No
vaya a creerse que todo han sido mieles en la carrera musical de Leopoldo Pepo Limeres. Su espacio vital siempre fue ganado
a punta de esfuerzo, y cargando en sus espaldas el prestigio de ser uno de los
integrantes fundamentales en la historia de Pez, el grupo liderado por Ariel
Minimal. Niño mimado en el under del rock argentino de los años 2000, el
entonces imberbe Pepo comenzó sus escarceos tecladísticos apenas despuntaba la
primera década del siglo XXI. Los chapoteos en el under lo guiaron hasta su
debut discográfico como parte de la cofradía del Pez de Buenos Aires. En el
grupo estuvo más de una década, grabando discos ahora gloriosos y reverenciados
por los fans, tanto en vivo como en estudio. ¡Pepo, qué hombre!, gritaba alguno
por allí, entre la gente que lo iba a ver tocando junto a Minimal, Fósforo García y Franco
Salvador, en esas misas de Pez que inducían al pogo, en donde el tecladista
tocaba más fuerte que ninguno.
No hay tanta diferencia para Limeres entre ser integrante prestigioso de Pez o formar su propia banda Pasajero Luminoso, tocar rock, pop psicodélico, progresivo, punk, tango, folklore o fusión. Por supuesto, en el medio están las canciones. Pedazos de vida con trazos melódicos contundentes, sin pretensiones pero precisos. De todo eso hablamos en esta charla.
ENTREVISTA> ¿Cómo fueron tus inicios en la música? ¿Empezaste directamente en el piano?
Sí. En mi casa había un bajo, una guitarra, con ellos coqueteaba, pero nunca me habían llamado la atención, hasta que apareció un piano, cuando tenía 11 años, y me maravillé con el instrumento. Me llamó mucho la atención, empecé a jugar y me mantuve jugando con él toda mi vida. Estudié, tuve un poco de formación académica, pero muy poquita. Habré estudiado un año, con eso aprendí a leer, y después seguí. Más tarde tuve otro profesor, un grande del tango como Virgilio Expósito, el autor de “Naranjo en flor”. A él llegué por una cuestión de amistad familiar, pero más que nada era ir a charlar, porque la verdad que Virgilio era más orejero que otra cosa. El viejo improvisaba las clases, charlábamos, él era como un abuelo para mí. Y eso fue todo mi secundario en la música, ponele. Después a los 21 empecé a estudiar con un tipo que me pasó mucha información de jazz e improvisación. Eso fue por ahí el abordaje más académico que tuve durante un par de años. Y después siempre fui autodidacta. Tocando todo el tiempo.
¿Y tus influencias en el teclado por qué lado venían?
Siempre mi abordaje fue muy pianístico, aunque terminé siendo tecladista por una cuestión de la época. Quizás porque en vivo es difícil que haya un piano, uno siempre lleva su teclado. Así me terminé haciendo tecladista, pero siempre mi corazón fue de pianista. Entonces, siempre me fascinaron los pianistas de jazz o de tango. Los del mundo del rock progresivo no me fascinaban. Obvio que los escuchaba y me gustaban, pero por ahí no le prestaba tanta atención como a los guitarristas de los grupos progresivos. Obviamente, cuando escuchaba a Frank Zappa, en las partes que aparecía George Duke tocando un solo me llamaba la atención, pero me gustaba la música de Zappa, no es que tenía preferencia por sus tecladistas. Por ahí sí me pasaba con Supertramp, que tenía dos tecladistas, pero más que nada cuando tocaban en el piano. Siempre me llamó la atención la parte más pianística. Por eso después me interesé mucho por el jazz: Bill Evans, Thelonious Monk, después conocí a Hancock y me voló la peluca, Chick Corea también, eso a mis 20 años. Pero siempre fui bastante tradicionalista, seguí disfrutando los discos del Bill Evans Trio, para fascinarme con la sonoridad del piano, siempre pasó más por ahí mi búsqueda, y lo sigue siendo. Ahora, cada tanto descubro algo de Ariel Ramírez, me pongo un valsecito de él y se me cae la baba.
Vos también has incursionado mucho en la fusión…
Siempre he fusionado, porque de alguna manera, yo soy el tipo de músico al que le gusta querer aprender de todo, pero nunca ser un especialista en nada. O sea, no tocar nada bien en ningún estilo. El tango me encanta, me encanta el jazz, me encanta el folclore, pero no soy ni tanguero ni jazzero ni folclorista. Siempre mi acercamiento fue de curioso. De decir: “Qué linda esta música”, y después ver que podía aprender de eso. Nunca tuve maestros que me hayan enseñado como se toca correctamente el folclore o el tango. Volvemos a lo mismo, siempre fui muy autodidacta, entonces mi abordaje fue ese. Por ahí la música que he compuesto a lo largo de mi vida tiene esa mixtura y los gustos musicales que uno trae consigo.
¿Cómo fueron los primeros grupos que integraste?
Es que yo en realidad prácticamente siempre fui un deforme. He tocado en el secundario, en un grupo durante tres meses, y ni llegamos a tocar en vivo. De hecho ahí cantaba, cualquier cosa, nada que ver. Después, recién cuando terminé el secundario, me metí con el tema del estudio del jazz. Después de varios años de estudiar jazz, me animé a juntarme con un trío a tocar jazz, y ahí empezaron a aparecer los conocidos que me empezaron a abordar, a proponerme cosas. Así estuve tocando primero con una banda que se llamaba Mongo, que era un grupo de rock, con influencias de Zappa, Spinetta, etc. Eran muy loquitos, ese fue mi primer abordaje con el rock. Después toqué un poquito de jazz. Más tarde toqué en una banda onda Fabulosos Cadillacs, con vientos, hacíamos música bailable. Esa fue una buena experiencia también. Ahí yo -que hasta ahí me la había pasado tocando jazz- me tuve que acostumbrar a tocar dos acordes, acordes mayores, V – I, y no saber qué hacer después, porque era una armonía súper austera. Hacía lo que me salía. Pero todas fueron experiencias que me hicieron aprender. Y después apareció Pez, cuando yo tenía 27 años.
¿Cómo es tu ingreso a la banda?
Fósforo [García], el bajista, ya me conocía de haberme visto tocar alguna vez. Vio que tenía una onda que podía funcionar, así que fui con ellos y arranqué con todo.
¿Cómo fueron esos primeros tiempos de acoplarte a lo que venía siendo la banda?
Yo arranco un poquito antes de [el disco] Folklore (2004) y me quedé hasta después de Volviendo a las cavernas (2011). Estuve 10 años en esa primera etapa.
¿Lo de Folklore cómo lo curtiste? Era una etapa bien progresiva del grupo, con Ernesto Romeo tocando a la vez sintetizadores vintage…
Claro, lo que se dio esa vez fue que yo pasé a ser el pianista de la banda. Pero a Ariel le faltaba el tema de los sintetizadores y yo no conocía ese mundo, no tenía ni idea. Como te decía antes, yo siempre fui más pianista que un tecladista, y Ernesto tenía todos esos sintetizadores modulares impresionantes. Así que yo me dedicaba a los pianos. Me ocupaba si había que grabar un [Yamaha] CP70, un Rhodes y no más que eso; mientras que Romeo se encargaba de los efectos, los sintetizadores y demás. El clavinet no me lo prestaba, lo usaba él [risas]. Él también tenía un Mellotrón, todos los sintes analógicos. En la actualidad, como Ernesto no está más, yo me hago cargo de los sintes en el grupo, tengo uno chiquitito y le meto mi onda.
¿Y qué te acordás de la grabación de Folklore?
Es un gran disco. En ese momento, y en todos los discos que grabé con Pez, se grababa la banda en vivo. Después se sobregrababan las voces, y capaz algún solo de guitarra cuando Ariel cambiaba la viola y demás. Con el disco Folklore en especial, todos los sintetizadores también se grabaron después. O sea, yo grabé piano Rhodes con la banda, el cuarteto, y fuimos al estudio de Ernesto con los tracks abiertos y así, tema por tema, fuimos poniendo acá un ARP Solina, acá un Moog, acá esto, acá lo otro, etc. Se fueron sobregrabando todos los colchones de teclados. Yo, en ese momento, lo miraba de costado, porque no era el dueño de la pelota, simplemente estaba ahí mirando lo que se hacía. Por el contrario ahora, en De Buenos Aires, tuve la suerte de ser yo el que produjo con Ariel y con el sonidista todos los colchones de teclados. La manera de grabar sigue siendo la misma. Yo grabo piano en vivo, piano Rhodes y después otro día voy y meto ARP Solina, Farfisa, Moog, todos los sintetizadores, ¿viste? Cuerdas, strings, lo que sea; le metemos pesto.
¿En la época de Folklore, Ariel traía sus ideas musicales y ustedes las desarrollaban?
Siempre. Ariel es el tipo que maneja la composición en general y el rumbo en el grupo. Por supuesto, abierto a las propuestas de canciones que traigan los demás integrantes, ¿no? Si da la onda para meter alguna canción, y a él le gusta, le pone letra. Generalmente las letras siempre las hace él. Así que, digamos, 70% son todos temas de Ariel y por ahí el otro 30, es un tema mío, un tema del batero, un tema del bajista. Siempre fue un poco así.
Del disco en vivo Para las almas sensibles (2005), ¿qué te acordás de esa grabación?
No me acuerdo mucho. Sí me acuerdo que creo que fue en La Trastienda y el ND. Fueron un par de shows que se grabaron y de ahí salió el material. Yo en esa época, te digo la verdad, no sé si me entusiasmaba tanto que se grabase un disco con todos temas viejos de la banda. Como yo venía de afuera, para mí ese material no era tan emotivo como sería para Ariel eso de grabar temas que había compuesto hacía 10, 15 años atrás. En ese sentido, no tenía demasiado interés en eso, ya quería grabar un disco nuevo en estudio, un poco lo viví así. Quizás no me pase lo mismo en la actualidad. De hecho, después se graba otro disco en vivo en el 2010 [¡Viva Pez!], y quizá ese ya me sentía más parte del proyecto. Ya habían pasado 8 años desde que yo tocaba en el grupo.
En Hoy (2006) hay un cambio estilístico bien groso, ¿no? Porque pasan de un rock progresivo a uno bien folk psicodélico, se podría decir…
Sí, una cosa más cancionera. Yo ahí también me hice cargo del órgano, con la salida de Ernesto Romeo. Cuando él se fue yo empecé a tocar Hammond en el grupo. Como ya no teníamos sintetizadores, a la banda tampoco le interesaba seguir con eso. Folklore fue una cosa muy puntual pero después, en los años que yo seguí tocando, siempre se rechazó el sintetizador. Ariel no quería que haya sintetizadores. Cosa que ahora ya no así, hoy él ya pasó por un montón de situaciones y le encantan esos sonidos. Empezó a escuchar Genesis y le gusta mucho, pero en esa época todavía no tanto. Entonces era todo más tradicional: Rhodes, Hammond y listo, vamos por acá. Así salió ese disco que es donde yo pude poner meter muchas sutilezas musicales. Como era un sonido más chiquitito, se escuchan los detalles del piano. Eso está bueno. Me pude lucir desde mi lugar un poco más.
Hace poco volvieron a tocar Hoy entero en vivo…
Lo volvimos a tocar, a finales de 2024. Y esa fue mi vuelta, mi regreso al grupo. Yo vuelvo a tocar con ellos en esa presentación y ahí me invitan para que me quede. Vuelvo después de 13 años.
En Los Orfebres (2007) hay otro cambio estilístico bastante importante, porque pasan a un rock bien pesado. ¿Cómo te sentías ahí?
Me encantó ese disco. También siempre desde mi lugar, con Rhodes y Hammond, pero ya con un Hammond más rabioso, con distorsión, peleando más con la viola de Ariel. Y ahí uno va aprendiendo a tocar. Vos pensá que Pez es una banda que tiene mucho volumen, con un grano de guitarra bien grueso. Entonces, para el tecladista no es tan fácil. A mí me llevó muchos años aprender a tocar fuerte, pero fuerte en serio. Me llevó mucho tiempo entender de qué tenía que romper. Si voy, voy con todo, con distorsión, porque si no, listo, no me escucha nadie. Me llevó bastante tiempo aprender a tocar así e implementarlo en el vivo. Quizás, ahora cuando vuelvo a la banda después de tantos años ya estoy muy acostumbrado a tocar fuerte, pero también siento que todos están un poco más tranquilos. Como que los años hacen que ya no necesariamente tengan que tocar tan fuerte y todo el tiempo. El grupo aprendió a medir la intensidad y hay una madurez que está buena.
Después llega El porvenir (2009), otro cambio bastante importante, porque si bien sigue siendo potente, la música se pone un poco más pop, ¿no?
Claro. Ese y el disco que viene después [Pez, 2010], son álbumes de canciones urgentes, punk rockeras.
¿Estos cambios se le ocurren a Ariel sobre el pucho? ¿Viene y dice: "Ahora quiero hacer esto"? ¿Cómo es?
Creo que, de alguna manera, él debe encontrar un punto de quiebre en donde se da cuenta que le salen ideas en un estilo determinado, las va proponiendo, y así se va dando cuenta hacia dónde van las cosas. A veces por ahí está más dirigido, más claro. El porvenir, por ejemplo, es un disco que tiene dos o tres temas que eran de Los orfebres. Y después el disco posterior es una secuela de eso. En El porvenir tienen esa onda, esa impronta progresiva, y otros temas que son claramente más poperos. Pero bueno, quedó ese concepto de disco, que se continúa un poco en el siguiente, en Pez.
También un disco cortito, bien punzante, al hueso…
Ese disco está más acabado como punk pop. Y El porvenir está a mitad de camino, es que todavía quedaba la escuela de Los Orfebres, ¿no? Pero es natural y está bien. O sea, no es forzado, es lo que se va dando. Estos temas salieron así porque todavía están impregnados de lo que venimos haciendo, pero a ver, vamos hacia acá, hacía este otro estilo, y bueno, así va apareciendo con más claridad el disco, ¿no? Es lo que yo supongo. Yo no estoy en la cabeza de Ariel, pero siempre es así como se dan las cosas en la dinámica musical del grupo. Es muy fresco, muy espontáneo, lo que se va dando.
¿De Volviendo a las cavernas, qué te acordás?
Bueno, ahí ya llevaba nueve años con ellos, y me parece que estábamos medio hinchados las pelotas. Porque habíamos ido a Brasil y ya había roces. Me acuerdo que tocaron ellos como trío la base de los temas y yo fui a grabar los teclados otro día. Ni nos hablábamos. Todo bien igual, pero fue como se dio, ¿viste? Así que salió el disco y me fui ese mismo año. El grupo venía con mucho volumen, y yo estaba medio cansado de eso. Así estuve 13 años afuera de la banda. Estuve con otros proyectos personales. Como que mi cerebro estaba pidiendo pista, estaba pidiendo otra música, otro estilo. No tanto volumen. Y bueno, es lo que fui a buscar.
Así que te vas por esa nueva búsqueda artística…
Claro. Pero tampoco sabía a dónde iba, cómo iba a arrancar, hacia dónde iba a ir. Se fue dando, primero empecé a tocar con un bajista con el que nos juntamos. Después apareció un violero, un batero, y yo tenía ganas de hacer música. Entonces, las ideas afloraban, y ellos eran un grupo de pibes divinos que se recoparon con lo que yo llevaba, hacían sus arreglos, tocábamos los temas, y armamos ese proyecto tan lindo que fue Pasajero Luminoso. Una banda que duró 11 años.
Un proyecto autogestivo donde fusionaban un montón de ritmos y estilos…
Sí, sí, era delirarla con lo que se nos ocurriese y llevarlo a cabo. Simplemente haciendo música. Yo siempre compuse mucho desde el piano. Entonces iba componiendo partes, flasheaba, y después en la sala enseguida los temas se armaban al toque. Capaz que no al toque, porque los temas eran difíciles, había muchos cambios, muchos acordes, muchos arreglos, pero fue bastante natural como se dio todo el proyecto. Tuve la suerte de tener unos monstruos al lado que se tocaban todo. Imaginate, yo era el compositor, pero técnicamente, como instrumentista, me sentía el peor al lado de ellos. Tuve esa suerte, pero tampoco me voy a hacer el modesto, ¿no? Siempre yo me di cuenta de que por algo estuvieron tocando conmigo tanto tiempo. Todos ellos eran muy grosos, y tocaban además con otros músicos muy importante además de estar conmigo, así que pensaba que algo veían en mí porque si no no lo harían. Tan simple como eso. O sea, no es que yo les pagaba, era una banda que íbamos y nos llevábamos, ponele, 100 pesos en el bolsillo cada uno. La muerte. Pero bueno, lo pudimos llevar adelante. Grabamos cinco discos.
¿Por qué es tan difícil vivir de la música?
Yo creo que tiene que ver un poco con la coyuntura. La música generalmente cuando es tan intrincada, tiene tantas partes diferentes, es tan meditativa, hace que el oyente tenga que estar atento porque si no se está perdiendo todo. Y en general poca gente va a escuchar ese tipo de música. De hecho, la mayoría de los jazzeros más grosos que tienen su momento te llenan bares, pero te llenan bares, no un estadio. O sea, 100 personas, 150. Y por ahí viven de eso, porque tocan acá y allá, no paran de tocar y generan su sustento. Pero la verdad es así, yo me acuerdo de estar tocando con Pasajero en Bebop Club, cuando estaba en el Centro, ponele que tocábamos de 7 a 9 de la noche, y después tocaba un pianista muy reconocido. Bueno, la cuestión es que terminamos nosotros de tocar, salen ellos después y el bar estaba totalmente vacío. Por ejemplo, el bajista Daniel Maza es un monstruo, pero ¿sabés cuántas fechas habrá tocado para tres personas? Y estamos hablando de lo uno de los bajistas más capos del país. Ahora, cuando los artistas de jazz tocan en eventos municipales, eventos de gobierno, que son gratuitos, ahí la gente va, capaz que meten 1500 personas. Después, esos músicos tocan una semana en un bar y no va nadie. O sea, a la gente le cuesta pagar una entrada para ver música. Al jazz le pasa eso. Fíjate cuando organizan un Festival de Jazz en el auditorio de Parque Centenario, se agotan las entradas al toque. Tiene que ser gratis la música. No, flaco, dale, no es así. O no debería ser así. Pero la gente va nomás si es gratis y después paga una entrada exorbitante para ver cualquier mierda, ¿viste? Pero bueno. Es la que nos toca, hermano, no sé qué decirte. No tengo la respuesta.
¿Cómo fue tocar con Gabo Ferro, grabar con él? ¿Qué te acordás de esas experiencias?
Con Gabo fue una experiencia hermosa. La verdad que era un chabón con una sensibilidad increíble. Una voz que a mí realmente me sorprendía. Era un placer y un privilegio tocar y acompañar esa voz. No me había pasado nunca. Un tipo que cantaba en serio. O sea, Ariel canta bárbaro, pero bueno, es otro tipo de cantante. Gabo te clavaba unas notas, unas melodías que decías, "Wow, boludo." Metías la nota del piano, escuchabas esa voz y te volvías loco. En el vivo más que nada.
Claro, es como que le daba vida a la canción, la interpretaba de una forma muy particular.
Exactamente, era un gran intérprete. Como un actor ponía cada nota. Era otro tipo de artista, obviamente. Sí, fue fantástico. Tuve la suerte de estar en los dos primeros discos y en el tercero no estuve porque habíamos empezado a ensayar y justo él quería presentar el disco en la Trastienda, pero ese mismo día yo tocaba con Pez en El Teatro de Colegiales, o una cosa así. Así que el muchacho no me iba a esperar. Por eso me dijo: "Mirá, Pepito, disculpame, pero no tocaremos más juntos." Ok, listo. Obviamente, yo me quedé medio triste, pero bueno, ahí me reemplazó por otro. Está bien. Bueno, son cosas que a veces pasan.
¿Y tu retorno a Pez fue algo inesperado o lo veías venir?
Ariel ya me lo venía proponiendo. En el concierto aniversario de los 30 años de grupo me propuso que yo vuelva. Incluso, antes de que se uniese al grupo Pichu [Hernán Espejo], el otro guitarrista. Antes de grabar el disco Ion, Ariel me dice: "Mirá, estamos con un disco nuevo bajo el brazo y nos gustaría que estés." Y yo la verdad estaba con Pasajero y todavía seguía poniendo mi energía ahí, así que le dije que no. Porque entrar en Pez, no es entrar y tomártelo así a la liviana, porque te consume la vida. Tenés que sacarte un repertorio, estar ensayando. Yo ya lo había hecho durante 10 años. Así que le dije que no. Después me lo volvió a ofrecer, le dije que no de vuelta, y un día me pregunta: "¿No querés tocar conmigo solista?" Y así fue que hace tres años atrás, estuvimos un año tocando en trío: Ariel en guitarra, Martin del Soto en percusión y yo en piano. Estuvimos girando un tiempo. Hicimos giritas por la Costa, por algunos pueblos de Buenos Aires. Creo que hasta Córdoba llegamos a tocar. Eso estuvo hermoso. Yo ahí me enganché porque era otra cosa, ¿viste? No era meterse de vuelta en el rock; era ir y tocar el piano en trío. Por eso le acepté la propuesta. Pero claro, fue una engaña pichanga, porque volvimos a reencontrarnos, a ensayar de vuelta, a tocar. También tocábamos temas de Pez en versión acústica. Y bueno, cuando se dio lo de tocar Hoy, el disco entero, fue la tercera vez que me dijo: "Eh, ¿te vas a quedar, maricón?” Así que bueno, esa vez acepté. Y por otro lado puse en stand by el proyecto de Pasajero. O sea, Pasajero se disolvió y ahora me estoy abocando a Pez.
Volviste full time a Pez…
Me estoy abocando a Pez nomás. Es que a mí me cuesta mucho estar en varios proyectos a la vez, habrá gente que lo puede llevar, pero yo no puedo, me cuesta mucho.
Y este regreso a Pez se da justo con De Buenos Aires, este álbum que es tan particular, ya que tiene un lado con una canción de 20 minutos y otro de seis canciones cortas, urgentes. En la suite de 20 minutos pusiste una composición. ¿Cómo fue eso?
Hay una música mía que yo traía de antes. Cuando disuelvo Pasajero, tenía dos canciones que ya estaban hechas, tocadas con el grupo, pero que nunca se habían grabado. Y una de esas canciones me parecía muy interesante como para que la toque Pez y lo que hice fue readaptarla, porque era más larga, era como una canción entera de seis minutos. Así que adapté la parte principal, los solos los pusimos sobre la base armónica de Mi menor y Do mayor, cosa que en el original no era así, porque tenía otra parte que se iba a otro lado, era un quilombo de acordes. Eso lo saqué todo y le dije a Ariel: "Mirá, ¿esto te gusta? Es medio tanguero." Y enseguida le encantó y empezamos a ensayarlo. Costó un poco porque es un ritmo medio raro en 5/4, pero una vez que salió fue una topadora. Y quedó muy lindo, quedó como una parte instrumental dentro de la canción. El tema se llamaba “Majestad”, en honor a una perrita a la que quiero mucho y cuido todos los años, cuando se van los dueños de vacaciones, así que esa parte se la había dedicado a ella. Así fue que le quedó ese título, “Majestad”, a esa parte instrumental de la suite.
¿Cómo fue hacer ese tema largo? ¿Cómo fueron uniendo las partes para que no se note eso? Porque vos lo escuchás y es como los viejos temas de rock progresivo que es como un continuum.
Sí. Ariel fue trayendo una parte, otra. Yo ahora no me acuerdo bien. El orden de las diferentes partes se fue cambiando. Sobre ideas muy sólidas que él iba trayendo, se iban armando después las transiciones. Se fue laburando poco a poco. Después cada uno fue haciendo su aporte, como siempre. Los músicos van haciendo los aportes y los ajustes necesarios para que las partes fluyan. Y así fue quedando con mucho ensayo. Hubo que ensayarlo mucho para que sonara orgánico. Grabarlo al aire para ir escuchándolo, tipo: “No, esta parte parece que no anda, capaz funciona mejor si vamos desde esta parte a esta otra…” Todo se charla. Si bien siempre es Ariel el que decide, tiene la última palabra, entre todos opinábamos y vamos generando que funcione la cosa.
¿Y del Lado 2 del disco, el cancionero, qué te gustó?
Bueno, “Busco decir” es un temazo, me encanta. Después, en “No somos hormigas…” ahí metí con unos Clavinet que yo nunca había utilizado en Pez. Como que fue una novedad. Así que metí Clavinet con Wah-wah. Es más blusero ese tema. Después está “Pude haber dicho que no”, que es una balada blues, y me gusta mucho. Pez nunca bluseó mucho. Por lo menos, en los discos viejos no hay tanto blues, y este último tiene bastante de eso. Ariel nunca había sido blusero, y dijo una vez hace 15 años en una entrevista, que un blusero viejo, que no sé quién era, le dijo: “Quedate tranquilo pibe, que vas a ver que de viejo todos volvemos al blues, todos caemos en el blues…” Y es la verdad. Creo que un poco es así. Como que uno tiene cosas bluseras a lo largo de su vida, pero viste, el blues es como que te empieza a invadir en la manera de tocar, en los fraseos… y bueno, no por nada es un estilo tan groso, ¿no? En la historia. Está en los orígenes.
¿Crees que este es el mejor disco de los que hiciste con Pez?
Sí, está entre los mejores. Creo que Los orfebres es un disco más urgente. Es distinto, no está tan producido. Es un disco grabado en vivo prácticamente. Pero Los orfebres tiene eso que es una topadora, ¿viste? Mucha energía puesta en dos, tres días de estudio, grabando, y lo que quedó no lo podés reproducir igual nunca más. Es una cosa muy de catarsis. Me parece que eso yo lo valoro mucho. Después el disco Hoy es un álbum bellísimo de canciones. Entonces esos dos siempre fueron mis favoritos. En cambio, Volviendo a las cavernas, yo lo grabé todo, me fui de la banda, y después me lo puse a escuchar entero y me sorprendí a mí mismo de todo el aporte que estaba haciendo en ese momento de bronca, de no querer hablar más con el otro. Recién después, cuando me fui dije, "Está buenísimo." La percepción cambia con el paso del tiempo y las circunstancias. Por supuesto, De Buenos Aires me parece que es otra de las grandes obras que pude grabar con ellos.
¿Ahora qué músicas te salen cuando estás solo en tu casa y te ponés a tocar?
Todavía no abrí el grifo. Durante mucho tiempo me la pasé componiendo y, de repente, ahora me cuesta ponerme a improvisar, a tocar, a componer, a buscar una canción. Así que siempre que me siento al piano estudio obras, toco música clásica por primera vez en mi vida, estoy tratando de mantener un repertorio extenso que la ejecuto todo el tiempo para estar constantemente tocando arreglos difíciles, y poder interpretarlos. Son búsquedas personales. Ahora estoy con ganas de meterme un poco en el tema de la milonga. De aprender a tocarlas bien. Pero estoy componiendo muy poco. Sí, estuve tirando algunas ideas. Ya va a llegar el momento en donde voy a abrir el grifo un poquito para para ver qué sale y ver si a los pibes les gusta lo que yo llevo, yo qué sé.
Estás siempre con las antenas paradas para ver si se capta algo interesante…
Claro. Aparte ya hay dos temas nuevos que trabaja Ariel, o sea que eso también a mí me da un marco de hacia dónde podría ir la música del disco que viene de Pez. Entonces por ahí alguna idea que se me ocurra se la puedo llevar a él a ver qué le parece.
¿Y la onda para dónde crees que va a ir en la música futura del grupo?
No. Por ahora hay dos canciones que son bastante baladas. Pero no sabemos, porque por ahí no va a ser un disco de baladas, pero bueno, ya los temas lentos del disco medio que están, ahora habría que componer la parte power.
Hay una pregunta que me gusta hacerle a los compositores, a los músicos en general: ¿Qué tema de otro te hubiese gustado componer a vos.
Nunca lo pensé, ¿sabes? No sé, te podría decir un montón de canciones, de músicas. Te diría “Libertango”. Temazo. O alguna de Wonder también, seguramente, alguna balada hermosa de él. Alguna de Charly, quizás, un “Desarma y sangra”. Pero no, nunca lo pensé. Sí me encanta jugar a reconocer cuando aparecen influencias en la música que voy tocando. Ejemplo, esto me hace acordar a cierto músico o esta parte es música clásica, y siento que mis estudios aparecieron ahí. Sin buscarlo en realidad, porque apareció de repente, y eso a mí me gusta. Jugar a eso, a reconocer que tal tema tiene un poquito de Charly, o acá parece un poquito de música de animé japonés. Acá aparece esto que es un estilo re Zappa, o re Serú Girán. Me gusta, porque sé que no lo estoy copiando, sé que llegué ahí porque mi oído me llevó ahí y es lo que yo escuché a lo largo de toda mi vida, entonces, claro, eso me flashea. Porque no lo estaba buscando adrede.
Entonces, los proyectos de ahora más son lo que venga con Pez y alguna otra cosa que te surja a vos, ¿no?
Y sí. Estoy también en un momento de involucrarme mucho con el piano. Me gustaría armar un proyecto paralelo en algún momento y grabar alguna otra cosita. Por ahí volver a grabar piano, quizás con un bandoneón, un contrabajo, algo muy acústico. Tengo esa esperanza de que en algún momento me vuelque hacia ese lugar de vuelta.
Emiliano Acevedo








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