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lunes, 7 de septiembre de 2026

BOSTERO SACADO: "La pasión por el rock y el fútbol no se negocia..."

 


Ariel Piccini es músico, compositor e ingeniero de sonido, pero también hincha fanático de Boca Juniors y en YouTube se hizo conocido por su canal llamado Bostero Sacado. Ahí se comenta los partidos y el devenir del equipo xeneize. Con amplia repercusión, Bostero Sacado ha ido creciendo a pasos agigantados en los dos últimos años. Su propia presentación lo define como un hincha de Boca que intenta analizar y debatir la actualidad del club; su propuesta gira alrededor de opiniones muy directas, debates con sus seguidores y transmisiones en vivo. Su comunidad lo identifica como "Vikingo". Lo interesante es que no se presenta como un periodista deportivo tradicional, sino más bien como una voz del hincha, alguien que comenta partidos, jugadores, dirigentes y especialmente la situación institucional de Boca desde una posición personal y muy pasional. Justamente, en esta nota hablamos con Ariel de sus dos pasiones: el fútbol y la música. Una charla sin desperdicio. 

ENTREVISTA> Contame un poco cómo te fuiste metiendo en la música… 

Es una larga historia. Mi viejo era fanático de los Beatles. Él es muy melómano, y había música todo el tiempo en nuestra casa. Se escuchaba a los Beatles, los Bee Gees, mucho rock nacional. Mi viejo era el mayor de cinco hermanos, y cada uno de ellos ponía su propia música en las reuniones familiares. Así algunos, por ejemplo, escuchaban Moris o Pappo, Pappo´s Blues o Los Abuelos de la Nada. La menor de mis tías escuchaba mucho Supertramp y a mí también me terminó encantando, me copaba con “The Logical Song” y todo eso. Así que me picó la música desde chiquito. Siempre escuchaba buena música. En esos años de la década del 80 se escuchaba mucho Soda Stereo, Virus, también La Torre, la banda de Patricia Sosa; mi tío rompía mucho las bolas escuchando La Torre. A mí también me gustaba porque sonaba bien. Luego, a los 12 años, yo quería tocar el saxo. Me acuerdo de Badía & Compañía, que era un programa que miraba mi viejo, en donde estaba el saxofonista Oscar Kreimer que me copaba mucho lo que hacía. Ahora está la hija de él tocando y lo hace bárbaro. 

¿Y te enganchaste con el saxofón? 

Mirá. Yo miraba a Kreimer y escuchaba mucho “Your Latest Trick”, el tema de Dire Straits que tiene saxo y estaba súper copado. Por eso mi viejo averiguó para comprarme uno. Pero cuando empecé la secundaria me metí en el rock más duro, me empecé a juntar con pibes que les gustaba los Ramones, el punk, y yo empiezo a escuchar más heavy metal, thrash y todo eso. Me empecé a copar con Deep Purple, Zeppelin, aunque seguía escuchando a los Beatles y demás, así me empieza a gustar la guitarra eléctrica y cuando cumplo catorce años, en 1992, me regalan una Les Paul. Así empecé a tocar la viola, sin ir a un profesor ni nada de eso. Con unos compañeritos de colegio, a los que les gustaba el heavy metal, empecé a armar mis banditas de heavy metal, pero si no sabés tocar bien es bastante complicado. Luego de varios intentos frustrados empecé a aprender un poco, me llevó un par de años empezar a tocar la viola. Al principio empecé con un cancionero de los Beatles, que mostraba como eran los acordes, cómo tenía que hacer el Sol, el La, el La Menor, todo. Entonces, como era muy fácil para mí, porque sabía bien las canciones, el cancionero me empezó a enseñar mucho cómo tocar realmente. A partir de ahí empecé a tener otra relación con el instrumento, otra relación con el armado de canciones, empecé a componer mis canciones, ahí sí armé mi primera banda de verdad, que empezamos siendo más punkis, pero terminamos siendo de rock and roll. 

¿Y cómo fue el devenir de esa banda? 

Estuve tres o cuatro años con esa banda. Después armamos otra que duró cinco años. Incluso llegamos a grabar un demo, queriendo grabar un disco. Pero al final el proyecto quedó ahí. Luego me vine a vivir a Coronel Suárez. Ahí hubo un bache de tres, cuatro años, ya con mi hijo mayor recién nacido. Fueron años en los que no hice música. Pero más tarde retomé porque acá había una escuela municipal de música gratuita y mi mujer me impulsó a anotarme para estudiar guitarra. Ahora ya soy muy amigo de mi profesor. En realidad, no fueron clases para empezar a tocar guitarra, sino más bien para ordenar lo que yo sabía hacer y empezar a encontrar un sentido. Eso me dio muchas más ganas de hacer cosas. Así empecé a ser profesor de música en la escuela, dando una cátedra de ensamble de rock durante cinco años. Formaba grupitos de rock con los chicos, tocando ocasionalmente junto a ellos, así tres veces fuimos a competir a los Juegos Bonaerenses, dos veces llegando a la final en Mar de Plata. 

¿Te volvieron las ganas de tener una banda propia? 

Sí, como mi hijo mayor estaba tocando la batería, empezamos a una banda en la que estuvimos tocando. Ahora está medio parado el proyecto, no creo que se reanude. Ese fue el último gran proyecto de banda que tuve. 

¿Vos de que barrio sos? 

De Villa del Parque, viví ahí hasta que me vine a Coronel Suárez. De pibe no estaba nunca en mi casa, me la pasaba mayormente en la calle y ahí, a tres cuadras una de otra, había dos rockerías. En ese momento era medio nuevo el concepto de rockería. Eran esos lugares donde vendían discos, casetes truchos, posters, remeras, buzos, las pulseritas con tachas, todas esas cosas. Yo me pasaba un montón de tiempo ahí. Me acuerdo que había dos flacos en una de las rockerías que escuchaban KISS todo el día. Así que yo también me hice kissero. Después estaba la rockería de Fabián, que creo que todavía está. En ese local yo compraba todos mis discos, porque siempre tenía los últimos importados que llegaban. Era plena década del 90, con el furor de los discos importados. Escuchaba muchos discos increíbles y me la pasé yendo a un montón de recitales todos los fines de semana. Mis amigos y yo no íbamos a boliches, nos la pasábamos yendo a recitales. Nos la pasábamos siempre hablando de música, escuchando discos y demás. 

Además de ponerte a estudiar música de grande, ¿qué otra cosa estudiaste? 

Ingeniería de sonido. Me recibí de eso. Me gusta mucho todo lo referente a la producción musical. Me encanta producir. Hago cosas en mi casa. Me encanta grabar. 

¿Qué vínculos encontrás entre la música rock y ser hincha fanático de un club? 

Yo lo que veo es que hay un vínculo muy estrecho que tiene que ver con la manera en que uno forma identidad desde pendejo. Tanto el club del que sos hincha y la música que escuchás son lo que se vincula con tu propia identidad y difícilmente lo vayas a cambiar. Si sos realmente fanático, o si fuiste fanático, de varias bandas de rock y las ibas a ver, difícilmente cambie eso. Lo mismo pasa con tu equipo de fútbol, nadie se hace hincha de otro club cuando crece. Con relación a la música, por ejemplo, tenés a la hinchada de Racing, los Racing Stones, que hacen referencia en su nombre a los Rolling Stones. Entonces, desde ese punto de vista, me parece que al nivel cultural, y sobre todo acá en Argentina, hay un link muy interesante para desarrollar y hablar de eso. Tanto en el rock como en el fútbol, los fanáticos somos gente que no suelta, nos resistimos a soltar. Siempre se supo que el hincha de fútbol era alguien que hasta las últimas consecuencias iba a ser hincha fanático de su equipo, que iba a defender eso y que eso lo iba a definir como persona. Ahora, también pasa lo mismo con la gente del rock. Es gente muy fiel. 

Un fenómeno que sigue hasta hoy… 

Claro, tal cual. Ahora que se dice que el rock está desapareciendo, aparece gente que se resiste a eso, que no quiere soltar su pasión por la música y determinados grupos. Como diciendo, esto yo no lo voy a soltar, voy a seguir escuchando a Pappo, a Divididos, a los Beatles, Foo Fighters, lo que sea que escuchen. Por ejemplo, hace un rato me pasaron un video de la reunión de Ritchie Blackmore con Deep Purple, en donde el loco se subió a tocar la viola en “Smoke On The Water”. Y son todos unos viejitos, pero así todo, siendo unos viejitos, que parecen recién salidos de una clase de yoga, te emocionás igual, porque decís, "Estos tipos son parte de mi vida." Yo me acuerdo perfectamente que estaba haciendo el día que murió Spinetta o el día que murió George Harrison, porque ambos fueron tipos que definieron mi vida, que tienen que ver con la música que me apasiona. No quiero pecar de soberbio o ignorante, pero esas sensaciones, tan vinculadas con el rock, con los músicos de rock, no sé si en otros géneros musicales se da. Seguramente, debe haber fans de Luis Miguel que lo siguen a morir, pero no sé si esa gente puede ser fanática del fútbol. Es como que el estereotipo está creado entre la gente de fútbol y la gente del rock. Me encantaría investigar un poco ahí, eso es lo que estoy tratando de hacer. Quizás escriba un libro al respecto. 

Claro, pero viste que el jugador de fútbol en sí no es tan rockero, es más cumbiero… 

Sí, nada que ver. Claro, el vínculo que veo entre el fútbol y el rock se da a nivel de los hinchas, no de los jugadores. Yo hablo del parecido entre el fanático de fútbol que es fanático de rock también, ¿no? Que hay una forma de llevar las dos pasiones de una manera paralela. 

En tu stream de YouTube sobre Boca volcaste todo tu costado futbolero, pero con mucha memoria acerca de datos sobre la historia del club mezclado, incluso, con tu lado periodístico, ¿de dónde viene eso? 

Yo siempre fui muy memorioso e insoportablemente discutidor. Mi viejo también es muy memorioso y siempre discutimos sobre detalles chiquitos, a ver quién tiene razón. Siempre estuve muy pendiente de los resultados de Boca, desde hace 40 años para acá. Yo tengo la camiseta de Boca desde que nací y desde que tengo ocho años, en 1986, empecé a estar muy pendiente de todo lo que pasaba con el equipo. Siempre fui recontra futbolero, me gusta jugar y discuto muchísimo por fútbol. Me peleo por fútbol. No pelear mal, pero he discutido fuerte por fútbol. Y dentro de esta cosa de defender la identidad, Boca también tiene mucho que ver con la identidad. Además, en 1998 hice un año de periodismo deportivo, me fue muy bien, pero después hubo una cosa que no me gustó en la escuela y largué. Luego me pasé a mi otra pasión que es la música, estudiando ingeniería de grabación. Pero siempre estuve muy metido en todas las conversaciones de fútbol, siempre soy el que se acuerda quién hizo el gol, el que se acuerda cuántos minutos iban, qué camisetas usó el equipo, cuál fue la formación en tal partido, se me pueden escapar algunas cosas, pero por lo general me acuerdo patente de todo. Antes hablaba solo de fútbol y me ponía loco con los partidos. Hasta que un día, luego de una muy mala racha de Boca en 2024, mi mujer me dijo porque no me hacía una página de Instagram para poner lo que quería decir de Boca y que la gente opinase. Así la empecé a hacer y al poco tiempo eso devino en un canal de YouTube, entonces empecé a ver cómo se hacía esto. Me empecé a meter y le di para adelante. Al principio era todo grabado, hasta que me empezaron a pedir alguno de los de los oyentes que hiciera vivos y eso fue lo que mejor anduvo. Rápidamente tuvo respuesta. Yo disfrutó mucho la ida y vuelta con otros hinchas de Boca, me hace bien, está buenísimo. 

¿Qué opinás acerca de que tanto el fútbol como la música hayan sido cooptados por el negocio, como que se perdió la pasión? 

No sé si es totalmente así, pero que el que diga eso no le va a faltar razón. Por ejemplo, venimos de un mundial en el cual yo hice un video diciendo que hubo cosas que me parecieron muy raras y muy alejadas de los hinchas genuinos. Porque ahora hay hinchas nuevos que van a sacarse fotos en la cancha mientras se está jugando el partido. Yo no juzgo a nadie, pero como que eso le quita clima. Mismo la cancha de Boca está llena de extranjeros, llena de gente que no tiene nada que hacer ahí, que va solo por la experiencia de vivir un partido en la Bombonera. Con la música se vive un fenómeno similar. Hoy en día apretás dos botones y la IA te compone un tema. A mí me encanta que haya un Ed Sheeran que tiene una pedalera que lupea cosas y parece una orquesta andante y que encima la maneja muy bien. Me parece admirable. Pero a mí dame una banda de tipos reales que te transmitan algo más allá del solo hecho de hacer música. Muchos pibes que van ahora a ver conciertos de rock no saben cómo vivirlo, no lo disfrutan como nosotros que capaz somos viejos para ellos. Lo dijo Dave Grohl la otra vez en un concierto de Foo Fighters: “Si ustedes que son jóvenes, no saben cómo es un concierto de rock, miren a los viejos que tienen al lado para aprender a vivirlo. Hagan lo que hacen ellos…” Pero, igualmente, yo creo que son cosas cíclicas y que pueden volver en cualquier momento. 

¿Y qué hay de positivo en la actualidad tanto en la música como en el fútbol? 

Siempre lo positivo se vincula con el nivel de masividad que se le pueden dar a las cosas. Un mundial como el último, por ejemplo, llegó a muchísima más gente. Hoy en día hay mucha más apertura, las mujeres van muchísimo más a la cancha que lo que iban en los años noventa, por ejemplo. Hoy no hay diferenciación de sexo en el fútbol y está bueno que así sea. Y en cuanto a la música, la apertura se da tanto en lo bueno como en lo malo, porque cualquiera es músico, pero hay muchísimos músicos nuevos con gran talento. Hay gente con mucho talento haciendo cosas, y hay gente que no tiene talento y suple ese talento con tecnología. Cada uno sabrá hacer su propia selección y escuchar lo que le guste y le parezca más adecuado. Por ejemplo, yo escucho a Lady Gaga, que es algo moderno, pero la mina es una bestia en lo que hace. Todo lo que hace es soberbio, ya sea cantando o tocando el piano. Una música del carajo. Pero después veo los recitales y no me gusta tanto el tema de su performance, sus disfraces y demás. No es lo mío, no es lo que a mí me gusta, pero ella es espectacular. Lo mismo me pasa con Dua Lipa. Vos la escuchás en vivo, con todos los pibitos en la tribuna con los telefonitos haciendo la coreo y no te llama la atención, pero luego la ves en el Tiny Desk, ella sola con un bajista, un guitarrista, una pista de ritmo y tres coristas, y te parece espectacular la música que hace. Está buenísimo. Entonces, ¿dónde dibujás la línea? Porque hay gente que tiene talento de verdad, ¿entendés? Y hay gente que me parece que no lo tiene, que directamente le mete todo lo que tiene a el Auto-Tune o sino a la inteligencia artificial y ya está. Y después ponen caritas de atorrante, de vago o de lindo o linda y ya son un producto vendible. Por supuesto, esos no me interesan. 

¿Qué músicas escuchás ahora? 

Los mismos grupos que me gustaban de pibe, pero también empecé a redescubrir bandas que se me habían pasado de largo en su momento como Steely Dan. Son espectaculares sus discos. Me encanta escuchar música que está bien producida, que tiene buen sonido. Los discos de Michael Jackson, los tres que hizo con Quincy Jones, me parecen sensacionales. Me copa mucho lo que hizo Madonna en los 80 y principios de los 90. Escucho tango también, me gusta mucho. Ahí tengo un link directo a la infancia también, porque yo me quedaba muchas veces a dormir en lo de mi abuelo y te levantabas todos los domingos a la mañana escuchando tango, ¿viste? O era Julio Sosa, o era alguna orquesta, de D´Arienzo o lo que fuera. El tango tiene un lenguaje musical muy atractivo. También soy muy fan de Piazzolla, que me parece que fue el Beethoven del siglo XX, me parece sensacional todo lo que hizo. En líneas generales, no le hago asco a muchas cosas. Es más fácil decirte lo que no me gusta, obviamente. No me gusta la cumbia, no me gusta la música melódica, aunque puedo rescatar algunos temas de Abel Pintos que me parecen buenos. Pero no me pondría a escuchar eso, Luciano Pereira o Luis Miguel. Tampoco me gusta el rock barrial porque no me gusta la producción que tiene. No me gusta cómo suenan las voces, no me gusta la producción. Las bandas tipo Gardelitos, Callejeros, La Beriso, todas esas, yo las esquivo porque no me llenan, no me gustan. 

¿Cuáles son tus proyectos de acá en más? 

En la música no tengo proyectos actualmente. Capaz me inclinaría a tocar de músico invitado para alguna banda ocasionalmente o en algún grupo que covers. Me pasó en la última banda que tuve en la cual quise hacer temas propios, pero después se te hace muy difícil enganchar a la gente con los temas propios. Entonces tenía que estar siempre buscando ver con qué cover abría o con qué cover la enamoraba un poquito al público. Lo que pasaba es que era una banda chica y de pueblo. Pero, bueno, si sale alguna cosa como para juntar el billete la haría. Y si mis hijos en algún momento me necesitan para algo, en alguna de sus bandas, también voy a estar. Pero ellos ya vuelan solos y tienen sus propias bandas, así que no me necesitan. 

Lo tuyo pasa por el streaming de Boca en YouTube… 

Sí, estoy enfocado en eso, me gusta hacerlo, lo disfruto. Mientras lo disfrute lo voy a seguir haciendo. Aparte estoy bastante conforme con el hecho de poder salir o tratar de pararme en un lugar que esté alejado de esta grieta política de mierda que hay en Boca, que a mí me revienta, en la que tenés que ser de uno o tenés que ser del otro. Yo no quiero ponerme a discutir a las personas, quiero ponerme a discutir por el club, porque esas cosas a veces rompen bastante los huevos. A veces también te comes muchísimas puteadas, hay mucha gente que no te entiende y no te va a entender nunca. Hay que aceptar que hay gente que tiene sus propios sesgos y preconceptos y listo, ya está. Hay que entender que no hay tanto absolutismo en este mundo. No se puede ser tan talibán de las cosas. Si más o menos te manejás en esos parámetros te va a ir un poquito mejor. 

Volviendo al vínculo entre música y fútbol, ¿cuál es tu canción de cancha preferida? 

Mirá, lo que extraño en la cancha son las canciones clásicas. Me copa mucho cuando la hinchada se pone a cantar “dale bo” con la melodía del vals “Desde el alma”. Esa me encanta porque es un grito de guerra que se cantaba cuando el equipo ya había liquidado el partido. Otra que mí me encantaba, era “Boca te llevo en el alma y cada día te quiero más…” Porque cuando llegaba el momento de esa canción era espectacular en la cancha y no se escucha más últimamente. Fuimos el año pasado a la cancha con los chicos y ni una vez se cantó. Pero, bueno, cambian las canciones, van cambiando con el paso del tiempo. Después hay canciones que son bárbaras para la cancha y que por ahí no te gustan en otros contextos porque no te dicen nada, como puede ser “It´s a Heartache”, la de Bonnie Tyler, o la clásica “Todavía cantamos”, de Víctor Heredia. Hay una de Estelares, “Ella dijo”, que se canta en la cancha y está muy buena.   

Roque Narvaja también le legó muchas canciones a la hinchada… 

Tal cual. Son un orgullo para ellos que sus canciones lleguen a las hinchadas. León Gieco lo dijo en un momento con respecto a “Solo le pido a Dios”. Como que ese reconocimiento popular es glorioso para los compositores de las canciones. 

Sos compositor de tus propios temas en los grupos en los que estuviste, ¿hay algún tema de otro autor que te hubiese gustado componer a vos? 

Los 13 discos de los Beatles. Tengo que pedir y elijo todo. Sí, soy muy envidioso. Me encantan discografías enteras, la de los Beatles, cualquier tema de los Beatles me hubiera gustado componer; también cualquier tema de Zeppelin. O sino de Serú Girán o Spinetta. Agarrá el tema más choto de Spinetta, que no creo que tenga ninguno, pero déjamelo componer a mí. Hace poco salió una película llamada Yesterday en la que de repente todo el mundo se olvida que existían los Beatles, y el pibe que es el único que se acuerda hace pasar como propios todos los temas de los Beatles. Te juró que esa era una idea mía, antes de que se existiera la película. A mí me encantaría ser ese pibe… (risas) Es como cuando León cantó que todos somos los salieris de Charly, ¿no? Esa es la idea. Todos los músicos somos salieri de alguien. Uno está todo el tiempo tomando referencias. No estoy hablando de plagios explícitos, sino de influencias. Tomás algunos estilos y maneras. La música se va nutriendo de esas referencias y es una pasión interminable. 

Emiliano Acevedo


miércoles, 2 de noviembre de 2022

YO QUIERO LA CANCIÓN, entrevista a Pablo Read

Pablo Read está orgulloso de su estudio. Es cómodo, tiene guitarras, teclado, libros, cds, y una pila de vinilos, todo material con el que se formó. Los Beatles, en una de las paredes, atestiguan el recuerdo de sus comienzos en su Pergamino natal, donde estaba la música que escuchaban sus padres. Como oyente de música está siempre inclinado al disfrute, como cantautor no puede evitar que salga a la luz toda su formación anterior. Llegó a Rosario en el 95, tras una breve estada se volvió a Pergamino, pero al año siguiente se instaló definitivamente en nuestra ciudad. De ser un joven con cierta expectativa, con el tiempo alcanzó el momento de compartir escenario con Litto Nebbia, incluso de tenerlo como invitado en un tema que va a estar en su próximo material a publicar. Cómodamente, en una soleada mañana de sábado, a metros del estadio Gabino Sosa, recorremos su vida musical, entre mates y café.

ENTREVISTA> ¿Cómo comenzó tu idilio con la música? 

Mirá, yo arranqué de muy chiquito, porque en mi casa siempre se cultivó mucho la música. No desde el hacer, sino desde el placer de escuchar. Una vez, cuando tenía cuatro años, mi abuela paterna, cansada de regalarme siempre autitos, me trajo de regalo una guitarra, que yo como pibe la percibí como un juguete. Sin embargo, el paso siguiente fue algo así como: bueno, vamos a mandar al nene a aprender a tocar la guitarra. Al principio fue como un juego, pero es muy significativo lo que comienza a suceder con el instrumento cuando empezás a dominarlo. Porque al principio vas con toda la euforia, pero al poco tiempo ves que la cosa no es tan fácil, que no te sale nada, que te duelen los dedos, que te querés matar [risas]. Una vez pasada esa instancia, vos te das cuenta de que lentamente eso de tocar un instrumento va provocando una satisfacción en uno porque causa un efecto en los demás. Yo recuerdo que un día en casa estaba encendida la tele, estaban dando “El Zorro”, aparece la música de esa serie, yo empiezo a imitarla en la guitarra, y mi mamá me dice: “¿Quién te enseñó eso?” Nadie, le dije, me salió. Y fue ahí que me di cuenta del efecto que provocaba en el otro con mi instrumento. Y mis padres, que vieron que me gustaba y que me dedicaba, incentivaron mucho más mi aprendizaje. Mi vieja compró un teclado, se compraron más discos en casa. Los discos y los libros eran canilla libre.

Eso fue provocando un crecimiento en tu vocación…

Sí, después, en la escuela, en los actos de las fiestas patrias viene ese: bueno vos que sabés bailar folklore, bailá; y vos que sabés tocar la guitarra, vas a tocar en el escenario. Y así viene el momento en que te aplauden por primera vez. Ahí empecé a sentir que pasaban cosas con esto de la música.  

En la vida de todo artista hay un arco que recorre desde su momento de aprendizaje hasta que se convierte en creador. ¿A vos qué te pasó con eso, cuándo te diste cuenta de que te podías transformar en compositor?

Primero tuve toda una instancia de tocar temas de otros. Yo creo que con los Beatles apareció esa necesidad de hacer mis propias cosas. Me dije: si estos tipos hicieron sus propias cosas, yo también quiero intentarlo. Pero, también, hay mucha gente que se dice “yo quiero hacer mis propias cosas” y no tiene nada para decir. Entonces, ser escritor… yo tengo una cosa con la palabra compositor, creo que me queda grande. Es la necesidad de decir algo. Igual tuve mucho conflicto con eso, porque primero copié lo que decía otro, hasta que te das cuenta del “para qué”, y ves que poder decir lo propio es el verdadero significado. Eso lo logré de mucho más grande.

Toda esta iniciación que estás contando fue en Pergamino…

Sí, allá no había academias de música, todo pasaba por profesores particulares. Y cuando terminé el secundario, cuando era muy complejo todo porque no había internet, hoy un pibe se mete en cualquier tutorial y con las nociones básicas te ayuda bastante, entonces yo me vine a Rosario para estudiar en la facultad, porque también dentro mío habitaba la idea de ser docente. Yo quería ser músico y docente, algo que en Pergamino era más difícil. Ser artista, digo, porque allá son todos médicos, abogados, y te preguntan ¿y vos, de qué vas a vivir? Y es difícil responder: voy a vivir del arte. Y la verdad, es que no vivo del arte tampoco, vivo de la docencia, como ocurre con la gran mayoría de los músicos.

¿Creés en el compromiso social a la hora de crear o que las cosas pueden salir de otra manera en esta contemporaneidad que nos toca vivir?

Yo tomo palabras de Oscar Wilde: escribir es facilísimo, primero hay que tener algo para decir y después decirlo. Entonces, eso que yo tengo para decir abarca un abanico de temáticas que me movilizan a mí, por ejemplo, la última canción que escribí: habla sobre los miedos. Se podría pensar que es algo que tiene que ver con lo existencialista, con lo psicoanalítico. Y luego, tengo una mirada hacia la realidad social. Son las temáticas que me vienen a mí. Si tengo que meter mis patas en el barro por mi ideología, lo voy a hacer, aunque me digan que es un panfleto, no me importa. Como dice [Mario] Benedetti, yo ya soy un caso perdido, aunque escriba algo más universal, si tengo que hablar de pececitos, ya va a aparecer el pececito bueno, el pececito malo y así.

Pablo aclara que ser docente fue una consecuencia de su Licenciatura en Música, que no estudió profesorado, y que la relación que tiene con sus alumnos no es igual que la de un profesor de Matemáticas, por ejemplo. En aquella materia el docente viene y expone y el alumno aprende, en cambio con la música siempre hay una ida y una vuelta, porque todo el mundo escucha esto o aquello y ahí se va generando otra instancia. “Lo que veo es que las nuevas generaciones están más atomizadas. Eso no es ni bueno, ni malo. Antes nosotros escuchábamos rock, pero también “Pájaro campana”, “Kilómetro 11”, “Caminito”… ahora escuchan pop coreano y punto. Tal vez porque con la tecnología, ahora está todo más linkeado. Los algoritmos te llevan a eso solo. ¿Quién te saca de ahí? Bueno, un docente”. Confía en que el docente no va a impedir seguir escuchando eso, pero va a abrir camino hacia otras formas de música.

A propósito de cómo se escucha música hoy, somos una generación que creció con el formato físico, en tu calidad de cantautor ¿cómo te llevás con las nuevas maneras de publicar?

Yo pertenezco a esta generación bisagra que ama los formatos físicos. A la vez soy consciente de que hoy con esos formatos no le voy a llegar a nadie. Yo tengo un perfil que me permite conocer que puedo llegar a lugares donde no hubiera podido llegar de otra manera, siendo independiente, claro. Si sos Vicentico, por ejemplo, vas a llegar a todos lados. Yo soy un pirincho que hace su música desde una habitación. Ahora, el formato digital hace que me escuchen en Rusia, en Japón, y uno se pregunta cómo puede ser que pase esto. A mí me da alegría saber de esa llegada. Ahora, yo amo los discos, el objeto, soy medio fetichista con eso. En mí, hoy, conviven esas dos cosas. A mí me parece que, en el futuro, el disco va a desaparecer, creo que va a quedar sólo lo digital. Yo tengo alumnos que no saben qué es una disquería, nunca fueron a una. Alguien dijo: sale un disco de Charly, pronto en las bateas. Y otro dijo: ¿qué es una batea? [risas]. En definitiva, a mí me encanta la canción, y la canción es una música con una determinada forma, y una letra, y también reconozco que para mí no es lo mismo una letra de canción que una poesía. A mí me gusta dividir eso, hay letras de canciones con mucho vuelo poético, pero yo no soy poeta, mis letras son funcionales a una música determinada. Sí hay poemas que se pueden musicalizar, pienso en Lepera, y sus letras que son muy poéticas, pero yo respeto la forma que tiene la canción que es estrofa, estrofa, estribillo, estrofa, estrofa, estribillo. Y da la casualidad que esa forma dura tres minutos, funciona así. Después, puede tener un solo, puede durar un poquito más. No sé exactamente por qué funciona así, pero a mí me gusta eso, me moviliza.

En este momento en que vos estás publicando en tus redes, ¿desististe o conservás la idea de disco conceptual?

Sí, lo pienso por ahí, como disco conceptual. No necesariamente las canciones deben estar articuladas, no necesariamente todo tiene que ver con todo. En mi disco Yo argentino te vas a encontrar con una gama de géneros que son degenerados en realidad [risas]. Pero ese es el concepto del disco: la representación de la argentinidad. Intentar reflejar que nos habita ese conglomerado de cosas.

Pablo llegó a Rosario en los 90, cuando ya había algunos movimientos musicales consolidados, la trova rosarina, por supuesto, y la aparición y disolución de bandas pop que colmaron escenarios de la época. Algo conocía porque a Pergamino llegaban Canal 3 y Canal 5. Había una clara influencia de nuestra cultura ciudadana en los jóvenes de la localidad bonaerense. “Hubo, en el pergaminense, una rosarinidad instalada por esos medios de comunicación, sobre todo en los años 80”, recuerda. “Conocía a Baglietto, a Fandermole, a Abonizio, a Goldín… ni hablar de Fito, por supuesto, tipos que ya habían tenido una trascendencia. Bueno, Baglietto, Fito y Litto Nebbia tuvieron una influencia muy marcada en mi vida, son músicos que yo escuché mucho”, confiesa. “Por eso, es curioso que haya gente que no sabe que soy pergaminense y me diga que mis canciones contienen una rosarinidad, y es algo que yo no me doy cuenta”, comenta. Ahora, qué es la rosarinidad en las canciones es algo que no se comprende del todo. Pablo cuenta que hablando con un joven alemán, éste le dijo que no entendía el rock argentino, que no lo percibía como rock, lo percibía como tango, algo que como músico le parece que son cuestiones obvias, que tienen que ver con la identidad. “Yo cuando escucho a Charly, la parte tanguera de sus temas las filtro, aunque hay temas que son estrictamente tangueros, y escucho algo que tal vez difiere de lo que escuchan otras personas”, dice.  

Como docente, ¿qué te sorprende de los jóvenes en cuanto a su percepción de la cultura de hoy?

Mirá, te voy a decir que a mí me sorprende la maldad. Porque todas las generaciones padecimos la demonización, eso de: la juventud está perdida. Creo que eso no se ajusta al ahora. La verdad no es que la juventud esté perdida, los mecanismos culturales actuales que le llegan a esta juventud son malditos, son malvados. La sorpresa que yo tengo es que cuando vos les mostrás otra música que no les va a llegar por las vías que frecuentan, los pibes gustan de esa música. Gustan del tango, gustan de la música clásica, se emocionan… Yo les he hecho escuchar a Sui Generis, primero les choca, como todo. A mí también me pasó con el tango que consideraba que era cosa de mis abuelos. Primero les resulta raro, después, a la tercera pasada, les empieza a gustar ¡les encanta! Y yo me consideraría un malvado si no les mostrara otro tipo de música a mis alumnos. Creo que hay una maldad en que se oculte, no sé si adrede o no, la música de siempre. Yo tengo mis hijos que escuchan la música de su generación y la que escucho yo de toda la vida. Y mi hijo, cuando se junta con sus amigos, les muestra esa otra música y ellos también traen otras cosas. Reconozco que yo estuve muy solo en algún momento. Yo escuchaba a Creedence y mis compañeros se burlaban de eso y, pensando en voz alta, me digo: quién sabe si esas soledades no son provocadas.

Vos tenés una faceta de docente de aula, pero también tenés otra faceta de docente en tu canal de YouTube, donde recreás y explorás la música de Beatles y de otros músicos históricos. ¿Percibís que, de esa manera, le estás llegando a determinada gente?

Primero, no sé a quién le está llegando. No me importa saberlo. Sentí en algún momento que tengo todo ese material, todos esos discos, y me dije: la vida es breve, lo voy a hacer [risas]. Si yo todo esto lo puedo decir delante de un curso, hoy que los pibes están pegados a las redes, me dije: lo voy a dejar acá. Algunos de mis alumnos lo siguen, porque me han dicho: profe, me suscribí a su canal. Por ahí se aburren, porque no soy tan entretenido como esos youtubers que ellos miran habitualmente y tienen otra dinámica. La otra vez alguien me dijo que no sabía no sé qué cosa y que lo supo a través de un video mío y eso me puso contento. Pero, bueno, antes vos decías tengo todo este material, voy a hacer un programa de radio, pero ahora ya no se escucha radio tampoco. Igual, no lo hago con la idea de decir: esto es así. No tengo pretensiones de absolutismo, ni de decir: yo soy un erudito, académico. No tengo esa pretensión. Me interesa que alguien venga y me diga: che, tal acorde no está bien. Y si eso está a los diez minutos del video, quiere decir que el tipo vio hasta ahí… y es fantástico eso.

Y con respecto al artista, al cantautor, el que se presenta en un escenario y no sólo canta, sino que arma un espectáculo con canciones y cuentos, narrando historias, ¿cómo convencés a quienes te acompañan en esas presentaciones?

Particularmente, la presentación de Yo argentino, fue un trabajo personal muy grande que tuve que hacer. Porque el qué voy a hacer y para qué lo voy a hacer es muy importante para mí. Vuelvo a lo que dije antes: tener algo para decir. Después, puede gustarte o no, pero yo quiero decir esto. Y en este caso, junté músicos que conocía y se pusieron a mi servicio. Por ejemplo, el bajista fue compañero mío de la facultad, el guitarrista fue alumno mío, el percusionista es un gran instrumentista que se recopa y entonces eso te permite armar algo. Después, volvimos a tocar juntos, porque el grupo ya estaba armado, pero no es que surgió espontáneamente, trabajé especialmente para eso. Yo, generalmente, soy solista, toco mi guitarra y canto. Mis canciones están pensadas para eso, no están creadas para grupo. Salvando las distancias, el modelo que siempre me gustó es Silvio Rodríguez. También, siempre recuerdo a Luis Alberto Spinetta haciendo los temas de Téster de violencia, solo con su guitarra y eso temas salían adelante igual. Eso me hizo pensar que la canción tiene que estar. Después todo el ropaje que vos le pongas puede ser más entretenido o no. Entonces, me dije: yo quiero eso, la canción.

Antes de la pandemia hiciste una presentación donde tuviste como invitado a Litto Nebbia, ¿cómo surgió eso?

Eso ocurrió porque se acercaba el aniversario del primer disco de Los Gatos. Entonces, en ese marco, me dije qué lindo sería poder tocar el disco entero de Los Gatos, un disco que siempre me encantó. Lo empecé a grabar (está en Bandcamp), y le di una vuelta de bossa nova, porque en esa época Litto estaba copado con la bossa nova, y me pregunté: ¿y si lo tocamos en vivo? Busqué a los músicos, aceptaron la idea y armamos todo para tocar el disco entero. Empezamos a buscar un lugar dónde tocarlo, hablamos con Guillermo Calluso, el encargado de programación del CEC (Centro de Expresiones Contemporáneas) y me dijo: me encanta la propuesta y, además, adoro a Litto Nebbia y tenemos ganas de traerlo acá. Justo en esa época Litto estaba presentando un libro. Y venía a presentarlo a Rosario, un jueves, el viernes lo tenía libre y el sábado tocaba en un show propio. Entonces, fue ahí que se le propuso estar en el CEC el viernes. Le dijeron que íbamos a tocar nosotros y aceptó. Y así, ese día, hicimos el disco entero y los últimos dos temas los tocamos con Litto. Se hizo un combo: Litto presentó su libro y tocó con nosotros. Fue fantástico. Fue muy emocionante tocar delante de él, pero lo más emocionante fue cantar “Madre escúchame” y él me hizo la segunda voz. Y escuchar esa voz tan adorada por mí, ahí cerca, fue muy fuerte.

Pregunta de cierre de entrevista [risas]. ¿Cuáles son los discos de cualquier lugar del mundo que te marcaron para siempre?

Con cada disco tuve una relación distinta. El primer disco que me voló la cabeza, con el que tuve una epifanía fue unos Grandes éxitos de Los Beatles. Un material que editaba ATC y que contenía los clásicos “She loves you” y demás, pero cuando escuché “Help”, con esos coritos, me dije: guauuu, es por acá. De chico también escuchaba a Edmundo Rivero, pero luego el Álbum blanco de los Beatles, Artaud, de Pescado Rabioso, Ayúdame a mirar, de Juan Carlos Baglietto. Los grandes éxitos de Gardel, con esos clásicos que ayudan a llevar a otro nivel las letras de las canciones. Vida, de Sui Generis, fue un disco fuerte cuando lo escuché por primera vez en su momento. Y, después, en mí convivían otras músicas que sonaban de fondo [risas], como Palito Ortega, temas que te demostraban que con tres acordes podés hacer una canción. Ni hablar de otro disco potente para mí, Sólo se trata de vivir, de Litto Nebbia. La que da título al disco, es una de las primeras canciones que aprendí a tocar en mi guitarra. Puedo decir que con Litto aprendí a tocar la guitarra y con Charly aprendí a tocar el piano. Con Charly no sólo aprendí a tocar el piano, sino que aprendí a componer, a hacer canciones. Tocando mal las canciones de otros, uno aprende a componer. Por ahí te queda algo del otro, pero genial, que me digan ese tema se parece a uno de Charly me parece bárbaro. Mirá si me dicen que una canción mía se parece a una de alguien que no me gusta, sería una traición a mí mismo [risas].

Mientras se acaban el mate y el café, te pregunto, ¿qué proyectos vienen pronto?

Estoy haciendo un trabajo que tiene dos vertientes. Por un lado canciones con guitarra y voz, de tinte folklórico, y por otro, un poquito de canciones de rock. Yo grabo, grabo y grabo, tengo como cincuenta canciones dando vueltas, pero después agrupo. Pueden ser dos disquitos más, uno que se va a llamar Usos y costumbres y otro que se va a llamar Algunos días, que va a contener el “Rock del barrio”, donde Litto Nebbia participa como invitado.

Raúl Astorga

raul.astorga@yahoo.com.ar 



miércoles, 13 de septiembre de 2017

SONIDOS Y PALABRAS PARA GENTE (NO TAN) COMÚN...: Entrevista a Ariel Tenorio



Ahí está Ariel Tenorio: brazos delgados, una remera rockera negra y una campera de jean, dedos delicados de dibujante y pintor, en busca de una taza de café. Un pálido sol de invierno se derrama sobre la ventana de un bar de Caballito. Y ahora Ariel Tenorio habla con su voz juvenil, y vuelve a ser aquel pibe inquieto que en los 90 recorría los reductos under de su barrio, Lanús, mientras el tintineo perforante del Nuevo Rock Argentino se metía en la sesera de una generación. Ahora a los 40 años, y peinando canas en sus sienes onduladas, está entrando en la plenitud de su madurez como hombre y artista multifacético.

Y es que Ariel es dibujante, caricaturista, docente de arte, diseñador de remeras… Hasta alguna vez, no hace mucho, se dedicó a la actuación. Lo que se dice un hombre renacentista. Dentro de esta urdimbre de intereses artísticos también se encuentra la música, a la que se dedica vocacionalmente y con la misma pasión con la que dibuja esas impresionantes caricaturas de músicos, que más de una vez han engalanado las notas de nuestro blog Intersticio.

Justamente, de música versa esta entrevista. En ella conoceremos los dos proyectos musicales que impulsa este artista: el pop multi genérico y ecléctico de Los Tenders y los experimentos sonoros avantgarde de Offside. Más que nada, canciones, más que nada sonidos y palabras. Y la música es hermosa: llena de invención, ternura, riesgo. Quizás, intentos autobiográficos de narrar las experiencias vitales, propias y ajenas. Como si fuera un testigo impertérrito, presto a captar el gesto mínimo, la señal. Las palabras y sonidos de una persona que trata de entender gran parte de su vida y del bendito país que le toca habitar.

Lo que sigue es el resultado de una larga charla con Ariel Tenorio. Un hombre, un artista integral, que vale la pena conocer…

ENTREVISTA: ¿Desde cuándo sos músico? ¿Cuándo empezaste a tocar?
Bueno, en verdad, no me considero músico. Pero sí alguien a quien le gusta mucho la música, y que trata de hacer algo con eso. Empecé a tocar el bajo a los 15 años, en un grupo que se llamaba Las Cacatúas. Conocí dos chicos en el recital de EMF en Obras, en 1993. Ellos me invitaron a participar, sin que yo haya tocado el bajo nunca. Solo había intentado cantar en Morgue 4, una banda punk. (https://www.youtube.com/watch?v=DsRjm1TAUvI)

¿Y cómo fueron tus primeros acercamientos a la música de chico? ¿Qué escuchabas?
Tengo dos tíos, Dani y Sonia, que escuchaban rock, sobre todo nacional. Ellos fueron importantes en la motivación. Dani nos grababa de muy chicos cantando temas de Charly García y otros artistas.
También en mi casa se escuchaba mucha música, en un Winco.  Mi viejo escuchaba folclore y tango; y mi vieja, Sandro, Roberto Carlos, El Trío San Javier y Sergio Denis. Unos simples que podía escuchar toda la tarde mientras limpiaba la casa.
Con mis hermanos compramos nuestro primer disco Rockas Vivas, de Zas. Por insistencia de mi hermano mayor Matías, a quien debo mucha de esa educación musical. También le debo mucho a mi primo Leandro, quien nos pasó mucha música, sobre todo, punk y postpunk.

¿Y cómo nacen y se desarrollan tus proyectos musicales actuales?
Los Tenders, surge de una necesidad de hacer algo escénico. Como me aleje del teatro en el año 2009, extrañaba actuar. Además, quería hacer algo para complementar mis muestras de pintura. Ya había tenido otros proyectos con mi hermano Hernán, que no prosperaron como Frecuencia, Cabaret y Delay (https://www.youtube.com/watch?v=xCd8t6PJTHA). Así fue que retomamos la senda musical con un tema que hacíamos en Frecuencia: “Sin pedir perdón”, que grabamos con Silvana Reitano, mi mujer y cómplice en este proyecto. Luego grabamos “La Mexicana”. Empezamos a tocar con un baterista, Emiliano, y fueron saliendo temas. Así, terminamos grabando otros seis temas para poder completar un disco.
Mi otro proyecto musical, Offside, nace de la experimentación, en solitario. Tenía varias ideas, que venía probando solo. Por ejemplo, pasajes sonoros que duraban entre 10 y 20 minutos. Todo el material de este proyecto está grabado en vivo, en una sola toma. Son improvisaciones con guitarra y un teclado. Luego se me ocurrió invitar a un ex alumno mío, Ezequiel Garibaldi, a sumarse. Él había remixado “El eterno”, para Los Tenders. Sabe mucho de sonido y podía darle una mejor sonoridad a estos experimentos sonoros. Lo interesante es que ahora soy yo quien aprendo de él.

¿Cómo podrías definir tus proyectos, en que se diferencian?
Los Tenders (https://lostenders.bandcamp.com), es algo más relacionado con la canción, la melodía es algo que siempre me fascino. Siempre me gusto cantar y componer,  es algo que me moviliza mucho, como pintar un cuadro.
En cambio, Offside (https://offside.bandcamp.com/album/offside) es lo opuesto, es más un juego. No hay reglas.
Puede ser un solo acorde que se prolonga sin sentido. En la actuación siempre me fascino la improvisación. Es increíble lo que puede surgir si te entregás al juego. Es como entrar a un portal mágico, donde te transformás en otro. Después hay mucho de collage, cortar y pegar.

¿Cuáles son los músicos que más te influencian en tus proyectos musicales?
Muchísimos y de todos los estilos. No soy muy purista, escucho de todo. Pero, seguramente, lo más influyente sea el pop rock de los 80 y 90. Igualmente, creo que las influencias vienen de todos lados, no solo de la música.

¿Qué es ser un músico emergente en la actualidad, para vos? ¿Cuáles son tus objetivos?
No soy una persona que esté pensando mucho en objetivos. Me gusta que fluya. Me considero más un laburante del arte, que un artista. Por supuesto, tampoco me considero un músico, como dije antes, en el sentido estricto de la palabra. Disfruto mucho haciendo, el proceso es más importante que el resultado. Es algo hasta terapéutico.
Pero, quizás, sueño con grabar un buen disco, algo que la gente lo escuche y diga: “¡Que buen tema!” o que  lo emocione de alguna manera. Y lograr un buen sonido en vivo, por supuesto.

¿Pensás que el haber nacido en la Zona Sur del Gran Buenos Aires, con toda la impronta pop-rock que tuvo en los 90, te influenció en tu música?
Seguramente, y no solo en la música. Por ejemplo, podías ver a Babasónicos en Mala Milk, un reducto en Lanús, o en el colegio Piedrabuena. En ese momento, el público no éramos más de 20 personas. Así como, más tarde, tocar en Portofino, otro reducto lanusense, sobre la calle Pavón, y que entre el público estén los chicos de Juana La Loca. O      ver a Los Visitantes, en el Teatro de las Nobles Bestias, en Temperley, con esa formación de salud universal. Palo (Pandolfo) se prendía fuego, era genial. Toda esa movida sónica, realmente fue algo movilizador. Como aquel ciclo Vamos a ver lo nuevo, en Die Schule. En una noche podías cruzarte con Cerati, Melero, Zeta Bosio, Richard Coleman, Pettinato o Palo Pandolfo. Y en el medio del recital, venía Chabán y te mostraba un cortometraje experimental, con una canilla goteando y un ruido abrasador. La primera mitad de los 90, creo que fue una época gloriosa del rock, después todo se volvió todo más futbolero, con menos vuelo.

Sos artista gráfico, docente, músico, actor.  ¿Cómo articulás, si es posible, tantas actividades artísticas en una misma persona?
Bueno, yo y mis personalidades múltiples, convivimos muy bien con eso… (risas) No suelo separar lo artístico en categorías. Muchas veces me preguntaron: ¿Que te gusta más, dibujar o pintar?  La verdad es que nunca lo vi como algo separado, lo mismo me pasa con la música y la actuación. El arte es mi motor. Sueño; dormido y despierto, con el arte. Si es que vinimos para algo a este mundo, en mi caso, sin dudas, es para hacer algo artístico.
Es mi compromiso, mi religión y mi dios. Más allá, que a veces piense,  que todo lo que podamos hacer en este mundo no tiene ningún sentido. Por otro lado, siempre fui una persona inquieta. Me gusta buscar y conocer cosas nuevas. Probar diferentes maneras de expresarme.

Y en este punto, ¿cómo influyen otras artes en tu obra musical?
Todo puede influenciarte de alguna manera. Solo hay que tener la antena siempre encendida. Hay que ser receptivo, no hay que tener miedo; a la hora de crear, todo sirve. Desde una charla de desconocidos  en el colectivo, hasta una función de ópera, todo puede dispararte una idea para crear algo. Me considero un buen observador, eso es fundamental, después hay que ver que hacés con esa observación.

¿Dentro del rock argentino e internacional actual, con cuáles grupos y solistas te sentís emparentado?
No creo estar emparentado con nadie, pero puedo nombrar algunas cosas que me gustan. De acá: Los Espíritus, Bosques, Legüero, Bestia Bebé, Sombrero, Jackson Souvenirs, The Nocovers, Iguana Lovers.
De afuera: Cigarretes After Sex, Seapony, Verstärker, Belgrado, Real State, Low, Camila Moreno y Explosions in the Sky.
Ahora estoy escuchando mucho funk, algo a lo que nunca le di mucha bola: Funkadelic, Parliament… Tienen una cantidad de discos increíbles. También hay unos pibes de acá con una propuesta muy interesante: Del Valle.

¿Cómo componés? ¿A partir de una idea, un sonido, una letra?
Nunca es igual, pero, generalmente me sale de tocar la guitarra, un riff, un par de acordes. Luego surge algún balbuceo, un boceto de melodía. Puedo tararear o silbarlo por días, hasta que encuentro algunas palabras. Me ayuda mucho silbar, hago arreglos a partir de esos silbidos. Siempre me sirvió grabar y escuchar, eso es primordial para apropiarte del tema. Otras veces sale todo de una, letra y música, como en mi tema “La mexicana”. Salvo el estribillo, que se me vino a la cabeza yendo a la panadería, una mañana. Tenía la melodía sola. La veníamos tocando así, de hecho, la primera vez que la tocamos en vivo, no tenía el estribillo.

¿En qué estilo encasillarías a tu grupo Los Tenders, como craneaste su disco?
No podría encasillarlo en ningún estilo. “el peor enemigo del artista es el estilo”, decía Picasso, y creo en eso. El disco no estuvo muy pensado, se fue dando. Tenía muchos temas y quería que queden grabados. Me gusta la idea de dejar un registro. La idea de grabar un disco me perseguía desde la adolescencia. Muchas cosas que hacíamos eran realmente buenas, y a veces me da bronca que no hayan quedado grabadas. Por otro lado, ahora siento más confianza para tocar y cantar. Ahora es más fácil, todos pueden grabar, editar y publicar. Internet democratizó un poco el arte y la difusión. También, un pilar importante en este álbum fue el aporte de Norman Mc Loughlin, que produjo y toco en algunos temas, él ayudó mucho a mejorarlos.  Y los músicos invitados, por supuesto. La trompeta de Largui en “La mexicana”, las armónicas  de Ezequiel Taborda en “Lou York” y “Folky” y la batería de Gabriel Boccanfuso en “El eterno”.


¿Cómo procesás todo el background que traes, luego de escuchar tanta música en tu vida, y las influencias que ésta te fue dejando, a la hora de crear algo nuevo a partir de eso? ¿Es un trabajo mancomunado, a partir de tus gustos comunes con los otros autores del disco?
La verdad, no pensamos mucho en las influencias, pero, seguramente, hay cosas que están ahí. Pero no sé cómo llegan.
Con mi hermano Hernán compartimos muchos gustos musicales. Y eso se da naturalmente.
Silvana, mi compañera, en cambio, no escucha mucho rock, pero fue aportando muchas cosas melódicas en las voces, que sirvieron para mejorar los temas. Ella, además, estudió música y me ayuda mucho con cuestiones teóricas. Hoy está más comprometida con el proyecto, toca teclados, melódicas y sintetizadores, en los nuevos temas que estamos grabando, además de la voz, que es su instrumento principal. Por otro lado, Hernán dejó el proyecto un poco antes de presentar el disco en vivo, con Cristian Buera en percusión y Andrés Fuscheto en bajo. Luego ingresó Maximiliano Betti en guitarra. Con Andrés y Cristian tocamos unos meses el año pasado, pero ya no forman parte del proyecto. Con Maxi compartimos muchos gustos estéticos, música, cine. Es una persona muy comprometida, eso ayuda mucho a la hora de trabajar. Por eso, ahora estamos ensayando más, grabando maquetas en casa. Eso sirve para pulir los temas y el sonido. Todos aportamos algo al proyecto del grupo como podemos.

¿De dónde sale la frase “Canciones simples para gente común”, que le puso título al trabajo de Los Tenders?
Un día, soñando despierto, yendo a tomar el tren, venia pensando cómo ponerle al disco, y en Plaza Constitución, un evangelista dijo varias veces: “Algo simple para el hombre común”. Estaba dando testimonio. Creo que se refería a pedir perdón. Muchas cosas que escribo las escucho, o las leo en algún lado. A veces las anoto en un cuaderno que suelo llevar para dibujar. “Ruta Madre” fue un WhatsApp de mi hermano Hernán. Quiso decir que Echo and the Bunnymen estaban sonando de puta madre. El corrector del celular lo cambio y ¡Eureka!

¿De dónde se les surge el eclecticismo del álbum, y esas canciones cuyas letras parecen salidas de pequeñas historias de películas?
No me gustan mucho los discos donde todos los temas suenan igual.
El chiste era hacer como un “Grandes éxitos”. Quería que haya un poco de todo. Además algunos temas eran viejos, escritos con otra cabeza. Salen de muchos lados. “El eterno” está dedicado a Pablo, un amigo que ya no está en este plano físico. Hay ciertos guiños autorreferenciales, aunque vivo en mundos de cine, no hay señales de algo que vive en mí… (risas)

En el sonido del grupo hay mucho uso del slide, ¿en qué te basaste?
Es un recurso más. El slide es así, siempre ayuda. Es “el slide de la gente”, como dijo Norman.

¿Y  el proyecto sonoro de Offside, cómo lo craneaste?
No está muy pensado, es desde el disfrute de tocar y probar diferentes cosas. Pura experimentación.
La idea es: La no idea.
La única consigna, por ahora es la no-canción. Otra cosa es que no quería cantar, no estar pendiente de tener que decir algo. Sí hay voces, pero grabadas o de algún invitado.  Es un proyecto a distancia. Todavía no tocamos juntos nunca. Yo le paso algo por mail a Ezequiel, él lo trabaja, me lo pasa, yo sugiero algo, se lo paso y así. Una onda “The postal service”.

En el proyecto de Off Side se notan reminiscencias de la música de los Residents o Brian Eno, además de collages sonoros propios de la música electrónica ambient o incluso académica. ¿Coincidís?
Sí, totalmente. Me terminé de animar a hacerlo así, después de leer Océano de sonido, de David Toop. Empecé a grabar sonidos ambientes con un micrófono condenser. Y empecé a pensar cómo integrar esos sonidos con guitarras y teclados. Siempre me intereso la música electrónica e instrumental, pero no sé mucho, sobre todo de programación de beats, por eso, de a poco voy aprendiendo. Lo próximo será grabar más profesionalmente, con mejores equipos.

¿Cómo y porqué se te ocurrió incluir fragmentos del álbum Brian Jones Presents The Pipes of Pan at Joujouka en el tema "El Monte de Chingolo"?
Es un disco que me encanta y servía para lo que buscaba, me gusta escucharlo mientras pinto o dibujo, me transporta. Quería algo tribal. Tenía la voz de mi abuelo cantando “La hija de Juan Simón”, una canción española, pero no pegaba mucho, así que se me ocurrió ponerla al revés y cerraba perfecto. Agregué su frase de cabecera: “Dale Pajarraco”, un grito de mi abuela llamando a mi mamá y el canto de unos chingolitos.

En “Globos Vacíos” hay una toma de posición muy clara en cuanto a la actualidad político-social de nuestro país, ¿cómo se te ocurrió hacerlo así?
Fue la primera vez que hice algo con teclado, pasé la batería y el teclado por un delay. Tenía un texto escrito, pensaba leerlo o que alguien lo haga, como en “El año de los dos inviernos”, donde invité a una amiga a leer una poesía en francés. Se lo mostré a Ezequiel y le comenté la idea, ya que pensaba en poner una voz distorsionada, y meter alguna frase de Macri en el medio. Finalmente quedó así, una especie de decálogo de la mentira Macrista. Eze se tomó el trabajo de escuchar y seleccionar esos discursos que usamos en el tema. Un trabajo chino, una tortura, realmente. Cada vez que lo escucho, se me hace insoportable. La idea básicamente es esa: que moleste.
Sin dudas, este será recordado como uno de los peores gobiernos de nuestra historia. Un presidente que lee y de tres palabras se equivoca dos. Triste y surrealista al mismo tiempo. Lo más loco es que lo hayan votado. (
https://www.youtube.com/watch?v=1-SvXyqr69E)

¿Qué discos y artistas les recomendás a nuestros lectores que no pueden dejar de escuchar?
. All That Noise, (The Darkside, 1990)
. The Perfect Prescription
(Spacemen 3, 1987)
. Meets the Space Invaders
(Scientist, 1981)
. Space
(KLF, 1990)
. Heaven and Heart (Jah Wobble, 1995)
. Obraz (Belgrado, 2016)
. El Centro del Vacío (Bosques, 2014)
. La Jungla de Metal 2 (Bestia Bebé, 2015)
. Las Ligas Menores (Las Ligas Menores, 2014)

¿Cuáles son tus proyectos a futuro?
Esperamos poder tocar con Los Tenders este año. Estoy planeando una muestra para fin de año. Mientras tanto seguimos grabando nuestro segundo disco. Con Offside puede salir algo en vivo, también. Los discos se pueden descargar gratuitamente desde Bandcamp.

Emiliano Acevedo