Porque la ciudad de Buenos
Aires está poblada de artistas que desde el calor o el frío del pavimento,
desde los vagones, andenes o vehículos del transporte público, repletos o
vacíos, tienen algo para decir…
Porque en los márgenes, la
música circula por las venas y el sentimiento…
Y sobre todo porque el
amor a ella siempre genera su espacio escénico propio, inauguramos enIntersticio esta sección que retoma esas
voces que abren un surco en la rutina de miles de transeúntes ocupados y
encausa el río intempestivo del arte….
El viernes 4 de diciembre de 2009, fue una noche
única e inolvidable que quedó para siempre grabada a fuego en el recuerdo de
todos los fans de Luis Alberto Spinetta. Ese día en la cancha de Vélez, con la
realización del Concierto de Las Bandas Eternas, se celebró la vida y obra del
Flaco. Sin dudas, tanto para el público como para los músicos participantes,
aquella fue una velada plagada de emociones, y uno de los mejores shows de la
historia del rock argentino.
En mi camino de melómano que juega, en serio, a ser
periodista, tuve la oportunidad de entrevistar a varios de los músicos que
acompañaron a Luis en ese maravilloso concierto. Hoy, cinco años más tarde, en esta
nota les propongo recordar, desde sus propios testimonios, ese momento mítico
de la escena rockera que ellos supieron conseguir.
La planificación de este monumental show comienza gracias
a una iniciativa del productor Pablo Mangone, quien le acercó la idea a
Spinetta. Mangone fue el gestor del evento, y quien llevó adelante este proyecto
junto al Flaco y su manager. Gustavo, hermano del Flaco y baterista de Amel, me confirmó que: “a Luis el proyecto le gustó de entrada porque
(Mangone) también es músico, él es un guitarrista. Además, si bien Pablo es un
empresario, con esto nunca puso por delante el interés económico. Estaba más
que claro que iba mucho más allá de eso. Y Mangone es un tipo muy valioso. Él organizó
este show por el arte, no por el negocio. Sin dudas, Luis lo hizo contando con
esa base.”
En sí, la propuesta que le presentó Mangone a Luis
Alberto fue la realización de un show multitudinario en el que estuvieran todos
(o casi todos) los músicos que tocaron con él. Un concierto en donde, partiendo
desde el presente, se revisaran todas las bandas que fueron emblemáticas en su
carrera. Un show que también le sirvió al Flaco para hacer un balance de toda
su vida artística, 40 años de carrera, casi 60 de vida, y, de paso, “terminar con todos los balances, porque
estaba más que claro que iba a ser imposible superar a este concierto-celebración
tan inmenso”, como dijo en una entrevista radial el prestigioso periodista
Alfredo Rosso, uno de los tantos asistentes a ese inolvidable show.
Por otra parte, este recital también iba a ser muy
especial porque Spinetta volvía a interpretar un repertorio extenso de
canciones que hacía muchos años no tocaba. Es bien sabido que a Luis Alberto no
le gustaba demasiado revisar su historia. Debido a esto, por más que en sus
recitales él pusiera siempre algún que otro tema histórico, siempre priorizó su
presente artístico. Influenciado por las lecturas de los libros del Carlos
Castaneda, autor Las enseñanzas de Don Juan, aconsejaba “borrar la historia personal”. Además, es bien conocida
su frase “aunque me fuercen yo nunca voy
a decir, que todo tiempo por pasado fue mejor, mañana es mejor…”, que cantó
en la soberbia “Cantata de los puentes amarillos”, uno de los temas más
impactantes de Artaud, su recordado
álbum de 1973, acreditado a Pescado
Rabioso aunque en realidad fuera un trabajo solista. Sin embargo, más allá de
estos principios (o quizás, debido precisamente a ellos) el concierto de las
Bandas Eternas fue para Spinetta una muy buena manera de redondear su vida
musical, además de una buena oportunidad de darle las gracias a todos esos
músicos que lo habían acompañado a lo largo de su trayectoria.
Según Rosso: “(Spinetta)
Siempre fue un tipo que tuvo una gran convicción acerca de lo que quería hacer
con su arte, nunca hizo concesiones. Grabó lo que quiso grabar, siempre, con el
tipo de arte de tapa que le quiso dar a sus discos. Trabajó con los músicos que
quiso trabajar, y nunca hizo un disco igual al anterior, para complacer ningún
tipo de expectativa que se tuviera sobre él. Seguramente, debe ser la síntesis
del artista integro.” Justamente, la noche de Las Bandas Eternas iba a ser
otra muestra acabada de la grandeza de este artista sin parangón. Ya que se
bancó todo el concierto, de principio a fin, cantando y tocando como los dioses
durante bastante más de 5 horas. Una maratón tremenda, en la que el Flaco dejó
toda su alma de diamante, brindando lo mejor de sí a una audiencia que terminó
exhausta, pero pletórica de emoción y felicidad.
Por supuesto, la
realización de semejante evento también supuso largas jornadas de ensayos y preparativos.
Según Gustavo Spinetta, “no fue nada fácil porque a Luisle costó un esfuerzo
tremendo hacerlo. Fue un proceso muy agotador con ensayos interminables. A
veces me pasaba a buscar y yo me terminaba viendo todo el ensayo. Eran ensayos
de 10 horas, una cosa de locos, con Luissiempre en piloto automático, tocando con todos los músicos. Como un
“master” en un estado zen, bancándose todo lo que venía.” Otro
que me contó cómo recordaba aquellas increíbles jornadas previas al recital fue
Pomo, el baterista de Invisible: “Me
acuerdo que estuvimos ensayando 1 o 2 veces por semana, durante un mes y medio,
para tocar en ese show. Igual, él se repartía para ensayar, al mismo tiempo,
con todas las demás bandas que lo acompañaron. No sé cómo hizo…”
Los ensayos tuvieron
lugar en una sala enorme, en donde se armaron los sets de las diferentes bandas
participantes, uno al lado del otro: “Estaban
todas las bandas armadas en círculo. Yo ya soy un tipo grande, pero ver todas
esas bandas me emocionaba como cuando era pibe. Ver a Almendra, Pescado
Rabioso, Invisible… Qué sé yo. Por eso, yo me quedaba todo lo que podía en los
ensayos. Hacía mi parte, cuando ensayábamos los temas de los Socios, y luego me
quedaba escuchando a esas bandas históricas. Luis ensayaba todo el día, pasaba
de una banda a otra”, me comentó Marcelo Torres, ex bajista de Spinetta y
los Socios del Desierto.
Sin dudas, la magia imperecedera esparcida en toda
la obra del Flaco hacía efecto en el ánimo de los músicos participantes. Tanto
en la previa, o durante los ensayos, así como en la prueba de sonido en Vélez, se
adivinaba en el aire que nadie se iba a olvidar jamás de este show. Según Lito
Epumer, ex guitarrista de la última formación de Spinetta Jade: “Yo, como tocaba solamente en un tema (junto a
Invisible), fui recién la última semana, pero ellos ya venían ensayando desde
hacía dos meses. También, la prueba de sonido fue una cosa de locos. Probamos
sonido el día anterior y el mismo día del show. Mientras lo estaba viendo
pensaba que era un concierto que iba a pasar a la historia, sin dudas. Lo
sabíamos todos los músicos que estuvimos ahí. Pero no tuvo nada que ver con lo
que pasó después. Ahora estoy convencido que fue el concierto más emocionante
que vi en la Argentina, lejos.”
Gustavo Spinetta recuerda: “Eso fue realmente increíble. Estabas en el camarín de Vélez y veías a
todos los monstruos del rock de
acá, estaban todos. Además, el clima que había era súper especial. Eso es algo
que yo no volví a ver nunca más. Se vivía una cosa muy especial. No había
“divismos” ni nada de eso, se vivía una gran comunión entre todos los músicos
participantes, con todo el mundo extasiado.” Una apreciación con la que
coincide Marcelo Torres: “Ese concierto
fue una celebración, y era un sentimiento reciproco. Cuando me llamaron yo me sentí
muy feliz, porque me sentí reconocido. Pienso que la mayoría de los músicos que
tocamos ese día debe sentir lo mismo. Por otra parte, el show tuvo un nivel
técnico impresionante. Además, nadie reclamó nada, porque se trató a todo el
mundo con mucho respeto. Bueno, por eso salió tan bien todo, ¿no?”
El primer tema del concierto fue “Mi elemento”, que
Luis interpretó junto a su banda estable (Nerina Nicotra, bajo; Claudio Cardone,
teclados; Sergio Verdinelli, batería; Guillermo Vadalá, guitarra). Así dio
comienzo esta recorrida que incluyó además de temas propios, sobrevuelos por otros
autores del rock argentino tanto influyentes en su obra como influidos por ella,
mediante la interpretación de canciones como “Las cosas tienen movimiento”
(Fito Páez), “Mariposas de madera” (Miguel Abuelo), “El rey lloró” (un tema
original de Los Gatos, compuesto por Litto Nebbia), “¿A dónde está la libertad?”
(Pappo), “Té para tres” (de Soda Stereo, por Gustavo Cerati), “Necesito un
amor” (grabada por Manal, compuesta por Javier Martínez), y “Filosofía barata y
zapatos de goma” (Charly García).
Si bien todo el show mantuvo un alto nivel de
calidad y emotividad, sin dudas, varios de los momentos más significativos se
vivieron cuando el Flaco hizo dueto con algunos de sus ex colaboradores, como
el recordado Diego Rapoport(teclados en
“Ella también” y “No te busques ya en el umbral”), o junto a Leo Sujatovich,
Juan del Barrio y el Mono Fontana, los otros tecladistas de Spinetta Jade. Por
supuesto, nadie podrá olvidar los duetos junto a músicos de la talla de Fito Páez
(en la mencionada “Las cosas tienen movimiento”), Juanse (“¿A dónde está la
libertad?”), o Charly García, en la emocionadísima versión del recordado “Rezo
por vos”, ese clásico inmortal co-compuesto por García y Spinetta para su
frustrado proyecto a dúo de 1985.
Sin embargo –y teniendo en cuenta el revés de la
vida sucedido poco tiempo después- si hubo un momento especialmente emotivo
dentro del concierto de las Bandas Eternas, ese fue cuando se juntaron en un
mismo escenario Luis Alberto Spinetta y Gustavo Cerati para interpretar “Té
para tres” y “Bajan”. Gustavo Spinetta, quien fue el encargado de tocar la
batería en “Bajan” y “Cementerio Club”, me contó: “Me acuerdo que cuando me tocó salir a tocar, no pensé en nada. Porque
el clima era tan lindo que no me dio ni para preocuparme, en realidad. Yo me
sentía en el cielo, ¿viste? Cuando me puse a tocar la bata, el primer tema fue
“Bajan” y ya estaba Ceratiarriba del escenario. Imaginate, de un lado
del escenario lo tenía a Cerati y del otro lo tenía a Luis.
Mirara para donde mirara, yo sentía que estaba en la gloria.” Por supuesto,
cuando terminó ese set de dos temas, Cerati se fundió en un abrazo del alma con
Luis. Una imagen, cuyo recuerdo ahora, seguramente, hace lagrimear a más de
uno, entre los que, obviamente, me incluyo.
Otro de los sueños más grandes del fan spinettiano
promedio se cumplió ese viernes mágico cuando se juntó Invisible para tocar
impecablemente los temazos “Durazno sangrando”, “Jugo de Lúcuma”, “Lo que nos
ocupa es esa abuela, la conciencia que regula el mundo”, “Niño condenado”, y “Amor
de primavera”. Sí, no era una alucinación colectiva. Spinetta – Machi – Pomo,
uno de los tríos más power de la historia del rock argentino, estaban otra vez
volando la cabeza de propios y ajenos.Dice Lito Epumer: “(A mí) Me quedó
muy grabado el momento en que yo tenía que salir a tocar en ´Amor de
primavera´, el último tema que hizo Invisible, porque cuando ellos estaban
tocando ´Durazno Sangrando´, uno podía ver a todos estos músicos tan grosos del
rock argentino, mirando la canción desde el costado del escenario y llorando.
Todos, ¿eh? Cerati, Fito, Charly, el Negro García Lopez, Black Amaya, David
Lebon… Todos llorando, desbordados con la emoción de ese instante.”
Otro regreso muy esperado fue el de Pescado
Rabioso, 36 años después de su separación, con Spinetta, Black Amaya (batería),
David Lebón (guitarra y voz),Carlos
Cutaia (teclados), más la participación de Guillermo Vadalá (bajo), en calidad
de invitado; y del legendario Osvaldo Bocón
Frascino (guitarra en “Me gusta ese tajo”). Sin dudas, uno de los segmentos del
show más intensamente rockero, con un repertorio que incluyó “Poseído del alba”,
“Hola dulce viento”, “Serpiente viaja por la sal”, “Credulidad”, “Despiértate
nena”, y “Post crucifixión”.Según Black
Amaya, al que se le nota la adrenalina al contarlo: “Me la pase todo el tiempo muy emocionado y excitado, estaba a full con
mi cabeza, ya que se estaba por cumplir mi otro sueño: volver al escenario, y,
nada menos que en Vélez, con Pescado Rabioso, junto a mis queridos
amigos. Fue impresionante, tal como lo habíamos soñado. El grupo sonó súper
bien, y lo más maravilloso y tierno que me pasó con esto fue la repercusión que
tuvo entre el público joven, los pibes que me mandaron un montón de mails – a
los que yo trataba de contestar, a todos lo que podía-, aparte de los fans
veteranos, y todos ellos muy emocionados con cómo había sido el show. Esa noche
fue una gran fiesta para celebrar la carrera del Flaco, donde demostró
porque era el único que llevaba la bandera del rock nacional.”
Luego de Pescado, llegó el turno de Almendra, el mítico
grupo iniciático en donde Spinetta empezó a desandar su historia personal en la
música rock, junto a Edelmiro Molinari, Emilio del Güercio, y Rodolfo García.
Este fue el primer reencuentro de estos monstruos, luego de casi 29 años. Otro sueño realizado, este set incluyó
clásicos como “Color humano”, “Fermín”, “A estos hombres tristes”, y “Hermano
Perro”. Por supuesto, el cierre fue con “Muchacha ojos de papel”, una de las
canciones más significativas del rock argentino, y un tema que muchas veces
Luis se negó a volver a tocar. Seguramente, será muy difícil olvidar cuando
Spinetta empuñó una guitarra acústica, mientras el resto de sus compañeros lo
rodeaban en semicírculo para cantarle –ya todos presentían que por última vez-
a esa muchacha voz de gorrión, a la que alguna vez le robaron un color… Rodolfo
García aún no tiene palabras para explicar lo que sintió esa noche: “Si tuviera que mencionar una, diría Emoción.
Me costó varios días ´bajar de ese
viaje´. Sin dudas, un homenaje muy merecido para el Flacoy su
obra. Y de paso, para todo el rock
argentino y quienes lo generaron.”
Pero eso no fue todo, ya que en la coda del
concierto el Flaco interpretó “8 de Octubre”, con Ricardo
Mollo de invitado, un tema que daba testimonio de la tragedia de los pibes del
Colegio Ecos, una causa en la que Spinetta se había puesto al frente, como una
de las caras más visibles, con el lema “conduciendo a conciencia”.Así, luego de un par de temas más que
incluyeron “Seguir viviendo sin tu amor” y “Yo quiero ver un tren”, el
concierto finalizó con “No te alejes tanto de mí”, uno de los pocos hits
radiales que se permitió tener el Flaco a lo largo de su carrera.
Frank Ojstersek, bajista de Spinetta Jade desde el
´80 al ´83, no tocó en el concierto de las Bandas Eternas, pero igual estuvo
presente entre el público, disfrutando de este espectáculo de principio a fin.
Por supuesto fue nombrado por el Flaco, junto al resto de los músicos que
alguna vez lo acompañaron y que no participaron del show. Y él asegura: “Yo le agradezco muchísimo que me haya
nombrado, junto a los otros músicos que no participamos del concierto. Es más,
después que pasó el show, una vez nos encontramos y Spinetta me explicó porque
no había estado yo en el concierto. Sin dudas, él era un tipo muy considerado
hacía las otras personas, y por eso me lo quiso explicar, aunque yo ni le había
preguntado nada al respecto. Él me dijo que Jade era imposible de armar. Es
entendible. Pensá que habían pasado tantos músicos por el grupo que ¿con que
formación hubiese tocado? Se tocaron un par de temas de la etapa de Jade, pero
estaba claro que era imposible hacer una síntesis que diera cuenta de todas las
distintas formaciones que tuvo el grupo. Si hubiese sido por Luis, él hubiese
organizado un show en el que hubiesen estado todos los músicos que lo
acompañaron. Sin embargo, en un comienzo, este proyecto era una cosa aún más
restringida. Al principio, la idea, creo que fue armar solamente los grupos
básicos. Si se hubiese implementado esto, el concierto hubiese durado dos horas
y media. Pero luego todo se fue ampliando, paulatinamente. Imagínate que el
show terminó durando, aproximadamente, cinco horas y veinte…”
Y así fue, e, increíblemente, pasó. El sueño había
terminado, pero viviría por siempre en la memoria popular. Lo que estaba más
que claro era que no habría otro show de las Bandas Eternas, fue una burbuja única
en el tiempo, que alumbró esa fría noche de diciembre de 2009. Con respecto a
esto, Gustavo Spinetta me contó, que, más allá de cualquier especulación, “si Luis aceptó la propuesta de Mangone de hacer ese show,
fue porque estaba claro que era ese Vélez, y chau. Fueron conscientes de esa
idea y no se hizo ningún show más de Las Bandas Eternas, a pesar de que le
llovían las propuestas millonarias luego del éxito de este concierto”
Sin embargo, fue inevitable que poco tiempo
después, y más luego de la muerte de Luis, en febrero de 2012, este concierto
de las Bandas Eternas haya quedado en la mente de muchas personas casi como la
despedida del Flaco, más que una celebración de su carrera y vida. Como si el
músico, desde una sensibilidad intuitiva, lo hubiese organizado porque sabía
que no le quedaba mucho tiempo más. Apreciación que, que no obstante, desmiente
su hermano Gustavo: “Yo sé que ahora,
visto a través del tiempo, ese proyecto parece una despedida. Pero es que
muchas de las últimas cosas que hizo Luis parecen eso. Incluso en
algunas composiciones –como, por ejemplo, el tema ´Canción de amor para Olga´,
de su disco Un Mañana- hay una temática sobre la muerte en sí. Como que Luisintuía algo con respecto a eso… Por eso parece que se hubiera
despedido… (Se emociona) Pero él no quería eso ni en pedo. Luis tenía un
problema en el pulmón, y lo sabía, pero no era de esa gravedad aún”
A pesar de la tristeza por la ausencia del Flaco, quedará
para siempre, en el corazón de todos los que tuvieron la fortuna de asistir a
este concierto histórico, una emoción inenarrable. Por suerte, para el resto,
hubo una caja (editada por primera vez en 2010) que incluye tres DVD y tres CD,
con los 50 temas tocados esa noche, más un libro de fotos, que retratan a los 40
músicos que pisaron el escenario, y que se agotó al poco tiempo.
Afortunadamente, en 2012 se relanzó, incluyendo una edición completamente
rediseñada por el propio artista antes de su muerte. Esta reedición contiene un
libro de fotos y los tres CD con más de cinco horas del concierto.
Sin duda leer lo que pasó esa noche no se asemeja
en nada a la experiencia vivida, pero valga esta retrospectiva como homenaje a
esas bandas que por surgidas de la escena
nacional nos dan la pauta, más allá de cualquier nostalgia, de lo necesaria que
es su pervivencia e inmortalidad.
Innegablemente, el universo spinetteano siempre será,
porque “mañana es mejor”, una galaxia
inmensa de inspiración para los viajes musicales de varias generaciones de
hacedores y amantes del rock argentino pasado, presente y futuro.
En la localidad de
José Mármol, en el Partido de Almirante Brown, es posible encontrarse con una perfecta
mixtura entre metrópolis y mucho verde. Casitas bajas, plazas repletas de
familias, chicos jugando a la pelota en la calle, gente mateando en la vereda.
El típico olorcito a pasto recién cortado. Estas son algunas de las postales
típicas del sábado a la tarde, aquí y en la mayoría de los barrios del sur del
Conurbano Bonaerense. Justamente, en José Mármol vive Gustavo Giles. Con más de
30 años de carrera, Gustavo es uno de los mejores y más respetados bajistas
argentinos. Un músico tan introvertido como genial, que ha creado su propio
estilo a la hora de tocar slap en las cuatro cuerdas. Maestro del bajo, hace
mucho tiempo que Giles dicta clase a decenas de alumnos, a la vez que se
especializa en dar clínicas del instrumento en donde enseña todo lo referente a
escalas, arpegios, técnicas de digitación, ritmos, etc. Sin embargo, casi todo
el mundo lo conoce más por su labor como músico profesional, ya que Giles ha
participado de innumerables proyectos. Desde sus comienzos en Nomady Soul,
grupo de covers que luego se transformaría en La Torre, hasta llegar a este
presente que lo encuentra tocando en la banda de Javier Calamaro, a la vez que
le da vida a su propio grupo de fusión: el Gustavo Giles Selección Group. Dicha
versatilidad, imaginación y calidad musical, le ha permitido a Gustavo también
tocar junto a artistas tan eclécticos como Valeria Lynch, Leonardo Favio, Iván
Noble, Gillespi, Spinetta y Páez, o David Lebon, con quien grabó el disco Nuevas
Mañanas en 1991.
Un poco de todo esto
nos contó en esta entrevista, mientras tomábamos un par de amargos, rodeados de
cables y equipos, en su casa de Mármol. Una amable charla con un músico
inmenso. Gustavo Giles en primera persona…
ENTREVISTA
> Vos venís de una familia de músicos. Teniendo en cuenta esto, ¿pensás que
la música te eligió a vos o fue al revés?
Y sí, en mi casa siempre hubo música. Mi
papá fue músico de joven, aunque después se dedicó a la medicina, y mis
hermanos mayores también son músicos. Jorge terminó siendo guitarrista y Ricardo
baterista. Lo curioso, en mi caso, es que de chico me gustara como sonaba el
bajo, en vez de inclinarme por el sonido de la batería o por la guitarra. Desde
pibe me acostumbré a copiar las líneas de bajo que hacía el bajista que tocaba
con mis hermanos, o prestaba mucha atención al sonido del bajo cuando escuchaba
algún disco. Así empecé.
¿Y a
que bajista de los grupos que te gustaban le prestabas especial atención?
En esa época, a los 13, 14 años, me gustaba
mucho Vox Dei, por eso mi ídolo era Willy Quiroga. Siempre admiré mucho a
Willy, y ahora tengo la dicha de que seamos muy amigos. Luego también me empecé
a copar mucho con la música soul. Justo mi hermano Ricardo había entrado a
tocar la batería en Nomady, un grupo que hacía covers de soul. En esa banda estaban
Patricia Sosa y Oscar Mediavilla.
El
antecedente de lo que luego sería La Torre…
Sí. En Nomady yo empecé como plomo del
grupo. En esa época iba a ver todos los ensayos y escuchaba los temas. Como yo
ya tenía un bajo que me había comprado mi papá, cuando se fue el bajista del
grupo, me probaron a mí. Por eso terminé tocando el bajo en el grupo, a pesar
de ser tan pibe, debido a que me conocía todo el repertorio del grupo.
¿Vos
seguiste tocando en ese grupo hasta que se transforma en La Torre?
No. Yo me fui de Nomady en el ’80, justo
cuando ellos ya empezaban a componer sus primeros temas rockeros. Fue en ese
momento, cuando Patricia empezó a escribir las letras de los temas, en donde
arman La Torre. Lo que pasó fue que, cuando empieza La Torre, ellos me llamaron
para que toque de vuelta en el grupo. Así, grabamos el primer disco en el ´81.
Yo me quedé en el grupo hasta el ´84, ´85.
¿Por
qué te fuiste de La Torre?
Porque me estaba poniendo muy impaciente
por tocar otras músicas. Ya estaba muy metido en el jazz rock, escuchando a
Chic Corea, Stanley Clarke, y yo quería hacer ese estilo. En esa época había un
lugar, luego legendario, que se llamaba Jazz & Pop, y yo iba muy seguido
ahí a ver conciertos y jams de jazz. Hasta que un día, por fin, Lucio Mazaira
me convocó para que tocara en su grupo de jazz. Por supuesto, me encantó la
propuesta, porque aparte yo ya no estaba tan entusiasmado con seguir en La
Torre…
¿Por
qué?
Lo que pasa es que La Torre dio un vuelco
musical. Ya en el ’82, cuando tocamos en el (Festival) BaRock, justo se daba el
éxito de Riff, con su propuesta de rock pesado. Y Patricia y Oscar, que eran
los que comandaban el grupo, empiezan a hacer temas más pesados. Y a mí no me
gustaba tanto tocar ese estilo, viste…Al principio La Torre también hacía rock, pero con una onda más de
fusión. Era un grupo que marcaba una gran diferencia con respecto a todos los
demás del rock de esa época. Eso se nota mucho en los dos primeros discos del
grupo. En ese entonces, yo tenía espacio para tocar muchos solos de bajo. Yo ya
venía tocando slap, cuando todavía no era un estilo tan común de tocar el bajo…
Pero, bueno, ellos prefirieron seguir luego por una veta más rockera, que a mí
no me gustaba tanto, y por eso me fui. Pero se ve que tan mal no les fue,
porque con ese estilo más pesado, que a mí no me gustaba, ellos se volvieron
famosos, justo cuando yo ya no estaba… (risas)
¿Cómo
fuiste puliendo tu técnica de tocar el bajo?
El slap lo saqué solo, no me lo enseñó
nadie. Lo hice escuchando a otros bajistas como Stanley Clarke o Larry Graham,
que tocaban con esa técnica. Al principio, fue una cosa muy orejera. Yo
solamente era un pibe que trataba de imaginarse como hacían esos monstruos para
tocar así. Recién, a mediados de los ´80, cuando ya estaba en la banda de Valeria
Lynch, me compré varios vhs en EEUU, y viendo esos videos puede seguir puliendo la técnica. Siempre me
entusiasmé mucho con las posibilidades técnicas y rítmicas que tiene el
instrumento, viste…
Entonces,
se podría decir que sos autodidacta…
Sí, soy autodidacta. Aunque estudié mucho
tiempo –en especial, la parte de teoría y técnica- con Carlos Madariaga, toda
la parte rítmica la aprendí solo. Seguramente, me ayudó mucho el haber tocado
canciones de música soul, ya que en ese género siempre hubo muy buenos
bajistas. Por ejemplo, en la época de Nomady, hacíamos covers, y yo sacaba las
líneas de bajo tal cual estaban en las versiones originales.
A lo
largo de toda tu carrera, tocaste todo tipo de ritmos y géneros, acompañando a
artistas muy disimiles. ¿Cómo fuiste adaptando tu técnica como bajista a los
diferentes trabajos que te fueron tocando realizar?
Creo que todo es una cuestión de ubicación,
de escuchar la música que tenés que acompañar. Por ejemplo, con Javier
(Calamaro) aprendí a tocar menos, a ser más consciente de clavar las bases, de
no hacer tantos adornos. Aprendí a quedarme más en el molde, a escuchar de otra
manera. En el caso de mi trabajo con Valeria, aunque me dejaban poner alguna
cosita que se me podía ocurrir, las partes de bajo ya estaban escritas. A lo
largo de toda mi carrera me fui dando cuenta de que, excepto en el caso de Patricia,
por lo general, los cantantes no quieren que los molesten. Es como que, cuando
escuchan algún arreglo de más, que les mueve un poco la estantería, eso ya no
les gusta nada, ¿no?
¿Cómo
se da tu participación en La La La
(1986), el álbum de Spinetta y Páez?
El que me llamó fue Fito Páez. Justo en esa
época yo estaba tocando con Valeria Lynch, y Fito me convocó porque quería que tocase
el contrabajo en algunos temas del disco. Sin embargo, ya hacía rato que yo no
tocaba contrabajo, se ve que sabía que yo había tocado el contrabajo en La
Torre. Por suerte, salió todo muy bien. En ese álbum yo participé en dos temas
(“Estoy atiborrado con tu amor” y “Dejaste ver tu amor”) Por supuesto, fue una
experiencia muy linda, porque pude conocer de cerca al Flaco Spinetta, una persona
muy macanuda con un talento increíble. Lo que más recuerdo de esa tarde en la
que grabé con ellos, es toda esa musicalidad, esa genialidad fuera de lo común
que tenía el Flaco, trabajando a la par de Fito. El solo hecho de escuchar esos
acordes, las melodías... Sin dudas, una experiencia mágica. Fue hermoso
participar de esa grabación.
A vos
te tocó participar de la etapa más exitosa de Valeria Lynch. ¿Cómo la viviste?
Yo la pasé muy bien. Era muy joven, no
tenía compromisos, cobraba buena guita, disfrutando mucho de los viajes que
hacíamos al exterior. Porque, además, esa experiencia justo coincidió temporalmente
con una época en la que hubo muchos avances en cuanto a la música, la
tecnología, y los equipamientos. Empezaban a salir muchos videos musicales. Por
eso, cuando viajábamos, nos hacíamos una fiesta… Fue una época muy linda, el
grupo sonaba muy bien. Además, teníamos un director musical increíble como
Mario Cortéz, un verdadero talento de la música.
¿Cómo
te llevás con la fama? ¿Te gusta, te disgusta?
Nunca me sedujo la fama. No soy un tipo
obsesionado con eso, con el hecho de tocar en un determinado festival, o con determinadas
situaciones típicas vinculadas a lo que significaría ser un músico famoso o
masivo. Por otra parte, también soy un tipo más bien tímido. No me gusta
sociabilizar tanto… Qué sé yo, quizás tenga que ver con mi personalidad. Nunca
me gustó la noche, no soy un tipo nocturno. Si trabajé de noche fue porque la profesión
te lo exige, viste. Seguramente, el hecho de que yo no sea un tipo rico y
famoso también tiene que ver con estos aspectos de mi personalidad, con la
manera en que uno va llevando su vida y con las cosas a las que les doy
prioridad.
Y de
todos tus trabajos y experiencias en la música, ¿cuál fue el proyecto en el que
más cómodo te sentiste?
El momento que más pasión sentí fue cuando
toqué en el Jazz & Pop con un grupo que se llamaba El Pentágono. Ahí tocaba
con Lucio Mazaira, un baterista excepcional, y con el gran Francisco Rivero, un
guitarrista impresionante. Algunas veces también se sumó a tocar con nosotros
el Mono Fontana en teclados. Para mí, tocar en ese grupo era una fiesta, porque
cada concierto era una experiencia irrepetible, y hasta nos dábamos el gusto de
llenar Jazz & Pop.
¿Cómo
fue la génesis de tu disco solista editado en 2010?
Bueno, yo tenía compuestos todos esos temas
desde hacía bastante tiempo. Primero hice la presentación de mi grupo (Gustavo
Giles Selección Group) en el Subsuelo, un local que estaba en el Pasaje La
Piedad, en la calle Bartolomé Mitre, a unas cuadras de Callao. Esa experiencia
estuvo bárbara, porque me permitió tocar más melodías a dúo con otro bajista.
Luego, esa formación siguió, pero como se fue el bajista que estaba tocando
conmigo, ahí entró Mariano Otero en su lugar. Bueno, justamente, el material
que se incluyó en el disco abarca todo este periodo, con composiciones de fines
de los ´90, y otras de principio de los 2000. Ahora mismo estoy componiendo un
par de temas nuevos para ver si más adelante podemos grabar un disco nuevo.
Además,
es un disco con muchos invitados…
Sí, tuve la suerte de que colaboraran
conmigo musicazos como Mariano Otero, Pablo Santos, Osvaldo Pilu Camacho, Diego
Mano, Lapo Gessaghi, Juan Chichizola, Gustavo Juárez, Mario Parmisano, Gerardo
Prícolo, Walter Mauricio, y Alejandra Sosa, mi mujer, que la rompe cantando en el único tema no
instrumental del álbum.
¿Qué
te parece la música actual? ¿Qué escuchás?
En realidad no escucho mucha música, pero
sé que hay grupos buenos. Me entero a través de la música que escucha mi hija.
Debido a eso sé que hay grupos nuevos que suenan bien, pero no estoy muy al
tanto de lo que pasa en la movida del rock…
¿Y
con respecto al jazz, que sería más tu palo?
Yo no sé si el jazz es más mi palo, viste.
En una época me encasillaban como músico de jazz, pero, en realidad, siempre
fui un músico más fusionero (sic) que otra cosa. O más de soul, o funkero, que
sé yo…Yo no soy el clásico bajista de
jazz. Está más que claro que me gusta improvisar algunas cosas, pero el del
jazz es un vocabulario musical muy complejo en el que nunca me metí…
¿Y el
material de tu disco, en que género lo pondrías? ¿Lo sentíscercano a algún
otro disco instrumental de fusión que hayas escuchado?
Para mí son canciones de pop
instrumental.Creo que, a diferencia de
otros discos instrumentales, yo no parto de melodías pequeñas que fusionan como
mera excusa para pasársela improvisando. En mi caso es todo lo contrario: en
cada canción se le da más protagonismo a la melodía, con improvisaciones más
medidas. Es un disco muy agradable, incluso para personas que no están
acostumbradas a escuchar discos instrumentales.
¿En
el futuro te ves haciendo más temas cantados, o vas a seguir mayormente en esta
veta musical instrumental?
Me gustaría mucho. Lamentablemente, no sé
cantar… (risas)
¿Cómo
componés?
En mi caso, las melodías me van surgiendo
en la cabeza, entonces las paso al instrumento, y luego ya tengo la posibilidad
de armonizarlas de diferente manera, de acuerdo a lo que la música me vaya
cantando. Recién después de eso armo la línea de bajo. Siempre pasa que, cuando
componés, el bajo te da la insinuación armónica de lo que va a sonar.
En cuanto al carácter y estilo de las
composiciones, yo no soy nada esquemático. Todo depende de lo que va saliendo y
de lo que me termina gustando.
¿Cuáles
son tu bajo y equipos preferidos?
Mi bajo preferido es el Alembic, el mismo
bajo que usaba John Entwistle, mi equipo es Ek Tower.
¿Cuáles
son tus referentes actuales en el bajo?
Estoy convencido de que los bajistas que
escuchaba antes aún siguen marcando tendencia sobre los actuales. Me gusta
mucho Marcus Miller, pero aún sigo escuchando mucho a Jaco (Pastorius). Jaco es
como Gardel, cada día toca mejor… Otro que me gusta mucho es Francis Rocco
Prestia, el bajista de Tower of Power, otro tipo que sigue sonando muy actual,
aunque toca de la misma forma que tocaba en los ´70. Mark King (de Level 42) también
me gusta mucho, porque tiene un virtuosismo increíble. Por supuesto, también me
siguen gustando los grosos de siempre: McCartney, Jack Bruce, Entwistle, Sting,
John Paul Jones…
¿Qué
discos estás escuchando?
Me gusta mucho escuchar a Tony Bennett, en
especial su disco Duets.
¿Qué
tema de otro artista te hubiese gustado componer?
“September”, de Earth, Wind & Fire. Porque es un tema que me transforma,
como me transforma toda la música de Earth, Wind & Fire. Es la banda que más
me marcó, lejos. Siempre me parecieron increíbles. Su música me encanta y aun
hoy la escucho todo el tiempo. Es más, si tuviera que elegir un disco
preferido, elegiría All ´n All, o I Am, el álbum
que grabaron después. Tuve la suerte de ver el show que dieron acá, cuando
vinieron en 1980, justo en su mejor momento. Sin dudas, Earth, Wind & Fire
fue un grupo de avanzada, con esa mixtura que tenían de ritmos africanos,
percusiones, los arreglos de brasses,
sus armonías vocales… Incluso, marcaban tendencia con la puesta en escena de
sus shows, o con las maravillosas tapas de sus discos. Sin dudas, estaban un escalón
más arriba que otros grupos contemporáneos como Kool & the Gang, no tenían
nada que ver con eso. A Earth, Wind & Fire no los podías encasillar ni en
soul, ni en funk, ni en jazz, ni en r&b. Fue un grupo místico, inigualable.
Yo siempre me voy a identificar con esa música…