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miércoles, 8 de julio de 2026

BUBU, El último cortejo: El final de una obra perfecta...

 



Bubu es un proyecto musical singular dentro del rock progresivo argentino. Su música se construye desde la exploración, el riesgo compositivo y una sensibilidad creativa que dialoga tanto con el rock, como con otros géneros de la música popular de nuestro país, la música académica y experimental. 

Formada en 1976 en Buenos Aires, Bubu es una banda rara avis dentro del rock argentino, casi de culto. El grupo eligió desde sus comienzos un camino que fusionaba estructuras complejas, climas narrativos, contrastes dinámicos y una fuerte impronta instrumental. Para el año 1978 editan su primera obra, la memorable Anabelas, que con el paso del tiempo se convertiría en uno de los discos más singulares y valorados del rock progresivo nacional. El álbum condensó una estética sonora arriesgada, con composiciones extensas, y una identidad musical lirica que desbordaba todos los limites habituales del género rock en el ámbito local. 

Recién en 2016 regresa Bubu a los escenarios y en 2018 edita su segunda obra: El eco del sol. Esta obra estableció un puente entre el pasado y el presente de la agrupación, retomando su espíritu de exploración, desarrollando una sonoridad madura, profunda y actual. 

Así llegamos a este 2026 que encuentra a Bubu en su tercera (y última) fase con el futuro lanzamiento, en octubre de este año, de El último cortejo, un nombre que brinda homenaje al primer disco de la banda, que en su lado A contenía un tema llamado “El cortejo de un día amarillo”. Este nuevo disco concentra la música que Daniel Andreoli elaboró durante décadas luego de la disolución de Bubu a fines de los 70. Un disco que reboza con la fusión de música porteña como el tango con influencia de Piazzolla, en conjunto con música folclórica norteña, carnavalitos, y arreglos instrumentales polirrítmicos de alto nivel de elaboración. 

Para hablar de la cocina de El último cortejo, así como de toda la historia de Bubu hasta aquí, nos encontramos con Daniel Andreoli quien nos brindó de primera mano algunas de las historias primigenias del origen del grupo y su trayectoria hasta aquí. 

ENTREVISTA> Contame un poco cómo surge este proyecto, que como había leído, cierra una trilogía, ¿no? 

Sí. Es el tercer disco de Bubu y calculo que va a ser el último disco, porque ya no tengo ganas de repetirme. Además, tengo que convivir con mi edad que también es un factor limitante en algunas cosas, por la salud y todo eso. Entonces, voy a parar voy a parar un tiempito. Es como se hace con la tierra cuando se termina una cosecha y se la deja descansar un tiempo, para ver qué pasa. Si después me vienen ganas de vuelta, empiezo otro ciclo. 

Creo que la música de Bubu es el resultado de una época, un modo de ser de la cultura y la música argentina y mundial, a fines de los 60, principios de los 70, de ese conglomerado de influencias entrecruzadas. ¿Cómo lo ves vos? 

Yo creo que sí, porque el contexto manda, o sea, cuando uno tenía la edad de la creatividad, era, justamente, en los comienzos de los 70 y en ese contexto se escuchaba música sinfónica. Yo estaba más del lado de Stravinski, Messiaen, pero bueno, cuando apareció King Crimson, Yes, mi esencia me llevó por ese lado. Es que la música progresiva invadía todo. 

La cultura psicodélica progresiva… 

Sí, claro. Todos mis amigos escuchaban eso. Fue un contexto que nos marcó a todos. Ya desde muy chico, a los 15 años, componía con la guitarra. Pese a mi corta edad me empecé a interiorizar más con el estudio de música formal. Incluso tengo desde entonces un libro de Arnold Schoenberg con el que estudié en forma autodidacta desde muy niño. Y ahí me salió una beca en el Collegium Musicum y todo eso dio para que se armara lo que se armó posteriormente, que fue Bubu. 

Tu pasión por la música fue espontanea, no venía por herencia familiar… 

No, surgió en una forma totalmente independiente a mi familia.  O sea, yo me di cuenta de que la música era mi brújula. Porque escuchar lo que hacía, me servía para ver si estaba en orden con el mundo, con la vida. Es eso. Siempre fue así, durante toda mi vida. 

¿Cómo conociste a tus amigos músicos, con los que compartías tu pasión por la música progresiva, en aquellas épocas primigenias? 

En la vida, a algunos ya en la escuela primaria, por supuesto a esa edad, en quinto, sexto grado, hacíamos folklore, y ya hacia el final del último grado de la escuela primaria tenía mi primera banda. En esa época hacíamos blues, pero yo siempre componía, siempre se hacían mis temas. Luego, en la adolescencia, yo vivía en Villa Lugano. O sea, estaba bastante lejos del Centro. Pero, cuando mis padres me permitieron viajar solo en colectivo, llegué a Plaza Francia, y ahí empecé a conocer los músicos previos a Bubu. De esas amistades surge mi primera banda: Sion. La vida me fue llevando eso y también esa esencia progresiva. Todos escuchábamos a Jethro Tull. Todavía no habíamos conocido a los primeros Yes, pero escuchábamos mucho a los Beatles y los Rolling Stones. Había un programa que se llamaba Modart en la noche y nos pasamos todo el verano escuchándolo con mis compañeros de la escuela. 

Vos te definís como “un hijo del Di Tella”. 

Claro. El Di Tella fue un instituto que produjo muchos artistas y gran parte de ellos fueron nuestros profesores. Yo estudié con Julio Viera, con Ernesto Epstein, y todos provenían del Di Tella. Estaba también Gerardo Gandini, Carmelo Saitta, la verdad que en todas las artes, también en la pintura, bueno, en el cine ni que hablar, era impresionante esa época. 

En una entrevista que le hice, Miguel Zavaleta me decía que salía a andar con una bicicleta por el escenario en los shows… 

Sí, eso era su presencia escénica innata. Eso fue lo que más aportó a que venga mucha gente a vernos tocar. Fue una buena combinación, mi música con su escenografía. Él era así, y lo sigue siendo, un tipo muy expresivo, muy creativo. Es un artista realmente único en el escenario. Yo le había compuesto dos canciones en Anabelas para que cantase, y lo hice a partir de conocerlo a él, de su inspiración escénica. Yo creo que en Bubu Miguel ensayó lo que después sería su grupo Suéter. Lamentablemente, él no llegó a grabar en el disco. Llegó a participar de las primeras grabaciones, pero ya había problemas entre los muchachos y no pudimos seguir todos juntos y él se fue, así vino Petty Guelache. 

¿Cómo se llega al primer disco de Bubu? Porque sale por EMI, una multinacional… 

Lo que pasa es que Bubu llevaba mucha gente a los recitales y creo que eso les interesa mucho a las discográficas. El contacto con EMI llega a través de Daniel Grinbank, que nos conoció en un concierto. Él nos empezó a guiar y así llegamos a EMI, junto con Alas, con los que hicimos una gira por el norte del país. Creo que en ese momento el mercado discográfico estaba muy abierto a ese tipo de música de rock progresivo. 

¿Cómo fue craneado ese primer disco? ¿Qué te acordás de la composición? 

Mirá, la composición fue previa a la elección de los músicos. O sea, en aquel entonces -bueno, por ahí ahora sigue siendo igual- los músicos se juntaban y entre todos hacían la música. Pero ese no fue el caso de Bubu. En Bubu primero se hizo la música y después se buscaron a los integrantes. Así se armó el grupo. No fue el caso de Sion, en donde éramos todos muy chicos, pero ahí se definió tímbricamente porque un amigo era violinista, otro amigo era flautista, otro amigo era baterista, ¿entendés? Y así yo escribí la música para mis amigos, pero después vi que mis amigos no estaban todavía a esa altura como instrumentistas. Entonces Wim Forstman, el saxofonista y letrista, me dijo: "Mirá, Daniel, esto hay que ponerlo en partituras y buscar gente que lo pueda interpretar." Y nos llevó mucho tiempo conseguir a los nuevos músicos. Así entraron al grupo Eduardo Rogatti, Polo Corbella, Cecilia Tenconi; todo el staff de Bubu, ¿no? Yo en ese momento tocaba el bajo, pero como me había salido la beca del Collegium Musicum, y tocar el bajo en Bubu implicaba tener la disciplina de practicar todos los días, muchas horas, no podía hacerlo. En esa época vivía en Villa Lugano y me tomaba el colectivo hasta el colegio músico, que quedaba en la calle Posadas y Libertad, y tenía una hora de viaje, yo llegaba ahí a las 8 de la mañana y ya me quedaba, porque me daban un lugar para estar con piano y todo y después a la tarde empezaban las clases. Así que no tenía tiempo de estudiar porque no me podía ir con el bajo hasta allá. Así fue que llamé a Edgardo Folino, el Fleque, otro amigo ya que falleció. Él se puso a tocar el bajo y yo me le dediqué exclusivamente a la composición, a hacer los arreglos y por supuesto, iba a todos los ensayos y los dirigía. 

¿La propuesta se desarmó por los choques entre los integrantes o tiene que ver con la época de terror que estaba viviendo el país en ese momento? 

Fue exactamente por las dos cosas en realidad. Primero porque con EMI habíamos firmado para hacer dos discos. Y se empezó a atrasar porque ellos invirtieron mucho dinero en Polifemo. Entonces nos pateaban para adelante, y al final terminamos empezando a grabar un año después de lo pautado. Y tener una banda de siete, ocho integrantes ensayando durante todo un año, todos los días, porque antes se ensayaba muchísimo, era complicado, muy desgastante. Durante la grabación, por supuesto era todo analógico entonces, había que llegar muy ensayado, porque no era como ahora con la computadora que se puede pinchar en cualquier lado, antes había que tocar y salía lo que vos tocabas en ese momento, si te equivocabas había que grabar todo de nuevo. De hecho aquel primer disco de Bubu creo que no tiene ninguna pinchadura. Hubo que cortar la cinta para que entrara en el tiempo de duración recomendable para cada lado del vinilo, pero no más que eso. Porque no se puede imprimir el disco pasado determinada cantidad de minutos porque hay pérdida de calidad sonora. 

Decías que ensayaron muchísimo… 

Sí, se ensayó mucho y más a esa edad están los egos y al final hubo un inconveniente personal entre dos integrantes del grupo. Eso nos dividió, pero el grupo siguió tocando porque teníamos muchos shows, tocábamos siempre y hacíamos giras, hasta hicimos un Luna Park. En el Luna toqué yo porque Fleque se fue a hacer un viaje por Londres y Escocia. Me acuerdo que en ese show veíamos que en las últimas gradas entraban los gendarmes, la policía, y se llevaban a la gente a machetazos, ¿no? Al otro día, cuando llego a casa de mis padres, mi papá me dijo: "Vinieron tres hombres y me dijeron que vos no podés dar ningún recital más. Por favor, hijo, no des ningún recital porque no sé qué te puede pasar…” Era una época pesada, venían y te tiraban la puerta abajo. Así que mi familia se asustó mucho y mi hermana me pagó un pasaje a Holanda. Yo ya tenía un amigo, mucha gente conocida, que se había ido por lo mismo. Y bueno, me fui. 

Mientras tanto, Anabelas se volvería un disco de culto… 

Claro, el disco salió y 30 años después yo me enteré, todos nos enteramos, de que había trascendido internacionalmente, que había estado en los rankings del rock progresivo internaciones cercano a bandas muy conocidas, muy buenas. Eso fue lo que me dio fuerzas para seguir adelante. Sin embargo, yo nunca dejé de hacer música. Es decir, grabamos en 1978, luego paré, pero más adelante seguí haciendo mi música, componiendo. 

Quizás, la trascendencia de aquel primer disco viene en base a internet, al alcance de las redes. ¿Hay algunos otros nexos que hacen que la fama del grupo se expanda fuera de nuestras fronteras? 

Yo creo que la música misma en sí hace que esto ocurra. De hecho yo me enteré de esto cuando llegó internet. Me enteré que el disco había sido reeditado en varios lugares sin que yo supiera nada: Canadá, Rusia, Japón, Francia, etc. Fue maravilloso que sucediera eso. 

¿Cómo siguió tu estadía en el extranjero? 

Estuve en Holanda hasta el 81, 82. Entré a una compañía que se llamaba Praxis, que era una compañía de teatro. Estaba dirigida por un uruguayo. Como yo había ido con el disco Anabelas, se encantaron y me dieron trabajo para encargarme de las luces y el sonido. Así que me enganché con ellos y empezamos a pensar en una ópera a futuro con mi música, con él como director. Director de teatro, ¿no? Con ese grupo conocí Europa porque viajábamos de Ámsterdam a París, a Milán, a esos lugares. Fue un periodo muy lindo de mi vida. Sn embargo, mi cuerpo estaba allá, pero yo tenía la cabeza acá en Argentina. Luego ocurrió la Guerra de Malvinas y el dolor se intensificó. Así que volví al país, aunque un poco arrepentido, porque lo que se vivía acá era muy difícil. Mi música progresiva ya no tenía cabida. Lo que sonaba era muy diferente. Pero igual había que seguir adelante. Así que formé una familia y seguí adelante. 

¿Te retiraste de la música? 

Uno nunca se retira de la música. Seguí haciéndola a mi manera. Buscaba trabajos que me dejaran tiempo para componer. Por eso nunca me atreví a hacer cosas de música comercial, que me ofrecían. Solo una vez lo hice y me sentí muy mal, así que lo dejé. Preferí vivir de otras cosas, pero nunca hice música comercial. 

Así llegamos a este renacer del progresivo a partir de los años 90, los 2000. Ahí sentiste que te podías volver a insertar musicalmente con nuevas composiciones, ¿no? 

El que se dio cuenta fue mi hijo Ariel. Él había nacido en 1994 y me dio el empujón necesario para volver a grabar. Un día, cuando terminó la escuela la secundaria, vino a casa con un compañerito de él que tocaba la batería y me dijo: "Papi, ¿no querés hacer un poco de música?" Justamente, Julián, el amigo de Ariel estudiaba en una sala de ensayo y ahí tenían un equipo de bajo para que lo usara yo. Así se empezó a armar lo que luego sería El eco del sol, yo ya tenía hechas las partituras… 

Era tu oportunidad de cristalizar esos viejos sueños… 

Sí, sí, mi sueño era hacerlo. Al poco tiempo, ya estábamos tocando, y enseguida aparecieron los nuevos músicos que conocían la primera obra de Bubu. Así se armó rápido el proyecto. Lo pudimos hacer con la ayuda de los muchachos y el apoyo de Felipe Surkan, el fundador del sello Viajero Inmóvil. Felipe enseguida se hizo cargo de la parte concerniente a hacer el disco. 

Vos ya lo conocías a Felipe… 

Sí, del ambiente progresivo. Porque a raíz de Anabelas los coleccionistas del rock progresivo me tenían muy en cuenta, ellos sabían muy bien de toda mi trayectoria. Creo que a Felipe lo conocí en el año 2000, mucho antes que saliera el segundo disco de Bubu, porque en esa época estaba toda la movida del neo progresivo. 

Claro, empezaban a existir las disquerías especializadas en rock progresivo, la revista Mellotrón y demás. 

Sí, por supuesto. Todos conocían Anabelas, así que nos apoyaron a hacer el segundo disco, que terminó editándose en 2018. Yo había escrito bastante música luego de Anabelas, un material pensado para el segundo disco de Bubu, pero que no se había llegado a grabar. Incluso, en este nuevo proyecto del tercer disco yo rescato dos temas de aquella época, está esto del “Cortejo” que vuelve. Este tercer disco, para mí, es compositivamente el mejor que hice. 

En esta nueva música de Bubu hay carnavalito, una esencia folclórica… 

Claro. Yo siempre estuve alucinado con eso. Por eso, a este disco nuevo estoy tratando de darle espacio a nuestras raíces, que salgan a flote aquellas cosas que uno mamó de chico. 

¿Cómo se juntó a los músicos actuales de Bubu? 

Todo fue obra de mi hijo Ariel. Son todos chicos jóvenes, excelentes músicos y leen partituras en forma perfecta. 

Toda gente de conservatorio. 

Tal cual. Ellos son todos recibidos en el conservatorio. 

¿Cuáles dirías que son las similitudes y diferencias de los tres discos? 

Me resulta muy difícil encuadrar a cada uno en forma independiente. Yo creo que los tres discos forman parte de una misma obra. Además creo que la música tiene un origen más que nada espiritual, muy de adentro. Me parece que las armonías tienen que ser de determinada forma, en definitiva es el amor lo que lo que guía la música. 

¿Cómo fue el proceso de cranear este tercer disco a partir del año 2018? 

Yo nunca dejé de trabajar. Después que se terminó el segundo disco en 2018, me di cuenta que había que armar una nueva formación porque aquellos músicos que grabaron el segundo eran todos chicos y casi todos vivían con sus padres. Y bueno, ya era la hora que ellos se independizaran, y con Bubu no iban a ganar plata. Tenían que salir a trabajar en otras cosas y Bubu demanda estudio, demanda horas de práctica, no es algo sencillo de tocar. Aparte enseguida vino la pandemia. O sea, ese fue el tiempo en que yo aproveché para cocinar este tercer trabajo. Yo ya tenía los temas armados, así que empezamos de vuelta a probar y Ariel empezó a traer a los músicos indicados e íbamos viendo y probando. 

Hablame de los músicos de esta nueva formación de Bubu. 

El primero en llegar fue el batero Fito Lema, que es un genio. Fito es un verdadero creador en el ámbito de las percusiones, un ser libre. Después llegó el tecladista, Dante Fisi, que es mi ídolo. Es un pibe fabuloso, tiene un grupo progresivo buenísimo que se llama Fásma.  Después llegó el chino Agustín Ogura en guitarra, él también es luthier, me arregla el bajo, un genio total. Él también toca en Fásma. Después está el saxofonista Pedro Augusto Camerata. En este momento está haciendo una tesis porque él vive de eso, es un tipo que sabe mucha música, mucho arte, sabe mucho de pintura. Otro genio. Y por último, pero no menos importante, llegó Paula Estefanía Araujo, en flauta traversa. Nos costó muchísimo encontrar un flautista. Por eso le escribí a la que era la flautista en la formación de El Eco del Sol, de la banda anterior, y me dice: "Estoy en Barcelona, pero te voy a recomendar una persona." Así me recomendó a Paula. Y la verdad que llegó y creo ensayamos dos veces y ya fuimos a grabar. Porque ella a primera vista ya sonaba. Nosotros estuvimos casi todo un año ensayando. Ella vino y en menos de un mes ya fuimos a grabar. 

Muy bueno, un equipazo… 

Tal cual. Y después tuvimos la suerte de encontrar a Marcelo Mascetti, que es un técnico de sonido que tiene un estudio. El proceso de grabación fue muy claro. Primero grabamos bajo y batería en un estudio grande y después metimos teclados y la guitarra. El tecladista grabó los teclados en su casa porque tiene esa posibilidad. Y Paula grabó la flauta con un compañero de ella en otro estudio y el saxo lo hicimos en el estudio de Marcelo. Marcelo tiene una habilidad impresionante como productor, yo trabajaba al lado de él y me quedaba anonadado con lo bien que trabaja. La velocidad y lo bien que lo hace. Él tiene mucho que ver con lo bien que suena el disco. Grabamos una parte antes de terminar 2024 y la otra parte en 2025. 

¿Qué música escuchás ahora? 

Estuve muchos años sin escuchar música, concentrado en mis propias composiciones. Recién ahora me dedico a escuchar música de otros. Ahora estoy escuchando un poco a Bill Evans, disfrutando a Erik Satie, ese tipo de cosas. Antes de Bubu escuchaba mucha música, me gustaba mucho Messiaen, estudiaba, analizaba las obra; también Stravinski, que me influenció mucho, por supuesto. 

Emiliano Acevedo


domingo, 29 de marzo de 2026

HABLANDO DE "SOLO BIEN SE EXPLOTA", EL NUEVO DISCO DE ZELMAR GARÍN...

 


Cada disco de Zelmar Garín es una nueva aventura sónica y experimental. Tras ser protagonista del documental internacional Dissecting Zelmar, Garín presenta su nuevo disco Zelmar Solo Bien Se Explota con una gira que combina música e imágenes de una trayectoria artística que ya lleva más de 25 años. Zelmar es una de las figuras más inquietas del under argentino. Músico, productor, coleccionista y curador de discos, su labor es prácticamente inabarcable, con decenas de álbumes editados (solo y con bandas) en los que recorre un amplio espectro que va del rock a la canción, pasando por el blues, el folk, la psicodelia y la murga. En esta nota charlamos sobre este último lanzamiento y todos sus proyectos actuales. 

ENTREVISTA> Contame como pensaste el concepto del álbum y cómo lo grabaste… 

Yo estaba viviendo en La Boca y tenía una micro sala de grabación, pero hacía rato que no craneaba ningún disco. Pero también veía que la ola libertaria empezaba a ganar demasiado espacio. Te estoy hablando de finales de 2023, principios de 2024. Cuando ganan las elecciones, empecé una carpetita en la compu a la que le puse “Tibios” y ahí empecé a grabar ideas. Sin esa cosa política que al final después tuvo. En esa época le metía mucho a la batería, le adosaba elementos de chatarra, chapas, diferentes objetos y así empecé a armar ritmos, bases, y en un momento empecé a grabar. 

Casi un brainstorming personal… 

Y sí. Me armaba todo cada tarde y ahí empezaba a grabar en crudo ideas. Después comenzaba a editar, componer y a sumar capas. Una manera compositiva de grabar, cortar, pegar, producir, y post producir sonidos. Yo hace rato que vengo desarrollando esta forma de grabar en casa, porque si estás en un estudio eso son horas que hay que pagar. Así que con mi consolita de dos, tres, cuatro canales empecé a hacer tomas. Así también empecé a incursionar mucho en los teclados. Obviamente, guitarras, bajos, voces y después cosas que van surgiendo: flautas, también usé sampleos. Cada tema tiene su propia impronta. 

El título del disco menciona a Eduardo Mateo, ¿no? 

Claro. Siempre fui fana de Mateo, desde que apareció tempranamente en mi vida. O sea, es uno de mis músicos predilectos. Siempre lo he sentido una influencia. Es curioso, porque muchos cuando escuchan mi música me nombran a King Crimson y a mí, en realidad, lo que me ha influenciado es Mateo, obviamente Spinetta también, pero no King Crimson, o sea eso viene medio de rebote. 

Por eso, tapa y título hacen referencia a Mateo… 

Claro. La tapa es una parodia. El disco de él se llamaba Mateo solo bien se lame, y como justamente ahora todos los músicos estamos en esta era donde hacemos todo -grabarnos, auto producirnos, ser nuestros plomos, nuestros route managers, nuestro todo- es como una auto explotación. Aparte lo que te requieren ahora es que también estés en las redes. Por eso esta cosa de la auto explotación que vivimos los músicos, porque ya no alcanza con tocar, componer, ensayar y tratar de ir a tocar; sino también viene todo lo otro que te acabo de contar aparejado, lo cual a veces es una limadura que te hace olvidar de la música, ¿no? Por eso la alegoría con Mateo, un disco en donde él toca todo, que se llama Mateo solo bien se lame. Entonces, a este en chiste le puse: Zelmar solo bien se explota. 

Lo vamos a recorrer tema por tema. El disco empieza con una intro, ¿no? 

Sí, ahí utilicé un audio real de una entrevista que me hicieron en la radio en el programa Oro Negro. 

También aparece la voz de un señor que habla… 

Bueno, ese señor que habla salió de una grabación que encontré. Hay muchas grabaciones como esas, ya que yo laburo con archivos y donaciones y me he encontrado un archivo muy antiguo de casetes de un señor que hacía pruebas en su casa, porque también estoy en contacto con material hogareño de gente que obviamente ya se murió. Entonces, a veces me guardo esas cosas para después usarlas como elemento compositivo en mis propios discos. Por eso está este loco diciendo “Hola, hola”, en casi todo el disco, porque es un tipo que está probando un equipo de audio. Ahí estaba él solo haciendo eso, hasta hay una especie de saludo de Navidad, en joda. Bueno, todo eso. Incluso, a veces hay cosas que no se escuchan muy patentes, pero están ahí. 

La intro se llama “Oro Negro” por el programa… 

Sí, pero además es una especie de introducción de la incertidumbre de algo que empieza y no se sabe a dónde va, que es un poco también lo que sentimos con este gobierno. El oro negro obviamente es por los vinilos, y era el título del programa de Maximiliano Romero y Lucía Rollano. Ellos me habían invitado cuando tenían el programa en Radio Nacional, pero los echaron cuando cambió el gobierno. Ahí había ido a presentar una cosa y usé un pedazo de ese fragmento de la grabación de ese día y así armé toda la intro. Después lo procesé y por eso se escucha esa especie de sintetizadores al principio. Eso sumado al tipo que habla cosas, que prueba el sistema de audio. Obviamente todo está superprocesado. Le bajé el pitch, qué sé yo, y así empieza a crecer otro feedback que va hacia la introducción del tema que sigue. Que, a la vez, funciona como una especie de crítica social. Muy murguero, si lo pensás. 

¿Y la letra de “Saca el odio (Delivery)”? 

Tiene que ver con la escalada que tuvo lugar en el último gobierno kirchnerista, con los tipos más desprotegidos a nivel laboral. Porque ellos eran los que más estaban a favor de la supuesta libertad pero son tipos a los que no les queda otra que ir a laburar con la bici o con la moto. 

Son personas bastante resentidas… 

Bueno, es un poco eso, ¿no? Es un poco la visión del tipo que está ahí enojado con el mundo, anda en bicicleta y todo eso que le va pasando por su cabeza. En el medio hay un rap, medio afrobeat. Todo ahí se desarrolla con los sintes porque tiene unas guitarras sintetizadas interesantes. Ese solo que es un juguete que después destruí con cosas. Un poco es eso. También es el tema de difusión, por lo menos el que naturalmente la gente elige, porque al tener batería a tierra y esa cosa super pop, hace que sea fácil de escuchar. 

¿De qué habla “Desguace estatal”? 

Fue lo primero que hice. Casi es un tema instrumental. En realidad, lo había armado previamente a que esto fuera un disco. Justo había armado una banda ficticia que se llamó Marrano y sus Financistas, pero que era Marra - no y sus financistas, en donde va la S tenía el símbolo de pesos. Es más, el señor Marra aparece en el audio. Yo había visto un video del chabón cambiando dólares por pesos en una manifestación en La Matanza y dice: "Transacción hecha". No sé si viste ese video. Pero a raíz de eso, y todo lo que venían proponiendo estos tipos, básicamente lo que yo sentí es que venían a desguazar el estado, que finalmente es lo que está ocurriendo. Así lo hice a modo de crítica y a la vez no perdiendo el humor de esa bizarreada que me parecía todo. Bizarreada porque el loco estaba cagándose de risa y valentonándose, siendo él un tipo que es cambista. El tema musicalmente tiene momentos interesantes, medio que le hace un chiste al heavy metal. Otra vez aparece el viejo del comienzo hablando. 

Otra vez, como puente conductor… 

Claro. Como te conté, me había hecho un intérprete falso, que era Marrano y sus Financistas. Hicimos una tapa con IA que es un dibujo de un chancho lleno de guita en un mundo explotado. Después de eso cada simple que fui sacando tuvo una tapa realizada por algún pintor, algún ilustrador. Hice esto e incluso llegó a salir una nota en un blog que se llama Tiro al Blanco, donde contaba la historia de la banda. Una banda en donde eran todos personajes inventados. Yo no daba mi nombre, hicimos un Instagram de Marrano, que también usé como conejillo de indias para seguir a toda la gente con la que yo no estaba de acuerdo, también para engañar un poco el logarismo y entender un poco lo que estaba pasando con todo lo que se vino después. Así empecé a seguir a la vicepresidenta, al presidente y a esos influencers libertarios. O sea, a todos esos que jamás me iban a aparecer, por eso hice ese usuario ficticio y ahí empecé a hacer como una especie de inteligencia. 

Una SIDE paralela… 

Sí, así saqué ese tema, primero como Marrano y sus financistas, y después lo quise incluir en el disco y le puse “Desguace Estatal”. 

Uno que tiene mucha presencia de la bata. 

Aparece una pieza de milonga y la bata tiene un desarrollo que va coincidiendo con los riffs que entran y salen. Dice: “Ese es el ritmo del deshuesado y en La matanza lo bailan bien descontrolado”. Si vos ves el video y no entendés nada de la vida, te cagás de risa. Y un poco es eso. El tema es bastante complejo, pero le di como una especie de onda Residents, en la que vos no sabés quién toca, no conocés la identidad de los músicos y es una música bastante freaky. Después, cuando empecé a armar el disco, empecé a hacer esta serie de temitas que funcionan como separadores. Iba sacando temas y los saqué primero como simples. Cada uno tiene una ilustración diferente. El primero que saqué fue “No soy un león”, que hizo Pancho Pepe, que funciona sobre la idea del cazador y el animal. Viste que es un león, pero que en realidad es una cebra. Ese fue un concepto que encontró él que me parece genial. Igual, el título lo dice todo. 

Contame la idea musical de “No soy un león”… 

Fue el segundo tema que saqué. La voz que se escucha, por ejemplo, es un disco de pasta de Tarzán, de la década del 50, que digitalicé y puse ahí. Obviamente parece que está en Marte. También tiene un desarrollo que va guiando la batería, ahí están las chapas y el bombo va a contratiempo. Me gusta esta cosa de la música africana en la que aparece un tono, aparece un motivo, se va, entra otro motivo, cambia el ritmo, coincide con otra cosa, es una especie de cosa monocorde, pero a la vez con patterns rítmicos y eso da una especie de armonía que va entrando y saliendo. Si lo escuchás de lejos, parece estático, pero en realidad se está desarrollando. El armado del tema me costó bastante. En un principio duraba como siete minutos. Luego lo fui achicando hasta que quedó en tres minutos. Todo el proceso del disco tiene que ver con la idea de meterle horas y horas, grabar cosas, probar, cortar, después producir más sonidos. Esa es la forma que tiene de composición en sí, lo cual me hace medio imposible poder tocarlo en vivo. 

Después sigue “Volviendo en barco”, ¿no? 

Este es uno de los temas más lindos. Por lo menos la gente se copa de inmediato cada vez que lo muestro. Los audios incidentales que utilicé los había encontrado en un disco de pasta que era uno de esos audios que mandaban para Estados Unidos de un programa de radio. Cuando hablo de discos de pasta son esos materiales del año 50 para atrás. Por eso suena con tanto ruido a pesar que lo digitalicé lindo y todo. Pero bueno, es interesante lo que dice, lo que cuenta. Y como la canción tiene ese tinte de alguien que viene en un barco, lo usé. Y acá usé como sampler, digamos, pedazos de discos para armar la base. Ahí se suma una batería de plástico, hecha a partir de una caja de herramientas. Saqué eso, puse unos micrófonos y toqué con unas baquetas. No sé si te das cuenta que primero entra el disco que está sampleado y retocado, con el pitch bajado. Después se suma una batería basurienta, como la llamo yo. Ahí se va armando un mar, hay otras grabaciones también súper procesadas. Ahí desaparece el sampler. Queda una nota pedal, entra la guitarra, vuelve. Hay una nota pedal ahí que está hecha con unos pincullos. Bueno, ahí entra la viola. Son varias violas haciendo lo mismo. Después se abren, una eléctrica y una criolla. Y la canción es sencilla, ronda siempre ahí con dos tonos y en la parte B tiene tres tonos. Tiene una cosa media hipnótica. 

¿El título “Volviendo en barco” tiene algo que ver con lo que dijo Alberto Fernández, de eso que los argentinos venimos de los barcos? 

No. Definitivamente no. Pero podría ser. Acá la tapa la hizo mi hermana. La idea es esto, ¿no? Este es mi delirio, cada uno puede interpretar lo que se le cante el ojete: Es alguien que viene como arrepentido. Porque, un poco, yo también sentía esa especie de desazón de que el gobierno que habíamos militado nos había… No traicionado, pero que estábamos en una etapa de cambio de paradigma que es un bajón. Pero también lo pongo como alguien que se mandó una cagada y viene pensando en cómo seguir adelante, ¿no? La letra dice: "Vino buscando perdón, cruzó los mares, pensó si hoy tal vez sienta el fuego. Cansado bebe el vapor, el cielo escucha el rezo, pensó que si es el día, meditando sobre lo ocurrido no encuentra reparo a lo que pasó. La duda lo consume en el barco, espera una imagen, una vibración…” Esa cuestión del barco sería uno mismo pensando. La cuestión del agua se relaciona con lo que dice Jung, al respecto de los sueños, acerca de que si vos soñás con agua quiere decir que es el inconsciente que se está manifestando. Por lo menos yo lo asocio así. Y después está la cosa del dragón, una especie de espíritu superior, que en realidad lo viene cuidando, pero a la vez poniéndole los puntos. Porque cuando empieza a fantasear el tipo, “la fantasía el dragón quemó”, ¿viste? Entonces hay un viaje místico ahí. Cuando salga el vinilo con este tema va a terminar el Lado A. 

Después viene “Cabecita negra”, que sería el primero del Lado B. ¿“Cabecita negra” tiene que ver con la gente humilde que vota a este gobierno? 

Un poco sí, un poco el concepto de cabecita negra viene de un famoso cuento de Germán Rozenmacher. El concepto que viene de cabecita negra, que no deja de ser un pájaro nacional también. Y un poco sería eso. También hay misticismo en la letra. Porque cuando estoy haciendo las letras no tengo un concepto muy definido. Creo que viene apareciendo con cómo suenan las músicas. Pensá que todo lo fui construyendo en forma aleatoria, las letras también. En casi todos los temas primero vino la música, las diferentes partes, y después empezaba con la melodía a ver si me gustaba. Hay temas que tenían varias melodías que corté y quedaron más simples de lo que eran en un principio. Acá son todos sintetizadores y una base media como drum and bass, milonguera por momentos. También tiene esta cosa medio espacial. Yo me lo imagino como alitas. La base tiene un concepto mateísta. Mateo laburaba algo que se llama toco. Él jodía con otro percusionista que se llamaba Chichito Cabral, e inventaron eso que se llama el toco, que lo escuchás como un grave y un agudo, pero se puede correr el acento. Puede ser un ritmo en dos, como el de una batería, pero que puede cambiar el acento. Entonces, cuando estás escuchando, y eso está arriba de una canción, se van corriendo los acentos. Ese es un poco el concepto de la batería que se escucha acá. Pero aparte de eso, hay pequeños sonidos que están tocados. En un momento aparece una cámara, luego se achica. 

Un entramado rítmico y sonoro… 

Sí. Acá casi todo lo que suena son teclados. Y eso que yo no toco el teclado. Y en un momento aparece un banjo. Pero bueno, la historia es como una fábula, como que la persona que está cantando deposita su confianza en un pájaro negro. Él sabe que ese pájaro tiene un poder pero lo tiene que cuidar. Entonces viene un perro, se pone celoso y trata de matar al pájaro. Entonces él lo reprende y después hay una especie de resumen del cuento: “Toda la ironía que el pájaro contó, cuánto tiempo falta pa´que renazca la voz, cabecita negra no te olvides quién sos...” 

Tal cual, es así… 

Sí, por más que te vendan estas pseudolibertas financieras, no te olvidés tu clase social, de dónde sos, de dónde venís. Pero bueno, puede tener otras libres interpretaciones. 

“Choriplaner Versus las Fuerzas del Cielo” es un link al siguiente tema… 

Sí, que en realidad es una especie de “piazzollada” totalmente deformada. La voz y todo lo que se escucha era una propaganda del gobierno de la ciudad de la década del 80. Que siempre tiene esa cosa de vanagloriarse de que el país se saca adelante trabajando, que ahora ya quedó como una frase caduca pero que sigue tomando la derecha para adoctrinar. Por supuesto, yo acá la tomo en sorna.

Luego arranca “Los Pescadores”. Esta es medio psicodélica, ¿no? 

Es el tema pop del disco. La tapa del single la hizo Iván Riskin. Iván hace muchos cómics, es noisero en su forma de dibujar y de pintar. “Pescadores” habla de lo que veía en la calle yendo a laburar todos los días de La Boca a San Telmo. Es que en esos cuatro años que yo viví en La Boca, la gente que viene de las provincias a revolver en los tachos de basura capitalinos creció enormemente. Son personas cada vez más detonadas que se ponen a gritar en medio de la calle. En fin, lo que vemos todos los días. Eso se fue acrecentando y quedó el personaje que vemos ahora, alguien con un palo viendo que puede escarbar y vender. Por supuesto, hay mucha gente viviendo al lado de los tachos de basura. Acá a la vuelta hay personas que duermen ahí en medio de un olor insoportable. Es una degradación que yo nunca vi y que es de esta época. El tema es una canción medio sacra por momentos. Tiene una armonía tradicional con un desarrollo y un sonido medio indie. La voz está doblada, una que es muy aguda y una que está abajo. Habla de un personaje que habita en la ciudad y que antes era el ciruja. Un tipo que va a pescar en los “mares negros”, que son los contenedores y las bolsas de basura. Hay muchas personas en la calle con desordenes psíquicos también. Eso es correlativo de un montón de políticas que se fueron perdiendo. Todas las personas que tienen problemas psiquiátricos con tratamientos ambulatorios, mucha gente sin contención y que está afuera del sistema. Eso es un poco de lo que habla la canción. 

Después de un link, llega el último tema del disco: “El Helicóptero”. ¿A qué se refiere? 

Una canción que tiene bastante desarrollo, dura siete minutos. Arranca con una intro de menos de un minuto. Que es electrónica, con baterías electrónicas que están tocadas por mí. También hay un tecladito primitivo, un Casio de los 80, que tengo en mi casa, que mete unas baterías que parecen un chiste. Después entran unas violas, suenan medio folk. El último disco de Mateo, que justamente estuve escuchando ayer, se llama La Mosca, y tiene una canción llamada “Ficción Solar”. O “Carolina”, que es otra de mis canciones preferidas de Mateo. Ambas tienen esa cosa espacial de guitarras acústicas con mucha reverb y sonido muy envolvente. Acá hay una acústica mezclada con una eléctrica sin amplificación, unos sintes y una especie de batería media folclórica. La canción es medio premonitoria, la hice cuando presentaron la Ley Bases. Y también habla del colapso terrestre, los incendios y demás, la ecología es una pavada para esta gente que nos gobierna. Gente que parece estar todo el tiempo inflando un globo de la crueldad. Algo que en algún momento va a explotar, se les va a volver en contra. Por lo menos es lo que pienso yo: Ellos verduguean todo el tiempo a mucha gente, en algún momento esas personas se tienen que levantar. Después, el helicóptero obviamente es una imagen que a los argentinos nos remite al 2001. Este tema lo dice a principios del 2024. Musicalmente, está hecho con una afinación típica del blues, que es un Mi Mayor. La guitarra te da otras posibilidades cuando la afinás así. Suena diferente, tiene más armónicos. Este tema en el vivo me da para improvisar. Es de los pocos temas que toco en vivo por ahora, por lo menos. Estamos tocando a full con Nahuel Creche. Cuando lo empecé a armar pensé que iba a ser un embole porque es una canción larga. Pero tiene un desarrollo armónico que te va llevando. Yo creo que se hace bastante escuchable a pesar de ser la más larga del disco. 

Es un disco corto… 

Sí, 31 minutos. Creo que es el disco más corto que he hecho. También pensando en los tiempos de ahora y pensando que lo iba a editar en vinilo. 

El disco termina con otro link: “La venganza de Conan y su Ejército de Papas Fritas” … 

Termina con unas frecuencias super graves, es un sub low. Y ahí aparece un tango. El que habla es un médico, o algo así, que le mandaba un saludo en joda a algún amigo. Lo usé como de final diciendo vaffanculo, andá a cagar, y por eso tiene ese título también gracioso. Es un médico que era tanguero y que le mandó un saludo a otro tanguero. Un final medio oculto. 

Ahora la idea es sacarlo en vinilo. ¿Cómo continúa este proyecto? 

Ya hicimos la presentación en diciembre en Roseti, en la que armamos un video porque el disco es bastante intocable. O sea, yo podría armar una banda de cinco o seis músicos para tocar el disco en vivo. Pero también mi realidad es que ya hice eso una vez o dos y es mucho laburo. Para tocar una, dos, tres veces al año parece un despropósito y tampoco me da decirle a cinco o seis amigos hacer todo ese laburo, que vengan a ensayar y yo no poder pagarles. Porque aparte cada vez que tocamos por ahí como máximo pueden venir cincuenta personas. Así que desistí de esa idea. Estuve pensando un año cómo mierda iba a presentar este álbum. Pero el disco tiene un poco lo que ya te conté, mucho trabajo, cabeza y laburo de sonido. Después en vivo un poco se pierde eso. Así que para la presentación armamos un video con la escucha del disco, un video que armó la productora Circo Bohemio usando diferentes fuentes. Y al final en la parte del helicóptero sí aparecía yo con la guitarra, Nahuel se sumaba en un octapad y ahí cerraba el disco. También toqué un montón de repertorio mío. Yo saco discos desde el año 98 y tengo un montón de repertorio. Así que lo reformulo. Agarro los temas que más me pueden garpar hacerlos con la guitarra y una batería y los hacemos. Sí, armé especialmente para la fecha de diciembre, aparte del video, unos arreglos de cuerda para “No Soy Un León” y “Volviendo en Barco”, junto a mi hermano Waldemar, que tocó junto a su cuarteto de cuerdas El Piola Quartet. Y eso estuvo re bueno. O sea, el arreglo que terminó de armar mi hermano quedó re groso, es más, eso me gustaría grabarlo en algún momento. Tiene una sonoridad diferente y ahí también ves la potencialidad que puede tener el tema llevándolo a otro contexto. Quedé muy conforme con eso. De ahí nos fuimos a tocar a Uruguay, hicimos cinco fechas, tocamos en la tele también, en Mira Montevideo, un programa central de la televisión uruguaya. Estuvo bueno. 

¿Y cómo sigue esto? 

Mi idea ahora es tratar de presentar el disco. Porque además este lanzamiento coincide con la salida del documental Dissecting Zelmar (https://www.youtube.com/watch?v=xkkcbUnL5Jk), que produce el canal norteamericano Wastoids en YouTube. Una producción que me honra, hecha por Salvador Cresta. Y bueno, es el recorrido de todos estos años en la música y un poco capitalizar mi carrera. El año pasado di de baja a Gualicho Turbio y Ácido Canario, mis proyectos de banda, para poder viajar o para tratar de hacer otras cosas en donde por ahí tengo que estar solo. Si me va bien, joya, y si me va mal, me jodo yo solo. Pero estar dependiendo de otras personas hace que a veces no puedas activar. También depende mucho del humor, de la economía, de la amistad, ¿viste? Mi idea ahora es salir a tocar, ya sea presentando este disco, más algunos de Ácido Canario, temas de otros discos míos o lo que fuera. Lo que tenga ganas de tocar. Ya que tengo un montón de discos sacados, un montón de canciones, de facetas y cosas. 

¿Cómo va a ser la edición del vinilo de Zelmar Solo Bien Se Explota? 

Es una tirada súper corta, son 100 discos nomás. Me ayuda Finca Records y la gente de Música En El Ático, que es un programa de radio y podcast de Emilio Riesta. Lo voy a vender por mi cuenta en mi tienda de vinilos nuevos y usados. También voy a las ferias de vinilo y después mandaré algunos a Europa para que me hagan distribución. Pero pocos, no sé cuántos. O sea, si no voy a tocar afuera es difícil vender discos. Pero bueno, mi idea es ir a tocar afuera este año. Vamos a ver cómo me va. Mi idea es viajar, llevar discos y también tengo la posibilidad de que me los distribuyan allá. Todo es un trabajo de hormiga, por supuesto. 

Emiliano Acevedo