martes, 23 de diciembre de 2014

"SOY, NO TENGO", entrevista a Acústica Túnel


Desde principios de 2012, Jimena Lunática (31) recorre, guitarra al hombro, andenes de tren, pasillos y formaciones de la línea A y D, no solo con la personalidad de su voz sino con un sobresaliente carisma forjado en el ímpetu de enfrentar la vida, que para algunos, a veces, se torna un callejón sin salida. Jimena va haciendo su propio camino, y despierta en la rutina de miles de pasajeros un sueño que no cierra sus ojos sino que abre sus sentidos, y los pone alerta a esa sensibilidad tan particular que impacta como lo nuevo en rutinas gastadas. Su personal voz le permite imprimirle un sello propio a los covers que hace             ("A mi manera", "Sur", "El ángel de los perdedores", "Get Lucky", "Je Veux", etc) y cautivar, también, con temas propios.


Algunos días de la semana llega desde Morón, donde vive, a tierras capitalinas a ganarse el mango y recibir aplausos sentidos y comentarios como los que le dejan en su blog (http://www.acusticatunel.com.ar/imaacutegenes.html) del estilo de: “Recién te escuche en el subte Línea A, yendo a Plaza de Mayo, increíble tu voz, sentí una paz que hacía rato no me pasaba. (…) muchas personas se sacaron los auriculares para escucharte”, “Hoy la verdad después de tanto tiempo sin pararme a respirar fuiste un alivio, un poco de magia donde menos pensé encontrarlo. Me tome el subte con la idea de llegar rápido a casa y no me importaba otra cosa, y te escuche y fue como aire fresco entre tantas cosas enredadas”, “(…) ya te vi como 3 veces en la línea A y las 3 veces me saque mis auriculares y eso que iba al palo escuchando death metal. Tu música  en esos viajes repetitivos y rápidos, te hacen detener el tiempo y se siente la vibra q tenés”, “Ayer me pasó una cosa que hacía tiempo no veía, ver a la gente prestar atención a otra cosa que no fuera su celular o encerrarse en su micro-mundo de imágenes y sonidos mientras viajan en su letargo subterráneo”, etc.

A la hora de la siesta, de este caluroso diciembre, en la placita de Yerbal y Rojas, nos tendimos en el pasto a charlar con Jimena, que previamente saludó a unos pibes que estaban reunidos fumando, y, a pedido, les cantó “Je Veux”. No hay dudas, la calle es su lugar.
La primera impresión de sencillez y espontaneidad en su manera de encarar la vida se fue confirmando a lo largo de la entrevista que hoy les presentamos.
Lo dice casi al pasar pero Jimena es sobrina de un prolífero autor de tangos entre los que se cuentan “Azúcar, pimienta y sal”, “Y te parece todavía”, “Lo que vos te merecés”, entre otros.
Así Acústica Túnel, sin micrófonos, ni amplificación, a pura sangre y transpiración, pisa fuerte en la plaza escénica callejera de la estridente Buenos Aires…

¿Por qué  lo de Lúnatica?
Uh, fue hace mucho tiempo. Cuando era chica, tipo 18 ó 19, salía a la noche y me quedaba mirando la luna un rato largo. Y de repente, me bajaba toda una información, ¡canciones! y me ponía a escribir. Y al día siguiente otra, y otra. Y como me gusta tanto la luna, quedó lunática.

¿Cuándo eras chica se escuchaba música en tu casa? ¿Qué?
Sí, se escuchaba. Mi vieja escuchaba Queen, Fito Paéz y después la radio. Sergio Denis. Las viejas siempre escuchan eso, viste. Hasta que te das cuenta que vos podés elegir tu propia música.

Y ¿a qué edad empezaste a elegir? Y ¿con qué empezaste?
A los 10 ó 12 años empecé escuchando mucho tango por mi viejo y mi hermano porque como tenía un tío fallecido que era compositor, Abel Aznar,ellos escuchaban la radio para ver si pasaban los temas de mi tío y así podían cobrar en SADAIC. Porque como familiar cobrás hasta 70 años de fallecido el autor. También, mi abuelo me enseñaba  himnos, por ejemplo, la Marsellesa y el Himno Nacional. Porque como familiar cobrás hasta 70 años de fallecido el autor. También, mi abuelo me enseñaba  himnos, por ejemplo, la Marsellesa y el Himno Nacional. Después del tango me gustaba el folclore pero no me llegaba a identificar con nada hasta que apareció Soledad. Me llegaban sus guitarras. Es más, no me saqué una foto con la Sole, me saqué una foto con sus guitarristas (risas). Así que, alrededor de los 15, arranqué con la guitarra. Pero no quería estudiar, solo quería sacar acordes. Re trucho (risas). Me regalaron una, y sí, empecé a estudiar. Y me dieron las escalas y dije “no, no. Yo no quiero estudiar esto”. Pero me dijeron: “tenés que empezar con las escalas para llegar a los acordes”. Entonces, dije “listo, chau”. Habré tomado solo un año de clases y después empecé sola, buscando en Internet. Me hice una super carpeta. Pero yo hacía una canción de Mercedes Sosa y ponía la voz de Mercedes. Hacía una canción de Fito Páez y ponía la voz de él. Respondía bien, pero era una imitación. Era como raro. Yo escuchaba mucho Evanescence también, porque tenía el mismo timbre de voz que la loca, entonces usaba esas canciones para calentar la voz. Hasta que una vuelta vino un loco y me dijo: “está muy bueno, pero ya hay una Evanescence”. A pesar de que hay que tener la voz de Evanescence, me dije: “ahora tengo que poner algo distinto”. Tiene que ver con lo que vos querés hacer, con tu criterio, en realidad. Es decir, te sale la voz de Evanescence porque estás poniendo ese oído. Es medio loco, porque con la voz es muy complicado…

Tal vez es la manera que tuviste de descubrir cómo funcionaba tu herramienta…
Tal cual. Y después llegó a mis manos Anestesia, de Fun People. Y me rompió la cabeza, y fui directo para el grunge. De hecho, Nirvana es mi banda favorita. Y bueno, Nekro es un personaje impresionante que iría a ver aunque no lo conozco ni por foto. Soy cero cholulaje.  A veces no voy a ver las bandas que me gustan porque salen muy caras, viste.

Y ahora ¿qué escuchás?
Como estoy estudiando armonía en guitarra me estoy yendo todo para atrás. Por ejemplo, Big Mama Thornton, que es como la cuna del blues. Una negra, que es una genia y que Janis Joplin escuchaba, imagínate.

¿Cómo llega a tu repertorio un tema de Zaz, la cantante francesa?
Bueno, justamente, estudiando. Antes de armonía estudié letras y solfeo. En determinado momento tuve que empezar a estudiar. Porque el disco que hice, y que ahora hacemos con la banda, lo hice sin saber nada, solo diciendo: “a ver, esto con esto, ¡queda re bien! Y a esto le agregamos esto, ¡y queda re bien!” Pero no tengo idea lo que hice, entendés. Y así todo es re efímero, no tiene por qués, pero porque soy ignorante, ¿se entiende? Porque hay todo una fórmula para crear. Y yo no lo saqué de la fórmula, lo saqué del resultado.

Hay algo de improvisación…
Sí. Todo. Entonces, de repente todo este disco está armado así: de una suma de resultados. Y recién ahora estoy aprendiendo las fórmulas. Pero estoy aprendiendo. ¿Sabés los años que son para ser música? Llevo 4 años estudiando música y soy consciente de que no sé nada, porque me falta mucho, tengo como 15 años por delante para estar segura. Hasta acá fue todo muy auto didáctica y re garpa. Entonces pienso: “¿Y si le meto conocimiento y la cago? Pero, en un momento te encontrás en la encrucijada de ver cómo salir de acá. Porque ya recorriste todo lo que podías recorrer sin saber nada. Es como un cerco: “Bueno, hasta acá llegás, piba. Si querés el mundo y bueh, fijate” Entonces empecé a madurar y se me empezó a ir el miedo. Y me dije, lo que sea que sea, se acrecienta. Yo tenía miedo de meterme dentro de las reglas y no poder romperlas. Porque es lo que vengo haciendo. Imaginate que yo no sé si es disonante o no. Yo lo mandé, me cabió, y fue. Porque viene alguien del conservatorio y me dice: “Pero, boluda, Mi bemol, no, porque es disonante” Entonces, me digo: “si yo supiera esas reglas ¿lo haría igual? ¿Es disonante o no?”. De eso tenía miedo porque igual, no me iba mal. Porque bueno, lo que no se saca por conocimiento se saca por entrenamiento.

¿Qué músico admirás?
El baterista y bajista de mi banda. (risas)

¿Están tocando?
Estamos ensayando aún. Salimos en enero. Vamos a grabar un demo.
Yo toco viola rítmica. Soy puro ritmo y al ser tanto ritmo no tengo melodía. La melodía la pongo con mi voz. Cuando ensayo vengo al subte dos horas nada más porque necesito descansar. Y tener banda está bueno, porque esos temas son mi vida, y que estos pibes los toquen está buenísimo.

De hecho en un video vos decís que salís a la calle y te desnudás. ¿Qué te hizo tomar esa decisión de salir a “desnudarte” a la calle?
Estar entre la espada y la pared en un momento de mi vida en el que toqué fondo. De quilombo en quilombo. Se me cayó el mundo y había que buscar trabajo porque no tenía ni casa. Dejaba el curriculum y decía “ojalá, que no me llamen”. Y un día el papá de una amiga me dijo: “Che, ¿qué es lo que mejor hacés?”. Le dije: “tocar la guitarra y cantar” y me dijo: “por qué no hacés eso y te dejas de romper las pelotas”. Y estuve un mes pensando que no, porque ser una mina es jodido, y la calle, y los negros del tren y si me pasa algo... ¿Y? Hasta que un viernes, en marzo del 2012, me decidí, aunque estaba muerta de miedo… Fui al paso a nivel del tren, en la estación  Ituzaingó, que es un pasillo largo y tiene muy buena acústica. Depende donde te pongas el sonido choca con las paredes y va hasta el final. Y hay unas escaleras, eso puede servir de megáfono porque se escuchaba bien lejos y además tengo buen caudal de voz aún sin micrófono. De hecho, no lo uso, incluso en el subte. Bueno, me llevé un balde de pintura de 20 litros, el atril y me senté y empecé a tocar, entonces, se me pone enfrente un pibe, se prende un pucho. Termino de tocar y lo saludo y le digo: “Te voy a tocar un tema mío”. Termino y me pone un billete. Lo saludo y se va, y mientras subía la escalera me dice: “Cuidado, que no se vuele” Miro y era un billete de $50. Y dije: “Me parece que mañana vuelvo” (Risas) Igual no ganaba mucho ahí, pero me sirvió de propulsión. Una de las leyes de la calle es, el que llega primero, gana. Así que me empecé a mover viendo qué onda. Hasta que llegó el invierno y el frío, pensé que a mitad de año se paga el aguinaldo. Entonces, dije “¿Un lugar calentito?”. El subte, pero el pasillo. Y arranque en la línea D, en Catedral y Perú. Había un señor que no tenía una pierna y pedía ahí tirado, me acerqué y le pregunté hasta qué hora estaba. Entonces, él me dijo “Venite mañana a las 12.30 y te espero”. Entonces, yo tomaba el lugar que él me dejaba. Re buena onda. Así me hice amiga del diariero, y del ciego que vendía Mantecol. Y empezamos a tocar con otros. Y nos dijimos: “Vamos a buscar a la gente a ver qué pasa, vamos a meternos al subte”. Y en la A nos corrían, y en la D pegamos onda. En la calle hay de todo y no hay capo. Uno tiene que ir con mucha humildad. Es medio la selva. Tenés que ser muy fuerte o muy pillo. O cagás a palos a todos o te vas haciendo con cintura. Ya no quiero enfrentarme con nadie, si ya estoy enfrentando a la vida. Me corrían, me corrían, me corrían y yo firme. Y en un momento, vieron que no me iban a correr. Tal vez veían el ímpetu que yo tengo y decían: “A lo mejor está bueno tenerla de nuestro lado”. Y me tiraban que la hora que vienen los músicos es la siete de la tarde. Pero yo no podía a esa hora.
Hasta que un día que necesitaba plata dije: “Y bueno, hago doble turno”. Y a la tarde discutí con el chabón que “lleva” el horario. Y me metí de prepo. Y si me tenía que pelear, me peleaba. Entonces, vengo al día siguiente a la mañana y unos flacos me querían hablar pero yo no quería. Sabía que me iban a hacer algo malo. Y se me acercó un tipo, y reconocí en la voz que no me iba a hacer nada. Entonces, me dijo: “Vos ya sos de acá. ¿Ayer discutiste con el del saxo? Bueno, tratá de llevarte bien, porque el chabón pega” Y yo dije: “¿Y? A mí ya me cagaron a trompadas y me rompieron la viola y estoy acá viva”. Y después le hablé al del saxo para calmar la situación y entendí que no me tenía que enfrentar a nadie porque no iba a ganar nada.

Si tuvieras que recomendar un disco ¿cuál sería?
Cualquiera de Nirvana o Pearl Jam.

¿Por qué Acústica Túnel?
Porque arranqué en los pasillos de los trenes, y del subte que son túneles. Yo uso la acústica del túnel porque no tengo amplificación. En realidad, ese nombre lo pensé como un concepto que se relaciona con mi sonido. Lo pensé como una pyme. Yo dije: “Meto la gente acá. Después en un bar, cobrando un entrada a la gente que ya sé que le gusto”. En realidad, la otra parte de lo artístico es pensar en una especie de empresa.


Y ¿vivís de esto?
Netamente.

Y ¿qué es ser músico independiente?
Está buenísimo. Yo, más allá de todo, quiero cambiar al mundo. La gente es una masa. Bueno, medio me aburguesé y canto solo covers porque es lo que garpa pero la idea siempre es expresar algo. No canto las de Pity. No elijo cualquier canción. Mis canciones tienen un mensaje simple, también. Aunque acá, ahora solo toco covers porque, también, me di cuenta que le hace bien a la gente. A veces lo nuevo en el oído de un pasajero distraído de subte no llega. Y lo conocido, sí. Yo te callo un subte, te lo dejo como una biblioteca.

Bueno, hay mucha gente que deja comentarios en tu blog diciendo que se sacaron los auriculares para escucharte a vos…
Es re zarpado, ¿viste? A veces me da la sensación que les importa un carajo lo que canto, que, en realidad, se quedan con la vibra, con la onda, con otra cosa. La música es el nexo pero por ejemplo, hay viejitos que me dan por la de los Redondos (risas). Tal vez les hago acordar que están vivos, que ahora están vivos, que hay paz, también, que hay otra cosa. El hecho de sacarse los auriculares para mí es un gesto de respeto sublime que agradezco, porque ¿quién soy yo? para que vos salgas un poco de tu mundo y te metas en lo que yo estoy ofreciendo. También está el que se calla y ni se dio cuenta por qué se calló. Si yo no soy nadie, no me conoce nadie, y entro a un subte y shhhhh, silencio. Es un lugar que está lleno de todo, de buenos, de malos. Y eso está bueno, no sé si ellos saben que yo quiero cambiar al mundo pero la transmisión de eso, surge. Con las canciones te lo digo pero más copado.

¿Tenés alguna anécdota que recuerdes particularmente de esa respuesta de la gente?
Uh, un montón. Hubo gente que me dio dinero llorando, emocionada. Hay un montón de flechazos así. A veces pego en mi Facebook comentarios que me dejan y que son increíbles. La gente es una masa.

¿Cuál es tu motor para escribir?
Un poco de todo. Yo estudio a la sociedad y no me gustan los títulos porque somos  todos iguales. Tal vez, vos sabés algo que yo no sé, pero yo sé algo que vos no. Tengo muchos ideales. A mí me gusta así. Mi vida la manejan los valores. Escribo pensando en un tema o una palabra que puede madurar dentro de mí tal vez durante un mes. Y en un momento cae la mitad de una canción y después me fijo si sigue, y la termino.

¿Tenés alguna canción preferida de las tuyas?
Sí, “Insidia”, que la escribí después de leer El acoso moral (de Marie France Hirigoyen), que habla de cómo se destruye moralmente una persona. Esta canción describe a una persona perversa, manipuladora.

¿La escribiste por alguna relación?
Sí, sí, toda mi familia es perversa y no tengo nada que ver con eso. Me siento el bien adentro de lo oscuro. Pasa en mi familia, así como pasa en cualquier lado. Desde ahí analizo la vida. Imaginate que yo nací ahí y pensé que era todo así. Igual tenés que tener “bochitis”, también.

Hay una canción que dice “Soy, no tengo” ¿qué significa?
Yo trabajaba en una oficina, y me decían “qué lindo pelo, qué lindos zapatos, qué lindo tapado, que lindos ojos”. Pero el pelo, nada, me lo suelto y se hacen bucles solos, casi no me peino, el tapado es de feria americana y me había salido $100, los ojos, que sé yo. En fin, cosas, por las que no hice mucho para tener. ¿Y? Yo sentía que tenía mucho más para rescatar adentro. Yo no me veo si tengo la nariz torcida, no tengo un espejo enfrente,  eso lo ves vos. Entonces, no sentía que era inteligente lo que me estaban diciendo. Yo apuntaba a otro lado. No me fijo en lo que tenés puesto. Entonces: Soy, no tengo. Yo pensaba: “No sabés que copada que soy por dentro, pero no te vas a dar cuenta porque estás mirando con los ojos”.

Y en “Descartable” te preguntás “¿Cuándo realmente se es fuerte?” ¿Encontraste la respuesta?
Sí, a pleno. Cuando aunque tengas miedos los enfrentás y cuando le hacés frente a tus debilidades, estén lejos o cerca. Tener en claro que esto o aquello me hace débil. En ese tema personifiqué a la droga o a la dependencia a algo, no sé, a un té de menta. Sos realmente fuerte cuando vos te ponés de acuerdo con vos mismo.

¿Proyecto inmediato?
¡Luna Park! (risas) No, llegar a tocar en un bar, y poder pasar gorra, por ejemplo. Tengo ganas de cambiar de escenario. Más allá de que lo trato con mucho respeto, lo cierto es que yo en la calle o un medio de transporte, estoy forzando un escenario. Porque nadie está sentado ahí, tomándose un whisky, para escucharme a mí. Algunos, lógicamente, están charlando con su compañero de al lado, hablando por teléfono, etc. Quisiera tocar en otro lugar en el que la gente esté más tranquila y predispuesta a escucharme, incluso para poder tocar otras cosas. Porque en el subte vos podés hacer “ruido” y en un escenario tenés que hacer un poquito menos de “ruido” (risas)

Alejandro Tófalo y Silvia Tapia




 

LLEGA MÚSICOS LADO B...



Porque la ciudad de Buenos Aires está poblada de artistas que desde el calor o el frío del pavimento, desde los vagones, andenes o vehículos del transporte público, repletos o vacíos, tienen algo para decir…
Porque en los márgenes, la música circula por las venas y el sentimiento…
Y sobre todo porque el amor a ella siempre genera su espacio escénico propio, inauguramos en Intersticio esta sección que retoma esas voces que abren un surco en la rutina de miles de transeúntes ocupados y encausa el río intempestivo del arte….




lunes, 22 de diciembre de 2014

SPINETTA Y LAS BANDAS ETERNAS, CINCO AÑOS DESPUÉS...


El viernes 4 de diciembre de 2009, fue una noche única e inolvidable que quedó para siempre grabada a fuego en el recuerdo de todos los fans de Luis Alberto Spinetta. Ese día en la cancha de Vélez, con la realización del Concierto de Las Bandas Eternas, se celebró la vida y obra del Flaco. Sin dudas, tanto para el público como para los músicos participantes, aquella fue una velada plagada de emociones, y uno de los mejores shows de la historia del rock argentino.


En mi camino de melómano que juega, en serio, a ser periodista, tuve la oportunidad de entrevistar a varios de los músicos que acompañaron a Luis en ese maravilloso concierto. Hoy, cinco años más tarde, en esta nota les propongo recordar, desde sus propios testimonios, ese momento mítico de la escena rockera que ellos supieron conseguir.

La planificación de este monumental show comienza gracias a una iniciativa del productor Pablo Mangone, quien le acercó la idea a Spinetta. Mangone fue el gestor del evento, y quien llevó adelante este proyecto junto al Flaco y su manager. Gustavo, hermano del Flaco y baterista de Amel, me confirmó que: “a Luis el proyecto le gustó de entrada porque (Mangone) también es músico, él es un guitarrista. Además, si bien Pablo es un empresario, con esto nunca puso por delante el interés económico. Estaba más que claro que iba mucho más allá de eso. Y Mangone es un tipo muy valioso. Él organizó este show por el arte, no por el negocio. Sin dudas, Luis lo hizo contando con esa base.” 

En sí, la propuesta que le presentó Mangone a Luis Alberto fue la realización de un show multitudinario en el que estuvieran todos (o casi todos) los músicos que tocaron con él. Un concierto en donde, partiendo desde el presente, se revisaran todas las bandas que fueron emblemáticas en su carrera. Un show que también le sirvió al Flaco para hacer un balance de toda su vida artística, 40 años de carrera, casi 60 de vida, y, de paso, “terminar con todos los balances, porque estaba más que claro que iba a ser imposible superar a este concierto-celebración tan inmenso”, como dijo en una entrevista radial el prestigioso periodista Alfredo Rosso, uno de los tantos asistentes a ese inolvidable show.

Por otra parte, este recital también iba a ser muy especial porque Spinetta volvía a interpretar un repertorio extenso de canciones que hacía muchos años no tocaba. Es bien sabido que a Luis Alberto no le gustaba demasiado revisar su historia. Debido a esto, por más que en sus recitales él pusiera siempre algún que otro tema histórico, siempre priorizó su presente artístico. Influenciado por las lecturas de los libros del Carlos Castaneda, autor Las enseñanzas de Don Juan, aconsejaba “borrar la historia personal”. Además, es bien conocida su frase “aunque me fuercen yo nunca voy a decir, que todo tiempo por pasado fue mejor, mañana es mejor…”, que cantó en la soberbia “Cantata de los puentes amarillos”, uno de los temas más impactantes de Artaud, su recordado álbum de 1973,  acreditado a Pescado Rabioso aunque en realidad fuera un trabajo solista. Sin embargo, más allá de estos principios (o quizás, debido precisamente a ellos) el concierto de las Bandas Eternas fue para Spinetta una muy buena manera de redondear su vida musical, además de una buena oportunidad de darle las gracias a todos esos músicos que lo habían acompañado a lo largo de su trayectoria.

Según Rosso: “(Spinetta) Siempre fue un tipo que tuvo una gran convicción acerca de lo que quería hacer con su arte, nunca hizo concesiones. Grabó lo que quiso grabar, siempre, con el tipo de arte de tapa que le quiso dar a sus discos. Trabajó con los músicos que quiso trabajar, y nunca hizo un disco igual al anterior, para complacer ningún tipo de expectativa que se tuviera sobre él. Seguramente, debe ser la síntesis del artista integro.” Justamente, la noche de Las Bandas Eternas iba a ser otra muestra acabada de la grandeza de este artista sin parangón. Ya que se bancó todo el concierto, de principio a fin, cantando y tocando como los dioses durante bastante más de 5 horas. Una maratón tremenda, en la que el Flaco dejó toda su alma de diamante, brindando lo mejor de sí a una audiencia que terminó exhausta, pero pletórica de emoción y felicidad.

Por supuesto, la realización de semejante evento también supuso largas jornadas de ensayos y preparativos. Según Gustavo Spinetta, no fue nada fácil porque a Luis le costó un esfuerzo tremendo hacerlo. Fue un proceso muy agotador con ensayos interminables. A veces me pasaba a buscar y yo me terminaba viendo todo el ensayo. Eran ensayos de 10 horas, una cosa de locos, con Luis siempre en piloto automático, tocando con todos los músicos. Como un “master” en un estado zen, bancándose todo lo que venía.” Otro que me contó cómo recordaba aquellas increíbles jornadas previas al recital fue Pomo, el baterista de Invisible: “Me acuerdo que estuvimos ensayando 1 o 2 veces por semana, durante un mes y medio, para tocar en ese show. Igual, él se repartía para ensayar, al mismo tiempo, con todas las demás bandas que lo acompañaron. No sé cómo hizo…”

Los ensayos tuvieron lugar en una sala enorme, en donde se armaron los sets de las diferentes bandas participantes, uno al lado del otro: “Estaban todas las bandas armadas en círculo. Yo ya soy un tipo grande, pero ver todas esas bandas me emocionaba como cuando era pibe. Ver a Almendra, Pescado Rabioso, Invisible… Qué sé yo. Por eso, yo me quedaba todo lo que podía en los ensayos. Hacía mi parte, cuando ensayábamos los temas de los Socios, y luego me quedaba escuchando a esas bandas históricas. Luis ensayaba todo el día, pasaba de una banda a otra”, me comentó Marcelo Torres, ex bajista de Spinetta y los Socios del Desierto.  

Sin dudas, la magia imperecedera esparcida en toda la obra del Flaco hacía efecto en el ánimo de los músicos participantes. Tanto en la previa, o durante los ensayos, así como en la prueba de sonido en Vélez, se adivinaba en el aire que nadie se iba a olvidar jamás de este show. Según Lito Epumer, ex guitarrista de la última formación de Spinetta Jade: Yo, como tocaba solamente en un tema (junto a Invisible), fui recién la última semana, pero ellos ya venían ensayando desde hacía dos meses. También, la prueba de sonido fue una cosa de locos. Probamos sonido el día anterior y el mismo día del show. Mientras lo estaba viendo pensaba que era un concierto que iba a pasar a la historia, sin dudas. Lo sabíamos todos los músicos que estuvimos ahí. Pero no tuvo nada que ver con lo que pasó después. Ahora estoy convencido que fue el concierto más emocionante que vi en la Argentina, lejos.”

Gustavo Spinetta recuerda: “Eso fue realmente increíble. Estabas en el camarín de Vélez y veías a todos los monstruos del rock de acá, estaban todos. Además, el clima que había era súper especial. Eso es algo que yo no volví a ver nunca más. Se vivía una cosa muy especial. No había “divismos” ni nada de eso, se vivía una gran comunión entre todos los músicos participantes, con todo el mundo extasiado.” Una apreciación con la que coincide Marcelo Torres: “Ese concierto fue una celebración, y era un sentimiento reciproco. Cuando me llamaron yo me sentí muy feliz, porque me sentí reconocido. Pienso que la mayoría de los músicos que tocamos ese día debe sentir lo mismo. Por otra parte, el show tuvo un nivel técnico impresionante. Además, nadie reclamó nada, porque se trató a todo el mundo con mucho respeto. Bueno, por eso salió tan bien todo, ¿no?”

El primer tema del concierto fue “Mi elemento”, que Luis interpretó junto a su banda estable (Nerina Nicotra, bajo; Claudio Cardone, teclados; Sergio Verdinelli, batería; Guillermo Vadalá, guitarra). Así dio comienzo esta recorrida que incluyó además de temas propios, sobrevuelos por otros autores del rock argentino tanto influyentes en su obra como influidos por ella, mediante la interpretación de canciones como “Las cosas tienen movimiento” (Fito Páez), “Mariposas de madera” (Miguel Abuelo), “El rey lloró” (un tema original de Los Gatos, compuesto por Litto Nebbia), “¿A dónde está la libertad?” (Pappo), “Té para tres” (de Soda Stereo, por Gustavo Cerati), “Necesito un amor” (grabada por Manal, compuesta por Javier Martínez), y “Filosofía barata y zapatos de goma” (Charly García).

Si bien todo el show mantuvo un alto nivel de calidad y emotividad, sin dudas, varios de los momentos más significativos se vivieron cuando el Flaco hizo dueto con algunos de sus ex colaboradores, como el recordado Diego Rapoport  (teclados en “Ella también” y “No te busques ya en el umbral”), o junto a Leo Sujatovich, Juan del Barrio y el Mono Fontana, los otros tecladistas de Spinetta Jade. Por supuesto, nadie podrá olvidar los duetos junto a músicos de la talla de Fito Páez (en la mencionada “Las cosas tienen movimiento”), Juanse (“¿A dónde está la libertad?”), o Charly García, en la emocionadísima versión del recordado “Rezo por vos”, ese clásico inmortal co-compuesto por García y Spinetta para su frustrado proyecto a dúo de 1985.

Sin embargo –y teniendo en cuenta el revés de la vida sucedido poco tiempo después- si hubo un momento especialmente emotivo dentro del concierto de las Bandas Eternas, ese fue cuando se juntaron en un mismo escenario Luis Alberto Spinetta y Gustavo Cerati para interpretar “Té para tres” y “Bajan”. Gustavo Spinetta, quien fue el encargado de tocar la batería en “Bajan” y “Cementerio Club”, me contó: “Me acuerdo que cuando me tocó salir a tocar, no pensé en nada. Porque el clima era tan lindo que no me dio ni para preocuparme, en realidad. Yo me sentía en el cielo, ¿viste? Cuando me puse a tocar la bata, el primer tema fue “Bajan” y ya estaba Cerati arriba del escenario. Imaginate, de un lado del escenario lo tenía a Cerati y del otro lo tenía a Luis. Mirara para donde mirara, yo sentía que estaba en la gloria.” Por supuesto, cuando terminó ese set de dos temas, Cerati se fundió en un abrazo del alma con Luis. Una imagen, cuyo recuerdo ahora, seguramente, hace lagrimear a más de uno, entre los que, obviamente, me incluyo.

Otro de los sueños más grandes del fan spinettiano promedio se cumplió ese viernes mágico cuando se juntó Invisible para tocar impecablemente los temazos “Durazno sangrando”, “Jugo de Lúcuma”, “Lo que nos ocupa es esa abuela, la conciencia que regula el mundo”, “Niño condenado”, y “Amor de primavera”. Sí, no era una alucinación colectiva. Spinetta – Machi – Pomo, uno de los tríos más power de la historia del rock argentino, estaban otra vez volando la cabeza de propios y ajenos.  Dice Lito Epumer: “(A mí) Me quedó muy grabado el momento en que yo tenía que salir a tocar en ´Amor de primavera´, el último tema que hizo Invisible, porque cuando ellos estaban tocando ´Durazno Sangrando´, uno podía ver a todos estos músicos tan grosos del rock argentino, mirando la canción desde el costado del escenario y llorando. Todos, ¿eh? Cerati, Fito, Charly, el Negro García Lopez, Black Amaya, David Lebon… Todos llorando, desbordados con la emoción de ese instante.”

Otro regreso muy esperado fue el de Pescado Rabioso, 36 años después de su separación, con Spinetta, Black Amaya (batería), David Lebón (guitarra y voz),  Carlos Cutaia (teclados), más la participación de Guillermo Vadalá (bajo), en calidad de invitado; y del legendario Osvaldo Bocón Frascino (guitarra en “Me gusta ese tajo”). Sin dudas, uno de los segmentos del show más intensamente rockero, con un repertorio que incluyó “Poseído del alba”, “Hola dulce viento”, “Serpiente viaja por la sal”, “Credulidad”, “Despiértate nena”, y “Post crucifixión”.  Según Black Amaya, al que se le nota la adrenalina al contarlo: “Me la pase todo el tiempo muy emocionado y excitado, estaba a full con mi cabeza, ya que se estaba por cumplir mi otro sueño: volver al escenario, y, nada menos que en Vélez, con Pescado Rabioso, junto a mis queridos amigos. Fue impresionante, tal como lo habíamos soñado. El grupo sonó súper bien, y lo más maravilloso y tierno que me pasó con esto fue la repercusión que tuvo entre el público joven, los pibes que me mandaron un montón de mails – a los que yo trataba de contestar, a todos lo que podía-, aparte de los fans veteranos, y todos ellos muy emocionados con cómo había sido el show. Esa noche fue una gran fiesta para celebrar la carrera del Flaco, donde demostró porque era el único que llevaba la bandera del rock nacional.”

Luego de Pescado, llegó el turno de Almendra, el mítico grupo iniciático en donde Spinetta empezó a desandar su historia personal en la música rock, junto a Edelmiro Molinari, Emilio del Güercio, y Rodolfo García. Este fue el primer reencuentro de estos monstruos, luego de casi 29 años.  Otro sueño realizado, este set incluyó clásicos como “Color humano”, “Fermín”, “A estos hombres tristes”, y “Hermano Perro”. Por supuesto, el cierre fue con “Muchacha ojos de papel”, una de las canciones más significativas del rock argentino, y un tema que muchas veces Luis se negó a volver a tocar. Seguramente, será muy difícil olvidar cuando Spinetta empuñó una guitarra acústica, mientras el resto de sus compañeros lo rodeaban en semicírculo para cantarle –ya todos presentían que por última vez- a esa muchacha voz de gorrión, a la que alguna vez le robaron un color… Rodolfo García aún no tiene palabras para explicar lo que sintió esa noche: “Si tuviera que mencionar una, diría Emoción. Me costó varios días ´bajar de ese viaje´. Sin dudas, un homenaje muy merecido para el Flaco y su obra. Y de paso, para todo el rock argentino y quienes lo generaron.”

Pero eso no fue todo, ya que en la coda del concierto el Flaco interpretó “8 de Octubre”, con Ricardo Mollo de invitado, un tema que daba testimonio de la tragedia de los pibes del Colegio Ecos, una causa en la que Spinetta se había puesto al frente, como una de las caras más visibles, con el lema “conduciendo a conciencia”.  Así, luego de un par de temas más que incluyeron “Seguir viviendo sin tu amor” y “Yo quiero ver un tren”, el concierto finalizó con “No te alejes tanto de mí”, uno de los pocos hits radiales que se permitió tener el Flaco a lo largo de su carrera.

Frank Ojstersek, bajista de Spinetta Jade desde el ´80 al ´83, no tocó en el concierto de las Bandas Eternas, pero igual estuvo presente entre el público, disfrutando de este espectáculo de principio a fin. Por supuesto fue nombrado por el Flaco, junto al resto de los músicos que alguna vez lo acompañaron y que no participaron del show. Y él asegura: “Yo le agradezco muchísimo que me haya nombrado, junto a los otros músicos que no participamos del concierto. Es más, después que pasó el show, una vez nos encontramos y Spinetta me explicó porque no había estado yo en el concierto. Sin dudas, él era un tipo muy considerado hacía las otras personas, y por eso me lo quiso explicar, aunque yo ni le había preguntado nada al respecto. Él me dijo que Jade era imposible de armar. Es entendible. Pensá que habían pasado tantos músicos por el grupo que ¿con que formación hubiese tocado? Se tocaron un par de temas de la etapa de Jade, pero estaba claro que era imposible hacer una síntesis que diera cuenta de todas las distintas formaciones que tuvo el grupo. Si hubiese sido por Luis, él hubiese organizado un show en el que hubiesen estado todos los músicos que lo acompañaron. Sin embargo, en un comienzo, este proyecto era una cosa aún más restringida. Al principio, la idea, creo que fue armar solamente los grupos básicos. Si se hubiese implementado esto, el concierto hubiese durado dos horas y media. Pero luego todo se fue ampliando, paulatinamente. Imagínate que el show terminó durando, aproximadamente, cinco horas y veinte…”

Y así fue, e, increíblemente, pasó. El sueño había terminado, pero viviría por siempre en la memoria popular. Lo que estaba más que claro era que no habría otro show de las Bandas Eternas, fue una burbuja única en el tiempo, que alumbró esa fría noche de diciembre de 2009. Con respecto a esto, Gustavo Spinetta me contó, que, más allá de cualquier especulación, “si Luis aceptó la propuesta de Mangone de hacer ese show, fue porque estaba claro que era ese Vélez, y chau. Fueron conscientes de esa idea y no se hizo ningún show más de Las Bandas Eternas, a pesar de que le llovían las propuestas millonarias luego del éxito de este concierto”

Sin embargo, fue inevitable que poco tiempo después, y más luego de la muerte de Luis, en febrero de 2012, este concierto de las Bandas Eternas haya quedado en la mente de muchas personas casi como la despedida del Flaco, más que una celebración de su carrera y vida. Como si el músico, desde una sensibilidad intuitiva, lo hubiese organizado porque sabía que no le quedaba mucho tiempo más. Apreciación que, que no obstante, desmiente su hermano Gustavo: “Yo sé que ahora, visto a través del tiempo, ese proyecto parece una despedida. Pero es que muchas de las últimas cosas que hizo Luis parecen eso. Incluso en algunas composiciones –como, por ejemplo, el tema ´Canción de amor para Olga´, de su disco Un Mañana- hay una temática sobre la muerte en sí. Como que Luis intuía algo con respecto a eso… Por eso parece que se hubiera despedido… (Se emociona) Pero él no quería eso ni en pedo. Luis tenía un problema en el pulmón, y lo sabía, pero no era de esa gravedad aún”

A pesar de la tristeza por la ausencia del Flaco, quedará para siempre, en el corazón de todos los que tuvieron la fortuna de asistir a este concierto histórico, una emoción inenarrable. Por suerte, para el resto, hubo una caja (editada por primera vez en 2010) que incluye tres DVD y tres CD, con los 50 temas tocados esa noche, más un libro de fotos, que retratan a los 40 músicos que pisaron el escenario, y que se agotó al poco tiempo. Afortunadamente, en 2012 se relanzó, incluyendo una edición completamente rediseñada por el propio artista antes de su muerte. Esta reedición contiene un libro de fotos y los tres CD con más de cinco horas del concierto.

Sin duda leer lo que pasó esa noche no se asemeja en nada a la experiencia vivida, pero valga esta retrospectiva como homenaje a esas bandas que por surgidas de la escena nacional nos dan la pauta, más allá de cualquier nostalgia, de lo necesaria que es su pervivencia e inmortalidad.

Innegablemente, el universo spinetteano siempre será, porque “mañana es mejor”, una galaxia inmensa de inspiración para los viajes musicales de varias generaciones de hacedores y amantes del rock argentino pasado, presente y futuro.


Emiliano Acevedo