sábado, 23 de mayo de 2015

SANDRO, Vengo a ocupar mi lugar: Rockeando con el Gitano en los ´80...




¿Un álbum de Sandro con muchos solos de guitarra eléctrica, sintetizadores, cajas de ritmos y sonido bien ochentoso? ¿Pasó eso alguna vez? Sí, fue en su disco Vengo a ocupar mi lugar, editado en 1984, y aquí te contamos como era este material, un verdadero clásico “de pasta”, porque, lamentablemente, no volvió a ser reeditado…

EL ELVIS CRIOLLO
Como bien sabemos los vínculos de Roberto Sánchez, Sandro, con el rock vienen de larga data, es decir, desde mucho tiempo antes de alcanzar la fama como intérprete de baladas románticas, cuando era el cantante adolescente de Sandro y los de Fuego y emulaba a su ídolo Elvis Presley, a principios de los ´60. En esos primeros tiempos, luego de firmar contrato con CBS, Sandro consigue cierta popularidad con algunos simples con formidables versiones de temas de los Beatles o Elvis cantados en castellano. Más tarde  -entre 1964 y 1967 - primero acompañado con Los de Fuego y luego por el Black Combo editará varios larga duración en los que el Gitano además de grabar rocks propios y continuos covers de los Fab Four, editados casi en simultáneo con los temas originales; se animará a hacer versiones en español de éxitos de los Animals, Chuck Berry, Dave Clark Five, Little Richard, Ray Charles, Roy Orbison, los Kinks, Bob Dylan, Tim Hardin, y hasta clásicos de la Motown, en donde Sandro demuestra que puede cantar como un negro y todo. Sin dudas, un material imprescindible para quien quiera comprobar lo virtuoso que era el Gitano para el rock.

Lamentablemente, y forma paulatina, Roberto se fue alejando del género, debido a la influencia de su manager y mentor Oscar Anderle. Por otra parte, el reconocimiento a nivel masivo que consigue con “Quiero llenarme de ti” (canción que gana el primer puesto en el Festival Buenos Aires de la Canción, a fines de 1967) lo instala en un camino que - salvo en circunstancias aisladas, en vivo, o tangencialmente en temas casi rock como “Ave de Paso”, “Tengo” o “Atmósfera Pesada” -  en forma casi exclusiva lo llevará a gestar su mítica fama internacional de baladista romántico de alto nivel.

Este viraje le produjo el desprecio de varios rockeros de acá.  Se lo calificó de "producto comercial", de “cantante complaciente”, "meloso" y,  por supuesto, de "grasa". Sin embargo, con el paso de los años los referentes del rock argento lo empezaron a reconocer como un gran artista popular, además de pionero del género, alimentando ese mito urbano que lo asume como “dueño de La Cueva” o “impulsor del rock argentino”. Lo cierto es que Sandro no fue ni una cosa ni la otra, aunque sí se vinculó y fue amigo de varios músicos míticos del rock argentino como, por ejemplo, Pajarito Zaguri, Javier Martínez o Moris. Y, por supuesto, jamás estuvo en duda su calidad como intérprete, incluso de rock aunque, lamentablemente, no haya desarrollado al máximo, y en ese sentido, aquel potencial de los primeros años. Como dijo alguna vez el propio Javier Martínez: “Sandro es un verdadero maestro del rock, y eso poca gente lo sabe, porque después se dedicó a otro género, que lo hace muy bien también. (Sin embargo) Sandro es un gran rockero, fue un gran maestro para todos nosotros…”

TIEMPO DE REVANCHA…
En los ´80, luego de 15 años de trabajar juntos, Sandro rompe su vínculo artístico con Anderle, asociándose con el compositor y productor Rubén Aguilera en su afán de encontrar un nuevo sonido. El primer producto de ambos sería Vengo a ocupar mi lugar, en 1984. Sandro venía de grabar un disco en 1981, editado por el viejo sello discográfico de ATC. Ahora, tres años después, con una imagen más madura, en el umbral de sus 40, pero claramente posicionado como estrella internacional, reaparecía con un puñado de canciones nuevas, en una clara intención de la discográfica Polydor: posicionarlo fuertemente en el nuevo mercado, y conseguir así captar la atención de una nueva generación de fans iberoamericanos, que gustaban de un pop más en sintonía con el que era el nuevo sonido de las radios FM, las cuales empezaban a prevalecer en el gusto de los oyentes, desalojando, paulatinamente, de su lugar de privilegio a la sempiterna AM. Eran los primeros años del boom del walkman, con el casete como formato líder, y de la supremacía de los primeros instrumentos digitales en el mundo del techno-pop.  De esta forma sería este nuevo álbum el inicio de esta nueva versión de Sandro, más en la onda “galán maduro” de la canción.

En Vengo a ocupar mi lugar aunque todos los climas estaban puestos a disposición de la inefable veta teatral de Sandro, el disco aún hoy se sostiene como un artefacto techno-pop-melódico ochentoso a la altura de esos tiempos. Su peculiaridad radicaba en su sonido dominado por las densas capas de teclados, las guitarras eléctricas rockeras y las baterías electrónicas, sin la inclusión de arreglos orquestales y –salvo excepciones- casi sin coros de acompañamiento, por lo que la atmósfera “modernosa” del disco entabla un diálogo perfecto con el dramatismo vocal de Sandro, capaz de pasar del susurro al grito en medio de sus impecables interpretaciones, dando vida a sus canciones. Por supuesto, el álbum, en toda su extensión, insinuaba la capacidad del cantante para combinar lo mejor de los mundos opuestos de la música melódica romántica y los sonidos modernos de la música joven. Y esta sonoridad general, más que su concepto, anticipó unos cuantos gestos que el propio Sandro exploraría gustoso en sus futuros shows en vivo, de ahí en más.

Sin embargo, en el corazón de estas nuevas composiciones de Roberto Sánchez se aloja una tensión entre la cualidad artesanal de estas canciones y el deslumbramiento por sus primeras experiencias electrónicas en un estudio de grabación. El formato de balada melódica se extiende hasta límites intangibles pero jamás se abandona por completo. Y es que la vocación experimental de este álbum de Sandro no solo choca con impedimentos tecnológicos –a pesar de la inclusión de la electrónica, las grabaciones seguían siendo analógicas-, sino que también debe atender a limitaciones formales: la superposición de capas de colchones de teclados con los que se construyeron varios de los temas de la placa debían subordinarse aun al desarrollo melódico de las canciones, por lo que –por momentos- perdían vuelo, eficacia y punch. Y la saturación “modernosa” de estos arreglos pop de los ´80 apunta a una expansión armónica que todavía privilegia el carácter horizontal de la música de Sandro, sin animarse del todo a romper la estructura de sus canciones, más allá de algún solo aislado de viola o sintetizador. Resumiendo, si bien, en Vengo a buscar mi lugar se amplía el espectro de géneros disponibles para el lucimiento vocal del Gitano hacia zonas hasta ahí inexploradas, las baladas y los lentos a la carta conservan la preminencia.

Sintetizador Memory Moog, propiedad de Sandro (Exposición "Yo, Sandro")
  
VENGO A BUSCAR MI LUGAR, CANCIÓN POR CANCIÓN
Un repaso exhaustivo de las canciones incluidas en el álbum arroja inesperadas sorpresas, incluso para el oyente menos curioso. Por ejemplo, en la apertura del disco con “Dos a la buena de Dios”, nos encontramos con una canción pop optimista, aunque sin mayores pretensiones, que parece la cortina de un programa de tv ochentoso. Hasta ahí, nada demasiado novedoso. Sin embargo, el siguiente tema, “Tú te dejaste querer”, es una potente balada con fuerte presencia de filosas guitarras eléctricas, en una onda Whitesnake (¡en serio!) y varios colchones de teclados. Sin dudas, uno de los mejores temas del álbum, a pesar de su estribillo bastante reiterativo.

Con su sonido caribeño, “Yo la necesito” estaba en las antípodas del mundo del rock, sin embargo llama la atención esa base muy bien lograda de baterías electrónicas y bajo sintetizado. “Abriéndole la puerta al diablo” es una canción típica de Sandro, un clásico menor muy bien elaborado, en la que el Gitano canta como nunca, en una interpretación que es un muestrario de todos esos tics que lo volvieron famoso. Pero además, aquí el sonido está claramente en sintonía con el pop de la época, con muchas maquinitas, violas rockeras muy arriba y exceso de percusión electrónica. Sin dudas, una muy buena mezcla del Sandro clásico con este ochentoso. Lamentablemente, esta magia parece esfumarse en “Fue sin querer, fue sin hablar”, otra balada romántica que podría haber sido la cortina de una novela protagonizada por Marco Estell. No está mal, pero no tiene demasiados elementos para destacar más allá de su instrumentación modernosa. Por supuesto, esta canción termina con Sandro cantando el estribillo sobre un solo de saxo que se va en fade…

“Tramposa aventurera” es otro lento poco auspicioso, del que no vale la pena remarcar casi nada. Todo lo contrario de “Ayer te quise tanto”, una balada bien lograda, con un sutil arreglo de teclados. Sin dudas, una canción de telo de mucha calidad. Luego llega lo mejor del disco. Porque, sin dudas, “Vengo a ocupar mi lugar” es el gran hit del álbum homónimo, razón por la cual no se entiende porque no fue elegido como tema de apertura del mismo. Y es que es un rockazo a medida de Sandro, con una fuerte impronta de teclados, baterías electrónicas que la rompen y guitarrazos a troche y moche. Aquí Roberto canta como nunca, metiéndose en la ropa de un personaje matador y muy salvaje, que regresa y sabe bien lo que quiere: arremeter por lo propio, por ese lugar bien ganado en la cama de una antigua amante, enloqueciéndola de placer all night long. Actitud 100 % rock.

El penúltimo tema del disco, “Yo te haré mujer”, es otro lento de sonido clásico, pero sin mucho desarrollo, cuyas primeras estrofas son un guiño manifiesto a “De quererte así”, el clásico de Charles Aznavour. Sin embargo, en esta canción sobresale un buenísimo solo de teclados (¡¿quién lo tocará?!), con un sabor bastante progresivo, que junto a la gran interpretación del Gitano es, lejos, lo mejor de un tema menor. Por fin, el disco termina con “María es mujer”, un broche de oro “épico”. Otra canción con una letra muy sugestiva, en este caso dedicada a la figura de una mujer fatal, y con una conclusión cuasi techno gótico new age. Sí, ¡demencial! Un final con tutti, con muchos solos de viola, un gran coro femenino, y un buen arreglo de sintetizadores.

SANDRO Y EL CARPOSAURIO
Sin embargo, esto no es todo, ya que esta historia que une a Sandro con el rock tuvo una inesperada coda, un par de años más tarde, en 1990, cuando Roberto se convierte en el anfitrión de Querido Sandro, un programa de televisión de lujo, producido por el mítico Héctor Ricardo García, y ganador del Martin Fierro. Justamente, en uno de los envíos de este magazine musical con invitados, que salía al aire por Canal 13, el Gitano invitó a Riff. Así los telespectadores pudieron disfrutar del encuentro de estas dos potencias de la música popular argentina. Sí, Sandro + Pappo + Vitico + Boff + Michel Peyronel. En esa ocasión, se pudo ver al cantante lookeado con un curioso vestuario post punk, símil Mad Max o ¡Manowar! Una puesta en escena que se parece a cualquier video clip de las bandas heavies de la época, tipo “Lick it Up” de Kiss, con bailarinas sensuales y Citroëns 3CV prendidos fuego. Hay que aclarar que Sandro NO tocó en vivo con Riff en ese momento, tan solo hicieron playback en dos canciones del cantante: “Vengo a ocupar mi lugar” y el rockazo “Soy Salvaje” (del disco Volviendo a casa, de 1990). Luego del corte publicitario, Riff volvió para tocar su clásico “Susy Cadillac”.

Sandro con Riff en "Querido Sandro", 1990.
Para recordar ese encuentro histórico convocamos a Hector Boff Serafine, el guitarrista de Riff, quien nos cuenta: “Por supuesto, tengo el mejor recuerdo de esa presentación. Por empezar, Sandro era amigo de Pappo desde los comienzos de su carrera, cuando zapaban en La Cueva, el famoso local de la Avenida Pueyrredón. Para nosotros fue un verdadero honor que nos invitara a Querido Sandro. Tené en cuenta que no solo nos invitó a tocar al programa, si no que también nos pidió que participemos en dos de sus canciones, junto a él. Te comento que no fueron muchos los grupos privilegiados que tuvieron esta oportunidad. Luego de eso, Pappo también fue invitado a su maratón de recitales, hay algo en Youtube de ese día. Sandro era un capo, un tipo súper generoso. Por ejemplo, tuvo una atención con nosotros, nos hizo llegar una gran canasta con vinos, y una gran picada. En ese momento, me acuerdo que Pappo me dijo: ´Agarremos la canasta…´ ¡Y nos fuimos! Jajaja. Me acuerdo que el programa se hacía en Estrellas Producciones, en donde hoy están Crónica TV y CM El Canal de la Música. Por supuesto, no se podía hacer vivo. Nadie hacía vivo, todo era playback. A pesar de que Sandro no sabía nada del rock que sonaba en ese momento, sabía bien su negocio. Sin embargo, él tenía su lado rockero. De hecho, poco después de eso grabó con Charly García y Pedro Aznar en el disco Tango 4, ¿no?”

Sí, tal cual, y quizás ese cover en castellano que hicieron de “Rompan todo”, de Los Shakers, en ese álbum de 1991, haya sido la última vez que Sandro se puso el traje de rockstar. Un vestuario que le quedaba casi tan bien como la clásica bata roja…

Emiliano Acevedo


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