Cada vez que muere un artista que admiramos
mucho, es común sentir una profunda tristeza, como si esa persona que ya no
está hubiese sido alguien de la familia, o un amigo cercano, por más que no lo
hayamos visto en vivo jamás. En el caso de los músicos, seguramente, se piensa
en su obra, en algunos de sus discos, o en alguna canción suya en particular
que nos acompañó en nuestras experiencias vitales individuales. Se recuerdan
esos pequeños momentos de escucha atenta que hicieron crecer en nosotros la
admiración que sentíamos hacía ese ser. Por eso, no es difícil imaginar cuanta
gente, cuantos fans del rock progresivo se habrán sentido así de tristes y
melancólicos el último jueves 26 de mayo, cuando se enteraron queAlan White había dejado de
existir. De pronto se apagaba la vida de uno de los bateristas más grandes del
rock progresivo, que tuvo su apogeo en los primeros años 70, miembro del
grupo legendario Yes desde 1972.
Alan White había nacido en Pelton, Condado de Durham,
Inglaterra, el 14 de junio de 1949, y tuvo una carrera musical de más de seis
décadas. Se había iniciado en la música a los seis años, con clases de piano; a
los 12 años comenzó a tocar la batería y un año después ya estaba actuando en
el circuito de clubes, formando parte de más de 13 bandas.
Justamente, a los 13 años estuvo tocando en una
banda llamada The Downbeats,
llegando a aparecer en algunas notas en pequeños periódicos locales, debido a
su corta edad. Años más tarde, White tocó durante gran parte del año haciendo
covers de los Beatles y otros grupos
británicos de mediados de los 60. En esa época, Alan trataba de mejorar su técnica
elaborando nuevos estilos rítmicos, aunque no enterraba del todo su interés
acerca de eventualmente cursar estudios superiores en arquitectura, su otra pasión.
Sin embargo, en 1965 su amor por la música pudo más, cuando su nuevo grupo The Blue Chips firmó contrato con
PolyGram Records, después de ganar un concurso organizado por la famosa revista
inglesa Melody Maker. Más tarde White
se unió a The Gamblers, tocando con
ellos tres meses en Alemania durante 1966.
Luego Alan pasaría por un montón de bandas de corta
vida durante los últimos 60, incluyendo a la Ginger Baker's Airforce (en donde tocó teclados). De este grupo se
fue a tocar con otros músicos, llegando a pasar dos años en la Terry Reid's Band. Fue así que en 1969 recibió
una llamada inesperada de John Lennon,
quien requería los servicios del joven Alan para la Plastic Ono Band. Lennon primeramente llevó a White a tocar en el Festival Internacional de Rock Revival
en Toronto, en una formación que incluía al gran Eric Clapton en guitarra y a Klaus
Voorman en bajo. Los integrantes del grupo, que prácticamente se vieron por
primera vez en el aeropuerto, ensayaron en forma mínimo dentro del avión, en
donde Clapton y Lennon tocaban guitarras acústicas mientras White golpeaba con
sus palillos la parte superior de las butacas, tratando de llevar el ritmo. La performance
hecha en Live Peace In Toronto aunque
fue un poco caótica y desprolija fue grabada e incluida posteriormente en un
fresco y rockero album. Tiempo después, en enero de 1970, White participaría también
de la grabación de una de las más memorables canciones de la etapa solista del
ex beatle, "Instant Karma" y en su soberbio álbum Imagine de 1971, uno de los discos clásicos
de la era. White también tocó en álbumes de George
Harrison (el monumental triple All
Things Must Pass), Doris Troy, Gary
Wright y Alan Price entre 1969 y
1972. Adicionalmente, también hay que decir que Alan
Price había trabajado como productor de una banda de White llamada Griffin, que incluía a Graham Bell, Ken Craddock, Pete Kirtley
y Colin Gibson, quienes grabaron un
disco en 1969.
Todos estos grupos engrosaron los antecedentes de
White, que empezaba a ser considerado como una promesa dentro de la escena
musical británica. Por todo esto no fue nada extraño que Yes lo haya elegido en 1972. En ese año el grupo perdió a su
baterista original, Bill Bruford, el
cual había ganado una gran fama tocando en una forma monumental e innovadora
durante cuatro años con Yes, convirtiéndose en ídolo y espejo de miles de jóvenes
bateristas alrededor del mundo.
Debido a sus complejos
ritmos y su forma de tocar muy influenciada por el jazz, Bruford se había
convertido en uno de los más populares y queridos miembro de Yes. Sin embargo,
Bill no se sentía muy cómodo en el seno del grupo ya que ansiaba desarrollar su
técnica dentro de un marco más experimental, luego del magnífico e inolvidable
quinto disco de Yes, Close to the Edge.
Fue así que durante la primavera (boreal) de 1972, Bill empezó a pensar en
marcharse, dejando finalmente a la banda el 19 de julio de 1972 para irse a King Crimson. El hecho de que Alan White
fuera amigo de Eddie Offord
(productor de Yes) y de Jon Anderson,
ayudó para que Alan ingresara en el grupo. El mismísimo Bruford, en persona le
dio la bendición y el visto bueno a su sucesor.
En efecto, White fue al estudio en los meses
anteriores a la salida de Bruford, para mirar y escuchar lo que estaba pasando
en el grupo, e incluso tratar de aprender el material de Close to the Edge para tocarlo él mismo más tarde. Después de la
salida de Bruford, White se aprendió en tres semanas el repertorio completo del
grupo de cara a los futuros conciertos, shows y giras por venir. De esta manera
White nunca más volvería sobre sus pasos, ya que desde la gira de verano de
1972 hasta 2022, nada le quitaría su lugar como miembro fijo de Yes.
Los fans del grupo asimilaron la presencia de White
paulatinamente. Primero durante la primera gira y luego en el histórico álbum
triple en vivo Yessongs que vino de ahí.
En este disco, Bruford aún tocaba en varios de los temas incluidos, pero sin
embargo es White el baterista en la mayoría del material, incluyendo la suite "Close
to the Edge". Más tarde llegaría la grabación del controversial Tales From Topographic Oceans, disco
doble amado y odiado por igual por el público y por la crítica respectivamente.
Esta fue una producción acusada de ser pretensiosa. De cualquier forma fue un álbum
histórico. En dicha obra White exhibía un trabajo muy bueno y preciso que no hacía
extrañar en demasía a Bruford, por ejemplo fue destacada por demás su labor en
el interludio percusivo del imponente "Ritual, Nous Sommes Du
Soleil".
Luego de grabar el monumental Relayer en 1974, los miembros del grupo deciden tomarse un descanso
para no destruir por completo el seno de la banda, que venía sufriendo el
desgaste propio de las relaciones interpersonales de los integrantes. Es así
que entre los años 1975 y 1976 se editarían sendos discos solistas de cada uno
de los miembros de Yes. De esta forma, White graba un disco solista llamado Ramshackled, en clave de fusión con
sonidos algo intrascendentes como el boogie
con influencias caribeñas. En dicho álbum colaboran Jon Anderson y el guitarrista Steve
Howe en la hermosa canción “Spring, Song of innocence”, uno de los puntos más altos
de la placa. Sin embargo, el disco pasó bastante desapercibido y quedó deslucido
en comparación con el material solista editado por el tándem Anderson - Howe - Squire.
A principios de 1977 vuelve a juntarse Yes -nuevamente con el tecladista Rick Wakeman en la formación-, editando
un buenísimo disco llamado Going For The
One, el cual sería continuado por Tormato
en 1978. Sin embargo, a fines de 1979 llegaría a su fin la formación clásica de
Yes luego de un desastroso y frustrado intento de grabar un nuevo disco en
Paris. En ese mismo año White se quebró la rodilla patinando en un roller-disco.
El párate posterior del grupo y las divergencias artísticas
existentes entre Anderson con respecto a Squire y Howe precipitarían el final
de la banda a principios de 1980. Más tarde, a pesar de las idas de Anderson y
Wakeman, White junto a Steve Howe y Chris Squire se pusieron a ensayar como
trío hasta que se les unen (los dos Buggles)
Trevor Horn y Geoff Downes, para darle forma a la grabación de un potente y muy buen
álbum llamado Drama, que daría un
franca revitalización al sonido de Yes. Si bien esta formación se separó al
poco tiempo, Yes volvió rápidamente con nueva formación en 1983 en el exitoso disco
90125 y el resto es historia
conocida...
Luego de haber tocado casi 50 años en Yes es
innegable que White se ganó un lugar fijo e intocable dentro del seno de la
banda. Ya no tiene mucho sentido preguntarse si las habilidades de Alan White
en la batería igualan a las de su colega Bill Bruford o no. Después de todo, es
muy cierto que el estilo de ambos es bastante distinto. El público reconoció la
creatividad y eficiencia de White, tanto en el vivo del grupo como en sus
diferentes álbumes en estudio. Además, no es tan sencillo tocar igual de bien y
eficientemente en materiales tan diferentes como Tales From Topographic Oceans, Magnification
o Big Generator, y White lo ha hecho
en forma sobria y sin problemas en todos los casos. Su permanencia y labor como
miembro fijo de una banda tan grande como Yes le dieron a White un lugar dentro
de la nómina de los más famosos y renombrados bateristas británicos junto a luminarias
de la talla de Ringo Starr, Charlie
Watts, Keith Moon, Ginger Baker, Carl Palmer, Bill Bruford, Phil Collins, Nick
Mason, Mitch Mitchell, Ian Paice, Jim Capaldi y John Bonham.
Fotografías: Francisco López Illán (@franciscolopezillan)
Nube por nube, el primer disco con temas propios de Nube
9, es un memorable
giro en la carrera de esta banda dedicada a recrear la música de los Beatles,
así como también interpretar el rock de los 60 y 50, entre varios repertorios, que
nos tiene acostumbrados a la excelencia musical desde hace veinte años. Un
álbum con composiciones variadas, repletas de diferentes estilos musicales,
pero siempre en sintonía con el rock y el pop cancionero de calidad.
En esta nota recorreremos las historias detrás de
esta colección de canciones de la mano de Fernando
Blanco (voz y bajo) y la guitarrista Lucrecia López Sanz, y echaremos
un vistazo a cómo fue la difícil tarea de darle vida a este disco lleno de
magia.
Un álbum (disponible desde diciembre en todas las
plataformas digitales) que la banda presentará en vivo el próximo sábado 12 de marzo a las 21 horas en Rondeman Abasto, Lavalle 3177.
ENTREVISTA> ¿Cómo pensaron y cómo surge el disco?
Fernando: Si
bien Nube 9 nació como una banda de
covers, en algún momento también tuvimos la necesidad de canalizar la parte
creativa. Yo venía de una banda [Súper
Ratones] en la que hacíamos material propio, pero los demás chicos no, y
siempre estuvo esa idea. Por alguna razón u otra lo fuimos postergando hasta
2017. Este es un puntapié para adelante y vamos a ver por dónde nos lleva este
camino.
Lucrecia: Así
es, este es un proyecto que tuvo una gestación de cuatro años, desde 2017 hasta
el año pasado, con la pandemia en el medio. Básicamente, son tres tandas de
canciones que fuimos armando. Todo empezó porque en 2017 fuimos a Liverpool a tocar
de nuevo en la BEATLEWEEK (la semana
beatle), y nos planteamos la posibilidad de juntarnos a armar algunas canciones
y aprovechar el viaje para ir a grabar a Abbey Road. Así lo hicimos, juntamos
algunas ideas y preparamos unos ensayos en los que armábamos las canciones. Así
que después pasamos dos días en Londres, en jornadas de grabación de 10 horas
cada una, en los míticos estudios de Abbey Road, más precisamente en el Estudio
Número 2. Por supuesto fue una experiencia maravillosa porque combinamos
nuestra tarea de músicos con todo eso que tenemos de fans de los Beatles, y de tantísimas obras
maravillosas que se crearon en esos estudios como Dark Side of the Moon, de Pink
Floyd, y demás. Así que en esas dos jornadas registramos algunas canciones.
Luego hicimos otra tanda de canciones a fines de 2018, comienzos de 2019 y la
última tanda de canciones la armamos el año pasado. Todo ese proceso de composición
y grabaciones es lo que dio por resultado este disco Nube por nube.
¿Tuvieron
un productor o lo hicieron ustedes?
Lucrecia:
No, todo fue auto gestionado por nosotros. Sí, trabajamos con algunos técnicos,
pero todo lo que fue producción, arreglos, todo fue hecho por nosotros. Así que
fue un laburo de hormiga y estamos súper contentos con el resultado porque era
una asignatura pendiente que teníamos después de tantos años de estar
trabajando juntos.
¿Cómo
fue el proceso de composición de los temas del álbum?
Lucrecia:
De todo un poco. Hubo canciones que ya teníamos armadas y las fuimos terminando,
otras que fueron surgiendo en la marcha. Hay canciones de cuatro de nosotros.
Fernando:
Sí, nos juntamos y hubo un brainstorming,
empezamos a compartir algunas ideas. Julián
Carranza y Fer Viola, el
tecladista, trajeron un par de temas y les dimos forma. Después, por otro lado,
yo tenía algunas ideas más definidas y otras que le fui pasando a Lucrecia, que
ella le puso letra; o también a veces ella trajo alguna idea de tema y yo la
ayudé a terminarla, así que hubo ahí una interacción compositiva con Lucrecia
que estuvo buena.
Lo
que me llamó la atención del álbum es que está muy bien secuenciado el orden de
los temas, es ideal para escuchar de punta a punta, un tema detrás del otro,
como los discos de antes. Inclusive hay canciones que parece que dialogan entre
sí.
Lucrecia: Exacto.
Pensamos el orden de los temas para que suene entretenido y variado, pero que a
su vez tuviera una continuidad lógica y poder ir alternando compositores o
tipos de canciones. Porque es un disco que tiene canciones de rock, después hay
baladas, un poco más lentas…
Fernando: Concuerdo.
Es muy bueno esto que me decís porque para mí siempre es importante el tema de
la escucha de un disco y lo discutimos bastante, sobre todo con Lucrecia,
porque los dos tenemos la escuela de George
Martin. Él tenía algunos principios con respecto a la escucha de un disco:
que tiene que abrir fuerte, que tiene que terminar fuerte, etc. Hay varios
conceptos que tienen que ver con el tema de una escucha más amena, así que lo
discutimos bastante, e hicimos un par de opciones de orden del secuenciado de
temas hasta que llegamos al definitivo.
LAS CANCIONES
Me
llamó la atención en el primer tema “Para adelante”, esas guitarras bien
rockeras, en una onda The Yardbirds…
Lucrecia:
Sí, claro. Ese tema es uno de los que armamos para ir a grabar a Abbey Road.
Por supuesto está influenciado por todas las bandas que nos gustan y que hemos
interpretado en vivo. La letra es de Fernando, la música la hicimos entre los
dos. Es un tema prácticamente grabado en vivo, con unas pocas sobregrabaciones
de voces.
Fernando: Este
es un tema con un riff bien al estilo de los Yardbirds o de Jeff Beck,
la idea era hacer un rock bien sesenta, pero darle una impronta también de los
setenta. Hacía rato que tenía ganas de hacer un tema que estuviera cruzado con
un estilo más rhythm and blues inglés.
Tiene una cosa más inglesa que rocanrolera norteamericana. Guitarra ácida y una
letra optimista.
¿Cómo
te salió el tema “Arenas movedizas”, Lucrecia? Suena como una mina despechada…
Lucrecia:
(Risas) No, las canciones revelan situaciones que le pueden ocurrir a cualquier
persona. Son historias que pueden suceder o no necesariamente, no hay que
tomarlas en forma literal. Claramente es una canción que va por el lado del
desamor. La compusimos a partir de una idea de riff y una secuencia de acordes que
trajo Fernando, yo después terminé la canción, le puse la letra.
Fernando:
Está buena la letra, a mí me gustan mucho los temas que captan un poco la
sensibilidad femenina y me parece que Lucrecia tiene mucho para dar, para expresar
y para explotar en ese lado. Así que ojalá que sea el comienzo de un desarrollo
importante porque es una piba que toca y canta bien y tiene el potencial necesario
como para subir un escalón…
¿Cómo
hicieron la balada “Fantasmas de Buenos Aires”?
Lucrecia: “Fantasmas
de Buenos Aires” y “Arenas movedizas” son parte de la segunda tanda de canciones.
Lo hicimos en EcoStudio, un estudio de grabación que está en Villa Elisa, cerca
de La Plata. Es una canción de Fernando al estilo Kinks, que es otra de las grandes bandas que tanto nos gustan. Es un
tema en el que yo hice el arreglo de los coros que está al final.
Fernando:
Sí, es una composición que tiene mucho que ver con los Kinks. Para mí la pluma
y la parte melódica de Ray Davies es
sublime. Siempre me encantó un tema de los Kinks que se llama “Celluloid Heroes”,
que es una balada hermosa que evoca a los héroes de la pantalla y demás. Y vi
en la tele una nota que hablaba acerca del mito de que en la Recoleta había
fantasmas, y me pareció algo bien porteño. Justo estaba leyendo un libro de
Discépolo también con todo ese ambiente del Buenos Aires de los años veinte o
los treinta… Toda esa mitología me fue inspirando la letra de esta canción. Es una
de mis canciones de las que estoy más orgulloso. Me parece que es una de las
más logradas.
“En
las nubes” es un tema bien en la onda Rubber
Soul, ¿no?
Lucrecia:
Sí, es un tema de Julián Carranza,
otro de los que grabamos en Abbey Road. Y otro de los temas que tocamos la
banda completa, es un tema en el que está toda la base grabada en vivo como se
escucha, y después lo que hicimos fue sumarle las voces, alguna pandereta y
nada más.
Fernando: Siempre
le decíamos a Julián que este tema sonaba un poco a Billy Bond y La Pesada, tiene esa impronta. Es como una mezcla de Billy
Bond con [el tema de los Beatles] “One After 909”. Julián es quizás el más
rockero de la banda y tiene un anclaje con el blues, por el lado de Pappo, Claudio Gabis y demás.
Sigue
“Otra vez”…
Lucrecia:
Esa canción es de Fernando Viola,
quien la tenía hace un tiempo. Creo que lo que hizo fue reescribirle la letra.
Iba de cabeza con la onda del disco. Si la escuchás te vas a dar cuenta de que
tiene influencias de Paul McCartney,
Jeff Lynne, la ELO, en lo que
respecta a la secuencia armónica, el tempo, etc. En el tema, el primer solo de
guitarra lo hice yo especialmente para esta canción… Creo que tuve ahí una
pequeña ayuda de George Harrison (se
ríe)… quien me marcó el camino, y el último solo de guitarra lo hizo Julián. Lo
curioso es que cuando él grabó su solo aún no había escuchado el que yo había
hecho, y ahora escuchándolos te das cuenta que, de alguna forma, los dos fuimos
por el mismo lado. La canción pedía un arreglo “tipo Harrison”
Fernando:
En ese tema yo, en vez de usar el [bajo] Höfner, usé el Fender Precision porque
el tema precisaba otro sonido de bajo, más en la línea de baladas como “Maybe
I´m Amazed”.
Luego
llega “Mucho mejor”, otro tema tuyo, Lucrecia…
Lucrecia:
Tiene una letra bastante optimista. Es una de las canciones más nuevitas del
disco, la hicimos el año pasado. La música es de Fernando, la letra es mía. Ahí
estuve jugando un poco con los verbos en infinitivo, tratando de plasmar un
mensaje que hablara de conectar con el amor, lo positivo, con poder aceptar los
cambios, vencer el miedo… Y la primera estrofa que habla de “volver a abrazar”,
¿no?; después de haber estado tanto tiempo encerrados y distantes, de repente,
poco a poco volver a abrazarnos y conectarnos.
Vos
sos una persona muy espiritual, ¿eso se cuela en las letras a la hora de
escribir una canción?
Lucrecia:
Sí, totalmente. Yo conecto mucho con la espiritualidad, lo místico, el yoga, la
meditación, con todo ese tipo de terapias y filosofías que conectan con algo
superior, como una versión cada vez más mejorada de mí misma. A eso apunto. Por
eso, como es algo que voy intentando poner en práctica, me gusta también contagiar
el mensaje… Y de eso habla un poco “Mucho mejor”: superarse, por supuesto,
cuesta pero el cambio está ahí al alcance de la mano.
Luego
llega “Como el viento”…
Lucrecia:
Esa es una canción cien por ciento de Fernando. También habla un poco de vencer
los miedos. Es una de las últimas canciones que hicimos. Tiene un estilo
bastante “vintage”, es un rock pesadito con alguna influencia de Roy Orbison.
Un poco de rock clásico se cuela en ese tema.
Fernando: “Como
el viento” me salió jugueteando con el acorde de Mi mayor, tratando de hacer algún
rock… No me acuerdo si estaba tocando “Friends to Go”, el tema de Paul
[McCartney] que está en Chaos And
Creation… También hay un tema de los Beach Boys que se llama “Do It Again”
que me encanta. Eso me influenció a darle ese tratamiento un poquito más “playero”
a la canción.
¿De
dónde surge “Vagabundo”?
Lucrecia:
Es otra de las canciones de Julián
Carranza en las que se nota el estilo de rock que a él le gusta tocar. Esa la
grabamos a fines de 2018, comienzos de 2019, ahí en La Plata. Es una canción que
suena bastante cruda, es un rocanrol directo.
Fernando:
Es muy divertida la historia del tema. Julián tenía la música, con un riff bien
rockerito, pero no tenía la letra y vino y nos contó una historia. Ahí nos relató
que la noche anterior había estado tocando la guitarra en el comedor de su
casa, que está lleno de discos y da a la calle. En eso nos dice que vino un
linyera, una especie de vagabundo, y le empezó a decir que “tocara temas de
John Mayall o de Muddy Waters…” A mí me sorprendió la historia y le dije que
hiciera una letra con eso que le había pasado. Salió rápido, en dos o tres
tomas, es un tema bien rockero como son los de Julián.
“Te
quiero conmigo” es un acústico muy lindo, ¿cómo la compusieron?
Lucrecia: Es
una canción en la que juntamos fragmentos de canciones que teníamos con
Fernando. Juntamos las partes que teníamos cada uno y funcionó. Es una de las
canciones más antiguas mías, la empecé a armar en el verano de 2014 y después la
dejé, para ir retomándola de a poco con el paso del tiempo. Esta también la
grabamos en Abbey Road. La letra es mía.
“Solo
vos” es un tema bien directo…
Fernando: Yo
quería hacer algo con el ritmo de “Stand By Me”, que me parece fabuloso. Es un
tema –en especial la versión de Lennon-
que en vivo funciona muy bien. Después empecé a armar una melodía que, de
alguna manera, está inspirada en Buddy
Holly. Para mí Buddy Holly es una de las grandes figuras del rocanrol que
me gustan. Creo que fue el tipo que le puso melodía al rock, por algo los
Beatles lo tenían como un referente. Buddy Holly mezcló el pop con el rock, y
un poco de esa onda impregnó “Solo vos”.
Llega
“Viajera”, un tema con reminiscencias del viejo rock argentino en clave folk,
como aquellos viejos temas de Sui Generis o Arco Iris…
Lucrecia: Totalmente,
exacto, va por ese lado. Es la otra canción de Fernando Viola, y que también tenía desde hace un tiempo. Es un acústico
medio folkie, al estilo Sui Generis con también un claro sonido beatle, que
encaja perfecto en el disco.
Fernando: Me
gusta que de repente haya algún tema en el disco que no tenga batería o sea más
acusticón, como este de Fer Viola.
El
álbum se cierra con “Me hace bien”, otro tema power pop, bien arriba…
Lucrecia:
Sí, es otra de las canciones que hicimos en Abbey Road. Es una oda a la amistad
y la buena onda.
Fernando: “Me
hace bien” es uno de los temas que surgió cuando nos juntamos. Yo les mostré a
los chicos que quería hacer un tema en onda staccato, que es un ritmo que ahora
no se usa mucho pero que en los 60 y 70 era muy común. Es el típico ritmo machacado
de temas como “Penny Lane”, “Getting Better” o “Good Day Sunshine”… Tenía una
melodía y estaba obsesionado con armar eso. Así que le dimos forma al tema. Luego
pasó algo muy loco porque, cuando viajamos a Liverpool, nos acompañaron un
grupo de 30 alumnos de mis cursos de “Experiencia Beatle”. La idea era que
ellos hicieran visitas guiadas en Liverpool y demás. Cuando surgió la
posibilidad de grabar en Abbey Road yo pensé que sería alucinante que todos
ellos pudieran entrar en el estudio para conocerlo. Pero en ese momento no
estaba abierto al público, así que se nos ocurrió hacerlos pasar como si fueran
“un coro” del grupo. Así que entraron todos y durante dos horas amigos y fans
pudieron disfrutar de la experiencia de grabar en Abbey Road. Una experiencia increíble
para todos. Así que la canción tiene pedazos agregados de coros, en los que
grabaron todos nuestros amigos…
Si pudiéramos observar un laberinto desde
arriba contaríamos con todas las comodidades para encontrar la entrada, la salida
y el alivio inmediato de poder tomar desde esta perspectiva un plan estratégico.
Ahora bien, dentro del laberinto cambia todo. En este caso, la única certeza
sería la intención de búsqueda durante el recorrido.
Antes de ingresar a la vida nada nos
plantea siquiera si estamos de acuerdo con ese decreto ajeno y todos tenemos
eso en común, algo tácito que no consulta sino que plantea, además, un desafío:
salir del laberinto a como dé lugar. Un poco antes, o un poco después, se sale
a la fuerza hacia la recaída inevitable, como diría Julio Cortázar. Ese algo, sin informarnos absolutamente nada, nos inicia
en el viaje en el que ya estamos… para seguir pensando en laberínticos
recorridos vitales convocamos a Carca:
La búsqueda, como filosofía existencial,
¿es una herramienta que se forja?
Creo que la búsqueda es una condición nata.
Un don que puede desarrollarse o no según las inquietudes del ser pero comparto
la visión de creer que viene un poco por añadidura, y se desarrolla con las
inquietudes, con la cultura, con los estímulos socioculturales entre relaciones
humanas y, de hecho, no creo en un artista sin búsqueda como tampoco creo en un
ser humano sin búsqueda, sin un anhelo completo, una meta, un proyecto, un
deseo ulterior. Creo que todo eso es parte de esta chispa mágica que nos ha
otorgado quien sabe quién o qué como afán y necesidad de torcer algún tipo de
información o bien llegar a poder ser el vehículo para la transmisión de algún
tipo de información que creemos necesaria.
Bifurcados, ciertos senderos se encuentran,
que son siempre –citándote- los de quien sabe qué. En esta búsqueda, ¿no te
pasa que percibís, como supo decir García Lorca “un pulso herido que ronda las
cosas del otro lado”?
Creo que hay una simbiosis preliminar entre
la obtención o concreción de la meta, en este caso “las cosas”, diría Lorca… Entiendo
que hay una familiaridad con algo anterior. Incluso en el deseo que se presenta
cuando dicha empresa se constituye en un hecho. Es ahí en donde creo que el
buscador y su anhelo se reencuentran. No creo que sea la primera ocasión de ese
encuentro. El creador y su bestia, su creación, se re-encuentran. Para mí la búsqueda
corresponde a alguna especie de chip metido en nuestro ADN como información y
como necesidad.
¿Y el miedo, Carca? A veces hacemos, o no,
cosas por miedo. ¿No hay miedos que nos muestran por dónde o cuál es el camino
para trascender lo que nos paraliza? ¿No es parte fundamental en la solución?
Creo que en mi caso particular, no tuvo
ningún factor influyente en el diseño de mi destino, por llamarlo de alguna
manera. La ausencia del miedo me ha constituido y me ha mostrado la parte
heroica, la parte de la hidalguía de la vida. No me encontré con el miedo, ni
de niño ni de preadolescente ni de adolescente. Quizás ahora a los 50 años lo
que siento es reticencia hacia algunas situaciones o actitudes que habitan el
mundo. El único miedo tangible que podría encontrar es el miedo a la maldad y
violencia humana. Concretamente, ese tipo de reacciones arbitrarias y tiránicas
de presidentes, dictadores, asesinos. Creo que he sabido transmutar el miedo en
audacia, soy una persona netamente audaz en lo que concierne al diseño de mi
destino. Incluso, como artista musical, no he hecho ni he dejado de hacer nada por
miedo. Entiendo que mi desparpajo, desfachatez, inconsciencia es la que me fue
empujando y motivando, junto con otros factores, a ser quien soy, quise o
quiero ser. Lo mío es, básicamente, rebeldía. Entonces creo que mi locura me
tiene a salvo del poder del miedo.
EnEl Nombre de la Rosa, el bibliotecario Jorge de Burgos
(inspirado en Borges) dice: “La risa mata el miedo y sin miedo no hay fe”. ¿Qué
lugar ocupa el humor en tu vida?
Recuerdo perfectamente la escena. Pero creo
que el personaje se refería, estrictamente, a una fe cristiana que está
relacionada con la puta esperanza. La esperanza, ese acto miserable de,
justamente, esperar que otro, que no es uno mismo, venga a salvarte. El ser que
se ampara en la esperanza se torna miserable. Esa es la gente, seguramente, muy
devota de las religiones, sobretodo occidentales y, puntualmente, el
cristianismo y sus derivados. Odio la esperanza. Ni siquiera tengo paciencia
para esperar una respuesta, aunque positiva y constructiva, si de eso depende
algún tipo de acontecimiento. Ese tiempo de espera me resulta tiempo muerto
porque las cosas deberían ser más dinámicas. Entiendo que esa falta de
dinamismo en las relaciones, en la coherencia, en la unión, y en la
construcción de cosas buenas, es un factor determinante para el estado de cosas
actual. En nuestro presente hay esperanza por todos lados pero no acción. Por
un lado, la esperanza tiene que ver con falsas promesas, y por el otro, con una
condición de miseria espiritual, y ahí ya me empieza a no gustar relacionarme
con quienes la practican o la necesitan. La fe está relacionada con la
confianza, con la seguridad, con el amor propio pese a la incertidumbre, la
seguridad pese a la no certeza. Porque uno no es absolutamente visionario. Y con
respecto al humor, entiendo que es como el Rivotril sano, como ese Soma de los
pueblos que nos ampara, nos cobija, nos oficia de armadura, pero una armadura que
solo nos protege de lo peor. El humor une y permite reírse de las cosas que
realmente hay que reírse, no del otro.
¿Qué recuerdos tenés de tu infancia y que
música se escuchaba en tu casa?
Lo más maravilloso que te puedo decir es
que ese niño anhelaba las cosas que me han sucedido, y me suceden, en la vida. Eso
es un regalo que creo que a muy pocos se les da. Quizás no fui demasiado
ambicioso… (risas) Siempre le doy
propina a la vida por lo que me dio, y siempre me quedo corto. Tuve la suerte
de escuchar mucha música gracias a mi padre y madre. Ella me acercó a los
primeros discos de Serrat que hoy
conservo en mi corazón con mucho cariño. Pero, bueno, mi viejo era el desaforado
de la música. Los viernes iba a la disquería y se traía 7 o 15 discos, lo que
había salido esa semana. Entonces, en mi casa, se escuchaba de todo. Primero mi
viejo fue usuario de vinilo, que era lo que había en esa época. Cuando salió el
magazine, se pasó directamente a ese formato. El magazine desapareció muy
rápido y quedó fascinado por el casete. Por eso gran parte de su discografía,
lamentablemente, son casetes, no vinilos. Por suerte he escuchado de todo y he
aprendido de ahí como se toca el bajo,la guitarra y la batería en varios géneros.
Siempre me fascinó desmenuzar el cuadro de la música.
Y hablando de ese anhelo de niño, ¿qué pasó
cuando te diste cuenta que la música era todo lo que querías?
Pasó lo que todos saben. Mis viejos no me
reprimieron mi vocación musical ni mucho menos pero recuerdo que una vez cuando
tenía 12 años tuve la oportunidad de tocar en una fiesta del Día de la
Primavera en un colegio al mediodía. Como venía muy mal en el colegio, me
habían impuesto una penitencia tácita. Yo estaba con mi abuela, porque mis
padres laburaban, y la engañé saliendo por la ventana de la habitación. Así que
esa picardía siempre me remite, con amor y ternura, a esa canción que toqué, a
ese niño que se escapaba para tocar.
Desde tu experiencia en los escenarios,
¿qué carajo le pasó a la escena local?
Me atrevería a sostener que lo que nos ha
pasado es la dictadura militar y todas sus infinitas consecuencias. Si nos
ponemos a pensar en un mundo en donde cohabitaban Javier Martínez, Luis Alberto Spinetta, Miguel Abuelo, literatos
como Copi, Bioy Casares, Cortázar; Oscar
Alemán, el Instituto Di Tella, los artistas plásticos de esa época… ¿Cómo
se comprende que ese mundo no haya sobrevivido? Bueno, hubo una dictadura
militar en el medio, y el advenimiento de la democracia fue un poco cartón
pintado para lo que tiene que ver con la cultura real. Hubo varias generaciones
diezmadas por los militares, por el hambre, por la pobreza física, mental,
intelectual, espiritual. Se han liberado todo tipo de drogas, absolutamente,
nocivas generando una violenta dependencia. Obvio, que drogas hubo siempre pero
en la actualidad son como una bomba que actúa sobre psiquis mal alimentadas,
discriminadas, desclasificadas, ninguneadas. Hay varias generaciones que no han
visto a sus padres trabajar. Pobres o ricos, las drogas siempre están en ambos
estratos.
¿Qué pensás del paradigma al que llaman
nueva industria musical?
Los paradigmas cambian constantemente. A
veces solo para avivarnos y pegarnos un cachetazo que nos saque de la somnolencia
del confort. Es necesario. No soy de esos que se quejan por el trap o demás. Esas
circunstancias son inyecciones de energía renovada. Creo que debería ser tomado
así, sobre todo porque viene de los jóvenes. No está bueno que los viejos
denosten a los jóvenes… Yo no me permitiría estar jamás de ese lado.
¿Qué es la bohemia para vos?
De muy chico, a los cinco o seis años, le
pregunté a mi madre qué era la bohemia porque era una palabra que me fascinaba.
Y ella respondió que la bohemia era una corriente cultural de gente que,
mayormente, se juntaba de noche. Gente que se junta a filosofar, a hablar de
arte… Eso para mí fue un remolino de sensaciones todas juntas en la misma
cabecita. Fue algo muy fuerte, tenía una fascinación absoluta y pensé “eso voy
a hacer”.
¿Qué nos depara ahora tu carrera musical?
Mi futuro es una incertidumbre total, más o
menos como la de casi todos los argentinos o los seres humanos. Pero, en cuanto
a mi obra y mis canciones, estoy en un momento que tiene que ver con agrupar
las composiciones y grabaciones, de estos últimos dos o tres años, en zonas
estéticas distintas. Por lo que me sugieren, pautan, dicen, tengo dos medios
discos… (risas). Así que tendría que
terminarlos. En uno de ellos, hay un montón de colaboraciones. Por ejemplo, Javier Martínez, Julieta Venegas, Dante
[Spinetta], Ema [Horvilleur], una
armoniquista que se llama Jimena Monzón
que me hace bailar el alma cuando toca. También, va a estar Graciela Borges, Alambre González, uno
de mis guitarristas admirados y queridos; mi maestro de lap steel que se llama Pablo Hadida… En fin, siento que tengo
canciones para dos discos bien diferentes. Veremos con el tiempo como se van
decantando.
Luego
de una vuelta musical que dio origen al segundo disco de la banda, Siempre Libre, un álbum experimental con
composiciones elaboradas y repleto de diferentes estilos musicales, Turf retomó el espíritu de su primer
trabajo, Una Pila de Vida, y así
llegó a la bateas, radios, tv y a los lugares más recónditos de nuestro país
con un memorable trabajo: Turfshow.
Un disco editado en 2001 con 12 temas, muchos de los cuales ya son un emblema
del cancionero popular argentino. “Loco un poco”, por ejemplo, fue uno de los
temas más escuchados de ese verano.
En
paralelo, nuestro país atravesaba una crisis política, económica, social e
institucional potenciada por una revuelta popular generalizada. En ese clima
crítico llegó este trabajo que aportó una brisa fresca de alegría, tan
necesaria como esperada. Algo que demuestra la, realmente, masiva recepción en
el público.
Hoy,
20 años después, no caben dudas de que muchos de los temas de este disco ya son
parte imborrable de nuestro inconsciente colectivo. Y siguen sonando, aún intactos,
en eventos, en la radio, en diferentes soportes hoy en día, lo que hace de este
trabajo una obra tan vigente como recordada.
Grabado
en estudios Circo Beat y Liquid (Buenos Aires) con producción de Coti Sorokin, este trabajo es una clara
muestra de que el show debe continuar porque eso “te va a alegrar el corazón”.
Así será, incluso, el próximo 4 de noviembre cuando Turf se suba al escenario
del Teatro Broadway en la calle Corrientes a celebrar los 20 años de este disco
del que charlamos con el frontman Joaquín
Levinton (voz, guitarras), Fernando
Caloia (batería, coros), Carlos Toddy Tapia (bajo, contrabajo), Leandro Lopatín (guitarra, coros) y Nicolás Ríspico
Ottavianelli (piano, teclados, coros). La historia coral de Turfshow contada por sus protagonistas.
ENTREVISTA> ¿Cuál fue la génesis de Turfshow?
Joaquín: Bueno,
fue el tercer disco de Turf. Viene Una
pila de vida que tiene un éxito inmediato. Recordemos que el éxito en
aquella época era vender discos. No había redes, etc. Nosotros del primer disco
vendimos como 50.000 copias y hoy, ya no existen los discos. Sin embargo, trasladado
a hoy, podrían ser 10 millones de visualizaciones. Hoy el suceso es la
reproducción. Nos
volvimos más introspectivos, alejándonos de toda esa fama y ese supuesto éxito
que habíamos tenido e hicimos Siempre
Libre. Después nos rajan. Nos quedamos en la calle sin equipos, sin nada.
Entonces se me ocurrió armar la idea de que éramos un éxito monstruoso y que el
grupo volvía y tocaba en River con fuegos artificiales. Por eso en la tapa del
disco salimos en las remeras de nuestras fans. Turf siempre ha coqueteado con
el sarcasmo, la ironía y los juegos de palabras. El disco empieza con fuegos
artificiales como cuando River salió campeón.
Fernando:
Como decía Joaquín, veníamos de una búsqueda artística importante y jugada. Siempre Libre para nosotros había sido
un éxito artístico pero fue un fracaso comercial rotundo. Nos habíamos quedado
sin compañía discográfica. Ese es un disco que terminamos tocando en vivo
recién 20 años después gracias a la tecnología. Porque en aquella época no lo
podíamos tocar en vivo. Estábamos muy contentos con los resultados artísticos
pero después se nos complicó un poquito. En el primer disco, Una Pila de Vida, teníamos una fórmula
estética con la que nos fue tremendamente bien. Eso lo desarmamos para hacer Siempre Libre, una obra compleja, en la
que abrimos el abanico ciento por ciento. Entonces, para volver, empezamos toda
una reformulación estética y nos encontramos frente al desafío de reposicionar
al grupo en un lugar que habíamos abandonado. Es decir, que el material tenga
una llegada más digerible al público masivo, que sea bien popular.
Entonces,
empezaron las sesiones en la casa de Joaquín. Una época de escasez de recursos
económicos. Con decirte que inventamos un trago: “Ponele agua”, que consistía
en poner los chops de cerveza en el freezer, varias cubeteras de hielo y así
rebajábamos la cerveza (risas). Y,
bueno, así empezó el proceso. Arrancamos a demear y empezaron a salir las
canciones. Carlos trajo unas canciones y músicas increíbles con arreglos de
vientos y cuerdas.
Recuerdo
un día que volviendo de mi trabajo en el Centro. Porque nos había ido mal y
como ya era padre tuve que empezar a trabajar en otra cosa, y Joaquín me dijo
que había un tema que quería que escuche. Entonces fui directo para su casa.
Justo ese día había cobrado y me robaron el sueldo en el subte. Cuando llegué,
Joaquín estaba re entusiasmado y yo le conté lo que me acababa de pasar. Nos
lamentamos los dos por el hecho un rato. Pero bueno, Joaquín me mostró el tema
terminado, que era “Vade Retro”, y me re emocionó la letra. Y me olvidé un
poquito del bajón. Así,
empezaron a aparecer las canciones y se empezó a armar un disco con una
frescura y un espíritu bien popular.
Nicolás: En
esa época yo vivía en la terraza de la casa de Joaquín. Pasábamos juntos
mucho tiempo, tocando y grabando en la Mansión del terror, o simplemente “El terror”
para nosotros. Muchas de las canciones nacieron allí. Por ejemplo, “Yo no me
quiero casar, y ud?”, “Vago”, “La chispa de mi mente”, “Delfines” o “El
centro musical”. Esta última la compusimos con Toddy Tapia en mi habitación -
estudio en la terraza apodada “La Covacha”.
Carlos:
Como dijeron los chicos, salíamos de Siempre
Libre que fue un disco casi neo sinfónico y estábamos con una sensación
rara porque el trabajo había salido por el sello de Musimundo, creado en ese
momento, que sacó solo un par de discos. Fue como que el álbum pasó sin pena ni
gloria. Siempre Libre es más
reconocido ahora que en aquel momento. Entonces, el ánimo que teníamos era “hay
que salir con todo”. Pegamos un volantazo. Por eso se nos ocurrió el nombre Turfshow, un nombre conciso y directo
que hacía pensar en lo que eran las presentaciones en vivo de la banda, bien
eléctricas y efusivas. A partir de ahí empezamos a componer canciones. Yo hice
“Loco un poco”, “Es la emoción”, “Ranchera”, “Mambo”… Todas canciones muy
alegres. Ese fue el inicio de Turfshow. Decidimos producirlo, al igual que Siempre Libre, con Coti Sorokin, con el
que la banda funcionaba muy bien y ya habíamos entablado una amistad. De hecho,
seguimos produciendo temas con él hasta el día de hoy.
Fernando: Recuerdo
que cuando llamamos a Coti, él estaba haciendo su primer disco solista y nos
dijo que no iba a poder acompañarnos. Entonces, lo invitamos al bar Único para
charlar y le rogamos que nos produzca y, no tuvo opción. Así que puso en stand by su disco y produjo el nuestro.
Finalmente, fue el disco más exitoso de Turf.
Nicolás:
Tuvimos que convencer a Coti para que lo produjera porque lo
habíamos vuelto loco en Siempre
libre y no quería saber nada de meterse en otro disco de Turf. Me
acuerdo que lo citamos en ese bar y le llevamos una torta. No era su cumpleaños
pero nos queremos mucho y el gesto ayudó.
¿Se
vieron venir el éxito al tener temas con semejante potencial?
Fernando: Sí,
sí. Sabíamos muy bien lo que estábamos haciendo. Por eso le insistimos tanto a
Coti y por eso, creo que aceptó. Le dijimos “con
esto vamos a romper todo”. Él escuchó los temas y dijo: “Listo. Lo hago”.
Fueron
pocas jornadas de grabación. Lo teníamos todo muy resuelto. Coti nos ayudó
mucho, más que nada en la parte de las voces. La parte musical estaba muy
cerrada porque veníamos de meses y meses de laburar en la casa de Joaquín.
Nicolás:
Estábamos muy bien alineados artísticamente, a pesar de la dura realidad
que se vivía con las carencias de la época. Fueron tiempos difíciles que
supimos convertir en una obra musical cargada de optimismo y buena energía.
Queríamos levantar los ánimos, y salir disparados como un cohete a la estratósfera.
En los primeros shows en vivo, nos dimos cuenta que algo especial empezaba a pasar
con esas nuevas canciones. Luego, esa fuerza y alegría se contagió a nivel
popular en todo el país.
Con
este disco se van a PopArt…
Fernando:
Tal cual. Fuimos a PopArt, y esta compañía, también, se encargó de que el disco
suene en radio y televisión.
Carlos: Nosotros
conocíamos a Roberto Costa de la
época en que habíamos estado en Universal y a él le gustaba mucho nuestra
banda. Así que cuando creó PopArt, lo primero que hizo fue llevarnos. La
relación con el sello sigue hasta el día de hoy. Eso también ayudó a que
Turfshow tuviera la repercusión que tuvo porque sumado a los Turf
reinventándonos, había una compañía nueva con ansias de salir a romper todo.
Fernando:
Además, conocimos una manager que nos hizo tocar, por muy poco dinero, pero
pueblo por pueblo. Fueron épocas de girar y recorrer de verdad el país. No
tocábamos solo en ciudades sino en lugares inhóspitos con boliches con piso de
tierra. Nos pagaban en Patacones, Lecops, Quebrachos, Lecor, todo tipo de
bonos. En 2001, el país se había venido abajo y nosotros le pusimos el pecho a
todo. Eso tiene un valor social muy grande para nosotros porque desde nuestro
lugar fuimos a llevar una buena cuando todo era un desastre. Viajábamos en
micros de pasajeros porque no daban los presupuestos pero siempre muy
enchufados en hacer que ese disco sea lo que, finalmente, terminó siendo: un
disco exitoso. Pusimos mucho de nosotros, mucho trabajo y amor.
Sí, una época muy difícil, el fin de
la convertibilidad y todo cayéndose a pedazos en el país…
Joaquín: Claro,
quedamos todos los grupos sin compañía, no solo Turf. Y PopArt se transformó en
ese momento en una compañía independiente que agarró todo el rock nacional.
Entonces, “Loco un poco” es el primer hit que hizo un crossover total por todas
las radios y a la vez, fue la primera vez que un grupo que parece ser rockero o
popero la pegó tanto. No se entendía muy bien. Pero bueno, como nosotros
siempre generamos bastante confusión, no se entendía nada. Por otro lado, es un
hit con una música que no existía en el país: una cosa de fanfarrias, cinematográfica
mezclada con una canción pop. Si uno lo quisiera traducir, sería como una
música británica hecha en Argentina…
Tal cual, se me ocurre Supergrass,
esas bandas británicas bien poperas…
Joaquín: Claro,
nosotros siempre tuvimos eso en el ADN, el tema es que nunca habíamos llegado
tan lejos como con “Loco un poco” que fue algo gigante. Y seguimos por ahí
porque estaba “Cuatro Personalidades”, después llegarían “No se llama amor” o “Pasos
al costado”, que se transformó en algo mundial. Pero, bueno el primer suceso
fue “Loco un poco”. Y en Turfshow, en general, hay de todo un poco. Es un disco
chifladísimo: “Vade Retro”, que habla de la amistad; “Delfines”, que habla de la
Argentina de un modo poético; “El centro musical”, que habla de la música en sí
misma; “Mambo”, una fantasía musical; “Ranchera”, que es una pieza maravillosa. Y, también, está uno de los temas, tal vez,
más populares del rock nacional que es “Yo no me quiero casar…”
Es muy interesante que este disco y Siempre Libre no se parezcan en nada…
Joaquín: Sí.
Por suerte los discos de Turf nunca se parecen entre sí porque ese es nuestro
estilo. Hoy por hoy casi tenemos terminado el disco nuevo y, tal vez, sea el
mejor de todos. Y volviendo a la comparación entre Siempre Libre y Turfshow, la diferencia es monstruosa. Veníamos de ese viaje de
introspección de Siempre Libre, que,
incluso, tenía que ver con que empezamos siendo muy chicos entonces después de
leer literatura existencialista, Hermann
Hesse, [el libro El] Lobo Estepario, cosas que se leen a esa
edad, nos surgieron los típicos cuestionamientos que se pueden tener con 20 o
21 años…
Creo que lo más importante que tiene la etapa
de Turfshow es volver a ocupar el
lugar que Turf tenía como banda. No éramos un grupo de colgados que hacían
música que da para tomarte un ácido. Turf es una banda que nació para ser
popular, ese es su espíritu, es lo que nos sale naturalmente. Para nosotros es
mucho más fácil hacer un hit que un tema chiflado. Por otro lado, son canciones
de mucho diseño, tienen mucha búsqueda por detrás. Se toman muchas definiciones
sobre arreglos, estilos musicales. Por ejemplo, “si acá pusimos violines, en el
próximo disco no van violines” y cosas así. Son todas fichas que entran y salen
según el juego que estés armando y si las vas a repetir tiene que tener un
sentido. No hay dos canciones de Turf iguales ni parecidas. No repetimos
nuestras fórmulas.
Creo que lo más importante que logra Turfshow es reinsertarnos en lo que, en
ese momento, era el lugar de la popularidad que nos tocó a nosotros: la radio,
los recitales masivos. Obviamente, no tocamos en River ni nos hicimos
millonarios (risas).
LAS
CANCIONES:
. LA EMOCIÓN (letra LEVINTON/LOPATIN
música TAPIA)
¿Cuál
es la historia de esta canción?
Joaquín: Este
tema es una especie de rock sinfónico que anuncia la llegada increíble de un
grupo que va a explotar un estadio. Una banda que está lista para semejante
evento.
Fernando: Ese
fue uno de los primeros temas que trajo Carlos con ese arreglo de vientos y si
bien era una obra conceptualmente pop, nosotros queríamos una entrada bien
pirotécnica. Así que inmediatamente nos dimos cuenta que sería el tema que iba
a abrir el disco. Y, con Coti, convocamos a los mejores vientos del país para
que sea una aplanadora. Queríamos romper todo.
Carlos:
Cuando le mostré la canción a la banda, todos dijimos: “este tema tiene que
abrir el disco”. También, abríamos los shows con esa canción. Era como una
declaración de principios de la intención que tuvo este trabajo: que cuando lo
empezaras a escuchar, con los fuegos de artificio y las trompetas, te sacara de
la realidad y te pusiera en mundo que nosotros proponíamos con Turfshow, un
mundo más optimista y alegre que la realidad.
Leandro:
Me acuerdo que cuando llegó la música de este tema, enseguida pensé ese título.
A partir del primer acorde del estribillo se me vino “es la emoción…” y Joaquín
completó la letra. Y además, si trazás una línea con el trabajo del que
veníamos, es muy disruptivo. Fue como plantar bandera, y que suenen las
fanfarrias.
. CHICAS MALAS (letra LEVINTON música
LOPATIN)
¿Qué
recuerdan de “Chicas malas”?
Carlos:
Un tema bien rockero y cañonero. Rendía muy bien en vivo.
Fernando: Es,
también, uno de los primeros temas que se hicieron para el disco. Tiene música
de Lea. Teníamos ganas de que el disco tenga rock.
. EL CENTRO MUSICAL (letra LEVINTON
música TAPIA/OTTAVIANELLI)
¿Cómo
hicieron Centro Musical? Porque es una canción con muchos cambios rítmicos y
climáticos.
Carlos:
Esa es una canción que hice con Ríspico. Nos juntamos un día los dos solos y
empezamos a tocar, él con un teclado y yo con el bajo y el tema nos salió de
una de principio a fin. Es un tema muy divertido porque Rispi le metió unos
aires medios cariocas. Por momentos era como una canción inglesa de los Happy Mondays y después cortaba y
pasaba a algo más brasilero. Fue muy lindo, salió en una tarde, se la tocamos
al resto de los chicos y a todos les gustó y Joaquín le puso la letra.
Nicolás:
Como dijo Toddy, nos juntamos en la Covacha y nos propusimos hacer un tema
bailable, bien arriba. Arranca con un riff medio de música disco, como la
intro de Carlitos Balá.
Después se pone medio The Doors,
que nos gustan mucho a ambos. El cuerpo tiene algo de parodia de funk, como
riéndonos un poco del funk blanco, con el clavinet y demás. El estribillo
vuelve al estilo disco y reaparecen los Doors en la caída a mitad de
tempo. Es una mezcla bastante peculiar de elementos. En vivo es explosivo.
Fernando: También,
es un tema muy ágil, con mucha dinámica, con guiños a Virus, al rock nacional. Tiene el “Oaria raio/Obá, obá, obá” [del tema “Mais que nada”] de Jorge Ben que tiene que ver con el
momento de efervescencia que estábamos viviendo.
¿En
esa época eran de escuchar a otras bandas? ¿Qué música los influenciaba?
Carlos:
Todos tenemos diferentes gustos musicales. Pero hay bandas que nos gustan a
todos por igual. Sobre todo las clásicas: Beatles,
Stones, The Kinks, The Who; bandas de los 90 que nos gustan mucho son Primal Scream, Flaming Lips, Happy Mondays
o The Stone Roses. En esa época,
también, escuchábamos a The Beta Band.
Y la música que está por fuera del rock, la música country, sureña, o ritmos
como el mambo que son latinos. Todo eso pasa después por la “turferización” y
es como que termina siendo del estilo de la banda.
Nicolás: Cada
integrante de la banda tiene orígenes e influencias musicales
muy diversas, a la vez que van cambiando los gustos. En esos tiempos,
yo estaba escuchando mucho los discos solistas de Brian Eno. También, Velvet
Underground, Air, Daft Punk y Chemical
Brothers, los discos de Bowie
en Berlín. Otra gran influencia de la época fue el disco El Salmón de Andrés Calamaro, y Los Auténticos Decadentes.
. LOCO UN POCO (letra LEVINTON música
TAPIA)
¿Cómo
hicieron “Loco un poco”?
Nicolás: Toddy
trajo la música completa, de principio a fin. Cuando Joaquín le puso la
voz, encontré en los huecos el espacio para hacer un arreglo que puede ser casi
tanguero pero que, con un sonido que despega de esa manera, lo saca de la armonía melancólica y
lo lleva al espacio exterior. Luego, en el estribillo, hice el arreglo de
cuerdas que viaja debajo de la melodía de la voz.
Carlos: Recuerdo
que había ido a visitar a mis viejos y ahí tenía una guitarra criolla. Así que la
agarré y empecé a tocar los acordes. Yo quería hacer una canción como la de la
presentación de [el programa de TV] El
Mundo del Espectáculo, en el que pasaban películas en Canal 13. Quería hacer
algo grandilocuente, con trompetas y demás. Así que me puse a tocar los acordes
y salió de una. Después volví a mi casa y con una compu muy precaria y un
teclado le grabé lo que serían los arreglos de trompetas. El tema estaba
terminado de principio a fin y lo llevé a la sala en la que ensayalábamos, en
Córdoba y Gascón, se los mostré a los chicos, y les gustó. La primera vez que
lo tocamos en la sala ya salió perfecto, igual que como lo escuchás hoy. A la
semana, Joaquín ya tenía la letra terminada. Son esos momentos de inspiración,
que hacen que la banda esté conectada en una misma idea. Por suerte, nos fue
bien. Fue el primer gran hit que tuvimos en nuestra carrera.
Foto: David Sisso
¿Cuándo
lo estaban haciendo se imaginaron que iba a terminar siendo un hit?
Carlos: De
movida no lo hice pensando en eso. Yo solo quería que fuera una canción de los
años sesenta, muy retro. Pero cuando la tocamos en la sala los cinco, ya con la
letra terminada, ahí sí nos miramos y nos dimos cuenta que algo bueno iba a
pasar con esa canción.
Fernando: Recuerdo
que la batería la grabamos con Carlos y a Coti y a mí no nos gustó cómo quedó. Entonces,
le propuse a Coti grabar solo la batería, sin bajo, sin nada. Y me dijo: “No, es una locura”. Pero le dije: “Poneme el metrónomo y grabo la batería y
cuando llega Carlos graba el bajo”. Y así fue. Un método inusual. No te
suelen permitir grabar la batería sin escuchar los otros instrumentos. Pasa que
ese tema tiene un beat muy rápido y es
difícil que el resto de los instrumentos puedan mantenerlo hasta el final del
tema. Por eso le propuse eso a Coti, y dimos en la tecla.
Cuando
grabamos, sabíamos que teníamos una bomba con ese tema. Y en un momento, Coti
paró todo y dijo: “tengo la intro”.
Y, bueno, la intro son voces hechas por él. Éramos conscientes de que con ese
tema explotaba todo y que la alegría y esa efervescencia la íbamos a contagiar
sí o sí.
¿Los sorprendió el éxito impresionante que
tuvo?
Joaquín: No.
Si nosotros arrancamos el disco con fuegos artificiales… Fue un deseo. Lo
planeamos, lo buscamos, nos esforzamos y lo logramos. Nos hubiese sorprendido
que no funcione.
Lo digo, también, porque era un tema
con mucha alegría en una época que fue una bajón…
Joaquín: Bueno,
sí. Fue en 2001… Ahora que lo mencionás, recuerdo que fue un poco en contraposición.
Incluso, veníamos de un disco tan chiflado como Siempre Libre con búsquedas musicales muy elaboradas y se planteó “¿y ahora, vamos a cantar: Cuando escuchés
esta canción/Te va a alegrar el corazón? Pero esto es muy sencillo”. Pero
¿qué tuvo de genial?: la genialidad de lo simple. Un metalenguaje que te dice
cuando estés escuchando esta canción te va a estar provocando alegría.
Se me ocurre que sería como la
performatividad del lenguaje, esa obligada conexión entre lenguaje y acción…
Joaquín: Sí,
como un sistema del lenguaje que me parece muy interesante. Pero bueno, cada
uno lo entiende como quiere. Y después, también, tiene una música bastante
compleja. ¡Andá a sacar “Loco un Poco” con la guitarra! Los arreglos los tiene
que tocar una orquesta. Nosotros teníamos la experiencia, por escuchar otros
artistas, de la capacidad de generación de alegría que la música tiene. Pero
ojo, una alegría luminosa. No, relacionada con el reviente. Parece poco pero no
lo es. Con una canción se puede generar alegría y sobre todo con una banda como
Turf, por el alcance que tiene. En paralelo, sonaban los Decadentes con “Tanta
alegría seguida te va a hacer mal…”, que fueron como una inspiración, no tanto
a nivel musical pero sí, por ese espíritu. Nosotros, también, teníamos ese
deseo de levantar el bollo de un país hecho verga.
. MAMBO (letra LEVINTON música TAPIA)
¿Cómo
hicieron “Mambo”?
Fernando: Otro
tema de Carlos para el que trajo un loop
de una orquesta de los 50 y nos volvimos locos. Vino, perfectamente, en línea
con el disco. Con esa impronta fresca entró por la puerta grande.
Creo
que es un disco muy variado estilísticamente hablando, porque a Carlos, que
aportó mucho como compositor, le gusta la música de género. Por ejemplo, para “Ranchera”,
él le pasó los acordes a Joaquín con su acústica y Joaquín le hizo esa letra
perfecta. Salió así, sin demasiadas vueltas.
Carlos:
Como dijo Fernando, había loopeado unos ritmos, no me acuerdo de que banda, que
tenían la cadencia del mambo. A mí me gustan mucho Esquivel, Pérez Prado o Perry
Como, todos esos artistas norteamericanos que cantaban mambo, y esas
orquestas de la década del 50. Entonces lo sampleé. En ese momento, tenía un
contrabajo, que desgraciadamente ya no tengo; así que sobre ese loop empecé a hacer una línea de
contrabajo. Luego, le puse los acordes del estribillo, arreglos, la estuve
trabajando un tiempo y después la llevé a la sala. Estábamos muy inspirados en
ese momento y Joaquín le escribió la letra. Así quedó como un tema muy poco
común, casi una rareza. De hecho, le pusimos “Mambo” porque nos pareció muy
bien ponerle de nombre el estilo porque nunca habíamos hecho algo parecido.
Aparte
el título tiene un doble sentido: el estilo y un estado mental…
Carlos:
Claro. “Ando con un mambo…” Está bueno eso, porque ahora es una palabra
vintage, ya nadie usa expresiones como esa. También, tiene que ver un poco con
las películas de los 80, como las de Olmedo
y Porcel, donde se usaba ese lenguaje
porteño que era muy gracioso y que a nosotros siempre nos gustó.
. RANCHERA (letra LEVINTON música
TAPIA)
¿Y
la idea de “Ranchera” cómo fue?, porque el título de la canción también
describe el estilo…
Carlos:
Exacto. Esas son canciones que yo tenía grabadas de principio a fin. Lo que no
tenía era la letra. Así que se la mostré a los chicos y la empezamos a tocar.
La grabé con el contrabajo y durante mucho tiempo, también, la tocaba en vivo
con el contrabajo. A mí me gusta mucho Neil
Young y, con todo el respeto, quería hacer una canción en el estilo de su
disco Harvest Moon, un tema country
lento, mid tempo, y me salió esa canción. Primero, grabé todos los acordes
después, el contrabajo y luego, los arreglos de guitarra. Después, eso fue doblado
por un violín en el disco. Joaquín le puso la letra. Esa historia es graciosa
porque yo le preguntaba: "¿Hiciste
la letra de la ranchera?”, y él me respondía que no. Y así durante un mes,
hasta que la trajo terminada. Y, finalmente, la letra habla de eso, de una
especie de receta de cómo escribir una canción. Un tema que seguimos tocando
hasta el día de hoy.
. CUATRO PERSONALIDADES (letra
LEVINTON música LOPATIN/LEVINTON)
“Cuatro personalidades”, otro hit muy
importante…
Joaquín:
Por supuesto. Ese es un clásico. El título tiene que ver con Quadrophenia [el álbum de los Who, 1973].
Hay mucha data oculta en este disco.
Leandro: Recuerdo
que toqué el riff del comienzo en la casa de Araoz de Joaquín. Después lo
seguimos juntos y Axel Krygier le
puso el arreglo de vientos del estribillo. En esa época íbamos mucho a ver a
Axel. Ese tema es genial.
Fernando: ¡Es
un temazo! Mucha picardía de toda la banda para los arreglos. Coti nos felicitó
por la base rítmica. Tiene a Joaquín hablando, en primera persona, desde un
personaje muy diferente a lo que la gente creía de él. Un Joaquín más real, más
cercano a lo que conocíamos nosotros y no, a la imagen que tenía la gente de
él: un chico pedante. Las personalidades como “pasaportes falsos”. La mismísima
vida, la estrategia de supervivencia.
Este
tema tenía un video muy lindo…
Carlos:
Sí. Lo filmamos en el Circo de Carlitos Balá, creo que era por Lanús, que nos
lo habilitaron un día de semana que estaba cerrado al público. Y estuvimos toda
la tarde y parte de la noche filmando. Nosotros con un vestuario bien circense…
Fue una producción muy linda, dirigida por Néstor
Frenkel, que es un genio. Y tiene una historia de amor y desamor de todos
los integrantes del circo.
. YO NO ME QUIERO CASAR, Y UD? (letra
y música LEVINTON)
¿Cómo salió Yo no me quiero casar…Y Ud.?
Joaquín: Fue
un momento genial. Me acuerdo que fue fácil de hacer pero me faltaba una sola
parte y estando en mi casa de Villa Crespo, yendo hacia la cocina, de pronto
dije “Libertad, frenesí, do re mi fa sol
la si. Eso es el amor para mí”. Todo de corrido. Fin. Listo, terminada. No
lo podía creer. La frase entera entró justa en la melodía que ya tenía.
Fernando: Originalmente,
el tema era tipo Velvet Underground, nada que ver. Cuando apareció el coro
“chururururu”, dijimos “No, este tema tiene que ir para otro lado”. Un lado más
stoner, más popular, más comercial. Y bueno, Joaquín, un maestro, le hizo una
letra bien acorde para que lo cante el pueblo.
Carlos:
Está muy buena. La gente se identifica mucho con la letra cuando la tocamos… Yo
no me voy a casar pero después se terminan casando todos… (risas)
¿Y el magnífico video de esta canción
con los imitadores de Jagger, cómo surgió?
Fernando: El
video del tema, gran idea de Joaquín y Tomi
Diéguez [director de cine], hizo de esa canción una cosa muy espectacular.
Nos prestaron un estudio y una isla de edición en Canal 9 y así, gastamos cero
pesos para hacer ese video. Pusimos un aviso en el diario y aparecieron un
montón de personajes. Fue un video hecho solo con una gran idea. Tal es así que
el propio Luis Alberto Spinetta dijo
alguna vez que era el video que más le gustaba. Así, que imagínate que le
sacamos una sonrisa a el Flaco.
Carlos:
Cuando hicimos la convocatoria aparecieron unos locos de la guerra y otros sí
sabían, eran imitadores de verdad, o eran rolingas… Algunos no habían visto a Mick Jagger en su vida… Te tiraban unos
pasos que te morías de risa. Fue muy gracioso. El video quedó muy bueno y fue
muy novedoso. Después salió un video de Maroon
5 casi con la misma idea, creo que el tema se llama “Move Like Jagger”. Nos
chorearon…
Joaquín:
Como
dijo Fernando, pusimos un aviso en el diario buscando imitadores de Mick
Jagger. Fuimos a un estudio que nos prestaron y los hicimos bailar. Facilongo.
Pero tiene millones de visualizaciones en YouTube.
Sí, más de 10 millones. Algunos de los
imitadores están re bien tipificados…
Joaquín: Sí.
La mayoría no los conocíamos. Hay muchas anécdotas. El que ganó se sumó a la
gira, se montó en la contienda de estrellato. Muy gracioso todo. Muchos años
después lo convocamos para un nuevo video y nos pidió $4000 por hora y
remises para los traslados (risas).
. VADE RETRO (letra y música LEVINTON)
Este
es un tema con un pulso glam rock, ¿no?
Fernando: Sí.
Hay citas a David Bowie, T-Rex, incluso. Y tiene una letra espectacular. Creo,
de las mejores que hizo Joaquín para ese disco. Es como la letra seria del
disco. Estábamos en una época luminosa, donde también nosotros empezábamos a
consolidarnos como amigos después del fracaso de Siempre Libre, que fue duro. Estábamos en una buena etapa. Y esa
letra dice cosas buenísimas. Es uno de los preferidos de los fans de Turf.
Carlos:
Tiene un pulso glam con una letra sugestiva. Una vez estábamos tocando ese tema
en Tucumán, en un festival de un colegio. Un lugar grandísimo, y de repente, en
la mitad de del show, nos paran el sonido y sube un sacerdote agitando un
bastón como que nos quería pegar.
¿Cómo
fue eso?
Fernando: En
la semana de la juventud, en un colegio católico muy importante de Tucumán, les
preguntaron a los alumnos qué artista querían que convocaran para tocar y ganó
Turf. Entonces, nos contrataron y vía fax, el cura, que era el director del
colegio, mandó a pedirle a nuestra compañía discográfica que en el repertorio
no se incluyan “Vago” ni “Chicas malas”. Bueno, dijimos “está bien, no los
tocamos”. A la mitad de “Vade Retro”, sube el cura al escenario agitando su bastón
y un séquito de 10 monaguillos. Cortan el sonido. La cuestión es que él entendió
que la letra decía “Padre Nuestro, Satanás”.
Así, muy tucumano todo, nos encerraron en el camarín, nos cortaron la luz y
tuvimos que huir del lugar. Una locura por un mal entendido. Una de las tantas
que nos han tocado vivir en el interior. Porque nosotros éramos “pibes
modernos” (risas).
Carlos:
Una escena muy surrealista. El tipo entendió que nosotros le estábamos cantando
una oda al diablo, y se subió al escenario a cortar todo.
Fernando:
Son cosas que en el momento las padecés pero te terminás riendo y que a través
de esas cosas mucha gente abre los ojos. Muchas veces las cosas terminaron al
revés, nos terminaron dando la derecha a nosotros.
Foto: Martín Bonetto
. VAGO (letra LEVINTON/LOPATIN música LEVINTON/LOPATIN/OTTAVIANELLI)
“Vago” es una oda a ser músico, ¿no?
Carlos:
Sí. Es, también, una pose porque tener una banda es un trabajo serio al que le
tenés que poner el cuerpo… Pero sí, digamos que la letra es lo que la gente
piensa del músico.
Fernando: Nosotros
no nos podíamos ver a nosotros mismo como vagos. Éramos muy autocríticos con
eso. Y este tema dice todo lo contrario: “sí, soy un vago”. Fue como decir algo
que uno se niega a reconocer. Soy vago, chau (risas).
¿Y
cómo la compusieron?
Nicolás: Estábamos
con Joaquín y Lea en el Terror, una tarde zapando. Yo arranque el tema con el
riff de piano que aparece en la reintro, como un arreglo onda Depeche Mode. Fuimos siguiendo esa
armonía y armando la canción. Lea metió el riff del principio y fuimos
tirando acordes. Joaquín fue cantando la melodía y se fue esbozando la
letra sobre la marcha. Es uno de los pocos temas del disco con cierta
pesadez, con tonos menores y algo oscuro.
. DELFINES (letra LEVINTON música
LEVINTON/OTTAVIANELLI)
¿Cuál
es el significado de esta canción?
Carlos:
Tiene una doble lectura. Por un lado, se vincula con la psicodelia (pensar en
los delfines) pero, también, tiene un costado relacionado con lo social que
apunta a cómo se mueve la gente en una sociedad.
Fernando: Tiene
una letra media futurista, mística, visionaria. ¿Cómo podría decir? Tiene
reminiscencias de [Benjamín Solari] Parravicini, Nostradamus. Habla de cosas que podrían pasar y que han pasado a lo
largo de toda la historia. Es más que nada un espíritu. Uno siempre pretende
que lleguen los delfines y que todo cambie de una vez. Se podría decir que es
el tema más, si no el único, político del disco. Porque tiene una especie de
bajada de línea respecto del manejo del mundo.
Joaquín:
Siendo que nunca hablo de la realidad porque no la quiero meter dentro de algo
tan luminoso como una canción, en ese momento disfrazado de algo misterioso y,
los delfines como metáfora de la esperanza, ese tema involucra algo del estado
general de las cosas. Seguramente, no fue intencional sino más bien una secuela
que me dejó el contexto.
Nicolás:
La hicimos con Joaquín, también en el Terror. Lo hicimos en el piano, en la
línea musical de “Demoliendo Hoteles” de Charly, o “Suffragette City” de Bowie, con un mensaje
esperanzador en una época muy terrible. Habla de la salvación y la
libertad, de renacer desde lo más profundo de nuestras emociones que han
sido perturbadas.
. LA CHISPA DE MI MENTE (letra y
música LEVINTON)
El disco se cierra con La Chispa de mi
Mente.
Joaquín:
Sí, que es un chiste a “La chispa de mi gente” [el programa televisivo de Quique Dapiaggi, popular en los 80]. Es
un típico tema de Turf. Tiene la influencia de “Baby, I Love You”, eltema de Ramones
que produjo Phil Spector.
Fernando: Es
el cierre fantasioso que el disco merecía porque pasa por muchos lugares.
Entonces, le queríamos dar un final bien arriba y haciendo el chiste sobre un
programa folclórico de la década de los 80, medio de sociedad rural, con esos
gauchos medio fachos. Imaginate, que para nosotros ese mundo era totalmente ajeno
a nuestro espíritu.
REFLEXIONES Y COMENTARIOS
¿Cómo
se hizo el disco?
Fernando: Lo
grabamos en pocas horas en Circo Beat con Coti. La verdad fue muy simple, no le
dimos muchas vueltas. O sea, pasamos de hacer Siempre Libre en 850 horas de estudio a hacer este en la mitad de
tiempo, como todo el mundo.
Nicolás:
Fueron largas jornadas grabando en el estudio Circo Beat cuando Fito [Páez] todavía dejaba sus vinos en su bodega abierta, y
nos encargamos de cuidarlos bien. La pasamos excelente, hubieron noches de
zapada y camaradería, fueron varios amigos al estudio. Creo que en
el disco estuvo muy bien plasmado el espíritu de fiesta que estaba en el
aire de las grabaciones.
Carlos:
Antes se grababa muy diferente a como es ahora. Íbamos todos los días al
estudio con la producción de Coti, más todos los músicos invitados. Una linda
experiencia. Recuerdo con mucho cariño la grabación de Turfshow porque estábamos con todas las pilas renovadas porque
pensábamos que iba a ser un disco que cambiaría nuestra carrera. Como dije, un
volantazo.
¿Y
la tapa? ¿Cómo se hizo?
Nicolás:
No recuerdo mucho, solo haber hecho fotos de estudio para imprimir en las
remeras que usa la chica de la tapa. Lo demás fue montaje digital.
Carlos:
No me acuerdo a quien se le ocurrió la idea pero sí me acuerdo de la sesión de
fotos. Primero, hicimos los retrato de nuestras caras y después la foto de la
chica, el resto fue edición. Viéndola ahora, veinte años después, está muy
buena, es muy luminosa, tiene mucho que ver con lo que queríamos decir y
mostrar.
Fernando: A
mí no me gustaba mucho. Recuerdo haberlo manifestado pero como se pensaba en
algo muy pop, tipo warholezca, la tapa fue por ahí.
Joaquín: La
verdad que hay de todo en este disco. Y mirá, también, las chicas de la tapa
del disco, que representan lo que serían nuestras groupies, son todas rubias e
iguales. Es una gran broma, ¿entendés?
¿Cómo
fue la presentación del álbum?
Fernando: Iba
a ser el 19 de diciembre en Niceto. Cae el gobierno de De la Rúa, se suspende y
pasó al 21. Fue espectacular, vino Cucho
de los Decadentes y Charly que copó el escenario y nos quedamos tocando unos
cuantos temas con él (risas). Fue un
fiestón. Lo dimos todo. Era un momento duro del país, con los muertos que dejó
el 20 de diciembre. El último toque de queda lo habíamos tenido con los
militares, imaginate. Fue duro. Y si bien, nosotros estábamos muy arriba,
sentíamos lo que sucedía, no estábamos abstraídos de la situación social. Por
eso nuestro mensaje era “Vamos, arriba”. Creo que le dimos mucha alegría a la
gente que la necesitaba. Por eso, nos fue tan bien y tuvimos la posibilidad de
recorrer el país pueblo a pueblo. Hemos estado en lugares donde el tren había
dejado de pasar hacía 5 años atrás y estaban transformados casi en pueblos
fantasma.
Carlos: El
país estaba a punto de romperse una vez más. Había mucho descontento en la
calle y, en contrapunto, nosotros salíamos con un disco de canciones muy
positivas. De hecho, la noche que presentamos Turfshow De La Rúa ya se había ido y nosotros no sabíamos si
presentar o no el disco. Por eso, lo increíble del disco es haber salido en ese
momento tan crítico porque en vez de mostrar eso, era todo lo contrario. No era
un disco negativo, para abajo, ni enojado ni con furia, sino un disco con
canciones alegres. Finalmente, la gente nos agradecía eso porque les levantaba
el ánimo. La frase “cuando escuchés esta canción/ te va a alegrar el corazón”
que parece tan común en la música popular, terminó siendo, en ese momento de
explosión social, algo valioso porque tiraba buena onda.
¿Cómo
ven hoy a Turfshow con respecto al resto de la discografía del
grupo?
Carlos:
Es un disco que me encanta. En el grupo todos los discos son diferentes y no
hay ninguno que no me guste. Creo que Turfshow
es uno de los trabajos a los que más cariño le tengo. El primero, Una pila de vida, es la novedad de sacar
un disco y que te pasen en la radio. Pero a Turfshow
le tengo un afecto especial, será por la época en que salió. Dentro de esa
situación económica y social, Turfshow
fue como una inyección de alegría.
Leandro: Es
el disco más extremo a nivel pop y canción. Tiene un par de hits que ya
quedaron en el cancionero argentino popular. Se alinearon muchas cosas y salió
ese discazo con unos videos, también, muy buenos que acompañan. Es como el
signo de una época. Además, salió en el 2001, el país estaba en llamas y era un
disco pop optimista. Así que pegó muy bien.
Fernando:Una Pila de Vida tenía mucho de Joaquín.
En Siempre Libre se abrió un poco el
juego. Y en este, ahora analizándolo, me doy cuenta de lo inspirado que estaba
Joaquín con sus letras espectaculares.
Nicolás:Turfshow es el álbum de la banda
que le dio al grupo proyección popular, pasamos de ser un grupo de culto a sonar
en las radios y programas de TV de toda la Argentina. Nos dio la oportunidad de
viajar y tocar esas canciones en lugares jamás soñados, vivir las
aventuras de la ruta, llevar alegría y fantasía a las ciudades y al
interior más profundo. Sentó las bases de nuestro futuro, y contiene las
canciones que todos quieren seguir cantando. Una obra fundamental para nuestra
discografía.