domingo, 31 de mayo de 2026

ANDREA ÁLVAREZ: "El tiempo que estamos viviendo es horrible..."

 



Andrea Álvarez, la diosa de la batería y las percusiones en Argentina. Compositora y solista por derecho propio, autora de una obra considerable y sólida. Con casi 50 años de carrera, Andrea no tiene concesiones ni caretas, siempre habla lo que siente y al hueso. Directa y sin dobleces. Así fue esta nota que amablemente nos obsequió en su sala en donde enseña el honorable oficio de la música. Esperamos que la disfruten tanto como nosotros hacerla. 

ENTREVISTA> ¿Cómo empieza tu amor por las percusiones y la batería? 

Es algo que me preguntan siempre, pero también la pregunta tiene que ver también con el hecho de ser mujer, porque en la época en que yo era niña no era algo común. Ahora es re común que los chicos hagan recreativo de música o pintura o lo que sea, algo cultural; pero no cuando yo era chica. Yo nací en el 62 y en esa época a las chicas nos mandaban a hacer inglés, deporte, baile o danza clásica. Sin embargo, a mí me mandaron a hacer música cuando era chiquita porque mis viejos tenían un amigo, Norman Monk, en la zona sur del Gran Buenos Aires, en la ciudad de José Mármol, que había hecho una escuela de música para niños con un método que en ese momento era nuevo, creo que era el Método Suzuki. Entonces, nosotros íbamos todos los sábados a estudiar y a los 5 años ya leía música. 

Muy rápido… 

Sí, después me puse a tocar el clarinete porque ellos necesitaban un clarinete en la orquesta, pero era todo muy estricto porque mis viejos eran muy amantes de la música. Íbamos mucho al Teatro Colón a ver música clásica. O sea, yo estaba muy entrenada desde niña por ver espectáculos. A mi viejo le gustaba María Elena Walsh, así que fui a ver desde muy chica muchos shows, y de todo tipo. Pero el quiebre creo que fue cuando conocí a los Beatles, cuando tenía siete años. En ese momento pasaban los dibujitos en la televisión, pasaban también la película Help! y yo la veía todas las veces que podía. Así, a los siete años mi viejo me regaló Revolver en casete y un grabador. Por supuesto, también todos los mis amiguitos de Burzaco tenían los hermanos más grandes que escuchaban rock argentino. En esa época mis viejos tenían un buen combinado, que todavía lo sigo teniendo, un Ken Brown. No tenían el Winco que tenían todos, eran melómanos. Porque en mi casa se escuchaba mucha música de todo tipo, lo brasilero, Vinicius, también Serrat, mucho tango, jazz y también Gaby, Fofó y Miliki. O sea, mis viejos no le decían que no a lo popular. Lo único que les costó fue comprar el televisor, recién lo compraron cuando el hombre llegó a la Luna y no me lo olvidé más. Ahí empezamos a mirar los dibujitos. 

También se leía mucho en tu casa, ¿no? 

Sí, muchos libros. Una colección que todavía conservo era la de los Polidoro. Hasta que no tuve el Walkman, ya siendo adolescente, no podía vivir si no tenía un libro a mano. Cuando tuve Walkman yo viajaba escuchando música, escuchando casetes, rebobinando con la birome, y ahí cambié. Pero también leía, no podía estar sin leer. 

¿Y cómo sigue tu formación musical? 

Bueno, mi hermano terminó tocando el saxo y yo la batería, ya en el secundario. Lo que es seguro es que ni bien vi un show de rock, supe que ese era el lugar en que quería estar. Yo lo supe siempre, nunca tuve una crisis vocacional. Mi hermano al final terminó siendo fotógrafo, además de saxofonista, pero yo no, yo sabía que lo mío pasaba por la música. Nunca tuve ninguna duda. Lo que sí no había en mi época era lugares como hay ahora para hacer terciaria. Entonces, yo iba a La Plata a la Universidad de Bellas Artes, pero era época de dictadura. Entonces, era un garronazo toda la educación artística porque eran los peores profesores. Toda mi educación secundaria fue en dictadura con un solo manual sin ninguna foto. 

Tremendo… 

Yo siempre le digo a todos mis alumnos eso, aprovechá, que te gusta la geografía, la botánica, que ahora tenés figuritas, videos, colores. Yo no tenía nada en los libros, ni siquiera estaba la palabra democracia en los libros de historia. Creo que eso también me hizo valorar otras cosas que hoy la gente no valora porque no sabe lo que es no tenerlas. 

¿Cuál fue tu primer grupo? 

MIA [Músicos Independientes Asociados]. Ahí empiezo a ser música en la escena argentina. Primero fui fan de MIA, luego accidentalmente los conocí y me invitaron a su sala. Yo era muy chica, tenía 14 años. Y ya a los 16 era parte de MIA. Tomaba clases de piano, mis viejos aceptaron todo porque se hicieron amigos de los padres de Lito y Liliana Vitale y es como que encontraron en esa época un refugio para que yo desarrolle la energía que era evidente que tenía y que se podía disparar para cualquier lado. Creo que también esa era la finalidad de Músicos Independientes Asociados, ¿no? Sin dudas, fue un refugio durante la dictadura. De hecho, después cuando ya la dictadura no existió más y se fue restableciendo la democracia, MIA no tuvo mucho sentido. Pero sí, fue la cuna de todo lo que ahora es la autogestión y la música independiente. 

Algo que vos llevás adelante hasta la actualidad: la autogestión… 

Sí. Yo traigo eso de ahí y por mi viejo, que también era independiente, vendía libros. Por eso tengo una escuela de que no tengo la naturaleza de tener patrón. Claro, es normal. O sea, yo no conocía el no amor por la música, no sé cómo decirte, los viajes que me hacía escuchando discos, encerrándome, tratando de encontrar temas en la radio y aunque yo ya tenía los discos de los Beatles, escuchaba a Badía contando un montón de anécdotas, una y otra vez. Y mi papá me llevaba ahí a la Beatlemanía, y yo veía esos videos 200 millones de veces. Aun así cuando vi Get Back me reemocioné. Mismo ahora me pasa de que en las redes sociales hay videos de esa época en que yo escuchaba música apasionadamente y veo esos artistas por primera vez moverse. 

Era difícil ver a los ídolos musicales en esas épocas… 

Claro. En ese momento yo veía Weather Report o a Chick Corea en vivo. Pero hasta que no los vi en vivo, no sabía qué caras tenían, no es como ahora que tenés YouTube y podés ver todo. Entonces, a mí me re emociona y por suerte tengo el algoritmo engañado que me trae algunas porquerías, pero me trae mucho esa música de George Duke, que es impresionante. Yo venía escuchando a Billy Cobham, porque mi tío nos regaló Spectrum apenas salió, cuando éramos re chiquitos, pero no sabía cómo era, después vi la foto y después ya de grande aparecieron los VHS con las clínicas y ahí lo vi. O sea, si no lo veías en vivo, no veías videos con el tipo moviéndose y todo eso. Por eso la música en vivo era tan importante. 

¿Cómo fue tu paso por Rouge? 

Rouge fue mi primera y creo que mi única banda. Nunca después estuve en una banda porque mi meta era ser sesionista, que era lo que se usaba en los 80, 90. Y como yo no componía, quería hacer la carrera de sesionista. Cuando empiezo a tocar un poco mejor, que fue enseguida, porque es como que yo me senté en la batería y me di cuenta que entendía todo. No sabía tocar, leer, pero ya entendía. La recontra registro esa sensación. Después, Lito Vitale, que fue mi primer profe, me deriva a Horacio Gianello. Gianello me toma de alumna, porque yo era mujer, sino no me hubiera tomado porque estaba recontra colapsado. En esa época, yo tenía 16 años y viajaba de Burzaco a todos lados en Bondi y no me importaba nada. No había teléfono, no había nada y mis viejos me dejaban. O sea, había una confianza, qué sé yo, igual nunca me pasó nada. Igual, tuve miedos y todo eso, porque venía a la noche del Centro a Burzaco, fijándote si te seguían cuando bajabas del colectivo y alguien se paraba con vos y todas esas cosas. Pero, bueno, Gianello fue el que me terminó de armar como baterista y ahí empiezo a conocer gente para tocar. Conozco a Claudia Sinesi, accidentalmente. 

En Rouge… 

Claro. Rouge ya existía, con una baterista que también era alumna de Gianello, que se llamaba Mary Sánchez, que ahora es manager de Sandra Mihanovich. Mary era más grande que yo. Yo ya la había visto tocando con Sandra en la tele, entonces la registraba. Pasó que Mary Sánchez se fue a vivir a España y reestructuran Rouge, queda una sola integrante original y deciden hacer temas en castellano. Esto fue en 1980. Así entré yo al grupo, porque Claudia Sinesi me conocía, y ahí aparece María Gabriela Epumer, a la que yo admiraba porque desde muy chiquita ya tocaba con María Rosa Yorio, con el Mono Fontana. Entonces, cuando con Claudia Sinesi íbamos caminando hasta el colectivo desde la sala de ensayo, y me dice que era la hermana de Quique Sinesi, me volví loca. Porque yo conocía todo, era fanática de todo y aparte leía las revistas mil veces y me sabía de memoria los nombres de todos los músicos de la época. Ahora nadie sabe quiénes son, pero yo me sabía todo. Entonces, Claudia Sinesi me nombraba a Pedro Aznar y demás, y aparte yo tenía los discos donde estaban todos esos músicos. Yo flasheaba en colores y ahí, ni bien empezamos a tocar, María Gabriela, Claudia Sinesi y yo armamos una cofradía, porque estábamos destinadas a estar juntas. Entonces, estábamos juntas todo el día, todos los días. O estábamos en la casa de María Gabriela, en Devoto, o en mi casa en Burzaco. O en lo de Claudita en Villa Lugano. 

Impresionante… 

Nos quedábamos a dormir en las casas de las otras, hablamos todo el tiempo por teléfono, hablamos de música, de chicos, éramos muy amigas. Pero Rouge duró poco. En ese momento, María y Claudita componían temas, tocamos seguido. Los shows lo armábamos nosotras y nos llevaban mis viejos, los viejos de María Gabriela, cortábamos los tickets, íbamos de vacaciones. O sea, nunca tuve la necesidad de luchar en contra de alguien para ser música, porque yo tenía a mi familia que me apoyaba. Igualmente, había costado, porque mi viejo quería que hiciera la facultad, pero no había forma de convencerme. Por eso las tres contábamos con el apoyo de nuestras familias. María y Claudita no habían terminado el secundario, pero a mí me obligaron a terminar el secundario. Me llevaba mi viejo a la puerta del colegio, porque todos antes terminaban abandonando el secundario cuando tenían 15 años. En cambio, Claudita tenía la escuela en la casa, con el Mono Fontana, con Pedro Aznar, con su hermano. Estaba ahí a la tarde tocando, y María Gabriela igual. Nosotras registrábamos que éramos distintas como mujeres. A pesar de que en MIA había muchas mujeres y todas participaban musicalmente, María era familiar de Celeste Carballo, o sea, nosotras no estábamos en un lugar donde la mujer era marginal en la música. Pero registrábamos que eso no era común en la sociedad. Entonces creo que nuestra lucha o batalla pasaba por ahí. 

Feminismo bien entendido… 

Yo desde muy chica registré que cuando uno es músico o es artista hay una pregunta que te tienen que hacer que es en contra de que estás, o por qué lo hacés. Y creo que nuestra batalla era contra eso establecido de que las mujeres tenían que ser de determinada manera o seguir determinados patrones. Y nosotras éramos muy conscientes de eso. Siempre. De la forma en que nos salía hacerlo, porque no se hablaba del feminismo. Se hablaba y no se hablaba, porque también estaba María Elena Walsh, estaba María Herminia Avellaneda, tenían un programa en la tele que mi mamá lo miraba conmigo, o sea, yo tenía una mamá muy empoderada. También Esther Soto, la mamá de Lito Vitale, era una jefa total, y la mamá de María Gabriela tenía un power que no podía más, pero bueno, estábamos rodeadas de un estilo de mujeres. 

El mundo del rock era muy machista… 

Todo el mundo era así. Eso también lo veíamos. El mundo de rock era lo mismo que la sociedad. No es que era solo el mundo de rock, pasaba también en el mundo del folklore, el mundo de todo. Quizás en el mundo de la música clásica, en la cocina o en el magisterio siempre hubo más mujeres, pero siempre la parte superior de la jefatura tenía una impronta masculina. 

¿Y ahora cómo ves que haya tantas chicas que se hayan volcado al rock en estos últimos años? 

No veo que se vuelquen tanto al rock. A la música sí, pero al rock no tanto. Depende de lo que uno considere que es rock. Lo que pasa que la gente empezó a definir al rock como otra cosa. Y el rock es un movimiento, es un estilo de música con determinados patrones y antes que nada es una intención al tocar, que no necesariamente está en la palabra, sino en los sonidos, en las actitudes y hay una forma de percutir al rock. Entonces, vos podés interpretar al rock, así como yo puedo interpretar a la cumbia, pero eso no quiere decir que seas rockero. Y el sonido digital no es rockero. Los plugins no son rockeros. Es cómodo todo eso y para mí el rock tiene que ser incómodo. Los personajes del rock tienen que incomodar. No tienen que dejar tranquilo al otro. El rock que toma mate, a mí no me no me interesa, por decirlo simbólicamente. Yo también tomo mate. Calamaro también toma mate. Pero no es cómodo. Te puede gustar o no gustar, pero que es incómodo. Y Andrés es rockero en sus shows porque son personas que saben mucho de música. Te puede gustar o no o pensar que es un pelotudo, lo que sea. Está bien. Pero no estamos hablando de eso, hay de todo. 

El rock es actitud… 

Claro. Yo creo que hay más pop, pop rock. Pero rock, rock, no. Lo que estoy viendo ahora mucho en TikTok o en Instagram, que es lo que más uso yo, son bandas de pibes chicos, yankees, que tienen un audio rockero roto, roto porque tienen plata para comprarse los fuzz y todo eso y aparentemente están rotos en todo, pero es una rotura actuada. Porque para mí también tiene que haber una necesidad más profunda, un conflicto más grande. El mundo está lleno de conflictos, podríamos expresarnos absolutamente en el conflicto. Pero también está lleno de comodidades materiales. Entonces, quienes entienden cómo usar las redes sociales, en general tiene más comodidad material, y para mí es más disruptivo si veo cosas más tercermundistas, más pobres. Más necesidad de verdad, necesidad de morfar. 

Artistas que tengan hambre de verdad… 

Es que yo me doy cuenta al toque porque soy más grande, pero también me doy cuenta que no me están hablando a mí, están hablándole a alguien de su misma edad, que están tratando de romper, pero vos sabes que están rompiendo desde una casa donde hay comida, tienen a sus papás, está todo bien, nadie les dice que no pueden hacerlo, no hay nadie que les está prohibiendo hacer música. 

Claro, pero vos fíjate que en los grandes rockeros argentinos también eran clase media y sin embargo eran súper rockeros, tipo Spinetta, García… 

Pero había una situación social para estar en contra. También la hay ahora, pero no están en contra. Están en contra de que la gente esté boludeando en las redes sociales, pero no más que eso, o sea, aquella era otra época. La época analógica no se puede comparar con esta época porque no tiene nada que ver el siglo XX con este siglo. En ese momento, un pibe de 18 años leía. Sus padres escuchaban Discépolo y la gente escribía en letra cursiva. Y entonces cuando expresaban algo era porque habían leído o como Pappo que por ahí era más rústico pero tenía otra información con la cual decir las cosas. La revolución pasaba por ponerte a tocar todo el día y tratar de decir algo, no pegarla. Entonces todo lo que pasaba tenía un significado en su contenido. Después se veía qué pasaba o qué no pasaba, pero eran pibes chicos, los mejores discos del rock fundacional están hechos por pibes, Black Sabbath, Zeppelin, eran todos pibes de veinte años. Ahora a un pibe de 30 capaz que le dicen que es joven, ¿qué joven?, yo a los 30 años ya había hecho no sé cuántos Vélez con Soda Stereo. Lito Vitale tenía 15 años cuando tocaba toda esa música de rock progresivo. 

Eran todos pibes con un bagaje enorme… 

Sí, sí. Por ejemplo, cuando surge Babasónicos y toda la movida sónica, me acuerdo que nosotros con Soda teníamos 27, 28 años, y la nueva camada del rock tenía 20 y nosotros éramos viejos para ellos, éramos caretas. Y vos escuchás el primer disco de Babasónicos, o el de Juana La Loca, y están buenísimos, la rompen mal. Lo escuchás ahora y son modernos. En cambio vos escuchás discos actuales y está bien, pero creo que son una recreación de algo que ya fue hecho antes. 

Una copia de copia… 

No sé si es copia, porque es lo que les sale con lo que les pasa, pero no hay una novedad. Yo creo que en la música ya está. Podríamos no hacer más música, y no nos va a alcanzar la vida para escuchar toda la que está hecha. Entonces, yo no le veo tanta importancia a eso. Hay pocas personas que lograron seguir haciendo más música interesante de grande: Jack White, Paul McCartney, incluso hasta Black Sabbath hizo un disco muy bueno que se llamaba 13, o Patti Smith. Hay tipos que vos los escuchás y siguen creando siempre, pero en general son gente que está muy conectada hacia dentro, no para el afuera. Antes que nada se satisfacen a ellos mismos. Mirás las biopics de Queen o de Elton John y ves a tipos que se sentaban ante los directivos de las discográficas y les decían: "Quiero hacer la revolución. Quiero cambiar el mundo, quiero romperles la cabeza a todos y a los músicos. Los quiero reventar.” Hasta Liam Gallagher decía eso ya más adelante en los 90. En esa época, si vos le decías “la quiero pegar” a un directivo de la compañía, te daba una patada en el culo. Ahora todo cambió. Vos te tenés que sentar y hablarle a uno de esos CEOs que hay ahora, que no sé ya ni a quién representan pero están ahí, le tenés que decir: "Bueno, ¿qué tengo que hacer para ser famoso? Decime lo que tengo que hacer, lo hacemos. Estoy dispuesto.” Ni siquiera tienen que tener carisma, ni siquiera tienen que tener una buena canción. Pasa por otro lado. Yo no sé si está bien o está mal. Representa perfectamente el tiempo que estamos viviendo ahora, que es un tiempo horrible. 

¿Hay algo que te guste? ¿Alguna expresión musical, alguna banda? 

Yo voy a ver un montón de bandas, no necesitan gustarme. Puedo pasarla bien con algo que no me mueva el amperímetro. Voy a ver varias bandas que registro muy bien que no me están tocando a mí. La última gran emoción que tuve fue haber visto al Jon Spencer Blues Explosion en Niceto, y también Otoboke Beaver, la banda de las japonesas, que la rompieron. Obviamente, voy a ver a Living Colour y también me emociono. Llamo emoción a estar ahí y tener ganas de tocar. Me pasó con Oasis también, o con Las Diferencias, que es una banda de acá que me emocionó hasta las lágrimas.  También toqué un tema con Robot Zonda y es una banda que tiene temazos, todos hits y nadie le da bola. También me gusta mucho Nina Suárez, me parece que hace grandes temas, aunque no haga el estilo de música que más me gusta. Antes hablaba de Jon Spencer, y me encanta, pero no es siempre eso lo que escucho. Es una música que me da ganas de tocar. Yo escucho otra música también. A mí me gusta escuchar hip-hop. También escucho rock, obvio, pero no es la música que más escucho. Escucho mucho a Liam Gallagher; Oasis, más o menos, prefiero escuchar a Liam, me gusta más la voz más madura, pero esa no es una música que a mí me de ganas de tocar, pero me gusta escucharla. Las que me dan ganas de tocar tienen que ver más con Jack White, Jon Spencer y eso. Después también me gustó mucho el show de Lucy Patané. Hay artistas que hacen shows que me parecen buenísimos, aunque por ahí después no escuche su música, aunque el disco de Lucy me parece muy bueno. Es que yo puedo ver algo bueno que trascienda mi gusto personal. O sea, no necesito que sea algo que me guste, lo puedo ver igual. También me gustó mucho Espanto Club. 

¿Y con respecto a festivales como el Cosquín Rock cómo te sentís? 

A mí no me molesta que haya otros estilos de música en los festivales, porque me parece que los festivales ahora son de música, no son de rock. Desde hace años, más de una década, son festivales donde la gente no va a escuchar música, sino que va a pertenecer a algo. Hacía mucho que yo no iba a ningún festival, y cuando fui a ver a Jack White en el Lollapalooza me sorprendió, porque entré y le dije a mi hijo: "Pero esto no es un festival de rock. Acá no hay gente que le guste rock.” Y mi hijo me dijo: "Mamá, esto es el Lollapalooza, acá vienen todos a ver DJs." Yo fui a ver a Jack White en ese contexto, y fue uno de los mejores shows que vi, pero era otro estilo de gente. Todo bien, pero me pudren los festivales. No es un lugar donde a mí me hayan tratado bien. Por eso decidí no estar. No creo que sea un lugar ideal para tocar, a menos que tengas mucha palanca para poder brillar. Tenés que ser de los “palancas”. Si sos de los artistas de más abajo, no te dejan armar un contexto como para lucirte. Por lo menos así me pasó a mí y después decidí no estar más. A mí no me gusta particularmente el Cosquin Rock, me confundo los años porque siempre es lo mismo, siempre están los mismos y la gente y los artistas también se preparan para hacer lo mismo, a veces hasta hay tipos como el de Los Piojos que se pone la misma ropa. No, no los distingo, no me interesa. Me interesan algunos artistas en particular, que puedo llegar a ver, pero no me interesa el evento. El evento me parece mentiroso, un horror. Aparte no es federal. Porque todo el tiempo están diciendo rock federal, federal, federal. Hasta los mismos músicos le chupan el culo al tipo ese, diciendo eso. Y, ¿federal de qué?, si son todos de acá. Y está en Córdoba, ¿eso es federal? O sea, no es federal. Es lo mismo de siempre. 

Todos los años la misma historia… 

Claro. Aparte las bandas de rock, está todo bien, yo les tengo mucho cariño, pero son las bandas que se armaron en los últimos 20 años, siguen estando arriba y ya tienen mi edad y después hubo un hueco gigante y ahora hay un poco de bandas de más abajo, pero que no tienen la situación estadio, que es un desarrollo que vos hacés cuando se hace un proceso natural. Es como la política. La industria no se encargó de armar un under, de desarrollar un under real, desarrolló un under falso para mí, de muchos artistas funcionales a un sistema. Y así suena la música. O sea, es una música que a la gente le gusta mucho porque los deja exactamente igual que como entraron al show y no les cuestiona nada. Hay gente a la que esa situación les gusta mucho, pero también hay mucha gente que yo conozco que eso no le gusta nada. 

A mí me pasa con tu música que la siento como si fuera una patada en la cabeza… 

Lo que pasa es que mi móvil para escribir es la disconformidad. No es el amor ni es la rabia. Y la música traslada eso. Pero ahí es donde yo digo: ¿cuál es el móvil de los demás a la hora de escribir? Por supuesto, cada uno tiene su estilo para expresar las cosas. Pero a mí me gustaría saber cuál es el móvil. Porque no lo escucho mucho. O sino lo escucho como una cosa medio como “Ok, voy a decir algo un poco conflictivo, pero no tanto porque no quiero ofender a nadie.” Porque hay gente que odia la revolución desde la industria. La revolución que también es medio falsa, porque me hago el loco, pero estoy dentro del sistema, es más soy el sistema, pero me hago el loquito o la loquita, qué sé yo. A mí eso no me interesa, ¿me entendés? Está todo bien, entiendo la época, entiendo los tiempos, entiendo el código, pero no, es lógico que no me interese, porque yo estoy grande. ¿Cómo me va a interesar eso? 

Hay rockeros tratando de hacer “la revolución” desde un sillón… 

A mí me da cosa ver mis colegas que tratan de quedar siempre bien con todos. Yo prefiero ver un Noel Gallagher o un Liam Gallagher gastando a otro, insultando, porque no pasa nada, ¿cuál es? O sea, toda una escena hablando de una amistad que no existe y cuidando no molestar a nadie cuando después off the record se dan todos con un caño. Eh, que no está mal dar con un caño, porque vos sos músico, tu expresión es esa y la antena la tenés para eso, o sea, estás escuchando todo. Yo escucho todo, soy muy curiosa, y aparte mis alumnos me traen cosas para que escuche. A mí la música que no me gusta no me molesta en lo más mínimo porque estoy acostumbrada. Hay música que sí me molesta, pero no es que me molesta la música, me molestan los artistas. O sea, determinados artistas, no me los banco. Yo, por ejemplo, no le tengo bronca al reggaetón, no sé por qué le tienen tanta bronca. No sé, no deben saber bailar. Pero cuando bailas, yo que hice clase de zumba, el reggaetón está buenísimo para bailar. A mí no me gustan todos los artistas. Yo registro cuáles, por ahí no sé ni quiénes son, pero digo: "Ah, este tema está mejor que esto, esto está mejor producido." 

Es como dice Fito “una cuestión de actitud”. 

Es de actitud, sí, pero más que nada en el reggaetón y todo, es una cuestión de cómo están producidos, cómo quiénes son. No son iguales todos los artistas. Pero bueno, cuesta el negocio y este mundo en el que vivimos, que está raro. 

Fuiste una de las primeras que se animó a irse a Nueva York. ¿Cómo fue eso? 

No es que me animé, fue de casualidad. En realidad, me fui de vacaciones y cuando llegué, en octubre del 85, fue como si me hubieran mostrado una paleta de 200 colores, luego de haber vivido con una paleta de cinco o seis colores. Era la época de Madonna y su película Buscando desesperadamente a Susan, era la época cuando Nueva York estaba a full, existía Basquiat, Andy Warhol, estaban todos vivos, y estaban en la noche en el mismo lugar que vos. Entonces, cuando llegué, abrí los ojos y pregunté: “¿Cómo tengo que hacer para quedarme acá?” Y así me fui quedando, limpiando casas, hasta que encontré el trabajo de niñera, porque no tenía un mango, aparte acá había mucha crisis, no es que podían vender, mandarte dólares, mis viejos no me podían ayudar. Así encontré un trabajo cuidando un nene. Fue rarísimo cómo me tomaron, porque aparte yo no hablaba bien inglés, era un desastre, y aparte tenía el pelo todo teñido de color. Pero me tomaron y esa familia también me ayudó a que yo me quedara. 

Como que te adoptaron… 

Algo así. Fue como una familia para mí y yo tengo esa naturaleza de necesitar un núcleo familiar. Después vino mi hermano y se quedó seis meses, eso también me ayudó. Luego me casé para tener la green card y después la devolví. Tuve miles de anécdotas… 

Allá conociste mucha gente… 

Sí. Conocí muchísima gente, tomé clases y mientras tanto acá en Argentina el rock nacional se hizo muy grande. Así todos los amigos que yo tenía acá y que no habían tenido un mango empezaron a laburar, a tener mucha plata, y empezaron a viajar a Nueva York y ahí me los encontraba. Nos encontrábamos y salíamos a pasear. 

Después volviste de la mano de Charly, ¿no? 

Volví, porque me hice muy amiga de Charly, incluso tuvimos una relación, y él me dijo: "Volvete a tocar la percusión." Y por él empecé a estudiar percusión. En ese momento tenía que despegar, tenía que decidir qué hacer, porque hasta ahí había tomado clases y todo, pero tenía como un paréntesis de tocar. Todo en mí era en la onda “quiero vivir, ser joven”. Estaba de joda, todo el día, viviendo mi propia experiencia, porque como te decía, Nueva York en esa época estaba a full, todo buenísimo. Charly me trae, me hace estudiar percusión, me compra los primeros timbales, que son los que todavía tengo y son los que usé en Soda Stereo, y me trae acá en una gira del disco Parte de la religión. Pero cuando vine, me encontré con que él estaba re loco, no era el mismo Charly que yo conocía de Nueva York. Acá pasaban otras cosas. Él no quería ensayar, y después quería que yo haga los coros y yo no quería, yo quería tocar. Al mismo tiempo, al haber vuelto, me empezaba a llamar mucha gente para tocar. Así me llamaron Los Guarros. 

Después estuviste con Lebón, ¿no? 

Después de Los Guarros, un día faltó el baterista y yo llamé a Jota Morelli, que era mi amigo, y Jota estaba tocando con David Lebón y me dijo: "¿No querés ir a tocar con David?” Ahí voy con David, a él le encanta, y empiezo a tocar con Lebón. Y de ahí paso a Soda Stereo. O sea que antes de eso, cuando entré a Los Guarros, me di cuenta de que en Argentina podía hacer una carrera fácil y ya me quedé definitivamente acá, porque extrañaba mi casa, extrañaba mi familia. No era lo mismo que ahora que vos agarrás el teléfono y hablás. Yo hacía casetes y se los mandaba por carta a mis viejos. Igualmente, no fue fácil, me costó volverme, aun extraño Nueva York, esa Nueva York que conocí. Pero acá pasaban otras cosas y de hecho yo no me equivoqué, porque hice una gran carrera, pero después cuando quise hacer una carrera solista, ahí sí hubo un freno. Ahí sí no me pude desarrollar de la forma en que, naturalmente, me podría haber desarrollado.

¿Qué pasó? 

Por ahí no tuve la suerte de encontrar mi momento, por ahí estuvo a destiempo, no lo sé. Nunca lo sabré. Pero cuando objetivamente veo mis discos pienso que tendría que haber pasado otra cosa. Algo natural, no forzado. Pero no pasó. Y no creo que ahora vaya a pasar, porque cada vez tengo menos interés de forzar nada ni en pedir nada a nadie. No tengo nada de ganas, cero interés. Es una sensación que me viene desde la pandemia. Es más, no sé cómo hice el último disco, porque mi mantra era: “Creo que no voy a tocar más”. O sea, directamente lo pensaba. Y ahora mi mantra es: “No tengo ganas de hacer nada”. Eso es un síntoma de esta época de Milei, eh. Realmente me cuesta mucho hacer cosas, no tengo ganas. 

¿Te sentiste discriminada como solista? 

No, no. Porque si vos decís “soy discriminada”, te victimizás, y yo nunca me sentí víctima de nada, a pesar de haber sido agredida. Es como que haber sido una sesionista tan conocida, que me haya ido tan bien, habiendo estado en el lugar más top en aquel momento... Igual, si yo hubiera hecho lo mismo en esta época de redes sociales, yo hubiera estallado, o sea, pero en esa época era muy de nicho todo lo que pasaba, ¿no? Yo empecé a componer siendo grande, casi teniendo 40 años. En una época donde los de esa edad ya eran grandes. Ahora los de esa edad parecen adolescentes, pero en esa época no. Entonces, siendo mujer, diciendo cosas que por ahí no estaban a la moda, no era el momento para mí. Después, cuando las mujeres se pusieron de “moda”, entre comillas, no era mi momento tampoco, se ve que tampoco soy funcional a esta época. No lo sé. Pero no encontré nunca un apoyo desde los diferentes lugares, porque para poder hacer una carrera con proyección, tenés que tener una estructura que sostenga eso. Pero lamentablemente yo no puedo construir, o sea, realmente admiro a las bandas que, cuando llega enero, ya tienen todo un año programado, porque esa es la forma de desarrollar un proyecto y está buenísimo. Es realmente admirable poder hacer eso en equipo. Pero es algo que solo lo puede hacer una ínfima minoría de la comunidad musical. 

Es muy difícil organizar una carrera como músico… 

No es que me pasa a mí, le pasa al 99.9%. La minoría es la visible, entonces muchos músicos se frustran, pero en realidad es un porcentaje muy pequeño los que lo logran. El que puede hacerlo. Independiente o no. En general, cuando vos ya juntaste un montón de público es una mezcla de suerte con la magia y con qué hiciste un plan, pero el plan te puede salir o no. Lo que antes pasaba era que se generaba un interés en el público para que vaya a comprar las entradas. Ahora es distinto. También se genera un interés, pero ahora ponen un tema en TikTok, tenés que poner la plata y tampoco hay una fórmula exacta, porque yo veo gente que hace todo para pegarla y no pasa nada. Hay gente que hasta es desagradable para pegarla, aunque sea por eso. Quieren ser famosos, sin importarles ser famosos porque los odian. 

Volviendo a tu historia en Soda Stereo, ¿cómo fue estar ahí, en esa marea popular, siendo testigo y protagonista a la vez de algo que era bastante masivo? 

Lo viví normal porque no me daba cuenta. O sea, sí me daba cuenta que era un lugar de éxito para el afuera, pero no para mí. También me daba cuenta que me aburría. Me gustaba, estaba bueno, pero no ganaba tanta plata como la gente se imaginaba. Ganaba más plata tocando con otros que pensaban que a mí me pagaban un montón de plata en Soda, entonces me pagaban mejor. Pero lo que ganaba con el grupo era prestigio y experiencia. Aparte, a mí me gusta tocar. Pero a la vez también lo padecía, pero no lo padecía por la música, lo padecía por las cosas extra musicales. El hecho que Cerati se haya muerto volvió a la experiencia de Soda Stereo mucho más grande para la gente. Para mí siempre fue grande, aunque nunca fui yo una fan de Soda Stereo, no es el estilo de música que yo escuchaba, qué sé yo. Aunque a veces escucho un tema y digo: "Ah, este tema está re bueno." También lo analizo y digo: "Ah, mirá esta letra, está buena, eh." Pero yo en el momento que estaba lo vivía como algo normal. Pero yo me fui antes del concierto en la 9 de Julio, mirá cómo será que ni quise hacer la 9 de Julio. A mí no me interesaba, o sea, yo me quería ir. Yo quería tocar la batería, quería ser yo. 

Hacer la tuya… 

Claro. Yo me daba cuenta que estaba infeliz, no quería más. A mí me gusta tocar la percusión, pero no me da una plenitud. No es que estoy tocando con Santana la percusión, ¿me entendés? O sea, estoy tocando algo que es totalmente accesorio, y me pudrí de ser accesorio. O sea, me da y me quita lo de Soda Stereo. Porque por un lado me da que mucha gente me agradece por algo que siente que yo les di, aunque no era mi música. Mucha gente me reconoce por la calle, me saluda y me dice gracias por la música. Yo sé que no es por mi música. Pero igual está bien porque fui parte de esa música. Los músicos somos muy importantes, nadie nos da pelota, pero todos los que tocamos somos importantes. No puede ser cualquiera, era ese. Los productores, los managers, todos te hacen creer que puede ser cualquiera, pero no puede ser cualquiera. No es de verdad que puede ser cualquiera. Andá a decirle a Dave Grohl que Taylor Hawkins podría ser cualquiera. Te va a decir ni en pedo, mirá, no puede encontrar un reemplazante. Yo sé que no era cualquiera. Entonces, acepto, pero sé que no me lo dicen por mi música que es lo que más me gusta. Me lo dicen por mi ser en la música. Me lo dicen mucho, ¿eh? Y creo que es un piropo y está buenísimo. Por otro lado, las agresiones son: “Si no hubieras estado en Soda Stereo…”, “Si no hubieras hecho tal cosa o tal otra…”, y a mí eso no me importa un carajo lo que me digan. Hay gente que piensan: “Si no fuera por Cerati…” Y no la ven, parafraseando a nuestro querido gobernante. No la ven, no entienden. Y bueno, yo no tengo la culpa. No les puedo hacer entender. No me interesa que lo entiendan, o sea, qué sé yo, no entendiste nada, es tu tema… 

Estás muy presente en las redes, ¿eso cómo te repercute? 

Estoy presente porque no toco seguido, entonces necesito comunicarme. Como no toco seguido y no existe más el diario que yo leía todas las mañanas, leo las redes y como una puede contestar, contesto. Antes leía el diario y puteaba en vos alta. Yo no puedo no opinar. Tengo una opinión de todo, como todo el mundo, todos tenemos una opinión. Lo que pasa es que hay gente a la que no le gusta decirla. Nombrame algo y yo opino como cualquier persona. Pero no tengo una única opinión, tengo varias, pero las redes hacen que me pueda comunicar y por suerte me comunico y me desentiendo. Entonces las puedo usar, no me están usando. 

Usás las redes… 

Claro. Cuando me contestan, si me contesta un termo, me chupa un huevo. Hay imbéciles que me dicen que lloro porque soy kuka, ¿qué carajo me importa lo que me diga un tarado mental? O sea, lo que me preocupa es que haya tanta gente idiota. Me duele que el mundo esté lleno de pelotudos, pero ¿qué le voy a hacer? No lo puedo cambiar. No soy la mamá, no puedo hacer un esfuerzo. No es que quiero que piensen como yo, quiero que piensen. O sea, si una persona te dice: "Llorá, Kuka", ¿qué le vas a decir a esa persona. No hay un intercambio posible con una persona tan pelotuda. Es como que me da pena. No es que una persona que te dice estoy en desacuerdo con vos por esto y esto… Ok, ahí podés llegar a tener un intercambio válido y enriquecedor, porque está todo bien, imagínate un mundo donde todos piensen como uno, sería aburridísimo, pero las personas que repiten eso, ese tipo de frases… Creo que estamos viviendo un momento en donde la idiotez está siendo amplificada de una forma que duele un montón. Pero a mí me da tristeza que la gente sea así, parecen sectas de seguidores. Y lo que me da bronca son los que supuestamente no son sectas de seguidores y utilizan las causas del momento en beneficio personal, haciéndose los que están haciendo algo colectivo. A esos les tengo mucha bronca. 

¿Pero quién son esos? ¿Artistas? 

Artistas o políticos. Que, además, también están hiper blindados. Y yo le tengo un especial rechazo a la gente blindada. Porque también tienen un club de defensores de trolls. No les podés decir nada. Ahora, después cuando se abre una puerta, alguien los descubre y les sacan el blindaje, ya es tarde, ya está. 

Cuando opinás de alguna expresión artística, y hay gente que te ataca, ¿qué sentís? 

No me interesa, porque no sé quiénes son. Lo que sí sé es que hay muchos del ambiente musical que son aburridísimos, por eso también la música de ahora es tan aburrida, ¿no? La que hacen los viejos y la que hacen los jóvenes. Son aburridos, entonces no dicen nada, no opinan, no juegan a la opinión. Si es divertido jugar. Por supuesto, primero te tenés que saber criticar a vos mismo. Entonces, nadie me va a decir algo que me moleste más que lo que me digo yo a mí misma. No pueden competir con eso. Y eso me da a mí el resto para poder opinar a veces, porque no es que opino de todo lo que pienso, ni en pedo. No, yo de música opino todo el tiempo porque es mi tema, pero no lo digo. Suponete que debo decir una cosa de dos mil que tengo pensadas... (risas) Públicamente, hasta ahí, eh. Casi que no digo nada. Parece que digo mucho porque nadie dice nada, pero no, además ¿qué me pueden decir? No sé. No podés decirle a nadie que no te gusta. Lo más lindo es que esas personas que se pueden ofender, ni siquiera te escuchan. O sea, ¿por qué tengo que cuidar yo a alguien que me ignora absolutamente? ¿Me entendés? Estoy cuidando a alguien a la cual yo le chupo un huevo. No solo no me escuchan, no tienen ni idea lo que yo hago. Hay productores que nunca vinieron a un show mío. Y yo tengo que estar hablando bien o cuidando a esa persona, ¿quiénes son? 

Es complicado… 

Es que ahora todo el mundo se ofende, ¿viste? Yo también pienso que no hay que opinar de todo. Por eso te digo, yo opino de lo que me sale en el momento, espontáneamente, no lo planifico. La mayoría de las personas planifican mucho qué van a opinar. Más o menos se fijan 90% o más si hay agua en la pileta, a ver si se van a tirar o no. O cuando dicen algo. Ahora hay por ahí algún artista que dice algo. Y luego hay un par de medios que son bien puntuales, que amplifican los dichos como si los hubiera dicho Juana Azurduy, pero lo que dicen es re soft, porque no están diciendo nada, y encima ni siquiera es verdad lo que están diciendo. Es como que se estuvieran quejando, pero desde una posición de privilegio absoluta. Se hacen las víctimas, y no estoy hablando del Lali, ¿eh? Ni en pedo, hablo de artistas que están mucho más debajo de ella. ¿Qué sé yo? En parte prefiero un Babasónico que diga algo que a mí me molesta, pero que él tiene ganas de decir; prefiero eso y que se genere una polémica por algo para mí era algo re pelotudo, porque podría decir algo un poco más interesante, pero que se genere una polémica porque dice lo que se le canta y está bien. 

Como cuando Fito Páez que se queja del reguetón, eso también… 

Lo que pasa es que Fito es medio boludo. Yo jamás voy a discutir la importancia artística de Fito Páez, aunque a mí no me gusta. Pero un tipo que compuso una canción como “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, ya está. O sea, ¿qué le voy a decir a un tipo que toca tan bien el piano? Un tipo que hizo toda una carrera. A mí él no me interesa, ni como persona ni como artista. No me gusta la banda que tiene, no me gusta cómo suenan los shows, me parece muy careta, no me interesa, pero no voy a discutir su importancia. Aparte habla con ese acento medio cheto, como que no sé, como si fuera… No sé, me parece un boludo, pero a mí tampoco me gusta el reggaetón, no voy a poner un disco de reggaetón en mi casa, pero no voy a estar poniendo en el reggaetón mi enemigo. Es la industria a la que pongo como mi enemiga, pero en el reggaetón no, el reggaetón es música, no le hace mal a nadie, el reggaetón está ahí para que baile la gente que puede mover la pelvis, que no sería Fito Páez precisamente. Entonces, lo que les tienen más bronca al reggaetón, es porque es totalmente sexual. Pero los argentinos en general no pueden bailar reggaetón, si no saben mover la pelvis. No saben bailar. 

Tal cual, gente sin swing… jajaja. 

Al argentino, más el porteño, le pasa la vida por la cabeza, no por la pelvis. Y ahí está el problema de todo. No tienen onda, ¿me entendés? No están parados, no tienen base. Entonces no saben bailar, no saben divertirse. Divertirse también es poder cuestionar algo, cagarse de la risa y pasar a otra cosa, no sentir, "Ay, me ofendí." Dejate de joder, ofendete por el presidente, cómo te vas a ofender por pelotudeces. Yo lo siento así, obviamente. También me dan un poco de risa los otros artistas que descubren el folklore, que lo agarran y dicen que son Juana Azurduy. “La Jefa”, ese concepto de la jefa del trap, todo eso es tan pelotudo, tan de gente muy boluda. Y cuando ves a esa gente, te decís: “Sí, bueno, por algo estamos así…”  Sí, la jefa, la jefa, ¿viste? Yo voy a decir, dale, boluda. Pero yo digo, dale, boluda y soy una hija de puta, soy machista, soy amiga de abusadores y están todas las pelotudas repitiendo eso y bueno… Cómo no le puedo decir pelotuda, si me parece una pelotuda. Encima es una música de mierda. O sea, no, porque me dicen que yo no apoyo a las mujeres jóvenes. No, no es que no apoyo, no me gustás vos. O sea, no me gusta esa persona en particular. 

Totalmente, ¿por qué te tendría que gustar? 

Claro. Si me parece una nada. Re bancada por la industria, pero la nada misma. Entonces, ¿por qué me tiene que gustar? Sería boludo que a mí me guste. Yo tengo mucho conocimiento encima, escucho mucha música, estoy muy entrenada en el oído y aparte hice y participé en mil cosas. ¿Por qué me va a gustar eso? Tendría que haber borrado el disco rígido para que me guste, no sé. Aun así, a veces el gusto se mete de maneras extrañas en uno y te pueden gustar cosas súper básicas o rústicas, qué sé yo, que te terminan entrando. No tiene que haber una sofisticación, no tiene que venir Frank Zappa resucitado para que a mí algo me guste. Pero me tiene que pasar algo con eso. No una actuación de que va a pasar algo. Como yo digo, esto es música para gente que no vivió. O sea, no salió a ningún lado, oyó esto y le gustó. Le gustó y piensa que es lo máximo y bueno, qué sé yo. 

Es así… 

Claro. Pero cada tanto aparecen bandas y artistas que me copan. Hace poco vi una banda en Strummer, en el tributo a Spinetta, que me encantó. Se llaman Pos Lúdio. Fui a ver a una alumna mía que se llama Coconimia, que es divina, canta, toca todos los instrumentos, y está por sacar un disco ahora. Ella cantaba un tema de Spinetta sola con la guitarra y después venía Pos Lúdio. Geniales, son muy progresivos. Yo casi me voy del lugar. Me estaba yendo porque yo solo había ido a ver a Coconimia. Pero empezaron a tocar estos chicos y me quedé muda de cómo tocaron a Spinetta. Mientras miraba yo pensaba, "Al Flaco le gustaría escuchar esto." Y obviamente se los escribí. Emocionante como tocaban sin ningún tipo de cotillón de vestuarios, pelucas y pelotudeces para distraer. No, el pibe cantaba hermoso, todos tocaban bárbaro y aparte le ponían una impronta, tocando temas importantes de Pescado Rabioso, espectacular, y ahí me emocioné. 

Es genial cuando pasa eso… 

Por eso te digo que lo justo y la emoción te entran. Y yo estoy abierta a eso, no tengo preconceptos ni tengo un catador de ver quién entra y quién no entra. No, o sea, puede entrar cualquiera. Incluso alguien que no me gusta y que en ese momento hizo algo que me gustó, no estoy cerrada a nada, tengo la emoción absolutamente lista para recibir lo que sea. Por eso yo no tengo prejuicios, pero cuando digo que a mí no me pasó nada, es porque no me pasó nada. 

Muchas veces criticaste la industria de la música, los premios. Claramente al gobierno. ¿Todo eso te harta? 

Eso es todo. O sea, el mundo capitalista, no es que me voy a hacer la zurda ni nada, ¿no? Pero pienso que podría ser de otra manera. Lo de la industria es lo mismo que la política. La política, los políticos me dan bronca, yo soy una convencida de que uno tiene que participar, que no podés decir: "Ay, yo no voto, son todos iguales." No, yo no creo que sean todos iguales. ¿Son iguales en que son unos garcas? Puede ser, pero ¿por qué? Porque al estar cerca del poder, no hay nadie que tenga poder y que no esté ligado con algo turbio en la actualidad. La industria en la música también responde a estos esquemas de poder, se busca privilegiar los resultados, los negocios de los poderosos CEOs por encima de lo artístico. Esas cosas me dan bronca. Me revienta la desaparición del pensamiento crítico. Esto es lo que pienso yo, mucha gente no lo entiende, en especial en las redes. Muchos me dicen: "Ay, Andrea te bloquea porque no pensás igual que ella." "No, te bloquea porque sos un pelotudo que le rompés las pelotas y le dejás 20 mensajes sin ningún tipo de contenido y sos un idiota." Entonces, te bloqueo porque te ahorro el trabajo, no me ves más y no me rompas más las bolas. No me molesta para nada que alguien tenga otra opinión. Pero esta onda secta religiosa no la tolero, eso mismo ocurre en la música y en todo. Ocurre en la pintura, ocurre en la arquitectura… 

Son sectarios… 

Claro. Son cosas que molestan muchísimo. Igual que las canciones que hacen ahora con veinte pelotudos por detrás. Bueno, no son pelotudos, son veinte tipos de traje y corbata que te hacen un tema que no es ni una canción, pero después hacen que funcione, porque lo repiten 200 millones de veces. Así hacen también los edificios, tipo estudio de arquitectura, esos edificios de durlock, sin persiana, con balcón de vidrio y saben que están haciendo mierda el barrio, que están haciendo mierda las napas, pero los hacen igual. Esas cosas me dan bronca. Derrumban una casa que estaba buenísima, en vez de hacer algo con eso, y ponen un edificio horrible. Lo mismo pasa en la música. Rompieron, tiraron a la mierda los originales de obras populares, no populares, de música clásica de todo tipo, pero les chupa todo un huevo, no les importa nada. Una locura total. Replican el CD, lo hacen en vinilo. Un desastre. Fíjate que ahora se idolatran artistas de cotillón. A mí me encanta Billie Eilish, ¿pero viste el show de Billie Eilish? Parece un show de evangelista. ¿Entendés? Hay una persona sola que está en un estadio gigante y le dice a las otras, ahora cállense, ahora sonrían, ahora levántense, les da órdenes; o sea, era rarísimo todo eso. Me encanta ella, pero sus shows son eso. Antes lo que pasaba, era que primero tenías que tener una excelencia tipo Michael Jackson, viste, pero tenías que tener una banda de la puta madre, cantar bien, hacer todo bien. Pero antes que nada tenías que tener canciones. Sin canciones no existía nada. Ahora no hay una canción. 

El nihilismo llevado a su máxima expresión… 

Hay canciones que te repiten 200 millones de veces, pero no hay una canción desde la definición de obra y contenido. Son todos edificios de durlock. Es lo mismo para mí, que me venga alguien y me diga lo que quiera. 

Hace un rato hablábamos sobre Soda Stereo, me nombraste la muerte de Cerati, y como eso catalizó el mito, pero vos que trabajaste con él, ¿cómo era trabajar con Gustavo y cómo era él como figura humana? 

Yo te voy a decir lo mismo que te pueden decir Richard Coleman o Adrián Taverna, que son gente como yo que trabajó mucho con él. Gustavo era una persona fanática del laburo, o sea, le gustaba tocar. No a todos los artistas, y menos a los solistas les gusta tocar, y no a todos les gusta ensayar. Porque ensayar es tocar, y él era fanático de ensayar. Nosotros ensayábamos mucho en Soda. Pero eso yo vi que lo siguió haciendo. Ensayar mucho, ensayar bien, que no es pasar los temas, sino meterte en la canción, por eso después sonaba tan bien. Y, creo que cualquiera que laburó con él, yo escucho siempre que dicen lo mismo, él era un gran fan de la música. A mí me gusta ese estilo de artista, los que son fans de la música, que pueden ser fans de otro, Charly es otro así. 

Músicos fanáticos de la música. Es un gran concepto ese... 

Totalmente. Yo hace siglos que no veo a Charly García, pero vos ibas a ver un show con Charly y él era el primer fanático de los que tocaban. Tener esa capacidad es hermoso. Entonces, cuando vos estás tocando, esa persona escuchó discos como si fuera oyente, más allá de que fuera él una persona importante en la música, y así también escuchaba Cerati los discos. O sea, disfrutaba la música. A mí me pasa, tengo esa capacidad, no soy Cerati, obviamente, pero yo escucho discos y no los escucho como si fuera música, sino desde el lado de oyente, de fan. Bueno, Gustavo era un gran fan de la música, de los discos, compraba y los escuchaba. Le gustaba tocar, le gustaba ensayar, le gustaba tener el escenario bien, le gustaba que el espectáculo fuera excelente. Siempre y en cualquier situación me acuerdo cuando, por ejemplo, él vino a tocar en mi primer disco solista. Él no sabía cómo yo componía ni nada, entonces me dijo: "Quiero escuchar todos los temas, quiero escuchar cómo empezaste a componer, quiero escuchar qué pasa." Supongo que lo hacía con todo el mundo, escuchaba los discos, se los llevaba, te hacía una devolución porque los escuchaba. Le daba importancia a lo que vos le mostrabas. 

Súper generoso… 

Me acuerdo porque el último disco mío que escuchó fue Doble A y me lo dijo luego de un show donde presentaba Ahí Vamos, mi disco preferido de él, aunque uno de los que más escuché fue el primero suyo. El primer solista que hizo fue uno de los pocos discos nacionales que yo ponía todo el día, ida y vuelta. Pero, bueno, me acuerdo de ese concierto presentación, que entró al camarín y había hecho un showzazo. Había estado Ricardo Mollo de invitado cantando “Crimen”, con Coleman y él que hacían las guitarras, la rompían, una banda, que creo que fue su mejor banda. Y entra al camarín, me ve y me dice: "Este disco es tu mejor disco. Acá le diste vuelta de rosca a la composición…” Increíble, yo había ido a verlo a él, que era el centro de la atención y sin embargo te estaba haciendo su devolución, se preocupaba por hacer eso. Él no necesitaba quedar bien con vos. ¿Entendés? Y así supongo que lo hacía con un montón de gente. Le gustaba la música. A mí también me gusta. No sé si éramos amigos con Gustavo, aunque yo lo consideraba un amigo, lo que estoy segura es que éramos amigos de la música. 

¿Qué te inspira a la hora de hacer tus discos? 

La necesidad de sacar la bronca que tengo para fuera, que no es la inspiración que tengo en este momento que tengo dos temas que no puedo terminar. Mi necesidad ahora es salir a matar gente… (risas) Porque tengo dos temas inconclusos que no puedo terminar. 

Escuché que dijiste que tu último disco fue el mejor que hiciste. Tiene mucha polenta. ¿Cómo lo craneaste, cómo lo hiciste? 

[La cadena del mal] Lo empecé a hacer en la época del gobierno de [Mauricio] Macri. En realidad cuando yo hablo, le hablo a una persona que detesto, lo enfoco medio ahí y en personas de esa época, ese estilo de personas. Luego vino la pandemia, lo dejé de hacer, y cuando aparece esta posibilidad [La Libertad Avanza] que todavía no era gobierno, me vino la inspiración en dos segundos y lo terminé. Pero no es que lo hice para algo o alguien en particular, es para una forma, una entidad que es así. No solo le canto a ese estilo de personas, de política y de industria, sino también a los que parecen que son buenos y son los peores, que son los topos. Son los que yo le llamo “los Astiz”, que parece que son buenos y que la gente le dice: "Ay, son todo lo que está bien", y que para mí son el peor enemigo. Otra cosa que hago en este disco es que habló también de mí, de mis dolores y de las cosas que me jodieron. Lo hablo en un tema que se llama “Desigual” y en otro tema que se llama “Dos minutos”, y también hablo mucho de la muerte, por la muerte de mis viejos, la muerte de mis amigos, la muerte de los artistas que me gustan y la muerte del siglo XX, que es el siglo que me armó, todo eso me duele un montón. Me cuesta mucho porque no me gusta lo que está pasando, como digo en la canción. No es que no quiero que pasen cosas nuevas, no me está gustando esto en particular. Entonces, le hablo a eso también, a la necesidad de que pase algo, no me importa si lo hago yo o no. Me gustaría que pasen otras cosas que me gusten más. 

Es lo que decís en “Sos la muerte del rock”, ¿no? 

Es que hablo de alguien que viene a arruinarnos las cosas que nos gustan, ¿por qué la querés arruinar? Dejame ser. Dejame que disfrute esto, si a vos no te hace nada. En general la gente que tiene poder es muy infeliz y no quiere que nadie sea feliz. Se basan en eso. 

Dijiste que en este trabajo te influyó bastante el hip-hop, ¿no? 

En realidad yo hice el disco no escuchando tanto rock, escuché mucho hip-hop de los 90, muy fanatizada con 2Pac, con el disco The Chronic de Dr.Dre, y de ahí medio que saqué la energía. Después la toqué como me sale a mí. Pero mientras tanto escuchaba mucho esa música. Cada disco mío es un instante diferente de escucha de música. Por ejemplo, cuando hice Y lo dejamos venir, escuchaba mucho rock y blues en esa época, y como estaba estudiando la guitarra cuando compuse los temas, todo eso se metió en mi composición. Cuando hice Doble A escuchaba prácticamente nada más que Jon Spencer Blues Explosion y The Raconteurs. Tenía un MP3 y pocos discos, escuchaba nada más que eso. Y también leía Clarice Inspector, leía mucho en esa época. En cada época escucho algo que me inspira. Y ahora, por ejemplo, estoy escuchando mucho una banda, que es la que toca con Jon Spencer, que se llama The Bobby Lees, pero en realidad lo que estoy escuchando mucho ahora es Joni Mitchell, discos viejos, escucho mucho cuando hago gimnasia. El otro día escuché Like a Virgin, de Madonna, y me parece un discazo. No escucho necesariamente rock, pero escucho discos enteros. Escucho The Police también. No puedo entender que hayan hecho tanta buena música en tan poco tiempo. También a veces me copo y pongo Black Sabbath, qué sé yo. Y a veces me pongo a escuchar discos que quiero enterarme qué son. 

Hay una pregunta que me gusta hacerle a muchos compositores: ¿Qué tema de otro te hubiese gustado componer a vos? 

“Seven Nation Army”. Cada vez que lo hago tocar con mis alumnos pienso, "La puta madre, este es el tema que me gustaría que fuera mío." ¿Por qué? Porque tiene un riff que hace todo el tema. Se canta en todo el mundo. Le ponés la letra que querés, todo el mundo lo conoce, aunque no conozca a los White Stripes. O sea, ese tema. A mí me gusta lo popular. Pero aparte con ese tema Jack White insinuó todo lo que está haciendo hasta hoy. 

Fotos: Albí Álvarez (show)

           Nora Lezano (estudio) 


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Entrevistó: Emiliano Acevedo

 


sábado, 9 de mayo de 2026

RAÍCES: Candombe y Rock de culto...

 


“No es una música elaborada, es muy libre y hay mucha improvisación porque tenemos una base rítmica muy latinoamericana.” (Beto Satragni, Revista Pelo, septiembre de 1977) 

En esa edición de Pelo, en una nota a Luis Alberto Satragni, se anunciaba que Roberto Valencia, el tecladista de Soluna, se separaba del grupo para formar una nueva banda con el bajista uruguayo. Así comenzaba la historia de Raíces. La formación preliminar sería Satragni en bajo, Valencia en teclados, Horacio López en batería, Jimmy Santos en percusión y Claudio Durán en guitarra; sin embargo, este último no se afianzó con los demás miembros y regresó a tocar con Los Hermanos Makaroff. Para sustituir al guitarrista, llegaría Juan Gelly Cantilo, pero la impaciencia por no haber grabado un disco tras meses de ensayo lo hizo retirarse. Al poco tiempo, también se retiró del grupo Horacio López; así se contactaron con Gonzalo Farrugia, ex baterista de Crucis. No lograron concretar nada, pero el baterista uruguayo conocía el sello distintivo que el grupo quería fusionar con el rock y el jazz: el candombe. 

Así pasaron los meses, y la alineación quedó finalmente concretada: Roberto Valencia en teclados, Beto Satragni en bajo, Jimmy Santos en percusión, Raúl Campana Cuadro en batería y, luego de probar a varios guitarristas, Alberto Bengolea se quedó con el puesto. El debut fue en dos recitales en el Teatro Estrellas en abril de 1978, pero las fechas son desconocidas. 

“La propuesta musical de Raíces es profundizar en la herencia musical de los negros del Río de la Plata, fundamentalmente en torno al candombe, ritmo sobre el cual están basadas la mayoría de sus composiciones. Aunque tampoсо falta un tema funky, ritmos afro, brasileros, y hasta un rock.” (Claudio Kleiman para Expreso Imaginario Nro. 22) 

Aproximadamente en junio del 78, de golpe, se produce la salida de uno de los fundadores del grupo, Roberto Valencia, para viajar a los Estados Unidos y a Europa, declarando que no se alejaba del grupo por problemas humanos o musicales, sino que se terminaba un ciclo para él en Argentina; no pudiendo ampliarse musicalmente debido, principalmente, al problema con la promoción. La última presentación en que el tecladista y percusionista participó fue en el Centro de Artes y Música, que no fue tanto del agrado de la crítica. Valencia se encargó de buscar un reemplazo en los teclados, y recomendó a un joven de apenas 16 años llamado Andrés Calamaro. 

"Él es una promesa y una sorpresa para la música de este año, y digamos que confirma mi confianza en que siempre hay músicos jóvenes de talento tapados." (Satragni, julio de 1978 para Pelo) 

Luego de la salida de Valencia, el grupo finalmente comienza a trabajar en B.O.V. Dombe, su álbum debut en los estudios Fonema, con la participación especial de Lito Vitale en mellotrón, Angélica Bengolea en flauta traversa y una cuerda de candombe, es decir, cuatro tamborileros con instrumentos de distinto tamaño y sonoridad. 

"En este álbum queremos rescatar las vivencias del candombe y las letras están dedicadas a leyendas del género. Pretendemos que cuando el público escuche este longplay sepa qué es el candombe." (Probablemente Satragni, oct. 1978) 

De las siete canciones, todas habían sido compuestas por Satragni, a excepción de la sexta, “Cangas de narcea”, que pertenecía a Roberto Valencia. Para presentarlo, ofrecieron un recital en el Teatro Cómico el 6 de noviembre de 1978. 

“El final del concierto fue la sorpresa, el remate inesperado pero coherente con la música del grupo: entró una decena de tamborileros, guiados por una pareja de viejos bailarines.” (Revista Pelo Nro. 105, dic. 1978) 

Apenas iniciando el año 79, Raíces comenzaba a preparar temas para su segundo disco, que pretendía grabarse a mediados de año y contar con la presencia de Rubén Rada. Asimismo, se produjo la salida del baterista Raúl Cuadro debido a trabajos profesionales y Satragni pensaba en la posibilidad de integrar a un segundo tecladista para un sonido más profundo en armonías. Días más tarde, se informaba de la llegada de Juan Carlos Tordó, baterista argentino que anteriormente había estado en el conjunto de los hermanos Makaroff. Carlos Ciancaglini, que provenía de un grupo marplatense llamado Semifusa estuvo durante un corto período de tiempo como segundo tecladista, pero por razones personales e incompatibilidad musical, no prosperó su estancia. También se ideó durante inicios de año presentaciones en Montevideo. 

Los cambios en la alineación fueron constantes, y entre junio y julio de 1979, Calamaro se separa de la banda y entra el tecladista de jazz Martín Orduñez como su reemplazo. En julio se ofreció un concierto junto a Serú Girán en el Estadio Obras; el recinto, colmado de gente, escuchó temas del primer álbum y nuevas composiciones. Hubo opiniones desiguales con respecto a la música presentada, pues, debido a los constantes cambios en la formación, no se lograba un sonido que indicara una consolidación en la banda. En agosto, Raíces, junto a músicos invitados, entraron al estudio a grabar su segundo álbum. Leo Sujatovich, que formalmente estaba en Tantor, participó en los teclados, sustituyendo a Martín Orduñez, que no pudo continuar por razones económicas y personales. 

“Martín es un músico muy influido por el free jazz, y esa tendencia que trajo él al grupo era como muy irritante en relación a la música que siempre quisimos hacer. Nos sirvió para saber hasta dónde podíamos legar por ese camino; pero, a nivel del sonido que pretendíamos lograr para el grupo, encuentro que no era el sonido de Raíces es el que estamos haciendo ahora.” (Satragni para Pelo Nro. 118, oct. 1979) 

El paso fugaz de variados músicos mutaba de vez en cuando el sonido que buscaban, pero la esencia era la misma: realzar la importancia del candombe. “No pienso que la música que hoy está haciendo Raíces sea lo definitivo. En este grupo en particular, la definición total no va a existir nunca, porque creo en el constante cambio. Necesito seguir caminando, pero conservando una esencia básica, que la da el candombe, lógicamente.” (Beto Satragni para Pelo Nro. 118, oct. 1979) 

Es a finales de octubre que culminan las grabaciones del segundo álbum. En los meses siguientes de 1979 y principios de 1980, Raíces se presentó en distintas ciudades presentando temas de su nuevo álbum con buen recibimiento por parte del público. Los candomberos, que habían quedado satisfechos con las actuaciones de Diego Rapoport y Enrique Quique Sinesi en sustitución temporal de Sujatovich y Bengolea, decidieron incorporarlos definitivamente como miembros oficiales. El tema “Esto es candombe”, que originalmente estaba en el primer álbum, tuvo tan buena aceptación por la audiencia durante sus actuaciones, particularmente una en La Falda, que los miembros optaron por incluirla también en el segundo álbum. 

“Y con ´Esto es candombe´ fue increíble. La gente bailaba y yo también me puse a bailar. Salté del escenario y me fui con la gente. Fue una reacción natural, había algo que me impulsaba a hacerlo. Necesitaba estar con la gente. Y la gente se identificó mucho con ese tema. Había calor, una bola de energía ahí abajo, que era impresionante.” (Jimmy Santos para Pelo Nro. 128, mayo 1980) 

Con una línea lírica más enfocada en la realidad cotidiana, el segundo proyecto de Raíces se tituló Los habitantes de la rutina. Rubén Rada colaboró en la canción homónima, “Amigo candomberito”, “Amanecer en Zafia” y “Nube marrón”. Todos los temas, exceptuando “Amanecer en Zafia”, autoría del guitarrista Bengolea, fueron compuestos por Satragni. Y el álbum, tras meses y meses de demora, ve la luz en julio de 1980. La presentación oficial del disco fue en el auditorio de la Universidad de Belgrano, y así, Raíces finalmente logró consolidar dos puntos importantes: su sonido, y su base de fanáticos. La llegada de Rapoport y Sinesi le dieron un toque más rockero y maduro al conjunto, dejando un poco de lado el tinte jazzero que el tecladista Martín Orduñez le agregaba, eso sí, sin dejar de lado la esencia sonora que sostenía a la banda, una vez más: el candombe. “Esto es candombe” se convirtió en el tema insignia del grupo, el público la bailaba y la coreaba, reforzando la complicidad de este con la agrupación. 

“La madurez y progresión alcanzada por Raíces necesitaba de un disco así, en el que quedara registrada esta etapa de un buen nivel creativo que la banda está pasando. Raíces ofrece una alternativa distinta y bien definida dentro de la música nacional, y vale la pena escucharlos.” (Revista Pelo Nro. 132) 

Iniciada la segunda mitad de 1980, Raíces comienza a preparar temas para su tercer álbum, y se le añade la incorporación de Osvaldo Cuenze en percusión para reforzar aún más el núcleo sonoro. A su vez, Luis Alberto Spinetta forma una nueva banda llamada Spinetta Jade, de temática jazz rock, aquí, Satragni se encargaba del bajo cuando Pedro Aznar no podía asistir por sus obligaciones con Serú Girán; también se integró a la banda de Nito Mestre y a la de Rubén Rada. Rapoport, por su parte, alternaba entre Spinetta Jade, Seleste y Raíces, por lo que esta última permaneció en una pausa en cuanto a presentaciones se trataba, pues el grupo continuaba ensayando al menos una vez por semana, pero se crearon rumores acerca de una posible separación, los mismos que Satragni se encargó de desmentir: “Raíces estuvo un poquito parado porque Diego y yo estuvimos tocando con otros grupos. Paramos porque hacía ya bastante tiempo que veníamos tocando y luchando, y necesitábamos descansar.” (Pelo Nro. 137, nov. 1980) 

Iniciado 1981, se da a conocer la inclusión de un nuevo tecladista que acompañaría a Rapoport: Claudio Pesavento. Raíces desistió de hacer recitales con motivo de preparar a fondo sus nuevas composiciones, que hipotéticamente serían grabadas en el tercer álbum. Con Rapoport fuera, es en abril que ofrecieron un concierto en el pequeño Teatro de la Cortada, presentando a Pesavento como tecladista, teniendo una buena respuesta de la crítica. Luego de ese concierto se produce la triste salida del percusionista Jimmy Santos por complicaciones en su vida personal. El quinteto Satragni – Tordó – Sinessi – Cuenze – Pesavento se presentó a mediados de junio en el Estadio Atenas de Córdoba y en un recinto de la Capital, también a mediados de julio hicieron acto de presencia en el Auditorio Buenos Aires junto al dúo Isa, conformado por Edith Belloti y Daniel Impelluso, con quienes anteriormente habían ofrecido conciertos. Con material más que suficiente, el tercer álbum del grupo, que al igual que el segundo, estuvo cargado de postergaciones. Esta última etapa pasó con mucha especulación, se decía que el nombre del álbum sería Más allá del final, o que Satragni se alejaba de sus otros proyectos para enfocarse en Raíces. Lo cierto es que el bajista y líder de la banda, en la entrevista que le hizo la revista Pelo en junio de 1982, dio detalles de la situación complicada que atravesaba el grupo. Cansado de la constante modificación de la alineación, optó porque fuera una banda con libre paso de músicos invitados, y no tener más una formación estable: “El cambio va a ser que a partir de ahora será Beto Satragni y Raíces. Eso me va a permitir tener una mayor elasticidad en cuanto a los músicos que van a tocar en el grupo. Yo creo que el hecho de Beto Satragni y Raíces está implícito desde el momento en que yo trabajé siempre mucho para este grupo y me encargo de todo, desde conseguir sala de ensayo hasta de hablar con los productores. Yo siempre hice todo.” 

Así Raíces quedó inactivo, y Satragni se asoció con Oscar Moro luego de la separación de Serú Girán. Estos dos tenían la intención de tocar juntos desde tiempo atrás, pero sus obligaciones con sus respectivos grupos impidieron su unión. El álbum del dúo, Moro – Satragni, que tuvo músicos invitados de primera línea, saldría en septiembre de 1983.

 

Sin embargo, Raíces regresó en mayo de 1995, con presentaciones en La Trastienda, ahí contaron con David Lebón y Ricardo Mollo como guitarristas invitados. La formación que acompañó a Beto Satragni para la ocasión fue: Enrique Sinesi en guitarra, Nora Sarmoria en teclados, Gustavo Liamgot y Ricardo Nolé en piano, Daniel Colombres en batería y Jimmy Santos y La Foca Machado en percusión.

En 1997 se editó un EP de cuatro temas, llamado Ey Bo Road, que contó con la participación de Calamaro en el tema "Candombe de las esquinas".

En 2008, al cumplirse los 30 años de su fundación, Satragni, Calamaro, Santos, Tordó y Bengolea se reunieron informalmente y grabaron Raíces, 30 años, editado por Melopea, el sello discográfico de Litto Nebbia.

Lamentablemente, complicaciones de salud desencadenaron la muerte de Beto Satragni, el 19 de septiembre de 2010.

En febrero de 2025, el sello madrileño Sometimes Music reeditó en vinilo el primer disco del grupo, B O.V. Dombe.

Bibliografía: Revista Pelo (Números varios desde septiembre de 1977 a septiembre de 1983) 

Autor de la nota: Arthur Doinel



jueves, 7 de mayo de 2026

COSO: Punk melódico y explosivo...

 

La banda argentina COSO, continúa dejando su huella en la escena del punk melódico. Con una trayectoria que se remonta a principios de los 2000, el grupo ha logrado consolidarse como uno de los más relevantes de este estilo, gracias a su sonido enérgico y letras poéticas. Sus líricas son una clara alusión a la hostil vida urbana, atravesada por las nuevas tecnologías de control para estatal y económico, dentro de un entorno hostil y deshumanizante que ahoga los sentimientos y deseos más profundos de cada individuo. A pesar de la temática oscura, la música de COSO logra transmitir una energía contagiosa que invita a la reflexión y la liberación.

Recientemente, el trío formado por Mariano Bevilacqua (guitarra y voz), Matías Lence (bajo) y Hernán Sánchez (batería) acaban de lanzar su nuevo álbum llamado Decile como quieras que muestra la evolución musical de COSO. Con una producción a cargo del legendario Alejandro Taranto, reconocido productor de artistas como A.N.I.M.A.L., JAF, Massacre y Los Fabulosos Cadillacs, el nuevo repertorio de canciones logra un equilibrio perfecto entre la crudeza del punk rock y la melodía pop punk.

Para saber más de la banda charlamos con Mariano, quien gentilmente nos relató toda su trayectoria en la música desde aquellos lejanos años 90, un camino lleno de espinas pero también de rosas y que promete muchos más proyectos llenos de punk combativo de ahora en adelante.

ENTREVISTA> ¿Cómo fueron tus inicios en la música?

Había una guitarra en mi casa, porque mi hermano tomaba clases de guitarra, y a mí me empezó a gustar el punk, y como era algo fácil de hacer, agarré la guitarra y medio de autodidacta ahí empecé a tocar a los 15 años con él. Ya estaba armando una bandita, algo con gente del colegio, siempre con la idea de componer canciones propias, más que de hacer covers. Y en esa línea me mantuve desde los 15 años.

Vos venís tocando desde los 90, ¿no?

Claro, eso sería en el año 95, 96. Más o menos.

Contame un poco cuáles eran las influencias que te llevaron a tocar la guitarra, a quién admirabas, a quién te querías parecer, o qué discos escuchabas en ese momento.

En ese momento escuchaba mucho Green Day, era fanático del grupo. No me gustaban otras cosas, y después, ya tocando la guitarra, sí había escuchado un par de bandas más. Escuchaba, más que nada, la movida californiana, pero había bandas de otros lados que también escuchaba. Era la época de los casetes del Parque Rivadavia. Escuchaba a Bad Religion, los Toy Dolls, esos grupos, e iba a comprar casetes al Parque.

Y en la secundaria empezaste a formar banditas.

Sí, a los 15 años hice una con un batero nomás y después para el 98 me junté con unos pibes y armamos la primera bandita, en donde éramos todos compañeros del colegio Fernando Fader, en Flores. Tocamos en un festival y ya se armó una rutina de banda, luego de que terminamos el secundario, un proyecto que nos quedó en común para seguir haciéndolo.

Contame cómo fueron las diferentes bandas que tuviste desde entonces.

La primera banda, la que le decía de la secundaria, se llamaba Pie Punk, que duró hasta el año 2001, y a partir de ahí hicimos Los Consiglieri en el año 2005, que duró hasta el 2014, después vino Dulce de Leche, que llegó hasta la pandemia. Después de la pandemia hubo un momento de hacer una especie de antología con las canciones y de hacer canciones nuevas a partir de maquetas y de ahí salió COSO.

¿Qué es lo que tienen en común todos los proyectos?

Por supuesto, hubo siempre espacio para la creatividad de los otros músicos también y hay algo que se mantiene en las letras, en la narrativa; a veces hay canciones que son de distintas bandas y están evocando el mismo universo. Hay un hilo conductor de todo, pero cada banda tiene su personalidad, porque está bueno que los músicos tengan protagonismo, que pongan su impronta y que ellos le pongan su sello, entonces cada banda es un poquito diferente.

¿Te gusta hacer covers de otros grupos?

Al principio renegaba mucho de hacer covers. Por ejemplo, a mí de chiquito siempre me gustó dibujar, pero mis amiguitos copiaban otros dibujos, yo siempre me negué a copiar. Sentía que no era lo mío y con la banda me pasa lo mismo. Durante los primeros 10, 15 años de banda nunca quise hacer un cover de nada. Después vas abriendo la cabeza y me empezó a gustar adaptar el estilo punk a temas que son de otros géneros y estilos, pero que tienen melodías tremendas. Creo que dentro de la música punk hay un factor muy importante en la melodía que te permite hacer cualquier tema estilo punk, y que no queden iguales. Entonces, es como que hay tanta inocencia de la composición que parece una libertad absoluta, por decirlo de alguna manera. A mí me gusta eso: Agarrar los temas y mirar qué bueno que quedaría esto tocado con el ritmo punk, con la con la energía del punk, que levanta para arriba como estilo musical. Eso es lo que a mí me gusta, ¿no?

Con COSO empiezan en pandemia, ¿los temas de su repertorio eran de ese momento o venían de antes?

El primer disco de COSO, que son 17 canciones, es como una especie de súper manija, ¿viste? Tiene cuatro covers, como vos decías, tiene uno de Los Paralamas, uno de Pablo Milanés, uno de Elliott Smith, etc. Después hay cinco o seis canciones propias que eran de bandas anteriores y canciones que fueron compuestas directamente para COSO. Ahí debe haber cinco o seis canciones nuevas en el primer disco, no me acuerdo ahora exactamente, que son puras de COSO.

¿Cuándo conocieron al productor Alejandro Taranto?

Lo conocimos cuando estábamos en Los Consiglieri. En ese momento mandábamos muchos mails a la prensa y demás para darnos a conocer, cuando estábamos queriendo dar nuestros primeros pasos hacia la profesionalización, después de salir de la secundaria. Así me empezaron a llegar propuestas para tocar con diferentes bandas, y terminamos eligiendo una fecha para tocar en Morón, porque nosotros éramos de Caseros y tocaba Infierno 18. Y bueno, nosotros éramos adolescentes que estábamos ahí un poquito de prestado, queriendo vender entradas. Me acuerdo que tocamos en Marilyn y estábamos bastante disconformes con la organización, entonces tocamos con mucha energía. Y Ale [Taranto] lo notó y me parece que le gustó, le encantó la actitud de la banda, así que me vino a hablar y me dijo: "Loco, tenemos que grabar." Y bueno, en esa época no había ni teléfonos celulares, casi nadie tenía, no se habían masificado. Entonces perdí el contacto, pensaba: Este viejo quién es, ni tenía idea, boludo, y después, un par de años más tarde, me di cuenta de quién era. Me entero con quien había estado mirando sus fotos. Lo veo con A.N.I.M.A.L., después con los Ramones, con Lemmy de Motörhead, ¿entendés? De repente digo, "Pará, este chabón, boludo." O sea, era regroso lo que había hecho. Mirá si me estaba tirando una buena onda y yo no la casé. Entonces, después de un tiempo le hablé, un par de años más tarde, y el chabón se acordaba de nosotros aunque solo nos había visto una vez, se acordaba de la banda. Así se dio que pudimos grabar con Ale. Ya van un par de veces que entramos al estudio con él y es un fenómeno como labura.

¿Cómo los orienta Taranto a la hora de grabar?

Es interesante la pregunta. En realidad, vos cuando elegís un productor, yo por lo menos cuando elijo un productor, lo que quiero es que haga un producto final partiendo desde su libertad. O sea, creo que es un consejo que humildemente le daría a cualquier persona que se quiera dedicar a hacer algo: Dejá que las personas hagan lo que mejor saben hacer. No creo en eso de decirle a un productor “subí el bajo”, creo que eso lo tiene que saber mejor el productor que vos. Bueno, en definitiva para mí es eso, si la banda sabe quiere laburar así, el productor va a estar haciendo el trabajo a sus anchas, que es lo mejor que puede pasar. Taranto lo que más laburó fue en el sonido de las guitarras. Me eligió la guitarra, me eligió el equipo del cabezal y sacó ese sonido como  lo sabe sacar él, que yo no tengo ni idea de cómo se hace. Él le sacó un audio muy interesante a la viola, una posibilidad de escuchar a la banda en el disco un poquitito mejor.

¿Cómo se les ocurrió hacer ese mashup entre “Ya no sos igual”, de 2 minutos, y “Basket Case”, de Green Day, que sonó en todos lados?

Realmente, no nació como una intención de hacerlo. Lo estábamos haciendo en joda con mi hermano en mi casa, tomando un vino, boludeando, tocando la guitarra, que esto, mira que esto otro, y nos cagamos de risa, después se lo llevamos a los pibes de la banda y lo tocamos por delirar, lo tocamos en las fechas, en el vivo. Ahí siempre se arma pogo y joda. Pero en el momento en que 2 minutos toca con Green Day, ahí es como que yo me sentí tocado. Me sentí como empujado a hacer eso. Y bueno, medio que lo hicimos en tiempo récord. Entonces, fuimos, y lo grabamos en un día. A nosotros nos pareció bueno hacerlo, porque la verdad que lo hacemos con respeto, nos gustan las dos bandas y nos pareció una buena oportunidad de poner una letra en español, un tema que conoce todo el mundo y una letra que está buenísima, representativa del punk. Nosotros después tomamos conciencia de todas esas cosas, cuando explotó, cuando pasó un millón de visualizaciones, con los comentarios que nos hacía la gente, toda la explosión, la viralidad que se hizo con esta versión. Hasta llegamos a sonar en La Mega, en un momento estaban sorteando entradas y sonaba nuestro tema de fondo. Cosas así que nos sorprendieron.

Contame un poco cómo fue la elaboración del segundo disco.

Y en el segundo disco ya sí son casi todos temas de COSO, hay un solo cover. En el segundo disco hay tres singles. Porque a mí me invitan a grabar en un tema, un pibe de España, el amigo Javier Ferrer, que me invita a grabar en un tema de él que viene a grabar en estudios Panda. Ahí conozco al que era el dueño del estudio en ese momento, Miguel Krochik, que es un viejo loco, polémico. Una persona muy particular, muy querida. Así que nos ofrecieron grabar en Panda y fuimos ahí sin productor musical ni nada. Fuimos a hacer la nuestra. Así que bueno, nada, hay como tres disquitos que son simples que están grabados ahí en Panda, en donde nos dimos el gusto de grabar bien, y bueno, ahí lo que nos faltaba darnos cuenta que nos faltaba un productor musical. Porque vos llegas a un estudio súper equipado, con una consola con todas las perillas y a lo sumo sabés usar una. Por suerte, Leo, el técnico de Panda es un fenómeno, la clava toda, pero bueno, es diferente a laburar con un productor con el que vos ya sabés lo que hace sonar y querés sonar así.

Entonces lo grabaron y después estuvieron girando también, ¿no?

Pasamos por Uruguay, bueno pasé yo nomás. Íbamos a ir con toda la banda, pero no pudimos por un problemita, así que pasé yo solo y tuve que hacer un acústico en Montevideo y en Punta del Diablo. Y después nos fuimos a Chile, a dos regiones de Chile: Santiago y también fuimos al sur del país. Es hermoso Chile, hermosa la gente, buenísima la experiencia. Cruzamos los Andes de noche, tocamos en Mendoza la otra vez y hemos salido a algunas provincias, también hemos salido de gira a la Costa Atlántica.

Así llegamos a este tercer disco recién editado. ¿Cómo lo cranearon?

Este es el primer disco que editamos en físico, de todo lo que nosotros grabamos, y se da porque tiene buena pinta, ¿viste? Queríamos tener aparte algún disco en físico y este es un álbum que compusimos todo de punta a punta, lo compusimos completo y está redondo, lo practicamos con la formación nueva, volviendo después de un año de tocar. Llegó la banda re bien al estudio a grabar y el disco es una obra completa. Entonces, un poquito eso nos dio también la fuerza de tratar de llevar las cosas a otro nivel. Estamos en ese camino.

¿Cómo es la composición de los temas?

Yo presento canciones y les hacemos cambios entre los tres, algunas por ahí las descartamos, a otras les falta una parte, a otras le mezclamos un pedazo de música que venía por otro lado, y así después hacemos los arreglos. Yo puedo proponer algunas cosas, pero más que nada los chicos la tienen re clara, ellos son muy creativos aportando ideas. A la hora de agarrar la canción, lo que por ahí tenemos de ventaja es que yo llevo la idea de melodía ya bastante arrimada, entonces en un par de ensayos ya tenemos un tema nuevo sonando.

Recorramos los temas del último disco. ¿De qué se trata “Picaflor”, la canción que abre el álbum?

“Picaflor” es un tema fuerte, porque es una patada en la cara al egoísmo que tiene la sociedad. Yo considero que la sociedad premia al egoísmo. Y el Picaflor es un tipo descarado que va ahí chupando el néctar y verdaderamente no pierde su tiempo, no estrecha lazos solidarios, hace su historia, saca su jugo y está siempre lindo para la foto. Entonces es una especie de crítica al individualismo. También es un personaje irónico porque hay como una especie de juego en eso de que el picaflor es un tipo pícaro, el vivo, el porteño, carismático, ¿viste? Uno no lo ve como un antihéroe, en realidad lo estás viendo un tipo muy simpático, pero si vos prestas atención a lo que está diciendo la letra: “Donde haya una flor él no va a perder su tiempo…”.

Hay mucho de eso en la época actual, el sálvese quien pueda, ¿no?

Exactamente, y con total impunidad y aparte como se lo hace con orgullo. Es una ironía acerca de ese tipo de personas.

La segunda canción del disco se llama “Che”.

Esa es una canción que es bastante loca desde el plano de la composición, tiene que ver con el concepto del disco, que tiene que ver con todo el amor que vos le podés dedicar al arte, y como eso no significa que vas a tener el éxito material para impulsar tu proyecto adelante. Esto es un tema recurrente en el disco, una alegoría, tener presente que acá estamos tirando la energía a la basura, por decirlo de alguna manera, en el sentido de la utilidad. Todo termina hablando de una relación material que tienen las cosas y esto de la utilidad. Habla de la moda de una canción más allá de la utilidad.

¿A qué te dedicás por fuera de la música?

Yo trabajo como diseñador gráfico, publicista, hago logos, específicamente soy diseñador de logotipos.

¿En algún momento soñaste con vivir solo de la música?

En ese sentido siempre me sentí firme en un camino, con confianza de que las cosas se iban a dar, tarde o temprano. No estoy desesperado porque pase algo, no creo que tenga la vaca atada ni creo tampoco estar perdiendo mi tiempo. Hay una delgada línea en la que camino entre esas tres cosas. Pero lo hago porque verdaderamente me gusta, me sale hacerlo, lo sigo haciendo y hay gente que lo acompaña y disfruta lo que hago. En realidad, arranqué por esto y seguí siempre en la misma, porque hay gente que dice: "Che, loco, están buenas tus canciones, ¿por qué no hacemos una banda?" Y de ahí te quedás con esa gente que crees que te está diciendo la verdad.

El tercer tema, “Vos la sabés”, ¿de qué se trata?

Ese tema dice: "Solo espero poder ofrecerte algo de amor en un mundo que vive en guerra, que está dividido." O sea, vivimos todo el tiempo peleándonos de todas las formas posibles. Nos hacen enfrentar por todas las cuestiones posibles. Y es porque sos varón o es porque sos mujer, lo que sea siempre va a estar como dividiéndote, peleándote y por eso cuesta mucho encontrar también la afinidad y la buena intención con el otro. Vivimos pensando que el enemigo está al otro lado de la medianera, de eso habla la canción.

¿”Todo por vos”?

Era esto que te decía antes de que “voy a ser mejor cantante, me voy a morir de hambre”. Pero lo voy a seguir intentando y es como el mensaje  más trillado que aparece en ese tema. Creo que es la canción más popera del álbum.

¿”No se ve”?

“No se ve” es una sandía que no se ve, es un tema un poco polémico. Habla de aquellas cosas que se muestran y las que no se muestran. Ahora hay cosas que no se pueden decir y hay cosas que te borran, te borran entrevistas completas si las decís. Entonces, por lo menos podemos decir que es una sandía que no se ve y la descripción es bastante gráfica acerca de lo que se refiere el tema, es una crítica al armamentismo, ¿no? Por ejemplo pasa en el mundo de Internet, en donde mucha gente compra acciones. Yo no soy economista ni nada parecido, pero siento que nadie sabe qué carajo son las acciones que compra. Y se están fabricando fierros con esas acciones, ¿viste? Porque es lo que más garpa también. Porque en definitiva es lo que controla los recursos, con lo poco que sé de geopolítica. Por ahí va la canción: Estamos construyendo una sociedad que nos va a terminar morfando. Onda, “comprá la cripto que haga que con esto estamos matando allá, estamos invadiendo, estamos sacando petróleo, con esta cripto vas a pagar más”. O sea, no te das cuenta, pero estás como jugando a ese juego, creo yo.

La sigue “Dos pinos gemelos”…

Ese tema es una especie de escena que habla sobre las cosas idealizadas, ¿no? De cómo uno puede saber sin saber y creer. Es una canción que habla un poquito de sentimientos, del tipo que por ahí se emociona, es la canción más poética de todas, por lo que explicarla es una pérdida de tiempo, es cuestión de escucharla y ver qué entendés, pero creo que es una canción que habla de eso. De que el conocimiento del mundo es subjetivo y que tenés que mirar a las personas que tenés al lado.

¿”La boca del lobo”?

La escribió Dali e hizo la música Anton, que son los chicos que estuvieron conmigo cuando fuimos a Chile. Había habido un apagón. Nosotros estábamos cruzando la cordillera y cuando llegamos ya había pasado el apagón, y ellos habían escrito la canción durante el apagón. Entonces estaban grabando en el estudio, como yo tenía que pasar la noche ahí porque al otro día salíamos para el sur, así que grabamos en la casa de ellos. Yo metí unos coros en el tema. Así que hicimos una adaptación de ese tema que también fue parte de nuestra historia, acerca de los viajes. Hay dos versiones: la de Anton con Dali, y nuestra versión. Yo participo con voces en el tema de ellos y hacemos con la música y la letra de ellos este tema que es nuestra versión.

El álbum termina con “No vuelvas”…

Ese tema cierra un poquitito esta idea de las cosas que fuimos hablando acerca de las otras canciones. Es un tema que básicamente dice que todo lo que tenés es tu ilusión. Tenés una ilusión de las cosas y hay gente por ahí que hasta te quiere arrebatar eso, ¿no? Entonces, un poco de qué es lo que se tiene, de a qué llamamos posesión, cuando ya no tenés nada más que una ilusión.

¿Qué músicas escuchás?

En la adolescencia era fanático de Green Day, por supuesto, pero ahora escucho un poquitito más variado, cosas no tan conocidas, escucho mucha música en el español, escucho bandas punk under de diferentes países de Latinoamérica, pero también soy capaz de escuchar música clásica, me gusta escuchar de todo, los clásicos de los Beatles. Capaz te escucho Louis Armstrong, Silvio Rodríguez, hasta Serrat, que escuchaba mucho mi vieja cuando yo era chiquito y me quedó el recuerdo de varios temas de su disco En directo. Me encanta escuchar de todo.

¿Cuáles son los proyectos del grupo?

Ahora estamos cuidando el disco como un bebito, porque recién salió. Luego tendríamos que pensar en una fecha para hacer una presentación, invitar a algunas banditas, estamos juntando un poquitito la fuerza para concentrar todo en una fecha buena en Capital y después ir a presentar el nuevo material a algunas provincias del interior, seguramente. Tenemos una propuesta para ir a San Luis ahora. Estamos viendo.

Hay una pregunta que me gusta hacerle siempre a los compositores: ¿Qué tema de otro te hubiera gustado componer a vos?

Creo que “What a Wonderful World” de Louis Armstrong. “Melodía desencadenada”, también. Otra que me gusta mucho es “La melodía de Dios” de Tan Biónica. Qué sé yo, son muchas, todas son muy lindas. A mí me gustan todas las músicas. No entiendo la rivalidad entre las músicas. A veces hay cosas que tienen poca riqueza melódica, poca riqueza armónica, no la disfruto tanto, pero cuando está bien hecho algo a nivel musical, trasciende el género. Trasciende totalmente, por eso que te decía de repente escuchás un cumbión tocado punk y no te puede no volar la cabeza porque está muy bien la matemática detrás de esa obra. Yo siento algo así, cuando escucho sea lo que sea. De repente escuchás la obra de Michael Jackson, u otras cosas que hay en el pop, y encontrás belleza.

Emiliano Acevedo