La cercanía del próximo show funciona como disparador. El 10 de octubre, en The Roxy, Juana La Loca volverá a encontrarse con el público para recorrer parte de su repertorio y de una historia que todavía tiene capítulos por contar.
Entre el café y los recuerdos, la charla va y viene entre aquellos años de Rodrigo, las canciones que sobrevivieron al paso del tiempo y el presente de un músico que sigue pensando su obra desde el escenario...
ENTREVISTA> En el último tiempo estuviste con mucha actividad…
Sí. Primero reeditamos Electronauta, masterizado por primera vez, porque en 1993 había salido sin ser masterizado. Ahora lo masterizamos para vinilo, lo cual también se conecta mucho con Subversónica, el disco de versiones con invitados, que estamos adelantando el 10 de octubre en el Roxy. Todo ocurrió a partir de redescubrir aquel primer disco, porque al masterizarlo y excitar ciertas frecuencias, comencé a escuchar cosas que me había olvidado que había grabado.
Contame cómo estás preparando este show próximo del Roxy…
No es la presentación del disco porque el álbum completo no fue subido aún a ninguna plataforma. Estamos adelantándolo de a un corte. Hasta ahora fue “Sábado a la noche” con Santiago Motorizado, “Perdí la fe” con Walas, y ahora viene “Viernes a la noche” con Toti Iglesias; cuyo videoclip oficial se filma en el Roxy, durante el show. Y luego sale a fin de año “Angelical” con Mariano Martínez. Esos serían los cuatro cortes del disco. De ahí en más sale el disco completo, la presentación con los invitados, para mostrar en su totalidad el disco, va a ser el año que viene. Sin embargo, el 10 de octubre es un adelanto. Hay varias modificaciones en cuanto a las versiones oficiales de los temas. “Sábado a la noche” va a sonar tal cual es la versión grabada por Santiago; “Perdí la fe”, lo mismo; pero tenemos un agregado ya que, por ejemplo, la versión de “Planeta infierno” va a estar a cargo de la concertista de piano Aldana Isjaqui, con cello y violín. Una orquestación compuesta por ella y en “Alucinaciones del 2000” lo mismo. O sea, si bien es un adelanto de Subversónica, ya hay importantes matices de diferencia, con el agregado de la filmación en vivo de “Viernes a la noche”.
¿Y qué sentiste al volver a hacer estos temas? Si bien nunca se fueron es volver a revisitarlos de una manera diferente.
Sin duda. Resignificarlos. Eso me ocurrió porque en este caso la decisión fue volverlos a grabar, pero al imprimirles la dinámica, el concepto, la ejecución de volver a grabarlos, la resignificación en la reinterpretación me permite a mí colocar en el tema ingredientes, performances, que al terminar de grabarlos en su momento y re escucharlos, yo pensaba: “¿Por qué no se me ocurrió tal cosa aquella vez?” Al pensar eso lo llevé al plano del vivo. De hecho, la versión que grabamos con Santiago Motorizado de “Sábado a la noche” es la que estamos tocando en vivo ahora. Es una versión más larga, que al final tiene más lírica, distinta a la que está en la versión oficial. Por ejemplo, dice: "Amor en tu coche, amor en tu coche" y resalta ahí “Otra vez, otra vez, otra vez…” Me dije, esto lo dejo plasmado. Por ejemplo, en “Perdí la fe” siempre pensé porque no le había puesto cuerdas armonizando la fiereza de las guitarras en el estribillo. Bueno, este fue el momento preciso. Otro caso fue “Dame pasión”, donde decidí poner una guitarra más rockera, llevando al tema hacia el punk rockerizado, el punk glam, y convoqué a Stuka. Lo mismo me pasó en “Angelical”, en donde decidí que quería un solo más emotivamente glam y de base unas guitarras más potentes acentuando el dramatismo del tema, por eso llamé a Mariano Martínez. Y así, en cada tema fui imaginando al ejecutor determinado. En “Perdí la fe” pensé en una voz emotivamente expresiva y que también lindere con el dramatismo de la lírica, y no podía ser otro que Walas. Cada tema fue, además de revisionado, vuelto a entender, resignificado, pensando cada integrante para que tomara una dimensión aún más profunda. Sin embargo, en Subversónica estas canciones las tomo directamente como nuevas canciones, más allá del embrión original. También hay un tema que adelanta el disco del año que viene y se llama “Mucho ego”.
¿Ya estás grabando ese disco nuevo?
Sí, lo vengo haciendo en desde antes de la grabación de Subversónica, en paralelo se podría decir.
Ahora también estás escribiendo un libro autobiográfico…
No. El libro es biográfico, escrito por Diego Perri.
Toda tu vida. Va a ser bastante groso.
Sí, sí. Es complicado hacerlo o más o menos. Y ya está terminado. Lo estamos revisando, corrigiendo, pero ya está hecho. Calculo que a comienzos del año que viene ya va a estar editado. Paralelamente a eso estoy escribiendo mi segundo libro. El libro que estamos haciendo con Diego es un recorrido en el que, obviamente, hay rock, pero también tiene cosas que están completamente alejadas del rock.
¿Cómo fue que llegaste a esta forma tan particular de hacer canciones?
Creo que porque fui educado con intolerancia a la resignación. Fui educado dentro de un marco donde el terreno de la especulación, las ideas y la maquinación era válido en tanto y en cuanto eso se traspasará al formato tangible. Entonces, se gestó en mí, desde pequeña edad, una búsqueda y una dinámica permanente. Siempre prefiero las preguntas a la respuesta. Eso no significa que no ejecute una búsqueda hacia la respuesta, pero para dinamizar esa búsqueda primero tenés que preguntarte, si esto te es suficiente o no. Para mí nada es suficiente. Entonces, estoy lanzado permanentemente a la búsqueda de nuevas respuestas y considero que en esa búsqueda se transita un camino donde se incorpora conocimiento. En ese camino se van gestando cosas, como, por ejemplo, Tramas, mi primer libro. Ahora estoy organizando mi primera muestra de arte, ya que pinto desde muy temprana edad. Son facetas mías que siempre han quedado a la sombra de lo que es mi aspecto musical.
Y en esa búsqueda aparecen los discos…
Claro. Pero es un recorrido para llegar a una nueva respuesta que satisfaga una necesidad constante de absorber conocimiento. Por supuesto, también estoy convencido de que un conocimiento nuevo no reemplaza a uno viejo. Muchas veces pasa como con las canciones, lo resignifica, se le otorga una nueva valorización a lo que ya sabías, en tanto y en cuanto a lo que incorporás, lo reafirma o lo contradiga. Pero estoy convencido de que el conocimiento no ocupa espacio físico, así que yo lo sumo en lugar de reemplazar.
¿Y vos te nutrís de lecturas, películas, de todo el arte en general?
Sí. Muchas veces me pasa al ver una película. También leo desde muy temprana edad a autores que mi mamá me pasaba, por ejemplo, Ray Bradbury y también me compraba las versiones infantiles de las novelas de Julio Verne: Un viaje a la luna, Viaje al centro de la tierra y demás. Eso iba fomentando mi imaginación en tanto y en cuanto que cuando leés tenés que fabricarte la escena. No es como ver una película, esa es otra dimensión que también me encanta, ya que desde muy pequeño veo cine, pero el libro hace que vos lo que lo que estás leyendo te lo tengas que fabricar mentalmente. También leía a autores mucho más rígidos a temprana edad. Por supuesto, después en la facultad leí un montón, pero a Jean Paul Sartre lo leía cuando tenía 12 años o también a René Descartes, El discurso del método lo leí a los 20, y todo eso también lo utilizo como caldo de cultivo para composiciones. Por ejemplo, para que te des una idea, Belleza tiene un tema que se llama “Los dragones del Edén”, que está basado en un libro de Isaac Asimov, en donde se plantea un año tal cual nosotros lo entendemos de 365 días. El humano mide el tiempo según la vuelta que da la tierra al sol. Por consiguiente, si viviésemos en Plutón, moriríamos antes del año de vida, ya que tarda como 80 años en dar la vuelta. Y los dragones del Edén son los dinosaurios, teorías y especulación sobre la evolución de la mente humana y el libro plantea que en el equivalente a un año humano la humanidad aparecería recién a las 23:59 del 31 de diciembre. O sea, es muy corta la historia humana en el planeta. Nadie sabe cuántos años tiene el planeta Tierra. Pero el planteo dentro del esquema es eso y entonces en Belleza primero estuvo la letra después del nombre del tema, así inmediatamente recurro a cosas que han marcado o establecido un momento determinado en mi desarrollo, en mi aprendizaje, en mi vida en general.
Todo el arte te inspira…
Tanto los libros como las películas, incluso fotografías. Muchas veces con mis alumnos y alumnas vamos a exposiciones de arte y apreciamos obras y en base a eso se dispara una canción o, por ejemplo, implemento un ejercicio que se trata de abrir un libro al azar en una página, leerlo y la frase más icónica en la apreciación instantánea se desarrolla como un concepto de una canción. En realidad, son distintos vehículos para expresar y transmitir una idea. También dirijo video, el último video que hicimos de “Perdí la fe”, con Walas, está dirigido por mí. Me interesa mucho el cine. Conozco a directores argentinos como Demián Rugna, que además escribió la contratapa de Tramas, me parece notable Cuando acecha la maldad, su última película, o también Aterrados; son obras maestras. Por supuesto, me encanta la obra de Stanley Kubrick, una de las películas favoritas de toda mi vida es Barry Lyndon; o David Lynch cuando hizo el enigma de Twin Peaks, y así me voy nutriendo de distintos aspectos artísticos para transformarlos en distintos formatos.
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| Foto: Mauro Feola (Circo Bohemio) |
De hecho, lo terminé de escribir utilizando textos de hace 30 años mezclados con textos escritos cuatro horas antes de entregar el original a la editorial. Incluso, me tuve que poner a googlear un montón de frases que había en el libro porque realmente no sabía si eran mías o si las había leído en algún momento. Pero todo el tiempo me vienen esas ideas a la memoria. O, por ejemplo, a veces me despierto cantando una canción. Seguramente son residuos del día anterior o de la semana anterior que toman forma esa noche o ese día, porque hace poco que duermo de noche.
¿Qué enseñás? ¿Composición?
Canto y composición. Tengo alumnos y alumnas, por ejemplo, que vienen por canto, otros que vienen por composición. Mi hija, que está integrada, estudia bajo; tengo otros alumnos que son de guitarra. Aunque comenzamos con eso, la clase termina siendo integrada, o sea, si venís por canto, vas a cantar lo que componés. Y si venís por composición, vas a componer y luego lo vas a cantar. O sea, empezamos con la iniciativa, pero luego termina siendo arte en general.
¿No te sentís un poco precursor de un montón de grupos de la actualidad, ya sea Tan Biónica o Winona Riders, que están experimentando con sonidos, algo que vos ya venías haciendo hace 30 años?
Cada banda de las que vos estás nombrando tiene su personalidad definida y también están en ese lugar por mérito propio. Lo que sí noto en la actualidad en muchas bandas y, reitero, en este caso, también en mis alumnos y mis alumnas, es una recuperación volcada a las canciones, pero una recuperación de las ideas de los 90. Esto que te digo, que siempre lo he afirmado, de preferir el interrogante a la respuesta segura, tomar riesgos artísticos o no ejecutar el mandato de moda o de época, en definitiva, no hacer, entre comillas, lo que se espera de vos. Por ejemplo, tengo una canción nueva que se llama “Lo que se espera de vos”. Todo se refiere a la inconformidad, el desafío, la búsqueda, tomar riesgos artísticos, eso hoy lo noto con muchísima fuerza.
Es un proceso que se viene dando en la música…
Hoy y desde hace cinco, seis, diez años atrás bandas como Él Mató a un Policía Motorizado, con su contraste de melodías suaves, introspectivas, cándidas, tan agradables, contrastadas con capas fluidas de sonido, pero, reitero, cada banda tiene su personalidad y están en el lugar que ocupan y merecen por mérito propio y eso me produce muchísima satisfacción. Me encanta la convicción que tienen acerca de su búsqueda artística, porque podría gustarle ese tipo de concepto, ese tipo de música y no ejecutarlo.
Tal cual. Estamos transitando una época muy cancionera, de búsquedas sonoras, después de vivir tiempos de rock más cuadrado, como que ahora se abrió un poco el panorama, ¿no?
Sí, y yo lo celebro. No sé si soy precursor de eso, pero sí recojo el guante y me hago responsable de esa dialéctica y de esa puesta en práctica.
¿Cómo te salen las canciones con esa mirada tan filosófica de la vida con tanta sensualidad e intención?
Bueno, primero y principal, acabás de decir la palabra justa: todas mis canciones son intencionales. Hacia distintos ángulos y distintas perspectivas, pero lo que yo hago no es ingenuo, o sea, no es al azar. Es lo que te decía anteriormente, considero que una obra artística es la vehiculización de un cúmulo de ideas. Cada vez que compongo una canción, deposito un concepto en ella, y muchas veces la composición es completamente instintiva. Compongo y abordo la composición, y es lo que transmito también cuando doy clase, desde diferentes ángulos. Hay canciones que son meramente instintivas en donde agarro la guitarra, comienzo a cantar y surge, a la vez, melodía y letra. Otras veces me despierto cantando una canción. Otras veces, al estar nadando o trotando, se disparan químicos que alientan la composición. Entonces, por ejemplo, uno de los temas nuevos del próximo disco se llama “Vida Vampira” y se me ocurrió trotando. Otras veces establezco un concepto. Cuando compuse “Vida Modelo”, lo que quería transmitir era una linealidad del sistema de organización humano. Lo dije millones de veces: nacer, escuela, trabajar, morir. Eso no me entraba en una melodía. Entonces, recurría a frases como “después del colegio, trabajar, volverte viejo…”, para colocarlo en formato canción. Ataco la composición desde distintos ángulos y muchas veces mezclo los distintos métodos. Pero yo supongo que también la carga filosófica que tienen muchas de las canciones tienen que ver con mi formación.
Vos estudiaste en la facultad, leíste mucho…
Sí, sí, pero anterior a eso. Mi abuela cuándo, a grandes rasgos me echaron del jardín de infantes, me agarró y me dijo: "Bueno, todo bien, pero tú vas a aprender a leer y escribir acá en casa antes de empezar primer grado…” y tenía la maravillosa idea de enseñarme a leer leyendo a Nietzsche o Chéjov. Entonces aprendí a leer con libros como El Anticristo o Así hablaba Zaratustra. Todo eso para mí era tan cotidiano que lo tomaba como leer [la revista] Billiken. Para mí era el mismo tipo de lectura o, por ejemplo, antes de saber leer, para dormirme venía mi tío y me leía la Odisea. Todo eso duró hasta que mi vieja agarró y dijo: "No, pará..." Entonces compró la adaptación, justamente de Billiken, de la Odisea para niños. La cuestión es que yo al otro día iba al colegio y ya tenía como 20, 25 dioses, cuando todos los chicos eran unicreyentes. Y todo eso fomentaba mi imaginación, entonces, en el momento de plasmarlo recurro a todo eso y sin dejar de lado lo que incorporo día a día en todo sentido, ya que sigo leyendo, viendo películas todo el tiempo, escuchando música, descubriendo bandas. Estoy todo el tiempo en el movimiento de incorporar con conocimiento, pero, viste que hay ciertos elementos que ocurren por primera vez en tu vida, que se establecen como fundacionales de una construcción de la personalidad. Entonces, eso es algo muy difícil de modificar, yo te diría imposible, porque tiene que ver con el momento de la gestación de tu individualidad y en el momento de la expresión permanentemente volvés a eso. Sin desconocer lo que lo que diariamente vas incorporando. Eso también modifica y reafirma formas de ser, pero aquello que ocurrió antes del establecimiento de la personalidad es fundamental en el quehacer cotidiano.
¿Cuáles creés que fueron los puntos musicales en donde vos te sentiste identificado en esas épocas primigenias?
Mi primer impacto con la música, que lo recuerdo muy vagamente, pero después lo busqué y una amiga me lo pasó, es algo que siempre me contaba mi madre acerca de una canción de Ginebra Llave que hacían unas ardillitas con corte de pelo beatle y que cantaban: “Y dale, dale, dale, Ginebra Llave…” En el relato de mi madre y mi abuela, ellas me decían que inmediatamente estuviera haciendo lo que estaba haciendo, me paraba delante del televisor. Así que ya tenía una atracción hacia la melodía, la música. En la adultez lo que realmente me impactó fue el primer disco de aquello que estableció un quiebre en mi forma compositiva de entender la música y la belleza sonora que fue el primer disco de The Jesus and Mary Chain, el álbum que se llama Psychocandy, grabado en 1984 y editado en 1985. Hubo un par de discos antes que también me impactaron, pero la primera vez que escuché Psychocandy, eso fue un antes y un después en mi vida, en la forma de capturar la canción. La belleza del del ruido y justo en Beatle la mitad de la década donde de los 80, donde las bandas estaban muy preocupadas por la exacerbación del hi-fi, de la mezcla correcta y de “esto está bien, esto está mal”, justo ahí vienen estos pibes y es como si fuera un ama de casa entonando melodías infantiles detrás de un lavarropas. O sea, el contraste violentísimo entre el acople, la distorsión llevada al extremo, de hecho, cuando entra un solo en el tema es como otra capa de sonido y arriba de eso está el tipo cantando: “You never understand me…”, como si estuviese feliz mientras que por detrás solo hay caos. A mí igual me encanta el hi-fi, la refinación del audio, todo eso; pero puedo recurrir a la violencia auditiva, sonora, y contrastarla con una melodía que cantemos todos. Ese contraste me parece muy muy sugestivo y lo apliqué en Electronauta.
Volviendo a eso, al tema de lo sonoro, contame un poco cómo pensás los discos a partir de tanta mutación. Porque tenés álbumes repletos de capas de guitarras, algunos más electrónicos, después experimentaciones que suenan más hogareñas. ¿Cómo va mutando eso?
Bueno, también me gusta reiterarme en ciertos conceptos porque establezco una analogía muy fuerte con respecto a eso. Por ejemplo, desde el punto de vista lingüístico, hay muchas teorías sobre la estructura del lenguaje, o sea, ¿qué es lo que hablamos? Una de las teorías, que estuvo mucho tiempo en boga, y yo calculo que hoy día debe ser la más aceptada, aunque ya se establecieron parámetros de disrupción en cuanto al discurso, pero una estructura que se mantiene es que el lenguaje es un significante. Por ejemplo, la palabra “árbol”, eso es un significante, pero por debajo subyace un significado, o sea, lo que en realidad es el árbol, que, si lo tuviese que explicar recurriría a otros significantes, pues yo te diría: "Raíz, tierra, copa, rama." Serían más significantes, pero por debajo de eso subyace, o así está enunciado, un significado, que es lo que lo que hace al árbol, árbol. Bueno, en mi caso, yo cada disco lo tomo como la suma de distintos significantes. Cambian de forma, se establecen otros parámetros en base a no reiterar fórmulas armónicas ni melódicas e incluso transgredir la estructura de la canción, como pasó en “Sábado a la noche” que no tiene un estribillo definido o “Planeta infierno” que no tiene ningún estribillo. Y por debajo de eso lo que significa esa cadena de significantes, en este caso en la suma de cada disco, subyace y determina un significado común, que es en cada disco lo que venimos hablando ahora: establecer una ruptura o un nuevo interrogante con respecto al disco anterior. En cuanto a la producción, por ejemplo, en Subversónica, el 70% del disco está grabado en mi casa. Las baterías están tomadas de distintos ángulos del living de mi casa, que es piso de madera, techo muy alto, hay micrófonos en la calle, en la vereda, está tomado desde distintos ángulos, en contraposición a Endorfina, el anterior álbum, que está grabado en un estudio de grabación, pero en ese disco comencé a aplicar la estimulación armónica como método fundamental de ecualización. Si bien no dejé de lado la ecualización tradicional, la excitación de ciertas frecuencias, comencé a experimentar con la excitación armónica. Entonces, a partir de ese disco comencé a utilizar aparatos que combinaban distintos resultados de válvula, una válvula tríodo mezclada con un pentodo, estimulación de ciertos armónicos, ya que cuando nosotros hablamos disparamos armónicos. La estimulación de unos armónicos como el armónico número nueve o el armónico número seis en deterioro de otros como el doce que no me interesaban. Esa búsqueda la establecí en endorfinas para romper o no romper, porque cada disco también vuelvo a escucharlo y es como hablarme a mí mismo, pero para establecer un nuevo parámetro. Entonces, el significado que atraviesan las distintas formas es eso: La búsqueda de la pregunta, la novedad, la inquietud del inconformismo y asesinar la resignación.
Hay una pregunta vicio que me gusta hacer: ¿Qué canción de otro te hubiese gustado componer a vos?
[Canta] “Yo soy del barrio de tres esquinas, viejo baluarte del arrabal, donde florecen, como glicinas, las lindas pibas de delantal…” “Tres esquinas”, me hubiera gustado componer ese tango…
Emiliano Acevedo












