lunes, 17 de abril de 2017

McCartney, el primer álbum solista de Paul: Aprendiendo a caminar solo...



Luego de un período depresivo, en los meses posteriores a la edición de Abbey Road, en donde no le quedó otra que asumir que los Beatles ya no existían como grupo, y como si hubiese querido exorcizar un poco sus miedos, Paul McCartney se dispuso a grabar, a fines de 1969, su primer álbum solista; el cual terminaría siendo editado el 17 de abril de 1970. El disco, en sí, sería visto por el público como la declaración definitiva de que los fab four ya no iban a estar juntos nunca más. Este disco fue grabado por Paul en su granja ubicada en Escocia. Aquí, Macca improvisa efectos de sonidos, llegando incluso a grabar en el baño o en la sala de estar para lograr diferentes efectos reverberantes. En algunas canciones hasta se alcanza a oír cuando alguien cierra la puerta o a los niños jugando en el cuarto contiguo.

McCartney comienza con “The Lovely Linda”, una pequeña oda acústica de Paul a su mujer que nos recuerda a lo peor del Álbum Blanco. “That Would be Something” es un lindo folk, sin demasiados matices dignos de ser comentados. “Valentine Day” es la primera improvisación en clave rock de disco. Un interesante aporte de Paul, como diciendo: Ojo, que yo también soy vanguardista. Lo sigue “Every Night”, uno de los temas más recordados del álbum, una balada optimista de gran elaboración. Un tema 100 % McCartney. “Hot as Sun/Glasses” es otra historia, ya que se trata de una improvisación, apenas cantada, con comienzo casi naif que desencadena en un final minimalista y un poco salvaje. “Junk” es otro clásico, que Paul había compuesto antes de la separación del cuarteto de Liverpool, más precisamente durante su estadía en el centro de meditación del Maharishi en la India, a principios de 1968. Incluso se lo puede escuchar en el tercer volumen del Anthology, de los Beatles, (aparecido en 1996), o en varios piratas, ya que fue un tema que se quedó afuera del Album Blanco y que también fue ensayado por la banda durante las sesiones de Get Back, pero nunca plasmado en forma definitiva por el grupo. 

“Man We Was Lonely” no aporta demasiado, pero que nos da una visión de lo que hará luego Macca, en el resto de los 70, en los Wings. “Oo You” es otro tema en clave rock poco interesante. Así llegamos a “Momma Miss America”, otra improvisación rock en la línea del anterior. Si hay algo que destacar es que Paul tocó todos los instrumentos en este disco y la verdad es que, sin ser un virtuoso, se defiende bastante bien tanto en piano, guitarra eléctrica o batería. “Teddy Boy” es un lindo tema infantil que McCartney venía haciendo en los últimos tiempos Beatles, incluso también tiene una proto versión en el Anthology 3, en donde es acompañado en un dueto vocal por un jocoso John Lennon. Por su parte, “Singalong Junk” retoma la línea melódica de “Junk”, en forma instrumental, con resultados muy interesantes y atractivos. Muchos años más tarde, ambos temas formarían parte de la banda sonora de Jerry Maguire, la película de Cameron Crowe. Este director, ex redactor de la Rolling Stone y fanático del rock de los 60 y 70; más tarde llamaría a Paul para que le componga (en 2001) el tema principal de Vanilla Sky

Siguiendo con el recorrido de McCartney, llegamos así a “Maybe I'm Amazed”, uno de los mejores temas de toda su trayectoria solista. Una canción de amor, que si estuviese incluida en Abbey Road, Let It Be, o en cualquier otro álbum Beatle, sería más apreciada y conocida por el público. Sin dudas, es el momento cumbre de este debut solista. Aquí, McCartney da una muestra acabada de cómo influenció a compositores como Elton John o Billy Joel, cantando como nunca mientras toca el piano sin exhibicionismo pero con mucha contundencia, mostrando que no hace falta tocar mil notas, o mil escalas, para emocionar; que con poco también se puede. Mucho más aún cuando se es un inmenso intérprete y compositor. Sin dudas, una canción para el recuerdo. El disco termina con “Kreen-Akrore”, otro tema instrumental que no aporta demasiado aunque contiene un par de cortes melódicos con coros interesantes.

La tapa de McCartney exhibía unas cerezas volcadas de un recipiente, mientras que en la contratapa venía una foto con un Paul barbudo acompañado por su hijita recién nacida, Mary. En las primeras ediciones, también se incluía un auto reportaje de Macca, en donde éste daba a entender que los Beatles se separaban para siempre. Una acción considerada en su momento como egoísta y vanidosa y que le causo no pocas críticas. Lo que está en claro es que, a pesar de su carácter irregular y humilde (o quizá justo por eso), este disco sigue siendo muy disfrutable. Uno de los mejores momentos de la carrera solista del gran Paul McCartney.

Emiliano Acevedo

viernes, 14 de abril de 2017

...y un día Yes entró en el Rock and Roll Hall of Fame...



El viernes 7 de abril de 2017, finalmente, Yes entró en el Salón de la Fama del Rock & Roll, durante la 32 ceremonia anual de inducción celebrada en el Barclays Center en Brooklyn, Nueva York. A pesar de haber estado en condiciones para ser inducido desde el año 1994, cuando se cumplieron 25 años de la edición de su primer álbum, recién ahora, estos pioneros del rock progresivo consiguieron este galardón y reconocimiento de la asociación-museo que representa el establishment del panteón del rock clásico. Más allá de sí vale la pena ahora, después de tantos años, y luego de la muerte de dos miembros fundadores, como el bajista Chris Squire y el guitarrista Peter Banks, fue muy bueno poder ver nuevamente a la formación clásica de Yes, más el guitarrista Trevor Rabin, unida y tocando, a casi cinco décadas del origen de la banda, a pesar de no estar ya Squire. Vale la pena recordar que actualmente hay dos “versiones” del grupo. Una, la “oficial” liderada por Steve Howe y Alan White; mientras que, desde hace un tiempo, también los ex miembros Jon Anderson, Rick Wakeman y Trevor Rabin están tocando el repertorio clásico del grupo, denominándose a sí mismos YES Featuring ARW.

Como ocurre con estas premiaciones a bandas que han cambiado varias veces de integrantes a lo largo de su existencia, en este caso los galardonados del grupo por este premio fueron: el baterista Alan White, el guitarrista Steve Howe, Chris Squire, el vocalista Jon Anderson, el baterista Bill Bruford, el tecladista Tony Kaye, el tecladista Rick Wakeman y Trevor Rabin. Es decir, la famosa formación del octeto que tocó durante la gira de 1991 y 92 denominada Union. Quedaron sin premiar los músicos que entraron en Yes después de Rabin, más estos cuatro: Patrick Moraz, Trevor Horn, Geoff Downes y Peter Banks. De los premiados, los únicos que faltaron a la gala fueron Tony Kaye y Chris Squire (por razones obvias, este último). Y aunque Bill Bruford sí recogió su premio, luego no tocó con el grupo en la fiesta, ya que afirmó estar retirado de la música. Además, Bruford fue el único que no dio un discurso de agradecimiento por la inducción del grupo al Salón de la Fama.


Las canciones que interpretaron fueron “Roundabout” y “Owner of a Lonely Heart”, quizás, sus dos mayores clásicos, de los 70 y 80, respectivamente. En la primera canción, junto a Howe, Rabin, Anderson, White y Wakeman, subió a tocar de invitado Geddy Lee, legendario bajista de Rush, quien minutos antes le había dado una conmovedora bienvenida a Yes con un discurso muy emotivo. Luego, en “Owner…”, Steve Howe asumió el inédito rol de bajista, mientras, como de costumbre –cuando tocan junto a Anderson en la gira de ARW- Trevor Rabin y Rick Wakeman se bajaron del escenario para terminar tocando entre el público (Rabin con su guitarra y Wakeman con su famosa "guitarra-teclado").

Hasta Joan Baez se levantó para aplaudirlos...

LOS DISCURSOS

Como decíamos, los encargados de darle la bienvenida a Yes al Rock and Roll Hall of Fame fueron Geddy Lee y Alex Lifeson, ambos integrantes de Rush. Habían pasado cuatro años desde la –también tardía- entrada del legendario trío canadiense a este parnaso rockero, y ahora les tocaba el turno de recibir a sus colegas. Para eso, estas leyendas del rock canadiense dejaron de lado el típico bla, bla, bla de los discursos de este tipo, concentrándose en todos los recuerdos y vivencias que tuvieron en su vida en relación al grupo británico.


Lifeson: Estamos honrados de estar esta noche aquí haciendo esto. Es algo realmente grande. En mi caso particular, mi viaje con Yes comenzó siendo aún un adolescente, cuando descubrí The Yes Album, totalmente shockeado por esa cabeza sin cuerpo que se veía en su tapa. Sin dudas, Yes fue mi puerta de entrada en muchos sentidos. Y cuando Yes sonaba en mi cuarto, yo también tocaba al unísono. Me pasé un montón de horas tratando de sacar canciones como "Starship Trooper" y "Yours Is No Disgrace". ¿No es maravilloso ese remolino de sonidos con el que termina "Starship Trooper"? Lo debo haber escuchado un millón de veces. Yo amaba esa música. Aún más, me ensenaron a hacer lo mío… como nunca lo había hecho. Creo que nunca le hice justicia como se lo merecían, pero aun los amo. Yes me dio el regalo de la música, que es todo, como ustedes ya saben. Ellos me hicieron querer ser un mejor músico, y me otorgaron algo de esa determinación que hace que hoy pueda estar acá, en este escenario, para darle este tributo a esta banda asombrosa.  
Los dejo con esta reflexión: las elecciones musicales que hacemos en nuestra juventud nos ayudan a moldear eso en lo que luego nos convertimos. Elegí la intro de guitarra de "Going for the One." Elegí aprender como tocar "Starship Trooper" en una guitarra barata de segunda mano. Elegí el asombroso sonido de bajo de Chris Squire. Elegí la voz etérea de Jon Anderson. Elegí Fragile. Elegí usar una capa antes de que Rick Wakeman lo haga. Elegí estar afuera de tu casa toda la noche para ver a tu banda favorita. Elegí "Roundabout". Elegí el glorioso trabajo de guitarra en "Owner of a Lonely Heart". Tan hermoso. Elegí el Rock and Roll Hall of Fame. Y definitivamente, elegí Yes. 

Lee: Me gustaría que el Rock and Roll Hall of Fame me dé un par de minutos para contar acerca de algunas de mis experiencias personales con Yes, la banda. Imaginen esto: en los primeros setentas, me pasé de uno a tres años en el secundario, sentado en el fondo de la clase junto a mi amigo Oscar (…) Aun puedo recordar el día en que nos rateamos del colegio y nos fuimos a la casa de Oscar a escuchar música. Recuerdo como nos sentábamos con las piernas cruzadas en el piso de su cuarto, y como allí él me hizo conocer un álbum llamado Time and a Word de una banda que se llamaba Yes. Aun tiemblo con la parte de bajo en "No Opportunity Necessary, No Experience Needed", de la misma forma que lo hice la primera vez que la escuché. Por años la gente me pregunta porque elegí tocar en un bajo  Rickenbacker, y mi respuesta se centra en ese álbum, en esa canción. Luego Oscar me hizo escuchar "Yours Is No Disgrace" y después "I've Seen All Good People". En ese momento, sentados allí, con esas canciones sentíamos como nuestros mundos musicales, todo lo que habíamos escuchado hasta ahí, era desplazado, cayendo desde su eje. Yo podría haber sido apenas un joven músico que terminara tocando en un sótano en Toronto, pero a través de Yes, me introduje en un amplio mundo musical lleno de posibilidades. Un lugar en donde la música parecía no tener limitaciones.
Fue una noche de 1972, cuando Oscar y yo, además de este tipo que está hoy aquí al lado mío, Alex Lifeson, pudimos ir a ver en vivo a Yes en Toronto. El cielo parecía un alto domo de estrellas, y me acuerdo que Alex fue a comprarnos un par de bebidas. Aun puedo cerrar mis ojos y volver a ese momento, como si estuviera sucediendo ahora mismo. Intelectualmente, visualmente, visceralmente sentado en esa fila 10. Fue algo que yo no había visto o experimentado jamás. Fue en verdad profundo. No hace falta decir que cambió para siempre la manera en que yo tocaba o escuchaba la música. Y ahora estamos aquí, décadas después, y la música de Yes aún se me presenta como un continuo en mi vida. De parte de Oscar, mi buen amigo, y de Leo, el amigo de Alex, quienes no están aquí esta noche, además del propio Alex y de mí, quisiera darle las gracias a Yes. Es un grandísimo privilegio para nosotros honrar y corregir una total equivocación, para finalmente dar la bienvenida a Yes al Rock and Roll Hall of Fame.

Luego de estos emotivos discursos de inducción dados por Geddy Lee y Alex Lifeson, los miembros supervivientes de Yes entraron juntos al escenario, por primera vez desde el final de la gira Union, a principios de 1992. Esto fue lo que dijeron (prestar especial atención al hilarante discurso de Rick Wakeman).


Jon Anderson: En verdad, ¡esto es para todos los fans de Yes! (aplausos) Esto es curioso, porque recuerdo cuando estuve en el Hall of Fame, hace tres años, con mi hermosa esposa, Janey. Justo allí está ella. Y caminé por el Hall of Fame, en donde estaban todos mis héroes. Cada uno de ellos… Desde… Little Richard… No puedo creerlo, muchachos. Están tan hermosos. ¡Mírense! ¡Todos tan hermosos! ¡Wow! ¡Bill Haley! Bill Haley y sus Cometas. Stevie Wonder. Miren a todos esos grandes… Nosotros nos estamos uniendo a ellos. No puedo creerlo. Es en verdad asombroso. Yo tuve mucha suerte, como ustedes saben. Esta noche se cumplen 49 años de la noche en que conocí a Chris Squire en un bar. Fue en abril de 1968. Fue un momento mágico cuando conocí a Chris. Aún recuerdo cuando fui y le dije: “Hola, Chris. ¿Cómo te va?” ¡Él era tan alto! No podía creerlo.
De cualquier forma, fundamos la banda. Y tuvimos un guitarrista llamado Peter Banks. También tuvimos un baterista llamado Bill Bruford. ¡Oh, aquí está! Mr. Bill Bruford. Está justo detrás de mí. (risas) Pero Chris está en el cielo ahora. Y Peter Banks también está en el cielo y en espíritu. Ellos están aquí con nosotros esta noche. Eso es seguro.
No sé qué más decir. Amo estar aquí. ¡Muchachos, son hermosos! ¡Wow! ¡Hermosos! ¡Escuchen como gritan mis hijos, Damien, Deborah y Jade! No puedo creer que ya tenga nietos. Es asombroso. (risas) La vida me pasó tan rápido. No lo puedo creer. Estoy muy contento de que estemos en Yes. Yes significa rock para mí. ¡Aquí los dejo con el señor Trevor Rabin!


Trevor Rabin: Hola a todos. Esto es un increíble honor. Y está buenísimo ingresar a este Salón de la Fama junto a mis amigos y Neil y Jonathan y todos. Y además de todos los que han ingresado, me gustaría agradecerles a mi esposa, Shelley, y mi extremadamente talentoso hijo, Ryan. Por supuesto, también a Brian Lane, Larry Magid. Muchas gracias por todo, y les dejo a Rick Wakeman. Perdón, Alan White.

Alan White: Hola a todos. Gracias. Es genial verlos a todos aquí. Este ha sido un largo camino. Ante que nada, me gustaría agradecer al Rock and Roll Hall of Fame por este ingreso de nuestro grupo. Segundo, me gustaría agradecer a mi esposa y a mi familia por estar aquí conmigo esta noche. Y también, a todos y cada uno de nuestros fans alrededor del mundo. Por último, me gustaría nombrar a Chris Squire. He trabajado con él durante 43 años, y fue uno de mis mejores amigos. Y tuvimos una relación como ninguna. Y… gracias a todos por este premio. Gracias. 


Steve Howe: Okay, soy Steve Howe. Me voy a tomar solamente unos minutos, pero por supuesto nos encantaría agradecer a todos nuestros fans por no dejar de creer todos estos años que nos merecíamos ingresar en el Rock and Roll Hall of Fame [aplausos] La fama hace vacilar a mucha gente, y algunos se terminan quemando en su gloria. Otros, meramente, intentan ganar notoriedad por sus empeños musicales. Por eso, cada vez que suena nuestra música, aún mucho tiempo después de haber sido creada, esto ya es una paga para todos aquellos que la hicieron y un reconocimiento a aquellos que ya no están con nosotros. Permitiendo a éstos permanecer, iluminando a quienes contribuyeron en estas grandes ideas y melodías y letras y arreglos y dirección de la música de Yes.
Nada puede apartarnos de la responsabilidad que han puesto en nosotros nuestros fans, quienes, obviamente, tienen un oído diferente al de los amantes de la música en general, afortunadamente, para nosotros. Ellos son capaces de distinguir las texturas y las armonías y las disonancias y la dinámica de lo dramático y lo humilde, o de lo suave de un coro amoroso. Y como Bill solía decir, cada vez que le preguntaban, “¿Qué es la música de Yes?” Bill decía, simplemente, “Algo de ella es rápida y algo de ella es lenta”.
Quisiera robarles otro minuto para agradecer a mi maravillosa esposa y a nuestra maravillosa familia, quienes han estado detrás de nosotros durante los altos y los bajos. Los amamos mucho. Seguiremos adelante, para dar a conocer nuevos trabajos de Yes. Muchas gracias a todos (aplausos).


Rick Wakeman: ¿Esto se puede subir? (señalando al micrófono) La historia de mi vida. (risas) Ah, olvídenlo. Estoy muy contento de estar aquí por un montón de razones, ser incluido en este Salón de la Fama. Una de ellas es, en efecto, ser parte de Yes y haber sido incluido en el Rock and Roll Hall of Fame y la otra es algo que probablemente no debería decirles, pero a menos de una milla y media de este edificio es donde tuve mi primera experiencia sexual significativa. (aplausos) No. No. No. Por favor. Tampoco fue tan buena. (risas) De cualquier forma, como decía Steve, cuando le agradecía a su esposa, yo quisiera agradecerle a la mía. Desafortunadamente, ella no está aquí esta noche. Cuando la dejé esta mañana, creí que en realidad estaba en coma… el sexo aun es el mismo, pero la ropa para lavar se sigue acumulando.
Me gustaría agradecer, aparte de todos los muchachos de Yes con los que he trabajado, a mi padre, a quien le debo gran parte de mi carrera. En mi familia, a lo largo de los años, todos nosotros estuvimos metidos en la industria del espectáculo. Generalmente, éramos muy, pero muy pobres. Mi padre era imitador de Elvis. Pero no lo llamaban mucho para que hiciera ese papel en 1947. (risas) El me enseñó un montón. Aún recuerdo una vez que me sentó y me dijo. “Hijo”, él dijo, “No vayas a ninguno de esos baratos, sucios, desagradables y deprimentes clubes de desnudistas, porque si lo haces, seguramente veras algo que no deberías.” Así fue, por supuesto, cuando fui a uno de ellos y lo vi allí a mi papá. (risas)
Me gustaría agradecer un montón al Rock and Roll Hall of Fame por haber hecho ingresar a Yes. Quiero contarles, que estoy feliz que estemos en la tercera edad porque una vez que empiezas a envejecer, las cosas viejas como la próstata se ponen un poco en acción. Por eso me gustaría decirles cual importante es no dejar de hacerse el examen periódico de próstata, lo que en efecto me hice el lunes. A las damas presentes, ustedes no saben, lo duro que es. Te ponen en la vieja posición fetal, y escuchas el ruido del viejo guante de plástico cuando sale o el del guante de goma. Y entonces es como si tuvieras una ardilla adentro tuyo de vacaciones. Una vez que concluyó mi examinación, el doctor me dijo: “Mr. Wakeman, no hay nada de embarazoso en esto. No es inusual tener una erección con esta clase de procedimiento.” A lo que yo respondí: “No he tenido una erección”. Y él dijo: “Lo sé, pero yo sí”.

Traducción: Emiliano Acevedo


miércoles, 5 de abril de 2017

DUNA: UNA SAGA DE TEXTURAS, OSCURIDAD Y CANCIONES ROCKERAS, entrevista a Alejandro Villanueva

Su adolescencia transcurrió en los oscuros años de la última dictadura militar, viendo como pibes un poco más grande que él tenían que ir a la Guerra de Malvinas. Años de represión, desapariciones y censura. Una época durísima en la que Alejandro Villa Villanueva alimentó su sueño de poder -alguna vez- dedicarse a lo que más le gustaba: ser músico, tocar la viola y cantar. Y utilizando al rock como trinchera y motivación, le fue dando forma a esa ilusión, junto a otros pibes del barrio, juntándose en alguna esquina de Parque Chacabuco o Almagro. Eran tres chicos, Villa, Marcos y Luciano; quienes gastaban los discos de sus ídolos, intentando desentrañar esos sonidos que los apasionaban, alimentando su pasión rockera. A este trío se sumará Raúl, un guitarrista trenqueláuquense, llegado a Buenos Aires a mediados de los 80. Era la génesis de Duna, un grupo bien en sintonía con los sonidos de una época caracterizada por canciones de pop potente y las texturas sónicas del dark. Con ese logo inimitable, que el propio Alejandro diseñó con un par de reglas que usaba en dibujo técnico. Ya eran los primeros años de esa primavera democrática que luego se vio jaqueada por la hiperinflación y la decepción. Otro mundo, otro país, en el que no había ni vinilo para hacer discos debido a la crisis económica de fines de los 80. Poco después, Duna se transformará en Abejorros, un power trio muy rockero, bien de los 90, que duró hasta poco después de la crisis del 2001…

Pero eso ya es historia, una rica historia que nutre este presente que tiene a Duna de nuevo en funcionamiento, con un disco novísimo en vivo, tocando por todo el país y con un montón de proyectos. Por eso nos juntamos con Villa en un café de Parque Chacabuco, sin dudas, su lugar en el mundo, para que nos contara su historia plena de recuerdos rockeros. 

ENTREVISTA> ¿Cómo te inicias en la música?
Arranqué tocando folklore en la guitarra, a los ocho, nueve años. Aunque la maestra de música me echó por tocar cualquier cosa en la viola, por hacer desorden. De cualquier forma, yo insistí, volví al otro día con un bombo legüero y aquí estoy… (risas)

¿Y qué música se escuchaba en tu casa?
Como tenía una hermana unos años mayor que yo, le “robaba” los discos y los escuchaba. Así empecé a coparme con los temas no tan conocidos de los grupos. Por ejemplo, escuchaba Let It Be, de los Beatles, y me enganchaba más con canciones como “I Got a Feeling” que con los hits. Luego me empecé a copar con otras Black Sabbath, Deep Purple, Bowie; o Spinetta y Charly, de los que me volví fanático. Más tarde, entró a estudiar en mi colegio, al Mariano Acosta, mi amigo, el Tano Brizzolara, que traía discos importados que acá todavía no habían aparecido, las primeras cosas de The Police, sumado a discos de King Crimson, Roxy Music, Iggy Pop o los Ramones. Toda una data muy grosa del rock internacional, que afuera era habitual, pero que nosotros ni conocíamos. Y escuchar álbumes como Never Mind the Bollocks, de los Pistols, en 1978, poco después de haber sido editado, era una experiencia increíble. Por supuesto, luego me re copé con los primeros álbumes de U2 y con Talking Heads. Todos esos discos me influenciaron y me marcaron un camino a seguir, no tengo dudas.

¿Por qué te terminaste copando con tocar la guitarra?
Porque desde pibito siempre fui fanático del rock. Estaba solo en casa, porque mis viejos laburaban, agarraba el palo de la escoba y cantaba un tema de Queen. O ponía temas de The Police, intentando tocar la batería como Stewart Copeland. Es más, me acuerdo que cuando vinieron a tocar a Argentina, en diciembre del 80, justo tenía que dar examen de Biología en el secundario, y falté para ir a ver el show de Police, y directamente la cabeza me explotó. También era muy fanático de los Clash, pero no llegaba a entender esa onda tan políticamente comprometida que tenían en discos como Sandinista o London Calling. Lo que sí entendía era que con dos o tres acordes ellos hacían los temas, y eso estaba buenísimo. Fue una suerte escuchar músicos así de grosos, porque en esa época los pibes de barrio no teníamos la suerte de poder ir a estudiar a una escuela de música. Por eso, escuchando a estos tipos, su obra te inspiraba a hacer lo tuyo, a animarte a salir a tocar.

Entonces, ahí decidiste que la música iba a ser tu profesión…
No directamente. De hecho yo quise estudiar Ingeniería Civil, para luego estudiar Ingeniería Electrónica, pensando que así podría vincularla a mi pasión por la música y luego poder ser ingeniero de sonido. Porque en ese momento no existía la carrera de Ingeniería de sonido, como ahora. Al final, llegué hasta tercer año de Ingeniería, cuando pintó lo de Duna y ya no estudié más… Pero, volviendo a lo de los discos, después de escuchar todos esos grupos punk y new wave que sonaban en los primeros 80, me decidí a hacer música. Ahí me compré un bajo italiano, un eco, al que luego cambié por una guitarra eléctrica, marca Epiphone Genesis, que estaba re buena. Tenía un equipo Acoustic que era una porquería total, pero para mí era como tener un Marshall, imaginate… (risas). Empezaba una movida de pibes que nos animábamos a tocar, impulsados por los Clash y otros grupos, que simplificaron la cosa pero haciendo canciones de calidad. Obviamente, ya venía escuchando rock progresivo o grupos de acá como Serú Girán, que eran brillantes, pero cuya música era imposible de tocar para pibes que recién empezábamos. Entonces, ver a tipos como Strummer o Mick Jones, que salían haciendo una música tan buena, tan comprometida, con dos o tres acordes, te inspiraban a poder desarrollar lo tuyo.

Vos sos de la generación que fue a Malvinas, ¿no?
Soy dos años más chico, pero sí, tenía amigos del barrio que terminaron en el 82 yendo a la guerra. Igual me crié con una seguidilla interminable de gobiernos militares y represión. Por eso te terminabas acostumbrando a esa situación de mierda, ¿viste? A ver a pibes, compañeros tuyos de curso, que los venían a buscar a la salida del colegio, o tipos del barrio que desaparecían y nadie sabía más nada de ellos. Te acostumbrabas a esa tragedia de lo habitual.

Sos un músico autodidacta…
Sí. Estudié mucho con los discos, escuchando. Me gusta mucho crear texturas con la guitarra, por eso escuchaba a Brian May. Pero también escuchaba a tipos re estructurados como Robert Fripp o con un sonido re deforme, como el estilo de Adrian Belew, y me preguntaba: ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo sacan ese sonido? Escuchaba, veinte, treinta veces, cada disco, tratando de entender como lo hacían. Y me explotaba la cabeza, tratando de sacarlo. Me encantaba intentar crear esas texturas con la guitarra, ese colchón de sonido que no se sabe si es un teclado o una viola. Como, por ejemplo, lo que hacía Andy Summers en Police.

¿Y cuándo te animaste a cantar?
Desde chico, siempre canté, me gustaba mucho. Mi abuela, que era ciega, cantaba re contra bien, aunque no era profesional, y yo me quedaba escondido escuchándola, asombrado. Por eso siempre canté, casi sin darme cuenta.

¿De dónde salió el nombre del grupo?
Andamos buscando un nombre corto para el grupo, siguiendo el  ejemplo de Sumo. Algo corto pero contundente. Y se dio que habíamos leído Duna, la novela de ciencia ficción, y también éramos muy fans de la película, en donde trabajaba Sting. Buscamos algo corto pero muy sonoro. Y así quedó Duna.

¿Cómo fueron puliendo el sonido de Duna?
Nosotros tocábamos todos los días, varias horas por día. Re metidos en la cosa. Raúl (Arbelbide, guitarra), Marcos (Marafioti, batería), Luciano (Del Bene, bajo) y yo, éramos todos pibes, de 15, 16, 18 años. De a poco fue saliendo. Por fin, en el 86, hicimos un demo y se lo mandamos a Feedback, el programa que tenían Pergolini y Paluch en la radio. Ahí, la gente lo vota como “demo del año”. Ese demo en casete tenía “Final Marruecos”, “Gente moderna”, “Mundo digital”  y “Taxi en New York”. Luego, seguimos tocando, con un crecimiento bastante rápido en convocatoria. Así, nos metimos a grabar en forma independiente en Moebio, en 1987, producido por Rick Anna. Luego aceptamos la propuesta de Daniel Grinbank para entrar a su sello, DG Discos.

Ese primer disco homónimo del grupo, con toda esa estética blanco y negro en el arte, más ese sonido oscuro, estaba un poco influenciado por Joy Division, ¿no?
Sí, éramos re fanáticos. Claro, tiene influencia de Joy Division y otros grupos que estaban sonando en ese momento y nos volaban la cabeza. Por ejemplo, escuchábamos mucho Cocteau Twins, que era un grupo re sónico, con ese sonido muy texturado, o The Cure, obvio. Éramos re fanáticos de toda esa estética blanco y negro de las fotos, el arte de tapa y demás.

¿De dónde salió la letra de “Final Marruecos”, cómo se te ocurrió?
Estábamos en Villa Gésell, en la playa, metidos a full en una onda bien dark, con los pelos parados, todos vestidos de negro. Entonces se nos ocurrió una historia acerca de cómo sería estar en una relación, muy feliz, enamorado, y saber que se viene el apocalipsis, el fin del mundo. Desde esa temática, partió la idea de la letra. Y salió así, de una. Al principio se llamaba “Final”, a secas; hasta que un dj llamado Poppy Manzanero, que era manager de La Sobrecarga en ese momento, cuando estábamos grabando el demo, nos dijo: “Pero, esta música, es como Marruecos…” Y tanto jodió con eso que le pusimos “Final Marruecos” (risas)

¿Cómo era la movida del rock en esa época, a mediados de los 80?
Había un montón de lugares para tocar, varios en la zona de Palermo: La Esquina del Sol, El Jefe o Gracias Nena; en todos, te llevabas el sonido y tocabas. Si iba gente, bárbaro; y si no iba nadie, listo, no fue nadie, todo bien. Así de simple. Por ejemplo, nuestro manager, Roberto Costa, iba a los lugares con nuestro casete para que lo escuchen, y les preguntaba si podíamos tocar allí; si a los dueños de los lugares le gustaba, se mandaban; se arriesgaban a dar espacio a los grupos nuevos.

¿Y cómo les fue con el segundo disco (Un grito más, 1989) en plena hiperinflación?
Fue dificilísimo sacarlo, porque no había vinilo en el país para fabricar discos. Para mí, ese un discazo. Lo hicimos con Mariano López, el sonidista de Spinetta. Ese terminó siendo un disco mucho más conceptual, mucho más oscuro que el primero.

Y luego deciden cambiarle el nombre a la banda, ¿no?
Es que justo había salido el Fiat Duna, por eso nos terminamos cambiando el nombre, porque nos hinchaba mucho las pelotas que nos relacionaran con un auto por llamarnos Duna. Aparte era un auto que tenía una súper publicidad. Era un bajón. Por eso, ahí nos cambiamos el nombre a Abejorros. Era la misma banda –salvo Raúl, que se tuvo que volver a vivir a Trenque Lauquen-, pero con otro nombre. 

Claro, en Abejorros eran casi los mismos que en Duna, sin embargo, hay un cambio en el sonido, en las temáticas de la propuesta musical. ¿Coincidís?
En realidad, fue por el devenir de la época. El paso de los 80 a los 90. De tocar algo más pop nos hacemos más rockeros. Igual, siempre estuvimos mutando el sonido. A mí me gustaba mucho que cada álbum tuviera un concepto diferente de audio. Además nos comenzó a producir Rinaldo Rafanelli, quien influenció el cambio de sonido, nos potenció hacía algo más crudo, más rockero. También coincidió con el surgimiento de grunge, con Nevermind, de Nirvana, que nos encantaba. Es más, fíjate que fue el mismo Rinaldo quien nos convenció que pusiéramos “Calle Abajo” en el primer disco de Abejorros, porque nosotros no lo queríamos poner. Pero le hicimos caso y el tema reventó en todos lados, se volvió en uno de los más escuchados de esa época.

                             

¿Vivías de tu actividad como músico, o hacías otras cosas también?
No. Siempre laburé también en producción de shows. Cómo asistente, trabajando siempre atrás del escenario, en camarines, en los diferentes estadios donde tocaban las bandas, y demás. Por supuesto, trabajé mucho a partir de los 90, cuando empezaron a llegar bastantes grupos internacionales a tocar acá. Laburé en varias empresas dedicadas a la organización de shows, y, de hecho, hasta el día de hoy lo sigo haciendo.

Debes tener miles de anécdotas de esos shows…
Claro. Como una vez que les tuve que conseguir unos calzoncillos a los Red Hot Chili Peppers, para que los usaran durante el show. O un vodka a Bob Dylan, que se me rompió justo cuando se lo iba a dar…

Nooo… Contame eso, por favor…
Esa fue mortal, me quería matar… (risas) Claro, no había vodka en el camarín, y ya había tocado como telonera Celeste Carballo. Era una de las primeras veces que venía Bob a tocar acá, y quería un vodka. Pero tenía que ser uno como la gente, una marca Premium, nada industria nacional. Ok, me fui desde Obras a comprar uno a Unicenter, y le conseguí uno, creo que de marca Grey Goose, o algo así. Lo compré y cuando se lo voy a apoyar, se abre la caja abajo y se rompe la botella contra el piso… Así que tuve que salir corriendo a comprarle otro… ni me acuerdo como lo solucioné… Una situación parecida me pasó con Lemmy, de Motörhead

Nooo…
Sí, con Lemmy, quien me había pedido que le consiga un (whisky) Jack Daniels. A lo que yo le dije que no había. Para que… Se puso como loco: “¿Cómo que no hay, si yo lo vi?” Claro, él lo había visto en el Free Shop, pero acá, en los supermercados no se conseguía en ese momento. Así que el tipo me agarró del cogote, me levantó del piso y poniéndome literalmente contra la pared, me dijo: “Conseguime un Jack Daniels, porque no tocamos…” Afortunadamente, Igor, un stage hand argentino, tenía media botella en la casa, a quince cuadras de Obras, y la fue a buscar. Él me salvó la vida… y salvó el show también, por supuesto… (risas) Con otros era más fácil, por ejemplo los INXS, que se coparon con la cerveza Quilmes y la preferían, incluso, hasta por sobre las marcas extranjeras, que consumían afuera. Así que les llevaba las botellas de litro sin problemas… Trabajando en producción de shows, zafé en los vaivenes de mi actividad como músico. Además compuse temas para otras bandas, produje discos, eso también me ayudó… Sí, viví bárbaro de la música por momentos, pero en otros momentos, no. Porque eso también depende de la situación del país, ¿no?

Una pregunta que le hacemos a todos nuestros entrevistados: ¿Qué tema de otro te hubiese gustado componer a vos?
Uhhh… Un montón. Sin contar los Beatles y los Rolling Stones, por supuesto, que están más allá de todo… Pienso en “Space Oddity”, de Bowie, que aún hoy lo escucho y me encanta todo, su sonido volado, espacial, bien de esa época, junto con la letra, y como está producido. También “Smell Like a Teen Spirit”, de Nirvana, que es un tema genial, tiene de todo, me hubiese encantado haberlo compuesto.

¿Cuáles son las diferencias entre las épocas, para vos, que tocaste en los 80, en los 90 y ahora en los 2000?
Antes, en los 80, éramos pocas bandas, y ahora son muchísimas. Eso pasa por el rock se metió mucho entre la gente, ya no es un fenómeno marginal, pasó a ser masivo. Eso también genera mucho comercio, mucho negocio asociado a la música. Hay un mercado mucho mayor, pero eso no significa que los músicos ganen mucha más plata ni mucho menos. Por ejemplo, en su momento, nosotros laburábamos un montón, tanto en la primera época de Duna como con Abejorros. En esa época tocábamos mucho en las discotecas, dos o tres veces por fin de semana, todos los fines de semana. Había mucho laburo. Entonces, capaz que un mismo fin de semana tocábamos en discos de Ezeíza, después en Claypole, y después en Lanús… Íbamos, tocábamos, y después la gente seguía bailando música propia del boliche. Bueno, esa movida no existe más. No está más, porque a los chicos que van a bailar les interesa otra cosa, y a los que quieren ir a ver un show de rock, van a los lugares en donde hay shows de rock. No digo que esté mal o bien, solo que estaba buenísimo tocar todo el tiempo, y ahora es muy difícil poder hacerlo.

Es como que otras músicas le coparon la parada al rock, ¿no?
Sí, claro, en las discotecas, ¿no? Porque hay shows de rock y todo eso, pero, por ejemplo, cuando explotó el fenómeno de la cumbia, los grupos de rock quedaron apartados de todo ese circuito de discotecas que existía antes. Porque en las discos de la zona sur era habitual ir a ver tocar grupos como Soda, Virus, Duna u otros; y luego, a partir de los 90, el rock fue dejado de lado, y cada vez más, todo ese circuito fue todo más copado por la cumbia y la música electrónica.

En 2002 se separa Abejorros, cada uno de ustedes se va a hacer otra cosa. Ahora volvieron como Duna. ¿Cómo es este regreso?
Estamos pasando un momento de alegría enorme, porque esto comenzó de nuevo hace dos años y medio, cuando nos juntamos para hacer un show en La Trastienda. La idea no era seguir tocando. Simplemente, un concierto de reencuentro para tocar, porque nunca dejamos de vernos, aunque ya no tocábamos juntos. Inesperadamente, esa noche La Trastienda explotó, se llenó. No lo podíamos creer. Así que, ese regreso fugaz llega hasta hoy, porque nos volvieron las ganas de seguir a full con Duna.

Un regreso que vino acompañado por un álbum en vivo, Claroscuro…
Este nuevo disco en vivo que sacamos por PopArt, es un show que dimos en Trenque Lauquen, en diciembre de 2014. No es un Grandes Éxitos, sino un recorrido de toda nuestra carrera, unificando el repertorio de Duna, de los dos primeros álbumes de los 80, con algunos temas de Abejorros de los 90. Actualizándolos al sonido actual. Y quedó bárbaro. Es una grabación fresca, casi sin regrabaciones. Lo que quedó es prácticamente lo mismo que tocamos ese día allí.

¿Cuáles son los proyectos que tienen a futuro, Villa?
Ahora tenemos a un nuevo bajista, Nico Infante, porque Luciano vive en Brasil. Con esta nueva formación, vamos a hacer un EP de cuatro temas, nomas. Debido al vértigo de los tiempos actuales. A nosotros nos gustaría hacer, directamente, un álbum completo, pero porque en las redes los fans te piden material nuevo todo el tiempo, salimos anticipándolo con este EP. Más tarde, a fin de año, quizás, editaremos un cd completo de temas nuevos. También nos gustaría hacer cuatro o cinco videos clips más de nuestro último disco en vivo.


Emiliano Acevedo