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miércoles, 26 de julio de 2017

QUEEN, Sheer Heart Attack: Cuando la Reina entró en las grandes ligas del rock...



El 12 de noviembre de 1974, Queen editó su tercer disco, y el primero realmente legendario: Sheer Heart Attack, una producción que retomaba las muy buenas ideas insinuadas por el grupo en Queen II, elevando aún más el listón.

Así, comenzaba la era dorada de uno de los grupos más grandes de la historia del rock, que tendría su punto culminante con la edición del siguiente álbum A Night in the Opera (1975). En lo que respecta a Sheer Heart Attack, tenía todo lo que había que tener para convertirse en un disco histórico: por un lado, la típica impronta pretenciosa de los primeros tiempos del grupo; así como la perfección rock - pop de sus siguientes producciones.

Curiosamente, la génesis del complejo proceso de grabación de esta obra fue casi una consecuencia accidental de que Queen pudiera tomarse bastante tiempo para grabar su nuevo disco, entre julio y septiembre de 1974 en cuatro estudios diferentes de Inglaterra y Gales -tan sólo ocho meses después del lanzamiento de Queen II- debido a que Brian May había tenido hepatitis, y esto había obligado a la banda a cancelar giras y conciertos por largo rato. De esta forma, tuvieron –por primera vez- tiempo de sobra para concentrarse en la tarea de componer. Quizás, por tal motivo el disco resultante fue el primer disco clásico de Queen, ya que incluía su primer hit norteamericano “Killer Queen” –cuyo single también picó en punta en los rankings de Inglaterra- y el exitoso rock, típicamente setentoso, "Now I'm Here", que (en su "go, go, go, Little Queenie...") contenía una mínima referencia y homenaje al clásico "Little Queenie", de Chuck Berry


Sin dudas, era un álbum ecléctico, que representó un cambio con respecto a los dos primeros discos del grupo, porque mostraba una homogeneidad mucho mayor que sus predecesores, algo que quizás pueda atribuirse a la forma errática en la que habían sido grabados aquellos. De hecho, Sheer Heart Attack es una obra más orientada hacia al pop que los dos álbumes anteriores del  grupo, que tenían un sonido más ampuloso, deudor del material más pesado de Led Zeppelin.

Por otro lado, también contenía una icónica tapa hecha por Mick Rock, el fotógrafo de quien se decía que había sabido capturar el espíritu glam del rock de los setenta, en especial en sus trabajos con David Bowie de modelo. Para conseguir el estrambótico aspecto de los miembros del grupo que se ve en la imagen, les untaron la piel con vaselina y luego los rociaron con agua.  El resultado fue el esperado, ya que la tapa de Sheer Heart Attack es tan llamativa como memorable.

El tema inicial del álbum  es “Brighton Rock”, que enseguida se convirtió en uno de los habituales números en vivo de la banda.  De hecho, pronto se alargaría su duración para incluir un solo de guitarra ampliado que Brian May tocaba justo en la mitad del repertorio previsto en cada uno de los conciertos del grupo.  Cuando el resto de la banda abandonaba el escenario dejando solo a May con su guitarra Red Special, quien, con la ayuda de los múltiples efectos de los pedales, más el juego de las parrillas de luces de la escenografía, deslumbraba durante largo rato al público. Otro de los buenos temas de este disco era "Stone Cold Crazy", un viejo rock de Freddie, de finales de los años sesenta, luego replanteado por Queen para su propio espectáculo.  Increíblemente, –muchos años después- este potente rock le haría ganar un Grammy a Metallica, en la categoría “mejor cover”, luego de ser incluido en la colección Garage Inc., de 1999.

Sin embargo, este disco no contenía solo fuerte rock n' roll, ya que algunos de sus mejores momentos estaban conformados por la inclusión de las baladas "Dear Friends" y "Lily of the Valley”, éste último un tema cuya letra contiene referencias al “mensajero de los siete mares” y al “rey de Rhye”;  mientras que "Flick of the Wrist" o el llamativo "Tenement Funster" (del baterista Roger Taylor) constituían otros dos ejemplos del lado más visceral del grupo. "She Makes Me (Stormtrooper in Stilettoes)" parecía pop casi progresivo y confirmaba que Brian May, además de ser un excelente guitarrista, era muy buen compositor.

También en este disco Queen se dio el lujo de incursionar en ritmos poco frecuentados por otros grupos contemporáneos: sonidos caribeños en "Misfire" (el primer tema compuesto por el bajista John Deacon para Queen) y resonancias nostálgicas –y en clave de ragtime- en "Bring Back That Leroy Brown", en donde Brian May tocaba un ukelele-banjo. 


Sheer Heart Attack también incluía "In the Lap of the Gods", un tema dividido en dos partes, claramente diferenciadas: La primera, muy alocada y con un comienzo sobrecogedor, en donde las armonías vocales del grupo son aceleradas hasta el paroxismo, haciéndole reverencia a las querencias progresivas, tan en boga por aquellos años. Este estilo luego influenciaría el sonido de Utopia, la banda liderada por Todd Rundgren, especialmente en la imaginería del Antiguo Egipto de Ra (1977), el tercer álbum de este grupo norteamericano. Nada que ver con la segunda parte de esta mini suite de Queen, en donde “In the Lap of the Gods… revisited” se convertía en uno de los himnos clásicos del grupo, interpretado en varias épocas de sus shows, y cantado al unísono por el coro masivo de su público, quienes con emoción acompañaban al incomparable Freddie Mercury

Nacho Melgarejo


martes, 23 de febrero de 2016

QUEEN en Argentina: A 35 años de una visita inolvidable...



A pesar de que esta no fue la primera visita de un grupo de rock internacional a nuestro país, ya que en 1973 había pasado por estas costas Carlos Santana, con una de sus mejores agrupaciones, actuando en el viejo Gasómetro de San Lorenzo, y luego (durante 1980) Peter Frampton y los nuevísimos The Police habían tocado en el Luna Park y en el Estadio de Obras respectivamente; ninguno de estos shows tuvo la magnitud y trascendencia de lo que sería la visita a la Argentina de Queen, en febrero de 1981, en el marco de una gira latinoamericana que cambió en forma definitiva las reglas del negocio del rock en la región.

El grupo inglés era muy popular en la nuestro país y llegaba en su mejor momento, cerrando una década en la que había brillado en el firmamento de las grandes bandas de rock de los 70. Sin embargo, la dimensión alcanzada por este evento superó cualquier tipo de expectativa. Se trató de un negocio fabuloso desde lo empresarial pero además, más allá de las cifras recaudadas, también significó la apertura del mercado argentino a los mega conciertos de rock internacional. A nivel de los medios, en especial para el periodismo especializado en espectáculos y las revistas vinculadas al mundo del rock, la experiencia fue por demás significativa: "El sonido perfecto y la solvencia de los cuatro músicos lograron un espectáculo que, sin vueltas, es lo más grande y esta palabra abarca todos sus sentidos (y los míos) de lo que se ha visto en la Argentina en materia musical.", dijo la periodista Gloria Guerrero en la revista Humor. Claro que los más beneficiados fueron los integrantes de Queen; y su público, que asistió a un recital único e irrepetible.

THEY WERE THE CHAMPIONS
La grandiosa organización de los shows internacionales, así como la utilización de elementos de alta tecnología era casi impensada en un país como el nuestro, que recién incursionaba, por ejemplo, en las transmisiones televisivas a color. Debido a esto, hasta último momento, se puso en duda la visita de Queen. La incógnita era si realmente se podría montar tamaño espectáculo en un estadio de nuestro país. Sin embargo, los ingleses vinieron e hicieron real el sueño. Pero, por supuesto, las cuestiones tecnológicas y organizativas no constituyen la única lectura que se puede hacer, en la actualidad, de aquel histórico evento. Hay que tener en cuenta también el contexto político de aquellos tiempos, con una dictadura militar instalada desde hacía un lustro que no propiciaba la visita de artistas extranjeros. La música de rock se difundía en forma muy escasa aun, ya que las radios transmitían, casi como imposición, en su mayoría temas en castellano de poca calidad (musicalmente vacíos y con letras de poco contenido.) Todo en nombre de un absurdo nacionalismo mal entendido. Además, muchas veces, los músicos extranjeros se manifestaban en contra de los sistemas de gobierno autoritarios, como los que estaban instalados en los países latinoamericanos. Incluso, el mismísimo Roger Taylor recordó, muchos años después, que durante su visita a la Argentina habían conocido a un oficial que se enorgullecía por haber “matado a unos cuantos”. Por todo esto, y por el valor que tuvo el espectáculo en sí mismo, la gira de Queen en 1981, es recordada como un verdadero hito en la historia de la música en la Argentina.

EL ARRIBO
La llegada del grupo generó una verdadera conmoción. En el aeropuerto de Ezeiza fueron recibidos por cientos de fervorosos admiradores que manifestaban devoción por sus ídolos. En medio de la opresión de la dictadura, algunos medios internacionales viajaron a Buenos Aires para cubrir este evento. Fue así que, entremezclados con más de 30 periodistas (un número muy significativo para esa época), los fanáticos agitaban pancartas y fotos de sus ídolos. "Supimos que iba a ser muy excitante desde que aterrizamos. En el aeropuerto no pudimos creer lo que escuchaban nuestros oídos. Estaban pasando nuestra música por los altavoces", declaró Freddie Mercury a Nina Miskow, corresponsal en Argentina del periódico inglés The Sun


A continuación del arribo de Queen, todos los periodistas fueron invitados al salón vip del aeropuerto para asistir a la primera conferencia de prensa del grupo. Luego, escoltados por sus ayudantes, los integrantes de la banda lograron sortear el alboroto y las típicas escenas de histeria protagonizadas por los fans en el hall central del aeropuerto, para refugiarse en los vehículos, los que, en caravana, partieron hacia el Hotel Sheraton de Retiro. A propósito de las curiosas formas de movilizar al grupo, Jorge Fregonese, quién fuera coordinador de seguridad de Queen en su visita a la Argentina, comentó (para Queen Concerts): “Cuando estábamos saliendo del primer concierto en Vélez había tanta gente que podía ser peligroso para la banda retirarse en sus autos (cuatro Ford Fairlane), por lo que se me ocurrió la idea de vaciar una camioneta de la policía, que se encontraba en el lugar, para protegernos de las masa, y nos metimos ahí con la banda". El comentario de Freddie fue: “Amo esto, parecemos putas llevadas a la cárcel después de ser levantadas por la policía”.


El empresario que se encargó de organizar la visita de Queen fue Alfredo Capalbo, quién además contrató como grupo telonero a una agrupación nueva, muy poco conocida aún, pero que tendría un éxito masivo un par de años después: ZAS, el grupo de Miguel Mateos.

PRIMER CONCIERTO
El estadio de Vélez, una de las sedes del Mundial ´78, volvió a vestirse de fiesta el 28 de febrero del 81. Pero, en esta oportunidad, el gran acontecimiento no estuvo ligado al fútbol sino a uno de los mejores shows del rock internacional. Así, con puntualidad inglesa, a las ocho de la noche, se encendieron las luces y comenzó el esperado concierto. El sonido trascendía los límites de Liniers. Por medio de guías neumáticas subían las enormes parrillas de luces. Queen estaba en escena y 54.000 almas no podían dar crédito a lo que estaban viendo. El primer tema que interpretó el grupo fue una versión frenética de "We Will Rock You", que hizo estallar el delirio del público. Estruendos, bombas de humo, luces que seguían cada movimiento escénico y danzaban sobre la audiencia. Afuera del estadio, sobre la autopista, centenares de automovilistas detenían sus autos para escuchar las dos horas de show.


Queen presentaba su último disco, The Game, salpicándolo con sus hits, todos ellos contundentes: “Keep Yourself Alive”, “Killer Queen”, “Somebody to Love”, "Fat Bottomed Girls", "Bicycle Race", “Flash” y “Don´t Stop Me Now. “Let Me Entertain You”, “Death On Two Legs”, “I`m In Love With My Car”, “Now I`m Here”, “Sheer Heart Attack” y “Tie Your Mother Down”. Cuando tocaron “Love of My Life”, el público cantó a la par de Freddie quien, en un momento, se calló y con pasos de ballet dirigió a un coro de 54 mil cantantes; mientras que Brian May, conmocionado, no atinaba a continuar tocando su guitarra acústica de doce cuerdas. Promediando el concierto, se vivió otro de los momentos más emocionantes cuando, entre el humo, los músicos desaparecieron del escenario y se empezaron a escuchar, grabados, los coros operísticos de "Bohemian Rhapsody". Luego, el público acompañó la coda del tema con los encendedores, como ocurría en Europa. "Para sorpresa del conjunto, la mayor parte del público acompañó todos los temas cantándolos en inglés...", comentó el periodista Luis Mori.


Durante la mayor parte del show, Mercury vistió una musculosa blanca de Superman, un chaleco de vinilo negro y brillantes pantalones ajustados de cuero rojo, que capturaban todas las miradas cuando, majestuoso, el cantante contorneaba con audacia su cintura. Por ejemplo, en los bises (durante “Another Bites the Dust”) el cantante se movía en forma desafiante y sensual, con una toalla en los hombros, una gorra blanca y luciendo unos ajustados shorts. Como de costumbre, Freddie inundaba el estadio con el esplendor de su voz, corriendo de un lado al otro del escenario. Para disgusto de algunos, ya no lucía su leonina cabellera glam de los 70, sino un corte varonil, así como un frondoso bigote. "Los dientes afuera, la tanada que le sale por los poros y ese aspecto espantoso de pelo corto y bigotes de muzzarella son, curiosamente, el complemento ideal de un show tan sensual que nos hace olvidar la belleza de su voz, y a una voz tan bestial que casi ni nos acordamos de sus caderas." (Gloria Guerrero). Por su parte, Brian May mostró una enorme sonrisa, aun fuera del escenario. Durante el show hizo cinco cambios de vestuario. Tocó el piano en "Save Me", cantó con Mercury, y logró erizar la piel de sus seguidores con un solo de guitarra en un set solista brillante que demostró por qué muchos lo consideraban como el alma musical del grupo. Mientras que por su lado, Roger Taylor sacudía su impresionante batería, ubicada en el centro del escenario. A sus espaldas, un enorme gong, dorado como un sol, enmarcaba al rubio baterista. El bajista John Deacon había sido el último en subir al escenario. Sin embargo, su estilo no era extravagante. Ejecutaba el bajo con sobriedad, precisión y una potencia cautivante.

UN TOUR MAGICO QUE DIO QUE HABLAR
En total, Queen ofreció cinco shows en la Argentina. Luego del debut en la cancha de Vélez, el grupo volvió a presentarse en el Estadio José Amalfitani el 1ro de marzo (52.000 espectadores). De Buenos Aires partieron a Mar del Plata, en donde actuaron el 4 de marzo en el Estadio Municipal (actual Estadio Mundialista José Minella) en un concierto al que concurrieron 30.000 personas. El penúltimo show de la gira fue en Rosario, en la cancha de Rosario Central. El Gigante de Arroyito, en aquel 6 de marzo, contó con un público de 34.000 asistentes. El final de esta gira se daría nuevamente en Vélez Sarsfield, el 8 de marzo, en donde Queen actuó para una audiencia de 58.000 personas. 


Pero no fueron sólo rosas lo que les arrojaron a los integrantes del grupo. Por ejemplo, esto fue lo que escribió James Henke, cuando cubrió la presentación de Queen en la Argentina para la Rolling Stone yanqui (en la nota "Queen Holds Court in South America" de la RS Nro. 345, editada el 11/06/81): “Aunque la química entre la banda y el público es notable, la gente responde con una devoción tan absoluta que me da la impresión de que si Freddie Mercury les dijera que se afeiten la cabeza, lo harían. Musicalmente siguen sonando prosaicos, pero lo que les falta de habilidad lo compensan ´al menos para los fans´ con escena. Para los bises, repiten "We Will Rock You" y luego tocan "We Are the Champions".Vistiendo ahora apenas unos shorts de cuero negro muy cortos y una gorra de policía al tono, Mercury se mueve por el escenario como un híbrido entre Robert Plant y Peter Allen, y en medio del clímax patea un parlante para luego darle con el micrófono. Algo bastante ridículo hoy en día, pero a los chicos les encanta.”

CRAZY LITTLE THING CALLED FREDDIE.
Además de los asistentes personales, custodios y traductores, sobre el escenario había un asistente para cada uno de los integrantes del grupo. Por supuesto, el más ocupado, era el que se ocupaba del excéntrico Freddie. Ya que era el encargado de alcanzarle el micrófono, cuando el vocalista se alejaba del piano, y, luego de sus clásicas corridas, un vaso de agua con limón. María Macchia recuerda, mientras exhibe con orgullo su entrada al show (una tarjeta negra a la que le falta uno de los bordes): "Mi familia tenía un quiosco en frente de la cancha de Vélez. Obviamente, todos en el club nos conocían. Por eso, aunque yo saqué platea, estuve en la cabina de periodistas, en donde me hicieron pasar como la sobrina de un empleado del club. En cuanto llegamos, uno de los organizadores (por parte del club) le dijo a mi tío que, urgente, consiguiera limón, para Freddie, ¡porque no tenían más! Para qué… ¡Nos fuimos volando al quiosco! Nunca supimos si en verdad eran para él".

El vocalista cantó sin remera "Crazy Little Thing Called Love”, toda una audacia para la Argentina pacata de aquella época. No por nada La Tía Matilde escribía, en su columna en la revista Radiolandia 2000: “Qué raro que la Municipalidad no le aplicó a Mercury el código de moralidad al realizar la mayor parte del espectáculo en shorts y con el torso desnudo… ¡Hay de todo!”. Por suerte, para la pobre Tía Matilde, Freddie no estuvo todo el tiempo en cuero. En algún momento del show cubrió “su desnudez” con “los colores patrios”, como recuerda Alberto Rodríguez, hoy un señor a punto de cumplir los 55 años: "Fui a los tres recitales en Vélez y vi a uno de los grupos que hicieron historia dentro del rock. Inolvidable, Mercury con la remera de Argentina (sic)...”

Al respecto del tema de la camiseta y del hecho de que un juvenil Diego Armando Maradona (recién transferido a Boca Juniors) fuera invitado a subir al escenario, el diario Clarín (en una nota del 29 de noviembre de l995) dijo que este hecho fue "el primer capítulo del romance fútbol-rock, así como también que los artistas extranjeros subieran al escenario con la camiseta de la selección". Luego, en ese mismo 1981, Maradona también sería invitado a subir al escenario por Eddy Grant. La mística ya estaba en marcha.


COLOFÓN
Mucho tiempo ha transcurrido desde aquella venida de Queen a nuestro país y muchos de estos recuerdos resultan hoy poco sorprendentes, pero nadie puede negar la importancia de aquellos conciertos ofrecidos por la banda británica. Una gira que, después de 35 años, aun es recordada por muchas personas como el hecho musical más destacado que les tocó vivir en su juventud. Miles de pares de ojos que registraron, en forma indeleble, en sus retinas aquel momento culminante cuando Queen desapareció entre una humareda, mientras sonaban los acordes finales de “God Save the Queen”, poniéndole punto final a un show inolvidable.

Elena Rodríguez



martes, 24 de noviembre de 2015

QUEEN: A 40 años de A Night at the Opera, su obra maestra...



Queen afrontó en 1975 una transformación decisiva en numerosos aspectos, no solo estrictamente musicales. Esa transformación no fue fruto de la improvisacion sino de un arduo trabajo y la edición de tres álbumes previos que se fueron superando en calidad y sofisticación musical. Por supuesto, el reto era enorme para una banda con solo tres años de existencia a nivel discográfico, por lo que A Night at the Opera era mucho más que el siguiente álbum de Queen. Era, nada más y nada menos, que la prueba definitiva de su grandeza y su capacidad para comenzar a reinar en el panorama rockero internacional. Además, en este cuarto álbum del grupo, editado en noviembre de 1975, se estrenó el nuevo logo del grupo, diseñado por Freddie Mercury, en donde se fusionaban los símbolos de los signos del horóscopo de sus integrantes.

Esto es mucho más que la historia de un álbum, es la historia de una banda que supo utilizar con inteligencia todas sus armas musicales para sacar el máximo provecho de sus recursos. Con A Night at the Opera, Queen terminaría demostrando que los complicados arreglos barrocos, las voces cuidadosamente trabajadas y las producciones espectaculares no tenían secretos para ellos, al momento de hacer esta obra maestra que terminaría entrando en la historia.

LAS CANCIONES:

“Death on Two Legs” es el derecho al pataleo del vocalista Freddie Mercury en contra del ex manager del grupo, Norman Sheffield, quien estuvo a cargo de Queen entre 1972 y 1975. Incluso durante los shows de la banda, el cantante solía presentar el tema dedicándoselo a “un hijo de puta que conocí”; como  para no dejar lugar a dudas…

"Lazing on a Sunday Afternoon", también compuesto por Mercury, es un clásico tema de Queen que jocosamente suena parecido a los viejos standards del music hall británico. Aquí, la voz de Freddie fue registrada en el estudio y reproducida a través de unos parlantes que estaban en un balde de lata. Así se volvió a grabar para generar ese sonido tipo “megáfono”

“I´m in Love with My Car” es una de las canciones más famosas que el baterista Roger Taylor compuso jamás para Queen. Sin embargo, en un comienzo casi fue descartada, porque Brian May –luego de escuchar el demo- pensó que era, simplemente, una broma de Taylor y no una canción en serio. Obviamente, el batero se la dedicó a su auto, un Alfa Romeo, cuyo motor fue grabado en vivo para hacer los efectos de sonidos que aparecen al final del tema... Sin embargo, otras versiones dicen que fue compuesto pensando en el Triumph TR4 de Jonathan Harris, uno de los plomos del grupo. Por eso en el disco se incluyó una leyenda que dice que está dedicado al propio Harris, “un corredor hasta el fin”.

"You're My Best Friend" fue el primer single de Queen escrito por el bajista John Deacon. Curiosamente, él compuso esta canción mientras estaba aprendiendo a tocar el piano, y está dedicada a su esposa, Veronica Tetzlaff.

Por su parte, la letra de “39” relata una triste historia de ciencia ficción acerca de un grupo de exploradores del espacio que se embarcan en lo que, desde su perspectiva, era un viaje de un año de duración. Sin embargo, cuando regresan se dan cuenta de que han pasado 100 años, debido a la dilatación del tiempo, que es el fenómeno predicho por la Teoría de la Relatividad, de Albert Einstein; por lo que descubren que aquellos seres queridos, que dejaron al partir, ahora son muy viejos o están muertos. En la versión de estudio de este tema canta su autor, el guitarrista Brian May, con Mercury y Taylor haciendo coros. Sin embargo, durante las presentaciones en vivo de Queen, Freddie era el que se hacía cargo de la voz principal.

Por su parte, "Sweet Lady" es un rápido e inusual rock distorsionado en donde funciona de maravilla el complejo entramado polirítmico diseñado por May: un ritmo de 3/4 que se vuelve 4/4 en la parte media de la canción. Por algo Roger Taylor alguna vez declaró que esa fue la parte de batería más difícil que le tocó grabar en toda su carrera. 

"Seaside Rendezvous", es un temita muy simpático parecido al jazz de los años 20, escrito por Mercury, en donde éste y Taylor usan sus propias voces para imitar el sonido de varios instrumentos de viento como el clarinete, tubas y trompetas; utilizando, incluso, un kazoo.

Sin dudas, “The Prophet's Song” es uno de los temas más complejos, no solo de este disco, sino de toda la historia de Queen, además del más largo grabado por el grupo. Compuesto por Brian May incluye una sección de canon vocal en donde la voz de Mercury, multi trackeada, juega con el sonido estéreo, mediante el delay, armonizando con sí misma, mediante repeticiones continuas hasta llegar a un éxtasis sonoro que desemboca en una de las mejores performances instrumentales de rock progresivo que haya hecho jamás el grupo. Según May, la inspiración para el tema le vino en medio de un sueño, que tuvo durante un periodo en el que estuvo enfermo, acerca de una gran inundación, bastante parecida al diluvio universal bíblico.

La clásica balada "Love of My Life" fue escrita por Mercury a su novia (y posterior amiga de toda la vida) Mary Austin. Aquí, Freddie toca el piano, desarrollando una encantadora performance –casi de tintes melódicos y clásicos-, y May se luce en el arpa, la guitarra acústica y la eléctrica. Una canción que fue siempre muy bien recibida por el público en los shows del grupo, como, por ejemplo, cuando tocaron en Argentina, en el verano de 1981, en donde miles de personas la corearon al unísono, emocionando a los músicos.

"Good Company" es un corto tema escrito y cantado por May, quien, además, se luce en el ukulele. No está mal, pero no aporta demasiado.

Ahora bien, ¿qué se puede agregar de "Bohemian Rhapsody" que no se haya dicho ya? Es el mejor y más famoso tema que haya grabado Queen en toda su carrera, y uno de los más significantes de toda la historia del rock. Un exceso rapsódico de lirismo y música compuesto por Mercury. Sin dudas, la perfección hecha canción, con partes lentas, rápidas, coros operísticos, en bloques musicales sucesivos de impecable factura. Una canción que funciona como una excelente mixtura de todas las cualidades del grupo: un principio del tema que recaía sobre Freddie y su piano, con la aportación del resto en la parte central, para dar paso a una grabación que desarrollaba la parte operística, entrando el grupo al completo en el desenlace de la canción, con mucha fuerza rockera. 

Después de semejante despliegue no quedaba otra que cerrar el disco con otro himno: “God Save the Queen”, la canción patria británica. Una versión rock e instrumental que se vincula, inevitablemente, con la que había hecho Jimi Hendrix del himno norteamericano en Woodstock. Una gran demostración musical (y de principios) para finalizar el álbum –y todos los conciertos del grupo, de ahí en más…

En resumen, A Nigth at the Opera marcaría una tendencia evidente hacia lo pomposo y bombástico, que aumentaría la popularidad, el prestigio y los éxitos de la banda, pero que terminaría por meterlos en un auténtico pozo sin fondo del cual afortunadamente lograrían salir airosos con la edición posterior de álbumes menos pretenciosos y más directos como News of the World, Jazz o, especialmente, The Game, cuando ya despuntaban los 80. Así, como esta comercialidad aumentaría hasta extremos más radicales, esa vertiente más barroca y compleja de mediados de los 70 seguiría apareciendo en discos posteriores, pero ya no de forma exclusiva.

E. A.