“No
es una música elaborada, es muy libre y hay mucha improvisación porque tenemos
una base rítmica muy latinoamericana.”
(Beto Satragni, Revista Pelo, septiembre de 1977)
En esa edición de Pelo, en una nota a Luis Alberto Satragni, se anunciaba que Roberto Valencia, el tecladista de Soluna, se separaba del grupo para formar una nueva banda con el
bajista uruguayo. Así comenzaba la historia de Raíces. La formación preliminar sería Satragni en bajo, Valencia en
teclados, Horacio López en batería, Jimmy Santos en percusión y Claudio Durán en guitarra; sin embargo,
este último no se afianzó con los demás miembros y regresó a tocar con Los Hermanos Makaroff. Para sustituir
al guitarrista, llegaría Juan Gelly Cantilo,
pero la impaciencia por no haber grabado un disco tras meses de ensayo lo hizo
retirarse. Al poco tiempo, también se retiró del grupo Horacio López; así se
contactaron con Gonzalo Farrugia, ex
baterista de Crucis. No lograron
concretar nada, pero el baterista uruguayo conocía el sello distintivo que el
grupo quería fusionar con el rock y el jazz: el candombe.
Así pasaron los meses, y la
alineación quedó finalmente concretada: Roberto Valencia en teclados, Beto Satragni
en bajo, Jimmy Santos en percusión, Raúl
Campana Cuadro en batería y,
luego de probar a varios guitarristas, Alberto
Bengolea se quedó con el puesto. El debut fue en dos recitales en el Teatro
Estrellas en abril de 1978, pero las fechas son desconocidas.
“La
propuesta musical de Raíces es profundizar en la herencia musical de los negros
del Río de la Plata, fundamentalmente en torno al candombe, ritmo sobre el cual
están basadas la mayoría de sus composiciones. Aunque tampoсо falta un tema
funky, ritmos afro, brasileros, y hasta un rock.” (Claudio Kleiman para Expreso
Imaginario Nro. 22)
Aproximadamente en junio del 78, de
golpe, se produce la salida de uno de los fundadores del grupo, Roberto
Valencia, para viajar a los Estados Unidos y a Europa, declarando que no se
alejaba del grupo por problemas humanos o musicales, sino que se terminaba un
ciclo para él en Argentina; no pudiendo ampliarse musicalmente debido,
principalmente, al problema con la promoción. La última presentación en que el
tecladista y percusionista participó fue en el Centro de Artes y Música, que no
fue tanto del agrado de la crítica. Valencia se encargó de buscar un reemplazo
en los teclados, y recomendó a un joven de apenas 16 años llamado Andrés Calamaro.
"Él
es una promesa y una sorpresa para la música de este año, y digamos que confirma
mi confianza en que siempre hay músicos jóvenes de talento tapados." (Satragni, julio de 1978 para Pelo)
Luego de la salida de Valencia, el
grupo finalmente comienza a trabajar en B.O.V.
Dombe, su álbum debut en los estudios Fonema, con la participación especial
de Lito Vitale en mellotrón, Angélica Bengolea en flauta traversa y
una cuerda de candombe, es decir, cuatro tamborileros con instrumentos de
distinto tamaño y sonoridad.
"En
este álbum queremos rescatar las vivencias del candombe y las letras están dedicadas
a leyendas del género. Pretendemos que cuando el público escuche este longplay
sepa qué es el candombe."
(Probablemente Satragni, oct. 1978)
De las siete canciones, todas habían
sido compuestas por Satragni, a excepción de la sexta, “Cangas de narcea”, que pertenecía
a Roberto Valencia. Para presentarlo, ofrecieron un recital en el Teatro Cómico
el 6 de noviembre de 1978.
“El
final del concierto fue la sorpresa, el remate inesperado pero coherente con la
música del grupo: entró una decena de tamborileros, guiados por una pareja de
viejos bailarines.”
(Revista Pelo Nro. 105, dic. 1978)
Apenas iniciando el año 79, Raíces
comenzaba a preparar temas para su segundo disco, que pretendía grabarse a
mediados de año y contar con la presencia de Rubén Rada. Asimismo, se produjo la salida del baterista Raúl Cuadro
debido a trabajos profesionales y Satragni pensaba en la posibilidad de
integrar a un segundo tecladista para un sonido más profundo en armonías. Días
más tarde, se informaba de la llegada de Juan
Carlos Tordó, baterista argentino que anteriormente había estado en el
conjunto de los hermanos Makaroff. Carlos
Ciancaglini, que provenía de un grupo marplatense llamado Semifusa estuvo durante un corto
período de tiempo como segundo tecladista, pero por razones personales e
incompatibilidad musical, no prosperó su estancia. También se ideó durante
inicios de año presentaciones en Montevideo.
Los cambios en la alineación fueron
constantes, y entre junio y julio de 1979, Calamaro se separa de la banda y
entra el tecladista de jazz Martín
Orduñez como su reemplazo. En julio se ofreció un concierto junto a Serú Girán en el Estadio Obras; el
recinto, colmado de gente, escuchó temas del primer álbum y nuevas
composiciones. Hubo opiniones desiguales con respecto a la música presentada,
pues, debido a los constantes cambios en la formación, no se lograba un sonido
que indicara una consolidación en la banda. En agosto, Raíces, junto a músicos
invitados, entraron al estudio a grabar su segundo álbum. Leo Sujatovich, que formalmente estaba en Tantor, participó en los teclados, sustituyendo a Martín Orduñez,
que no pudo continuar por razones económicas y personales.
“Martín
es un músico muy influido por el free jazz, y esa tendencia que trajo él al
grupo era como muy irritante en relación a la música que siempre quisimos
hacer. Nos sirvió para saber hasta dónde podíamos legar por ese camino; pero, a
nivel del sonido que pretendíamos lograr para el grupo, encuentro que no era el
sonido de Raíces es el que estamos haciendo ahora.” (Satragni para Pelo Nro. 118, oct. 1979)
El paso fugaz de variados músicos
mutaba de vez en cuando el sonido que buscaban, pero la esencia era la misma:
realzar la importancia del candombe. “No
pienso que la música que hoy está haciendo Raíces sea lo definitivo. En este
grupo en particular, la definición total no va a existir nunca, porque creo en
el constante cambio. Necesito seguir caminando, pero conservando una esencia
básica, que la da el candombe, lógicamente.” (Beto Satragni para Pelo Nro. 118, oct. 1979)
Es a finales de octubre que culminan
las grabaciones del segundo álbum. En los meses siguientes de 1979 y principios
de 1980, Raíces se presentó en distintas ciudades presentando temas de su nuevo
álbum con buen recibimiento por parte del público. Los candomberos, que habían
quedado satisfechos con las actuaciones de Diego
Rapoport y Enrique Quique Sinesi en sustitución
temporal de Sujatovich y Bengolea, decidieron incorporarlos definitivamente
como miembros oficiales. El tema “Esto es candombe”, que originalmente estaba
en el primer álbum, tuvo tan buena aceptación por la audiencia durante sus actuaciones,
particularmente una en La Falda, que los miembros optaron por incluirla también
en el segundo álbum.
“Y
con ´Esto es candombe´ fue increíble. La gente bailaba y yo también me puse a
bailar. Salté del escenario y me fui con la gente. Fue una reacción natural,
había algo que me impulsaba a hacerlo. Necesitaba estar con la gente. Y la
gente se identificó mucho con ese tema. Había calor, una bola de energía ahí
abajo, que era impresionante.”
(Jimmy Santos para Pelo Nro. 128, mayo 1980)
Con una línea lírica más enfocada en
la realidad cotidiana, el segundo proyecto de Raíces se tituló Los habitantes de la rutina. Rubén Rada
colaboró en la canción homónima, “Amigo candomberito”, “Amanecer en Zafia” y “Nube
marrón”. Todos los temas, exceptuando “Amanecer en Zafia”, autoría del
guitarrista Bengolea, fueron compuestos por Satragni. Y el álbum, tras meses y
meses de demora, ve la luz en julio de 1980. La presentación oficial del disco fue
en el auditorio de la Universidad de Belgrano, y así, Raíces finalmente logró
consolidar dos puntos importantes: su sonido, y su base de fanáticos. La
llegada de Rapoport y Sinesi le dieron un toque más rockero y maduro al
conjunto, dejando un poco de lado el tinte jazzero que el tecladista Martín Orduñez
le agregaba, eso sí, sin dejar de lado la esencia sonora que sostenía a la banda,
una vez más: el candombe. “Esto es candombe” se convirtió en el tema insignia
del grupo, el público la bailaba y la coreaba, reforzando la complicidad de
este con la agrupación.
“La
madurez y progresión alcanzada por Raíces necesitaba de un disco así, en el que
quedara registrada esta etapa de un buen nivel creativo que la banda está
pasando. Raíces ofrece una alternativa distinta y bien definida dentro de la
música nacional, y vale la pena escucharlos.” (Revista Pelo
Nro. 132)
Iniciada la segunda mitad de 1980, Raíces
comienza a preparar temas para su tercer álbum, y se le añade la incorporación
de Osvaldo Cuenze en percusión para
reforzar aún más el núcleo sonoro. A su vez, Luis Alberto Spinetta forma una nueva banda llamada Spinetta Jade, de temática jazz rock,
aquí, Satragni se encargaba del bajo cuando Pedro Aznar no podía asistir por sus obligaciones con Serú Girán;
también se integró a la banda de Nito Mestre
y a la de Rubén Rada. Rapoport, por su parte, alternaba entre Spinetta Jade, Seleste y Raíces, por lo que esta
última permaneció en una pausa en cuanto a presentaciones se trataba, pues el
grupo continuaba ensayando al menos una vez por semana, pero se crearon rumores
acerca de una posible separación, los mismos que Satragni se encargó de
desmentir: “Raíces estuvo un poquito
parado porque Diego y yo estuvimos tocando con otros grupos. Paramos porque
hacía ya bastante tiempo que veníamos tocando y luchando, y necesitábamos
descansar.” (Pelo Nro. 137, nov. 1980)
Iniciado 1981, se da a conocer la
inclusión de un nuevo tecladista que acompañaría a Rapoport: Claudio Pesavento. Raíces desistió de
hacer recitales con motivo de preparar a fondo sus nuevas composiciones, que
hipotéticamente serían grabadas en el tercer álbum. Con Rapoport fuera, es en
abril que ofrecieron un concierto en el pequeño Teatro de la Cortada,
presentando a Pesavento como tecladista, teniendo una buena respuesta de la
crítica. Luego de ese concierto se produce la triste salida del percusionista Jimmy
Santos por complicaciones en su vida personal. El quinteto Satragni – Tordó – Sinessi
– Cuenze – Pesavento se presentó a mediados de junio en el Estadio Atenas de
Córdoba y en un recinto de la Capital, también a mediados de julio hicieron
acto de presencia en el Auditorio Buenos Aires junto al dúo Isa, conformado por Edith Belloti y Daniel Impelluso, con quienes anteriormente habían ofrecido
conciertos. Con material más que suficiente, el tercer álbum del grupo, que al
igual que el segundo, estuvo cargado de postergaciones. Esta última etapa pasó
con mucha especulación, se decía que el nombre del álbum sería Más allá del final, o que Satragni se
alejaba de sus otros proyectos para enfocarse en Raíces. Lo cierto es que el
bajista y líder de la banda, en la entrevista que le hizo la revista Pelo en junio de 1982, dio detalles de
la situación complicada que atravesaba el grupo. Cansado de la constante
modificación de la alineación, optó porque fuera una banda con libre paso de
músicos invitados, y no tener más una formación estable: “El cambio va a ser que a partir de ahora será Beto Satragni y Raíces.
Eso me va a permitir tener una mayor elasticidad en cuanto a los músicos que
van a tocar en el grupo. Yo creo que el hecho de Beto Satragni y Raíces está
implícito desde el momento en que yo trabajé siempre mucho para este grupo y me
encargo de todo, desde conseguir sala de ensayo hasta de hablar con los
productores. Yo siempre hice todo.”
Así Raíces quedó inactivo, y Satragni
se asoció con Oscar Moro luego de la
separación de Serú Girán. Estos dos tenían la intención de tocar juntos desde
tiempo atrás, pero sus obligaciones con sus respectivos grupos impidieron su
unión. El álbum del dúo, Moro – Satragni,
que tuvo músicos invitados de primera línea, saldría en septiembre de 1983.
Sin
embargo, Raíces regresó en mayo de 1995, con presentaciones en La Trastienda, ahí
contaron con David Lebón y Ricardo Mollo como guitarristas
invitados. La formación que acompañó a Beto Satragni para la ocasión fue:
Enrique Sinesi en guitarra, Nora
Sarmoria en teclados, Gustavo
Liamgot y Ricardo Nolé en piano,
Daniel Colombres en batería y Jimmy
Santos y La Foca Machado en percusión.
En 1997 se editó un EP de cuatro temas, llamado Ey Bo Road, que contó con la
participación de Calamaro en el tema "Candombe de las esquinas".
En 2008, al cumplirse los 30 años de su fundación,
Satragni, Calamaro, Santos, Tordó y Bengolea se reunieron informalmente y
grabaron Raíces, 30 años,
editado por Melopea, el sello discográfico de Litto Nebbia.
Lamentablemente,
complicaciones de salud desencadenaron la muerte de Beto Satragni, el 19 de
septiembre de 2010.
En febrero de 2025, el sello madrileño Sometimes
Music reeditó en vinilo el primer disco del grupo, B O.V. Dombe.
Bibliografía: Revista Pelo (Números varios desde septiembre de 1977 a septiembre de 1983)
La banda argentina COSO, continúa dejando
su huella en la escena del punk melódico. Con una trayectoria que se remonta a
principios de los 2000, el grupo ha logrado consolidarse como uno de los más
relevantes de este estilo, gracias a su sonido enérgico y letras poéticas.
Sus líricas son una clara alusión a la hostil vida urbana, atravesada por las
nuevas tecnologías de control para estatal y económico, dentro de un entorno
hostil y deshumanizante que ahoga los sentimientos y deseos más profundos de
cada individuo. A pesar de la temática oscura, la música de COSO logra
transmitir una energía contagiosa que invita a la reflexión y la liberación.
Recientemente,
el trío formado por Mariano
Bevilacqua (guitarra y voz), Matías
Lence (bajo) y Hernán
Sánchez (batería) acaban de lanzar su nuevo álbum llamado Decile como quieras que muestra la
evolución musical de COSO. Con una producción a cargo del
legendario Alejandro Taranto, reconocido productor de artistas como A.N.I.M.A.L., JAF, Massacre y Los
Fabulosos Cadillacs, el nuevo repertorio de canciones logra un equilibrio
perfecto entre la crudeza del punk rock y la melodía pop punk.
Para
saber más de la banda charlamos con Mariano,
quien gentilmente nos relató toda su trayectoria en la música desde aquellos
lejanos años 90, un camino lleno de espinas pero también de rosas y que promete
muchos más proyectos llenos de punk combativo de ahora en adelante.
ENTREVISTA> ¿Cómo fueron tus inicios en la música?
Había
una guitarra en mi casa, porque mi hermano tomaba clases de guitarra, y a mí me
empezó a gustar el punk, y como era algo fácil de hacer, agarré la guitarra y medio
de autodidacta ahí empecé a tocar a los 15 años con él. Ya estaba armando una
bandita, algo con gente del colegio, siempre con la idea de componer canciones
propias, más que de hacer covers. Y en esa línea me mantuve desde los 15 años.
Vos
venís tocando desde los 90, ¿no?
Claro,
eso sería en el año 95, 96. Más o menos.
Contame
un poco cuáles eran las influencias que te llevaron a tocar la guitarra, a
quién admirabas, a quién te querías parecer, o qué discos escuchabas en ese
momento.
En
ese momento escuchaba mucho Green Day,
era fanático del grupo. No me gustaban otras cosas, y después, ya tocando la
guitarra, sí había escuchado un par de bandas más. Escuchaba, más que nada, la
movida californiana, pero había bandas de otros lados que también escuchaba.
Era la época de los casetes del Parque Rivadavia. Escuchaba a Bad Religion, los Toy Dolls, esos grupos, e iba a comprar casetes al Parque.
Y
en la secundaria empezaste a formar banditas.
Sí,
a los 15 años hice una con un batero nomás y después para el 98 me junté con
unos pibes y armamos la primera bandita, en donde éramos todos compañeros del
colegio Fernando Fader, en Flores. Tocamos en un festival y ya se armó una
rutina de banda, luego de que terminamos el secundario, un proyecto que nos quedó
en común para seguir haciéndolo.
Contame
cómo fueron las diferentes bandas que tuviste desde entonces.
La
primera banda, la que le decía de la secundaria, se llamaba Pie Punk, que duró hasta el año 2001, y
a partir de ahí hicimos Los Consiglieri
en el año 2005, que duró hasta el 2014, después vino Dulce de Leche, que llegó hasta la pandemia. Después de la pandemia
hubo un momento de hacer una especie de antología con las canciones y de hacer
canciones nuevas a partir de maquetas y de ahí salió COSO.
¿Qué
es lo que tienen en común todos los proyectos?
Por
supuesto, hubo siempre espacio para la creatividad de los otros músicos también
y hay algo que se mantiene en las letras, en la narrativa; a veces hay
canciones que son de distintas bandas y están evocando el mismo universo. Hay un
hilo conductor de todo, pero cada banda tiene su personalidad, porque está
bueno que los músicos tengan protagonismo, que pongan su impronta y que ellos
le pongan su sello, entonces cada banda es un poquito diferente.
¿Te
gusta hacer covers de otros grupos?
Al
principio renegaba mucho de hacer covers. Por ejemplo, a mí de chiquito siempre
me gustó dibujar, pero mis amiguitos copiaban otros dibujos, yo siempre me
negué a copiar. Sentía que no era lo mío y con la banda me pasa lo mismo. Durante
los primeros 10, 15 años de banda nunca quise hacer un cover de nada. Después
vas abriendo la cabeza y me empezó a gustar adaptar el estilo punk a temas que
son de otros géneros y estilos, pero que tienen melodías tremendas. Creo que
dentro de la música punk hay un factor muy importante en la melodía que te
permite hacer cualquier tema estilo punk, y que no queden iguales. Entonces, es
como que hay tanta inocencia de la composición que parece una libertad absoluta,
por decirlo de alguna manera. A mí me gusta eso: Agarrar los temas y mirar qué
bueno que quedaría esto tocado con el ritmo punk, con la con la energía del punk,
que levanta para arriba como estilo musical. Eso es lo que a mí me gusta, ¿no?
Con
COSO empiezan en pandemia, ¿los temas de su repertorio eran de ese momento o
venían de antes?
El
primer disco de COSO, que son 17 canciones, es como una especie de súper
manija, ¿viste? Tiene cuatro covers, como vos decías, tiene uno de Los Paralamas, uno de Pablo Milanés, uno de Elliott Smith, etc. Después hay cinco o
seis canciones propias que eran de bandas anteriores y canciones que fueron compuestas
directamente para COSO. Ahí debe haber cinco o seis canciones nuevas en el
primer disco, no me acuerdo ahora exactamente, que son puras de COSO.
¿Cuándo
conocieron al productor Alejandro Taranto?
Lo
conocimos cuando estábamos en Los Consiglieri. En ese momento mandábamos muchos
mails a la prensa y demás para darnos a conocer, cuando estábamos queriendo dar
nuestros primeros pasos hacia la profesionalización, después de salir de la
secundaria. Así me empezaron a llegar propuestas para tocar con diferentes
bandas, y terminamos eligiendo una fecha para tocar en Morón, porque nosotros éramos
de Caseros y tocaba Infierno 18. Y bueno, nosotros éramos adolescentes que estábamos
ahí un poquito de prestado, queriendo vender entradas. Me acuerdo que tocamos
en Marilyn y estábamos bastante disconformes con la organización, entonces
tocamos con mucha energía. Y Ale [Taranto] lo notó y me parece que le gustó, le
encantó la actitud de la banda, así que me vino a hablar y me dijo: "Loco,
tenemos que grabar." Y bueno, en esa época no había ni teléfonos
celulares, casi nadie tenía, no se habían masificado. Entonces perdí el
contacto, pensaba: Este viejo quién es, ni tenía idea, boludo, y después, un
par de años más tarde, me di cuenta de quién era. Me entero con quien había
estado mirando sus fotos. Lo veo con A.N.I.M.A.L., después con los Ramones, con Lemmy de Motörhead, ¿entendés?
De repente digo, "Pará, este chabón, boludo." O sea, era regroso lo
que había hecho. Mirá si me estaba tirando una buena onda y yo no la casé. Entonces,
después de un tiempo le hablé, un par de años más tarde, y el chabón se
acordaba de nosotros aunque solo nos había visto una vez, se acordaba de la
banda. Así se dio que pudimos grabar con Ale. Ya van un par de veces que
entramos al estudio con él y es un fenómeno como labura.
¿Cómo
los orienta Taranto a la hora de grabar?
Es
interesante la pregunta. En realidad, vos cuando elegís un productor, yo por lo
menos cuando elijo un productor, lo que quiero es que haga un producto final partiendo
desde su libertad. O sea, creo que es un consejo que humildemente le daría a
cualquier persona que se quiera dedicar a hacer algo: Dejá que las personas hagan
lo que mejor saben hacer. No creo en eso de decirle a un productor “subí el
bajo”, creo que eso lo tiene que saber mejor el productor que vos. Bueno, en
definitiva para mí es eso, si la banda sabe quiere laburar así, el productor va
a estar haciendo el trabajo a sus anchas, que es lo mejor que puede pasar.
Taranto lo que más laburó fue en el sonido de las guitarras. Me eligió la
guitarra, me eligió el equipo del cabezal y sacó ese sonido como lo sabe sacar él, que yo no tengo ni idea de
cómo se hace. Él le sacó un audio muy interesante a la viola, una posibilidad
de escuchar a la banda en el disco un poquitito mejor.
¿Cómo
se les ocurrió hacer ese mashup entre “Ya no sos igual”, de 2 minutos, y
“Basket Case”, de Green Day, que sonó en todos lados?
Realmente,
no nació como una intención de hacerlo. Lo estábamos haciendo en joda con mi
hermano en mi casa, tomando un vino, boludeando, tocando la guitarra, que esto,
mira que esto otro, y nos cagamos de risa, después se lo llevamos a los pibes
de la banda y lo tocamos por delirar, lo tocamos en las fechas, en el vivo. Ahí
siempre se arma pogo y joda. Pero en el momento en que 2 minutos toca con Green Day,
ahí es como que yo me sentí tocado. Me sentí como empujado a hacer eso. Y
bueno, medio que lo hicimos en tiempo récord. Entonces, fuimos, y lo grabamos
en un día. A nosotros nos pareció bueno hacerlo, porque la verdad que lo
hacemos con respeto, nos gustan las dos bandas y nos pareció una buena
oportunidad de poner una letra en español, un tema que conoce todo el mundo y
una letra que está buenísima, representativa del punk. Nosotros después tomamos
conciencia de todas esas cosas, cuando explotó, cuando pasó un millón de
visualizaciones, con los comentarios que nos hacía la gente, toda la explosión,
la viralidad que se hizo con esta versión. Hasta llegamos a sonar en La Mega,
en un momento estaban sorteando entradas y sonaba nuestro tema de fondo. Cosas
así que nos sorprendieron.
Contame
un poco cómo fue la elaboración del segundo disco.
Y
en el segundo disco ya sí son casi todos temas de COSO, hay un solo cover. En
el segundo disco hay tres singles. Porque a mí me invitan a grabar en un tema,
un pibe de España, el amigo Javier
Ferrer, que me invita a grabar en un tema de él que viene a grabar en
estudios Panda. Ahí conozco al que era el dueño del estudio en ese momento, Miguel Krochik, que es un viejo loco,
polémico. Una persona muy particular, muy querida. Así que nos ofrecieron
grabar en Panda y fuimos ahí sin productor musical ni nada. Fuimos a hacer la
nuestra. Así que bueno, nada, hay como tres disquitos que son simples que están
grabados ahí en Panda, en donde nos dimos el gusto de grabar bien, y bueno, ahí
lo que nos faltaba darnos cuenta que nos faltaba un productor musical. Porque
vos llegas a un estudio súper equipado, con una consola con todas las perillas
y a lo sumo sabés usar una. Por suerte, Leo,
el técnico de Panda es un fenómeno, la clava toda, pero bueno, es diferente a
laburar con un productor con el que vos ya sabés lo que hace sonar y querés
sonar así.
Entonces
lo grabaron y después estuvieron girando también, ¿no?
Pasamos
por Uruguay, bueno pasé yo nomás. Íbamos a ir con toda la banda, pero no
pudimos por un problemita, así que pasé yo solo y tuve que hacer un acústico en
Montevideo y en Punta del Diablo. Y después nos fuimos a Chile, a dos regiones de
Chile: Santiago y también fuimos al sur del país. Es hermoso Chile, hermosa la
gente, buenísima la experiencia. Cruzamos los Andes de noche, tocamos en Mendoza
la otra vez y hemos salido a algunas provincias, también hemos salido de gira a
la Costa Atlántica.
Así
llegamos a este tercer disco recién editado. ¿Cómo lo cranearon?
Este
es el primer disco que editamos en físico, de todo lo que nosotros grabamos, y
se da porque tiene buena pinta, ¿viste? Queríamos tener aparte algún disco en físico
y este es un álbum que compusimos todo de punta a punta, lo compusimos completo
y está redondo, lo practicamos con la formación nueva, volviendo después de un
año de tocar. Llegó la banda re bien al estudio a grabar y el disco es una obra
completa. Entonces, un poquito eso nos dio también la fuerza de tratar de
llevar las cosas a otro nivel. Estamos en ese camino.
¿Cómo
es la composición de los temas?
Yo
presento canciones y les hacemos cambios entre los tres, algunas por ahí las
descartamos, a otras les falta una parte, a otras le mezclamos un pedazo de
música que venía por otro lado, y así después hacemos los arreglos. Yo puedo
proponer algunas cosas, pero más que nada los chicos la tienen re clara, ellos son
muy creativos aportando ideas. A la hora de agarrar la canción, lo que por ahí
tenemos de ventaja es que yo llevo la idea de melodía ya bastante arrimada,
entonces en un par de ensayos ya tenemos un tema nuevo sonando.
Recorramos
los temas del último disco. ¿De qué se trata “Picaflor”, la canción que abre el
álbum?
“Picaflor”
es un tema fuerte, porque es una patada en la cara al egoísmo que tiene la
sociedad. Yo considero que la sociedad premia al egoísmo. Y el Picaflor es un
tipo descarado que va ahí chupando el néctar y verdaderamente no pierde su
tiempo, no estrecha lazos solidarios, hace su historia, saca su jugo y está
siempre lindo para la foto. Entonces es una especie de crítica al
individualismo. También es un personaje irónico porque hay como una especie de
juego en eso de que el picaflor es un tipo pícaro, el vivo, el porteño,
carismático, ¿viste? Uno no lo ve como un antihéroe, en realidad lo estás
viendo un tipo muy simpático, pero si vos prestas atención a lo que está
diciendo la letra: “Donde haya una flor él no va a perder su tiempo…”.
Hay
mucho de eso en la época actual, el sálvese quien pueda, ¿no?
Exactamente,
y con total impunidad y aparte como se lo hace con orgullo. Es una ironía
acerca de ese tipo de personas.
La
segunda canción del disco se llama “Che”.
Esa
es una canción que es bastante loca desde el plano de la composición, tiene que
ver con el concepto del disco, que tiene que ver con todo el amor que vos le
podés dedicar al arte, y como eso no significa que vas a tener el éxito material
para impulsar tu proyecto adelante. Esto es un tema recurrente en el disco, una
alegoría, tener presente que acá estamos tirando la energía a la basura, por
decirlo de alguna manera, en el sentido de la utilidad. Todo termina hablando
de una relación material que tienen las cosas y esto de la utilidad. Habla de
la moda de una canción más allá de la utilidad.
¿A
qué te dedicás por fuera de la música?
Yo
trabajo como diseñador gráfico, publicista, hago logos, específicamente soy
diseñador de logotipos.
¿En
algún momento soñaste con vivir solo de la música?
En
ese sentido siempre me sentí firme en un camino, con confianza de que las cosas
se iban a dar, tarde o temprano. No estoy desesperado porque pase algo, no creo
que tenga la vaca atada ni creo tampoco estar perdiendo mi tiempo. Hay una
delgada línea en la que camino entre esas tres cosas. Pero lo hago porque
verdaderamente me gusta, me sale hacerlo, lo sigo haciendo y hay gente que lo acompaña
y disfruta lo que hago. En realidad, arranqué por esto y seguí siempre en la
misma, porque hay gente que dice: "Che, loco, están buenas tus canciones,
¿por qué no hacemos una banda?" Y de ahí te quedás con esa gente que crees
que te está diciendo la verdad.
El
tercer tema, “Vos la sabés”, ¿de qué se trata?
Ese
tema dice: "Solo espero poder ofrecerte algo de amor en un mundo que vive
en guerra, que está dividido." O sea, vivimos todo el tiempo peleándonos de
todas las formas posibles. Nos hacen enfrentar por todas las cuestiones
posibles. Y es porque sos varón o es porque sos mujer, lo que sea siempre va a
estar como dividiéndote, peleándote y por eso cuesta mucho encontrar también la
afinidad y la buena intención con el otro. Vivimos pensando que el enemigo está
al otro lado de la medianera, de eso habla la canción.
¿”Todo
por vos”?
Era
esto que te decía antes de que “voy a ser mejor cantante, me voy a morir de
hambre”. Pero lo voy a seguir intentando y es como el mensaje más trillado que aparece en ese tema. Creo que
es la canción más popera del álbum.
¿”No
se ve”?
“No
se ve” es una sandía que no se ve, es un tema un poco polémico. Habla de
aquellas cosas que se muestran y las que no se muestran. Ahora hay cosas que no
se pueden decir y hay cosas que te borran, te borran entrevistas completas si
las decís. Entonces, por lo menos podemos decir que es una sandía que no se ve
y la descripción es bastante gráfica acerca de lo que se refiere el tema, es
una crítica al armamentismo, ¿no? Por ejemplo pasa en el mundo de Internet, en
donde mucha gente compra acciones. Yo no soy economista ni nada parecido, pero
siento que nadie sabe qué carajo son las acciones que compra. Y se están
fabricando fierros con esas acciones, ¿viste? Porque es lo que más garpa
también. Porque en definitiva es lo que controla los recursos, con lo poco que
sé de geopolítica. Por ahí va la canción: Estamos construyendo una sociedad que
nos va a terminar morfando. Onda, “comprá la cripto que haga que con esto
estamos matando allá, estamos invadiendo, estamos sacando petróleo, con esta
cripto vas a pagar más”. O sea, no te das cuenta, pero estás como jugando a ese
juego, creo yo.
La
sigue “Dos pinos gemelos”…
Ese
tema es una especie de escena que habla sobre las cosas idealizadas, ¿no? De
cómo uno puede saber sin saber y creer. Es una canción que habla un poquito de
sentimientos, del tipo que por ahí se emociona, es la canción más poética de
todas, por lo que explicarla es una pérdida de tiempo, es cuestión de
escucharla y ver qué entendés, pero creo que es una canción que habla de eso. De
que el conocimiento del mundo es subjetivo y que tenés que mirar a las personas
que tenés al lado.
¿”La
boca del lobo”?
La
escribió Dali e hizo la música Anton, que son los chicos que
estuvieron conmigo cuando fuimos a Chile. Había habido un apagón. Nosotros
estábamos cruzando la cordillera y cuando llegamos ya había pasado el apagón, y
ellos habían escrito la canción durante el apagón. Entonces estaban grabando en
el estudio, como yo tenía que pasar la noche ahí porque al otro día salíamos
para el sur, así que grabamos en la casa de ellos. Yo metí unos coros en el
tema. Así que hicimos una adaptación de ese tema que también fue parte de nuestra
historia, acerca de los viajes. Hay dos versiones: la de Anton con Dali, y
nuestra versión. Yo participo con voces en el tema de ellos y hacemos con la
música y la letra de ellos este tema que es nuestra versión.
El
álbum termina con “No vuelvas”…
Ese
tema cierra un poquitito esta idea de las cosas que fuimos hablando acerca de
las otras canciones. Es un tema que básicamente dice que todo lo que tenés es
tu ilusión. Tenés una ilusión de las cosas y hay gente por ahí que hasta te quiere
arrebatar eso, ¿no? Entonces, un poco de qué es lo que se tiene, de a qué
llamamos posesión, cuando ya no tenés nada más que una ilusión.
¿Qué
músicas escuchás?
En
la adolescencia era fanático de Green Day, por supuesto, pero ahora escucho un
poquitito más variado, cosas no tan conocidas, escucho mucha música en el
español, escucho bandas punk under de diferentes países de Latinoamérica, pero
también soy capaz de escuchar música clásica, me gusta escuchar de todo, los
clásicos de los Beatles. Capaz te
escucho Louis Armstrong, Silvio Rodríguez, hasta Serrat, que escuchaba mucho mi vieja cuando
yo era chiquito y me quedó el recuerdo de varios temas de su disco En directo. Me encanta escuchar de todo.
¿Cuáles
son los proyectos del grupo?
Ahora
estamos cuidando el disco como un bebito, porque recién salió. Luego tendríamos
que pensar en una fecha para hacer una presentación, invitar a algunas banditas,
estamos juntando un poquitito la fuerza para concentrar todo en una fecha buena
en Capital y después ir a presentar el nuevo material a algunas provincias del
interior, seguramente. Tenemos una propuesta para ir a San Luis ahora. Estamos
viendo.
Hay
una pregunta que me gusta hacerle siempre a los compositores: ¿Qué tema de otro
te hubiera gustado componer a vos?
Creo que “What a Wonderful World” de Louis Armstrong. “Melodía
desencadenada”, también. Otra que me gusta mucho es “La melodía de Dios” de Tan Biónica. Qué sé yo, son muchas, todas
son muy lindas. A mí me gustan todas las músicas. No entiendo la rivalidad
entre las músicas. A veces hay cosas que tienen poca riqueza melódica, poca
riqueza armónica, no la disfruto tanto, pero cuando está bien hecho algo a
nivel musical, trasciende el género. Trasciende totalmente, por eso que te
decía de repente escuchás un cumbión tocado punk y no te puede no volar la
cabeza porque está muy bien la matemática detrás de esa obra. Yo siento algo
así, cuando escucho sea lo que sea. De repente escuchás la obra de Michael Jackson, u otras cosas que hay
en el pop, y encontrás belleza.
No
vaya a creerse que todo han sido mieles en la carrera musical de Leopoldo Pepo Limeres. Su espacio vital siempre fue ganado
a punta de esfuerzo, y cargando en sus espaldas el prestigio de ser uno de los
integrantes fundamentales en la historia de Pez, el grupo liderado por Ariel
Minimal. Niño mimado en el under del rock argentino de los años 2000, el
entonces imberbe Pepo comenzó sus escarceos tecladísticos apenas despuntaba la
primera década del siglo XXI. Los chapoteos en el under lo guiaron hasta su
debut discográfico como parte de la cofradía del Pez de Buenos Aires. En el
grupo estuvo más de una década, grabando discos ahora gloriosos y reverenciados
por los fans, tanto en vivo como en estudio. ¡Pepo, qué hombre!, gritaba alguno
por allí, entre la gente que lo iba a ver tocando junto a Minimal, Fósforo García y Franco
Salvador, en esas misas de Pez que inducían al pogo, en donde el tecladista
tocaba más fuerte que ninguno.
No
hay tanta diferencia para Limeres entre ser integrante prestigioso de Pez o
formar su propia banda Pasajero Luminoso,
tocar rock, pop psicodélico, progresivo, punk, tango, folklore o fusión. Por
supuesto, en el medio están las canciones. Pedazos de vida con trazos melódicos
contundentes, sin pretensiones pero precisos. De todo eso hablamos en esta
charla.
ENTREVISTA> ¿Cómo fueron tus inicios en la música? ¿Empezaste directamente en el
piano?
Sí.
En mi casa había un bajo, una guitarra, con ellos coqueteaba, pero nunca me
habían llamado la atención, hasta que apareció un piano, cuando tenía 11 años, y
me maravillé con el instrumento. Me llamó mucho la atención, empecé a jugar y me
mantuve jugando con él toda mi
vida. Estudié, tuve un poco de formación académica, pero muy poquita. Habré
estudiado un año, con eso aprendí a leer, y después seguí. Más tarde tuve otro
profesor, un grande del tango como Virgilio
Expósito, el autor de “Naranjo en flor”. A él llegué por una cuestión de
amistad familiar, pero más que nada era ir a charlar, porque la verdad que Virgilio
era más orejero que otra cosa. El viejo improvisaba las clases, charlábamos, él
era como un abuelo para mí. Y eso fue todo mi secundario en la música, ponele. Después
a los 21 empecé a estudiar con un tipo que me pasó mucha información de jazz e
improvisación. Eso fue por ahí el abordaje más académico que tuve durante un
par de años. Y después siempre fui autodidacta. Tocando todo el tiempo.
¿Y
tus influencias en el teclado por qué lado venían?
Siempre
mi abordaje fue muy pianístico, aunque terminé siendo tecladista por una
cuestión de la época. Quizás porque en vivo es difícil que haya un piano, uno siempre
lleva su teclado. Así me terminé haciendo tecladista, pero siempre mi corazón
fue de pianista. Entonces, siempre me fascinaron los pianistas de jazz o de
tango. Los del mundo del rock progresivo no me fascinaban. Obvio que los
escuchaba y me gustaban, pero por ahí no le prestaba tanta atención como a los
guitarristas de los grupos progresivos. Obviamente, cuando escuchaba a Frank Zappa, en las partes que aparecía
George Duke tocando un solo me
llamaba la atención, pero me gustaba la música de Zappa, no es que tenía
preferencia por sus tecladistas. Por ahí sí me pasaba con Supertramp, que tenía dos tecladistas, pero más que nada cuando
tocaban en el piano. Siempre me llamó la atención la parte más pianística. Por
eso después me interesé mucho por el jazz: Bill
Evans, Thelonious Monk, después conocí
a Hancock y me voló la peluca, Chick Corea también, eso a mis 20 años.
Pero siempre fui bastante tradicionalista, seguí disfrutando los discos del Bill Evans Trio, para fascinarme con la
sonoridad del piano, siempre pasó más por ahí mi búsqueda, y lo sigue siendo.
Ahora, cada tanto descubro algo de Ariel
Ramírez, me pongo un valsecito de él y se me cae la baba.
Vos
también has incursionado mucho en la fusión…
Siempre
he fusionado, porque de alguna manera, yo soy el tipo de músico al que le gusta
querer aprender de todo, pero nunca ser un especialista en nada. O sea, no
tocar nada bien en ningún estilo. El tango me encanta, me encanta el jazz, me
encanta el folclore, pero no soy ni tanguero ni jazzero ni folclorista. Siempre
mi acercamiento fue de curioso. De decir: “Qué linda esta música”, y después ver
que podía aprender de eso. Nunca tuve maestros que me hayan enseñado como se
toca correctamente el folclore o el tango. Volvemos a lo mismo, siempre fui muy
autodidacta, entonces mi abordaje fue ese. Por ahí la música que he compuesto a
lo largo de mi vida tiene esa mixtura y los gustos musicales que uno trae
consigo.
¿Cómo
fueron los primeros grupos que integraste?
Es
que yo en realidad prácticamente siempre fui un deforme. He tocado en el
secundario, en un grupo durante tres meses, y ni llegamos a tocar en vivo. De
hecho ahí cantaba, cualquier cosa, nada que ver. Después, recién cuando terminé
el secundario, me metí con el tema del estudio del jazz. Después de varios años
de estudiar jazz, me animé a juntarme con un trío a tocar jazz, y ahí empezaron
a aparecer los conocidos que me empezaron a abordar, a proponerme cosas. Así estuve
tocando primero con una banda que se llamaba Mongo, que era un grupo de rock, con influencias de Zappa, Spinetta, etc. Eran muy loquitos, ese fue
mi primer abordaje con el rock. Después toqué un poquito de jazz. Más tarde
toqué en una banda onda Fabulosos
Cadillacs, con vientos, hacíamos música bailable. Esa fue una buena experiencia
también. Ahí yo -que hasta ahí me la había pasado tocando jazz- me tuve que
acostumbrar a tocar dos acordes, acordes mayores, V – I, y no saber qué hacer
después, porque era una armonía súper austera. Hacía lo que me salía. Pero todas
fueron experiencias que me hicieron aprender. Y después apareció Pez, cuando yo
tenía 27 años.
¿Cómo
es tu ingreso a la banda?
Fósforo [García], el bajista, ya me conocía de
haberme visto tocar alguna vez. Vio que tenía una onda que podía funcionar, así
que fui con ellos y arranqué con todo.
¿Cómo
fueron esos primeros tiempos de acoplarte a lo que venía siendo la banda?
Yo
arranco un poquito antes de [el disco] Folklore
(2004) y me quedé hasta después de Volviendo
a las cavernas (2011). Estuve 10 años en esa primera etapa.
¿Lo
de Folklore cómo lo curtiste? Era una etapa bien
progresiva del grupo, con Ernesto Romeo tocando a la vez sintetizadores
vintage…
Claro,
lo que se dio esa vez fue que yo pasé a ser el pianista de la banda. Pero a Ariel
le faltaba el tema de los sintetizadores y yo no conocía ese mundo, no tenía ni
idea. Como te decía antes, yo siempre fui más pianista que un tecladista, y
Ernesto tenía todos esos sintetizadores modulares impresionantes. Así que yo me
dedicaba a los pianos. Me ocupaba si había que grabar un [Yamaha] CP70, un
Rhodes y no más que eso; mientras que Romeo se encargaba de los efectos, los
sintetizadores y demás. El clavinet no me lo prestaba, lo usaba él [risas]. Él
también tenía un Mellotrón, todos los sintes analógicos. En la actualidad, como
Ernesto no está más, yo me hago cargo de los sintes en el grupo, tengo uno chiquitito y le meto mi onda.
¿Y
qué te acordás de la grabación de Folklore?
Es
un gran disco. En ese momento, y en todos los discos que grabé con Pez, se grababa
la banda en vivo. Después se sobregrababan las voces, y capaz algún solo de
guitarra cuando Ariel cambiaba la viola y demás. Con el disco Folklore en especial, todos los
sintetizadores también se grabaron después. O sea, yo grabé piano Rhodes con la
banda, el cuarteto, y fuimos al estudio de Ernesto con los tracks abiertos y así,
tema por tema, fuimos poniendo acá un ARP Solina, acá un Moog, acá esto, acá lo
otro, etc. Se fueron sobregrabando todos los colchones de teclados. Yo, en ese
momento, lo miraba de costado, porque no era el dueño de la pelota, simplemente
estaba ahí mirando lo que se hacía. Por el contrario ahora, en De Buenos Aires, tuve la suerte de ser
yo el que produjo con Ariel y con el sonidista todos los colchones de teclados.
La manera de grabar sigue siendo la misma. Yo grabo piano en vivo, piano Rhodes
y después otro día voy y meto ARP Solina, Farfisa, Moog, todos los sintetizadores,
¿viste? Cuerdas, strings, lo que sea; le metemos pesto.
¿En
la época de Folklore, Ariel traía sus ideas musicales y ustedes
las desarrollaban?
Siempre.
Ariel es el tipo que maneja la composición en general y el rumbo en el grupo. Por
supuesto, abierto a las propuestas de
canciones que traigan los demás integrantes, ¿no? Si da la onda para meter
alguna canción, y a él le gusta, le pone letra. Generalmente las letras siempre
las hace él. Así que, digamos, 70% son todos temas de Ariel y por ahí el otro
30, es un tema mío, un tema del batero, un tema del bajista. Siempre fue un
poco así.
Del
disco en vivo Para
las almas sensibles (2005), ¿qué te
acordás de esa grabación?
No
me acuerdo mucho. Sí me acuerdo que creo que fue en La Trastienda y el ND. Fueron
un par de shows que se grabaron y de ahí salió el material. Yo en esa época, te
digo la verdad, no sé si me entusiasmaba tanto que se grabase un disco con
todos temas viejos de la banda. Como yo venía de afuera, para mí ese material
no era tan emotivo como sería para Ariel eso de grabar temas que había
compuesto hacía 10, 15 años atrás. En ese sentido, no tenía demasiado interés
en eso, ya quería grabar un disco nuevo en estudio, un poco lo viví así. Quizás
no me pase lo mismo en la actualidad. De hecho, después se graba otro disco en
vivo en el 2010 [¡Viva Pez!], y quizá
ese ya me sentía más parte del proyecto. Ya habían pasado 8 años desde que yo
tocaba en el grupo.
En
Hoy (2006) hay un cambio estilístico bien
groso, ¿no? Porque pasan de un rock progresivo a uno bien folk psicodélico, se
podría decir…
Sí,
una cosa más cancionera. Yo ahí también me hice cargo del órgano, con la salida
de Ernesto Romeo. Cuando él se fue yo empecé a tocar Hammond en el grupo. Como
ya no teníamos sintetizadores, a la banda tampoco le interesaba seguir con eso.
Folklore fue una cosa muy puntual
pero después, en los años que yo seguí tocando, siempre se rechazó el
sintetizador. Ariel no quería que haya sintetizadores. Cosa que ahora ya no
así, hoy él ya pasó por un montón de situaciones y le encantan esos sonidos.
Empezó a escuchar Genesis y le gusta
mucho, pero en esa época todavía no tanto. Entonces era todo más tradicional:
Rhodes, Hammond y listo, vamos por acá. Así salió ese disco que es donde yo pude
poner meter muchas sutilezas musicales. Como era un sonido más chiquitito, se
escuchan los detalles del piano. Eso está bueno. Me pude lucir desde mi lugar
un poco más.
Hace
poco volvieron a tocar Hoy
entero en vivo…
Lo
volvimos a tocar, a finales de 2024. Y esa fue mi vuelta, mi regreso al grupo.
Yo vuelvo a tocar con ellos en esa presentación y ahí me invitan para que me
quede. Vuelvo después de 13 años.
En
Los Orfebres (2007) hay otro cambio estilístico bastante
importante, porque pasan a un rock bien pesado. ¿Cómo te sentías ahí?
Me
encantó ese disco. También siempre desde mi lugar, con Rhodes y Hammond, pero
ya con un Hammond más rabioso, con distorsión, peleando más con la viola de
Ariel. Y ahí uno va aprendiendo a tocar. Vos pensá que Pez es una banda que
tiene mucho volumen, con un grano de guitarra bien grueso. Entonces, para el
tecladista no es tan fácil. A mí me llevó muchos años aprender a tocar fuerte,
pero fuerte en serio. Me llevó mucho tiempo entender de qué tenía que romper.
Si voy, voy con todo, con distorsión, porque si no, listo, no me escucha nadie.
Me llevó bastante tiempo aprender a tocar así e implementarlo en el vivo. Quizás,
ahora cuando vuelvo a la banda después de tantos años ya estoy muy acostumbrado
a tocar fuerte, pero también siento que todos están un poco más tranquilos.
Como que los años hacen que ya no necesariamente tengan que tocar tan fuerte y
todo el tiempo. El grupo aprendió a medir la intensidad y hay una madurez que
está buena.
Después
llega El
porvenir (2009), otro cambio bastante
importante, porque si bien sigue siendo potente, la música se pone un poco más
pop, ¿no?
Claro.
Ese y el disco que viene después [Pez,
2010], son álbumes de canciones urgentes, punk rockeras.
¿Estos
cambios se le ocurren a Ariel sobre el pucho? ¿Viene y dice: "Ahora quiero
hacer esto"? ¿Cómo es?
Creo
que, de alguna manera, él debe encontrar un punto de quiebre en donde se da
cuenta que le salen ideas en un estilo determinado, las va proponiendo, y así se
va dando cuenta hacia dónde van las cosas. A veces por ahí está más dirigido,
más claro. El porvenir, por ejemplo, es
un disco que tiene dos o tres temas que eran de Los orfebres. Y después el disco posterior es una secuela de eso.
En El porvenir tienen esa onda, esa
impronta progresiva, y otros temas que son claramente más poperos. Pero bueno,
quedó ese concepto de disco, que se continúa un poco en el siguiente, en Pez.
También
un disco cortito, bien punzante, al hueso…
Ese
disco está más acabado como punk pop. Y El
porvenir está a mitad de camino, es que todavía quedaba la escuela de Los Orfebres, ¿no? Pero es natural y
está bien. O sea, no es forzado, es lo que se va dando. Estos temas salieron así
porque todavía están impregnados de lo que venimos haciendo, pero a ver, vamos
hacia acá, hacía este otro estilo, y bueno, así va apareciendo con más claridad
el disco, ¿no? Es lo que yo supongo. Yo no estoy en la cabeza de Ariel, pero
siempre es así como se dan las cosas en la dinámica musical del grupo. Es muy
fresco, muy espontáneo, lo que se va dando.
¿De
Volviendo a las cavernas, qué te acordás?
Bueno,
ahí ya llevaba nueve años con ellos, y me parece que estábamos medio hinchados
las pelotas. Porque habíamos ido a Brasil y ya había roces. Me acuerdo que
tocaron ellos como trío la base de los temas y yo fui a grabar los teclados
otro día. Ni nos hablábamos. Todo bien igual, pero fue como se dio, ¿viste? Así
que salió el disco y me fui ese mismo año. El grupo venía con mucho volumen, y
yo estaba medio cansado de eso. Así estuve 13 años afuera de la banda. Estuve
con otros proyectos personales. Como que mi cerebro estaba pidiendo pista,
estaba pidiendo otra música, otro estilo. No tanto volumen. Y bueno, es lo que
fui a buscar.
Así
que te vas por esa nueva búsqueda artística…
Claro.
Pero tampoco sabía a dónde iba, cómo iba a arrancar, hacia dónde iba a ir. Se
fue dando, primero empecé a tocar con un bajista con el que nos juntamos.
Después apareció un violero, un batero, y yo tenía ganas de hacer música.
Entonces, las ideas afloraban, y ellos eran un grupo de pibes divinos que se recoparon
con lo que yo llevaba, hacían sus arreglos, tocábamos los temas, y armamos ese
proyecto tan lindo que fue Pasajero
Luminoso. Una banda que duró 11 años.
Un
proyecto autogestivo donde fusionaban un montón de ritmos y estilos…
Sí,
sí, era delirarla con lo que se nos ocurriese y llevarlo a cabo. Simplemente
haciendo música. Yo siempre compuse mucho desde el piano. Entonces iba
componiendo partes, flasheaba, y después en la sala enseguida los temas se
armaban al toque. Capaz que no al toque, porque los temas eran difíciles, había
muchos cambios, muchos acordes, muchos arreglos, pero fue bastante natural como
se dio todo el proyecto. Tuve la suerte de tener unos monstruos al lado que se tocaban
todo: Fabián Miodownik (batería), Juan Pablo Moyano (guitarra) y Pablo Castañeris (bajo); y antes pasaron también tocando el bajo Pablo Valotta y Ezequiel Rivas. Imaginate, yo era el compositor, pero técnicamente, como instrumentista,
me sentía el peor al lado de ellos. Tuve esa suerte, pero tampoco me voy a
hacer el modesto, ¿no? Siempre yo me di cuenta de que por algo estuvieron
tocando conmigo tanto tiempo. Todos ellos eran muy grosos, y tocaban además con
otros músicos muy importante además de estar conmigo, así que pensaba que algo veían
en mí porque si no no lo harían. Tan simple como eso. O sea, no es que yo les
pagaba, era una banda que íbamos y nos llevábamos, ponele, 100 pesos en el
bolsillo cada uno. La muerte. Pero bueno, lo pudimos llevar adelante. Grabamos
cinco discos.
¿Por
qué es tan difícil vivir de la música?
Yo
creo que tiene que ver un poco con la coyuntura. La música generalmente cuando
es tan intrincada, tiene tantas partes diferentes, es tan meditativa, hace que
el oyente tenga que estar atento porque si no se está perdiendo todo. Y en
general poca gente va a escuchar ese tipo de música. De hecho, la mayoría de
los jazzeros más grosos que tienen su momento te llenan bares, pero te llenan
bares, no un estadio. O sea, 100 personas, 150. Y por ahí viven de eso, porque
tocan acá y allá, no paran de tocar y generan su sustento. Pero la verdad es
así, yo me acuerdo de estar tocando con Pasajero en Bebop Club, cuando estaba
en el Centro, ponele que tocábamos de 7 a 9 de la noche, y después tocaba un
pianista muy reconocido. Bueno, la cuestión es que terminamos nosotros de
tocar, salen ellos después y el bar estaba totalmente vacío. Por ejemplo, el
bajista Daniel Maza es un monstruo,
pero ¿sabés cuántas fechas habrá tocado para tres personas? Y estamos hablando
de lo uno de los bajistas más capos del país. Ahora, cuando los artistas de
jazz tocan en eventos municipales, eventos de gobierno, que son gratuitos, ahí
la gente va, capaz que meten 1500 personas. Después, esos músicos tocan una
semana en un bar y no va nadie. O sea, a la gente le cuesta pagar una entrada
para ver música. Al jazz le pasa eso. Fíjate cuando organizan un Festival de
Jazz en el auditorio de Parque Centenario, se agotan las entradas al toque. Tiene
que ser gratis la música. No, flaco, dale, no es así. O no debería ser así.
Pero la gente va nomás si es gratis y después paga una entrada exorbitante para
ver cualquier mierda, ¿viste? Pero bueno. Es la que nos toca, hermano, no sé
qué decirte. No tengo la respuesta.
¿Cómo
fue tocar con Gabo Ferro, grabar con él? ¿Qué te acordás de esas experiencias?
Con
Gabo fue una experiencia hermosa. La verdad que era un chabón con una
sensibilidad increíble. Una voz que a mí realmente me sorprendía. Era un placer
y un privilegio tocar y acompañar esa voz. No me había pasado nunca. Un tipo
que cantaba en serio. O sea, Ariel canta bárbaro, pero bueno, es otro tipo de
cantante. Gabo te clavaba unas notas, unas melodías que decías, "Wow, boludo."
Metías la nota del piano, escuchabas esa voz y te volvías loco. En el vivo más
que nada.
Claro,
es como que le daba vida a la canción, la interpretaba de una forma muy
particular.
Exactamente,
era un gran intérprete. Como un actor ponía cada nota. Era otro tipo de
artista, obviamente. Sí, fue fantástico. Tuve la suerte de estar en los dos primeros
discos y en el tercero no estuve porque habíamos empezado a ensayar y justo él
quería presentar el disco en la Trastienda, pero ese mismo día yo tocaba con
Pez en El Teatro de Colegiales, o una cosa así. Así que el muchacho no me iba a
esperar. Por eso me dijo: "Mirá, Pepito, disculpame, pero no tocaremos más
juntos." Ok, listo. Obviamente, yo me quedé medio triste, pero bueno, ahí
me reemplazó por otro. Está bien. Bueno, son cosas que a veces pasan.
¿Y
tu retorno a Pez fue algo inesperado o lo veías venir?
Ariel
ya me lo venía proponiendo. En el concierto aniversario de los 30 años de grupo
me propuso que yo vuelva. Incluso, antes de que se uniese al grupo Pichu [Hernán Espejo], el otro guitarrista. Antes de grabar el disco Ion, Ariel me dice: "Mirá, estamos
con un disco nuevo bajo el brazo y nos gustaría que estés." Y yo la verdad
estaba con Pasajero y todavía seguía poniendo mi energía ahí, así que le dije
que no. Porque entrar en Pez, no es entrar y tomártelo así a la liviana, porque
te consume la vida. Tenés que sacarte un repertorio, estar ensayando. Yo ya lo
había hecho durante 10 años. Así que le dije que no. Después me lo volvió a
ofrecer, le dije que no de vuelta, y un día me pregunta: "¿No querés tocar
conmigo solista?" Y así fue que hace tres años atrás, estuvimos un año
tocando en trío: Ariel en guitarra, Martin
del Soto en percusión y yo en piano. Estuvimos girando un tiempo. Hicimos
giritas por la Costa, por algunos pueblos de Buenos Aires. Creo que hasta
Córdoba llegamos a tocar. Eso estuvo hermoso. Yo ahí me enganché porque era
otra cosa, ¿viste? No era meterse de vuelta en el rock; era ir y tocar el piano
en trío. Por eso le acepté la propuesta. Pero claro, fue una engaña pichanga, porque
volvimos a reencontrarnos, a ensayar de vuelta, a tocar. También tocábamos
temas de Pez en versión acústica. Y bueno, cuando se dio lo de tocar Hoy, el disco entero, fue la tercera vez
que me dijo: "Eh, ¿te vas a quedar, maricón?” Así que bueno, esa vez
acepté. Y por otro lado puse en stand by
el proyecto de Pasajero. O sea, Pasajero se disolvió y ahora me estoy abocando
a Pez.
Volviste full time a Pez…
Me
estoy abocando a Pez nomás. Es que a mí me cuesta mucho estar en varios
proyectos a la vez, habrá gente que lo puede llevar, pero yo no puedo, me
cuesta mucho.
Y
este regreso a Pez se da justo con De
Buenos Aires, este álbum que es tan
particular, ya que tiene un lado con una canción de 20 minutos y otro de seis
canciones cortas, urgentes. En la suite de 20 minutos pusiste una composición.
¿Cómo fue eso?
Hay
una música mía que yo traía de antes. Cuando disuelvo Pasajero, tenía dos
canciones que ya estaban hechas, tocadas con el grupo, pero que nunca se habían
grabado. Y una de esas canciones me parecía muy interesante como para que la
toque Pez y lo que hice fue readaptarla, porque era más larga, era como una
canción entera de seis minutos. Así que adapté la parte principal, los solos
los pusimos sobre la base armónica de Mi menor y Do mayor, cosa que en el
original no era así, porque tenía otra parte que se iba a otro lado, era un
quilombo de acordes. Eso lo saqué todo y le dije a Ariel: "Mirá, ¿esto te
gusta? Es medio tanguero." Y enseguida le encantó y empezamos a ensayarlo.
Costó un poco porque es un ritmo medio raro en 5/4, pero una vez que salió fue una
topadora. Y quedó muy lindo, quedó como una parte instrumental dentro de la
canción. El tema se llamaba “Majestad”, en honor a una perrita a la que quiero
mucho y cuido todos los años, cuando se van los dueños de vacaciones, así que esa
parte se la había dedicado a ella. Así fue que le quedó ese título, “Majestad”,
a esa parte instrumental de la suite.
¿Cómo
fue hacer ese tema largo? ¿Cómo fueron uniendo las partes para que no se note
eso? Porque vos lo escuchás y es como los viejos temas de rock progresivo que
es como un continuum.
Sí.
Ariel fue trayendo una parte, otra. Yo ahora no me acuerdo bien. El orden de
las diferentes partes se fue cambiando. Sobre ideas muy sólidas que él iba
trayendo, se iban armando después las transiciones. Se fue laburando poco a
poco. Después cada uno fue haciendo su aporte, como siempre. Los músicos van
haciendo los aportes y los ajustes necesarios para que las partes fluyan. Y así
fue quedando con mucho ensayo. Hubo que ensayarlo mucho para que sonara
orgánico. Grabarlo al aire para ir escuchándolo, tipo: “No, esta parte parece
que no anda, capaz funciona mejor si vamos desde esta parte a esta otra…” Todo
se charla. Si bien siempre es Ariel el que decide, tiene la última palabra, entre
todos opinábamos y vamos generando que funcione la cosa.
¿Y
del Lado 2 del disco, el cancionero, qué te gustó?
Bueno,
“Busco decir” es un temazo, me encanta. Después, en “No somos hormigas…” ahí
metí con unos Clavinet que yo nunca había utilizado en Pez. Como que fue una
novedad. Así que metí Clavinet con Wah-wah. Es más blusero ese tema. Después
está “Pude haber dicho que no”, que es una balada blues, y me gusta mucho. Pez
nunca bluseó mucho. Por lo menos, en los discos viejos no hay tanto blues, y
este último tiene bastante de eso. Ariel nunca había sido blusero, y dijo una
vez hace 15 años en una entrevista, que un blusero viejo, que no sé quién era,
le dijo: “Quedate tranquilo pibe, que vas a ver que de viejo todos volvemos al
blues, todos caemos en el blues…” Y es la verdad. Creo que un poco es así. Como
que uno tiene cosas bluseras a lo largo de su vida, pero viste, el blues es
como que te empieza a invadir en la manera de tocar, en los fraseos… y bueno,
no por nada es un estilo tan groso, ¿no? En la historia. Está en los orígenes.
¿Crees
que este es el mejor disco de los que hiciste con Pez?
Sí,
está entre los mejores. Creo que Los orfebres
es un disco más urgente. Es distinto, no está tan producido. Es un disco
grabado en vivo prácticamente. Pero Los orfebres
tiene eso que es una topadora, ¿viste? Mucha energía puesta en dos, tres días
de estudio, grabando, y lo que quedó no lo podés reproducir igual nunca más. Es
una cosa muy de catarsis. Me parece que eso yo lo valoro mucho. Después el
disco Hoy es un álbum bellísimo de
canciones. Entonces esos dos siempre fueron mis favoritos. En cambio, Volviendo a las cavernas, yo lo grabé
todo, me fui de la banda, y después me lo puse a escuchar entero y me sorprendí
a mí mismo de todo el aporte que estaba haciendo en ese momento de bronca, de
no querer hablar más con el otro. Recién después, cuando me fui dije,
"Está buenísimo." La percepción cambia con el paso del tiempo y las
circunstancias. Por supuesto, De Buenos
Aires me parece que es otra de las grandes obras que pude grabar con ellos.
¿Ahora
qué músicas te salen cuando estás solo en tu casa y te ponés a tocar?
Todavía
no abrí el grifo. Durante mucho tiempo me la pasé componiendo y, de repente, ahora
me cuesta ponerme a improvisar, a tocar, a componer, a buscar una canción. Así
que siempre que me siento al piano estudio obras, toco música clásica por
primera vez en mi vida, estoy tratando de mantener un repertorio extenso que la
ejecuto todo el tiempo para estar constantemente tocando arreglos difíciles, y
poder interpretarlos. Son búsquedas personales. Ahora estoy con ganas de
meterme un poco en el tema de la milonga. De aprender a tocarlas bien. Pero
estoy componiendo muy poco. Sí, estuve tirando algunas ideas. Ya va a llegar el
momento en donde voy a abrir el grifo un poquito para para ver qué sale y ver
si a los pibes les gusta lo que yo llevo, yo qué sé.
Estás
siempre con las antenas paradas para ver si se capta algo interesante…
Claro.
Aparte ya hay dos temas nuevos que trabaja Ariel, o sea que eso también a mí me
da un marco de hacia dónde podría ir la música del disco que viene de Pez.
Entonces por ahí alguna idea que se me ocurra se la puedo llevar a él a ver qué
le parece.
¿Y
la onda para dónde crees que va a ir en la música futura del grupo?
No.
Por ahora hay dos canciones que son bastante baladas. Pero no sabemos, porque
por ahí no va a ser un disco de baladas, pero bueno, ya los temas lentos del
disco medio que están, ahora habría que componer la parte power.
Hay
una pregunta que me gusta hacerle a los compositores, a los músicos en general:
¿Qué tema de otro te hubiese gustado componer a vos.
Nunca
lo pensé, ¿sabes? No sé, te podría decir un montón de canciones, de músicas. Te
diría “Libertango”. Temazo. O alguna de Wonder
también, seguramente, alguna balada hermosa de él. Alguna de Charly, quizás, un “Desarma y sangra”. Pero
no, nunca lo pensé. Sí me encanta jugar a reconocer cuando aparecen influencias
en la música que voy tocando. Ejemplo, esto me hace acordar a cierto músico o
esta parte es música clásica, y siento que mis estudios aparecieron ahí. Sin
buscarlo en realidad, porque apareció de repente, y eso a mí me gusta. Jugar a
eso, a reconocer que tal tema tiene un poquito de Charly, o acá parece un
poquito de música de animé japonés. Acá aparece esto que es un estilo re Zappa,
o re Serú Girán. Me gusta, porque sé
que no lo estoy copiando, sé que llegué ahí porque mi oído me llevó ahí y es lo
que yo escuché a lo largo de toda mi vida, entonces, claro, eso me flashea.
Porque no lo estaba buscando adrede.
Entonces,
los proyectos de ahora más son lo que venga con Pez y alguna otra cosa que te
surja a vos, ¿no?
Y
sí. Estoy también en un momento de involucrarme mucho con el piano. Me gustaría
armar un proyecto paralelo en algún momento y grabar alguna otra cosita. Por
ahí volver a grabar piano, quizás con un bandoneón, un contrabajo, algo muy
acústico. Tengo esa esperanza de que en algún momento me vuelque hacia ese
lugar de vuelta.