sábado, 9 de mayo de 2026

RAÍCES: Candombe y Rock de culto...

 


“No es una música elaborada, es muy libre y hay mucha improvisación porque tenemos una base rítmica muy latinoamericana.” (Beto Satragni, Revista Pelo, septiembre de 1977) 

En esa edición de Pelo, en una nota a Luis Alberto Satragni, se anunciaba que Roberto Valencia, el tecladista de Soluna, se separaba del grupo para formar una nueva banda con el bajista uruguayo. Así comenzaba la historia de Raíces. La formación preliminar sería Satragni en bajo, Valencia en teclados, Horacio López en batería, Jimmy Santos en percusión y Claudio Durán en guitarra; sin embargo, este último no se afianzó con los demás miembros y regresó a tocar con Los Hermanos Makaroff. Para sustituir al guitarrista, llegaría Juan Gelly Cantilo, pero la impaciencia por no haber grabado un disco tras meses de ensayo lo hizo retirarse. Al poco tiempo, también se retiró del grupo Horacio López; así se contactaron con Gonzalo Farrugia, ex baterista de Crucis. No lograron concretar nada, pero el baterista uruguayo conocía el sello distintivo que el grupo quería fusionar con el rock y el jazz: el candombe. 

Así pasaron los meses, y la alineación quedó finalmente concretada: Roberto Valencia en teclados, Beto Satragni en bajo, Jimmy Santos en percusión, Raúl Campana Cuadro en batería y, luego de probar a varios guitarristas, Alberto Bengolea se quedó con el puesto. El debut fue en dos recitales en el Teatro Estrellas en abril de 1978, pero las fechas son desconocidas. 

“La propuesta musical de Raíces es profundizar en la herencia musical de los negros del Río de la Plata, fundamentalmente en torno al candombe, ritmo sobre el cual están basadas la mayoría de sus composiciones. Aunque tampoсо falta un tema funky, ritmos afro, brasileros, y hasta un rock.” (Claudio Kleiman para Expreso Imaginario Nro. 22) 

Aproximadamente en junio del 78, de golpe, se produce la salida de uno de los fundadores del grupo, Roberto Valencia, para viajar a los Estados Unidos y a Europa, declarando que no se alejaba del grupo por problemas humanos o musicales, sino que se terminaba un ciclo para él en Argentina; no pudiendo ampliarse musicalmente debido, principalmente, al problema con la promoción. La última presentación en que el tecladista y percusionista participó fue en el Centro de Artes y Música, que no fue tanto del agrado de la crítica. Valencia se encargó de buscar un reemplazo en los teclados, y recomendó a un joven de apenas 16 años llamado Andrés Calamaro. 

"Él es una promesa y una sorpresa para la música de este año, y digamos que confirma mi confianza en que siempre hay músicos jóvenes de talento tapados." (Satragni, julio de 1978 para Pelo) 

Luego de la salida de Valencia, el grupo finalmente comienza a trabajar en B.O.V. Dombe, su álbum debut en los estudios Fonema, con la participación especial de Lito Vitale en mellotrón, Angélica Bengolea en flauta traversa y una cuerda de candombe, es decir, cuatro tamborileros con instrumentos de distinto tamaño y sonoridad. 

"En este álbum queremos rescatar las vivencias del candombe y las letras están dedicadas a leyendas del género. Pretendemos que cuando el público escuche este longplay sepa qué es el candombe." (Probablemente Satragni, oct. 1978) 

De las siete canciones, todas habían sido compuestas por Satragni, a excepción de la sexta, “Cangas de narcea”, que pertenecía a Roberto Valencia. Para presentarlo, ofrecieron un recital en el Teatro Cómico el 6 de noviembre de 1978. 

“El final del concierto fue la sorpresa, el remate inesperado pero coherente con la música del grupo: entró una decena de tamborileros, guiados por una pareja de viejos bailarines.” (Revista Pelo Nro. 105, dic. 1978) 

Apenas iniciando el año 79, Raíces comenzaba a preparar temas para su segundo disco, que pretendía grabarse a mediados de año y contar con la presencia de Rubén Rada. Asimismo, se produjo la salida del baterista Raúl Cuadro debido a trabajos profesionales y Satragni pensaba en la posibilidad de integrar a un segundo tecladista para un sonido más profundo en armonías. Días más tarde, se informaba de la llegada de Juan Carlos Tordó, baterista argentino que anteriormente había estado en el conjunto de los hermanos Makaroff. Carlos Ciancaglini, que provenía de un grupo marplatense llamado Semifusa estuvo durante un corto período de tiempo como segundo tecladista, pero por razones personales e incompatibilidad musical, no prosperó su estancia. También se ideó durante inicios de año presentaciones en Montevideo. 

Los cambios en la alineación fueron constantes, y entre junio y julio de 1979, Calamaro se separa de la banda y entra el tecladista de jazz Martín Orduñez como su reemplazo. En julio se ofreció un concierto junto a Serú Girán en el Estadio Obras; el recinto, colmado de gente, escuchó temas del primer álbum y nuevas composiciones. Hubo opiniones desiguales con respecto a la música presentada, pues, debido a los constantes cambios en la formación, no se lograba un sonido que indicara una consolidación en la banda. En agosto, Raíces, junto a músicos invitados, entraron al estudio a grabar su segundo álbum. Leo Sujatovich, que formalmente estaba en Tantor, participó en los teclados, sustituyendo a Martín Orduñez, que no pudo continuar por razones económicas y personales. 

“Martín es un músico muy influido por el free jazz, y esa tendencia que trajo él al grupo era como muy irritante en relación a la música que siempre quisimos hacer. Nos sirvió para saber hasta dónde podíamos legar por ese camino; pero, a nivel del sonido que pretendíamos lograr para el grupo, encuentro que no era el sonido de Raíces es el que estamos haciendo ahora.” (Satragni para Pelo Nro. 118, oct. 1979) 

El paso fugaz de variados músicos mutaba de vez en cuando el sonido que buscaban, pero la esencia era la misma: realzar la importancia del candombe. “No pienso que la música que hoy está haciendo Raíces sea lo definitivo. En este grupo en particular, la definición total no va a existir nunca, porque creo en el constante cambio. Necesito seguir caminando, pero conservando una esencia básica, que la da el candombe, lógicamente.” (Beto Satragni para Pelo Nro. 118, oct. 1979) 

Es a finales de octubre que culminan las grabaciones del segundo álbum. En los meses siguientes de 1979 y principios de 1980, Raíces se presentó en distintas ciudades presentando temas de su nuevo álbum con buen recibimiento por parte del público. Los candomberos, que habían quedado satisfechos con las actuaciones de Diego Rapoport y Enrique Quique Sinesi en sustitución temporal de Sujatovich y Bengolea, decidieron incorporarlos definitivamente como miembros oficiales. El tema “Esto es candombe”, que originalmente estaba en el primer álbum, tuvo tan buena aceptación por la audiencia durante sus actuaciones, particularmente una en La Falda, que los miembros optaron por incluirla también en el segundo álbum. 

“Y con ´Esto es candombe´ fue increíble. La gente bailaba y yo también me puse a bailar. Salté del escenario y me fui con la gente. Fue una reacción natural, había algo que me impulsaba a hacerlo. Necesitaba estar con la gente. Y la gente se identificó mucho con ese tema. Había calor, una bola de energía ahí abajo, que era impresionante.” (Jimmy Santos para Pelo Nro. 128, mayo 1980) 

Con una línea lírica más enfocada en la realidad cotidiana, el segundo proyecto de Raíces se tituló Los habitantes de la rutina. Rubén Rada colaboró en la canción homónima, “Amigo candomberito”, “Amanecer en Zafia” y “Nube marrón”. Todos los temas, exceptuando “Amanecer en Zafia”, autoría del guitarrista Bengolea, fueron compuestos por Satragni. Y el álbum, tras meses y meses de demora, ve la luz en julio de 1980. La presentación oficial del disco fue en el auditorio de la Universidad de Belgrano, y así, Raíces finalmente logró consolidar dos puntos importantes: su sonido, y su base de fanáticos. La llegada de Rapoport y Sinesi le dieron un toque más rockero y maduro al conjunto, dejando un poco de lado el tinte jazzero que el tecladista Martín Orduñez le agregaba, eso sí, sin dejar de lado la esencia sonora que sostenía a la banda, una vez más: el candombe. “Esto es candombe” se convirtió en el tema insignia del grupo, el público la bailaba y la coreaba, reforzando la complicidad de este con la agrupación. 

“La madurez y progresión alcanzada por Raíces necesitaba de un disco así, en el que quedara registrada esta etapa de un buen nivel creativo que la banda está pasando. Raíces ofrece una alternativa distinta y bien definida dentro de la música nacional, y vale la pena escucharlos.” (Revista Pelo Nro. 132) 

Iniciada la segunda mitad de 1980, Raíces comienza a preparar temas para su tercer álbum, y se le añade la incorporación de Osvaldo Cuenze en percusión para reforzar aún más el núcleo sonoro. A su vez, Luis Alberto Spinetta forma una nueva banda llamada Spinetta Jade, de temática jazz rock, aquí, Satragni se encargaba del bajo cuando Pedro Aznar no podía asistir por sus obligaciones con Serú Girán; también se integró a la banda de Nito Mestre y a la de Rubén Rada. Rapoport, por su parte, alternaba entre Spinetta Jade, Seleste y Raíces, por lo que esta última permaneció en una pausa en cuanto a presentaciones se trataba, pues el grupo continuaba ensayando al menos una vez por semana, pero se crearon rumores acerca de una posible separación, los mismos que Satragni se encargó de desmentir: “Raíces estuvo un poquito parado porque Diego y yo estuvimos tocando con otros grupos. Paramos porque hacía ya bastante tiempo que veníamos tocando y luchando, y necesitábamos descansar.” (Pelo Nro. 137, nov. 1980) 

Iniciado 1981, se da a conocer la inclusión de un nuevo tecladista que acompañaría a Rapoport: Claudio Pesavento. Raíces desistió de hacer recitales con motivo de preparar a fondo sus nuevas composiciones, que hipotéticamente serían grabadas en el tercer álbum. Con Rapoport fuera, es en abril que ofrecieron un concierto en el pequeño Teatro de la Cortada, presentando a Pesavento como tecladista, teniendo una buena respuesta de la crítica. Luego de ese concierto se produce la triste salida del percusionista Jimmy Santos por complicaciones en su vida personal. El quinteto Satragni – Tordó – Sinessi – Cuenze – Pesavento se presentó a mediados de junio en el Estadio Atenas de Córdoba y en un recinto de la Capital, también a mediados de julio hicieron acto de presencia en el Auditorio Buenos Aires junto al dúo Isa, conformado por Edith Belloti y Daniel Impelluso, con quienes anteriormente habían ofrecido conciertos. Con material más que suficiente, el tercer álbum del grupo, que al igual que el segundo, estuvo cargado de postergaciones. Esta última etapa pasó con mucha especulación, se decía que el nombre del álbum sería Más allá del final, o que Satragni se alejaba de sus otros proyectos para enfocarse en Raíces. Lo cierto es que el bajista y líder de la banda, en la entrevista que le hizo la revista Pelo en junio de 1982, dio detalles de la situación complicada que atravesaba el grupo. Cansado de la constante modificación de la alineación, optó porque fuera una banda con libre paso de músicos invitados, y no tener más una formación estable: “El cambio va a ser que a partir de ahora será Beto Satragni y Raíces. Eso me va a permitir tener una mayor elasticidad en cuanto a los músicos que van a tocar en el grupo. Yo creo que el hecho de Beto Satragni y Raíces está implícito desde el momento en que yo trabajé siempre mucho para este grupo y me encargo de todo, desde conseguir sala de ensayo hasta de hablar con los productores. Yo siempre hice todo.” 

Así Raíces quedó inactivo, y Satragni se asoció con Oscar Moro luego de la separación de Serú Girán. Estos dos tenían la intención de tocar juntos desde tiempo atrás, pero sus obligaciones con sus respectivos grupos impidieron su unión. El álbum del dúo, Moro – Satragni, que tuvo músicos invitados de primera línea, saldría en septiembre de 1983.

 

Sin embargo, Raíces regresó en mayo de 1995, con presentaciones en La Trastienda, ahí contaron con David Lebón y Ricardo Mollo como guitarristas invitados. La formación que acompañó a Beto Satragni para la ocasión fue: Enrique Sinesi en guitarra, Nora Sarmoria en teclados, Gustavo Liamgot y Ricardo Nolé en piano, Daniel Colombres en batería y Jimmy Santos y La Foca Machado en percusión.

En 1997 se editó un EP de cuatro temas, llamado Ey Bo Road, que contó con la participación de Calamaro en el tema "Candombe de las esquinas".

En 2008, al cumplirse los 30 años de su fundación, Satragni, Calamaro, Santos, Tordó y Bengolea se reunieron informalmente y grabaron Raíces, 30 años, editado por Melopea, el sello discográfico de Litto Nebbia.

Lamentablemente, complicaciones de salud desencadenaron la muerte de Beto Satragni, el 19 de septiembre de 2010.

En febrero de 2025, el sello madrileño Sometimes Music reeditó en vinilo el primer disco del grupo, B O.V. Dombe.

Bibliografía: Revista Pelo (Números varios desde septiembre de 1977 a septiembre de 1983) 

Autor de la nota: Arthur Doinel



jueves, 7 de mayo de 2026

COSO: Punk melódico y explosivo...

 

La banda argentina COSO, continúa dejando su huella en la escena del punk melódico. Con una trayectoria que se remonta a principios de los 2000, el grupo ha logrado consolidarse como uno de los más relevantes de este estilo, gracias a su sonido enérgico y letras poéticas. Sus líricas son una clara alusión a la hostil vida urbana, atravesada por las nuevas tecnologías de control para estatal y económico, dentro de un entorno hostil y deshumanizante que ahoga los sentimientos y deseos más profundos de cada individuo. A pesar de la temática oscura, la música de COSO logra transmitir una energía contagiosa que invita a la reflexión y la liberación.

Recientemente, el trío formado por Mariano Bevilacqua (guitarra y voz), Matías Lence (bajo) y Hernán Sánchez (batería) acaban de lanzar su nuevo álbum llamado Decile como quieras que muestra la evolución musical de COSO. Con una producción a cargo del legendario Alejandro Taranto, reconocido productor de artistas como A.N.I.M.A.L., JAF, Massacre y Los Fabulosos Cadillacs, el nuevo repertorio de canciones logra un equilibrio perfecto entre la crudeza del punk rock y la melodía pop punk.

Para saber más de la banda charlamos con Mariano, quien gentilmente nos relató toda su trayectoria en la música desde aquellos lejanos años 90, un camino lleno de espinas pero también de rosas y que promete muchos más proyectos llenos de punk combativo de ahora en adelante.

ENTREVISTA> ¿Cómo fueron tus inicios en la música?

Había una guitarra en mi casa, porque mi hermano tomaba clases de guitarra, y a mí me empezó a gustar el punk, y como era algo fácil de hacer, agarré la guitarra y medio de autodidacta ahí empecé a tocar a los 15 años con él. Ya estaba armando una bandita, algo con gente del colegio, siempre con la idea de componer canciones propias, más que de hacer covers. Y en esa línea me mantuve desde los 15 años.

Vos venís tocando desde los 90, ¿no?

Claro, eso sería en el año 95, 96. Más o menos.

Contame un poco cuáles eran las influencias que te llevaron a tocar la guitarra, a quién admirabas, a quién te querías parecer, o qué discos escuchabas en ese momento.

En ese momento escuchaba mucho Green Day, era fanático del grupo. No me gustaban otras cosas, y después, ya tocando la guitarra, sí había escuchado un par de bandas más. Escuchaba, más que nada, la movida californiana, pero había bandas de otros lados que también escuchaba. Era la época de los casetes del Parque Rivadavia. Escuchaba a Bad Religion, los Toy Dolls, esos grupos, e iba a comprar casetes al Parque.

Y en la secundaria empezaste a formar banditas.

Sí, a los 15 años hice una con un batero nomás y después para el 98 me junté con unos pibes y armamos la primera bandita, en donde éramos todos compañeros del colegio Fernando Fader, en Flores. Tocamos en un festival y ya se armó una rutina de banda, luego de que terminamos el secundario, un proyecto que nos quedó en común para seguir haciéndolo.

Contame cómo fueron las diferentes bandas que tuviste desde entonces.

La primera banda, la que le decía de la secundaria, se llamaba Pie Punk, que duró hasta el año 2001, y a partir de ahí hicimos Los Consiglieri en el año 2005, que duró hasta el 2014, después vino Dulce de Leche, que llegó hasta la pandemia. Después de la pandemia hubo un momento de hacer una especie de antología con las canciones y de hacer canciones nuevas a partir de maquetas y de ahí salió COSO.

¿Qué es lo que tienen en común todos los proyectos?

Por supuesto, hubo siempre espacio para la creatividad de los otros músicos también y hay algo que se mantiene en las letras, en la narrativa; a veces hay canciones que son de distintas bandas y están evocando el mismo universo. Hay un hilo conductor de todo, pero cada banda tiene su personalidad, porque está bueno que los músicos tengan protagonismo, que pongan su impronta y que ellos le pongan su sello, entonces cada banda es un poquito diferente.

¿Te gusta hacer covers de otros grupos?

Al principio renegaba mucho de hacer covers. Por ejemplo, a mí de chiquito siempre me gustó dibujar, pero mis amiguitos copiaban otros dibujos, yo siempre me negué a copiar. Sentía que no era lo mío y con la banda me pasa lo mismo. Durante los primeros 10, 15 años de banda nunca quise hacer un cover de nada. Después vas abriendo la cabeza y me empezó a gustar adaptar el estilo punk a temas que son de otros géneros y estilos, pero que tienen melodías tremendas. Creo que dentro de la música punk hay un factor muy importante en la melodía que te permite hacer cualquier tema estilo punk, y que no queden iguales. Entonces, es como que hay tanta inocencia de la composición que parece una libertad absoluta, por decirlo de alguna manera. A mí me gusta eso: Agarrar los temas y mirar qué bueno que quedaría esto tocado con el ritmo punk, con la con la energía del punk, que levanta para arriba como estilo musical. Eso es lo que a mí me gusta, ¿no?

Con COSO empiezan en pandemia, ¿los temas de su repertorio eran de ese momento o venían de antes?

El primer disco de COSO, que son 17 canciones, es como una especie de súper manija, ¿viste? Tiene cuatro covers, como vos decías, tiene uno de Los Paralamas, uno de Pablo Milanés, uno de Elliott Smith, etc. Después hay cinco o seis canciones propias que eran de bandas anteriores y canciones que fueron compuestas directamente para COSO. Ahí debe haber cinco o seis canciones nuevas en el primer disco, no me acuerdo ahora exactamente, que son puras de COSO.

¿Cuándo conocieron al productor Alejandro Taranto?

Lo conocimos cuando estábamos en Los Consiglieri. En ese momento mandábamos muchos mails a la prensa y demás para darnos a conocer, cuando estábamos queriendo dar nuestros primeros pasos hacia la profesionalización, después de salir de la secundaria. Así me empezaron a llegar propuestas para tocar con diferentes bandas, y terminamos eligiendo una fecha para tocar en Morón, porque nosotros éramos de Caseros y tocaba Infierno 18. Y bueno, nosotros éramos adolescentes que estábamos ahí un poquito de prestado, queriendo vender entradas. Me acuerdo que tocamos en Marilyn y estábamos bastante disconformes con la organización, entonces tocamos con mucha energía. Y Ale [Taranto] lo notó y me parece que le gustó, le encantó la actitud de la banda, así que me vino a hablar y me dijo: "Loco, tenemos que grabar." Y bueno, en esa época no había ni teléfonos celulares, casi nadie tenía, no se habían masificado. Entonces perdí el contacto, pensaba: Este viejo quién es, ni tenía idea, boludo, y después, un par de años más tarde, me di cuenta de quién era. Me entero con quien había estado mirando sus fotos. Lo veo con A.N.I.M.A.L., después con los Ramones, con Lemmy de Motörhead, ¿entendés? De repente digo, "Pará, este chabón, boludo." O sea, era regroso lo que había hecho. Mirá si me estaba tirando una buena onda y yo no la casé. Entonces, después de un tiempo le hablé, un par de años más tarde, y el chabón se acordaba de nosotros aunque solo nos había visto una vez, se acordaba de la banda. Así se dio que pudimos grabar con Ale. Ya van un par de veces que entramos al estudio con él y es un fenómeno como labura.

¿Cómo los orienta Taranto a la hora de grabar?

Es interesante la pregunta. En realidad, vos cuando elegís un productor, yo por lo menos cuando elijo un productor, lo que quiero es que haga un producto final partiendo desde su libertad. O sea, creo que es un consejo que humildemente le daría a cualquier persona que se quiera dedicar a hacer algo: Dejá que las personas hagan lo que mejor saben hacer. No creo en eso de decirle a un productor “subí el bajo”, creo que eso lo tiene que saber mejor el productor que vos. Bueno, en definitiva para mí es eso, si la banda sabe quiere laburar así, el productor va a estar haciendo el trabajo a sus anchas, que es lo mejor que puede pasar. Taranto lo que más laburó fue en el sonido de las guitarras. Me eligió la guitarra, me eligió el equipo del cabezal y sacó ese sonido como  lo sabe sacar él, que yo no tengo ni idea de cómo se hace. Él le sacó un audio muy interesante a la viola, una posibilidad de escuchar a la banda en el disco un poquitito mejor.

¿Cómo se les ocurrió hacer ese mashup entre “Ya no sos igual”, de 2 minutos, y “Basket Case”, de Green Day, que sonó en todos lados?

Realmente, no nació como una intención de hacerlo. Lo estábamos haciendo en joda con mi hermano en mi casa, tomando un vino, boludeando, tocando la guitarra, que esto, mira que esto otro, y nos cagamos de risa, después se lo llevamos a los pibes de la banda y lo tocamos por delirar, lo tocamos en las fechas, en el vivo. Ahí siempre se arma pogo y joda. Pero en el momento en que 2 minutos toca con Green Day, ahí es como que yo me sentí tocado. Me sentí como empujado a hacer eso. Y bueno, medio que lo hicimos en tiempo récord. Entonces, fuimos, y lo grabamos en un día. A nosotros nos pareció bueno hacerlo, porque la verdad que lo hacemos con respeto, nos gustan las dos bandas y nos pareció una buena oportunidad de poner una letra en español, un tema que conoce todo el mundo y una letra que está buenísima, representativa del punk. Nosotros después tomamos conciencia de todas esas cosas, cuando explotó, cuando pasó un millón de visualizaciones, con los comentarios que nos hacía la gente, toda la explosión, la viralidad que se hizo con esta versión. Hasta llegamos a sonar en La Mega, en un momento estaban sorteando entradas y sonaba nuestro tema de fondo. Cosas así que nos sorprendieron.

Contame un poco cómo fue la elaboración del segundo disco.

Y en el segundo disco ya sí son casi todos temas de COSO, hay un solo cover. En el segundo disco hay tres singles. Porque a mí me invitan a grabar en un tema, un pibe de España, el amigo Javier Ferrer, que me invita a grabar en un tema de él que viene a grabar en estudios Panda. Ahí conozco al que era el dueño del estudio en ese momento, Miguel Krochik, que es un viejo loco, polémico. Una persona muy particular, muy querida. Así que nos ofrecieron grabar en Panda y fuimos ahí sin productor musical ni nada. Fuimos a hacer la nuestra. Así que bueno, nada, hay como tres disquitos que son simples que están grabados ahí en Panda, en donde nos dimos el gusto de grabar bien, y bueno, ahí lo que nos faltaba darnos cuenta que nos faltaba un productor musical. Porque vos llegas a un estudio súper equipado, con una consola con todas las perillas y a lo sumo sabés usar una. Por suerte, Leo, el técnico de Panda es un fenómeno, la clava toda, pero bueno, es diferente a laburar con un productor con el que vos ya sabés lo que hace sonar y querés sonar así.

Entonces lo grabaron y después estuvieron girando también, ¿no?

Pasamos por Uruguay, bueno pasé yo nomás. Íbamos a ir con toda la banda, pero no pudimos por un problemita, así que pasé yo solo y tuve que hacer un acústico en Montevideo y en Punta del Diablo. Y después nos fuimos a Chile, a dos regiones de Chile: Santiago y también fuimos al sur del país. Es hermoso Chile, hermosa la gente, buenísima la experiencia. Cruzamos los Andes de noche, tocamos en Mendoza la otra vez y hemos salido a algunas provincias, también hemos salido de gira a la Costa Atlántica.

Así llegamos a este tercer disco recién editado. ¿Cómo lo cranearon?

Este es el primer disco que editamos en físico, de todo lo que nosotros grabamos, y se da porque tiene buena pinta, ¿viste? Queríamos tener aparte algún disco en físico y este es un álbum que compusimos todo de punta a punta, lo compusimos completo y está redondo, lo practicamos con la formación nueva, volviendo después de un año de tocar. Llegó la banda re bien al estudio a grabar y el disco es una obra completa. Entonces, un poquito eso nos dio también la fuerza de tratar de llevar las cosas a otro nivel. Estamos en ese camino.

¿Cómo es la composición de los temas?

Yo presento canciones y les hacemos cambios entre los tres, algunas por ahí las descartamos, a otras les falta una parte, a otras le mezclamos un pedazo de música que venía por otro lado, y así después hacemos los arreglos. Yo puedo proponer algunas cosas, pero más que nada los chicos la tienen re clara, ellos son muy creativos aportando ideas. A la hora de agarrar la canción, lo que por ahí tenemos de ventaja es que yo llevo la idea de melodía ya bastante arrimada, entonces en un par de ensayos ya tenemos un tema nuevo sonando.

Recorramos los temas del último disco. ¿De qué se trata “Picaflor”, la canción que abre el álbum?

“Picaflor” es un tema fuerte, porque es una patada en la cara al egoísmo que tiene la sociedad. Yo considero que la sociedad premia al egoísmo. Y el Picaflor es un tipo descarado que va ahí chupando el néctar y verdaderamente no pierde su tiempo, no estrecha lazos solidarios, hace su historia, saca su jugo y está siempre lindo para la foto. Entonces es una especie de crítica al individualismo. También es un personaje irónico porque hay como una especie de juego en eso de que el picaflor es un tipo pícaro, el vivo, el porteño, carismático, ¿viste? Uno no lo ve como un antihéroe, en realidad lo estás viendo un tipo muy simpático, pero si vos prestas atención a lo que está diciendo la letra: “Donde haya una flor él no va a perder su tiempo…”.

Hay mucho de eso en la época actual, el sálvese quien pueda, ¿no?

Exactamente, y con total impunidad y aparte como se lo hace con orgullo. Es una ironía acerca de ese tipo de personas.

La segunda canción del disco se llama “Che”.

Esa es una canción que es bastante loca desde el plano de la composición, tiene que ver con el concepto del disco, que tiene que ver con todo el amor que vos le podés dedicar al arte, y como eso no significa que vas a tener el éxito material para impulsar tu proyecto adelante. Esto es un tema recurrente en el disco, una alegoría, tener presente que acá estamos tirando la energía a la basura, por decirlo de alguna manera, en el sentido de la utilidad. Todo termina hablando de una relación material que tienen las cosas y esto de la utilidad. Habla de la moda de una canción más allá de la utilidad.

¿A qué te dedicás por fuera de la música?

Yo trabajo como diseñador gráfico, publicista, hago logos, específicamente soy diseñador de logotipos.

¿En algún momento soñaste con vivir solo de la música?

En ese sentido siempre me sentí firme en un camino, con confianza de que las cosas se iban a dar, tarde o temprano. No estoy desesperado porque pase algo, no creo que tenga la vaca atada ni creo tampoco estar perdiendo mi tiempo. Hay una delgada línea en la que camino entre esas tres cosas. Pero lo hago porque verdaderamente me gusta, me sale hacerlo, lo sigo haciendo y hay gente que lo acompaña y disfruta lo que hago. En realidad, arranqué por esto y seguí siempre en la misma, porque hay gente que dice: "Che, loco, están buenas tus canciones, ¿por qué no hacemos una banda?" Y de ahí te quedás con esa gente que crees que te está diciendo la verdad.

El tercer tema, “Vos la sabés”, ¿de qué se trata?

Ese tema dice: "Solo espero poder ofrecerte algo de amor en un mundo que vive en guerra, que está dividido." O sea, vivimos todo el tiempo peleándonos de todas las formas posibles. Nos hacen enfrentar por todas las cuestiones posibles. Y es porque sos varón o es porque sos mujer, lo que sea siempre va a estar como dividiéndote, peleándote y por eso cuesta mucho encontrar también la afinidad y la buena intención con el otro. Vivimos pensando que el enemigo está al otro lado de la medianera, de eso habla la canción.

¿”Todo por vos”?

Era esto que te decía antes de que “voy a ser mejor cantante, me voy a morir de hambre”. Pero lo voy a seguir intentando y es como el mensaje  más trillado que aparece en ese tema. Creo que es la canción más popera del álbum.

¿”No se ve”?

“No se ve” es una sandía que no se ve, es un tema un poco polémico. Habla de aquellas cosas que se muestran y las que no se muestran. Ahora hay cosas que no se pueden decir y hay cosas que te borran, te borran entrevistas completas si las decís. Entonces, por lo menos podemos decir que es una sandía que no se ve y la descripción es bastante gráfica acerca de lo que se refiere el tema, es una crítica al armamentismo, ¿no? Por ejemplo pasa en el mundo de Internet, en donde mucha gente compra acciones. Yo no soy economista ni nada parecido, pero siento que nadie sabe qué carajo son las acciones que compra. Y se están fabricando fierros con esas acciones, ¿viste? Porque es lo que más garpa también. Porque en definitiva es lo que controla los recursos, con lo poco que sé de geopolítica. Por ahí va la canción: Estamos construyendo una sociedad que nos va a terminar morfando. Onda, “comprá la cripto que haga que con esto estamos matando allá, estamos invadiendo, estamos sacando petróleo, con esta cripto vas a pagar más”. O sea, no te das cuenta, pero estás como jugando a ese juego, creo yo.

La sigue “Dos pinos gemelos”…

Ese tema es una especie de escena que habla sobre las cosas idealizadas, ¿no? De cómo uno puede saber sin saber y creer. Es una canción que habla un poquito de sentimientos, del tipo que por ahí se emociona, es la canción más poética de todas, por lo que explicarla es una pérdida de tiempo, es cuestión de escucharla y ver qué entendés, pero creo que es una canción que habla de eso. De que el conocimiento del mundo es subjetivo y que tenés que mirar a las personas que tenés al lado.

¿”La boca del lobo”?

La escribió Dali e hizo la música Anton, que son los chicos que estuvieron conmigo cuando fuimos a Chile. Había habido un apagón. Nosotros estábamos cruzando la cordillera y cuando llegamos ya había pasado el apagón, y ellos habían escrito la canción durante el apagón. Entonces estaban grabando en el estudio, como yo tenía que pasar la noche ahí porque al otro día salíamos para el sur, así que grabamos en la casa de ellos. Yo metí unos coros en el tema. Así que hicimos una adaptación de ese tema que también fue parte de nuestra historia, acerca de los viajes. Hay dos versiones: la de Anton con Dali, y nuestra versión. Yo participo con voces en el tema de ellos y hacemos con la música y la letra de ellos este tema que es nuestra versión.

El álbum termina con “No vuelvas”…

Ese tema cierra un poquitito esta idea de las cosas que fuimos hablando acerca de las otras canciones. Es un tema que básicamente dice que todo lo que tenés es tu ilusión. Tenés una ilusión de las cosas y hay gente por ahí que hasta te quiere arrebatar eso, ¿no? Entonces, un poco de qué es lo que se tiene, de a qué llamamos posesión, cuando ya no tenés nada más que una ilusión.

¿Qué músicas escuchás?

En la adolescencia era fanático de Green Day, por supuesto, pero ahora escucho un poquitito más variado, cosas no tan conocidas, escucho mucha música en el español, escucho bandas punk under de diferentes países de Latinoamérica, pero también soy capaz de escuchar música clásica, me gusta escuchar de todo, los clásicos de los Beatles. Capaz te escucho Louis Armstrong, Silvio Rodríguez, hasta Serrat, que escuchaba mucho mi vieja cuando yo era chiquito y me quedó el recuerdo de varios temas de su disco En directo. Me encanta escuchar de todo.

¿Cuáles son los proyectos del grupo?

Ahora estamos cuidando el disco como un bebito, porque recién salió. Luego tendríamos que pensar en una fecha para hacer una presentación, invitar a algunas banditas, estamos juntando un poquitito la fuerza para concentrar todo en una fecha buena en Capital y después ir a presentar el nuevo material a algunas provincias del interior, seguramente. Tenemos una propuesta para ir a San Luis ahora. Estamos viendo.

Hay una pregunta que me gusta hacerle siempre a los compositores: ¿Qué tema de otro te hubiera gustado componer a vos?

Creo que “What a Wonderful World” de Louis Armstrong. “Melodía desencadenada”, también. Otra que me gusta mucho es “La melodía de Dios” de Tan Biónica. Qué sé yo, son muchas, todas son muy lindas. A mí me gustan todas las músicas. No entiendo la rivalidad entre las músicas. A veces hay cosas que tienen poca riqueza melódica, poca riqueza armónica, no la disfruto tanto, pero cuando está bien hecho algo a nivel musical, trasciende el género. Trasciende totalmente, por eso que te decía de repente escuchás un cumbión tocado punk y no te puede no volar la cabeza porque está muy bien la matemática detrás de esa obra. Yo siento algo así, cuando escucho sea lo que sea. De repente escuchás la obra de Michael Jackson, u otras cosas que hay en el pop, y encontrás belleza.

Emiliano Acevedo