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domingo, 29 de marzo de 2026

HABLANDO DE "SOLO BIEN SE EXPLOTA", EL NUEVO DISCO DE ZELMAR GARÍN...

 


Cada disco de Zelmar Garín es una nueva aventura sónica y experimental. Tras ser protagonista del documental internacional Dissecting Zelmar, Garín presenta su nuevo disco Zelmar Solo Bien Se Explota con una gira que combina música e imágenes de una trayectoria artística que ya lleva más de 25 años. Zelmar es una de las figuras más inquietas del under argentino. Músico, productor, coleccionista y curador de discos, su labor es prácticamente inabarcable, con decenas de álbumes editados (solo y con bandas) en los que recorre un amplio espectro que va del rock a la canción, pasando por el blues, el folk, la psicodelia y la murga. En esta nota charlamos sobre este último lanzamiento y todos sus proyectos actuales. 

ENTREVISTA> Contame como pensaste el concepto del álbum y cómo lo grabaste… 

Yo estaba viviendo en La Boca y tenía una micro sala de grabación, pero hacía rato que no craneaba ningún disco. Pero también veía que la ola libertaria empezaba a ganar demasiado espacio. Te estoy hablando de finales de 2023, principios de 2024. Cuando ganan las elecciones, empecé una carpetita en la compu a la que le puse “Tibios” y ahí empecé a grabar ideas. Sin esa cosa política que al final después tuvo. En esa época le metía mucho a la batería, le adosaba elementos de chatarra, chapas, diferentes objetos y así empecé a armar ritmos, bases, y en un momento empecé a grabar. 

Casi un brainstorming personal… 

Y sí. Me armaba todo cada tarde y ahí empezaba a grabar en crudo ideas. Después comenzaba a editar, componer y a sumar capas. Una manera compositiva de grabar, cortar, pegar, producir, y post producir sonidos. Yo hace rato que vengo desarrollando esta forma de grabar en casa, porque si estás en un estudio eso son horas que hay que pagar. Así que con mi consolita de dos, tres, cuatro canales empecé a hacer tomas. Así también empecé a incursionar mucho en los teclados. Obviamente, guitarras, bajos, voces y después cosas que van surgiendo: flautas, también usé sampleos. Cada tema tiene su propia impronta. 

El título del disco menciona a Eduardo Mateo, ¿no? 

Claro. Siempre fui fana de Mateo, desde que apareció tempranamente en mi vida. O sea, es uno de mis músicos predilectos. Siempre lo he sentido una influencia. Es curioso, porque muchos cuando escuchan mi música me nombran a King Crimson y a mí, en realidad, lo que me ha influenciado es Mateo, obviamente Spinetta también, pero no King Crimson, o sea eso viene medio de rebote. 

Por eso, tapa y título hacen referencia a Mateo… 

Claro. La tapa es una parodia. El disco de él se llamaba Mateo solo bien se lame, y como justamente ahora todos los músicos estamos en esta era donde hacemos todo -grabarnos, auto producirnos, ser nuestros plomos, nuestros route managers, nuestro todo- es como una auto explotación. Aparte lo que te requieren ahora es que también estés en las redes. Por eso esta cosa de la auto explotación que vivimos los músicos, porque ya no alcanza con tocar, componer, ensayar y tratar de ir a tocar; sino también viene todo lo otro que te acabo de contar aparejado, lo cual a veces es una limadura que te hace olvidar de la música, ¿no? Por eso la alegoría con Mateo, un disco en donde él toca todo, que se llama Mateo solo bien se lame. Entonces, a este en chiste le puse: Zelmar solo bien se explota. 

Lo vamos a recorrer tema por tema. El disco empieza con una intro, ¿no? 

Sí, ahí utilicé un audio real de una entrevista que me hicieron en la radio en el programa Oro Negro. 

También aparece la voz de un señor que habla… 

Bueno, ese señor que habla salió de una grabación que encontré. Hay muchas grabaciones como esas, ya que yo laburo con archivos y donaciones y me he encontrado un archivo muy antiguo de casetes de un señor que hacía pruebas en su casa, porque también estoy en contacto con material hogareño de gente que obviamente ya se murió. Entonces, a veces me guardo esas cosas para después usarlas como elemento compositivo en mis propios discos. Por eso está este loco diciendo “Hola, hola”, en casi todo el disco, porque es un tipo que está probando un equipo de audio. Ahí estaba él solo haciendo eso, hasta hay una especie de saludo de Navidad, en joda. Bueno, todo eso. Incluso, a veces hay cosas que no se escuchan muy patentes, pero están ahí. 

La intro se llama “Oro Negro” por el programa… 

Sí, pero además es una especie de introducción de la incertidumbre de algo que empieza y no se sabe a dónde va, que es un poco también lo que sentimos con este gobierno. El oro negro obviamente es por los vinilos, y era el título del programa de Maximiliano Romero y Lucía Rollano. Ellos me habían invitado cuando tenían el programa en Radio Nacional, pero los echaron cuando cambió el gobierno. Ahí había ido a presentar una cosa y usé un pedazo de ese fragmento de la grabación de ese día y así armé toda la intro. Después lo procesé y por eso se escucha esa especie de sintetizadores al principio. Eso sumado al tipo que habla cosas, que prueba el sistema de audio. Obviamente todo está superprocesado. Le bajé el pitch, qué sé yo, y así empieza a crecer otro feedback que va hacia la introducción del tema que sigue. Que, a la vez, funciona como una especie de crítica social. Muy murguero, si lo pensás. 

¿Y la letra de “Saca el odio (Delivery)”? 

Tiene que ver con la escalada que tuvo lugar en el último gobierno kirchnerista, con los tipos más desprotegidos a nivel laboral. Porque ellos eran los que más estaban a favor de la supuesta libertad pero son tipos a los que no les queda otra que ir a laburar con la bici o con la moto. 

Son personas bastante resentidas… 

Bueno, es un poco eso, ¿no? Es un poco la visión del tipo que está ahí enojado con el mundo, anda en bicicleta y todo eso que le va pasando por su cabeza. En el medio hay un rap, medio afrobeat. Todo ahí se desarrolla con los sintes porque tiene unas guitarras sintetizadas interesantes. Ese solo que es un juguete que después destruí con cosas. Un poco es eso. También es el tema de difusión, por lo menos el que naturalmente la gente elige, porque al tener batería a tierra y esa cosa super pop, hace que sea fácil de escuchar. 

¿De qué habla “Desguace estatal”? 

Fue lo primero que hice. Casi es un tema instrumental. En realidad, lo había armado previamente a que esto fuera un disco. Justo había armado una banda ficticia que se llamó Marrano y sus Financistas, pero que era Marra - no y sus financistas, en donde va la S tenía el símbolo de pesos. Es más, el señor Marra aparece en el audio. Yo había visto un video del chabón cambiando dólares por pesos en una manifestación en La Matanza y dice: "Transacción hecha". No sé si viste ese video. Pero a raíz de eso, y todo lo que venían proponiendo estos tipos, básicamente lo que yo sentí es que venían a desguazar el estado, que finalmente es lo que está ocurriendo. Así lo hice a modo de crítica y a la vez no perdiendo el humor de esa bizarreada que me parecía todo. Bizarreada porque el loco estaba cagándose de risa y valentonándose, siendo él un tipo que es cambista. El tema musicalmente tiene momentos interesantes, medio que le hace un chiste al heavy metal. Otra vez aparece el viejo del comienzo hablando. 

Otra vez, como puente conductor… 

Claro. Como te conté, me había hecho un intérprete falso, que era Marrano y sus Financistas. Hicimos una tapa con IA que es un dibujo de un chancho lleno de guita en un mundo explotado. Después de eso cada simple que fui sacando tuvo una tapa realizada por algún pintor, algún ilustrador. Hice esto e incluso llegó a salir una nota en un blog que se llama Tiro al Blanco, donde contaba la historia de la banda. Una banda en donde eran todos personajes inventados. Yo no daba mi nombre, hicimos un Instagram de Marrano, que también usé como conejillo de indias para seguir a toda la gente con la que yo no estaba de acuerdo, también para engañar un poco el logarismo y entender un poco lo que estaba pasando con todo lo que se vino después. Así empecé a seguir a la vicepresidenta, al presidente y a esos influencers libertarios. O sea, a todos esos que jamás me iban a aparecer, por eso hice ese usuario ficticio y ahí empecé a hacer como una especie de inteligencia. 

Una SIDE paralela… 

Sí, así saqué ese tema, primero como Marrano y sus financistas, y después lo quise incluir en el disco y le puse “Desguace Estatal”. 

Uno que tiene mucha presencia de la bata. 

Aparece una pieza de milonga y la bata tiene un desarrollo que va coincidiendo con los riffs que entran y salen. Dice: “Ese es el ritmo del deshuesado y en La matanza lo bailan bien descontrolado”. Si vos ves el video y no entendés nada de la vida, te cagás de risa. Y un poco es eso. El tema es bastante complejo, pero le di como una especie de onda Residents, en la que vos no sabés quién toca, no conocés la identidad de los músicos y es una música bastante freaky. Después, cuando empecé a armar el disco, empecé a hacer esta serie de temitas que funcionan como separadores. Iba sacando temas y los saqué primero como simples. Cada uno tiene una ilustración diferente. El primero que saqué fue “No soy un león”, que hizo Pancho Pepe, que funciona sobre la idea del cazador y el animal. Viste que es un león, pero que en realidad es una cebra. Ese fue un concepto que encontró él que me parece genial. Igual, el título lo dice todo. 

Contame la idea musical de “No soy un león”… 

Fue el segundo tema que saqué. La voz que se escucha, por ejemplo, es un disco de pasta de Tarzán, de la década del 50, que digitalicé y puse ahí. Obviamente parece que está en Marte. También tiene un desarrollo que va guiando la batería, ahí están las chapas y el bombo va a contratiempo. Me gusta esta cosa de la música africana en la que aparece un tono, aparece un motivo, se va, entra otro motivo, cambia el ritmo, coincide con otra cosa, es una especie de cosa monocorde, pero a la vez con patterns rítmicos y eso da una especie de armonía que va entrando y saliendo. Si lo escuchás de lejos, parece estático, pero en realidad se está desarrollando. El armado del tema me costó bastante. En un principio duraba como siete minutos. Luego lo fui achicando hasta que quedó en tres minutos. Todo el proceso del disco tiene que ver con la idea de meterle horas y horas, grabar cosas, probar, cortar, después producir más sonidos. Esa es la forma que tiene de composición en sí, lo cual me hace medio imposible poder tocarlo en vivo. 

Después sigue “Volviendo en barco”, ¿no? 

Este es uno de los temas más lindos. Por lo menos la gente se copa de inmediato cada vez que lo muestro. Los audios incidentales que utilicé los había encontrado en un disco de pasta que era uno de esos audios que mandaban para Estados Unidos de un programa de radio. Cuando hablo de discos de pasta son esos materiales del año 50 para atrás. Por eso suena con tanto ruido a pesar que lo digitalicé lindo y todo. Pero bueno, es interesante lo que dice, lo que cuenta. Y como la canción tiene ese tinte de alguien que viene en un barco, lo usé. Y acá usé como sampler, digamos, pedazos de discos para armar la base. Ahí se suma una batería de plástico, hecha a partir de una caja de herramientas. Saqué eso, puse unos micrófonos y toqué con unas baquetas. No sé si te das cuenta que primero entra el disco que está sampleado y retocado, con el pitch bajado. Después se suma una batería basurienta, como la llamo yo. Ahí se va armando un mar, hay otras grabaciones también súper procesadas. Ahí desaparece el sampler. Queda una nota pedal, entra la guitarra, vuelve. Hay una nota pedal ahí que está hecha con unos pincullos. Bueno, ahí entra la viola. Son varias violas haciendo lo mismo. Después se abren, una eléctrica y una criolla. Y la canción es sencilla, ronda siempre ahí con dos tonos y en la parte B tiene tres tonos. Tiene una cosa media hipnótica. 

¿El título “Volviendo en barco” tiene algo que ver con lo que dijo Alberto Fernández, de eso que los argentinos venimos de los barcos? 

No. Definitivamente no. Pero podría ser. Acá la tapa la hizo mi hermana. La idea es esto, ¿no? Este es mi delirio, cada uno puede interpretar lo que se le cante el ojete: Es alguien que viene como arrepentido. Porque, un poco, yo también sentía esa especie de desazón de que el gobierno que habíamos militado nos había… No traicionado, pero que estábamos en una etapa de cambio de paradigma que es un bajón. Pero también lo pongo como alguien que se mandó una cagada y viene pensando en cómo seguir adelante, ¿no? La letra dice: "Vino buscando perdón, cruzó los mares, pensó si hoy tal vez sienta el fuego. Cansado bebe el vapor, el cielo escucha el rezo, pensó que si es el día, meditando sobre lo ocurrido no encuentra reparo a lo que pasó. La duda lo consume en el barco, espera una imagen, una vibración…” Esa cuestión del barco sería uno mismo pensando. La cuestión del agua se relaciona con lo que dice Jung, al respecto de los sueños, acerca de que si vos soñás con agua quiere decir que es el inconsciente que se está manifestando. Por lo menos yo lo asocio así. Y después está la cosa del dragón, una especie de espíritu superior, que en realidad lo viene cuidando, pero a la vez poniéndole los puntos. Porque cuando empieza a fantasear el tipo, “la fantasía el dragón quemó”, ¿viste? Entonces hay un viaje místico ahí. Cuando salga el vinilo con este tema va a terminar el Lado A. 

Después viene “Cabecita negra”, que sería el primero del Lado B. ¿“Cabecita negra” tiene que ver con la gente humilde que vota a este gobierno? 

Un poco sí, un poco el concepto de cabecita negra viene de un famoso cuento de Germán Rozenmacher. El concepto que viene de cabecita negra, que no deja de ser un pájaro nacional también. Y un poco sería eso. También hay misticismo en la letra. Porque cuando estoy haciendo las letras no tengo un concepto muy definido. Creo que viene apareciendo con cómo suenan las músicas. Pensá que todo lo fui construyendo en forma aleatoria, las letras también. En casi todos los temas primero vino la música, las diferentes partes, y después empezaba con la melodía a ver si me gustaba. Hay temas que tenían varias melodías que corté y quedaron más simples de lo que eran en un principio. Acá son todos sintetizadores y una base media como drum and bass, milonguera por momentos. También tiene esta cosa medio espacial. Yo me lo imagino como alitas. La base tiene un concepto mateísta. Mateo laburaba algo que se llama toco. Él jodía con otro percusionista que se llamaba Chichito Cabral, e inventaron eso que se llama el toco, que lo escuchás como un grave y un agudo, pero se puede correr el acento. Puede ser un ritmo en dos, como el de una batería, pero que puede cambiar el acento. Entonces, cuando estás escuchando, y eso está arriba de una canción, se van corriendo los acentos. Ese es un poco el concepto de la batería que se escucha acá. Pero aparte de eso, hay pequeños sonidos que están tocados. En un momento aparece una cámara, luego se achica. 

Un entramado rítmico y sonoro… 

Sí. Acá casi todo lo que suena son teclados. Y eso que yo no toco el teclado. Y en un momento aparece un banjo. Pero bueno, la historia es como una fábula, como que la persona que está cantando deposita su confianza en un pájaro negro. Él sabe que ese pájaro tiene un poder pero lo tiene que cuidar. Entonces viene un perro, se pone celoso y trata de matar al pájaro. Entonces él lo reprende y después hay una especie de resumen del cuento: “Toda la ironía que el pájaro contó, cuánto tiempo falta pa´que renazca la voz, cabecita negra no te olvides quién sos...” 

Tal cual, es así… 

Sí, por más que te vendan estas pseudolibertas financieras, no te olvidés tu clase social, de dónde sos, de dónde venís. Pero bueno, puede tener otras libres interpretaciones. 

“Choriplaner Versus las Fuerzas del Cielo” es un link al siguiente tema… 

Sí, que en realidad es una especie de “piazzollada” totalmente deformada. La voz y todo lo que se escucha era una propaganda del gobierno de la ciudad de la década del 80. Que siempre tiene esa cosa de vanagloriarse de que el país se saca adelante trabajando, que ahora ya quedó como una frase caduca pero que sigue tomando la derecha para adoctrinar. Por supuesto, yo acá la tomo en sorna.

Luego arranca “Los Pescadores”. Esta es medio psicodélica, ¿no? 

Es el tema pop del disco. La tapa del single la hizo Iván Riskin. Iván hace muchos cómics, es noisero en su forma de dibujar y de pintar. “Pescadores” habla de lo que veía en la calle yendo a laburar todos los días de La Boca a San Telmo. Es que en esos cuatro años que yo viví en La Boca, la gente que viene de las provincias a revolver en los tachos de basura capitalinos creció enormemente. Son personas cada vez más detonadas que se ponen a gritar en medio de la calle. En fin, lo que vemos todos los días. Eso se fue acrecentando y quedó el personaje que vemos ahora, alguien con un palo viendo que puede escarbar y vender. Por supuesto, hay mucha gente viviendo al lado de los tachos de basura. Acá a la vuelta hay personas que duermen ahí en medio de un olor insoportable. Es una degradación que yo nunca vi y que es de esta época. El tema es una canción medio sacra por momentos. Tiene una armonía tradicional con un desarrollo y un sonido medio indie. La voz está doblada, una que es muy aguda y una que está abajo. Habla de un personaje que habita en la ciudad y que antes era el ciruja. Un tipo que va a pescar en los “mares negros”, que son los contenedores y las bolsas de basura. Hay muchas personas en la calle con desordenes psíquicos también. Eso es correlativo de un montón de políticas que se fueron perdiendo. Todas las personas que tienen problemas psiquiátricos con tratamientos ambulatorios, mucha gente sin contención y que está afuera del sistema. Eso es un poco de lo que habla la canción. 

Después de un link, llega el último tema del disco: “El Helicóptero”. ¿A qué se refiere? 

Una canción que tiene bastante desarrollo, dura siete minutos. Arranca con una intro de menos de un minuto. Que es electrónica, con baterías electrónicas que están tocadas por mí. También hay un tecladito primitivo, un Casio de los 80, que tengo en mi casa, que mete unas baterías que parecen un chiste. Después entran unas violas, suenan medio folk. El último disco de Mateo, que justamente estuve escuchando ayer, se llama La Mosca, y tiene una canción llamada “Ficción Solar”. O “Carolina”, que es otra de mis canciones preferidas de Mateo. Ambas tienen esa cosa espacial de guitarras acústicas con mucha reverb y sonido muy envolvente. Acá hay una acústica mezclada con una eléctrica sin amplificación, unos sintes y una especie de batería media folclórica. La canción es medio premonitoria, la hice cuando presentaron la Ley Bases. Y también habla del colapso terrestre, los incendios y demás, la ecología es una pavada para esta gente que nos gobierna. Gente que parece estar todo el tiempo inflando un globo de la crueldad. Algo que en algún momento va a explotar, se les va a volver en contra. Por lo menos es lo que pienso yo: Ellos verduguean todo el tiempo a mucha gente, en algún momento esas personas se tienen que levantar. Después, el helicóptero obviamente es una imagen que a los argentinos nos remite al 2001. Este tema lo dice a principios del 2024. Musicalmente, está hecho con una afinación típica del blues, que es un Mi Mayor. La guitarra te da otras posibilidades cuando la afinás así. Suena diferente, tiene más armónicos. Este tema en el vivo me da para improvisar. Es de los pocos temas que toco en vivo por ahora, por lo menos. Estamos tocando a full con Nahuel Creche. Cuando lo empecé a armar pensé que iba a ser un embole porque es una canción larga. Pero tiene un desarrollo armónico que te va llevando. Yo creo que se hace bastante escuchable a pesar de ser la más larga del disco. 

Es un disco corto… 

Sí, 31 minutos. Creo que es el disco más corto que he hecho. También pensando en los tiempos de ahora y pensando que lo iba a editar en vinilo. 

El disco termina con otro link: “La venganza de Conan y su Ejército de Papas Fritas” … 

Termina con unas frecuencias super graves, es un sub low. Y ahí aparece un tango. El que habla es un médico, o algo así, que le mandaba un saludo en joda a algún amigo. Lo usé como de final diciendo vaffanculo, andá a cagar, y por eso tiene ese título también gracioso. Es un médico que era tanguero y que le mandó un saludo a otro tanguero. Un final medio oculto. 

Ahora la idea es sacarlo en vinilo. ¿Cómo continúa este proyecto? 

Ya hicimos la presentación en diciembre en Roseti, en la que armamos un video porque el disco es bastante intocable. O sea, yo podría armar una banda de cinco o seis músicos para tocar el disco en vivo. Pero también mi realidad es que ya hice eso una vez o dos y es mucho laburo. Para tocar una, dos, tres veces al año parece un despropósito y tampoco me da decirle a cinco o seis amigos hacer todo ese laburo, que vengan a ensayar y yo no poder pagarles. Porque aparte cada vez que tocamos por ahí como máximo pueden venir cincuenta personas. Así que desistí de esa idea. Estuve pensando un año cómo mierda iba a presentar este álbum. Pero el disco tiene un poco lo que ya te conté, mucho trabajo, cabeza y laburo de sonido. Después en vivo un poco se pierde eso. Así que para la presentación armamos un video con la escucha del disco, un video que armó la productora Circo Bohemio usando diferentes fuentes. Y al final en la parte del helicóptero sí aparecía yo con la guitarra, Nahuel se sumaba en un octapad y ahí cerraba el disco. También toqué un montón de repertorio mío. Yo saco discos desde el año 98 y tengo un montón de repertorio. Así que lo reformulo. Agarro los temas que más me pueden garpar hacerlos con la guitarra y una batería y los hacemos. Sí, armé especialmente para la fecha de diciembre, aparte del video, unos arreglos de cuerda para “No Soy Un León” y “Volviendo en Barco”, junto a mi hermano Waldemar, que tocó junto a su cuarteto de cuerdas El Piola Quartet. Y eso estuvo re bueno. O sea, el arreglo que terminó de armar mi hermano quedó re groso, es más, eso me gustaría grabarlo en algún momento. Tiene una sonoridad diferente y ahí también ves la potencialidad que puede tener el tema llevándolo a otro contexto. Quedé muy conforme con eso. De ahí nos fuimos a tocar a Uruguay, hicimos cinco fechas, tocamos en la tele también, en Mira Montevideo, un programa central de la televisión uruguaya. Estuvo bueno. 

¿Y cómo sigue esto? 

Mi idea ahora es tratar de presentar el disco. Porque además este lanzamiento coincide con la salida del documental Dissecting Zelmar (https://www.youtube.com/watch?v=xkkcbUnL5Jk), que produce el canal norteamericano Wastoids en YouTube. Una producción que me honra, hecha por Salvador Cresta. Y bueno, es el recorrido de todos estos años en la música y un poco capitalizar mi carrera. El año pasado di de baja a Gualicho Turbio y Ácido Canario, mis proyectos de banda, para poder viajar o para tratar de hacer otras cosas en donde por ahí tengo que estar solo. Si me va bien, joya, y si me va mal, me jodo yo solo. Pero estar dependiendo de otras personas hace que a veces no puedas activar. También depende mucho del humor, de la economía, de la amistad, ¿viste? Mi idea ahora es salir a tocar, ya sea presentando este disco, más algunos de Ácido Canario, temas de otros discos míos o lo que fuera. Lo que tenga ganas de tocar. Ya que tengo un montón de discos sacados, un montón de canciones, de facetas y cosas. 

¿Cómo va a ser la edición del vinilo de Zelmar Solo Bien Se Explota? 

Es una tirada súper corta, son 100 discos nomás. Me ayuda Finca Records y la gente de Música En El Ático, que es un programa de radio y podcast de Emilio Riesta. Lo voy a vender por mi cuenta en mi tienda de vinilos nuevos y usados. También voy a las ferias de vinilo y después mandaré algunos a Europa para que me hagan distribución. Pero pocos, no sé cuántos. O sea, si no voy a tocar afuera es difícil vender discos. Pero bueno, mi idea es ir a tocar afuera este año. Vamos a ver cómo me va. Mi idea es viajar, llevar discos y también tengo la posibilidad de que me los distribuyan allá. Todo es un trabajo de hormiga, por supuesto. 

Emiliano Acevedo


lunes, 25 de agosto de 2025

ADIÓS GUALICHO TURBIO

 

Durante todos estos años en Intersticio Rock estuvimos siguiendo de cerca la trayectoria de Gualicho Turbio, la espectacular banda blusera y garajera argentina, única en su estilo. Estuvimos junto a ellos antes del lanzamiento de su primer disco en 2015, en donde realizamos una larga entrevista con los tres integrantes del grupo. Gualicho venía de darse a conocer con todo con unos paradigmáticos videoclips en el programa de Peter Capusotto y la rompían cada vez que tocaban en vivo, haciendo exorcismos colectivos, shows que funcionaban como ceremonias en las que todo el mundo se ponía a bailar y a cantar los temazos del grupo, en los que cada uno de los integrantes personificaba un personaje: El Diablo, el Poseso y el Chamán Urbano. En 2017 reseñamos su segundo disco Gato Negro, otro escalón de calidad blusera para deleitarse. Y en 2022 nos volvimos a encontrar con esta banda tan admirada luego de la edición de su tercero y a la postre último álbum: Un ruido otra vez. Por eso nos cayó como un baldazo de agua fría esta separación, pero hasta ellos fuimos para buscar el porqué de esta despedida. Un último show que se celebrará el próximo 6 de septiembre en el Strummer Bar, en el barrio de Palermo. A propósito del final de Gualicho charlamos con Zelmar Garín (Diablo) (Monobanda: guitarra, voz y percusión) y con  Hernán Balbuena (Chamán Urbano)  (Armónica). El frontman Juanjo Harervack (Poseso) (Voz y maracas), declinó amablemente a participar de la charla.

ENTREVISTA> ¿Por qué se separan?

Zelmar: Me parece que la banda viene dando vueltas, estancada en una situación y que ya cumplió un ciclo. Creo que es un buen momento para cerrarlo con un concierto despedida y que vaya todo el mundo, porque también pasa eso: mucha gente dice que van a ir y después no van… Eso pasa seguido.

Hernán: También Zelmar nos había propuesto hacer un viaje a Europa, que iba a ser muy positivo para el grupo, pero tanto Juanjo como yo no podemos solventarlo. No lo ayudamos a empujar el carro en ese sentido. Eso lo desinfló. Por otra parte, pensás en los últimos diez shows de Gualicho y se hace todo cuesta arriba, porque eran lugares en donde no había ni camarín, te la pasás renegando… Yo veo las cosas de otra manera. Para mí la banda servía para tocar tres veces al año, para despuntar el vicio. Evidentemente, Zelmar no quiere eso.

Zelmar: Esa es la visión de Hernán, para mí tampoco es así. Obvio que lo de no haber podido concretar el viaje influyó pero yo siento que el ciclo se termina. Me parece que todos los grupos tienen un ciclo y siempre hubo muchos intentos de renovar la banda y no funcionó. En cualquier proyecto siempre hay algo inconsciente que a vos te hace seguir adelante, no tiene que ver ni con la guita o con la amistad, sino que hay algo ahí sagrado que es la música. Y cuando eso no está es peor que si fuera un trabajo. Y si eso se convierte en algo para despuntar el vicio, como dice Hernán, no me interesa seguir; porque yo toco desde los nueve años, en un montón de proyectos en simultáneo y todo el tiempo, tengo mi podcast, edito discos… Así que ahora decidí hacerme cargo del asunto, decir lo que nadie quería decir acerca de que la banda estaba llegando a su fin. Esto no va más. Estamos en una calesita desde hace cinco años, pero no por nosotros solos, sino que te das cuenta que hay algo que antes estuvo presente y ya no está más.

Hernán: Zelmar es muy claro en sus conceptos, porque él es el ideólogo. Un poco se desvaneció la fuerza de la banda en el último tiempo, desde la pandemia en adelante. En un momento parecía que se iba todo a la mierda y Zelmar lo remontó durante el tercer disco. Él ya tenía maqueteado todo el disco en su casa y así lo pudimos hacer. Ya veníamos a los tumbos, pero nunca nos llegamos a caer. Y esta vez, antes de caernos y hacernos mierda, decidimos bajarnos bien y no lastimarnos. Veníamos en piloto automático, porque ni ensayábamos, y eso es muy malo para las bandas. Después no podés contentar a todo el mundo. En ese todo el mundo estoy incluido yo. Juanjo y yo no le queríamos poner “último show de Gualicho”, pero Zelmar no estaba de acuerdo. Así que no pasa nada, fueron muchos años del grupo. Ni yo pensé que iban a ser tantos. Así que estoy disfrutando de estos últimos momentos del grupo. Zelmar nos aclaró de entrada que esta separación no era personal, que él no quería pelearse con nosotros dos. Hay que aprender a soltar. A mí me gustaría seguir tocando con Gualicho Turbio, pero no voy a obligar a nadie. Tengo que respetar eso.

Zelmar: Acá tengo un texto de un libro que se llama Free Play, y es de Stephen Nachmanovitch, me gustaría leer este fragmento para la nota: “Un monje le preguntó a Yün-Men, el gran maestro chino de Zen del siglo IX: ´ ¿Cómo es cuando el árbol se seca y sus hojas caen?´ ´¿Cómo es cuando uno tiene las manos vacías y está desnudo, cuando no tiene nada a que aferrarse, cuando todo en lo que podía confiar se desmorona?´ Yün-Men respondió: ´Todo el cuerpo está expuesto al viento dorado.´ Yün-Men le está diciendo al estudiante que ese estado abierto y vulnerable de la mente no tiene por qué ser de miedo o desvalimiento; cuando uno se entrega en el gran vacío tal vez se encuentra mejor equipado que nunca para estar y actuar a tono con el Universo.” Esto viene a cuento de que yo este año también terminé Ácido Canario 8, un proyecto que veníamos incubando, le di un cierre y ahora le quiero dar un cierre a Gualicho y es como dice el texto: Hay que empezar a estar vacío para lo que viene. Juanjo tiene un montón de proyectos, siempre se está retroalimentando, armando bandas, lo que habla bien de él también, y por ahí esto es una oportunidad para Hernán para arrancar con lo suyo. Cada uno sabe. No es nada trágico sino una oportunidad que se abre. Hay que hacerse cargo.

Juanjo: A mí no me interesa demasiado participar de esta nota, porque es algo en lo que no estoy de acuerdo. No estoy de acuerdo en esto de la separación, le hago la segunda a Zelmar, pero no me interesa hablar al respecto. Cualquier pregunta que se me haga no voy a estar de acuerdo porque no es algo que yo quiera hacer. Tanto lo que digan Zelmar como Hernán va a estar bien, pero a mí no me interesa participar porque no me hallo contestando o hablando de algo que yo no quiero hacer. Eso. Lo único que me interesa decir es que viva el rocanrol argentino…

¿El cuarto disco no se llegó nunca a grabar?

Hernán: Sí, quedó un single… Pero a Zelmar, como productor, no le gustó el resultado final. Faltaba la voz de Juanjo. Yo grabé dos temas, Zelmar también grabó. Se empezó pero quedó ahí.

Zelmar: Empezamos a hacer temas pero no terminamos de ensayar, de estar juntos. Hay algo que no está más y ahí me di cuenta de la situación. También en los últimos shows estábamos en piloto automático. No tuvimos la suerte de que venga un productor real y nos acomode. Porque la banda tiene un muy buen vivo, buena imagen, todo lo que yo cuidé desde que arrancamos, pero no sucedió ese salto. Acepto eso. También hice el intento de que vayamos a Europa porque me parecía que la banda re daba para eso, pero tampoco se dio. Tengo en claro que los discos son una cosa y la banda en vivo es otra cosa. Por ahora estoy enfocado en que nos despidamos bien, que ensayemos bien y esté todo consensuado entre nosotros.

¿Cómo va ser el show de despedida de Gualicho?

Zelmar: El show va a estar dividido en dos partes, va a ser largo, vamos a hacer temas de los tres discos. Va ser casi todo en trío, pero también va a haber invitados, Nahuel Creche en batería en algunos temas, y dos bailarinas: Sabina Andrada y Luisina Fracas. También va a estar el Dj Caye poniendo vinilos, que es un amigo de Laferrere.

LA GÉNESIS DEL GRUPO…

¿Hacemos un repaso de la historia de la banda? ¿Cómo se les ocurrió armarla?

Zelmar: Fue en 2012. Yo ya me había separado y todavía estaba viviendo en La Matanza. Con Juanjo nos conocíamos desde hacía muchos años pero recién en 2002 nos empezamos a hacer amigos. En ese año él se acercó a mi casa y escuchó a mi banda Noseso de aquella época. Juanjo la flasheó toda con nuestra música: canciones muy desestructuradas, también con sonidos del rock de los 60, fuzz, garage, psicodelia, improvisación, noise… Éramos todos unos pibes de clase media baja, ahí en el barrio Atalaya, en Isidro Casanova, La Matanza. Para 2004 mi casa era un hervidero de amigos, porque también mis hermanos Waldemar y Johanna tocan, entonces había chicos de muchas edades durante el día y todo el tiempo estaban sucediendo cosas, juntarse a escuchar música, yo siempre tuve muchos discos, siempre fui inquieto y tenía amigos que traían discos de afuera. Entonces escuchábamos blues con Juanjo, pero los folk blues, a Fred McDowell, Lightnin´ Hopkins, los discos acústicos de Muddy Waters... Igualmente, Juanjo siempre estuvo muy influenciado por el rock argentino de los 70, mucho Color Humano, Spinetta, Miguel Abuelo y demás. Entonces jodíamos mucho que teníamos que hacer una banda de blues. Pero yo en ese momento no lo aceptaba porque eso era como una regresión musical en lo que estaba haciendo. Las referencias bluseras que teníamos en esa época eran Memphis La Blusera y La Mississippi, cosas que me parecían un espanto. Estaba de moda BB King, el último Pappo, todas cosas que me parecían lo menos. Por supuesto, hoy tengo otra visión de eso, pero en ese momento quería romper todo, estaba a full con la improvisación, con la música experimental, la música más de pensamiento… Lo sigo estando. Así que jodíamos con Juanjo con hacer una banda de blues, pero no podíamos concretarla. Hasta que escuché a T-Model Ford, y todo el revival del blues propiciado por el sello punk Fat Possum Records. Empiezo a entrar en ese mundo, además ya había hecho Ácido Canario Vol.4 que tiene blues; eso sumado a la música africana me empiezan a influenciar mucho. Bombino, Jesse Fuller también aparecieron en esa época en mi vida.

¿Ahí empiezan a demear?

Zelmar: Bueno, en esa época yo tenía un grabador a cinta, nos chupábamos unos Fernet con Juanjo y empezábamos a grabar cosas. A eso le decíamos en joda “Blues del orto”. Decíamos, “hagamos un blues en esta tonalidad, con tal tiempo…” y él me decía: “Decime tres palabras…” Entonces, anotaba las tres palabras o anotaba una frase y hacía una letra, improvisábamos y grabábamos en toma cero. Después lo escuchábamos. La primera vez fue muy bueno lo que salió. Después hubo una segunda juntada, más eléctrica, que también estuvo buena. Después que pasaron esas dos o tres juntadas, decidimos armar la banda. Que todavía no se llamaba Gualicho Turbio ni nada. Pero yo no quería hacer una banda con bajo, batería y teclados. Sumale a eso que a mí siempre me gustaron los Rolling Stones, los Pretty Things, The Kinks, todo el rhythm and blues inglés; y desde que descubrí el rock de  garaje esa es la música que más escucho, con esas canciones sencillas y a la vez muy personales, con un sonido casi punk. Entonces, había que hacer algo que sonara a propio con esas influencias, sumadas a las que traía Juanjo de Manal, Pappo´s Blues y demás. Yo ya estaba haciendo reivindicaciones al primer Sandro, y otros grupos como Los Pick Ups y demás. Mi cuñado de ese momento, llamado Abel Giménez tenía un grupo con Hernán en Barrio Lindo, que queda en Almirante Brown, en el sur del Gran Buenos Aires.

Hernán: Ahí nos conocimos.

Zelmar: En el medio de eso, yo me empecé a separar y me vine a vivir a Capital...

Hernán: Yo participé en algunas grabaciones que ya tenían hechas con Juanjo. Yo recién arrancaba a tocar así fuerte, con otro lenguaje musical porque venía del rock barrial y me acoplé a lo que estaba haciendo Zelmar, que era totalmente diferente a lo que yo venía haciendo. Eso me puso a estudiar y a tomarlo un poco más en serio. Hasta ahí tocaba intuitivamente, pero con Zelmar aprendí un montón de teoría musical. Así fue que entré.

Zelmar: Yo también tuve que estudiar el estilo un poco, porque los bluseros tocan prácticamente con tres dedos. Me estuve interiorizando de eso y a la vez siempre fui percusionista. Cuando armé mi set, ya pensé que quería tocar con equipos chicos, que es una decisión estética porque a un equipo chico lo podés saturar más, etc. Además, con un grupo así lo armás fácil, podés tocar en la calle, en cualquier lado. Con seis micrófonos amplificás todo en la banda. No era para nada complicado. Ahí nació el grupo. Ensayábamos en la casa de mi vieja, en Atalaya. Así empezaron a surgir los temas. Ahí surge lo de llamar a la banda Gualicho Turbio. Juanjo tiene mucha facilidad para hacer música, es un poeta nato al que le das una idea o una melodía y enseguida te hace la letra. Rápidamente ya tiene un tema, es muy talentoso en ese asunto. Él había estado de cantante en Ácido Canario Vol.5 y ahí empezó a hacer una música nueva que no tenía nada que ver con lo suyo, en donde había muchos estilos, en donde lo metimos adentro de la improvisación libre. Me parece que él se metió en la cocina de algo que le fascinaba pero que no entendía. Eso le hizo un ruido interno. Vos lo veías cantar a Juanjo en ese momento y era un chabón gordito con corte de pelo milico y cantando como temeroso… Siempre la rompía, ¿no?, porque tenía una voz espectacular, pero Ácido le exigió otra cosa. Ya de por sí Ácido tiene el tema de los trajes, en donde cada uno de los integrantes se tenía que construir un personaje. A Juanjo le costó un año. Primero fue como un hippie, luego un pordiosero y pasó por muchos estados hasta entender que la banda era un poco el fin de su miliciado. Así, terminó tocando con un traje que le dan a los milicos, que usan cuando se casan, cuando se gradúan y cuando se mueren: un saco blanco. Quizás, él vio una especie de muerte de su miliciado ahí y salía así al final, cuando la banda explotaba. Juanjo ya se había dejado el pelo largo, bajó de peso, empezó a moverse en el escenario, hizo una transformación increíble en esos dos años que duró esa formación de Ácido. La verdad, que la banda en ese momento flotaba, era impresionante. Gualicho fue una decantación de eso.

¿Por qué?

Zelmar: Porque después surge el tema de los personajes. Yo le dije a Hernán que se consiguiese un palo, para hacer de chamán…

Hernán: Yo me vi como un chamán urbano. Y me lo empecé a imaginar como un tipo de la calle, sin pilchas compradas, por eso siempre rompí las bolas con los trajes decadentes. Así empezó todo con un saco mugriento que levanté de la calle. Era un tipo con un saco encontrado, al que le donaban el pantalón, los zapatos. Y como un chamán, en vez de tener un elixir como la ayahuasca, empecé a jugar con mi sonido. Así es como yo me libero en las dos horas de show, para poder continuar en esta vida mundana, sucia y vil; y encarar todo con otra energía. Esa fue la apertura del juego. Y el palo lo encontré en la laguna de Santa Catalina, ahí en Esteban Echeverría. Ese es el mismo palo que uso hasta hoy. Y le empezamos a agregar chapas, cascabeles que le voy colgando. Eso de empezar a jugar, a crearnos un personaje y no ser tres tipos comunes, apareció en Gualicho.

Así se largaron a tocar…

Zelmar: La primera vez que tocamos, en San Pedro, aun no teníamos terminado el tema de los trajes. Ahí le dije a Juanjo que él con las maracas tenía que poner la frecuencia rítmica porque no iba a haber platillo. Primero renegaba de eso, pero después se acostumbró. Juanjo ahí se dio cuenta que tenía que adelgazar, que se tenía que mover, que tenía que tomar definitivamente el papel de frontman. Así se empezó a desinhibir. Medio que Gualicho le vino bien para soltarse. Ahí dijo que él iba a ser el Poseso, ese iba a ser su personaje. Fue a una modista que le hizo el traje. Hay un poco del Sandro de la tapa del disco Espectacular en ese traje, también. Juanjo empezaba a coparse mucho con Sandro, que quizás haya sido el mejor performer que tuvimos acá de los 60 a los 80. Un tipo que cantaba muy bien y se movía. Para Juanjo, que venía con el rock cerebral argentino de los 70, se le hizo un clic en la cabeza.

¿Y cómo sigue la historia del grupo?

Zelmar: Yo me fui a vivir a San Telmo y ahí estaba viviendo conmigo un amigo llamado Pablo Bobadilla. Un día, Pablo ve en mi computadora un ensayo filmado de Gualicho y se entusiasmó. Así, en 2012, vino la banda eslovena Incurabili a tocar en Vorterix. Ellos eran un dúo. Uno tocaba una batería que era un bombo, un redoblante y una chapa toda podrida; y el otro una guitarra toda afinada en Sol. Hacían toda su música con esos elementos y editaban sus discos en cartones bastantes crudos, y tienen un sonido muy cercano a ese sonido de Fat Possum del que te hablé antes. Yo en ese momento estaba en Uruguay visitando a mi papá, y Pablo en una salida por San Telmo se encuentra con uno de los Incurabili. Ahí Pablo le dice: “Vos tenés que escuchar a Gualicho Turbio…” Así fueron a mi casa y Pablo le hizo escuchar rock argentino viejo: Color Humano, Vox Dei, Manal y demás. El flaco de Incurabili flasheó con esos vinilos y la música y Pablo le contó cómo era Gualicho Turbio, lo de la monobanda y demás. El loco le dice: “Sería genial que nosotros tocáramos con ellos…” Así le sugiere que vaya a la embajada de Eslovenia a hablar con una funcionaria con la idea de hacer un split con ellos, un disco en que de un lado estuviera Incurabili y del otro Gualicho. Llego de Uruguay y Pablo me da ese notición pero yo venía muy deprimido, estaba en una época difícil. Igualmente, grabamos tres temas en lo de Rubén Travierso: “Guanuco”, “Gualicho Turbio” y “Dilema”. Esos tres temas se los mandamos a Incurabili y les encantaron, así que fuimos a la embajada a vender el proyecto y que lo apoyaran. Así fuimos con Pablo, muy zaparrastrosos, con bermudas y chancletas a la embajada de Eslovenia. Verano, hacía un calor de morirse. Nos atiende una mina preciosa que se llamaba Petra, que era contacto de Incurabili. La mina nos abrió un mapa repleto de lugares culturales en los que se tocaba rock. Ella se entusiasmó con nosotros y quedamos en hacer el proyecto con los Incurabili. Ahí lo conocimos a Charly [Acconcia], que luego sería la otra pata de Gualicho, que siempre me ayudó con las grabaciones. Lamentablemente, el proyecto de hacer el split con Incurabili se fue a pique porque ellos se pelearon. Pero eso nos sirvió de envión para que nosotros nos pusiéramos las pilas y sacar la banda.

Ahí empiezan con todo…

Zelmar: Sí, empezamos a tocar en la peluquería de Jopo, en Pasaje Giuffra y Defensa, a tres cuadras de mi casa. Un lugar variopinto que se llenaba de turistas, con birra barata y música. Obviamente, eso no duró nada porque empezó a venir la cana. Pero en esas fiestas tocamos nosotros. Ahí cayó el Griego Marcelo Iconomidis y nos vio. Al principio el Griego me dijo que me había escuchado en Ácido Canario Vol. 3 y estaba muy copado con ese disco y quería que estuviéramos en el programa de Peter Capusotto, en donde él programaba toda la parte musical de los videos. Como el programa tenía más de cinco años en el aire, el Griego quería poner música actual, no más material de archivo y extranjero. Y como la mayoría de los grupos que le copaban no tenían guita para hacer los videos se decidió a hacerlos él mismo. Así se compró una cámara y empezó a hacer sus propios videos. Cuando lo conocí, le dije: “Mirá, Ácido Canario toca recién en un mes, pero el sábado que viene toco con una banda que se llama Gualicho Turbio. Vení a vernos…” Ese día con Gualicho empezamos con la invocación que hacemos siempre ahí en la calle, Pablo hizo una cruz de sal y tocamos. Ahí nos echó el ojo el Griego y le gustó. Le pasé los tres temas en un cd grabado y un día nos dice que se le había ocurrido la idea de cómo hacer el video. El Griego laburaba en un jardín de infantes y nos dijo de hacerlo ahí. Previamente a eso, nosotros habíamos tocado en una sala de un jardín con orientación artística al que iba uno de los hijos de Juanjo. Nosotros fuimos ahí a tocar de civil, porque todavía no teníamos los trajes armados, recién arrancaba Gualicho. Una maestra había filmado con una camarita un registro que duraba segundos, ni siquiera era un tema entero, una cagada total… Pero igual subí el video a YouTube, en donde se ve a todos los nenes bailando. Ahí lo vio el Griego, le gustó la idea y filmamos finalmente el video con él. Como íbamos a salir en el programa de Capusotto, antes hicimos una sesión muy buena de fotos de prensa con Soledad Muriel. Aun no teníamos ni página de Facebook y los trajes los estaban haciendo.

Hernán: Era todo muy precario…

Zelmar: Por eso Juanjo tiene el chalequito todavía… Bueno, hicimos la sesión un domingo y después nuestro amigo Pali hizo la página de Facebook, el lunes publicamos algunas de las fotos de la sesión y subimos una canción: “Dilema”. Y claro, la gente veía el video y te buscaba en las redes. El Facebook todavía era algo nuevo en 2012, 2013, y una página que tenía cero me gusta pasó a mil al toque. Así nos empezaron a buscar todos. El primer tema que salió fue “Dilema”, que fue contundente, no solo por el video, sino también por la formación en la que yo siempre confiaba, además era un tema corto, potente y para mí es uno de los mejores que hicimos. “Dilema” es uno de esos dos temas que hice colgado en el bondi, en medio de toda mi crisis, y es medio una anti poesía, son imágenes la letra. Esa letra es mía y Juanjo la arregló un poco. Creo que fue uno de los videos más potentes de todos los que venía haciendo el Griego.

LOS DISCOS

¿Y de los discos que hicieron, cuál es que más les gustó?

Zelmar: Cada uno tiene sus cosas.

Hernán: A mí me gusta mucho el primero…

Zelmar: Es el que más tocamos, también.

Hernán: El primero es el que más escuché, pero el segundo también me gusta. Los dos primeros son los que más me gustan. Después, Un ruido otra vez también tiene lo suyo. Por ahí no es tan rockero, pero sí lo tiene en su esencia. En el primer disco, el último tema es una grabación de aquellas iniciales de “blues del orto”. En el segundo está “Ácidas tardes de Atalaya”. En esa época de “blues del orto” yo aún no tocaba como toco ahora, aun me estaba encontrando. Ese es el juego que teníamos en los discos, que ese “blues del orto” estuviera presente en Gualicho Turbio.

Zelmar: El primer disco está grabado en varios estudios. Está grabado en el Estudio Libres, en Caballito; y otros temas están grabados en lo de mi amigo Rubén Travierso. También en Gualicho Turbio estaba la cuarta integrante que fue Barbie [Bárbara Aguirre], y ella participa haciendo un micro coro en “No te quiero más”…

Hernán: Y en la contratapa del disco…

Zelmar: Sí, y también participaba en la puesta en escena. Bailaba y demás…

Hernán: En Gato Negro, el segundo disco, ya está más presente.

Zelmar: Bueno, pero el primer disco no tiene un sonido homogéneo, al ser grabado en dos estudios diferentes. Al principio mezclaba yo en un programa Cool Edit viejo, y después empecé a mezclar con Charly Acconcia.

Hernán: Otro gran acierto fue el formato, haberlo editado en vinilo. Porque si hubiera quedado en cd o plataforma, no sé si hubiera sido lo mismo, porque mucha gente me dijo: “La música que hacen coincide con el formato…”

Zelmar: Pero para hacer ese primer disco hicimos todo un cronograma de un año para juntar el dinero y poder llevarlo a cabo, como hacer la promoción, como hacer la preventa y cuándo íbamos a tener el disco, porque todavía no había fábricas de vinilos en Argentina. Siempre funcionamos como cooperativa.

Sí, sino era muy difícil llevarlo a cabo…

Zelmar: Igual, para los dos primeros discos siempre tuvimos aliados: Paco de Exiles Records, Bonus Track, Juan Manuel de Fishing Discos. El segundo álbum sí es homogéneo porque lo produjimos con Charly y está todo grabado en el estudio de su casa. Nos propusimos grabarlo todo en la casa y usar cámaras naturales, no usar casi plugins, entonces casi todas las reverbs, todos los efectos están hechos manualmente. Yo grabé toda la monobanda y después vinieron Hernán, Juanjo, Barbie, etc. Hay un solo tema en el que toco otras cosas pero después es todo monobanda, hay algunos en los que hay unas percusiones, pero no mucho más que eso. Incluso, el último tema “Desierto”, que está buenísimo, lo grabamos en el garaje, al lado de la parrilla. Ósea que toda la cámara, el planteamiento del estéreo, es todo real; todo lo que se escucha, pajaritos, perros y demás, sucedió en ese momento.

¿Y el tercer disco de Gualicho?

Zelmar: Con Charly habíamos empezado a delirar el proyecto, con la idea de alquilar micrófonos, ir al estudio y demás; pero vino la pandemia y empecé a grabar todo yo en mi casa. Pero también ocurría este déficit de ensayos del que hablábamos al principio de la charla. Entonces, medio que me cargué el disco al hombro y me estaba separando de Barbie en medio de todo eso, buscando un alquiler en plena pandemia. Así empecé a grabar el disco en una consola de dos canales, con dos micrófonos y hablando con Charly por WhatsApp acerca de cómo tenía que hacer la toma del bombo y demás. Así y todo, el disco tiene buena calidad. Después lo empezó a producir más groso Charly, el que le redondeó el sonido fue él. Es un disco más moderno en su mezcla final. Pero lo bueno que tiene es que todo eso que hablábamos del carnaval, la murga y la milonga no estaba plasmado en los otros discos y en este sí. A nivel búsqueda sonora y de identidad, me parece que el tercer disco tiene algunos puntos logrados. No es todo de murga ni en pedo, solo hay un par de temas, porque también está la cosa garajera en temas como “Oro verde” que es puro fuzz, un blues cuadrado… También tiene cosas africanas en “Las iguanas de mi boca”. Sin embargo, para mí el mejor tema del tercer disco es “Aquella tarde” porque tiene otra influencia muy importante en mi vida que es el Captain Beefheart, un chabón que me hizo escuchar de nuevo a Howlin´Wolf. En lo musical ese tema tiene un riff en 3/4 y la batería va en 2/4, y tiene un clímax que es único. “Verdugo” me parece que es una gran canción; “El blues bien abajo” también, un tema que le hice a Juanjo cuando él venía un poco bajoneado, y es el único tema que está grabado en vivo. En donde Gisela [Peláez] hizo el videoclip. También están “Rata de ciudad” que es un tema que hice solo, en donde me inspiré un poco en Bill Broonzy, y “La sombra” que es un tema espectacular que le gustaba mucho a nuestro amigo el cineasta Rodrigo Espina, incluso lo llegamos a filmar para una película que él estaba haciendo y lamentablemente no pudo terminar porque falleció. Para mí el último disco, a pesar de no ser musicalmente homogéneo, está mejor producido. Lo cierra “Paraguay”, un tema grabado con dos micrófonos en la cocina de la casa de Charly, que fue muy espontaneo como salió.

¿Y los temas editados que no están en los discos?

Zelmar: Sacamos varios singles. El primero fue “El movimiento”, una canción que hice con afinación abierta, el día que Cristina presentó la fórmula presidencial junto a Alberto Fernández. El macrismo para mí fue muy duro, en lo que respecta a lo laboral, y esa fórmula me dio esperanza, más allá del resultado final… [risas] También estábamos en una etapa en la que queríamos que Bárbara tuviera un poco más de protagonismo en las voces, se estaba perfilando Pali como músico colaborador, así que lo pensé por ese lado. Después está “El adivino” que me parece un temazo, que tiene unas percusiones africanas muy flasheras, una afinación abierta en Sol que después usé para otros temas. “La pena del sin sentido” que lo hice cuando le dieron el golpe de estado a Evo Morales, que me puso muy triste, e hice la letra de un tirón. Ese tema tiene una cosa media andina porque está todo en La menor. Participan ahí los chicos de Tick Toper, una banda cuyo estilo no tiene nada que ver con el nuestro pero que con la que hicimos una amalgama muy interesante. Quedó un tema casi pop pero está muy bueno. Y por último está “El blues de ayer”, un tema que en realidad hacíamos con Juanjo en los comienzos de la Riki Tave, en donde yo tocaba el bajo, y Juanjo le puso la letra. Es un tema que siempre lo usábamos para boludear en zapadas y demás pero que siempre quedó ahí, hasta que lo reincorporamos en “blues del orto”, en donde Hernán lo conoció, pero venía de antes. Nuestro amigo, el ilustrador Nico Foti, trajo a Rolando Castello Junior, que para nosotros es un héroe, y como él se copaba mucho con Gualicho se prestó a colaborar con nosotros. Pero ese día no estuvieron ni Juanjo ni Hernán, así que Miguel Mactas, de Los Espíritus, nos grabó a Rolando y a mí haciendo el tema.

Eso es todo…

Zelmar: No, pará. Ahora hicimos un tema llamado “Traje sucio boogie” con los Gitanos, en un disco que se llama El muerto se ríe del degollado. Ellos son unos pibes jóvenes divinos de la zona sur que son muy amigos de nosotros. Son tres pibes y dos chicas, que tienen la veta años 60 y 70 con ese sonido de blues rock tipo Espíritus, con mucho delay. Con ellos hicimos dos fechas. Estuvo buenísimo porque es todo público joven, muy rockero. Recomendamos mucho a Gitanos, de corazón. Ellos tienen mucha cultura rock y tienen lo que hay que tener. Una propuesta muy interesante. Además, ahora encontré un tema llamado "Julia" del año 2013, de las sesiones que se hicieron para el primer disco, y también está la canción llamada “Monja” que había salido en un compilado del festival Festipulenta en 2015. Con esos dos temas vamos a hacer un EP llamado Sesiones olvidadas 2013 – 2015…

Hasta acá hablamos de todo lo que se hizo. ¿Qué les quedó en el tintero?

Hernán: Mirá, siempre vamos a resaltar lo que hicimos. Podríamos haber sido millonarios, pero no lo hicimos. Lo importante es haber tenido la oportunidad de hacer realidad este proyecto, con eso yo ya gané.

Zelmar: Está muy bien lo que dice él. Lo que se probó y no salió, no salió, es una cosa natural de las personas y sus circunstancias. Uno propone y Dios dispone. En lo personal, yo siempre le puse todo.

Hernán: Me hubiera gustado que tuviésemos más difusión y meternos en otros lugares porque la banda lo conseguía. Porque la música de Gualicho era una piña en el mentón para mucha gente. Faltaron cosas pero me siento bendecido por haberlo hecho. Yo gané.

Zelmar: En un principio, nuestra aparición en el programa de Peter Capusotto ayudó mucho también, pero luego empezó a menguar eso. No solo porque ya no está más el programa sino porque las cosas cada vez son más efímeras. Concentrarse en algo es complicado. Es difícil que alguien se siente a escuchar un disco en la actualidad.

Hernán: ¿Pero por qué hacen que todo pase tan rápido y que sea tan efímero? Porque no les interesa que la gente se despierte, y esta música que hacemos nosotros, y lo voy a decir bien arrogante, bien soberbio: esta música despierta a la gente. Y yo quiero funcionar como un disparador para otra gente. Con eso ya está. 

¿Cómo te gustaría que fuera recordado Gualicho Turbio?

Zelmar: Yo siempre defiendo mucho esa idea de que el rocanrol es un regalo, porque es tan fácil y a la vez tan difícil de tocar… Creo que Gualicho tiene eso, en vivo la gente baila, la pasa bien, hay algo motivador ahí, por momentos hasta hay un reencuentro con lo folclórico porque todas nuestras generaciones se criaron escuchando algo de rock en sus casas. Sin embargo, se había perdido el movimiento, la cosa esotérica que tiene el blues y se había transformado todo en muy mainstream, tipo “a ver como toca la pentatónica este gordo…”

“Tocar con la cara”, como me dijiste en nuestra primera entrevista…

Zelmar: Como toca Richard Clayderman… [risas] Claro, no… Pero me parece que, en ese aspecto, Gualicho nos ha transformado totalmente y el proyecto se llevó a cabo. ¿Qué nos hubiera faltado? No sé. Un amigo me dijo la otra vez que las bandas tienen su propia vida y la percepción que generan va mutando de acuerdo a la época. No es lo mismo el Pink Floyd de Syd Barrett cuando lo recordaban en los 70, que cuando lo recordaban en los 80 o como lo recordamos ahora. En los 70 era un colgado falopero con problemas, en los 80 ya era de culto y ahora son las mejores canciones que pasaron en los 60, y así… Qué sé yo, me parece que el tiempo va poniendo las cosas en su lugar, si realmente han sido importantes o necesarias para algunas personas. Creo que con Gualicho he hecho mi proyecto musical más conocido, “comercial” entre muchas comillas, pero sé también que motiva a mucha gente. Te lo demuestra el feedback que tenemos en las redes, cada vez que posteamos algo. Después está la verdadera procesión que va en cada uno, lo que ponés, los costos y también el futuro que no se termina acá porque yo tengo muchas cosas por delante que quiero realizar.  

Emiliano Acevedo