domingo, 29 de marzo de 2026

HABLANDO DE "SOLO BIEN SE EXPLOTA", EL NUEVO DISCO DE ZELMAR GARÍN...

 


Cada disco de Zelmar Garín es una nueva aventura sónica y experimental. Tras ser protagonista del documental internacional Dissecting Zelmar, Garín presenta su nuevo disco Zelmar Solo Bien Se Explota con una gira que combina música e imágenes de una trayectoria artística que ya lleva más de 25 años. Zelmar es una de las figuras más inquietas del under argentino. Músico, productor, coleccionista y curador de discos, su labor es prácticamente inabarcable, con decenas de álbumes editados (solo y con bandas) en los que recorre un amplio espectro que va del rock a la canción, pasando por el blues, el folk, la psicodelia y la murga. En esta nota charlamos sobre este último lanzamiento y todos sus proyectos actuales. 

ENTREVISTA> Contame como pensaste el concepto del álbum y cómo lo grabaste… 

Yo estaba viviendo en La Boca y tenía una micro sala de grabación, pero hacía rato que no craneaba ningún disco. Pero también veía que la ola libertaria empezaba a ganar demasiado espacio. Te estoy hablando de finales de 2023, principios de 2024. Cuando ganan las elecciones, empecé una carpetita en la compu a la que le puse “Tibios” y ahí empecé a grabar ideas. Sin esa cosa política que al final después tuvo. En esa época le metía mucho a la batería, le adosaba elementos de chatarra, chapas, diferentes objetos y así empecé a armar ritmos, bases, y en un momento empecé a grabar. 

Casi un brainstorming personal… 

Y sí. Me armaba todo cada tarde y ahí empezaba a grabar en crudo ideas. Después comenzaba a editar, componer y a sumar capas. Una manera compositiva de grabar, cortar, pegar, producir, y post producir sonidos. Yo hace rato que vengo desarrollando esta forma de grabar en casa, porque si estás en un estudio eso son horas que hay que pagar. Así que con mi consolita de dos, tres, cuatro canales empecé a hacer tomas. Así también empecé a incursionar mucho en los teclados. Obviamente, guitarras, bajos, voces y después cosas que van surgiendo: flautas, también usé sampleos. Cada tema tiene su propia impronta. 

El título del disco menciona a Eduardo Mateo, ¿no? 

Claro. Siempre fui fana de Mateo, desde que apareció tempranamente en mi vida. O sea, es uno de mis músicos predilectos. Siempre lo he sentido una influencia. Es curioso, porque muchos cuando escuchan mi música me nombran a King Crimson y a mí, en realidad, lo que me ha influenciado es Mateo, obviamente Spinetta también, pero no King Crimson, o sea eso viene medio de rebote. 

Por eso, tapa y título hacen referencia a Mateo… 

Claro. La tapa es una parodia. El disco de él se llamaba Mateo solo bien se lame, y como justamente ahora todos los músicos estamos en esta era donde hacemos todo -grabarnos, auto producirnos, ser nuestros plomos, nuestros route managers, nuestro todo- es como una auto explotación. Aparte lo que te requieren ahora es que también estés en las redes. Por eso esta cosa de la auto explotación que vivimos los músicos, porque ya no alcanza con tocar, componer, ensayar y tratar de ir a tocar; sino también viene todo lo otro que te acabo de contar aparejado, lo cual a veces es una limadura que te hace olvidar de la música, ¿no? Por eso la alegoría con Mateo, un disco en donde él toca todo, que se llama Mateo solo bien se lame. Entonces, a este en chiste le puse: Zelmar solo bien se explota. 

Lo vamos a recorrer tema por tema. El disco empieza con una intro, ¿no? 

Sí, ahí utilicé un audio real de una entrevista que me hicieron en la radio en el programa Oro Negro. 

También aparece la voz de un señor que habla… 

Bueno, ese señor que habla salió de una grabación que encontré. Hay muchas grabaciones como esas, ya que yo laburo con archivos y donaciones y me he encontrado un archivo muy antiguo de casetes de un señor que hacía pruebas en su casa, porque también estoy en contacto con material hogareño de gente que obviamente ya se murió. Entonces, a veces me guardo esas cosas para después usarlas como elemento compositivo en mis propios discos. Por eso está este loco diciendo “Hola, hola”, en casi todo el disco, porque es un tipo que está probando un equipo de audio. Ahí estaba él solo haciendo eso, hasta hay una especie de saludo de Navidad, en joda. Bueno, todo eso. Incluso, a veces hay cosas que no se escuchan muy patentes, pero están ahí. 

La intro se llama “Oro Negro” por el programa… 

Sí, pero además es una especie de introducción de la incertidumbre de algo que empieza y no se sabe a dónde va, que es un poco también lo que sentimos con este gobierno. El oro negro obviamente es por los vinilos, y era el título del programa de Maximiliano Romero y Lucía Rollano. Ellos me habían invitado cuando tenían el programa en Radio Nacional, pero los echaron cuando cambió el gobierno. Ahí había ido a presentar una cosa y usé un pedazo de ese fragmento de la grabación de ese día y así armé toda la intro. Después lo procesé y por eso se escucha esa especie de sintetizadores al principio. Eso sumado al tipo que habla cosas, que prueba el sistema de audio. Obviamente todo está superprocesado. Le bajé el pitch, qué sé yo, y así empieza a crecer otro feedback que va hacia la introducción del tema que sigue. Que, a la vez, funciona como una especie de crítica social. Muy murguero, si lo pensás. 

¿Y la letra de “Saca el odio (Delivery)”? 

Tiene que ver con la escalada que tuvo lugar en el último gobierno kirchnerista, con los tipos más desprotegidos a nivel laboral. Porque ellos eran los que más estaban a favor de la supuesta libertad pero son tipos a los que no les queda otra que ir a laburar con la bici o con la moto. 

Son personas bastante resentidas… 

Bueno, es un poco eso, ¿no? Es un poco la visión del tipo que está ahí enojado con el mundo, anda en bicicleta y todo eso que le va pasando por su cabeza. En el medio hay un rap, medio afrobeat. Todo ahí se desarrolla con los sintes porque tiene unas guitarras sintetizadas interesantes. Ese solo que es un juguete que después destruí con cosas. Un poco es eso. También es el tema de difusión, por lo menos el que naturalmente la gente elige, porque al tener batería a tierra y esa cosa super pop, hace que sea fácil de escuchar. 

¿De qué habla “Desguace estatal”? 

Fue lo primero que hice. Casi es un tema instrumental. En realidad, lo había armado previamente a que esto fuera un disco. Justo había armado una banda ficticia que se llamó Marrano y sus Financistas, pero que era Marra - no y sus financistas, en donde va la S tenía el símbolo de pesos. Es más, el señor Marra aparece en el audio. Yo había visto un video del chabón cambiando dólares por pesos en una manifestación en La Matanza y dice: "Transacción hecha". No sé si viste ese video. Pero a raíz de eso, y todo lo que venían proponiendo estos tipos, básicamente lo que yo sentí es que venían a desguazar el estado, que finalmente es lo que está ocurriendo. Así lo hice a modo de crítica y a la vez no perdiendo el humor de esa bizarreada que me parecía todo. Bizarreada porque el loco estaba cagándose de risa y valentonándose, siendo él un tipo que es cambista. El tema musicalmente tiene momentos interesantes, medio que le hace un chiste al heavy metal. Otra vez aparece el viejo del comienzo hablando. 

Otra vez, como puente conductor… 

Claro. Como te conté, me había hecho un intérprete falso, que era Marrano y sus Financistas. Hicimos una tapa con IA que es un dibujo de un chancho lleno de guita en un mundo explotado. Después de eso cada simple que fui sacando tuvo una tapa realizada por algún pintor, algún ilustrador. Hice esto e incluso llegó a salir una nota en un blog que se llama Tiro al Blanco, donde contaba la historia de la banda. Una banda en donde eran todos personajes inventados. Yo no daba mi nombre, hicimos un Instagram de Marrano, que también usé como conejillo de indias para seguir a toda la gente con la que yo no estaba de acuerdo, también para engañar un poco el logarismo y entender un poco lo que estaba pasando con todo lo que se vino después. Así empecé a seguir a la vicepresidenta, al presidente y a esos influencers libertarios. O sea, a todos esos que jamás me iban a aparecer, por eso hice ese usuario ficticio y ahí empecé a hacer como una especie de inteligencia. 

Una SIDE paralela… 

Sí, así saqué ese tema, primero como Marrano y sus financistas, y después lo quise incluir en el disco y le puse “Desguace Estatal”. 

Uno que tiene mucha presencia de la bata. 

Aparece una pieza de milonga y la bata tiene un desarrollo que va coincidiendo con los riffs que entran y salen. Dice: “Ese es el ritmo del deshuesado y en La matanza lo bailan bien descontrolado”. Si vos ves el video y no entendés nada de la vida, te cagás de risa. Y un poco es eso. El tema es bastante complejo, pero le di como una especie de onda Residents, en la que vos no sabés quién toca, no conocés la identidad de los músicos y es una música bastante freaky. Después, cuando empecé a armar el disco, empecé a hacer esta serie de temitas que funcionan como separadores. Iba sacando temas y los saqué primero como simples. Cada uno tiene una ilustración diferente. El primero que saqué fue “No soy un león”, que hizo Pancho Pepe, que funciona sobre la idea del cazador y el animal. Viste que es un león, pero que en realidad es una cebra. Ese fue un concepto que encontró él que me parece genial. Igual, el título lo dice todo. 

Contame la idea musical de “No soy un león”… 

Fue el segundo tema que saqué. La voz que se escucha, por ejemplo, es un disco de pasta de Tarzán, de la década del 50, que digitalicé y puse ahí. Obviamente parece que está en Marte. También tiene un desarrollo que va guiando la batería, ahí están las chapas y el bombo va a contratiempo. Me gusta esta cosa de la música africana en la que aparece un tono, aparece un motivo, se va, entra otro motivo, cambia el ritmo, coincide con otra cosa, es una especie de cosa monocorde, pero a la vez con patterns rítmicos y eso da una especie de armonía que va entrando y saliendo. Si lo escuchás de lejos, parece estático, pero en realidad se está desarrollando. El armado del tema me costó bastante. En un principio duraba como siete minutos. Luego lo fui achicando hasta que quedó en tres minutos. Todo el proceso del disco tiene que ver con la idea de meterle horas y horas, grabar cosas, probar, cortar, después producir más sonidos. Esa es la forma que tiene de composición en sí, lo cual me hace medio imposible poder tocarlo en vivo. 

Después sigue “Volviendo en barco”, ¿no? 

Este es uno de los temas más lindos. Por lo menos la gente se copa de inmediato cada vez que lo muestro. Los audios incidentales que utilicé los había encontrado en un disco de pasta que era uno de esos audios que mandaban para Estados Unidos de un programa de radio. Cuando hablo de discos de pasta son esos materiales del año 50 para atrás. Por eso suena con tanto ruido a pesar que lo digitalicé lindo y todo. Pero bueno, es interesante lo que dice, lo que cuenta. Y como la canción tiene ese tinte de alguien que viene en un barco, lo usé. Y acá usé como sampler, digamos, pedazos de discos para armar la base. Ahí se suma una batería de plástico, hecha a partir de una caja de herramientas. Saqué eso, puse unos micrófonos y toqué con unas baquetas. No sé si te das cuenta que primero entra el disco que está sampleado y retocado, con el pitch bajado. Después se suma una batería basurienta, como la llamo yo. Ahí se va armando un mar, hay otras grabaciones también súper procesadas. Ahí desaparece el sampler. Queda una nota pedal, entra la guitarra, vuelve. Hay una nota pedal ahí que está hecha con unos pincullos. Bueno, ahí entra la viola. Son varias violas haciendo lo mismo. Después se abren, una eléctrica y una criolla. Y la canción es sencilla, ronda siempre ahí con dos tonos y en la parte B tiene tres tonos. Tiene una cosa media hipnótica. 

¿El título “Volviendo en barco” tiene algo que ver con lo que dijo Alberto Fernández, de eso que los argentinos venimos de los barcos? 

No. Definitivamente no. Pero podría ser. Acá la tapa la hizo mi hermana. La idea es esto, ¿no? Este es mi delirio, cada uno puede interpretar lo que se le cante el ojete: Es alguien que viene como arrepentido. Porque, un poco, yo también sentía esa especie de desazón de que el gobierno que habíamos militado nos había… No traicionado, pero que estábamos en una etapa de cambio de paradigma que es un bajón. Pero también lo pongo como alguien que se mandó una cagada y viene pensando en cómo seguir adelante, ¿no? La letra dice: "Vino buscando perdón, cruzó los mares, pensó si hoy tal vez sienta el fuego. Cansado bebe el vapor, el cielo escucha el rezo, pensó que si es el día, meditando sobre lo ocurrido no encuentra reparo a lo que pasó. La duda lo consume en el barco, espera una imagen, una vibración…” Esa cuestión del barco sería uno mismo pensando. La cuestión del agua se relaciona con lo que dice Jung, al respecto de los sueños, acerca de que si vos soñás con agua quiere decir que es el inconsciente que se está manifestando. Por lo menos yo lo asocio así. Y después está la cosa del dragón, una especie de espíritu superior, que en realidad lo viene cuidando, pero a la vez poniéndole los puntos. Porque cuando empieza a fantasear el tipo, “la fantasía el dragón quemó”, ¿viste? Entonces hay un viaje místico ahí. Cuando salga el vinilo con este tema va a terminar el Lado A. 

Después viene “Cabecita negra”, que sería el primero del Lado B. ¿“Cabecita negra” tiene que ver con la gente humilde que vota a este gobierno? 

Un poco sí, un poco el concepto de cabecita negra viene de un famoso cuento de Germán Rozenmacher. El concepto que viene de cabecita negra, que no deja de ser un pájaro nacional también. Y un poco sería eso. También hay misticismo en la letra. Porque cuando estoy haciendo las letras no tengo un concepto muy definido. Creo que viene apareciendo con cómo suenan las músicas. Pensá que todo lo fui construyendo en forma aleatoria, las letras también. En casi todos los temas primero vino la música, las diferentes partes, y después empezaba con la melodía a ver si me gustaba. Hay temas que tenían varias melodías que corté y quedaron más simples de lo que eran en un principio. Acá son todos sintetizadores y una base media como drum and bass, milonguera por momentos. También tiene esta cosa medio espacial. Yo me lo imagino como alitas. La base tiene un concepto mateísta. Mateo laburaba algo que se llama toco. Él jodía con otro percusionista que se llamaba Chichito Cabral, e inventaron eso que se llama el toco, que lo escuchás como un grave y un agudo, pero se puede correr el acento. Puede ser un ritmo en dos, como el de una batería, pero que puede cambiar el acento. Entonces, cuando estás escuchando, y eso está arriba de una canción, se van corriendo los acentos. Ese es un poco el concepto de la batería que se escucha acá. Pero aparte de eso, hay pequeños sonidos que están tocados. En un momento aparece una cámara, luego se achica. 

Un entramado rítmico y sonoro… 

Sí. Acá casi todo lo que suena son teclados. Y eso que yo no toco el teclado. Y en un momento aparece un banjo. Pero bueno, la historia es como una fábula, como que la persona que está cantando deposita su confianza en un pájaro negro. Él sabe que ese pájaro tiene un poder pero lo tiene que cuidar. Entonces viene un perro, se pone celoso y trata de matar al pájaro. Entonces él lo reprende y después hay una especie de resumen del cuento: “Toda la ironía que el pájaro contó, cuánto tiempo falta pa´que renazca la voz, cabecita negra no te olvides quién sos...” 

Tal cual, es así… 

Sí, por más que te vendan estas pseudolibertas financieras, no te olvidés tu clase social, de dónde sos, de dónde venís. Pero bueno, puede tener otras libres interpretaciones. 

“Choriplaner Versus las Fuerzas del Cielo” es un link al siguiente tema… 

Sí, que en realidad es una especie de “piazzollada” totalmente deformada. La voz y todo lo que se escucha era una propaganda del gobierno de la ciudad de la década del 80. Que siempre tiene esa cosa de vanagloriarse de que el país se saca adelante trabajando, que ahora ya quedó como una frase caduca pero que sigue tomando la derecha para adoctrinar. Por supuesto, yo acá la tomo en sorna.

Luego arranca “Los Pescadores”. Esta es medio psicodélica, ¿no? 

Es el tema pop del disco. La tapa del single la hizo Iván Riskin. Iván hace muchos cómics, es noisero en su forma de dibujar y de pintar. “Pescadores” habla de lo que veía en la calle yendo a laburar todos los días de La Boca a San Telmo. Es que en esos cuatro años que yo viví en La Boca, la gente que viene de las provincias a revolver en los tachos de basura capitalinos creció enormemente. Son personas cada vez más detonadas que se ponen a gritar en medio de la calle. En fin, lo que vemos todos los días. Eso se fue acrecentando y quedó el personaje que vemos ahora, alguien con un palo viendo que puede escarbar y vender. Por supuesto, hay mucha gente viviendo al lado de los tachos de basura. Acá a la vuelta hay personas que duermen ahí en medio de un olor insoportable. Es una degradación que yo nunca vi y que es de esta época. El tema es una canción medio sacra por momentos. Tiene una armonía tradicional con un desarrollo y un sonido medio indie. La voz está doblada, una que es muy aguda y una que está abajo. Habla de un personaje que habita en la ciudad y que antes era el ciruja. Un tipo que va a pescar en los “mares negros”, que son los contenedores y las bolsas de basura. Hay muchas personas en la calle con desordenes psíquicos también. Eso es correlativo de un montón de políticas que se fueron perdiendo. Todas las personas que tienen problemas psiquiátricos con tratamientos ambulatorios, mucha gente sin contención y que está afuera del sistema. Eso es un poco de lo que habla la canción. 

Después de un link, llega el último tema del disco: “El Helicóptero”. ¿A qué se refiere? 

Una canción que tiene bastante desarrollo, dura siete minutos. Arranca con una intro de menos de un minuto. Que es electrónica, con baterías electrónicas que están tocadas por mí. También hay un tecladito primitivo, un Casio de los 80, que tengo en mi casa, que mete unas baterías que parecen un chiste. Después entran unas violas, suenan medio folk. El último disco de Mateo, que justamente estuve escuchando ayer, se llama La Mosca, y tiene una canción llamada “Ficción Solar”. O “Carolina”, que es otra de mis canciones preferidas de Mateo. Ambas tienen esa cosa espacial de guitarras acústicas con mucha reverb y sonido muy envolvente. Acá hay una acústica mezclada con una eléctrica sin amplificación, unos sintes y una especie de batería media folclórica. La canción es medio premonitoria, la hice cuando presentaron la Ley Bases. Y también habla del colapso terrestre, los incendios y demás, la ecología es una pavada para esta gente que nos gobierna. Gente que parece estar todo el tiempo inflando un globo de la crueldad. Algo que en algún momento va a explotar, se les va a volver en contra. Por lo menos es lo que pienso yo: Ellos verduguean todo el tiempo a mucha gente, en algún momento esas personas se tienen que levantar. Después, el helicóptero obviamente es una imagen que a los argentinos nos remite al 2001. Este tema lo dice a principios del 2024. Musicalmente, está hecho con una afinación típica del blues, que es un Mi Mayor. La guitarra te da otras posibilidades cuando la afinás así. Suena diferente, tiene más armónicos. Este tema en el vivo me da para improvisar. Es de los pocos temas que toco en vivo por ahora, por lo menos. Estamos tocando a full con Nahuel Creche. Cuando lo empecé a armar pensé que iba a ser un embole porque es una canción larga. Pero tiene un desarrollo armónico que te va llevando. Yo creo que se hace bastante escuchable a pesar de ser la más larga del disco. 

Es un disco corto… 

Sí, 31 minutos. Creo que es el disco más corto que he hecho. También pensando en los tiempos de ahora y pensando que lo iba a editar en vinilo. 

El disco termina con otro link: “La venganza de Conan y su Ejército de Papas Fritas” … 

Termina con unas frecuencias super graves, es un sub low. Y ahí aparece un tango. El que habla es un médico, o algo así, que le mandaba un saludo en joda a algún amigo. Lo usé como de final diciendo vaffanculo, andá a cagar, y por eso tiene ese título también gracioso. Es un médico que era tanguero y que le mandó un saludo a otro tanguero. Un final medio oculto. 

Ahora la idea es sacarlo en vinilo. ¿Cómo continúa este proyecto? 

Ya hicimos la presentación en diciembre en Roseti, en la que armamos un video porque el disco es bastante intocable. O sea, yo podría armar una banda de cinco o seis músicos para tocar el disco en vivo. Pero también mi realidad es que ya hice eso una vez o dos y es mucho laburo. Para tocar una, dos, tres veces al año parece un despropósito y tampoco me da decirle a cinco o seis amigos hacer todo ese laburo, que vengan a ensayar y yo no poder pagarles. Porque aparte cada vez que tocamos por ahí como máximo pueden venir cincuenta personas. Así que desistí de esa idea. Estuve pensando un año cómo mierda iba a presentar este álbum. Pero el disco tiene un poco lo que ya te conté, mucho trabajo, cabeza y laburo de sonido. Después en vivo un poco se pierde eso. Así que para la presentación armamos un video con la escucha del disco, un video que armó la productora Circo Bohemio usando diferentes fuentes. Y al final en la parte del helicóptero sí aparecía yo con la guitarra, Nahuel se sumaba en un octapad y ahí cerraba el disco. También toqué un montón de repertorio mío. Yo saco discos desde el año 98 y tengo un montón de repertorio. Así que lo reformulo. Agarro los temas que más me pueden garpar hacerlos con la guitarra y una batería y los hacemos. Sí, armé especialmente para la fecha de diciembre, aparte del video, unos arreglos de cuerda para “No Soy Un León” y “Volviendo en Barco”, junto a mi hermano Waldemar, que tocó junto a su cuarteto de cuerdas El Piola Quartet. Y eso estuvo re bueno. O sea, el arreglo que terminó de armar mi hermano quedó re groso, es más, eso me gustaría grabarlo en algún momento. Tiene una sonoridad diferente y ahí también ves la potencialidad que puede tener el tema llevándolo a otro contexto. Quedé muy conforme con eso. De ahí nos fuimos a tocar a Uruguay, hicimos cinco fechas, tocamos en la tele también, en Mira Montevideo, un programa central de la televisión uruguaya. Estuvo bueno. 

¿Y cómo sigue esto? 

Mi idea ahora es tratar de presentar el disco. Porque además este lanzamiento coincide con la salida del documental Dissecting Zelmar (https://www.youtube.com/watch?v=xkkcbUnL5Jk), que produce el canal norteamericano Wastoids en YouTube. Una producción que me honra, hecha por Salvador Cresta. Y bueno, es el recorrido de todos estos años en la música y un poco capitalizar mi carrera. El año pasado di de baja a Gualicho Turbio y Ácido Canario, mis proyectos de banda, para poder viajar o para tratar de hacer otras cosas en donde por ahí tengo que estar solo. Si me va bien, joya, y si me va mal, me jodo yo solo. Pero estar dependiendo de otras personas hace que a veces no puedas activar. También depende mucho del humor, de la economía, de la amistad, ¿viste? Mi idea ahora es salir a tocar, ya sea presentando este disco, más algunos de Ácido Canario, temas de otros discos míos o lo que fuera. Lo que tenga ganas de tocar. Ya que tengo un montón de discos sacados, un montón de canciones, de facetas y cosas. 

¿Cómo va a ser la edición del vinilo de Zelmar Solo Bien Se Explota? 

Es una tirada súper corta, son 100 discos nomás. Me ayuda Finca Records y la gente de Música En El Ático, que es un programa de radio y podcast de Emilio Riesta. Lo voy a vender por mi cuenta en mi tienda de vinilos nuevos y usados. También voy a las ferias de vinilo y después mandaré algunos a Europa para que me hagan distribución. Pero pocos, no sé cuántos. O sea, si no voy a tocar afuera es difícil vender discos. Pero bueno, mi idea es ir a tocar afuera este año. Vamos a ver cómo me va. Mi idea es viajar, llevar discos y también tengo la posibilidad de que me los distribuyan allá. Todo es un trabajo de hormiga, por supuesto. 

Emiliano Acevedo


jueves, 26 de marzo de 2026

DEGENERADOS: CA7RIEL & Paco Amoroso y su FREE SPIRITS

 


¿Obra maestra o farsa? ¿Por qué no ambas cosas? Y es que CA7RIEL & Paco Amoroso se vuelven a superar con el lanzamiento de un disco conceptual monumental que incluye comedia absurda, sátira y drama. Un trabajo amplio en estilos musicales y géneros, con una inmensa cantidad de capas sonoras y atmósferas. El dúo argentino aparece renovado en FREE SPIRITS, cuya narrativa está centrada en un proceso de recuperación mental después de sufrir un burnout por la presión del reconocimiento. El álbum continúa una terapia intensiva de los chicos en el Free Spirits Wellness Center, un retiro holístico ficticio de Sting dirigido a celebridades quemadas por la fama. 

FREE SPIRITS habla de las vidas vacías de las estrellas de la música actual. Contiene sexo, drogas y la falsa idea de que el dinero y la fama dan felicidad. A nivel musical, es un disco ecléctico donde se pueden encontrar fusiones de trap con toques de la música del medio oriente o con guitarras distorsionadas, así como bossa nova, house, rock, balada romántica, rave y más. Con canciones muy cromáticas que van del bolero de loft de hotel a temas muy oscuros, casi tribales. 

Tema por tema 

Esta producción se abre con “Nada Nuevo”, casi la banda sonora de una película de Bollywood, que incluye un ritmo frenético, mucha cámaras de voces y un entramado melódico arábico que lo vuelve  muy atractivo. Es un tema con mucha locura, que musicalmente se va para cualquier lado pero es genial. “Goo Goo Ga Ga”, que tiene como invitado al gran Jack Black, es casi una canción de Minecraft. Una sambita latinosa, con escalas con cromatismos (como si fuera una canción demente para niños), que es el racconto de la vida de un tipo que se arrepiente de haber desperdiciado su juventud y quiere resetear todo para volver a ser un bebé. Mientras tanto lo que suena es una bossa nova muy jazzera y absurda. ¿Pero qué se podía esperar de esta conjunción de estrellas del humor? “No Me Sirve Más” es un temazo, con influencias house y disco, una bomba inconformista en la que el protagonista quiere más y más, dentro de un entramado social que lo empuja hacia la híper ambición. También contiene una conexión de ritmos y géneros, con capas y capas de voces, con variaciones dinámicas que te vuelan la cabeza. 

Nada que ver con “Ay Ay Ay”, a dúo con Anderson .Paak, que es una orgía demente hecha canción latinoamericana que linkea directamente con clásicos como “Guantanamera”. Un tema bien jodón para festejar y bailar que tiene una segunda parte espectacular bien diferente, con mucho groove y un par de guitarrazos soberbios. “Vida Loca” es la canción de desamor del disco, muy sentimental, pero en los términos de CA7RIEL & Paco Amoroso, y sabemos lo que eso significa. Es un tema sentido, con mucha dulzura, una sensibilidad tremenda y una letra que habla de las vidas arrepentidas (?) que están llevando los artistas. Con mucho punchi, punchi, “Muero” contrariamente es un tour de force tremendo y adictivo. Incluye también un cambio inesperado en el medio de la canción que descoloca a todos los oyentes. 

El tema junto a Sting (“Hasta Jesús Tuvo Un Mal Día”) es 100% pop ochentoso, en donde la música propicia un acercamiento irresistible entre los tres artistas que se vuelve gracioso y hitero. Sin dudas, encaja plenamente en el ambiente y concepto del álbum de recuperación y superación. En sí, es un temazo, con cambios melódicos hermosos que te rompen la cabeza cuando sube al final. Por su parte, “Ha Ha” incluye el inopinado sampleo de “La Felicidad”, el clásico de Palito Ortega, que funciona como sarcástica confesión. Es un muy buen tema, que empieza como balada, deviene muy rítmico y vuelve a ser balada, con una producción excelsa. Un super hit, sorpresivo y espectacular. “Soy Increíble” es otro gran caramelo pop. Un acercamiento instrumental al sonido Daft Punk, disfrutable y también ochentoso. Aparece una guitarra super funky, muy groovera, que suena a Prince

Y aquí llega uno de los puntos más altos del disco: “Himno del Mediocre”, casi un homenaje a la canción romántica de los años setenta. Un tema que va a quedar en el recuerdo porque pinta para clásico. Es absurdo pero también la cabal demostración de la dualidad del perdedor nato que se acepta como tal. Nada que ver con “Todo Ray”, que es uno de los temas más marchosos del disco. Instrumentalmente es impecable. Una canción que seguramente va a explotar en vivo porque es una barbaridad, la locura desatada. Y el cierre de FREE SPIRITS es “Lo Quiero Ya!”, que parece el sampleo de una canción búlgara. Un tema que encaja a la perfeccion con la historia del disco, con una entramado rítmico complejo que es demente. Una secuencia de ruido blanco sumada a unos coros enigmáticos soft porno transforman el ritual en una rave secreta cuasi satánica… 

Un final acorde para un disco que no se puede dejar de escuchar y volver a escuchar en repeat 

Nacho Melgarejo



domingo, 15 de marzo de 2026

ANEL PAZ Y SU PASIÓN INTERMINABLE POR LAS GUITARRAS...


Anel Paz es uno de los mejores guitarristas argentinos. Dueño de una versatilidad única, demuestra toda su pasión por la música en todos los trabajos que realiza, ya sea como socio fundador del sello discográfico Happy Together Records -como productor, técnico de grabación y captador de talentos-, así como en su labor como cantautor y docente. Fanático del surf y la lectura, entre idas y vueltas; ha formado parte de innumerables proyectos musicales, desde Los Violadores, Los Políticos, hasta llegar a liderar El General Paz y La Triple Frontera, su grupo actual. Esta experiencia musical, que lo fascina, sintetizó su larga búsqueda musical en un combo que mixtura en sus composiciones rítmicas diversas de la música popular que van del rock al funk, pasando por el reggae, el candombe, la samba y el folklore. En esta charla temática nos dedicamos a hablar de lo que más lo apasiona: la guitarra. Para eso nos encontramos en su estudio del barrio de Caballito, en donde nos recibió con la humildad y generosidad de los grandes. 

ENTREVISTA> ¿Cómo te enamoraste de la guitarra? 

Yo venía de estudiar música y flauta dulce en el Collegium Musicum a los 8 años. Pero mi pasión con la guitarra empezó por la influencia de un tío rockero. Yo venía escuchando la música que se pasaba en mi casa, como todo el mundo, y en mi casa eran muy melómanos, se escuchaba mucha música clásica, jazz, tango, música brasileña, buena música, buenos artistas. Había una colección muy grande de discos de vinilo en casa. Hasta que un día vino mi tío y me dijo: "Mirá, pendejo, tenés que escuchar todo esto…” Y me trajo Deep Purple, Jimi Hendrix, Santana, Pink Floyd y Led Zeppelin. Ahí me explotó el cerebro, yo tenía 13, 14 años. 

Eso fue en los años 70, ¿no? 

Claro. En 1977, 78, en la época del Mundial de Argentina. Fue entonces que el sonido de la guitarra me voló la cabeza. Estaba re loco, hacía el air guitar, todo eso… Tocaba la guitarra en el aire, flasheándola con Gilmour, Hendrix, Page, Clapton, Peter Green del viejo Fleetwood Mac, B.B. King, Jeff Beck… Ahí me hice el vivo, porque yo tengo dos hermanos mellizos a los que les llevo nueve años, y ellos eran chiquitos y todavía recibían regalos de Reyes. Entonces, como a los cuatro hermanos nos tenían que regalar algo, yo les pedí a mis viejos una guitarra. Ellos no querían saber nada porque las guitarras eran carísimas, pero igual aceptaron y me compraron una. Era una Kuc, industria argentina, modelo Stratocaster anaranjada fluo. Con esa guitarra toqué durante años. Mi hermana menor había pedido una guitarra criolla, pero nunca se enganchó a tocar, y me la terminé quedando. Así que empecé a tocar en paralelo con las dos guitarras. Tocaba con la eléctrica sobre los discos que escuchaba, orejeando, hasta que en un momento formé Los Espasmódicos, mi primera banda en la escuela, con Marcelo Burd en guitarra y voz, un amigo que amaba a Elvis Presley. Hicimos un trío en el que yo tocaba la guitarra y hacía coros, junto a Marcelo y Javier “Dr. Muerte” Ramos, otro amigo muy querido, que en paz descanse, en la batería. Yo tocaba la guitarra, pero como no sabía tocar bien guitarra, tocaba el bajo. O sea, tocaba el bajo en la guitarra una octava más arriba. Entonces, la banda no tenía peso porque no tenía bajo. Un desastre (risas). Pero igualmente hacíamos rockabilly, éramos como los Stray Cats, aunque todavía no existían los Stray Cats. 

Esos fueron tus primeros pinitos con el instrumento, ¿en qué momento empezás a aprender en serio? 

Con un profesor de guitarra clásica llamado Luis Venosa, a los 15 años. Ahí también me empezó a fascinar el tema de la guitarra española. Luego armé otra banda llamada Dr. Rock con Mariano Gatto (guitarra y voz), Javier Ramos (batería y coros) y Alejandro Bouvier (bajo y coros); ahí yo tocaba la guitarra y hacía coros. Así empezamos a hacer shows e iban todos nuestros compañeros de la secundaria. Tocábamos en los pubs, era una locura. Ahí me volví loco con la guitarra. Estaba todo el día practicando, tocando con mi banda y sacando cosas de Zeppelin, etc. Yo era menor pero me iba todo el tiempo al cine Lara a ver La Canción es la Misma, y me sacaba las canciones. Un tiempo más tarde se produce la época de La Plata Dulce en Argentina, el “deme dos”, y todo el mundo iba a Estados Unidos a comprar cosas. Entonces un día mi viejo nos propone viajar a Estados Unidos. 

Anel en Dr. Rock, 1980.

Ahí te volviste loco… 

Claro, imaginate. Yo venía re loco con un montón de violeros: Page, Blackmore, Gilmour, Hendrix, Santana, Frank Marino, Peter Green, B.B. King, Ted Nugent... Todo eso fue previo a la época en que aparece Van Halen y cambia todo. Porque la primera vez que escuché a Van Halen no entendí más nada. No entendía que pasaba, que era eso de la técnica nueva del tapping. Yo decía: "Esto no se puede hacer en la guitarra…” Pero, previo a eso, estaban todos los guitarristas más tradicionales, más clásicos. Ya Hendrix era una locura, ¿no? Obviamente, lo que hacía Steve Howe era impresionante. Y otros que también me volvían loco eran Paco de Lucía y Cacho Tirao. Mismo el maestro Eduardo Falú. Mi viejo me llevaba a ver a Paco de Lucía y yo me acobardaba, pensaba que tenía que dejar la guitarra porque no se podía tocar así. “Ese tipo no es humano”, pensaba. Me gustaría nombrar a todos los guitarristas que me volaron la cabeza: Larry Carlton, Robben Ford, John McLaughlin, Lee Ritenoir, Steve Hackett, Trevor Rabin, Andy Taylor. Por supuesto, también me agarró un ataque demencial por Frank Zappa… Pero sigue habiendo guitarristas súper grosos en la actualidad como el italiano Matteo Mancuso, un fuera de serie. En Brasil está Yamandu Costa, un violero de otro planeta. Y en otros géneros me gustaba mucho lo que hacía en tango Juanjo Domínguez, tremendo guitarrista. Por supuesto, no se puede negar la importancia en el folklore de Atahualpa Yupanqui. 

Contame como fue tu primer viaje a Estados Unidos. 

Todo el mundo se compraba remeras, cámaras de fotos. Pero yo le dije a mi viejo que no quería nada de eso, que lo único que quería comprar era una guitarra. Yo no tenía ni idea de que comprar y le pregunté a mi tío rockero, que me anotó en un papel: “Comprá Gibson o Fender”, esa era la posta… (risas) Así que con mi viejo, quien primero se negó pero luego aceptó mi pedido, fuimos a una casa de música de Miami a comprar una guitarra. Así que llegué y les dije a los vendedores: “Quiero una Fender o una Gibson…” Ellos me miraban como si yo no tuviera ni idea de nada. Ahí me compré una Gibson SG, que en ese momento me salió 350 dólares, una fortuna para la época. Así, me volví a Argentina con la Gibson y era Gardel. Con esa viola toqué en una banda de heavy metal que se llamaba INRI. Luego toqué en una banda de fusión llamada Océano. Yo estaba todo el día tocando, esa es la verdad. Pero, como te decía antes, no entendía nada de lo que tocaba Eddie Van Halen, me pasaba días tratando de descular su técnica. Me volvía loco. Ahí, justo tengo que hacer la colimba el año de Malvinas…

Tocando en Océano, 1981.


No. Tremendo… 

Sí, pero zafé de ir a Malvinas, ¿sabes por qué? Porque, gracias a Dios, estaba en muy buen estado físico. Porque yo jugaba mucho al fútbol, jugaba al rugby, hacía artes marciales, siempre me gustó mantener un cierto estado físico. Entonces me meten en la colimba en Policía Militar. Pero era muy duro lo del entrenamiento y todo eso. Me acuerdo que conmigo estaba Blas Giunta, el que después jugó en Boca. Ahí me sugieren para zafar del entrenamiento que me metiera en la banda de música. Así que fui y les dije que quería estar en la banda de música. Me hacen una prueba con un tambor. Yo nunca había tocado el tambor, ni tenía idea, pero pasé la prueba, entré en la banda y ahí zafé de ir a Malvinas. Cuando salgo de la colimba, luego de catorce meses, me pegó muy fuerte toda la experiencia. Con decirte que mi amigo del alma, Javier Ramos, fue a Malvinas. Así que hice un cambio muy fuerte en lo mental, salí con la cabeza ultra punk. O sea, el tema era quiero vivir ya la vida, ahora. Me importaba todo un carajo, fuck everybody, porque fue muy loco lo que viví en la colimba, ¿viste? 

Ultra heavy… 

Tal cual. Entonces, dije, "Lo único que voy a hacer es tocar todo el puto día." Me metí en el conservatorio Manuel de Falla, y estaba todo el día estudiando y tocando. Además, en donde podía tocar con la eléctrica me anotaba. Empecé a tocar con bandas, me empezaron a contratar. Fueron varios años que no paré. Empecé a estudiar armonía, empecé a estudiar de todo. Pero siempre con la pasión por la guitarra. En ese momento vi a alguien que me enseñó cómo se hacia el tapping. Justo aparece toda una nueva camada de guitarristas, como Steve Vai, que empieza a tocar con Zappa, en el año 84, 85. En ese momento sale el primer solista de Vai, Flex-Able, en 1984, ese discazo es una locura. 

¿Y cómo era estudiar en el conservatorio? 

Estaba bueno. Ahí me pasó algo loco porque nos eligen a cinco chicos, los que estábamos más avanzados en cada año, para tocar con el maestro Falú. Eso fue en 1984, 85. Cuando mi viejo me vio tocando con Falú vio que lo mío con la guitarra venía en serio. Yo estaba todo el día practicando. Justo en esa época empiezan a aparecer la tercera generación de monstruos de la guitarra eléctrica que son los que traen toda la deformidad. Dejaba la guitarra eléctrica de ser esa cosa “linda” de escuchar a Clapton, por decir algo, y pasa al frente la cuestión de la técnica endemoniada y pirotécnica. Por ahí venía la mano. Medio raro también, porque para mí lo que manda es la música, no la técnica. Pero yo tenía que tener la técnica, entonces tenía que practicar todo el día. Entonces, un día le digo a mi viejo: "Yo me voy a ir a vivir a Estados Unidos, porque quiero estudiar." Quería irme a Estados Unidos para tocar con todos esos monstruos de la guitarra que estaban apareciendo. Pero no había forma financiera de que yo hiciese eso. Sin embargo, cuando mi viejo me vio tocando con Falú entendió todo y me dijo que iba a buscar la manera de que fuera a Estados Unidos… 

En el Conservatorio con el Maestro Falú.

Una verdadera patriada la de tu viejo… 

Totalmente. Pero yo también había empezado a moverme. En esa época era un quilombo, no había internet, no había nada. Llamar por larga distancia salía un montón de guita. Pero bueno, empecé a acercarme a la posibilidad de irme al Musician Institute a estudiar, porque ahí estaban varios de mis ídolos: Scott Henderson, Frank Gambale y Joe Diorio (el master del Bebop). Ahí empiezo con el tema de los guitarristas. Ya me había vuelto loco con Alan Holdsworth. La primera vez que lo que escuché sentía que ahí se había terminado todo. Porque, de hecho, Steve Vai, Van Halen y muchos más dijeron que el mejor guitarrista es Alan Holdsworth. 

Un capo… 

Sí, y yo me volví loco con él y lo fui varias veces a ver tocar y éramos solo 20 personas. 

Increíble… 

Yo nunca me saqué una foto con él porque me daba vergüenza. Pero íbamos 20 a verlo, y 17 éramos del Musician Institute. Pero escuchás lo que hacía Alan Holdsworth y era una locura. Otro con el que me volví loco fue Hiram Bullock. Y en ese momento también estaba copado con Paul Gilbert, que recién estaba en Racer X. También había salido Cacophony con Marty Friedman, otro super violero con el que después tuve el honor de tocar. Y además ya despuntaba Jason Becker, que era tremendo lo que hacía. Por supuesto, antes también me había vuelto loco con Randy Rhoads, el primer violero de Ozzy como solista. Y hay un montón de violeros tremendos que no se hicieron tan famosos, que no son masivos ni populares y me encantan. Uno de ellos es Shawn Lane, que llevó la técnica en la guitarra hasta lugares impensados. Él falleció muy joven y era un talento increíble.

Tocando con Marty Friedman (de Megadeth), 2003.

Tommy Bolin también murió muy joven…

Tal cual, otra bestia. Tremendo. Lo que toca en Spectrum, el disco de Billy Cobham, no se puede creer. Lo que está tocando el tipo ahí está quince años adelantado. Pero, bueno, volviendo a lo mío, en un momento me enganché con esos monstruos de la técnica. Pero a mí siempre me gustó tener la técnica que te permitiera hacer las cosas pero no quedarme enganchado en eso. En un momento se volvió una carrera para ver quien tocaba más rápido y todo eso y yo no me quise subir a ese tren. Me enganché técnicamente con la guitarra, como una cuestión de desafío personal, pero no musicalmente en eso. Porque después pasa que ves a guitarristas que está buenísimo lo que tocan pero no te transmiten nada. Ahí dije no, yo no quiero eso. Porque después viene Gilmour, toca solo cuatro notas y te mata.

Fue una elección musical la tuya…

Claro. En el Instituto estudié con Gambale y con Paul Gilbert, y eso me voló la cabeza. También los conceptos musicales de Scott Henderson. También tuve la suerte de estar ahí con Jennifer Batten, que es una de las reinas del tapping. Además tuve la fortuna de asistir a seminarios de Joe Pass, me saqué fotos con él, un grande, sin dudas. Así que mi pasión por la guitarra no se detuvo más desde que tengo quince años. Después, cuando surgió la posibilidad de ser endorser de Ibanez, aparecí en el mismo catalogo internacional con animales como George Benson, Paul Gilbert, Scott Henderson, Steve Vai, Satriani, Ritchie Kotzen

Con Joe Pass, en el Musician Institute, 1988.

Todos monstruos…

Sí. Con Satriani también me re enganché en un momento, me sabía todas sus canciones. Pero luego lo que me atrapó mucho es ser guitarrista cantante. Me empezó a llamar la atención eso. Porque no hay tantos. Salir del guitarrista “atómico” y ser un guitarrista frontman que canta. Ahí el grupo es muy reducido. En el exterior están, obviamente, Clapton, Hendrix…

Peter Frampton…

Frampton es genial. George Benson también es tremendo, la rompe cantando y con la viola. Otro es Frank Marino, un guitarrista y cantante canadiense espectacular. Ted Nugent es otro que toca y canta super bien. El frontman. Y después decís Prince, uno que toca y se canta todo. Pero empezás a buscar y no hay tantos que hagan ambas cosas. Curiosamente, en Argentina hay varios: Pappo, Lebón, Cerati, Mollo...

Guitarristas frontmen…

Sí, el modelo clásico sería Frank Zappa, un fuera de serie. Zappa está en otro universo, a otro nivel. Bueno, yendo a los bluseros, B.B. King, por supuesto; Gary Moore, tremendo violero. Gary Moore, para mí es uno de los que no están en el lugar que se merecen en la cabeza de la gente. Gary Moore tocaba y cantaba tremendo. Me estoy olvidando muchos… A ver. Bueno, Rory Gallagher, Freddie King, Johnny Winter y Stevie Ray Vaughan. Todos masters increíbles. Me empecé a volver loco con eso de tocar la guitarra y cantar y por eso armé El General Paz y La Triple Frontera.

En El General Paz y La Triple Frontera, con Arthur Maia

Una nueva forma de relacionarse con el instrumento…

Claro. El cantar me cambió el concepto de cómo tocar la guitarra. Es muy loco…

¿Cómo es eso?

Porque buscas más la melodía. El primer gran quiebre sobre cómo tocar la guitarra lo tuve cuando me fui a vivir a Estados Unidos. Porque acá no se trabajaba mucho el tema del swing. Lo que es el swing, que es como la subdivisión interna de la música, como vibra, como se percibe, como late la música. Por eso, cuando llegué a Estados Unidos, sentía que yo tenía una dureza que tenía que pulir. Y tuve que empezar a entender cómo era la cosa, porque no lo podés entender intelectualmente, lo tenés que incorporar. Cuando empezás a swingear todo cambia. En dos segundos te das cuenta si un músico swinguea o no.

Con Joe Diorio, 1988.

Hacer producciones también te cambió la perspectiva.

Claro. Ahí empecé a entender la guitarra desde otro lugar, de que es un instrumento polifónico, que podés meter muchas notas a la vez. No todos los instrumentos son polifónicos. Y cuando empecé a cantar, descubrí otro nivel de la guitarra. Empezás con los solos de guitarra a trabajar los motivos musicales que viene trayendo la voz, y ahí empezás a entender mejor cosas que te gustaban anteriormente, como, por ejemplo, lo que hizo Santana en “Black Magic Woman”, el tema de Peter Green. Como él desarrolla con la guitarra la melodía en ese tema es algo espectacular. Ahora, cada vez disfruto más entender la riqueza que tiene la guitarra como instrumento, porque es un instrumento rítmico, como puede ser la batería, la percusión; también es un instrumento polifónico, como puede ser el piano; y también es un instrumento solista, como puede ser un violín, una flauta, un saxo, un viento… Y, cuando lo trabajás, en contrapunto con la voz, tocando y cantando, eso es una experiencia mágica.

Tocando con Scott Henderson, 1994.

¿Vos sos de usar muchos pedales o más o menos? 

Tuve una época de usar mucho porque son lindos y te permiten llevar la guitarra a otros universos sonoros. Pero en un momento anterior a mi paso por Violadores, yo tenía una banda que se llamaba Pasión y Resurrección. Ahí hacíamos un rock bien crudo, en la onda The Cult, con guitarras más pirotécnicas. En ese entonces decidí tocar con el equipo y nada más y empecé a sacar todos los pedales. Después entré a los Violas y ahí solamente tocaba con el equipo. Tenía un equipo Marshall 30 aniversario con tres canales: canal crunchy, canal de distorsión y canal de solo, y nada más. Lo único que tenía puesto era un delay en los solos. Porque quería esa cosa pura, salvaje de la guitarra en el amplificador. Y con El General Paz mantuve bastante puro el sonido, a pesar de que es otra música que da para hacer efectos, por una cuestión de mezclar con la raíz de la música. Pero ahora en estos nuevos temas que estoy haciendo estoy poniendo un poquito más de locura sonora. Tengo distintas épocas. Pero a mí me gusta el sonido del equipo. Mientras que acústica y la española tienen la magia de lo orgánico. De hecho, habitualmente cuando vas a probar una guitarra en una casa de música, te ponen 1000 pedales… No, no, paren chicos. No es así. La guitarra se prueba desenchufada. O a lo sumo con un cablecito y con el equipo en nada, seco. Porque la guitarra es un instrumento que tiene que vibrar solo. El sonido lo tenés que sacar directamente de la guitarra, no podés estar pensando que el sonido lo vas a sacar del pedal. 

En Los Violadores, 1995.

¿Tenés las guitarras que necesitás y nada más? 

Hubo un par de guitarras que vendí en su momento y ahora me quiero matar. Lo que pasa con los instrumentos es que cuando te llega un instrumento bueno no lo tenés que vender nunca. Yo pensaba que todos los instrumentos eran buenos y después te vas dando cuenta que no es así. O sea, los instrumentos están todos bien, pero el que está allá arriba, que lo tocaste y te diste cuenta que es para vos, ese lo tenés que guardar, te lo tenés que quedar siempre. Son muy pocas, eh. Yo te puedo probar 200 guitarras, y te digo, no, no, no… O sea, sí sirven y podés tocar con esa guitarra o cualquiera. Pero hay solo algunas en las que algo pasa, que la madera se junta ahí, y es algo mágico. Se conjugan miles de cosas: la madera, quién lo fabricó, el momento justo… y cuando la encontrás, la tocás y decís: “Es esta”. 

Contame alguna anécdota al respecto… 

Cuando vivía en Los Ángeles, me dice Diego Temprano -mi gran amigo y hermano, con el que estudiamos en el Musician Institute- que había conocido a José Arredondo, un chileno que le arreglaba y tuneaba los equipos a Eddie Van Halen. Bueno, fuimos a la casa en el Valle de Los Ángeles y ahí estaba el equipo de Van Halen y le pregunté si podía tocar la viola y me dijo que no había ningún problema. Arredondo le estaba haciendo el prototipo del equipo Peavey del disco 5150. Fue una experiencia única tocar esa guitarra. Imaginate, ¡tocar la guitarra de Eddie! 

¿Ahora cuántas guitarras tenés? 

No tengo muchas guitarras. Tengo la Ibanez verde que es tremenda. Mi guitarra española que tengo hace mil años… Lo que pasa es que también me cambió mucho la perspectiva el tema de los viajes, cuando empecé con las giras internacionales en el 2015. Porque tenés que viajar lo más ligero posible. En las primeras giras nos llevábamos todo un equipamiento brutal y ahora es imposible sostener eso. A nivel financiero, porque te sale un huevo, y a nivel logística porque es un quilombo. Tenés que reducir todo y llegar con mi guitarrita a cualquier lugar y sonar. Ya sea el festival más grande o un pub chico, yo tengo que sonar, tengo que reducir todo. Fue todo un desafío que nos llevó tiempo, lo hablé mucho con mi manager, Pablo Turchetti. En el estudio sí grabo con mil cosas, porque ahí estoy para investigar, uso una guitarra, la otra, un equipo, los otros. El estudio está para investigar, pero el vivo te exige otra dinámica. 

¿Qué te da la Ibanez verde? 

Es una guitarra con una madera increíble y es ancha, no es una guitarra especial para la pirotecnia, las pirotécnicas son como muy flaquitas, finitas y muy veloces. Esta es una guitarra machaza con buen tono. Finalmente, cuando ganás en velocidad perdés en tono y viceversa. Cuando ganás en tono perdés en velocidad. O sea, para el tono obviamente tenés que tener cuerdas bien gruesas, estilo Stevie Ray Vaughan, unas cuerdas re gruesas que te sangran todos los dedos. Cuando querés tener mucho ritmo y velocidad no le pones cuerdas gruesas. Yo a la Ibanez le pongo cuerdas 0.10, un poquito gruesas. Pero son elecciones personales, es para lo que cada uno vaya a tocar. 

Emiliano Acevedo