viernes, 19 de junio de 2026

MIGUEL ZAVALETA: "La generación de los 90 es horrible..."

 


Siempre es un placer hablar con alguien tan idealista y apasionado con la música, con el arte de hacer canciones, como es Miguel Zavaleta. Luego de muchos años volví a entrevistarlo y me llevé la misma impresión que la primera vez: es imposible escucharlo y no estar de acuerdo con varios de sus conceptos. En esta charla desglosamos su trayectoria con Suéter y mucho más acerca de su ideario que lo ha llevado hasta aquí, como músico y artista. Un dialogo sin desperdicio y sin tregua. 

ENTREVISTA> Cuarenta y cinco años con Suéter, toda una vida. ¿Cómo lo llevás? 

Suéter es una banda extraña. Yo la hice, pero soy músico desde los 70, armé Suéter recién en los 80, y siempre me costó. En su momento, a nosotros nos señalaron como que hacíamos música rara, éramos la banda rara. Y, quizás, lo éramos, comparados con otros grupos. Nunca nada fue fácil para Suéter. El grupo surgió cuando el rock se volvió una música popular en el país, pero yo ya venía desde el año 73, y en el 76 debuté con Bubu en un teatro. Hicimos giras nacionales. O sea que yo soy del rock de los 70, y en los 80 la luché como pude, pero siempre tuve, afortunadamente, unos músicos increíbles a mi lado, y una predisposición artística impresionante a mi alrededor. 

Eso es muy importante… 

Claro, pero a mí todo me importaba un bledo, lo cual no era muy sano para el desarrollo de una vida profesional. Por otro lado, no trabajamos, yo estaba en cualquiera. Mientras todo el mundo se iba a tocar al exterior, yo me la pasaba riendo, que era lo único que quería hacer… Y eso hizo que Suéter sea siempre una banda extraña. 

No te interesó la profesionalización a ultranza… 

No sé si eso. Yo siempre estuve rodeado de mis amigos y ellos eran profesionales. Salvo Hilda [Lizarazu], que era mi mujer, y era la única nueva, mi grupo de amigos eran Fabi [Cantilo], Dani Melingo y Cachorro López… Justo anteayer hablé con Cachorro y hace tres días con Melingo, o sea somos amigos desde siempre. Si bien ellos sí eran de los 80, yo me consideré siempre un fuera de época o sea “un adelantado”, como me decían. No sé cómo decirlo, porque “adelantado” es un concepto musical que no sé cómo ponerlo. Yo hago lo que me nace y eso trae una raíz diferente. Así lo fui llevando, y para sorpresa mía, un par de temas a la gente le gustaron y una cosa fue llevando a la otra. La verdad que yo tenía mentalidad de los 70, donde lo que el artista buscaba era que el disco, y la obra, gustara. 

Otra concepción, más artística, menos mercantilista… 

Puede ser. Lo cierto es que empecé a separar esa obra en temas, porque si no ni me grababan. Porque si el tema duraba más de cuatro minutos y medio, no servía. Entonces, me adapté a los 80 en ese aspecto. Pero la música de Suéter, para mí sigue siendo extraña de cierta forma. Cuando el rock estalló y se hizo popular, al principio me puse contento, pero a los dos años sabía que no era lo que yo quería. Yo quería ser músico para hacer música que escucharan los melómanos. Lo que pasaba era que en los 70, más allá de algunos firestones quilomberos, la gran mayoría del público eran amantes de la música, como era yo también. En esa época yo era cadete de la revista Pelo, y el público era directamente sensacional. Luego del boom, eso fue reemplazado por la masa numérica. En ese momento, como no sabía cómo era la masa numérica de gente, no me alerté, pero después vi que ya era otro mundo, el mundo del espectáculo, del show, y yo nunca quise estar en el mundo del espectáculo. 

Le huís al show business… 

Mirá. De hecho, tanto Pergolini como Pettinato, me ofrecieron dos veces trabajar en la tele, y les dije que no. A mí nunca me interesó estar saltando al lado de Pachano… Y el rock, en un momento dado, creo que se transformó en eso. Los felicito a los que se engancharon, algunos son buenos y muy buenos pibes, pero no era ese mi mundo, no lo es, y nunca lo será. 

Seguiste en la tuya… 

Yo sigo haciendo música pensando en un pequeño mundo, en lo que tendría que haber sido: la ucronía de pensar que el rock nunca se hizo popular y que sigue siendo como cuando yo me hice músico en los 70. 

Un movimiento utópico… 

Sí, no era masivo, pero tampoco éramos pocos los amantes del rock en ese entonces. Cuando hicimos giras por el interior, en Tucumán, entraban 10 mil personas. Yo con ese mundo era feliz. Aparte, yo no pensaba en la plata, porque tenía para comer y un techo, entonces nunca me importó la guita. Salvo un poco ahora, que estoy medio jodido, pero tampoco me importa tanto. 

Decías que te tuviste que amoldar a los mandatos del pop. Hacer canciones más cortas, radiables, casi no hacer temas instrumentales… 

Por eso te digo que fueron 45 años difíciles. Con muchísimo cariño, pero también bajo la lupa de gente a las que no les interesa la música. Se detienen a destacar en mí cosas que no importan, más allá de lo que sí importa que es lo vinculado a la música, a lo artístico. Por eso yo siempre me sentí en offside. El mundo del espectáculo es para otros. Yo nací para otra cosa. 

Siempre le escapaste a la fama… 

No es así porque al principio hice de todo para ser famoso, porque todos mis amigos estaban en esa. Pero ellos eran mucho más inteligentes que yo. Los veía y no quería quedarme atrás. Igual me quedé más abajo que todos porque ellos eran laburantes y desde el principio supieron que con eso podían hacer plata, mientras que yo lo único que quería era reírme. Por eso mi último disco, que lo voy a hacer con Melingo, se va a llamar El hombre que ríe. A mí lo único que me interesaba era reír, y lo lograba, porque nos matábamos de risa, pero yo no tenía otro camino. Con mis amigos nos matamos de risa, se reían todos, pero laburaban. Entonces, terminaron tocando en otros lados, y cuando todos despegaron para otro planeta, yo seguía riendo en mi cuarto. 

Eso fue en los 80, ya en los 90 se volvió más grande el negocio de la música… 

Es que llegó la masa y con la masa llegó la música de los 90, que es el fin del rock nacional. ¿Qué canción queda de la gente de los 90?  Investigalo y vas a ver… es horrible. A mi gusto, eh. Pero también a gusto de nuestros hermanos sudamericanos. Porque al llegar a los 90 se acabó el rock argentino en el exterior. Salvo los que venían de antes, Gustavo [Cerati], que era un genio y todo eso. Pero el rock nacional se convirtió en la popularidad, llegó la hinchada de fobal, y sonamos. Y mirá que yo fui hincha de fútbol casi 40 años de mi vida. Fanático, estoy en una tapa de la revista El Gráfico, dando lástima, con otros flacos agarrados a una alambrada. O sea, yo separaba los mundos. Me acuerdo que me encontraba al Flaco Spinetta, bastante solapado para que no lo reconozcan en la cancha. Muchas veces me lo encontré en la cancha de River. 

Sí, él era fan de River. 

Era re fan, yo también. Después me importó todo un carajo. Ojalá se mueran, me da lo mismo. O sea, les tomé antipatía a los futbolistas, a todo eso. Y, el Flaco tenía otro mundo. O sea, vos ibas y eras un artista o lo intentabas, porque yo también intenté ser artista. Creo que lo logré, pero me costó. Y yo creo que él, que siempre fue un artista, volvía a su casa y no pensaba como un hincha de fútbol. Porque yo también era un hincha de fútbol. No me ponía a tirar piedras, pero quizás sí. O sea, estaba totalmente alienado, porque uno también se pone con la masa y hasta podés perder la identidad. La cuestión es que después a todos esos que gritaban a veces a mi lado en la cancha los encontré como público de rock. Y para mí para mí no fue una evolución, fue horrible. 

La “futbolización del rock”… 

Para mí es totalmente sorprendente. De cualquier forma, soy de una banda que no vende la cantidad de entradas que venden, o vendían, mis amigos, pero en algunos casos creo que se pone más mi música, y se recuerda más, que otros que fueron súper exitosos. De cualquier forma, son todas apreciaciones personales. ¿Cuánto puedo ver del mundo real? Nada, un poquito aquí, un poquito allá. 

Tus temas están en el inconsciente colectivo. O sea, hay varias canciones de Suéter que las conoce todo el mundo, eso es innegable. 

Sí, por suerte. Yo no me lo esperaba. Aparte que los temas conocidos no son los mejores, pero qué le voy a hacer. El otro día estaba tocando en vivo y me pedían temas. Hasta que uno gritó: "No soy el mismo", y yo lo miré y me causó una cosa tan linda. Un tema hecho con tanto sentimiento. La mayoría de los temas que hice, especialmente los de los 90, los hice pensando que probablemente a nadie le podrían gustar mucho. No a nadie, sí a esos que de alguna manera siempre me dirigí. Entonces, ese tipo sí era de esos a los que yo había hecho mi música. Él la sintió de esa manera y me pidió un tema que nadie jamás me había pedido. Incluso, el otro día viene una persona y me dice que "Última vuelta en el Italpark" era su favorito. Afortunadamente, de esas alegrías tuve muchas. Casi siempre me han tirado buena onda, incluso los que no gustan de mi música, eso es genial. 

En una entrevista que vi hace poco, haciendo alusión a esto que decías de tus amigos, al momento de la aparición de Suéter, hablabas de que era una época mágica del rock nacional y que no creías que se vuelva a vivir. ¿Por qué considerás que hoy no sería posible volver a vivir una época como esa? 

No volverá. Porque la juventud actual, con los valores deformes y enfermos que traen, con la crueldad, lo vuelven imposible. Nosotros éramos jipones. ¿Y qué era ser jipón? Era ser un boludo, lo cual seguí siendo casi toda mi vida, que lo único que quería era reír, estar bajo el sol, hacer música, estar con chicas, por eso ibas a Ibiza y estaban todos desnudos. Esa no era parte de mis ideales, pero sí eran los ideales de Woodstock y de mi generación. Mi generación fue diferente. Ahora somos los… ¿Cómo se llama? Los baby boomers. Nos tienen temor. Y es que seguimos siendo una generación diferente y sensacional. Esa generación, la nuestra, no se repetirá más. 

La de los jipones… 

Claro. Ya la generación de los 90, o sea, la Generación X, es horrible. Es una generación sin esperanza, donde encima se dan el lujo de decirte que el símbolo del rock son los cuernitos. Rock no es cuernitos, muchachos, el rock es la V de amor y paz. Y si no lo comprendés, te hago un piquete de ojos con la V, boludo (risas). Porque aparte, eran tan boluditos los de los 90, que capaz te encontrabas con un chihuahua de medio metro con campera negra, que hasta se animaba a escupirte. En algunos casos han terminado muy mal. Yo soy un tipo paciente y nunca estrangulé a ninguno. Pero a mi lado he visto mucho chihuahua golpeado, ¿viste? Porque ellos no se daban cuenta. Ellos creían que era piola ser así, y eso lo llevaron a la música. Ya en la música no importaba la belleza, importaba el shock que hicieran en su generación. Por eso ha habido cosas vergonzosas como el punk nacional… 

Ah, no te gusta nada de eso. 

Pero escuchame, yo prefiero un chimpancé, que aparte me parece más natural. Todo eso es posicionamiento hecho por gente sin talento. O sea, porque si tenés talento y te posicionás, ok, pero no había nadie con verdadero talento, solamente un par de músicos eran más o menos pasables. Nadie se incorpora a un movimiento que para hacer un buen tema tenés que hacer algo feo y si es posible desagradable. El feísmo, salvo Marilyn Manson, ¿quién más se destaca? El feísmo es algo espantoso. 

Siempre te referís a eso: el feísmo dentro del arte… 

Es que tenés que tener mucho talento para hacer algo hermoso dentro del feísmo. Porque ¿para qué carajo están los artistas? Para hacer algo hermoso, no para hacer algo desagradable. Lo hermoso puede ser tu mensaje, puede ser la forma con que lo hacés o el sonido que generás. Y por otro lado, podés generar un sonido que te haga sentir mal. Yo escucho cumbia y me siento mal, y podría llegar a hacer cosas feas. Si me obligás a escuchar esa basura, u otras basuras semejantes, se me modifica el estado de ánimo, no es indiferente para mí. No, no lo es. Me pone mal. Últimamente, para mí el mundo se convirtió en algo bastante tóxico en lo sonoro. 

Así que ahora no te gusta nada de lo que suena en la música joven. 

No tanto, algunas cosas sí. Ahora hay buenas bandas de pop. Muy lindas bandas, desde el 2015 y 16, que me encantan, con cantantes que cantan, no que ladran y les va bastante bien de plata y todo eso. Son bandas que podrían haber sido dignas en la época en que el rock era digno. Yo los respeto, pero si me hablas de Bad Bunny o de cosas así, la verdad que no. Eso me pone mal. Igual que la cumbia o estilos similares. 

¿Y quiénes son los artistas que te gustan? 

No quiero decir los nombres, porque después se agrandan los pendejos. Aparte, si nombro a uno tengo que nombrar a los otros. Hubo unos que se agrandaron mucho, ¿me entendés?, y ya me dio bronca nombrarlos porque me gustan, pero se agrandaron, ¿viste? Claro, son chicos. No saben que el mundo del espectáculo es hoy sí, mañana quizás no. Entonces, es lógico. Son chicos, yo también en los 70 estaba re agrandado. Un día me dijeron, "Acordate que Peter Gabriel hay uno solo." Me lo dijo un productor, y tenía razón. 

¿Eso qué fue en la época de Bubu o después? 

Eh, una época intermedia. Imagínate lo que es eso. Me gustan muchas bandas que por lo menos cantan afinados, porque lo que más desapareció aquí es el canto. Están todos ladrando a lo loco. El otro día también un par de colegas tuyos se reían de Barbra Streisand en un medio. Yo no tenía acceso a hablar con ellos porque si no les hubiera dicho lo que se merecían. Pero bueno, por eso yo sigo en mi cabeza, sigo en el mundo de ayer. Ya estoy demasiado grande para seguir hablando boludeces. 

Vos sabés que el otro día estaba mirando a un youtuber, que recomienda discos, y se puso a hablar de Suéter y dijo que para él estaban solo un escalón más más abajo de Serú Girán, porque era un grupo de la hostia, ¿no? Y rescató lo que tenían ustedes, con un sonido tan particular, único, de la conjunción de bajo, teclado, guitarra, voces, que eran muy buenos los arreglos que hacían. ¿Cómo fue eso? ¿Cómo fue germinando ese estilo en la música de Suéter? ¿Cuáles crees que fueron las influencias del grupo para para llegar a ser lo que fue? 

Mirá, yo un día me puse a tocar el piano en forma autodidacta y nunca saqué una canción de otro. Recién a los 39 años saqué por primera vez una canción que no fuera mía. Lo único que yo intentaba hacer eran cosas mías. Y estuve seis años aporreando el piano sin lograrlo, tocando mal, ahora toco pasable porque practiqué como 20 mil horas y hasta me animo a tocar jazz. En aquel momento era un Neanderthal, pero en esos seis años de alguna manera la música que me gustaba fue fermentando y un día, en el año 1981, me salió mi primer canción y luego no pararon de salir hasta que completé lo que sería el primer disco de Suéter, y un poquito más también, porque dejé afuera un par. Entonces, de alguna manera, creo que el sonido de Suéter tiene algo que ver con que yo nunca imité a nadie. O sea, lo máximo que me acerqué a robarle a otro son ambientes, pero nunca melodías ni líneas. No porque fuera un gran tipo ni mucho menos, sino porque ya te dije: yo no sacaba temas. Yo solo escuchaba otra música, pero no me importaba cómo estaba hecha. Yo quería hacer lo mío a mi manera, a lo bruto, y tardé un huevo en hacerlo, pero terminé haciendo lo que me gustaba. Es verdad que estamos un escalón abajo de Serú Girán. Es verdad, pero solo de Serú Girán y de Jade, la banda de Luis Alberto. De todos lo demás, de nadie. No, no, no, porque yo podría decir otra cosa. No, como mucho, estamos al lado de otros, pero no abajo. Salvo de esas dos bandas que realmente eran muy buenas, excelentes, la de Luis y la de Charly. 

Sí, aparte tenían muy buenos instrumentistas en Suéter, y además tenían algo que no era habitual hasta ese momento en el rock que era el humor, ¿no? Porque el rock era muy solemne en la Argentina. En cambio llegan ustedes y rompen un poco con eso. 

Sí, sí, otra de las cosas, otro de los errores. Porque ni aún en el rock antiguo el humor tenía cabida. Por supuesto estaban Alice Cooper y Frank Zappa, que son palabras mayores. Pero si Zappa no hubiera tenido humor, y no se hubiera reído de sí mismo, hubiera terminado siendo muchísimo más importante de lo que fue. Por eso él hace un disco que justamente se llama ¿Pertenece el humor al rock?, a la música. Porque no pertenece. La gente va a tomar en serio al que habla serio de sí mismo. Especialmente cuando llegó la época populachera, cuando cualquier salame ponía cara de entendido y hablaba en serio de eso. Y la gente le cree, porque mayoría de la gente es medio sorda, entonces no puede distinguir si es bueno o es malo y le cree la actitud. Pero si vos te reís de vos mismo, dudan de vos, y yo no pude evitar hacer eso, pero es un error. Es un error pero igual sigo haciéndolo. Porque no estoy para solucionar errores, estoy no sé para qué, pero no para eso. 

Claro, igual en el humor y en tus letras había también una bajada que era profunda. Así que yo creo que era muy ecléctica tu propuesta y lo sigue siendo, ¿no? Hasta el día de hoy. 

Sí, a mi show solista le voy a poner el nombre Eclecticum.  Y aparte me doy el lujo de cantar Carpenters, Bee Gees, Chicago, Dávalos, Stamponi, Aznavour, es totalmente ecléctico, porque la música es… Los culpables de la mala música no son los estilos, hasta hay cumbia que es linda y buena, obviamente de Colombia, ya que en todos los estilos hay cosas feas y lindas. Por eso me doy el lujo de hacer shows con la mitad de clásicos, los que yo considero las mejores canciones a mi entender y eso es hermoso. Es que el rock es ecléctico, Suéter también, porque yo soy ecléctico y nunca pude hacer un único estilo ni lo quise hacer. 

¿Se escuchaba mucha música en tu casa cuando eras chico? 

No, en mi casa no existía la música. Por ahí en verano sí, escuchaba folclore mientras comíamos asado. Esa era mi música de chico y hasta tenía mi propio show de folclore. De vez en cuando, podía cantar algún tema de Antonio Prieto, ¿viste? Algo así, pero el rock no existía cuando yo tenía mi show a los cuatro, cinco años. Yo era de las bagualas, el zapateo y las chacareras, pero en mi casa la música era casi inexistente. Cuando yo tenía 12 o 13 años, mis hermanos mayores no podían dejar de costado lo que sucedía con su generación, y empezaron a traer discos de lo que se llamaba el Flower Power: Gary Puckett & The Union Gap, Johnny Hallyday, Johnny Rivers, Scott McKenzie; todo eso en paralelo con el éxito de los Beatles. Parece increíble ahora, pero siendo yo de una familia de provincia, los Beatles eran una mariconada en ese entonces. 

Anti Beatles… 

Yo no escuchaba eso. ¿Entendés? Aparte Lennon había dicho que era más famoso que Jesucristo, entonces se armó una cosa fea con los Beatles. Sin embargo, un día en mi casa veo que alguien, no sé quién, hasta el día de hoy nunca pregunté quién lo había llevado, al lado del tocadiscos había dejado Revolver. Y lo puse en la bandeja. Y ahí se pudrió todo. Escuché ese disco de los Beatles y dije: "¿Qué es esto?" Ya me habían gustado los discos del Flower Power, ya me interesaban. Aparte ver el mundo que representaban The Mamas and The Papas, el mundo de Woodstock, hizo que me enamoré de la música de rock. Por eso terminé siendo cadete de la revista Pelo. Y le servía café a tipos que después tocaron conmigo y que serían luego mis amigos. Pero yo les servía café cuando era chico. 

¿Te presentaste a ver a Daniel Ripoll y le dijiste quiero trabajar en Pelo? ¿Cómo fue eso? 

Algo parecido, la hermana de la chica con la que yo tenía onda trabajaba con Ripoll, y cuando vio que yo amaba la música me pasó el contacto. Porque ellos tenían discos y eso me volvió loco. La chica tenía un montón de discos, porque trabajaba en Pelo, pero no le interesaban porque ella trabajaba ahí de contadora. Me acuerdo que estaba Led Zeppelin II. Y digo: "¿Qué es eso?" Y dice: “Lo que está pegando ahora en Europa es Elton John”. Yo pensaba que era Tom Jones. No, era Elton John. Y me dio el disco de Elton John y el de Zeppelin. Por supuesto, un disco clave en el rock mundial. Ese es el álbum que inventó el Heavy Metal, un género que después produjo verdaderas porquerías, porque lo bueno fue Black Sabbath, Deep Purple, Led Zeppelin y pará de contar. Todos los demás son… He escuchado cosas tocadas como Satanás. Tocaban bárbaro, pero la música era espantosa. Los cantantes con unas voces impresionantes, híper grasas. Pero Led Zeppelin lo tenía a Robert Plant, un cantante fabuloso. Y tenía a ese genio de la música que se llama Jimmy Page, uno de los más grandes del siglo XX. Ese momento no me lo olvidó más. 

Vos sos muy fan del rock progresivo, ¿no? 

Y es que ese fue el momento de la música. Yo me hice músico real escuchando el rock progresivo. Porque yo era el cadete de la Revista Pelo, pero no me interesaba ser músico. De hecho, para mí era ciencia ficción que yo fuera músico. Pero me enloquecí, empecé a cantar y a sentir que yo tenía que ser eso, y justo se mezcló con un diluvio de música progresiva: King Crimson, Yes, Genesis, y esa música es superior. Quizás al día de hoy esto ya no le interesa a nadie, pero no me importa, es superior. No solo lo que tocaban, porque después habrá habido gente que ha tocado mejor quizá, pero el rock progresivo eran obras musicales maravillosas en las que yo me ponía auriculares y volaba. Entonces yo quería hacer eso. Yo no quería hacer “yeah, yeah, yeah...” y gritar: “Eh, ¡puto!” En un momento dado, hacer esas porquerías era ser dios. No, yo quería hacer música elaborada. De hecho, del rock progresivo salto a escuchar música clásica. En un momento dado entendía la música clásica como pocos. Con Dani Melingo íbamos muchísimo al Colón, nos metíamos en los pasillos, hacíamos cursos, nos matábamos de risa. O sea, si no hubiera sido por el rock progresivo, el rock sinfónico, yo no hubiera escuchado todos los artistas clásicos que conozco ahora y me vuelven loco. Era otro nivel de la música. 

Hay una info en internet, en Wikipedia, que quiero corroborar, ya que estábamos hablando de rock progresivo. Dice que vos conociste a Patrick Moraz y fuiste su alumno de piano. ¿Es cierto eso? 

Nada que ver. Yo hice pis al lado de Patrick Moraz en el teatro Venue de Londres, y no le miré nada, porque no soy gay. Así que… Pero sí comí con Robert Plant y con Anthony Phillips… Estuve con Anthony Phillips, siendo yo un pendejo que dijo idioteces, y Anthony Phillips no me echó de su casa de casualidad, allá en Londres. Y conocí acá en Buenos Aires a Robert Plant en los 90 y obvio que charlé con él porque era un divino. Parecía un porteño de Villa Lugano, Robert. Cuando le conté que acá en el sur, en los años 69, 70, escuchábamos Led Zeppelin sin parar, me miraba con los ojos así de grande, no lo podía creer. Yo estaba emocionado, y eso que no soy cholulo. Quizá fui un poquito cholulo cuando lo conocí al Flaco Spinetta, porque lo había conocido siendo muy chiquitito, entonces cuando lo volví a ver de grande medio que me pegó. Así que lo puse al día a Robert sobre la Argentina de los años 60 y se mataba de risa. Porque aparte acá había un ambiente musical y unos talentazos increíbles, cuando yo era cadete de la Pelo. Unos talentazos, que ahora la gente no los nombra, porque son unos sordos de mierda. Un tipo como [Ricardo] Soulé. Alguien como Miguel Cantilo. Hasta el mismo Del Guercio, Edelmiro Molinari, Litto Nebbia… Esa fue una generación absolutamente genial y ahora no los recuerdan. En aquel momento, Crucis también fue una gran banda, era competidora de Bubu, entonces yo no la trataba con cariño, pero era muy buena. 

Pero mirá que ahora los pibes se copan mucho con el rock viejo de la Argentina y los vinilos están saliendo de nuevo. La gente los compra, se vuelve loca por la música de esa época. No sé si es tan así que no le dan pelota, por ahí los medios masivos son los que no los nombran… 

No, yo sé que aquí hay un público que está comprando eso, y en aquella época habrían estado en ese nicho que yo amaba, no son iguales a los demás. Sin embargo, hoy en día, la mayoría no tiene la más puta idea, no solo el rock de los 70, del rock en general. 

Hay mucha desinformación… 

Es que esa minoría maravillosa que era el público de los 70, esos son los que hoy en día siguen escuchando música linda, porque para la gente con sensibilidad, la música va a seguir naciendo. Porque en un momento dado miran hacía su costado y ven una bola de cosas raras, entonces buscan algo y lamentablemente tiene que retroceder en el tiempo. ¿Hace cuánto que en este país no se hace una buena canción? En el exterior, por suerte, ha habido algunas. Pero si vos sos una persona a la que le gusta la buena música y querés oír canciones, tenés que irte antes de los 90 en Argentina. Sino sonaste. Hay algunas banditas argentinas a partir de 2016… Pero tampoco llegan a ese nivel de canciones que había antes. 

¿Vos decís que el rock se volvió muy jinglero? 

Exactamente, es así, pero más te digo, en el primer disco de Suéter yo no sabía lo que era la palabra hit. No, no, era algo que estaba fuera de mi radar… Yo jamás…  Porque Yes y todo eso era una gran música, éxito, pero no hit. Y en el en el 84 me preguntan, cuándo voy a hacer el segundo disco: “¿Tenés algún hit?” Y respondí: "¿Qué?" Y después del 87, 88, el jingle dominó la escena y listo, se acabó. Muy poca gente no sigue el patrón jingle. Cada vez es más difícil diferenciar jingle de una canción. Por ejemplo, “We´re Only Just Begun”, de los Carpenters, era un jingle, pero mirá la calidad. Entonces, ¿qué es un jingle? Y yo creo que un jingle es la frecuencia de la belleza de una canción. O sea, cuando vos haces un jingle tirás para el lado infantil. Hoy en día las melodías son en un 90% infantiles. O sea, hacer una melodía como “Tenderly”… No, no, ni te la graban. Ni “Yesterday” grabarían hoy en día o le darían una bola importante. 

¿Te da pena que se haya bajado el nivel de belleza o ya te resignaste? 

Ya me acostumbré. Esto ya lo veía a finales de los 90, años 2000, yo sabía que esto ya no tenía vuelta atrás. Lo que nunca me imaginé es que la música de robot pudiera tener tanto éxito. El punchi, punchi… Esa porquería. Y sí. Y que luego de eso triunfara la música sin alma. Una de las cosas que buscaron los productores es que la música no tuviera alma. Eso sí que me tomó por sorpresa. Eso era ciencia ficción. Sin embargo, la música sin alma triunfó. Triunfó porque aparte se abrieron las condiciones para que eso pasara y que cualquiera hiciese música. Pero, lamentablemente, cualquiera es cualquiera, y no pueden ponerle el alma aunque quisieran. Generalmente, abrevan en instrumentos que están llenos de bases de batería y bajo, y terminan diciendo: "Yo hago música." No, vos mezclás samplers. Los tipos se autotitulan “productores”. Yo he visto cosas de chiquitos de ahora, de 18, 19 años y para mí es ciencia ficción. Por supuesto, la importancia que tomó la batería y la percusión es enfermiza. Por eso, me da lástima la caída del nivel de belleza. Yo ya me resigné, pero la tristeza que me causó esto y la decepción siempre está un poco ahí. Porque me enoja Bad Bunny, que me parece una payasada, me parece una traición al ser humano que eso triunfe. O sea, me llama la atención, porque generalmente los berretas no se meten en temas importantes. Sin embargo, el idiota está hablando ahora de temas importantes. Se metió contra Trump en la entrega de los Grammy. O sea, me llama la atención porque los berretas siempre se hacen los opas. Porque el berreta no puede poner en tela de juicio su música, y si alguien se le riera es lo peor que les puede pasar. O sea, vos ves al músico espantoso cuando no soporta la risa. Porque, claro, el músico espantoso se rodea con un aura de seriedad para su público, porque el público no puede distinguir lo que es bueno de lo malo. Entonces, ese artista no puede permitir que alguien se ría de él. Muy pocos son los que pueden permitir algo así. No, muy poquitos. 

Ahora, ¿cómo viviste la reedición de los discos de Suéter, que vuelvan a estar en las plataformas digitales, después de estar descatalogados tanto tiempo? 

Yo no le di pelota nada, porque yo nunca le di pelota a nada. Me dijeron y al final los terminé poniendo. Yo hice un disco con Pedro Aznar y Diego Chorno en el año 90 y lo edité recién hace cinco años. O sea, yo no le daba bola a nada, solo quería reírme. Y seguí riéndome, durante mucho tiempo. En realidad, lo que quería era ser feliz. Y lo logré, y cuando lo logré, por suerte gasté mi tiempo en estudiar, pero ya no me importó nada. Me importó un bledo, ¿viste? Ni que escucharan mi música o que la dejaran de escuchar. 

Pero te pusiste a estudiar música… 

Por suerte. Estudié durante esa época y ahora que lo necesito me sirve. Aunque me encanta escuchar que a mi música le dan pelota, en realidad fui yo el que no le di pelota. No, no la subí a la plataforma, y no me importó si la subían de mala manera. Porque de cualquier forma, como nunca me preocupo mucho la guita, ahora que me preocupo un poco más, veo que las plataformas son una estafa absoluta. 

¿Cómo viviste la época de mayor popularidad de Suéter en el 84 con el disco Lluvia de gallinas y demás? 

En realidad, mi época de mayor popularidad fue en el 86 con “Vía México”, con el asunto de la Ley de Divorcio, porque aparecí en la televisión. Ese fue un año realmente muy popular y me cagué de risa, ¿qué esperabas que hiciera? Un hombre que ríe, y se le pone todo a su favor, ríe el doble. Yo cumplí todos mis sueños. Todos esos sueños estúpidos que uno tiene de chiquito, yo los cumplí todos. El solo hecho de que hayan escuchado un tema mío, para mí es suficiente, ya está. Yo no me vuelvo loco ni con la aceptación, ni la fama, ni con nada. Todo eso me parece... Que todo puede ser tan relativo que ya al final se pierden los límites. 

Obvio. ¿Y ahora  estás componiendo? ¿Seguís componiendo? 

Sí, tengo mucha música compuesta. Ahora estoy haciendo una cosa de jazz con Dani Melingo. Estoy practicando mucho y tengo un montón de música compuesta, pero no sé… si no consigo alguien que me ponga publicidad para la música, no sé si vale la pena gastar plata en grabarla. Porque si después nadie la va a conocer, no me interesa hacerlo. Yo ya viví un par de discos que nadie los conoció y me los metí en el bolsillo, y no quiero que me pase de vuelta. 

¿Vos decís el solista del 2007? 

Por ejemplo, ese y Volver a nacer, el que hice con Aznar, que solo hace siete años que está puesto en la web. No, no quiero que me pase eso de vuelta. Porque uno pone muchas ganas. No es un placer grabar, tampoco es un dolor, pero después ves que no le llega a nadie y eso no es lindo… 

Es muy bueno el disco de 2007: No lo sé, suerte, quizás. Yo lo escuchaba mucho en el teléfono, me lo había bajado cuando estaba en tu página de internet. 

A mí me gusta también. Pero la gente no tiene idea que lo hice. 

Igual salió en físico. 

Sí, salió físico recién ahora, hace un par de años. Pero, ¿qué se le va a hacer? De cualquier manera, en la medida que pueda tener shows para vivir, eso es lo único que me puede importar en cuanto a números. 

Además seguir con Suéter y cantando con La Titanic, tu banda de amigos. 

Sí, seguir haciendo música siempre. Ya sea tocar con La Titanic para cien personas, o hacer mi música sinfónica para que salga y nadie se entere, o mi música folclórica para que salga y nadie se entere, y esta música de jazz que estoy haciendo con Dani… Quizás porque Dani es más conocido, alguien se entere. No sé. 

Esto del jazz son temas nuevos, ¿no? ¿O versiones? 

No, son temas nuevos, inventados. Más que nada para tocar el piano. Yo nunca toqué el piano, recién ahora estoy tocándolo, después de 20 mil horas de práctica.

Hay una pregunta que me gusta hacerle a los compositores: ¿Qué tema de otro te hubiese gustado componer a vos? 

Oh, “Close to the Edge”, de Yes. O cualquiera del disco Seeling England by the Pound, de Genesis. “Your Song”, de Elton John. “Here, There and Everywhere” y “Your Mother Should Know”, de los Beatles. “Living Loving Maid”, de Led Zeppelin. Hay tantos temas… El “Adagio de piano en Sol Mayor”, del concierto para piano y orquesta de Ravel. “El concierto para arpa, flauta y orquesta”, de Mozart. “El concierto para percusión y orquesta”, de Bartók. Me hubiera gustado hacer tantas cosas… Temas de Zappa, algunos de Steely Dan. O “Venecia sin ti”, de Aznavour. Me hubiera encantado hacerlos, pero como no los compuse, si puedo, los toco y los canto. 

Sí, sí, tiene un poco de Steely Dan la música de Suéter… 

Totalmente. Era increíble, es de las pocas cosas americanas blancas que realmente dejaban de hacer la misma armonía todo el tiempo para ir a cosas diferentes. Por eso me gustaba tanto. Los americanos son muy repetitivos, siempre todo gira alrededor de tres acordes, raras veces van más lejos que eso. Hay cosas buenísimas, pero cuando vas a los europeos ahí te volvés loco. 

Vos sos más del pop británico en lo que respecta a tu gusto musical… 

Claro. Para mí la armonía es el tesoro. La melodía es la música. Pero, dentro de la música, la armonía es el tesoro. La base rítmica es lo más importante para la gente, pero no para mí. La base rítmica para mí no tiene tanta importancia como la armonía. Yo estoy musicalmente formado en otra época. O sea, que haya tamborcitos en exceso me pone un poquito de mal humor. En los 80 ya me habían hinchado un poco las pelotas con el volumen del bajo y la batería. Decía, "Muchachos, ¿qué pasa con el bajo y la batería?" Y después terminaron haciendo discos de bajo y batería. Algo más aburrido que eso es difícil de imaginar. 

Y de tus temas, ¿cuál es el que más te enorgullece haber hecho? 

No sé, porque escucho uno, que no escuchaba hace 20 años, y me quedo súper contento, no lo puedo creer, y así con otras cosas. Entonces, pasa a ser uno mis favoritos por un tiempo. Pero, básicamente, como los hice, como los grabé y los toqué muchísimo, no me los pongo a escuchar, ¿me entendés? Rara vez pongo música. Generalmente, si pongo mi música es la que hice sinfónica, pero ni siquiera. Generalmente es la música que pone otra gente la que escucho. 

¿Y que “Amanece en la ruta” se haya vuelto casi un tema de fogón, cómo lo llevás? 

Me parece sensacional, pero nunca me lo hubiera esperado. 

Vos sabes que había una persona que comentó una vez en una revista que ese tema, si tuviera una letra en inglés, estaría en El cordero se acuesta en Broadway, porque le hacía acordar a Genesis. 

Exactamente, porque yo quise hacer algo que tuviera ese ambiente de misterio que tiene Peter Gabriel en “The Lamia”. “The Lamia” es un tema que está en The Lamb Lies Down On Broadway, donde, al igual que ese tema de Spinetta en el que entra en un panal de abejas [“La aventura de la abeja reina”], el tiempo se detiene y todo cambia, todo se hace diferente y ya no hay un tiempo, entrás en otro lugar. Y ese es mi homenaje a ellos. Aparte un tema con una armonía formal, no pop. Por eso cuando lo cantan, rara vez lo cantan bien, lo cantan como si fuera pop. “Amanece en la ruta” no es pop, es otra cosa. De hecho no lo iba a poner en el disco, y que haya sido así aceptado en forma masiva, me sorprende de primera mano. Me sorprende de una manera increíble. 

Sí, ya es un clásico de los 80, y de todo el rock argentino. Pero hay varios de Suéter que se volvieron clásicos. 

Me sorprende porque para que los temas de una banda se vuelvan clásicos tiene que haber sido una banda muy importante y nosotros nunca lo fuimos. Es como una excepción que una banda que no es tan importante en taquilla tenga tantos temas que hayan quedado en la memoria popular. Es todo un fenómeno, pero más extraño. Casi tan extraño como nuestra música. 

Emiliano Acevedo


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