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lunes, 14 de septiembre de 2026

PRECISIÓN Y VERSATILIDAD, entrevista a Luis Ceravolo

 

Como baterista y músico integral, Luis Ceravolo merece un perfil que no quede reducido a sus trabajos con Astor Piazzolla y Luis Alberto Spinetta, porque su trayectoria profesional es muchísimo más amplia: fue músico de sesión, trabajó para bandas sonoras de publicidades, integró la orquesta televisiva estable de Canal 13 y desarrolló una carrera como baterista profesional de enorme versatilidad con infinidad de artistas grandísimos. Y es que el devenir de Ceravolo permite entender muy bien el funcionamiento de la música porteña desde los años 70 en adelante. Su perfil profesional se construyó sobre una característica que mantendría durante toda su carrera: la capacidad de moverse entre lenguajes musicales muy diferentes. Jazz, tango, folklore, rock, fusión, música popular, televisión y publicidad formaron parte de su actividad. 

Ceravolo es un músico acostumbrado a trabajar dentro de estructuras de producción que exigen precisión, lectura, adaptación y rapidez. Músico de oficio, es capaz de poner su conocimiento instrumental al servicio de cada producción que le toca hacer, además de sus proyectos artísticos personales. Compositor, arreglador, productor y docente, su propia biografía profesional lo define justamente de esa manera. 

Sin dudas, Ceravolo pertenece a una generación de músicos argentinos que podían pasar del escenario de jazz a un estudio de grabación, de una orquesta de televisión a una sesión publicitaria y de allí a una banda de rock o a un conjunto de tango, manteniendo en todos los casos un altísimo nivel profesional.

ENTREVISTA> ¿Cuál es tu actualidad musical? 

Ahora tengo un grupo que se llama Luis Ceravolo 4, en el que hacemos una música de fusión de tango y jazz; ahí tenemos un repertorio con muchos temas de Piazzolla, un tema mío y temas de otros compositores. También tocamos un tema de jazz llamado “Cherokee”. Esta versión la hice en baguala, pero suena medio tango también, porque al tener un bandoneón, los arreglos son tangueros y los músicos tienen ese espíritu, porque en mi grupo todos los temas tienen solos y eso los convierte en una cosa bastante original, ya que en el tango no se improvisa, pero en este grupo todos tienen que improvisar. El piano, el bandoneón, la batería, el contrabajo, obviamente todos tocamos solos. Después también estoy trabajando en A 18´, que es un grupo que se dedica a hacer música de Spinetta. Y también toco en trío con la cantante Alejandra Martin. 

Vos venís de una familia de músicos, ¿no? 

Sí, es verdad. Mi viejo era químico y pianista. Repartía su vida entre su trabajo -que era lo que más lo tenía comprometido- y la música, pero él se hacía su tiempo para dedicarse a la orquesta, con la que tocaba en programas de radio, dos veces por semana. Él tocaba el piano y hacía los arreglos para la orquesta de piano, contrabajo, batería, vibráfono, percusión y cuatro violines. Mi hermano, que era cuatro años mayor que yo, tocaba el vibráfono en la orquesta y después entré yo tocando la batería a los 13 años. Estando en la orquesta hacíamos viajes en cruceros todos los veranos. Era mi felicidad tocar ahí, me pasaba el año esperando la época de los cruceros, porque aparte ganaba buena guita. En los cruceros viajábamos al Caribe, a Sudáfrica, era impresionante. Así empecé con la música, tocando en la radio y durante trece años en los cruceros. 

¿Y cómo seguiste? 

A los 16, 17 años ya estaba tocando en un grupo. Yo había conocido muchos músicos y empecé a tocar profesionalmente bastante rápido. 

¿Y por qué elegiste la batería? ¿Qué fue lo que te apasionó del instrumento? 

La verdad es que me gustaba estar al lado de los diferentes bateristas que acompañaban a mi viejo, desde que era chiquito. Primero estudié piano, a los seis años. Pero a los 11 o 12 empecé con la batería, y ya me enganché con el instrumento. 

¿Y quiénes eran tus referentes en la batería? 

Carl Palmer era uno que me impresionaba mucho por lo que tocaba y por la técnica que tenía. Era un tipo que se ve que había estudiado clásico, había estudiado muy en serio la batería. También me gustaban Tony Williams y Elvin Jones. Otro que me apasionaba, uno de mis máximos referentes, era Peter Erskine, que tocaba con Weather Report. También me encanta Steve Gadd. Por supuesto, soy muy fan de Max Roach, Buddy Rich, no sé, muchos tipos. Otro es Jeff Porcaro, de Toto, otro capo. 

¿Cuáles fueron tus primeros grupos luego de tocar con tu padre? 

Bueno, empecé a conocer músicos de jazz y por ahí tocaba con algunos grupos, en formaciones que no eran estables. Toqué en algunos grupos, pero el más importante terminaría siendo SOS, cuando yo tenía 21 años. Ahí conozco a Rubén Rada. Allí también estaban el trompetista Gustavo Bergali y el sueco Bo Gathu, que era el bajista y fundador de la banda. También estaba el Héctor "Finito" Bingert, un saxofonista uruguayo muy capo. SOS fue el primer grupo serio en el que estuve, pero duró poco, un par de años nomás. Grabamos un disco que se llamó SOS (Sonido Original del Sur), que fue una producción nuestra, independiente. Pero cuando terminamos de grabarlo no podíamos editarlo porque justo coincidió con la crisis mundial de petróleo, de escasez de vinilo, el elemento para hacer los discos. Entonces, la pasta se guardaba para los artistas que vendían mucho, que eran más comerciales, y nosotros como éramos un grupo nuevo y hacíamos una música que no era tan comercial, sino de jazz rock, funkero y candombe; no tuvimos lugar. El grupo fue una cooperativa en donde todos teníamos que ver en el armado. Fue una experiencia muy linda. El álbum apareció editado en Uruguay, pero nos estafaron, porque nunca cobramos nada de ese lanzamiento, ni siquiera nos avisaron, y usaron el nombre de Rada para titular el disco. Fue injusto ese lanzamiento. Recién hace seis años yo conseguí editarlo en Argentina, en el sello Aqua, y se hizo un cd con la gráfica como correspondía, con la foto de todos los integrantes y una ficha técnica completa con lo que tocaba cada uno, los arreglos, etc. 

¿Cómo conociste a Spinetta? 

Lo conocí antes de Invisible. Justo antes de armar ese grupo Luis se conectó conmigo y tuvimos una reunión, pero me borré. Me escapé de ese proyecto, que no sabía que iba a ser Invisible. Lo que pasa es que la propuesta me asustó un poco porque yo estaba estudiando, estaba en la facultad y su propuesta era ir a convivir y estar juntos. Hubiera sido divertidísimo, pero me lo perdí. Por tonto, seguramente, porque después ellos llevaron a cabo esa propuesta yéndose a vivir en una quinta en General Rodríguez. Justamente, ahora vivo bastante cerca de Rodríguez. Ellos vivían ahí toda la semana y después los fines de semana venían a Buenos Aires, al revés que todo el mundo, ¿no? Pero me lo perdí y recién tuve la segunda oportunidad de tocar con él en 1977, el año que fui a Europa con Piazzolla. 

¿Cómo se da ese reencuentro con Luis? 

Es que luego de la vuelta del viaje a Europa estuve unos meses sin trabajo y bastante angustiado por el cambio de vida. Yo venía de tocar con Astor en teatros impresionantes durante la gira, conociendo Europa, y luego estaba en Argentina sin guita y sin la batería, porque recién llegó como tres meses más tarde. Era una situación de mucho bajón. Así que empecé a tocar en un boliche, en un club de jazz con Santiago Giaccobe y Ricardo Sanz, y ahí aparecieron un día Spinetta con Machi, y se quedaron a escuchar toda la actuación. Cuando terminamos de tocar, Spinetta me dijo: "Me gustaría que entres a la banda que estoy armando." Así que fue un año que empezó muy bien con Piazzolla y terminó súper bien con Spinetta… 

Estando en la Banda Spinetta hicieron el repertorio de Los Espacios Amados que quedó prácticamente inédito… 

Sí, quedaron inéditos, aunque se podrían haber grabado. Él retomó luego el formato canción y le fue muy bien. Yo me fui del grupo de Spinetta porque empecé a tocar con Rada en La Banda, y me divertía mucho tocar ahí. Igualmente, fue muy difícil dejar de tocar con Spinetta. No sabía que iba a formar Spinetta Jade, pero Luis quería que siguiera tocando con él. Pero bueno, no podía hacer las dos cosas. Con Spinetta había que tener una dedicación exclusiva porque había muchos ensayos y lógicamente no podías faltar jamás a un concierto, esa era la forma en la que se tocaba con Luis. 

Esa época de Spinetta fue muy jazzera… 

Sí, tal cual. Los temas eran loquísimos y super complicados. Muy difíciles y por eso necesitábamos ensayar muchísimo. 

¿Qué cosas te acordás de ese momento? 

Éramos muy amigos con Luis. Muchas noches nos quedamos escuchando música y charlando. Fue una época muy linda. Todos teníamos mucho tiempo y los ensayos eran muy divertidos. Hubo una época que ensayamos en la casa de mi madre en Castelar. Así que nos íbamos allá y pasábamos el día. Yo tenía un cuarto en donde teníamos todos los instrumentos. Íbamos dos o tres veces por semana allá. Era una casa muy grande con terreno y entonces jugábamos al scalextric en los descansos o al tiro al blanco. Machi era el preparador de los autos y nos moríamos de risa. Pero laburábamos un montón también, ensayando ese repertorio. 

Fue una buena época del Flaco, además vos lo acompañaste en su viaje a Estados Unidos, ¿no? 

Sí, fuimos a Estados Unidos, pero yo fui como amigo nomás, no a tocar. No fui a trabajar. Él fue a firmar un contrato con la CBS y estuvimos como tres semanas allá. Fue lindísimo. Estábamos en Nueva York con Spinetta y con Guillermo Vilas, porque Vilas fue el contacto que tuvo Spinetta con la CBS. Vilas era un tipo muy importante en esa época, por su suceso como tenista, pero además le gustaba mucho la música y era un fan de Luis. Así que bueno, estábamos ahí con un manager que le puso Vilas a Spinetta para que nos llevara a todos lados. 

Vos grabaste los demos de lo que después sería Solo el amor puede sostener, ¿no? 

Acá lo hicimos, pero eran grabaciones que luego no se usaron, fueron solo demos. No tenían buena calidad de sonido, algo que usualmente no pasaba con Spinetta ya que él era muy cuidadoso con eso a la hora de tocar. Los grabamos en un estudio que no era gran cosa, fue hecho solo para mostrar los temas a la CBS. Y tampoco grabamos todo el disco, hicimos cuatro demos nomás. 

¿Luego te gustó como quedó el disco norteamericano de Spinetta? 

A mí me gustó. A Luis no le gustó mucho, porque no le gustó la cosa medio Hollywood de las cuerdas, los arreglos, etc. Pero él cantó muy bien siempre y ese disco no fue la excepción. Pero a él lo que no le gustó fue que le metían mano en sus arreglos y ese no era por ahí el sonido que le gustaba, a él le gustaba como sonaban sus bandas, ¿no? De hecho, subestimó ese álbum. Aunque le pusieron un montón de guita no le gustó un carajo como quedó el disco. Tal es así que tuvo luego la oportunidad de hacer algo más en Estados Unidos y él lo rechazó. Luis siguió su camino e indudablemente es un mérito impresionante porque siempre siguió haciendo lo que él quería hacer. Siempre hizo lo que quiso. 

Volviendo a lo de tu época con Piazzolla, ¿Cómo surge el contacto para tocar con Astor? 

Yo creo la banda de Astor la eligió Daniel, el hijo. Creo que los músicos tenían que ser de jazz o rock. Igualmente, yo jamás se lo pregunté. El tema es que un día me llamaron, no me acuerdo si Astor o Daniel, para encontrarme con Astor en su departamento de la calle Libertador. Así que cuando fui no lo podía creer. Esos son llamados que a vos te parecen qué son mentira, que es una broma, ¿no? Pero me llamaron por teléfono y me dijeron que Piazzolla me quería llevar a una gira que iba a ser de un año. Yo hacía poco había visto al Octeto Electrónico, porque el grupo existía con otros músicos acá, estaban Giaccobe, Adalberto Cevasco, Juan Carlos Cirigliano, el Zurdo Roizner, Daniel Piazzolla, Antonio Agri, Horacio Malvicino… Todos musicazos. Era tremendo como sonaban. Yo fui a verlos en un club de jazz que se llamaba La Ciudad, muy lindo lugar. Y me quedé loco, eran fabulosos. Y a los pocos meses me llamaron para hacer la gira. Fue un momento de gran felicidad. Así que lo conocí a Astor en persona en ese departamento, donde nos contó un poco como iba a ser la gira. Luego, en París, vino a recibirnos al aeropuerto, nos llevó al hotel y después hubo una recepción en su casa. Fue todo maravilloso. 

¿Cómo siguió esa estadía? 

Al día siguiente fui a comprar instrumentos porque viajamos sin nada. Yo no llevé platillos, no llevé nada. Y uno o dos días después empezaron los ensayos en el Teatro Olympia, que era maravilloso. 

Una época muy progresiva de Piazzolla, se podría decir. 

Tal vez. Sí, puede ser. Influenciado no sé porque en realidad ya que todo es tango. En mi caso, si bien había batería en el tango, no era lo usual. Yo había escuchado a Mariano Mores, que tenía un baterista que tocaba bárbaro. Pero era más bailable y tropical, no sé cómo definirlo, era un poco más comercial, pero de buena calidad también. Astor había tenido a José Corriale, por ejemplo, que era un baterista y percusionista muy bueno y de una escuela muy clásica. Por supuesto, también tuvo al Zurdo Roizner, que era un capo. El Zurdo tenía bastante influencia jazzística por su formación desde chico. 

¿Cómo era trabajar con Piazzolla? 

Había mucha responsabilidad, pero fuimos a ensayar conociendo ya la música. No estoy seguro si tuve las partituras antes, pero sí escuchamos la música y estaba perfecta, super bien escrita. Astor sabía escribir para la batería, algo que no es tan común. Escribía muy bien, muy simple. Si vos tocabas lo que estaba escrito, estaba bien. Pero él obviamente esperaba el aporte personal de cada músico, ¿no? Por eso también llamó músicos que tenían más que ver con el rock y con el jazz. Así que él no era intimidante en ningún sentido, porque desde el primer ensayo la cosa sonó perfecta. Salvo Gustavo Beytelman, el pianista, que era muy capo, la mayoría no éramos tangueros. Ni Tommy Gubitsch, ni Osvaldo Caló, ni Ricardo Sanz, ni yo. Todos habíamos tenido muy poca relación con el tango. Yo había tocado tango con mi viejo, pero lo tocaba más como una cosa medio tango europeo, ¿entendés? Así que de tango ninguno de nosotros conocía mucho. Así que lo aprendimos escuchándolo a Piazzolla y tocando. Ahí pasamos a ser músicos de tango moderno al instante. 

¿Cómo se originó La Banda? 

Fue una iniciativa de Beni Izaguirre, el trompetista. Él tuvo la idea y nos juntamos en un restaurant de la zona norte en donde me contó el proyecto y me pareció fantástico. Beni se encargó de llamarlos a Rada, Navarro, Baraj y Sanz; de armar todo lo que fue La Banda. Empezamos a ensayar y había mucho laburo, pero no tantos lugares para tocar. No había muchos lugares, eran poquísimos. La Banda llenaba todos los lugares en donde tocábamos. 

¿Cómo fue grabar el disco? 

Grabamos en los Estudios ION con Amílcar Gilabert, el técnico, que era un capo. Fue hermoso grabar ese disco. Sí, fue una grabación impresionante en 24 canales, todo un avance tecnológico para la época, y además tuvimos la producción de Oscar López y nos pagaron muy bien, fue el único disco en que yo gané buena plata. Justamente, fue reeditado este 2026 y está genial. 

Una pena que La Banda no haya durado más… 

Sí, claro, fue un grupo tremendo, pero bueno, yo qué sé, fue así la vida. No sé qué pasó, puede ser que a Rada le hayan ofrecido ser solista, no estoy seguro cómo fue que se desarmó el grupo. Fue una pena. Lamentablemente, no tuvimos un representante que nos manejara bien, que nos guiara. Nos perdimos la posibilidad de tocar en un Festival en Córdoba en donde tocaron todos los artistas de rock de la época, eso hubiera estado buenísimo. Inclusive, podríamos haber seguido tocando juntos porque había material de sobra. Lo ponías a Rada y te componía de todo. Componía un disco en un día. El grupo sonaba muy bien y todos estábamos muy enganchados con ese proyecto, pero quedó ahí. 

¿Cómo fue trabajar con Oscar Cardozo Ocampo, Rubén Juárez y Susana Rinaldi? 

Oscar Cardozo Ocampo fue muy importante para mí. Éramos muy amigos y toqué en muchas grabaciones en donde él era el arreglador. Después, cuando hizo el grupo que se llamaba Folk Sin Límite, fuimos a tocar hasta a Japón. Con Oscar aprendí a tocar un montón de ritmos que no conocía y también conocí mucha gente del folklore. También estuve con Rubén Juárez, en el tango, un paso muy importante en mi carrera. Rubén era un divino, empecé con él en un teatro, en un espectáculo que duró como cuarenta días, me encantó. Con Susana toqué la primera vez en Mar del Plata, cuando aun estaba en la Banda Spinetta. Toqué un par de conciertos con ella en esa oportunidad. Susana es una artista tremenda. Tocamos con la orquesta de Atilio Stampone, un capo impresionante. Luego trabajé con Susana en un espectáculo en el Maipo, unos años más tarde, otra labor muy linda. 

Trabajaste con Manolo Juárez también, ¿qué recordás de esa experiencia? 

Manolo era un divino. Pensar que me he encontrado con él en grabaciones y él fue el pianista de una gira que hice con Roque Narvaja. Aunque parece mentira, Manolo Juárez estuvo de pianista de Roque, que es un fenómeno también. Fue fantástico. Nos hemos divertido tanto con Manolo, que además fue un musicazo. Después hubo una época donde yo toqué en su grupo y grabamos un disco muy lindo. Un álbum que se retrasó su edición porque a Manolo no le gustaba el sonido del piano. Se terminó editando mucho después, luego de su muerte. 

Finalmente, luego de tocar con tanta gente, te decidiste a formar tu propio grupo. ¿Cómo fue eso? 

Mirá, me presionó el pianista Cristian Zárate a hacerlo. Yo tenía ganas de hacer algo, pero nunca me ponía seriamente a hacerlo. Como que lo iba postergando, aparecían otras cosas y eso quedaba siempre en otro plano, ¿entendés? Pero se lo había comentado a Cristian, que tenía ganas de hacerlo y algunas ideas. Al final él me insistió y también mi esposa Alejandra, los dos. Y tuve tiempo para hacerlo, lo hicimos en la pandemia. Fuimos a grabar y me parece que la consigna era que grabase en Soundrec, un estudio que está por Serrano y Juan B. Justo. Ese estudio me daba la posibilidad de trabajar con instrumentos acústicos: bandoneón, contrabajo, batería y piano. Fuimos al estudio solo los que íbamos a grabar. Además de Cristian, me acompañaron Nicolás Enrich en bandoneón y Juan Pablo Navarro en contrabajo. 

¿Cómo craneaste ese disco? 

Ya venía con algunas cosas, las tenía anotadas, por ejemplo, el tema “Libertango” siempre estuvo en el proyecto. Empecé a estudiar diferentes maneras de tocar ese famoso 3/3/2 rítmico de Piazzolla, esa base rítmica. Es difícil, porque necesitaba mucha independencia de manos y pies, por eso le dediqué mucho tiempo. Y después me puse a deformar muchos arreglos, como pasó en “La puñalada”, a partir de una idea original de un arreglo de Cristian y del guitarrista Leonardo Sánchez, que finalmente terminamos haciendo juntos. También incluí el arreglo que había hecho del tema de jazz “Cherokee”, que lo había tocado con un sexteto mío anterior. 

¿Cómo surgió la idea de hacer el repertorio de A 18´? Porque ustedes se concentraron en una en una etapa de Spinetta que no era muy conocida por el gran público. 

Exacto, sí. Fue una idea mía que surgió a partir de que tenía ganas de hacer algo con Guille Arrom. Porque veníamos tocando con Guille en Anacrusa, el grupo histórico de José Luis Castiñeira de Dios. Así que un día le propuse a Guille porque no nos metíamos a hacer este repertorio de Spinetta, el disco A 18´del Sol y otros temas más de otras épocas. A Guille le encantó mi propuesta, mi idea era hacerlo con Machi. Lo llamé a Machi y dijo que sí. Luego llamamos a Andrés Beeuwsaert. Ahí a partir de ese momento fue siempre una cooperativa. La idea fue mía, pero luego fue una idea de los cuatro, con voz y voto por igual. Así empezó el grupo, pero después fue cambiando y fuimos incorporando otros temas del repertorio spinettiano. Después se fue Andrés Beeuwsaert y entró Álvaro Torres, que es un gran músico y también dueño de un empuje impresionante. Más tarde Machi se retiró y lo llamamos a Pato Resico, que fue un fenómeno realmente. Pato nos salvó, porque yo no sabía cómo íbamos a seguir sin Machi. Pero con Pato resolvimos muy bien el inconveniente y pudimos continuar. Con Pato nos pusimos de acuerdo para hacer los temas inéditos. Por ejemplo, él vino e hizo “Tanino”, cantándolo mientras tocaba el bajo, con una energía impresionante. De hecho, lo grabamos y quedó buenísimo. Y Pato se quedó hasta que pudo, luego tuvo dos ofertas de trabajo muy buenas, además de tocar con Nahuel Pennisi. Así que tuvo que dejar el grupo y lo llamamos a César Franov, el grupo siempre tuvo unos músicos buenísimos. Y el último en entrar fue Dhani Ferrón, que también es un fenómeno, tanto en la parte instrumental como en el canto. Siempre vamos agregando nuevos temas de Luis al repertorio de nuestros shows.

Emiliano Acevedo


martes, 17 de julio de 2018

TOCANDO SIN PARAR DE SENTIR, entrevista a Jota Morelli


Debido a su versatilidad como músico, desde muy joven, Jota Morelli se ha destacado como uno de los principales bateristas argentinos. Ha tocado con muchísimos artistas, adaptándose con soltura a variados géneros y estilos, ya sea rock, pop, jazz, fusión, reggae, funk, melódico, folklore… Sin dudas, Jota es un verdadero laburante de la música, y un estudioso de su instrumento. Porque no cualquiera se da el lujo de tocar con grandes del jazz internacional como Al Jarreau o Alphonso Johnson; y además con innumerables músicos de la escena local, entre los que se destacan Luis Alberto Spinetta y Pappo, dos de los más grandes artistas del rock nacional, y de los más recordados y nombrados por sus colegas -para corroborar esto basta con recorrer un puñado de las entrevistas que hemos realizado en nuestro blog-. Un lujo y un privilegio que Jota guarda en el fondo de su corazón. Por supuesto, también hablamos de su presente, que lo encuentra formando parte de la mítica banda Los Enanitos Verdes, además de su labor como solista.

Pero basta de cháchara, mejor empecemos a recorrer la carrera de este gran batero, apasionado por su profesión, quién, con simpatía y afecto, nos contó cómo fueron estas tres décadas vitales, dándole palo y palo a los tambores, el bombo y los platillos…

ENTREVISTA> ¿Cómo te iniciaste en la música?
Me inicié en la música gracias a mi querido padre, un excelente pianista de tango. Desde muy chico estaba todo el día con él y con mi abuelo, José Morelli, que tocaba el bandoneón y la trompeta. Ellos tenían dos bandas diferentes, una de tango y la otra de música pop. Por lo tanto, se puede decir, que a la música la llevo en la sangre. Ellos dos fueron mis mentores, junto con José Luis Sartén Asaresi, un increíble guitarrista y baterista, que lamentablemente falleció en 2012 en Suiza.



¿Por qué elegiste ser baterista?
Me decidí por la batería porque ya de chico golpeaba todo lo que tenía a mi alrededor. Por eso, más o menos, cuando tenía 3 o 4 años me regalaron mi primera bata de juguete (nada que ver con las que hay ahora para chicos, que son re profesionales…). Luego, cuando tenía 10 años, mi viejo me regaló mi primera strike drums, una batería nacional. En ese momento, toqué el cielo con las manos, no lo podía creer. Más tarde, durante comienzo de la secundaria, me acuerdo que formamos una banda llamada Apóstrofe. Luego llegaría Autobús, en donde hacíamos covers y temas propios. ¡¡¡Era pasión pura!!! En ese momento recuerdo que me sentía como que estaba partido en tres partes: fútbol, batería y colegio. En ese punto, tocar en el interior del país era muy divertido, pero duro a la vez, ya que no teníamos buenos equipos. Yo soy de Venado Tuerto, Santa Fe; una ciudad a la que voy todo el tiempo ya que tengo todos mis afectos ahí...

¿Cuáles fueron tus profesores de batería y qué aprendiste con ellos?
Mis profesores de bata fueron Carlos Riganti y Alex Sanguinetti. Con ellos aprendí muchísimo en lo que respecta a técnica e improvisación.

¿Qué artistas y discos eran tus preferidos en esas épocas iniciales?
Mis primeros discos fueron los de los Beatles, ¡a full! Después llegarían a mi vida Deep Purple, Led Zeppelin, Genesis, Yes, Pink Floyd, y todo el rock inglés de los 70. Después empecé a escuchar a Jeff Beck, quién, directamente, me voló el cerebro -y me lo sigue volando hasta el día de hoy… A fines de los 70 y principios de los 80, mi viejo me regaló un par de discos importados como Night Walker, de Gino Vanelli, y Face Value… el primero ¡de Phil Collins! Yo flasheaba con toda esa data…

¿Cómo definirías el hecho de ser músico? ¿Qué significa esta profesión en tu vida?
Ser músico es un regalo de Dios que valoro día a día, porque es pasión pura. Esta profesión ocupa mucho espacio en mi vida, a lo que siempre doy gracias...

¿Qué músicas y estilos te gustan e inspiran?
Soy muy abierto con los estilos musicales. Básicamente, soy un batero de rock que puede tocar varios estilos, pero siempre con actitud de rock. Me mata la música negra, todo lo que este tocado con swing. Me gusta y me divierte tocar casi todos los estilos, ya sea rock, soul, groove funk, ñu jazz, reggae… Por ejemplo, me inspira muchísimo el trabajo de Stewart Copeland (The Police), Weather Report, Pat Metheny, Stevie Wonder, Al Jarreau, Herbie Hancock, Mint Condition o Foo Fighters. También, a la hora de tocar, me mata la música de Led Zeppelin. Actualmente estoy tocando con la legendaria banda de rock Los Enanitos Verdes, y muchas veces, durante los shows, me inspiro en Copeland...

LOS QUERIDOS OCHENTAS

¿Cómo llegás a La Torre? ¿Cómo ves su obra hoy a la distancia?
Empecé a tocar en La Torre gracias al inolvidable Negro García López, el grosísimo guitarrista de rock. Él me presentó a Oscar (Mediavilla) y a Patricia (Sosa), con quienes compartí casi cuatro años de intenso trabajo. Durante mi participación en la banda, grabamos los tres primeros álbumes del grupo –uno de ellos en Ibiza-, y también tocamos mucho por el interior del país. Fue una experiencia increíble. Musicalmente, yo crecí muchísimo al lado de ellos. Sin dudas, esa fue mi primera banda “pro”. Aún hoy, escucho la música que hicimos en La Torre y me encanta. Los temas tenían unos arreglos increíbles.....



¿Cuándo y cómo te integrás a Madre Atómica?
Durante la época en que tocaba en La Torre frecuentaba mucho La Trastienda -no el boliche nuevo de San Telmo sino el viejo, que en los 80 estaba en Palermo. Ahí, todos los miércoles, tocaba Madre Atómica, que estaba integrado por Lito Epumer, Mono Fontana, Lucio Mazaira y Paul Dourge. Yo moría con esa música, era una gloria ir todos los miércoles a verlos, y yo me sabía todos los temas que tocaban. Hasta que Lucio se fue de la banda y me llamaron a mí para tocar. ¡Yo no lo podía creer! Así comenzó mi etapa en Madre Atómica. Seguimos tocando los miércoles, primero con César Franov en el bajo, quién luego sería remplazado por Guille Vadalá. Después, en el 86, grabamos un disco con esta formación en la que estábamos Guille Vadalá en bajo, Lito Epumer en viola, Mono Fontana en teclados, y yo en batería.

MAESTROS DE LUZ

¿Cuándo lo conocés a Spinetta?
Tocando con Madre Atómica porque de vez en cuando venía a vernos. Luis en esa época estaba tocando sin batero. Obviamente, siempre me morí con su música. Bueno, en el medio del proyecto de Madre Atómica toqué en varios shows con el Cuartero de Lito Vitale, con quien también grabe un disco, y también con Las Viuda e Hijas de Roque Enroll. En el 87, hice varios shows con Pedro Aznar, hasta que me llamó Luis para ser parte de su banda. El primer sueño cumplido, para mí...

¿Cómo era trabajar con él en los shows y el estudio?
En el 87, Luis tenía una tremenda banda, estaban Machi Rufino (bajo), Mono Fontana (teclados), Guillermo Arrom (guitarra), Chofi Faruolo (midi y efectos). Esa formación fue mágica –si quieren ver cómo era, hay varios videos de esa época posteados en YouTube. Trabajar con Luis fue algo especial, indescriptible. ¡Él era un artista increíble!, y por sobre todas las cosas, un ser humano alucinante. Recuerdo que era súper detallista en lo referente a los arreglos. En los ensayos era súper exigente, y a la vez me daba mucha libertad para aportar lo mío a sus canciones. Por ejemplo, Luis escribió las canciones de Téster con una máquina de ritmo y me pidió que humanice esos arreglos pero respetando a full sus programaciones. Algo parecido sucedió en Don Lucero. Para mí, fue un desafío tremendo tocar con él, una experiencia única. Tocando con Luis, participé en la grabación de tres discos: Téster de Violencia (1988), Don Lucero (1989) y Fuego Gris (1993); de los cuáles, mi preferido es el primero. Por supuesto, me afectó muchísimo cuando me enteré que estaba enfermo. Para mí fue como un padre, un amigo de esos que son increíbles... Lo extraño muchísimo...

¿Te acordás de la gira que hicieron en el 89, apoyando la candidatura a Presidente por el radicalismo de Eduardo Angeloz?
Lo único que recuerdo era que estábamos felices por hacer semejante gira, más allá del partido político, y nos hacía felices tocar en vivo y compartir la gira con otras bandas. ¡¡Eso fue un placer increíble!!

¿Por qué Luis decidió subirse a esa gira?
Se lo ofrecieron y todos dijimos que sí, pero por el hecho de tocar y poder presentar nuestro material en todo el interior del país, y eso era una linda oportunidad para hacerlo.

¿Cuál es el concierto que más recordás de esa etapa tuya junto a Spinetta?
El que más recuerdo es un concierto en Chile, en el 90 o 91, en el Teatro California de Santiago. Eso estuvo increíble. Tocamos mas de 3 horas esa noche y recuerdo que sonó alucinante.

¿Qué recordás de tu colaboración con Riff?
Lo de Riff pasó en 1985, durante cuatro meses, más o menos. Tocar con Pappo también fue una experiencia muy linda. En esa formación estábamos, junto a él, Jaf (guitarra y voz), Vitico (bajo) y yo. La banda era una aplanadora, se sonaba todo. Por supuesto, me hubiese encantado roquear mucho más tiempo con ellos, pero duró poco. Yo me hice muy amigo del Carpo, y compartimos muchas cosas. Fue un bajón tremendo que se haya ido... Pappo dejó un legado importantísimo, al igual que Luis. Son dos personas a los que voy a extrañar siempre muchísimo. Gracias a Dios, tuve la gloria de tocar con ambos, que para mí son los pilares del rock argentino.



Otro violero groso con el que tocaste fue David Lebón…
Sí, durante los 90. David es otro grande de la historia del rock nacional. Tengo los mejores recuerdos de la época en que toqué con él. También es una excelente persona, un gran tipo. Se podría decir que la forma de laburar es, más o menos, la misma entre todos estos artistas tan grosos...

CON EL REDOBLANTE BAJO EL BRAZO

Ahora hablemos de bajistas. ¿Cuál, de todos con los que tocaste, es tu preferido?
En verdad, tuve la dicha -o la gloria- de tocar con los mejores bajistas argentinos. No te podría decir cuál es mi preferido porque todos tienen algo distinto que me encanta. Imaginate, toqué con Gustavo Giles, Gaby Lazzarini, Guille Vadalá, Javier Malosetti, Pablo Santos, Cachorro López, Pulga Luciani, Pedro Aznar, Ale Herrera, Mati Méndez, Paul Dourge, Francisco Fattorusso… Y, en el exterior toqué con Alphonso Johnson, el legendario bajista ex Weather Report; Cris Walker -con quien estuve en la banda de Al Jarreau. Por supuesto, en la actualidad, estoy tocando con Marciano Cantero, también vocalista. 


¿Por qué decidiste radicarte en el exterior?
Cuando Spinetta desarmó la banda en el 92, mi idea inmediata era radicarme en Estados Unidos. Yo tenía contactos importantes con gente de allá que había venido a tocar y a dar clínicas en Buenos Aires; como Alphonso Johnson, quién vino a dar una clínica en el 94 y lo acompañamos con Madre Atómica. Otro sueño cumplido. En esa oportunidad, quedé en contacto con él, y, sumado a eso, había pegado muy buena onda con Renato Neto, Joey Heredia y Marco Mendoza –un increíble trío que también vino a tocar acá en los 90. Así fue que, cuando me fui a Los Angeles en abril del 97, ellos me ayudaron muchísimo en todo.

Antes de irte, tocaste con Diego Torres…
Sí, con Diego toqué 4 años y grabé tres discos. Fueron años intensos, realizando muchas giras por Argentina y toda Latinoamérica. Fue una experiencia lindísima, aparte, teníamos una banda de aquellas. También, durante esa época, integré diferentes formaciones, como, por ejemplo, el trío que teníamos con el Mono Fontana y Javi Malosetti. También, recuerdo mucho cuando tocaba en el club de jazz Oliverio con Luis Salinas, otro extraordinario y virtuoso guitarrista…

¿Cómo te surge la posibilidad de tocar junto un monstruo del jazz como Al Jarreau?
Como te decía, con Diego Torres toqué desde principios del 93 hasta mediados del 97. Luego, aproveché un parate de Diego, y partí hacia Los Angeles. Cuando llegué a esa gran ciudad me contactó Marcelo Berestovoy, otro tremendo violero, y comencé a laburar con Bandidos de Amor, un grupo que hacía el circuito de los pubs. Tocábamos muchísimo con esa banda. Ahí, lo contacto a Alphonso Johnson, y comienzo a tocar con él y nos vamos de gira a Japón. En esa gira el tecladista era Freddie Ravel, que es el que me contacta al año siguiente con Al Jarreau. Con Al comencé a tocar en marzo del 98. Ya conocía toda su discografía porque era fana de su música. Recuerdo que ensayamos dos semanas y salimos a la cancha, junto a Freddie Ravel (teclados), Ross Bolton (guitarra), y Chris Walker (bajo) Comenzaron las giras mundiales, y yo tocaba el cielo con las manos... ¡Ahí ya tenía el segundo sueño de mi vida cumplido!

¿Y cómo sigue tu carrera, luego de que volvés a Argentina?
Con Al Jarreau estuve haciendo giras durante 5 años. Ahí terminó todo porque Jarreau decidió parar por un año. Así que volví a tocar con artistas argentinos como Vilma Palma o Alejandro Lerner, hasta que, en 2004, regresé a la Argentina para tocar con Fito Páez; en una banda increíble en la que estábamos Gonzalo Aloras (guitarra y coros), el Negro Javier Lozano (teclados), Guillermo Vadalá (bajo), Fito, y yo. Eso fue alucinante, giramos por Latinoamérica, a full, durante tres años. Luego me convoca Luis Salinas para tocar con él y en 2009, me contacta Felipe Staiti para tocar en la legendaria banda Los Enanitos Verdes. Esa fue una sorpresa que no esperaba. Así que ahora estoy con ellos, y giramos mucho por Estados Unidos, México y toda Latinoamérica. En 2012 grabamos un disco nuevo (Tic Tac) con Los Enanitos Verdes, los dos meses siguientes hicimos gira por todo Estados Unidos, y luego giramos por Colombia y Ecuador. Giramos y tocamos un montón de shows a lo largo del año. La repercusión que tiene esta banda afuera, es increíble.

¿Qué recordás de la grabación de Tic Tac?
¡¡La grabación de Tic Tac fue increíble!! Una etapa hermosa de la banda. Recuerdo que ensayamos en Los Angeles, le dimos forma a los temas y nos metimos en el estudio a grabar. Quedamos muy felices con ese disco, que se grabó en el estudio Iglú en Los Angeles, con Gustavo Borner como ingeniero y productor.



¿Tienen pensado grabar un disco nuevo en un futuro cercano?
En este mes sale Huevos Revueltos. Ya está en Spotify y en Itunes. En realidad, Huevos Revueltos es un split en donde participamos dos bandas: Enanitos Verdes y Hombres G, de España.

EN PRIMERA PERSONA: YO, VENADENSE

Contanos acerca de algún concierto que hayas presenciado y que quedó en tu recuerdo.
Shows que me hayan volado la cabeza... Recuerdo a The Police, en River (2007); Yellowjackets, en el Gran Rex (2009); la Chick Corea Electric Band, en Obras (1986); Rush, en Austin, Texas (2011); Brad Meldau, en Argentina (2010)…

¿Y de los que tocaste vos, cuáles fueron los más inolvidables?
Seguramente, el que dimos en el North Sea Jazz Festival, en 2002, con Al Jarreau; un concierto alucinante; o cualquier show en los que toqué con Spinetta. Actualmente, con Los Enanitos Verdes tenemos shows gloriosos, también. Porque me dan mucha soltura para tocar, y puedo improvisar  en todos los shows. Eso para mí es buenísimo porque me divierto muchísimo arriba del escenario. ¡Con Felipe (Staiti, guitarra) y Marciano nos entendemos de primera!



¿Tenés alguna batería preferida?
Soy endorsement de la marca Sonor, esa es mi bata preferida. Su construcción es perfecta, y el sonido, único...

¿Te gustan los bateros exhibicionistas, preferís la sutileza o una mixtura entre ambos mundos?
A la hora de tocar prefiero la sutileza. No me gustan los exhibicionistas....

¿Qué música elegís para escuchar en la actualidad?
Ahora estoy escuchando Blue Hats, un disco de Yellowjackets (toda la discografía de los Yellow me encanta), también escucho mucho a John Mayer, Led Zeppelin, The Police, Miles Davis, Rush, y casi todos los discos de Earth, Wind & Fire. Y por supuesto hay mucha música que no dejaré de escuchar nunca, como la de Luis Alberto Spinetta, o el Mono Fontana solista. También el trío Epumer, Judurcha y Machi, la Francisco Fattoruso Band, Electrohope de Javi Malosetti, Al Jarreau, Herbie Hancock, Stevie Wonder, Mint Condition... La lista sería interminable.

¿Qué artistas te gustan del rock nacional actual?
Ahora hay muy buenas bandas como Ojo Bizarro o Mofos, dos grupos de Venado Tuerto que todavía son under pero que ya la están rompiendo. En mi opinión, el rock actual nuestro está en constante ascenso.

¿Cómo viviste el homenaje que te hicieron en diciembre de 2011 en Venado Tuerto por tus 30 años de trayectoria?
¡Fue increíble! Montamos un escenario súper pro con audio re groso, buenas luces y con bandas y solistas increíbles como Facu y Johnny Monty, Ojo Bizarro y Mofos. Mi viejo, Chilin Morelli, abrió el evento, y también me di el lujo de contar con la presencia de Felipe Staiti, Coyote Damiani, Palmo Addario, Ezequiel Guilardi, Cristian Judurcha; y un final de lujo con Esperanza Spalding y Leo Genovese. La municipalidad de Venado Tuerto, junto a Rodri García Lacombe, nos ayudaron con todo el armado del evento. Fue una noche gloriosa que nunca olvidaré. ¡Había más de 7000 personas! Y, por supuesto, ¡al final nos comimos un alto asado! (risas)

¿Qué cosas positivas y negativas encontrás en el negocio de la música, comparando cuando vos empezaste a tocar profesionalmente en los ochenta y la actualidad?
A mi entender, la música está muy corrupta en estos tiempos. Antes había que tocar bien sí o sí, ya que se grababa en cinta y no había Protools ni máquinas que te arreglen todo, como hay hoy en día. Por otro lado, el negocio cambió muchísimo, ya no hay sesiones de grabación ni se venden más discos, solo queda tocar en vivo…  

¿En qué andás ahora? ¿Cuáles son tus proyectos actuales?
Por ahora estoy de gira con Huevos Revueltos por el mundo. Enanitos Verdes y Hombres G, y realmente muy feliz con ese  proyecto. Tambien tengo mi banda solista con unos musicos increibles…

¿De qué se trata tu proyecto solista?
Ahí hacemos soul y funk, con Mati Méndez en bajo, Álvaro Torres en teclados, Axel Introini en teclados y Rama Molina en guitarra y voz. La onda es grabar algo antes de fin de año con esa banda. Nos encanta hacer versiones de temas, la mayoría instrumentales. Por ejemplo agarramos temas de Mint Condition, Miles Davis o Prince, y los versionamos. Tenemos un repertorio bien ecléctico, ¡como corresponde!

Emiliano Acevedo