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domingo, 29 de mayo de 2022

RECORDANDO A ALAN WHITE


Cada vez que muere un artista que admiramos mucho, es común sentir una profunda tristeza, como si esa persona que ya no está hubiese sido alguien de la familia, o un amigo cercano, por más que no lo hayamos visto en vivo jamás. En el caso de los músicos, seguramente, se piensa en su obra, en algunos de sus discos, o en alguna canción suya en particular que nos acompañó en nuestras experiencias vitales individuales. Se recuerdan esos pequeños momentos de escucha atenta que hicieron crecer en nosotros la admiración que sentíamos hacía ese ser. Por eso, no es difícil imaginar cuanta gente, cuantos fans del rock progresivo se habrán sentido así de tristes y melancólicos el último jueves 26 de mayo, cuando se enteraron que Alan White había dejado de existir. De pronto se apagaba la vida de uno de los bateristas más grandes del rock progresivo, que tuvo su apogeo en los primeros años 70, miembro del grupo legendario Yes desde 1972.

Alan White había nacido en Pelton, Condado de Durham, Inglaterra, el 14 de junio de 1949, y tuvo una carrera musical de más de seis décadas. Se había iniciado en la música a los seis años, con clases de piano; a los 12 años comenzó a tocar la batería y un año después ya estaba actuando en el circuito de clubes, formando parte de más de 13 bandas.

Justamente, a los 13 años estuvo tocando en una banda llamada The Downbeats, llegando a aparecer en algunas notas en pequeños periódicos locales, debido a su corta edad. Años más tarde, White tocó durante gran parte del año haciendo covers de los Beatles y otros grupos británicos de mediados de los 60. En esa época, Alan trataba de mejorar su técnica elaborando nuevos estilos rítmicos, aunque no enterraba del todo su interés acerca de eventualmente cursar estudios superiores en arquitectura, su otra pasión. Sin embargo, en 1965 su amor por la música pudo más, cuando su nuevo grupo The Blue Chips firmó contrato con PolyGram Records, después de ganar un concurso organizado por la famosa revista inglesa Melody Maker. Más tarde White se unió a The Gamblers, tocando con ellos tres meses en Alemania durante 1966.

Luego Alan pasaría por un montón de bandas de corta vida durante los últimos 60, incluyendo a la Ginger Baker's Airforce (en donde tocó teclados). De este grupo se fue a tocar con otros músicos, llegando a pasar dos años en la Terry Reid's Band. Fue así que en 1969 recibió una llamada inesperada de John Lennon, quien requería los servicios del joven Alan para la Plastic Ono Band. Lennon primeramente llevó a White a tocar en el Festival Internacional de Rock Revival en Toronto, en una formación que incluía al gran Eric Clapton en guitarra y a Klaus Voorman en bajo. Los integrantes del grupo, que prácticamente se vieron por primera vez en el aeropuerto, ensayaron en forma mínimo dentro del avión, en donde Clapton y Lennon tocaban guitarras acústicas mientras White golpeaba con sus palillos la parte superior de las butacas, tratando de llevar el ritmo. La performance hecha en Live Peace In Toronto aunque fue un poco caótica y desprolija fue grabada e incluida posteriormente en un fresco y rockero album. Tiempo después, en enero de 1970, White participaría también de la grabación de una de las más memorables canciones de la etapa solista del ex beatle, "Instant Karma" y en su soberbio álbum Imagine de 1971, uno de los discos clásicos de la era. White también tocó en álbumes de George Harrison (el monumental triple All Things Must Pass), Doris Troy, Gary Wright y Alan Price entre 1969 y 1972. Adicionalmente, también hay que decir que Alan Price había trabajado como productor de una banda de White llamada Griffin, que incluía a Graham Bell, Ken Craddock, Pete Kirtley y Colin Gibson, quienes grabaron un disco en 1969.

Todos estos grupos engrosaron los antecedentes de White, que empezaba a ser considerado como una promesa dentro de la escena musical británica. Por todo esto no fue nada extraño que Yes lo haya elegido en 1972. En ese año el grupo perdió a su baterista original, Bill Bruford, el cual había ganado una gran fama tocando en una forma monumental e innovadora durante cuatro años con Yes, convirtiéndose en ídolo y espejo de miles de jóvenes bateristas alrededor del mundo.

Debido a sus complejos ritmos y su forma de tocar muy influenciada por el jazz, Bruford se había convertido en uno de los más populares y queridos miembro de Yes. Sin embargo, Bill no se sentía muy cómodo en el seno del grupo ya que ansiaba desarrollar su técnica dentro de un marco más experimental, luego del magnífico e inolvidable quinto disco de Yes, Close to the Edge. Fue así que durante la primavera (boreal) de 1972, Bill empezó a pensar en marcharse, dejando finalmente a la banda el 19 de julio de 1972 para irse a King Crimson. El hecho de que Alan White fuera amigo de Eddie Offord (productor de Yes) y de Jon Anderson, ayudó para que Alan ingresara en el grupo. El mismísimo Bruford, en persona le dio la bendición y el visto bueno a su sucesor.

En efecto, White fue al estudio en los meses anteriores a la salida de Bruford, para mirar y escuchar lo que estaba pasando en el grupo, e incluso tratar de aprender el material de Close to the Edge para tocarlo él mismo más tarde. Después de la salida de Bruford, White se aprendió en tres semanas el repertorio completo del grupo de cara a los futuros conciertos, shows y giras por venir. De esta manera White nunca más volvería sobre sus pasos, ya que desde la gira de verano de 1972 hasta 2022, nada le quitaría su lugar como miembro fijo de Yes.

Los fans del grupo asimilaron la presencia de White paulatinamente. Primero durante la primera gira y luego en el histórico álbum triple en vivo Yessongs que vino de ahí. En este disco, Bruford aún tocaba en varios de los temas incluidos, pero sin embargo es White el baterista en la mayoría del material, incluyendo la suite "Close to the Edge". Más tarde llegaría la grabación del controversial Tales From Topographic Oceans, disco doble amado y odiado por igual por el público y por la crítica respectivamente. Esta fue una producción acusada de ser pretensiosa. De cualquier forma fue un álbum histórico. En dicha obra White exhibía un trabajo muy bueno y preciso que no hacía extrañar en demasía a Bruford, por ejemplo fue destacada por demás su labor en el interludio percusivo del imponente "Ritual, Nous Sommes Du Soleil".

Luego de grabar el monumental Relayer en 1974, los miembros del grupo deciden tomarse un descanso para no destruir por completo el seno de la banda, que venía sufriendo el desgaste propio de las relaciones interpersonales de los integrantes. Es así que entre los años 1975 y 1976 se editarían sendos discos solistas de cada uno de los miembros de Yes. De esta forma, White graba un disco solista llamado Ramshackled, en clave de fusión con sonidos algo intrascendentes como el boogie con influencias caribeñas. En dicho álbum colaboran Jon Anderson y el guitarrista Steve Howe en la hermosa canción “Spring, Song of innocence”, uno de los puntos más altos de la placa. Sin embargo, el disco pasó bastante desapercibido y quedó deslucido en comparación con el material solista editado por el tándem Anderson - Howe - Squire.

A principios de 1977 vuelve a juntarse Yes -nuevamente con el tecladista Rick Wakeman en la formación-, editando un buenísimo disco llamado Going For The One, el cual sería continuado por Tormato en 1978. Sin embargo, a fines de 1979 llegaría a su fin la formación clásica de Yes luego de un desastroso y frustrado intento de grabar un nuevo disco en Paris. En ese mismo año White se quebró la rodilla patinando en un roller-disco.

El párate posterior del grupo y las divergencias artísticas existentes entre Anderson con respecto a Squire y Howe precipitarían el final de la banda a principios de 1980. Más tarde, a pesar de las idas de Anderson y Wakeman, White junto a Steve Howe y Chris Squire se pusieron a ensayar como trío hasta que se les unen (los dos Buggles) Trevor Horn y Geoff Downes, para darle forma a la grabación de un potente y muy buen álbum llamado Drama, que daría un franca revitalización al sonido de Yes. Si bien esta formación se separó al poco tiempo, Yes volvió rápidamente con nueva formación en 1983 en el exitoso disco 90125 y el resto es historia conocida...

Luego de haber tocado casi 50 años en Yes es innegable que White se ganó un lugar fijo e intocable dentro del seno de la banda. Ya no tiene mucho sentido preguntarse si las habilidades de Alan White en la batería igualan a las de su colega Bill Bruford o no. Después de todo, es muy cierto que el estilo de ambos es bastante distinto. El público reconoció la creatividad y eficiencia de White, tanto en el vivo del grupo como en sus diferentes álbumes en estudio. Además, no es tan sencillo tocar igual de bien y eficientemente en materiales tan diferentes como Tales From Topographic Oceans, Magnification o Big Generator, y White lo ha hecho en forma sobria y sin problemas en todos los casos. Su permanencia y labor como miembro fijo de una banda tan grande como Yes le dieron a White un lugar dentro de la nómina de los más famosos y renombrados bateristas británicos junto a luminarias de la talla de Ringo Starr, Charlie Watts, Keith Moon, Ginger Baker, Carl Palmer, Bill Bruford, Phil Collins, Nick Mason, Mitch Mitchell, Ian Paice, Jim Capaldi y John Bonham.

Descansa en paz, querido Alan…

Emiliano M. Acevedo.




jueves, 31 de mayo de 2018

YES, Tormato: Mientras miro las nuevas olas...


Tormato fue el noveno álbum de Yes. Editado en septiembre de 1978, en plena decadencia del llamado rock sinfónico y auge de la new wave, alcanzó igualmente las listas de ventas entrando en el puesto 8 de los rankings británicos y el 10 en Estados Unidos. 

Este fue un disco en el que el vocalista Jon Anderson se bajó del caballo, luego de ser acusado como “dictador” o “pequeño Napoleón” por el resto del grupo, para dejar que los otros aporten más ideas en el nuevo material de la banda. Así se generó este Tormato, con canciones más cortas (aunque igual en la tónica progresiva) pero más eclécticas en la búsqueda musical, algunas con mejores resultados que otras. Quizás por eso, en la contratapa del disco, se ve a los integrantes del grupo con anteojos oscuros mirando en distintas direcciones... quizás el mayor punto negativo del álbum haya sido que el criterio de Yes por auto producirse no fue el más preciso, como bien lo señaló el guitarrista Steve Howe.


La tapa del disco –al igual que su antecesor, Going For The One- fue obra del grupo de diseñadores gráficos Hipgnosis y reproduce un montaje en cuyo fondo aparece el "Yes Tor", una formación rocosa en Okehampton (Devon, Reino Unido). Cuenta la leyenda que el tecladista Rick Wakeman le arrojó un tomate, debido a la frustración que sintió al considerar a la imagen como "poco expresiva". Finalmente, se decidió ajustar la tapa y contratapa dejando las manchas de tomate como parte de estas.

LADO A: 

1. FUTURE TIMES (Yes): Un muy buen tema dividido en dos partes (“Future Time” y “Rejoice”) que -según el baterista Alan White- sonaba mejor en vivo que la version que quedó en el disco.

2. DON'T KILL THE WHALE (Anderson, Squire): El himno “Greenpeace" de Yes nació -según Rick Wakeman- de una improvisación rockera del bajista Chris Squire que se parecía al estilo de Bo Diddley. Posteriormente, Jon Anderson le agregó una letra basada en una nota que había leído en el diario sobre una matanza de ballenas, y Wakeman unos ruidos del sintetizador Polymoog, que se parecían al ruido de unas ballenas, y así hicieron el tema.

3. MADRIGAL (Anderson, Wakeman): El grupo quería hacer un tema que se pareciera a la música folk o de madrigal, que se canta en las mesas de las familias inglesas después de la cena, así que Wakeman se sentó al clavicordio, Anderson le puso letra y así surgió "Madrigal”. Este tema tenía un video clip en el cual Wakeman personificaba a un músico de la corte, que vestido con ropas de época, se sentaba al clavicordio para tocar esta canción, mientras que la imagen del el resto del grupo aparecía superpuesta (por un efecto cromático propio de la época) sobre el primerísimo plano de los "fierritos" (cuerdas) del clavicordio, las teclas y el atril del mismo.


4. REALEASE, REALEASE (Anderson, White, Squire): Sin dudas, uno de los temas más recordados de este disco. Una canción con gran ritmo y potencia, que según Howe le gustó mucho a Ahmet Ethegun, el mandamás de Atlantic Records, quien les dijo: "Muchachos... estaría bien si hicieran siempre temas como este".

LADO B:

5. ARRIVING UFO (Anderson, Howe, Wakeman): Un tema que, según el grupo, estaba basado en la moda de 1978 acerca de los platos voladores y la película Encuentros Cercanos del Tercer Tipo. Este tema tiene una soberbia actuación de Howe con el Wha-Wha, que hace "hablar" a la guitarra.

6. CIRCUS OF HEAVEN (Anderson): Un tema muy simple basado -según Anderson- en un libro de Ray Bradbury. Aquí Jon hace participar a su hijo Damion Anderson.

7. ONWARD (Squire): Tema que Chris empezó, improvisando sobre el piano, y que desarrolló con los arreglos de cuerdas que aportó Andrew Jackman, quien también había trabajado con el bajista en su disco solista Fish Out of Water.

8. ON THE SILENT WINGS OF FREEDOM (Anderson, Squire): Temazo nacido de una zapada de bajo y batería que terminó convirtiéndose en canción.



Como colofón podemos decir, para el que no lo sepa, que este disco le puso punto final a la formación “clásica” de Yes, quienes recién se volverían a juntar en 1995, para la grabación de Keys to Ascencion. Pero, por supuesto, esa ya es otra historia…

Emiliano Acevedo


viernes, 26 de enero de 2018

YES, Going for the One: Casi el final de una era...

El 7 de julio de 1977 es editado Going For the One, el primer disco de Yes luego de un párate de casi dos años y medio. Durante todo ese tiempo, los integrantes del grupo se dedicaron a la grabación y edición de sendos álbumes solistas. La sorpresa de este nuevo álbum era el regreso de Rick Wakeman a la banda, luego de tres años de ausencia; así como también un retorno a la composición de canciones más cortas, después de la fantástica experimentación musical desarrollada en  Close to the Edge (1972), el polémico doble Tales from Topographic Oceans (1973) y Relayer (1974). Otras de las novedades de este nuevo álbum del grupo, era que se dejaba de lado las ilustraciones de tapa del genial Roger Dean (que habían caracterizado todos los trabajos previos de Yes desde Fragile) para pasar a la imaginería descarnada del grupo de artistas Hipgnosis: en este caso, la imagen de espaldas de un hombre desnudo ante unos rascacielos. Casi un manifiesto anti-urbano y anti-corporativo.

En lo estrictamente musical, Going for the One podría ser considerado como el sucesor de Fragile (1972), el cuarto disco de Yes y el primero con Wakeman como tecladista. El propio cantante Jon Anderson lo veía así: “La única manera de avanzar era hacía atrás, a al menos tratar de reavivar algo de la vida y la espontaneidad que había caracterizado, digamos, a The Yes Album (1971); aquella energía de rock apabullante que inconscientemente había sido echada por la puerta del estudio de grabación mientras las producciones a escala sinfónica incursionaban cada vez más lejos en territorios inexplorados.”

Así las cosas, los cinco números musicales de este nuevo álbum del 77 incluían letras imaginativas y abstractas, mientras que la música alcanzaba una calidad que rozaba la perfección melódica. En Going for the One, además, las armonías vocales estaban perfectamente balanceadas por el magistral trabajo instrumental realizado por Steve Howe en guitarras y el propio Rick Wakeman en teclados. Mientras que Alan White y Chris Squire se mostraban muy sólidos elaborando eficientes bases rítmicas que apuntalaban la estructura melódica. 

LA GÉNESIS: CHAU MORAZ, HOLA WAKEMAN

Going for the One fue grabado (por motivos impositivos) en Montreaux, Suiza; a partir de noviembre de 1976. Allí, luego de un mes de ensayos, quedó más que claro que la química musical del grupo con el tecladista suizo Patrick Moraz (que había grabado con Yes el formidable Relayer) no funcionaba mas y la banda le pidió que se fuera. Entonces, Brian Lane, el manager del grupo, contrató a Wakeman en calidad de sesionista. Cuando Rick se juntó de nuevo con sus ex compañeros, le gustó mucho la música que estaban ensayando y no pasó mucho tiempo para que se integrara a Yes en calidad "full-time"; debido a las insistencias del mismo Lane y de Chris Squire. Al respecto, en ese entonces, Squire declaró: "Rick nunca debió haberse ido, en primer lugar. Debió haber seguido con sus cosas solistas y también con la banda, pero él también tenía su ego. Sus primeros álbumes solistas fueron un éxito de ventas y (a él) no le gustaba nada el material de Tales From Topographic Oceans. Tal vez el hecho de que éramos bastante jóvenes en aquel momento hizo que las cosas no se hablaran como era debido, pero yo no soy nadie para hablar... porque yo también tenia demasiados problemas." 

A fines de diciembre del 1976, Wakeman decía: "Cuando me fui de Yes no fue porque tuviera problemas con los otros, sino porque, simplemente, sentía la necesidad de buscar nuevas sendas musicales por mi cuenta, de experimentar con algunas cosas que no iban en el grupo. Yes es un grupo que tiene muy claros sus alcances, sus fines, sus intenciones, lo que quiere hacer, hasta donde quiere llegar, y, con respecto a esto, es un poco estricto. Cuando decidí separarme, lo hice porque no me sentía plenamente satisfecho con esas pautas: quería establecer las mías propias, y tener (de paso) mas libertad para 'inventar' y explayarme en cualquier dirección. Ahora que completé ese circulo, volver a Yes es algo casi lógico, natural. Ellos se entienden bien conmigo y yo con ellos. No se -y creo que aunque lo supiera no soy yo quien debe decirlo- cuales fueron las razones de la ida de Moraz, pero no creo que haya sido una situación de violencia entre el resto del grupo y el; probablemente quiera seguir con sus trabajos individuales, no sé. Lo único que puedo decir es que el grupo y yo nos pusimos en contacto y (casi sin darnos cuenta) llegamos a la conclusión de que estábamos de acuerdo en trabajar juntos otra vez. Tal vez dentro de un mes nos separaremos nuevamente, no puedo saber que va a pasar en el futuro, pero pienso que, a pesar de todo lo que hemos hecho separados en este tiempo que transcurrió, seguiremos entendiéndonos tan bien como siempre." 

Con respecto a la grabación de Going For The One, Jon Anderson declaró en aquel momento: "El álbum fue una especie de celebración. En los últimos dos o tres años estuvimos experimentando un montón, y estamos felices de poder concretar eso en un disco que es mas suelto y relajado que los anteriores." Alan White también guarda lindos recuerdos al respecto de la grabación de este disco, ya que según el "estaban felices con la vuelta de Rick... y además él estaba tocando mejor que nunca..." 

En sí, Going for the One representaría una bocanada de aire puro para los puristas del rock sinfónico, que estaban hartos de la avasallante invasión del punk rock. Porque, si bien este nuevo disco de Yes era, en esencia, mas austero que su  material clásico -ya que entregaba un estilo algo mas básico de rock progresivo con un repertorio de canciones cortas-, también incluía uno de los temas largos mas espectaculares e inspirados de toda la historia del grupo: "Awaken", que cerraba en forman magistral el álbum. En su momento, Steve Howe opinó al respecto: “El regreso de Rick fue genial, y el disco Going for the One ayudó a reorganizar la dirección de Yes”.

También el baterista Alan White se sintió muy complacido con la grabación: “En encantó hacer ese álbum. Nos divertimos mucho y fue una época muy feliz en la historia del grupo. Cuando Rick regresó tocaba maravillosamente, y fue una época muy creativa para todo el grupo. Todos congeniamos y nos divertimos mucho a partir de la felicidad que trajo el regreso de Wakeman”.

LAS CANCIONES:


El disco abría, justamente, con el tema homónimo "Going for the One" (En busca del Elegido), de la mano de un "irónico" riff de guitarra de Howe, más cercano al estilo de Jimmy Page en Led Zeppelin que al del Yes. Pero no solo esto hizo Howe aquí, ya que su trabajo en el steel guitar fue soberbio. De acuerdo a Jon Anderson, el autor de esta canción, ésta "trata acerca del mundo de los deportes y las competencias. Parte del tema, habla de las carreras de caballos; pero también me inspiro una película que vi acerca de unos deportistas que atraviesan el Río del Gran Cañón del Colorado, en una de esas balsas de goma... aunque tampoco me olvidé de mencionar a la "mente cósmica", en una parte de la letra." 

Con respecto a "Turn of the Century" (“Cambio de Siglo”), Jon Anderson dijo que pensó "en la historia de un escultor que quiere hacer una estatua de piedra dedicada a su amada, fallecida en invierno. La inspiración primigenia me vino de la opera La Boheme y, obviamente, de la historia (mitológica) del Pigmalión. El punto culminante de este cuento es que el escultor pone todo su amor en esta estatua, y ella finalmente cobra vida." 
En lo musical, este es un tema inusualmente bello, en especial en ciertos pasajes instrumentales, en los que la dupla Wakeman – Howe desarrolla extrañas fusiones rítmicas que recuerdan –incluso- a la obra tanguera de Piazzolla, por decir algo. Muy interesante.


"Parallels" era una pomposa canción con la cual la banda abriría los conciertos en los años posteriores. En ella, Wakeman tocaba en un órgano auténtico de iglesia, que fue grabado en St. Martin's Church, en Vevey, Suiza. En parte, "Parallels" es (casi) una prima lejana de la vieja "Roundabout", en lo a que ritmo e intención respecta, aunque (obvio) sin la trascendencia de aquel viejo clásico. Con respecto a la composición del tema, su autor, Chris Squire decía: “Se trata de un amor espiritual. Un tema que ofrece un mensaje de esperanza. En algún momento pudo haber integrado mi primer álbum solista (Fish Out of Water), pero lo pensé mejor y lo reserve para un futuro disco de Yes. También, en este tema, hay una superposición de dos estilos: por un lado esta el riff de blues de mi bajo y, por el otro, el órgano de la catedral; todo sonando al mismo tiempo..." 

Después llegaba la hermosa balada "Wonderous Stories", a la que Steve Howe describió como "parte del periodo renacentista de Jon Anderson... Es por eso que a esta balada la recorre un sentimiento de música clásica". El tema se compuso en Suiza y Anderson recordó que: "Era un hermoso día. Uno de esos momentos que uno recuerda por muchos años y, de repente, la letra de "Wonderous Stories" me vino a la mente. Es una canción exuberante que habla de las alegrías de la vida. Una secuencia de ensueño que recorre historias del pasado y del futuro". 


El álbum concluye con "Awaken", un espectacular tema largo –que comienza con un impresionante solo de piano de Wakeman- que se colocaría entre los mayores clásicos de la historia del grupo. Según señaló  Jon Anderson: "Awaken" fue "lo mas grande que hicimos jamás". Aquí, otra vez, las letras son surrealistas, cósmicas y místicas al extremo. Por eso, tanto Anderson como Squire cantan como si fueran auténticos espíritus “que pasaron al otro lado", y evocan las visiones extraordinarias y  superterrenales que están viviendo. El clímax instrumental final, luego de una parte media experimental, es simplemente demoledor y emocionante, y uno de los momentos más gloriosos que haya grabado Yes en toda su historia. Aquí se subraya el carácter místico del tema, cuando se evoca (respectivamente) a los maestros de las imágenes, del alma, de la luz, y del tiempo. Con respecto a la composición del tema, Anderson dijo: "Estando en Suiza, tuve la oportunidad de leer un libro llamado The Singer (El Cantante), que trataba acerca de un himno antiguo. También fui influenciado por otra lectura, acerca de la vida del pintor holandés Rembrandt..."
Alan White cuenta que "el tema fue dividido en diferentes secciones, para su grabación; pero nosotros tuvimos siempre la totalidad del tema en mente, el modo en que tenia que quedar la composición final". Dijo, además, que en ese final monumental de "Awaken", "Rick Wakeman estaba tocando el órgano de iglesia en una iglesia que estaba a 16 kilómetros de distancia y nos comunicábamos con él a través de cables telefónicos”.
Anderson agrega al respecto de esta suite: “Awaken” es  una pieza hermosa en estructura y forma. Tiene todo lo que deseo de un grupo de músicos actuales. Antes de eso, todo parecía muy gris. Luego de tres años grises con Relayer, grabamos un bello disco llamado Going for the One”.

EL ÉXITO OTRA VEZ, PERO, SIN EMBARGO…

Una vez editado, el álbum muy pronto alcanzó el primer lugar de los rankings ingleses y la octava colocación en los Estados Unidos. Sin dudas, marcando que el regreso de Yes había sido todo un éxito. Al mismo tiempo, el grupo conseguía un triunfo inesperado en el mercado de singles, cuando, en septiembre del 77, el tema "Wonderous Stories" trepó hasta el séptimo lugar en Inglaterra; y el single “Going to the One” llegó al puesto 24. 

Todo parecía muy diáfano en esta nueva etapa del grupo, pero…

Según apunta el crítico y ensayista argentino Norberto Cambiasso, en su formidable libro Vendiendo Inglaterra por una libra: Una historia social del rock progresivo británico: “Cuando Going for the One vio la luz en julio de 1977, el disco se parecía menos a una confirmación que a una despedida. En pleno verano caliente del punk, los fans lo impulsaron directo a lo alto de los charts y la crítica se deshizo en elogios, celebrándolo como un regreso a las fuentes (…) Sin embargo, Yes oscilaba entre una suerte de incomprensible (en ellos) power pop y la lasitud barata de sus piezas acústicas (…) En su afán excesivo por ponerse a la altura de los tiempos cambiados, Going for the One hipotecaba una identidad trabajosamente construida.”

Estos males de los que adolecía GFTO se debían, según Cambiasso, a que “era como si el universo sonoro de Yes, que con esfuerzo fanático tanto habían procurado expandir y enriquecer durante el último lustro, se hubiese adelgazado en un santiamén. Acaso se debiera al mayor de los males que aquejaba al disco: la ausencia de Eddie Offord en la consola de producción. Sin él, Yes empezaba a asimilarse a tantas otras bandas del montón. Howe, (en 1981) al menos, lo sospechaba: “Relayer fue hecho con mucha rapidez, y pienso que es un álbum razonable, mientras (que) Going for the One tardó una eternidad, y honestamente no creo que fuera tan bueno”.


Luces y sombras de un disco que es signo de su tiempo, como uno de los últimos estertores de un gigante que comenzaba a devorarse a sí mismo: el clásico rock sinfónico de los 70. No, no lo mató el punk; quizás se murió de muerte natural cuando se agotaron las propuestas artísticas de los grupos principales de este estilo, a partir de 1975. No por nada, lo mejor de Emerson, Lake & Palmer, los propios Yes o Genesis (hasta incluso Pink Floyd, por qué no) está en la primera parte de los setenta, la época dorada de la música rock. Luego, la década de los 80 los encontrará con el paso cambiado, tratando de adaptarse a los nuevos aires y propuestas del rock como negocio, para sobrevivir y seguir sacando nuevas producciones y realizando giras. A veces, incluso, con un inusitado éxito comercial, como el del Genesis trío liderado por Phil Collins, las primeras épocas del supergrupo Asia o el nuevo Yes del álbum 90125.

Con respecto a si Going for the One fue un disco bello y maravilloso, como aseguran los fans más acérrimos del grupo (además de Anderson, Wakeman y White) o apenas una engañifa para disimular la caída pronunciada (en términos artísticos y creativos) que empezaría a atravesar Yes de aquí en más (opinión avalada por varios críticos y ensayistas); la última palabra siempre la tendrán los oyentes. Todos y cada uno de los seres que quieran saber, alguna vez, que significaba eso de “ir por la unidad”…

(Bibliografía: Notas de Alfredo Rosso, R. Boissoneau; Revistas Pelo y Cantarock; y entrevistas a los músicos de Yes en el documental Yesyears, 1991) 

Investigación: Emiliano M. Acevedo