miércoles, 25 de abril de 2018

UN PROMETEO MODERNO, entrevista a Fernando Blanco


Tener la oportunidad de entablar una charla con tipos como Fernando Blanco son experiencias que uno atesora especialmente. Respetuoso de nuestro laburo y, por propia virtud, llegó a la cita con una puntualidad inglesa. Se puso cómodo, pidió un café y apoyó el libro que estaba leyendo, Los Beatles como músicos, de Walter Everett, en la mesa. Parece que para este músico, escritor, y maestro especialista en la carrera de los Beatles, en grupo y solistas, siempre hay algo más que saber sobre los fab four. Justamente, rompimos el hielo preguntando por su reciente experiencia como coordinador y conductor de un encuentro interactivo, el pasado 11 de abril, que tuvo como protagonista a Geoff Emerick, el legendario ingeniero de sonido de la banda de Liverpool. En esa oportunidad, Blanco no solo entrevistó a Emerick sino que, también, tocó los temas a los éste iba haciendo referencia con su reconocida banda tributo a los Beatles, Nube 9.

A pesar de los cientos de entrevistas que le hicieron durante sus tres décadas de carrera, Blanco sigue siendo uno de los músicos más interesantes y entusiastas a la hora de un intercambio cara a cara.

Después de su partida de Los Súper Ratones, el peso de dirigir su carrera recayó sobre sus espaldas. Y este hecho parece no haberlo sobresaltado demasiado ya que su inquietud creativa le permitió hacer frente a la tormenta. Se consagró como solista, intérprete beatle itinerante en Nube 9, autor de dos libros junto al periodista Sergio Marchi, y desde el año pasado, bajo su idea y conducción, realiza el programa radial Ruido Blanco, los domingos, de 17 a 19, por FM Nacional Rock 93.7.

Les presentamos así una gran charla que no se ajustó a rígidos esquemas sino que fluyó en el diálogo musical con un apasionado cuyos sólidos y profundos conocimientos en el tema y su generosidad, incluso nos regalan una profunda mirada sobre nuestro tiempo.

ENTREVISTA: ¿Cómo pensaste y compusiste este nuevo disco?
En cuanto a las letras, son más autorreferenciales, más sentidas. Creo que reflejan momentos muy especiales que me han tocado vivir en los últimos tiempos. Siempre un disco es un reflejo de lo que vivís, pero acá me parece que puse más el corazón sobre la mesa. Canciones como “A la deriva” o “Al borde del abismo” tienen que ver con momentos duros que he vivido; y otros temas como “Voy a despegar”, pueden llegar a contar alguna sensación interna mía. Tal vez, elegí Luces y sombras como título del álbum, porque refleja esos aspectos que tenemos todos, ¿no? Hay momentos vividos que son para el olvido (o para el aprendizaje) y momentos de luz, en donde uno puede cristalizar lo que sueña. Por eso, la letra del tema “Luces y sombras” habla de eso, asumir esa dualidad nuestra y mostrarla, porque todos somos luz y sombra.

Esos momentos duros que nombrás, ¿tienen que ver más con lo profesional o con lo personal?
Lo profesional es difícil, pero amo lo que hago, y siempre fui para adelante sin dudar. He tenido que atravesar momentos más duros, como hace muchos años, cuando tuve que atender un quiosco de revistas… Después del éxito de Súper Ratones, tuve momentos muy difíciles. Pero no me quejo de eso. En realidad, creo que las letras se refieren a lo duro que fue la separación de una banda que había sido el sueño de mi vida, que yo había creado, y que, a la manera de Frankenstein, la vieja y excelente novela de Mary Shelley: fue un monstruo que se volvió contra mí. Quiso destruirme, pero no lo logró, afortunadamente. También las letras tienen que ver con otras cosas que he debido atravesar, como una separación de pareja, la muerte de mi madre… fueron todas cosas duras. Así que: “Bienvenido a la vida. Bienvenido a las luces y sombras.”

Tu tema “Monstruos” habla un poco de eso, justamente. ¿De dónde sale esa paranoia? Porque es un tema que te deja pensando…
¡Ja! (se sorprende)...y… tengo varios años de terapia. Creo que a veces uno se vuelve loco con ciertas cosas y se crea sus propios monstruos. Y si nos vamos a terrenos más psicoanalíticos, creé a los Súper Ratones como el doctor Frankenstein a su criatura. Creé un monstruo que después se volvió contra mí.

¿Ahí está el núcleo del tema?
Es que la novela de Frankenstein, que a mí me parece la obra literaria más grande que se haya escrito, tiene dos o tres lecturas posibles. El título del libro es Frankenstein o el Prometeo moderno. Fijate que Prometeo en la mitología es una criatura que le robó el fuego a los dioses, es decir, la sabiduría. Entonces el doctor al crear vida lo que está haciendo le está robando el fuego a los dioses y el monstruo que creó, luego, se le vuelve en contra y quiere matarlo. Que es como querer matar al padre, también. Tiene varias lecturas. Y bueno, uno a veces se crea sus propios monstruos porque si uno analiza, los peores enemigos, a veces, son aquellos que eran tus amigos en algún momento. Y yo debo hacer algo mal porque me pasa seguido. Esa canción fue una especie de catarsis.

A pesar del tiempo transcurrido ¿Sigue latente el dolor por tu separación de los Súper Ratones?
Pasaron más de diez años, pero es un dolor que me queda de por vida, porque fue mi sueño. Una banda en la que todos los integrantes se conocieron por mí, que yo inventé, yo le puse el nombre y le di la identidad. Y que cuando pensé que había llegado el momento de terminarla y dejarla dormir, para después –llegado el caso- poder resucitarla; sin embargo, nadie me hizo caso, todos se volvieron en contra mío y la pasé muy duró. En ese punto, mis opciones eran detenerme a pelear o seguir avanzando con lo mío; y me animé a seguir adelante. Ahora, después de diez años, acá estoy; con cuatro discos solistas editados, dos libros publicados y otro en preparación, con infinidad de shows dados con Nube 9, con cursos y viajes. Entonces, creo que elegí bien. Las dos cosas no hubiera podido hacerlas a la par.

¿Cómo te pegó la muerte de Person (José Luis Properzi)?
Hacía mucho que no lo veía. Yo me enojé con él cuando me fui de la banda. Incluso, antes de irme, ya estábamos un poco peleados. Creo que se equivocó en algunas cosas, pero no importa… El caso es que estábamos distanciados, y cuando me enteré de su enfermedad, decidí escribirle. Por suerte me contestó, y tuvimos una despedida conciliatoria, muy amable, que a mí me hizo muy bien. Pude hacer el duelo. Así que, cuando me enteré de su muerte, ya había hecho el duelo, ya había tenido mí despedida de él; y aunque me dolió, no me tomó por sorpresa. (Se emociona) Y te podría decir que me da mucha pena y que lo extraño porque creo que los Súper Ratones era nuestra banda. La armamos él y yo, componíamos los temas, cantábamos… Fui el primero en creer en su talento. Lo elegí como socio y le enseñé los rudimentos para que él empezara a componer y a tocar; y él desarrolló un talento al que yo le guardo mucho respeto y admiración.

¿Ustedes se conocían de chicos?
No. Nos conocimos porque yo estaba buscando alguien para formar una banda y un amigo en común me lo recomendó. Me dijo que había un flaco que cantaba como los dioses, ese era Person. Cuando me lo presentaron, le dije que, en realidad, necesitaba un batero: “Bueno, me compro una batería…”, me respondió; y al primer ensayo, tocó mejor que los cinco bateristas que yo había tenido o probado antes. Me acuerdo que hizo “Hound Dog”, el clásico de Elvis, y me quedé mudo de lo bien que lo tocó; así que ahí arrancamos a tocar juntos.

¿De dónde crees que surge el rock machacante de tu nuevo disco?
Mirá, el 90 por ciento de la música que escucho es de las décadas del 50, 60 y 70; o sea, rock clásico. Pero, cada tanto, me gusta incluir algo del rock que hay hoy. Lo que pasa es que no creo que haya mucho, siento que el rock está agotado. De cualquier forma, soy de tomar algunos elementos del sonido actual. Porque me gustaría, y quiero, sonar moderno, actual; pero con las bases del rock clásico que a mí me gustan. Porque, cada tanto, aparecen nuevos valores que redimensionan el rock. Como en los noventa, cuando apareció Lenny Kravitz, o más tarde el Brit Pop; así como en los últimos años Jack White

En una entrevista que te hice hace un tiempo, también me hablaste muy bien de Muse…
Claro, me gustan. Ellos traen de vuelta al rock elementos teatrales como los que tenía Queen. Por eso, como te decía, cuando veo a estos nuevos valores, me inspiran también en lo mío. Trato de buscar esa ecuación: la emoción –o la inspiración- del rock clásico más el sonido moderno. Eso es lo que intento. Es mi objetivo, por eso, cuando escuchas un tema mío como “Luces y sombras”, no suena a un rockito del sesenta, suena más actual; pero si te a ver los acordes, los riff, la forma, también respondería al rock de garaje de los sesenta.

También te inspiró un poco la Electric Light Orquestra en este nuevo álbum, ¿no?
Claro. En este último disco tuve dos influencias muy fuertes, para la parte de sonido y composición: Jeff Lynne, de la ELO; y Tom Petty. Jeff Lynne es un tipo talentosísimo, cuya carrera en el grupo y como solista me vuelve loco; y de Petty vas a encontrar referencias a su forma de tocar la guitarra acústica, a ese sonido tan característico. Volvemos al tema del rock clásico.

Además son dos tipos que trabajaron juntos, y aparte, con otro grande que te gusta mucho como George Harrison…
Claro, por eso, en el caso de Petty, es como una variante de abrir un poco el juego para seguir ahí metido en el sonido y los grupos que a mí me gustan.

¿Cómo fue la producción del álbum?
Me gustaría mucho trabajar con un productor, pero en este caso no pude. Lo produje yo. Tengo la suerte y la ventaja de contar con una banda de muy buen nivel, que es Nube 9. Entonces puedo darme el gusto de trabajar como a mí me gusta, como trabajaban las viejas bandas clásicas, que es ir al estudio con la canción y tratar de armarla ahí. Tengo la suficiente confianza en la banda como para ir al estudio, prácticamente, sin ensayo, y darle forma a la canción en toma a toma. Mientras los técnicos preparan los micrófonos y demás, yo les paso los acordes a los chicos, la partes, y, paulatinamente, vamos armando la canción. Un laburo similar al que hacían los Beatles o Elvis con su grupo, cuando estaban en el estudio. Por otro lado, también intenté ir grabando dos o tres canciones por día; como se hacía en aquella época. Entonces, cada canción va teniendo una identidad mayor a la que se tiene con la forma de grabar actual, que es muy buena económicamente pero que artísticamente te disminuye, que es hacer todas las bases primero, grabar toda la postproducción luego, cantar todo después, y al final mezclar todo junto. A mí me parece que eso le quita espontaneidad y gracia al disco terminado. A mí me gusta hacerlo canción a canción, y en este disco me di el gusto y creo que eso resultó bien.

¿Fue un brote compositivo o son canciones que juntaste a lo largo de los años?
Estuve demeando. Siempre me siento en la compu a demear. Estoy como mecanizado, tengo un período en el que con un iPod grabo, selecciono, bajo las ideas y hago los demos. Después elijo las canciones, a veces lo consulto con alguno de los chicos de la banda. Y de ahí surgen los temas que voy grabando. Aunque queda una gran cantidad de temas afuera.

Cuando Cerati estaba grabando Fuerza Natural, ¿puede ser que le hayas prestado un bajo? ¿Podés contarnos un poco la anécdota?
Mirá, yo a Gustavo lo conocía de cruzarnos varias veces. Por ejemplo en un viaje a Paraguay. Habíamos ido a ver la presentación de Dynamo (el disco de Soda Stereo). Había estado charlando varias veces. Una vuelta hicimos unos coros para Leo García. Siempre tuve un buen entendimiento con Gustavo. Un día me llama Uriel, uno de sus técnicos, y me dice: “Che, Gustavo tiene un tema súper Beatle y quiere grabarlo con un Hofner original y yo le dije que vos tenés uno. ¿Te copás?” Y yo le dije: “¡Por supuesto!!”. Entonces se lo llevé. Imaginate que ver una sesión de grabación de Cerati era un lujo. Bueno, le dio el bajo a su bajista pero se copó tanto con el instrumento que al final grabó él. Yo pensaba “Dejame que te lo toco yo” (risas) pero me mordí los labios. Gustavo estaba entusiasmadísimo. Noté que era un tipo que no era un músico virtuoso sino un talentoso. ¿Se entiende la diferencia? O sea era un músico creativo. Empezó a probar todo, y a mí eso me parece más valioso que un tipo que hace todo prolijito. Si no que buscaba, que laburaba con el sonido. Después nos quedamos charlando, me tiró un par de tips para grabar. Fue muy gracioso porque me dijo que los bajos los estaba grabando con un parlante. Entonces, le pregunté si eso lo había leído en el libro de Geoff Emerick y me dijo que sí. Me preguntó sobre Nube 9, mi banda, quería saber qué significaba el nombre. Y le dije que expliqué que era un estado de meditación y le resultó súper interesante. Incluso, lo anotó en un cuaderno suyo de notas. Y después en el tema “#”, termina diciendo “Nube 9 / Diez conviene / Once, yo doce, vos trece… Paré de contar”. Así que tengo el privilegio de tener una banda que fue nombrada por un tipo talentoso como Cerati en su último disco.  

Justamente, ese disco tiene una variedad de colores de guitarras en cada tema…
Sí, por eso. A lo que voy es que la gente tiene la idea de que el tipo fue una especie de arquitecto frío y yo vi un tipo muy obsesivo, muy meticuloso pero también un talento, no un tibio o frío sino alguien que se entregaba a la música.

¿Cómo surge tu proyecto de escribir libros en coautoría con Sergio Marchi?
Mirá, la vida me ha llevado a convertirme en una especie de multimedia (risas) no sé bien por qué pero tuve que reinventarme. Pensá que abandoné un proyecto propio de más de 20 años. Mi único potencial es mi deseo, mi energía para hacer cosas. Y mi amistad con Sergio Marchi ocasionó que me comentara que estaba planeando un libro sobre la separación de los Beatles y como siempre hablamos de Beatles solistas, le dije “¿por qué no armamos algo recorriendo los discos?” Y una editorial lo aprobó, y ahí arrancó una carrera de una especie de periodista de investigación junto a un tipo que ya tiene un nombre como Sergio. Así que considero un privilegio haber hecho dos libros con él y un tercero a punto de editarse.

¿Qué aporte hacés en esos libros?
Como siempre planeamos centrarnos en la música de los Beatles en grupo o solistas y como soy un obsesivo de lo musical de esta banda y sus integrantes, generalmente, le doy a Sergio una especie de bodoque, escrito de una manera muy tosca, con mucha información, desde una óptica musical, y él revisa todo lo que yo le mando y lo escribe desde su óptica de periodista y buen escritor. Somos un buen complemento.
 
¿Y tu proyecto radial?
Bueno, la radio surgió muy de causalidad. Bobby Flores me conoce desde hace años y como Nacional Rock tiene una programación hecha por músicos, supongo, que por la labia que tengo y el conocimiento me convocó, nos juntamos y ahí le planteé que yo tenía mucho conocimiento pero de rock anglosajón. Entonces, me dijo que estaba bien pero que armara un programa que contenga algo de rock nacional también. Y le propuse hacer un programa donde, sobre la base de una canción de los Beatles, podamos rastrear todo lo referido a ella incluido el terreno del rock local. Entonces se plantea qué canciones son similares, qué temas influenció, etcétera. Es decir, conectar esa canción de los Beatles con otras, incluidos temas de rock nacional. Y se convirtió en un programa atractivo. Tengo entendido, que es el que más mide los fines de semana. Estoy súper contento. Incluso este año me ofrecieron extenderlo a dos horas así que la segunda hora planeé el especial de una banda en particular.

Y en los seminarios, una faceta más pedagógica, ¿qué temas desarrollás?
Yo los llamo “curso” más que seminario. Tomé una idea de Alejandro Dolina que dice “Cuanto más sabés de algo, más lo disfrutás”. Es decir, el saber te proporciona más y mejores placeres. Entonces, por qué no compartir todo lo que he leído, todo lo que sé y lo que he vivido, porque ya fui más de nueve veces a tocar a Liverpool, estuve en Estados Unidos, he grabado y tocado con personas que han tenido que ver con la historia. Y con un amigo, Marcelo Nusenovich, que se encarga de toda la parte técnica y administrativa, armamos este curso que se llama Experiencia Beatle en que hacemos encuentros sobre cada disco de los Beatles, en orden cronológico, y desarrollamos todo lo que tenga que ver con ese material: contexto social, data, momento del grupo, cuestiones técnica de composición, grabación, y después un análisis canción por canción. Y como broche, termino tocando un par de temas en vivo. Este año es la tercera vez que lo dictamos. También hice un par más sobre Beatles solistas, uno de Queen que hice el año pasado. Son cursos en profundidad, te tiene que gustar mucho el tema y, realmente, la gente lo agradece. El año pasado surgió una cosa increíble: como viajábamos a Liverpool con Nube 9, le propusimos a los participantes que quisieran que viajen con nosotros y se engancharon más de 30 alumnos. Hicimos varias visitas por sitios en Liverpool, entramos a Strawberry Fields, en donde no entra nadie. Y como grabamos en Abbey Road algunas canciones de Nube 9 para un futuro disco, los alumnos entraron con nosotros, y grabaron los coros en un tema. Así que fue el viaje de egresados perfecto (risas).

¿Hay un proyecto de disco, entonces?    
Sí, este año la idea es grabar un disco de Nube 9 con canciones propias.

¿En castellano?
Sí. Lo que pasa es que Nube es una banda de covers pero es una muy buena banda, con muy buenos músicos. Todos componemos, casi todos hemos hecho discos solistas. Entonces, digo, por qué no arriesgarse. Es como un proceso a la inversa, hicimos discos solistas y ahora en banda.

Yo considero que tu canción “A la Deriva”, es como contar un bajón pero a la manera beatle, letras tristes para melodías alegres. ¿Coincidís?
Sí, es un gran ejemplo, porque es algo que los Beatles solían así. También los Kinks, ahí diste en el clavo, porque Ray Davies es uno de mis grandes ídolos. Y este tema tiene algo de eso, tomarte la tristeza un poco en broma. Lo mismo que hacían los Beatles en “Help!”, la gran emblemática, música comercial y alegre pero, como decía Lennon: “Nadie se daba cuenta pero yo estaba pidiendo ayuda”.

¿En “No aprendimos nada”, tomaste la realidad sociopolítica argentina como inspiración?
Sí, debo decirte que así fue. Es una canción que da cuenta de mi visión social. Creo que ya había hecho un ejercicio similar cuando compuse “La Autopista del Sur”, en ¡Urgente! (2003), el disco de Súper Ratones. Curiosamente, en esa canción estaba siendo pesimista en un momento bueno que era bastante esperanzado, cuando recién había asumido Néstor (Kirchner); pero yo aparecía diciendo que “cuando todo comiencen a avanzar, nadie va a recordar a nadie en La Autopista del Sur”, haciendo una analogía social, a partir del famoso cuento de Cortázar. Ese tema fue cortina de (el programa periodístico de TN) A dos voces. Me acuerdo que una periodista me criticó y dijo que no le gustaba esa canción porque era “muy pesimista”. Y después, con el paso del tiempo, me di cuenta de que tenía razón en ser algo pesimista. Es lo mismo siempre, todos arrancamos y al rato nos olvidamos de los demás. Y “No aprendimos nada” es una relectura de eso, pero más pesimista aún. Porque para gente que está en sus cuarenta, que tiene la edad que tenemos nosotros, ya ha visto pegar dos o tres vueltas al país en lo económico y político social. Y eso es algo que te entristece. En un momento la canción dice: “Hay caras que pensé que nunca más iba a volver a ver…” Decime si no te pasa, que decís “¿este tipo otra vez acá?” Te desilusionás, lamentablemente. El tema tendría que haberse llamado “No aprendimos un carajo” (risas).

“El Karma de vivir al sur”, como diría Charly.
Claro, pero Charly siempre fue más poético (risas). Y bueno, fue eso y lo invité a Vitico a tocar el bajo que fue una interesante experiencia porque le dio el toque de base bien duro que también me encanta.

En el caso de “Tratando de llegar a vos” considero que suena a Harrison…
Sí. La verdad que adoro cuando Harrison se mezcla con Jeff Lynne. Me parece una de las combinaciones más lindas que dio el mundo de la música. En los 80 George venía sacando unos discos que no tuvieron mucho suceso y estaba prácticamente retirado y cuando aparece Jeff, un beatlemaníaco total, revive lo mejor de Harrison. Así que si pude captar un poquito de esa unión y si mi tema te sonó a Harrison, soy feliz.

¿Cómo va el proyecto del futuro disco de Nube 9?
Bueno, grabamos seis canciones en Abbey Road, nos falta terminarlas y grabar algunas canciones más.

¿Cómo está ese legendario lugar, hoy?
Grabamos en el estudio. Está todo, aunque el equipamiento ahora es moderno, la sala está igual, con los pianos que usaban los Beatles. Es el lugar donde se hizo la obra musical más importante del siglo XX. La verdad que fue unos de los mejores momentos de mi vida. Fue como tocar el cielo con las manos.

¿Qué canción de otro músico te hubiese gustado componer?
Oops!... (piensa) Te podría decir “Help!”. Esa es la canción perfecta para mí. Tiene una letra profunda, una melodía increíble. Con pocas notas pero con cambios de acordes bien al estilo Lennon, tiene buen ritmo, buena interpretación, buenos arreglos, coros. También, me hubiera gustado componer algo como “Rapsodia Bohemia” o como “Mister Blue Sky”, o “Good Vibrations”, de los Beach Boys, que es otra obra maestra.

Bueno, los Beach Boys es otro de tus referentes...
Sí, sí. Brian Wilson me sigue pareciendo un genio. El rock ha tenido la suerte de contar con un puñado de tipos indispensables.

Lo loco es que varios de ellos trabajaron al mismo tiempo…
Sí, fue un momento de la historia donde surgieron una serie de tipos con un talento increíble.

¿Un momento irrepetible para vos?
Sí, van a pasar muchos años hasta que haya otra vez una revolución y un movimiento igual de importante. Porque todo eso se dio en un momento muy particular de la historia que tuvo que ver un poco con el talento de 10 tipos indispensables pero también tuvo con un contexto en el que los medios de comunicación estaban adolescentes, la humanidad estaba adolescente. Un momento muy humanista, donde había sueños y ebullición artística. Hoy estamos en otro período más escéptico, aburrido, más tecnológico e individualista. Tal vez la creatividad está en otros lados. Por ejemplo, en el diseño de productos, en el dibujo, en la arquitectura. La música tuvo un pico muy alto y fue parte de un cambio social. En la década del 60 o 70, escuchar música era un evento. Uno se sentaba delante de un disco y había que cuidar ese evento y además lo que escuchabas te daba identidad. Con el avance de la tecnología, la música se ha convertido en un accesorio. Hoy, te ponés auriculares inalámbricos, elegís la música desde un celular y casi no implica un gasto económico.

Y ¿qué sentís cuando tu disco es escuchado en Spotify?
Y, para mí, es menos palpable. Me gusta cuando compran mi disco o lo regalo y me cuentan cómo fue escucharlo. Lo otro me cuesta verlo pero es un tema generacional. Aunque escucho música en Spotify para mí no tiene el mismo valor. No me conecto tanto, no tengo la responsabilidad que conlleva cuidar algo físico. Es como hacer el amor con un holograma. No es lo mismo. Me parece que la música perdió valor en la sociedad. Yo creo que, por ejemplo St. Pepper´s, le cambió la vida a la gente, la forma de pensar, la forma de percibir.

Teniendo estas vivencias de otro mundo pero siendo músico ¿cómo se hace para no ser apocalíptico y pensar que el rock ya dio todo lo que podía dar?
(Respira hondo y piensa) Y, por algo la mayor parte de mi actividad tiene que ver con un período de la historia del rock.

Pero hacés canciones nuevas…
Sí, hago canciones nuevas pero me cuesta mucho. Trato de llevar mi carrera solista pero no lo hago con la misma intensidad que con Nube 9. Me cuesta no ser apocalíptico. Creo que el gran momento del rock ya pasó, lamentablemente. El rock ha sido un movimiento enorme porque fue como una esponja, se nutrió de todo. Fue un movimiento menos cerrado y prejuicioso que otros. Pero la verdad, es que si uno le presta atención a lo que se está escuchando hoy como música hegemónica, encontrás poco rock. De hecho, Argentina es uno de los países más rockeros que quedan. En Inglaterra, el año pasado, fuimos a un pub a tomar algo y sonaba “Despacito”. Incluso, el pop contemporáneo poco tiene que ver con el pop rock de otras épocas. Tal vez, se puede hacer un análisis más profundo: Hoy vivimos a mayor velocidad, es una forma más individualista, la mayoría de nosotros accedemos y nos ahogamos a nosotros mismos con nuestros equipamientos y ya no hay magia. Recuerdo que cuando empezamos con los Súper Ratones, el dueño de un local de pulóveres nos había contratado para tocar en vivo en la vidriera como una forma de publicitar el negocio. El lugar se llenaba de gente y se volvían locos al ver un grupo tocando, al ver los instrumentos. Hoy si hay una banda tocando en la esquina, la gente pasa con cara de “uy, qué molestos”. Evidentemente, eso se volvió vulgar. Cualquiera puede hacer cualquier cosa. Hoy podés aprender a tocar la guitarra en Internet. Pero bueno, los tiempos cambian, cada generación va buscando diferenciarse de la anterior. En un momento, parecía que la música electrónica iba a ser “lo nuevo” pero la verdad, es que en ninguna manifestación artística hubo la magia que se dio en el momento de surgimiento y apogeo de los Beatles, los Rolling Stones, Brian Wilson, Ray Davies, Pete Townshend, Bob Dylan. Los indispensables.

Entrevistó: Emiliano Acevedo


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