Bubu es un proyecto musical singular dentro del rock progresivo argentino. Su música se construye desde la exploración, el riesgo compositivo y una sensibilidad creativa que dialoga tanto con el rock, como con otros géneros de la música popular de nuestro país, la música académica y experimental.
Formada en 1976 en Buenos Aires, Bubu es una banda rara avis dentro del rock argentino, casi de culto. El grupo eligió desde sus comienzos un camino que fusionaba estructuras complejas, climas narrativos, contrastes dinámicos y una fuerte impronta instrumental. Para el año 1978 editan su primera obra, la memorable Anabelas, que con el paso del tiempo se convertiría en uno de los discos más singulares y valorados del rock progresivo nacional. El álbum condensó una estética sonora arriesgada, con composiciones extensas, y una identidad musical lirica que desbordaba todos los limites habituales del género rock en el ámbito local.
Recién en 2016 regresa Bubu a los escenarios y en 2018 edita su segunda obra: El eco del sol. Esta obra estableció un puente entre el pasado y el presente de la agrupación, retomando su espíritu de exploración, desarrollando una sonoridad madura, profunda y actual.
Así llegamos a este 2026 que encuentra a Bubu en su tercera (y última) fase con el futuro lanzamiento, en octubre de este año, de El último cortejo, un nombre que brinda homenaje al primer disco de la banda, que en su lado A contenía un tema llamado “El cortejo de un día amarillo”. Este nuevo disco concentra la música que Daniel Andreoli elaboró durante décadas luego de la disolución de Bubu a fines de los 70. Un disco que reboza con la fusión de música porteña como el tango con influencia de Piazzolla, en conjunto con música folclórica norteña, carnavalitos, y arreglos instrumentales polirrítmicos de alto nivel de elaboración.
Para
hablar de la cocina de El último cortejo,
así como de toda la historia de Bubu hasta aquí, nos encontramos con Daniel
Andreoli quien nos brindó de primera mano algunas de las historias primigenias
del origen del grupo y su trayectoria hasta aquí.
ENTREVISTA> Contame un poco cómo surge este proyecto, que como había leído, cierra una trilogía, ¿no?
Sí. Es el tercer disco de Bubu y calculo que va a ser el último disco, porque ya no tengo ganas de repetirme. Además, tengo que convivir con mi edad que también es un factor limitante en algunas cosas, por la salud y todo eso. Entonces, voy a parar voy a parar un tiempito. Es como se hace con la tierra cuando se termina una cosecha y se la deja descansar un tiempo, para ver qué pasa. Si después me vienen ganas de vuelta, empiezo otro ciclo.
Creo que la música de Bubu es el resultado de una época, un modo de ser de la cultura y la música argentina y mundial, a fines de los 60, principios de los 70, de ese conglomerado de influencias entrecruzadas. ¿Cómo lo ves vos?
Yo creo que sí, porque el contexto manda, o sea, cuando uno tenía la edad de la creatividad, era, justamente, en los comienzos de los 70 y en ese contexto se escuchaba música sinfónica. Yo estaba más del lado de Stravinski, Messiaen, pero bueno, cuando apareció King Crimson, Yes, mi esencia me llevó por ese lado. Es que la música progresiva invadía todo.
La cultura psicodélica progresiva…
Sí,
claro. Todos mis amigos escuchaban eso. Fue un contexto que nos marcó a todos.
Ya desde muy chico, a los 15 años, componía con la guitarra. Pese a mi corta edad
me empecé a interiorizar más con el estudio de música formal. Incluso tengo desde
entonces un libro de Arnold Schoenberg
con el que estudié en forma autodidacta desde muy niño. Y ahí me salió una beca
en el Collegium Musicum y todo eso dio para que se armara lo que se armó
posteriormente, que fue Bubu.
Tu pasión por la música fue espontanea, no venía por herencia familiar…
No,
surgió en una forma totalmente independiente a mi familia. O sea, yo me di cuenta de que la música era
mi brújula. Porque escuchar lo que hacía, me servía para ver si estaba en orden
con el mundo, con la vida. Es eso. Siempre fue así, durante toda mi vida.
¿Cómo conociste a tus amigos músicos, con los que compartías tu pasión por la música progresiva, en aquellas épocas primigenias?
En la vida, a algunos ya en la escuela primaria, por supuesto a esa edad, en quinto, sexto grado, hacíamos folklore, y ya hacia el final del último grado de la escuela primaria tenía mi primera banda. En esa época hacíamos blues, pero yo siempre componía, siempre se hacían mis temas. Luego, en la adolescencia, yo vivía en Villa Lugano. O sea, estaba bastante lejos del Centro. Pero, cuando mis padres me permitieron viajar solo en colectivo, llegué a Plaza Francia, y ahí empecé a conocer los músicos previos a Bubu. De esas amistades surge mi primera banda: Sion. La vida me fue llevando eso y también esa esencia progresiva. Todos escuchábamos a Jethro Tull. Todavía no habíamos conocido a los primeros Yes, pero escuchábamos mucho a los Beatles y los Rolling Stones. Había un programa que se llamaba Modart en la noche y nos pasamos todo el verano escuchándolo con mis compañeros de la escuela.
Vos te definís como “un hijo del Di Tella”.
Claro. El Di Tella fue un instituto que produjo muchos artistas y gran parte de ellos fueron nuestros profesores. Yo estudié con Julio Viera, con Ernesto Epstein, y todos provenían del Di Tella. Estaba también Gerardo Gandini, Carmelo Saitta, la verdad que en todas las artes, también en la pintura, bueno, en el cine ni que hablar, era impresionante esa época.
En una entrevista que le hice, Miguel Zavaleta me decía que salía a andar con una bicicleta por el escenario en los shows…
Sí, eso era su presencia escénica innata. Eso fue lo que más aportó a que venga mucha gente a vernos tocar. Fue una buena combinación, mi música con su escenografía. Él era así, y lo sigue siendo, un tipo muy expresivo, muy creativo. Es un artista realmente único en el escenario. Yo le había compuesto dos canciones en Anabelas para que cantase, y lo hice a partir de conocerlo a él, de su inspiración escénica. Yo creo que en Bubu Miguel ensayó lo que después sería su grupo Suéter. Lamentablemente, él no llegó a grabar en el disco. Llegó a participar de las primeras grabaciones, pero ya había problemas entre los muchachos y no pudimos seguir todos juntos y él se fue, así vino Petty Guelache.
¿Cómo se llega al primer disco de Bubu? Porque sale por EMI, una multinacional…
Lo que pasa es que Bubu llevaba mucha gente a los recitales y creo que eso les interesa mucho a las discográficas. El contacto con EMI llega a través de Daniel Grinbank, que nos conoció en un concierto. Él nos empezó a guiar y así llegamos a EMI, junto con Alas, con los que hicimos una gira por el norte del país. Creo que en ese momento el mercado discográfico estaba muy abierto a ese tipo de música de rock progresivo.
¿Cómo fue craneado ese primer disco? ¿Qué te acordás de la composición?
Mirá, la composición fue previa a la elección de los músicos. O sea, en aquel entonces -bueno, por ahí ahora sigue siendo igual- los músicos se juntaban y entre todos hacían la música. Pero ese no fue el caso de Bubu. En Bubu primero se hizo la música y después se buscaron a los integrantes. Así se armó el grupo. No fue el caso de Sion, en donde éramos todos muy chicos, pero ahí se definió tímbricamente porque un amigo era violinista, otro amigo era flautista, otro amigo era baterista, ¿entendés? Y así yo escribí la música para mis amigos, pero después vi que mis amigos no estaban todavía a esa altura como instrumentistas. Entonces Wim Forstman, el saxofonista y letrista, me dijo: "Mirá, Daniel, esto hay que ponerlo en partituras y buscar gente que lo pueda interpretar." Y nos llevó mucho tiempo conseguir a los nuevos músicos. Así entraron al grupo Eduardo Rogatti, Polo Corbella, Cecilia Tenconi; todo el staff de Bubu, ¿no? Yo en ese momento tocaba el bajo, pero como me había salido la beca del Collegium Musicum, y tocar el bajo en Bubu implicaba tener la disciplina de practicar todos los días, muchas horas, no podía hacerlo. En esa época vivía en Villa Lugano y me tomaba el colectivo hasta el colegio músico, que quedaba en la calle Posadas y Libertad, y tenía una hora de viaje, yo llegaba ahí a las 8 de la mañana y ya me quedaba, porque me daban un lugar para estar con piano y todo y después a la tarde empezaban las clases. Así que no tenía tiempo de estudiar porque no me podía ir con el bajo hasta allá. Así fue que llamé a Edgardo Folino, el Fleque, otro amigo ya que falleció. Él se puso a tocar el bajo y yo me le dediqué exclusivamente a la composición, a hacer los arreglos y por supuesto, iba a todos los ensayos y los dirigía.
¿La propuesta se desarmó por los choques entre los integrantes o tiene que ver con la época de terror que estaba viviendo el país en ese momento?
Fue exactamente por las dos cosas en realidad. Primero porque con EMI habíamos firmado para hacer dos discos. Y se empezó a atrasar porque ellos invirtieron mucho dinero en Polifemo. Entonces nos pateaban para adelante, y al final terminamos empezando a grabar un año después de lo pautado. Y tener una banda de siete, ocho integrantes ensayando durante todo un año, todos los días, porque antes se ensayaba muchísimo, era complicado, muy desgastante. Durante la grabación, por supuesto era todo analógico entonces, había que llegar muy ensayado, porque no era como ahora con la computadora que se puede pinchar en cualquier lado, antes había que tocar y salía lo que vos tocabas en ese momento, si te equivocabas había que grabar todo de nuevo. De hecho aquel primer disco de Bubu creo que no tiene ninguna pinchadura. Hubo que cortar la cinta para que entrara en el tiempo de duración recomendable para cada lado del vinilo, pero no más que eso. Porque no se puede imprimir el disco pasado determinada cantidad de minutos porque hay pérdida de calidad sonora.
Decías que ensayaron muchísimo…
Sí,
se ensayó mucho y más a esa edad están los egos y al final hubo un
inconveniente personal entre dos integrantes del grupo. Eso nos dividió, pero
el grupo siguió tocando porque teníamos muchos shows, tocábamos siempre y
hacíamos giras, hasta hicimos un Luna Park. En el Luna toqué yo porque Fleque
se fue a hacer un viaje por Londres y Escocia. Me acuerdo que en ese show
veíamos que en las últimas gradas entraban los gendarmes, la policía, y se
llevaban a la gente a machetazos, ¿no? Al otro día, cuando llego a casa de mis
padres, mi papá me dijo: "Vinieron tres hombres y me dijeron que vos no
podés dar ningún recital más. Por favor, hijo, no des ningún recital porque no
sé qué te puede pasar…” Era una época pesada, venían y te tiraban la puerta
abajo. Así que mi familia se asustó mucho y mi hermana me pagó un pasaje a
Holanda. Yo ya tenía un amigo, mucha gente conocida, que se había ido por lo
mismo. Y bueno, me fui.
Mientras tanto, Anabelas se volvería un disco de culto…
Claro, el disco salió y 30 años después yo me enteré, todos nos enteramos, de que había trascendido internacionalmente, que había estado en los rankings del rock progresivo internaciones cercano a bandas muy conocidas, muy buenas. Eso fue lo que me dio fuerzas para seguir adelante. Sin embargo, yo nunca dejé de hacer música. Es decir, grabamos en 1978, luego paré, pero más adelante seguí haciendo mi música, componiendo.
Quizás, la trascendencia de aquel primer disco viene en base a internet, al alcance de las redes. ¿Hay algunos otros nexos que hacen que la fama del grupo se expanda fuera de nuestras fronteras?
Yo
creo que la música misma en sí hace que esto ocurra. De hecho yo me enteré de esto
cuando llegó internet. Me enteré que el disco había sido reeditado en varios
lugares sin que yo supiera nada: Canadá, Rusia, Japón, Francia, etc. Fue maravilloso
que sucediera eso.
¿Cómo siguió tu estadía en el extranjero?
Estuve en Holanda hasta el 81, 82. Entré a una compañía que se llamaba Praxis, que era una compañía de teatro. Estaba dirigida por un uruguayo. Como yo había ido con el disco Anabelas, se encantaron y me dieron trabajo para encargarme de las luces y el sonido. Así que me enganché con ellos y empezamos a pensar en una ópera a futuro con mi música, con él como director. Director de teatro, ¿no? Con ese grupo conocí Europa porque viajábamos de Ámsterdam a París, a Milán, a esos lugares. Fue un periodo muy lindo de mi vida. Sn embargo, mi cuerpo estaba allá, pero yo tenía la cabeza acá en Argentina. Luego ocurrió la Guerra de Malvinas y el dolor se intensificó. Así que volví al país, aunque un poco arrepentido, porque lo que se vivía acá era muy difícil. Mi música progresiva ya no tenía cabida. Lo que sonaba era muy diferente. Pero igual había que seguir adelante. Así que formé una familia y seguí adelante.
¿Te retiraste de la música?
Uno nunca se retira de la música. Seguí haciéndola a mi manera. Buscaba trabajos que me dejaran tiempo para componer. Por eso nunca me atreví a hacer cosas de música comercial, que me ofrecían. Solo una vez lo hice y me sentí muy mal, así que lo dejé. Preferí vivir de otras cosas, pero nunca hice música comercial.
Así llegamos a este renacer del progresivo a partir de los años 90, los 2000. Ahí sentiste que te podías volver a insertar musicalmente con nuevas composiciones, ¿no?
El que se dio cuenta fue mi hijo Ariel. Él había nacido en 1994 y me dio el empujón necesario para volver a grabar. Un día, cuando terminó la escuela la secundaria, vino a casa con un compañerito de él que tocaba la batería y me dijo: "Papi, ¿no querés hacer un poco de música?" Justamente, Julián, el amigo de Ariel estudiaba en una sala de ensayo y ahí tenían un equipo de bajo para que lo usara yo. Así se empezó a armar lo que luego sería El eco del sol, yo ya tenía hechas las partituras…
Era tu oportunidad de cristalizar esos viejos sueños…
Sí, sí, mi sueño era hacerlo. Al poco tiempo, ya estábamos tocando, y enseguida aparecieron los nuevos músicos que conocían la primera obra de Bubu. Así se armó rápido el proyecto. Lo pudimos hacer con la ayuda de los muchachos y el apoyo de Felipe Surkan, el fundador del sello Viajero Inmóvil. Felipe enseguida se hizo cargo de la parte concerniente a hacer el disco.
Vos ya lo conocías a Felipe…
Sí, del ambiente progresivo. Porque a raíz de Anabelas los coleccionistas del rock progresivo me tenían muy en cuenta, ellos sabían muy bien de toda mi trayectoria. Creo que a Felipe lo conocí en el año 2000, mucho antes que saliera el segundo disco de Bubu, porque en esa época estaba toda la movida del neo progresivo.
Claro, empezaban a existir las disquerías especializadas en rock progresivo, la revista Mellotrón y demás.
Sí,
por supuesto. Todos conocían Anabelas,
así que nos apoyaron a hacer el segundo disco, que terminó editándose en 2018.
Yo había escrito bastante música luego de Anabelas,
un material pensado para el segundo disco de Bubu, pero que no se había llegado
a grabar. Incluso, en este nuevo proyecto del tercer disco yo rescato dos temas
de aquella época, está esto del “Cortejo” que vuelve. Este tercer disco, para
mí, es compositivamente el mejor que hice.
En esta nueva música de Bubu hay carnavalito, una esencia folclórica…
Claro.
Yo siempre estuve alucinado con eso. Por eso, a este disco nuevo estoy tratando
de darle espacio a nuestras raíces, que salgan a flote aquellas cosas que uno
mamó de chico.
¿Cómo se juntó a los músicos actuales de Bubu?
Todo fue obra de mi hijo Ariel. Son todos chicos jóvenes, excelentes músicos y leen partituras en forma perfecta.
Toda gente de conservatorio.
Tal
cual. Ellos son todos recibidos en el conservatorio.
¿Cuáles dirías que son las similitudes y diferencias de los tres discos?
Me
resulta muy difícil encuadrar a cada uno en forma independiente. Yo creo que los
tres discos forman parte de una misma obra. Además creo que la música tiene un
origen más que nada espiritual, muy de adentro. Me parece que las armonías
tienen que ser de determinada forma, en definitiva es el amor lo que lo que
guía la música.
¿Cómo fue el proceso de cranear este tercer disco a partir del año 2018?
Yo
nunca dejé de trabajar. Después que se terminó el segundo disco en 2018, me di
cuenta que había que armar una nueva formación porque aquellos músicos que
grabaron el segundo eran todos chicos y casi todos vivían con sus padres. Y
bueno, ya era la hora que ellos se independizaran, y con Bubu no iban a ganar
plata. Tenían que salir a trabajar en otras cosas y Bubu demanda estudio, demanda
horas de práctica, no es algo sencillo de tocar. Aparte enseguida vino la
pandemia. O sea, ese fue el tiempo en que yo aproveché para cocinar este tercer
trabajo. Yo ya tenía los temas armados, así que empezamos de vuelta a probar y Ariel
empezó a traer a los músicos indicados e íbamos viendo y probando.
Hablame de los músicos de esta nueva formación de Bubu.
El
primero en llegar fue el batero Fito
Lema, que es un genio. Fito es un verdadero creador en el ámbito de las
percusiones, un ser libre. Después llegó el tecladista, Dante Fisi, que es mi ídolo. Es un pibe que fabuloso, tiene un
grupo progresivo buenísimo que se llama Fásma.
Después llegó el chino Agustín Ogura en guitarra, él también es
luthier, me arregla el bajo, un genio total. Después está el saxofonista Pedro Augusto Camerata. En este momento
está haciendo una tesis porque él vive de eso, es un tipo que sabe mucha
música, mucho arte, sabe mucho de pintura. Otro genio. Y por último, pero no
menos importante, llegó Paula Estefanía
Araujo, en flauta traversa. Nos costó muchísimo encontrar un flautista. Por
eso le escribí a la que era la flautista en la formación de El Eco del Sol, de la banda anterior, y
me dice: "Estoy en Barcelona, pero te voy a recomendar una persona." Así
me recomendó a Paula. Y la verdad que llegó y creo ensayamos dos veces y ya
fuimos a grabar. Porque ella a primera vista ya sonaba. Nosotros estuvimos casi
todo un año ensayando. Ella vino y en menos de un mes ya fuimos a grabar.
Muy bueno, un equipazo…
Tal cual. Y después tuvimos la suerte de encontrar a Marcelo Maretti, que es un técnico de sonido que tiene un estudio. El proceso de grabación fue muy claro. Primero grabamos bajo y batería en un estudio grande y después metimos teclados y la guitarra. El tecladista grabó los teclados en su casa porque tiene esa posibilidad. Y Paula grabó la flauta con un compañero de ella en otro estudio y el saxo lo hicimos en el estudio de Marcelo. Marcelo tiene una habilidad impresionante como productor, yo trabajaba al lado de él y me quedaba anonadado con lo bien que trabaja. La velocidad y lo bien que lo hace. Él tiene mucho que ver con lo bien que suena el disco. Grabamos una parte antes de terminar 2024 y la otra parte en 2025.
¿Qué música escuchás ahora?
Estuve muchos años sin escuchar música, concentrado en mis propias composiciones. Recién ahora me dedico a escuchar música de otros. Ahora estoy escuchando un poco a Bill Evans, disfrutando a Erik Satie, ese tipo de cosas. Antes de Bubu escuchaba mucha música, me gustaba mucho Messiaen, estudiaba, analizaba las obra; también Stravinski, que me influenció mucho, por supuesto.
Emiliano
Acevedo

.jpg)

.jpg)


No hay comentarios:
Publicar un comentario