domingo, 4 de noviembre de 2018

YES: Medio siglo de Rock Sinfónico...


Cincuenta años, medio siglo de Yes, una de las bandas más importantes del rock progresivo. Es un buen momento para recordar como empezó esta historia “sinfónica”…



EL ORIGEN DE LA LEYENDA:

El cantante Jon Anderson había comenzado su carrera musical como miembro de una banda "beat" llamada The Warriors, quienes grabaron para Decca en 1964. Más tarde, Jon se fue a The Gun e incluso grabó un single como solista en 1967 para Parlophone. Luego de estas experiencias, no del todo lucrativas, consiguió  trabajo en un club londinense llamado "La Chasse", en junio de 1968, como cantante y barrendero del lugar. Un día en el bar, Jon conoce al bajista y vocalista Chris Squire, un ex miembro de The Syn, una banda que había grabado para Deram, una subsidiaria de Decca.

Apenas se conocieron, Jon y Chris comenzaron una amistad basada en sus intereses musicales comunes y una reciproca pasión por las armonías de The Hollies, The Byrds, Simon y Garfunkel, y (por supuesto) los Beatles. Enseguida comienzan a tocar y componer temas juntos. En esas primeras épocas los muchachos tenían ganas de comenzar una experiencia grupal que se acercara a la temática psicodélica/pop/soul de The Fifth Dimension, uno de los grupos favoritos de Squire. Para eso reclutan al tecladista Tony Kaye, un ex miembro de The Federals; el guitarrista Peter Banks otro ex-The Syn; y el baterista Bill Bruford, un ex-Savoy Brown. El nombre Yes fue elegido para denominar al nuevo grupo porque era positivo, corto, directo y memorable.

PRIMEROS TIEMPOS:

De movida tuvieron mucha suerte ya que fueron elegidos para abrir la velada del concierto despedida de Cream (el 26 de noviembre de 1968) en el famoso Royal Albert Hall. Esta aparición los lleva, más tarde, a tocar en el Marquee Club y a aparecer en "John Peel's Top Gear", un famoso programa radial de la BBC.
Más tarde, fueron teloneros en la presentación de Janis Joplin en el mismo Royal Albert Hall, en abril del 69, y consiguen un contrato con Atlantic Records.


El single debut de Yes sería una composición de Anderson y Squire intitulada "Sweetness", un tema dedicado a la mujer de Squire (Nikki) y que fue el primero que compusieron juntos, la noche en que se conocieron, en la casa de Chris. El primer disco grande del grupo, Yes, seria editado en octubre de 1969. Este debut discográfico incluiría algunos de los elementos que posteriormente serían característicos de la banda: impecables armonías, impresionantes incursiones instrumentales, y una música que tomaba elementos tanto del Rock, Pop, R&B, Folk como de la Música Clásica. También se incluyeron unas extrañas y originales versiones de dos temas de los Beatles y los Byrds, así como una incursión en el llamado "Space Rock" con la composición original llamada "Beyond and Before". Ya de movida se convirtieron en característicos del sonido "yes" los falsettos de Anderson, la fineza de Banks en la guitarra, el sonido único y potente de Squire con su bajo y las complejas estructuras rítmicas de Bruford. Kaye era, quizás, el que menos se destacaba, pero sin embargo obtenía sonidos muy melódicos y personales en su órgano Hammond.

El álbum debut de Yes salió al mercado el 15 de octubre de 1969. El disco, en sí, es un muestrario tanto de una sorprendente dureza en el sonido, así como de la comprensible inexperiencia de los músicos implicados. Recordemos que la escena del rock estaba metida en medio de la era psicodélica, y este álbum de Yes está enfocado también bajo esos parámetros, aunque de una manera muy personal, desarrollando un estilo que luego los haría famosos alrededor del mundo.

Por otro lado, los innumerables problemas aparecidos durante la grabación de este álbum, debidos más que nada a la inexperiencia del grupo, el productor, y el ingeniero, repercutieron en la inusual naturaleza sónica de la grabación. Además, Atlantic Records había destinado mucho dinero en lanzar internacionalmente la carrera de Led Zeppelin, por lo que a Yes le toco un presupuesto mucho menor a la hora de registrar su primer álbum.

Es así, que se dispusieron a grabar el disco de la mano de Paul Clay, un tipo que tenía mucha experiencia en la grabación de bandas sonoras de películas, pero muy poca en el ámbito de la música rock. Por eso, tanto la inexperiencia del grupo y del productor repercutieron negativamente a la hora de grabar el álbum. El resultado final sería que muchos de los números incluidos mostraban una acaparadora presencia tanto del sonido de la guitarra y la batería en detrimento del bajo y teclados; algo poco característico en los álbumes editados a lo largo de la historia del grupo.

Por eso, podemos decir, que este primer disco se mantiene, en lo que a sonido corresponde, como una curiosidad total para un grupo como Yes, tan orientado hacia una destacada actuación de todos los instrumentos musicales que sostienen la estructura grupal.

LAS CANCIONES

El álbum abría con el fervor metálico de "Beyond and Before", un numero bastante viejo que Squire había escrito para una banda anterior. Aquí las letras tenían un dejo psicodélico que influenciarían la lírica futura del grupo.

El segundo tema incluido en el disco es un cover de The Byrds, "I See You" (Crosby/McGuinn), que aun muestra algunos de los rasgos originales del tema, pero "deformados" por la estética sónica de Yes. Es en este tema en donde se puede apreciar la extraordinaria labor musical (cercana al jazz) por parte del guitarrista Peter Banks y el baterista Bill Bruford, quienes meten en un remolino aplastante al tema original del grupo de Roger McGuinn y compañía.

Por su parte, "Yesterday and Today" era un tema de Anderson, que fue grabado en los estudios Trident y contaba con la característica de tener a Bruford tocando vibráfono. En "Looking Around", el grupo incluía grandes cambios de tonos y ritmos, algo que (según Banks) le traía problemas al grupo al interpretarlo en vivo, sin embargo, Chris Squire lo consideraba como uno de sus temas preferidos de toda la historia de Yes.

"Harold Land" (Anderson/Bruford/Squire) fue la primera canción en que podemos "realmente" oír el magnífico bajo de Chris Squire en todo su esplendor. Además con este atractivo tema, Yes elabora la base del estilo que haría famoso al grupo años después, es decir una estructura sustentada por múltiples partes, las que funcionan como pequeñas suites musicales. El nombre (Harold Land) surgió de un saxofonista de jazz que tenía ese nombre y el titulo fue sugerido por Bill Bruford, un gran fanático de este género musical.

Más tarde, llegaba la originalísima versión de "Every Little Thing" (Lennon/McCartney) en donde Yes consigue llevar a uno de los más simples temas de los Beatles (de 1964) hasta la estratosfera, con una extraordinaria labor instrumental que (sin embargo) suena un poco agobiante y pretensiosa. De cualquier forma es de destacar la apocalíptica introducción y los extraordinarios cambios y cortes en lo referente al tempo y dinámica del tema; la guitarra de Banks y la batería de Bruford suenan tan bien que parecen estar haciendo varias canciones a la vez. También es de destacar, en este cover, la carismática performance de Jon Anderson. Quizás el hecho de tocar este tema haya surgido tanto de Anderson como de Banks, que eran fanáticos del cuarteto de Liverpool. Además, se sabe que en esos primeros tiempos interpretaban en vivo un par de temas más de los Beatles como "I'm Only Sleeping" o "Eleanor Rigby", además de otras versiones de temas de grupos como Fifth Dimention o de Traffic ("Heaven is in Your Mind").

Con respecto al tema propio "Sweetness", este fue compuesto mayormente por Anderson y, a pesar que (según Banks) no le gustaba mucho al resto de la banda, se transformaría en el primer simple del grupo en junio de 1969. El final del disco llegaría con "Survival", un tema en el que (según Banks) Anderson trajo la idea principal, pero al que todo el grupo aportó algo. Por ejemplo, el guitarrista se encargó de componer la parte instrumental de la apertura. Igualmente (Banks) también recalcaba la idea de que el grupo nunca terminó de ponerse totalmente de acuerdo con el resultado final de la grabación, la banda opinaba que el tema sonaba mucho mejor en vivo que como quedó registrado en el disco.

En resumen, una vez en la calle, el disco tuvo una respuesta positiva por parte de la prensa calificada pero muy poca repercusión comercial. Igualmente, sentó las bases de lo que sería la extraordinaria trayectoria futura de este histórico grupo.

E.A.



lunes, 29 de octubre de 2018

LULA BERTOLDI: "Una buena chacarera tiene más potencia que cualquier riff de guitarra..."


Érase una vez en Córdoba, cuando Lula Bertoldi (voz y guitarra), Brenda Martin (bajo y voces) y Gabriel Pedernera (batería y voces) formaron Eruca Sativa. Diez años y cinco álbumes más tarde, estos músicos siguen unidos por la química y la electricidad que han logrado dar a algunas de las composiciones más significativas de la escena actual, dotando al rock que ejecutan de una frescura, potencia y eclecticismo que ya lleva tiempo llamando la atención de público y crítica por todo el país y en el extranjero. Su último disco, Barro y Fauna (2016), fue considerado por muchos como uno de los mejores álbumes de los últimos años y nos deja expectantes acerca de que nos ofrecerán en el futuro. Y es que, sin permanecer aferrados a anteriores esquemas, la obra de Eruca Sativa no deja de evolucionar y reinventarse, disco a disco, show a show.


De todo eso hablamos con Lula Bertoldi en esta entrevista. Sí, con una de las voces con más personalidad de nuestro rock. La misma que cantaba de chica todos los temas de Fabiana Cantilo y su Golpes al Vacío, sacando el disco de punta a punta con su guitarra, de oído. Una talento autodidacta y que da muestras sobradas de coherencia y humildad. 


ENTREVISTA> ¿Cómo definirías el sonido Eruca Sativa?
Eruca es una banda que busca hacer canciones y nos sale “vestirlas” de diferentes maneras. A veces más pesadas, otras más folclóricas, algunas más rifferas, otras más melódicas pero siempre el objetivo es hacer buenas canciones y creo que es la parte más difícil también.

¿Cómo es el proceso de composición de los temas? ¿Alguien tira la idea inicial de los temas y los otros van puliendo, o los arman entre los tres?
De todas las formas. A veces unx trae una idea, otras veces sale de una zapada en la sala. También puede ser a partir de una temática o frase, o bien a algunx se le ocurre algo en una acústica. Somos abiertos a las distintas modalidades porque de distintas formas surgen distintos tipos de temas.


¿Cuál fue el origen de Barro y Fauna? ¿Lo considerás un disco conceptual?
Barro y Fauna es un concepto en sí mismo, un universo y una apertura hacia ese universo nuevo. El quiebre musical que logramos con Huellas Digitales un poco se ve plasmado en este nuevo material de estudio. Esa búsqueda que tiene que ver con distintas sonoridades del trío, con explorar elementos más digitales o de samplers, con poder acoplar sonidos electrónicos y acústicos.

En las letras de Eruca se lee una búsqueda personal, ¿coincidís?
Sí. La búsqueda personal de cada unx de lxs integrantes del grupo. En algunos momentos, nuestras búsquedas se tocan porque tenemos muchos puntos en común y esa es la parte que intentamos reflejar en las canciones. También hay muchas letras que son de cada uno y responden a sentimientos personalísimos.


¿Cuáles son las formas en las que el grupo ha mutado desde los primeros álbumes?
Creo que hemos ido mutando de un sonido más crudo a algo un poco más elaborado o producido. De todas formas la base de nuestros discos está en los tres tocando luego se suman a eso otras capas. Lo que hemos ido incorporando es el apoyo en otras instrumentaciones para trabajar o producir.

¿Cuál fue el aporte de un productor como Adrián Sosa y mezclar con Aníbal Kerpel, una leyenda del rock progresivo argentino?
Fue puro aprendizaje, son dos grandes de la música y además unas personas hermosísimas que nos enseñaron sin recelo, con todas las ganas de mostrarnos su mundo y que nosotros podamos tomar de ellos lo mejor. Es hermoso cuando los músicos se brindan de esa forma al trabajo de otros músicos. Todo se potencia y el resultado es maravilloso.


¿Cuál es tu tema preferido de los que hicieron hasta ahora?
¡Muchos! Cada uno tiene su historia, su “detrás de escena”, su por qué. Creo que de los últimos mi preferido es “Justo Al Partir”.

Hablanos un poco de la grabación del videoclip para “Nada Salvaje”. ¿De dónde surgió la idea?
El video surge de una idea estética o una imagen mental que teníamos sobre este nuevo sonido de Eruca, el retro-futurismo, la distopía, el steam-punk. Con todas esas imágenes lo llamamos a Fede Beret porque lo habíamos visto laburar en otros videos (entre ellos uno de Camiones en la Casa) y nos flasheó su estética y su uso de los recursos. Lo más loco de todo es que nuestros encuentros fueron siempre vía Skype y al cabo de un mes Fede tenía el video listo. Eso nos impactó muchísimo. Había entendido a la perfección la idea que teníamos en mente. Es un monstruo para laburar, un grande. ¡Tiene muy merecido ese Gardel que nos llevamos a Mejor Videoclip 2016!


Varias letras critican a la sociedad de consumo, a la prefabricación de estereotipos sociales o mediáticos, ¿pensás que hay una forma de salir de todo eso sin terminar convirtiéndose en un outsider?
Sí, claro, proponiendo. O te salís de la crítica para proponer nuevos modelos o sos unx de ellxs. Creemos, firmemente, en que pasando la crítica está la propuesta que es mucho más revolucionaria.

Barro y Fauna se publicó en vinilo. ¿Cuál es tu relación con este formato?
No me aferro a los discos físicos salvo que tengan algún significado especial o que sean ediciones imposibles de conseguir, o estén dedicados. No tengo bandeja. Soy fan de Spotify (risas). Tengo todas mis colecciones, playlists y lo que te imagines en mi cuenta. En cuanto a espacio físico, prefiero ocuparlo con libros.


¿Qué músicas y artistas te gustan escuchar en la actualidad?
Escucho mucha música nueva. Me gusta explorar, descubrir, escuchar de todo. Por ejemplo, hay tres discos que estoy escuchando ahora: Grand Paon de Nuit de la banda francesa Palatine, 1, 2, Kung Fu! de Boy Azooga y A Song For Every Moon de Bruno Major. 

Y ¿qué tema de otro artista te hubiera gustado componer?
Cualquiera de Cerati (risas). ¡Maestro!

¿Ya están componiendo material para un nuevo álbum?
Sí. Estamos laburando mucho en la sala y en mi casa. Hacer el próximo disco es un gran desafío.  

Mucha gente te ve como una guitarrista rockera, sin embargo, tu base tiene bastante del folclore. ¿Cómo conjugas ambos mundos musicales a la hora de componer y tocar?
(Risas) Ojalá tuviera más folclore, ¡soy de madera! La verdad que toco folclore muy vagamente. De todas formas, creo que el folclore y sus rítmicas tienen un poder intrínseco que pocas veces he escuchado en el rock. Me fascina escuchar a lxs folcloristas, las chacareras y ese sentimiento tan arraigado me parte en dos. ¡Ojalá pudiera tener algo de eso! Admiro mucho ese don. Una chacarera tiene más potencia que cualquier riff de cualquier banda tocado al re palo…

¿Qué creés que es lo que te distingue a la hora de tocar la guitarra?
¡Uh, la verdad que es difícil decirlo desde adentro! Creo que más que nada es que soy muy personal. No tengo mucha técnica y claramente no soy una virtuosa pero tengo un estilo muy propio que he ido trabajando con el tiempo.


Al principio a Eruca se lo veía como un power trío con influencias que iban de los Red Hot Chili Peppers a Divididos, pero en la actualidad tienen un estilo propio muy marcado que excede cualquier comparación. ¿Cómo lograron demarcarse de esas comparaciones y ser tan eclécticos como músicos?
Es difícil decirlo uno, desde adentro. Pero creo que nuestra personalidad como banda está muy marcada desde el primer disco. Tal vez hemos ido reforzándola o trabajándola desde otras aristas pero siempre quisimos ser nosotros. Siempre alguno te dirá, “este pasaje me hace acordar a” o “acá escucho influencias de”, pero es imposible escapar de eso. También somos nuestras influencias. Lo importante es trabajar esas influencias como eso, influencias, y no que sean parte de la identidad de la banda. Las influencias se trabajan para poder sonar a uno mismo.

¿Cuáles son tus guitarras y equipos preferidos?
Eso va variando según las épocas. Algunos años estuve tocando con Telecaster luego pasé a las guitarras de luthier (Baccaglioni) después encontré una PRS que me voló la peluca, y ahora estoy flasheando con una Strato G&L que me encontró y que no puedo soltar. No me podría definir con una sola guitarra o un solo sonido.


Hace poco, tuve oportunidad de disfrutar el verte tocando algunos temas de música popular en una charla en Centro Cultural Rojas y se me ocurrió si, en un futuro y al margen de Eruca, no te ves en un proyecto solista. Por ejemplo, en plan acústico.
No lo sé. Hoy Eruca cubre todas mis “necesidades musicales”. No siento que me falte nada sino saldría a buscarlo en otro proyecto. Con Eruca soy todo lo que me gusta ser o todo lo que siento que soy.

¿Cómo se preparan para el show junto a Blondie? ¿Sos su fan o te gusta su música?
No soy fan pero la admiro muchísimo como mujer de la escena. Es una pionera, una motivadora, una generadora. Para el show nos preparamos con mucho entusiasmo ya que siempre estos festivales nos permiten llegar a otros tipos de públicos muy diferentes al nuestro.

Emiliano Acevedo


sábado, 27 de octubre de 2018

BUDDY HOLLY & THE CRICKETS: El recuerdo de lo que pudo ser


The ‘Chirping’ Crickets fue el disco debút del trascendental Buddy Holly y el único de sus LP en el que será acompañado por los Crickets. Fue editado en 1957, grabado en el estado sureño de Nuevo México en Estados Unidos, y producido por Norman Petty, quien no solo representaba artistas sino que también cumplía el rol de ingeniero de sonido.

Hollly, como gran admirador de Elvis Presley, usó los patrones estéticos propios del rockabilly (un cantante y guitarrista acompañado de una base de guitarra, contrabajo y batería, adornados con voces de fondo), pero gracias a su dulce timbre de voz y a la inusual claridad final alcanzada en los instrumentos y arreglos corales, despojó a este estilo de su característica rudeza y lo trasladó al terreno del pop, logrando un sonido novedoso y abriendo las puertas a distintos públicos, incluyendo aquellos que se encontraban del otro lado del océano (no debe olvidarse que los Beatles se llamaron “escarabajos” inspirados en los “grillos” de Buddy) El líder de los Crickets, que se destacaba como un singular guitarrista, contaba además con el baterista Jerry Allison, quien proponía frecuentemente nuevas formas de tocar y se adaptaba a los ritmos propuestos por aquél con gran versatilidad.


Además de la calidad sonora lograda en el estudio, otra razón del éxito de este disco radica en su contenido lírico. El furor que el rock & roll había generado en 1956 por su carácter controversial e innovador, a lo largo y a lo ancho de Estados Unidos, estaba empezando apagarse a principios del año siguiente. Esto se debió principalmente a que había dejado de ser una novedad, por lo tanto se necesitaban nuevos esquemas y fórmulas de composición y grabación, combinados con temáticas que siguieran respondiendo a las necesidades de un mercado conformado mayoritariamente por el público adolescente.

Así, empezó a crecer el volumen de canciones referidas a las problemáticas de los más juveniles, contexto en el que Holly supo desempeñarse notablemente, siendo el autor de algunos de los mayores éxitos de la época que trataban de las relaciones amorosas. En este álbum se destacan  “That’ll Be The Day”, tema en el que Buddy, con tono provocador pero a la vez alegre y armonioso, le advertía a su amada: “dices que vas a dejarme / sabes que eso es mentira / porque ese será el día / en que moriré”. En “Not Fade Away” se mostraba firme y autoritario: “voy a decirte cómo va a ser / me darás todo tu amor a mí”. Mientras, “Oh Boy” refleja la excitación propia de un muchacho antes de concurrir a su cita: “toda mi vida estuve esperando / esta noche no habrá titubeos”.

En sólo dos años, Buddy Holly generó una influencia considerable en la generación de artistas que gozarían del éxito en los 60. Le dió forma al prototipo de banda pop que sería repetido infinitas veces y derribó el estereotipo de frontman seductor y galán, luciendo orgullosamente sus inmensos lentes. Sin embargo, su carrera musical finalizó abruptamente el 3 de febrero de 1959, cuando perdió la vida en un accidente aéreo junto con los músicos Ritchie Valens y J.P. “Big Bopper” Richardson. Años después, el cantante folk Don McLean –en su canción “American Pie”- nombraría esta fecha como “el día en que la música murió”.

Juan Irurueta


domingo, 21 de octubre de 2018

Pinchevsky: el violinista mágico al que todos quieren


El pasado 10 de septiembre el mayor violinista del rock argentino, Jorge Pinchevsky, hubiera cumplido 75 años. Para mantener más que viva su memoria y por ser uno de los artistas más sencillos, mágicos y bohemios de este suelo; recurrimos a varios músicos que lo conocieron para que nos cuenten en primera persona cómo los atravesó en su historia, su música y su actitud. 



Por Javier Tucci

Hacía poco tiempo que me había mudado a la ciudad de La Plata para comenzar a estudiar periodismo y me alojaba en un monoambiente re oscuro, justo enfrente a Plaza Italia. Un par de días antes del show que dieron los Redondos en el estadio Monumental, en diciembre de 2000, los pibes del pueblo habían caído a las diagonales para vibrar la previa. Y fue ahí, entre mate, viola criolla y bongó, que de repente un chabón se nos vino encima y sacó de una mochila un violín y se puso a improvisar sobre la base hippie que estábamos tocando. No cruzamos más que un “¡Hola, cómo va, qué copado lo que salió!” Y se fue. Uno de los pibes que estaba aquella tarde alrededor de la zapada era un compañero de la facultad que jugaba de local, quien nos preguntó “¿Saben quién era ese loco?” “Ni puta idea”, respondimos. Se trataba de Jorge Pinchevsky, rosarino de nacimiento y platense por adopción. El mismo que un día, en la morada donde se alojaban los cófrades de La Flor Solar conoció al negro Alejandro Medina y a Billy Bond, para dejar de lado el sonido clásico de orquesta y conservatorio y cambiarlo por el electrificado del rock (ver anécdota de Billy Bond (https://bit.ly/2Mv2LG1), aunque nunca se apartaría de las raíces clásicas, folklóricas y tangueras.

De ahí en más no paró de rockearla y formó parte de La Pesada del Rock and Roll, grabó un disco solista bajo el título de Pinchevsky, Su Violín Mágico y La Pesada  con la participación de sus compañeros de La Pesada; con Sui Generis participó del Tema de Natalio” (https://bit.ly/2xKmtZw) del disco Pequeñas Anécdotas sobre las Instituciones; y también estuvo en el álbum Cristo Rock (https://bit.ly/2zArlBM) de Raúl Porchetto y en la versión de La Biblia por El Ensamble Musical Buenos Aires (https://bit.ly/2NO3Xtx).

Luego emigró una temporada a Buzios y después a Europa, donde tocó a la gorra en el Barrio Latino de Paris. Más tarde, tocó con la banda francesa Clearlight para terminar formando parte de la banda anglo-francesa de rock progresivo Gong, que por aquel entonces estaba producida por el batero de Pink Floyd, Nick Mason. Con Gong grabó el discazo Shamal (https://bit.ly/2xx15Gc), donde metió destellos de carnavalito, zamba y tango aplicados al sonido progresivo y psicodélico.

Y si bien esta nota intenta ir por otro lado -adonde llegaremos en unas líneas más- no está demás decir que Pin se piró para Europa huyendo del clima de violencia que empezaba a despertarse en 1974, en la Argentina de la Triple A. Luego, en 1981, la revista Expreso Imaginario publicó la noticia de su fallecimiento a partir de un rumor difundido por Miguel Abuelo, quien también estuvo en Europa durante aquellos años. De hecho, la madre de Pin murió creyendo que su hijo había muerto.

En 1985, con la democracia recién inaugurada y en medio de los juicios a la junta militar, Pinchevsky regresó al país y se instaló en Mendoza, donde tocó con la banda de blues Alcohol Etílico. Para 1994 Charly García lo convocó para grabar en el disco La hija de la lágrima, hecho que revitalizó su carrera nuevamente y lo llevó a  grabar un año después su segundo disco solista junto a la Samovar Blues Band.



Pero adentrémonos a lo que fuimos a buscar, que no es otra cosa que los testimonios de una generación de jóvenes -y no tanto- que compartieron momentos con el viejo, ya sea en los años 80, finales de los 90 y principios del nuevo milenio. Entre ellos, Nachito Bruno (ex cantante y armoniquista de La Jaula del Rey Elvira y Narvales); Yamil Salvador (guitarrista actual en los Gardelitos; tecladista y saxo en Negusa Negast; saxo en Guapo y tecladista en los Guasones); Juampi Medrano (guitarrista y cantante en Botellas Vacías y Los Corazones Destruidos); Toby Villa (bandoneonista y ex cantante y guitarrista de la Flower Power) y el compositor y violinista platense, Sergio Poli. Además, encontrarán algunas de las voces de violinistas rockeros, entre ellos las de Edu Schmidt (ex Árbol) y Fede Terranova (Fútbol), quienes se coparon en contar en primera persona cómo era y cómo los atravesó el viejo Pin.

Nacho Bruno, quien además de músico es el secretario general de la Juventud Sindical de La Plata, Berisso y Ensenada, contó cómo fue conocer, tocar y hasta compartir pieza con Pinchevsky, en su regreso a La Plata en los años 1999 y 2000: “Con la Jaula éramos muy amigos de Diego Pinchevsky, el hijo del comandante intergaláctico, quien tenía un kiosco frente a donde ensayábamos. Un día nos cruzamos y nos dice ‘vuelve mi viejo’… imagínate nosotros, nos pusimos re eufóricos y, además, le había dicho a Diego que nos quería conocer. De hecho el primer contacto que Pin tiene con músicos al regresar a las diagonales es con La Jaula y así empezamos a ensayar. El loco estaba sin casa donde parar y fue ahí que lo invité a quedarse un par de días a mi casa, justo cuando mi viejo había salido de viaje a visitar a unos familiares. Cuando regresó le digo: ‘Che papá tengo un amigo que se está quedando unos días en casa’. Y el viejo me preguntó: ‘¿Quién es?’. ‘Se llama Pinchevsky, capaz que lo conocés’. Al instante, mi viejo abrió los ojos como dos huevos fritos y dijo: ‘¿Pinchevsky, el violinista? ‘Sí, le contesté’… a lo que retrucó medio en chiste, medio en serio: ‘Estás re loco, sácalo ya de acá’. Y claro, mi viejo lo conocía, era un músico de su época.
Fue así que comenzamos a hacer un show en Gitana como Jorge Pinchevsky y La Jaula, y tocó nuestros temas. Nosotros ya veníamos tocando “Luciana”, un tema suyo, y flasheó cuando se enteró que lo hacíamos, imagínate lo que fue interpretarlo con él en el violín. Recuerdo que ese día tuvimos un encontronazo con Pin, porque terminamos de tocar y muy amablemente cargué algunos instrumentos, entre ellos su violín, bagayo que fue cargado en un taxi para que fuera directo a la sala. Y en un momento sale Pin diciendo: ´me robaron el violín, dónde está mi violín’, hasta que le digo: ‘tranquilo, que lo cargamos con todos los instrumentos y está al resguardo en la sala de ensayo’. Se agarró tal bronca que me salió a correr, pero a los metros terminamos juntos yendo a buscar su instrumento a la sala, algo que nos depositó en una zapada que se extendió hasta la mañana siguiente, en un estado etílico considerable.
Luego de esa travesía con La Jaula, el viejo empezó a formar Jorge Pinchevsky y Los Hongos Mutantes (formación que tuvo con Tobi Villa, Yamil Salvador, etcétera), un proyecto que luego terminaría siendo la Flower Power, y me invitó a tocar la armónica en las primeras fechas que se realizaron en el café de los poetas. Fue muy emocionante transitar esos dos años de la vida con él. Además, mi paso por la música no habría sido el mismo si no lo hubiera conocido. Indudablemente el violín del rock es y será el del viejo Pin”.


Por su parte, Juampi Medrano cuenta cómo fue compartir una fecha con el viejo y la camaradería de una jornada álgida en el almanaque de la historia reciente (20 de diciembre de 2001), en la localidad bonaerense de Las Flores, cuando tocaba en Botellas Vacías: “Llegó como un duende con su pelo blanco empapado, en una tardecita de pueblo algo alborotado por el diluvio. Nosotros estábamos en unas incansables jornadas de ensayo cuando de repente desde un violín algo fatigado salió una melodía que hasta entonces desconocíamos: “Un ángel”. Así cayó nomás, como un espíritu sin tiempo y así nomás comenzó a compartir su música con nosotros, unos chicos de un arrabal lejano sin mucho conocimiento de su obra y, para colmo de males, algo desafinados. Estuvo tres días en la ciudad de Las Flores, días que parecieron eternos, un poco por lo nada que pasaba en esa época y otro poco por su incansable andar que nos sacaba de la rutina pueblerina.
Una noche tocó sólo, en otra fuimos su banda estable y en la última lo hizo en solitario con Botellas Vacías, con la luna y con las estrellas. En su despedida, unos amigos lo dejaron en la desolada terminal de ómnibus con los pasajes en mano, pero su sueño pudo más, aunque siempre sospechamos que en silencio decidió no irse nunca más.
Como todo en esta vida y sobre todo a esa temprana edad por la que transcurríamos, no supimos dimensionar su paso, solo el tiempo, las historias y su magia nos dibuja una sonrisa cada vez que lo nombran o vibran en el aire sus cuerdas”.



En tanto, Edu Schmidt, uno de los multinstrumentistas más completos de la escena rock local -pero sobre todo violinista desde pibe-, se animó a narrar una anécdota de cuándo tenía doce años y se escapó de su casa en Ramos Mejía para llegar al Samovar de Rasputín en el barrio de la Boca, donde tocaba Pinchevsky: “Recuerdo que hace treinta años su personaje me resultaba algo misterioso, porque si bien había grabado algunos discos, no se sabía mucho y era difícil seguirle el rastro. Un día me entero que tocaba en el Samovar, un lugar de zapadas, donde iban todos los bluseros y donde caía gente del rock todos los jueves. Con doce años me tomé varios colectivos para llegar desde Ramos Mejía a la Boca. Llegué temprano, me daba un poco de miedo todo porque estaba solo y había gente muy grande tomando vino y comiendo fideos. En alguna mesa por ahí estaban Alejandro Medina y Willy Crook y de un momento a otro comienza a tocar Pinchevsky… para mí fue una emoción muy fuerte porque desde los nueve años venía tocando música clásica con el violín, pero de a poquito me estaba metiendo en el rock.
Lo que más me acuerdo de aquella noche es que se trataba de un personaje muy bohemio, que tenía un violín acústico, o sea de caja -no me acuerdo si tenía un micrófono incorporado o incluso lo microfoneaban con uno de aire- pero tenía rota la tapa de arriba y él, mientras improvisaba y fumaba, tiraba las cenizas del pucho en la caja del violín. Más allá de la escala en la que toque el músico o el virtuosismo, saber que un tipo que estuvo en las mejores orquestas del país o en formaciones grosísimas como Gong, agarre el violín y se ponga a improvisar un blues y lo use de cenicero, eso fue una señal de lo que significa descontracturar todo y dar vuelta la historia de la música, una actitud ante la vida”.

Asimismo, el compositor y violinista platense, Sergio Poli, rememora cuando Pin todavía no era Pin, cuando todavía no se había topado con el rock y sobre un encuentro en los 80: “El señor que solía ver cuando mi viejo (Roberto Poli, contrabajista) me llevaba a algún ensayo de la Orquesta del Teatro Argentino o de la Orquesta de Cámara de la Municipalidad de La Plata, de pelo corto y corbatita, poco y nada tenía que ver con aquel personaje que vi fascinado años después con una gorra amarilla al lado de Billy Bond y La Pesada, poniendo su violín eléctrico en “Tontos”, en esa inolvidable película llamada Rock hasta que se ponga el sol.
Recuerdo haber visto su firma en algún documento que firmaba toda la Orquesta de Cámara en pie de guerra, cuando el intendente del onganiato, Franco Icazatti, intentó borrar del mapa a la Orquesta (casi cincuenta años después la tarea sería completada por el Intendente de la Alianza Cambiemos, Julio Garro).
La única vez que lo vi, a su regreso, fue en un boliche de 5 y 46. Cambiamos muy pocas palabras, se emocionó cuando le dije que era el hijo de Roberto y quedamos en algún día hacer algo juntos, pero no pudo ser. Jorge nos dejó la impronta del violín rocker en nuestro país, fue el primero y ese rótulo no se lo puede quitar nadie”.

Por su parte, el talentosísimo violinista de la banda Fútbol, Federico Terranova, quien reconfigura lo mejor del violín de Pin, se adentra como fan de esas vibraciones que todavía sobrevuelan en el rock de acá: “Antes que nada soy muy fan de Pin, no sólo por el instrumento sino por todo lo musical que se ve reflejado en todo lo que hizo. Es más, me compré el disco La Hija de la lágrima, de Charly, sólo porque toca él (https://bit.ly/2N396bH),  y así como ese hay varios que fui persiguiendo como En el 2000 también, de Pajarito Zaguri, donde hace un solo increíble. Por otro lado, la vida que tuvo es una gran novela, el tipo es todo una obra, no sólo por lo que tocó o con quiénes tocó, sino cómo vivió y cómo terminó sus días también.
Además me pega por otro lado más cercano a él, porque durante seis años toqué con Alejandro Medina en la Medinight y Ale siempre me tiró la onda de un montón de yeites. Aprendí muchísimo en esa época, sobre todo cuando nos poníamos a hacer dúo de guitarra y violín (ver a partir del minuto 3:33 https://youtu.be/31iiuj7eowM?t=213), algo que Alejandro había hecho con Pinchevsky en los 90, imagínate. Le pregunté mucho por el viejo y Ale siempre accedió a contarme cosas que nunca salieron a la luz en ninguna entrevista. Si Pappo es la guitarra del rock de acá, si Ale es el bajo, Pinchevsky es el violinista del rock”.  

En medio de una gira patagónica, Tobi Villa, ex cantante de la Flower Power, proyecto que nació en el 2003 como legado de Pinchevsky, relató cómo fue conocer al viejo en una noche de bar platense que casi termina todo mal, cómo fue grabar con él y sobre su despedida en el cementerio de Berisso, donde decenas de músicos tocaron hasta altas horas de la madrugada: “Luego de enterarnos por el diario que el Pin tenía un ciclo los jueves en el Café de los Poetas (en la calle 7 entre 39 y 40), y teniendo en cuenta que a muchos de nosotros -éramos como diez del  barrio, todos musiqueros- nos re cabía La Pesada del Rock & Roll, la Samovar y todo lo que hizo, le caímos. Así llegamos al bar, un lugar donde no se cobraba entrada, pero tenías que consumir algo. Nos paramos atrás y entramos a sacar un par de vinos y cuando el loco del lugar nos quiere cobrar le dijimos que no teníamos guita, medio que lo sacamos cagando. Al terminar la primera mitad del show, el tipo del bar le cuenta la secuencia a Pin quien se nos acerca re caliente y nos dice: ´¿Quiénes se piensan que son ustedes, que se van a venir a colar?…’. Y todos nos quedamos mirándolo y nadie decía nada, hasta que yo le dije: ´Mire, maestro, disculpe, nosotros no tenemos ni un centavo pero venga…´ y saco una piedra de faso que tenía y la parto a la mitad y le digo: ´Le pagamos con esto’. Al segundo, el viejo la agarra y nos dice: ‘A partir de ahora ustedes son mis nuevos amigos’ (risas) A partir de ahí fuimos todos los jueves hasta que terminamos tocando con él. Siendo sus nuevos amigos lo invitamos a grabar a mi casa y salió este disco al que llamamos Pinchevsky en La Cumbre, que data de los años 2002 y 2003 (https://bit.ly/2Nid2dE). Ese laburo lo presentamos en el bar Caetano (47 E/ 10 y 11), que si quieren ver y escuchar lo pueden encontrar en YouTube, así como Pinchevsky en La Cumbre. A los quince días de esas presentaciones el viejo fallece. Recuerdo que su velorio fue súper alegre, como él lo había pedido, tocando la viola, cantando, chupando y fumando hasta que lo enterramos en el cementerio de Berisso, en donde nos quedamos guitarreando hasta el otro día”.


En tanto, el músico y productor Yamil Salvador contó una anécdota con Pin que lo marcará por el resto de sus días: “A Pinchevsky lo conocí en el 2001. Yo tenía un amigo en la facultad -Tobi Villa- que tocaba con él y a los dos minutos de conocerlo me invitó a tocar. Tuve la suerte de patear con él durante sus últimos dos años de vida, de hecho le produjimos el último disco con Tobi, en su estudio ubicado en La Cumbre (La Plata).
Teníamos un ciclo en un lugar que se llamaba La Oveja Negra, que estaba en 122 y 56, un lugar bastante tenebroso. Ya en los camarines el viejo hace la lista de temas con veinte canciones y al salir al lugar nos encontramos con dos personas, un matrimonio que estaba sentado en un rinconcito. Entonces lo miro al viejo como diciéndole ¿Vamos a tocar? Y me dice ‘por supuesto que vamos a tocar, así haya diez mil personas o una, es lo mismo. Porque tiene el mismo derecho esa pareja que está ahí, como si el boliche estuviera lleno’. Así que salimos e hicimos el show completo con los veinte temas. Tenía esas cosas el viejo. De paso me enseñó la lección de que todo el mundo por igual tiene el mismo derecho a disfrutar de un show, por más que sea uno solo. A partir de ahí nunca más me asusté cuando tuve que tocar y había poca gente en el salón”. 

Pin: “El rock debe ser siempre un reflejo de la sociedad”

Durante el tiempo que duró la construcción de este delirio testimonial para seguir recordando a Jorge Pinchevsky me topé con un montón de violinistas tocando en las calles y en los subtes, como si algo de él estuviera sobrevolando en el ambiente diciendo: “Hay violines por todos lados y son rockeros, loco”. Es más, a horas de entregar esta nota al editor, en el subte línea H me crucé con Agustina, una violinista que estaba tocando para juntar la guita necesaria para mandarse a mudar de la ciudad, porque días atrás la habían echado del departamento donde vivía por no poder pagar el mes en tiempo y forma. Pero ahí estaba, firme, poniéndole la mejor jeta para yugarla en medio de toda la mierda que generaron estos chetos que gobiernan. Me estaba yendo y le conté el trasfondo de lo que ustedes ahora leen, y me contestó: “Qué grande Pinchevsky, un ser libre. Me parece que levanto un poco de guita, me dejo atravesar por su espíritu y me compro un pasaje a donde sea, como hizo él… y después vuelvo, obvio”.

Quizá estas voces, las más anónimas, estaban ahí para contar esos momentos donde él siempre estuvo para crear magia.