martes, 9 de diciembre de 2014

EL SONIDO DE SU CORAZÓN, entrevista a Gustavo Giles




En la localidad de José Mármol, en el Partido de Almirante Brown, es posible encontrarse con una perfecta mixtura entre metrópolis y mucho verde. Casitas bajas, plazas repletas de familias, chicos jugando a la pelota en la calle, gente mateando en la vereda. El típico olorcito a pasto recién cortado. Estas son algunas de las postales típicas del sábado a la tarde, aquí y en la mayoría de los barrios del sur del Conurbano Bonaerense. 
Justamente, en José Mármol vive Gustavo Giles. Con más de 30 años de carrera, Gustavo es uno de los mejores y más respetados bajistas argentinos. Un músico tan introvertido como genial, que ha creado su propio estilo a la hora de tocar slap en las cuatro cuerdas. Maestro del bajo, hace mucho tiempo que Giles dicta clase a decenas de alumnos, a la vez que se especializa en dar clínicas del instrumento en donde enseña todo lo referente a escalas, arpegios, técnicas de digitación, ritmos, etc. Sin embargo, casi todo el mundo lo conoce más por su labor como músico profesional, ya que Giles ha participado de innumerables proyectos. Desde sus comienzos en Nomady Soul, grupo de covers que luego se transformaría en La Torre, hasta llegar a este presente que lo encuentra tocando en la banda de Javier Calamaro, a la vez que le da vida a su propio grupo de fusión: el Gustavo Giles Selección Group. Dicha versatilidad, imaginación y calidad musical, le ha permitido a Gustavo también tocar junto a artistas tan eclécticos como Valeria Lynch, Leonardo Favio, Iván Noble, Gillespi, Spinetta y Páez, o David Lebon, con quien grabó el disco Nuevas Mañanas en 1991.

Un poco de todo esto nos contó en esta entrevista, mientras tomábamos un par de amargos, rodeados de cables y equipos, en su casa de Mármol. Una amable charla con un músico inmenso. Gustavo Giles en primera persona…

ENTREVISTA > Vos venís de una familia de músicos. Teniendo en cuenta esto, ¿pensás que la música te eligió a vos o fue al revés?
Y sí, en mi casa siempre hubo música. Mi papá fue músico de joven, aunque después se dedicó a la medicina, y mis hermanos mayores también son músicos. Jorge terminó siendo guitarrista y Ricardo baterista. Lo curioso, en mi caso, es que de chico me gustara como sonaba el bajo, en vez de inclinarme por el sonido de la batería o por la guitarra. Desde pibe me acostumbré a copiar las líneas de bajo que hacía el bajista que tocaba con mis hermanos, o prestaba mucha atención al sonido del bajo cuando escuchaba algún disco. Así empecé.

¿Y a que bajista de los grupos que te gustaban le prestabas especial atención?
En esa época, a los 13, 14 años, me gustaba mucho Vox Dei, por eso mi ídolo era Willy Quiroga. Siempre admiré mucho a Willy, y ahora tengo la dicha de que seamos muy amigos. Luego también me empecé a copar mucho con la música soul. Justo mi hermano Ricardo había entrado a tocar la batería en Nomady, un grupo que hacía covers de soul. En esa banda estaban Patricia Sosa y Oscar Mediavilla.

El antecedente de lo que luego sería La Torre…
Sí. En Nomady yo empecé como plomo del grupo. En esa época iba a ver todos los ensayos y escuchaba los temas. Como yo ya tenía un bajo que me había comprado mi papá, cuando se fue el bajista del grupo, me probaron a mí. Por eso terminé tocando el bajo en el grupo, a pesar de ser tan pibe, debido a que me conocía todo el repertorio del grupo.

¿Vos seguiste tocando en ese grupo hasta que se transforma en La Torre?
No. Yo me fui de Nomady en el ’80, justo cuando ellos ya empezaban a componer sus primeros temas rockeros. Fue en ese momento, cuando Patricia empezó a escribir las letras de los temas, en donde arman La Torre. Lo que pasó fue que, cuando empieza La Torre, ellos me llamaron para que toque de vuelta en el grupo. Así, grabamos el primer disco en el ´81. Yo me quedé en el grupo hasta el ´84, ´85.

¿Por qué te fuiste de La Torre?
Porque me estaba poniendo muy impaciente por tocar otras músicas. Ya estaba muy metido en el jazz rock, escuchando a Chic Corea, Stanley Clarke, y yo quería hacer ese estilo. En esa época había un lugar, luego legendario, que se llamaba Jazz & Pop, y yo iba muy seguido ahí a ver conciertos y jams de jazz. Hasta que un día, por fin, Lucio Mazaira me convocó para que tocara en su grupo de jazz. Por supuesto, me encantó la propuesta, porque aparte yo ya no estaba tan entusiasmado con seguir en La Torre…

¿Por qué?
Lo que pasa es que La Torre dio un vuelco musical. Ya en el ’82, cuando tocamos en el (Festival) BaRock, justo se daba el éxito de Riff, con su propuesta de rock pesado. Y Patricia y Oscar, que eran los que comandaban el grupo, empiezan a hacer temas más pesados. Y a mí no me gustaba tanto tocar ese estilo, viste…  Al principio La Torre también hacía rock, pero con una onda más de fusión. Era un grupo que marcaba una gran diferencia con respecto a todos los demás del rock de esa época. Eso se nota mucho en los dos primeros discos del grupo. En ese entonces, yo tenía espacio para tocar muchos solos de bajo. Yo ya venía tocando slap, cuando todavía no era un estilo tan común de tocar el bajo… Pero, bueno, ellos prefirieron seguir luego por una veta más rockera, que a mí no me gustaba tanto, y por eso me fui. Pero se ve que tan mal no les fue, porque con ese estilo más pesado, que a mí no me gustaba, ellos se volvieron famosos, justo cuando yo ya no estaba… (risas)

¿Cómo fuiste puliendo tu técnica de tocar el bajo?
El slap lo saqué solo, no me lo enseñó nadie. Lo hice escuchando a otros bajistas como Stanley Clarke o Larry Graham, que tocaban con esa técnica. Al principio, fue una cosa muy orejera. Yo solamente era un pibe que trataba de imaginarse como hacían esos monstruos para tocar así. Recién, a mediados de los ´80, cuando ya estaba en la banda de Valeria Lynch, me compré varios vhs en EEUU, y viendo esos videos  puede seguir puliendo la técnica. Siempre me entusiasmé mucho con las posibilidades técnicas y rítmicas que tiene el instrumento, viste…


Entonces, se podría decir que sos autodidacta…
Sí, soy autodidacta. Aunque estudié mucho tiempo –en especial, la parte de teoría y técnica- con Carlos Madariaga, toda la parte rítmica la aprendí solo. Seguramente, me ayudó mucho el haber tocado canciones de música soul, ya que en ese género siempre hubo muy buenos bajistas. Por ejemplo, en la época de Nomady, hacíamos covers, y yo sacaba las líneas de bajo tal cual estaban en las versiones originales.

A lo largo de toda tu carrera, tocaste todo tipo de ritmos y géneros, acompañando a artistas muy disimiles. ¿Cómo fuiste adaptando tu técnica como bajista a los diferentes trabajos que te fueron tocando realizar?
Creo que todo es una cuestión de ubicación, de escuchar la música que tenés que acompañar. Por ejemplo, con Javier (Calamaro) aprendí a tocar menos, a ser más consciente de clavar las bases, de no hacer tantos adornos. Aprendí a quedarme más en el molde, a escuchar de otra manera. En el caso de mi trabajo con Valeria, aunque me dejaban poner alguna cosita que se me podía ocurrir, las partes de bajo ya estaban escritas. A lo largo de toda mi carrera me fui dando cuenta de que, excepto en el caso de Patricia, por lo general, los cantantes no quieren que los molesten. Es como que, cuando escuchan algún arreglo de más, que les mueve un poco la estantería, eso ya no les gusta nada, ¿no?

¿Cómo se da tu participación en La La La (1986), el álbum de Spinetta y Páez?
El que me llamó fue Fito Páez. Justo en esa época yo estaba tocando con Valeria Lynch, y Fito me convocó porque quería que tocase el contrabajo en algunos temas del disco. Sin embargo, ya hacía rato que yo no tocaba contrabajo, se ve que sabía que yo había tocado el contrabajo en La Torre. Por suerte, salió todo muy bien. En ese álbum yo participé en dos temas (“Estoy atiborrado con tu amor” y “Dejaste ver tu amor”) Por supuesto, fue una experiencia muy linda, porque pude conocer de cerca al Flaco Spinetta, una persona muy macanuda con un talento increíble. Lo que más recuerdo de esa tarde en la que grabé con ellos, es toda esa musicalidad, esa genialidad fuera de lo común que tenía el Flaco, trabajando a la par de Fito. El solo hecho de escuchar esos acordes, las melodías... Sin dudas, una experiencia mágica. Fue hermoso participar de esa grabación.

A vos te tocó participar de la etapa más exitosa de Valeria Lynch. ¿Cómo la viviste?
Yo la pasé muy bien. Era muy joven, no tenía compromisos, cobraba buena guita, disfrutando mucho de los viajes que hacíamos al exterior. Porque, además, esa experiencia justo coincidió temporalmente con una época en la que hubo muchos avances en cuanto a la música, la tecnología, y los equipamientos. Empezaban a salir muchos videos musicales. Por eso, cuando viajábamos, nos hacíamos una fiesta… Fue una época muy linda, el grupo sonaba muy bien. Además, teníamos un director musical increíble como Mario Cortéz, un verdadero talento de la música.

¿Cómo te llevás con la fama? ¿Te gusta, te disgusta?
Nunca me sedujo la fama. No soy un tipo obsesionado con eso, con el hecho de tocar en un determinado festival, o con determinadas situaciones típicas vinculadas a lo que significaría ser un músico famoso o masivo. Por otra parte, también soy un tipo más bien tímido. No me gusta sociabilizar tanto… Qué sé yo, quizás tenga que ver con mi personalidad. Nunca me gustó la noche, no soy un tipo nocturno. Si trabajé de noche fue porque la profesión te lo exige, viste. Seguramente, el hecho de que yo no sea un tipo rico y famoso también tiene que ver con estos aspectos de mi personalidad, con la manera en que uno va llevando su vida y con las cosas a las que les doy prioridad.

Y de todos tus trabajos y experiencias en la música, ¿cuál fue el proyecto en el que más cómodo te sentiste?
El momento que más pasión sentí fue cuando toqué en el Jazz & Pop con un grupo que se llamaba El Pentágono. Ahí tocaba con Lucio Mazaira, un baterista excepcional, y con el gran Francisco Rivero, un guitarrista impresionante. Algunas veces también se sumó a tocar con nosotros el Mono Fontana en teclados. Para mí, tocar en ese grupo era una fiesta, porque cada concierto era una experiencia irrepetible, y hasta nos dábamos el gusto de llenar Jazz & Pop.

¿Cómo fue la génesis de tu disco solista editado en 2010?
Bueno, yo tenía compuestos todos esos temas desde hacía bastante tiempo. Primero hice la presentación de mi grupo (Gustavo Giles Selección Group) en el Subsuelo, un local que estaba en el Pasaje La Piedad, en la calle Bartolomé Mitre, a unas cuadras de Callao. Esa experiencia estuvo bárbara, porque me permitió tocar más melodías a dúo con otro bajista. Luego, esa formación siguió, pero como se fue el bajista que estaba tocando conmigo, ahí entró Mariano Otero en su lugar. Bueno, justamente, el material que se incluyó en el disco abarca todo este periodo, con composiciones de fines de los ´90, y otras de principio de los 2000. Ahora mismo estoy componiendo un par de temas nuevos para ver si más adelante podemos grabar un disco nuevo.

Además, es un disco con muchos invitados…
Sí, tuve la suerte de que colaboraran conmigo musicazos como Mariano Otero, Pablo Santos, Osvaldo Pilu Camacho, Diego Mano, Lapo Gessaghi, Juan Chichizola, Gustavo Juárez, Mario Parmisano, Gerardo Prícolo, Walter Mauricio, y Alejandra Sosa, mi mujer, que la rompe cantando en el único tema no instrumental del álbum.

¿Qué te parece la música actual? ¿Qué escuchás?
En realidad no escucho mucha música, pero sé que hay grupos buenos. Me entero a través de la música que escucha mi hija. Debido a eso sé que hay grupos nuevos que suenan bien, pero no estoy muy al tanto de lo que pasa en la movida del rock…

¿Y con respecto al jazz, que sería más tu palo?
Yo no sé si el jazz es más mi palo, viste. En una época me encasillaban como músico de jazz, pero, en realidad, siempre fui un músico más fusionero (sic) que otra cosa. O más de soul, o funkero, que sé yo…  Yo no soy el clásico bajista de jazz. Está más que claro que me gusta improvisar algunas cosas, pero el del jazz es un vocabulario musical muy complejo en el que nunca me metí…


¿Y el material de tu disco, en que género lo pondrías? ¿Lo sentís cercano a algún otro disco instrumental de fusión que hayas escuchado?
Para mí son canciones de pop instrumental. Creo que, a diferencia de otros discos instrumentales, yo no parto de melodías pequeñas que fusionan como mera excusa para pasársela improvisando. En mi caso es todo lo contrario: en cada canción se le da más protagonismo a la melodía, con improvisaciones más medidas. Es un disco muy agradable, incluso para personas que no están acostumbradas a escuchar discos instrumentales.

¿En el futuro te ves haciendo más temas cantados, o vas a seguir mayormente en esta veta musical instrumental?
Me gustaría mucho. Lamentablemente, no sé cantar… (risas)

¿Cómo componés?
En mi caso, las melodías me van surgiendo en la cabeza, entonces las paso al instrumento, y luego ya tengo la posibilidad de armonizarlas de diferente manera, de acuerdo a lo que la música me vaya cantando. Recién después de eso armo la línea de bajo. Siempre pasa que, cuando componés, el bajo te da la insinuación armónica de lo que va a sonar.
En cuanto al carácter y estilo de las composiciones, yo no soy nada esquemático. Todo depende de lo que va saliendo y de lo que me termina gustando.  

¿Cuáles son tu bajo y equipos preferidos?
Mi bajo preferido es el Alembic, el mismo bajo que usaba John Entwistle, mi equipo es Ek Tower.

¿Cuáles son tus referentes actuales en el bajo?
Estoy convencido de que los bajistas que escuchaba antes aún siguen marcando tendencia sobre los actuales. Me gusta mucho Marcus Miller, pero aún sigo escuchando mucho a Jaco (Pastorius). Jaco es como Gardel, cada día toca mejor… Otro que me gusta mucho es Francis Rocco Prestia, el bajista de Tower of Power, otro tipo que sigue sonando muy actual, aunque toca de la misma forma que tocaba en los ´70. Mark King (de Level 42) también me gusta mucho, porque tiene un virtuosismo increíble. Por supuesto, también me siguen gustando los grosos de siempre: McCartney, Jack Bruce, Entwistle, Sting, John Paul Jones…

¿Qué discos estás escuchando?
Me gusta mucho escuchar a Tony Bennett, en especial su disco Duets.

¿Qué tema de otro artista te hubiese gustado componer?
“September”, de Earth, Wind & Fire. Porque es un tema que me transforma, como me transforma toda la música de Earth, Wind & Fire. Es la banda que más me marcó, lejos. Siempre me parecieron increíbles. Su música me encanta y aun hoy la escucho todo el tiempo. Es más, si tuviera que elegir un disco preferido, elegiría  All ´n All, o I Am, el álbum que grabaron después. Tuve la suerte de ver el show que dieron acá, cuando vinieron en 1980, justo en su mejor momento. Sin dudas, Earth, Wind & Fire fue un grupo de avanzada, con esa mixtura que tenían de ritmos africanos, percusiones, los arreglos de brasses, sus armonías vocales… Incluso, marcaban tendencia con la puesta en escena de sus shows, o con las maravillosas tapas de sus discos. Sin dudas, estaban un escalón más arriba que otros grupos contemporáneos como Kool & the Gang, no tenían nada que ver con eso. A Earth, Wind & Fire no los podías encasillar ni en soul, ni en funk, ni en jazz, ni en r&b. Fue un grupo místico, inigualable. Yo siempre me voy a identificar con esa música…

Emiliano Acevedo


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