El
ambiente del rock argentino tras la crisis del 2001 y la tragedia de Cromañon,
sin dudas, ha sufrido cambios paradigmáticos que van desde las formas de su
producción hasta las maneras de su consumo.
Con
un pie en la investigación y otro en el análisis, el sello Clara Beter
Ediciones editóLa Campana de la
División. Escribir sobre las ruinas del rock argentino, un libro que
mediante cinco ensayos ofrece un estudio sobre estos últimos 20 años a través
las categorías “sensualidad”, “urbanidad”, “onirismo”, “valvularidad” y
“trovadurismo”. El volumen fue compilado por el licenciado y profesor en Letras
Emiliano Scaricaciottoli, quién
además forma parte del Seminario Permanente de Estudios sobre Rock Argentino
Contemporáneo (SPERAC), un espacio nacido hacia fines de 2018 como una
respuesta para pensar las apuestas, contradicciones y dilemas que plantea el
rock argentino a partir de la crisis de 2001.
Para
hablar sobre este libro entrevistamos a Daniel
Gaguine, autor de uno de los ensayos que lo integran.
ENTREVISTA> ¿La idea del libro de dónde sale?
Emiliano Scaricaciottoli,
que es el compilador, había hecho un libro que se llama Las Letras del Rock Argentino, que llegaba hasta el 2000. Y yo
venía escribiendo junto a Miguel Ángel Dente
dos libros acerca de los lados A y B del rock nacional, que justamente
también terminan en 2001. Entonces Emiliano me llamó y me incorporó a su grupo
de investigación. Nosotros seriamos la pata periodística del grupo, porque todo
el resto es de Filosofía y Letras. Una vez que estuve adentro del proyecto
tomamos desde el 2001 para adelante como una idea de continuación de los
trabajos que veníamos teniendo los dos. Después de 2001 por supuesto viene el
2004 con Cromañón, que es un quiebre fundamental para el rock. Como que se
acaba el hecho de ir a ver bandas. Además no habia libros del 2001 para acá que
no sean una recopilatorio de datos, meras cronologías. Porque no se le había
estado dando mucha bola a lo que pasó del 2001 para adelante.
¿Tus
antecedentes cuáles son? ¿Cómo llegás al periodismo?
Vengo
de Comunicación Social (UBA), siempre me gustó el periodismo, me gustó leer. Mi
primer programa de radio fue en 1993 en una radio en Caballito y después me fui
a La Tribu. Ahí empezamos pasando música con unos compañeros. Me gusta
investigar, yo soy hijo de la radio de los ochenta y noventa. Empecé con el
periodismo haciendo programas de radio, luego incursioné en gráfica, en diarios
pequeños. Después estuve trabajando seis años en un diario porteño: Noticias Urbanas, en la parte de
cultura. Y ahí fue donde empecé a cubrir festivales como el BAFICI, el FIBA,
recitales, reportajes. En ese momento tenía que meter tres o cuatro críticas de
teatro por semana y una nota a un personaje relevante. Después empecé a hacer
libros.
¿Cuál
es tu aporte en La
Campana de la División?
Me
encargué del capítulo dedicado a los cantautores / trovadores / compositores,
que si bien no es todo lo mismo, se los puede amalgamar en algún punto.
¿Y
ahí está la figura de Lisandro Aristimuño como símbolo o hay más?
Aristimuño
es la figura central. Porque tiene muy buena prensa, indudablemente es un muy
buen músico, tiene mucho prestigio dentro de sus colegas. Es una persona de la
que incluso se ha dicho que podía ser “un nuevo Spinetta” y le tiraron un iceberg
por la cabeza… Mucha responsabilidad sin dudas.
¿Cómo
son los demás capítulos del libro?
El
primer capítulo fue escrito por Carla
Daniela Benisz y está centrado en la figura de Sara Hebe, y cruza los temas sensualidad y la mujer, haciendo un
recorrido a partir de “Me gusta ese tajo” de Pescado Rabioso, llevándolo por distintas letras del rock nacional,
incluyendo el funk de Willy Crook y
el material de los Kuryakis. El
segundo texto es el de Daniel Talio,
que trata sobre El Kuelgue y la
urbanidad, retomando a Manal, a Miguel Mateos, a Soda con “La ciudad de la furia”, para ahí sí meterse en lo que
sería la urbanidad del siglo XXI que hace Julián
Kartun con su banda, El Kuelgue.
El tercer texto es el de Emiliano Scaricaciottoli,
que toma el onirismo en un texto que vincula al ensayo con la novela al mismo
tiempo en un recorrido muy rico. El siguiente texto es el de Nancy Romina Gregof, que toma el tema
valvularidad y el rock, un recorrido que retoma la figura de Divididos a partir de lo que hizo luego
del año 2002, luego vinculado con Eruca
Sativa, Pez y La Naranja.
¿Cuánto
tiempo les llevó hacer el libro?
Lo
empezamos a principios de 2019. Estuvimos trabajando a través de 2019, con la
pandemia se retrasó todo y por eso lo terminamos a fines de 2020.
¿El
título del libro de dónde viene?
Es
por el disco The Division Bell, de Pink Floyd. Lo eligió Emiliano Scaricaciottoli. Capaz que
tiene que ver un poco con alguna “campana de la división”, hacer sonar esa
división que estamos trazando del 2001 para adelante, una caja de resonancia
divisoria entre lo que fue y será. En la actualidad han cambiado los usos y
costumbres, la forma de acceder a la información… Es otra cosa totalmente
diferente.
Siempre es un placer dialogar con Lolo
Fuentes, un excelso buscador de
melodías y canciones. En esta nota empezamos hablando de los caminos de la
bohemia y hasta donde nos llevan. Música, cultura y filosofía, experiencias vitales,
guitarrazos, influencias y reflexiones varias que van discurriendo por los senderos
múltiples que fueron dando forma a esta entrevista que ahora les ofrecemos. Esperamos
que ustedes la disfruten leyéndola tanto como fue para nosotros hacerla. Lolo
en primera persona…
ENTREVISTA> ¿Qué
significa la bohemia para vos y qué sentido adquiere al momento de componer?
La bohemia para mí es Moris, Pajarito Zaguri, Pipo Lernoud, Luca Prodan, Andrés Calamaro,
Alfonsina Storni, Julio Cortázar, Ernesto Sabato, Borges, Picasso, Artaud,
Spinetta, Gustavo Cerati, Miguel Ángel… La bohemia es una palabra mayor, es
historia, son personas, son momentos, es una fuente eterna de inspiración al
momento de componer.
¿Ocupa
la literatura un lugar importante en tu proceso creativo? ¿Qué géneros y autores
te inspiran?
Leí mucho de niño y de adolescente, también de
adulto, pero no tanto como en otras épocas. Ocupa un lugar de eterna
inspiración, en la respuesta anterior te nombré varios, te podría sumar a García Márquez, Paul Auster, Michel Houellebecq, Verlaine,todos los poetas malditos, Salinger, y
muchísimos más.
¿Quién
tiene "Luna en Capricornio"?
Supongo que mucha gente. Yo tengo Luna en Escorpio.
Recuerdo,
hace unos años, hablar con Roy García II [autor del arte de tapa de Fuerza Natural, el
disco de Gustavo Cerati] y me comentaba que, en el proceso de creación de este
diseño tan simbólico, Gustavo estaba muy metido con el tema de la alquimia y el
hermetismo. ¿Cuál es tu visión acerca del mundo espiritual y que interpretás
por magia?
Mi visión acerca del mundo espiritual es vital,
casi tan necesaria como respirar. Para mí, a una persona sin vida espiritual,
le falta una parte de su vida. Interpreto por magia cosas, actos pequeños,
demostraciones de la vida que me suceden y les doy el valor de magia. Hay magia
por todos lados, la cuestión es saber ver esos momentos como tal. Me interesa
mucho el chamanismo, los pueblos originarios, sus ceremonias chamánicas, la
mística de la ayahuasca, el Santo Daime, el peyote, el kambó y todas las
plantas sagradas que están en este mundo para curar la humanidad. Ahí está la
cura de todos los males de este mundo. Es mi opinión personal.
“Estrechez
de Corazón” es una canción del cantautor Jorge González, líder de la banda
chilena Los Prisioneros, que re-versionaste en 2019. Particularmente, por
el afecto que le tengo a la obra de Miguel Abuelo, percibo cierta influencia de
él en tu vida ¿Qué músico te cambió la perspectiva?
Sí, es un tema de Jorge de quien soy muy amigo.
Hace un tiempo me convocaron para hacer una versión de esa canción en un
compilado para Latinoamérica. Lo hicimos junto con Santi Condomí de Los Nuevos Océanos.Miguel Abuelo me
influyó muchísimo, como artista, como persona bohemia, admiraba su obra y su
forma de pensar. No sé si me influenció tanto a la hora de componer. Los
músicos que me cambiaron la perspectiva son muchos, desde Clapton, Hendrix, Stevie Ray Vaughan, Miles Davis, Jaco Pastorius,Charlie Parker, Prince, Bowie, Spinetta, Cerati, Tory Lanez, Kendrick Lamar, Lil Peep, Justin Bieber, y
muchísimos más.
En
buena hora estamos asistiendo a un cambio de paradigma y a la caída de costumbres culturales que
vienen arraigadas desde hace mucho tiempo en el inconsciente colectivo. ¿Cuál
es tu mirada sobre todo lo que sucedió en el pasado y sigue pasando hoy en día
en la sociedad? ¿Notás un cambio? ¿Cuál?
Hoy en día me parece que la cultura está muerta.
Este país está matando a la cultura poco a poco, así que actualmente no tengo
una buena visión sobre eso, y sí, veo cambios. La gente no lee libros, no va
tanto al teatro, por supuesto que ahora todo eso es imposible, pero sí veo un
cambio para peor, veo que a la gente cada vez le interesa menos el arte, por
supuesto que siempre hay un grupo de resistencia pero no lo veo en la masa, en
el pueblo, en el público que consume entretenimiento más que arte actualmente.
¿Y del trap que pensás? Como movimiento
joven, ¿es el nuevo rock? Escuchando tu canción “Dislexia Emocional” noto una crítica hacia la coyuntura
cultural ¿eso cambió desde 2010 al 2020?
Al Trap lo veo
fantástico, veo mucha unión entre los músicos del género y también veo que se
le da una identidad y un reconocimiento súper importante al productor que antes
no se le daba. Con respecto a la letra de mi canción “Dislexia Emocional”, no me creo un profeta pero muchas
de las cosas de las que hablo en la canción (que compuse en el 2010 más o
menos) se están cumpliendo ahora, lamentablemente la parte mala. En esa canción
vaticino un futuro con valores más tirados hacia lo material y no hacia los
valores más importantes para mí. Toda la parte del bling y de las letras sin mensajes no me cabe, la
parte mala de la música actual, que no es toda así. Escuchás a Acruo
a Holy K y las letras te vuelan la cabeza, me gusta
mucho el Fili Wey, Cazzu, La Joaqui. L-Gante se está convirtiendo indiscutiblemente en un
ídolo popular y hace mucho que no teníamos uno, eso está buenísimo. Después,
con todos los artistas en general del género urbano, me gusta mucho lo que
hacen a nivel sonido, métrica, no tanto las letras, no me cierra tanto escuchar
letras que hablen de cuánta plata tienen o cuantas reproducciones tienen, o las
marcas de ropa cara que visten, pero los súper respeto, es su música y su
generación y dominaron el mercado haciendo. Cualquier persona que le meta va a
tener siempre mi respeto.
Si
antes era sexo, drogas y rock and roll, ¿ahora cómo sería? ¿Wifi,
antidepresivos y MasterChef?
Ni idea, no creo que tenga que haber una nueva
triada de palabras que represente la actualidad. Drogas siempre hubo, sexo
también, quizás haya menos rock n’ roll, pero basta que alguien agarre una
guitarra y se toque un rock n’ roll y ahí aparece el rock de nuevo
¿Pensás
que en este tiempo de aislamiento nos convertimos, aún más, en víctimas de
nuestro amor?
Sí, totalmente. Me parece que nos convertimos en
víctimas de un sistema siniestro, más allá del coronavirus que es un virus
letal y ya se llevó a mucha gente. También, de alguna manera, estando tan
encerrados, estamos más controlados y eso no me copa tanto, pero es parte del
juego, no queda otra que cuidarse.
No
sé si en esta etapa de aislamiento estuviste escuchando más o menos música,
pero pregunto: ¿Te encontraste con algo excéntrico o novedoso en la escena
local o internacional? ¿Cómo te encuentra la nueva industria musical?
Lo último que escuche, que me gustó mucho, es Silk Sonic que
es una banda que hicieron Anderson Paaky Bruno Mars. Con respecto
a la nueva industria musical, creo que no me encuentra, creo que de alguna
manera sigue siendo lo mismo pero con distintos formatos y distintos personajes
¿Estuviste
tocando más?¿Tenés pensado sacar alguna
nueva producción?
Actualmente no se puede tocar en ninguna parte. No
me gusta el formato protocolar para tocar, necesito el contacto con la gente
pero como no se puede tener un contacto real, prefiero no tenerlo. Hace poco
saqué “Nubosidad Variable” (2021)
y dentro de poco voy a sacar “Desierto”,
una canción que tiene de invitada a Rebeca Flores, una gran
artista, alta cantante y rapera. Seguiré sacando música en este 2021. También
sigo componiendo y grabando bastante seguido, así que sí, voy a seguir editando
música.
Durante más de 50 años de trayectoria, César Banana Pueyrredón consiguió
dar forma a una exitosa carrera en el pop melódico argentino, con una
trascendencia internacional que, incluso, lo llevó a tocar en varios países
latinoamericanos. Todo comenzó en 1969 cuando forma el grupo Banana, alcanzando gran popularidad a
principios de los años 70, a partir de las composiciones beat y melódicas de
César y el sello de su estilo romántico. Todo esto tiene una manifiesta
popularidad pero lo que no es tan conocido es que a partir de 1975, Banana
empezó a tener un vuelco más rockero en sus conciertos, en los que, además de
hacer su repertorio de baladas, hacían covers de temas de bandas progresivas
internacionales. En esa época César estudiaba en la UCA (Universidad Católica)
y escuchaba mucho a Genesis, Yes, Focus
y Crucis. Esta última banda lo
impactó tanto que generó su deseo de hacer música más elaborada y experimental.
Así,
en 1979, Banana editaría Aún es tiempo de
soñar, un trabajo de neto corte progresivo y sinfónico del que ya hemos conversado
con César en una entrevista anterior.
En
esta oportunidad, recorreremos juntos los discos Licuado (1980) y De entrecasa
(1983), que aún mantenían gran parte de la estética de rock sinfónico. Estos
dos álbumes serían los últimos de Banana como grupo, ya que se disolverían en
1984, dando inicio a la carrera solista de César que lo llevaría a ser uno de
los más importantes exponentes del cancionero argentino pop y la balada
romántica elaborada.
ENTREVISTA> Licuado y De Entrecasa, ¿son trabajos de un período de transición hacia lo que después sería tu
carrera solista?
A
la distancia veo que estaba haciendo una vuelta hacia lo más melódico, lo más baladístico.
Estaba volviendo a la canción, sin tanto desarrollo instrumental de esa época
“genesiana” de Aún es tiempo de soñar,
surge en un período en el que tuve la necesitado experimentar con influencias
de Gentle Giant y Focus y, también, inspirado por la
música de Crucis y Spinetta.
Al
venir de la música clásica, ¿no fue algo natural el hecho de hacer un material
tan complejo como el de Aún
es tiempo de soñar?
No.
Fue un impulso del grupo. Yo cambié después de la gira de 1977 a Costa Rica,
que fue el cierre de la etapa de Banana. Ahí experimentamos una popularidad
impresionante. Sin embargo, esa gira ya la hicimos sin [Alejandro] Giordano, que
era mi primo y el bajista, porque yo quería ir a otro lado. En el 78 ya me
dediqué a Aún es tiempo de soñar, que
sale editado en el 79. Por eso creo que fue el empuje de los nuevos integrantes
de la banda. Nosotros hacíamos covers de muchos grupos progresivos en los
shows. Hacíamos las famosas baladas de Banana mechadas con temas de Gentle Giant, Yes, Deep Purple, Boston…
Hacíamos “Music”, de John Miles,
cantado por el guitarrista Juan Gelly.
Éramos leales a lo melódico del primer Banana pero le agregábamos el rock
porque al público le gustaba y lo pedía y tenía los músicos para hacerlo.
Hiciste
el movimiento de hacer covers de temas progresivos a componerlos…
Sí
pero no porque me haya propuesto formar parte del rock progresivo. Fue solo una
etapa de experimentación en mi carrera. Yo no enarbolé la bandera del rock
progresivo en Argentina. Lo que pasó fue que, mucho tiempo después, en la época
de internet lo empezaron a subir [a Aún
es tiempo de soñar] y a considerarlo progresivo en los distintos foros y en
las redes sociales. Hasta el día de hoy me lo nombran. Bueno, Diego Chornogubsky, el bajista de
Banana en esa época, se acuerda de lo que le decían amigos músicos de lo que
estábamos haciendo nosotros: “están poniendo
en letras y música de rock en castellano la música que escuchábamos y que
queremos hacer pero tenemos que hacer covers”. El único que se animó de
este grupo de músicos de San Isidro, Barrio Norte, de esta clase social, fui
yo. Están los tributos a Genesis o a
Pink Floyd, a esos chicos también
los conozco pero hacer temas propios ya era más raro. Aún hoy me manifiestan su
admiración por habérmela jugado en ese momento.
LICUADO (1980)
En
una entrevista anterior me dijiste que Licuado era “el disco más británico” que se había
grabado acá y con una influencia fuerte del Alan Parsons Project. Comentanos un
poco esto.
En
realidad, las influencias eran múltiples no solo de Alan Parsons. Tal vez de Alan Parsons era esa cosa de poner
obstinatos e ir cambiando los acordes arriba, algo que usamos mucho. Pero
también teníamos otras cosas, como por ejemplo influencias de Genesis. En ese
momento, escuchábamos mucho esa banda y queríamos desarrollar ese estilo de
música con letras en español. Hacer canciones elaboradas que tuvieran un tinte
comercial como para que EMI las promocionara, era algo más difícil.
¿Licuado fue más aceptado por EMI que Aún es tiempo de soñar?
Sí,
fue un poquito más aceptado. De todas formas, la compañía ya me había cambiado
a los productores… No era lo mismo. Bueno, ese sería el último disco que grabaría
con EMI. Sin embargo, sí, a Licuado
lo aceptaron un poco más porque era un disco que tenía más baladas. Me dejaron
incluir esos temas instrumentales largos y raros. Incluso un tema llamado
“Huellas de la tierra”, que había sido originalmente un trabajo práctico que
hice para la Facultad…
¿Cómo
fue eso?
Fue
un trabajo de ejercicios para mi carrera de compositor en la UCA. Primero hice
una versión pianística, luego otra para cuarteto de cuerdas… Como me gustaba,
se la mostré una vez a los chicos del grupo. Yo no sabía cómo hacerla sonar
porque era tan solo una partitura escrita que tocaba en el piano. Tenía
carácter de trabajo práctico, con muchas disonancias y poli tonalidades. Pero a
los chicos les gustó y entonces lo grabamos. No tenía título, y como sonaba
medio malambo, le puse “Huellas de la tierra”. Se lo dediqué a Alberto Ginastera.
Creo
que la influencia del Alan Parsons Project se hace presente en los
instrumentales de Licuado…
Sí,
pero no fue la típica copia de decir “hagamos algo como Parsons” sino sentir
que a mí me identificaba esa onda de ir variando acordes sobre una base. Por
ejemplo, “¿Dónde te escondes niña del viento?” es al revés: el acorde de arriba
es el mismo y lo que cambian son los bajos. Es un arpegio que sirve para muchos
acordes, hay ocho o diez acordes que se van y vienen de la tonalidad, que van
cambiando los bajos y el arpegio es siempre lo mismo.
Medio
“genesiano” eso, ¿no?
Sí,
y también Spinetta. Yo creo que “Niña del viento” es un tributo a Spinetta por
el tipo de poética profunda.
Ya
que lo mencionás, ¿cuál es tu etapa preferida de Spinetta?
La
primera. Para mí el primer disco de Almendra
es el mejor del rock nacional. Cuando salió, yo tenía 17 años y me partió la
cabeza. Así como me partió la cabeza escuchar “I Want to Hold Your Hand” a los
10, a los 17 me mato escuchar al Flaco… Y Los
Gatos también. Me acuerdo que una vez que fui a La Cueva a escuchar a Los Shakers, pero no sé por qué ese día
no tocaron, vi a Los Gatos sin querer y me enamoré del grupo… Gracias a Spinetta y Litto Nebbia y [Miguel] Cantilo, aprendimos todos a escribir canciones
en español.
En
“Barrilete al Cielo” hay un final bien progresivo, ¿cómo se te ocurrió?
Bueno,
pero fijate que “Aún es tiempo de soñar” también tenía un final con un solo de
guitarra a lo Queen, que hace un
poco la melodía de la canción y algo más. A mí siempre me gustó eso, que el
solista de guitarra hiciera la melodía de la canción…
Claro,
pero rítmicamente es como que cambia la canción [“Barrilete al cielo”] en ese
momento…
Sí,
no me acuerdo si fue algo buscado. Fue una inclinación hacia lo más
baladístico. Por ahí forma parte de mi tendencia de volver a la balada…
Igual
es un tema largo. Y la letra tiene que ver con el escaparse de la situación que
se estaba viviendo…
Sí.
Lo que pasaba es que me costaba escribir canciones de amor en ese marco de
música tan instrumental y demás. Claro, eso también se ve en la letra de “Aún
es tiempo de soñar”: la fantasía nos va a salvar de este momento opresivo.
“Paren
el mundo que estamos todos locos” y “El amor es siempre algo nuevo” son más new
wave…
Sí,
no sé. Son cosas intuitivas que le pasan a uno como compositor cuando estás
optimista. “Paren el mundo” es un típico rocanrol. En ese tema creo que canto
la nota más alta que hice en mi vida. Porque yo soy un barítono que canto La,
Si bemol muy de vez en cuando, y en ese tema llegué a un Do… Le tuve que decir
al técnico de grabación que bajara un poco la velocidad de la cinta para que
quedara bien.
Realmente,
la letra de ese tema no perdió actualidad…
La
de “Alud” [de De entrecasa] tampoco,
porque habla de la farándula y de la invasión mediática. Hoy podría hablar de
la invasión de las redes y las plataformas digitales.
En
“Control remoto” lo hiciste…
Sí,
ese tema está bueno porque apunta a no dejar que alguien maneje tu vida.
Aparte
ahí decís “la computadora te dice a quién debes amar y a quien debes odiar”, ¡es
la lógica del algoritmo!
Claro,
y no existía ni Facebook en ese momento. Pero, se puede decir, que ya se veía
venir que nuestro mundo iba a estar dominado por ese universo informático.
A
la segunda parte instrumental de “igual cantaré mi canción”, yo le veo un poco
de influencia de Yes…
Sí,
claro. Pero no sé de qué… (risas) No sé de qué disco, yo escuchaba un poco de
todo.
La
tapa de Licuado es media insólita…
Es
fea. Se nos ocurrió tirando ideas con la gente de arte de la compañía. A mí se
ocurrió el nombre Licuado y ellos dijeron “¿y si hacemos que la banda salga de
un licuado?”… El productor de EMI nos apuró y terminó saliendo así. Es muy fea.
Quisieron hacer una tapa comercial pero el contenido del disco está lejos de
eso… El nombre fue por una idea de mezcla y de probar distintas mixturas pero
la idea no era terminar cayendo de una licuadora, como en esa foto horrible…
(risas)
DE ENTRECASA (1983)
De entrecasa es un disco muy genesiano…
La
idea era cómo usar esas texturas en una balada que dure cuatro minutos, que
hable de amor y que sea seductora para una compañía discográfica. El título
tiene que ver con volver a algo más íntimo. Es más, la foto la sacamos en la
casa de un amigo mío que vive en Hurlingham.
La
onda de “Que no entre nadie más” es muy interesante…
Es
medio funky. Hacer un groove que fuera funky era muy difícil en español. La
hice zapando con [el bajista] Fori
Mattaldi, un gran amigote mío y uno de los impulsores para que yo escuchara
esta música. Fue un tremendo laburo ponerle letra. Aparte voy a falsete en
algunos momentos de la canción. Algo muy raro. Una vez lo hicimos en vivo y fue
muy difícil de tocar.
“La
enamorada del muro” es un temazo, ¿cómo te salió?
Es
una historia real que me contó un fotógrafo. Fue uno de los temas en los que
más investigué para hacer la letra. Fui al Museo de Ciencias Naturales de
Parque Centenario a estudiar sobre esta enredadera y sacar ideas… Laburé muchísimo en esa letra. Está
muy buena. De mis trabajos, es uno de los que más me gustan. Hasta me propuse
en un mismo verso poner los cinco sentidos, y puse: “un acorde dulce, suave, de
perfumes verdes…” Me encantó la historia que inspiró el tema: un tano que amaba
la enredadera pero sus vecinos que se quejaban de ella, hasta que él, ya harto
de todo, decide cortarla. A veces los músicos nos movemos así, con ganas de
escribir rescatando el ingrediente poético que tienen todas las cosas que están
alrededor. Todas las situaciones tienen un ingrediente poético solo hay que
saber encontrarlo. La antena de un compositor tiene que estar sensible. Hay
cosas poéticas que suceden todo el tiempo no es necesario esperar enamorarse o
desenamorarse para hacer una canción.
“Vivir
con vos es estar lejos del mundo” es otro temazo.
Ese
está dedicado a mi mujer. Tiene una impronta genesiana, bien de Phil Collins.
“La
golondrina ya puede volar” es otro tema con influencia muy británica…
Sí,
tal cual. La letra salió un poco a la manera de “She´s Leaving Home” de los Beatles. Una sobrina mía se enfrentó
con su familia por seguir a un novio y yo me inspiré en lo que le había pasado.
Entonces usé “golondrina” porque me gusta el sonido de esa palabra. La
golondrina que ya podía dejar de lado el mandato de los padres y seguir su
corazón.
“Espantapájaros,
vas a quedarte sola” es un tema medio gracioso…
Sí,
la idea era como un coro de voces que me aconsejan algo. Como el típico
angelito y demonio que están afuera de uno sugiriéndote cosas. La letra del
tema le habla a una chica para que no se aísle, para que no termine siendo un
espantapájaros por no abrirse a las nuevas relaciones.
El
tema de la soledad, tanto en esta canción como en otros clásicos tuyos, siempre
te inspiró, ¿no?
De
alguna manera es como que tiene que ver con mi propia vida, sin tratar de hacer
con esto un auto análisis psicológico. Soy el último de ocho hermanos, jugué
solo toda mi vida, miraba televisión solo porque mis hermanos iban al colegio y
aprendí a leer y escribir solo mirando televisión. Entonces, cuando a los ocho,
nueve años, aparece un piano en mi casa yo seguía las clases de mi hermano
mayor, tocando de oído. Y entonces alguien dijo: “César, también tiene
inquietudes para tocar”… Entonces
me pusieron profesora a mí también. Y a los tres meses de tomar clases ya
estaba componiéndoles canciones a mis compañeras de banco del colegio. Se ve
que tenía todo un mundo propio que el piano y la música me ayudaron a canalizar
y a sacarme la soledad. La soledad, como decís vos, en un tema que siempre está
dando vueltas en mis canciones porque es algo propio.
El
disco termina con el “Rock cósmico”, casi un rocanrol de Riff…
¿Sabés
como salió? Fuimos a una sala de ensayo en donde iban muchas bandas, y en una
pared habían dejado un papel pegado con una lista de temas referidos al cosmos.
Y ahí empecé a improvisar la letra… Una improvisación total de ensayo. Como auto-ridiculizándonos
metidos en el disfraz de grupo rockero. Lo grabamos en [el estudio] El Cielito
y afuera, estaba David Lebón jugando
con los perros. David era como el socio de [el ingeniero de grabación Gustavo] Gauvry en el
estudio. Entonces lo llamé a David para que hiciera una parte de la canción.
Metió unos gritos re grosos al final del tema: “Hay que tocaaaaar
rocanroooollll…” A David le gustaba mucho como tocaba nuestro guitarrista, Juan
Gelly.
¿Cuáles
son tus influencias como tecladista?
Bueno,
hablamos mucho de Genesis en esta nota así que obviamente voy a nombrar a Tony Banks. Pero también Jon Lord de Deep Purple. Aunque es claro que toco piano, sin querer copiarlos sino
porque me sale, como Elton John y Billy Joel. La forma de tocar los
acordes, las inversiones. Nunca me senté a tocar pensando en imitarlos pero
cuando me siento a tocar y luego lo escucho digo: “me sale como Elton John”. No
soy un pianista de hacer solos, como los pianistas de jazz o rock, lo que sí
tengo es buena rítmica, me acompaño bien y me gustan las armonías raras, las
inversiones de acordes un poco más jugadas.
¿A
la distancia, cómo ves esta etapa musical tuya?
Valió
la pena haber grabado estos discos. No me arrepiento para nada. Alguien me
podrá decir que sacrifiqué muchos años de mi carrera para meter mis baladas en
otros mercados pero no… Es fenómeno haber pasado por esa experimentación.
Necesitaba hacerla, estaba estudiando música y composición en la UCA, algo que
también influyó muchísimo en esa mirada humanista de mis canciones. “Preguntas
al Cielo”, por ejemplo, parece sacado de Filosofía de la UCA, ya que habla
sobre la búsqueda del Ser Superior, etc. Aún
es tiempo de soñar es plena experimentación y Licuado y De entrecasa es
el pasaje de la experimentación a la balada más sofisticada que ya pertenece a mi
etapa solista.
Pocas veces el haz de luz literario se ha
posado sobre las artistas de la escena de nuestro rock. Por eso el libro Brilla
la luz para ellas. Una historia de las mujeres en el rock argentino 1960-2020 (Editorial Marea), es no solo una
gran noticia sino, también, un trabajo cuya lectura es insoslayable.
Esta nutrida investigación, que incluye la
voz de las propias artistas y trabajadoras de la música, materiales de archivo
y bibliográficos, tiene por autora aRomina
Zanellato, periodista especializada en música y
feminismo quien reconstruyó el legado de las mujeres en este género popular.
La tapa del libro tiene una potente imagen
de Paula Maffía, una paradigmática
cantautora de la nueva camada que viene dando que hablar por su personal estilo
y gran talento.
Partiendo del interrogante a cerca de por qué,
en la mayoría de los casos, la historia del rock que, tradicionalmente, nos
contaron no registró a la presencia de las mujeres en ella, Zanellato hace una amplia
investigación conformada por más de 400 páginas en las que desfilan de forma cronológica,
repartidas en seis décadas a partir de los 60, las figuras y experiencias más y
menos conocidas de referentes femeninas del nuestro rock. El recorrido nos
acerca a las pioneras como Cristina
Plate, Gabriela, Carola, Mirtha Defilpo o María Rosa Yorio, los íconos de los 80 como Fabiana Cantilo, Leonor Marchesi, Celeste Carballo, Patricia Sosa y
muchas otras, hasta llegar al cierre simbólico con el Gardel de Oro 2019
otorgado a Marilina Bertoldi, e
incluso pasa por aquellas que irrumpieron en las escena en los 90 y principios
de 2000.
Brilla
la luz para ellas recupera también la historia de periodistas
de rock, managers, trabajadoras de prensa, fotógrafas, técnicas y todas
aquellas que pelearon por un lugar en la industria musical.
Nuestro interés por el rock argentino y los
intersticios, hizo que le
propusiéramos a Romina una entrevista para conversar un poco del proceso de
elaboración de esta muy recomendable obra.
ENTREVISTA> ¿Cómo fue la génesis del libro? ¿Qué lo originó?
El
libro empezó a ser una idea en mí a partir de que me diera cuenta que no sabía
quiénes habían sido las primeras mujeres en el rock ni podía trazar una línea
de tiempo medianamente clara, como sí podía hacer sobre los varones. Darme
cuenta que tenía en mi mente un montón de información muy detallada sobre los
rockeros en todos los momentos de la historia y no tanto sobre las mujeres me
alertó, me angustió y me preocupó. Lo que vino después fue que me quise ocupar
de revertir eso y me encontré con muy poca documentación y registro. No tenía
todos esos datos porque no habían escrito sobre ellas, a pesar de que ellas
estaban ahí.
¿Cuánto
tiempo tardaste en hacerlo?
Tardé
dos años desde que lo pensé hasta que se publicó. Escribí mucho, borré mucho,
volví a escribir de nuevo. Hacer un libro de investigación lleva mucho tiempo y
es muy difícil frenar.
¿Qué
es lo que más te sorprendió durante la investigación?
La
cantidad de músicas que desconocía (yo, que estoy leyendo sobre esto desde hace
20 años) y que la mayoría de las mujeres que entrevisté me dijo que la mayor
resistencia que sufrieron a su música fue de parte de los medios de
comunicación, los periodistas de rock.
En
los 70, la mayoría de las mujeres músicas eran pareja de algún músico
importante, ¿cuándo empieza a cambiar esa tendencia?
No,
no podemos decir que la mayoría de las músicas eran parejas de otro músico, lo
que podemos decir es que las artistas que registraron su música, que pudieron
tener acceso a un estudio de grabación, fueron aquellas que tenían parejas que
accedían a eso. Es muy distinto, porque no sabemos cuántas mujeres músicas hubo
y que no quedaron registros, que no pudieron grabar sus canciones. Cuando estas
mujeres que sí sacaron sus discos se separaron de estos tipos, bueno, ya no
pudieron grabar. O tuvo que pasar una década para grabar. Eso se llama techo de
cristal.
¿Cuál
es el papel de las musas, groupies y allegadas en esta historia del rock?
Es
el papel que ciertas mujeres quisieron ocupar en el rock, de lo que ellas
desearon o pudieron hacer. Lo que a ellas les dio la gana. Cuando me hacen esta
pregunta, que tiene un corte moral solapado, me pregunto en realidad, “¿qué es
en realidad lo que me quieren preguntar?”. ¿Si está mal que se hayan cogido a
los músicos que les gustaban? ¡Por supuesto que no! Lo que siempre respondo es:
el problema es el señalamiento, el falso escandalizamiento, la mirada moral
sobre la forma de vivir la sexualidad de las mujeres, la doble vara. El
problema no es que haya habido musas, groupies, amigas, el problema es que no
existían las mismas posibilidades para hombres y mujeres para grabar su música,
que la pasen en la radio y subirse a un escenario.
¿Había
en verdad feminismo en el rock en los 70?
No,
las primeras veces que el feminismo se cruza con el rock es en los 80.
La
segregación hacia la mujer también tuvo un correlato en la prensa rockera. A tu
entender, ¿cuándo empieza a cambiar eso?
A
partir de la demanda social de las mujeres post 2015, cuando ya no soportamos
más que el discurso esté monopolizado por varones machistas sin perspectiva de
género.
¿Cuáles
fueron los obstáculos más importantes que tuviste que surcar durante el armado
del libro? ¿Hubo protagonistas que se negaron a participar?
¡La
pandemia! Las últimas entrevistas iban a ser presenciales y por la pandemia
fueron por teléfono o por zoom, y eso le quitó un poco de magia al momento.
Hubo gente que no quiso charlar conmigo, pero eso no fue un problema, el mayor
problema fue la falta de documentación y registro sobre ciertas músicas. Sobre
todo en los 60 y 70.
¿Cuáles
son las continuidades y rupturas que se viven con respecto al papel de la mujer
en el rock luego del advenimiento de la democracia?
Absolutamente
todo cambió, menos el machismo.
En
los últimos veinte años se viene dando una mayor presencia de las mujeres,
tanto en grupos como solistas… ¿Se debe a que el rock va dejando de ser
machista o es tan solo una ilusión?
El
rock es machista en tanto y en cuanto lo sea la sociedad. En los últimos veinte
años lo que hubo es un trabajo de ciertas mujeres desde el under, la
autogestión, que demostraron a otras que se podía ser artista y vivir de cierta
manera haciendo música. Que era posible ser mamá y ser música, ser lesbiana y
ser música, ser vieja y ser música, ser joven y ser música, algo que no
podíamos saber antes porque no lo podíamos ver. Mientras más haya, más chicas
van a saber que existe esa posibilidad, que si sueñan con tener una banda o
cantar lo pueden hacer.
¿Qué
iguala o diferencia al papel de la mujer en nuestro rock del internacional, en
especial en Estados Unidos o Inglaterra?
Nos
diferencia que somos latinoamericanos y pertenecemos al tercer mundo. Son
distintas opresiones las que operan sobre nosotras. Cuando hablamos de
feminismo interseccional hablamos de las variables que operan sobre cada una:
la raza, el lugar (urbano o rural, primer o tercer mundo), la clase, etc.
Muchas
veces, es el público el que manifiesta un destrato hacia el papel de la mujer
en el rock, ¿cómo cambiar esto?
El
público empezó a entender que es un actor político, que tiene responsabilidades
y obligaciones, así como lo tienen les artistas. Si el público quiere que haya
más mujeres y disidencias en los escenarios, pues tiene que escucharlas más.