Siempre es un placer dialogar con Machi Rufino. Una persona amable, generosa y un musicazo, de los mejores y más versátiles bajistas de nuestro país. En esta ocasión hablamos sobre la época de Invisible, y me contó varias historias y anécdotas al respecto. Una trayectoria inigualable en uno de los mejores grupos que hubo en el rock argentino de todas las épocas. Una charla para disfrutar, de la primera a la última oración.
ENTREVISTA> ¿Cómo era grabar un disco en esa época?
Simple.
Entrábamos a grabar y ya. En esa época teníamos que lidiar con las limitaciones
propias de un estudio de grabación, como Phonalex, que solamente tenía cuatro
canales. Los técnicos hacían malabares para agregar algún canal más durante la
mezcla. No sé si había más canales en otros estudios, eso vino después. Por
esos años estaba CBS Columbia, porque no era Sony Music aún, y tenía el estudio
en la calle Paraguay, creo que tenían un grabador rarísimo que era de tres
canales, no de cuatro, de tres, una cosa bastante rara. Y entonces, lo que
hacían técnicos como Norberto Orliac
–el ingeniero de grabación en el primer disco de Invisible- era grabar la
batería y el bajo de entrada, ya con una imagen estéreo, es decir, usaba dos
canales para repartir la imagen de la batería junto con el bajo. Entonces,
quedaban dos canales, uno para la guitarra, uno para la voz. Si había que meter
una guitarra, se hacía en la reducción de cuatro canales a dos, cuando se hacía
el pase de los cuatro a los dos canales, había que tocar ahí. Obviamente, si te
equivocabas, había que hacer todo de vuelta, no se podía corregir.
Una
labor artesanal…
Eh,
pero ya te digo, era propio de la época, así que no era una cosa que uno decía:
"Uy, bueno, qué lástima." No, era lo que había y uno hacía eso. O
sea, en realidad eran cinco canales, el quinto canal se hacía en el momento en que
el ingeniero reducía los cuatro canales del grabador multitrack a los dos
canales del máster, ese era el procedimiento. No me acuerdo de qué tipo de mesa
de grabación tenían en Phonalex, tengo una imagen de una mesa en tonos oscuros.
No sé qué mesa sería. Me acuerdo de los parlantes porque un día vino David Lebón a escuchar y se volvió
loco, le encantó. Ese tipo de cosas. Igual, no éramos de recibir visitas cuando
grabábamos, ¿viste?
La
visita de David fue una excepción…
Claro.
Estábamos los tres solos grabando, no teníamos nadie que viniera de afuera. Una
cosa que me acuerdo es de la grabación de “Jugo de lúcuma”, que empieza con una
cosa medio extraña, que todo el mundo sabe que es, en realidad era una cámara
que se había grabado y como nos gustó el sonido se pasó al revés. Se pasó
invertido en la introducción del tema.
En
el primer disco de Invisible se nota mucho el tema del sonido. Se nota que el
grupo tocaba con un sonido muy claro, sin distorsión, bien clarito, se
escuchaba perfectamente la batería, el bajo, las violas. ¿Eso fue decidido por
ustedes?
No.
Empecemos por decir que teníamos muy buenos instrumentos. Pomo tenía una Ludwig que era tremenda, con un bombo de no sé
cuántas pulgadas, era gigantesco, al estilo de la batería que tenía Mitch Mitchell en la Jimi Hendrix Experience. Yo tenía un
bajo Fender 69 que era caño, y Luis
tenía varias violas… O sea, partíamos de la base que teníamos unos instrumentos
muy buenos, punto número uno. Después, por ejemplo, si hablamos de efectos, hasta
el día de hoy yo no uso efectos, no tengo pedal, uso el bajo enchufado del
equipo y ya, eso es todo. Al revés de todos los bajistas de ahora, y no tan de
ahora, que suben al escenario y abren una valija llena de pedales. Pero tampoco
los usaba en aquella época. O sea, no los usaba antes y menos ahora…
Un
sonido puro…
Totalmente.
Es que tocábamos con instrumentos naturales, buenos instrumentos, no había
problemas con ellos. Entonces, no había muchas cuestiones. Ahora, hablando del
sonido, en esa época si vos te pasabas de los 18 minutos por cara de un LP, se resentía
el sonido. Había una relación de tamaño de los surcos con el sonido. Lo que más
se afectaba eran los graves. Entonces, como teníamos más temas para grabar, que
excedían el tiempo de los 18 minutos, a mí se me ocurrió, hoy lo digo sin que
se me mueva un pelo, que sacáramos junto con el LP un disco simple con los dos
temas que faltaban.
Algo
no usual…
Tal
cual. Me acuerdo que Luis me miró, se le encendió la cara, y me dijo:
"Impresionante”. Él se lo se lo propuso al de la discográfica Microfón. Y
todos contentos porque, por supuesto, lo iban a cobrar más caro. O sea, a mí se
me ocurrió lo del track extra. Que después se convirtió en norma cuando
aparecieron los CD.
Tenían
material de sobra en ese primer material de Invisible.
Sí.
Por eso, para no resentir el sonido, hicimos los 18 minutos reglamentarios por
lado y metimos un disco simple que incluía “La llave del mándala” y “Lo que nos
ocupa es esa abuela, la conciencia que regula el mundo”.
¿Y
qué te acordás de “El diluvio y la pasajera”?
En
ese tema hubo una mezcla, se utilizaron dos grabadores al mismo tiempo, uno
reproducía la primera parte y el otro la segunda, para que se mezclara la
primera parte con la segunda. Por eso se escucha el ruido de unos auriculares.
Fue así como se hizo. Había dos grabadores simultáneos, para lograr una tercera
mezcla de esas dos grabaciones. Fue así. Pero no hubo corte, no fue cortar y
pegar. Sino que fue mezclar. Se mezclaron los sonidos, porque si no hubiera
sido una cosa muy brusca. Lo mismo pasó cuando se grabó Durazno Sangrando. Por ejemplo, ahí “Encadenado al anima” también
tiene una parte así, donde se va yendo la música por un canal y aparece otra
por el otro canal. También se hizo algo así en ese tema. Pero ahí ya era
distinto, había otro tipo de consola, ya teníamos 16 canales, era otra cosa.
Pero todo se hacía en vivo, ¿entendés? O sea, si no quedaba bien, había que
repetirlo todo. No era como ahora, que lo editás en la pantalla de la
computadora y no tenés ningún problema.
¿Cuánto
tardó en grabarse en grabarse ese primer disco?
No
me acuerdo, pero nosotros nunca tardábamos mucho. Trabajábamos al revés de todo
lo que era la movida de rock de esa época, porque éramos muy estructurados. Primero,
teníamos los temas recontra ensayados, recontra sabidos, y no íbamos a pelotudear
al estudio, no íbamos a ensayar al estudio, no íbamos a perder tiempo.
Entonces, entrábamos y grabábamos, quedaba de una.
Método
sumamente pragmático…
Eso
era así. Así que debe haber durado mucho menos que lo que duraba la grabación
de un disco de cualquier banda de rock de esa época, de eso estoy seguro. Y lo
mismo pasó cuando fuimos a CBS. Ahí a los técnicos les llamaba la atención eso porque
estaban acostumbrados a que las bandas de rock que ellos tenían tardaban una
vida en grabar. Y nosotros íbamos y grabábamos, quedaban muchos temas en
primera toma, ¿viste? O sea, no entendían nada. Por supuesto, nos pusieron en
un pedestal por esa razón. Y porque teníamos todo ya armado, no íbamos a ver
qué hacíamos a un estudio de grabación. Éramos muy disciplinados, en ese
sentido. Yo no sé si Luis fue así toda la vida, con Almendra y con Pescado
Rabioso, no lo sé. Pero con Invisible era así.
Ensayos
muy largos, ¿no?
Es
conocido que con Invisible nos fuimos unos cuantos meses a una quinta en
General Rodríguez. Y ahí particularmente se gestó el primer disco. En esa
época, tocábamos todo el día, después nos hacíamos la comida, dormíamos con las
camas una al lado de la otra. Conversábamos mucho y eso creó una relación
humana muy fuerte entre Luis, Pomo y yo que se mantuvo aún después de que Invisible
se terminó. De hecho, yo después volví a tocar con Luis, y Pomo también lo hizo.
Lo cual habla a las claras de cómo era la relación que teníamos los tres.
Una
confraternidad. Pomo dijo una vez en joda que eran una “sociedad anónima”, o
algo así…
Es
que el hecho de convivir de lunes a viernes durante varios meses, aparte en
época invernal, fue así. Incluso, teníamos una chimenea que había que
alimentarla con madera. Además había muy buena onda entre nosotros, ante todo.
Y ya te digo, hablábamos un montón, muchísimo. No sé, era otra época, y además
con cero consumo de drogas. Porque como yo nunca fui afecto a eso, de alguna
manera impuse mi criterio, e inclusive estábamos tan enganchados uno con el otro
que como Pomo es vegetariano nos llevó a Luis y a mí también a querer ser
vegetarianos. O sea, fíjate a qué nivel venía la cosa.
Una
gran amistad entre los tres…
Por
supuesto. Después cuando Pomo se casó, Luis y yo fuimos testigos de su
matrimonio. Más tarde, cuando me casé yo, Pomo y Luis fueron testigos del mío, y
después, cuando se casó Spinetta, Pomo y yo fuimos testigos del matrimonio de Luis.
O sea, éramos como los tres mosqueteros, realmente. Y eso se reflejó en la
música que hacíamos, sin ninguna duda. Después, por todo lo demás, éramos una
banda como cualquier otra. Pero había una cosa que nos diferenciaba de otras
bandas y era que tuvimos una convivencia y un contacto cercano a todo nivel,
fundamentalmente a nivel mental. Sintonizamos los baleros uno con el otro.
Invisible no es una banda como cualquier otra…
Claro.
Aparte irrepetible…
Sí,
e irrepetible para cualquiera de nosotros, porque eso lo haces en un momento de
tu vida que lo podés hacer. Lo hicimos así porque aún no teníamos hijos. Bueno,
Pomo sí tenía una hija muy pequeñita, pero Luis y yo no teníamos hijos. Éramos
muy jóvenes, veinteañeros todos. Después, ya cuando la vida cambia, vos tenés
otras obligaciones y eso, así que olvidate de ir a convivir en una quinta, de
lunes a viernes, durante meses. Eso ya no va, no lo podés hacer. O sea, ocurrió
en el momento que se podía hacer. Y esos son las casualidades, porque no podés
planear ese tipo de cosas.
¿Y
por qué fueron a una quinta?
Porque
estábamos en el año 73 y no era como ahora que hay salas totalmente equipadas
para ensayar. Eso no existía. Entonces, se ensayaba donde se podía. Ensayamos
un tiempo en la casa de los padres de Luis. Imaginate, los padres se querían
matar. Habían pasado por Almendra, Pescado y ahora tenían a Invisible. Así que
terminamos buscando donde hacerlo y cuando pintó la posibilidad de la quinta por
supuesto agarramos viaje. No importaba que fuera como a 70 km de la Capital.
Así que teníamos un lugar en donde podíamos tocar. Y un día, por ejemplo, vino
un golpe de luz y se me quemó el equipo de bajo, yo me quería matar
directamente. En que en esa zona la red eléctrica era bastante precaria. Igual,
ahora lo ves en retrospectiva y pensás que bien que fue así, porque sin esa
convivencia no sé si hubiera sido la banda que terminó siendo.
Esas
ideas de grabación, como lo que hablábamos de la cámara al comienzo de “Jugo de
lúcuma”, ¿se le ocurrían a Luis?
Posiblemente,
no me acuerdo. Eso fue una cámara de una guitarra que quedó grabada y que
después se pasó al revés para que no se pudiera identificar qué parte de
guitarra era.
¿Cómo
te llevás con esa falsa idea que tiene alguna gente de que Spinetta les robaba
los músicos a Pappo?
Ante
todo, no es así. Lo que pasa es que la gente se engancha con esas cosas, vaya a
saber por qué, y hace de eso una bola de nieve. Eso quedó ahí pero nunca fue
así, primero porque Spinetta no
hubiera hecho nunca algo así, porque era un tipo con bastante dignidad y honestidad
como para ir a sacarle, entre comillas, los músicos a otros músicos. No lo
hubiera hecho nunca. Por otro lado, Pappo
era un tipo muy inestable con los músicos que tenía a su lado. A punto tal que
en el Volumen 2 de Pappo´s Blues no se sabe ni quién toca.
Es una mezcolanza de músicos, no se sabe nada. Sé que hay un bajista brasilero,
y después otros de acá, pero no se sabe ni quién toca. Entonces, cuando yo
empecé a tocar con él, pensé que iba a tocar 15 días, un mes, y terminé tocando
más de un año con Pappo. Fue la formación de Pappo´s Blues que más duró.
Seguimos juntos hasta que a Pappo se le ocurrió irse a tocar con otra gente.
Así de corta, ¿entendés? Y nosotros quedamos boyando ahí con Pomo muy poco
tiempo.
Ahí
se da lo de Luis…
Sí.
Un día me tocó el timbre y me dijo: "Mirá, yo ya estoy con Pomo y quería
ver si te interesaba que hagamos esto junto a vos…” O sea, no fue de ninguna
manera como esa gente se imagina, de que Spinetta nos “robó” a Pappo. Lo que
pasa es que coincidió con la historia anterior cuando Black Amaya y David Lebón, que habían sido los integrantes de la
primera versión de Pappo´s Blues, después fueron integrantes de Pescado
Rabioso. Entonces muchos dijeron: "Spinetta les saca a los músicos a Pappo…”
No les sacó a los músicos a nadie, a nadie. Eso fue así y punto. O sea, frente
a ese tipo de cosas, como frente a tantas otras pelotudeces que la gente dice, yo
no me engancho de ninguna manera. Por eso yo tampoco participo en ningún tipo
de polémica en las redes sociales, porque es perder el tiempo y hacerse mala
sangre, y es algo que no me importa nada. Que la gente diga cualquier boludez, me
da lo mismo.
¿Cómo
es la historia del disco en vivo de Invisible en el Teatro Coliseo, que salió
hace unos años?
Eso lo grabó el sonidista Carlos Melero, que nos hizo sonido una sola vez en esa ocasión. El tipo grabó, de canuto, ¿entendés? Porque a nosotros nunca nos dijo que había grabado el concierto, o si queríamos tener un casete con la grabación. Nunca lo hizo y ni nos enteramos. De repente, hace un par de años, no sé si fue en 2022, me empiezan a llegar comentarios de diversos músicos que me hablaban de lo bien que sonaba esa grabación de Invisible en el Coliseo. Yo estaba totalmente al margen de eso. Entonces me entero que el INAMU tenía en su poder una cinta que era de la grabación del Teatro Coliseo hecha por Melero. Entonces, yo no tenía demasiado contacto, pero conseguí el teléfono, y llamé.
Te
cercioraste al respecto…
Claro.
Les dije que como podía ser que yo, habiendo sido integrante de Invisible, no estaba
enterado al respecto, cuando otros músicos me decían que bien que sonaba y
demás. Ahí me dicen que me iban a mandar el material. Y me mandan pedacitos de
todos los temas. Ahí les dije, no, pedacitos no, mándenme el material entero. Bueno,
fue así la cosa. Después me enteré que esa cinta apareció en calidad de
donación. Una cosa rarísima. Porque, a ver, Pomo y yo, que fuimos integrantes
de Invisible, estamos todavía respirando, y los hijos de Spinetta, que son sus
herederos, están todos vivitos y coleando. Entonces, ¿cómo vas a donar ese
material al INAMU? Si están vivos los verdaderos herederos universales de eso.
Todo
muy raro…
Rarísimo. Y lo que más bronca me da es que Luis nunca supo que eso existía. Por supuesto las cosas se ordenan como tienen que ser. Porque, ¿a quién pertenece ese material? A nosotros. Entonces, después hablamos con la gente de Sony, que tiene todo el catálogo de Invisible. Por supuesto, dijeron que sí, para sacarlo, así se firmó un nuevo contrato, tanto por producción como por la banda en sí misma, y ahí salió el disco que, obviamente, no es todo el concierto, porque lo que hay ahí es ese material, pero nosotros no tocamos solo 40 minutos en el concierto. O sea, que si había más material nunca nos enteramos. Y esta persona murió, así que tampoco se puede saber. Pero es muy raro todo eso, que haya estado ese material escondido tantos años y que después haya aparecido como donación al INAMU. Pero, bueno, ya está, ya fue. Ya pasó.
Aparte,
es un discazo que queda para la posteridad y muestra cómo era en vivo el grupo…
Sí,
está bueno. Hasta ganó un premio Gardel.
De
los tres discos de estudio de Invisible, ¿cuál es tu preferido?
El
primero, sin dudas.
¿Por
qué?
Porque
el primero fue el producto de esa convivencia de meses en la quinta de Gran
Rodríguez, donde cada cosa que tocábamos era un descubrimiento. Es que, en ese
momento, nosotros mismos por ahí tocábamos música que, cuando terminábamos de
tocar, nos mirábamos y decíamos: “¿Qué corno es esto que estamos tocando?” Nos
pasó en “Irregular”, por ejemplo. Imaginate la música que se tocaba en Buenos
Aires en esa época. Lo nuestro no tenía nada que ver con eso, era otro mundo.
Después lo pondría a Durazno sangrando,
y en último lugar a El Jardín de los
presentes. Pero ya te digo, es solamente mi opinión, por supuesto. El
tercer disco no tenía la magia del primero ni tampoco la complejidad del
segundo, donde todo el primer lado es un tema conectado con los que vienen después,
es una música integral.
¿Ese
universo sonoro surgía solamente de la cabeza de Luis o había algunas otras
músicas que escuchaba y también lo influenciaban?
Mirá,
Luis era un tipo que tenía suficiente originalidad como para pelear con
cualquiera, ¿viste? Acá hay mucha gente que decía que Invisible era King Crimson, pero eso no existe, nada
que ver. Nosotros no nos juntábamos a escuchar discos, para empezar. Por
supuesto escuchábamos música, yo escucho música desde que tengo uso de razón,
pero ¿para buscar influencia? ¿Un tipo como Spinetta? Tipos así son genios.
Spinetta era un genio, yo lo puedo decir con conocimiento de causa, porque no
solamente toqué con él en Invisible, grabé en A 18 minutos del sol, grabé Téster
de violencia, grabé en La la la,
grabé Mondo di cromo, además de otras
cosas más. Fui su amigo personal durante 40 años. Además, fui técnico de
grabación en Fuego gris, la banda
sonora que él hizo en 1993. Por eso te puedo decir que nunca terminé de
asombrarme de la musicalidad de Spinetta. Por ejemplo, un día me dice:
"Machi, prepará todo para grabar guitarra acústica”, qué sé yo, ponemos
los micrófonos y arranca a tocar “La pequeña Dama Azul”. Se me cayó la mandíbula
al piso. Alguna vez le preguntaron de donde sacaba los temas. "No sé, los
saco de una bolsa", dijo. O sea, era un tipo con una creatividad y calidad
musical tal que no necesitaba escuchar música de otros para inspirarse. El que
piensa eso es un ignorante, un envidioso, y de última es un pelotudo, porque eso
no tiene nada que ver. Te cuento otra. Yo fui testigo cuando él hizo los demos
para ir a grabar Only Love Can Sustain
a los Estados Unidos, a fines de los setenta. Porque nos veíamos muy seguido, estábamos
juntos todo el tiempo. Luis, a pesar de que no era un pianista, sabía tocar acordes
en un teclado. Me acuerdo que había hecho ese tema llamado “Jade”, que es una
cosa alucinante. Bueno, lo tocó, lo grabó, qué sé yo, grabó otros temas. Grabó
algunos que no salieron, por ejemplo. No estaban incluidos. Okay, se va a
Estados Unidos. Graba el disco allá, cuando vuelve, me trae un disco de regalo
y me hizo una dedicatoria en inglés, no sé por qué, para no romper con esa cosa
de que el disco venía de allá. Y entonces miro el disco y le digo: “Uy, dice, Productor Dr. George Butler." Y le
digo: "Che, qué copado." Le digo: "¿Es un es un médico que le
gusta la música, un abogado?" Ahí me mira y me dice: "No, Machi, es
doctor en música." Y después me enteré que George Butler había sido productor de Miles Davis, una monstruosidad. Y cuando escucho el disco, imagínate
que le pusieron arregladores, músicos de primer nivel, estaba Abraham Laboriel en bajo, por ejemplo,
una cosa increíble. El tema era exactamente igual a como él grabó el demo del que
yo fui testigo. Nadie dijo: "No, este acorde está mal o habría que hacer
esta otra inversión, lo que sea." ¿Entendés lo que quiero decir? Nadie
tuvo nada que objetar con respecto a eso, porque estaba perfecto como lo había
hecho él en el demo. Entonces me parece de mala leche decir que un tipo como
Spinetta podía llegar a tener influencias de alguien, Spinetta era un genio
absoluto.
Me
decías eso de Fuego
Gris, muy interesante, porque no es un
disco muy revisitado de Luis…
Tal
cual. Me acuerdo que estábamos haciendo la banda sonora de la película, o sea, música
incidental que acompaña una escena determinada, en este caso era una escena
medio dramática donde la protagonista se cae por un agujero y va a parar a otro
mundo subterráneo, no sé. Yo trabajé ocho años haciendo publicidad, ¿okay? Grababa
jingles y todo ese tipo de cosas. Así que tenía experiencia en grabar música
incidental, conocía perfectamente cómo se hacía. El día que tuvimos que grabar
esa parte en Fuego Gris, Luis me
dice: “Tengo que grabar música incidental”; y lo veo que llega al estudio con
un muñequito de goma, con un casete, con unas cositas que hacían ruido. Yo
digo: “¿Qué es esto?” Bueno, agarro el casete. El casete tenía “Maribel”,
grabado por una banda de cumbia. Ahí me dice: "Machi, grabá esto y pasalo
al revés."
Increíble…
Lo
grabamos en un track. Y después empezó con los muñequitos y qué sé yo, fue
sumando canales. Así hizo algo absolutamente original, un proceso único para
hacer esa música incidental, algo que ningún publicitario o gente dedicada a
eso hubiera hecho de esa manera, ya que hubieran ido por otros caminos más
conocidos, ¿no? O sea, Luis era original. No se proponía ser un artista
original, era de nacimiento original. Por eso te digo que era un genio, si es
que existen los genios, Spinetta era un genio, ni hablar de los temas, cómo
cantaba, etc. No hay suficientes elogios para hablar de él…
Y
vos te diste el gusto de ser su amigo, de trabajar a su lado…
Mirá,
yo siempre fui su fan. Fui fan de Almendra, porque los vi en su debut en el
Instituto Di Tella. Nunca me imaginé que iba a tocar con él y, de hecho, soy
uno de los músicos que más grabó con él. Creo que Javier Malosetti grabó once discos con Luis, yo grabé nueve. O sea,
estamos ahí, más o menos. Y eso me da orgullo. Es un honor haber podido
compartir con él tanta música y conocer cosas, que no tengo por qué revelarlas,
cosas que son íntimas, por supuesto, de una persona tan brillante como era Luis.
Luis era brillante, sé que a veces se usa esa palabra para cualquier cosa, pero
Spinetta era verdaderamente brillante. Así que todos los que dicen que si se
inspiraba en algo, son pelotudos, no tienen la mejor la más puta idea, y lo
único que buscan es degradar la personalidad de uno de los más grandes artistas
que hemos tenido en este país.
Vos
me dijiste que el disco de Invisible que menos te gusta es el tercero. ¿Tiene
que ver un poco con la presencia del cuarto elemento, de otro integrante? ¿Vos
lo veías más como un trío, y que haya otro músico tocando, no cuajó tan bien en
la dinámica?
Mirá,
eh. ¿Qué decirte? Yo estuve de acuerdo con la inclusión de Tomás porque no era
que Luis decidía solo, porque era un trío, los tres firmamos el contrato con
Sony o con CBS, los tres teníamos poder de decisión. No era que Luis decía “se
hace esto y punto”. No sé si lo habrá hecho en otras bandas, pero con Invisible
eso no ocurría. O sea que yo estuve de acuerdo. Yo lo que más recuerdo no pasaba
por una cuestión musical, ¿viste? Porque Tomás
Gubitsch es un es un gran músico. Sí, creo que había un problema con la diferencia
de edad. Una gran diferencia de edad, porque creo que él tenía 18 y yo tenía 30,
que en esa época era mucho. Entonces era difícil ponerse de acuerdo. Una cosa
es tocar y otra cosa integrar una banda donde hay que tomar decisiones de todo
tipo, desde cómo llegás a un lugar, en qué vehículo, en qué transporte, o dónde
te hospedás, hay cosas que son más de otra índole y en donde empiezan a haber
diferencias y demás.
Claro,
era difícil compatibilizar…
Por
eso creo el trío tenía esas tres puntas y siempre en algún punto se iba a
acomodar. Pero un cuarteto no era así. O sea, pienso que de pronto si había algunas
diferencias, obviamente, se agudizaron en el formato de cuarteto. Pero ya te
digo, la prueba de esto está que ni bien se separa Invisible, yo sigo tocando
con Luis y después que yo dejo de tocar con Luis entra Pomo a Spinetta Jade. O sea, hay que entenderlo
como lo que quiero decir. Luis siempre quiso tocar con Pomo y siempre quiso
tocar conmigo, eso es clarísimo.
Tal
cual, es así…
O
sea, quizás es feo decir: "No, sí, fue por culpa de esto o aquello."
No, fue una decisión de los tres y a lo mejor nos equivocamos. ¿Y sabes por qué
pienso que nos equivocamos? Porque, por ejemplo, mirá a Soda Stereo. Soda Stereo tocó con pianistas, con percusionistas,
con guitarristas, invitados, pero Soda Stereo fueron tres tipos siempre, nunca
incluyeron a un cuarto integrante, más allá que participaran en una grabación o
tocaran en vivo. Y nosotros no sabemos por qué hicimos eso, la verdad que si me
preguntás por qué te digo que no me acuerdo. Creo que tendríamos que haber
hecho lo mismo que Soda, seguir siendo tres pero con músicos invitados. De
hecho ya lo habíamos hecho porque tocó Moretto
como invitado con nosotros, y también tocaron Mosalini
y Mederos. Tendríamos que habernos
mantenido como trío, quizás. Pero son todas especulaciones que a esta altura ya
no tienen sentido porque pasaron 50 años.
Otro
de los hitos inolvidables que viviste junto a Spinetta fue tu participación en Las bandas eternas, con la reunión de Invisible…
Mirá,
fue muy raro, porque fue volver a juntar a Invisible en el 2009 y era una banda
que se había separado en el 76. En ese momento pasó algo gracioso porque la
gente me decía en las redes sociales: “Machi, ¿es cierto que Spinetta va a
juntar a todos los músicos con los que tocó en un concierto?” A lo que yo les
contestaba que estaban en pedo, porque conociendo a Spinetta, él nunca iba a
hacer una cosa así. Contestaba eso porque era lo primero que me venía a mente,
y empezaba a negar los rumores. Pero la gente me seguía preguntando y yo lo seguía
negando. Hasta que un día sonó el teléfono: "Machi, sí, soy Luis, tenemos
que hablar." Apenas me dijo eso, le respondí: "No me jodas, no me
digas que esto de tocar es cierto…” Y me responde: “Sí, es verdad." O sea,
yo debo haber sido de los últimos que se enteraron que eso se iba a hacer. Eso
por un lado. Por el otro lado, nos juntamos un día en la casa de Spinetta a
cenar con Pomo. Ese fue el primer encuentro de los tres, después de tantos años,
y lo siguiente fue ir a ensayar.
¿Cómo
fue ese momento?
Cuando
fuimos a ensayar, yo recuerdo que había nervios. Como que había que romper el
hielo, pero eso duró solo dos minutos, ¿viste? Tocamos los primeros temas e inmediatamente
apareció la vieja magia, las jodas, los chistes y pasarla bien como ocurría en
la época de Invisible, la vieja época del grupo en los años setenta. Así que lo
recuerdo como una cosa muy linda, que además se dio arriba del escenario
también. Porque yo recuerdo que después vi casi todas las críticas de los diarios,
las revistas y todos decían: "Invisible fue lo más de lo más." Claro,
porque todos veníamos tocando. Yo ya venía tocando con mi trío hacía como dos
años. Pomo tenía su banda, Luis tenía la suya, algo que no ocurría con los
demás músicos que tocaron esa noche. No ocurrió lo mismo con Pescado, ni con Almendra.
O sea, no podía ser de otra manera. Iba a ser así. Eso también fue muy
gratificante. Realmente hubo una propuesta de seguir con Invisible. A la que
Pomo y yo estábamos de acuerdo pero Luis no quiso. Era una propuesta de seguir
un poco más porque se vio la respuesta de la gente, pero no, quedó ahí. Creo
que hicimos honor al grupo, porque el tema de los reencuentros de las viejas bandas
es un arma de doble filo. Podés tocar todo mal, que sea una porquería, y arruinar
el recuerdo que la gente tenía de antes. O sea, eso puede ocurrir
tranquilamente. Y creo que no pasó con Invisible. O sea que salió bien, hicimos
honor al pasado.
Tal
cual, fue impresionante, lo vemos hoy en el DVD y se te cae la mandíbula.
Quedó
para la historia. Yo siempre me acuerdo que en un momento estábamos al costado
del escenario, cuando no tocábamos, y se me acerca Malosetti, que es un gran
amigo mío, y me dijo: “¿Ustedes se dan cuenta que estamos asistiendo a un
evento histórico?” Tenía razón. Fue así, un evento histórico, y tampoco es
cierto lo que la gente dice que Luis se estaba despidiendo, por su enfermedad,
nada que ver. Aun no tenía síntomas de la enfermedad ni nada, así que eso es
falso también. No fue que él quiso hacer el concierto porque estaba enfermo,
nada que ver.
Muchos
te nombran como uno de los mejores bajistas de nuestro rock. ¿Cómo te sentís al
respecto?
Bueno.
Lo que pasa que a mí hablar de rock medio que me hincha las bolas. Algunos me
llaman “músico de rock”, pero yo toqué un montón de otras cosas. No me
considero músico de rock, me considero músico, a secas. De hecho, tengo algo de
lo cual también me enorgullezco y que es que en la década del 80 me convocó Rubén Baby López Furst para tocar con
él. Él fue un gran pianista de jazz. Me acuerdo que me dijo que tenía un trío, pero
se había quedado sin bajista, y si estaba interesado en tocar con él. Por
supuesto le dije que sí. Me acuerdo que me dijo: "Bueno, dame una
dirección así te mando los temas, te mando las partituras y nos juntamos tal
día en mi casa...” Yo hice los deberes, me aprendí los temas y fui. Obviamente
me estaba haciendo un casting. Así que fui, me tomó la prueba y parecía que
habíamos tocado toda la vida juntos. Cuatro años toqué con Baby. Un privilegio
y un honor para mí. Tocamos un año en trío, después se sumó Jorge Navarro, otro genio del piano, y fue
increíble. Imaginate que en el pequeño mundo del jazz no sabían quién era
Machi, a pesar de que yo ya había tocado con Pappo, con Invisible y qué sé yo; ellos
se mueven en otro mundo. Me decían: "Ah, pero vos sos el bajista de Baby,
¿no?" Así empezaron a aparecer tríos, cuartetos, quintetos con los que
toqué. Así que no me fui más de ahí. Porque, por ejemplo, me acuerdo que cuando
hicimos la presentación de Mondo de Cromo
en el Teatro Coliseo, yo salía corriendo de ahí y me iba corriendo a La
Trastienda, la vieja Trastienda que estaba en Palermo, porque teníamos una
actuación con Baby y Jorge Navarro, o sea, me iba del escenario del rock a un
escenario de jazz. Después toqué dos veces de invitado del grupo Aca Seca Trío, que hacían folklore,
ahora están separados, creo. Y también toqué con Leo Genovese, hice tangos en Nueva York. O sea, que a mí que me
digan: “Es un músico de rock." A mí el rock me encasilla de una manera que
no me gusta. Respeto a los que se asumen como músicos de rock. Yo soy músico,
no músico de rock. Y me gusta toda la música.
¿Qué
te gusta del rock actual?
De
las bandas nuevas, por ejemplo, nuevas acá, me gusta Snarky Puppy, a los que conocí en el 2014 en Washington. Snarky
Puppy es una de mis preferidas. Los sigo desde entonces. Me gusta Vulfpeck, me gusta Cory Wong. De la música me gusta todo, me gusta el flamenco
español, la bossa nova, la música centroamericana, el jazz, por supuesto, el
rock también. Quizás lo que menos me puede llegar a gustar es la música de rock
europeo. Yo estoy más del lado de Yankilandia porque obviamente hay una gran
influencia negra, la música góspel y demás, y eso me llama mucho más la atención.
Por supuesto, me gustan algunas bandas inglesas, empezando por los Beatles, obviamente, que son los que de
alguna manera despertaron en mí el querer tocar. Los Stones, también. Nunca voy a negar eso. Del rock sinfónico me gusta
Yes y ELP, no mucho más que eso…
¿Qué
opinás de músicos como Ca7riel y Paco Amoroso?
Me
encanta lo que hacen. Siempre estoy abierto a las nuevas tendencias. Por
ejemplo, la otra vez toqué de invitado de los chicos de esta banda UATS, que son los que acompañan
habitualmente a Ca7riel y Paco, todos musicazos. Estaban Javier Burin, Maxi Sayes, que es el percusionista,
Edu Giardina y “El Tío La Bomba”, que es el bajista, divinos todos. Me invitaron a
tocar y ahí yo les decía: "Pero el público de ustedes va a decir, ¿qué
hace este jovato ahí?” Y no, nada que ver. Fue muy lindo todo. Y por supuesto
me encanta. Me gusta Ca7riel y Paco, por supuesto. ¿Cómo no me va a gustar? Si
tenés oreja, no podés desconocer lo que estás oyendo. Y además un músico como
Ca7riel que toca muy bien la guitarra, hizo una versión de “El anillo del Capitán
Beto” en el Teatro Colón que te impresiona. Así que no tengo problema, me
encanta. Me gusta más eso que por ahí lo más tradicional. Ya no me despierta
mucho la atención el rock cuadrado. Claramente, sigo escuchando rock clásico: Jimi Hendrix, Frank Zappa –por supuesto, muero con Zappa-, me encanta Cream, ni hablar. También tengo varios
de esos festivales Crossroads, que se
hacen en Chicago, ¿cómo no me va a gustar eso? Steely Dan también me encanta, por supuesto, tuve la suerte de
verlos en Nueva York, antes de la muerte de Walter Becker, y los escucho siempre. Pero ya te digo, a mí no me
gusta que me encasillen como un mero músico de rock…
Emiliano
Acevedo

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