miércoles, 18 de septiembre de 2019

LA VICTORIA ES TIEMPO..., entrevista a Roque Narvaja


Hablar con Roque Narvaja es un placer. Y aunque es difícil (por no decir imposible) recorrer una carrera de 50 años en una simple charla, en esta nota hablamos de bastantes cosas. Desde aquel éxito inicial con La Joven Guardia, a fines de los 60 y principios de los 70; pasando por su época de militancia con tres discos solistas bisagra: Octubre (1972), Primavera para un valle de lágrimas (1973) y Chimango (1974). También, por supuesto, de su fulgurante suceso español pop en los 80. Un largo recorrido que llega hasta nuestros días con su flamante álbum, Instrucciones para madurar, en los que resume varios de sus intereses como cantautor popular cuya creatividad se mantiene intacta.

ENTREVISTA> ¿Cómo estás viviendo el hecho de haber transitado ya 50 años de carrera que son, también, 50 años de “El extraño del pelo largo”?
En principio cuesta darse cuenta porque 50 años es mucho tiempo y uno sigue igual con las mismas ganas que al comienzo. Fue una suerte ver y vivir todo esto para contarlo o para cantarlo como dice Víctor Manuel.

¿Y cómo te llevás con este revival de la canción a partir de su inclusión en la banda sonora de la película El Ángel?
Básicamente, es más de lo mismo. Le estoy muy agradecido a esta canción. “El extraño…” fue el primer escalón de un largo camino, una canción mágica que a nosotros nos abrió todos los caminos. En ese momento, La Joven Guardia tuvo un éxito increíble. Y yo estaba terminando el secundario cuando eso pasó.

Un éxito que se trasladó a otros espacios, porque tus canciones hasta empezaron a ser cantadas en las canchas… Desde “La Reina de la Canción” en la época de La Joven Guardia hasta “Ni una palabra de más” mucho tiempo después…
Eso fue muy lindo. Una vez estuve con mi hijo en la cancha de Boca y nos llamó mucho la atención que la hinchada la cantara porque al vivir en España, nosotros nunca lo habíamos experimentado en vivo. Fue muy emocionante. Uno luego se acostumbra, pero no deja de ser algo muy lindo, un reconocimiento muy grande del trabajo propio…


En su época, a La Joven Guardia los acusaban de ser un grupo “comercial” sin embargo, tenían letras fuertes…
Sí pero porque vendíamos muchísimos discos. Ahora, si te ponés a hilar fino, “El extraño del pelo largo” no es una canción de amor, es un tema de tibia protesta en un momento en el que tener el pelo largo estaba prohibido. Creo que los que nos acusaban de ser “comerciales” era un grupo que pertenecía a un primer rock argentino medio reaccionario. Luego, con el correr de la carrera, uno se va olvidando de esas cosas, pero, en ese momento sí, yo me sentí un poco desilusionado porque me parecía que era injusto.

Igual, eras apreciado por personajes importantes del rock como, por ejemplo, el Flaco Spinetta que quiso darte un papel en la famosa opera (inconclusa) de Almendra, ¿no?
Sí, Luis Alberto me habló de eso. Nos veíamos siempre porque en esa época los músicos éramos tan poquitos que siempre nos juntábamos por ahí. Yo tenía una canción inédita,  “Morir”, que le gustaba mucho. Un tema que expresaba esa frustración existencial que teníamos por entonces en un país que vivía de un golpe militar en otro y en donde estaba todo prohibido. Luis quería hacer una ópera rock, creo que se llamaba “Cinco magos de agua”, y me dijo que me iba a convocar para ser uno de ellos con el personaje de mi canción. Nunca se terminó la obra aunque sé que se llegó a ensayar. Finalmente, no pasó, Almendra se terminó separando y el proyecto se archivó.

Muchos no se acuerdan pero también hubo otra canción bastante trágica, “La muerte del extraño”.
Sí, al “extraño del pelo largo” lo mató la policía. Claro, no tuvo mucho éxito, la conocieron solamente los fanáticos del grupo. La escribimos un poco para hablar acerca de lo que pasaba en la calle con respecto a la represión y otro poco porque queríamos sacarnos de encima al “Extraño…” que se hizo tan famosa que no nos dejaba avanzar, no nos dejaba mostrar nuevos temas.

¿En dónde te hace el clic, para después encarar en Octubre un giro lírico tan combativo con una música de raíz latinoamericana?
Nosotros viajábamos mucho y cuando estuvimos en el interior del país me di cuenta de que ahí había mucho más pobreza de la que uno se podía imaginar. También, estuvimos en Bolivia y en Paraguay. En Bolivia trabajamos mucho porque tuvimos mucho éxito y ahí conocí el Diario del Che. Sinceramente, ahí me hizo el clic, ahí nos empezó a agarrar las ganas de componer otro tipo de letras… En mi caso, no vino tanto del lado de la justicia social como de mi interés por tocar la guitarra pero, también, la bronca de que en la Argentina no había democracia me llevó a tomar una posición y combatir lo establecido, a ponerme de un lado de la vereda y decir que la situación tenía que cambiar. Ya con La Joven Guardia hicimos varias canciones comprometidas. No solamente “Los corderos engañados”, con Enrique Masllorens, sino varias más…

“Tu libertad” también está muy buena.
Sí, esa la hice yo y hablaba, casualmente, de eso. A los pibes los agarraba la policía y los fajaba, en las comisarías te cortaban el pelo…


¿En qué momento decidís hacerte solista?
La Joven Guardia comenzó a desarmarse de a poco. Después de eso ya me dieron ganas de hacer cosas solo. Me cansé de tantas peleas y de los manejos de la compañía, así que rompí todo y me fui. Ahí, Litto Nebbia, que era amigo mío, me acercó al sello Trova. Él me decía que en Trova nadie te molestaba, no hacían mucha promoción pero podías hacer tu disco tranquilo. Y así empezó mi carrera solista.

¿Tardaste mucho en componer Octubre?
No. Son canciones de la misma época. Las compuse a lo largo de uno o dos meses, no más que eso. Cuando grabé “Tu Libertad” con La Joven Guardia ya tenía compuestas varias de las canciones de Octubre y las guardé para hacerlas como solista.

En Octubre tenés canciones como “Traigan vino” o “De leche y miel” que evocan la vida hippie, ¿no?
Era así. Nosotros teníamos una actitud media hipona en la comunidad de la casa de la calle Conesa… A mí me caían bien los hippies pero cuando me cansaba me iba a dormir a mi casa… Cuando hacía frío me las tomaba (risas). Así que muy hippie no era…

En ese momento era muy jugado dedicarles una canción al Che y a Camilo Cienfuegos, ¿cómo se te ocurrió?
Eso surgió de la admiración que teníamos por la vida de estos jóvenes que habían hecho la revolución, que se habían sacado de encima a un tirano en Cuba. Creíamos que se podía hacer acá. Era más el deseo de poder cambiar las cosas que las reales posibilidades de poder hacerlo.

¿Y la letra de “A través de los Andes” de qué se trata?
Esa era una canción muy ocultista y muy hippie, también. Hablaba de un grupo esotérico que conocí y que decía que en los Andes había ciudades ocultas y otras civilizaciones. Hoy está de moda hablar de las famosas teorías de las conspiraciones. En ese momento, también. Había personas que decían que habían ido hasta allí y habían visto civilizaciones, ciudades de oro… Andá a saber que se fumaban… (risas) Entonces a mí se me ocurrió esa letra: “A través de los Andes, todos se van, buscando la eternidad…”

Y el disco se cierra con “Dame el sol”, en donde te mandás un solo de viola terrible…
Ahhh, esa la hicimos con Litto Nebbia. Él le puso música a un texto que escribí. Estuvimos colaborando juntos bastante, en un par de discos míos y suyos. Salieron muy bien las cosas que hicimos con Litto.


Primavera para un valle de lágrimas no es tan andino como Octubre, sino más pop y algo folclórico, ¿no?
Puede ser. Ese disco tenía una canción que, originalmente, se llamaba “Cuídate” pero como SADAIC no te dejaba registrar un tema con el mismo título que otro, le tuve que poner “Acuérdate de vivir… Acuérdate de amar”. Bueno, esa canción era muy beatle y luego tenía un repertorio con una impronta más pampeana, si se quiere. En ese momento, estaba haciendo planes para irme al campo. Esta era la idea que teníamos todos los que vivíamos en Buenos Aires. Como las canciones que escribían Pedro y Pablo acerca de irse al Bolsón y demás. Siempre hacíamos letras que hablaban acerca de la necesidad de irse, de dejar la ciudad. Primavera… es un disco más campestre, y después viene Chimango, en donde sigo con la misma línea, porque son canciones de la misma época.

Por ejemplo, ahí está “Zamba del Negro Rosario”…
Claro. Era un amigo nuestro del pueblo, tal cual lo dice la letra, una especie de Viejo Vizcacha o de Don Segundo Sombra, un sabio de la zona. Básicamente, un cordobés de la sierra: gracioso, oportuno y buen compañero. Era un tipo muy especial, para admirar.

En Primavera… también está “Balada para Piba”, otro tema comprometido.
Sí, esa es la historia de un dirigente que fue asesinado en Junín en medio de una interna sindical. Estas canciones son “fotos” que uno relataba. Me influenciaba un poco el trabajo de contar historias que hacía Dylan.

Una historia como la de “Zebedeo y Clara” en Chimango
Tal cual. Esa es una foto costumbrista del campo, inventada por mí, pero muy similar a otras historias que viví. Es como pasar por un lugar y que te cuenten una historia de una familia. Como la de Zebedeo y Clara. Zebedeo, un tipo que había trabajado toda la vida, que quería ver un plato volador; y la hija, que no hacía nada, que se la pasaba viendo televisión y decía que el padre era un salame… Eran cosas que pasaban en esa época, en donde ya había mucha invasión de la civilización en los pueblos chicos.

¿Y la historia de “Para Victoria”?
Esa canción se la dediqué a la primera hija de Enrique Masllorens cuando nació. Éramos muy amigos con Enrique, militábamos juntos…

Es una canción muy alegórica, también…
Sí, es que queríamos ganar algo, queríamos una “victoria”, salir de la B… (risas)

¿Qué balance hacés de esta trilogía de discos?
Me gusta mucho. Me parece muy válida, es muy honesta. Son trabajos que hice con todo lo que tenía para dar. Mis cuatro o cinco acordes y muchas ganas de hacer letras que contaran cosas, tocar varios instrumentos… Lo que quería hacer, lo hice. Lástima que en ese momento el público no acompañó tanto porque esas canciones no eran promocionales. En ese momento la promoción pasaba por otro lado, por el amor y el costumbrismo. Lo bueno es que la gente no las olvidó, lo que hace que, con el tiempo, sean más importantes esas canciones que los hits.


Lamentablemente, luego te tuviste que ir del país…
Sí, me tuve que ir. Me fui porque me prohibieron, no me dejaban tocar. Estaba muy fulera la cosa… Justo estaba grabando un disco que se iba a llamar Amén, en donde iba a meterme mucho con el candombe pero no lo pude terminar de grabar. Luego lo sacaron, con el título de Retrospectivo, cuando tuve éxito en España.

¿Por qué te prohibieron? ¿Por Octubre?
Me prohibieron, básicamente, por Octubre y mi colaboración con Pedro y Pablo en Conesa. Eso me hacía militante político y eran motivos más que suficientes para que se avivaran y me prohibieran.

Ya en España, hubo un cambio de estilo, ¿no?
Las canciones no cambiaron, cambié yo. Cuando me fui al exilio estuve haciendo varias cosas para ver que iba a hacer de mi vida y, a través de “Santa Lucía”, que fue un hit muy importante cantado por Miguel Ríos, encontré un camino muy importante para mi vida, una senda en donde cultivar, en donde trabajar con ese tipo de canciones, con baladas pop-rockeras. Pero también tengo en mis discos españoles un montón de temas variopintos en los que hablo de muchas otras cosas. Una cosa es el simple, lo promocionable pero dentro del disco tenés un montón de estilos y cosas variadas, como siempre me gustó hacer a mí.

¿Cómo manejaste el éxito de pegarla en la FM con tantos temas?
Me sorprendió, porque yo había llegado como exiliado, sin saber si alguna vez podría volver a Argentina, y de pronto las cosas me empezaron a ir bien. Pero el éxito también te convierte en una persona muy reflexiva. Tuve lugar para hacer lo mío, la gente me dio un espacio. Pero, sobre todo, lo más importante fue el espacio que me dieron los medios porque me podrían haber ocultado, eclipsado, pero eso no pasó. Por eso estoy muy agradecido con todo lo que sucedió en España. Hoy por hoy, te puedo decir que si estamos haciendo esta nota es porque yo la pegué en España sino me habrían olvidado rápidamente…


¿Cuándo te decidís a volver a la Argentina?
Fue de un día para otro. Yo había venido a hacer la gira del disco Al Natural, un cd que compilaba Un amante de cartón y Balance provisional, dos elepés españoles míos; y tuvo un éxito tremendo, se vendió todo, otra vez. Entonces me dijeron de la compañía Universal que viniera a hacer promoción. Y así fue. Me vine desde España, preparamos una gira, hicimos todo lo que queríamos hacer hasta que me agarró el Corralito, en el 2001. Y ahí, en medio de ese “barajar y dar de nuevo”, luego de que se cortó la gira, decidí quedarme para trabajar con los músicos, para que ellos no se quedaran sin cobrar. Trabajé muchos meses perdiendo plata o saliendo empatado para que no se quedaran sin laburo mis músicos.

¿Y ya te quedaste viviendo acá?
Me fui quedando pero de vez en cuando volvía a España. Aunque prefería quedarme más acá porque el éxito había sido muy grande y quería aprovechar esa visibilidad para seguir haciendo discos.

¿Cómo te surge la pasión por volar?
En la época en que viví en Junín fui a un club de planeadores porque me atraía el tema y empecé. Empecé a volar, me recibí de piloto de planeador que es una licencia deportiva. Después empecé a volar motor, después volé en España… Y cuando volví acá, era un piloto que volaba de vez en cuando, pero a partir del 2007, me decidí y me hice piloto comercial y volé once años. En total volé 26 años.


¿Cómo craneaste tu último disco, Instrucciones para madurar?
Surgió grabando con mi amigo y productor Mariano Brown, en su estudio. Grabamos jugamos un poco, nos divertimos. Son canciones que quería ver como sonaban, a él le gustaba hacer los arreglos; algunos los hicimos juntos, otros los hizo él. Y así nos encontramos con un disco que estaba terminado y que teníamos que defender. En un momento me dice: “¡Esto es un disco, hay que sacarlo!”. Dudé pero, por suerte, lo sacamos porque le gustó a mucha gente. Estoy muy contento de que nuevamente me den un lugar. Y es un disco que le gusta a todo el mundo hasta a mi suegra… (risas)

Este es un disco que condensa toda tu carrera, ¿lo ves así?
Puede ser, pero no fue planeado, salió espontáneamente.

¿Y por qué le pusiste Instrucciones…?
Porque tenía una canción que se llamaba “Instrucciones”, y que finalmente terminó abriendo el disco, en donde una persona reflexiona acerca del paso del tiempo, era una metáfora que se correspondía con el paso de tiempo real y, también, con el dar la cara nuevamente con un disco, ¿no?.

¿Qué música estás escuchando?
No soy un tipo que investiga mucho. Te tengo que confesar que escucho mucha música de mi época, cosas que no le había dado bolilla antes, ahora las escucho y ahondo en toda la obra e investigo todo sobre el autor y su obra. Por ejemplo, si antes me gustaba Neil Young, quería conocer todo sobre él; lo mismo Bob Dylan, o sea, conocer al personaje y conocer toda su vida, y saber porque hizo tal y cual cosa. Hoy, por suerte, se puede.

Emiliano Acevedo


miércoles, 7 de agosto de 2019

MARK HOLLIS: Viviendo en otro mundo


Dibujo: Elmer Toons (https://m.facebook.com/elmertoonsdibujante)
Mark Hollis (1955-2019) fue uno de los personajes más paradigmáticos de la historia del rock. Un genio incomprendido por las corporaciones discográficas, un artista que no se dejó guiar por los rankings ni las modas pasajeras: simplemente siguió su instinto creador.

Mark formó Talk Talk en 1981 y la aventura pop duraría hasta 1991. En ese período editaron cinco álbumes donde pasaron del synth pop edulcorado a la exquisita sofisticación. El primer trabajo de la banda, The Party’s Over (1982), fue producido por Colin Thurston, quien había trabajado para Duran Duran en EMI. Fue esta discográfica la que fichó a los jóvenes Talk Talk: Mark Hollis en voz y principal compositor, Lee Harris en batería, Paul Webb en bajo y el tecladista Simon Brenner. Ese primer trabajo está basado en el sonido de sintetizadores característicos de la época, con canciones pop sin demasiadas pretensiones. Al respecto, Mark Hollis declararía tiempo más tarde, que el uso de los sintetizadores fue únicamente para abaratar costos en las sesiones de grabación y que nunca se sintió plenamente identificado con aquellos sonidos, ya que sus influencias siempre fueron músicos de jazz, r&b o góspel, como Miles Davis, Gil Evans, Otis Redding y John Coltrane. Ninguna figurita pop de esa época se animaba a estas declaraciones por miedo a quedar un tanto fuera de moda ante sus fans, esto lo llevo a Mark a tener siempre una relación tirante con los medios musicales británicos que nunca pudieron encasillar al cantante. Ese mismo año salen de gira teloneando a unos Duran Duran archifamosos por toda Inglaterra, lo cual llevaría a que la banda fuera asociada al estilo new romantic, muy de moda en aquellos días.


Antes de grabar su segunda placa en 1984, It’s my Life, Simon Brenner abandona el grupo, y es reemplazado por el productor y multiinstrumentista Tim Friese-Greene. Este cambio será significativo para el grupo de aquí a futuro. Friese-Greene nunca fue considerado miembro oficial de la banda, pero sí un pilar esencial en la evolución sonora del grupo, y se transformó junto a Hollis en uno de los principales compositores de la banda. Con su segundo trabajo, Talk Talk dio un gran paso con los singles “Such a Shame” y la canción que da título a la placa. En 1986 llegaría la consolidación comercial con el disco The Colour of Spring, un trabajo que logra despegar a la banda de la etiqueta synth pop que tenían adherida desde sus comienzos. Canciones como “I Don’t Believe in You”, “Give it Up” y “Living in Another World” hacen que los Talk Talk salgan de gira por muchísimos lugares del mundo y vendan una enorme cantidad de discos. Hollis reconoce que su desafío fue concebir canciones con la menor cantidad de elementos posibles y cita como influencias de aquella época al grupo alemán Can y a los compositores contemporáneos Erik Satie y Claude Debussy.

Con el éxito del grupo en pleno ascenso, la discográfica EMI les dio más libertad creativa y un mayor presupuesto para lo que sería su próximo trabajo. De esta forma, el grupo se aísla completamente por casi catorce meses sin permitir que nadie de la compañía escuche las agotadoras sesiones de grabación en el estudio Wessex Sound. Así, en 1988, se edita Spirit of Eden, una obra maestra sonora, adelantada a su tiempo y considerada el puntapié inicial del post-rock. Mark Hollis declara que no se va a editar ningún single del nuevo disco, ya que es una obra conceptual, y la discográfica pone el grito en el cielo y -sin la autorización de los músicos- editan como simple el tema “I Believe in You”, lo cual desencadenó en la demanda del grupo hacia EMI. Mientras que la discográfica contrademandó a la banda por componer material “poco comercial”. Talk Talk ganó en la corte, pero las ventas de Spirit of Eden no fueron las esperadas y la discográfica les rescindió el contrato.

Spirit of Eden fue un trabajo hecho a la manera de collage, donde se cortaban y pegaban fragmentos que los músicos decidían luego de haber escuchado las interminables horas de grabación que poseían en su haber. Por eso es un disco en el que participan numerosos sesionistas a los que se les daba libertad para improvisar en las tomas. En este punto, el grupo ya estaba plenamente comandado por la dupla Hollis y Friese–Greene, quienes se niegan a salir de girar aduciendo que el nuevo material era demasiado complejo para reproducir en los conciertos. En 1991, ya sin el bajo de Paul Webb ve la luz Laughing Stock. En este caso para la compañía Polydor. Un disco aún más oscuro y despojado que su anterior obra, y que es la cima de la expresión de más con menos, además de  un trabajo inaccesible para sus fans de la primera hora. Un solo de guitarra de una sola nota de casi un minuto sobre capas de distorsión en el tema “After the Flood” dejan a las claras que, a esta altura, a Mark Hollis no le interesaba vender demasiados discos sino plasmar su arte a cualquier precio. Esta sería la última obra de Talk Talk como grupo.

En 1998, Mark Hollis editaría su único trabajo como solista, un álbum de título homónimo que serviría para cerrar la trilogía junto a las dos últimas producciones de su antigua banda. El trabajo solista de Hollis sigue la senda de Laughing Stock pero con un mayor uso de los silencios. Sin dudas, es un disco minimalista que requiere una escucha atenta, y poco recomendable para oídos que recién se acercan a la obra de este perfeccionista inglés. Un trabajo de una belleza abstracta con ritmos jazzísticos y meticulosas técnicas de grabación para absorber hasta los más mínimos detalles de los músicos al ejecutar sus instrumentos.

Sin dudas, la estela que dejó la obra de Talk Talk llega claramente a grupos de post-rock como Tortoise y Mogwai, y bandas como Radiohead y Sigur Rós también han reconocido influencias muy cercanas de discos como Spirit of Eden y Laughing Stock. En el año 2001, Hollis participó como músico y productor en Smilling and Waving, un disco de Anja Garbarek, antes de retirarse del mundo de la música

Mark Hollis, un artista con demasiado brillo para este mundo.

Leandro Ruano



martes, 9 de julio de 2019

¿QUÉ PASA CON LA MÚSICA POPULAR? (diario La Opinión, diciembre de 1977)



A fines de 1977, el diario La Opinión publicó una histórica nota (coordinada por Miguel Grinberg, Raúl Ivancovich y otros) que reunió a Charly García y David Lebón –antes de viajar a Brasil para iniciar el proyecto de Serú Girán- junto a Ariel Ramírez, Osvaldo Pugliese, Edmundo Rivero, Leda Valladares y Julián Plaza. La producción, que además del reportaje (tipo mesa redonda) incluía informes sobre el consumo y la difusión de la música popular argentina, se publicó el viernes 16 de diciembre y giró en torno a un interrogante: “¿Qué pasa con la música popular?” García y Lebón, como representantes de la corriente de música “moderna” fueron atacados por el resto de los músicos participantes, salvo quizá por un comprensivo Ariel Ramírez, debido a la supuesta falta de identidad argentina en la música rock. Algo que ahora parece anacrónico, a fines de 1977 podía ser parte de una discusión acalorada. Vista a la distancia, aquella nota puede entenderse como la puesta en escena de una tensión manifiesta entre los grandes valores del tango y del folklore de raíz frente al inocultable crecimiento del rock argentino, que llenaba estadios como el Luna Park.

Así que, volvemos el tiempo atrás, hasta hace más de cuatro décadas, para reencontrarnos con este jugoso e imperdible diálogo de dos generaciones de nuestra música popular. Aquí la nota completa.

LA OPINIÓN: La idea central básica respecto a esta mesa redonda es conversar acerca de la posibilidad de la existencia o no de una música popular nacional, tema éste muy discutido. Por ejemplo, se habla con toda certeza que Brasil tiene una música nacional. En cambio, en nuestro país habría una especie de coexistencia de géneros distintos. Trataremos de ver si tiene sentido hablar de música nacional; que posibilidades ven los integrantes de la Mesa para la creación musical en este momento; y, sobre todo, que perspectivas futuras puede haber con esta coexistencia de géneros distintos que son masivos. En consecuencia, para comenzar, le pediría a la señora Leda Valladares si nos puede definir o intentar aportar una definición acerca de que es la música nacional, cómo es este fenómeno musical de una región, de un país, de un pueblo; con que notas distintivas se podría caracterizar un proceso para hablar de música nacional.
LEDA VALLADARES: Es un poco difícil dar una definición que se pueda aplicar universalmente. Ese tema lo vengo pensando hace rato con respecto al folklore y el tango. Pienso que tenemos en el folklore, en la música anónima y centenaria las raíces de una música que puede ser regional o argentina o sudamericana, sobre todo el folklore andino, que abarca tantos países sudamericanos. Creo que hay sabor, rabia y sabiduría en esas fuente musicales. Luego está el fenómeno del tango, que es mucho más reciente y que también es un hecho típicamente argentino. A pesar de esos dos mundos pienso que se han desatado hará cincuenta años, una serie de movimientos autorales que han seguido dos caminos: el de continuar la huella, y el de desviarse hacia rumbos todavía no precisos. Es decir, lo que se llama “proyección folclórica” en este momento, tiene el camino de continuar las costumbres musicales del país o de ser infiltraciones totalmente jazzísticas o bossanovísticas. Creo que el jazz se ha infiltrado en la música de todo el planeta y en ello hemos caído nosotros. Creo que en la Argentina los músicos que no se atreven a encarar decididamente a ser músicos de jazz, hacen composiciones jazzísticas con ritmos argentinos, o con ritmos folclóricos o tangueros. Entonces creo que hay una cosa peligrosísima: que se va a perder carácter, se va a perder sabor, se va a perder fragancia a país.
CHARLY GARCÍA: Yo estudié música clásica cuando era chico. Me recibí y a partir un poco del fenómeno de los Beatles –esa revolución musical que el mundo empezó a vivir- es que me di cuenta de que podía componer, que podía expresarme, que hacía cosas que interesaban a los jóvenes. Es decir, que hacía una música que representaba a la juventud.
LEDA VALLADARES: Mas que al país, a la juventud,  internacionalmente, sin color local.
CHARLY GARCÍA: Con color local. Yo empecé un poco reflejando mi vivencia, después la vivencia de los demás chicos del barrio y después de Buenos Aires. Lo que hago yo es profundamente localista, si se quiere, en un sentido, y se puede decir que es internacional en otro, porque no vengo de las expresiones auténticas que ya están institucionalizadas, como el tango o el folklore. Si hiciera tango o folklore sería un mentiroso. Yo hago otra música, que si bien no puedo decir que es argentina, simplemente, es una música con la que se siente identificada mucha gente.
LA OPINIÓN: Entonces preguntaría si la fuente de inspiración o la referencia fue la de los Beatles.
CHARLY GARCÍA: Ese fue el puntapié inicial, hace mucho tiempo. Primero se cantaba en inglés, después se empezó a imitar a los conjuntos. Luego todo eso terminó y quedó una música bien diferente. Por ejemplo, he mandado cintas de lo que hago a la Berklee, que es un colegio de música de Estados Unidos, y se sorprendieron muchísimo, por cuanto no reconocían la música del rock convencional; era una cosa nueva, con un sabor muy distinto al que ellos tienen. Creo que allí es donde reside la potencia de la música que hacemos, que no es copia, una moda, sino algo muy profundo.
LEDA VALLADARES: ¿No crees que a pesar de eso tiene grandes dosis de jazz la música?
CHARLY GARCÍA: Sí. Es que yo cuando compongo no me encierro: unas veces me salen cosas tangueras; lo llevo en la sangre, no lo puedo negar, pero no mezclo en una licuadora. Yo por lo menos soy un músico que no me gusta componer con la cabeza, sino con el corazón. Si me viene algo del jazz está en el aire, porque eso está también en Buenos Aires.
LA OPINIÓN: Quisiera hacer un par de acotaciones. Es muy real la influencia del jazz en todo el mundo, pero en estos momentos los tradicionalistas del jazz en Estados Unidos están muy preocupados porque consideran que el jazz en la última década se ha ido generalizando, porque sus músicos están absorbiendo la música de otras partes, música sudamericana, música de la India, música del África, del Medio Oriente, al punto que en ese país hoy se habla de un nuevo jazz como música de fusión, donde ya no se están siguiendo las líneas tradicionales del jazz de siempre, sino uno nuevo, que llaman “música de fusión” que es completamente atacada por los tradicionalistas diciendo que eso no es jazz. En consecuencia, eso que mencionaba Leda Valladares de hechos que están ocurriendo, les están sucediendo a los norteamericanos.
LEDA VALLADARES: Es la infiltración del jazz en todas partes del mundo y de los ritmos sudamericanos en Estados Unidos o de los ritmos hindúes, en los que está siempre presente el jazz mezclado a algo asiático, africano, dado que el jazz tiene su origen en África. El jazz es más un maridaje entre Francia y África, entre Ravel, Debussy y África, que origina luego el jazz. Pero de todas maneras siempre está el jazz presente, existe una dosis muy grande de él en la música.
LA OPINIÓN: Por eso decía que ese fenómeno se está dando a nivel internacional y que probablemente sea una música del planeta Tierra por impulso de todas las generaciones y ritmos y algo que se está dando espontáneamente; no es una permutación de los músicos que están tratando de adulterar algo, sino que surge. Tal vez porque ésta es la época de los medios de comunicación masivos y la electrónica, que han hecho que el auditorio sea mundial. O sea, que algo que pasa musicalmente en un lugar, inmediatamente el altoparlante funciona en toda la Tierra. En el siglo pasado el regionalismo estaba condicionado por ese elemento electrónico que no existía.
Maestro Pugliese, ¿cómo ve este tema que estamos tratando de dilucidar en lo que hace a las expresiones de una música que podríamos llamar “nacional” y esta importación de que hablaba Leda Valladares? ¿Qué perspectiva puede surgir a partir de esta situación presente?
OSVALDO PUGLIESE: Creo que justamente con Julián Plaza y Edmundo Rivero somos representantes de un género, que es el tango. Este no es un género nuevo, tiene más o menos cien años de vida: pasó por muchos progresos y etapas. Las influencias que ha recibido del extranjero han sido la española y la europea y a partir de los años 20 y 21, luego de la Primera Guerra Mundial, la influencia americana, es decir, el jazz. Muchos músicos se han dejado llevar por esa influencia. Otros han permanecido fieles a la cosa tradicional y a la cosa progresiva. Es decir, a un desarrollo progresivo.


LA OPINIÓN: ¿Dentro de la música típica?
PUGLIESE: Estoy hablando del tango. Tengamos presentes que el tango forma parte, por su larga vida, del tronco, de la raíz de la música nacional. Tanto el tango como el folklore, son los dos únicos géneros que realmente representar en forma autentica a la música popular. Lo más importante de ver en este aspecto es que realmente el tango tenía una producción extraordinaria a través de distintos procesos. El último fue la época del 40 donde la mayor parte de la ocupación la constituía evidentemente un número bastante importante, casi podríamos decir el cien por ciento del sector profesional y también músicos de barrios que trabajaban en diferentes lugares. Con la desaparición de algunas fuentes de trabajo, sean cabarets, boîtes, confiterías, bailes populares…
L. VALLADARES: Radios también.
PUGLIESE: Exactamente, radios, se ha producido una gran desocupación y como consecuencia de ello, la inestabilidad económica que provocó en los profesionales, hizo que muchos de ellos tuvieran que irse al extranjero; otros, especialmente los dedicados a las cuerdas, se han refugiado en las distintas orquestas sinfónicas, y otros profesionales han dejado como quien dice este quehacer, para dedicarse al comercio o a cualquier otra actividad que les permita vivir. Creo que si el tango y el folklore forman la raíz de la música nacional y popular auténticamente y se tiene interés, como así lo demuestran muchos sectores y personalidades, en mantener este patrimonio nacional, me parece entonces que habría que pensar en su futuro y posibilidades, en cuanto a que se abran nuevas fuentes de trabajo. Es decir, aquí existen dos poderes grandes de difusión, que son la radio y la televisión.
LA OPINIÓN: ¿Eso significa que la música popular necesita una especie de protección interna?
PUGLIESE: No es una protección. Es necesario que esa fuente de trabajo, de la misma manera, como de un plumazo, resolvieron el despido de todos los músicos y artistas que estaban en la radio, se abra intensamente, sobre todo para nuestra música popular y luego para los demás ritmos que los distintos géneros comparten.
LA OPINIÓN: ¿Cómo ven esto que se plantea?
DAVID LEBÓN: En realidad vivo una cosa que es muy fuerte para mí, considero que soy simplemente un canal de la música, soy un ser humano que vive con eso adentro, que no sé qué es, lo que no ignoro es que se trata de algo que viene muy dentro de mi corazón, porque hay temas que compongo que me ponen la piel de gallina a mí mismo cuando las escucho, no sé qué es, si es música extranjera, tango o folklore. Sé que cuando toco hasta mi madre a veces llora…
LA OPINIÓN: ¡A mí también, cuando escucho “La Mariposa” por Pugliese, se me pone la piel de gallina!
LEBÓN: Creo que lo que hago y compongo, si no hubieran existido estos señores, no sé si hubiera existido en mí.
LA OPINIÓN: ¿Eso fue un proceso de elección?
LEBÓN: Es otra cosa.
LA OPINIÓN: ¿Es algo que reconoce alguna influencia anterior?
LEBÓN: [Con Sui Generis] Grabamos un tema que lo llamamos “Tango en segunda” y que es un tango, pero tocado como lo sentimos en ese momento. Yo siento que es muy profundo lo que está pasando y es muy cierto lo que decía el señor Pugliese, porque creo que debe ser así, esas puertas tendrían que abrirse a todos. Nosotros tenemos muchas puertas cerradas. Mucha gente dice que tocamos música extranjera. Nací en este país y de aquí no me voy. Me fui tres veces, porque económicamente me iba mal. Estuve en España, en Estados Unidos. Toqué en todas partes del mundo, pero siempre volví aquí. Sufrí mucho, porque nadie, en realidad, me reconoce como músico argentino. Pero igual no me voy a ir porque sé que algún día las puertas se van a abrir.
LA OPINIÓN: ¿Qué le parece, señor Ariel Ramírez? ¿Qué sugerencias le provoca este tema?
RAMÍREZ: Este es un tema que en los últimos años lo hemos escuchado muchísimo, es decir, si esa música es o no argentina. Estoy de acuerdo con lo que se termina de decir por parte del señor Lebón: toda persona que nace en este país, tiene el derecho de elegir la profesión que quiere, el trabajo que quiere y su manera de expresarse. Nosotros, por ejemplo, no podríamos decir que Alberto Ginastera no es un músico argentino: es un orgullo argentino, porque se ha consagrado a escribir óperas con argumentos italianos. No podemos negar la nacionalidad a un joven o a un adulto que en vez de crear con los elementos de raíz nacional, busca la inspiración en otros elementos, porque esa inspiración –he escuchado mucho esa música- está adecuada a un clima distinto del que se produce en música progresiva, en Europa o en los Estados Unidos. Es decir, en definitiva hay un sello particular que la distingue. La prueba está en que este tipo de música ha invadido Latinoamérica con un sello argentino.
LA OPINIÓN: Edmundo Rivero; usted, que ha trabajado otra especie de música nacional o al menos con un lenguaje distinto, que es el lunfardo, por ejemplo, que tiene esa característica particular que usted ha desarrollado y que todos conocemos como expresión ¿qué significa, de dónde surge, qué fuente de inspiración reconoce?
EDMUNDO RIVERO: Creo que todo lo argentino tiene fuente de inspiración en todas las latitudes del mundo, porque aquí existe un crisol de razas que no se puede negar, cuyas influencias tienen que ser externas evidentemente. Hay una música nacional de raíz propia que es el folklore provinciano, podríamos decir, puramente típico, ya sea del norte o del sur, pero también con influencias extrañas. Con referencia a la música que me toca cantar, debo decir que siempre me incliné por la cosa nuestra, a pesar de que de chico aprendí a tocar música clásica, cuando era joven también música de jazz, pero como entretenimiento o fuente de educación musical. Pero, como he dicho, me incliné siempre por nuestra música, ya que considero que existe una música nacional en todo el mundo. Nosotros tenemos la nuestra, que es el tango y el folklore, eso no se puede negar.
LA OPINIÓN: Tendremos entonces dos géneros musicales como música nacional.
RIVERO: Efectivamente, eso ya está aclarado y lo hemos dicho todos los que nos encontramos aquí.
LA OPINIÓN: Invito al señor Julián Plaza a que exponga su punto de vista.
JULIÁN PLAZA: En principio estoy de acuerdo con lo expresado por la señora Valladares. Lo que ha expresado Pugliese es una realidad, y lo que manifestó Ariel Ramírez es otra realidad: no las desconozco, las vivo, pero también tengo mi propia evaluación. Me considero una persona amplía en lo que hace a escuchar música. Mi género es el tango, pero me gusta escuchar todo. Soy curioso en eso. Yo pienso que el tango y el jazz son, a mi entender, las músicas más evolucionadas en lo que se refiere a arreglos musicales. Otra de las razones que me hace pensar que estamos en la buena brecha –y me refiero desde autores de antes hasta los actuales- es que cuando la gente viene a la Argentina, quiere escuchar tangos o música folclórica, que son las músicas regionales. Cuando alguien viaja a otro país le interesa escuchar su música autentica. Si voy al Japón, a mí no me importa escuchar el jazz del Japón, porque quiero escucharlo en su fuente natural, en su fuente de origen, que es Estados Unidos. También en Argentina hay músicos excelentes y muy dúctiles, que hacen jazz, como allá; pero ¿qué están haciendo? Están escuchando los discos de Norteamérica, que es su fuente original. Es el caso que aquí, en esta mesa redonda se ha planteado, con relación a la música que hacen los jóvenes que nos acompañan, con todo el respeto que me merecen, me gusta; pero la veo como música extranjera. Es una música muy bien tocada por músicos argentinos y si en algún momento hacen melodías que son de tango, yo me pregunto si el ritmo que está detrás es el nuestro. La música brasileña tiene un color un poco jazzístico, pero el ritmo de atrás ¿cuál es? El brasileño. Es decir, en el caso de Brasil, le cambian la estructura de arriba, la armonizan, pero la base rítmica es la de ese país. Con la música que hacen estos jóvenes no escucho, detrás, un tono de tango
CHARLY GARCÍA: Comprendo lo que usted dice, pero no estoy de acuerdo, porque el folklore, lo que se dice folclórico, para mí es cualquier cosa. El verdadero folklore no es el que pasan por la radio ni el que ejecutan por televisión. Creo que existe una brecha que no la fabricamos nosotros. No hemos querido, al hacer esta música, destruir nada. Simplemente vinimos en un momento en que no había nada, porque realmente en la época del 40 existía una gran cantidad de autores y compositores de tango y un gran entusiasmo. Cuando comencé a hacer música, no los había. Lo que se tenía por folklore era guitarreada, donde se cantaban las tres zambas, lo que no aportaba nada.
LEDA VALLADARES: Y el folklore de raíz, ¿no lo conoce?
CHARLY GARCÍA: Pero uno tiene que ir a buscarlo. Cómo hago; la conozco a usted solamente.
LEDA VALLADARES: Hay discos donde están grabadas esas cosas.
CHARLY GARCÍA: Esos discos son pocos y además no populares. Son totalmente desconocidos. Además es un problema de asimilación nuestra. ¿Qué hemos recibido? En el momento que despertamos a la música había algo muy fuerte en el mundo que era un entusiasmo en la juventud por hacer música para expresarse, para rescatar sus valores y es lógico que nos hayamos identificado con eso. Ello no significa que hagamos música extranjerizante ni mucho menos, ni tampoco que los ritmos que compongamos sean copia de los de Estados Unidos y de Europa. Lo que sucede es que no me puedo poner a componer tango ahora porque no lo siento; si lo hiciera, sería un músico comercial.
LEDA VALLADARES: Creo que en el nivel del saber argentino hay muchos niveles de lo nacional y lo argentino, desde una baguala hasta un Cuchi Leguizamón en el folklore. Después existen otros caminos lejanos de la raíz. Lo importante es mantener un sabor. En el mundo del compositor se ha perdido la noción del sabor.
LEBÓN: Estamos escuchando que ustedes nos hablan a nosotros de “los jóvenes”, como si ustedes fueran viejos y yo creo que hay que olvidarse un poco de esas cosas.
LA OPINIÓN: ¿Pero ustedes reconocen que Brasil tiene una música nacional? ¿Se puede hablar de música brasileña en ese sentido?
LEBÓN: Sí.
LA OPINIÓN: ¿Y por qué nosotros no?
LEBÓN: No sé.
CHARLY GARCÍA: Nosotros tenemos una música nacional, que sería toda la música que se hace aquí.
L. VALLADARES: ¿Ustedes sienten la Argentina en la música que hacen?
LEBÓN: Totalmente.
L. VALLADARES: Todavía yo no la distingo.
CHARLY GARCÍA: Una música que prende en el pueblo y que es capaz de llevar treinta mil personas al Luna Park, sin tener apoyo de radio ni televisión, por algo debe ser.
LA OPINIÓN: Lo que dice es correcto, pero es un fenómeno actual. Aquí está el maestro Pugliese que en el año 1924 escribió un tango que se llama “Recuerdo”. En ese momento fue, según dicen los estudiosos del tango, un impacto. Ha pasado más de medio siglo y aún permanece en un nivel de aceptación importante. Es decir, hay una permanencia. Y como digo, es un ejemplo, podríamos citar otros. Sin embargo, no sé qué va a ocurrir con la música de ustedes. No sé qué pasará dentro de diez años. ¿Qué piensan ustedes que puede suceder?
CHARLY GARCÍA: Pienso que va a llegar un momento en que esta música va a ser no la música popular, pero realmente la que se va a pasar por radio.
LA OPINIÓN: ¿Pero es que hay un reconocimiento acerca de ustedes?
LEBÓN: Es algo que no se puede negar. Que no se niega.
CHARLY GARCÍA: Cuando empezamos, hace mucho tiempo, puede ser que hayamos cantado en inglés, pero eran las primeras armas que teníamos. Eso fue dejado de lado. La poética del rock está muy conectada con la poética del tango, porque el lunfardo está, los giros también. Lo que pasa es que la música es distinta. Y en esa música los jóvenes se reconocen.
L. VALLADARES: Yo estuve en el espectáculo de ustedes. Me gustó mucho, pero no le sentí olor argentino. Personalmente me agradó ese espectáculo porque me encanta toda la música bien hecha, pero no localicé dónde estaba lo argentino y en qué consistía.
LEBÓN: Yo estuve en otros países. He viajado mucho. En España, por ejemplo, fui a escuchar música beat española. Era una cosa que realmente no tenía calidad ni color musical. Pero regresé al país, porque vi que mi raíz estaba aquí. Si me iba de aquí, no existía. En Estados Unidos viví ocho años. Estudié música, pero sin embargo volví aquí. Creo que tenemos que dejar de pensar “bueno, tenemos que ser así, porque de lo contrario no pasa nada”. Es como si tuviéramos que vivir de recetas.
CHARLY GARCÍA: No tenemos que ser premeditados musicalmente, debemos dejar que salga lo que debe ser. Eso es lo que creo que hay que lograr, no a nivel de que se llame tango o folklore o de si lo que hacemos nosotros es extranjero.
L. VALLADARES: Hay estilos que no son argentinos y que resultan mucho más europeos. En la Argentina existen compositores que están en una línea norteamericana, brasileña y otros en una línea muy criolla.
CHARLY GARCÍA: Nosotros no estamos en una línea brasileña ni americana, nos encontramos creando, como en un momento dado se empezó a crear el tango aquí.
LA OPINIÓN: El problema son las notas distintivas que nos permiten hablar o no de la expresión de un país. Me da la impresión, señor Pugliese, quien inicialmente centró nuestra música en el folklore y el tango, y le hago la pregunta, sobre si estas expresiones nuevas pueden haber convulsionado musicalmente la Argentina, influencia que pudo sufrir el tango en su momento. ¿Cómo ve usted la cuestión?
PUGLIESE: Observo que en otros momentos el tango convivió con el charlestón, el boogie-boogie y el rock and roll y ahora en esta última etapa convive con otros géneros que se denominan “nueva ola” o lo que sea. Aparentemente, parece que fuera una cosa universalizada, donde este género de música que se practica a través de distintos conjuntos e intérpretes pareciera ser que se canta en la Argentina lo mismo que en España, Italia, Inglaterra, Francia, Chile. Daría la impresión, repito, de que fuera una cosa universalizada, independientemente de la labor que desarrollan los profesionales que ejecutan este género. En cuanto a la influencia que esta música puede tener con el tango, considero que absolutamente ninguna; ni tampoco la podremos considerar como una expresión auténticamente nacional. Yo parto de la idea de que esto forma parte del cosmopolitismo integrado en la Argentina como en cualquier país de Latinoamérica, que destruye los rasgos propios nacionales de las cosas de nuestro país.
CHARLY GARCÍA: Entonces pienso que si los músicos que estamos en esta corriente no hubiéramos salido en un momento dado a la palestra o cantado nuestras cosas, hubiera sido mucho peor. Porque el tango y el folklore eran cosas que no existían para la juventud y lo que se traía eran canciones tipo [Festival de] San Remo o cumbias.
RAMÍREZ: Es cierto lo que dice Pugliese. Nosotros tenemos un patrimonio nacional a través de esos rasgos definidos que son el tango y el folklore, pero el interrogante que me planteo es por qué la juventud nos ha abandonado y se ha ido a otra cosa. ¿Es que nosotros ya hemos agotado nuestra capacidad de creación? ¿Cuánto tiempo hace que el tango no tiene un éxito en este país? ¿Cuánto tiempo hace que el folklore no tiene un éxito tampoco?
LA OPINIÓN: Me gustaría que Rivero pudiera responder al interrogante que ha planteado Ariel Ramírez.
RIVERO: Hay una forma de penetración en el país, no solo por las armas, sino a través de la cultura. Esta es una forma de penetración, es decir, desarraigar a los jóvenes de los cauces naturales. Los jóvenes están desarraigados completamente, sobre todo en un país como el nuestro, tan proclive a ese tipo de invasión.
VALLADARES: Porque no se inician musicalmente en lo tradicional. Se sienten extranjeros.
CHARLY GARCÍA: No creo que sea eso.
RIVERO: La música pasa a ser un elemento comercial dirigido por las grabadoras. Las grabadoras son las que manejan el mundo de la música y las que dan o quitan sensibilidad a la gente, porque tienen alquilados todos los espacios de las radios para pasar la música que quieren, que no es el tango ni el folklore.
CHARLY GARCÍA: Y tampoco nuestra música.
LA OPINIÓN: ¿Cree usted que es tan impresionante el poder que tienen esos medios para condicionar el gusto o las tendencias musicales de la gente?
RIVERO: ¡Cómo no! Tremendo. Terrible. Quisiera que me menciones cuántas horas tienen alquiladas los directores de radio a las grabadoras y que las publiquen.
LA OPINIÓN: Los periodistas le podemos decir que los diarios no están alquilados; las radios, no sé. Realmente, ¿creen que es tan importante?
CHARLY GARCÍA: Creo que es importante, pero no tanto. Porqué, por ejemplo, a mí nunca me han pasado un disco por la radio. En alguna oportunidad, sí, pero hace dos años que no me pasan ninguno y toco en el Luna Park, por ejemplo, y vienen quince mil personas. Esa gente no está machacada por la publicidad, creo que hay otra cosa que está sucediendo; hay una música popular, las ganas de hacer algo.
RIVERO: Hay una división entre la gente joven y la mayor.
LA OPINIÓN: ¿Será un problema generacional?
RIVERO: Porque han sido formados de esa manera.
CHARLY GARCÍA: Yo empecé a estudiar música clásica y el tango nunca me llamó la atención demasiado. Escucho algunos tangos que me hacen llorar; es algo que está en mí, pero por alguna razón, cuando escuché una sola vez a los Beatles, pensé que estaba pasando algo terriblemente importante.
RIVERO: Esa es la influencia a la que me refiero.
CHARLY GARCÍA: Pero eso le dio la posibilidad a miles de jóvenes de componer y tocar su música. Si no, considero que la música de este planeta no sé en dónde estaría.
L. VALLADARES: ¿Y qué pasaría si escucharas música africana, hindú?
CHARLY GARCÍA: No creo que se trate de escuchar una cosa y que quede pegada a uno.
LEBÓN: Si hiciéramos música con el cerebro, podría ser; pero al corazón no lo puede cambiar nada.
LA OPINIÓN: Aquí queda planteado, como siempre ocurre cuando se habla de estos temas, un conflicto de tipo generacional. El argumento tiene su parte fuerte y es débil en otro aspecto. Primero, ¿por qué convertir a la juventud en arbitro de lo que es bueno o de lo que no lo es, de lo nacional o lo no nacional?, primer argumento. Y el segundo, que esto ha sido utilizado por las grabadoras, como decía el señor Rivero, por las características de consumo que tiene la juventud, un adulto compra un disco porque realmente le gusta y lo siente y le dura años. La juventud tiene otra modalidad distinta; se mueve más por las influencias del momento que está dentro de ellos, por el proceso de cambio biológico y social, que la motiva a buscar nuevas formas, que es en definitiva, una búsqueda de identidad. Ese cambio también se refleja en los hábitos de consumo y fundamentalmente en la música. Compran un disco y a los tres meses lo tiran y adquieren otro y se está siguiendo un proceso continuo de cambio, de búsqueda incesante, e incluso, muchas veces, dirigidos por la moda, que siempre es fugaz.
CHARLY GARCÍA: No se compra un disco de nuestra música y se lo tira.
LEBÓN: Yo siento que no nos estamos estancando, queremos seguir y seguir, porque se trata de eso.
L. VALLADARES: Pero es que ustedes han arrancado desde hace muy poquito. Sigan todo lo que quieran hacia adelante, pero comiencen más atrás.
LEBÓN: Es que no puedo ir más atrás donde nací. ¿Cómo hago?
RAMÍREZ: Quiero formularle a Charly García una pregunta general. Aparte de los elementos aquí mencionados, hay otros, como son los bailes que se programan todos los sábados, con gente joven, prácticamente niños en quienes…
RIVERO: ¿Y qué bailan esos niños?
RAMÍREZ: Si pusieran nuestra música, los chicos no van. Y la pregunta es, quisiera saber si después de los veinte años permanecen allí.
CHARLY GARCÍA: Yo tengo veintiséis años y conozco gente que tiene más de treinta que también concurre. Pero creo que a nosotros se nos achaca un desconocimiento de las raíces musicales argentinas de tango y folklore, y estoy seguro que ustedes conocen menos de nuestra música que lo que conocemos nosotros de la de ustedes. Creen que nuestra música es la misma que la de Leo Dan o la de las cumbias.
LA OPINIÓN: Quisiera ampliar este último concepto de Charly García, en relación a la música de los jóvenes. Es verdad, hay dos músicas de jóvenes. Una, la que se fabrica en serie por parte de las grabadoras, la que es multi propalada en los espacios radiales comprados por las grabadoras y que es una música hibrida, sin creatividad, que toma elementos para producir discos como quien fabrica chorizos, que son esos discos que se tiran a los tres meses. La música argentina nueva no se pasa por radio, pero tampoco la música anglosajona buena, sino la música seriada, fabricada en serie y es cierto lo que dijo Rivero; la radio está tomada por las grabadoras. Y creo que a eso apuntaba Charly García. Es decir, que ellos están pagando culpas ajenas de conjuntos musicales que cuentan con dos guitarras atrás que no sirven para nada y que cuando se escuchan los discos, ya no se pueden escuchar más.
CHARLY GARCÍA: Me siento identificado con eso, porque los culpables no son los conjuntos, sino otras cosa, mucho más densa.
PUGLIESE: Yo les preguntaría a ustedes, que están en ese género que es diverso y que realizan distintos jóvenes, algunos con una preparación y nivel de cultura musical que realmente debo reconocer, les preguntaría, reitero, si cuando crean, trabajan o elaboran ese tipo de música se sienten identificados con la cosa de su propia país.
LEBÓN: Exactamente; por eso sale lo que componemos, es un vivir. Mi inspiración nace por las cosas que vivo en la Argentina. Por eso vuelvo a decir que de este país no me pienso ir jamás, porque sé que soy de aquí y mi música de la Argentina, completamente.
PUGLIESE: Simplemente hice la pregunta por la razón siguiente. Conozco a algunos profesionales de ese tipo de música que la elaboran a través de elementos tomados de otros arsenales, tanto la música peruana, como boliviana, la hindú; es decir, hacen toda una composición con su correspondiente letra, según el criterio con que la persona que la va creando la va manifestando. A mí me parece que una elaboración de ese tipo no se puede compartir bajo ningún punto de vista. Porque ese música está compuesta de tantos elementos diversos que no contiene ningún rasgo que se identifique con el país. Este es un aspecto. El otro que quiero señalar es que la poesía, por ejemplo, tanguera, como el folklore, le han cantado a todas las cosas de la vida. Puedo decir que lo que noto en ese tipo de música es que generalmente le canta a un solo hecho de la vida, más que nada al amor un poco abstracto, idealista.
LEBÓN: Entonces no escuchó nuestra música.
PUGLIESE: Me refiero a ese tema del amor.
CHARLY GARCÍA: Es distinto a lo que pasa nacionalmente. Cualquiera que quiera revisar un poco la discografía nacional, observa que hay letras que no solo hablan del amor, sino que también denuncian, contestan, resumen situaciones que se viven ahora. No sé. Buenos Aires actualmente no es igual que antes, ahora hay otras cosas.
LA OPINIÓN: También la música que expresa a Buenos Aires, el tango, tampoco es la misma hoy que la del año 1940. Hay un cambio, una evolución. Probablemente Julián Plaza sea el hombre de la transición de la música tradicional a la que se conoce como vanguardismo en el tango. Plaza marcó con Salgán y algunos otros autores, un punto de transición entre las dos corrientes. ¿No es así? ¿Ustedes han tratado de captar las modificaciones del país, de la gente?
PLAZA: Toda música, en toda época, siempre está a la búsqueda de una personalidad. Es difícil de contestar a la pregunta porque el tango tiene distintos estilos y estilos definidos. Ese es el capital que tenemos los músicos de tango, y en el caso del folklore es más o menos lo mismo. Hay un capital y caudal grandísimos. Pero quería agregar otra cosa. Las razones por las cuales el tango ha perdido esa audiencia masiva. Hubo una época, no sé si de quince o veinte años atrás, en que “tallaron” los productores y promotores. En esa época cambió el panorama, porque desaparecieron las fuentes de trabajo, fundamentalmente los bailes, que eran el contacto de los músicos con el público. Hoy solamente se puede palpar un éxito a través del disco, y como a través del disco hay otros intereses, es difícil llegar a ese éxito del que hablaba Ariel Ramírez. Y la razón por la cual ha cambiado bastante el panorama desde el punto de vista de la concurrencia masiva con respecto al tango, es que es una época en que empezaron, repito, a “tallar” los promotores y productores resultaba mucho más fácil “agarrar” a un chico con ciertas condiciones y entonces aparecieron programas copados por esos conjuntos de música beat de aficionados, o que iban a trabajar por muy poca plata. Es decir, ha ido cambiando ese aspecto, porque resultaba más barato llevar a un programa cinco conjuntos de esos y no a dos de tango, porque cobraban una tarifa o lo que indicaba el sindicato. Todas esas son las cosas que hacen que hoy guste ese género. No niego los valores que tiene.
LA OPINIÓN: Un hecho cierto, Charly García, es que en este momento la gente que quiere escuchar la música de ustedes, tiene la posibilidad de hacerlo, y quien desea escuchar buen tango, no la tiene.
CHARLY GARCÍA: Nosotros mismos hicimos nuestra fuente de trabajo.
RAMÍREZ: Es indudable que están más organizados que nosotros. Estos jóvenes, desde hace muchos años, han montado verdaderas organizaciones de sus espectáculos, cosa que no tuvimos antes nosotros. Considero además, que en este tema no es justo que haya un enfrentamiento. No se puede dejar de reconocer lo que dijo el maestro Pugliese, que el tango es algo que nos identifica en cualquier parte del mundo donde vayamos; o algunos temas del folklore, es indudable. Pero este es un fenómeno que en todo el mundo ha ocurrido y sucede. ¿Cuál es la canción popular española de hoy? Tenemos que juzgarla a través de los temas que nos han introducido en nuestro país, algunos muy buenos y otros lamentables.
J. PLAZA: ¿Qué diferencia existe entre una balada italiana y una argentina?
RAMÍREZ: Hay diferencias. Hoy en día, además, los éxitos se producen por la imagen y el encanto de un gran interprete. Ese es el que me hace recordar tal música. Este aspecto, Julián Plaza, usted que es un arreglador lo conoce muy bien en cuanto a que un tango ejecutado por usted no es lo mismo que uno de D´Arienzo.
J. PLAZA: En sí es una balada universal que no identifica mucho, es por su música.
RAMÍREZ: Hay una temática en todo el mundo que se identifica como el lenguaje porque los medios de comunicación han traspasado las fronteras, lo cual permite un conocimiento mucho mayor. Nunca soñé con que iba a conocer una guitarra eléctrica como la ejecutada por Peter Frampton, quien realmente me parece un músico excepcional dado como maneja el sonido de esa guitarra; que escuela guitarrística tiene y que cultura detrás, porque para llegar a ese nivel musical, evidentemente existe una cultura, cosa que, por ejemplo, no sucede en el folklore, en que muy poca gente tiene una cultura musical como la que posee este tipo de música. No así el tango. Su música llegó en la Argentina a planos realmente increíbles. Ha dado un Piazzolla, un Salgán, un Julián Plaza, Pugliese y Troilo, que tienen un nivel muy grande. Considero que este problema no debería serlo, porque no podemos enfrentarnos o discutir si estos jóvenes son más argentinos que yo o que ustedes, porque realizamos distintas expresiones.
LA OPINIÓN: El reconocimiento del talento es fundamental, más allá de los géneros, y el lugar que el talento merece en una sociedad. Pero parece que existen aún prejuicios por parte de la generación madura con respecto a la nueva generación musical. Pero también convengamos que hay una actitud similar recíproca, de los jóvenes hacia los adultos. De pronto ocurre que mucha gente ahora descubre una determinada letra de tango en un tema cualquiera. Pero es Roberto Carlos quien lo canta. Descubre y dice “qué bella letra, qué linda poesía”. Fue escrita por el señor Le Pera hace muchos años, pero se conoce a través de Roberto Carlos.
CHARLY GARCÍA: Un chico de diez años puede descubrirla.
PUGLIESE: Se ha desdibujado un poco lo que se consideraba letra o música nacional y popular. Yo di mi parecer en todo lo que es música nacional y popular, y también lo dieron Plaza y Rivero. Desde luego, estoy obligado a convivir profesionalmente con otros géneros y esto hace que reconozca el esfuerzo, el talento y la bondad de algunas de esas músicas. Pero si entramos a enjuiciar si eso pertenece al concepto central de si es música nacional y popular, debo decir que no. La raíz de la música nacional y popular hasta ahora, la constituyen el tango y el folklore.
RAMÍREZ: Es muy popular la música de ellos.
PUGLIESE: Popular por la concurrencia de gente. Eso no lo discuto. Aunque el tango también la lleva. Pero, como dijo bien Ariel Ramírez, sería cuestión de que pasen veinte años para ver estos resultados.
CHARLY GARCÍA: No se debe ser impune con la música. Lo que sucede es que, por ejemplo, en el tipo de música que hacemos nosotros, las influencias son muy grandes; de improviso se mezclan cosas, pero ello ocurre porque la música que hacemos está naciendo. Quería dejar eso bien claro.
L. VALLADARES: Este es un momento en que ustedes están haciendo la cosa. No me animo a emitir juicio sobre ese particular, pero sí en el plano de la música folclórica y del tango, en el cual en materia de composición se están haciendo cosas absurdas.


LA OPINIÓN: Todavía estamos en la búsqueda, no solamente en lo musical sino también desde el punto de vista histórico, sociológico, político, de una definición de lo que es nacional, y la música que no sería más que un epifenómeno de este proceso que va por debajo, no escapa a ello. Por nuestra característica de país cosmopolita con diferentes influencias, con una raíz también nacional, ¿no estaremos buscando una cosa mucho más amplia y hasta que no lo logremos, tampoco lograremos encontrar una definición de la música? ¿No es un problema mucho mayor?
PUGLIESE: Creo que quizá el día de mañana pueda producirse una síntesis entre el esfuerzo de los jóvenes…
LA OPINIÓN: Yo me refería al país en general. Es decir, si no buscamos una definición como país.
L. VALLADARES: Ya tenemos pautas.
RAMÍREZ: En la música está, pero no se puede cerrar la posibilidad de que haya otras expresiones que son del momento que se vive y de otras influencias, de otras culturas, como que el tango y el folklore tienen influencias de otras culturas.
L. VALLADARES: Pero ya tiene un sello muy criollo.
RAMÍREZ: Sí, indudablemente. Pero de todos modos creo que en el futuro, dentro de cincuenta años, será lo más natural escuchar una cosas creada por estos jóvenes.
LEBÓN: Mi papá era tanguero al máximo y él me contaba como sus padres se quejaban cuando él era joven, de las cosas que él hacía. Me contaba que se había dado cuenta de que era un problema de apertura. Conmigo él fue tan abierto, lo mismo que mi madre, que el día que yo dije que no quería hacer otra cosa que no fuera música, ella vendió sus alhajas, me compró instrumentos musicales, me mandó a estudiar, y yo hice música. Y ese fenómeno de apertura que mi papá me comentaba me di cuenta de que era así, porque a los diez años jamás me hubiera imaginado que iba a tocar en el Luna Park ante más de diez mil personas.
LA OPINIÓN: Pero no hay que olvidar que la característica general es de apoyo de la juventud. A lo mejor ocurre que en la creación de ustedes se están dirigiendo a un público distinto. El tango, quizá, necesita una personalidad mucho más asentada, y a ella se dirige y ella lo recibe. Es decir, a lo mejor ustedes se están refiriendo a un público mucho más joven, que es una problemática distinta.
CHARLY GARCÍA: En el tango está el drama de la mujer que se fue y del tipo que sufre…
LA OPINIÓN: Eso no es el tango moderno. Eso es antes del 50.
LEBÓN: Es el tango tradicional.
CHARLY GARCÍA: Pero todo eso refleja un momento. Del tango se decía que era de gente orillera, de mal vivir, es decir, lo mismo que se dice ahora de nosotros.
PUGLIESE: ¿Me permite? Me sonreía cuando mencionó lo de la mujer que se fue. Yo preguntaría, ahora ¿qué pasa? Sucede lo mismo.
RAMÍREZ: ¡Lo que ocurre es que ahora se va y a nadie le importa!
LA OPINIÓN: De todas formas, y es un interrogante que expuso Ariel Ramírez, a lo mejor están haciendo música para un público con una característica: su juventud, con su condición intrínseca de jóvenes y ustedes, los mayores, están dirigiéndose más hacia un público reposado.
RAMÍREZ: El público decide. Me voy a referir a algo que se ha dicho en esta Mesa y es que el éxito de la música depende de la promoción. Yo no creo que sea cierto; porque muchas veces esos engranajes de poder económico puestos al servicio de una canción o de un artista, han fracasado rotundamente y lo hemos visto nosotros. El éxito se produce cuando hay un contenido o algo que atrae a un número muy grande de personas. Considero argentino todo lo que crea un argentino; porque no se le puede negar la nacionalidad a Charly García o al que fabrica un automóvil que copia el modelo de otro país, aunque con distinta característica.
L. VALLADARES: Quisiera agregar algo. Creo que los argentinos debiéramos integrarnos. Yo he estado en una pequeña búsqueda con respecto a los chicos del rock y he querido concitarlos para hacer un espectáculo con ellos en el Luna Park. Es decir, reunirlos para cantar bagualas y vidalas, que son las canciones más interesantes del folklore andino, para hacerles experimentar lo que la fuerza cósmica de esas canciones les puede decir.
LA OPINIÓN: Creo que no se puede aspirar a sacar conclusiones definitivas sobre este particular, porque es un proceso abierto de discusión, sobre el cual el tiempo dirá en última instancia en que concluye. Se me ocurre que no podemos aventurarnos a elaborar una conclusión definitiva. Cada uno expresa un testimonio y le toca sacar sus propias deducciones.
L. VALLADARES: Insisto, en que hay que prestar oído al sabor de la cosa, sea folklore, rock o tango, eso es esencial en materia de composición.
J. PLAZA: Lo importante es que por suerte tenemos talento en todos los niveles y habiendo valores, hay futuro.
LA OPINIÓN: Bien, señores, les agradecemos mucho su colaboración en esta Mesa.

Publicado en el Suplemento La Opinión de Nuestro Tiempo, del diario La Opinión, el 16 de diciembre de 1977.