lunes, 7 de septiembre de 2026

BOSTERO SACADO: "La pasión por el rock y el fútbol no se negocia..."

 


Ariel Piccini es músico, compositor e ingeniero de sonido, pero también hincha fanático de Boca Juniors y en YouTube se hizo conocido por su canal llamado Bostero Sacado. Ahí se comenta los partidos y el devenir del equipo xeneize. Con amplia repercusión, Bostero Sacado ha ido creciendo a pasos agigantados en los dos últimos años. Su propia presentación lo define como un hincha de Boca que intenta analizar y debatir la actualidad del club; su propuesta gira alrededor de opiniones muy directas, debates con sus seguidores y transmisiones en vivo. Su comunidad lo identifica como "Vikingo". Lo interesante es que no se presenta como un periodista deportivo tradicional, sino más bien como una voz del hincha, alguien que comenta partidos, jugadores, dirigentes y especialmente la situación institucional de Boca desde una posición personal y muy pasional. Justamente, en esta nota hablamos con Ariel de sus dos pasiones: el fútbol y la música. Una charla sin desperdicio. 

ENTREVISTA> Contame un poco cómo te fuiste metiendo en la música… 

Es una larga historia. Mi viejo era fanático de los Beatles. Él es muy melómano, y había música todo el tiempo en nuestra casa. Se escuchaba a los Beatles, los Bee Gees, mucho rock nacional. Mi viejo era el mayor de cinco hermanos, y cada uno de ellos ponía su propia música en las reuniones familiares. Así algunos, por ejemplo, escuchaban Moris o Pappo, Pappo´s Blues o Los Abuelos de la Nada. La menor de mis tías escuchaba mucho Supertramp y a mí también me terminó encantando, me copaba con “The Logical Song” y todo eso. Así que me picó la música desde chiquito. Siempre escuchaba buena música. En esos años de la década del 80 se escuchaba mucho Soda Stereo, Virus, también La Torre, la banda de Patricia Sosa; mi tío rompía mucho las bolas escuchando La Torre. A mí también me gustaba porque sonaba bien. Luego, a los 12 años, yo quería tocar el saxo. Me acuerdo de Badía & Compañía, que era un programa que miraba mi viejo, en donde estaba el saxofonista Oscar Kreimer que me copaba mucho lo que hacía. Ahora está la hija de él tocando y lo hace bárbaro. 

¿Y te enganchaste con el saxofón? 

Mirá. Yo miraba a Kreimer y escuchaba mucho “Your Latest Trick”, el tema de Dire Straits que tiene saxo y estaba súper copado. Por eso mi viejo averiguó para comprarme uno. Pero cuando empecé la secundaria me metí en el rock más duro, me empecé a juntar con pibes que les gustaba los Ramones, el punk, y yo empiezo a escuchar más heavy metal, thrash y todo eso. Me empecé a copar con Deep Purple, Zeppelin, aunque seguía escuchando a los Beatles y demás, así me empieza a gustar la guitarra eléctrica y cuando cumplo catorce años, en 1992, me regalan una Les Paul. Así empecé a tocar la viola, sin ir a un profesor ni nada de eso. Con unos compañeritos de colegio, a los que les gustaba el heavy metal, empecé a armar mis banditas de heavy metal, pero si no sabés tocar bien es bastante complicado. Luego de varios intentos frustrados empecé a aprender un poco, me llevó un par de años empezar a tocar la viola. Al principio empecé con un cancionero de los Beatles, que mostraba como eran los acordes, cómo tenía que hacer el Sol, el La, el La Menor, todo. Entonces, como era muy fácil para mí, porque sabía bien las canciones, el cancionero me empezó a enseñar mucho cómo tocar realmente. A partir de ahí empecé a tener otra relación con el instrumento, otra relación con el armado de canciones, empecé a componer mis canciones, ahí sí armé mi primera banda de verdad, que empezamos siendo más punkis, pero terminamos siendo de rock and roll. 

¿Y cómo fue el devenir de esa banda? 

Estuve tres o cuatro años con esa banda. Después armamos otra que duró cinco años. Incluso llegamos a grabar un demo, queriendo grabar un disco. Pero al final el proyecto quedó ahí. Luego me vine a vivir a Coronel Suárez. Ahí hubo un bache de tres, cuatro años, ya con mi hijo mayor recién nacido. Fueron años en los que no hice música. Pero más tarde retomé porque acá había una escuela municipal de música gratuita y mi mujer me impulsó a anotarme para estudiar guitarra. Ahora ya soy muy amigo de mi profesor. En realidad, no fueron clases para empezar a tocar guitarra, sino más bien para ordenar lo que yo sabía hacer y empezar a encontrar un sentido. Eso me dio muchas más ganas de hacer cosas. Así empecé a ser profesor de música en la escuela, dando una cátedra de ensamble de rock durante cinco años. Formaba grupitos de rock con los chicos, tocando ocasionalmente junto a ellos, así tres veces fuimos a competir a los Juegos Bonaerenses, dos veces llegando a la final en Mar de Plata. 

¿Te volvieron las ganas de tener una banda propia? 

Sí, como mi hijo mayor estaba tocando la batería, empezamos a una banda en la que estuvimos tocando. Ahora está medio parado el proyecto, no creo que se reanude. Ese fue el último gran proyecto de banda que tuve. 

¿Vos de que barrio sos? 

De Villa del Parque, viví ahí hasta que me vine a Coronel Suárez. De pibe no estaba nunca en mi casa, me la pasaba mayormente en la calle y ahí, a tres cuadras una de otra, había dos rockerías. En ese momento era medio nuevo el concepto de rockería. Eran esos lugares donde vendían discos, casetes truchos, posters, remeras, buzos, las pulseritas con tachas, todas esas cosas. Yo me pasaba un montón de tiempo ahí. Me acuerdo que había dos flacos en una de las rockerías que escuchaban KISS todo el día. Así que yo también me hice kissero. Después estaba la rockería de Fabián, que creo que todavía está. En ese local yo compraba todos mis discos, porque siempre tenía los últimos importados que llegaban. Era plena década del 90, con el furor de los discos importados. Escuchaba muchos discos increíbles y me la pasé yendo a un montón de recitales todos los fines de semana. Mis amigos y yo no íbamos a boliches, nos la pasábamos yendo a recitales. Nos la pasábamos siempre hablando de música, escuchando discos y demás. 

Además de ponerte a estudiar música de grande, ¿qué otra cosa estudiaste? 

Ingeniería de sonido. Me recibí de eso. Me gusta mucho todo lo referente a la producción musical. Me encanta producir. Hago cosas en mi casa. Me encanta grabar. 

¿Qué vínculos encontrás entre la música rock y ser hincha fanático de un club? 

Yo lo que veo es que hay un vínculo muy estrecho que tiene que ver con la manera en que uno forma identidad desde pendejo. Tanto el club del que sos hincha y la música que escuchás son lo que se vincula con tu propia identidad y difícilmente lo vayas a cambiar. Si sos realmente fanático, o si fuiste fanático, de varias bandas de rock y las ibas a ver, difícilmente cambie eso. Lo mismo pasa con tu equipo de fútbol, nadie se hace hincha de otro club cuando crece. Con relación a la música, por ejemplo, tenés a la hinchada de Racing, los Racing Stones, que hacen referencia en su nombre a los Rolling Stones. Entonces, desde ese punto de vista, me parece que al nivel cultural, y sobre todo acá en Argentina, hay un link muy interesante para desarrollar y hablar de eso. Tanto en el rock como en el fútbol, los fanáticos somos gente que no suelta, nos resistimos a soltar. Siempre se supo que el hincha de fútbol era alguien que hasta las últimas consecuencias iba a ser hincha fanático de su equipo, que iba a defender eso y que eso lo iba a definir como persona. Ahora, también pasa lo mismo con la gente del rock. Es gente muy fiel. 

Un fenómeno que sigue hasta hoy… 

Claro, tal cual. Ahora que se dice que el rock está desapareciendo, aparece gente que se resiste a eso, que no quiere soltar su pasión por la música y determinados grupos. Como diciendo, esto yo no lo voy a soltar, voy a seguir escuchando a Pappo, a Divididos, a los Beatles, Foo Fighters, lo que sea que escuchen. Por ejemplo, hace un rato me pasaron un video de la reunión de Ritchie Blackmore con Deep Purple, en donde el loco se subió a tocar la viola en “Smoke On The Water”. Y son todos unos viejitos, pero así todo, siendo unos viejitos, que parecen recién salidos de una clase de yoga, te emocionás igual, porque decís, "Estos tipos son parte de mi vida." Yo me acuerdo perfectamente que estaba haciendo el día que murió Spinetta o el día que murió George Harrison, porque ambos fueron tipos que definieron mi vida, que tienen que ver con la música que me apasiona. No quiero pecar de soberbio o ignorante, pero esas sensaciones, tan vinculadas con el rock, con los músicos de rock, no sé si en otros géneros musicales se da. Seguramente, debe haber fans de Luis Miguel que lo siguen a morir, pero no sé si esa gente puede ser fanática del fútbol. Es como que el estereotipo está creado entre la gente de fútbol y la gente del rock. Me encantaría investigar un poco ahí, eso es lo que estoy tratando de hacer. Quizás escriba un libro al respecto. 

Claro, pero viste que el jugador de fútbol en sí no es tan rockero, es más cumbiero… 

Sí, nada que ver. Claro, el vínculo que veo entre el fútbol y el rock se da a nivel de los hinchas, no de los jugadores. Yo hablo del parecido entre el fanático de fútbol que es fanático de rock también, ¿no? Que hay una forma de llevar las dos pasiones de una manera paralela. 

En tu stream de YouTube sobre Boca volcaste todo tu costado futbolero, pero con mucha memoria acerca de datos sobre la historia del club mezclado, incluso, con tu lado periodístico, ¿de dónde viene eso? 

Yo siempre fui muy memorioso e insoportablemente discutidor. Mi viejo también es muy memorioso y siempre discutimos sobre detalles chiquitos, a ver quién tiene razón. Siempre estuve muy pendiente de los resultados de Boca, desde hace 40 años para acá. Yo tengo la camiseta de Boca desde que nací y desde que tengo ocho años, en 1986, empecé a estar muy pendiente de todo lo que pasaba con el equipo. Siempre fui recontra futbolero, me gusta jugar y discuto muchísimo por fútbol. Me peleo por fútbol. No pelear mal, pero he discutido fuerte por fútbol. Y dentro de esta cosa de defender la identidad, Boca también tiene mucho que ver con la identidad. Además, en 1998 hice un año de periodismo deportivo, me fue muy bien, pero después hubo una cosa que no me gustó en la escuela y largué. Luego me pasé a mi otra pasión que es la música, estudiando ingeniería de grabación. Pero siempre estuve muy metido en todas las conversaciones de fútbol, siempre soy el que se acuerda quién hizo el gol, el que se acuerda cuántos minutos iban, qué camisetas usó el equipo, cuál fue la formación en tal partido, se me pueden escapar algunas cosas, pero por lo general me acuerdo patente de todo. Antes hablaba solo de fútbol y me ponía loco con los partidos. Hasta que un día, luego de una muy mala racha de Boca en 2024, mi mujer me dijo porque no me hacía una página de Instagram para poner lo que quería decir de Boca y que la gente opinase. Así la empecé a hacer y al poco tiempo eso devino en un canal de YouTube, entonces empecé a ver cómo se hacía esto. Me empecé a meter y le di para adelante. Al principio era todo grabado, hasta que me empezaron a pedir alguno de los de los oyentes que hiciera vivos y eso fue lo que mejor anduvo. Rápidamente tuvo respuesta. Yo disfrutó mucho la ida y vuelta con otros hinchas de Boca, me hace bien, está buenísimo. 

¿Qué opinás acerca de que tanto el fútbol como la música hayan sido cooptados por el negocio, como que se perdió la pasión? 

No sé si es totalmente así, pero que el que diga eso no le va a faltar razón. Por ejemplo, venimos de un mundial en el cual yo hice un video diciendo que hubo cosas que me parecieron muy raras y muy alejadas de los hinchas genuinos. Porque ahora hay hinchas nuevos que van a sacarse fotos en la cancha mientras se está jugando el partido. Yo no juzgo a nadie, pero como que eso le quita clima. Mismo la cancha de Boca está llena de extranjeros, llena de gente que no tiene nada que hacer ahí, que va solo por la experiencia de vivir un partido en la Bombonera. Con la música se vive un fenómeno similar. Hoy en día apretás dos botones y la IA te compone un tema. A mí me encanta que haya un Ed Sheeran que tiene una pedalera que lupea cosas y parece una orquesta andante y que encima la maneja muy bien. Me parece admirable. Pero a mí dame una banda de tipos reales que te transmitan algo más allá del solo hecho de hacer música. Muchos pibes que van ahora a ver conciertos de rock no saben cómo vivirlo, no lo disfrutan como nosotros que capaz somos viejos para ellos. Lo dijo Dave Grohl la otra vez en un concierto de Foo Fighters: “Si ustedes que son jóvenes, no saben cómo es un concierto de rock, miren a los viejos que tienen al lado para aprender a vivirlo. Hagan lo que hacen ellos…” Pero, igualmente, yo creo que son cosas cíclicas y que pueden volver en cualquier momento. 

¿Y qué hay de positivo en la actualidad tanto en la música como en el fútbol? 

Siempre lo positivo se vincula con el nivel de masividad que se le pueden dar a las cosas. Un mundial como el último, por ejemplo, llegó a muchísima más gente. Hoy en día hay mucha más apertura, las mujeres van muchísimo más a la cancha que lo que iban en los años noventa, por ejemplo. Hoy no hay diferenciación de sexo en el fútbol y está bueno que así sea. Y en cuanto a la música, la apertura se da tanto en lo bueno como en lo malo, porque cualquiera es músico, pero hay muchísimos músicos nuevos con gran talento. Hay gente con mucho talento haciendo cosas, y hay gente que no tiene talento y suple ese talento con tecnología. Cada uno sabrá hacer su propia selección y escuchar lo que le guste y le parezca más adecuado. Por ejemplo, yo escucho a Lady Gaga, que es algo moderno, pero la mina es una bestia en lo que hace. Todo lo que hace es soberbio, ya sea cantando o tocando el piano. Una música del carajo. Pero después veo los recitales y no me gusta tanto el tema de su performance, sus disfraces y demás. No es lo mío, no es lo que a mí me gusta, pero ella es espectacular. Lo mismo me pasa con Dua Lipa. Vos la escuchás en vivo, con todos los pibitos en la tribuna con los telefonitos haciendo la coreo y no te llama la atención, pero luego la ves en el Tiny Desk, ella sola con un bajista, un guitarrista, una pista de ritmo y tres coristas, y te parece espectacular la música que hace. Está buenísimo. Entonces, ¿dónde dibujás la línea? Porque hay gente que tiene talento de verdad, ¿entendés? Y hay gente que me parece que no lo tiene, que directamente le mete todo lo que tiene a el Auto-Tune o sino a la inteligencia artificial y ya está. Y después ponen caritas de atorrante, de vago o de lindo o linda y ya son un producto vendible. Por supuesto, esos no me interesan. 

¿Qué músicas escuchás ahora? 

Los mismos grupos que me gustaban de pibe, pero también empecé a redescubrir bandas que se me habían pasado de largo en su momento como Steely Dan. Son espectaculares sus discos. Me encanta escuchar música que está bien producida, que tiene buen sonido. Los discos de Michael Jackson, los tres que hizo con Quincy Jones, me parecen sensacionales. Me copa mucho lo que hizo Madonna en los 80 y principios de los 90. Escucho tango también, me gusta mucho. Ahí tengo un link directo a la infancia también, porque yo me quedaba muchas veces a dormir en lo de mi abuelo y te levantabas todos los domingos a la mañana escuchando tango, ¿viste? O era Julio Sosa, o era alguna orquesta, de D´Arienzo o lo que fuera. El tango tiene un lenguaje musical muy atractivo. También soy muy fan de Piazzolla, que me parece que fue el Beethoven del siglo XX, me parece sensacional todo lo que hizo. En líneas generales, no le hago asco a muchas cosas. Es más fácil decirte lo que no me gusta, obviamente. No me gusta la cumbia, no me gusta la música melódica, aunque puedo rescatar algunos temas de Abel Pintos que me parecen buenos. Pero no me pondría a escuchar eso, Luciano Pereira o Luis Miguel. Tampoco me gusta el rock barrial porque no me gusta la producción que tiene. No me gusta cómo suenan las voces, no me gusta la producción. Las bandas tipo Gardelitos, Callejeros, La Beriso, todas esas, yo las esquivo porque no me llenan, no me gustan. 

¿Cuáles son tus proyectos de acá en más? 

En la música no tengo proyectos actualmente. Capaz me inclinaría a tocar de músico invitado para alguna banda ocasionalmente o en algún grupo que covers. Me pasó en la última banda que tuve en la cual quise hacer temas propios, pero después se te hace muy difícil enganchar a la gente con los temas propios. Entonces tenía que estar siempre buscando ver con qué cover abría o con qué cover la enamoraba un poquito al público. Lo que pasaba es que era una banda chica y de pueblo. Pero, bueno, si sale alguna cosa como para juntar el billete la haría. Y si mis hijos en algún momento me necesitan para algo, en alguna de sus bandas, también voy a estar. Pero ellos ya vuelan solos y tienen sus propias bandas, así que no me necesitan. 

Lo tuyo pasa por el streaming de Boca en YouTube… 

Sí, estoy enfocado en eso, me gusta hacerlo, lo disfruto. Mientras lo disfrute lo voy a seguir haciendo. Aparte estoy bastante conforme con el hecho de poder salir o tratar de pararme en un lugar que esté alejado de esta grieta política de mierda que hay en Boca, que a mí me revienta, en la que tenés que ser de uno o tenés que ser del otro. Yo no quiero ponerme a discutir a las personas, quiero ponerme a discutir por el club, porque esas cosas a veces rompen bastante los huevos. A veces también te comes muchísimas puteadas, hay mucha gente que no te entiende y no te va a entender nunca. Hay que aceptar que hay gente que tiene sus propios sesgos y preconceptos y listo, ya está. Hay que entender que no hay tanto absolutismo en este mundo. No se puede ser tan talibán de las cosas. Si más o menos te manejás en esos parámetros te va a ir un poquito mejor. 

Volviendo al vínculo entre música y fútbol, ¿cuál es tu canción de cancha preferida? 

Mirá, lo que extraño en la cancha son las canciones clásicas. Me copa mucho cuando la hinchada se pone a cantar “dale bo” con la melodía del vals “Desde el alma”. Esa me encanta porque es un grito de guerra que se cantaba cuando el equipo ya había liquidado el partido. Otra que mí me encantaba, era “Boca te llevo en el alma y cada día te quiero más…” Porque cuando llegaba el momento de esa canción era espectacular en la cancha y no se escucha más últimamente. Fuimos el año pasado a la cancha con los chicos y ni una vez se cantó. Pero, bueno, cambian las canciones, van cambiando con el paso del tiempo. Después hay canciones que son bárbaras para la cancha y que por ahí no te gustan en otros contextos porque no te dicen nada, como puede ser “It´s a Heartache”, la de Bonnie Tyler, o la clásica “Todavía cantamos”, de Víctor Heredia. Hay una de Estelares, “Ella dijo”, que se canta en la cancha y está muy buena.   

Roque Narvaja también le legó muchas canciones a la hinchada… 

Tal cual. Son un orgullo para ellos que sus canciones lleguen a las hinchadas. León Gieco lo dijo en un momento con respecto a “Solo le pido a Dios”. Como que ese reconocimiento popular es glorioso para los compositores de las canciones. 

Sos compositor de tus propios temas en los grupos en los que estuviste, ¿hay algún tema de otro autor que te hubiese gustado componer a vos? 

Los 13 discos de los Beatles. Tengo que pedir y elijo todo. Sí, soy muy envidioso. Me encantan discografías enteras, la de los Beatles, cualquier tema de los Beatles me hubiera gustado componer; también cualquier tema de Zeppelin. O sino de Serú Girán o Spinetta. Agarrá el tema más choto de Spinetta, que no creo que tenga ninguno, pero déjamelo componer a mí. Hace poco salió una película llamada Yesterday en la que de repente todo el mundo se olvida que existían los Beatles, y el pibe que es el único que se acuerda hace pasar como propios todos los temas de los Beatles. Te juró que esa era una idea mía, antes de que se existiera la película. A mí me encantaría ser ese pibe… (risas) Es como cuando León cantó que todos somos los salieris de Charly, ¿no? Esa es la idea. Todos los músicos somos salieri de alguien. Uno está todo el tiempo tomando referencias. No estoy hablando de plagios explícitos, sino de influencias. Tomás algunos estilos y maneras. La música se va nutriendo de esas referencias y es una pasión interminable. 

Emiliano Acevedo


miércoles, 26 de agosto de 2026

DESFACHATADAS: Recordando a Viuda e Hijas de Roque Enroll con Claudia Ruffinatti

 


Claudia Ruffinatti es mucho más que la tecladista y una de las voces y compositoras de las recordadas Viuda e Hijas de Roque Enroll. En ella se conjuga un pasado prestigioso como música de conservatorio, pianista clásica y mujer que se hizo a sí misma, llegando a ser una profesional en todo lo que sea Ceremonial y Protocolo, su actividad actual en la que es una referente principal. A lo largo de su vida, Claudia ha vivido mil historias, tanto en la música, en la cual construyó una carrera desfachatada y pionera junto a Las Viudas, como en su reconversión posterior. Muchas de esas anécdotas de los recordados años 80, llenos de glamour y pop, están en esta nota que tan amablemente nos ofreció. 

ENTREVISTA> ¿Cómo fueron tus comienzos en la música? 

Al principio comencé a jugar con el piano como cualquier niña juega con las muñecas. En mi casa había un piano, que mi papá le había dado a mi mamá como regalo de compromiso. Tuve la fortuna que me dejaran tocarlo y me la pasaba jugando con él. Luego, a los seis años, me enviaron a la profesora de música del barrio. Creo que aprendí a leer en el pentagrama antes de aprender a leer y escribir.   

¿En qué barrio vivías de chica? 

En Villa Devoto. Nací y viví en el barrio aproximadamente hasta los 20 años. Ahí empezó mi época nómade, no solo de vivir en varias casas y departamentos, sino de mudarme a otros barrios. 

Así que rápidamente te copaste con el piano… 

Más que coparme, me mandaron a estudiar y punto. No lo elegí yo. Evidentemente, deben haber percibido una facilidad en mí cuando me sentaba a jugar con el instrumento. Así estuve estudiando durante bastante tiempo con la profesora del barrio y después mis viejos entendieron que tal vez tenía que cambiar de profe y de nivel, porque, seguramente, habrán contado con la información de que existían otros lugares académicamente más completos. Y así fue que a los 10 años empecé a prepararme para ingresar en el conservatorio Manuel de Falla. Me acuerdo cuando vi el plan de estudios, tenía más materias que la carrera de Medicina (risas)… Por supuesto, en ese momento se rendía examen de ingreso a los conservatorios estatales de música, porque las vacantes no eran muchas y no solo había un filtro por cantidad de vacantes, sino para que los ingresantes tengan un determinado nivel de conocimiento previo y no entren de cero. Así que bueno, me preparé, rendí e ingresé con felicitado, más o menos. Y después hice toda la carrera del profesorado. En ese momento la carrera se llamaba Cultura Musical y mi especialidad era el piano. Así que hice toda la carrera académica en el conservatorio, lo que sería la carrera de música clásica. 

Pero no se te dio por ser concertista de piano… 

Di conciertos. Tampoco me salvé de dar conciertos, porque eso estaba incluido dentro de la pauta académica. Es que tuve un maestro de altísimo nivel que organizaba conciertos con sus discípulos. El plan de estudios del conservatorio de esa época era muy vanguardista, con decirte que habían materias muy interesantes como Rítmica contemporánea o Conjunto de cámara, en donde tenías que tocar con otros instrumentistas. O sea, que te obligaba a la práctica con otros. Tenías que amoldarte a la rítmica. También tuvimos una materia de música electrónica que fue fascinante. Ahí se trabajaba con sintetizadores, con música experimental electrónica, con aparatos especiales, distorsionadores, etc.; todas cosas muy novedosas para todos nosotros. 

¿Y tu educación formal cómo siguió? 

A los 18 años yo quería entrar a la facultad, pero mi papá no quería que yo estudiara en la universidad por determinadas razones de filosofía religiosa. Él era un señor un poco estricto. 

Vos venís de una familia protestante, ¿no? 

Sí, tal cual. Protestantes y rozando con el fanatismo religioso, te diría. Vivíamos en una comunidad muy ortodoxa en lo religioso, observante, bastante cerrada. Mi papá no quería que yo estudiara, así que le dije: "Bueno, yo empiezo a trabajar”. Porque, aparte, también quería tener una autonomía financiera. Así me presenté a trabajar en una academia de música en la que buscaban profesores de teclado, pianistas. La consigna de la incorporación era que te capacitaras y tomaras un curso de órgano electrónico, porque era una academia de los teclados Yamaha. Era justo la época de la plata dulce en Argentina y estaba de moda tener un teclado en la casa. Entonces eran comunes los organitos con caja rítmica y con botoncitos con luces y colores, con sonidos de cuerdas, piano, trompetita, etc. Por supuesto, los había de distintas marcas y calidades. Había algunos que tenían unos sonidos preseteados bastante buenos. Así que me capacité y por supuesto entré a trabajar en la academia, y así empecé a trabajar en Promúsica, la casa de instrumentos musicales electrónicos más importante del país. 

¿Ese fue tu primer contacto profesional con el mundillo musical? 

Es que ahí yo tenía acceso a todo lo que entraba al país. Porque justo empezaron a entrar sintetizadores y cosas muy pro cuando se abrió la importación, aparte de tener toda la línea analógica de los 70. Es que a principio de los 80 empezaron a entrar algunos instrumentos que venían con mix analógico y digital, hasta que después, por supuesto, aparecieron todos los aparatos digitales. Así que yo tenía la posibilidad de ver el último modelo que entraba de Japón y Estados Unidos, todo a mi disposición para que los probase. 

¿Cómo conociste a las chicas de Las Viudas? 

Por medio de un compañero del conservatorio. Él me había dicho que en la cartelera de la revista Pelo había aparecido un aviso de un grupo femenino solicitando tecladista. Se trataba de una banda llamada Rouge, en donde estaban María Gabriela Epumer y Claudia Sinesi, posteriormente guitarrista y bajista de las Viudas, respectivamente. Así me vinculé con ellas, con María Gabriela en particular, que vivía cerca de casa, para ser parte de Rouge. Así que fui a la casa, charlamos, creo que fui con un teclado, tocamos algo y me dijo: "Bueno, cuando ensayemos, te aviso." El punto es que nunca llegué a ensayar con Rouge porque se disolvió antes que yo ingresara. Pero ahí quedó el vínculo con María Gabriela, nos hablábamos, creo que me habrá invitado, salíamos a escuchar música. Hasta que un día me llamó por teléfono, no me lo voy a olvidar jamás, fue un domingo al mediodía, teléfono de línea, y me dice: "¿Cómo te va, Rufina? Mirá, hay un productor que está queriendo armar una banda de chicas y necesitamos una tecladista. ¿Te interesa ser parte?" Por supuesto, acepté la propuesta. Me dice: "Mirá que hay que grabar un disco en 30 días." Yo le dije que contara conmigo. Así empezó la historia de la banda por la cual hoy nos tienen más asociadas a todas, ¿no? Viuda e Hijas del Roque Enroll. 

Viniendo del mundo de la música clásica, ¿el rock en tu vida fue un cimbronazo tal que te hizo dar cuenta que la cosa iba por ahí de ahí en más? 

Sí, definitivamente, el rock y el pop fue lo mío desde el primer momento. El punto es que cuando yo estaba en mi casa tocaba, mi papá compró una batería en una oportunidad - por supuesto, jamás supe que había que afinarle los parches-, pero venía un vecino a mi casa y tocaba cómo podía la guitarra y hacíamos covers de las canciones que nos gustaban. Era como tener una banda. Eso fue a los 11, 12, 13 años y si vos me preguntás qué música era la que me gustaba, era esa. Y en mi casa siempre hubo muchos discos, mi mamá compraba muchos discos y libros también. Ella pensaba que de esa manera íbamos a ser más inteligentes, no le salió muy bien (risas). Así que en casa se escuchaba música de absolutamente todo tipo. A mi papá le gustaba mucho la música mexicana. Los mexicanos, tipo mariachi, los que tocaban bailecitos y demás. A mí me gustaba mucho la música de películas. También me gustaban las óperas en español, que son muy divertidas. A mi mamá le gustaba mucho la zarzuela. Así que se escuchaba eso, se escuchaban boleros, se escuchaba tango, se escuchaba de todo. A mí me gustaba mucho el rock y el pop desde muy chica. 

Un ambiente muy ecléctico… 

Por supuesto. El primer disco que me compré fue uno de música pop: Hot Pants en Sótano Beat, a los 10 años. Yo escuchaba absolutamente de todo. 

¿Cómo cranearon el estilo musical desfachatado de Las Viudas? 

El punto es que había un productor artístico que tenía un plan armado cuando se hizo el grupo. El plan original era un grupo de chicas físicamente bien dotadas, para el gusto de la época, y mucho que sepamos tocar o no tocar no les interesaba, probablemente la propuesta era para hacer playback. Y el repertorio musical prácticamente ya estaba medio impuesto. Muy hábilmente el productor nos vio cuando llegamos y empezaron las primeras reuniones para que nos contaran de qué se trataba el proyecto. En principio, cuando nos presentamos, la imagen que teníamos nosotras físicamente no fue la que ellos pretendían, no obstante, nos dieron la oportunidad de que explicáramos que éramos todas músicas, componíamos, etc. 

Los convencieron… 

Es que nosotras les dijimos que nosotras componíamos nuestros propios temas. Así que evidentemente hubo por parte de las cuatro la percepción de que esto iba a funcionar y aparte teníamos realmente la voluntad de que esto funcionara, porque era una oportunidad muy importante. A diferencia de los tiempos actuales, para los más jóvenes que lean esta nota, hoy cualquiera puede grabar su disco y sus temas, teniendo algún programa más o menos, y aunque no lo tenga también, pero en aquella época no era así. Hoy cualquiera puede grabar, editar, o sea, es muchísimo más fácil. En esa época tenías que hacer muchas cosas para que un sello discográfico te diera la posibilidad de escucharte y de considerarte. Hubo muchos que fueron sumamente afortunados y otros eran excelentes músicos y nunca grabaron un disco en su vida. Así es la vida en todos los órdenes, ¿no? A algunos les toca y a otros no, nosotras tuvimos la posibilidad de que se nos presentara esta oportunidad y de estar a la altura de las circunstancias. 

Tal cual, fue así. Pero la lucharon desde el comienzo… 

Es que también tuvimos la suerte que el productor artístico hábilmente cambiara sobre la marcha el proyecto inicial. Entendiendo que lo nuestro también podía llegar a ser interesante. De esta manera  negociamos que íbamos a grabar un tema que él propusiera en el elepé y el resto serían todos temas de nuestra composición y autoría. Y lo logramos así porque probablemente era para garantizarse estratégicamente un hit por disco, probablemente sería por eso. Pero nosotras le demostramos que podía haber más de un hit por disco. Eso, afortunadamente, fue lo que ocurrió. 

En esa época el rock era muy machista y misógino, ¿no? 

Sin lugar a dudas. Era muy machista el ambiente del rock y la prensa ni te digo. Incluso, hay diccionarios del rock nacional en donde nosotras no estamos, por ejemplo. No te digo que adhieras al estilo musical de Las Viudas, pero no podés negar que vendíamos más discos que el Topo Gigio, que Soda Stereo, con todo el respeto lo digo; vendíamos más discos que varios artistas importantes de acá. Así que logramos imponer nuestra propuesta, la aceptaron. No solamente nuestra propuesta musical, sino también nuestra propuesta estética. Por otro lado, el productor nos pidió algunas cosas a las cuales adherimos, por ejemplo, que, aparte de la voz líder de Mavi Díaz, en cada disco, cada una de nosotras cantara un tema solista. 

¿Qué te acordás de la grabación del primer disco homónimo en los Estudios Panda en el 84? 

Menos para Mavi, creo que fue la primera experiencia en un estudio para el resto de nosotras. Pero todas éramos muy jugadas. En mi caso, no había estado en un estudio de esas características pero sí había grabado, sí había tenido un micrófono, así que podía lidiar con eso tranquilamente. Tenía práctica, no es que me agarró pánico, no para nada; nos explicaron, marcamos cuatro y dale que va. 

Sí, vos habías tocado para la iglesia, ¿no? 

Claro. No te puedo explicar, yo tocaba, no te digo todos los domingos, pero con mucha frecuencia, para 1500, 2000 personas. También cantaba en coros o tocaba el órgano o el armonio para que cante la congregación. O sea, las comunidades protestantes cantan a cuatro voces y muy bien casi todas. O sea, que estaba acostumbrada a acompañar a un gran coro de 300 o 400 personas. Estaba fogueada musicalmente, y hacíamos grabaciones en ambientes no profesionales. 

¿Cómo grabaron ese primer disco? 

De madrugada, probablemente por disponibilidad del estudio. Teníamos muy poco tiempo disponible. No recuerdo cuantas horas y días duró la grabación, pero cuando lo logramos, estábamos sumamente emocionadas. No sé si entendíamos mucho la importancia de todo eso que estaba ocurriendo. Teníamos dudas al respecto, en especial Claudia o María Gabriela -cuyos hermanos tocaban con músicos top-, de que nuestra música fuera muy sencilla o pasatista, pero luego nos dimos cuenta que no era nada de eso porque a nuestro material le dimos una vuelta muy importante a nivel de estructura y de calidad musical. Así que después se nos pasó y nos amigamos con el estilo. 

Se amigaron con el twist… 

Empezamos tocando twist, que era la movida que se venía imponiendo en ese momento, que en principio fue lo que nos propusieron, y después también empezamos a agregar otros temas más pop, y ya a medida que iban pasando los años y los discos, cada vez fue más pop nuestra propuesta. Éramos muy chicas, no obstante empezó toda una vorágine de notas de televisión, de shows. Así que no teníamos mucha dimensión del tiempo ni de la magnitud de todo el fenómeno. 

En el primer disco la pegaron con “Bikini a lunares amarillo justo justo” y “Estoy tocando fondo”, ¿no? 

Sí, fueron esos dos los que pegaron más y fueron más difundidos. “Bikini” fue, justamente, el tema impuesto por nuestro productor, que era una canción de los años 50 con letra en inglés, por supuesto. Nosotras hicimos una versión en español, la música es la original, pero la versión en español no es la fiel traducción de lo que decía el texto. O sea, la letra que hicimos nosotras dice cualquier cosa, es muy atrevida. Hoy la leés y pensás que es un chiste, pero en ese momento había un poco de pudor en las expresiones respecto a temas íntimos o de higiene personal. No se hablaba de que las mujeres se depilaban. Por supuesto, todas se rasuraban o se depilaban con cera, pero nadie lo andaba diciendo. Era una cosa para el ámbito de la intimidad y la privacidad absoluta. Entonces, nosotras contamos una historia de una chica que iba feliz a la playa y estando allí se daba cuenta que se había olvidado de depilar con cera y entonces le dio vergüenza y no sé qué. Nos divertíamos con ese tipo de cosas. Y a la gente le resultaba totalmente gracioso. 

Y también metían el dedo en la llaga con temas como “Carolina Amoniaco”… 

Claro, pero había chicos muy chiquitos que cantaban la canción y repetían las frases sin entender el significado. En “Carolina” el significado que se le daban a las frases no era lo que realmente significaban. También hay un tema que es tremendamente vanguardista: “¿Qué le digo a los chicos?”, que no tuvo mucha difusión, pero habla de una pareja en donde hay un tema de identificación de sexo femenino por parte del hombre. Para la mujer está todo bien que su hombre se auto perciba así, le dice: “Me pedís el rouge y te lo presto, usá mi sombra, mi rubor, mi brillo, úsame todo si quieres, mi amor, pero ¿qué le digo a los chicos?”. En ese momento estaba totalmente ocultas todas estas problemáticas, ocultas y postergadas, y no socialmente bien vistas. El hecho de tener una identidad sexual diferente a la del órgano que te acompaña en el cuerpo, era problemático… Así que hablamos de lo transgénero y de otras temáticas muy atrevidas para la época. 

¿Y eso de dónde salía la letra de ese tema? ¿Cómo se les ocurrió? 

Porque nosotras teníamos muchos amigos transformistas, gays, y amigas lesbianas, estábamos acostumbradas a la cuestión. Teníamos también dentro de nuestro entorno familiar cercano a personas que eran homosexuales, así que estamos absolutamente acostumbradas. Incluso yo tenía un vecino en mi edificio que era transformista. Así que estaba todo bien. 

¿Cómo componían? 

Las letras no era que las hacíamos las cuatro juntas. Hay varios temas que las letras son de las cuatro. Pero hay temas que son letra y música de una sola o la letra de dos y la música de una. O sea, hay distintas variables dentro de la composición de nuestros temas. Si algo nos llamaba la atención, algo que le pasó a alguien cercano o alguna de nosotras, eso era el disparador e inspirador para escribir una canción. 

¿Considerás que Ciudad Catrúnica es el mejor disco de la banda? 

En realidad, Ciudad Catrúnica fue el disco del momento de la cresta de la ola de Viudas. Entonces, son varias las cosas que podemos decir que influyeron para que fuera un disco tremendo. Luego ocurrió una serie de factores exógenos, que sin lugar a dudas repercutieron en la banda, y empezaron a traer otros factores endógenos, o sea, vivíamos en un momento de la economía del país tremenda, muchas bandas empezaron a emigrar, nosotras nos desvinculamos de nuestro productor discográfico, artístico y todo, entonces no teníamos nadie que nos represente en el exterior, hubiera sido muy bueno que hiciéramos una recorrida por Latinoamérica porque se estaba recién iniciando una movida muy fuerte del rock en español. Así que en muchos países eso era muy bien visto y recibido, por eso las bandas argentinas que tuvieron esta posibilidad explotaron. 

Y ustedes no pudieron llegar al exterior… 

Y ese fue el punto por el que no pudimos continuar. A mí me gustó mucho el tercer disco, Vale 4, que tiene varios temas que me encantan. Uno es “Los amo a todos”, ese le gustaba mucho a Luis Alberto Spinetta, lo cantaba Claudia Sinesi. En ese mismo disco hay un tema que se llama “El block”, que es muy lindo, con un pop muy bueno con contrapuntos, arreglos y demás. Ese es un tema cuya letra aun hoy te identifica. 

Ni que hablar de “La familia argentina”. 

Sí, lo que pasa es que la gran mayoría de nuestros temas aparentan ser alegres, divertidos, pero contienen una segunda lectura, hay una lectura entre líneas con un significado que en muchas oportunidades grafican situaciones y realidades sociales, como es el caso de “La familia argentina”, del grupo social primario que es la familia, ¿no? En donde la mujer cuenta, bueno, estamos comiendo y los chicos no me dan bola o los chicos se fueron a dormir y en el momento en que quiero empezar a hablar con mi marido, el me dice, "¿Me das el diario o prendé la tele?” También dice que no tiene ganas de cocinar y está cansada o no hay más crema, me quiero poner crema en la cara y no, lo cual significa no hay más crema, no hay guita. Pero la letra da entender que, a pesar de todo, seguimos con la careteada de que está todo bien en la familia argentina. Es un tema muy divertido ese. Divertido y no tanto, ¿no? Dependiendo de cómo lo leas y lo cantes. 

El tema “Necesito mimitos” es tuyo, ¿cómo lo hiciste? 

En un colectivo. Yo soy profesional de las comunicaciones institucionales, soy licenciada en relaciones públicas con varios posgrados, y en ese momento estaba haciendo un trabajo para una clínica en Florencio Varela, cualquier cosa. Estaba haciendo toda la colaboración para el lanzamiento de un sistema prepago, muy novedoso en ese momento, y volvía en un micro de media distancia. Ahí armé la letra para ese tema. Así que tenía varias estrofas que después cambié. Cada una de las estrofas hacía alusión a algún novio que había tenido o que tenía y después la cambié a un texto un poco más genérico, para que entre a otro molde.   

Otro de mis temas preferidos, que también hacía alusión a uno de los fenómenos de la época, era “La silicona no perdona”… 

Recién empezaban a hacerse los primeros implantes en la Argentina, que eran de otros materiales, y las primeras cápsulas de silicona tenían algunos defectos importantes, ¿no? Por eso jugamos con que la Lola había tenido la necesidad de implantarse. “Un colmillo muy filoso”, dice, que eso no ocurría, pero bueno, fue un chiste, ¿no? 

Medio tanguero les salió. 

Sí, ahí toco simulando un bandoneón. Yo estaba acostumbrada a tocar todos los ritmos, y simular instrumentos con el teclado, por mis demostraciones en Promúsica. No tenía pánico escénico para nada, estaba acostumbrada a tocar de todo en público. Otro de los temas con doble lectura que me gusta mucho es “Tras la medianera”. Ese es un tema muy divertido. “Tras la medianera” se llama así porque en esa época no te dejaban ponerle de título una canción un nombre que ya estuviese registrado, dos canciones no se podían llamar de la misma manera. Nosotras queríamos ponerle “Media a media”, al final de cuentas tenías que poner tres opciones de título. Bueno, se aceptó “Tras la medianera”. Pero jugábamos con la expresión “media”. Todo “media”: “a media luz, tras la medianera, la vecinita se medía la pollera”. “Medio apurada con las tijeras porque quería que quedara a media pierna”. Nosotras componiendo nos moríamos de risa de las cosas que se nos ocurrían. 

Se ve que había un brainstorming importante ahí… 

Totalmente, sí, olvidate. Y el punto es que lo que entendimos siempre que primero nos teníamos que divertir nosotras para que eso pudiera transmitirse y llegar al público, ¿no? 

Lo que me llamó la atención de la historia de Las Viudas, y que no está muy dicho, fue la estafa que sufrieron ustedes acerca de las ganancias que generaron y que no llegaron a sus manos… 

Mirá, nadie habló de esto, y a esta altura del partido, a mí en particular, me importan tres pepinos, lo que piensen o lo que digan o lo que fueran. Y aparte todos los que nos estafaron, casi todos, salvo uno, están muertos, así que me importa tres pepinos. Eran otros tiempos, así como ahora se está visibilizando mucho el trabajo en negro, se está  realmente midiendo y sintiendo el impacto que tiene eso en las personas y la sociedad, en ese momento ni te digo, o sea, el trabajo negro, las contrataciones, bla bla bla, las facturas, los papeles, no había nada. La compañía discográfica no declaraba la real venta de los discos, entonces por lo tanto no pagaba en Sadaic los impuestos que correspondían por la venta y por la cantidad de discos vendidos. Eso por un lado. Y por otro lado, al no tener en claro la cantidad de discos vendidos, las regalías para el artista, que es una comisión que el artista recibe por la por la venta de los discos, acordada por contrato; por más contrato que tengas, si la discográfica no declara la real cantidad de discos vendidos, entonces la estafa viene al momento que en Sadaic no cobrás lo que tenés que cobrar, porque no entra el porcentaje que Sadaic recauda por el número vendido. Y por otro lado no cobrás en forma directa por parte de la compañía las regalías que corresponden al número de discos vendidos. Hoy es distinto porque ahora los temas se venden sueltos en las plataformas digitales, se puede comprar el disco completo o comprar un tema en particular, ¿no? Pero en ese momento, como era físico, te comprabas el disco, después el casete y después el CD completo. Así que no solamente no nos dábamos cuenta, sino que sí, después nos empezamos a dar cuenta, pero en ese momento no estaba bien visto que un artista tuviera un litigio con una compañía discográfica, porque después ninguna otra te contrataba. Había una especie de solidaridad entre las diferentes compañías discográficas. Entonces medio como que tenías que dejar pasar la estafa que te hacían… Igualmente, algunos no lo dejaron pasar, ¿eh?, acordate que Charly le grafitió toda la oficina a uno que no se estaba portando muy bien. Era este mismo justamente. 

¿Por qué después del 86, cuando tocan el súmmum de la popularidad, aparecen en la revista Gente, en todos lados, personajes del año, etc., el grupo dura dos años más y se separan? ¿Qué pasó? 

Fue justamente lo que te comentaba antes, el país entró en una situación económica de suma gravedad, híper inflación en donde ninguna empresa, ningún teatro ni boliche ni nada querían contratarte porque no había forma de ponerle precio a un show y tampoco el empresario tenía forma de asegurar que iba a vender una entrada. Entonces era tal la incertidumbre que no te contrataban y los músicos viven del vivo, a parte de los de los discos vendidos y de todo lo demás. Fundamentalmente vivimos de las presentaciones en vivo. Es ahí cuando muchos grupos empezaron a irse a otros países, a hacer giras por otros países, a trabajar lo que no se podía trabajar acá. No había laburo. No te contrataba nadie. Entonces, como no había trabajo, nosotras que éramos cuatro mujeres, cuatro caciques socias al 25% en opinión, en decisión y en cobro; cuando empezó a bajar la intensidad y la cantidad de shows y todo, empezamos a tener diferentes opiniones y rispideces porque en realidad la estábamos pasando muy mal. Así que nos separamos civilizadamente. 

Hubo cambios ahí… 

Sí, Mavi se fue a vivir a España. Nosotras intentamos rearmar la banda con un casting importantísimo que hicimos de vocalistas. Pero, finalmente, decidimos que no. Se armó otra banda en la que al principio iba a participar y después decidí que no y María Gabriela y Claudia Sinesi conformaron Maleta de loca, en donde grabaron un disco. Y yo me abrí, me fui para otro rubro, del cual tenía muchas ganas de activar, que era la organización de eventos, principalmente de comidas. Así me asocié con el chef ejecutivo del Alvear Palace Hotel. Me fue muy pero muy bien y ahí arranqué en otra actividad que me apasiona y de la que también conozco muchísimo el campo. Así he trabajado mucho, me he especializado y actualmente me contratan y me tienen como referente en medios de comunicación como especialista en ceremonial y protocolo. Esto viene ya que mi formación y profesión en este ámbito siempre estuvo en paralelo con la música en mi vida. Fue mi rol también dentro de la banda ya que yo era la que hablaba, la que negociaba, presentaba, la que hablaba con los abogados, la que hablaba de plata, la que discutía, o sea, iba yo siempre. 

Y en todos estos años, ¿cuál fue el papel de la música en tu vida? ¿Seguiste tocando, seguiste componiendo o ya no? 

Mi participación pasa por las notas a las que me invitan amablemente a hablar de mi vida y que me honran mucho, además de tocar ocasionalmente de invitada en alguna banda, pero no de manera profesional. Tengo un piano en casa, un piano acústico, me compré el piano de María Gabriela Epumer, que le había regalado un novio, y que tiene marcas de quemadura de cigarrillo de Charly García, que por supuesto jamás haré reparar ni lustrar, como te imaginarás. Porque así será. Ese piano está bendecido. Así quedará. De vez en cuando me siento a tocar cuando quiero. Me resulta mucho más fácil sentarme al piano y tocar un tema que quiero recrear en mi mente y que tengo ganas de volver a escuchar que buscarlo en una plataforma digital. Es más rápido abrir la tapa del piano y tocarlo. 

Con Las Viudas volvieron en el 2014, ¿hay una posibilidad de que vuelvan a hacer algo juntas o ya la ves como una posibilidad un poco lejana? 

En el año del caballo fue lo de Perlas y diamantes, que es un trabajo que lo estamos volviendo a publicar en redes justamente en este que también es el año del caballo. Mirá, 12 años, me acordaba ayer con el tema del horóscopo chino. Con total sinceridad, cada una de nosotras tiene su carrera y su actividad muy comprometida en forma individual. Nunca digas nunca, si hay una propuesta la tendríamos en cuenta, pero tendría que ser una propuesta muy pero muy importante e interesante, como ocurrió en el 2014, que firmamos contrato con Sony Music, en donde nos dijeron: "Chicas, dedíquese a esto." Voy a ser totalmente sincera, nos pusieron toda la plata que pedimos, esta es la verdad. Claro que muy bien, adelanto de contrato con esa plata y lo que nos permitió a todas, decir: "Muy bien, por seis o siete meses me dedico de lleno a esto." Tal cual. Así nomás. Muy holgada y cómodamente. Entonces, bueno, si eso ocurriera yo lo pensaría y creo que lo consideraríamos todas nosotras. En 2014 ocurrió eso y pasó lo que tenía que pasar. Hicimos los shows que se organizaron y ahí quedó. 

Creo que Las Viudas fueron la única banda en la historia del rock argentino que tuvo un público tan amplio, desde grandes hasta chicos, y muchos de esos chicos y chicas después habrán empezado alguna carrera musical. ¿Cómo sentís ese legado que deja el grupo a través de los años? 

Me genera orgullo. Son cosas de las cuales nos enteramos en redes o de gente que te encontrás en la calle o en un evento o en lo que fuera y te dicen cosas tan lindas, gente que se dedicó a la música por nosotras o que cambió su propio rumbo sexual escuchando nuestras canciones. Eso nos hace sentir mucha felicidad, ese reconocimiento. No era que no existían mujeres que tocaran instrumentos que no fueran convencionales o clásicos y acústicos. Sí existían, lo que pasa que eran muy pocas en esa época. Había muchas mujeres que tocaban guitarra, no guitarra eléctrica, y bajo olvidate. Piano, obviamente que habían infinidad de mujeres que tocaban piano, pero no sintetizador. Tampoco había mujeres bateristas, era un instrumento asociado a lo masculino. Entonces, nuestra popularidad, nuestra puesta en escena, y el estar tan presentes en los medios de comunicación, gráficos, televisivos y radiales, fue muy inspirador para muchas chicas que empezaron a tocar y a capacitarse en estos instrumentos que eran asociados a la figura masculina. Entendemos que hemos sido referentes. Eso está buenísimo. 

Claro, sí. Y otra cosa que impusieron ustedes fueron los vestuarios desfachatados, algo que realmente llamó la atención dentro de la pacatería que era el vestuario del rockero argentino. 

Sí. Empezamos a mostrar que lo visual era importante y fuimos referentes en el rock nacional porque a partir de nuestras presentaciones todas las bandas empezaron a darle un poquitito más de importancia a la pollerita, el vestidito, cambiar de color el peinado, el maquillaje, incluso bandas masculinas, ¿no? Fuimos bastante criticadas por eso, porque si te maquillabas y te batías el pelo, entonces no podías ser buen músico. Incluso me he enterado que en muchas cátedras de diseño de moda, de diseño de indumentaria y de estas carreras que hoy en día profesionalizan estas actividades, somos mencionadas como referentes de estética escénica. Tal cual, tal cual. Hay varios profesores que nos usan como ejemplo y se ve en clase, nos estudian. Ese es otro reconocimiento que nos honra y al que estaremos siempre muy agradecidas. 

Emiliano Acevedo