martes, 19 de mayo de 2020

MÚSICA PARA NO DETONAR, entrevista a Claudia Puyó


Este no es un sábado más en la suma de sábados de este fin de semana planetario extendido. Un café me ayuda a combatir la modorra y despabila los sentidos para estar atento a una de las más grandes voces femeninas del rock argentino que responde del otro lado de la línea. Pero circunscribir a Claudia Puyó solo a este género es quedarse cortísimo porque, en más de cuatro décadas de carrera, ella ha cantado de todo y con todos. Aquí les dejo la charla con esta cálida mujer en la recordamos momentos de una vida muy singular…

ENTREVISTA> ¿Cómo te estás llevando con la cuarentena?
Es un poco complicado para todos. Para los músicos, además, no hay manera de poder laburar entonces es muy complicado económicamente. Yo tengo a mis padres muy viejitos, entonces es más difícil con esa situación porque tengo que ir a cuidarlos. Pero uno siempre encuentra la forma de sobrellevar la vida, de tocar, de hacer nuevas canciones, y tratar de compartir este momento difícil para todos.

¿Cómo te fuiste animando a cantar?
Empecé muy chiquita. Cantaba arriba de los discos de música clásica que ponía mi viejo. Por ejemplo, el Oratorio de Pascua de Bach. Mi hermana que es cuatro años mayor que yo ligaba discos de sus amigos más grandes. Entonces, yo a los 10 años ya escuchaba La Revancha de Chunga de Frank Zappa; discos de los Beatles, de Creedence, de Led Zeppelin que llegaban a las manos de mi hermana. Por lo que empecé a escuchar rock siendo muy piba, y luego vi a Pescado Rabioso cuando tenía 12 años tocando en los carnavales, en el club Estudiantil Porteño de Ramos Mejía. Un día en ese lugar tocaron Pescado y Aquelarre, otro día; La Pesada y Pappo´s Blues, y otro, Sui Generis. He visto conciertos increíbles en ese club. Todavía no había pubs, bares o teatros destinados a bandas de rock. Ya en esa época era amiga del gran compositor y músico Aníbal Forcada que fue bajista de León Gieco, con él empezamos a escuchar y a hacer música. Cuando yo tenía 12 años, hicimos un grupo que se llamaba Ana Gris. A los 15 ya me subí a un escenario con Ana Gris y a partir de ahí no me bajé nunca más.

¿Te iniciaste en toda la reconocida movida de la zona Oeste?
Sí. Todos empezamos muy chiquitos a cantar. En el Oeste toqué con todos: los Trigémino, que eran todos de Ramos: Pollo Raffo, Jorge Minissale, Eduardo Rovediello; Pablo Rodríguez, el saxofonista de Los Decadentes, vivía a la vuelta de mi casa; Guille Arrom, que fue guitarrista de Spinetta, a dos cuadras. Millones de músicos salieron del Oeste: Rudy Marcolongo, todos los de Dulces 16, León Vanella… En el Palomar estaban los hermanos Mollo, en Caseros estaba Daniel Colombres, un gran batero del rock argentino. El Reloj, también. Como dicen los Divididos en el Oeste estaba el agite… Uff, había millones de músicos.

¿Cuáles son tus cantantes más influyentes?
Me gustan muchísimas cantantes. La que elegí como “maestra”, porque me encanta el soul y la música negra, fue Aretha Franklin. A ella la conocí en un disco mono llamado Soul 69, cantaba arriba de los discos de ella y de millones de cantantes más. Lo que tenía Aretha era que llegaba a las notas más agudas y a las más graves, me encantaba su swing, sus yeites… También disfrutaba a Etta James, Billie Holliday o Ella Fitzgerald o  cantantes blancas como Bonnie Raitt, Joni Mitchell, Carole King, que además es una compositora increíble. Y de los vocalistas masculinos, escuchaba a Robert Plant, las armonías de los Beatles, John Fogerty… Mismo me copaba mucho con Dylan, por más que muchos me decían que tenía una voz horrible… Una aprende escuchando, cantando, en realidad, lo más importante es buscar tu propia personalidad.

¿Y en Trigémino que hacías?
En Trigémino, cantaba cuatro temas nomás porque ellos eran una banda de rock sinfónico y la mayoría eran temas instrumentales. Después entró otro cantante que se llamaba Garófalo de apellido. Canté muy poco en Trigémino. Es más, ni figuro en la página web de ellos… Me puse de muy mal humor cuando lo vi… (risas)

¿Cómo te llevás con la comparación que se hace entre vos y Janis Joplin?
La verdad es que nunca la entendí porque yo no escuchaba a Janis Joplin. Tan solo tenía un simple de ella. Pero apenas empecé a zapar en Bangladesh, un boliche de Ramos Mejía, todo el mundo empezó a decirme que era “la reencarnación de Janis Joplin” y yo nunca la había escuchado… medio me rompía las bolas. Después me fui a vivir a Brasil y también me lo decían hasta que un día me cansé y me puse a escucharla más para ver que había de parecido. Solo encontré un parecido en la impronta pero no en la voz. Pero a los 33 años, cuando volví de España, una fan de Casilda, me regaló el VHS “Janis”. Esa fue la primera vez que la vi cantando porque solo había visto fotos. Ni bien empezó el VHS, quedé paralizada y entendí porque la gente me decía que me parecía a Janis Joplin. Encontré muchas cosas mías en ella. Pero fue todo casualidad. Ahora ya no me molesta esa comparación.


¿Cómo fue la etapa de España?
Muy creativa. Tuve momentos dolorosísimas pero fue realmente maravillosa. Toqué con Los Románticos de Artane, mi banda de allá junto a Tito Fargo, en la que, también, tocaba Vetere, de Los Dulces 16, y un baterista andaluz que era un genio. Ese era un trío en donde yo cantaba y tocaba teclados. Luego conocí a Ollie Halsall, un músico inglés, y nos enamoramos. Él era un genio de la guitarra, fue el que inventó el tapping. Ollie después falleció pero antes de eso hicimos una gira con Kevin Ayers que había sido el cantante de Soft Machine. Dimos 23 conciertos en un mes. Conocí Londres tocando. Fue un flash.

¿Y cómo fue tocar con Kevin Ayers y Ollie Halsall?
Kevin era un personaje bastante cómico pero el más interesante de todos era Ollie. Y no lo digo solo porque fue mi pareja si no porque era un músico increíble. Pintaba muy bien, tocaba todos los instrumentos, era un animal, tenía un oído único en el mundo, no conocí nunca un músico como él. Ollie es el músico más groso que conocí en mi vida. Agarraba un saxo y lo tocaba como la puta madre… Su primer instrumento había sido el vibráfono y por eso tocaba el piano con dos dedos. ¡No se podía creer a la velocidad que tocaba el piano con dos dedos! Él había nacido en Liverpool y estudió en escuelas de arte, como los Beatles. Ollie tuvo una banda llamada Tempest, que estaba al nivel de Cream. Luego toco mucho tiempo con Mike Patto, otro músico inglés muy alucinante. Todos músicos muy under, que quizás no sean muy conocidos acá en Argentina, salvo por los periodistas especializados.


En tus comienzos tocaste en el cuarto BaRock, en 1982…
Sí, eso fue muy alucinante. Eran los finales de la dictadura militar. Estuve en tres de los shows de ese Festival. Canté en una zapada que se hizo al final; también canté “Tristeza de la ciudad”, un tema de Gringui Herrera, con La Magia, que era la banda de Alejandro Lerner… Pero lo mío no salió en la película, no me pusieron porque ponían a los músicos famosos nomás. Solo aparezco en una parte muy chiquita con Miguel Cantilo y Punch. Pero en el disco sí apareció un tema mío (“Llanto”), hecho con La Magia, y es el único tema del álbum que en verdad está en vivo porque los demás están regrabados. Como a mí no me daba bola nadie, no me hicieron regrabar… (risas) Fue maravilloso, porque tocaron todos y fue una explosión de libertad en un momento en la que no había. Por otro lado, era una nena y estaba ahí con todos los músicos que yo admiraba desde chica: Miguelito Abuelo, Pappo, Miguel Cantilo

¿Cómo fue tu participación en Gulp!, el primer disco de los Redondos?
Participé haciendo coros en todas las canciones, salvo en “El infierno está encantador esta noche”. Llegué por Tito Fargo y el Piojo Abalos, que eran uno de los guitarristas y el batero del grupo, respectivamente. Todos éramos amigos, además el Piojo también es de Ramos Mejía, lo conocemos hace un montón. Ellos necesitaban unas voces femeninas para el disco y así terminé grabando en el estudio de MIA, que era de la familia de Lito Vitale. En el disco canté junto a mi querida amiga Laura Hatton, que es una gran cantante de jazz, y María Lernoud, la mujer de Pipo.

¿Qué recordás de tu etapa trabajando junto a Fito Páez?
Las giras estuvieron buenísimas. Fue una gira muy larga, muy desgastante. La Rueda Mágica Tour duró dos años y medio y tocamos en todos lados, cinco veces a la semana. Y además estábamos muchas horas porque a Fito le encanta probar sonido, y terminábamos probando durante tres horas. Así que se hacían en total como seis horas de show por día. Era un poco cansador pero igual éramos muy jóvenes, y nos divertimos mucho, hicimos bardo… Conocimos un montón de lugares hermosos, tocamos en el famoso Festival de Montreux, en la Plaza de la Revolución de Cuba, en lugares increíbles… Aparte las dos bandas de Fito con las que yo toqué estaban formada por músicos increíbles: Primero, Colombres y luego Pomo, en batería; Paul Dourge y luego Guille Vadalá, en bajo; Gabriel Carámbula, Gringui Herrera y Fabián Gallardo en guitarra; Tweety González en teclados, también pasó el groso de Osvaldo Fattoruso en percusión; y después hubo unos músicos alucinantes de Cuba haciendo vientos… Era difícil, éramos muchos, 33 personas viajando, una época desgastante pero muy maravillosa.

¿Cuáles son los tres momentos más significativos de tu carrera musical?
Uno es el día que compré mi guitarra Ovation, que es la que tengo hasta hoy. Ese momento es el más importante de todos porque signó mi vida. El segundo, la primera vez que me subí a un escenario. Y el tercero, tocar en Cuba y la gira con Kevin Ayers. Igual, tres son muy pocos. Yo tuve una vida por un lado dolorosa pero por otro llena de cosas maravillosas. Con tres no me alcanza… Siempre fui una persona que hice lo que quise, hice la música que me gustó, toqué con quien me pareció… Qué sé yo. Si tengo que hacer un balance, no estoy arrepentida de nada. Pude conocer a millones de músicos maravillosos y tocar con ellos y cantar.

¿Cómo ves el presente del rock argentino?
No me gusta juzgar pero no me parece interesante lo que está pasando en Buenos Aires con las bandas de rock. Hablo de las bandas nuevas y multitudinarias, no vamos a dar nombres pero hay bandas multitudinarias que parecen un chiste, musical, poética y sonoramente…
No tienen ni un riff. Pero también como hay eso, hay bandas en el under muy interesantes. Yo no salgo mucho a escucharlas ni tampoco escucho mucha radio aunque lo que pasan en la radio suele no gustarme, porque justamente son todos monopolios en los que te pasan solamente la música que te quieren vender, como fue toda la vida pero ahora muchísimo más. Porque, por ejemplo, PopArt es un monopolio que tiene Obras, que tiene la Trastienda, el Samsung Studio… Copan todo y si no estás con ellos, no podés tocar. No creo que algo igual en otros países del mundo con ninguna música pero, especialmente, con la música rock y el pop. Porque, por ejemplo, yo creo que seguramente Chick Corea tocará mucho menos que Madonna, y no llenará súper estadios como ella pero todos tienen su público. No hay una distinción entre alguien súper popular y que toca en todo el mundo y alguien que es un músico de la gran puta pero que toca jazz o un género menos popular.

Entonces no te gusta el mainstream, y no conoces a las bandas más chicas…
Conozco algunas. Hay una de Rosario que se llama Vudú que me encanta, también me gusta los Mustafunk, que son del Oeste. Son bandas que pude escuchar y me gustaron mucho. Pero es que no tengo muchas opciones de escuchar más allá de lo mainstream, todas esas bandas con nombres raros, con nombres de “barrios”, que no me gustan ni ahí. Entre las bandas de chicos más jóvenes, me gusta Las Pastillas del Abuelo. Porque me encanta Piti Fernández, me parece re copado. Grabé un tema buenísimo en un disco solista de él junto a Alambre González, no sé cuándo saldrá. Piti me cae bien, es un pibe encantador. Me parece que busca por otros lados, más allá que te pueda gustar o no su forma de cantar. Tiene un estilo algo cansino, como Bob Dylan, a mí me gusta.

Y entre los músicos emergentes, también tocaste con Christian Van Lacke, ¿no?
Sí, pero a Cristian lo conozco hace un montón. Me llevó a tocar a Perú. Es grosísimo. Tocamos en Perú y luego acá, cuando Cris volvió a Argentina, grabamos en los estudios Melopea con Litto Nebbia, un tema muy antiguo y precioso de Litto, junto al baterista brasileño Rolando Castello Junior.

¿Qué canción de otro artista te hubiese gustado componer a vos?
Y siempre va a ser una canción de Spinetta. Una de él que ya incorporé es “Para ir”.

¿Cómo te encargás de las grabaciones de tus discos?
Lo mío es re artesanal. Hago las fotos de los discos, me gusta armar las gráficas. Ahora estoy grabando en la cocina de mi casa. Estoy haciendo mi sexto disco solista que se va a llamar Cazadora de cielos y creo que va a ser doble porque hace seis años que no edito nada y tengo un montón de material almacenado. Si lo puedo hacer físico, lo haré. Creo también que voy a entrar a las plataformas digitales, en las que hasta ahora están mis discos pero gratis. Ya que tengo que pasar a este formato, como hacen todos, porque, básicamente, no tengo ingresos de ninguna índole. Con esto de la cuarentena, que no sabemos cuándo va a terminar, no sé cómo vamos a vivir los músicos. No sé si la cuarentena no va a terminar con nosotros, esperemos que no…

¿Qué es la música en tu vida?
La música para mí es la reina de la fiesta, no nosotros. Nosotros no somos estrellas, como te dice la gente, las estrellas están en el cielo. Nosotros somos simplemente transmisores de música y tenemos la bendición de tener la capacidad de poder tocar y cantar. Y eso es alucinante porque sin música muchas cosas en la vida de la gente –en la mía también- hubiesen detonado. Y en este momento de cuarentena ni te cuento… ¡Menos mal que hay música! Y eso que hace millones de años que estoy arriba de un escenario pero amo la música como el primer día. Me saca de los lugares, me lleva a otros, me da paisajes, me sana el corazón un poco… Y hasta si tengo que llorar, lo hago con una canción.

Emiliano Acevedo


martes, 21 de abril de 2020

CÍRCULO COMPLETO, entrevista a Lucrecia López Sanz


Foto: MJ Kim (2014)
La carrera musical de Lucrecia López Sanz es toda una labor de amor dedicada al rock y al pop por igual. Su incansable y vibrante energía es la que ha mantenido a todo ritmo, desde sus inicios como autodidacta, su acelerada trayectoria: armó su primer grupo femenino beatle a los 18 años, giró por el mundo con Nube 9 y se dio el gusto de tocar con Brian Ray, guitarrista y bajista de Paul McCartney, en The Bayonets, un power trio independiente de Los Angeles. Luego de más de dos décadas arriba de un escenario, Lucrecia sigue sorprendiendo a propios y ajenos cada vez que toca, demostrando un talento, buen gusto y presencia escénica que cautiva. Este párate obligado de aislamiento planetario nos dio la posibilidad de disfrutar un buen rato de charla sobre lo que la apasiona…

ENTREVISTA: ¿Cómo te llevás con la inactividad por la cuarentena?
Tengo días mejores y días peores pero trato de aprovechar el tiempo de todas formas. Hay veces que querés hacer cosas y las vas postergando. Bueno, quizás ahora es el momento de hacer esas otras cosas, reacomodar mis actividades cotidianas para hacerlas desde mi casa. De repente, toco por streaming o hago actividades de yoga o meditación.
También, se me da por tocar canciones que me gustan de otros autores o juguetear un poco con ideas propias.

¿De dónde te surge tu pasión por la música?
Tengo recuerdos de mi vieja escuchando a los Beatles o a Queen cuando tenía cuatro o cinco años, y de cómo me marcó eso porque mis recuerdos más primitivos están asociados a esa música. Por otra parte, mi mamá también tenía una guitarra criolla, porque de adolescente tocaba folklore, y durante un tiempo la usaba mi hermano mayor. Así que siempre tuve una guitarra cerca aunque recién de adolescente me empezó a llamar la atención como para ponerme a investigar.

¿Y empezaste tocando la guitarra o algún otro instrumento?
No, lo que primero me llamó la atención fue la guitarra porque era el instrumento que tenía más a mano y porque, además, los grupos que más me gustaban en el momento en el que empecé a tocar hacía riffs de guitarra: AC/DC, Led Zeppelin, Aerosmith, Deep Purple… Después, con el tiempo, me puse a investigar otros instrumentos. Toco el bajo, ukelele, mandolina, piano… Me gusta todo, pero la guitarra es lo que más me tira.

The Beladies en The Cavern, Liverpool (2001)
¿Y cuál fue tu primera experiencia grupal?
La primera experiencia musical que tuve fue con las Beladies, un cuarteto de chicas en el que hacíamos el repertorio beatle. Ese fue el primer grupo con el que empecé a tocar en vivo, a viajar y poder conocer un montón de lugares gracias a los shows.

¿Cómo las conociste? Porque era muy curioso ver un grupo de repertorio beatle hecho por chicas…
La idea del grupo fue mía. En esa época estaba terminando el secundario y me gustaba ir a ver bandas que homenajearan a los Beatles. Me decía: “qué bueno que sería una banda de cuatro chicas haciendo música de los Beatles”. Así que cuando terminé el colegio me puse en marcha para llevar a cabo el proyecto. Estamos hablando de una época en la que todavía no había internet entonces la búsqueda de instrumentistas se daba más en forma personalizada. Hacía cartelitos que pegaba en casas de música, en conservatorios, le comentaba mi idea a otras personas a ver si conocían alguna chica que tocara porque en esa época –estamos hablando de hace veintiún años- no había muchas chicas que tocaran y mucho menos que pudieran hacer un rol en particular como era mi idea. La búsqueda se hizo un poco larga hasta que después de un año pude conformar el cuarteto. En mi caso, como tocaba guitarra solista y me gustaba un poco más Harrison, me dediqué a interpretarlo a él. Así que necesitaba una “McCartney”, una “Lennon” y una “Ringo”… Finalmente, lo pude hacer y una vez que arrancamos salió todo bárbaro.

Nube 9 (Foto: Walter Morena. Diciembre 2019)

¿Y la composición se te dio de entrada, o la fuiste incorporando más tarde?
Eso lo fui haciendo más tarde. De hecho, después de un año de estar tocando con las Beladies, en paralelo armé Nube 9, con Fernando Blanco y otros amigos músicos fanáticos de los Beatles, que sigue siendo mi banda hasta hoy. Con Nube empezamos a hacer shows temáticos de los Beatles recorriendo álbumes completos, homenajes a sus discos solistas, así como también shows centrados en el rock de los sesenta. Así empezamos a hacer muchas giras hasta afuera de la Argentina. Y eso fue derivando en que empezásemos a hacer nuestro material propio. Así que ahora con Nube 9 tenemos varios temas propios en castellano y la idea es irlos sacando este año en forma de simples.  

Sí, me había dicho Fernando [Blanco], cuando lo entrevisté, que tenían material propio como para hacer un disco…
Exacto. Incluso, la última vez que fuimos a Inglaterra, grabamos varios temas en los estudios Abbey Road. Fue todo un proceso hecho a pulmón, que llevó su tiempo porque lo hacemos en forma independiente. Y es todo un tema ir a grabar, producir el material, masterizarlo, editarlo… Es un trabajo muy de hormiga. Así que, en principio, vamos a ir sacando algunos simples y después con el tiempo seguramente eso se convertirá en un disco.

¿Alguna vez te pasó de experimentar situaciones típicamente machistas del rock, como que te tomaran prueba antes de subirte a tocar por el hecho de ser mujer?
Sí, infinidad de veces. De alguna forma, sigue pasando. Ahora estoy más grande y me lo trato de tomar de otra forma. Me ha pasado desde sentirme en una situación como de dar examen hasta que alguien viniera a decirme: “Flaca, la verdad que por vos no daba dos mangos” o una frase espectacular que escuché un montón de veces: “La verdad que para ser mujer tocás bien”… (risas) ¡Eso es tremendo! Son prejuicios muy instalados. También el hecho de pensar que porque soy mujer hago solamente coros y guitarra rítmica entonces cuando me ven tocando solos de guitarra, se sorprenden. Soy guitarrista y punto, más allá de ser mujer y además me gustan bandas de guitarra en donde se solea mucho. De hecho, hace unos meses armé una banda que toca temas de AC/DC y ocupo el rol de Angus Young

Highway 40 (Foto: Walter Morena. Feb 2020)
¿Cómo es eso?
La banda se llama Highway 40 y se llama así porque el primer show que hicimos fue el año pasado, año en el que se cumplieron los cuarenta años del disco Highway to Hell. Desde principios de este año ya empezamos a incluir material de la época de Brian Johnson. En fin, es despuntar el vicio con otros amigos músicos tan fanáticos de AC/DC como yo. Era como una asignatura pendiente, así que me pongo el uniforme escolar y salgo a tocar como Angus…

Conocés a Led Ladies, ese grupo de chicas que tocan canciones de Led Zeppelin, ¿no?
Sí. De hecho, yo armé esa banda en 2009 pero no se portaron bien conmigo. Fue muy feo lo que pasó. Me robaron el proyecto. La banda original se llamaba Lady Zeppelin, y era el primer homenaje femenino a Led Zeppelin en Argentina. Ahora, creo que la única integrante que quedó de aquella formación que yo había armado es la baterista…  Pero, bueno, a veces con Nube 9 en los shows temáticos me doy el gusto de tocar Zeppelin por mi cuenta y en este momento, hago temas más acústicos por streaming. Así que, más allá de todo, las pasiones siempre están y quedan…

Lady Zeppelin (Dic 2009)

¿Cómo fuiste haciendo tu look sesentero? ¿Siempre fuiste de vestirte así o fue surgiendo a partir de tu actividad musical en los diferentes grupos?
Bueno, como mi primer grupo fueron las Beladies, la propuesta inicial fue lookearnos así. En forma de chiste decíamos que nos vestíamos como si fuéramos “las novias de los Beatles”: ropa colorida, hippie o flower power. Después ese look lo llevé a Nube 9 porque, evidentemente, es la misma época musical. Así que siempre me pongo vestidos con botas, pantalones Oxford, vinchas o detalles de maquillaje.
Por suerte, pude acceder a lugares que te venden ropa de ese estilo recontra barata y súper linda en las giras por el extranjero que hemos hecho en todos estos años. Todos elementos que me parecen que están buenísimos a nivel estético.

Con Nube 9 han hecho mucha carrera en todo el mundo beatle, ya sea festivales internacionales de grupos y demás…
Sí, por suerte, hemos participado en infinidad de festivales Beatles en todo el mundo. Por ejemplo, en el principal festival de Liverpool que es la semana beatle, así como en festivales de Estados Unidos, Finlandia, Alemania, Rusia, Panamá, Brasil, Uruguay… Hemos viajado bastante. También a raíz de estas experiencias, terminé armando una banda el guitarrista de McCartney, Brian Ray.

¿Cómo fue la experiencia con Brian Ray?
Bueno, Brian vino varias veces a la Argentina, y una de esas veces, en 2011, vino a ver un show de Nube 9 y nos pidió que nos aprendiéramos varios temas de su carrera solista, los tocamos con él y a raíz de eso surgió la propuesta de hacer una gira junto a él como banda de apoyo. Era la primera vez que él hacía una gira solista fuera de Estados Unidos. Además de Buenos Aires, hicimos shows en Panamá y Brasil. Pegamos tan buena onda que después me convocó para armar un grupo en Estados Unidos: The Bayonets.

The Bayonets. Foto: MJ Kim (2014)
¿Y cómo fue esa experiencia?
The Bayonets era un trío, básicamente, que luego se completó con algunos músicos sesionistas. El trío lo formamos Brian, Oliver Leiber en la batería y yo en la otra guitarra. Ellos tenían todo un material compuesto y querían una chica en el grupo y como Brian me conocía, me propuso y me convocaron. En 2012 fui a Estados Unidos a grabar cinco temas. Esos temas primero se editaron como simples, y luego se completaron con otros temas que integran un disco. Así que volví a viajar a presentar ese material en gira. El disco quedó buenísimo y fue una experiencia tremenda para mí porque fue un montón de aprendizaje.

¿Cómo te llevás con la tecnología para difundir tu laburo?
Yo soy más vintage. A mí me gusta tener los vinilos, los cd y no uso las plataformas digitales. Estoy tratando de adaptarme un poco a esos formatos porque las canciones de Nube 9 están o estarán en esas plataformas. Igual me cuesta. A lo sumo uso YouTube para escuchar discos que no tengo o para ver shows pero todavía no uso ni Spotify ni ITunes… Para mí escuchar un disco es todo un evento. Por eso, su muerte me da un poco de tristeza aunque, en realidad, con todo este revival del vinilo no está muerto del todo.

¿Qué música estás escuchando?
Estos días estuve escuchando mucho Creedence, también Paul McCartney, en especial tomas alternativas que encuentro en YouTube. De las bandas nuevas me gusta mucho Greta Van Fleet que tiene mucha influencia de Zeppelin en su música. Tienen canciones buenísimas y muchísima onda, me encantan. Después siempre escucho los clásicos, todas las bandas que me gustan desde siempre.

¿Qué tema de otro artista te hubiera gustado componer a vos?
Uff… Tantas canciones. Pienso en “Escalera al cielo”, es una respuesta muy trillada pero es una canción fantástica. Es poesía hecha letra y música.

 Teloneando a Ringo Starr, noviembre de 2011, Luna Park. Foto: Javier Molinari

Hablando de Zeppelin, ¿cómo se dio tu participación en la muestra fotográfica de Scarlet Page, la hija de Jimmy?
En marzo del año pasado Scarlet vino a Argentina para hacer una sesión de fotos con guitarristas argentinos, elegidos por ella y su productora Aleksandra Telezynska, que formarían parte de la muestra Resonators, que abarca a guitarristas de todo el mundo. Entre ellos estaban su papá Jimmy Page, Paul McCartney, Brian May, Keith Richards y muchos más. Los siete guitarristas argentinos elegidos fuimos David Lebón, Charly García, Walter Giardino, Kubero Díaz, Juanse, Botafogo y yo. Scarlet es una persona súper humilde por lo que fue una experiencia muy linda trabajar con ella, pasé un lindo momento con todos los otros músicos que participaron en la sesión, en especial con Kubero Díaz, que era el único al que no conocía personalmente y con el que posteriormente tocamos. Mi mayor alegría fue haberle podido decir a Scarlet que esa experiencia fue como cerrar un círculo para mí porque yo era guitarrista por su papá. Imaginate, yo estaba re feliz porque ella me estaba retratando para una muestra de guitarristas, y ella, también, por lo que yo le había confesado…

¿El rock argentino, por dónde te llega, qué es lo que más te gusta?
Amo Serú Girán. Me gusta Pescado Rabioso, Riff, Pappo´s Blues. Las bandas nacionales de los sesentas o setentas, es decir, de la misma época de las bandas internacionales que me gustan.

¿Cuáles son tus proyectos?
Además de Nube 9, la banda tributo a AC/DC que te comenté. Lamentablemente, ahora está todo parado por la cuarentena. Eso es un problema para los músicos que vivimos de los shows en vivo. Por lo pronto seguiré haciendo transmisiones vía streaming con la guitarra acústica de canciones de todo tipo, desde los Beatles hasta rock argentino. Siempre hay gente que me pide canciones, así que le fui encontrando la vuelta por ese lado.

Emiliano Acevedo



martes, 24 de marzo de 2020

CADA VEZ QUE ESCUCHO EL ÁLBUM BLANCO



Si nos proponemos definir al Álbum Blanco se encendería el piloto automático y brotarían frases como: “fenómeno cultural de inmensa importancia”, “el disco doble emblemático del grupo más prodigioso de la historia del rock”, “caleidoscopio caótico y genial de la música popular”.

Aún hoy, a medio siglo de su edición, las dimensiones musicales de esta obra ensombrecen las carreras de más de un grupo musical y son la inspiración de otros varios. La razón es que es un disco incomparable tanto en amplitud como en variedad. Resulta imposible, entonces, congelar este manojo de canciones en solo un par de sensaciones. La mirada que cada uno tenga del Álbum Blanco dependerá de la conexión sensorial que estableció con este material.

Esta nota no es más que la descripción de una de esas tantas conexiones posibles: una particular, la mía. La prioridad no será lo técnico sino mi experiencia personal. Algo que queda un poco de lado en la mayoría de las notas que hablan de este álbum. Por eso podrás coincidir más o menos con mis líneas. Eso lo veremos más adelante cuando te cuente lo que siento cada vez que escucho estas entrañables canciones.

En el Álbum Blanco hay canciones de todo tipo. Algunas risueñas e ingenuas, otras profundas y serias; algunas baladas, otras, rocanroles violentos que metían miedo; hay country y folk; music hall; vanguardia y música contemporánea. Es una obra que rompió todos los esquemas, difícil de abarcar pero ensoñadora, adictiva y legendaria. En este disco las personalidades de los cuatro Beatles está bien marcada: la rudeza melancólica del John Lennon más descarnado sirve como contrapeso a la melosidad rockera de Paul McCartney mientras que George Harrison hace esfuerzos ímprobos para afirmarse al lado de esos dos titanes y la naturalidad de Ringo Starr frena algunos excesos de los otros tres. Alquimistas intuitivos lograron escribir la biblia musical del Siglo XX.

A lo largo de su carrera, los Beatles fueron un grupo inquieto que se renovó constantemente tomando la iniciativa y arriesgándose siempre. Muestra cabal de esta actitud (y aptitudes) es este material.

El Doble Blanco ya desde su tapa minimalista pero que planteaba un viaje incomparable del sonido y la multiplicidad de las canciones. Todo un caos en ebullición controlada. Desprolijo, disperso y fascinante, uno de sus trabajos más intrépidos y delicados. Ying y Yang y todo lo que hay en el medio.

El contexto. En febrero de 1968 los Beatles fueron a la India a buscar un poco de paz y orientación espiritual. Efectivamente, meditaron y estudiaron con el Maharishi, en la aldea de Rishikesh, sin tener alrededor el círculo mediático que los había rodeado en sus últimos cinco años. En ese ambiente de calma y tiempo libre terminaron componiendo tantas canciones que el material resultante terminó llenando dos discos. Un álbum doble de 30 canciones que fue grabado entre mayo y octubre de 1968.

DISCO 1 LADO A:

. “Back to the URSS”: Así empieza este viaje por mi copia mono, número 48.993, edición nacional de EMI. Un disco fusilado, rayadísimo, pero que no cambio por ninguno. ¿Y qué decir de esta canción? En mi consideración, es una de las mayores genialidades que haya hecho el grupo en toda su historia. Un rocanrol que suena como la mixtura entre Chuck Berry y los Beach Boys cantado con acento norteamericano pero que habla de la Unión Soviética ¡en plena Guerra Fría! Un pastiche de música y palabras que hace reír y pensar.

. “Dear Prudence”: Prudence era Prudence Farrow, hermana de Mia, la famosa actriz norteamericana. Ambas estaban, también, en la comuna en Rishikesh. Según parece la chica meditaba encerrada largas horas, algo  que inspiró a John a escribir esta hermosa canción de invitación a la vida. Allí, John hace una interpretación muy profunda y sentida en la que, al margen de la jovencita, pareciera invitarnos a todos a salir de nuestro propio encierro personal.

. “Glass Onion”: Una cadena de significados. John haciendo referencia a muchas de las canciones del grupo –incluyendo “Strawberry Fields”, “I´m the Walrus”, “Lady Madonna”, “Fixing a Hole”, “Fool on the Hill”-. Las estrofas aleatorias sin narrativa coherente aparente parecen estar metidas a presión para confundir a los fans que insistían en analizar cada una de las canciones que el grupo hacía. Un cuento imposible de resolver pero delicioso.

. “Ob La Di Ob La Da”: “La vida continua”. Un tema que me volvía loco de chico y con el correr del tiempo descubrí que era muy tonta. ¿Qué pensó McCartney cuando lo compuso? Sin embargo, no podemos negar que es un ska acaramelado que tiene cierto encanto innato… a pesar de ser una de las tres peores canciones del canon beatlesco…

. “Wild Honey Pie”: Una broma en forma de canción elaborada por Paul en soledad y que Charles Manson concretó en su literalidad más absoluta. La canción no está mal…como tema de relleno.

. “The Continuing Story of Bungalow Bill”: Cuenta la leyenda que mientras los muchachos estaban en la India, un joven norteamericano acaudalado llamado Richard Cooke III fue a visitar a su madre que también formaba parte del contingente que estaba estudiando con el Maharishi. Cooke y su madre fueron a cazar tigres y mataron a uno. Luego, volvieron a meditar. Esta canción se basó en ese suceso que resultó indignante para los Beatles. El despliegue vocal de Lennon es inmejorable en este tema y nos cuenta una historia infantil como las de Buffalo Bill que pasaban los sábados a la tarde en la televisión cuando éramos chicos.

. ”While My Guitar Gently Weeps”: Sin dudas, llegamos a una de las mejores canciones compuestas por George que, para aquel momento, ya comenzaba a dar muestra de su maestría. Los solos de guitarra de Eric Clapton, como músico invitado, te revuelven las tripas. La música y los arreglos son excelentes pero además el piano tartamudeante de la intro ya te anticipa que lo que vas a escuchar es una canción de otro planeta.

. “Happiness is a Warm Gun”: Otro gran tema de Lennon, y quizás su canción más llena de significantes sin significado. Ideas aparentemente conectadas entre sí pero tan poderosas en sí mismas que no necesitan conexión para que el sentido emerja. Temazo en mayúscula. No apto para corazones sensibles, o sí, bueno, depende…

LADO B

. “Martha My Dear”: Una amorosa canción de McCartney dedicada a su perra, la ovejera inglesa Martha (1965-1981), compañera inseparable del músico. La canción comienza como si fuera un ejercicio de piano, al que luego se une la voz del compositor y una mini orquesta. Un tema con armonías gentiles y apacibles, cambios de ritmos y en el que Paul toca todos los instrumentos. Me identifica profundamente como mascotero que soy.

. “I´m so Tired”: Una de las grandes temáticas lennonianas es el sueño, las ganas de tirarse a dormir. John la escribió después de estar tres semanas en la India. Él amaba dormir pero en ese momento le costaba mucho hacerlo. Después de pasarse tanto tiempo meditando, no podía relajarse al acostarse. Una canción letárgica pero con furiosos crescendos que dan cuenta del sentimiento de su autor. Un tema de cabecera para los que somos noctámbulos…

. “Blackbird”: Acá tenemos a un Macca íntimo cantando con un coro de pajaritos de fondo. Hermosa canción, casi de fogón, a cuya letra resultó muy en línea con un tema contemporáneo a ella, la lucha por los derechos civiles de los negros en Estados Unidos. La letra es una alegoría excelente. Entiendo, que no está hablando acerca de un ave literalmente sino acerca de las personas que buscan la libertad, que buscan escapar de las persecuciones que sufren.  

. “Piggies”: Una deliciosa melodía barroca made in Harrison. A pesar de (o debido a) su tono, aquí George se burla de los horribles hombres de negocio (los cerdos) capitalistas. Harrison la canta muy bien, casi dulcemente, mientras lo acompaña el delicado sonido del clavicordio. Como ustedes sabrán, esta es otra de las canciones que Charles Manson tomó en forma literal ordenando a sus seguidores a masacrar a sus víctimas con cuchillos y luego, dejar escribir con su sangre el mensaje “pigs” en la pared.

. “Rocky Raccoon”: Comenzó como una improvisada canción de Paul, en broma, sobre el lejano Oeste. Y eso es lo que es: la simple historia de un vaquero que cree que se la sabe todas hasta que “le sale el tiro por la culata” y pierde un duelo, y casi herido mortalmente espera que una pequeña biblia de los Gedeones lo redima en su hora final. Delicioso ese piano de saloon que repiquetea de fondo…

. “Don´t Pass Me By”: El primer tema propio grabado por Ringo, un country tocado a lo bestia. El baterista lo había empezado a componer en 1964 pero tardó cuatro años en terminarlo. Simplemente, una canción country y western con un atractivo violín añadido. Una linda canción con letra tonta.

. “Why Don´t We Do it in the Road?”: Macca solo, solito y solo, rockeándola. No se puede decir demasiado de este tema más allá de que la pregunta retórica del título fue inspirada tras haber sido testigo del acto de apareamiento de dos monos en plena calle. Pienso que si nos propusiéramos responder esa pregunta deberías recorrer caminos filosóficos, políticos y sociológicos interminables…pero valdría la pena.

. “I Will”: Dulce como un caramelo, un tema redondo de Macca. Una gran canción con lindas armonías y letra. No hay mucho más que decir al respecto. La grabación fue muy desestructurada, con Ringo y John tocando percusión como quien respira.

. “Julia”: El último tema en grabarse para el Álbum Blanco es el que cierra el primer disco. Una hermosa letanía de John dedicada en partes iguales a la memoria de fallecida madre (de ahí el nombre de la canción) y a Yoko Ono. John creía que Yoko había tomado el lugar de su madre, en lo que respecta a influencia, inspiración y objeto amoroso. No por nada, luego denominaría a Ono como “Madre”. Todo eso está descripto en la hermosa letra de esta dulce canción, que John canta como los dioses, ejecutando la guitarra con el estilo finger-picking que le había enseñado el cantautor Donovan, cuando estuvieron en la India. Edipo rules!

DISCO 2, LADO A:

. “Birthday”: No es una gran canción pero cumple con todos los requisitos para ser recordada por más que su letra sea simple y obvia. Caracterizada por su buen ritmo basto tan solo una grabación rápida y espontánea para registrar este número de Paul, conocido por casi todos. Sin embargo, para John no era más que “basura”…En mi caso, era el tema obligado en el día de mi cumpleaños. Debo decir, de fecha incierta durante mucho tiempo por lo que ha sonado varias veces en la misma semana.

. “Yer Blues”: Temazo que se burla de todos los estereotipos del blues británico. Grabado por los cuatro tocando al mismo tiempo (algo poco habitual en los temas de este álbum doble) en un estudio chiquito. La letra es depresiva y contiene guitarras cortantes de fondo y esa voz corrosiva de Lennon, singularmente, “muteada” en la vuelta final de la canción. Ostias, tío, ¡qué tema antológico!

. “Mother Nature´s Son”: Otra vez, un Macca íntimo, cantando al lado del fogón en medio de la noche. Supuestamente inspirado por una lectura que le había dado el Maharishi acerca de la unidad del hombre con la naturaleza. Para los que amamos el campo este es un himno.

. “Everybody´s Got Something to Hide Except Me and My Monkey”: Un tema proto punk en el que brillan esos cencerros que Macca y Ringo tocan delirantemente. Otro gran producto lennoniano (y van…) que además es la canción con el título más largo de todo el repertorio beatle. Dicen que el “mono” era Yoko, otros que era tan solo un monito que tenía el Maharishi y también que el mono en cuestión no era más que una referencia a la heroína. Hay teorías para todos y todas, lo único que importa es que es otro rockazo.

. “Sexy Sadie”: Dedicada al Maharishi por un desilusionado John ante los supuestos manejos del gurú. Luego, la letra fue transformada en la historia de una chica (Sadie) que había tomado por tontos a todos. Hermosa canción. Punto.

. “Helter Skelter”: Una canción que nos daba miedo de chicos. ¡Cuánta fuerza! ¡Qué locura! ¿De dónde había salido semejante rock? ¡¿El primer heavy metal de la historia?! Nunca nada había sonado tan fuerte como este tour de force y la verdad es que aún hoy impresiona. Nos gustaría haber oído la versión entera pero nos conformaremos con esta editada que se va y vuelve en fade y termina con Ringo gritando: “¡¡¡Tengo ampollas en mis dedos!!!”

. “Long Long Long”: Otro buen tema de Harrison. Una canción de amor envuelta en sopor que suena como si fuera un tren que se va yendo mientras George la canta casi susurrando.

LADO B

. “Revolution 1”: Segunda versión de “Revolution” (la primera, rockera, había sido el lado B del single “Hey Jude”). Suena relajada y divertida y no es para menos: Lennon la grabó tirado en el suelo. Los coros finales son imperdibles porque el “shooo bee doo” lo hicieron a la manera de los Beach Boys.

. “Honey Pie”: Otra parodia de Paul. En este caso, un ragtime de los años 20 acerca de una chica del norte de Inglaterra que hace carrera en Hollywood. Lindo tema de music-hall típico de banda de jazz sin demasiado más que agregar.

. “Savoy Truffle”: Otra joya oculta de George, dedicada a su amigo Eric Clapton quien era fanático de los chocolates. La canción se destaca, en especial, por la complementariedad entre esos saxos saturados que suenan estupendamente bien.

. “Cry Baby Cry”: Linda canción de John que a él le parecía una mierda. Una especie de cuento infantil. Luego de su final se pueden oír unos pocos segundos de la proto canción improvisada de Paul “Can You Take me Back” que anticipa a…

. “Revolution 9”: No tiene letra, casi no tiene música (más allá de los loops que se repiten una y otra vez), y debe ser la “canción” menos oída por los fans Beatles. Sin embargo era un tema ideal para asustar a las chicas en las fiestas, jajaja… Tan solo un experimento avantgarde llevado a cabo por John, George y Yoko, quienes recolectaron y mezclaron un montón de sonidos, cintas en reversa, conversaciones sobre grabadas y desechos sacados de los archivos. Tiene su encanto, pero más de uno debe sentir un alivio cuando termina y comienzan los primeros acordes de…

. “Good Night”: Este tema fue compuesto por Lennon para su hijo Julian. Ringo lo interpreta acompañado por una orquesta que realiza un pastiche de melodías a lo Hollywood, cuasi llegando a las bandas sonoras de las películas de Walt Disney. Una buena manera de dar las buenas noches y de despedir el álbum.

¡¡Ufff!! Un disco largo, pero que valió la pena recorrer con ustedes otra vez. Un catálogo maravilloso, estupendamente secuenciado por Lennon, McCartney y el productor George Martin. Un disco problemático para el grupo, difícil casi de principio a fin pero que mantiene intacto su encanto aun hoy como un recorrido musical excitante a través de una gran variedad de géneros y estilos, con canciones que van desde lo ensoñador hasta lo pesadillesco. Es lírico, quilombero y revolucionario… como quisiéramos ser todos, ¿no? Un disco que viene cambiando nuestras vidas desde hace cincuenta años. El Álbum Blanco.

Nacho Melgarejo