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martes, 9 de agosto de 2022

CARCA HOMENAJEANDO AL DISCO PESCADO 2 EN EL CCK...


Fotos: Guillermo Prat
Alrededor de las 20 del domingo 7 las luces se apagaron en el escenario 
de la ballena del Centro Cultural Kirchner. Había misticismo en el aire: hasta ese momento solo se sabía que Carca dirigiría un homenaje al disco Pescado 2, de Pescado Rabioso.

 

Algo se intuía cuando, por los costados, ingresaron las coristas Emma Pardo y Florencia Andrada y con ellas la pared del groove: Panky Malissia (batería) y Tuta Torres (bajo); laderos de Carca en su aventura solista. Mientras tanto, por el costado izquierdo se asomaba Carlos Hernán Carcacha, con su prolija camisa negra, portando la emblemática sirena de policía que solía llevar el Flaco Spinetta en el lomo durante los conciertos de Pescado cuando nos preguntaba: “¿Estamos todos locos? ¿Estamos todos locos o pasó una hormiga, Cacho?”. Lo acompañaba una pista de teclado lúgubre que se repetía en loop, montada como una especie de marcha imperial mientras el “Panadero Ensoñado” avanzaba raudo, como “Iniciado del Alba”. El misterio pronto quedará develado, cuando Carca, junto con Diego Outon (piano), se hace cargo de las interpretaciones de “Poseído del alba” y “Viajero Naciendo”.

 

La música se sumerge en un blues ácido y las versiones resultan en meras apropiaciones del intérprete. Uno de los puntos más altos del show fue la versión soul de “Como el Viento voy a Ver”, en donde ingresaron Migue Mactas y Pipe Correa, de Los Espíritus. Mientras que en “Hola dulce viento”, la dulce mixtura entre las congas y la guitarra slide matizaron el clima musical casi ceremonioso del CCK.

 

El rocanrol se hizo presente con “Nena boba”, en donde Carca deslumbró con su voz cercana al primer Sandro, sumando, además, la destreza de Pablo Hadida en el lap Steel. Un momento exquisito del show. Hadida también participó en “Madre selva”, que tuvo una inolvidable intervención de las coristas.

 

Como es su costumbre, Carca se hizo cargo de las canciones y jugó con ellas a su agrado, como en “Peteribí”, realizando una mixtura de dub y trip hop (cortesía de Torres y Mactas), que le calzaba justa a la furia compacta del ahora power septeto.

 

Despojada de sus cromatismos y ribetes de samba, “Credulidad” nos introdujo en un rito casi tántrico, montada sobre riffs duros y precisos con una batería seca y constante. Los coros de sus invitadas, por momentos Negro Spirituals del siglo XXI, otorgando una pesada atmosfera de invocación en tándem con el groove profundo del Tuta Tutein y la voz del brujo. Uno de los momentos más sofisticados y con una marcada influencia del genial Baxter Dury.


La noche se cerraba oscura, el cantante y sus músicos abandonaron el escenario con prudencia y solemnidad. Un viejo eslogan reza que los músicos siempre vuelven y esta no fue la excepción. Todavía había tiempo para tres canciones más. En soledad sobre el escenario, una luna dibujaba la forma del extraño ser anfibio de la tapa de Pescado 2.

 

Afuera el viento de agosto resoplaba, y adentro la frecuencia oscilante de un Theremín jugaba con los acordes finales.

 

Pablo González y Mauro Feola




miércoles, 8 de junio de 2022

NUBE 9 CELEBRA EN VIVO LOS 80 DE PAUL McCARTNEY...

Fotografía: Francisco López Illán (@franciscolopezillan) 


Nube 9, la banda dedicada desde hace 20 años a recrear la música de los Beatles, tirará toda la carne en el asador para homenajear a Paul McCartney, en dos presentaciones, con motivo del futuro cumpleaños número 80 del músico. El primer show es el viernes 17 de junio a las 21 horas en La Ferretería Club Cultural de La Plata (Calle 57 Nro.829. Reservas al 221-476-3533 y 221-565-7868). El segundo, será el sábado 18 (el mismísimo día de cumpleaños de Paul) a las 21 horas en Rondeman Abasto (Lavalle 3177, CABA. Tickets por www.tuentrada.com y en el teatro). 

Nube 9 está integrado por Fernando Blanco (bajo y voz), Lucrecia López Sanz (guitarra y voz), Julián Carranza (guitarra), Fernando Viola (teclados y voz) y Martín Álvarez Pizzo (batería).

Para hablar de cómo vienen preparando estas fechas tan especiales charlamos con Lucrecia.

ENTREVISTA> ¿Cómo va a ser este homenaje?

Vamos a hacer un show que va a recorrer todas las etapas de Paul. Comenzando por la etapa de los Beatles siguiendo por Wings y después enfocándonos en su carrera solista. En los shows dedicados a Paul, siempre se nos hace muy difícil armar la lista de temas, y más en este, porque él es un artista que sigue activo editando nuevos trabajos. Por eso estamos ajustando las cosas para tratar de hacer un show con sus canciones más simbólicas que sea súper lindo y entretenido y que incluya los temas más rockeros como, también, las baladas o los temas más acústicos y tratando de incluir las distintas facetas de Paul como músico. Canciones en las que se destaca más con el bajo, con el piano o con la guitarra acústica. Llegamos a cubrir hasta el material de algunos de los últimos discos. Obviamente, va a haber también canciones no tan conocidas pero tratamos de que sea un show equilibrado. Van a ser noches muy intensas, a puro McCartney.

¿Cantan todos los integrantes de Nube?

La mayoría de los temas los hacemos con Fernando [Blanco] a dos voces o cada uno de nosotros en voz líder. Algunas de las canciones las va a cantar Fernando Viola, el tecladista del grupo; y algún que otro rocanrol lo va a cantar Julián Carranza, el otro guitarrista. Así que tratamos de repartirnos las diferentes canciones entre todos. En este show, también, vamos a tener a un par de músicos invitados que se nos van a sumar en algunos temas y demás sorpresas.

¿Qué tienen de diferente los shows de Nube 9 de otros tributos Beatles?

Cuando nosotros empezamos, hace más de 20 años, vinimos a romper con el esquema típico de la banda tributo, que era el de cuatro tipos disfrazados de los Beatles, con los mismos instrumentos que ellos o usando pelucas o cosas por el estilo. Por otro lado, nuestra propuesta está dirigida a la música de los Beatles entonces la interpretación es un poco más libre porque no hay roles definidos. No hay un “Paul” o un “John”. Somos cinco músicos que admiramos, profundamente, su música, aprendimos a tocar y a hacer arreglos vocales o de guitarra con ellos, a través de sus canciones. Lo que hacemos es rendirle un homenaje a lo que ellos crearon juntos desde un lado musical que tiene una impronta propia. Esto hace que, en vivo, los temas hasta puedan sonar un poquito más rockeros. También, aportamos data, la historia de las canciones o como se fueron grabando y algunas anécdotas. Son shows muy didácticos [risas].

¿Cómo llegó Paul McCartney a tu vida? ¿Cuál es el primer recuerdo que tenés de él?

Mi primer recuerdo de él como solista es de cuando vino a tocar a Argentina por primera vez, en diciembre de 1993 en River. Yo tenía 12 años y recuerdo haberlo visto por la tele y, desde mi habitación, ver los fuegos artificiales del Monumental. Si bien, estaba lejos del estadio eran tan impresionantes que llegaba a verlos. Él había venido con la gira de su disco Off The Ground y me acuerdo de escuchar mucho el tema “Hope Of Deliverance” en la radio y de ver el videoclip en la televisión. Por supuesto, como parte de los Beatles, lo escuché de toda la vida, desde chiquita. En mi casa se escuchaba los 20 éxitos de Oro, aquel casete que editó el sello de ATC, con esa tapa bastante feíta… Mi mamá lo escuchaba un montón y también tenía algunos simples de los Beatles en vinilo, así que el grupo está en mi vida desde que tengo memoria. La primera canción que me impactó de chica fue “Penny Lane”. Me gustaba muchísimo. Había algo en esa canción que me llamaba la atención. No sé si fue su melodía alegre o los arreglos de las trompetas o el solo pero había algo que hizo que esa fuera mi canción preferida durante la infancia.

INFO DEL GRUPO: IG @nube9oficial - Facebook: Nube 9

Emiliano Acevedo




sábado, 8 de diciembre de 2018

Pegaso en Gregon Bar: Hijo del Mar y la Sangre

Viernes de noviembre, veintidós horas, se va juntando el público en el Gregon Bar, en el barrio de Almagro. ¿El motivo? Toca Pegaso. Bajo el nombre del mítico caballo alado de Zeus, nacido del mar y la sangre derramada de la Medusa, emerge el trío local vigente más fiel a la iniciática cultura rock argentina.

Gustavo “Pegaso” Álvarez es el cantante, guitarrista y autor de la obra que tiene sus bases a comienzos del año 92, dueño de un rock que enlaza lo clásico sofisticado y lo místico melodioso. Su trayectoria es larga. Oriundo del barrio de La Paternal, tiene un recorrido en la escena que comienza en los 80, tomando clases de guitarra con Pedro Grosso, pasando luego por la escuela de Javier Malosetti y el Conservatorio Manuel de Falla. Y es a los 17 años que decide comenzar a dar clases, para ya en 1984 comenzar a subirse a los escenarios junto a diversas y reconocidas figuras, como Black Amaya, Jorge Pinchevsky, Manu Chao y Alejandro Medina, entre varios nombres. Grabó también guitarras para la serie web Vera Blum, un programa de contenidos de Telefé junto a Gustavo Trichilo.

Haciendo historia, ya en su excelente primer disco homónimo, la banda busca innovar a través de la técnica de los instrumentos, las voces y las letras hasta las progresiones armónicas, las ocurrentes melodías y el tratamiento de la obra como conceptual, en una verdadera declaración de principios.

Cada blues, rock o canción de Pegaso tiene una identidad clara, un avatar que lo caracteriza con la astucia de reinventar el bagaje que este artista supo recoger a lo largo de su trayectoria con ineludibles reminiscencias a Deep PurpleBlack SabbathManalPappoSteve Vai, Brian May, entre otros. Equipado tan solo con un Wah Wah y un  JCM800, sus riffs son tan distintivos que transmiten heterogéneos matices, acoplándose al sentimiento de blues impregnado en sus letras vívidas con la ayuda de su voz nocturna. Los solos, plenos de refinados bendings bluseros, y la especial técnica, tan característica que utiliza con la palanca de su Strato japonesa, generan una experiencia digna de disfrutar en disco y más aún en vivo.
  
Volviendo al Gregon, de pronto sonaron los dos golpes de redo y la grave frecuencia de un MI cabalgando al caballo desbocado que soltaba el primer riff de “Otra Noche En La Tierra”. Pegaso ya se encuentra en el escenario con una remera homenaje a su amigo, el Negro” García López, en el día de su nacimiento, el nueve de noviembre, fecha cabalística si las hay.

Quienes nos encontrábamos en medio del jolgorio sentimos el llamado desde adentro del local. “Vamos a andar por la oscura ciudad…” relinchó Álvarez para invocar al público presente. Ingresamos volando, con la puntería de una flecha zen a cubrirnos de la Noche Gris y disfrutar de éste intenso show.
El existencialismo supura en sus letras, cargadas de una esencia porteña donde transcurren múltiples de esas historias bellas, duras y sensibles que habitan las grandes ciudades.

A través de una presentación contundente de 21 temas, (que fueron eligiendo los fans a través de una publicación del grupo en redes sociales) Álvarez le dedicó el show completo, con especial mención en el tema “Mesero”, a la memoria del Negro García López, con quien compartió shows, escenarios y una entrañable amistad. 


Se destacaron las nuevas creaciones “Viajero” y la introducción celta en “Más allá del mar”, además de clásicos como Caras en el Parque”,” Tren Azul” y “Aeroblus”También estuvo de invitado el guitarrista Georgie Zilifian, haciendo un dúo de alto vuelo junto a Gustavo Álvarez en “Encontrarás tu Paz”, para cerrar tocando como bis, a pedido del ferviente público, “Solo y Perdido” de Alejandro Medina.

Desde hace tiempo, acompaña a Álvarez una sólida pared de groove rockero: el baterista Claudio Palacios y el bajista Edelmiro Covelli, destacando a modo personal, una de las más eficaces formaciones que supo tener el trío a lo largo de estos años.  Más que una aplanadora, se pueden considerar un coloso con autonomía o, en todo caso, un tanque anti misiles ruso.

Sin dudas, un show para el recuerdo. Si pueden, no se pierdan cualquier oportunidad de ver en vivo a Pegaso, no se van a arrepentir…

Mauro Feola



domingo, 18 de febrero de 2018

NOCHE DE BAJOS: Pedro Aznar, Javier Malosetti y Marcelo Torres (02/03/2003)


Un show espectacular, una reunión única de tres de los bajistas más talentosos del país. Eso ocurrió el domingo 2 de marzo de 2003, cuando tuvo lugar el cierre de Ciudad Abierta, el ciclo de espectáculos al aire libre organizados por la Subsecretaria de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Esa noche en los bosques de Palermo, cerca del Zoológico Porteño, se desarrolló la llamada Noche de Bajos, con Marcelo Torres, Javier Malosetti y Pedro Aznar.

Abrió la velada, puntualmente a las 20, el ex "socio del desierto" Marcelo Torres, realizando un ajustado e interesante show en donde no faltaron las improvisaciones de calidad, incorporando además jazz fusión y otros ritmos menos conocidos para nuestro público, como la jota o el calipso. Además de Torres fue de destacar la labor de Pablo La Porta, un percusionista muy bueno que se tocó la vida, dándole con todo a su set, formado por múltiples tambores, timbales y demás instrumentos étnicos, y algunos muy particulares, como un aquafono.


Luego fue el turno de Javier Malosetti, quien como siempre brindó un divertido show con pinceladas de jazz, swing, funk, blues y rock. Malosetti realizó un repertorio variado, que comprendió piezas tan disimiles como "The Party", de Henry Mancini; "I'm Down", de los Beatles o "Con Elvira Es Otra Cosa", del mítico Pappo... pero todas pasadas por su barniz jazzy & cool. Tampoco faltaron en su repertorio temas propios, extraídos de los discos Spagetti Boogie y Villa, además de standards, incluyendo algún tema de Harry Belafonte, por ejemplo. Un aparte se merece la acostumbrada labor desfachatada que muestra Javier arriba del escenario, cualquier cosa menos formalidad... Un frontman jazzero terriblemente gracioso.


El cierre de la velada le correspondió al gran Pedro Aznar, quien brindó un soberbio show, como es su costumbre. Casi un homenaje a la música latinoamericana, que incluyó zambas, tangos, bagualas, candombes, etcétera. Hubo de todo en su repertorio: temas de Leda Valladares, Atahualpa Yupanqui, Víctor Jara, Violeta Parra y poemas musicalizados de Borges.

En los bises también interpretó su clásico "Mientes", originalmente en su disco a dúo con Charly García, Tango 4, que quizás fue lo más rock de toda la noche, e hizo las delicias del público, incluido "Bondiola", un joven pelirrojo, habitué de los espectáculos de jazz fusión, que se animó a bailar como loco los pasitos del "Aserejé", de las inefables Kétchup, para sorpresa del mismísimo Pedro...


Más tarde, Aznar le brindó un emotivo homenaje a Lennon, leyendo un texto recordatorio (en donde también le pegaba un “palito” sutil a McCartney, por su apoyo –post ataque del 9/11- al gobierno de Bush) e interpretando una bonita versión del recordado tema del Álbum Blanco, "Julia". Tampoco faltó la unión en el escenario de los tres virtuosos del bajo, protagonistas de la noche, para tocar un clásico de Cole Porter,”Cada vez que nos decimos adiós". El final del show fue con una versión muy personal y sutil del "Himno a San Martin", por parte de Pedro.

Así finalizó esta bella velada de tres bajistas tres, en donde se mezcló la  sutileza con el virtuosismo y el buen gusto, y en donde no faltó esa cuota de emoción que siempre nos depara la buena música.

Emiliano M. Acevedo


jueves, 4 de enero de 2018

ALAN PARSONS en el Gran Rex (29-01-2005): La melodía que cayó del Cielo...

Centenares de hombres de mediana edad (cuarentones largos, bah…) se pasean por el Teatro Gran Rex. Algunos calvos, otros canosos, unos con melenas irredentas y otros con barbas abundantes, quizás supervivientes fetichistas de juventudes hippies o de un verano pasado en Villa Gesell. El típico oyente de FM Aspen, dirán ustedes…

Suben, bajan escaleras, hasta que por fin ubican y se sientan en sus ansiadas butacas numeradas reservadas. Arrastran a sus esposas e hijos. Todos ellos han pasado años escuchando maravillas acerca del personaje que hoy toca con su banda en esta sala porteña. Y es que los fans de Alan Parsons son muy insistentes, y siempre dispuestos a convertir a su credo musical a los incrédulos o neófitos en la música pop. Y yo, que no soy (aún) un hombre de mediana edad, y aunque no tengo esposa ni (creo) hijos, igualmente me dejo guiar, en esta tarde noche calurosa de enero, por esta turba de seres mayormente empilchados con chombas de colores, jean y mocasines, a la hora de sentarme a disfrutar de este concierto de clásico (¿lo llamamos así?) Pop Sinfónico.

Por supuesto, el señor Parsons es un personaje muy renombrado en los últimos 40 años de la historia del rock y pop internacional. Sin embargo, no muchos conocen como este famoso productor se transformó en un artista con proyecto musical propio. Según cuenta la leyenda, Parsons desarrolló en su juventud un aprendizaje musical, estudiando piano y guitarra, al mismo tiempo que tocaba guitarra en varios grupos de su ciudad. Apasionado por la electrónica, buscó combinar ambas pasiones (la música y la ingeniería) en una sola. Determinado por esta iniciativa, siendo aún un adolescente, a principios de 1969, envió una carta solicitando empleo en los míticos estudios Abbey Road de la EMI… ¡y lo consigue!  Allí, Parsons empieza su aprendizaje del oficio, trabajando, nada menos, como asistente de grabación en el álbum Abbey Road, de los Beatles. (Creer o reventar…)  Y se ve que aprendió bien. Porqué, más tarde que temprano, a partir de allí comenzará a desarrollar una interesantísima labor como productor de varios discos clásicos del rock británico de comienzos de los 70. Entre ellos se destacan sus producciones en álbumes de los Hollies, Al Stewart, Wings, Ambrosia y John Miles. Desde la maravillosa "Music" a "The Air that I Breath" o "The Year of the Cat"; todas estas canciones tuvieron un poco (o mucho) de su sofisticado buen gusto como productor.



Sin embargo, el mayor logro de la carrera de Parsons llegaría en 1973, cuando se encargó de la mezcla del famosísimo Dark Side of the Moon, de Pink Floyd. Cabe reseñar que varios de los efectos sonoros de este disco (por ejemplo, las cajas registradoras incluidas en "Money") fueron ideas suyas. A mediados de los 70, Parsons (cada vez más enamorado de la música, el sonido y las más avanzadas técnicas de producción) se decide a producir sus propias obras, y da vida, junto al escocés Eric Woolfson, al Alan Parsons Project. Será durante el periodo 1976-1982 que este proyecto musical vivirá su periodo de mayor éxito, con una serie de discos conceptuales muy elaborados. Estos álbumes eran prolijos experimentos musicales, casi in vitro, que buscaban la creación de la "canción perfecta". Casi como si fuera un proyecto de laboratorio, eran verdaderas "películas sonoras", en donde Alan Parsons desempeñaba con oficio su papel de director de escena, invitando a participar a un seleccionado de excelentes músicos, mayormente británicos y varios norteamericanos, como sus amigos de Ambrosia


Ahora bien, la pregunta siempre fue: ¿Se podría reproducir la magia de aquellos discos en el vivo de un concierto? Al principio, Parsons fue reacio a llevar a cabo semejante tarea. Pasarían muchos años antes de que se animara a mostrar su música sobre las tablas. Está más que claro que con los avances tecnológicos actuales, no existe ningún tipo de inconveniente para reproducir la música de los álbumes del APP en un show en vivo. La contundencia del concierto brindado el sábado 29 de enero de 2005 en el teatro Gran Rex, así lo demostró. 



Durante su concierto, Parsons pudo disparar, sin inconvenientes, decenas de trucos sonoros, mediante samplers, para recrear la compleja elaboración musical de aquellos discos. De cualquier forma, nada de esto sería posible si no contara con un grupo de excelentes músicos como los que lo acompañan. La actuación de los mismos es impecable. En batería, Steve Murphy, un tipo que literalmente "la rompió"; John Montagna en bajo, cumpliendo un trabajo sobrio y preciso; un correcto tecladista como Manny Focarazzo; el explosivo guitarrista Godfrey Townsend (casi una mixtura perfecta entre Dave Gilmour y Joe Satriani) y el saltarín P. J. Olsson, en voz. Mientras que el centro del escenario fue ocupado por Alan Parsons (teclado y guitarras), extrañamente parecido, por su sobretodo purpura oscuro y prominente panza, a un Luciano Pavarotti melenudo…

Resultaba curioso, observando su actual carisma en el escenario, recordar su larga negativa a tocar en vivo. Parsons ya había visitado nuestro país en 1980, pero sólo en carácter promocional. Volvería a mediados de los 90, ahora sí para tocar en vivo. Y en esta tercera visita, volvió a llevarse todos los aplausos realizando un brillante show de más de dos horas de duración, que recorrió toda su carrera, desde el mítico Tales of Mistery and Imagination hasta un par de atractivos temas de su última producción. El concierto comenzó con el espectacular instrumental "I Robot", que luego dio paso a "I Wouldn't Want be Like You", "Breakdown", "Damned if I Do", la emotiva "Don't Let it Show", "Don't  Answer Me", "Prime Time", "The Raven", "Days Are Numbers", "What Goes Up" y la excelente "Snake Eyes". Por supuesto, no podía faltar en esta andanada de hits, ese clásico de 1980 llamado "Time", un tema con un comienzo muy parecido (“un afano", según David Gilmour) a "Us and Them", de Pink Floyd.


Luego llegaría la presentación de un tema nuevo llamado "Return to Tunguska", con reminiscencias arábicas muy bien mixturadas con música electrónica actual. Tampoco faltó un repaso obligado por el gran Eye in the Sky (el disco más exitoso del APP, cuya historia casi se anticipó a la época actual, en la que estamos sumergidos en esta maraña de la convergencia comunicacional mundial) con la interpretación de los clásicos “Mammagamma", "Psychobbace" (con un espectacular despliegue de sirenas y luces rojas) y el emotivo final con "Old and Wise". En los bises continuaron con más temas de Eye in the Sky, como su clásica apertura instrumental "Sirius" (la misma que era usada por los Chicago Bulls en su época de mayor esplendor en la NBA, con Michael Jordan, Pippen, Rodman y Cia.) y la homónima "Eye in the Sky", pedida a los gritos, y muy coreada por el público.


También hubo una pequeña improvisación, en la que el guitarrista Townsend se lució tocando un fragmento de "Layla", aquel viejo y hermoso tema de Derek and the Dominos, la mítica banda de Eric Clapton. Luego de esto el show acabó con "Games people play", el alegre tema de The Turn of a Friendly Card. 


Fin de la velada. Caputt. Finale. The End. Arrivederci. Sayonara… No estuvo tan mal, ¿no? Lamentablemente, gustar de esta música tan soft, tan fina, no significa que en el garaje de enfrente me espere una Pick Up 4x4. No vaya a creer, ¿eh? Bien hecho, adivinó. En la esquina de Corrientes y Maipú me espera el 45… Y bueh, es dura la vida del laburante…

Emiliano Acevedo


jueves, 23 de noviembre de 2017

MONSTERSIZE: Detonando Makena (Viernes 3 de noviembre de 2017)

Para Martín Size es tiempo de revancha. Primero, porque, después de un largo batallar de más de una década, el carismático cantante y frontman logró que su banda Monstersize tenga una formación incendiaria de músicos excelentes capaces de llevarse cualquier escenario por delante. Segundo, y más importante, porque en este último año el grupo –a modo de única respuesta- demostró haber crecido como nadie a su alrededor, demarcándose de la mayoría de las bandas emergentes en la búsqueda de un sonido tan novedoso como familiar, al que ellos mismos llaman Electro Grunge.

Desde sus primeros viajes, MonsterSize hizo gala de sus potentes y acertados covers de temas de Soda Stereo (“Hombre al agua”), los Redondos (“Ropa Sucia”) o Chris Isaak (“Wicked Game”), además de una multitud de temas propios que hacían sentir las influencias de Nine Inch Nails, The Cult o Depeche Mode. Todo presentado mediante una excelsa puesta en vivo que sorprendía a propios y ajenos, debido a una parafernalia de luces e instrumentos musicales de primerísima calidad. Casi de nivel internacional.

Pero ahora ya llegaron a un punto de equilibrio que los encuentra en su mejor momento. Por eso, el verdadero chiste de esta presentación de su último álbum Me invitas a flotar en Makena fue lo más parecido a un show explosivo electro gótico de culto rockero. Como si uno hubiese podido ir de regreso con una máquina del tiempo a los primeros noventa. Impresionante puesta sonora y visual.

Sobre el escenario, el grupo prefiere mezclar su repertorio enlazando climas y, al mismo tiempo, manteniendo un concepto que respete sus ideales de lo que es ser una banda rockera en serio, con una puesta en escena óptima y sonido apabullante. La presentación de Me invitas a flotar, entonces, transcurre en un ambiente de opulencia, estrictamente musical, donde cabe la presencia de los tres covers antes mencionados, un tema nuevo y buena parte del último disco. Eso equivale a una apertura con “Ayúdame” y la sensual “Flotar”, con los carismáticos Eric Torrance y El Conde haciendo una dupla imbatible de violas salvajes que se cruzan todo el tiempo, floreándose en estiletes perturbadores que envuelven la voz de Martin Size, mientras los teclados de Vladimir Belosloudtsev aportan sutileza y el bajo prepotente de Tierno Guerra una base potente y precisa.


En estos hombres recae gran parte de la musicalidad del grupo de Size, del mismo modo que David Gahan depende de la magia sonora de Martin Gore en Depeche. En el caso de Monstersize tenemos a los dos violeros, Torrance y El Conde, que cubren los espacios de modo tal que Size puede subir y bajar con su voz cuando se le da la gana, desgarrándose, desgañitándose, motivando al público o gritando su frustración por el estado de las cosas. Esos matices se repiten en el transcurso del show y también dentro de una sola canción, mientras el grupo genera potentes colchones sonoros en donde las guitarras filosas desgarran los sentidos con sus riffs y solos rockeros.

Desde su parada en el escenario, prepotente y salvaje, Martin Size invoca demonios, con esas gafas de policía Ray-Ban, hablando de la esquizofrenia, deshumanización y alienación de este Siglo XXI, pero sin intercambiar con su público más que el saludo y gestos de agradecimiento. En especial, luego de “No me cambies”, una canción con ritmo, pulso vibrante y vocación de hit, que sacude Makena hasta sus cimientos.

Para el final quedó “Mil nombres”, un tema singular que hace acordar tanto a Depeche como al más salvaje The Cult, y, cuando la euforia se aplacó un poco, el tributo emotivo a Soda con “Hombre al agua”.


Ahora que Monstersize logró una presencia escénica y sonora tan contundente, le toca enfrentarse al desafío de sostenerla sin perder integridad artística. Después de llegar, mantenerse, que es lo difícil, y tratar de conservar esta formación intacta el mayor tiempo posible mientras se crece, algo tremendamente complicado en el volátil devenir de los grupos emergentes del rock argentino. Evitar, en definitiva, que su propio perfeccionismo les clave los puñales por la espalda.


E.A.



viernes, 30 de junio de 2017

ERUCA SIGUE SIENDO: Presentación de Eruca Sativa en el Luna Park, 22 de junio de 2017.



La respuesta que recibe por parte del público es uno de los factores que prueba si un grupo ha crecido musicalmente, o al menos si ha mantenido su nivel. Así, la atenta y calurosa recepción que reinó entre los asistentes al Luna Park durante la segunda actuación de Eruca Sativa en el escenario porteño fue la respuesta merecida a una propuesta musical tan bien lograda. Barro y Fauna, el quinto disco del power trío presentado en esta velada, es quizás su mejor y más ecléctico álbum hasta la fecha y en este show por momentos alcanzó una sorprendente densidad, groove e intensidad.

En medio de una escenografía simple pero llamativa (una pared por detrás de los músicos del grupo, y dos escaleras a los costados para que éstos pudieran subir a tocar con los numerosos invitados que los acompañaron a lo largo del show) que terminaba en una pasarela hacia una isla en el medio del campo; Lula Bertoldi (guitarra y voz), Brenda Martin (bajo y coros) y Gabriel Pedernera (batería y coros) dedicaron su energía a la interpretación musical de los temas del álbum, además de buena parte de lo mejor de sus cuatro trabajos anteriores. A medida que avanza el recital todo el Luna iba a entregándose a la intensa música de Eruca.


Desde la apertura del show, con “Intropía”, se desplegó una puesta en escena espectacular, coordinando luz y sonido en forma magistral, mientras cada nota musical se encadenaba con la anterior, en un ir y venir de historias y situaciones que completaron una aleación efervescente. Lula Bertoldi, hizo gala de la magnífica frontwoman y guitarrista que es. La potencia y ductilidad de una de las voces femeninas más originales del rock argentino actual y su filosa guitarra fueron, prácticamente, el punto culminante de todas las situaciones musicales creadas por la banda esa noche. Sus fraseos correctos y su talento para administrar la voz, sobre la base monolítica de Pedernera (¡qué baterista, por Dios!) y el virtuosismo de Brenda en el bajo son las columnas que sostienen la inocultable química de esta banda. Un verdadero trabajo en equipo.


Por supuesto, la música de Eruca Sativa es muy ecléctica, como también lo son sus letras, por lo que el show transitó diferentes climas. Desde “Confundiste”, un tema potente que líricamente nos recuerda a la etapa más rockera del Cerati de Ahí Vamos; pasando por el hermoso “Justo al Partir”, propulsado por Brenda y Gabriel, hasta estallar en un estribillo y coda memorable que pone la piel de pollo. También hay lugar para el funk imprescindible y demente de “Japón”, o la genial “Tarará”, que se da el gusto de meter el dedo en la llaga de un presente que se avizora tecnológico, pre digerido y alienante. ¿Y qué se puede decir del mega hit “Nada Salvaje”, uno de los mejores temas que se escucharon en los últimos tiempos? Una canción con destino manifiesto de clásico.  


Y como si no fuera suficiente, los Eruca sorprenden cuando se dan el gusto de invitar a tocar con ellos a un montón de consagradísimos amigos e ídolos. Por ejemplo, a más de un viejito presente se le habrá caído un lagrimón al ver de vuelta en el Luna Park con su teclado Hammond, al genial Aníbal Kerpel, mano derecha de Santaolalla y encargado de la mezcla de este quinto disco de los Eruca.  Como cuando lo llamaban El Mariscal, y volaba pelucas a diestra y siniestra a mediados de los setenta, cuando formaba parte del mítico combo progresivo Crucis, Kerpel la descoció con sus solos memorables y salvajes en “Inercia”. De pronto estábamos otra vez allí, el reloj había dado marcha atrás. Algo similar se sintió cuando David Lebón se subió a tocar dos temas inolvidables de Serú Girán: “Noche de Perros” y “Seminare”, conformando con los chicos un cuarteto ad hoc, que Lebón autodenominó Seruca, para el deleite de la concurrida audiencia heterogénea que llenó esta segunda actuación del grupo cordobés en el Luna Park.


Pero no se acabaron ahí las sorpresas ya que en “Haku Malvin: El Visitante” se hizo presente un coro de una docena de voces que incluyeron a varios de los mejores exponentes del nuevo rock emergente argentino (desde Utopians hasta Huevo, pasando por Cirse y Mariana Bianchini) para reproducir las capas de voces que Tavo Cortés de Sig Ragga –también presente en el coro- grabó en la versión del tema incluido en el álbum.


Quizás, uno de los momentos más emocionantes del concierto se dio con la llegada al escenario de Abel Pintos, quien sumó su hermosa voz a la zamba “Somos Polvo” y “Amor ausente”, la vidala de Claudio Pacheco y Eduardo Bechara, que los Eruca versionaron y convirtieron en uno de sus hits más coreados. El “duelo” de voces que Lula y Abel regalaron en el último minuto entero de la canción sin dudas quedará en la memoria de todos los presentes como un recuerdo musical sublime.

Marilina Bertoldi participó en "Lo que no ves"; Adrián Sosa y otra vez Aníbal Kerpel en "Sin la red"; Juan Pablo Rufino Picoroso (el hijo de Machi Rufino y esposo de Brenda) aportó su sutil bajo fretless en varias partes del show; y Nicolás Sorín, el líder de Octafonic y pareja de Lula Bertoldi, después de tocar el infaltable y glorioso cover de "Eleanor Rigby" de los Beatles volvió al escenario en varias oportunidades.


Por supuesto, no podía faltar el recorrido por varios de los temas más celebrados de los álbumes previos de Eruca, ya clásicos en sus shows como “La Carne”, “Magoo”, “Cuánto Costará”, “El Balcón”, “Para Nadie”, “El Genio de la Nada”, “Fuera o Más Allá” o el final emotivo con una versión acústica de “Para que Sigamos Siendo”, en la pastilla ubicada en medio de la gente. Sin dudas, la frutilla de la torta para el concierto perfecto e inolvidable de una banda que desde hace casi una década no para de crecer. 

EmAc