martes, 27 de enero de 2026

ABANDONAR EL MUNDO: Jorge Minissale y su disco Hippiedelia...

Jorge Minissale acaba de lanzar en todas las plataformas su último disco en estudio, titulado Hippiedelia, el cuarto de su trayectoria como solista. El músico, conocido por ser integrante del grupo Suéter —entre otras formaciones—, presenta un material de ocho temas propios y cuenta con la participación como invitados a Pablo Sbaraglia y Fernando Samalea. 

Se trata de un álbum que se aleja de las temáticas actuales de la música argentina para recuperar el mensaje de resistencia y transformación que definió a toda una generación. El sonido del álbum es crudo y potente, y se perfila como una voz rebelde frente a una sociedad moderna que avanza hacia niveles intolerables de desconexión humana y crueldad. Hippiedelia contiene un fuerte mensaje crítico del individualismo y la alienación que produce la sociedad moderna. Muy lejos de la música para entretener en un mundo poco entretenido, es un álbum conceptual, idealista y combativo en donde Minissale se siente cómodo para narrar, inspirado en los ideales que hicieron del rock un movimiento social de cambio y las contraste con las miserias que produce el mundo de hoy. 

Los créditos de Los Impulsores, los músicos que grabaron el álbum son: Martín Paladino en batería, Mariano Escudero en bajo, Leandro Romero en guitarra, y Jorge Minissale en guitarra, teclados, sintetizadores y voces. Producido por Jorge Minissale y Leandro Romero. 

En esta nota convocamos a Jorge para que nos contara los vericuetos de este disco formidable. 

ENTREVISTA> Contame un poco sobre tu nuevo trabajo Hippiedelia. 

Este disco está enfocado en un público que presta atención, que da tiempo, ganas y que tiene la costumbre de escuchar. Un público con sensibilidad, que no se deja llevar por un montón de situaciones y que de verdad gusta de la música. Para nosotros que somos un poquito más jovatelis, por decirlo de una manera elegante (risas). Cada tanto uno intenta hacer algo así, a veces sale, a veces no… 

¿Cómo fue la elaboración del disco? 

El disco estaba listo hace dos años, pero me enganché con hacer la producción del disco de Suéter en el que reversionamos los clásicos. Y fue un trabajo muy largo en donde puse toda mi atención. Hippiedelia lo teníamos mezclado y masterizado con Leandro Romero, que es el ingeniero y coproductor conmigo y aparte es el guitarrista de Los Impulsores. Veníamos hablando hace un montón de cómo lo queríamos hacer. Esta es la primera vez que, como pudimos solventar la grabación y no depender de nadie, tuvimos el control de todo. Los discos anteriores los hice con amigos y las instalaciones eran de ellos, por respeto o educación muchas veces terminás haciendo cosas que no estás del todo convencido. En este, en cambio, pudimos alquilar el estudio que nos gustaba para grabar la batería o los micrófonos para grabar las voces. Siento que con este trabajo dimos un salto de calidad como productores. Este disco me hizo crecer un montón en esa función. A lo mejor no tuvo tantas horas de grabación sino muchas horas juntos craneando y buscando. Por eso estamos muy contentos con el resultado. 

Tiene muchas capas de sonido. Además de tus guitarras, también, hay mucho teclado… 

Sí, pensé que como es mi tercer álbum de estudio teníamos que hacer algo diferente y tenía ganas de hacer un disco con menos elementos. O sea, con menos guitarras y las pocas que introducimos que suenen bien, que tengan presencia. A diferencia de los otros discos donde la búsqueda fue orquestar con guitarras, acá me pareció mucho más interesante ir por el teclado. Básicamente, porque pensé el estilo del disco como pop rock barroco. 

¿Y el teclado es un instrumento familiar para vos? 

Sí, me crié con ese sonido. Hay un poquito de órgano, pero en lugar del tener el clásico sonido de Hammond nos inclinamos por el lado del Continental que es un teclado de estado sólido más bien de los 60. De hecho, si escuchás el tercer tema del disco [“Ya No Importa Lo Que Te Importa”] es muy Spencer Davis Group. La idea fue hacer el sonido similar al de Steve Winwood. Es como un homenaje. Después usamos algunos sintetizadores líderes como puede ser el Arp o el Minimoog que son los teclados que conozco bastante. Si bien no soy tecladista ni mucho menos, los conozco porque me crie con todos esos sonidos por mis amigos músicos. Éstos son sonidos muy familiares para mí. Así que bueno, un poco eso y a la vez, también, tenía la idea de dejar muchas capas debajo y la batería o la voz solas. Dejar mucho agujero, no recargar. Cuando llegamos a las grabaciones teníamos todo demeado y se respetaron casi todos los ritmos armados. Entonces, no sufrimos una decepción. Quería mantener el sonido del demo porque son meses y meses que venís escuchando eso y después te cuesta mucho salir de esa sonoridad de la que terminás enamorándote. 

También se nota que está pensado como obra conceptual… 

¡Sí! Yo venía reflexionando sobre el concepto en Trigémino, también, y todas las canciones hablan de lo mismo. En Hippiedelia, también, salgo en la tapa, pero como un personaje que representa a alguien de mi edad, alguien que está con una pata en cada siglo. Y quizás ahí hay un punto de mucha coincidencia con lo de Trigémino, que es, también, mi grupo de rock progresivo con el que estoy a full ahora. Por eso Hippiedelia apunta a un estado mental y a la vez es un lugar al que ese personaje quiere, de alguna manera, escapar. Es decir, ir hacia una zona que es una isla para abandonar todas estas cosas mundanales con las que, la verdad, no estoy de acuerdo. Así, hacer un álbum que hable de eso buscando las palabras, la rima, es mi forma de protesta: la narrativa de un personaje que ante las imposibilidades que instala la situación, opta por dejar todo atrás e ir a un lugar donde hay otra gente como él porque no está solo. No es Robinson Crusoe, él se va a Hippiedelia porque allí hay gente como él. Estamos en una época en la que te empiezan a llenar la cabeza con que todo lo nuevo está buenísimo y todo lo anterior no. Yo no creo eso. 

Estamos hablando de todo lo que tenga que ver con hiperconectividad, inteligencia artificial y una mirada celebratoria sobre los avances tecnológicos. 

Sí, el loco se está yendo a Hippiedelia como un lugar en el que no va a tener que estar dependiendo de un celular, de X, de las tendencias. La realidad es que todas estas cosas nos van a trascender. Nosotros no vamos a estar cuando el mundo esté manejado por todo lo que hoy es ciencia ficción. Este trabajo surge en defensa propia. Yo no regalo, defiendo lo mío. O sea, las muelas que perdí y todas las deficiencias en mis órganos, no lo voy a regalar. ¿Entendés? Porque eso fue apostarle a una historia. No quiero juzgar porque a mí no me interesa eso, pero creo el gran error de los artistas que llegan a cierta edad es que se ponen a hablar de lo que suena ahora. A mí no me interesa hablar de lo de ahora, porque para eso están los chicos que representan a su generación y está buenísimo. ¿Vos crees que los chicos de 15 y 17 años conocen a los Beatles, los Who o los Rolling Stones? Si los conocen es por los papás. Y está muy bien porque así debe ser. Obviamente, que los artistas de nuestra generación son esos baluartes que siguen de pie y siguen moviendo. Eso no está en discusión. El error está en querer llenar la cancha de Vélez porque ni yo ni otros de mi generación la vamos a llenar. Nuestro momento pasó y está bien que haya pasado. La pasamos bien y estuvo bien. Lo que quiero decir es que no hay que renegar tanto. Yo me corro a un costado, a mí no me interesa hablar, lo que sí no me gusta es que me vengan a tratar mal a mí. Por eso digo que el disco es un poco en defensa propia. Entonces, el disco no está hecho con ánimo de juzgar, sino con ánimo de resistencia. 

Bueno, eso es el rock… 

Es que este álbum tiene que ver con eso: rescatar un poquito la filosofía rock. Cuando se habla del rock a veces se confunde el rock con la sonoridad. Deep Purple, Riff, V8, son rock. Pero podés hacer algo que no suene con esa crudeza y, también, sea rock. Para mí la Mahavishnu Orquestra es rock. El legado del amor fue el primer festival que se hizo en Estados Unidos, básicamente, para que no manden al matadero a la juventud. Pero cuando hablan de hippies lo primero que dicen siempre es que son faloperos y que no se bañan, Sin embargo, atrás de eso, también, había una filosofía, un principio muy power. No solo decían “paz y amor”, también, decían “No queremos ir a la guerra”. En los 70 el rock, también, tenía una razón de ser que era, básicamente, oponerse a la represión. Entonces, el disco abreva en esas aguas. 

No hay Melodyne, no hay Autotune, no hay nada de eso. 

No, claro. Lo que hay que recordar que un disco es un documento. Una cosa es que pongas autotune porque no pegas una nota y otra, es que lo pongas como un efecto. ¿Quién arrancó con el autotune? 

Cher con “Believe”… 

Puede ser… acá, el que arrancó con eso fue Maxi Trusso que, dicho por él, lo usó como efecto, como para ponerle un delay a la voz. Después se empezó a utilizar para corregir. A mí, la verdad, ni me interesa porque no hace falta. Que hagan lo que quieran, si quieren cantar con autotune porque no pueden cantar y la gente los va a ver, está muy bien. Yo, difícilmente. No digo que soy un tenor para cantar en el Colón, pero, hoy no tengo esos problemas. Además, nunca nos olvidemos de que somos músicos y/o artistas que no estamos operando a alguien con un problema de vida o muerte. No estamos haciendo un puente que le va a solucionar el problema a toda una comunidad. No somos. Paremos con la boludez, también. Son muchas batallas que empiezan a pasar factura. Son 50 años haciendo esto, el oído está medio quemado. Sigo manteniendo el calibre de las cuerdas, pero tengo algunos dedos que ya se me están empezando a doblar. Como le pasa a un deportista, vos estás poniendo el físico todo el tiempo. El oído lo sometí. No hemos sido gente que se ha cuidado, digamos, hemos sido bastante imprudentes. Igual no me arrepiento de nada, yo voy al mango, loco. Ya está. 

¿Hay algo de la omnipotencia de la juventud que mantenés? 

No sé. Hago música. Cuando éramos chicos creíamos que íbamos a detener el mundo o a cambiarle la cabeza a la gente, pero, a la gente no la cambia nada, la gente sigue su camino. Y bueno, nosotros lo único que hacemos es ayudar un poco. A lo mejor alguien estando triste, escucha tu música y siente alguna resonancia de alguna situación en la armonía entre un acorde mayor y menor y eso le levanta el espíritu. Entonces, la distracción está bien y sí podés crear un poco de conciencia, sos Gardel. Yo hago música y hay 200 millones más que la hacen. Después si tocas un poquito una fibra, eso está bárbaro, pero tampoco hay que creérsela y dejar de saludar al tipo de al lado. ¡Pará, boludo! Si sos un pibe común y silvestre que tiene la suerte de haberse divertido y seguir divirtiéndose haciendo cosas. 

¿Y con este disco te divertiste? 

¡Sí! Me imagino que el trabajo de músico es, también, como el de un pintor o un escritor porque arrancás con un lienzo o una hoja en blanco. Las canciones arrancan así: en blanco. Y este disco, también, arrancó de esa manera. Fue en pandemia. Todos arrancamos un poco ahí porque estábamos al pedo, no teníamos mucho para hacer, no podíamos hacer nada. Fue como una película de zombis. Y empezás de cero. Tenés una idea en una guitarrita, una secuencia en un pianito, en un tecladito, un tarareo. Y bueno, eso es divertido. También fue divertido hacerlo porque arranca de una manera y no sabes hacia dónde va a ir. En este caso, fue diferente a lo que hicimos con Trigémino, que fue un trabajo de equipo, acá fue más solitario pero siempre le mandaba las cosas a Leandro y él me hacía una devolución. Eso me hacía sentir que estábamos bien encaminados. Tal vez por eso, siento que es el disco más maduro o más serio. Este trabajo no necesitó un solo de guitarra. Soy guitarrista, obviamente, pero también tengo otras cosas que me gustan como, por ejemplo, escribir, cantar, componer, y producir. Y como nunca siento que estoy haciendo todo bien, nunca me detengo y trato de seguir adelante sin deprimirme. Por el contrario, trato de inspirarme con mis colegas. Esa siempre fue mi postura musical: aprender del de al lado, del que admirás y tratar de ver si en esa sana competencia, vos también podés llegar.  

EL DISCO TEMA A TEMA 

¿De qué va “El ideario de hoy” en el que participa Pablo Sbaraglia y abre el disco? 

Ese loco que estaba buscando irse, el personaje del disco, habla del ideario de hoy con el que no se siente cómodo. No se trata de una moda, de que él usaba un pantalón palazo y ahora no se usa más. Él te está hablando de la sociedad y de que no siempre lo nuevo es mejor que lo anterior. El ideal tiene que ver con lo que es ser humano. La sociedad te va limando con todos los elementos que nos pone a la mano. Nosotros, mi generación, no somos tan adictos con la tecnología. Estamos, pero no tenemos esa falopa de no estar un minuto sin mostrarte. “Mirá, me salió un grano” y todo el mundo opinando del grano. Todos son estrellas. Frente a las tendencias, yo doy un pasito al costado. Pablo está porque, en realidad, me pareció que era una canción un poco para él que siempre estuvo del otro lado, produciendo y grabando como en Justo y necesario, mi primer disco solista. Así que quise devolverle el lugar del artista. Es un tema que tiene una onda un poquito surf en el riff de la guitarra. La Jaguar con vibrato buscaba esa vibra, ese concepto de apertura por eso inicia el álbum. Un álbum siempre es algo delicado y muy diferente a hacer canciones sueltas. 

De “La Utopía Suburbana”, el segundo tema, me llamó mucho la atención la frase: “Todas las victorias cosechadas hoy no tienen valor”, porque siento que habla de lo efímero e instantáneo que es todo en la actualidad… 

Es lo que acabás de decir…  Hay tanta gente que dio su vida por algo que hoy no tiene ningún valor. Y no es un disco que trata de la cosa política que habla de alguien en particular. Está en otro lugar, va más por algo universal. No habla de personas o personajes. El tema es que hay luchas que ya no tienen valor. Hacer un disco como este te cuesta mucha guita porque lo tenés que hacer sin una gran productora por detrás porque las productoras están para hacer otras cosas. O sea lo que estás elaborando ya no tiene valor porque la gente no quiere escucharlo. Hoy, la gente soporta 10 o 5 segundos de lo de lo que le ponen adelante. Entonces, ¿cómo puedes luchar contra eso? 

El video de esta canción tiene esas imágenes retro de vacaciones, parques de diversiones o viajes familiares… 

Claro porque en el suburbio es donde la cosa siempre fue un poco más pura que en las grandes ciudades y las imágenes que elegimos representan un poquito lo que nosotros queríamos decir con el disco. 

Y el final del tema es en el mejor estilo Pappo´s Blues… 

Es un homenaje al primer disco de Pappo´s Blues. Amo Pappo´s Blues. Yo empecé a tocar la guitarra por él y mi guitarra está firmada por Pappo. Igual esto es un poquito más caretón, dirían los muchachos (risas). En realidad, está un poquito más orientado a Jack White, ese sonido con mucho fuzz y esa psicodelia. Teníamos muchas ganas de romper al final de la canción.

Sigue “Ya No Importa Lo Que Te Importa” que empieza con ritmo intenso y urgente y una letra que plantea “desprenderse no está mal/bienvenida a las emociones”. ¿A qué hace referencia todo? 

Sí, ahí aparece el órgano con el Continental, que es un poco lo que yo te decía de ir a en busca de la sonoridad de los 60. La canción, como el título, habla de que lo que a uno le importa ya no le importa a nadie. Lo que yo siento que importa; a la gente, realmente, le chupa un huevo, pero lo digo así en esta tercera canción que muestra que el disco se va poniendo espeso. Este disco no tiene un tema sobre el sentimiento hacia una chica. No habla de lo que le pasa a un pibe de 30, esto es otra cosa. Entonces, no puedo cantarle a la falopa como le cantaba cuando tenía 30 años porque eso ya no lo vivo. Si lo hago me internan. Yo tengo que escribir de lo que siento y lo que me parece pero situado en este momento de mi vida. Imagínate que acá hay un millón de personas que escriben con una pluma maravillosa, por ejemplo, Andrés [Calamaro], y lo hacen con nivel y altura. A lo mejor en un futuro pueda cantarle a una musa. Es muy complicado cuando se asume el rol de compositor y escribís. Ahora sentí que debía hablar de una lucha contra el sistema. O sea, contra lo que nos imponen. Una lucha completamente desigual y ridícula porque no le mueve un pelo a nadie, porque ya no le importa a nadie lo que a vos te importa. Por ejemplo, sentarte a escuchar un disco entero. ¿Cuánta gente vas a encontrar que se sienta a escuchar un disco con auriculares tomando una cervecita en el patio de su casa o en el balcón? Yo lo hago y me como un viaje de la putísima madre. Pero eso le pasa a mí generación. Tal vez porque los pibes ahora no tienen la posibilidad de escuchar por ejemplo Focus 3, porque no se la dan. Los pibes están bombardeados desde los siete, ocho años escuchando música para mover el orto de un cantante que habla como un puertorriqueño. ¿Si vivís acá? Y eso es lo normal. La canción habla un poco de todo esto. 

En “Calypso” llaman la atención esas palmas tipo flamenco… 

Claro, el chiste de la canción es que es una especie de tablao, pero con un bandoneón tocado por [Fernando] Samalea. Esa sesión fue muy divertida. El video de esta canción quería mostrar un poco cómo el loco [el personaje del disco] pasa por Buenos Aires antes de irse. Si te fijás en el video del primer tema, este personaje está caminando con su mochila por Plaza de Mayo como empezando a despedirse. Y cuando viene “Calypso” ya se le hizo de noche y empieza a caminar hacia la ruta para que alguien se lo lleve. Mirá, lo al pedo que estamos para estar pensando eso… pero no lo puedo evitar, y no lo hago para agradar, me divierto mucho haciéndome estas películas. Y si hay un loco o una loca que se engancha, bienvenidos. 

Yo creo que hay muchos locos que se enganchan… 

Seguramente, no quiero ser peyorativo. Lo que digo es que no está pensado como un producto sino desde otro lugar. El nombre del tema es como una identidad porque el ritmo es como un calypso, que es una música de América Central, como del mambo, son variantes hermosas de esa música y, también, quedó porque era el barco del barco de [Jacques] Cousteau, ese capitán de aventuras que veíamos cuando éramos chicos y nos volvíamos locos. Y después, también, queríamos que sea el Buenos Aires, de noche y lloviendo. Porque somos eso. No podemos tener la alegría brasilera. Somos un poco tristes y hay que asumirlo. 

Entonces, en “Abandonando la locura de las masas”, tu personaje ya se fue... 

Sí, ahí abandonó todo y se fue a la mierda. Ésta es una canción que empieza con un riff de Rhodes de mano izquierda. Yo quería poner esta canción en el final del álbum, pero después no estábamos seguros porque la canción nos gustaba mucho para dejar al final porque teníamos miedo de que la gente no llegara al último tema. Pero es una canción de final porque se va en fade out. Ahí al tipo alguien ya lo levantó y dijo "Chau". 

“El universo jugando a favor” es una de mis canciones preferidas del disco. Contanos sobre ella. 

Vos sabés que para esta canción la invité a Fabi Cantilo pero no me dio pelota. A Fabi la conozco de chiquita, pero bueno, sé que estaba muy ocupada con el tema de la película. Me hubiese gustado mucho que estuviera ella o, también, Celeste [Carballo] porque hubiera estado bueno que el estribillo lo hiciera una voz femenina. Me gustaría saber porque es tu tema favorito del álbum… 

Por su letra y por cómo vas llevando el clima de la canción de un modo tan orgánico con la música y cuando llega al estribillo, que ahora sé que pudo haber hecho Fabi, que habla de la religión del dinero y las maquinitas. También, la referencia al “arder en el fuego fatuo de la estupidez” que me parece una frase espectacular para definir nuestro tiempo... 

Bueno, te agradezco mucho. Siempre juego con la palabra “fatuo” que estaba en la canción de La Máquina de Hacer Pájaros: “Quémate en el fuego, fatuo, báñate en el verde lugar”. Porque nosotros somos eso, La Máquina, Serú Girán… Ellos son una fuente literaria. Luis Alberto [Spinetta] sacaba un disco y teníamos que correr a la biblioteca porque no había dónde conseguir los libros de los que el loco estaba hablando en las notas. Era “¿Qué? ¿Quién es Baudelaire?” e íbamos en manada a una biblioteca a conseguir libros de Baudelaire para saber de qué estaba hablando Luis. 

El personaje del disco abandona todo, también, porque como dice esta canción se impone una forma de pensar con la que no coincide... 

Claro, ni hablar. Creo que es así. Estamos bajo una influencia. Ahora, todo tiene que ser muy rápido. Los pibes lo entendieron muy bien, porque son genios. Ellos no tuvieron una cosa analógica en las manos, entonces, para ellos esto es lo lógico. Y está bien, pero hay muchos, como yo, que piensan que no se la tienen por qué comer, y no se anotan en esa. El sentido común no se puede perder. 

Repasemos “Las formas del olvido”. 

Ah, esta canción iba a quedar afuera del disco. A veces pienso que si no olvidás y te quedás siempre con lo mismo no se puede seguir adelante. Imaginate si todo el tiempo pensara en la pérdida de mis padres, de mi hermano sería muy complicado. Yo, para seguir adelante, tengo que olvidarme. Y esta canción habla un poquito de eso que tiene un riff de guitarra muy barroco al principio onda Jack White. Después la canción varía hacia otro lugar.

Y llegamos al cierre con “El pacto”. 

Esta canción tiene un estilo en el que nunca utilicé, fijate que casi no hay guitarras; y está inspirado en alguien en el cual vos confiaste y te decepcionó. No una pareja. 

¿Un amigo? 

No, tampoco. Alguien que te transmitió una creencia que vos seguiste, pero con el tiempo te quedaste pedaleando solo porque esa persona cambió. Habla de un pacto que se quebró. Entonces, ese tipo de rupturas hacen que el loco quiera irse a Hippiedelia, también. Nos pareció buena para un cierre porque es tranquila, sin estridencias y me parece que es la que quizás tiene el estilo más pop barroco como los Zombies, los Lemon Twigs o los últimos discos de Arctic Monkeys. 

Son todos artistas conceptuales… 

Sí. Pero fíjate en el estilo; es un estilo donde el piano es un poco el que lleva la batuta, son canciones de medio tiempo y muy orquestadas. Nosotros admiramos mucho al productor, el pibe [James] Ford, en su sonido y su manera de orquestar. Ford es alguien de quien aprender mucho. 

Sí, logra un sonido que abarca todo el disco y lo hace muy integral. Parecen películas sonoras… 

Sí, bueno, por ejemplo, en “Calypso”, cuando viene la parte que queda el teclado solo, a mí se me representaba la imagen de la Avenida 9 de Julio en invierno de noche y con llovizna. 

Creo que lo que queda claro es que, desde Suéter para acá, tu prioridad es la búsqueda artística antes que lo comercial. Y si viene el éxito, lo hace como consecuencia lógica de hacer algo bueno que, además, se difundió. 

Sí. Siempre. Imaginate que, como solista, arranqué en el 2014 y para que un tema sea un clásico tienen que pasar como 25 años… lleva mucho tiempo. Entonces, la ironía es que a lo mejor llega y lo van a ver mis herederos. Y ya verás, lo preocupado que estoy… (risas) Yo siempre hago la mía y sé que no soy el único que está en este barco. Si eso requiere que sean 10, serán 10, no hay problema. Yo ya no me como más la del artista. Ahora, tenés que hacer música que en 10 segundos “atrape” a la gente. No, yo no salgo a cazar personas. Yo toco con mi guitarra una cancioncita. Hago lo mío, me divierto y si alguien se divierte con eso, ok seguimos. En este trabajo mostré otra de mis facetas porque tengo un poco de esto, un poco del otro. Y lo muestro en el momento en el que tengo ganas. A lo mejor el próximo disco sea de canciones con guitarra criolla y nada más. Y esta, tal vez, sea mi próxima aventura. 

Entrevistó: Emiliano Acevedo

Fotos: KVK y Jorge Minissale


1 comentario:

  1. Excelente nota. Tan conceptual como el disco. Es hora de hablar de una generación, la nuestra, que ve morir un mundo sin subirse a un altar, pero resistiendo.

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