El
12 de noviembre de 1974, Queeneditó
su tercer disco, y el primero realmente legendario: Sheer Heart Attack, una producción que
retomaba las muy buenas ideas insinuadas por el grupo en Queen II, elevando aún más el
listón.
Así,
comenzaba la era dorada de uno de los grupos más grandes de la historia del rock, que tendría su punto culminante
con la edición del siguiente álbum A
Night in the Opera (1975). En lo que respecta a Sheer Heart Attack, tenía todo lo que había que tener para
convertirse en un disco histórico: por un lado, la típica impronta pretenciosa
de los primeros tiempos del grupo; así como la perfección rock - pop de sus siguientes
producciones.
Curiosamente,
la génesis del complejo proceso de grabación de esta obra fue casi una
consecuencia accidental de que Queen pudiera tomarse bastante tiempo
para grabar su nuevo disco, entre julio y septiembre de 1974 en cuatro estudios
diferentes de Inglaterra y Gales -tan sólo ocho meses después del lanzamiento
de Queen II- debido a que Brian
May había tenido hepatitis, y esto había obligado a la banda a cancelar
giras y conciertos por largo rato. De esta forma, tuvieron –por primera vez-
tiempo de sobra para concentrarse en la tarea de componer. Quizás, por tal
motivo el disco resultante fue el primer disco clásico de Queen, ya que
incluía su primer hit norteamericano “Killer Queen” –cuyo single también picó en punta
en los rankings de Inglaterra- y el exitoso rock, típicamente setentoso, "Now I'm Here", que (en
su "go, go, go, Little
Queenie...") contenía una mínima referencia y homenaje al clásico
"Little Queenie", de Chuck Berry.
Sin
dudas, era un álbum ecléctico, que representó un cambio con respecto a los dos
primeros discos del grupo, porque mostraba una homogeneidad mucho mayor que sus
predecesores, algo que quizás pueda atribuirse a la forma errática en la que
habían sido grabados aquellos.De hecho,
Sheer
Heart Attack es una obra más orientada hacia al pop que los dos álbumes
anteriores delgrupo, que tenían un
sonido más ampuloso, deudor del material más pesado de Led Zeppelin.
Por
otro lado, también contenía una icónica tapa hecha por Mick Rock, el fotógrafo de quien se decía que había sabido capturar
el espíritu glam del rock de los setenta, en especial en sus trabajos con David Bowie de modelo. Para conseguir
el estrambótico aspecto de los miembros del grupo que se ve en la imagen, les
untaron la piel con vaselina y luego los rociaron con agua.El resultado fue el esperado, ya que la tapa
de Sheer
Heart Attack es tan llamativa como memorable.
El tema inicial del álbum es “Brighton
Rock”, que enseguida se convirtió en uno de los habituales números en vivo de
la banda.De hecho, pronto se alargaría
su duración para incluir un solo de guitarra ampliado que Brian May tocaba justo en la mitad del repertorio previsto en cada
uno de los conciertos del grupo.Cuando el
resto de la banda abandonaba el escenario dejando solo a May con su guitarra Red Special, quien, con la ayuda de los múltiples
efectos de los pedales, más el juego de las parrillas de luces de la escenografía,
deslumbraba durante largo rato al público. Otro de los buenos temas de este
disco era "Stone Cold Crazy", un viejo rock de Freddie, de finales de los años sesenta, luego replanteado por Queen para su propio espectáculo.Increíblemente, –muchos años después- este potente
rock le haría ganar un Grammy a Metallica, en la categoría “mejor
cover”, luego de ser incluido en la colección Garage Inc.,de 1999.
Sin
embargo, este disco no contenía solo fuerte rock n' roll, ya que algunos de sus
mejores momentos estaban conformados por la inclusión de las baladas "Dear
Friends" y "Lily of the Valley”, éste último un tema cuya letra
contiene referencias al “mensajero de los siete mares” y al “rey de Rhye”; mientras que "Flick of the Wrist" o
el llamativo "Tenement Funster" (del baterista Roger Taylor) constituían otros dos ejemplos del lado más visceral
del grupo. "She Makes Me (Stormtrooper in Stilettoes)" parecía pop
casi progresivo y confirmaba que Brian May, además de ser un
excelente guitarrista, era muy buen compositor.
También
en este disco Queen se dio el lujo de incursionar en ritmos poco
frecuentados por otros grupos contemporáneos: sonidos caribeños en
"Misfire" (el primer tema compuesto por el bajista John Deacon para Queen) y resonancias nostálgicas
–y en clave de ragtime- en "Bring Back That Leroy Brown", en donde Brian May tocaba un ukelele-banjo.
Sheer
Heart Attack también incluía "In the Lap of the
Gods", un tema dividido en dos partes, claramente diferenciadas: La primera, muy alocada y con un comienzo sobrecogedor, en donde las armonías
vocales del grupo son aceleradas hasta el paroxismo, haciéndole reverencia a
las querencias progresivas, tan en boga por aquellos años. Este estilo luego
influenciaría el sonido de Utopia, la banda liderada por Todd
Rundgren, especialmente en la imaginería del Antiguo Egipto de Ra(1977),
el tercer álbum de este grupo norteamericano. Nada que ver con la segunda parte de
esta mini suite de Queen, en donde “In the Lap of the Gods… revisited” se
convertía en uno de los himnos clásicos del grupo, interpretado en varias épocas de
sus shows, y cantado al unísono por el coro masivo de su público, quienes con emoción
acompañaban al incomparable Freddie Mercury…
A pesar de que
esta no fue la primera visita de un grupo de rock internacional a nuestro país,
ya que en 1973 había pasado por estas costas Carlos Santana, con una de
sus mejores agrupaciones, actuando en el viejo Gasómetro de San Lorenzo, y
luego (durante 1980) Peter Frampton y los nuevísimos The Police
habían tocado en el Luna Park y en el Estadio de Obras respectivamente; ninguno
de estos shows tuvo la magnitud y trascendencia de lo que sería la visita a la
Argentina de Queen, en febrero de
1981, en el marco de una gira latinoamericana que cambió en forma definitiva
las reglas del negocio del rocken
la región.
El grupo inglés era
muy popular en la nuestro país y llegaba en su mejor momento, cerrando una
década en la que había brillado en el firmamento de las grandes bandas de rock
de los 70. Sin embargo, la dimensión alcanzada por este evento superó cualquier
tipo de expectativa. Se trató de un negocio fabuloso desde lo empresarial pero
además, más allá de las cifras recaudadas, también significó la apertura del
mercado argentino a los mega conciertos de rock internacional. A nivel de los
medios, en especial para el periodismo especializado en espectáculos y las
revistas vinculadas al mundo del rock, la experiencia fue por demás
significativa: "El sonido perfecto y la solvencia de los cuatro músicos
lograron un espectáculo que, sin vueltas, es lo más grande y esta palabra
abarca todos sus sentidos (y los míos) de lo que se ha visto en la Argentina en
materia musical.", dijo la periodista Gloria Guerrero en la revista Humor.
Claro que los más beneficiados fueron los integrantes de Queen; y su
público, que asistió a un recital único e irrepetible.
THEY WERE
THE CHAMPIONS
La grandiosa
organización de los shows internacionales, así como la utilización de elementos
de alta tecnología era casi impensada en un país como el nuestro, que recién
incursionaba, por ejemplo, en las transmisiones televisivas a color. Debido a
esto, hasta último momento, se puso en duda la visita de Queen. La
incógnita era si realmente se podría montar tamaño espectáculo en un estadio de
nuestro país. Sin embargo, los ingleses vinieron e hicieron real el sueño.
Pero, por supuesto, las cuestiones tecnológicas y organizativas no constituyen
la única lectura que se puede hacer, en la actualidad, de aquel histórico
evento. Hay que tener en cuenta también el contexto político de aquellos
tiempos, con una dictadura militar instalada desde hacía un lustro que no
propiciaba la visita de artistas extranjeros. La música de rockse difundía en forma muy
escasa aun, ya que las radios transmitían, casi como imposición, en su mayoría
temas en castellano de poca calidad (musicalmente vacíos y con letras de poco
contenido.) Todo en nombre de un absurdo nacionalismo mal entendido. Además,
muchas veces, los músicos extranjeros se manifestaban en contra de los sistemas
de gobierno autoritarios, como los que estaban instalados en los países
latinoamericanos. Incluso, el mismísimo Roger Taylor recordó, muchos
años después, que durante su visita a la Argentina habían conocido a un oficial
que se enorgullecía por haber “matado a unos cuantos”. Por todo esto, y
por el valor que tuvo el espectáculo en sí mismo, la gira de Queen en
1981, es recordada como un verdadero hito en la historia de la música en la
Argentina.
EL ARRIBO
La llegada del
grupo generó una verdadera conmoción. En el aeropuerto de Ezeiza fueron
recibidos por cientos de fervorosos admiradores que manifestaban devoción por
sus ídolos. En medio de la opresión de la dictadura, algunos medios
internacionales viajaron a Buenos Aires para cubrir este evento. Fue así que,
entremezclados con más de 30 periodistas (un número muy significativo para esa
época), los fanáticos agitaban pancartas y fotos de sus ídolos. "Supimos
que iba a ser muy excitante desde que aterrizamos. En el aeropuerto no pudimos
creer lo que escuchaban nuestros oídos. Estaban pasando nuestra música por los
altavoces", declaró Freddie Mercury a Nina Miskow, corresponsal
en Argentina del periódico inglés The Sun.
A continuación
del arribo de Queen, todos los periodistas fueron invitados al salón vip
del aeropuerto para asistir a la primera conferencia de prensa del grupo.
Luego, escoltados por sus ayudantes, los integrantes de la banda lograron
sortear el alboroto y las típicas escenas de histeria protagonizadas por los
fans en el hall central del aeropuerto, para refugiarse en los vehículos, los
que, en caravana, partieron hacia el Hotel Sheraton de Retiro. A propósito de
las curiosas formas de movilizar al grupo, Jorge Fregonese, quién fuera
coordinador de seguridad de Queen en su visita a la Argentina, comentó
(para Queen Concerts): “Cuando
estábamos saliendo del primer concierto en Vélez había tanta gente que podía
ser peligroso para la banda retirarse en sus autos (cuatro Ford Fairlane), por
lo que se me ocurrió la idea de vaciar una camioneta de la policía, que se
encontraba en el lugar, para protegernos de las masa, y nos metimos ahí con la
banda". El comentario de Freddie fue: “Amo esto, parecemos
putas llevadas a la cárcel después de ser levantadas por la policía”.
El empresario
que se encargó de organizar la visita de Queen fue Alfredo Capalbo,
quién además contrató como grupo telonero a una agrupación nueva, muy poco
conocida aún, pero que tendría un éxito masivo un par de años después: ZAS,
el grupo de Miguel Mateos.
PRIMER
CONCIERTO
El estadio de
Vélez, una de las sedes del Mundial ´78, volvió a vestirse de fiesta el 28 de
febrero del 81. Pero, en esta oportunidad, el gran acontecimiento no estuvo
ligado al fútbol sino a uno de los mejores shows del rockinternacional. Así, con puntualidad inglesa, a las
ocho de la noche, se encendieron las luces y comenzó el esperado concierto. El
sonido trascendía los límites de Liniers. Por medio de guías neumáticas subían
las enormes parrillas de luces. Queen estaba en escena y 54.000 almas no
podían dar crédito a lo que estaban viendo. El primer tema que interpretó el
grupo fue una versión frenética de "We Will Rock You", que hizo
estallar el delirio del público. Estruendos, bombas de humo, luces que seguían cada
movimiento escénico y danzaban sobre la audiencia. Afuera del estadio, sobre la
autopista, centenares de automovilistas detenían sus autos para escuchar las
dos horas de show.
Queen presentaba su último disco, The
Game, salpicándolo con sus hits, todos ellos contundentes:
“Keep Yourself Alive”, “Killer Queen”, “Somebody to Love”, "Fat Bottomed
Girls", "Bicycle Race", “Flash” y “Don´t Stop Me Now. “Let Me
Entertain You”, “Death On Two Legs”, “I`m In Love With My Car”, “Now I`m Here”,
“Sheer Heart Attack” y “Tie Your Mother Down”. Cuando
tocaron “Love of My Life”, el público cantó a la par de Freddie quien,
en un momento, se calló y con pasos de ballet dirigió a un coro de 54 mil
cantantes; mientras que Brian May, conmocionado, no atinaba a continuar
tocando su guitarra acústica de doce cuerdas. Promediando el concierto, se
vivió otro de los momentos más emocionantes cuando, entre el humo, los músicos
desaparecieron del escenario y se empezaron a escuchar, grabados, los coros
operísticos de "Bohemian Rhapsody". Luego, el público acompañó la
coda del tema con los encendedores, como ocurría en Europa. "Para
sorpresa del conjunto, la mayor parte del público acompañó todos los temas
cantándolos en inglés...", comentó el periodista Luis Mori.
Durante la mayor
parte del show, Mercury vistió una musculosa blanca de Superman, un
chaleco de vinilo negro y brillantes pantalones ajustados de cuero rojo, que
capturaban todas las miradas cuando, majestuoso, el cantante contorneaba con
audacia su cintura. Por ejemplo, en los bises (durante “Another Bites the
Dust”) el cantante se movía en forma desafiante y sensual, con una toalla en
los hombros, una gorra blanca y luciendo unos ajustados shorts. Como de
costumbre, Freddie inundaba el estadio con el esplendor de su voz, corriendo
de un lado al otro del escenario. Para disgusto de algunos, ya no lucía su
leonina cabellera glam de los 70, sino un corte varonil, así como un
frondoso bigote. "Los dientes afuera, la tanada que le sale por los
poros y ese aspecto espantoso de pelo corto y bigotes de muzzarella son,
curiosamente, el complemento ideal de un show tan sensual que nos hace olvidar
la belleza de su voz, y a una voz tan bestial que casi ni nos acordamos de sus
caderas." (Gloria Guerrero). Por su parte, Brian May mostró una
enorme sonrisa, aun fuera del escenario. Durante el show hizo cinco cambios de
vestuario. Tocó el piano en "Save Me", cantó con Mercury, y
logró erizar la piel de sus seguidores con un solo de guitarra en un set
solista brillante que demostró por qué muchos lo consideraban como el alma
musical del grupo. Mientras que por su lado, Roger Taylor sacudía su
impresionante batería, ubicada en el centro del escenario. A sus espaldas, un
enorme gong, dorado como un sol, enmarcaba al rubio baterista. El bajista John
Deacon había sido el último en subir al escenario. Sin embargo, su estilo no era extravagante. Ejecutaba el bajo con
sobriedad, precisión y una potencia cautivante.
UN TOUR
MAGICO QUE DIO QUE HABLAR
En total, Queen
ofreció cinco shows en la Argentina. Luego del debut en la cancha de Vélez,
el grupo volvió a presentarse en el Estadio José Amalfitani el 1ro de marzo
(52.000 espectadores). De Buenos Aires partieron a Mar del Plata, en donde
actuaron el 4 de marzo en el Estadio Municipal (actual Estadio Mundialista José
Minella) en un concierto al que concurrieron 30.000 personas. El penúltimo show
de la gira fue en Rosario, en la cancha de Rosario Central. El Gigante de
Arroyito, en aquel 6 de marzo, contó con un público de 34.000 asistentes. El
final de esta gira se daría nuevamente en Vélez Sarsfield, el 8 de marzo, en
donde Queen actuó para una audiencia de 58.000 personas.
Pero no fueron
sólo rosas lo que les arrojaron a los integrantes del grupo. Por ejemplo, esto
fue lo que escribió James Henke, cuando cubrió la presentación de Queen en
la Argentina para la Rolling Stone
yanqui (en la nota "Queen Holds Court in South America" de la RS
Nro. 345, editada el 11/06/81): “Aunque la química entre la banda y el
público es notable, la gente responde con una devoción tan absoluta que me da
la impresión de que si Freddie Mercury les dijera que se afeiten la
cabeza, lo harían. Musicalmente siguen sonando prosaicos, pero lo que les falta
de habilidad lo compensan ´al menos para los fans´ con escena. Para los
bises, repiten "We Will Rock You" y luego tocan "We Are the
Champions".Vistiendo ahora apenas unos shorts de cuero negro muy cortos y
una gorra de policía al tono, Mercury se mueve por el escenario
como un híbrido entre Robert Plant y Peter Allen, y en medio
del clímax patea un parlante para luego darle con el micrófono. Algo
bastante ridículo hoy en día, pero a los chicos les encanta.”
CRAZY LITTLE THING CALLED FREDDIE.
Además de los
asistentes personales, custodios y traductores, sobre el escenario había un
asistente para cada uno de los integrantes del grupo. Por supuesto, el más
ocupado, era el que se ocupaba del excéntrico Freddie. Ya que era el
encargado de alcanzarle el micrófono, cuando el vocalista se alejaba del piano,
y, luego de sus clásicas corridas, un vaso de agua con limón. María Macchia
recuerda, mientras exhibe con orgullo su entrada al show (una tarjeta negra a
la que le falta uno de los bordes): "Mi familia tenía un quiosco en
frente de la cancha de Vélez. Obviamente, todos en el club nos conocían. Por
eso, aunque yo saqué platea, estuve en la cabina de periodistas, en donde me
hicieron pasar como la sobrina de un empleado del club. En cuanto llegamos, uno
de los organizadores (por parte del club) le dijo a mi tío que, urgente,
consiguiera limón, para Freddie, ¡porque no tenían más! Para qué… ¡Nos fuimos
volando al quiosco! Nunca supimos si en verdad eran para él".
El vocalista
cantó sin remera "Crazy Little Thing Called Love”, toda una audacia para
la Argentina pacata de aquella época. No por nada La Tía Matilde escribía, en su columna en la revista Radiolandia 2000: “Qué raro que la
Municipalidad no le aplicó a Mercury el código de moralidad al realizar la
mayor parte del espectáculo en shorts y con el torso desnudo… ¡Hay de todo!”.
Por suerte, para la pobre Tía Matilde, Freddie no estuvo todo el tiempo
en cuero. En algún momento del show cubrió “su desnudez” con “los colores
patrios”, como recuerda Alberto Rodríguez, hoy un señor a punto de cumplir los
55 años: "Fui a los tres recitales en Vélez y vi a uno de los grupos
que hicieron historia dentro del rock. Inolvidable, Mercury con
la remera de Argentina (sic)...”
Al respecto del
tema de la camiseta y del hecho de que un juvenil Diego Armando Maradona
(recién transferido a Boca Juniors) fuera invitado a subir al escenario, el
diario Clarín (en una nota del 29 de
noviembre de l995) dijo que este hecho fue "el primer capítulo del
romance fútbol-rock, así como también que los artistas extranjeros subieran al
escenario con la camiseta de la selección". Luego, en ese mismo 1981,
Maradona también sería invitado a subir al escenario por Eddy Grant. La
mística ya estaba en marcha.
COLOFÓN
Mucho tiempo ha
transcurrido desde aquella venida de Queen a nuestro país y muchos de
estos recuerdos resultan hoy poco sorprendentes, pero nadie puede negar la
importancia de aquellos conciertos ofrecidos por la banda británica. Una gira
que, después de 35 años, aun es recordada por muchas personas como el hecho
musical más destacado que les tocó vivir en su juventud. Miles de pares de ojos
que registraron, en forma indeleble, en sus retinas aquel momento culminante
cuando Queen desapareció entre una humareda, mientras sonaban los
acordes finales de “God Save the Queen”, poniéndole punto final a un show
inolvidable.
Queen afrontó en 1975 una transformación
decisiva en numerosos aspectos, no solo estrictamente musicales. Esa
transformación no fue fruto de la improvisacion sino de un arduo trabajo y la
edición de tres álbumes previos que se fueron superando en calidad y
sofisticación musical. Por supuesto, el reto era enorme para una banda con solo
tres años de existencia a nivel discográfico, por lo que A Night at the
Opera
era mucho más que el siguiente álbum de Queen. Era, nada más y nada menos, que
la prueba definitiva de su grandeza y su capacidad para comenzar a reinar en el
panorama rockero internacional. Además, en este cuarto álbum del grupo, editado
en noviembre de 1975, se estrenó el nuevo logo del grupo, diseñado por Freddie
Mercury, en donde se fusionaban los símbolos de los signos del horóscopo de sus
integrantes.
Esto es mucho más que la historia de un
álbum, es la historia de una banda que supo utilizar con inteligencia todas sus
armas musicales para sacar el máximo provecho de sus recursos. Con A Night at the Opera, Queen terminaría
demostrando que los complicados arreglos barrocos, las voces cuidadosamente
trabajadas y las producciones espectaculares no tenían secretos para ellos, al
momento de hacer esta obra maestra que terminaría entrando en la historia.
LAS
CANCIONES:
“Death on Two Legs” es el derecho al
pataleo del vocalista Freddie Mercury en contra del ex
manager del grupo, Norman Sheffield, quien estuvo a cargo de Queen entre 1972 y 1975. Incluso
durante los shows de la banda, el cantante solía presentar el tema
dedicándoselo a “un hijo de puta que conocí”; comopara no dejar lugar a dudas…
"Lazing
on a Sunday Afternoon", también compuesto por Mercury, es un clásico tema de Queen que jocosamente suena parecido
a los viejos standards del music hall británico. Aquí, la voz de Freddie fue
registrada en el estudio y reproducida a través de unos parlantes que estaban
en un balde de lata. Así se volvió a grabar para generar ese sonido tipo
“megáfono”
“I´m in Love
with My Car” es una de las canciones más famosas que el baterista Roger Taylor compuso jamás para Queen. Sin embargo, en un comienzo casi fue
descartada, porque Brian May –luego de escuchar el demo- pensó que era,
simplemente, una broma de Taylor y no una canción en serio. Obviamente, el
batero se la dedicó a su auto, un Alfa Romeo, cuyo motor fue grabado en vivo
para hacer los efectos de sonidos que aparecen al final del tema... Sin embargo,
otras versiones dicen que fue compuesto pensando en el Triumph TR4 de Jonathan
Harris, uno de los plomos del grupo. Por eso en el disco se incluyó una leyenda
que dice que está dedicado al propio Harris, “un corredor hasta el fin”.
"You're
My Best Friend" fue el primer single de Queen escrito por el bajista John Deacon. Curiosamente, él compuso esta canción mientras estaba aprendiendo a
tocar el piano, y está dedicada a su esposa, Veronica Tetzlaff.
Por su
parte, la letra de “39” relata una triste historia de ciencia ficción acerca de
un grupo de exploradores del espacio que se embarcan en lo que, desde su
perspectiva, era un viaje de un año de duración. Sin embargo, cuando regresan
se dan cuenta de que han pasado 100 años, debido a la dilatación del tiempo,
que es el fenómeno predicho por la Teoría de la Relatividad, de Albert Einstein; por lo que descubren
que aquellos seres queridos, que dejaron al partir, ahora son muy viejos o están
muertos. En la versión de estudio de este tema canta su autor, el guitarrista Brian May, con Mercury y Taylor
haciendo coros. Sin embargo, durante las presentaciones en vivo de Queen,
Freddie era el que se hacía cargo de la voz principal.
Por su
parte, "Sweet Lady" es un rápido e inusual rock distorsionado en
donde funciona de maravilla el complejo entramado polirítmico diseñado por May: un ritmo de 3/4 que se vuelve 4/4
en la parte media de la canción. Por algo Roger
Taylor alguna vez declaró que esa fue la parte de batería más difícil que
le tocó grabar en toda su carrera.
"Seaside
Rendezvous", es un temita muy simpático parecido al jazz de los años 20, escrito
por Mercury, en donde éste y Taylor usan sus propias voces para
imitar el sonido de varios instrumentos de viento como el clarinete, tubas y
trompetas; utilizando, incluso, un kazoo.
Sin dudas, “The
Prophet's Song” es uno de los temas más complejos, no solo de este disco, sino
de toda la historia de Queen, además del más largo grabado por el grupo.
Compuesto por Brian May incluye una
sección de canon vocal en donde la voz de Mercury,
multi trackeada, juega con el sonido estéreo, mediante el delay, armonizando
con sí misma, mediante repeticiones continuas hasta llegar a un éxtasis sonoro
que desemboca en una de las mejores performances instrumentales de rock
progresivo que haya hecho jamás el grupo. Según May, la inspiración para el
tema le vino en medio de un sueño, que tuvo durante un periodo en el que estuvo
enfermo, acerca de una gran inundación, bastante parecida al diluvio universal
bíblico.
La clásica
balada "Love of My Life" fue escrita por Mercury a su novia (y posterior amiga de toda la vida) Mary Austin. Aquí, Freddie toca el
piano, desarrollando una encantadora performance –casi de tintes melódicos y clásicos-,
y May se luce en el arpa, la
guitarra acústica y la eléctrica. Una canción que fue siempre muy bien recibida
por el público en los shows del grupo, como, por ejemplo, cuando tocaron en
Argentina, en el verano de 1981, en donde miles de personas la corearon al unísono,
emocionando a los músicos.
"Good
Company" es un corto tema escrito y cantado por May, quien, además, se luce en el ukulele. No está mal, pero no
aporta demasiado.
Ahora bien,
¿qué se puede agregar de "Bohemian Rhapsody" que no se haya dicho ya?
Es el mejor y más famoso tema que haya grabado Queen en toda su carrera, y uno
de los más significantes de toda la historia del rock. Un exceso rapsódico de
lirismo y música compuesto por Mercury.
Sin dudas, la perfección hecha canción, con partes lentas, rápidas, coros operísticos,
en bloques musicales sucesivos de impecable factura. Una canción que funciona
como una excelente mixtura de todas las cualidades del grupo: un principio del
tema que recaía sobre Freddie y su piano, con la aportación del resto en la
parte central, para dar paso a una grabación que desarrollaba la parte operística,
entrando el grupo al completo en el desenlace de la canción, con mucha fuerza
rockera.
Después de semejante despliegue no quedaba
otra que cerrar el disco con otro himno: “God Save the Queen”, la canción
patria británica. Una versión rock e instrumental que se vincula,
inevitablemente, con la que había hecho Jimi
Hendrix del himno norteamericano en Woodstock. Una gran demostración
musical (y de principios) para finalizar el álbum –y todos los conciertos del
grupo, de ahí en más…
En resumen, A Nigth at the Opera marcaría una tendencia evidente hacia lo
pomposo y bombástico, que aumentaría la popularidad, el prestigio y los éxitos
de la banda, pero que terminaría por meterlos en un auténtico pozo sin fondo
del cual afortunadamente lograrían salir airosos con la edición posterior de
álbumes menos pretenciosos y más directos como News of the World, Jazz o, especialmente, The Game, cuando ya despuntaban los 80. Así, como esta
comercialidad aumentaría hasta extremos más radicales, esa vertiente más
barroca y compleja de mediados de los 70 seguiría apareciendo en discos
posteriores, pero ya no de forma exclusiva.