Rock y cine,
cine y rock; una relación pecaminosa que ya tiene 60 años de duración. Si bien
en los últimos años, con el advenimiento del DVD y la proliferación de la
difusión online vía internet, se lanzaron todo tipo de películas rockeras muy
buenas (ya sean rockumentales, documentales sobre shows o biopics), el vínculo
entre estas dos artes ha tenido, con el paso de las décadas, sus altas y bajas,
e hitos que cimentaron la historia.
REBELDE
ME LLAMA LA GENTE
Desde los años cincuenta, la imagen como
concepto ha tenido una importancia vital en la cultura rock y sus ídolos. A
veces, incluso, por sobre de sus cualidades musicales. Por eso, mucho antes de
que surgiera el vídeo clip, los grupos inmortalizaban sus shows mediante el
rancio celuloide, o filmando películas ficcionalizadas. Sin dudas, uno de los
primeros mojones de esta historia es The
Blackboard Jungle (Richard Brooks, 1955), el primer intento
hollywoodense por sacar tajada de este nuevo género musical. Porque,
rápidamente, los productores cinematográficos y ejecutivos discográficos
tomaron nota de los beneficios económicos derivados de la inclusión de artistas
de moda en películas oportunistas. Así comenzó ese eslogan que decía “la película vende al disco, y éste a la
película”, que tantos dividendos le ha dado a todo tipo de estrellas
juveniles, desde Elvis a Sandro,
pasando por los Beatles,
y muchos otros.
Pero si hay algo por lo que The Blackboard Jungle (aquí conocida
como Semilla de Maldad) pasó a
la historia no fue por su oportunismo comercial ni por su trama, en la que los
adultos terminaban prevaleciendo sobre los rebeldes adolescentes. Esta película
quedaría en el recuerdo porque en sus títulos aparecía Bill Haley
interpretando “Rock Around the Clock”, una canción que provocaba desmanes en
las salas cinematográficas de todo el mundo, cuando las hordas adolescentes se ponían
a bailar por los pasillos, al compás de la canción, o a saltar como locos sobre
las butacas. Luego, sí, aparecerían las primeras películas centradas en el rock (The Girl Can´t Help it, Rock ´n Roll Festival o Don´t Knock the Twist), cuyas tramas
eran una mera excusa para ver en la pantalla grande a los nuevos ídolos de la
música juvenil: el propio Bill Haley, Eddie Crochran, Gene Vincent,
Alan Freed, Little Richard y Chubby Checker, entre varios
etcétera. Lamentablemente, luego llegaría la larga serie de aburridas películas
protagonizadas por Elvis, hasta que aparecieron los Beatles
haciendo tabla rasa, marcando un antes y un después en la forma de realizar
filmes de música rock.
FABULOSOS
SIXTIES
Si bien sus películas de no fueron hitos
cinematográficos, los Beatles también innovaron en el séptimo arte. Por
empezar, inventaron lo que podríamos llamar el falso rockumental en la cómica A
Hard´s Day Night (Richard Lester, 1964). Luego se animaron a
parodiar el cine de acción y espionaje de James Bond en Help!(Lester,
1965). Y también dirigieron su propia locura lisérgica -casi inventando la
estética del video clip moderno- en Magical
Mystery Tour (1967); para más tarde “transformarse” en dibujos animados
en esa fantasía utópica e infantil intitulada Yellow Submarine (1969). Y como si esto fuera poco también
terminaron registrando en fotogramas su propio proceso de resquebrajamiento
grupal en Let it be (Michael
Lindsay-Hogg, 1970). Sin embargo, podríamos decir que el primer rockumental en serio de la historia fue Don´t Look Back (1967), un filme del
documentalista D. A. Pennebaker que mostraba la gira británica de Bob
Dylan de 1965. Es más, Don´t Look
Back funcionó casi como una suerte de análisis sociológico del rockcomo género musical. Otro
de los mejores filmes de rockde
los 60, a pesar de no ser tan popular como los de los Beatles, pero que se
convertiría en una cinta de culto sería Head(Bob Rafelson, 1968),
protagonizada por los inefables Monkees, en su mejor obra artística,
lejos. Una película que, incluso, se animó a criticar en forma solapada, a
partir de un guion escrito por Jack
Nicholson, desde la parodia, a la industria del entretenimiento y los
medios masivos –en especial, la TV- y como éstos usaban y desechaban a los
artistas, exprimiéndolos. Casi casi, lo mismo que les
ocurriría a los Monkees en la vida real… Desafortunadamente, el carácter
surrealista y enredado de esta producción conspiraría contra su propio éxito.
Finalmente, el último hito de la década maravillosa
en materia de cine-rockllegaría con Gimme Shelter (Al Mayles, 1970), una película que
mostraba la gira norteamericana de 1969 de los Rolling Stones, así como el desastre acontecido en el
concierto gratuito de cierre, celebrado en el autódromo de Altamont, California;
en donde uno de los Hell´s Angels
(motoqueros que se encargaban de la “seguridad” del evento) mató a
puñaladas a Meredith Hunter, un joven negro que había sacado una pistola en
medio del show. Como se diría luego: Fue el final de una era...
LA DÉCADA DEL ROCK
En los 70 explotaría el rockumental como
género, y varios de ellos se volverían clásicos. Empezando por el famoso Woodstock(Michael Wadleigh,
1970), un filme que captó el festival homónimo de agosto del 69 y que pasaría a
la historia porque en sus tres horas largas de duración mostraba buena parte
del imaginario musical de la época, casi una instantánea de la apoteosis y el punto
culminante de la era hippie. ¿Y cómo olvidar esas presentaciones candentes de Joe
Cocker, con sus interminables convulsiones; o a Santana alcanzando
el paroxismo en medio de una pantalla partida; el explosivo show de The Who
estrenando Tommy; o la performance
mañanera de Jimi Hendrix en “Voodoo
Chile”, que desembocaba en su histórica y explosiva versión del himno
norteamericano?
Woodstockse volvería una película de
culto y abriría el camino para que varios de los grupos de los 70 se animaran a
representar sus obras mediante la filmación de shows, como sería el caso de Yes
(con Yessongs, 1973) o Emerson,
Lake & Palmer (Pictures at an
Exhibition). Incluso Ringo Starr filmaría a T-Rex en Born to Boogie (1972), y Frank
Zappa parodiaría los chiches de las girascon su 200 Motels (1971). También el
naciente rock argentino tendría su propia Woodstock con Rock
Hasta que se Ponga el Sol (1973), el filme de Aníbal Uset, casi
el único registro audiovisual de los conciertos de esa época, junto al Adiós Sui Generis (Bebe Kamin,
1975). Sin embargo, la mejor despedida filmada del rock de esos años no sería
la del dúo formado por Nito Mestre y Charly García sino la de The
Band en The Last Waltz
(1976), la impactante película documental de Martin Scorsese. Por otro
lado, no podemos dejar de mencionar el impacto de The Song Remains the Same (Peter
Clifton y Joe Massot, 1976), el
filme que mostraba los conciertos dados por Led Zeppelin en el Madison
Square Garden de Nueva York, durante su gira norteamericana de 1973. Esta
mítica película, al igual que Woodstock, se volvería un clásico de culto entre
el público rockero de nuestro país, durante aquellas viejas trasnoches de los
viernes, hasta bien entrados los 80. También en los 70 grandes directores como Ken Russell se animaban a filmar
películas bien rockeras como Tommy (1975, la adaptación de la ópera
rock de The Who) y Litsztomania
(1976), en donde aparecían actuando estrellas del género como Rick Wakeman, Ringo Starr y Roger Daltrey.
Y en el final de la década llegarían otros hitos como The Kids Are Alright (1979), el documental que recorría la
trayectoria de The Who; y The
Great Rock & Roll Swindle (Julian Temple, 1979), que
mostraba la accidentada gira final de los
Sex Pistols por Estados Unidos.
I WANT MY MTV...
Durante la década del ´80, con la
masificación del vídeo clip como medio audiovisual para promocionar a grupos y
solistas de rock y pop, el género rockumental tuvo un
retroceso. Un momento de crisis que coincidiría también con esa hilarante
parodia llamada This is Spinal Tap
(Bob Rainer, 1984), que retrataba a un falso grupo de rock que cumplía al pie de la letra
con todos los clichés habidos y por haber de este género musical. Por eso,
¿luego de Spinal Tap, quién se podría tomar en serio la filmación de una
película de rock, sin cagarse
de la risa? Sin embargo, también habría lugar para buenos filmes como el de
ficción “autobiográfica” de Prince, Purple Rain (1984); el documental de la gira de Duran Duran de
1984 (Sing Blue Silver)
filmado por Russell Mulcahy; o la biografía de John Lennon,
Imagine(Andrew Solt, 1988); y el clásico Rattle & Hum (Phil
Joanou, 1989), de U2. Sin embargo, ninguna superaría en
trascendencia a Pink Floyd, The Wall (Alan Parker,
1982), la impactante versión cinematográfica del clásico álbum doble homónimo
de este grupo progresivo inglés.
EL ROCK
QUE ES MI FORMA DE VER…
Como decíamos al principio, el cine-rockha tenido un renacimiento
en la primera década de este nuevo siglo, con películas documentales de todo
tipo de grupos y solistas, desde Oasis hasta Miguel Abuelo, pasando
por las biopics de George Harrison
o Luca Prodan, más la filmación de shows de los Rolling Stones (Shine a Light, Scorsese, 2008), La Renga, o el Indio Solari; e hitos como la película de Metallica
(Some Kind of Monster, 2004),
o los documentales basados en figuras de culto como Daniel Johnston o Lemmy Kilmister, por citar
tan solo un par de ejemplos.
Sin dudas, el cine rockero es un fenómeno que
crece día a día, e incluye películas de ficción, como la hilarante “biografía”
de Dewey
Cox (Jake Kasdan, 2007),
producida por el genio de la Nueva
Comedia AmericanaJudd Apatow. Por
supuesto, también hay comedias aptas para todo público como es el caso de School
of Rock (Richard Linklater, 2003),
o dramas semi autobiográficos como Almost Famous (Cameron Crowe, 2000). También en el BAFICI,
todos los años se estrenan grandes películas documentales de rock. Como fue el
caso de Libertines: There are no
Innocent Bystanders (Roger Sargent, 2010), o Joy Division (John Savage, 2007). Y es incesante la cantidad
de nuevas películas rockeras que cosechan premios en los festivales más
importantes del mundo, año a año.
Sin dudas, hace rato que el rock se metió en
la pantalla grande -y ahora también en las pantallas de los múltiples dispositivos
hogareños-, y no se piensa mover de ahí.
Mientras febrero se consume lentamente,
otra noche templada cae sobre la ciudad. En el estudio de grabación Full Pampa
de Anel Paz los teléfonos no paran de sonar. Es
que el líder de El General Paz y la
Triple Frontera
(GP3F) está ultimando los detalles de viaje, estadía y organización de la
primera gira del grupo por Estados Unidos. Anel se mantiene tranquilo en
una situación en la que es probable que muchos pierdan rápidamente la calma. La suya es
la templanza de un tipo que sabe que nada es fácil, pero que está dispuesto a
perseverar, sin prisas pero sin pausas, para estar preparado cuando la ola llegue
y lo lleve.
Su temperamento vital, que sigue los
preceptos del tao, y su alto grado de responsabilidad fueron los que incidieron
para que esta entrevista pautada se lleve a cabo a pesar de estar visiblemente
atareado. Inclusosu calidez prolongó la
charla durante varias horas.
Y es que a Anel Paz le encanta hablar de
música, ese es su elemento. Pero no solo de la música de GP3F, sino de todo tipo de género y artistas. Virtuoso de la viola,
talentoso productor, compositor y cantante; en Paz se mixturan las diferentes
facetas de un tipo ecléctico y multifacético, casi tanto como la fusión de
estilos y géneros de su sexteto. Por eso, a pesar de lo difícil de esta jornada
afiebrada, aún tiene (o se lo hace) tiempo para charlar un rato más. Mientras
afuera se escuchan apenas los murmullos nocturnos del barrio de Caballito. De
vez en cuando, mientras habla, agarra la viola y se apasiona en mostrar como
hace para tocar o componer alguna canción. Y es un placer escuchar, de
entrecasa, a uno de los mejores guitarristas del rock de acá. Ya está, el
celular le dio unos minutos más de tregua…
ENTREVISTA>
¿Cómo te llevás con la música rock actual internacional? ¿Te gusta algo?
Mirá, si bien ya no hay tantas expresiones
musicales rupturistas, como las de los 60 y 70, me parece que aún existen
muchos artistas que están emprendiendo su propia música, puliendo su estilo,
buscando su camino. Y eso es genial. Dentro de los que me gustan están Muse, los Killers, qué sé yo, también hay muchos dentro de la música de
fusión, y dentro del género world music
que es riquísimo.
¿Qué
opinás del presente del rock argentino?
Creo que el rock, por seguir siendo súper
masivo, sigue mostrando su poder de comunicador social. Lo que sí creo, y más
viendo muchos de los festivales que se organizan en la actualidad, que quizás, en
los años 70, 80 la gente tenía una búsqueda un poquito más intelectual de
acercamiento a los grupos de rock o a las diferentes propuestas musicales.
Ahora, no digo que eso no siga ocurriendo, sin embargo, lo que prima es una
búsqueda de identificación, de pertenencia, y también de diversión. Creo que se
perdió bastante esa búsqueda intelectual, poética, o filosófica, que había en
otros tiempos. Por otro lado, se abrió bastante el concepto de lo que es rock y
lo que no lo es, porque en la actualidad se considera como parte del rock a
bandas que en otras épocas, de ninguna manera, hubiesen sido incluidas.
Y
dentro de este panorama, ¿en dónde situás la música de tu grupo?
Antes de nada, siento que con el General Paz estoy haciendo algo que me
gusta. ¿Sabés por qué? Porque, desgraciadamente, a gran parte del rock
argentino, históricamente, le faltó identidad. Por supuesto, los artistas más
grandes del rock de acá tuvieron y tienen identidad, gente como Spinetta, Los Redondos, Charly, Soda;
porque todos ellos crearon su propio sonido. Sin embargo, hay muchas otras
bandas argentinas que no son mucho más que un sano homenaje a algún artista
internacional de otra época…. Entonces, si lo tuyo es un “homenaje” a un grupo
de afuera, ¿cómo hacés para mostrarlo afuera? Eso sería como un chiste, como si
viniera acá un coreano disfrazado de Gardel,
o del Polaco Goyeneche, a cantar un
tango en coreano… Por eso me gusta mucho lo que estamos haciendo en GP3F, porque siento que en este grupo
encontré mi identidad. Sé que va a ser duro, pero quiero aportar mi granito de
arena porque estoy convencido que la música argentina tiene que volver a estar
en el lugar que se merece. Tenemos una tradición muy grossa de músicos de
calidad como Seru Giran, Spinetta,
Piazzolla, Cerati, Pappo, Atahualpa, etc, etc. Por supuesto me pasa lo
mismo que a la mayoría de los músicos del rock argentino, porque yo también
estoy muy influenciado por la cultura del rock angloamericano, y muy
influenciado por todo el jazz y el blues de raíces afro; pero, a la vez, también estamos influenciados por el tango, el
folklore, o la música latinoamericana… A veces, sin saberlo, ¿eh? Ese
entrecruzamiento de géneros y estilos es lo que me impulsó a fundar este grupo,
porque sentía que algo tenía que hacer esta fusión. Por eso ahora, que el grupo
ya es una realidad, nos damos cuenta que lo que les gusta a los organizadores
que nos invitaron a tocar en los festivales en Estados Unidos es, justamente, la riqueza de esta fusión que hacemos. Por eso
nos dieron bola.
Y
dentro de esa fusión que iniciaste las posibilidades son infinitas…
Claro, porque te empezás a dar cuenta de
toda la riqueza que hay en cada uno de los ritmos autóctonos, en el tango, el
folklore, así como en los ritmos uruguayos, el samba brasileño; y si todo eso
encima lo fusionás con todo lo que ya tenemos en la mochila del rock
progresivo, no hay límites. Después, pensás: ¿lo va a escuchar alguien o no?
Qué sé yo. Ahora, lo que sí sé es que le llega a gente, tanto aquí como en el extranjero, y
les gusta, porque quizás les suena a algo nuevo y con identidad propia.
¿Y cómo
es la repercusión del grupo en la prensa de rock de allá?
Bueno, ya nos hicieron varias notas,
y nos preguntan acerca de si formamos parte de algún movimiento de
fusión, que viene con este sonido de Argentina y de Latinoamérica y yo les
contesto que sí, porque creo que estamos en un movimiento, lo que pasa es que
es aún es muy under aunque con un power y una riqueza musical muy grosa. Lo
veo, lo percibo. Ahora mismo, si vas a cualquier pub, vas a ver a un montón de
chicos y chicas haciendo músicas que están buenísimas. La novedad es que ahora aparecen
con todo las minas, liderando proyectos musicales muy grosos, ¿viste? Hay un montón
de mujeres que se animan a pasar al frente y rockear, ya sea cantando o tocando
algún instrumento. Lo que pasa es que –a diferencia de otras épocas- acá
no hay ninguna estructura armada para que muestren lo suyo, como debería ser.
Sinceramente, creo que esa búsqueda por hacer una música nueva, por fusionar
estilos está viva, ya existe. Tan solo la tenés que encontrar. Yo lo veo,
incluso en las bandas que produje últimamente: Surfistas del Sistema y Diemen
Noord, este último un grupo con influencias de música celta. Ahí tenés dos ejemplos muy
interesantes, porque son artistas que están haciendo una música hermosa, muy
original, con lindas letras, y con ganas de seguir experimentando y aprendiendo.
Para mí, esto es lo que se vine. Creo que se viene una época muy creativa, de
rock progresivo, fusión y mucho rock experimental; y estoy muy contento de que
nosotros estemos metidos en esta nueva movida.
¿Pensás
que el público joven de las bandas más mainstream, que no está al tanto de esta
movida, le gustaría acercarse a estos nuevos artistas si se les diera la
oportunidad?
Sí, por supuesto. Mirá, la otra vez nos
invitaron a tocar en el Rock BA, el festival organizado por el Gobierno de la
Ciudad, en Ciudad del Rock. Poco antes de empezar el show, un stage
manager me dijo: “Si podés, antes de subir, prueben un poco el sonido”. Y se
nos ocurrió, empezar a hacer una zapada, tirando toda la carne al asador, con
solos de guitarra, y todo. A la gente le encantó lo
que estábamos haciendo. Esto antes, en los 90, no pasaba, no se lo hubiesen
bancado ni ahí. Ahora los chicos te escuchan y les gusta que uno se ponga a
hacer solos e improvisar.
En
este punto, ¿que sería el rock en la actualidad para vos?
Bueno, si el rock está vinculado a un
sentimiento de oposición a todo aquello que es pre digitado; me doy cuenta que
ese espíritu aún sigue estando. Lo que no sé es si está bien encauzado. Antes
eso estaba mucho más claro, porque la rebeldía que sentías te impulsaba a hacer
algo creativo; y ahora eso no se ve mucho. En muchos casos, esa rebeldía termina
decantándose en intentos por tratar de hacerse famoso rápido, o se transforma
en mero bardeo… Quizás haya algo de ingenuidad en eso, pero… qué sé yo. Algo
cambió, seguramente, pero no podría decirte que. Lo positivo es que me parece
que ahora el rock se ha diversificado tanto, que es imposible tratar de encasillar
en un molde a nadie. Gracias a Dios hay de todo, viste. Y eso está bueno.
Show en CM Vivo, julio 2015.
La segunda parte de esta nota arranca luego
del regreso a nuestro país de El General Paz. Justamente, el grupo tuvo el
honor de abrir el ciclo CM Vivo de El
Canal de la Música. Para eso grabó un tremendo show el 1 de julio en los
estudios de la emisora, en la calle Riobamba, en el mismo lugar en donde
estuvo el mítico Teatro Estrellas en los 70, y que luego se reconvertiría en el
edificio de Crónica TV. Ahí GP3F
demostró toda su potencia musical, en algo más de una hora, presentando los
nuevos temas de Maravillas (2013)
además de algunos de su primer álbum homónimo editado en 2008. Esa fría noche Anel junto a Mayra Domine (teclados y coros), Kiki Ferreira (bajo y voz), César
La Rosa
(batería y coros),Jorge Platero (percusión y voz), y Diego La Rosa (guitarra y coros) le pusieron calor y
ritmo al invierno porteño. Es un grupo que realmente disfruta tocar juntos,
llevando su fusión musical más allá de cualquier límite. Y es que nuncan
improvisan al pedo, sino para re-crear su repertorio todo el tiempo. En esos momentos
es un placer ver como toca Anel esa hermosa Ibanez Iceman verde con estrellitas que lo
caracteriza. Y es que difícilmente uno haya visto semejante violero en vivo,
haciendo esos solos increíbles que recuerdan a Hendrix, Santana o Van Halen.
Y no estoy exagerando ni un ápice… Pero, ese talento va a la par de su
humildad. Esa que lo hace esperar, una vez concluida la grabación del programa,
en el pasillo al costado del estudio, para saludar, uno a uno, a todos los
asistentes con un beso, un apretón de manos y algún que otro abrazo. Quizás
este sea el momento propicio para continuar esa charla que nos había quedado
colgada hace algunos meses…
La última
vez que nos vimos estaban a punto de empezar la gira, ¿cuál es tu balance de la
misma?
Todo lo que pasó fue positivo, porque
nos habían elegido del SWSX (South by Southwest), que es uno de los festivales
más importantes del mundo. Hicimos dos shows en dos venues diferentes: Flamingo Cantina y Russian House. Eso fue en
Austin, Texas. También tocamos en Dallas, Houston y en Miami. Y estuvimos de
promoción en Los Angeles. Para mí volver a LA es siempre una alegría, porque es
la querida ciudad en donde viví cuando estudiaba en el Musicians Institute,
hace muchos años, a fines de los 80. Luego, cuando volvimos de la gira, hicimos
el vídeo de “Maravillas”. Junto a Rodrigo
Espina, el director, se nos ocurrió hacer un videoclip en donde contamos la
historia en estos primeros siete años de vida y ruta de la banda.
Sí,
lo vi y me gustó mucho la idea. Aprovecho para preguntarte como fue la cocina
de este nuevo disco, Maravillas. ¿Cómo
fue el proceso de composición de los temas del álbum?
Mirá, siempre estoy componiendo, a
veces, hasta voy por la calle, agarro el celular y canto alguna melodía. Por
eso tengo decenas y decenas de temas, un montón de ideas musicales grabadas por
todos lados. Entonces lo que hice fue escuchar todo eso que había ido grabando
en el teléfono o en la compu, para ver qué era lo que más me gustaba de todo
eso. Más tarde seleccioné, más o menos, veinte ideas y las traje acá para ir
ensayándolas con el grupo. Por supuesto, en los ensayos, cada uno de los chicos
va poniendo su propia riqueza musical, en un proceso de intercambio de mucha
creatividad. Ahí yo ocupo un rol de productor y voy filtrando aquello que puede
servir para ir desarrollando. Bueno, al final quedaron 14 temas, de los que
grabamos solo 11. Esto lo decidí a último momento, porque quería que el disco
no fuera tan largo y se pudiera escuchar todo, tema a tema, como una obra
integral. Los temas se fueron grabando con toda la banda tocando junta, y más
tarde se agregaron las voces.
¿Por
qué tardaste cinco años en editar este segundo álbum de G3PF?
No fue por un tema musical sino por los
tiempos, porque estaba aún metido en mi productora, Súpercharango, en esa
época. Y al mismo tiempo tenía que trabajar en la música
de (la película) El último Elvis. Además, estaba haciendo varias producciones más de Súpercharango, además de mi
laburo en los discos de Sergio Pángaro,
Doce Monos, Nerd Kids, y muchas otras grabaciones… Entonces, como El General Paz estaba creciendo y
me requería cada vez más, tuve que
decidirme, y dejé la productora para quedarme con lo que más me gusta hacer: la
música de GP3F y las producciones artísticas para otros grupos. Dejar
la productora, me llevo bastante tiempo porque fue una decisión muy fuerte y
difícil para mí. Con respecto a lo que me preguntás por
el tiempo entre discos; qué sé yo, como te dije antes, yo estoy componiendo todo
el tiempo. Capaz que si un día –si Dios quiere- el General Paz explota, hago como Zappa y
edito 120 discos, uno atrás del otro… ¿Por qué no? Me encantaría poder hacerlo,
total, material y ganas me sobran.
¿Cuáles son para vos las diferencias y
similitudes entre los dos discos del grupo?
No creo que uno sea mejor que el otro, son
dos álbumes diferentes, y, seguramente, el próximo también va a ser diferente a
estos dos. Bueno, el primer disco fue la primera vez que yo me hice cargo de la
voz líder, en un proyecto mío, porque antes tan solo había hecho coros en mis
bandas anteriores. Así que arranco como cantante acá, en GP3F, y eso me abrió
una nueva herramienta de expresión, más allá de mi labor como guitarrista,
compositor y productor. El tema fue que, al principio, me sentí un poco avergonzado
por el hecho de tener que cantar, aunque esa había sido mi elección. Por eso,
la diferencia es que en este segundo álbum me empecé a sentir más cómodo –y a
disfrutar mucho más- con el instrumento de la voz. Sé que tengo muchísimo más para crecer como
vocalista. Otra de las diferencias es que, en el primer álbum, el tema de la
fusión se fue armando con el desarrollo del proyecto, y con los músicos que se
unieron a mí en ese momento; ahora ya siento que la fusión musical es la marca
registrada de la música del General Paz, y que nosotros como instrumentistas
nos sentimos más seguros para poder jugar con eso. También, el buen feedback de
la gente, luego de la edición del primer disco, me dio crédito y ganas para
seguir metiéndome cada vez más en esto, porque fue un proyecto que surgió de la
nada, creado por mí, al que se subió gente de primerísimo nivel. Con respecto a
las similitudes, bueno, en ambos discos prima esa idea de búsqueda; no nos
regimos por las modas, nuestra música sale de nuestros corazones y de lo que
tenemos ganas de hacer en ese momento.
¿Qué músicos
que admirás crees que te influenciaron en la composición de los temas de Maravillas?
Creo que me terminaron de influenciar los músicos
de raíz. Esos que hacen cosas que parecen simples pero que son las más
complejas. Siento que estoy volviendo a los primeros guitarristas que me volaron
la cabeza de pibe, como Santana o Jeff Beck. Por supuesto que luego también
me influenciaron mucho Van Halen,
Hendrix; y en la parte rítmica la música negra, lo afro, el funk, tipos
como Stevie Wonder… Pero, todo es
fusión de géneros y estilos, que en la parte armónica, estoy marcado por el jazz y la música brasileña. Por supuesto, ahora también
estoy muy influenciado por los otros integrantes de la banda, que me enseñan
cosas todo el tiempo. Ahora mismo estoy estudiando el tema de expresarme
más con la voz con Jorge Cutello, quien
es un increíble músico de jazz, pianista, saxofonista y compositor. Uno nunca
dejá de aprender sobre música.
¿Fue
pensado que el disco empezara con “Alegría”?
No, al principio habíamos elegido
“Maravillas” como la primera canción del disco, pero como tenía un beat de
apertura tan al palo, lo cambiamos por “Alegría”. Este es un tema curioso,
porque está compuesto con tonos menores. Eso es raro porque la música alegre
habitualmente está compuesta en modo mayor, pero lo compuse así porque esta
es la forma en la que concibo a la alegría en este lugar del mundo. Hay tantas
cosas que tiran para abajo en el cotidiano, que ahora parece que lo más
ridículo del mundo es decirle a alguien “alegría”, porque te ven como un tipo
superficial… Por eso esta es una alegría con acordes menores. Una “alegría” que
hay que ganársela desde el interior del ser, que hay que cuidarla, preservarla.
Fíjate en la calle, la gente no tiene cara de felicidad, todos van con cara de
orto, y uno se pregunta el porqué de esto, cuando estamos mucho más avanzados
en conocimientos, técnicas, y con posibilidades de vivir más plenos, con mejor
salud, y con mayores comodidades que hace 500 años. Y de eso habla el tema, que
en este contexto, no te queda otra que ser un guerrero, y preservar esa alegría
del ser, cuidarla como si fuera un jardín en el desierto, donde salen las
plantas y las flores más bellas y resistentes.
Ese
es un mensaje que se engancha con la letra de “Maravillas”, ¿no?
Sí,y este es un tema que me encanta porque tiene una fuerza terrible.
“Maravillas”, justamente, habla de la posibilidad de cambiar nuestra mirada. Me
parece que todos somos artistas en nuestras vidas, en el sentido de la
creatividad. Porque creamos vida al tener hijos; pero todo el tiempo estamos
creando, como en cada momento en que nos re-creamos a nosotros mismos, como
cuando creamos relaciones. Por eso, antes de cambiar algo, hay que modificar
nuestra visión, poder soñar eso que queremos. Entonces, esta letra sería eso,
poder ver lo que vemos todos los días, pero con la maravilla que eso tiene
adentro. Descubrir las maravillas de una charla, de un amanecer. Simplemente,
cambiar nuestro mundo aquí y ahora. Además, me encanta como quedó la música,
porque la banda en este tema es una aplanadora…
Sí,
tiene una aceleración rítmica importante…
¡Totalmente! Es terrible, lo mismo que el
arreglo de caños que hizo la sección de vientos formada por Alejo von der Pahlen y Ervin Stutz, los músicos invitados, un
arreglo bien potente, a lo Earth, Wind &
Fire, o Tower of Power. Por otra
lado, mi solo de viola es un homenaje a la primera época de Carlos Santana, cuando se juntó con John McLaughlin en el disco Love Devotion Surrender. Además me
encanta como quedó el video clip que hicimos con Rodrigo Espina, con un collage de imágenes que recorren la historia
del grupo. Trabajar con Rodri es genial, porque aparte de un gran director es
un súper melómano, un rockero en serio con el podés hablar horas sobre música,
por eso puede interpretar mejor que nadie en imágenes cada una de las canciones
del grupo.
¿Y
“Flor de lis”?
Ese es un tema de amor que tenía desde la
época de Los Políticos, mi anterior banda. Siempre lo quería hacer y no le encontraba
la vuelta. Ahora sí lo pude hacer, afortunadamente, gracias al aporte de mis
compañeros del General Paz. Tiene una cadencia hermosa que me encanta. La letra
habla de cuando te encontrás con esa persona con la que sentís que estaban
predestinados a estar juntos.
¿Y la
lírica de “Luces de cristal” de dónde sale? Porque hasta parece un tema medio
setentoso, ¿no?
Sí, es una fusión. Bueno, para hacerla, me
inspiré en Agustín Pio Barrios Mangoré,
un compositor y gran guitarrista paraguayo cuyo repertorio me gusta mucho
tocar, ya que fusionó la música clásica con la música popular de su país.
Justamente, si te fijás, la guitarra de “Luces de cristal” tiene una cadencia
propia de arpa paraguaya, ¿no? Todo eso, se podría decir, fusionado con un
estilo de canción medio setentosa, medio spinettiana, por supuesto. También fue
decisivo el aporte de Mayra con esa
melodía de piano impresionista, en un estilo Erik
Satie. Después en el cierre le di al solo una cosa medio queenesca, bien power… Me gusto mucho ese tema. También filmamos un clip con Rodrigo
de esta canción; lo hicimos en la costa, enfocando todo el tema de las
contraluces, quedo muy lindo.
Bueno,
en el caso de “Surferos del alma” ahí hablás de tu pasión por el surf…
Sí. Además se la quería dedicar a todos los
surferos y, a mi maestro, elCapitão
David, que también aparece en el video que filmamos en Brasil. La verdad, a mí
el surf me dio mucho, por lo que esta canción no es más que un humilde
homenaje.
El instrumental “A tu mirada”
podría estar en la veta del Santana de “Samba pa ti” o “Europa”, ¿coincidís?
Sí,
a full. Es un homenaje a Santana y Jeff Beck. Ellos componen
temas instrumentales hermosos, y yo quería hacer uno así. Y lo que tiene de
característico es que la segunda parte del tema se fusiona con todo en un
samba, cuyo tempo va aumentando cada vez más, hasta llegar a un éxtasis, y
después vuelve a bajar, como cerrando un círculo con la cadencia melódica del
inicio.
Por su parte, “Energía verde” es
más folclórico…
Tal
cual, y también tiene un mensaje centrado en la ecología. La letra habla de
eso: que nos pongamos a la altura del mundo. No hace falta cambiar al mundo,
porque esta bárbaro así, lo que hay que hacer es un hombre mejor. Y esto se
relaciona con la filosofía del Tao y eso que te decía de “fluir con las olas”,
como en el surf. En este punto, de lo que habla “Energía Verde” es de todas las
formas de energías alternativas no contaminantes, cuya implementación
paulatina, en la coyuntura actual mundial, pasa a ser de vital importancia,
porque si no lo hacemos vamos a terminar arruinando al planeta. Como vos decís,
tiene un toque folclórico. Es una zamba, pero esta vez con “z”, no con “s”…
(risas) También es otra canción que agarra impulso en su parte media, también
me gusta como quedó, y me encantaría hacerle un video clip en un futuro
cercano.
Después llega “Idea 52”, un tema
rockero bastante loco. ¿De qué se trata?
“Idea
52” habla de una relación erótica. Es decir, cuando el erotismo es vivido como éxtasis,
eso que hace que dos seres sean transportados a otro nivel del universo
y enloquezcan. Simplemente eso… (risas)
Con una letra con doble sentido y
metáforas de otra cosa…
Y
sí. Bueno, que cada uno piense lo que quiera al respecto.
A ese tema es fácil relacionarlo
con otros del grupo como “Black Pato” o “Al lagarto”, en donde prima la locura
y el humor. ¿Cómo se te ocurre incursionar en esta veta?
Porque “Black Pato” o “El Lagarto” son temas
en los que me rio de mí mismo, y eso me encanta. Hay muchos artistas que admiro
y que saben reírse de sí mismo. Tipos como Zappa,
Prince, Bowie o Peter Gabriel. Porque ese era su punto de vista, y su forma de
expresarse como artistas en ese momento. Para mi está buenísimo poder hacer eso.
Por eso, me encanta pasar de tocar canciones como “Quinta Dimensión”, a tocar un tema re loco como “El lagarto”, que sorprende por su ruptura lírica. El eclecticismo musical es lo mío.
El final del disco, “Miel fina”,
es como la frutilla del postre…
Sí,
es un tema muy fino, valga la redundancia. Tiene una secuencia armónica compleja, me parece que es un cierre muy lindo del disco. Algunos fans
me preguntaron si este tema es un anticipo del tipo de material que va a estar
incluido en el próximo álbum del grupo; y la verdad es que aún no lo sé. Lo que
sí sé es que “Miel fina” me salió así, lo que viene puede ser otra cosa
totalmente distinta. Este tema tiene una influencia de Gilberto Gil, Djavan, y
algunas bandas de fusión como Return To
Forever o Steps Ahead… Es más,
la parte del medio tiene una influencia de Yellowjackets, el grupo de Robben
Ford. Bueno, es que quisimos hacerlo así. La verdad es que es un placer
tocar en esta banda. Es una experiencia sanadora, para mí y espero que para cada uno de los
demás chicos del grupo.
En una oportunidad me dijiste que
querías que este segundo disco se pudiera escuchar de corrido, de principio a
fin. ¿Crees que lo conseguiste?
Yo
puedo escuchar todos los temas del disco seguidos, pero no sé si los demás
pueden… (risas) Estoy conforme con el álbum, porque es un material bastante
ecléctico, sin temas de relleno. No nos guardamos nada y creo que pusimos lo
mejor que teníamos ahí. Creo que recién ahora me puedo poner a trabajar con
otros músicos, como lo vengo haciendo, y encontrar arte, encontrar equilibrios,
porque no hay un solo equilibrio, hay varios. Porque un tema equilibrado no
tiene que ser una balada pausada, también puede ser un punk o un tema heavy que
venga a mil, pero porque siempre hay un equilibrio interno. Vos entendés. Y ahora
estoy encontrando eso en mi música, y en la música de los grupos que me toca
producir.
Hasta ahora estuvimos hablando
solo de tus temas, así que ahora te hago nuestra pregunta vicio que le hacemos
a todos nuestros entrevistados: ¿Qué canción de otro te hubiese gustado
componer?
¡Qué pregunta! Es que tengo una lista interminable, y, además, hoy te puedo
decir un tema y mañana se me puede ocurrir otro muy distinto. A ver, ahora
estoy muy copado con la capacidad compositiva de Queen. Temas como “Somebody to Love” son verdaderas obras de arte, una
verdadera sinfonía, no se pueden creer. Los temas clásicos de Queen son
increíbles como están desarrollados. Por supuesto, también me hubiese encantado
escribir alguno de Stevie Wonder. Ahh,
¿escuchaste “A Remark You Made”, de Weather
Report? Ese se lo recomiendo a todos, porque es impactante, una obra
maestra, sobre todo su versión en vivo. En ese tema instrumental hay momentos
en los que no está sonando nada, directamente. Es una maravilla que se mantiene
con apenas un hilito de música, como si fueran hilos de cristal, una locura.
¿Se
hace fácil teniendo a todos esos monstruos en un mismo grupo: Zawinul,
Pastorius, Shorter, Alex Acuña? Un verdadero Dream Team, ¿no?
Jaja. Sí, tal cual…
¿Cuáles
son los proyectos del grupo de aquí a poco?
Ahora estamos preparando la próxima gira
para octubre. Nuevamente por Estados Unidos y sumamos México. También estamos
organizando la primera gira por Brasil, que parece que va ser en enero, a la
vuelta de México. Y después, en el medio de las giras, seguramente en
noviembre, vamos a hacer la presentación oficial del disco en algún teatro de
Buenos Aires. En esta gira que estamos por empezar, nos acompaña como invitado
el gran Arthur Maia, uno de los
mejores bajistas del mundo, que tocó, entre otros, con Santana, George Benson, Gilberto Gil, Marisa Monte, Caetano Veloso, Pat Metheny, Djavan y Hyram Bullock.
¿Y cómo consiguieron su participación?
Lo conocimos cuando tocamos abriendo el
concierto de Gilberto Gil en el Gran
Rex, en 2008. Así que quedó el contacto, y ahora le escribí contándole de la
gira. Volvió a escuchar a GP3F y me dijo que estaba muy bueno, que le gustaba
mucho. Y me dio el OK. Arthur es un increíble músico y ser humano. Es un honor
enorme estar tocando con él. Además vamos a dar una clínica juntos en el
Musicians Institute, en Los Angeles, sobre la fusión y el mestizaje de las músicas.
Anel,
ahora que ves que el grupo empieza a despegar y que lo llaman para tocar en el
exterior,¿Qué
es lo que esperás de tu carrera de acá en más?
Como te decía antes, este proyecto arrancó
porque me di cuenta que necesitaba un cambio en mi carrera. Y esto lo sentía a
pesar de que había iniciado, junto a mis
socios, una productora (Supercharango) desde cero, hasta convertirla en una de las más
exitosas del país. Porque, tranquilamente, podría no haberme metido en esto y
seguir en lo que ya venía haciendo. Sin embargo, era consciente que ese no era
mi camino, porque mi camino era hacer mi propia música. Me encanta producir, y
aún lo sigo haciendo porque es una experiencia de aprendizaje genial, pero yo
tenía la necesidad de hacer mi propia banda, pasase lo que pasase. ¿Cuál es mi
camino ahora?
Estar metido a full en esta experiencia
musical, con amplias posibilidades en el horizonte. Porque, a pesar de que
nadie te regala nada en este medio, veo que se empezaron a abrir puertas que no
esperaba. O, mejor dicho, sí las esperaba, las deseaba, pero no sabía cómo iban
a pasar. Hay señales, tanto adentro como afuera del país, que la banda gusta. ¿Adónde me va a llevar esto? No lo sé, pero sé que adonde me lleve va a estar
bien. ¿Qué va a cambiar, si los dioses quieren, y la banda explota y empezamos
a tocar en todos lados -como queremos-, ya sea en Japón, Estados Unidos o Europa?
Nada. Lo único que va a cambiar en mí es que voy a tener más tiempo para
componer, para ensayar, y para surfear.
Lo que está claro es que ahora quiero
seguir haciendo música con este grupo, porque aún tenemos tanto para investigar
de los ritmos latinos, de la música argentina, y de la música uruguaya,
brasileña, colombiana, cubana, el funk, el jazz… Todo eso fusionado con el
rock, por supuesto, porque ese es el palo de dónde vengo. Estoy muy contento de
que lo nuestro no se parezca a nada.