lunes, 8 de mayo de 2023

ANTI - ACADEMIA DE ROCK, entrevista a Emiliano Scaricaciottoli



En 2022, el sello Clara Beter Ediciones lanzó Contra la moderación. Del Rock mayúsculo a la bifurcación de senderos, un trabajo que apoya sus bases en la investigación y en el análisis para ofrecer un conjunto de ensayos de crítica política de la cultura.

El libro incluye once capítulos en los que se analizan problemáticas que atraviesan al rock en la actualidad y a través de diversas vías propone seguir discutiendo a este género musical cuya importancia a nivel social y cultural no ha perdido vigencia.

Este volumen fue compilado por el licenciado y profesor en Letras Emiliano Scaricaciottoli, quien forma parte del Seminario Permanente de Estudios sobre Rock Argentino Contemporáneo (SPERAC), un espacio académico nacido hacia fines de 2018 como una propuesta de indagación y abordaje, de intercambio y discusión sobre los que nos apasiona, el rock.

Así, les presentamos la interesantísima charla que mantuvimos con Scaricaciottoli sobre este nuevo material.

ENTREVISTA> Este libro completa una trilogía, ¿no?

Sí, el primero fue Las Letras de Rock en la Argentina que publicamos, en 2014, con Oscar Blanco por Editorial Colihue. Ese primer trabajo, cuyo recorte abarca de 1983 a 2001, fue producto de algunos seminarios que estábamos dando, también, acá en [la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA en] Puán para la carrera de Letras pero viene de un recorrido de investigación que se inició en el año 2006. Ese libro rompió con lo que se venía haciendo en crítica cultural de rock que era más un análisis sociológico y periodístico. Nosotros, en cambio, la encaramos desde un punto de vista literario y ensayístico.

El segundo libro, La Campana de la División, salió por Clara Beter bastante tiempo después, a fines de 2020 o comienzos del 2021, con el afán de continuar aquel trabajo que había llegado hasta el 2001, y tomando como punto de inflexión ese año por lo que significaba el Siglo XX, nos propusimos observar el período que va hasta el 2015 aproximadamente, y la llegada del Macrismo.

Este trabajo se hizo con parte del equipo de investigación que habíamos conformado con Oscar en aquel momento y con otros investigadores independientes con los que había trabajado en algún momento. En el proceso de elaboración de ese libro, propongo hacer un seminario permanente de estudios sobre rock que tenga una pata en publicación y que pueda hacer actividades de educación, de extensión también. Así se forma el SPERAC. Algo parecido al proyecto que vengo llevando adelante con el GIHMA [Grupo de Investigación Interdisciplinaria sobre el Heavy Metal Argentino], desde hace 10 años. Son proyectos que tiene varias patas: publicación, escritura asidua, trabajo interdisciplinario. La única diferencia es que en el SPERAC toda la gente que participa salió de la carrera de Letras, o ha pasado por mis aulas como docentes, o hemos hecho otros proyectos juntos en algún momento. Así que ahí se crea el SPERAC, a fines de 2017, comienzos de 2018, cuando empiezo a cranear La Campana… después de aquel libro iniciático que hicimos con Oscar. Contra la moderación, abarca del 2015 los últimos 5 años que es algo que no suelo hacer porque creo que hay que tener cierta distancia con el objeto de estudio.

¿Cómo se fue gestando este trabajo?

El grupo de investigación, la segunda camada del SPERAC, arranca a escribir a fines de 2019 y, lamentablemente, enseguida sobrevino la pandemia pero no frenamos nunca, lo cual fue algo muy sano y alocado al mismo tiempo. Es decir, seguíamos reuniéndonos virtualmente y auto gestionándonos. Hasta ese momento funcionábamos dentro de ámbitos académicos pero no hacia afuera. El SPERAC, como tal, empieza a tener redes en el 2021 por eso, también, sale este libro, que para mí es superior al resto de la saga, y el más traumático, el más jodido, el más peleado como escuela de escritura porque siempre digo que nuestro espacio es una escuela de escritura.

Y un verdadero proceso de aprendizaje, también…

Sí, aunque ahora nadie quiere aprender nada. O sea, la gente tiene como una especie de reduccionismo a la miseria, ¿no? Nadie quiere formar parte de ningún espacio. Mientras menos identificación haya, mejor.  Y aparte todo el mundo quiere ser vanguardia, en ese sentido. Para mí la única escuela de escritura que hay son todos los grandes maestros con los que he aprendido, a muchos los nombro en el libro. De la vieja camada: Nicolás Rosa, David Viñas, el propio Horacio González. De la nueva, mis contemporáneos: Laura Estrin, el propio Oscar Blanco, Christian Ferrer, Néstor Perlongher, también. Es decir, tipos que forman parte de esa generación que uno siente más cerca… Me formé con esa camada de escritores de la [revista] Cerdos & Peces entre la que había ensayistas de la puta madre, ¿no? El propio Enrique Symns, aún con cierta distancia en todo sentido. La irreverencia de esa generación, y de esa revista en particular, para mí fue mucho más fuerte que Expreso Imaginario, Pelo, etc. Creo que esas Cerdos & Peces marcaron. Habría que mirar esa revista como un punto de inflexión porque eso, también, forma parte de la historia del ensayo o de la crítica cultural que uno quiere.

Sería escribir para que duela, una escritura que no complace…

Es una escritura chota. Habrá quien encuentre placer en la escritura, para mí la escritura refiere a todo lo contrario. Laura Estrin, ensayista y poeta argentina, una gran amiga y maestra dice: “La vida es una mierda, escribir te hace un poquitito más feliz…” Aún en el dolor de escribir.

Sumado a esto, se me ocurre que debe haber sido difícil escribir  durante la pandemia…

Fue tortuoso. Pero cuando empezó la época del aire libre nos empezamos a juntar en terrazas para terminar de darle la vuelta de tuerca. Finalmente, después de mucho transitar, salió en septiembre de 2022. La editorial Clara Beter apostó a que se publicara este libro y le puso mucho el cuerpo y el bolsillo, también. Este material tiene ilustraciones de Tamarah Heyob que es una tatuadora francesa, fotografías de Andrea Meikop.

La tapa del libro es muy potente visualmente…

Sí. La ilustración de tapa, que hizo el ilustrador Faka Giglio, es Charly cayendo con otros. Está muy buena. O sea, fijate que está cayendo con Pappo, con Palo Pandolfo, con Pity, con Juanse… está cayendo con otros porque es como la gran caída de las referencias, el ocaso de los ídolos. Una escena que, al menos yo, observo. Considero que, si bien el rock no está agotado, la bifurcación de senderos a la que refiere el título del libro como concepción sobre el rock contemporáneo, tampoco sé si es rock. Creo que el rock está mixturado con otras músicas y con otras expresiones que han mutado en otra cosa.

¿Cómo es eso?

Creo que, a veces, es forzado llamar rock a algunas poéticas. Es decir, con el afán que no muera, mantenemos la denominación para que siga vivo. Tenés el cadáver ahí, y vos decís “pero suena igual, suena bárbaro”. Sí, pero ¿cuánto hace que lo tenés con electroshock y enchufado a 220 para que no muera? Hay expresiones, por ejemplo, que están en este libro dentro del rock, que para mí, claramente, no lo son y no es que no lo son por una concepción nostálgica o conservadora sino porque quieren ser otra cosa. Como el trap, por ejemplo, que quiere ocupar espacios del rock pero siendo otra cosa.

En este libro se celebra la división sin dejar de alertar al mismo tiempo que esa división, esa fragmentación, esa atomización gigantesca, no genera colectivos de identificación, genera colectivos de miedo, de abroquelamiento, en algunos casos de corrección política, en otros, de arrojo, sí, esto es interesante pero son ganados por el mainstream rápidamente. Entonces, desconfío un poco de que cualquier cosa que se atribuya el mote de rock, lo sea. También, desconfío del vejestorio que dice “rock es Bowie”, rock es esa imagen de Keith Richards tomándose una birra en el balcón, que me encanta pero tampoco quiero quedarme con eso. Así que estamos en un momento de división de aguas.

¿Cómo diagramaron el libro? ¿Cómo fueron delimitando los objetos de estudio?

En el libro anterior lo que habíamos sostenido era que no se podía mapear al rock argentino en la contemporaneidad y por eso, habíamos trabajado con autores o en con la categoría de autor. En este, había que tratar de meterse con los “géneros” que nosotros denominamos poéticas o cajas. Entonces se pensó en una lista de géneros que se desprendieron del rock. Y a partir de eso se planteó una consigna muy básica que fue tomar una caja y ver qué es lo que pasa dentro de ella, tomar un género y ver qué es lo que sucedió en los últimos cinco años con su historia, su genética, con su ADN, los linajes, las facciones que se van dando y cómo se llega al presente.

Hay trabajos de escritura colectiva, también…

Sí, hay trabajos a cuatro manos, como en el GIHMA, por eso tardamos en terminar el libro. Obviamente, había algunos investigadores que ya venían con ciertas ganas de trabajar con un género en particular y, como siempre decimos, tenemos que tener estómago amplio y laxo. Acá no producimos por una noción de gusto. Nosotros nos metemos adentro de una caja y trabajamos con eso: ir a recitales, transitarlos, patearlos, escuchar muchísimo, leer muchísimo, meterse. En principio, cada uno trató de elegir el género que más le interesaba para poder abordarlo. Después, a partir de ahí, obviamente, quedaron muchos géneros afuera. Por ejemplo, la música electrónica, que estaba muy agenciada con el rock y que vendrá en algún próximo capítulo. Hay varias cajas mayúsculas que quedaron afuera. Pero la gran mayoría que están acá está bien que estén. Y eso fue lo más genuino. Uno podría decir que hay cajas que están agonizando: como el blues, el punk… No, se pueden construir en nichos pero no están agonizando.

¿Cómo sería?

Si algo estuviera agonizando habría que pensar en el rock en general pero no. Tampoco hay ningún género o subgénero o poética dentro del rock que esté descollando. Lo que está claro es que todos se abrazan al trap como si fuera un salvavidas en medio del océano para poder sobrevivir. Y a mí me parece un grave error porque borra las veredas y construye la fantasía de un imaginario comunitario que se auto protege, de cuidado, de la demonización a Cromañón, de la demonización a las “cuevas”. Mirá, el 13 de julio pasado, que fue el Día Internacional del Rock, nos invitaron a una charla en el espacio cultural Jungla, en Capital Federal, y si hay algo que sostengo es que Cemento fue vital. Cemento y Arlequines fueron espacios importantísimos para mi configuración identitaria, para mis peleas identitarias, para vivir lo alternativo entre fines de los 80 y comienzos de los 90. Yo me formé ahí. Reivindico las cuevas. No las cuevas porque éramos menos. Las cuevas porque vos en una misma noche en Cemento veías tocar a Hermética, a Todos Tus Muertos, y capaz que tenías a [Francisco] Bochatón haciendo algo y más tarde, no sé, aparecía Fabiana Cantilo. Todo en la misma noche.

O en el Roxy…

En el Roxy, ¡sí! O sea, lo que falta hoy es circuito. El circuito actual lo construyen las grandes marcas. Entonces, se perdió la ritualidad porque se perdió el cuerpo. Lo tecnovisual perdió el cuerpo. Y ese es el gran problema del presente, ya no sólo del Rock sino a todo nivel. Hoy en día pensar una banda en ausencia del cuerpo, pensar un recital en ausencia del cuerpo, es un problema. Lo vimos durante la pandemia. Eso fue el streaming que, al mismo tiempo, implicó una solución para muchas bandas que murieron en el camino y para muchos músicos. Pienso en los músicos que perdimos. En Willy Crook, en Palo Pandolfo, en Pato Larralde, en Rino Raffanelli… Y otros antes, como en el caso de Gabo Ferro. Y eran tipos que estaban en un momento de una madurez interesante… El mismo Bin Valencia, el baterista de Almafuerte. Y bueno, así va cayendo, también, una generación que estaba en cierto zenit.

Me gustó una frase que dijiste en la presentación del libro: “Escribimos, pero no porque estamos aburridos”. ¿Contra quién es eso? ¿Contra el periodismo especializado?

No, es contra del efecto de cientificidad. Contra los boludos que ganan becas y hacen seminarios de posgrado en las universidades y meten al rock porque están aburridos. Después hay un periodismo berreta. Hay un sector FSOC berreta que le saca jugo a la piedra para hacer un nicho. Nosotros no hacemos esto para llenar líneas del currículum vitae. Eso es lo que la gente no entiende. ¿Sabés lo que nos cuesta explicar la propuesta? Para el “académico”, el rock debería ser un objeto de estudio distanciado, que hay que analizarlo, que hay que desmembrarlo, desmenuzarlo, ¿no? Lo puede ver con frialdad, no se involucra. Vive en esa distancia, en esa proxemia permanente. El periodista especializado está necesitado del enciclopedismo, lo sabe todo, lo conoce todo… Es Pierre Menard, ¿no? O sea, no olvida nada. Y con eso le basta. Con todo mi respeto a grandes maestros como Alfredo Rosso, Claudio Kleiman, ellos no hacen lo mismo que nosotros. No es que estamos aburridos del periodismo y entonces dijimos, “bueno, vamos a hacerlo nosotros”. Escribir es un ejercicio de la pulsión de vida y de muerte al mismo tiempo. Entonces, no es para hacer un seminario y una beca o para crear un espacio de reivindicación dentro de la universidad. Yo reivindico a la facultad que crea el under. En una época la facultad era el under. Ahora la facultad es un espacio alejado de la calle y lleno de clichés. Cuando estaba hablando de eso, me estaba refiriendo a la cultura de la cancelación, a estos sectores políticamente correctos a los que les conviene ahora… El [libro] Charly Queer. ¿Qué boludez es esa? ¡Por favor! A cómo ciertos sectores, de esa vanguardia progre, necesitan levantar a alguien, a algún muerto, a alguno de los que se están muriendo, de los que están cayendo para decir: “pero este queda vivo, este era sano, loco”. ¿Sano de qué? Eso del rock con profilaxis a mí me da por el quinto forro de las pelotas. Pero bueno, a eso me refería.

¿Cómo dialogan entre sí los capítulos del libro?

A veces, hiper vinculándose porque cuando uno habla del punk, del hardcore punk, o del metal cristiano, por ejemplo, hay zonas de diálogo. A veces son ejes: el cuerpo, la muerte, el baile. Ejes a través de los cuales los capítulos van dialogando entre sí. Y a veces no sé si hay diálogo. Creo que son como mantras, por eso todos los ensayos tienen una imagen de ingreso y una imagen de salida realizadas por Tamarah Heyob. Y más que dialogando, a veces, están discutiendo. Cada capítulo está armando un rancho, ¿viste? Yo te decía lo de las veredas… Bueno, cada capítulo está armando una vereda. No voy a decir que todos los capítulos están ecualizados. No creo que pase eso. Creo que cada capítulo es una guerra, una gramática de la guerra diferente. Cada uno mantuvo una guerra con sus propios demonios como escritor y una guerra al mismo tiempo contra lo que te dicen que es el género. Cada uno la fue llevando y viviendo en su propio cuerpo, también, en su propia escritura. Hay escrituras que son un poco más livianas y otras que son más violentas, más verborragicas.

Es muy superadora la idea que el libro plantea sobre cómo se reconfigura el rock a partir de ahora y no se queda solo en la premisa que ha muerto…

La idea es ver cómo se vuelve a escribir permanentemente, cómo se vuelve a llenar ese axioma rock. Qué se descarta, qué se suma, qué se sostiene, permanentemente. Creo que es una acción vertiginosa. El rock más que ir hacia adelante va, fuertemente, en picada. Y en ese “ir en picada”, a veces, como decía Simon Reynolds, retromaníacamente mira por el espejo retrovisor y dice: “uy, mira todo lo que nos perdimos…”, y reescribe lo que ya pasó como si fuera una verdad. Me parece que estamos viviendo un momento en el que nos gusta mucho el pasado, me incluyo. No creo que sea un error mirar el pasado para pensar el presente, al contrario. El error es ganar siempre el futuro sin mirar el pasado. Solo ser vanguardia porque creo que muchas vanguardias están atrás. Eso es algo lindo que permite este libro: Hacer un recorrido por bandas o por autores que de repente no tuvieron el lugar dentro de la historia de sus géneros. En ese sentido, fueron bastardeados o ninguneados por la propia crítica musical, por la propia sociología de la música. Entonces, en el libro, se habla muy poco de Charly, de Juanse, de Iorio. ¿Por qué? Porque una política que tiene el SPERAC es la del parricidio. Es decir, desprenderse de las grandes referencias. Si no matamos a los padres, simbólicamente, quedamos fagocitados detrás de su historia. Hoy en día, pasa que escuchamos un montón de bandas o artistas que suenan o quieren sonar igual. Un gran referente en el plano de la producción musical, Alejandro Taranto, dice algo que considero vital: desapareció la figura del productor. Hoy, el productor no es músico si no que es un CEO de una compañía musical. Entonces al desaparecer los grandes productores desaparecieron las grandes diferencias, también. Es decir, que al escuchar un álbum uno pueda darse cuenta la mano de qué productor está por detrás. Bueno, me parece que esa generación que es la generación de los productores se fue perdiendo y al irse perdiendo, también, se va agotando cierto frenesí que tenía el rock.

También veo otra tendencia que consiste en apuntar al single, en busca del éxito inmediato, y no a la obra.

Esto que señalás es brillante. ¿Quién escucha hoy un disco de punta a punta? ¿Qué banda piensa en la obra? Podríamos decir que una banda como Divididos piensa en una obra pero piensa en su obra entera. Dentro del rock siempre estuvo la idea de “pegarla” que era que pasen tus temas en la radio, y después te hacían una nota o salía algo sobre vos en otro medio. Pero lo que “pegaba” era el disco. Los discos eran lo que marcaban un antes y un después. Cuando pienso en  2001, pienso en discos como Jessico de Babasónicos; Efecto Tequila de Lethal Silver Sorgo de Spinetta; Intoxicados con ¡Buen Día!… Estoy pensando en discos puntuales que marcaron época y ahora estamos pensando en canciones. Bueno, eso tiene que ver con la tendencia actual: la playlist.

Sí, un poco lo que me decías del rock subiéndose al terreno del trap…

Claro. En el libro, el ensayo de Celeste Semcoff marca este punto. De ese capítulo, mi conclusión es que el trap no forma parte del rock, forma parte de una tendencia hegemónica e irreversible sin duda. Ahora, ¿por qué el rock ha buscado o, en todo caso, sigue buscando en el trap cierta trascendencia? Vos fijate que estamos, también, en la época de la vuelta de grandes bandas. O sea, desde Lebón y compañía a bandas que se volvieron a juntar para ver cómo rascar la olla. Por ejemplo, lo que pasó con Riff fue un bochorno. Bueno, y antes de eso, lo de Los Violadores que, en un sentido, terminó siendo un poquito bochornoso, también. Me parece que es como no poder dejar atrás lo que se fue. En mi caso, que escribo sobre rock pero me especialicé puntualmente en el heavy metal, celebro que Almafuerte no se haya vuelto a juntar y no se junte nunca más. Eso es lo más sano que les puede pasar a los músicos. Al Tano Marciello, por ejemplo, que es para mí el mejor guitarrista que tuvo nuestro país en los últimos 25 años, le hizo bien la separación de Almafuerte porque puedo mostrar su música, mostrarse él y, por otro lado, despegarse de la decadencia de Iorio, también. Hay bandas que, sanamente, se separaron como le pasó a Attaque y que frenaron a tiempo. Frenar a tiempo o de manera abrupta pero frenar y asumir que duró lo que tenía que durar y está bien que así sea.

Y, como decíamos antes, el fenómeno de David Lebón funciona porque es mainstream. Le dieron un Gardel de Oro a un disco de reversiones y eso…

Claro, es un refrito pero estamos en la época del refrito. Estamos en una época donde se dice que ya se hizo todo. Después está la crítica a aquellas bandas que hacen siempre lo mismo. Pero, si lo pensás, son bandas que no se traicionan no que hacen siempre lo mismo, que encontraron el deseo ahí y no se traicionan como pasa con la 25, con Ojos Locos… Algo de esto dicen Daniel Talio y Celeste Semcoff en un ensayo de este libro. Hay bandas que no tienen por qué correrse de su propia historia. Cuando no te da la nafta o no tenés qué decir, empieza el refrito. Nebbia lo hizo hace un par de años. Ahora se celebran los 25 años de tal disco, los 30 años de tal cosa… 85 mil veces La Biblia, de Vox Dei. Pero eso aunque tenga actualidad no es algo novedoso. La novedad es lo que no se vio en su momento porque el mainstream o las productoras no lo permitieron o porque para los ojos de la cultura no era conveniente. Por ejemplo, hay bandas que murieron tempranamente y que hoy, lamentablemente, no se pueden juntar con todos sus integrantes. Por ejemplo, en Todos Tus Muertos se murió Gamexane y no lograron la reunión de una gran banda que en su momento fue fundamental para toda una generación pero creo que tenían un techo al que todavía no habían llegado y se cortó ahí. Entonces, es bueno volver a aquellas bandas que fueron vitales en una época. Otro ejemplo son Los Encargados. Ahora salió un libro lindo, de la editorial Vademécum, sobre Don Cornelio y La Zona que fue una banda que murió para que naciera algo que para mí fue superior, Los Visitantes.

Me vienen a la mente grupos como Los Pillos, banda de culto.

De culto, claro, pero de culto que no están en la historia mayúscula del rock argentino. Olvidate. Ahí vos te das cuenta y decís “esto no puede ser”. También, hay un cierto ensimismamiento de editoriales que respeto pero de las que me distancio como el Gourmet Musical, que quieren todo, todo lo nichean, viste. Todo tiene su historia, ahora todos abren y clausuran todo. Eso es trabajar con lo mainstream, excepto algunos libros interesantes que salieron como el de Gito Minore sobre la faceta electrónica de Cerati. Ahí está el hueco. Me parece interesante sacar el Cerati de Soda y empezar a pensar en ese artista que cruzaba la cordillera de un lado para el otro y que formaba espacios desde otros circuitos, en su agenciamiento con Melero y de ahí en adelante toda una proto historia. También, lo que hace [Norberto] Cambiasso con los dos libros de Vendiendo Inglaterra por una libra. Porque eso es pensar o mover el ojo hacia un lugar que no estaba trabajado, y avanzar hacia ahí. Con Oscar hicimos eso. Dijimos: “che, el rock argentino hasta el 83 está híper laburado. Miguel Grinberg, [Carlos] Polimeni, Fanjul, Pujol, miles. Pensemos del 83 en adelante en aquellas bandas que no están tan trabajadas” Justamente, tengo una obsesión con los 90 porque me parece que, sobre todo la segunda mitad hasta el 2001, un montón de bandas quedaron trabadas y no pudieron superar la profunda crisis que tuvo lugar en ese año.

Hay una parte del libro que habla de tango…

Sí, aparece en el capítulo que escribe Carla Daniela Benisz porque habla sobre orquestas. Pero no solamente de tango. Ahí se aborda a La Delio Valdéz, La Fernández Fierro, Las Taradas, una orquesta de señoritas. O sea, también, porque volvió el bolero o el tango al rock como el folclore, en el caso de Los Mutantes del Paraná, por ejemplo. Entonces hay bandas que se conforman a partir de la noción de orquesta. Hace tiempo que el rock rehabilita al tango aun con productos que detesto como Bajofondo. Todo lo que Santaolalla toca, es para destruirlo. En esos  productos, el rock rehabilitó y renovó, también, la escena. Porque hay muchos tangueros que vienen del palo del rock, como Cucuza Castiello aunque no, necesariamente, hagan rock. El tango se rockerizó, si lo querés ver así. Eso es celebrado pero me parece que es un periodo que ya está agotado. Me parece que después la orquesta se forma dentro de un espacio latinoamericano, a escala continental como La Pequeña Orquesta Reincidentes que es la banda fundamental que trabaja Carla Daniela Benisz en ese ensayo que está muy bien.

¿Qué viene después de este libro? Porque vos dijiste, esto es una trilogía, termina acá… ¿Y qué vendría después? Porque el SPERAC va a seguir.

Sí. El grupo del seminario va a seguir y va a seguir la escritura que es vital para que el grupo continúe vivo y para que avance. Sin embargo, me parece que todo espacio de escritura necesita oxígeno y en estos últimos años, sobre todo del 2014 para acá, he publicado mucho y muy vertiginosamente. Así que creo que viene un momento de respiro, de amplio respiro para poder leer el presente, también para poder ver hacia dónde van los movimientos y para ver, efectivamente, si estas tesis que nosotros venimos sosteniendo se comprueban o no. Creo que uno tiene que desmentirse permanentemente, y cuando digo desmentirse me refiero a poner en crisis aquello que ha sostenido en un momento determinado para no creársela y quedar como un estúpido diciendo “soy vanguardista”. No, no. Creo que hay que re visionar. Si Contra la moderación revisa las tesis de La campana de la división y La campana de la división revisa las tesis que habíamos pensado con Oscar Blanco en aquel 2006-2007 cuando empezamos a escribir sobre las letras del rock en la Argentina, me parece que en la contemporaneidad hay que oxigenarse. Esa velocidad de la que hablábamos antes, hay que frenarla, dejar pasar unos años en los que la escena, también, se pueda reordenar para ver hacia dónde va. Creo que hoy ella está muy viciada por ciertas tendencias y me parece que más que nunca hay que volver para atrás y ver en esas historias del rock argentino qué es lo que quedó. Hay un gran libro de rock sinfónico argentino, que salió por Disconario, que es una editorial por la que he publicado. Ese libro que hicieron Miguel Ángel Dente y Daniel Ferrero me pareció una gema. Miguel hace un trabajo de dirección genética, de mirar para atrás. Creo que hay que hacer ese tipo de laburo. A mí no me sale, yo necesito intervenir. De todas formas, creo que hay que volver a esas bandas que fueron vitales para una época, para crear una escena pero que por otro lado, no tuvieron prensa ni eco. Es decir que, adelantados cinco pasos de su presente, se agotaron. En algunos casos, se extinguieron y en otros casos, mutaron a otra cosa. Me parece que hay que volver al origen y desde el origen pensar aquello no leído para construir desde ahí. Creo que la fuerza del SPERAC para leer su propio presente se agotó y ahora, hay que tomar una distancia muy larga. Con lo cual si volvemos a intervenir/escribir dentro de un par de años, tiene que ser a partir de los agujeros del pasado que la cultura no quiso o no pudo leer.

Emiliano Acevedo

jueves, 2 de febrero de 2023

Un día en la vida de Charly García: El coqueto aerodinámico rokanrol color caramelo de ron (Expreso Imaginario, noviembre de 1982)



En noviembre de 1982,
Charly García volvió a la tapa de la revista Expreso Imaginario poco antes de su cierre definitivo. En una de las mejores notas de la publicación Claudio Kleiman realizó un trabajo monumental pasando varios días al lado de su entrevistado en diversas situaciones, que incluían una conferencia de prensa, un viaje en taxi, ensayos con su banda y momentos en su departamento de la calle Coronel Díaz. Un reportaje majestuoso e imperdible, de la primera a la última silaba.

De esta forma, volvemos el tiempo atrás, hasta hace más de cuatro décadas, para reencontrarnos con Charly en uno de sus mejores momentos, previo al inicio de las presentaciones en vivo del álbum Yendo de la cama al living. Aquí la nota completa.

Aaahhh... las noches del Buenos Aires de posguerra con sus claves secretas... el rock-rock-rock en este tibio destape primaveral... esas chicas de satén y largas melenas enruladas... teléfono... pocos privilegiados pueden acceder a ese jet-set donde todos-nos-conocemos-las-caras... luz azulada, bebida, bebida y la música subiendo cada vez más fuerte, proyectándose y elevándoteeeeee...

LOS ABUELOS DE LA NADA O A BAILAR QUE SE ACABA EL MUNDO

Todo comenzó la noche anterior. Es lunes, la ciudad se acuesta temprano. Pero los que están lo saben... Freedom Bar. Allí en Palermo, frente al zoo... Bajas la escalera y te encontrás con lo más granado de la aristocracia rockera. . Es una conferencia de prensa muy especial... Se presenta el nuevo LP de los Abuelos de la Nada. Ya sabes cómo es... música divertida en la Argentina quiero-olvidar-las-pálidas... radiofónico... reggae, brisas del trópico. El caribe sonando en Palermo... 'tristeza de la ciudad, por favor no vuelvas'... juventud dorada, los nuevos frutos de Occidente. Todo el mundo sabe que el LP fue producido por... Charly García... eso da prestigio, amigo. Está allí, sentado en una mesa alta junto a Amílcar Gilabert, su técnico de grabación. Hay una constante peregrinación hacia el altar... saludos, besos perfumados, miradas eléctricas... una pleitesía psicodélica. Daniel Grinbank, el Bill Graham argentino, cobijó a los abuelos bajo su ya poderoso sello independiente... está allí, para asegurarse que todo salga bien. Los aceitados hilos de la producción marchan en manos de gente joven... que conoce el negocio... ellos también son rock... igual que nosotros, los periodistas... tenemos un lugar asegurado al lado de los... privilegiados. ¿Cuándo alguna de las grabadoras tradicionales iba a organizar una conferencia de prensa como ésta?... el desfile surrealista de la beautiful people... está allí Renata Schussheim... y... Guillermo Nimo.

Miguel Abuelo sube al tablado y hace un discurso de presentación magnífico, delirante... partículas de locura, fibra poética pura que enrarece el aire... Bazterrica dice 'cuando conocí a Miguel Abuelo me encontré con poesía viva'... y además. Charly, allí en discreto segundo plano... agradeciendo sin darle mayor importancia al asunto. Total todos saben que él fue-quien-posibilitó-esto.

Fin del papo y se desata el baile. Intensidad frenética... mucha onda... se agotaron 100 litros de cerveza... 70 botellas de champagne... 10 de whisky... amigo, a esa altura sólo puedes aplaudir y sacudirte... dejarte empujar, rebotar suavemente en ese remolino de seda y piernas bien torneadas... es demasiado, 'la alegría no es sólo brasilera'... pero en Buenos Aires ni las estructuras están construidas para contener semejante estallido... así que estás allí, bailando y, creo que fue ese último whisky que mezclé con el champagne... pero el suelo comienza a ceder bajo tus pies... todo el escenario de Freedom tiembla y se resquebraja, se cae entre un infierno de gritos y ruidos de madera que se quiebra... apocalypsis, nunca creí que viviría para verlo... el mundo se acaba... bouuummmmmm!!!!!!!!.

ALMORZANDO CON CHARLY GARCÍA

La cita era para almorzar en su casa. Barrio Norte, bello día soleado en esta primavera indecisa... pero aún pesa la resaca de anoche... los ojos se niegan a terminar de abrirse... Coronel Díaz se te confunde con alguna calle de Río, sin la presión y las bocinas del centro... chicos en ropa de gimnasia van a comprar cerveza... esto es otro clima... liberado. Gente que ha viajado y conoce... todo es más leve, con menos prejuicios... gente como uno. Baja hasta la puerta de calle a ver si llegué... 'el portero eléctrico no funciona' (paciencia, esas cosas pasan hasta en Barrio Norte). Indumentaria Costa Oeste... el suave desaliño de los que pueden. Zapatillas blancas, jeans y T-Shirt The Police. Ghost in the Machine... negra, con esos extraños signos digitales en rojo... el arte del mundo moderno... qué te creías, también llegó aquí.

Estamos en el escenario de De la cama al living. Curvaturas diluidas y relajantes, espacios amplios... colores claros... ventanas amplias filtran la tenue luz del día... apenas si alguno que otro adorno... Jimi Hendrix besando un picaflor... un living que se extiendeeeee...

'Dormí una hora', señal que la fiesta siguió en algún otro lado. Ada, la mucama, sirve la comida. Charly hace pocos días que volvió de Búzios pero 'Zoca se quedó en Río, queremos comprar un departamento allí'. El teléfono suena, suena y suena... 'me voy a tener que comprar un contestador, como León'.

Termina la comida y empiezan las preguntas. A las 3 es el ensayo, no tenemos mucho tiempo. El nuevo LP hay que presentarlo en vivo, y eso requiere poner a punto una banda. Y si tu nombre es Charly García, más vale que tu banda sea la mejor, porque si no... el rock también es trabajo duro, o qué pensabas... feroz competencia detrás de los abrazos... amigo, no podes dar pasos en falso si querés seguir siendo el número UNO.

¿Lo que estás haciendo ahora significa el comienzo de tu carrera como solista?

Sí, es eso. Me aburrí de los grupos. Para mí la idea de un grupo es cuatro pibes de barrio que se juntan y triunfan. Cuando ya tenés todo un pasado, cada vez te resulta más difícil compartir tus puntos de vista del mundo y de la música. Además lo que estoy buscando es estar más libre, ágil para poder moverme en cualquier dirección. Sin hacerme responsable por cosas de otros, ni tampoco tener que cortarle el mambo a nadie. Creo que voy a seguir así. Lo ves más por el lado de ir eligiendo músicos acompañantes.

Ahora tengo una linda bandita. Con Willy Iturri (ex-Porchetto), Cachorro López, Gustavo Bazterrica y Andrés Calamaro (Abuelos). Suena como si fuera un grupo, porque ya grabé el LP y lo único que tenemos que hacer es sacar los temas También estamos tocando un par de temas de la Máquina con nuevos arreglos, como el “Hipercandombe”. Lo que también me gusta de esta nueva etapa es que tengo para elegir temas de 15 LPs. Como hace Dylan, que agarra un tema reviejo, le da un lavaje de cara y sale. Es algo que siempre tuve ganas de hacer, hay temas de la Máquina o de Sui que me gustaría tocarlos de nuevo y bien, porque creo que en algunos casos no quedaron del todo plasmados.

De nuevo el teléfono... 'me gustan las Bay Biscuit' fue todo el comentario...

Tenés la oportunidad de resumir tu trayectoria, en Serú Girán sólo podías tocar temas del grupo.

Serú Girán estaba bien así, pero cuando estás sólo salen muchas más cosas del pasado y del futuro, tenés otro tipo de conciencia. Cuando te metes en un grupo y le va bien, y estás constantemente grabando y haciendo giras, un poco la realidad exterior se empieza a borrar, y tu realidad de adentro también. Formás parte de una especie de equipo de fútbol, con concentraciones y esas cosas. Una de las mejores cosas que me pasaron después de Serú, fue poder estar sin depender de nada. Empezás a salir de nuevo a la calle, ver qué le pasa a la gente. Si no creas una realidad aparte, como diría nuestro buen amigo Don Juan. También es lindo, pero lo que estoy proyectando como vida es tener etapas haciendo eso y después parar y hacer otras cosas. No quiero estar todo el tiempo en el escenario, por ahí quiero hacer una película, o escribir un libro.

La forma de vida rock es algo desgastante.

Te gasta, pero para mí es imprescindible Estando en el paraíso, si no hay una guitarra eléctrica o alguien tocando rock, no podría sobrevivir. La vida rock, tocar, las giras, es algo básico para mí, como comer. Hace poco estaba leyendo un reportaje a Caetano y decía que componía en las giras. Y a veces lees un reportaje a los Beatles o los Rolling y dicen lo mismo. Es ridículo, porque por ahí te vas a un lugar paradisíaco y no te sale nada. Esa onda de presión te pone alerta, te da mucha polenta. Pero a mí me gusta variar, y necesito estar un tiempo en un lugar donde no tenga que esconderme, o hacer esto o lo otro. ¿Eso es lo que te está pasando ahora? Ahora cuando volví de Búzios, me shockeó bastante. No solamente porque me pasan por la tele y esas cosas, sino por cómo estamos acá. Cuando salís afuera te das cuenta que es muy denso lo que está pasando. También es muy bueno, porque hay una onda de salir para afuera, de crear. Pero a la vez yo soy una especie de foco de atención constante. Antes era en cierto ambiente, pero ahora eso se extendió. Tenés que estar todo el tiempo hablando con gente que por ahí es buenísima pero no tiene nada que ver con vos, yo tengo un estilo de vida algo diferente al del tipo de la calle. Y tampoco quiero defraudar a nadie o hacerme la estrella, ni poner barreras entre la gente y yo, porque bastante fama tengo. A veces me encaran agresivamente y eso me jode, porque aunque no lo parezca soy un tipo sensible. Así que cuando me siento saturado me voy. Pero eso me pasa después de mucho tiempo, porque en realidad me encanta caminar por Buenos Aires y sentir que es mi casa, que Caballito es el living y Barrio Norte la cama.

¿Te gustaría tocar también en Brasil?

Puede ser, lo que pasa es que si toco en Brasil me volvería famoso y después tendría que irme a otro lugar a descansar.

¿Pensás reducir las presentaciones en vivo?

En este momento lo que más anhelo es tocar en vivo. Lo que pasa es que no quiero volver a hacer mil clubes y ciudadecitas del interior, todo ese laburo hormiga. No porque no me parezca bárbaro, pero ya estoy medio podrido de hacerlo todos los años. Me gustaría dar una especie de salto, salir de este lugar. No irse, sino llevar la música argentina a otro lado. Ya se está saliendo, de a poquito Latinoamérica se está copando. Creo que los músicos necesitamos un incentivo. Y sobre todo, necesitamos tener un poco de miedo antes de salir a escena, es algo que te llena de polenta. Acá también me pongo nervioso, y si no lo estoy busco una excusa para estarlo. Necesito crear una especie de ambiente caótico, porque tocar es eso. Si ves al tipo que está en la cuerda floja y abajo tiene la red, ya no va. Es mejor saber que si cae se hace de goma. Una de las cosas que más me gustan en los conciertos son los errores espantosos, y ver cómo el grupo resurge y sube, todo ese riesgo.

Ahora con el grupo nuevo me estoy dedicando mucho a tocar la guitarra eléctrica, casi no va a haber sintetizadores. Es una onda Rolling Stones, yo hago de Ron Wood. Voy a concentrarme en cantar, no sé si me va a salir bien, porque tampoco quiero hacer una mano Roque Narvaja. Quiero bailar, hacer algo visual, me parece que tengo pasta para eso. Ahí viene lo que te decía del cambio, creo que si todo es muy fácil y está demasiado bien, por más elevada que sea la música llega un momento en que la gente se duerme. El problema de los instrumentistas es que se basan demasiado en su instrumento, y a mí me pasaba con el piano. Además ya desde la época de los Byrds me fascina la guitarra eléctrica, yo quería ser Roger McGuinn, con esa Rickenbaker de 12 cuerdas. Sobre todo porque te da una presencia en el escenario, podes estar al lado de la gente. Yo siempre estaba en el escenario mirando al baterista, quiero olvidarme de los botones y hacer como Dylan, una especie de bailarín y payaso. Vamos a ver cómo me sale, por ahí es un bochorno.

Es muy posible. ¿Cómo ves la experiencia de Serú Girán?

Fue el grupo que más me gustó de todos los que hubo acá, aunque quizá sólo dimos un diez por ciento de lo que podíamos haber dado. Tal vez si empezáramos ahora y nos mostraran el final, hubiéramos tenido otra actitud. Siempre es lo mismo, cuando ya pasó lo empezás a querer más.

Sentís que la experiencia no se agotó, porque en los otros grupos siempre eras vos el que los daba por terminados.

Claro, acá fue el revés, me dijeron chau. Pedro dijo 'me voy', y cuando toma una determinación no hay forma de convencerlo. David lo miró y dijo 'ya sabía que ibas a decir eso'. Y yo en cierta forma también lo sabía. Esos conciertos del Coliseo fueron lo más que se vio, por lo menos para mí. Era un verdadero grupo, vos veías que cada uno aportaba lo suyo. Una experiencia humana muy fuerte. Pienso que tal vez nos encontremos alguna vez, pero para hacer un disco o algo así. no para hacer los ídolos vuelven viejos y gordos.

Hay un fenómeno muy fuerte con Sui Generis en Latinoamérica.

No sé si es tan fuerte, digamos que lo conocen. No quiero que el lector se haga, una idea de que estamos copando todo. Nos estamos permitiendo brillar un poquito. Pienso que estuvimos mucho tiempo pidiendo disculpas todos nosotros, el público y los artistas. Y es hora de que las cosas sean como tienen que ser, porque el nivel que hay acá en otros lados no existe. Por lo menos a nivel moderno, de mundo moderno. Me gustan las quenas, el charango y toda esa mano, pero lo que a mí me gusta es escuchar guitarras eléctricas y cosas raras, y letras como las de los Beatles, tipo “Strawberry Fields”. Eso es lo mío, cada vez me doy más cuenta: la libertad total en la música. Música que dé mambo. En realidad lo que estoy tratando de hacer ahora es eso. Que la gente vaya a un concierto y sienta como si tomara drogas, o algo así. Que te altere la percepción del espacio y del tiempo, todas esas boludeces hippies pero en un contexto moderno, sin drogas. La gente ahora no toma drogas para ir a un concierto, y yo creo que la música puede elevar. No esa cosa de energía de romper todo, sino sentir que empezás a despegar un poquito. El otro día estaba escuchando con auriculares “Yendo de la cama al living” y en un momento sentí como que estaba en medio de un sueño, que me gustaba sin saber muy bien por qué. Eso es lo que quiero: descaretizar, hacer una música descaretizante. Que se pueda bailar, que te dé ganas de estar con mujeres, de correr, de hacer cosas raras.

¿Eso es lo que te gusta?

Me subo a mi Lamborghini, agarro Avenida del Libertador, marco cuatro, tomo un Sinsano, me convierto en Charly Gancia y salgo a hacer propaganda política por los barrios. Ese es mi pasatiempo favorito.

Era la señal para dar por finalizada la primera parte de la entrevista. Semejante arranque paranoico-crítico no admitía ninguna continuación. Pero el día recién comienza. 'Calamaro quedó en pasar por aquí para ir al ensayo. Podríamos ir bajando, igual la podemos seguir allá'.

El lugar de ensayo es Phonalex, los estudios de grabación de Laboratorios Alex. 'Es un lugar muy divertido, está toda la historia del cine argentino', me instruye con tono doctoral. 'Todas las de Lolita Torres Más Pobre Que Una Laucha, con Pepe Arias. Buenísimo. Me parece un gran actor Pepe Arias'.

Pero antes de salir, una última pregunta. ¿Qué me podés decir del LP?

Lo que te puedo decir es esto: chicos, consigan uno, aunque sea prestado. Pónganse auriculares, o walkman, escúchenlo bien fuerte y chau. Eso es todo. Y si puedo dar una recomendación, para los más fanáticos, escuchen primero el de PubisExiste un orden, no están así porque sí. Tiene que ver con la película y también con toda una onda de sonido. Aunque creo que nadie soportaría escuchar los dos LPs seguidos.

Es demasiado

Entonces recomiendo el de Pubis para comer, por ejemplo. Para invitar a los amigos y charlar encima, de fondo. Para andar en auto, los que tienen. Yo no tengo un auto, así que lo escucho caminando.

TAXI - DRIVER

Psssssss. ¡taxi!... locas coincidencias de una tarde de sol... justo que estamos por parar un taxi llega Andrés, así que no tenemos más que subir y seguir viaje. Un taxi muy especial... el taxista 'no me chupo el dedo, ya sé con quién estoy' es un ex-rockero con puntos de vista muy particulares.. no le gusta Miguel Abuelo, habla pestes de Zas... sigue prendido en la vieja polémica Rolling vs. Beatles... dice que Bill Wyman es el arreglador de los Stones... 'hace años que no voy a recitales, pero iba a los festivales Barock, ahí estaba el buen rock nacional'. Señores, con ustedes: 'Taxi-Driver' la materia prima que nutre las canciones de nuestro héroe. Escenografía: ruido de escapes y bocinas en el trayecto de Barrio Norte a Belgrano.

Taxista: pero ya vamos a tener buena música. Cuando se estudie música, cuando se hagan las cosas bien.

Charly: ¿te parece que hay que estudiar música todavía? El rock nacional no necesita estudiar. Necesita reviente, prostitución y vicio. Eso es lo que necesita Músicos hay demasiados.

Taxista: sin embargo yo insisto que estudiar música no es ninguna cosa absurda.

Charly: pero a vos te gustan los Rolling que son más cuadrados que una baldosa. Y ninguno estudió nada.

Taxista: claro, pero hoy en día me gusta Keith Jarrett.

Charly: está bien, pero eso no es el rock, eso es Keith Jarrett

Andrés: aparte es difícil que coincida que uno tenga talento, locura, reviente y encima estudie mucha música, y no se le pudra la cabeza.

Yo (conciliador): no depende del estudio sino del talento. Hay tipos que son capos y se estudiaron todo y otros que matan y nunca estudiaron nada.

Taxista: yo no soy músico, conozco mis limitaciones. Pero aprendí a tocar viola de pibe, y para sacar una escala tardaba un año. Sin embargo vas a un profesor y te la pasa, y vos te podés pasar ese año aplicando esa escala en vez de estar buscándola.

Charly: pero por ahí buscando esa escala encontrás la tuya.

Taxista: pero tu firma no te la va a poder quitar nadie, tengas o no tengas diploma.

Charly: hay que ver, a cada uno le va como le va.

Andrés: pero bien que vos tenés tu diploma.

Yo: ¿de profesor de piano?

Charly: sí, me recibí a los 12 años. La verdad que me sirvió un toco.

Taxista: ahí tenés. ¿Es absurdo estudiar música?

Charly: no, es buenísimo. Yo me recopaba de pendejo estudiando música. Ahora no te agarro un libro ni que me mates.

Andrés: yo tendría que aprender un poco de armonía. Aprendí un poco con un profesor de jazz.

Charly: hay que estudiar armonía clásica también. El jazz es medio hinchapelotas, ponen mil notas al pedo.

Yo: y vos ¿Qué tipo de armonía usás?

Charly: yo uso armonía hortal.

Nuevamente, era la señal para pasar a otra cosa. Desfilan algunos recuerdos del rock nacional... el tachero habla de Edelmiro... Alma y Vida... Kubero Díaz... este último provoca ovaciones de todos los presentes (incluyéndome) y el comentario de Charly: 'es una especie de mago que pasó por acá y nunca más se lo vio. Demasiado'. Eso sirve para limar asperezas. Llegamos al estudio en un tranquilo clima de comprensión y armonía... Charly ya tiene un personaje más para sus temas... el tachero tema de conversación para los próximos seis meses...

¿a que no sabes a quién levanté hoy?...

CONVERSANDO EN EL BAR

Llegamos... deslizándose entre pasillos laberínticos, repletos de miradas con corbata... ya están allí Willy, Gustavo y Cachorro... impacientes, entusiastas... con el aspecto y el speed de sesionistas de Los Ángeles... dedos ágiles que se deslizan sobre los instrumentos... ellos también han viajado... conocen su oficio... ya está, marcamos cuatro y salimos... todo listo, no hay pérdidas de tiempo armando o enchufando... lejos quedaron los tiempos del garage... los temas salen rápido... el sonido de un nuevo grupo va cobrando forma... ráfagas de los Abuelos. Serú. La Máquina... todo con un ropaje muy... moderno. Charly dirige sin ordenar, repartiendo su atención en varias direcciones... casi sin darnos cuenta va pasando el tiempo... sonido arreglos, notas, acordes... ¿será verdad?.. '¿Qué hace toda esa gente ahí?'... nos damos vuelta hacia el vidrio que separa el estudio de la consola y aparece una escena rescatada de algún oscuro sueño de Buñuel.. 15, 20 hombres con sus trajes oscuros, sus corbatas y portafolios y sus poses glaciales observando detrás del vidrio... rockeros,los nuevos cristianos de circo romano... 'soy un foco de atención permanente'... comprendo. Charly. Comprendo.

Break, vamos a tomar algo en el bar del estudio. La charla recae inevitablemente sobre el grupo y sus próximas actividades. Escenografía: ruido de vasos, botellas y máquinas de café.

¿Cuándo van a tocar?

Tocamos en Octubre en Uruguay, vamos 15 días a Chile, y después hacemos las principales ciudades del Interior: Córdoba, Mendoza, Rosario. A fin de año íbamos a tocar en el Coliseo, pero creo que se agrandó el proyecto. No hay nada seguro, pero la idea es hacer un estadio gigante, tal vez Vélez.

Querés ir probando la banda, antes de presentarte en Buenos Aires.

Sí, es eso. Yo quería el Coliseo, porque ahí sé que puedo tocar música realmente, en un estadio no sé. Lo que pasa es que el disco ya salió y la gente lo conoce, es más fácil que presentar un LP nuevo. Después de eso es como que cierro un ciclo, y veo qué pasa.

Volvemos al LP. Me parece que hay muchas cosas dichas directamente, pero muchas más quedan sugeridas. Palabras, frases que se pierden en la mezcla...

Sí. je, je. Es verdad. Hay muchas cosas habladas, me gusta hablar y tocar música al mismo tiempo. Cosas que decía mientras iba tocando y finalmente quedaron. Porque muchas de las cosas son primeras tomas, espontáneas. Por ejemplo cuando vino Ricardo Gómez, lo invité a grabar y él dice que 'todo es una mentira', de su propio cuño. También Luis Alberto dice muchas cosas. En vez de hacer cling con la viola decís una palabrita, y estás sugiriendo mucho. Además da un clima más humano, verdadero.

¿Cómo fue el asunto con Ricardo Gómez?

Yo me pasé 4 meses en los estudios. Primero mezclé No llores por mí, Argentina. Casi pegado empecé a hacer Pubis, después hice el LP de los Abuelos de la Nada, y después el mío. Cuando terminé me fui a Brasil a buscar a Zoca y dejé la ficha técnica hecha, y cuando volví me encontré con esa novedad. Esa gente se porta muy mal conmigo. Veo un disco producido por Oscar López que sale en mi ex-sello, que se llama Lo mejor de Charly García y tiene temas de David, cualquier cosa. Y además con una tapa parecida al mío. Lo que pasa es que se están hundiendo, entonces apelan a los subterfugios más bajos. A mí no me importa, porque ponen publicidad en televisión, y me inflan un poco. También Microfón sacó otra recopilación con temas de la época de Sui, así que ahora tengo publicidad en los 4 canales. Por otro lado ¿quién se lo va a comprar? Solamente algún despistado.

Hablando de eso. ¿cómo te metiste en la producción independiente, y a hacer tu propio sello con Daniel Grinbank?

A partir de mi espíritu romántico, y de no soportar más a mucha gente. No poder ir a una oficina a discutir nada con gente que se maneja con un bajo astral increíble. Yo sabía que mal no me iba a ir, porque de última termino tocando con un pianito en un boliche. Yo quiero hacer lo que quiero. Si lo puedo hacer en escala gigante mejor, si no, lo haré como pueda.

Además, te dio buenos resultados. Ganás más plata, vendés más discos...

Sí, y a todos les va igual. A Nito, a Spinetta. A León también le iría mejor si se hiciera independiente.

Robert Fripp dice más o menos lo mismo en sus escritos. La vuelta a la unidad más pequeña, planteado casi como una táctica política.

Sí, coincido bastante con él. Se precisa una unidad móvil que se desplace rápidamente, como dice Fripp. Una especie de anguila eléctrica que pueda entrar y salir por todos los agujeros y no sea un mamut inoperante.

¿La frase de Townshend que incluíste en la tapa la sacaste del Expreso?

Sí, la leí justo la noche antes de irme a Brasil, y decidí incluirla. El último LP de él es buenísimo, además tiene unas partes escritas impresionantes. Es toda una mano no uniformes, no jodan a la gente, no echemos las culpas nuestras a los demás, basta. Por eso me alucina Townshend, siento que estamos en algo parecido.

¿Todo esto tiene que ver con el hecho de que no vas a tocar en Barock?

Así es, no me siento identificado con los organizadores. Además si me pienso presentar a fin de año en un estadio no tiene sentido.

¿Cómo fue la relación con Spinetta?

Con Spinetta cada vez somos más amigos, lo cual me complace mucho. Lo encontré en un bar y estaba con un casete del LP, se lo hice escuchar y le dije que me gustaría que toque. Cuando estaba en un grupo no podía hacer esas cosas. A partir de ahí empezamos a laburar en el estudio y fue muy bueno, creo que es el músico que más me gusta de acá. Estamos muy copados, pienso que también él sintió mi onda, y tiró mucho para adelante. Cuando me fui a Brasil le presté el portaestudio y la computadora de ritmos, así que me imagino que está preparando un LP nuevo.

Muy buenos los arreglos de Pedro en “Peluca Telefónica”.

Fue increíble, el mismo día que llegó de los Estados Unidos, y yo me iba dos días después. Nos encontramos a las 9 de la noche en el estudio con Pedro, Willy y Luis y empezamos a hacer el tema, a las 7 de la mañana comenzamos a grabarlo, hicimos dos tomas, y a las 10 nos fuimos a dormir. A las 4 de la tarde volvimos, le pusimos la letra y lo cantamos.

¿Hicieron la letra entre los tres?

Sí, cada uno decía una taradez y se iba enganchando.

¿Qué pasó con las voces que ibas a grabar en Brasil con gente como Caetano y Chico?

Tuve esa idea, me pareció bárbaro y la quería hacer enseguida, pero allí me encontré con un par de demoras y la cosa se hacía muy larga. Igual el disco está bien como quedó, tal vez sea para la próxima. Sigue siendo algo que me gustaría hacer. 

Me gustó mucho “Inconsciente Colectivo”. ¿Es vieja?

Es de la época de Bicicleta. Y encontré una forma de hacerlo que me gustó. Tiene una cosa eléctrica que se repite todo el tiempo, como una especie de mantra, y por otro lado la melodía es casi folk. Mucha gente dice que es uno de los temas que más le gusta.

¿Por qué se te ocurrió poner los dos discos juntos?

Pienso que la música de Pubis es una de las más lindas que me salió en mucho tiempo, y me pareció que además era una música muy mía. Tenía que haber salido con la película pero se atrasó un poco, y después pensé que era tonto sacarlo solo. Poner los dos discos juntos era una forma de decir 'esto es lo que soy, tengo el rock adentro pero también hay otras ondas'.

¿Cómo sentiste la ola de críticas que recibió la película?

Yo fui al estreno, y me di cuenta de todo lo que pasaba. Pero creo que la crítica se fue de mambo, como siempre. Me parece una buena película, y me identifico mucho con lo que dice. Es como que hay que dejarse de joder, terminar con el cáncer que todos los argentinos tenemos adentro. Además De la Torre me dio una fuerza increíble. Me contó la película de una manera que yo la podía entender, y se copó muchísimo con lo que hacía. Trabajamos muy unidos, por ahí le mostraba un tema y él decía 'huí, ahora voy a filmar esto', cambiaba cosas de la película en función de la música. Por eso también no puedo juzgar muy objetivamente.

Aquí se produce la irrupción de la banda y se acabó la tranquilidad. Descarto la posibilidad de preguntar algo medianamente serio y me prendo en el despelote generalizado. 'Pregúntales algo a ellos', me dice Charly. Lo veo venir a Gustavo con una revista de fútbol bajo el brazo y le digo 'veamos lo que leen los músicos de Charly García '.

Gustavo: El Gráfico. Es la lectura favorita del Art Ensemble de Chicago.

Aprovecho para hacer una pregunta que tiene que ver con ellos.

¿Qué va a pasar con Los Abuelos de la Nada?

Charly: no sé. pregúntale a ellos. Yo hice el disco y armé una banda para tocar. Va a seguir o no de acuerdo a lo que cada uno decida, por eso no es un conjunto. Si los Abuelos en un momento tienen tanto laburo que ellos no pueden tocar conmigo, contrataré a buenos músicos.

Va la misma pregunta para Cachorro, Andrés y Gustavo.

Cachorro: los Abuelos siguen al mango.

Andrés: ayer estuviste en la fiesta, y viste a los Abuelos en toda su salud.

Cachorro: Charly es el productor artístico, así que tiene mucho que ver. Además va a tocar con nosotros en el Coliseo.

Andrés: pienso que las dos cosas son perfectamente compatibles.

Charly: yo estaba grabando y ellos andaban por ahí, me gustó cómo tocaban y la onda que había. Me pareció que por lo menos al principio, ahora que los Abuelos están empezando, no iba a interferir para nada.

Andrés: creo que Los Abuelos de la Nada y la banda de Charly García van a durar diez años.

Cachorro: después los internan.

Yo: sí. ahora el mes que viene leemos 'se separan Los Abuelos de la Nada'.

Andrés: dale Charly. Tocá “Canción para mi muerte”.

Yo: ¿pensás que hay un destape en Argentina?

Charly: sí. por lo menos nosotros estamos practicándolo. Yo desde que voy tanto a Brasil, cambié.

Willy: sí. está más cariñoso.

Andrés: nosotros somos un producto típico del destape.

La cosa termina con Cachorro y Andrés cantando a dúo “Alabama Song”. Jim Morrison se revolvía en su tumba.

LAS NOCHECITAS DEL BARRIO NORTE...

Llega la estrella a su casa después de un día de fatigosa labor... 'Aunque no es un laburo tan desgraciado el que tengo ¿no? No se están tan mal haciendo música'... Mientras se fríen las milanesas voy al baño, lleno de espejos y lucecitas tipo camarín... ¿Ya venía así? Parece especial para vos... 'Fue una de las cosas que me decidieron a comprarlo. Eso y la trayectoria de la cama al living'... Mambeante, sinuossssssssa... El clima es apropiado para una charla tranquila Salvo por el... teléfono... teléfono... teléfono...

¿Te cuento una de Río? Íbamos con Zoca y unos amigos caminando tranquilamente, mirando el atardecer y hablando de música. De repente pasa un Volkswagen y un tipo asoma medio cuerpo por la ventanilla y me grita: ¡Ladrón de gallinas!

La pesadilla argentina te persigue…

Otra vez estaba comiendo en un restaurante de Río, se me acerca un tipo y me dice '¿Qué haces comiendo? Vos tendrías que estar componiendo'.

Es como el taxista, que te mandaba a estudiar…

Sí, es increíble las cosas que te dicen. Una vez una chica me pregunta '¿Cómo, vos también caminas?' No podía creer que yo caminaba por la calle.

¿Te parece que estás trasladando un poco del estilo de vida brasilero?

No, estoy haciendo un experimento, que consiste en componer sin presión. Todo lo que hice ahora lo compuse bajo mucha presión. Se separaba Serú Girán, no sabía qué hacer, después se desata la guerra, todo el bajón. Hay cosas que son mías, pero muchos de los temas están muy influenciados por el medio ambiente, hablan de eso. Y me gusta hacer temas en un estado más puro; conectarte con lo que es, con lo que querés, no estar hablando todo el tiempo de lo que no querés. Creo que va a salir bien, porque Brasil tiene una onda mucho más relajada.

Te lo preguntaba porque Gilberto Gil decía algo bastante parecido, sobre lo de permitirnos brillar.

Sí. porque a la vez que hay una gran polenta, a un nivel los latinoamericanos siempre nos sentimos inferiores. No te hablo de tipos que se creen los reyes del mundo y son una zapatilla, sino de gente con cierto espíritu crítico, conciencia, o como quieras llamarlo. Uno mira las grandes obras y se siente agobiado, pero creo que acá se está inventando algo. Lo que pasa es que tenemos papás muy fuertes, que todo el tiempo están pidiéndonos cuentas de nuestros actos. Europa. Estados Unidos, los gobernantes, la moral... Como en Instituciones, sigue siendo lo mismo.

Justamente vos a través de tus distintos grupos siempre fuiste reflejando lo que iba pasando, creo que eso es lo que establece una continuidad en tu trayectoria como compositor.

Hay un montón de cosas que todavía no se pudieron decir. Cuando vos haces una canción y decís algo que sabes que te puede perjudicar al punto que no te dejen trabajar más, o te violenten, o te desacrediten, con toda esa paranoia es muy poco lo que puede salir naturalmente. Todo se pasa por el tamiz de la inteligencia para decir las cosas de una manera menos ríspida. Pero el rock, la buena música, tiene que ser un poco ríspido, agresivo. No en el sentido de hacer ruido sino en el de definir una actitud.

¿Y a partir de eso cómo ves la música que se está produciendo acá?

Me gusta. Veo que va a salir algo, se ven cosas buenas. Si nos vamos a comparar otra vez con Weather Report mejor olvidate, pero pienso que no hay que compararse más con nadie. Porque en cuanto haces algo que se parece a lo de los yanquis ellos ya hicieron otra, y siempre te quedás afuera. Pienso que lo que se está haciendo acá es bueno, porque es internacional sin exagerar, y se le está dando más importancia al mensaje, a la idea que se quiere transmitir que al tocar solamente para mostrar lo bien que se toca.

¿Cómo fue hacer un disco prácticamente solo?

Fue buenísimo. Durante 6 meses hice una especie de terapia de grabar todos los días, acá en casa. Y aprendí a cantar, por ejemplo. Antes no me mandaba muy al frente, cantaba solamente para afinar y decir la letra. Me parece que ahora la voz tiene un espacio. Además que por ahí estás en tu casa a las 5 de la mañana, terminaste de hacer la letra y agarrás el micrófono y lo cantas. Y esa vez generalmente es la mejor. Entonces después lo que hago es ir al estudio e imitar lo que hice en mi casa. Y la otra cosa fue que tomé conciencia de que se gasta mucha plata innecesariamente en los estudios de grabación por no saber cómo manejarlos. Un día fui a los Estudios del Jardín, que quedan aquí cerca, me gasté 60 palos y grabé Yendo de la cama al living. Y me encantó cómo quedó, logré un sonido buenísimo. Lo bueno de aquí es que tenés que aprender muchas cosas, y entonces te das cuenta que hay un montón de estructuras totalmente ineficaces. Un músico tiene que aprender a conectarse con el disco, que en definitiva es lo que está haciendo. Un disco es todo, es mucho más que ir y grabar una canción. Los Beatles y toda esa gente no gastaban miles de dólares, eran imaginativos, sabían cómo conseguir un sonido. Es el caso de Pedro, la producción de su disco es muy buena, y está grabado con un Teac de 8 canales. Yo en Pubis hice más o menos lo mismo, daba todas las indicaciones. Tampoco era algo demasiado científico, con el tiempo aprendes a manejar los botones, a colocar los micrófonos para obtener el sonido que querés.

La última, plomísima e inevitable pregunta. ¿Se acabaron las reuniones de Sui Generis?

Puede ser que quede alguna colgada por ahí. En realidad yo no tengo tanta paranoia como antes. Pienso que si se da hacerlo en Chile lo haría, y bien. No como en Uruguay, que subí totalmente borracho y paranoico. Como estoy soltero de grupo tengo menos trabas. Lo de Uruguay fue bueno en cuanto al resultado. En cuanto a la actuación de Sui Generis, Nito estuvo bien, pero yo fui un desastre. Salí a cantar “Confesiones de Invierno” y a la tercera palabra me olvidé la letra. Por suerte la gente estaba tan shockeada por lo que estaba pasando — había una cantidad de gente como nunca se vio en Uruguay— que supo tender un manto de piedad. Después levantó, y el final fue muy lindo. No habíamos ensayado, pasamos los temas en el hotel. Es que no me copa la onda de salir con la guitarrita y hacer esos temas, para mí es obsoleto. ¿De nuevo el teléfono?

Sí, de nuevo... reviso mi gastada cabeza buscando nuevas preguntas y se me ocurre que está todo dicho... al menos por ahora... 'menos mal, voy a ver si puedo descansar un poco'... pero no creo que lo consiga..., mientras nos despedimos escucho el teléfono que sigue sonando... sonando... SONANDO.

Claudio Kleiman

Fotos originales de la nota y tapa: Marcos López

Revista Expreso Imaginario nº76 (noviembre de 1982)