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domingo, 19 de octubre de 2025

ARIEL MINIMAL: "De Buenos Aires es un Moby Dick de canciones..."

 

De Buenos Aires es el nuevo álbum de Pez, el número 22 en estudio de la banda liderada desde hace casi 32 años por el guitarrista y cantautor Ariel Minimal. El sucesor del formidable Ion (2023) contiene siete canciones, algunas de ellas ya conocidas, como “Para las almas sensibles”, el clásico en vivo del grupo desde hace veinte años, ahora sí en su versión de estudio, y la particular carta de despedida llamada “Adiós mundo cruel”. Estos dos temas, junto a cuatro más, forman parte del lado B del vinilo. 

Pero lo llamativo, en esta época de fugacidad virtual, es el tema homónimo que abre el disco, cuya duración es de casi 20 minutos y abarca todo el lado A. Un soberbio “Moby Dick de canciones” (Minimal dixit), una rapsodia ciudadana que nos prepara para una escucha más atenta. Casi una mini ópera rock dedicada a la Reina del Plata. “De Buenos Aires” está dividida en ocho secciones, que se abren con una secuencia rítmica de un hi-hat altamente filtrado que da paso a una pieza instrumentalmente espectacular, súper progresiva, como hacía rato que Pez no realizaba. En sintonía con aquellos temas largos (suites) del rock sinfónico de los años 70, con sintetizadores y pianos eléctricos a cargo del excelso Pepo Limeres, cuyo regreso al grupo revitaliza altamente la paleta sonora de Pez. Sin dudas, un temazo que describe la ciudad y los personajes que la habitan, la nostalgia, las sensaciones que trasmiten los aromas y la experiencia vital de andar por las calles porteñas. Un tema con tiempos irregulares y métricas tangueras, que se apoyan en la participación de grandes músicos invitados como Pablo Puntoriero (viejo integrante de Pez, en saxofón) y Manu Barrios (de La Fernández Fierro, en bandoneón). 

El arte de tapa (un Obelisco de donde sale un enigmático humo rojo de la ventana cercana a la cúspide) vuelve a caer en manos de Alejandro Leonelli, viejo colaborador de la banda, quien posee un enfoque minimalista. En el mismo sentido, se publicó en YouTube un videoclip de "De Buenos Aires" que acompaña el lanzamiento del álbum, dirigido por Ezequiel Muñoz, con imágenes subjetivas en blanco y negro de la ciudad, sus calles, sus barrios y su gente. 

La formación de Pez se completa con Franco Salvador en batería, percusión y coros; Fósforo García en bajo y coros, y Hernán Espejo en guitarra. De Buenos Aires fue grabado, mezclado y masterizado entre enero de 2024 y mayo de 2025 por Mauro Taranto y será presentado en vivo el próximo viernes 7 de noviembre en Niceto Club.

Para saber más acerca de la grabación y composición de los temas que lo integran charlamos con Ariel Minimal.

ENTREVISTA> ¿Cómo cranearon el disco? ¿Cuánto tiempo llevó componerlo y grabarlo?

El lado B del disco se fue grabando a lo largo del año 2024 en tres sesiones diferentes en los estudios Santa Marta y La cocina de Beti en la  ciudad de Buenos Aires por nuestro técnico de siempre, Mauro Taranto. Y en mayo de este año grabamos la canción “De Buenos Aires” que ocupa el lado A del disco.

¿Cuál es la historia detrás de esta idea de grabar un tema de casi veinte minutos?

La canción de casi veinte minutos que ocupa todo el lado A y le da nombre al disco puede funcionar como una síntesis de todo lo hecho por la banda en más de treinta años. Rock progresivo, tango, canción y rabiosa poesía ciudadana. La banda de sonido ideal para una Buenos Aires que está fuera del tiempo.

Como los viejos álbumes conceptuales de los setenta…

No sé si todo el disco tiene un concepto detrás... Así es la canción que le da nombre al disco, que es una especie de oda a la ciudad en la que vivimos. “De Buenos Aires” es un aglomerado de pequeñas canciones que unen sus encantos para darle forma a algo más grande y abarcativo. Es una especie de viaje circular musical en donde el final se abraza con el comienzo.

Escuchándola, “De Buenos Aires”, con sus giros tangueros, me recuerda el viejo material de Alas o del Spinetta de los 70…

No. No nos influenciaron en lo más mínimo. Yo creo que a esta altura la mayor influencia de Pez es simplemente Pez, nuestra propia historia. Me parece que hay más tango en el repertorio de Pez del que hubo en el repertorio de Spinetta. Alas no conozco, disculpas.

¿Cómo se hizo el video del tema?

Lo hizo Ezequiel Muñoz, videasta y fotógrafo amigo de la banda desde tiempos inmemorables. Él salió con su teléfono a registrar la ciudad en riguroso blanco y negro. El centro y los barrios. La ciudad y su gente.

¿Cómo cambió el sonido del grupo con la reincorporación de Pepo?

Se enriqueció. Pepo es un improvisador nato y se mezcla bien con el resto de la banda. El sonido del piano eléctrico Rhodes es a esta altura un condimento esperado en la receta del audio de Pez.

¿Cómo se les ocurrió hacer una nueva versión de “Para las almas sensibles"?

Esa canción nunca la habíamos grabado en estudio y sin embargo está presente en casi todos los shows de la banda desde hace veinte años, nos pareció un buen momento para grabarla y quedó muy bien.

¿De dónde viene la inspiración para componer “Del Festival de la vergüenza ajena”?

De la soledad que yace detrás de los falsos encuentros que promueven las redes sociales que, lejos de socializarnos, sólo nos enredan.

“No somos hormigas bajo la lupa de un nene malo” empieza funkero pero se va desarrollando hacía otros caminos musicales. ¿Cómo lo escribieron?

No sabemos tocar ritmos funk, nuestro swing es medio polaco... Por ahí me hace acordar a ciertas rítmicas del Crimson de los 80, pero no tan bien tocado, obvio.

“Adiós mundo cruel” es más pop, pero muy bien desarrollado. ¿De dónde viene esa idea de hacer una letra desesperada con música alegre?

Eso es algo que hicieron muy bien The Smiths, ¿no? De todos modos, nadie que dice que se "va a suicidar" en una canción termina suicidándose. Si tengo que señalar unan influencia para el sonido y la composición de esta canción puedo mencionar a Squeeze, con quienes me obsesioné durante el comienzo del año pasado.

“Todo es un delirio” es un espejo de la realidad socio política argentina. ¿Cómo ven la situación cultural y de los grupos de rock en medio de la crisis actual?

Pasarla para la mierda siempre fue un buen caldo de cultivo para el rocanrol. Ninguna banda grosa salió de un barrio cerrado en un country.

“Pude haber dicho que no” cita la vieja frase “elige tu propia aventura” que es una toma de posición muy clara ante la vida, y se linkea con otros temas de Pez. ¿Cómo es haber elegido seguir la autogestión en medio de un panorama de la música cada vez más vinculada a los negocios empresariales?

Te lo defino con una sola palabra: Duro.

¿Cuáles son los proyectos más inmediatos del grupo?

Concretamente, los nueve conciertos que tenemos de acá a fin de año. Veremos cómo sigue todo el año que viene.

Emiliano Acevedo

 


lunes, 29 de septiembre de 2025

DE BUENOS AIRES, la nueva obra maestra de Pez




¡Pez lo hizo de nuevo! Con cada lanzamiento logran lo que parecía imposible, un nuevo giro estilístico, una mutación, ¡su mejor disco otra vez! Y eso es lo que es De Buenos Aires, el vigésimo segundo álbum de estudio de la banda liderada por Ariel Minimal desde hace casi 32 años. Ya la sorpresa es mayúscula con el Lado 1 del vinilo que incluye un solo tema de 19 minutos y 30 segundos llamado “De Buenos Aires”, una suite a la vieja usanza de los clásicos grupos del rock progresivo de los setenta. Y este temazo que habla de la ciudad y su gente funciona como un buen compendio de la historia musical de la banda. Un grupo que ahora está formado por el propio Minimal (voz, guitarras, coros), Fósforo García (bajo y coros), Franco Salvador (batería, percusión y coros), Hernán Espejo (guitarra) y la sustanciosa reincorporación de Pepo Limeres (piano eléctrico y teclados), quien no tocaba con Pez desde hace doce años y vuelve a inyectar su impresionante despliegue sónico a la banda. 

“De Buenos Aires” se divide en varias secciones: “La calle que nunca duerme”, “El perfume de una posibilidad”, “Una canción distinta”, “En la estación del tren”, "Hola señor, ¿cómo está?", “Majestad”, “Una frecuencia que no se puede escuchar” yEpílogo”, que atraviesan varios cambios estilísticos, además de contar con dos músicos excelsos invitados: Manu Barrios (de La Fernández Fierro, en bandoneón) y Pablo Puntoriero (ex integrante de Pez, en saxo tenor y flauta traversa). Imagínense, en esta época de TikTok, en la que todo dura diez segundos, escuchar un tema de casi veinte minutos es todo un viaje. Un barrio de canciones que se va moviendo, va cambiando todo el tiempo, en donde nunca dejan de pasar cosas. Según dijo Ariel: “El tema se laburó dos o tres meses en la sala de ensayo y se grabó en dos días. Primero se laburaron las partes separadas de la canción y después como se iban a unir.” Y es que las posibilidades tímbricas de Pez como quinteto son interminables, puede pasar de la psicodelia al tango, con una música mucho más colorida, muy porteña y muy pop también. Casi tanto como la hermosa tapa del álbum con ese obelisco tan característico, diseñado por Ale Leonelli. Como decíamos, “De Buenos Aires” es una canción enorme que funciona como la síntesis de todo lo hecho por la banda en más de 30 años: Rock progresivo, tango, canción y rabiosa poesía ciudadana. La banda de sonido ideal para una Buenos Aires que está fuera del tiempo. ¿Y por qué tan tanguero? Por supuesto, rescata una parte de Pez que ya existía en Quemado, su segundo álbum, editado en 1996, y es algo que está en el ADN de la banda desde siempre aunque esta haya sido la primera vez que incorporan un bandoneón a su música. Una canción genial que habla de la gente que habita la ciudad, de lo que hacen y sienten. Cíclica, una rapsodia porteña que funciona como si fuera un “Moby Dick de canciones”, según dijo el propio Minimal. Él también dijo que últimamente estuvo escuchando mucho Genesis, una banda que no escuchaba de pibe, pero que ahora lo copó muchísimo. Pero si Genesis (y otras bandas setentosas) fueron el marco para desarrollar un tema tan largo no lo influyeron tanto en lo musical, ya que la música es enteramente de Pez.

Curiosamente, el lado 1 del disco se grabó en 2025 pero el lado 2 se grabó primero, a lo largo de 2024, e incluye seis canciones cortas de alto nivel, todas mezcladas y masterizadas por Mauro Taranto, quien produjo De Buenos Aires junto a Minimal.  Empezando por la nueva versión en estudio de “Para las almas sensibles”, ese viejo clásico que le daba título al genial álbum doble en vivo de 2005. Una remake explosiva que encaja perfecto con la onda de este nuevo álbum. Lo siguen otros dos temazos: “Del Festival de la vergüenza ajena” y “No somos hormigas bajo la lupa de un nene malo”, que empieza funkero y rápidamente se decanta por un montón de caminos musicales distintos. “Adiós mundo cruel” es más pop, pero muy bien desarrollado. Un tema casi “beatlesco” que incluye una letra desesperada con música alegre. Aquí se hace presente otro viejo conocido como músico invitado: Juan Ravioli en teclados. “Todo es un delirio” es un espejo de la acuciante realidad socio política argentina actual. Y el disco se cierra con la hermosa y sutil “Pude haber dicho que no”, una toma de posición muy clara ante la vida, y que se linkea con otros temas de Pez. Sin dudas, y vale la pena reiterarlo, un álbum maravilloso. ¿El mejor del año? ¿Y por qué no?

De Buenos Aires será presentado en vivo el próximo viernes 7 de noviembre en Niceto. Imperdible.

Emiliano Acevedo



viernes, 22 de abril de 2016

PEZ, Rock Nacional: Un genial (no) homenaje...



Un disco que se llama Rock Nacional, pero que no es un homenaje a este género musical. Porque aunque esta vez las letras del logo de Pez vengan con la forma de la tipografía de la mítica revista Pelo, este no es un trabajo nostálgico que recorre la historia del rock de acá; desde la progresía setentosa hasta la época actual. Nada más alejado que eso, porque Pez es un grupo que siempre va hacia adelante. Sin embargo, eso sí, y se nota, la banda liderada por Ariel Minimal Sanzo da cuenta en esta obra de toda la música que escucharon y los influenció, y por eso, al no renegar ni un ápice de esas raíces musicales, el titulo de este nuevo disco de Pez no sería nada antojadizo. 

Como lo asevera el propio Minimal en una entrevista reciente del sitio WYWH: Si tuviera que decir algo (del disco) creo que también habla de un  hacernos cargo de quienes somos, de dónde venimos. Somos una banda más de rock nacional (…) Son referencias. Tampoco sé que quiere decir bien que se titule Rock Nacional y tenga la tipografía de la Pelo porque como te decía antes hay discos nuestros que suenan más a eso que éste”.
Palabras tan ciertas como esa presunción de que en ninguna otra latitud más que en la nuestra existiría esta música que Pez cincela, disco a disco, siempre sorprendiendo, nunca parando en su exploración sonora.

Porque, seamos sinceros; ¿Quién podría haber predicho esta nueva propuesta artística del grupo? Dejando de lado la distorsión de los últimos discos, Pez apuesta por un nuevo sonido, más ecléctico, en donde se gana su lugar la labor del nuevo integrante Juan Ravioli en los teclados. Y es que este músico le da una nueva gama de colores sonoros al trio formado por Ariel (voz, guitarras eléctrica y acústica), Franco Salvador (voz, batería y percusión) y Fósforo García (bajo). Puede que la transición resulte brusca  e incluso forzada para algunos, pero el proceso que los ha conducido hasta aquí ha requerido 23 años, en donde Pez ha dejado bastantes pistas en el camino como anticipando el tipo de música que hacen hoy.

Diecisiete discos incluyendo algunos en vivo sirven para completar una discografía harto generosa, a la que se suma este nuevo Rock Nacional. El resultado han sido diez composiciones que van a dejar boquiabierto a más de uno, para bien o para mal. Porque es justo avisar a todo aquél que espere una nueva dosis de agresividad aplastante, que este álbum está bastante lejos de eso. Nada de guitarras saturadas o de tempos acelerados. Podríamos, por supuesto, buscar un precedente en aquel insigne Hoy (2006), disco tranquilo si los hay en la historia de Pez, pero un hecho diferencial separa el álbum que hoy nos ocupa de aquel remanso de paz: Rock Nacional no es un disco de temas folk ni lentos. La pasión, la potencia y la, por así llamarla, “patada sonora aplastante” característica del grupo de Minimal siguen aquí presentes, aunque expresadas a través de vías menos obvias. Más maduras y sutiles. Y como ejemplo de eso, nada mejor que el tema que abre el disco:
“Más música”, muy sutil, con arreglos de exquisito sabor latino, y con unas liricas con mucho gancho; un numero sumamente cancionero. Por supuesto, esta apasionante composición incluye secciones que remiten incluso al rock de fusión, con una banda que se muestra mucho más comedida y elegante de lo que se podría creer tras semejante cambio estilístico, sin ningún exceso. 
“Tan deprisa ya” es otra deliciosa canción movida, pero con mucho sabor folk-pop de fogón. “De la vieja escuela del amor” es, a decir de Minimal, un tema “kissero”, y algo de eso hay, porque es un rockazo bien setentoso que recuerda algunas canciones del primer Kiss. Sin embargo, hay que puntualizar que los colchones de órgano de Juan Ravioli en esta canción lo acercan al Carlos Cutaia de Pescado Rabioso
“Disparado” es el único tema en donde participan en la composición los cuatro músicos de Pez; quizás sea por eso su amplitud rítmica y dinámica, que van desarrollando esta canción en varias secciones hasta terminar en un estribillo repetitivo y tan pegadizo como un mantra.
“Lo nuevo” es psicodelia ensoñadora, un hermoso viaje en donde el oyente se deja llevar por la música del grupo hacia una atmosfera fantasiosa, pletórica de acertadas intuiciones. Si nos atenemos al nombre del álbum este sería un tema que nos recuerda los momentos más volados del mejor Color Humano, aunque las comparaciones son sumamente odiosas, y más en una obra tan heterogénea e inesperada como la de Pez.
“El aprendiz” es el regreso de ese rock progresivo de alto vuelo con el que Pez dio cátedra en el disco Folklore (2004). La parte final instrumental de la canción arranca con un groove imponente del bajo y la batería, que se conjuga a las mil maravillas con el sonido prog de los sintetizadores vintage de Ravioli y los guitarrazos poderosos de Sanzo. Sin dudas, uno de los temas más prepotentes de este nuevo repertorio del grupo.
 En “Cerezas”, por el contrario, vuelve el pop de alto nivel; ese que nos recuerda al rock argentino de los 80. Quizás esto haya sido pensado adrede o no por la banda; como sea, es otra canción irresistible, con destino de corte de difusión, si eso existiera en el universo inusual del grupo de Minimal.
En “Lucifer” predomina una dinámica polirrítmica, con partes más tranquilas (las de los intermezzos melódicos) y otras más rock (las cantadas por Ariel), lo que propulsan al tema hacía una área musical indeterminada, que se termina resolviendo súbitamente.
 “Cuidate, monito” da muestras de una herencia rítmica rioplatense muy evidente, aunque no sería nada apropiado asociar a esta canción al candombe, ya que su acentuación rítmica difiere bastante de ese género musical. De esta forma, Pez, otra vez, forma y deforma, a partir de una rítmica determinada, creando una música que no está ni acá, ni allá, y que suena particularmente novedosa.
Tan novedosa e inusual como la canción final, “Calabacita”, que, como su título lo indica, está dedicada a CFK, según las palabras de Sanzo. Aquí, a partir de una letra verdaderamente cariñosa hacía la figura de la ex presidente, se termina desarrollando una canción muy sutil, pero que también puede llegar a guardar cierto dejo de ironía, que la saca del homenaje simple y aburrido, para emparentarla, más bien, con ese tipo de canción pop de amor como fue “Canción para el día que se muera Elton John”, incluida en el primer álbum solista de Ariel, Un hombre solo no puede hacer nada, editado en 2004.


La producción de todos los integrantes de Pez y la mezcla de Walter Chacón otorgan al álbum un alma cristalina, nada espesa, reforzando la sensación “retro” propulsada por los teclados de Ravioli, que deja la escucha de este nuevo material de Pez. Ahora lo que queda por definir es si éste es el principio de un nuevo camino para el cuarteto, o solo un álbum donde Ariel Minimal ha desahogado de forma puntual sus tendencias más clásicas enfocadas hacia el rock clásico. Lo único seguro es que Rock Nacional ya está aquí, convertido, seguramente, en el que será uno de los mejores discos del año, lo que nos da la seguridad de que este viaje ha valido la pena.

Emiliano Acevedo



miércoles, 3 de diciembre de 2014

PEZ, El manto eléctrico




Veinte años de historia y 16 discos, uno mejor que el otro. ¿Cuántos grupos en el rock actual pueden darse el lujo de exhibir semejante productividad? Sin dudas, la de Pez es una trayectoria pletórica de amor por el rock y la experimentación. Porque el grupo liderado por Ariel Minimal siempre se caracterizó por ser una rara avis que no tiene ningún temor al volantazo estilístico, pasando del punk al rock progresivo, o del stoner al folk, pero no por seguir alguna moda si no por ser fiel a un ideario musical en donde el traicionarse a sí mismo sería quedarse quieto… 

Porque el anquilosamiento es algo a lo que Minimal y Cia nunca se van a resignar. Autogestión y trabajo, ese debería ser el lema de esta banda, cuya música excede cualquiera de las etiquetas que el periodismo de rock suele poner.

Por eso, ¿quién se animaría a describir el contenido de El Manto Eléctrico, su excelente álbum nuevo? Quizás por ese motivo toda esta nota sea en vano, ya que lo único que realmente importa es prestarle atención a la apasionante música y lírica de Pez, más allá del relato. Sin embargo, nobleza obliga, esta reseña se propone ordenar un par de conceptos que den cuenta de la calidad de esta obra. Aunque tan solo sea para despuntar el vicio…

En resumen, este nuevo álbum de Pez contiene un repertorio de diez canciones bellas y potentes que mantienen bien alto el listón en cuanto a calidad musical. Fue grabado y mezclado por Walter Chacón en Estudios Romaphonic, en agosto de 2014, y masterizado por Tom Baker.  Un disco que desborda de buen gusto, con explosiones rockeras y momentos sutiles, con largos contrapuntos instrumentales llenos de imaginación y buen gusto. A esta altura, el power trio formado por Ariel Sanzo Minimal (voz, guitarra), Franco Salvador (batería y percusión) y Fósforo García (bajo) parece entenderse en forma telepática. Tres excelsos músicos, pero que están más allá del egotismo y exhibicionismo del rockero virtuoso. Será por eso que nunca improvisan al pedo: cada tema termina cuando tiene que terminar, ni un sonido más ni una nota menos. Dejar caer el amor justo y necesario en cada una de las canciones.

A veces el ritmo es más rápido (como en “Cráneos”, el intenso primer tema del disco), a veces más sutil (“En un lenguaje extraño”), o a veces más volado (“El manto eléctrico”); como queriendo escapar por siempre a los convencionalismos. Es que sería demasiado simplista intentar etiquetar la música de este disco como “stoner”, “progresiva”, “setentosa” o “psicodélica”. En sí, es todo eso y, a la vez, la negación de todo lo conocido. En el universo de Pez se pondera, ante todo, la búsqueda artística y su modo de trabajo. Además, el apasionamiento del trío por el sonido valvular hace que su música sea inimitable.

Como siempre, las letras de Minimal se destacan, avanzando con fuerza dentro de este mar abrumador de sonidos. Ya de movida nomás, en los primeros versos del tema de apertura, describiendo una realidad que se adivina desoladora: “Esto está lleno de cráneos y no creo que sea casualidad”; aunque se anime a hacerle frente y presagiar, entre tanta culpa y castigo, que “el tiempo nos dará la razón cuando ya no tengamos voz…” 

Luego, en “Todo lo que ya fue”, queda claro que no hay que confundirse, en este mundo hiperconectado, porque mientras la realidad nos salpica de información "no se puede apagar la máquina de sufrir" Sin dudas, una letra lúcida en la que Pez busca sumergirnos para que salgamos, al fin, a respirar: "Nos dirigimos obstinados hacia un pozo profundo/ ese que fuimos llenando con todo lo que ya fue/ tengo que desconectar, cortar comunicación/lograr total aislamiento/no reconozco al enemigo agazapado/y por ende todo me da miedo/si sólo pudiera confiar y esperar lo por venir/tomar distancia de los pensamientos/y entregado a la corriente, ir flotando a la deriva..." Una aparente paranoia que surge y resurge en un tiempo que abruma y confunde. Una lucha desigual en la que quizás lo mejor sea estar en los márgenes.

Dentro de esa lucha también nos llegan los ecos del Vigilar y Castigar de Michel Foucault, que se pueden percibir en la letra de “Retornan los restos”, en donde se describe como los jueces y verdugos (“decididos a dar el sablazo”) controlan a diestra y siniestra el uso de la violencia decidiendo “quien se va”.  

"Y no sabemos bien/si nos puede devorar o amar sin reservas", canta Ariel Minimal en la canción que da nombre al disco, para terminar preguntando: “¿Podrá ser así?”. Pero ya no hay más tiempo para preguntas vanas. Esto queda claro en otra canción-manifiesto, de intenso y atractivo ritmo, llamada “Muerde la luz”, cuya letra contiene una honda influencia de las teorias de Gurdjieff, en especial cuando estos buscadores de la verdad nos dicen: “ya no quiero dormir / debo hoy ponerme de pie y luego comenzar a andar”.

En el cuasi blues psicodélico-espacial (¿existe esto?) “No te escucho bien” vuelve la paranoia profética ante los avances de un mundo tecnológico, que (como si fuera una metáfora del desamor de una pareja) en vez de acercarnos, nos separa cada vez más: “No te escucho bien / pensaba que la lluvia podría mejorar la comunicación / pero perdimos contacto y ya ni sé de lo que me hablás.” Una desconexión que “nos dejó confundidos y algo extraños”.

En el canto “telúrico” de la hermosa “Los viajes maestros” se adivinan las historias de la civilizaciones ancestrales, esas que aprendieron a venerar a ese sol y al sonido del viento, que los hacía pensar en “los días, las noches, el misterio animal / si esto es para mí lo sabré aceptar.” Claro, eso era el pasado, pero ahora es muy distinto, por eso en “Mi lista de deseos”, el último tema del disco, Minimal reflexiona acerca de lo mal que los hombres modernos tratamos a la Madre Naturaleza: “la tierra nos da alimentos y nosotros le damos veneno... ¡pidiendo perdón no alcanza!” Casi una advertencia hecha canción, en donde, sin apelar a cursilerías baratas, Pez nos hace entender que, verdaderamente, así no hay futuro posible.

En resumen, otro disco de Pez prepotente, sutil y directo. Como casi toda su discografía. Esa, que al igual que este último álbum, se puede conseguir gratuitamente en formato digital en la propia página web de la banda (http://www.pezdebuenosaires.com.ar). Ya sea de esta forma, o adquiriendo las impecables ediciones artesanales en formato físico, ningún amante del rock de calidad debería perderse de disfrutar de la música de este grupo. ¡Están advertidos! 

Emiliano Acevedo