miércoles, 20 de abril de 2016

TODD RUNDGREN, A Wizard, a True Star: La sinfonía de un brujo...


Todd Rundgren es una rara avis dentro del rock, un músico experimentador y libre que se la pasa saltando de un estilo a otro, para no aburrirse. Además se especializa en magnetizar adjetivos, ideas opuestas, habilidades, calidades y virtuosismos. Su persona es la encarnación de locuras de diverso calibre, casi todas posibles. A lo largo de su carrera, hizo de todo: Compositor, multiintrumentista, exitoso productor y/o ingeniero de sonido (de Janis Joplin, The Band, Ramones, XTC, New York Dolls, Meat Loaf, Gran Funk Railroad, Badfinger, Cheap Trick, Patti Smith, Hall & Oates y Alice Cooper; entre varios etcétera), realizador audiovisual y hasta programador de videojuegos. Rundgren es una figura que derriba murallas con el soplo de su imaginación.

En sus discos desafía los esquemas del rock como género, hasta casi negarlo, creando sonidos innovadores y adictivos. Por eso no es casualidad que su disco de 1973, A Wizard, a True Star, se llame así. Con ese título Rundgren nos muestra sus dos caras, como diciendo: "Ok, puedo ser una estrella de rock, pero soy un brujo... No lo olviden". Ya en su extraordinario álbum doble Something/Anything? (1972) había empezado a escribir canciones que daban a entender (a aquellos que leyeran el mensaje escondido entre líneas) que nunca estaría satisfecho con ser un mero cantautor de rock y pop comercial. Y con A Wizard, A True Star re dobló la apuesta, revelando una gama de excentricidades y excesos musicales arrolladores. Debido a que Something/Anything? había traído "I Saw the Light" y "Hello It's Me", dos de los singles más exitosos de la carrera de Rundgren; gran parte de su audiencia esperaba que seguiría esa línea musical en su siguiente producción. Nada de eso ocurrió porque, dicho mal y pronto, el músico mandó todo al carajo.

En A Wizard, a True Star, Rundgren se despacha, sobre todo en su primera mitad, con un colorido muestrario de canciones psicodélicas, llegando a extremos casi místicos. Estilísticamente, no hay demasiadas cosas nuevas a lo mostrado en su disco anterior. Sin embargo, lo mejor de A Wizard... radica en que es un disco con ideas musicales más sintéticas y enfocadas. Rundgren se desarrolla como compositor, más allá de su labor como ingeniero de sonido y productor que sigue siendo excelente. Sus canciones suenan atemporales, anticipándose incluso a nuestro presente digital. Porque, aunque parezca increíble, A Wizard... suena tan moderno como los temas de MGMT, aunque el disco de Rundgren haya sido grabado más de cuarenta años antes... En A Wizard... algunas canciones crispan los nervios y otras enamoran. Un anarquismo musical que genera disturbios en los sentidos del público. El humor de Rundgren se muestra bizarro, tanto en sus letras como en los intrincados despliegues rítmicos. Esto hace que el oyente deba hacer un gran esfuerzo, prestando suma atención. Ni siquiera en sus temas más dulces se empeña en agradar, ni sonar convencional. Por eso con A Wizard... estamos, sin dudas, en presencia de un álbum impredecible y difícil. Incluso su cierre con "Just One Victory" (una canción que es casi un himno) está lleno de sobre grabaciones que dificultan la escucha de su atractiva melodía. Definitivamente, A Wizard, a True Star es uno de esos raros discos de rock que demanda una atención plena por parte del oyente.

Como ya dijimos, la primera mitad del disco contiene una suite psicodélica de temas enganchados, que arranca con “International Feel”, y es continuada por “Never Never Land”, “Tic Tic Tic, It Wears Off”, “You Need Your Head”, “Rock & Roll Pussy” y “Dogfight Giggle”, una seguidilla desbocada de canciones cortas inclasificables; en especial la última, armada a través de sonidos sintetizados y efectos que simulan una pelea de perros monstruosos venidos del espacio exterior. “You Don't Have to Camp Around”, es una dulce canción casi soul que antecede al extraordinario instrumental “Flamingo”, un increíble tema en la veta progresiva. “Zen Archer” está repleta de ideas y cambios rítmicos, como si fuera una canción tirolesa empapada con ácido lisérgico... “Just Another Onionhead, da da Dali” es un alocado paseo circense, lleno de humor, que homenajea al gran pintor catalán. Por su parte, “When the Shit Hits the Fan/Sunset Blvd” es (en ritmo y melodía) más variada que cien canciones juntas. En este punto es inevitable pensar que estamos en presencia de un genio de la música rock. “Le Feel Internacionale” se encarga de repetir la melodía del primer tema, como para dar un cierre conceptual a esta primera parte.

Luego, con “Sometimes I Don't Know What to Feel”, comienza otro álbum. Es éste un extraordinario tema lleno de feeling y cadencia soul. “Does Anybody Love You” es una hermosa cancioncita encantadora, casi un jingle publicitario. Así llegamos al enganchado de “I'm So Proud: Ooh Baby Baby/La la Means I Love You/Cool Jerk”, todas canciones soul compuestas por Benson, Cleveland, Mayfield, Robinson y Stroball e impecablemente interpretados por Rundgren, quién se destaca por hacer uso de su famoso falsete que suena femenino y nos recuerda a Carole King. Por el contrario, “Hungry for Love” es una canción humorística y salvaje, llena de ironía. La sigue “I Don't Want to Tie You Down” una hermosa balada, pero con letras muy sardónicas. Nada que ver con “Is It My Name?”, un rock salvaje, que recuerda a The Who. Para luego desembocar en la ya mencionada “Just One Victory”, el cierre de este álbum arrollador y desesperante.

Un disco cinco estrellas al que no hay que pasar por alto. Muy recomendable.

Emiliano Acevedo


BANDA SONORA DEL FILM SGT. PEPPER´S LONELY HEART CLUB BAND: Todo lo que podía salir mal, salió... ¡peor!



Hubo una época, en los increíbles 70, en donde de cualquier cosa se hacía una opera rock, ya fuera Evita, un disco de los Who (Tommy), Jesucristo (Superstar) o la mística hippie de Hair. ¿Pero una opera rock basada en la obra de los Beatles? Increíblemente, existió, y, luego de su paso por los teatros, se convertiría en uno de los mayores e increíbles bodrios cinematográficos que hubo en ese matrimonio desparejo formado por el rock y el cine; una unión que dejó varios cadáveres en el camino. Justamente, esta película sería uno de ellos. Protagonizada por los Bee Gees y Peter Frampton, y dirigida por Michael Schultz, Sgt. Pepper´s Lonely Heart Club Band sería una producción carísima e inexplicable, más en sintonía con la centena larga de películas clases B de nuestro inolvidable Enrique Carreras o con  inefables telefilmes como Kiss Contra los Fantasmas, otro opus del inolvidable 1978.

La idea estuvo bien en claro desde un principio en la mente de Robert Stigwood, manager de los Bee Gees: aprovechar el éxito reciente de Saturday Night Fever. Para eso, el ejecutivo discográfico –ex empleado de Brian Epstein en los 60- impulsó este proyecto de llevar a la pantalla grande un musical  basado en las canciones beatles, que desde hacía unos años se representaba en Broadway. De movida, la cosa no pintaba mal, ya que incluso se llamó al mismísimo George Martin para que produjera la música de la banda sonora del filme. Sin embargo, como resultado de un engendro absurdo (casi) sin argumento, el repertorio  de canciones elegidas terminaría conformando una mixtura inentendible de disco music con lírica beatle, y así, luego de pasar por el filtro bee gees, la música de los fab four se convertía  en un indescriptible bodrio, como resultado de un material repleto de versiones terriblemente mediocres.

Como decíamos, el film estaba protagonizado por los Bee Gees, quiénes, junto a Peter Frampton, hacían de buenos – ¡poniéndose los trajes de Sgt. Pepper y todo! (terrible herejía)- mientras que otros números pesados del rock de esa época como Aerosmith (en su rol de The Future Villaine Band) y Alice Cooper (con increíble bigotazo) hacían de malos. En resumen, por si aún no conocen, vaya desde aquí nuestra encarecida recomendación de esta imperdible banda sonora paupérrima, porque, de tan mala que es, se niega a sí misma, ¡volviéndose genial!
Pero, basta de cháchara, y comencemos a recorrerla, tema por tema, canción por canción…

Este “tributo” musical comenzaba -por supuesto- con “SGT. PEPPER'S LONELY HEART CLUB BAND”, un cover “protagonizado” por los  Bee Gees y el actor Paul Nicholas (que antes había estado en Tommy), el resultado sería bastante pobre, con muchos bemoles y pocos sostenidos... Después llegaría “WITH A LITTLE HELP FROM MY FRIENDS”, cantada por Frampton, realizando otra versión mediocre (nada que ver con la de Joe Cocker en Woodstock), en donde sólo se destaca la guitarra de este impresionante solista inglés. También bastante malo era el cover de “HERE COMES THE SUN”, interpretado por Sandy Farina, en otro desopilante intento por llevar la música de los Beatles a la Disco. ¿Se imaginan a este tema de George sonando en el legendario Studio 54? ¡Blufff! Por suerte, ésta sería la única canción de Harrison incluida (y arruinada) en esta BSO. En “GETTING BETTER”, interpretada por los Bee Gees y Frampton, tampoco pasa nada, así como tampoco en la increíble “LUCY IN THE SKY WITH DIAMONDS”, en donde Dianne Stargard vomita sobre una de las canciones más paradigmáticas escritas jamás por John Lennon. Algo parecido ocurre con “I WANT YOU”, en otra clase magistral de como arruinar un clásico lennoniano, protagonizada por los Bee Gees junto al actor Donald Pleasence. Por su lado, la versión de “GOOD MORNING” -si se la toma de forma humorística- no esta tan mal... La cantan los Bee Gees y Paul Nicholas, con muy buenos solos guitarreros de Frampton. En “SHE'S LEAVING HOME” la cosa se pone bizarra al máximo en otra versión inopinada, hecha por los Bee Gees y una increíble voz sintetizada (escúchenla, alguna vez si pueden, por favor. ¡Es imperdible!).

 
“YOU NEVER GIVE ME YOUR MONEY” también fue cantada por Nicholas y Steimberg, pero… Tampoco ocurre nada (bueno…). Por su parte, en el cover de “OH DARLING!” daban ganas de gritar: ¡Como queríamos a McCartney...! Ya que la versión que realizaba Robin Gibb, en calidad de solista, era poco menos que espantosa. “MAXWELL'S SILVER HAMMER” fue interpretada por Steve Martin. Otro especialista en arruinar canciones beatles, este muchacho canoso, siempre se destacó por ser un gran comediante, sin dudas; y esta no es una excepción. Luego, tanto “POLYTHEME PAM”, “SHE THROUGH THE BATHROOM WINDOW” como “NOWHERE MAN” fueron interpretadas por los Bee Gees, con Frampton a la guitarra. ¿Hace falta decirles que son tres covers muy poco memorables?
Y así llegamos al final de la primera parte de esta obra (o del primer disco, en la vieja edición original de dos vinilos) con “SGT.PEPPER'S LONELY HEART CLUB BAND (Reprise)”, sin dudas, uno de los mejores momentos musicales de la banda sonora, con los Bee Gees y Frampton haciendo una gran versión, junto a un bajista impresionante que tira 200 mil notas por segundo.


La segunda parte de este Sgt Pepper´s comenzaba con “GOT TO GET YOU INTO MY LIFE”, en una muy buena versión funk (con muchísima onda), interpretada por Earth, Wind & Fire. Luego llegaba “STRAWBERRY FIELDS FOREVER”, en otro vomito hecho cover, cortesía de Sandy Farina... Sin lugar a dudas, esta chica ¡odiaba a Lennon...! En “WHEN I'M 64”, Farina (¡basta, por favor!) y Frankie Howard nos dejaban, literalmente, sin palabras… “MEAN MR.MUSTARD” era otra buena oportunidad para que Howard pueda destruir una hermosa canción de los Beatles; y la aprovechó excelentemente bien…  En “FIXING A HOLE”, el siempre viejito adorable George Burns (!) desafiaba al tiempo y a nuestra paciencia... Pero si de ejemplos bizarros se trata, la parte dedicada a “BECAUSE” es una de las más estrepitosas de la película, porque en una escena en la que el malísimo Alice Cooper (otra vez, ¡que bigotazos!) se encargaba de lavarle el cerebro a un montón de gente, llevando adelante una versión, de por sí feísima del tema incluido en Abbey Road; en gran parte, debido a la incongruente asociación (¡a cuatro voces!) de Cooper con los Bee Gees.

Por su parte, “GOLDEN SLUMBERS” era interpretada por el bueno de Frampton, tan, pero tan solo, que solo le alcanza el tiempo para mandarse un par de buenísimos solos de guitarra, en otro papelón inexplicable de este artista. “CARRY THE WEIGHT”, interpretada por los Bee Gees, es un grandísimo “peso” en nuestras espaldas (y oídos), sin dudas. Aquí llegamos a “COME TOGETHER”, interpretado por Aerosmith; de seguro, la más famosa y exitosa versión de todas las incluidas en esta banda sonora. Una buena y respetuosa performance de la banda de Boston, en su momento más toxico y etílico, rindiendo un justo homenaje a sus ídolos de Liverpool. Por el contrario, “BEING FOR THE BENEFIT OF MR.KITE”, interpretada por Maurice Gibb, Peter Frampton y George Burns, es una muy pobre versión (y van…), que desmerece infinitamente de la original de 1967. ¡Cuesta creer que ambas versiones hayan sido producidas por George Martin

La pelea Aerosmith VS. Bee Gees, una dramática escena en donde Steven Tyler es derrotado por Frampton  y...

Ok, aguante que ya terminamos… “THE LONG AND WINDING ROAD” fue interpretada por Frampton, en otra aparatosa actuación. Nada para destacar. Y así llegamos a “A LIFE IN THE LIFE…”: resumiendo, así como la versión original de este clásico causaba escalofríos, ésta, interpretada por los Bee Gees, da risa, y mucha. “GET BACK” fue interpretada por el inolvidable Billy Preston, el tecladista histórico que participó en la famosa versión original de los Beatles, registrada en el último concierto del grupo, en la terraza de Apple. Aquí, Preston no está mal pero tampoco aporta nada fuera de lo común, no se vayan a creer; sin embargo, en la película el tecladista  aparece en un techo, tirando unos increíbles rayos láser ala Star Wars, en otro momento inenarrable... Y así llegamos al final de esta inconmensurable obra, con otra versión (¡sí, adivinaron!) de “SGT.PEPPER LONELY HEART CLUB BAND (FINALE)”, interpretada por todo el elenco, e incluso invitados de la talla de Tina Turner, Dolly Parton y los desopilantes Sha Na Na (?); en una increíble performance final en la que llamaron a cantar a cualquiera que pasara por el set, hasta al último extra y meritorio de producción, armando una tribuna impresionante, que no se vino abajo de pedo nomás…

Así quedó en 2011...
En resumen, un disco tremendamente bizarro e inconcebible... Sin dudas, las canciones de los Beatles aguantan cualquier cosa, y acá se demostró. Sin embargo, luego de este fiasco, pasarían muchísimos años hasta que otra producción de Hollywood se le volvería a animar al repertorio beatle, como ocurriría con la banda sonora de I´m Sam (2002), interpretada por Eddie Vedder y cia. Volviendo a esta Sgt. Pepper´s, por suerte, hoy la película se puede ver completa online en Internet (incluso, en YouTube hay una buenísima copia remasterizada, para ver por partes, pero sin subtítulos). Recomiendo que vean, especialmente, la escena de “Come Together”, en donde se produce una lucha entre Peter Frampton y Steven Tyler sobre una tarima, en donde el primero vence al cantante de Aerosmith, quien pierde el equilibrio, cayendo al vacío, desde una torre, ¡y se mata!; 33 años antes de su caída en la bañera del hotel en Paraguay. En aquella oportunidad, por lo menos, había un montón de colchonetas debajo del piso, y el bocón pudo mantener intacto su comedor… Y todos fueron felices. Como nosotros, ahora que esta plomaza reseña terminó.

Emiliano Acevedo




viernes, 15 de abril de 2016

SANDRO, Beat Latino: La clase magistral del Gitano...



¿Por qué hablamos de un disco de Sandro? Porque, antes de la bata roja, la rosa, las películas berretas, las nenas y el murallón de Banfield; antes de la masividad y la leyenda eterna, antes, mucho antes, hubo un cantante de rock, y uno de los mejores que tuvimos en estas pampas… Pero, y lo más importante, porque Sandro siempre fue un tipo que sabía cómo darle vida a una canción; un gran interprete y artista -más allá de si nos gustara o no su repertorio-. No por nada, varios músicos de la Cultura Rock como Charly García y Pedro Aznar –quienes cantaron con él en el disco Tango 4-, o León Gieco y los Attaque 77, lo admiraban y ponderaban. Incluso, alguna vez, a fines de los 90, se editó un disco de versiones rock de temas suyos, en donde se destacaba el cover de los Divididos de “Tengo”.

Sin embargo, nada de esto nos sorprende cuando escuchamos el material grabado por el Gitano en su período 1963 – 1967, cuando editó una serie de simples y cinco elepés –primero junto a Los del Fuego y luego acompañado por el jazzero Black Combo- que son una auténtica biblia de la música pop de los 50 y 60; álbumes en los que Sandro hizo versiones en castellano de Elvis Presley, Jerry Lee Lewis, Dave Clark Five, The Beatles, The Kinks, Roy Orbison, Gerry and the Pacemakers, Ray Charles, Little Richards, The Animals, Fats Domino, Bob Dylan -en este caso, por favor, chequear su increíble versión en castellano de "Soplando en el Viento"- o Roy Orbison; más varias de las mejores canciones del pop italiano, francés y portugués –y hasta algún delicioso rockito propio como “Peggy, Peggy”, de 1965- .

Justamente, el disco que concluye esta primera etapa del cantante es el magnífico Beat Latino, en donde Sandro se apresta a iniciar su etapa de cancionista romántico, pero aún tiene muchas ganas de rockear, por lo que el repertorio incluido en este álbum está muy bien balanceado y contiene un par de perlas imperdibles.
Comenzaba con “Buen Muchacho” (“Bom Rapaz”), un tema -compuesto por Geraldo Núñez- con un ritmo casi de “tarantela rock”, hecho a medida del señor Roberto Sánchez -más allá de que la métrica de la canción haya sido forzada en forma exagerada, en su traducción al castellano, llevándolo a cantar en el estribillo un desopilante (y literal) “buen muchacho ser para merecer otro gran amor” (!)-. El segundo tema de este Beat Latino era “Juanito Guitarra” (“Johnny Guitar”), el clásico de Young & Lee, versionado en forma acertada por Sandro, quien lo convierte en una canción oscura, melancólica y sentida. “Dile a la Lluvia” (“Tell it to the Rain”, de Petrillo y Cifelli) era otra historia, una alegre canción de divertido pop sesentoso, urgente; mientras que en el cover del histórico “Si Yo Fuera un Carpintero” (“If a Were a Carpenter”) -compuesto por el malogrado Tim Hardin, y versionado por medio mundo, desde Bobby Darin hasta Robert Plant- Sandro la rompe, haciendo suya a esta inmortal canción folk. Otros de los grandes momentos de Beat Latino incluyen la interpretación de “Lavé Mis Manos en Agua Barrosa” (Babcock) y, especialmente, la inclusión del clásico “Ave de Paso” (compuesto por Sandro y Armil), uno de los primeros éxitos masivos del cantante de Valentín Alsina, que le debe mucho a los Beatles y al folk-rock, en especial por la inclusión de esas guitarras a la “Hard Day´s Night”, más el impresionante solo de saxo, cortesía del gran Bernardo Baraj. En resumen, uno de los mejores temas jamás compuestos por Sandro, y, quizás, junto a “Tengo”, otra de esas canciones que merecerían integrar el panteón de clásicos del rock argentino por derecho propio.

Beat Latino continuaba con “Cuando Hablo de Ti” (Bardotti Reverberi), un atractivo tema de pop italiano, y “Pájaro Nocturno” (Poinareff-Gerard), una impactante canción francesa; ambos, eran impecablemente interpretados por Sandro, quien otra vez se apropiaba en forma genial de temas ajenos. Sin embargo, el disco caía en un pozo con la desafortunada inclusión de “Miguel e Isabel”, mediocre tema compuesto por Luis Aguilé, del que mejor no reseñar nada; y por “Con los Ojos del Recuerdo”, un tema de Sandro y Anderle que anticipa la posterior etapa melódica del cantante. Por suerte, luego de este olvidable intermezzo, volvemos a apretar la tecla play para escuchar lo que sigue, que sí está muy bueno; en especial “Queda Poco Tiempo”, un gran tema compuesto por Sandro y Armil, y “Me Acordé” (Adamson Donaldson), un rockazo de aquellos.

Afortunadamente, en su reedición en CD (de 1997), Sony Music (ex CBS) agregó un par de bonus tracks –con simples de la época y temas descartados- que completan en forma acertada el material de Beat Latino. Ahí tenemos a “Tu Manera de Andar”, una increíble canción compuesta por Sandro y Anderle, que había permanecido inédita hasta ese momento; “Extiéndete que me Encontraras”, el clásico tema soul compuesto por Holland-Dozier-Holland, en donde Sandro da cátedra, demostrando que puede cantar como si fuera un negro; “Flamenco”, una mediocre canción (de Robert Jerome) –solo entendible si tenemos en cuenta el ideario de fantasía gitana del cantante-; “Disparada”, otra buena canción pop, y la desopilante versión en italiano de “Ave de Paso”, “inédita” -más que nada, seguramente, porque nadie se atrevió a editarla en su momento…-; un simpático momento bizarro que no empaña el material, casi en su totalidad, de gran factura, incluido en este disco.

Luego, a fines de ese mismo 1967, Sandro ganaría el Festival Buenos Aires de La Canción con su “Quiero Llenarme de Ti”, iniciando su periodo más exitoso y masivo –junto a la guía de Oscar Anderle, su mítico representante y colaborador compositivo-; pero esa es harina de otro costal, lo mejor de su etapa rock y pop llegaba hasta este Beat Latino, un disco sin pruritos y muy recomendable.

Emiliano Acevedo