miércoles, 14 de enero de 2026

ESPERANDO LOS ARRENDAJOS, entrevista a Sergio Makaroff


Sergio Makaroff
es un irreverente artista todoterreno que siempre vuelve. Autor de canciones de culto que otros artistas como Andrés Calamaro, Los Tipitos o Ariel Rot hicieron populares; Sergio se inició como parte del circuito porteño del café concert de principios de los 70, pero a fines de esa década se las tomó de Argentina huyendo de la Dictadura. Fue así que Alejo Stivel y Ariel Rot, quienes tocaban sus temas en el Viejo Continente, lo llevaron para España, en donde empezó una incipiente carrera como solista, sinuosa e intermitente, hasta que hizo pie con la aparición de Los Rodríguez, para luego volver con todo, a por sus fueros, a mediados de los 90, cuando empezó a editar una serie de discos, uno mejor que el otro. El ecléctico Makaroff en sentido profundo y estricto. Ya lo entrevistamos hace más de 10 años en Intersticio Rock, pero nos quedamos con ganas de más, así que insistimos. Y aquí lo tenemos de vuelta: Un intercambio de sensaciones, un ping-pong frenético, a través de la pantalla fría de internet con el cantante que mejor peina su bigote. 

ENTREVISTA> ¿Cuáles fueron tus primeras experiencias ligadas a la música? 

Canciones infantiles, como todo el mundo. De ahí saltamos a Chubby Checker y el twist. Y después la gran revelación: Beatles, Rolling Stones, Kinks, etcétera. 

¿Es cierto que con tu hermano fueron los primeros alumnos de guitarra que tuvo Claudio Gabis? ¿Cómo fue esa experiencia? 

No exactamente; Claudio me mostró la vuelta de blues de 12 compases en el Café Politeama de la calle Corrientes, pero sus enseñanzas no fueron específicas de guitarra: en esos momentos yo quería ser bajista. El primer porro de mi vida lo fumamos juntos. Iba a su casa en la calle Rosario, escuchábamos música, me contaba cosas. Años más tarde mi hermano tomó clases de blues con él de un modo más formal. 

¿Cómo era la movida artística en los primeros momentos del rock argentino, que vos viviste como músico y periodista? 

Es una pregunta para escribir un libro… Digamos que me impactó de una manera brutal y absoluta. A los 14 o 15 vi a los Shakers en vivo y me volaron el coco. Después a Manal, Almendra, toda la bola. A los 17 empecé a trabajar como periodista para las revistas Cronopios y La Bella Gente; hacía entrevistas y crítica de discos. Escribí sobre Manal –uno de los primeros artículos publicados sobre ellos- y también sobre Pappo, Edelmiro Molinari, etc. A raíz de eso me acerqué al mundo de Mandioca: iba a la casa de Mario Rabey y de ahí a los shows de Manal con Jorge  Álvarez y Pedro Pujó; a veces ayudaba a cargar los equipos pero básicamente era un invitado. 

¿De dónde surge esa facilidad de poner humor en tus líricas? ¿Cómo componés? ¿Te sale primero la letra o la música? 

La vida es una broma absurda y el humor es mi respuesta natural a ese estado de cosas. Al principio escribía primero la letra pero al cabo de unos años me di cuenta de que si empezaba por la música me salían canciones mejores, aunque el proceso fuera más difícil. 

¿Cómo te llevas con la idea instalada en Argentina de ser un cantautor de culto pero no muy conocido en nuestro país? 

Lo llevo con agradecimiento. En Hispanoamérica hay algunos miles de personas a las que les gustan mis canciones: ese era mi objetivo en la vida y lo cumplí.  

¿Cómo fueron tus primeros tiempos en España? ¿Cómo te asentaste en el panorama musical de la época?

Para contarte eso también tendría que escribir un libro… Llegué como un amigo de los Tequila (Ariel Rot y Alejo Stivel) que había compuesto canciones para ellos. Eso me abrió las puertas de las discográficas. O sea que aterricé en un lecho de rosas. El panorama español de esa época era incipiente comparado con Manal, Almendra, Charly García, etc. Sentí que venía de un lugar culturalmente más avanzado. 

¿Qué recuerdos tienes de tu primer disco solista, Tengo una idea, editado en 1980, en donde te apuntaste a la new wave, con temazos como “El hijo de Sam”, “Ella dijo hola” o “Explorador Celeste”? 

Muy buenos. La portada la hizo Juan Gatti; al poco tiempo tenía un grupo de acompañamiento, un mánager y hasta un club de fans financiado por la compañía CBS. Estaba cumpliendo mis sueños infantiles y vivía en un país que despertaba a la democracia y se integraba por fin en Europa. No podía pedir más. 

¿Qué recuerdas de tu segundo álbum, La buena vida? 

Lo grabamos en vivo con la ayuda de Ariel. La portada era una foto de Lydia Delgado, la madre de mi hija y el ingeniero de grabación –Barry Sage- había trabajado con los Rolling Stones. Se puede bajar gratuitamente de mi página web: https://www.sergiomakaroff.com/noticias/la-buena-vida-de-regalo/ 

Tuviste problemas con la industria discográfica. ¿Por qué crees que ocurrieron, por qué no difundían tus trabajos como era debido? 

Los problemas fueron con las drogas: a nadie le hace bien drogarse todos los días con sustancias cada vez más potentes pero a mí en especial me destrozaron. Las cosas se torcieron… En 1994 logré acabar con un enganche de 25 años y todo se enderezó de golpe. Sigo viajando en la estela de ese impacto. 

¿Cómo se dio la génesis para hacer tu disco Un hombre feo en 1996, el primero después de un largo tiempo sin grabar, con todos temazos? 

Como te contaba antes dejé las drogas después de 25 años de machacarme todos los días. El resultado fue milagroso y paradójico: nunca volé tanto como sin drogas. Me puse a componer como loco y conseguí que la Warner Brothers me contratara. Ariel, mi hermano Eduardo y Alejo Stivel fueron los productores. Un renacimiento inesperado y providencial. 

¿Cómo te llevas con “Tranqui, Tronqui” o “El rock del ascensor”, tus temas más difundidos en España y Argentina, respectivamente? 

Bien, gracias. Me gusta más “Tranqui, tronqui”, una historia verídica contada de un modo literal. “Rock del ascensor” es una especie de broma. 

¿Qué recuerdos tienes de tu álbum Rico y famoso? 

Excelentes, pero no recuerdo los detalles particulares. Me gusta componer, grabar y actuar en vivo. Es un trabajo muy divertido. Fito Páez colaboró en varios temas. 

¿Cómo hiciste el disco Makaroff en 2002? 

Lo grabé en el estudio de Tito Rosell, él fue el productor. El nombre fue una idea de mi hermano Eduardo, que también se apellida Makaroff… ¡mirá vos lo que son las cosas!... de modo que fue una cesión generosa por su parte. Ariel y mi hermano ayudaron y colaboraron, como siempre. 

¿Qué recuerdos tienes de tu disco Número 1?

Nada especial: estar en mi salsa, con músicos, productor y portada elegidos por mí, haciendo lo que tengo que hacer.
 

¿Cómo ideaste tu álbum El inventor del rompehielos en 2011? 

Grabo un álbum cuando tengo suficientes canciones que me gustan. Voy componiendo y acumulando, puliendo los temas en casa y al final elijo los mejores y a la pileta. 

¿Qué recuerdos tienes de tu octavo álbum Mis posesiones? 

La memoria de las composiciones y las grabaciones está un poco difuminada. Hay ciertas similitudes dentro de lo que es, mayormente, un universo explosivo de situaciones abigarradas y variopintas. De la portada, en cambio, recuerdo más detalles: es un collage de mi autoría realizado con stickers o pegatinas –como se llaman en España- con el que quise expresar mi visión del cosmos en tanto ente vibratorio autocontenido y transversal.

¿Cómo es la experiencia de hacer discos en forma autogestionada, sin depender de una discográfica?

Mayor libertad, menos dinero: un negocio redondo (para los que apreciamos más la libertad que la guita). La verdad es que las discográficas nunca me impusieron condiciones artísticas. Lo intentaron, pero no lo lograron. Siempre compuse las canciones solo, con mi hermano o con Ariel y se me nota que soy difícil de doblegar o moldear. O sea que no perdieron tiempo en tratar de trazarme la dirección artística. 

En medio de la pandemia hiciste tu álbum Desastre con patas, ¿cómo surgió? ¿Qué te inspiró?

Nuevamente no hay nada especial o distintivo en esta colección de canciones. Todas son letra y música mía. Lo único que podría destacar es que me sentí más cómodo que nunca componiendo, arreglando, grabando y mezclando. El arte de portada también es mío: un autorretrato que hice una noche -en dos patadas- para decirle algo a Maite, mi mujer. A la mañana siguiente lo miré y pensé “hasta el peor dibujante acierta alguna vez”. Soy pésimo como artista plástico pero ahí está, eternizado para los anales de la Historia.
 

Sos de cuna rockera, pero te movés con soltura en otros géneros como el candombe, el tango y los ritmos tropicales, ¿cómo fuiste incorporando esas influencias musicales? ¿Ya las tenías en Argentina o las incorporaste en España? 

Mi modelo son los Beatles. Ellos se abrieron a todo, experimentaron con lo que les vino en gana, sin complejos. “Here, there and everywhere” es un bolero, sin ir más lejos. O sea que yo nunca sentí que tuviera que limitarme a un estilo u otro. No pedí permiso e incursioné con descaro en todo lo que me apeteció. 


Ahora toda tu discografía está en Spotify y otras plataformas digitales, ¿cómo te llevas con la experiencia de que cualquiera pueda escucharla en cualquier lugar del mundo con solo hacer clic? ¿Qué repercusiones tienes? 

¡No mentes la soga en casa del ahorcado! Yo uso Deezer y YouTube pero el modelo es el mismo: robar a los músicos con la complicidad alegre y manifiesta de las discográficas y sus editoriales. La repercusión principal es que ellos se quedan con toda la mosca y nosotros con la sensación de que nos podrían estar escuchando en Groenlandia o Mozambique. El atraco del siglo. 

¿Cómo ves la industria musical en la actualidad?

No me tirés de la lengua, gaucho… Me remito a la respuesta anterior. 

¿Qué música escuchas? ¿Qué artistas nuevos te gustan?

Escucho de todo. De los relativamente nuevos me gustan Billie Eilish, Paco Amoroso & Ca7riel, Charley Crockett, Colectivo Da Silva, Conociendo Rusia, Rex Orange County, Gabriel Ríos,Buika, Kali Uchis, Abercrombie & Such, Sebastián Díaz, Pacífica y La Grúa del Sur. 

¿Cuáles son tus actividades actuales, a qué te dedicas?

A grabar mi décimo álbum, que se llamará Hippies en pelotasSiempre con la producción de Jose Nortes, los arreglos de Ariel Rot y doce canciones compuestas por mí. Todavía no está terminado o sea que seguro que habrán más colaboraciones e invitados. Hilda Lizarazu se ofreció para cantar en algún tema y yo acepté encantado. Además de eso me dedico a contemplar a los arrendajos en la hondonada. De repente desaparecieron y justamente hoy le pregunté a la IA y me dijo que sus hábitos migratorios son irregulares y que la ornitología aún no tiene respuesta para esa conducta.

¿Cuáles son tus proyectos artísticos de acá en más?

Suspirar y esperar que vuelvan los arrendajos a la hondonada.

Emiliano Acevedo