domingo, 15 de marzo de 2026

ANEL PAZ Y SU PASIÓN INTERMINABLE POR LAS GUITARRAS...


Anel Paz es uno de los mejores guitarristas argentinos. Dueño de una versatilidad única, demuestra toda su pasión por la música en todos los trabajos que realiza, ya sea como socio fundador del sello discográfico Happy Together Records -como productor, técnico de grabación y captador de talentos-, así como en su labor como cantautor y docente. Fanático del surf y la lectura, entre idas y vueltas; ha formado parte de innumerables proyectos musicales, desde Los Violadores, Los Políticos, hasta llegar a liderar El General Paz y La Triple Frontera, su grupo actual. Esta experiencia musical, que lo fascina, sintetizó su larga búsqueda musical en un combo que mixtura en sus composiciones rítmicas diversas de la música popular que van del rock al funk, pasando por el reggae, el candombe, la samba y el folklore. En esta charla temática nos dedicamos a hablar de lo que más lo apasiona: la guitarra. Para eso nos encontramos en su estudio del barrio de Caballito, en donde nos recibió con la humildad y generosidad de los grandes. 

ENTREVISTA> ¿Cómo te enamoraste de la guitarra? 

Yo venía de estudiar música y flauta dulce en el Collegium Musicum a los 8 años. Pero mi pasión con la guitarra empezó por la influencia de un tío rockero. Yo venía escuchando la música que se pasaba en mi casa, como todo el mundo, y en mi casa eran muy melómanos, se escuchaba mucha música clásica, jazz, tango, música brasileña, buena música, buenos artistas. Había una colección muy grande de discos de vinilo en casa. Hasta que un día vino mi tío y me dijo: "Mirá, pendejo, tenés que escuchar todo esto…” Y me trajo Deep Purple, Jimi Hendrix, Santana, Pink Floyd y Led Zeppelin. Ahí me explotó el cerebro, yo tenía 13, 14 años. 

Eso fue en los años 70, ¿no? 

Claro. En 1977, 78, en la época del Mundial de Argentina. Fue entonces que el sonido de la guitarra me voló la cabeza. Estaba re loco, hacía el air guitar, todo eso… Tocaba la guitarra en el aire, flasheándola con Gilmour, Hendrix, Page, Clapton, Peter Green del viejo Fleetwood Mac, B.B. King, Jeff Beck… Ahí me hice el vivo, porque yo tengo dos hermanos mellizos a los que les llevo nueve años, y ellos eran chiquitos y todavía recibían regalos de Reyes. Entonces, como a los cuatro hermanos nos tenían que regalar algo, yo les pedí a mis viejos una guitarra. Ellos no querían saber nada porque las guitarras eran carísimas, pero igual aceptaron y me compraron una. Era una Kuc, industria argentina, modelo Stratocaster anaranjada fluo. Con esa guitarra toqué durante años. Mi hermana menor había pedido una guitarra criolla, pero nunca se enganchó a tocar, y me la terminé quedando. Así que empecé a tocar en paralelo con las dos guitarras. Tocaba con la eléctrica sobre los discos que escuchaba, orejeando, hasta que en un momento formé Los Espasmódicos, mi primera banda en la escuela, con Marcelo Burd en guitarra y voz, un amigo que amaba a Elvis Presley. Hicimos un trío en el que yo tocaba la guitarra y hacía coros, junto a Marcelo y Javier “Dr. Muerte” Ramos, otro amigo muy querido, que en paz descanse, en la batería. Yo tocaba la guitarra, pero como no sabía tocar bien guitarra, tocaba el bajo. O sea, tocaba el bajo en la guitarra una octava más arriba. Entonces, la banda no tenía peso porque no tenía bajo. Un desastre (risas). Pero igualmente hacíamos rockabilly, éramos como los Stray Cats, aunque todavía no existían los Stray Cats. 

Esos fueron tus primeros pinitos con el instrumento, ¿en qué momento empezás a aprender en serio? 

Con un profesor de guitarra clásica llamado Luis Venosa, a los 15 años. Ahí también me empezó a fascinar el tema de la guitarra española. Luego armé otra banda llamada Dr. Rock con Mariano Gatto (guitarra y voz), Javier Ramos (batería y coros) y Alejandro Bouvier (bajo y coros); ahí yo tocaba la guitarra y hacía coros. Así empezamos a hacer shows e iban todos nuestros compañeros de la secundaria. Tocábamos en los pubs, era una locura. Ahí me volví loco con la guitarra. Estaba todo el día practicando, tocando con mi banda y sacando cosas de Zeppelin, etc. Yo era menor pero me iba todo el tiempo al cine Lara a ver La Canción es la Misma, y me sacaba las canciones. Un tiempo más tarde se produce la época de La Plata Dulce en Argentina, el “deme dos”, y todo el mundo iba a Estados Unidos a comprar cosas. Entonces un día mi viejo nos propone viajar a Estados Unidos. 

Anel en Dr. Rock, 1980.

Ahí te volviste loco… 

Claro, imaginate. Yo venía re loco con un montón de violeros: Page, Blackmore, Gilmour, Hendrix, Santana, Frank Marino, Peter Green, B.B. King, Ted Nugent... Todo eso fue previo a la época en que aparece Van Halen y cambia todo. Porque la primera vez que escuché a Van Halen no entendí más nada. No entendía que pasaba, que era eso de la técnica nueva del tapping. Yo decía: "Esto no se puede hacer en la guitarra…” Pero, previo a eso, estaban todos los guitarristas más tradicionales, más clásicos. Ya Hendrix era una locura, ¿no? Obviamente, lo que hacía Steve Howe era impresionante. Y otros que también me volvían loco eran Paco de Lucía y Cacho Tirao. Mismo el maestro Eduardo Falú. Mi viejo me llevaba a ver a Paco de Lucía y yo me acobardaba, pensaba que tenía que dejar la guitarra porque no se podía tocar así. “Ese tipo no es humano”, pensaba. Me gustaría nombrar a todos los guitarristas que me volaron la cabeza: Larry Carlton, Robben Ford, John McLaughlin, Lee Ritenoir, Steve Hackett, Trevor Rabin, Andy Taylor. Por supuesto, también me agarró un ataque demencial por Frank Zappa… Pero sigue habiendo guitarristas súper grosos en la actualidad como el italiano Matteo Mancuso, un fuera de serie. En Brasil está Yamandu Costa, un violero de otro planeta. Y en otros géneros me gustaba mucho lo que hacía en tango Juanjo Domínguez, tremendo guitarrista. Por supuesto, no se puede negar la importancia en el folklore de Atahualpa Yupanqui. 

Contame como fue tu primer viaje a Estados Unidos. 

Todo el mundo se compraba remeras, cámaras de fotos. Pero yo le dije a mi viejo que no quería nada de eso, que lo único que quería comprar era una guitarra. Yo no tenía ni idea de que comprar y le pregunté a mi tío rockero, que me anotó en un papel: “Comprá Gibson o Fender”, esa era la posta… (risas) Así que con mi viejo, quien primero se negó pero luego aceptó mi pedido, fuimos a una casa de música de Miami a comprar una guitarra. Así que llegué y les dije a los vendedores: “Quiero una Fender o una Gibson…” Ellos me miraban como si yo no tuviera ni idea de nada. Ahí me compré una Gibson SG, que en ese momento me salió 350 dólares, una fortuna para la época. Así, me volví a Argentina con la Gibson y era Gardel. Con esa viola toqué en una banda de heavy metal que se llamaba INRI. Luego toqué en una banda de fusión llamada Océano. Yo estaba todo el día tocando, esa es la verdad. Pero, como te decía antes, no entendía nada de lo que tocaba Eddie Van Halen, me pasaba días tratando de descular su técnica. Me volvía loco. Ahí, justo tengo que hacer la colimba el año de Malvinas…

Tocando en Océano, 1981.


No. Tremendo… 

Sí, pero zafé de ir a Malvinas, ¿sabes por qué? Porque, gracias a Dios, estaba en muy buen estado físico. Porque yo jugaba mucho al fútbol, jugaba al rugby, hacía artes marciales, siempre me gustó mantener un cierto estado físico. Entonces me meten en la colimba en Policía Militar. Pero era muy duro lo del entrenamiento y todo eso. Me acuerdo que conmigo estaba Blas Giunta, el que después jugó en Boca. Ahí me sugieren para zafar del entrenamiento que me metiera en la banda de música. Así que fui y les dije que quería estar en la banda de música. Me hacen una prueba con un tambor. Yo nunca había tocado el tambor, ni tenía idea, pero pasé la prueba, entré en la banda y ahí zafé de ir a Malvinas. Cuando salgo de la colimba, luego de catorce meses, me pegó muy fuerte toda la experiencia. Con decirte que mi amigo del alma, Javier Ramos, fue a Malvinas. Así que hice un cambio muy fuerte en lo mental, salí con la cabeza ultra punk. O sea, el tema era quiero vivir ya la vida, ahora. Me importaba todo un carajo, fuck everybody, porque fue muy loco lo que viví en la colimba, ¿viste? 

Ultra heavy… 

Tal cual. Entonces, dije, "Lo único que voy a hacer es tocar todo el puto día." Me metí en el conservatorio Manuel de Falla, y estaba todo el día estudiando y tocando. Además, en donde podía tocar con la eléctrica me anotaba. Empecé a tocar con bandas, me empezaron a contratar. Fueron varios años que no paré. Empecé a estudiar armonía, empecé a estudiar de todo. Pero siempre con la pasión por la guitarra. En ese momento vi a alguien que me enseñó cómo se hacia el tapping. Justo aparece toda una nueva camada de guitarristas, como Steve Vai, que empieza a tocar con Zappa, en el año 84, 85. En ese momento sale el primer solista de Vai, Flex-Able, en 1984, ese discazo es una locura. 

¿Y cómo era estudiar en el conservatorio? 

Estaba bueno. Ahí me pasó algo loco porque nos eligen a cinco chicos, los que estábamos más avanzados en cada año, para tocar con el maestro Falú. Eso fue en 1984, 85. Cuando mi viejo me vio tocando con Falú vio que lo mío con la guitarra venía en serio. Yo estaba todo el día practicando. Justo en esa época empiezan a aparecer la tercera generación de monstruos de la guitarra eléctrica que son los que traen toda la deformidad. Dejaba la guitarra eléctrica de ser esa cosa “linda” de escuchar a Clapton, por decir algo, y pasa al frente la cuestión de la técnica endemoniada y pirotécnica. Por ahí venía la mano. Medio raro también, porque para mí lo que manda es la música, no la técnica. Pero yo tenía que tener la técnica, entonces tenía que practicar todo el día. Entonces, un día le digo a mi viejo: "Yo me voy a ir a vivir a Estados Unidos, porque quiero estudiar." Quería irme a Estados Unidos para tocar con todos esos monstruos de la guitarra que estaban apareciendo. Pero no había forma financiera de que yo hiciese eso. Sin embargo, cuando mi viejo me vio tocando con Falú entendió todo y me dijo que iba a buscar la manera de que fuera a Estados Unidos… 

En el Conservatorio con el Maestro Falú.

Una verdadera patriada la de tu viejo… 

Totalmente. Pero yo también había empezado a moverme. En esa época era un quilombo, no había internet, no había nada. Llamar por larga distancia salía un montón de guita. Pero bueno, empecé a acercarme a la posibilidad de irme al Musician Institute a estudiar, porque ahí estaban varios de mis ídolos: Scott Henderson, Frank Gambale y Joe Diorio (el master del Bebop). Ahí empiezo con el tema de los guitarristas. Ya me había vuelto loco con Alan Holdsworth. La primera vez que lo que escuché sentía que ahí se había terminado todo. Porque, de hecho, Steve Vai, Van Halen y muchos más dijeron que el mejor guitarrista es Alan Holdsworth. 

Un capo… 

Sí, y yo me volví loco con él y lo fui varias veces a ver tocar y éramos solo 20 personas. 

Increíble… 

Yo nunca me saqué una foto con él porque me daba vergüenza. Pero íbamos 20 a verlo, y 17 éramos del Musician Institute. Pero escuchás lo que hacía Alan Holdsworth y era una locura. Otro con el que me volví loco fue Hiram Bullock. Y en ese momento también estaba copado con Paul Gilbert, que recién estaba en Racer X. También había salido Cacophony con Marty Friedman, otro super violero con el que después tuve el honor de tocar. Y además ya despuntaba Jason Becker, que era tremendo lo que hacía. Por supuesto, antes también me había vuelto loco con Randy Rhoads, el primer violero de Ozzy como solista. Y hay un montón de violeros tremendos que no se hicieron tan famosos, que no son masivos ni populares y me encantan. Uno de ellos es Shawn Lane, que llevó la técnica en la guitarra hasta lugares impensados. Él falleció muy joven y era un talento increíble.

Tocando con Marty Friedman (de Megadeth), 2003.

Tommy Bolin también murió muy joven…

Tal cual, otra bestia. Tremendo. Lo que toca en Spectrum, el disco de Billy Cobham, no se puede creer. Lo que está tocando el tipo ahí está quince años adelantado. Pero, bueno, volviendo a lo mío, en un momento me enganché con esos monstruos de la técnica. Pero a mí siempre me gustó tener la técnica que te permitiera hacer las cosas pero no quedarme enganchado en eso. En un momento se volvió una carrera para ver quien tocaba más rápido y todo eso y yo no me quise subir a ese tren. Me enganché técnicamente con la guitarra, como una cuestión de desafío personal, pero no musicalmente en eso. Porque después pasa que ves a guitarristas que está buenísimo lo que tocan pero no te transmiten nada. Ahí dije no, yo no quiero eso. Porque después viene Gilmour, toca solo cuatro notas y te mata.

Fue una elección musical la tuya…

Claro. En el Instituto estudié con Gambale y con Paul Gilbert, y eso me voló la cabeza. También los conceptos musicales de Scott Henderson. También tuve la suerte de estar ahí con Jennifer Batten, que es una de las reinas del tapping. Además tuve la fortuna de asistir a seminarios de Joe Pass, me saqué fotos con él, un grande, sin dudas. Así que mi pasión por la guitarra no se detuvo más desde que tengo quince años. Después, cuando surgió la posibilidad de ser endorser de Ibanez, aparecí en el mismo catalogo internacional con animales como George Benson, Paul Gilbert, Scott Henderson, Steve Vai, Satriani, Ritchie Kotzen

Con Joe Pass, en el Musician Institute, 1988.

Todos monstruos…

Sí. Con Satriani también me re enganché en un momento, me sabía todas sus canciones. Pero luego lo que me atrapó mucho es ser guitarrista cantante. Me empezó a llamar la atención eso. Porque no hay tantos. Salir del guitarrista “atómico” y ser un guitarrista frontman que canta. Ahí el grupo es muy reducido. En el exterior están, obviamente, Clapton, Hendrix…

Peter Frampton…

Frampton es genial. George Benson también es tremendo, la rompe cantando y con la viola. Otro es Frank Marino, un guitarrista y cantante canadiense espectacular. Ted Nugent es otro que toca y canta super bien. El frontman. Y después decís Prince, uno que toca y se canta todo. Pero empezás a buscar y no hay tantos que hagan ambas cosas. Curiosamente, en Argentina hay varios: Pappo, Lebón, Cerati, Mollo...

Guitarristas frontmen…

Sí, el modelo clásico sería Frank Zappa, un fuera de serie. Zappa está en otro universo, a otro nivel. Bueno, yendo a los bluseros, B.B. King, por supuesto; Gary Moore, tremendo violero. Gary Moore, para mí es uno de los que no están en el lugar que se merecen en la cabeza de la gente. Gary Moore tocaba y cantaba tremendo. Me estoy olvidando muchos… A ver. Bueno, Rory Gallagher, Freddie King, Johnny Winter y Stevie Ray Vaughan. Todos masters increíbles. Me empecé a volver loco con eso de tocar la guitarra y cantar y por eso armé El General Paz y La Triple Frontera.

En El General Paz y La Triple Frontera, con Arthur Maia

Una nueva forma de relacionarse con el instrumento…

Claro. El cantar me cambió el concepto de cómo tocar la guitarra. Es muy loco…

¿Cómo es eso?

Porque buscas más la melodía. El primer gran quiebre sobre cómo tocar la guitarra lo tuve cuando me fui a vivir a Estados Unidos. Porque acá no se trabajaba mucho el tema del swing. Lo que es el swing, que es como la subdivisión interna de la música, como vibra, como se percibe, como late la música. Por eso, cuando llegué a Estados Unidos, sentía que yo tenía una dureza que tenía que pulir. Y tuve que empezar a entender cómo era la cosa, porque no lo podés entender intelectualmente, lo tenés que incorporar. Cuando empezás a swingear todo cambia. En dos segundos te das cuenta si un músico swinguea o no.

Con Joe Diorio, 1988.

Hacer producciones también te cambió la perspectiva.

Claro. Ahí empecé a entender la guitarra desde otro lugar, de que es un instrumento polifónico, que podés meter muchas notas a la vez. No todos los instrumentos son polifónicos. Y cuando empecé a cantar, descubrí otro nivel de la guitarra. Empezás con los solos de guitarra a trabajar los motivos musicales que viene trayendo la voz, y ahí empezás a entender mejor cosas que te gustaban anteriormente, como, por ejemplo, lo que hizo Santana en “Black Magic Woman”, el tema de Peter Green. Como él desarrolla con la guitarra la melodía en ese tema es algo espectacular. Ahora, cada vez disfruto más entender la riqueza que tiene la guitarra como instrumento, porque es un instrumento rítmico, como puede ser la batería, la percusión; también es un instrumento polifónico, como puede ser el piano; y también es un instrumento solista, como puede ser un violín, una flauta, un saxo, un viento… Y, cuando lo trabajás, en contrapunto con la voz, tocando y cantando, eso es una experiencia mágica.

Tocando con Scott Henderson, 1994.

¿Vos sos de usar muchos pedales o más o menos? 

Tuve una época de usar mucho porque son lindos y te permiten llevar la guitarra a otros universos sonoros. Pero en un momento anterior a mi paso por Violadores, yo tenía una banda que se llamaba Pasión y Resurrección. Ahí hacíamos un rock bien crudo, en la onda The Cult, con guitarras más pirotécnicas. En ese entonces decidí tocar con el equipo y nada más y empecé a sacar todos los pedales. Después entré a los Violas y ahí solamente tocaba con el equipo. Tenía un equipo Marshall 30 aniversario con tres canales: canal crunchy, canal de distorsión y canal de solo, y nada más. Lo único que tenía puesto era un delay en los solos. Porque quería esa cosa pura, salvaje de la guitarra en el amplificador. Y con El General Paz mantuve bastante puro el sonido, a pesar de que es otra música que da para hacer efectos, por una cuestión de mezclar con la raíz de la música. Pero ahora en estos nuevos temas que estoy haciendo estoy poniendo un poquito más de locura sonora. Tengo distintas épocas. Pero a mí me gusta el sonido del equipo. Mientras que acústica y la española tienen la magia de lo orgánico. De hecho, habitualmente cuando vas a probar una guitarra en una casa de música, te ponen 1000 pedales… No, no, paren chicos. No es así. La guitarra se prueba desenchufada. O a lo sumo con un cablecito y con el equipo en nada, seco. Porque la guitarra es un instrumento que tiene que vibrar solo. El sonido lo tenés que sacar directamente de la guitarra, no podés estar pensando que el sonido lo vas a sacar del pedal. 

En Los Violadores, 1995.

¿Tenés las guitarras que necesitás y nada más? 

Hubo un par de guitarras que vendí en su momento y ahora me quiero matar. Lo que pasa con los instrumentos es que cuando te llega un instrumento bueno no lo tenés que vender nunca. Yo pensaba que todos los instrumentos eran buenos y después te vas dando cuenta que no es así. O sea, los instrumentos están todos bien, pero el que está allá arriba, que lo tocaste y te diste cuenta que es para vos, ese lo tenés que guardar, te lo tenés que quedar siempre. Son muy pocas, eh. Yo te puedo probar 200 guitarras, y te digo, no, no, no… O sea, sí sirven y podés tocar con esa guitarra o cualquiera. Pero hay solo algunas en las que algo pasa, que la madera se junta ahí, y es algo mágico. Se conjugan miles de cosas: la madera, quién lo fabricó, el momento justo… y cuando la encontrás, la tocás y decís: “Es esta”. 

Contame alguna anécdota al respecto… 

Cuando vivía en Los Ángeles, me dice Diego Temprano -mi gran amigo y hermano, con el que estudiamos en el Musician Institute- que había conocido a José Arredondo, un chileno que le arreglaba y tuneaba los equipos a Eddie Van Halen. Bueno, fuimos a la casa en el Valle de Los Ángeles y ahí estaba el equipo de Van Halen y le pregunté si podía tocar la viola y me dijo que no había ningún problema. Arredondo le estaba haciendo el prototipo del equipo Peavey del disco 5150. Fue una experiencia única tocar esa guitarra. Imaginate, ¡tocar la guitarra de Eddie! 

¿Ahora cuántas guitarras tenés? 

No tengo muchas guitarras. Tengo la Ibanez verde que es tremenda. Mi guitarra española que tengo hace mil años… Lo que pasa es que también me cambió mucho la perspectiva el tema de los viajes, cuando empecé con las giras internacionales en el 2015. Porque tenés que viajar lo más ligero posible. En las primeras giras nos llevábamos todo un equipamiento brutal y ahora es imposible sostener eso. A nivel financiero, porque te sale un huevo, y a nivel logística porque es un quilombo. Tenés que reducir todo y llegar con mi guitarrita a cualquier lugar y sonar. Ya sea el festival más grande o un pub chico, yo tengo que sonar, tengo que reducir todo. Fue todo un desafío que nos llevó tiempo, lo hablé mucho con mi manager, Pablo Turchetti. En el estudio sí grabo con mil cosas, porque ahí estoy para investigar, uso una guitarra, la otra, un equipo, los otros. El estudio está para investigar, pero el vivo te exige otra dinámica. 

¿Qué te da la Ibanez verde? 

Es una guitarra con una madera increíble y es ancha, no es una guitarra especial para la pirotecnia, las pirotécnicas son como muy flaquitas, finitas y muy veloces. Esta es una guitarra machaza con buen tono. Finalmente, cuando ganás en velocidad perdés en tono y viceversa. Cuando ganás en tono perdés en velocidad. O sea, para el tono obviamente tenés que tener cuerdas bien gruesas, estilo Stevie Ray Vaughan, unas cuerdas re gruesas que te sangran todos los dedos. Cuando querés tener mucho ritmo y velocidad no le pones cuerdas gruesas. Yo a la Ibanez le pongo cuerdas 0.10, un poquito gruesas. Pero son elecciones personales, es para lo que cada uno vaya a tocar. 

Emiliano Acevedo