martes, 17 de febrero de 2015

IRON MAIDEN: LOS PRIMEROS AÑOS...



Seguramente, cualquier libro de Historia del Rock podría decir algo así: “Alguna vez, hubo una banda inglesa que cambió la forma de hacer rock pesado, y que se volvería leyenda a partir de los años ’80. Su nombre era Iron Maiden…”

Claro y conciso. Sin embargo, antes de las megas giras, los shows impresionantes, los partidos de fútbol contra otras bandas; antes del jet, y de “The Trooper”, con su desfile con la bandera Union Jack de fondo; antes de todo eso hubo un grupo under que se formó durante la transición estilística entre el rock progresivo y el punk, a mediados de los ´70. Un grupo que nació durante un periodo de más dudas que certezas, en donde el rock británico –luego de un histórico primer lustro en los ´70- se enfrentaba a un cambio de paradigma estilístico en el que surgirían las nuevas corrientes que dominarían la próxima década. Y en la tierra arrasada del heavy metal, en donde varios se probaban la corona de grupos caídos en desgracia como Deep Purple o Black Sabbath, o en retirada como Zeppelin, surgiría Iron Maiden como una de las principales bandas encaramadas a renovar el estilo, pero manteniéndose como hijos directos de la fragmentación de estilos de esa misma década de los ´70 que los vio nacer.

UN LARGO Y TORTUOSO CAMINO INICIAL
La historia de Iron Maiden arranca en 1975, cuando el bajista Steve Harris se une al guitarrista rítmico Tony Parsons y al baterista Doug Sampson con la intensión de formar un grupo de rock pesado. Luego de varias idas y vueltas se produce el ingreso del guitarrista Dave Murray al grupo, que en ese momento estaba conformado solo por Steve Harris y Doug Sampson. A pesar de las adversidades el trío de músicos siguió firme en su propósito. Sin embargo, la estrella del grupo, en esta primera etapa, va a terminar siendo el vocalista Paul Di´Anno, un tipo que cantaba como los dioses, y que había entrado a la banda en 1977. 

Curiosamente, Di´Anno no era el típico vocalista de heavy metal que gritaba hasta llegar a las notas más agudas posibles. Por el contrario, poseía un estilo más bien gutural, además de una gran capacidad vocal e increíble energía. Justamente, esta forma de cantar y su actitud rebelde, despreocupada y contestataria con la que este frontman manejaba al público, sumado a sus dotes como compositor, ayudó enormemente a atraer más y más admiración por la banda en esas primeras épocas.




 Aunque los primeros cuatro años de Iron Maiden fueron un duro batallar, terminarían siendo el mejor training posible para que los muchachos pudieran plasmar por fin toda su musicalidad en su debut discográfico. Antes de eso, en 1979, grabarían su primer demo en estudio. El resultado fue The Soundhouse Tapes, un EP publicado en noviembre de 1979 con una edición de 5 000 unidades. Poco después, Sampson abandonó la agrupación debido a problemas de salud, y en su lugar ingresó Clive Burr junto a otro guitarrista, Dennis Stratton.  

Pero no será hasta 1980 que les llegue su gran oportunidad, cuando EMI los contrata para que editen su primer larga duración, Así, finalmente en febrero de 1980 y en sólo trece días, Iron Maiden terminó la grabación de su homónimo álbum debut. El resultado final, aunque gustó a los aficionados y a los críticos, defraudó a los integrantes del grupo, y en especial a Steve Harris, que criticó el poco interés del productor Will Malone por pulir el pobre sonido de la cinta. Sin embargo, en la actualidad son pocos los que reparan en la calidad del sonido de este clásico imperecedero del rock pesado. Sin dudas, uno de los mejores debuts de la historia del rock.

En sí, el primer álbum de Iron Maiden se destacaba por su original combinación de la fuerza del punk y el rock pesado mixturados con las pretensiones instrumentales del rock progresivo. Por eso no sorprende que este disco debut  haya sido catalogado como una de las piedras básales del llamado “New Wave of British Heavy Metal”. En este primer álbum, al igual que en los posteriores, Steve Harris fue el principal compositor. El bajista escribió casi todos los temas a excepción de “Charlotte the Harlot”, cuyo autor fue Murray. Por otra parte, las canciones “Remember Tomorrow” y “Running Free” fueron compuestas en tándem por Harris y  Di´Anno; mientras que “Santuary” era la única cuyos autores fueron los tres músicos.

Iron Maiden arrancaba con la energía brutal y urgente de “Prowler”, un tema alucinante con vocación de clásico; una pesadilla ficcional que incluía un ambicioso desarrollo musical y rítmico. El épico “Phantom of the Opera”, uno de los preferidos de Steve Harris, era un impresionante tema de siete minutos de duración, y se convertiría en una de las composiciones más complejas y mejor logradas de la historia de la banda; una canción sin desperdicio que combinaba múltiples secciones melódicas en medio de una ambiciosa fusión de estilos que poco tenían que ver con el rock pesado tradicional. Por el contrario, en “Running Free” y “Sanctuary” –dos temas casi punk- la cosa se volvía más simple y urgente. Según Di´Anno la letra de “Running Free” era autobiográfica, ya que recordaba su adolescencia: “Trata sobre tener dieciséis años, y como dice, salir corriendo salvaje y libre. Proviene de mis días como skinhead”

¿Y qué se podía decir de “Iron Maiden”, un tema que aún hoy se mantiene como uno de los clásicos infaltables en los shows del grupo? Un verdadero himno que mostraba por donde iban a venir los tiros, de aquí en más, en la obra de este grupo británico.

“Transylvania” fue el primer instrumental –y único de este álbum debut- grabado por Maiden, y uno de los más complejos de su historia, debido a sus imaginativos cambios rítmicos. Una obra que no tiene nada que envidiar a los mejores trabajos de Rush, u otras bandas progresivas de los ´70.  Por su parte, “Strange World” se destacaba por su virtuosismo sutil y sus partes instrumentales tranquilas y casi psicodélicas.

Como decíamos,  “Charlotte the Harlot”, el único tema compuesto aquí en soledad por Dave Murray, sería el primero de una serie de cuatro temas dedicados a una prostituta ficticia llamada Charlotte. Por su parte, “Remember Tomorrow” destilaba sutileza en estado natural. Una hermosa canción que empezaba casi en forma de balada para ir ganando velocidad en forma paulatina hasta desembocar en un cierre apoteósico protagonizado por un solo de guitarra demente. 

En resumen, un  álbum fantástico. Sin embargo, a pesar del triunfo que supuso este aplastante debut discográfico, los vaivenes en el grupo continuaron bastante tiempo más. Incluso durante las giras de presentación del álbum, cuando se produce el despido de Dennis Stratton, en octubre de 1980, luego de un show en Noruega. El guitarrista, cuya salida de Maiden se debía a diferencias musicales, sería  reemplazado por Adrian Smith, un amigo de Murray.

EL SEGUNDO CAPITULO ASESINO…
Con su nueva formación, Iron Maiden graba su segundo álbum Killers, producido por Martin Birch, que ahonda el mismo estilo musical del primer disco. Birch, que anteriormente había trabajado con grupos exitosos como Deep Purple, Fleetwood Mac y Black Sabbath; iniciaba así su exitosa colaboración con Maiden, que se extendería por más de una década. Este cambio de productor produjo un cambio significativo en el sonido del grupo con respecto al primer disco. Porque, aunque quizás no haya reproducido el impacto del anterior, Killers (editado el 2 de febrero de 1981) era mucho más acabado en cuanto a sonido. Aquí, tanto la aplastante música del grupo como la cautivante voz de Di´Anno, llena de pasión y emoción, quedarían muy bien plasmadas en temas como “Murders in the Rue Morgue”, “Another Life” y “Purgatory”.

Además, el repertorio de esta segunda producción de Iron Maiden incluía dos temas instrumentales (“The Ides of March” y “Genghis Khan”); además de estar nuevamente escrito y compuesto en su mayoría por Steve Harris. En sí, la mayor parte del material de Killers -con excepción de “Murders in the Rue Morgue” y “Killers”-, ya había sido compuesto antes del lanzamiento del disco debut, pero debido a que no podían caber todos los temas en aquel álbum, fueron posteriormente regrabados al incorporarse Adrian Smith al grupo.

“The Ides of March” era el corto instrumental que abría el disco, casi un bolero cuyo compás con ritmo marcadísimo enganchaba a la perfección con “Wratchild”; un tema muy potente cuya música desconaba los parlantes, mientras los alaridos de Di´Anno se elevaban a la estratósfera. Seguía “Murders in the Rue Morgue”, un relato en primera persona del famoso cuento de Edgar Allan Poe, en donde Di´Anno hacía una de sus más memorables interpretaciones.

“Another Life” era una aplanadora sónica, que empezaba con los tambores dementes de Clive Burr, cuya fuerza casi punk servía de base a un tema muy extremo de gran velocidad. Esta canción enganchaba en forma perfecta con el segundo instrumental del álbum, “Genghis Khan”, cuyos interesantísimos cambios rítmicos anunciaban la segunda parte del disco. Aquí nos encontrábamos con “Innocent Exile”, otra canción potente y demente; y “Killers”, cuya naturaleza asesina le hacía honor a su título. Sin dudas, el tema más recordado del álbum y otro de los mayores clásicos de la historia del grupo.  Por su parte, la hermosa y progresiva "Prodigal Son” se destacaba por una melodía basada en sutiles arreglos instrumentales que combinaban potentes solos de guitarra eléctrica con una base muy fina de guitarras acústicas, lo que terminaba emparentando a esta canción con el material más campestre del Genesis de los ´70, o incluso con los mejores momentos del primer Supertramp.  

Por el contrario, muy poco de delicado tenía “Purgatory”, otra canción potente y de ritmo arrebatado. Lo mismo que “Twilight Zone” y “Drifters”, los dos rockazos que concluían Killers, que incluían varios de los mejores aullidos de Di´Anno. Las frutillas del postre de otro álbum memorable, y el punto final de esta primera etapa del grupo.


El resto de la historia es conocido. Di´Anno sólo podría darle magia y vida a Maiden en estos primeros dos discos, ya que -debido a su comportamiento volátil e intratable, y su incontrolable adicción a las drogas y el alcohol- sería expulsado del grupo, a fines de 1981, luego de haber sido detenido por la policía en varias ocasiones por sus abusos. Estos problemas con la ley de Di´Anno, por los que había fallado a la banda en varios momentos claves, motivaron a Steve Harris a tomar la decisión de reemplazarlo por Bruce Dickinson. Comenzaba así la etapa más exitosa de Iron Maiden, una banda que se transformaría luego, dentro del heavy metal, en el icono más claro y referencial del estilo para muchos de los grupos que surgirían a partir de los ´80. Sin embargo, nada de eso hubiera sido posible sino hubiesen existido estos dos primeros álbumes llenos del candor de esos primeros años under de Maiden. Había nacido así la leyenda de la Doncella de Acero...

Emiliano Acevedo



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