si bien no dejé de lado la ecualización tradicional, la excitación de ciertas frecuencias, comencé a experimentar con la excitación armónica. Entonces, a partir de ese disco comencé a utilizar aparatos que combinaban distintos resultados de válvula, una válvula tríodo mezclada con un pentodo, estimulación de ciertos armónicos, ya que cuando nosotros hablamos disparamos armónicos. La estimulación de unos armónicos como el armónico número nueve o el armónico número seis en deterioro de otros como el doce que no me interesaban. Esa búsqueda la establecí en endorfinas para romper o no romper, porque cada disco también vuelvo a escucharlo y es como hablarme a mí mismo, pero para establecer un nuevo parámetro. Entonces, el significado que atraviesan las distintas formas es eso: La búsqueda de la pregunta, la novedad, la inquietud del inconformismo y asesinar la resignación. 

Hay una pregunta vicio que me gusta hacer: ¿Qué canción de otro te hubiese gustado componer a vos? 

[Canta] “Yo soy del barrio de tres esquinas, viejo baluarte del arrabal, donde florecen, como glicinas, las lindas pibas de delantal…” “Tres esquinas”, me hubiera gustado componer ese tango… 

Emiliano Acevedo