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miércoles, 24 de junio de 2026

NORBERTO ORLIAC Y SU VIAJE AL CORAZÓN DEL SONIDO

Norberto Orliac junto a Gabriela y Edelmiro Molinari


"Desde chico me volvían loco como sonaban los discos de Invisible, Color Humano y Aquelarre. Tenía los vinilos o los casetes y allí decía: ‘Grabado y mezclado por Norberto Orliac´. Me acuerdo que todo sonaba gordo, amplio acústicamente hablando y cálido. Luego me enteré de que grababa en unos estudios grandes, acústicamente preparados, incluso para que graben orquestas, que eran los Estudios Phonalex, los cuales tenían un diseño que estaba inspirado en los Estudios EMI de Londres. En esos discos históricos, el toque de Orliac hace que todo suene como tiene que sonar, se siente la analogía en los micrófonos, en los amplificadores y en la consola que usaba; exprime toda esa técnica con mucha sabiduría, ya que suena real, tal como se grababa el jazz por aquellos años, respetando la textura original de los instrumentos acústicos  pero apuntalando los bajos y los bombos, pastosos y con volumen, de la misma manera como grababan los mejores ingenieros de mundo. El sonido Orliac ha sido una gran referencia siempre en mis discos. Una vez en un asado le pregunté por Orliac a Amílcar Gilabert, ingeniero de Serú Girán entre otros, y me dijo que no sabía de él hacía mucho, pero que había sido un monstruo, palabras mayores, el gran Maestro, el gran Maestro de él y de su generación…" (Christian Van Lacke, músico y productor) 

Esta es una historia coral. La historia de Norberto Orliac (1943-2013), uno de los mejores ingenieros de sonido, en una de las mejores épocas del rock argentino, los setenta. Trabajó con muchísimos artistas, bandas y solistas, y en todos esos discos se lució su trabajo, como bien lo señala Christian. En esta nota recurrimos a varios de los músicos y colegas que compartieron momentos con él, para que nos contaran de primera mano quien fue Norberto Orliac. 

“Yo no tuve ninguna relación personal con Norberto, pero compartimos muchas grabaciones. Fue un gran técnico de grabación, muy valorado. Trabajaba en Phonalex, en donde se grababan tanto discos como bandas sonoras de películas. Era un tipo serio, creo que al principio nos tuvo un poco de escepticismo a los músicos de rock, y es que él venía de trabajar en el mundo del jazz, junto a músicos como Cevasco, el Zurdo Roizner, Malvicino, Remus. Pero, poco a poco, nos empezó a respetar. Después se volvió muy afín a todos nosotros. De cualquier forma, en La Pesada, al contrario de lo que algunos pueden llegar a suponer, nosotros no éramos hippies, éramos sumamente profesionales. No sé si Norberto llegó a ser nuestro amigo, lo que te puedo decir es que respetaba nuestras decisiones al momento de grabar. Yo lo conocía de antes, de la época de Manal, porque él había grabado la música que nosotros hicimos para la película Tiro de gracia. Su labor profesional se cumplía en las bandas sonoras. Hay que recordar que los estudios de grabación en esa época eran muy importantes, muy grosos, con un tratamiento acústico muy importante. Norberto trabajaba en Phonalex, que había surgido de la unión de los antiguos estudios Phonal de música y los estudios Alex de cine. Recuerdo que Phonalex, que quedaba en la calle Dragones, en Belgrano, tenía una estructura edilicia impresionante, muy cara para la época. Una infraestructura muy costosa. Los estudios tenían mamparas, aislamientos acústicos carísimos. En esa época, los técnicos de grabación eran todos tipos con conocimientos, recursos y con muchos trucos; hacían verdaderos milagros para grabar con la poca tecnología que había. Recuerdo que lo de Manal lo grabamos en cuatro canales, a lo sumo podíamos usar dos máquinas de cuatro canales, no había más que eso. Específicamente, a Norberto lo recuerdo como un tipo perfeccionista, muy hincha pelotas, una especie de sacerdote que sacramentaba o no lo que se grababa. Inspiraba respeto. Era un tipo muy exigente, parco, costaba adivinar qué era lo que pensaba, se mantenía muy concentrado en lo que hacía. Yo trabajé mucho con Norberto, más de un año y medio a tiempo full time, grabando con La Pesada y como solista en Phonalex. Orliac era el técnico estrella de los estudios, empleado fijo del lugar. Creo que llegó a tener una gran amistad con Billy Bond, que era el productor de los discos, ya que trabajaban juntos, codo a codo, los unía un respeto mutuo. Ya te digo, a pesar de venir del mundo del jazz, Norberto se terminó asimilando al mundo del rock, y con Billy hacían un trabajo conjunto sumamente interesante. A veces lo dejaba operar a Billy también. Trabajaban bien juntos. Luego, en los años 80, Orliac se fue a vivir a España, en donde residió hasta su muerte, hace unos años…” (Claudio Gabis) 


Orliac, sobre el piano con anteojos y barba dibujada, junto a amigos de La Pesada

La lista de los artistas con los que trabajo Orliac en esos primeros años setenta es impresionante: Pappo´s Blues, Pescado Rabioso, Invisible, La Pesada (los discos grupales y los solistas), Espíritu, Aquelarre, Color Humano, Gabriela…

“Recuerdo la amplia sala de los estudios Phonalex, mi energía adolescente, la urgencia por cantar todo lo que no podía hablar con mis padres, mi necesidad de pertenecer a una sociedad más abierta. Este disco fue grabado en vivo en cuatro canales, con toda la fuerza y el dinamismo que eso implica. Es un grito profundo, visceral, y proyecta toda la furia de aquella época. Nuestro ingeniero, Norberto Orliac, era un flaco con anteojos de vidrios de aumento gruesos, lleno de talento e intuición. Amaba la música, lograba efectos especiales, reverberaciones que quedaban flotando en el éter y ecos raros que terminaban siendo como vidas aparte. Era un músico más. Se puede oír su creatividad en temas como “Voy a dejar esta casa, papá” y “Hombre de las cabras blancas…” Norberto era un tipo muy copado y estaba sumamente metido en la música. Le importaba, era un perfeccionista. Inventaba cosas de la nada, cosas que iban muy bien…” (Gabriela Parodi, en su autobiografía Las mil vidas de Gabriela) 


Orliac en acción en el estudio

Orliac era un hombre paciente y laborioso, que amaba su profesión. Por ejemplo, los ecos y efectos sonoros en las transiciones de "A Starosta, el idiota", el recordado tema de Artaud, llevan su sello inconfundible.

“Uno quería investigar y meterse más en todo esto, porque al audio había que fabricarlo. Ahora ya está todo hecho, en esta época digital, pero en ese momento había que hacerlo. A mí me encantaba ese mundo y por eso me metí a trabajar en un estudio que se llamaba Phonal, que después terminó siendo Phonalex. Ahí se grabaron muchas cosas. El Flaco Spinetta grabó muchos temas de Pescado allí. En Phonalex, mi maestro fue Norberto Orliac, él me enseño todo. Él venía desde la época de Los Shakers, en los sesenta, había grabado discos de jazz. Originalmente, Phonal estaba en Billinghurst y Santa Fe, sobre Santa Fe. Ahí fue a grabar La Pesada con Billy Bond. En esa época yo tenía 19, 20 años y ni siquiera tomaba alcohol, tomaba agua. Y yo lo admiraba tanto a Norberto, que empecé a tomar vino con él. Llegábamos al bar y tomábamos un vino. Él me enseñó a grabar. O sea, fue mi maestro y todo lo que pude aprender, lo aprendí con él, ¿viste? A pegar cintas, a hacer compaginaciones. Y esa época había que estar con el grabador Revox, para pegar la cinta, aparte de escuchar y grabar. Había que ser muy preciso para trabajar con la cinta en esa época. Y Norberto siempre fue un tipo muy meticuloso, avanzado también en su forma de ver las cosas, porque era un técnico excepcional. Tenía mucha experiencia, amaba su trabajo, y conmigo siempre tuvo la mejor onda. Norberto me enseñó el ABC de todo esto, del arte de grabar. Nunca lo olvidaré…” (Julio Presas, músico, ingeniero de sonido y productor) 

Claudio Gabis e Isa Portugheis grabando en Phonalex

Otros discos que grabó Orliac fueron Damas Negras, de Carola; No pisar el infinito, de Plus; los de Anacrusa; Viva María, de María José Demare; Artaud, de Pescado Rabioso; Jeremías, Pies de Plomo, de Vox Dei;  e Instituciones, de Sui Generis. También mezcló discos en vivo como el de B.A.Rock 1982 (Buenos Aires Rock) y el de Pedro y Pablo En gira… 

Orliac con Edelmiro Molinari

“Norberto fue un especialista, un tipo bastante particular. Una especie de genio. En un momento se borró y no se supo más nada de él. Yo lo vi en las grabaciones de Color Humano que hizo él y en las de Gabriela. El sonido que lograba Orliac era único, nunca escuché un sonido igual en las grabaciones. Nunca escuché algo tan bien grabado. Sonido analógico, bueno con las cintas de esa época y unas consolas de la san puta. El sonido que lograba Norberto era inigualable, muy cálido, muy personal. El tipo era un capo pero tenía muy bajo perfil. Me acuerdo una anécdota. Una vez me estuve quedando hasta tarde en los estudios y me tenía que ir. El estudio estaba a una cuadra de la Avenida Libertador y me iba a tomar un taxi, no quería esperar el colectivo. En eso, Norberto se ofreció a llevarme a mi casa en su auto. Así que tuve la loca idea de que Orliac me llevara. Te juro, me subí al auto y al segundo me bajé. Fuimos a una velocidad increíble. Yo no podía creer como el tipo manejaba a esa velocidad. Decí que era de noche y no había nadie. Tardó solo cinco minutos en dejarme en la calle Viamonte. Una demencia. Bajé, lo miré y me dije, nunca más me subo al auto de este tipo…” (Jorge “Morses” Iosovich, músico, asistente de producción) 

Phonalex, foto de época

“Recuerdo mucho a Norberto Orliac, técnico de los años setenta. Trabajó en Phonalex, un estudio que también se dedicó al sonido para las filmaciones. Trabajaron otros técnicos más ahí, pero era un estudio más informal, no era tan ortodoxo como fueron ION o Music Hall en la década del setenta. Pienso que la continuación de Phonalex fue Panda, otro estudio tranquilo y experimental. En cambio los estudios como RCA Victor o ION, es decir, estudios que grababan tango, jazz, folklore, música más comercial, tenían otra clase de audio. En cambio, Orliac, que graba a grupos como Invisible o Spinetta, graba también a Pappo y otras bandas más, era todo más relajado, con un sonido más blando, porque tomaban todo, a veces con dos micrófonos, y uno para la batería. Por ejemplo, el sonido de Invisible en su primer disco es muy natural. Luego de estar en Phonalex, Orliac fue a trabajar a Moebio, en donde también hizo varios discos de rock, era la mano derecha de Carlos Piriz en Moebio. Pero después no sé qué pasó que ya dejó de ser buscado, o no tenía la suerte de que un disco fuera exitoso. Y eso es lo que necesita un técnico también: grabar bandas o artistas que tengan éxito, sino no los conoce nadie a los técnicos. Es muy importante también que la banda sea buena y que suene. Orliac, básicamente, fue un técnico que tenía un buen oído musical. Él no era tan técnico, creo que no había estudiado nada, simplemente, se hizo técnico grabando y probando, escuchando y asistiendo, como hicieron la mayoría de los técnicos en la Argentina…” (Miguel Krochik, músico y fundador de los Estudios Panda) 

"[De las grabaciones de Sui Generis] También me acuerdo del enorme talento de Norberto Orliac, que era el técnico de sonido. Yo creo que él comandaba todo, porque Billy Bond, que fue el productor artístico del álbum, le consultaba muchas cosas técnicas..." (Nito Mestre, entrevista en la revista El Planeta Urbano)

Sui Generis grabando su primer álbum en Phonalex

Orliac trabajaba en Phonalex, como ya se dijo. El mítico estudio de grabación y laboratorio de películas, estaba situado en Dragones 2250, en el barrio de Belgrano. Estuvo activo entre principios de los 70 y mediados de los 90, y fueron fundamentales en la historia del rock argentino. También, a finales de los años 70, el estudio funcionó para el doblaje de series y películas. Luego fue demolido, ahora en esa dirección hay un complejo de edificios. 

Dragones 2250 en la actualidad

“No sé mucho más de lo que ya se sabe de Orliac. Los de La Pesada le decían Histeriquito, era un tipo de pocas pulgas, cascarrabias, enojado. Con Billy Bond estaba siempre en la consola, con él no tenía buena onda pero sí cierto respeto. Billy era vivo, sabía tratarlo a Orliac y no dejarse arrastrar por su carácter seco y gruñón. Con los demás era callado y dispuesto a poner límites. No era querible pero parece que hacía bien su trabajo y tal vez sea esa la razón por la cual estaba tan seguro de todo lo que hacía y no daba lugar a las historias que los músicos podían traer con sus ideas de cómo debía sonar un tema…” (Ada Moreno, fotógrafa de la época, asistente de Jorge Álvarez, ex pareja de Billy Bond) 

Orliac dialogando con Edelmiro Molinari 

“En Phonalex era un estudio sinfónico, un mega estudio, donde era un lujo grabar. Obviamente, el dueño de Phonal llevó a su operador estrella ahí: Norberto Orliac. Y empieza a suceder que todos quieren grabar con Norberto. Después de eso, muchos años después, Norberto trabajó para el Nono Pugliese, en sus estudios. El Nono Pugliese tenía un estudio de grabación llamado Estudio Film Records, aparte de un estudio de filmación. Yo en esa época trabajaba con Nito Mestre y Los Desconocidos de Siempre, y habíamos sacado un disco, y el Nono nos ofrece que hiciéramos ahí un comercial para los pantalones Topeka, con el tema “Y las aves vuelan”, una canción mega acústica. Así nos ofrecen grabar el tema de nuevo con Norberto. Y lo loco fue que esta nueva versión con Orliac sonó mucho mejor que la primera, porque él era un campeón mundial, de los mejores técnicos que había. Norberto laburaba de una manera impresionante, tenía un touch especial. Las guitarras acústicas las grababa como ninguno, te hacía sonar como si fueras Crosby, Stills & Nash, una locura. Era un tipo re copado. Me acuerdo que tenía unos anteojos culo de botella, unos anteojos muy gruesos, y te miraba siempre muy profundamente. Se le veían los ojos chiquititos porque tenía mucho aumento. Pero era un cago de la risa el tipo, te trataba súper bien, manejaba todos los códigos. Aun cuando trabajaba en cosas completamente diversas. Porque una cosa es trabajar con bandas de rock y otra hacer comerciales de publicidad. Pero el tipo tenía muchísimo talento…” (José Luis “Conejo” García, asistente y manager) 

“Orliac estaba acostumbrado a grabar grupos de rock, grabó muchas cosas interesantes y sabía muy bien qué hacer con determinadas bandas de rock pesado, sabía cómo grabarlas. Con Norberto las cosas salían naturalmente, lo que nos gustaba lo dejábamos, lo que no nos gustaba lo sacábamos; teníamos muy buen dialogo con él. Tenía muy buena onda. Era un excelente ingeniero de grabación”. (Saúl Blanch, cantante de Plus) 

Orliac junto a Spinetta y Jorge Pistocchi durante una grabación de Pescado Rabioso

Los estudios Phonalex nacieron como resultado de la fusión entre otros dos: Phonal, una sala en la que se grababan jingles publicitarios, y Alex, que se dedicaba al doblaje de películas en pequeños cubículos. Allí se internó Pescado Rabioso, en julio de 1972, para grabar Desatormentándonos. Paralelamente, también se preparaba el disco de Claudio Gabis con La Pesada, y Vida, el debut de Sui Generis. Este primer disco de Pescado se registró en cuatro canales con Norberto Orliac en la consola, un técnico hiperdetallista, de pelo largo, patillas y anteojos gruesos, a quien los músicos por lo bajo le decían “el histeriquito” debido a sus rabietas. Con devoción y prolijidad, luego de cada sesión de grabación, Orliac exponía los registros y debatían en la cabina con el grupo durante larguísimos intercambios de opinión. Norberto movía los controles como con miedo de romper algo, como si fueran de cristal, así de meticuloso era. 

Consola de Phonalex

“Orliac era un divino, lo sentíamos nuestro técnico. Había grabado a Palito Ortega, Donald, Leo Dan… Tomaba su copita de vino y nosotros tomábamos cerveza. Una vuelta le dieron un porro y se puso a charlar, se reía todo el tiempo. Luisito hablaba con él, le explicaba que pusiera más graves; yo dejaba todo en sus manos, solo me importaba que se escuchara la bata. Lo dejábamos porque era el que mejor hacía las cosas. El Flaco sabía, pero no imponía. Luis y Orliac se llevaban bárbaro, se podía grabar muy cómodo con él. En esa época los técnicos grababan jingles y artistas de otro género, pero nos recomendaron a Norberto porque pensaron que podía andar bien con nosotros. Él hablaba poco, preguntaba lo justo, era callado pero después, poco a poco, ya fuimos tomando confianza. Un tipo macanudo, sabía darte el sonido que vos buscabas. Una linda persona”. (Black Amaya) 

Orliac en Phonalex grabó discos de rock progresivo como Crisálida de Espíritu, el primer álbum homónimo de Invisible, y Brumas y Siesta de Aquelarre. 

“Cuando con Espíritu grabamos el álbum Crisálida en Phonalex en 1974 yo tenía 24 años y Norberto Orliac estaba cerca de los 32 años. Gracias a su personalidad rápidamente se armó un grupo muy bueno con el apoyo de Billy Bond como manager de grabación. Norberto demostró ser un ingeniero abierto a buscar nuevos sonidos y siempre apoyó al grupo resolviendo cualquier necesidad que se presentara. También tenía buen humor por lo que  todo el proceso de grabación fue bastante divertido. La consola de grabación era muy buena y producía excelente sonido. Creo que era similar a las que se usaban en Londres. El problema era que las grabadoras de cinta abierta tenían solo cuatro canales. Igualmente Norberto lograba cosas increíbles con esos cuatro canales. Los momentos más interesantes fueron cuando Norberto hacía pre-mezclas para reducir los cuatro canales a cinta estéreo, y luego reingresar esa mezcla estéreo a la cinta de cuatro canales quedando dos canales libres. Gracias a la experiencia y talento de este gran ingeniero de grabación, todo este proceso fue perfecto y el álbum logró un sonido impensado”. (Osvaldo Favrot, guitarrista y líder de Espíritu)

Equipamiento de Phonalex

“Conocí Phonalex una vez que fui a ver una grabación de Pescado Rabioso, cuando estaban grabando “La serpiente viaja por la sal”. En Phonalex, en el Bajo Belgrano, había una cantidad impresionante de estudios, se grababan locuciones, voces para dibujos animados, etc.; o sea que tenía estudios muy pequeñitos y grandes. A Orliac lo conocí durante la grabación del primer álbum de Invisible, fue la única vez que trabajé con él. Me acuerdo que era un tipo de anteojos, muy formal para vestir, su trato con nosotros era normal y cordial, por supuesto. En ese momento no le prestaba mucha bola a la forma de trabajar de los técnicos. No nos importaba demasiado aun la eficiencia técnica, aunque ahora escuchás los discos de esa época y te decís qué bien que están grabados. En esa época, entrabamos a grabar y listo, no había mucho más que eso. Después teníamos que lidiar con las limitaciones propias de un estudio que solamente tenía cuatro canales. Pero bueno, eso era lo habitual en la época. Entonces, lo que hacía Orliac, era grabar la batería y el bajo de entrada, ya con una imagen estéreo, o sea, usaba dos canales para repartir bajo y batería. Entonces quedaban dos canales: Uno para la guitarra y otro para la voz. Y si había que meter otra guitarra, lo hacía en la reducción de cuatro a dos, cuando hacia el pase había que tocar ahí. Si te equivocabas, había que hacer todo de vuelta, no se podía corregir. Con ese truco era como grabar con cinco canales, en vez de cuatro. Los cuatro canales del grabador multitrack a los dos del master, ese era el procedimiento. Una anécdota que me acuerdo es de la grabación de “Jugo de lúcuma”, que nadie sabe que es ese efecto con el que empieza la introducción del tema, en realidad era una cámara de guitarra que se había grabado con anterioridad, y como nos gustó el sonido se pasó al revés. Otro ejemplo, en el final de “El diluvio y la pasajera” hay una mezcla. Hubo dos grabadores funcionando al mismo tiempo, uno reproducía la primera parte y otro la segunda, para mezclar ambas partes. Incluso, se escuchan unos auriculares haciendo ruido, así fue como se hizo. Pero no se hizo por corte, se mezclaron ambas partes. Sin mezcla no salía, sino hubiera sido una cosa muy brusca. Pero todo se hacía en vivo, sino quedaba bien había que grabar de nuevo…” (Machi Rufino) 

Machi grabando en Phonalex

“Orliac siempre me pareció un tipo muy aplicado en lo suyo, muy enchufado en lo que hacía. Una anécdota que tenemos con él, en esa época analógica durante las grabaciones de Aquelarre, era que se grababa en cuatro canales y necesitábamos más y en ese momento no los había. Entonces, lo que hacían los técnicos, entre ellos Norberto, era hacer una reducción de dos canales y en la mezcla quedaba un canal virtual para agregar otro instrumento o un coro. Por supuesto, a veces había que pinchar algo. Nosotros no pinchábamos tanto como se hace ahora, en la era digital, con la compu y todo eso. Casi nada hacíamos, muy poquito. El método que tenía Orliac para pinchar era aterrador. Él usaba una pequeña tijera de bronce muy afilada, entonces cuando había que cortar, él que tenía una oreja muy musical, marcaba cuatro o más compases y cortaba en el momento justo. O sea, imaginate que si le erraba teníamos que volver a grabar todo de nuevo. Era un personaje, le gustaba caminar por la cornisa en ese sentido, pero era muy hábil, y con esa tijerita de bronce, afiladísima, varias veces hizo empalmes. Eso me quedó en el recuerdo, porque ahora sería impensado hacer una cosa de ese tipo. Es un riesgo impresionante, porque tiene que hacerlo un tipo que sea muy preciso con sus manos y tener mucho oído, porque él contaba los compases antes de hacerlo, para llegar al momento preciso en donde tenía que cortar. Era casi un cirujano con su tijerita, un verdadero geniecito. Norberto era una persona expresiva pero tenías que aprender a llevarte bien con él. No era un cabrón, pero sí bastante visceral. Con nosotros se llevó muy bien, siempre hubo buena onda. Las sesiones de grabación en Phonalex eran bastante extensas. Ahora, con Luis, durante la grabación de Artaud, varios de los temas los ensayamos y los grabamos directamente en la sala. No ensayamos los temas antes. Orliac era muy detallista. A veces era jodón, era un tipo muy agradable, muy vital. Le gustaba hacer chistes, era un tipo muy enchufado, muy listo y dispuesto para hacer su trabajo y capaz que, ocasionalmente, te podía salir con alguna ocurrencia. Era muy hábil con las máquinas. En ese momento no existía la automatización en la mesa de grabación y los técnicos eran verdaderos pulpos. Eran personas muy enchufadas tanto en la parte de grabación como en la mezcla”. (Emilio Del Guercio) 

Kubero Díaz y Jorge Pinchevsky en el Estudio 5 de Phonalex

“Nosotros lo conocimos a Norberto cuando con Aquelarre pasamos a grabar en Phonalex. Lo que me acuerdo es que el tipo era un capo tremendo en las grabaciones. Te voy a contar un par de anécdotas. Lo primero es que tenía un problema con el alcohol. En esa época, nosotros no tomábamos mucho alcohol, pero hacíamos lo que los pendejos hacen ahora de ponerle algo a la botella de Coca-Cola, y entrabamos con la Coca-Cola de litro para hacer como que estábamos tomando gaseosa para que el tipo no se entusiasme. Ahora, el loco como técnico era espectacular. En esa época, como ya te habrán contado, había pocos canales para grabar, y a nosotros no nos alcanzaban para nada. En el medio del pase de la cinta multitrack a los masters todo lo manejaba Orliac, y era un quilombo, pero él lo hacía muy bien. Lo que hacía Norberto, que era tremendo, era tener un grabador Revox tremendo, grande, debajo de la consola, donde tenía grabados coros. Entonces, eso, para que esté a tempo, ahora hay que hacerlo con una computadora, pero él lo hacía a oreja. Él ponía la cinta en boca del Revox, que es una grabadora de dos canales, y en el momento que estábamos haciendo la mezcla –conmigo haciendo un solo de viola, Emilio un coro y demás-, el mono, cuando venía la voz, ponía en play el Revox y ¡salía a tempo! Es imposible que salga a tempo pero el tipo lo lograba. Él regulaba la cinta con la mano y cuando venía el momento preciso apretaba el botón, logrando que, cuando llegábamos al estéreo, tener una guitarra más, una voz más, coros… Tenía un dominio tremendo para hacer eso. Otra anécdota alucinante que me acuerdo de él fue la vez que grabamos el tema “Brumas en la bruma” con una orquesta que había traído Alchurrón, que tenía violines, violas, chelos, con todos tipos del Teatro Colón. Entonces, Norberto sentía un ruidito. Y decía: ´No puede haber ruido, si son todos instrumentos naturales. No hay cable, no hay amplificador, no hay nada… ¿Qué mierda es ese ruido?´ Grabábamos de vuelta y se escuchaba el ruido. Esto es para que veas lo que son los músicos del Colón, ¿no?, que después nos critican a los rockeros. Entonces el mono para la grabación y empieza a pararse al lado de cada uno de los violinistas. Así se dio cuenta que uno estaba escuchando el partido con un auricular mientras grababa. Mirá que amor por la música que tienen, ¿no? Eso era lo que Norberto escuchaba en los monitores. Un ruidito que apenas se escuchaba, porque era ese tipo de auricular viejo de plástico que venía con las radios Spika. Pero Norberto lo escuchaba. El tipo era capaz de escuchar ese ruidito que nadie escuchaba. Lo que pasaba es que los del Colón iban a cumplir con ese trabajo, le chupaba un huevo lo que tocaran y todo eso. Pero Norberto no, él era un tremendo detallista. Nos comimos una bronca ese día, que al tipo habría que haberlo cagado a trompadas… Y eso lo descubrió Norberto. Un capo total. Era un tipo flaco, de anteojos, con carácter nervioso. No era un hippie, era un tipo que se ponía a laburar de una. Era un profesional, un tipo de carácter, que si te tenía que cagar a pedos, lo hacía…” (Héctor Starc) 

Vaya desde acá nuestro recuerdo hacía los Estudios Phonalex y la memoria entrañable de Norberto Orliac.

Emiliano Acevedo

 

domingo, 20 de julio de 2025

ROCK EN ACCIÓN, entrevista a Christian Van Lacke

Músico itinerante y proactivo, Christian Van Lacke siempre está moviéndose, componiendo, tocando. Desde muy chico hace canciones y la mayoría de ellas se han grabado en una veintena de discos que abarcan varios géneros y estilos que van desde la bosanova hasta el folk y el rock pesado y psicodélico. En esta charla dialogamos acerca de su presente artístico, su lugar en el mundo en la Comarca Andina y su visión acerca de la escena musical.

ENTREVISTA> Sos un artista muy inquieto. ¿Cuáles son tus proyectos actuales?

Fue un año muy productivo. Todos los años los siento productivos, pero éste, en especial, es uno de mis años fuertes. En noviembre saqué Retro futuro y la Cósmica del sur, y ahora salió en físico [cd y casete] Rompenubes 2, banda que comparto con Rolando Castello Junior [de Aeroblus] y Max Álvarez [Ambassador], editado por Ediciones Insolubles Records. En septiembre voy a sacar Mogul, un nuevo disco solista y en noviembre sale el recopilatorio Cronología, un vinilo de Tlön [editado por Imperio Record], una banda que armé en Perú. Así que estamos hablando de cuatro discos, de noviembre a noviembre. También estoy escribiendo un libro, ya casi terminado, que trata del rock en la comarca andina. Va a incluir historias de los citadinos rockers de los setenta que se fueron a vivir al campo o la montaña. Estamos hablando de El Bolsón, aunque está mal dicho lo de El Bolsón, porque en realidad es la comarca andina, que incluye los cuatro puntos cardinales que son Lago Puelo, Epuyén, El Hoyo y El Bolsón. De hecho, cuando se dice “Miguel Cantilo en El Bolsón”, en realidad él estaba en Golondrinas, que está en Puelo, en donde yo vivo. Música, mística y ecología es el subtítulo del libro, porque también llega a la actualidad y trata de generar consciencia con el tema ecológico, con el mal llamado “progreso” que distorsiona las esencias. Las esencias tienen que ver con eso que te hace huir de las ciudades, como me pasó a mí, porque las ciudades están muy locas mientras allá estás en un lugar tranquilo, en contacto con la naturaleza, un lugar hermoso que tiene lagos, ríos y hongos mágicos. Lamentablemente, son lugares que se llenan de gente que va por la moda o para hacer negocios inmobiliarios, cosas que hacen perder esa esencia que te nombraba antes.

¿Hay rock en la comarca en la actualidad?

Sí, es un lugar muy rockero, con varios bolichitos para tocar. En los setenta pasaron muchos músicos grosos por el lugar, algunos se quedaron, y sus hijos y nietos siguen el camino del arte. Lo que pasa es que los bolichitos son para los turistas, y lo que quieren es que toques covers, y no tiene nada que ver con la esencia de allá, porque es un lugar para crear. Eso es un sistema y yo me mantengo al margen del sistema haciendo mis propios proyectos.

¿Cuánto tardaste en escribir el libro?

Más o menos, un año. Afortunadamente tengo a una coequiper, Carol Calcagno, que escribe todo lo que yo le mando por audio. No solo escribe sino que también aporta su visión. Es un libro que va a tener muchos testimonios, data de prensa de la época, fotografías y dibujos inéditos…

Justo venís de una estadía en Perú…

Sí, salí de Puelo, estuve quince días e hice tres conciertos en Buenos Aires, estuve un mes en Perú e hice cuatro conciertos. Y ahora que sale el disco recopilatorio de Tlön, yo volvería en marzo para apuntalar ese proyecto que tuvo actividad fuerte entre 2008 y 2012, en donde sacamos tres discos. Todas mis bandas están activas, pero yo necesito moverme, tocar aquí y allá, porque no me puedo quedar tocando lo mismo toda la vida.

¿Cuáles son los diferentes estilos que tocás en tus diferentes bandas? ¿Psicodelia, folk…?

Sí, están divididas en un formato más canción y otro de rock más pesado. Todas tienen su impronta. Mi impronta viene claramente del rock argentino en sentido general, pero con un montón de estilos diferentes. A lo largo de mi vida he escuchado mucho jazz, bosanova, etc. En una charla, el violinista Javier Casalla habla sobre el sonido propio. No todo el mundo lo tiene, aunque lo deberían tener, porque cada persona es diferente a las demás, no hay replicas entre las personas. Y así debería ser con la música, pero no es así. Todos hacen lo mismo porque quieren pertenecer, quieren lo rápido, lo efímero, un aplauso fácil… El sonido propio solo se les da a los músicos honestos.

Ya perdiste la cuenta de cuantos discos tenés hechos, ¿no?

No. Tengo 26 discos editados y salen tres más ahora… Igual, yo no estoy haciendo una carrera de caballos… Simplemente, compongo y quiero escucharlo. Primero lo quiero escuchar yo, después lo comparto. Tengo la suerte de que hay sellos que me editan y gente que me apoya, me valora y me quiere. Siempre compongo y, en general, un tema o dos ya me dan el puntapié para todo el disco. Ahí sé si el disco va a venir acústico, eléctrico, electrónico… Por ejemplo, el próximo disco solista Mogul va a tener baterías electrónicas, estoy jugando con otras paletas de sonido. Igual, lo escuchás y sigue siendo mi música.

¿Y cómo es seguir editando discos físicos en esta época que todo parece ir por el lado de las descargas, el streaming?

Hay un público que quiere discos físicos, así que no hay problema con eso. Y también está lo digital, yo todos mis discos los tengo subidos a las diferentes plataformas. Ahora, me preguntás si alguna vez abrí Spotify y te digo nunca… Para mí, Spotify es un enemigo, porque le dan muy poco rédito a los músicos, también porque no me gusta que los algoritmos manejen lo que vas a escuchar. Nosotros somos de la generación que escucha lo que se les canta y escuchan los discos completos. No me pongas una maquinola que me diga que tengo que escuchar. Eso de que “si te gusta esto, te va a gustar esto otro…” ¿Vos quién sos? ¿Quién te conoce para decir que me va a gustar? O sea, que a mí me recomiende música gente que sabe, no una máquina. Tengo gente conocida que me pasa música y me vuela el cerebro. Siempre estoy descubriendo y escuchando más música y me encanta.

¿Y de lo nuevo que suena, qué te gusta?

Ahora que estuve en Perú, escuché a La Lá, una solista que me encanta; su disco Zamba Puta lo recomiendo, es hermoso. En Argentina me gustó siempre Los Espíritus, pero si sacan un cuarto disco igual a los anteriores ya está… Basta de guitarra con Wha-Wha porque ya está.

¿Y la movida del rock en Perú cómo es?

Es un mercado mucho más chico que el argentino, pero siempre está ahí. Igual que acá, hay algunos guerreros que están toda la vida con la música, haciendo proyectos. Es más difícil allá que acá porque acá hay más público. Lamentablemente, acá hay demasiada oferta para tan poca demanda. Hay demasiadas bandas, pocos lugares para tocar. Y hay mucho público en nuestro medio, aunque la gente es bastante vaga para ir a ver shows…

Eso pasa seguido…

Claro. Por ejemplo, todos le dicen a Kubero Díaz: “maestro”, “genio”… 30 mil personas le ponen “genio” en los posteos, toca Kubero y van solo treinta personas a verlo. La gente está estúpida con el tecladito y las redes, no pueden salir de eso… Vayan a ver a los artistas. Muchos están en la pavada total.

¿Y cómo es el rock peruano?

Bueno, está El Polen, que es una banda amiga y para mí es la más auténtica del rock peruano, porque fusiona elementos de la música peruana andina con el rock y una mística muy particular. Tienen letras muy buenas, poesía, son la mejor banda históricamente del Perú. También allá hay mucha influencia del rock argentino. Argentina es siempre una punta de lanza del rock a nivel latinoamericano.

Sos un artista independiente desde siempre, ¿nunca te tentaron las discográficas grandes?

No, ni yo los busqué, ni ellos me buscaron. Lo que te puedo decir y es interesante es que yo tengo cuatro amigos que son jurados en los Premios Gardel. Ahí los sellos grandes como Sony postulan, lo que responde a la postulación es una máquina. Cualquiera que mande y que cumpla los requisitos, la máquina los postula. De ahí hacen una selección. De 10 mil quedan 10, yo quedé cuatro veces entre los 10 finalistas. Por ejemplo, mi disco Transportador estuvo entre los 10 seleccionados en 2022 en los Premios Gardel. De los 10 pasan a los 3 que son los que van. Yo cuando vi quienes eran los 10 que estaban conmigo en rock alternativo, me sorprendí: Babasónicos, ok, Sony Music; Pedro Aznar, ¿rock alternativo?... Son todas movidas promovidas por Sony. ¿Quién ganó? ¡Pedro Aznar! Yo lo amo a Pedro, pero no podés ponerlo en la categoría “Rock alternativo”. Por eso, nunca voy a ser mainstream. Si no estás con Sony no lo sos, y Sony es una mafia. Sony es el enemigo, no es el único, pero lo es. Fijate que Litto [Nebbia] también está en quilombo con Sony, porque pasan estas cosas. Eso es mafia, porque tienen comprados esos premios. No hay nada que hacerle. Entonces, si no estás ahí no existís para el mainstream. Yo no quiero ser mainstream, imaginate que hubiese ganado, ¿sabés las cosas que hubiese dicho en el micrófono? Un discurso de media hora… [risas] Un discurso durísimo contra Sony y a favor del arte.

¿Y qué opinás de las bandas que están en el mainstream?

Depende, en los 70 casi todo el rock era mainstream y estaba bien, porque las discográficas ponían la guita ahí. En los 80 y los 90 también, y después se acabó. No sé quiénes son las bandas de rock argentinas que están en el mainstream ¿Eruca Sativa? Debe ser la única, después son todos veteranos, que estuvieron en el mainstream desde los 70 y tuvieron hits porque en esa época las discográficas ponían la tarasca para que sus temas sonaran en la radio todo el día. Eruca Sativa es mainstream pero me parece que está bien lo que hacen. Dentro de lo que tiene Sony, Eruca está bien, pero podrían fichar más bandas de rock porque hay un montón buenísimas. Eruca Sativa, claramente, no es la mejor del momento, es una más, pero muy buena. Sony levanta a cualquier muerto, pero es una mafia. La cosa es mantenerse sin Sony atrás, ahí se ven los pingos. Mantenerse toda su carrera al margen del mainstream, ahí están los artistas.

¿Y por qué no fichan más bandas de rock en el mainstream?

No sé. Lo que sé, como compositor, es que saludable es crear para uno mismo. Me parece importante cuando lo que se crea es algo original, una coctelera de músicas vívidas, filtradas e interpretadas de manera personal para generar un tamiz único. Considero que ser compositor es una responsabilidad si esto es editado o simplemente compartido. Considero que la pureza al compartir unas canciones está en dar sin un fin ulterior. No hay que perder de vista este ideal aunque después tengamos que pagar cuentas y para los que vivimos de la música sea difícil mantenerlo a secas. Está bueno que la música sirva y signifique, sobretodo para generar creatividad y pensamiento en nosotros y en los otros. La falopa de los likes y las views y el sueño de la fama fácil y por ende la plata fácil está haciendo estragos. Estoy viendo cosas aberrantes... Si la dictadura del algoritmo venia destrozando las mentes de  generaciones enteras con música chatarra y descartable, se viene peor con el mal uso de la I.A.

¿Y qué opinás de otros géneros como la música urbana o el rap que le copan la parada al rock?

Yo soy del rock clásico, sí, pero soy abierto… No me gusta nada… [risas] Soy tan abierto que no me gusta nada… Pero sí me gustó mucho el Tiny Desk de Ca7riel & Paco Amoroso. Ya me había gustado el concepto de video de “McFly”, el tema está bueno. Después me gustó Ca7riel con Juana Molina, también me gustó cuando tocó el himno en Olga. Lo que hicieron en Papota también me gustó. Entonces, se puede decir que me gusta lo que hacen. Sin embargo, no lo escucho todos los días, pero no porque sea malo o bueno, sino porque uno es de otro palo y escucha otras músicas. Igualmente, trato de escuchar todo lo que hay. Y sacando a Ca7riel y Paco, después lo demás no me gusta nada, no me mueven un pelo, no me pasa nada con lo que hacen.

¿Y vos vivís de la música?

Sí, de la música. Pero yo hago de todo, además de mi actividad como músico y compositor, afino pianos, soy productor, masterizo, tengo un programa de radio. En algunos momentos pude vivir solo de tocar en vivo y hacer discos, pero fueron pocos momentos. En general, hago bastantes actividades diferentes vinculadas a la música. Lo que sí, no puedo dar clases.

No tenés paciencia…

No. Lo he hecho pero no puedo. Solo le doy clases conceptuales a gente que ya toca bien.

¿Vos sos autodidacta?

No. Igual, la intuición es lo más importante, es más del 90 % de todo. Pero sí, estudié música cinco años, Producción musical, acá en Berklee. También estudié tres años Ingeniería de sonido. Pero, justamente, como estudié eso te puedo decir que lo que estudiás es el 3% del bagaje total musical. Porque hay toda una parte en cada artista que la tenés o no, eso no te lo puede enseñar nadie.

¿Y qué te inspira a la hora de componer?

Todo lo que sea arte me inspira. Me inspiran las cosas estéticas y bellas. Me inspira todo, yo vivo inspirado porque vivo componiendo.

Emiliano Acevedo



domingo, 2 de diciembre de 2018

CON EL ADN DE NUESTRO ROCK, entrevista a Christian Van Lacke


Christian Van Lacke nació en Buenos Aires, pero su veta de músico itinerante lo ha llevado por, desde muy joven, por España, Venezuela y Perú, países en donde templó su voz y se perfeccionó como guitarrista.

Entre sus trabajos se destacan el proyecto Christian Van Lacke & La Fauna, que grabó cuatro discos con el sello peruano Urbanoid Records. Así también como su veta solista acústica y sus grupos Tlön, Tortuga y Comeflor. En el 2017 lanzó el disco solista doble Fauna – Información Catedral, grabado en el estudio de Litto Nebbia. Aparte de Comeflor, Volumen II  (2018), registrado por su propia marca y subido a Bandcamp.

ENTREVISTA> Christian, te sabemos cómo un conocedor del rock clásico argentino y de su historia…
Te cuento una anécdota. En el año 2007, me enteré que cerraba el mítico estudio de grabación TNT. Yo estaba viviendo en Lima, Perú, y me volví loco, me quería venir para acá. Estamos hablando del histórico estudio TNT de la calle Moreno, en donde grabaron Moris, Los Gatos, Almendra, Tanguito, Manal, Piazzolla, Aníbal Troilo, Vox Dei, y muchos más. En ese momento ya no se usaba como estudio de grabación sino como sala de ensayo. 
Sentí mucha lástima por el cierre, y por otro lado, me enteré que estaban los mismos paneles acústicos de los años 60. Los paneles que estaban cuando grabó Manal, por ejemplo. Yo me moría de ganas de venirme corriendo a Buenos Aires y rescatar eso, me imaginaba que iban a terminar tirados en la calle, que es seguramente lo que paso. 
También estaba el mismo piano en que tocaban Los Gatos, ¿entendés? ¿Qué habrán hecho con ese piano? Y me volví loco cuando veo que esas cosas no le interesaban a nadie. A nadie le interesaba preservar eso. TNT tendría que haber sido preservado como un museo de la música argentina y de la memoria y no ser desmembrado como fue. Ahí había una información y parte del ADN de nuestro rock, una mística que se perdió para siempre. Haciendo una analogía con mi propio ser musical, ese sentimiento representa lo que hago, que es ser un continuador de aquel legado, defenderlo, cuidarlo y seguir desarrollándolo con ideas nuevas.

¿Y qué ves de positivo dentro de tanta depredación cultural?
Como positivo, veo que ahora entre los músicos del semillero y su público, hay muchos pibes que están redescubriendo a los grandes pioneros y maestros de nuestro rock; bandas como Color Humano, ¿entendés? Después de décadas de olvido, hay pibes que empiezan a conocer esa maravillosa música hecha acá y en esa música hay identidad, calidad y búsqueda, ese es el camino correcto. Por otra parte, como negativo, en líneas generales te diría que cuando volví a Argentina en 2015, me encontré que nuestro rock había sido ultrajado, que estaba en ruinas y que había que reconstruirlo. Al rock argentino siempre me lo imaginé como si hubiera sido una hermosa Catedral, construida por artesanos que se esmeraron para darle forma, grandeza y belleza. Los Soulé, Miguel Abuelo, Litto Nebbia, Spinetta, Charly, Cerati… ellos fueron los arquitectos y los obreros que nos dejaron un maravilloso templo con cimientos sólidos donde nosotros podíamos habitar. Lamentablemente, ese templo se llenó de okupas que lo desvalijaron. Mi arte está al servicio de la reconstrucción.

¿Y cuándo empezó a caerse a pedazos ese templo?
En los noventa se empezó a ir todo a la mierda, aunque hayan salido buenas cosas. También fue negativa la muerte del cd. Ahora hay de todo, pero no hay filtro, la sobrepoblación confunde un poco; antes, al disco no llegaba cualquiera, ¿no? También en los noventa (una época vacía, ideológicamente) empezaron a surgir grupos festivos, tribuneros, básicos, sin imaginación. Hubo mucha vagancia sensorial, y así llegamos a la época actual: sin discográficas, sin difusión en los medios masivos… por eso, el buen rock se ha vuelto under. Eso suena “lindo” o “bohemio”, pero con buenas intenciones no alcanza para comer y es injusto, aparte retrasa la idea de un mundo mejor. Por eso el buen arte es subterráneo, de guetos, nos han puesto una pared que se llama Mainstream y la masa está del otro lado, escuchando basura. Eso tiene que ver con que el mundo esté tan mal, tan insensible, tan cuadrado. Por suerte, de este lado de la pared corren nuevos vientos que me entusiasman, grupos como Knei, Los Espíritus, Ambassador o Pasajero Luminoso, por nombrarte algunos.

¿Y cuál es tu situación artística dentro de esta realidad?
Yo tengo 17 discos, editados por sellos, europeos, peruanos y argentinos. Pero, claro, no tienen una infraestructura de prensa y difusión multinacional de infinitos recursos… los tengo que mover yo básicamente una vez que me los editan, con los años van apareciendo muchos aliados para difundir, como vos por ejemplo que estas acá porque valoras lo que hago, no hay ningún negocio en esta conversa, amor a la música nomas y así se ha ido armando.

¿De dónde vienen tus ansias por preservar y rescatar nuestro rock?
Primero, de escuchar mucho rock argentino, desde que soy muy chico. Quizás, por mi manera de ser, fui hasta el fondo, porque quería conocer todo. Sabía que ahí había algo importante que me identificaba. Esto me viene desde antes de aprender a tocar la guitarra. Ya antes de todo, yo estaba totalmente sumergido en esta cultura rock, que es propia y no se parece a ninguna otra. Después, cuando empecé a tocar mis primeros acordes en la guitarra, a los trece años ya empecé a componer mis primeras cositas. He escuchado un montón de música, pero lo que hago me sale por ahí, lo conozco, lo entiendo y lo quiero, de ahí lo traduzco y lo interpreto a mi forma.

¿Tu devenir como músico cómo fue?
Itinerante, viajero, viví en Venezuela, en España, en Perú, me sentía -y te hablo de 25 años aproximadamente- totalmente fuera de contexto con lo que se escuchaba y consumía, hasta que empecé a grabar y esto se dio en un contexto más favorable, con TLON, Tortuga, solista y otras yuntas, lo que te comentaba con el redescubrir, coincidió con una necesidad pues había un gran vacío de creatividad, que no es un revival retro, se dio una vuelta a lo que estaba bien, a lo clásico, a que la música rock sea una obra de arte.


¿Eso arrancó en Perú?
Sí, mis primeras grabaciones las hice allá. Apenas había llegado allá me convocaron a laburar con un grupo de músicos legendarios del rock peruano. Una banda de versiones de rock de 60 y 70, casi todo el material en inglés. Y les llegó una propuesta para grabar un disco de versiones. Y ahí en el estudio, yo como productor y arreglista, me entusiasmé. Al toque armé el proyecto de Tlön, con el mismo baterista del grupo de versiones: Walo Carrillo, una leyenda que grabó en el 67 con los Holy´s, luego con The Telegraph Avenue, con Tarkus… estuvo en un montón de proyectos históricos del rock peruano. Grabamos un disco (Tlön I), luego lo subimos a MySpace, y salió la posibilidad de editarlo en Alemania, en Nasoni Records. Se interesaron por editarnos en vinilo y en cd. Ahí me entusiasmé y ya no paré más. Y la inspiración me sigue cayendo, por suerte. Porque sin canciones no hay discos.

¿Qué te impulsó a volver a Argentina?
Tengo una especie de amor – odio con Buenos Aires. Pero me encanta, amo a este país, y necesitaba volver. Extrañaba toda la movida cultural que hay acá. Extrañaba el sanguche de milanesa, todo. Cuando estás afuera, extrañas todo del país. Creo que en estos tres años y medio, casi cuatro, que llevo de vuelta viviendo en Argentina, hice muchas cosas que quería hacer. Me siento muy satisfecho de haber tocado con Litto (Nebbia), con Claudia (Puyó), con Rolando Castello Jr.; con Jorge Durietz, etcétera… O que Ricardo Soulé me diga cosas buenas acerca de mi trabajo. Osea, trabajo y soy amigo de los que construyeron aquel templo para que yo viviera feliz ahí haciendo mi música... Tuve un gran compañero como Marcos Rocca, un tipo con una sensibilidad exquisita que me acompaño en este tramo aportando mucho a mis ideas musicales, conocí gente como Nico Foti, un capo ilustrando discos y un hermano que me puso al día ni bien llegué. También toqué en el BaRock, armé mi grupo Comeflor y edite cosas solista, ha sido productivo.



¿A Litto cómo lo conociste?
Litto es lo más grande que hay. Generoso, trabajador y humilde. Un ejemplo para todos. Él es un súper tótem musical en mi vida. Me gustan mucho sus discos más raros, Canciones para cada uno, el de Huinca… Él no podía creer que yo conociese ese material. Yo había grabado “Memento mori”, un tema de él y de Mirtha Defilpo, en mi primer álbum solista grabado en Perú. Así que me puse a indagar como podía hacer para contactarme con Litto, y me pasaron su dirección de mail, así que le escribí. Rápidamente me contestó, un texto grandísimo con mucho amor, y diciéndome que le había gustado mucho la versión y me quería conocer. Así que, apenas llegué, lo llamé y fui a verlo en su estudio de Melopea. Nos pusimos a tomar un vino, a conversar. Me ofreció su estudio para grabar. Colaboró conmigo en mi material… Grabamos un tema inédito suyo. Es decir, es un tipo con una generosidad tremenda. También tocamos juntos en Perú. He charlado mil cosas con él y tenemos una relación amistosa muy linda. Litto es un espejo para mirarse, para no confundirse, para saber por qué estamos acá. Es un artista con todas las letras, un creador.

¿Qué opinás de la movida del rock emergente argentino?
Me llevo bien, aunque la mayoría son más jóvenes que yo. De mi generación, Pepo Limeres me parece un genio como tecladista. Sin embargo, este año decidí no tocar más, porque a mí me gusta tocar temprano, no puedo tocar a cualquier hora, como suele pasar en algunos festivales emergentes. Hay una escena muy linda, con varios grupos y artistas muy interesantes; músicos, diseñadores, dibujantes… Knei, La Patrulla Espacial, todos grupos buenísimos… Es impresionante, una inmensidad, y todos los días salen grupos nuevos. Tienen un empuje bárbaro. En mi caso, ahora estoy más comprometido con la creación, aunque también me encanta tocar en vivo. Me encanta improvisar.

¿Cómo definirías tus proyectos musicales?
Mi música se divide claramente en dos facetas: el rock pesado, que incluyen mis trabajos con los grupos Tlön, Tortuga y Comeflor; y como solista, en un  formato más cancionero, en donde libero más mi parte armónica.

¿De dónde sale el nombre Comeflor?
De Venezuela, yo viví allá seis años. Yo tenía una novia que me decía: “Tu música es muy comeflor”. Allá se le dice así a una onda medio “fumado”. También a los hippies se le dicen “comeflor”. Y me gustó mucho como sonaba el nombre, por eso lo adopté. Me identifica porque es una música volada, libre y extraña.

Una pregunta que le hacemos a todos los músicos que entrevistamos: ¿qué canción te hubiera gustado componer?
“Jugo de Lúcuma”, de Invisible. Es una nave extraterrestre. Es de otro planeta, es marciano. Lo escuché por primera vez a los 15 años y me voló el cerebro. Fue muy loco. Yo venía escuchando Pink Floyd, o King Crimson, pero nada me pareció tan marciano como “Jugo de Lúcuma”.

(PARA ESCUCHAR LA MÚSICA DE CHRISTIAN VAN LACKE: https://discosvanlacke.bandcamp.com/)

Emiliano Acevedo