ENTREVISTA> Esta nota es para los que no te conocen y los que quieren saber más de vos…
En realidad, yo no sé si me conocen. Hay gente que me conoce, del palo del rock, pero mi laburo siempre fue para el otro, detrás de las luminarias. Empecé con Los Gatos…
¿Eso fue lo primero que hiciste?
Sí, era estudiante. Empezaban los años 70, recién habían cambiado de guitarrista con la entrada de Pappo. Yo en un recital me había puesto a hablar con Litto Nebbia –él era un tipo que charlaba un montón- y me dijo: “Flaco, si te gusta tanto esto, ¿no querés venir a laburar con nosotros?” “Buenísimo”, le dije; yo aún estaba en la secundaria. Un viernes en la oficina me presentan a Horacio Coronel, el operador de sonido, y me piden si les podía dar una mano porque había faltado un asistente. Yo estaba vestido como para ir a bailar y había que mover un camión con una Ford 350 con un órgano Hammond que pesaba 100 kg, estaban cuatro para moverlo. Imaginate la situación. Pero, como a mí me gustaba eso, después de cargar todo el escenario y preparar el escenario le digo, "¿Querés que te una mano con los micrófonos?" “Bueno, dale”, me dijo. Y lo ayudé la batería. Me encantaba todo. Imaginate el cuadro: Equipos Fender, un órgano Hammond, los Leslie, un equipo Shure de voz…
El mundo soñado del rock…
Claro. Esa noche hicimos tres shows. Cuando terminó nos dejaron en Constitución. Y Horacio me dice: “Mañana, sábado, tenemos más shows, venite…” Y me da guita, que me la guardé en el bolsillo. Y entonces estaba por ir a tomarme el colectivo para ir a mi casa. Yo trabajaba en ese momento de cadete, aparte de estudiar, y ganaba 29 mil pesos por mes. Horacio me pagó esa noche 30 lucas. Yo pensaba que se habría equivocado. En fin, me tomé el taxi y me fui a mi casa. Al día siguiente tuvimos cinco shows y el domingo hicimos dos más. Cuando me paga, me volví loco. Ahí me lo tomé como un laburo. Horacio Coronel laburaba en Robertone, y me llevó a la fábrica. Y a partir de ahí empecé. Primero como plomo, luego como operador y después las circunstancias me fueron llevando a todo lo demás.
![]() |
| El Conejo en el BaRock viendo tocar a Pappo |
¿Quién te poné Conejo de apodo?
Litto Nebbia, en el cumpleaños de la mujer. Estábamos en una fiesta en la casa que Litto tenía en Martínez, en donde estaban absolutamente todos los músicos de la época: Los Walkers, Carlos Bisso, etc. Cuando me voy, a las tres de la mañana, Litto dijo: “Vos te llamás José Luis, pero a partir de ahora todos te vamos a decir Conejito…”
Listo, cagaste…
Ahí
me quedó Conejo. Luego empecé a trabajar con Vox Dei. Con ellos fui operador, stage… En la época de La Biblia, yo solo viajaba, y tenía que
hacer de todo. O sea, llegar con los equipos, armarlos, armar el sonido,
dirigir las luces. En ese momento, los artistas no llevaban iluminación. La puesta
en escena empieza recién muchos años después con Los Jaivas. En esa época de La
Biblia, armábamos la iluminación con lo que había en el teatro. Por eso, yo
me tuve que armar mi propia caja con gelatinas y lámparas, porque las de los
cines de mierda en los que tocaba el grupo, de doce lámparas que tenían,
andaban tres nomás. En esa época lo que más había eran los bailes, de cada
recital que hacían los grupos, se tocaba en veinte bailes. Todos los clubes de
cada localidad llevaban artistas. Era una locura, toda esa época fue una
locura, e íbamos a lugares increíbles, algunos muy densos también, en donde se
cagaban a trompadas. Yo entré en este negocio porque lo vi como una posibilidad
clara de vida pero también amando lo que era el rock.
¿Cómo era trabajar con Vox Dei? ¿Ellos se llevaban mal?
No, al principio no. El problema eran los liderazgos. El compositor nato era Ricardo [Soulé], pero Willy [Quiroga] era el más grande, tenía diez años más que todos, entonces eso empezó a traer quilombos. ¿Por qué? Porque Ricardo quedó colocado a otro nivel. Yo no lo conocí a Yodi Godoy, yo ya los agarré como trío. Fue cuarteto durante poco tiempo con Nacho Smilari. Nosotros fuimos a presentar La Biblia a todo el puto país, a lugares en los que jamás había llegado el rock. Era un laburo chino. La curia había aprobado el disco y teníamos pasaje de avión a todos los lugares, los curas estaban complacidos, eso fue una puerta muy importante. Fue la institucionalización de la obra. Así fue creciendo todo el laburo. De Vox Dei me cansé cuando la prioridad dejó de ser comprarse una guitarra y pasó a ser comprarse un Torino. Mientras tanto yo iba a los shows con un Fiat 125 con el que casi me mato yendo a Quilmes.
![]() |
| Junto a Jorge Álvarez |
¿A Sui Generis cuando los conocés?
Ellos eran de mi edad, a Nito [Mestre] lo conocí en la revisación para la colimba. Así, un día llego a los estudios Phonalex, cuando aún yo estaba trabajando con Vox Dei. Llegamos para grabar con todos los equipos y Sui estaba grabando “Mariel y el Capitán”. Ahí me di cuenta que la iban a romper toda. Entonces después, al entrar en contacto con Luis, me contacto con Jorge Álvarez. Así las producciones de Jorge Álvarez las empecé a hacer yo. Con Sui Generis me convierto en manager. ¿Por qué? Porque había un quilombo donde se trabajaba mucho pero se ganaba muy poco, porque los productores eran tremendos.
![]() |
| Mario Kaminsky junto a Sui Generis y Jorge Álvarez |
Vos sabés la historia de la frase “Hay un horrible monstruo con peluca…” de Charly…
Sí, tal cual. Se la dedicó a Mario Kaminsky, el dueño de Microfón. No sabés lo que era el peluquín que usaba Mario, le había salido carísimo. Charly lo menciona en el tema porque los garcaron con Sui Generis, les tendrían que haber dado un departamento a cada uno, era lo que se había convenido cuando firmaron el contrato. Esa era la renovación del contrato. La canción primero se llamaba “Superstars” y luego terminó llamándose “Superhéroes”, cuando la graba Charly en su primer disco solista. Charly es un genio.
![]() |
| Con Nito Mestre y Pino Marrone |
Trabajás con Sui, luego con Los Desconocidos de Siempre, ¿después qué hiciste?
Cuando se separó Sui Generis yo estaba haciendo la colimba. En el Adiós Sui Generis yo salí de la colimba para grabar el disco. El álbum lo grabó Robertone con dos grabadores de ocho canales. En esa época yo laburaba de remisero de León [Gieco]. Por suerte pude salir, y así justo mi colimba que terminó con el golpe de Videla, por eso yo no estuve en Porsuigieco. Después, el que vendía todos los shows de los bailes era Gabriel Melgarejo. Álvarez se ocupaba de los conciertos grandes y de los shows se ocupaba Gabriel. Yo era manager de Sui Generis y luego, cuando se termina el grupo, Charly me dice que iba a armar La Máquina de Hacer Pájaros y me pidió que consiguiera a Crist para que hiciera la tapa del disco. Así lo hicimos a través de Caloi y el Negro Fontanarrosa, quienes me consiguieron el contacto de Crist. Empezamos en la Bola Loca con La Máquina, y tocamos un mes y medio ahí. Era un lugar de 240 localidades. Medio que era para ensayar la banda. Luego me fui a trabajar con Los Desconocidos.
¿Cómo se proyectó De Ushuaia a La Quiaca de León?
El manager de León era mi socio, pero se quería ir a vivir a Estados Unidos. Se va y entonces quedo a cargo yo de León y de Los Desconocidos. Lamentablemente, se muere Melgarejo, entonces León me dice que quería que yo fuera su manager. Ahí empieza un quilombo porque todos querían hacerse cargo de la carrera de León. Grinbank lo quería, Oscar López le había dicho que empiece a trabajar con Pity Iñurrigarro, que tenía la agencia Abraxas. Pero León me pregunta que hacer, y yo le digo que probara con Abraxas, así empezamos a laburar con ellos. Y un día me agarra León y me dice: “Conejo, ¿cuánto tiempo más te parece que puede durar mi carrera a este paso?” Ahí me dice que él necesitaba tocar más. Pero estaba todo controlado por la dictadura, era muy difícil tocar. “Yo toco solo con la guitarra, boludo. ¿Si yo no puedo ir a tocar a cualquier lado con la guitarra, quién puede hacerlo?” Así inventó esa gira gigantesca, medio autogestiva, que fue De Ushuaia a La Quiaca. Hubiese sido muy inteligente pensarla de La Quiaca a Ushuaia, pero arrancamos en Mendoza. La idea era hacer Mendoza, en donde él ya era una figurada impresionante. Después bajamos a Río Negro, hacia Bariloche. De Bariloche se pasó a Córdoba, y de ahí hacia el sur. Sin volver a Buenos Aires. Nosotros sabíamos que en Mendoza estaba todo bien. O sea, San Juan podría estar bien. En el medio había que meter cosas. Entonces, nosotros probamos tocar los martes, miércoles, jueves; menos los lunes, todos los días. En donde carajo sea, no importaba la cantidad de gente. Tenía que darse la condición de conseguir quién lo producía localmente, mandarle afiches, que los pegue, organizar la difusión, darle una clase de producción a los estudiantes de los colegios para que difundieran el show, antes, ya que una vez que empezó la gira era todo lo mismo, pero girando. Pero mientras estábamos programando cada fecha, yo tenía que ir con mi auto ir a la otra ciudad, a la otra y a la otra, dejar los afiches, mandar a pegar todo, arreglar con los tipos, firmar los contratos, volverme.
En el medio de la gira tuvieron un accidente, ¿no?
Sí, con mi auto, casi nos matamos. Estábamos en Comodoro Rivadavia. Nosotros habíamos empezado la gira a principios de mayo y tuvimos el accidente casi llegando a las vacaciones de invierno, en julio del 81. El problema es que mientras vos estás trabajando, está todo bárbaro. Vos vas haciendo y haciendo. Pero no tenés el contacto de lo que es vivir en ese lugar. Nos terminamos pudriendo de las comidas de los lugares, de comer asado todo el tiempo. Hacía un frio de cagarse y paramos en la mitad de la nada a comer, y lo único que había para tomar era una botella de sake, que era intomable, era como tomar querosene. Nosotros íbamos por la ruta a Comodoro Rivadavia, después de venir de Viedma y demás. Nos habían avisado que la ruta era muy jodida. Yo la había hecho la primera vez de noche, a los pedos, lloviendo. Después fuimos a Río Turbio, volvimos, y hablamos de ir a la cárcel de Santa Cruz para tocar para los presos. O sea que volví a hacer la ruta a los pedos, para ir a tocar a la cárcel. Hicimos el show, eran las dos de la tarde y volvíamos a Comodoro…
¿Cómo fue?
Un día de mierda, con frio; íbamos despacio. En el auto estaban Pity, que había venido por el tema del concierto en la cárcel; León atrás, Gloria Guerrero, Oski Amante y yo que iba manejando. Cagándonos de risa, escuchando música, a todos lados íbamos juntos. Ahí tuvimos el accidente. Pasó un camión, veníamos despacio, no veníamos rápido. Pero había un puente y venía un camión de lo que transportan corderos congelados, que llevaban al puerto, a Bahía Blanca. Y pasó un tipo y al embolsar el viento -imagínate que en el sur tenés ráfagas de viento de 150 km por hora-, eso me desacomodo el auto, y el puente lo pasé de costado, de un lado para el otro. Cuando terminó el puente, la cola sale de la ruta y el coche hace un salto mortal, cae y se clava de punta. El coche quedó clavado. El techo donde estaba Pity tocaba la guantera. Pity había salido despedido. Yo sentí que vi el accidente desde afuera del auto, eso me marcó. Cuando vuelvo, siento el golpe que me pega en la pierna y salgo con un arañazo, para ver cómo estaban todos. Pity venía caminando por el agua. Subí y me paré en el medio de la ruta, viendo a lo lejos que venía nuestro camión. Les hago señas. Cuando me empiezan a ver, frenan y me dice: “Conejo, ¿qué carajo hiciste con el auto?” Gloria se había quebrado una gamba, porque iba en el medio. Entonces, sacamos el asiento de la doble cabina y a León cuando lo sacamos por el parabrisas trasero, le raspamos todo el culo, la espalda, el brazo… A Gloria, como se había roto la gamba, la mandamos con el camión. Con Oski paramos un auto que venía y les dijimos: “No le digan a nadie que es León Gieco, llévenlo al hospital”. Después paramos otro auto y nos fuimos el resto. Cuando llegué al hospital era un quilombo. Tuve que ir a una radio a decirles que no fueran al hospital. Tuvimos que llamar a Alicia, la mujer de León, para avisarle que estaba bien. Enseguida, todos los medios de Buenos Aires se desesperaron, querían entrevistarlo a León. Así que me dijo: “A mí subime a un avión, yo no voy a hablar con nadie de esta manga de hijos de puta de la Revista Gente…” Tuvimos que suspender la gira dos meses hasta que después la terminamos.
Y después de estar con León, ¿qué hacés?
Después de trabajar con León, Pity se pelea conmigo. Por un problema nuestro. Pity decía que los buenos managers terminan siendo malos representantes, porque esa era su idea. Después con el tiempo nos hicimos amigos, pero yo me quedé sin laburo. En un momento me llama el dueño de la revista Risario, que era una revista cómica de Rosario, que me dice: "Conejo, ¿qué haces? Tengo un pibe que canta que lo quiere conocer a León, ¿viste?” Era Juan Carlos Baglietto. Nos fuimos en el auto, cegándonos de risa, Juan era un tipo divino. Escuché la música que hacía y me volví loco. Luego, le saca el disco EMI y explota todo. Un éxito terrible. Yo dejo de laburar con León y viene a verme Juan para que sea su manager, luego de la muerte de Julio Avigliano. Y yo estaba podrido de ser manager. Así que al final armamos una agencia, con Ricardo Soulé, Orions y Baglietto. Ahora, imagínate en ese momento vender a Baglietto. No sabés lo que era, un picnic. Un montón de laburo, un éxito arrollador. Así trabajé casi un año. Después seguí haciendo otras cosas hasta el día de hoy. Yo lo que le agradezco a mi laburo es todo lo que me dio. Siempre me apasionó lo que hice y me preocupé porque mis artistas dieran el mejor espectáculo posible. Ese fue mi norte. Darle lo mejor al público.
Después de trabajar con Baglietto, ¿qué hiciste?
Primero estuve con Horacio Fontova. Fontova había sido compañero mío en Hair, formó un trio, el Fontova Trio, y grabó un disco. Después alternaba, hacía shows diversos, empecé a trabajar con artistas internacionales. Y los internacionales había que producirlos. Laburé desde Michael Jackson hasta Pavarotti.
¿Cómo fue laburar con Pavarotti?
La producción la hice con Héctor Caballero. En realidad, el que traía todos esos artistas era
el que había sido trompetista de Hair,
Benny Izaguirre. Pavarotti para mí era
el número uno del mundo. Claro, nosotros estamos acostumbrados a hacer shows de
rock and roll que son de gran presión sonora. Hacer un show de un cantante
lírico es una historia totalmente diferente. Un lírico lo que trata es que su
voz llegue perfecta. Entonces, para hacer el sonido que pidió Pavarotti, en el
Campo Argentino de Polo, tuvimos que colgar dos grúas que estaban a 20 metros
de altura por encima del escenario. Nos salieron más caras las grúas que el
sonido. Había que darle esa inclinación porque de esa manera cuando hacés
sonido movés aire. Pero si le das la elevación y el ángulo hacia la gente, no
tiene golpe. No es como cuando en los conciertos de rock recibís una patada en
el pecho cuando toca el bajo. Pavarotti hizo algo único: Le regaló la prueba de
sonido gratis a los que estaban en la fila y habían llegado temprano.
También trabajaste con Joaquín Sabina...
Mi amigo personal. Un divino. Lo quiero muchísimo. Es un tipo muy generoso.
¿Ahora qué hacés?
Laburo poco. Este es un trabajo para jóvenes y yo tengo más de 70 años. Produzco cosas para amigos. Me llaman por mi experiencia. No me meto en el quilombo de Capital Federal pero hago muchas cosas en La Plata.
Emiliano Acevedo









Conejo, un grande en la historia del Rock Argentino,felicitaciones🤘❤️🇦🇷
ResponderEliminar