martes, 23 de diciembre de 2014

"SOY, NO TENGO", entrevista a Acústica Túnel


Desde principios de 2012, Jimena Lunática (31) recorre, guitarra al hombro, andenes de tren, pasillos y formaciones de la línea A y D, no solo con la personalidad de su voz sino con un sobresaliente carisma forjado en el ímpetu de enfrentar la vida, que para algunos, a veces, se torna un callejón sin salida. Jimena va haciendo su propio camino, y despierta en la rutina de miles de pasajeros un sueño que no cierra sus ojos sino que abre sus sentidos, y los pone alerta a esa sensibilidad tan particular que impacta como lo nuevo en rutinas gastadas. Su personal voz le permite imprimirle un sello propio a los covers que hace             ("A mi manera", "Sur", "El ángel de los perdedores", "Get Lucky", "Je Veux", etc) y cautivar, también, con temas propios.


Algunos días de la semana llega desde Morón, donde vive, a tierras capitalinas a ganarse el mango y recibir aplausos sentidos y comentarios como los que le dejan en su blog (http://www.acusticatunel.com.ar/imaacutegenes.html) del estilo de: “Recién te escuche en el subte Línea A, yendo a Plaza de Mayo, increíble tu voz, sentí una paz que hacía rato no me pasaba. (…) muchas personas se sacaron los auriculares para escucharte”, “Hoy la verdad después de tanto tiempo sin pararme a respirar fuiste un alivio, un poco de magia donde menos pensé encontrarlo. Me tome el subte con la idea de llegar rápido a casa y no me importaba otra cosa, y te escuche y fue como aire fresco entre tantas cosas enredadas”, “(…) ya te vi como 3 veces en la línea A y las 3 veces me saque mis auriculares y eso que iba al palo escuchando death metal. Tu música  en esos viajes repetitivos y rápidos, te hacen detener el tiempo y se siente la vibra q tenés”, “Ayer me pasó una cosa que hacía tiempo no veía, ver a la gente prestar atención a otra cosa que no fuera su celular o encerrarse en su micro-mundo de imágenes y sonidos mientras viajan en su letargo subterráneo”, etc.

A la hora de la siesta, de este caluroso diciembre, en la placita de Yerbal y Rojas, nos tendimos en el pasto a charlar con Jimena, que previamente saludó a unos pibes que estaban reunidos fumando, y, a pedido, les cantó “Je Veux”. No hay dudas, la calle es su lugar.
La primera impresión de sencillez y espontaneidad en su manera de encarar la vida se fue confirmando a lo largo de la entrevista que hoy les presentamos.
Lo dice casi al pasar pero Jimena es sobrina de un prolífero autor de tangos entre los que se cuentan “Azúcar, pimienta y sal”, “Y te parece todavía”, “Lo que vos te merecés”, entre otros.
Así Acústica Túnel, sin micrófonos, ni amplificación, a pura sangre y transpiración, pisa fuerte en la plaza escénica callejera de la estridente Buenos Aires…

¿Por qué  lo de Lúnatica?
Uh, fue hace mucho tiempo. Cuando era chica, tipo 18 ó 19, salía a la noche y me quedaba mirando la luna un rato largo. Y de repente, me bajaba toda una información, ¡canciones! y me ponía a escribir. Y al día siguiente otra, y otra. Y como me gusta tanto la luna, quedó lunática.

¿Cuándo eras chica se escuchaba música en tu casa? ¿Qué?
Sí, se escuchaba. Mi vieja escuchaba Queen, Fito Paéz y después la radio. Sergio Denis. Las viejas siempre escuchan eso, viste. Hasta que te das cuenta que vos podés elegir tu propia música.

Y ¿a qué edad empezaste a elegir? Y ¿con qué empezaste?
A los 10 ó 12 años empecé escuchando mucho tango por mi viejo y mi hermano porque como tenía un tío fallecido que era compositor, Abel Aznar,ellos escuchaban la radio para ver si pasaban los temas de mi tío y así podían cobrar en SADAIC. Porque como familiar cobrás hasta 70 años de fallecido el autor. También, mi abuelo me enseñaba  himnos, por ejemplo, la Marsellesa y el Himno Nacional. Porque como familiar cobrás hasta 70 años de fallecido el autor. También, mi abuelo me enseñaba  himnos, por ejemplo, la Marsellesa y el Himno Nacional. Después del tango me gustaba el folclore pero no me llegaba a identificar con nada hasta que apareció Soledad. Me llegaban sus guitarras. Es más, no me saqué una foto con la Sole, me saqué una foto con sus guitarristas (risas). Así que, alrededor de los 15, arranqué con la guitarra. Pero no quería estudiar, solo quería sacar acordes. Re trucho (risas). Me regalaron una, y sí, empecé a estudiar. Y me dieron las escalas y dije “no, no. Yo no quiero estudiar esto”. Pero me dijeron: “tenés que empezar con las escalas para llegar a los acordes”. Entonces, dije “listo, chau”. Habré tomado solo un año de clases y después empecé sola, buscando en Internet. Me hice una super carpeta. Pero yo hacía una canción de Mercedes Sosa y ponía la voz de Mercedes. Hacía una canción de Fito Páez y ponía la voz de él. Respondía bien, pero era una imitación. Era como raro. Yo escuchaba mucho Evanescence también, porque tenía el mismo timbre de voz que la loca, entonces usaba esas canciones para calentar la voz. Hasta que una vuelta vino un loco y me dijo: “está muy bueno, pero ya hay una Evanescence”. A pesar de que hay que tener la voz de Evanescence, me dije: “ahora tengo que poner algo distinto”. Tiene que ver con lo que vos querés hacer, con tu criterio, en realidad. Es decir, te sale la voz de Evanescence porque estás poniendo ese oído. Es medio loco, porque con la voz es muy complicado…

Tal vez es la manera que tuviste de descubrir cómo funcionaba tu herramienta…
Tal cual. Y después llegó a mis manos Anestesia, de Fun People. Y me rompió la cabeza, y fui directo para el grunge. De hecho, Nirvana es mi banda favorita. Y bueno, Nekro es un personaje impresionante que iría a ver aunque no lo conozco ni por foto. Soy cero cholulaje.  A veces no voy a ver las bandas que me gustan porque salen muy caras, viste.

Y ahora ¿qué escuchás?
Como estoy estudiando armonía en guitarra me estoy yendo todo para atrás. Por ejemplo, Big Mama Thornton, que es como la cuna del blues. Una negra, que es una genia y que Janis Joplin escuchaba, imagínate.

¿Cómo llega a tu repertorio un tema de Zaz, la cantante francesa?
Bueno, justamente, estudiando. Antes de armonía estudié letras y solfeo. En determinado momento tuve que empezar a estudiar. Porque el disco que hice, y que ahora hacemos con la banda, lo hice sin saber nada, solo diciendo: “a ver, esto con esto, ¡queda re bien! Y a esto le agregamos esto, ¡y queda re bien!” Pero no tengo idea lo que hice, entendés. Y así todo es re efímero, no tiene por qués, pero porque soy ignorante, ¿se entiende? Porque hay todo una fórmula para crear. Y yo no lo saqué de la fórmula, lo saqué del resultado.

Hay algo de improvisación…
Sí. Todo. Entonces, de repente todo este disco está armado así: de una suma de resultados. Y recién ahora estoy aprendiendo las fórmulas. Pero estoy aprendiendo. ¿Sabés los años que son para ser música? Llevo 4 años estudiando música y soy consciente de que no sé nada, porque me falta mucho, tengo como 15 años por delante para estar segura. Hasta acá fue todo muy auto didáctica y re garpa. Entonces pienso: “¿Y si le meto conocimiento y la cago? Pero, en un momento te encontrás en la encrucijada de ver cómo salir de acá. Porque ya recorriste todo lo que podías recorrer sin saber nada. Es como un cerco: “Bueno, hasta acá llegás, piba. Si querés el mundo y bueh, fijate” Entonces empecé a madurar y se me empezó a ir el miedo. Y me dije, lo que sea que sea, se acrecienta. Yo tenía miedo de meterme dentro de las reglas y no poder romperlas. Porque es lo que vengo haciendo. Imaginate que yo no sé si es disonante o no. Yo lo mandé, me cabió, y fue. Porque viene alguien del conservatorio y me dice: “Pero, boluda, Mi bemol, no, porque es disonante” Entonces, me digo: “si yo supiera esas reglas ¿lo haría igual? ¿Es disonante o no?”. De eso tenía miedo porque igual, no me iba mal. Porque bueno, lo que no se saca por conocimiento se saca por entrenamiento.

¿Qué músico admirás?
El baterista y bajista de mi banda. (risas)

¿Están tocando?
Estamos ensayando aún. Salimos en enero. Vamos a grabar un demo.
Yo toco viola rítmica. Soy puro ritmo y al ser tanto ritmo no tengo melodía. La melodía la pongo con mi voz. Cuando ensayo vengo al subte dos horas nada más porque necesito descansar. Y tener banda está bueno, porque esos temas son mi vida, y que estos pibes los toquen está buenísimo.

De hecho en un video vos decís que salís a la calle y te desnudás. ¿Qué te hizo tomar esa decisión de salir a “desnudarte” a la calle?
Estar entre la espada y la pared en un momento de mi vida en el que toqué fondo. De quilombo en quilombo. Se me cayó el mundo y había que buscar trabajo porque no tenía ni casa. Dejaba el curriculum y decía “ojalá, que no me llamen”. Y un día el papá de una amiga me dijo: “Che, ¿qué es lo que mejor hacés?”. Le dije: “tocar la guitarra y cantar” y me dijo: “por qué no hacés eso y te dejas de romper las pelotas”. Y estuve un mes pensando que no, porque ser una mina es jodido, y la calle, y los negros del tren y si me pasa algo... ¿Y? Hasta que un viernes, en marzo del 2012, me decidí, aunque estaba muerta de miedo… Fui al paso a nivel del tren, en la estación  Ituzaingó, que es un pasillo largo y tiene muy buena acústica. Depende donde te pongas el sonido choca con las paredes y va hasta el final. Y hay unas escaleras, eso puede servir de megáfono porque se escuchaba bien lejos y además tengo buen caudal de voz aún sin micrófono. De hecho, no lo uso, incluso en el subte. Bueno, me llevé un balde de pintura de 20 litros, el atril y me senté y empecé a tocar, entonces, se me pone enfrente un pibe, se prende un pucho. Termino de tocar y lo saludo y le digo: “Te voy a tocar un tema mío”. Termino y me pone un billete. Lo saludo y se va, y mientras subía la escalera me dice: “Cuidado, que no se vuele” Miro y era un billete de $50. Y dije: “Me parece que mañana vuelvo” (Risas) Igual no ganaba mucho ahí, pero me sirvió de propulsión. Una de las leyes de la calle es, el que llega primero, gana. Así que me empecé a mover viendo qué onda. Hasta que llegó el invierno y el frío, pensé que a mitad de año se paga el aguinaldo. Entonces, dije “¿Un lugar calentito?”. El subte, pero el pasillo. Y arranque en la línea D, en Catedral y Perú. Había un señor que no tenía una pierna y pedía ahí tirado, me acerqué y le pregunté hasta qué hora estaba. Entonces, él me dijo “Venite mañana a las 12.30 y te espero”. Entonces, yo tomaba el lugar que él me dejaba. Re buena onda. Así me hice amiga del diariero, y del ciego que vendía Mantecol. Y empezamos a tocar con otros. Y nos dijimos: “Vamos a buscar a la gente a ver qué pasa, vamos a meternos al subte”. Y en la A nos corrían, y en la D pegamos onda. En la calle hay de todo y no hay capo. Uno tiene que ir con mucha humildad. Es medio la selva. Tenés que ser muy fuerte o muy pillo. O cagás a palos a todos o te vas haciendo con cintura. Ya no quiero enfrentarme con nadie, si ya estoy enfrentando a la vida. Me corrían, me corrían, me corrían y yo firme. Y en un momento, vieron que no me iban a correr. Tal vez veían el ímpetu que yo tengo y decían: “A lo mejor está bueno tenerla de nuestro lado”. Y me tiraban que la hora que vienen los músicos es la siete de la tarde. Pero yo no podía a esa hora.
Hasta que un día que necesitaba plata dije: “Y bueno, hago doble turno”. Y a la tarde discutí con el chabón que “lleva” el horario. Y me metí de prepo. Y si me tenía que pelear, me peleaba. Entonces, vengo al día siguiente a la mañana y unos flacos me querían hablar pero yo no quería. Sabía que me iban a hacer algo malo. Y se me acercó un tipo, y reconocí en la voz que no me iba a hacer nada. Entonces, me dijo: “Vos ya sos de acá. ¿Ayer discutiste con el del saxo? Bueno, tratá de llevarte bien, porque el chabón pega” Y yo dije: “¿Y? A mí ya me cagaron a trompadas y me rompieron la viola y estoy acá viva”. Y después le hablé al del saxo para calmar la situación y entendí que no me tenía que enfrentar a nadie porque no iba a ganar nada.

Si tuvieras que recomendar un disco ¿cuál sería?
Cualquiera de Nirvana o Pearl Jam.

¿Por qué Acústica Túnel?
Porque arranqué en los pasillos de los trenes, y del subte que son túneles. Yo uso la acústica del túnel porque no tengo amplificación. En realidad, ese nombre lo pensé como un concepto que se relaciona con mi sonido. Lo pensé como una pyme. Yo dije: “Meto la gente acá. Después en un bar, cobrando un entrada a la gente que ya sé que le gusto”. En realidad, la otra parte de lo artístico es pensar en una especie de empresa.


Y ¿vivís de esto?
Netamente.

Y ¿qué es ser músico independiente?
Está buenísimo. Yo, más allá de todo, quiero cambiar al mundo. La gente es una masa. Bueno, medio me aburguesé y canto solo covers porque es lo que garpa pero la idea siempre es expresar algo. No canto las de Pity. No elijo cualquier canción. Mis canciones tienen un mensaje simple, también. Aunque acá, ahora solo toco covers porque, también, me di cuenta que le hace bien a la gente. A veces lo nuevo en el oído de un pasajero distraído de subte no llega. Y lo conocido, sí. Yo te callo un subte, te lo dejo como una biblioteca.

Bueno, hay mucha gente que deja comentarios en tu blog diciendo que se sacaron los auriculares para escucharte a vos…
Es re zarpado, ¿viste? A veces me da la sensación que les importa un carajo lo que canto, que, en realidad, se quedan con la vibra, con la onda, con otra cosa. La música es el nexo pero por ejemplo, hay viejitos que me dan por la de los Redondos (risas). Tal vez les hago acordar que están vivos, que ahora están vivos, que hay paz, también, que hay otra cosa. El hecho de sacarse los auriculares para mí es un gesto de respeto sublime que agradezco, porque ¿quién soy yo? para que vos salgas un poco de tu mundo y te metas en lo que yo estoy ofreciendo. También está el que se calla y ni se dio cuenta por qué se calló. Si yo no soy nadie, no me conoce nadie, y entro a un subte y shhhhh, silencio. Es un lugar que está lleno de todo, de buenos, de malos. Y eso está bueno, no sé si ellos saben que yo quiero cambiar al mundo pero la transmisión de eso, surge. Con las canciones te lo digo pero más copado.

¿Tenés alguna anécdota que recuerdes particularmente de esa respuesta de la gente?
Uh, un montón. Hubo gente que me dio dinero llorando, emocionada. Hay un montón de flechazos así. A veces pego en mi Facebook comentarios que me dejan y que son increíbles. La gente es una masa.

¿Cuál es tu motor para escribir?
Un poco de todo. Yo estudio a la sociedad y no me gustan los títulos porque somos  todos iguales. Tal vez, vos sabés algo que yo no sé, pero yo sé algo que vos no. Tengo muchos ideales. A mí me gusta así. Mi vida la manejan los valores. Escribo pensando en un tema o una palabra que puede madurar dentro de mí tal vez durante un mes. Y en un momento cae la mitad de una canción y después me fijo si sigue, y la termino.

¿Tenés alguna canción preferida de las tuyas?
Sí, “Insidia”, que la escribí después de leer El acoso moral (de Marie France Hirigoyen), que habla de cómo se destruye moralmente una persona. Esta canción describe a una persona perversa, manipuladora.

¿La escribiste por alguna relación?
Sí, sí, toda mi familia es perversa y no tengo nada que ver con eso. Me siento el bien adentro de lo oscuro. Pasa en mi familia, así como pasa en cualquier lado. Desde ahí analizo la vida. Imaginate que yo nací ahí y pensé que era todo así. Igual tenés que tener “bochitis”, también.

Hay una canción que dice “Soy, no tengo” ¿qué significa?
Yo trabajaba en una oficina, y me decían “qué lindo pelo, qué lindos zapatos, qué lindo tapado, que lindos ojos”. Pero el pelo, nada, me lo suelto y se hacen bucles solos, casi no me peino, el tapado es de feria americana y me había salido $100, los ojos, que sé yo. En fin, cosas, por las que no hice mucho para tener. ¿Y? Yo sentía que tenía mucho más para rescatar adentro. Yo no me veo si tengo la nariz torcida, no tengo un espejo enfrente,  eso lo ves vos. Entonces, no sentía que era inteligente lo que me estaban diciendo. Yo apuntaba a otro lado. No me fijo en lo que tenés puesto. Entonces: Soy, no tengo. Yo pensaba: “No sabés que copada que soy por dentro, pero no te vas a dar cuenta porque estás mirando con los ojos”.

Y en “Descartable” te preguntás “¿Cuándo realmente se es fuerte?” ¿Encontraste la respuesta?
Sí, a pleno. Cuando aunque tengas miedos los enfrentás y cuando le hacés frente a tus debilidades, estén lejos o cerca. Tener en claro que esto o aquello me hace débil. En ese tema personifiqué a la droga o a la dependencia a algo, no sé, a un té de menta. Sos realmente fuerte cuando vos te ponés de acuerdo con vos mismo.

¿Proyecto inmediato?
¡Luna Park! (risas) No, llegar a tocar en un bar, y poder pasar gorra, por ejemplo. Tengo ganas de cambiar de escenario. Más allá de que lo trato con mucho respeto, lo cierto es que yo en la calle o un medio de transporte, estoy forzando un escenario. Porque nadie está sentado ahí, tomándose un whisky, para escucharme a mí. Algunos, lógicamente, están charlando con su compañero de al lado, hablando por teléfono, etc. Quisiera tocar en otro lugar en el que la gente esté más tranquila y predispuesta a escucharme, incluso para poder tocar otras cosas. Porque en el subte vos podés hacer “ruido” y en un escenario tenés que hacer un poquito menos de “ruido” (risas)

Alejandro Tófalo y Silvia Tapia




 

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