miércoles, 8 de junio de 2022

NUBE 9 CELEBRA EN VIVO LOS 80 DE PAUL McCARTNEY...

Fotografía: Francisco López Illán (@franciscolopezillan) 


Nube 9, la banda dedicada desde hace 20 años a recrear la música de los Beatles, tirará toda la carne en el asador para homenajear a Paul McCartney, en dos presentaciones, con motivo del futuro cumpleaños número 80 del músico. El primer show es el viernes 17 de junio a las 21 horas en La Ferretería Club Cultural de La Plata (Calle 57 Nro.829. Reservas al 221-476-3533 y 221-565-7868). El segundo, será el sábado 18 (el mismísimo día de cumpleaños de Paul) a las 21 horas en Rondeman Abasto (Lavalle 3177, CABA. Tickets por www.tuentrada.com y en el teatro). 

Nube 9 está integrado por Fernando Blanco (bajo y voz), Lucrecia López Sanz (guitarra y voz), Julián Carranza (guitarra), Fernando Viola (teclados y voz) y Martín Álvarez Pizzo (batería).

Para hablar de cómo vienen preparando estas fechas tan especiales charlamos con Lucrecia.

ENTREVISTA> ¿Cómo va a ser este homenaje?

Vamos a hacer un show que va a recorrer todas las etapas de Paul. Comenzando por la etapa de los Beatles siguiendo por Wings y después enfocándonos en su carrera solista. En los shows dedicados a Paul, siempre se nos hace muy difícil armar la lista de temas, y más en este, porque él es un artista que sigue activo editando nuevos trabajos. Por eso estamos ajustando las cosas para tratar de hacer un show con sus canciones más simbólicas que sea súper lindo y entretenido y que incluya los temas más rockeros como, también, las baladas o los temas más acústicos y tratando de incluir las distintas facetas de Paul como músico. Canciones en las que se destaca más con el bajo, con el piano o con la guitarra acústica. Llegamos a cubrir hasta el material de algunos de los últimos discos. Obviamente, va a haber también canciones no tan conocidas pero tratamos de que sea un show equilibrado. Van a ser noches muy intensas, a puro McCartney.

¿Cantan todos los integrantes de Nube?

La mayoría de los temas los hacemos con Fernando [Blanco] a dos voces o cada uno de nosotros en voz líder. Algunas de las canciones las va a cantar Fernando Viola, el tecladista del grupo; y algún que otro rocanrol lo va a cantar Julián Carranza, el otro guitarrista. Así que tratamos de repartirnos las diferentes canciones entre todos. En este show, también, vamos a tener a un par de músicos invitados que se nos van a sumar en algunos temas y demás sorpresas.

¿Qué tienen de diferente los shows de Nube 9 de otros tributos Beatles?

Cuando nosotros empezamos, hace más de 20 años, vinimos a romper con el esquema típico de la banda tributo, que era el de cuatro tipos disfrazados de los Beatles, con los mismos instrumentos que ellos o usando pelucas o cosas por el estilo. Por otro lado, nuestra propuesta está dirigida a la música de los Beatles entonces la interpretación es un poco más libre porque no hay roles definidos. No hay un “Paul” o un “John”. Somos cinco músicos que admiramos, profundamente, su música, aprendimos a tocar y a hacer arreglos vocales o de guitarra con ellos, a través de sus canciones. Lo que hacemos es rendirle un homenaje a lo que ellos crearon juntos desde un lado musical que tiene una impronta propia. Esto hace que, en vivo, los temas hasta puedan sonar un poquito más rockeros. También, aportamos data, la historia de las canciones o como se fueron grabando y algunas anécdotas. Son shows muy didácticos [risas].

¿Cómo llegó Paul McCartney a tu vida? ¿Cuál es el primer recuerdo que tenés de él?

Mi primer recuerdo de él como solista es de cuando vino a tocar a Argentina por primera vez, en diciembre de 1993 en River. Yo tenía 12 años y recuerdo haberlo visto por la tele y, desde mi habitación, ver los fuegos artificiales del Monumental. Si bien, estaba lejos del estadio eran tan impresionantes que llegaba a verlos. Él había venido con la gira de su disco Off The Ground y me acuerdo de escuchar mucho el tema “Hope Of Deliverance” en la radio y de ver el videoclip en la televisión. Por supuesto, como parte de los Beatles, lo escuché de toda la vida, desde chiquita. En mi casa se escuchaba los 20 éxitos de Oro, aquel casete que editó el sello de ATC, con esa tapa bastante feíta… Mi mamá lo escuchaba un montón y también tenía algunos simples de los Beatles en vinilo, así que el grupo está en mi vida desde que tengo memoria. La primera canción que me impactó de chica fue “Penny Lane”. Me gustaba muchísimo. Había algo en esa canción que me llamaba la atención. No sé si fue su melodía alegre o los arreglos de las trompetas o el solo pero había algo que hizo que esa fuera mi canción preferida durante la infancia.

INFO DEL GRUPO: IG @nube9oficial - Facebook: Nube 9

Emiliano Acevedo




domingo, 29 de mayo de 2022

RECORDANDO A ALAN WHITE


Cada vez que muere un artista que admiramos mucho, es común sentir una profunda tristeza, como si esa persona que ya no está hubiese sido alguien de la familia, o un amigo cercano, por más que no lo hayamos visto en vivo jamás. En el caso de los músicos, seguramente, se piensa en su obra, en algunos de sus discos, o en alguna canción suya en particular que nos acompañó en nuestras experiencias vitales individuales. Se recuerdan esos pequeños momentos de escucha atenta que hicieron crecer en nosotros la admiración que sentíamos hacía ese ser. Por eso, no es difícil imaginar cuanta gente, cuantos fans del rock progresivo se habrán sentido así de tristes y melancólicos el último jueves 26 de mayo, cuando se enteraron que Alan White había dejado de existir. De pronto se apagaba la vida de uno de los bateristas más grandes del rock progresivo, que tuvo su apogeo en los primeros años 70, miembro del grupo legendario Yes desde 1972.

Alan White había nacido en Pelton, Condado de Durham, Inglaterra, el 14 de junio de 1949, y tuvo una carrera musical de más de seis décadas. Se había iniciado en la música a los seis años, con clases de piano; a los 12 años comenzó a tocar la batería y un año después ya estaba actuando en el circuito de clubes, formando parte de más de 13 bandas.

Justamente, a los 13 años estuvo tocando en una banda llamada The Downbeats, llegando a aparecer en algunas notas en pequeños periódicos locales, debido a su corta edad. Años más tarde, White tocó durante gran parte del año haciendo covers de los Beatles y otros grupos británicos de mediados de los 60. En esa época, Alan trataba de mejorar su técnica elaborando nuevos estilos rítmicos, aunque no enterraba del todo su interés acerca de eventualmente cursar estudios superiores en arquitectura, su otra pasión. Sin embargo, en 1965 su amor por la música pudo más, cuando su nuevo grupo The Blue Chips firmó contrato con PolyGram Records, después de ganar un concurso organizado por la famosa revista inglesa Melody Maker. Más tarde White se unió a The Gamblers, tocando con ellos tres meses en Alemania durante 1966.

Luego Alan pasaría por un montón de bandas de corta vida durante los últimos 60, incluyendo a la Ginger Baker's Airforce (en donde tocó teclados). De este grupo se fue a tocar con otros músicos, llegando a pasar dos años en la Terry Reid's Band. Fue así que en 1969 recibió una llamada inesperada de John Lennon, quien requería los servicios del joven Alan para la Plastic Ono Band. Lennon primeramente llevó a White a tocar en el Festival Internacional de Rock Revival en Toronto, en una formación que incluía al gran Eric Clapton en guitarra y a Klaus Voorman en bajo. Los integrantes del grupo, que prácticamente se vieron por primera vez en el aeropuerto, ensayaron en forma mínimo dentro del avión, en donde Clapton y Lennon tocaban guitarras acústicas mientras White golpeaba con sus palillos la parte superior de las butacas, tratando de llevar el ritmo. La performance hecha en Live Peace In Toronto aunque fue un poco caótica y desprolija fue grabada e incluida posteriormente en un fresco y rockero album. Tiempo después, en enero de 1970, White participaría también de la grabación de una de las más memorables canciones de la etapa solista del ex beatle, "Instant Karma" y en su soberbio álbum Imagine de 1971, uno de los discos clásicos de la era. White también tocó en álbumes de George Harrison (el monumental triple All Things Must Pass), Doris Troy, Gary Wright y Alan Price entre 1969 y 1972. Adicionalmente, también hay que decir que Alan Price había trabajado como productor de una banda de White llamada Griffin, que incluía a Graham Bell, Ken Craddock, Pete Kirtley y Colin Gibson, quienes grabaron un disco en 1969.

Todos estos grupos engrosaron los antecedentes de White, que empezaba a ser considerado como una promesa dentro de la escena musical británica. Por todo esto no fue nada extraño que Yes lo haya elegido en 1972. En ese año el grupo perdió a su baterista original, Bill Bruford, el cual había ganado una gran fama tocando en una forma monumental e innovadora durante cuatro años con Yes, convirtiéndose en ídolo y espejo de miles de jóvenes bateristas alrededor del mundo.

Debido a sus complejos ritmos y su forma de tocar muy influenciada por el jazz, Bruford se había convertido en uno de los más populares y queridos miembro de Yes. Sin embargo, Bill no se sentía muy cómodo en el seno del grupo ya que ansiaba desarrollar su técnica dentro de un marco más experimental, luego del magnífico e inolvidable quinto disco de Yes, Close to the Edge. Fue así que durante la primavera (boreal) de 1972, Bill empezó a pensar en marcharse, dejando finalmente a la banda el 19 de julio de 1972 para irse a King Crimson. El hecho de que Alan White fuera amigo de Eddie Offord (productor de Yes) y de Jon Anderson, ayudó para que Alan ingresara en el grupo. El mismísimo Bruford, en persona le dio la bendición y el visto bueno a su sucesor.

En efecto, White fue al estudio en los meses anteriores a la salida de Bruford, para mirar y escuchar lo que estaba pasando en el grupo, e incluso tratar de aprender el material de Close to the Edge para tocarlo él mismo más tarde. Después de la salida de Bruford, White se aprendió en tres semanas el repertorio completo del grupo de cara a los futuros conciertos, shows y giras por venir. De esta manera White nunca más volvería sobre sus pasos, ya que desde la gira de verano de 1972 hasta 2022, nada le quitaría su lugar como miembro fijo de Yes.

Los fans del grupo asimilaron la presencia de White paulatinamente. Primero durante la primera gira y luego en el histórico álbum triple en vivo Yessongs que vino de ahí. En este disco, Bruford aún tocaba en varios de los temas incluidos, pero sin embargo es White el baterista en la mayoría del material, incluyendo la suite "Close to the Edge". Más tarde llegaría la grabación del controversial Tales From Topographic Oceans, disco doble amado y odiado por igual por el público y por la crítica respectivamente. Esta fue una producción acusada de ser pretensiosa. De cualquier forma fue un álbum histórico. En dicha obra White exhibía un trabajo muy bueno y preciso que no hacía extrañar en demasía a Bruford, por ejemplo fue destacada por demás su labor en el interludio percusivo del imponente "Ritual, Nous Sommes Du Soleil".

Luego de grabar el monumental Relayer en 1974, los miembros del grupo deciden tomarse un descanso para no destruir por completo el seno de la banda, que venía sufriendo el desgaste propio de las relaciones interpersonales de los integrantes. Es así que entre los años 1975 y 1976 se editarían sendos discos solistas de cada uno de los miembros de Yes. De esta forma, White graba un disco solista llamado Ramshackled, en clave de fusión con sonidos algo intrascendentes como el boogie con influencias caribeñas. En dicho álbum colaboran Jon Anderson y el guitarrista Steve Howe en la hermosa canción “Spring, Song of innocence”, uno de los puntos más altos de la placa. Sin embargo, el disco pasó bastante desapercibido y quedó deslucido en comparación con el material solista editado por el tándem Anderson - Howe - Squire.

A principios de 1977 vuelve a juntarse Yes -nuevamente con el tecladista Rick Wakeman en la formación-, editando un buenísimo disco llamado Going For The One, el cual sería continuado por Tormato en 1978. Sin embargo, a fines de 1979 llegaría a su fin la formación clásica de Yes luego de un desastroso y frustrado intento de grabar un nuevo disco en Paris. En ese mismo año White se quebró la rodilla patinando en un roller-disco.

El párate posterior del grupo y las divergencias artísticas existentes entre Anderson con respecto a Squire y Howe precipitarían el final de la banda a principios de 1980. Más tarde, a pesar de las idas de Anderson y Wakeman, White junto a Steve Howe y Chris Squire se pusieron a ensayar como trío hasta que se les unen (los dos Buggles) Trevor Horn y Geoff Downes, para darle forma a la grabación de un potente y muy buen álbum llamado Drama, que daría un franca revitalización al sonido de Yes. Si bien esta formación se separó al poco tiempo, Yes volvió rápidamente con nueva formación en 1983 en el exitoso disco 90125 y el resto es historia conocida...

Luego de haber tocado casi 50 años en Yes es innegable que White se ganó un lugar fijo e intocable dentro del seno de la banda. Ya no tiene mucho sentido preguntarse si las habilidades de Alan White en la batería igualan a las de su colega Bill Bruford o no. Después de todo, es muy cierto que el estilo de ambos es bastante distinto. El público reconoció la creatividad y eficiencia de White, tanto en el vivo del grupo como en sus diferentes álbumes en estudio. Además, no es tan sencillo tocar igual de bien y eficientemente en materiales tan diferentes como Tales From Topographic Oceans, Magnification o Big Generator, y White lo ha hecho en forma sobria y sin problemas en todos los casos. Su permanencia y labor como miembro fijo de una banda tan grande como Yes le dieron a White un lugar dentro de la nómina de los más famosos y renombrados bateristas británicos junto a luminarias de la talla de Ringo Starr, Charlie Watts, Keith Moon, Ginger Baker, Carl Palmer, Bill Bruford, Phil Collins, Nick Mason, Mitch Mitchell, Ian Paice, Jim Capaldi y John Bonham.

Descansa en paz, querido Alan…

Emiliano M. Acevedo.




viernes, 11 de marzo de 2022

NUBE 9, Nube por nube: Excelencia cancionera...

Fotografías: Francisco López Illán (@franciscolopezillan) 

 

Nube por nube, el primer disco con temas propios de Nube 9, es un memorable giro en la carrera de esta banda dedicada a recrear la música de los Beatles, así como también interpretar el rock de los 60 y 50, entre varios repertorios, que nos tiene acostumbrados a la excelencia musical desde hace veinte años. Un álbum con composiciones variadas, repletas de diferentes estilos musicales, pero siempre en sintonía con el rock y el pop cancionero de calidad.

En esta nota recorreremos las historias detrás de esta colección de canciones de la mano de Fernando Blanco (voz y bajo) y la guitarrista Lucrecia López Sanz, y echaremos un vistazo a cómo fue la difícil tarea de darle vida a este disco lleno de magia.

Un álbum (disponible desde diciembre en todas las plataformas digitales) que la banda presentará en vivo el próximo sábado 12 de marzo a las 21 horas en Rondeman Abasto, Lavalle 3177.

ENTREVISTA> ¿Cómo pensaron y cómo surge el disco?

Fernando: Si bien Nube 9 nació como una banda de covers, en algún momento también tuvimos la necesidad de canalizar la parte creativa. Yo venía de una banda [Súper Ratones] en la que hacíamos material propio, pero los demás chicos no, y siempre estuvo esa idea. Por alguna razón u otra lo fuimos postergando hasta 2017. Este es un puntapié para adelante y vamos a ver por dónde nos lleva este camino.

Lucrecia: Así es, este es un proyecto que tuvo una gestación de cuatro años, desde 2017 hasta el año pasado, con la pandemia en el medio. Básicamente, son tres tandas de canciones que fuimos armando. Todo empezó porque en 2017 fuimos a Liverpool a tocar de nuevo en la BEATLEWEEK (la semana beatle), y nos planteamos la posibilidad de juntarnos a armar algunas canciones y aprovechar el viaje para ir a grabar a Abbey Road. Así lo hicimos, juntamos algunas ideas y preparamos unos ensayos en los que armábamos las canciones. Así que después pasamos dos días en Londres, en jornadas de grabación de 10 horas cada una, en los míticos estudios de Abbey Road, más precisamente en el Estudio Número 2. Por supuesto fue una experiencia maravillosa porque combinamos nuestra tarea de músicos con todo eso que tenemos de fans de los Beatles, y de tantísimas obras maravillosas que se crearon en esos estudios como Dark Side of the Moon, de Pink Floyd, y demás. Así que en esas dos jornadas registramos algunas canciones. Luego hicimos otra tanda de canciones a fines de 2018, comienzos de 2019 y la última tanda de canciones la armamos el año pasado. Todo ese proceso de composición y grabaciones es lo que dio por resultado este disco Nube por nube.

¿Tuvieron un productor o lo hicieron ustedes?

Lucrecia: No, todo fue auto gestionado por nosotros. Sí, trabajamos con algunos técnicos, pero todo lo que fue producción, arreglos, todo fue hecho por nosotros. Así que fue un laburo de hormiga y estamos súper contentos con el resultado porque era una asignatura pendiente que teníamos después de tantos años de estar trabajando juntos.

¿Cómo fue el proceso de composición de los temas del álbum?

Lucrecia: De todo un poco. Hubo canciones que ya teníamos armadas y las fuimos terminando, otras que fueron surgiendo en la marcha. Hay canciones de cuatro de nosotros.

Fernando: Sí, nos juntamos y hubo un brainstorming, empezamos a compartir algunas ideas. Julián Carranza y Fer Viola, el tecladista, trajeron un par de temas y les dimos forma. Después, por otro lado, yo tenía algunas ideas más definidas y otras que le fui pasando a Lucrecia, que ella le puso letra; o también a veces ella trajo alguna idea de tema y yo la ayudé a terminarla, así que hubo ahí una interacción compositiva con Lucrecia que estuvo buena.

Lo que me llamó la atención del álbum es que está muy bien secuenciado el orden de los temas, es ideal para escuchar de punta a punta, un tema detrás del otro, como los discos de antes. Inclusive hay canciones que parece que dialogan entre sí.

Lucrecia: Exacto. Pensamos el orden de los temas para que suene entretenido y variado, pero que a su vez tuviera una continuidad lógica y poder ir alternando compositores o tipos de canciones. Porque es un disco que tiene canciones de rock, después hay baladas, un poco más lentas…

Fernando: Concuerdo. Es muy bueno esto que me decís porque para mí siempre es importante el tema de la escucha de un disco y lo discutimos bastante, sobre todo con Lucrecia, porque los dos tenemos la escuela de George Martin. Él tenía algunos principios con respecto a la escucha de un disco: que tiene que abrir fuerte, que tiene que terminar fuerte, etc. Hay varios conceptos que tienen que ver con el tema de una escucha más amena, así que lo discutimos bastante, e hicimos un par de opciones de orden del secuenciado de temas hasta que llegamos al definitivo.

LAS CANCIONES

Me llamó la atención en el primer tema “Para adelante”, esas guitarras bien rockeras, en una onda The Yardbirds…

Lucrecia: Sí, claro. Ese tema es uno de los que armamos para ir a grabar a Abbey Road. Por supuesto está influenciado por todas las bandas que nos gustan y que hemos interpretado en vivo. La letra es de Fernando, la música la hicimos entre los dos. Es un tema prácticamente grabado en vivo, con unas pocas sobregrabaciones de voces.

Fernando: Este es un tema con un riff bien al estilo de los Yardbirds o de Jeff Beck, la idea era hacer un rock bien sesenta, pero darle una impronta también de los setenta. Hacía rato que tenía ganas de hacer un tema que estuviera cruzado con un estilo más rhythm and blues inglés. Tiene una cosa más inglesa que rocanrolera norteamericana. Guitarra ácida y una letra optimista.

¿Cómo te salió el tema “Arenas movedizas”, Lucrecia? Suena como una mina despechada…

Lucrecia: (Risas) No, las canciones revelan situaciones que le pueden ocurrir a cualquier persona. Son historias que pueden suceder o no necesariamente, no hay que tomarlas en forma literal. Claramente es una canción que va por el lado del desamor. La compusimos a partir de una idea de riff y una secuencia de acordes que trajo Fernando, yo después terminé la canción, le puse la letra.

Fernando: Está buena la letra, a mí me gustan mucho los temas que captan un poco la sensibilidad femenina y me parece que Lucrecia tiene mucho para dar, para expresar y para explotar en ese lado. Así que ojalá que sea el comienzo de un desarrollo importante porque es una piba que toca y canta bien y tiene el potencial necesario como para subir un escalón…

¿Cómo hicieron la balada “Fantasmas de Buenos Aires”?

Lucrecia: “Fantasmas de Buenos Aires” y “Arenas movedizas” son parte de la segunda tanda de canciones. Lo hicimos en EcoStudio, un estudio de grabación que está en Villa Elisa, cerca de La Plata. Es una canción de Fernando al estilo Kinks, que es otra de las grandes bandas que tanto nos gustan. Es un tema en el que yo hice el arreglo de los coros que está al final.

Fernando: Sí, es una composición que tiene mucho que ver con los Kinks. Para mí la pluma y la parte melódica de Ray Davies es sublime. Siempre me encantó un tema de los Kinks que se llama “Celluloid Heroes”, que es una balada hermosa que evoca a los héroes de la pantalla y demás. Y vi en la tele una nota que hablaba acerca del mito de que en la Recoleta había fantasmas, y me pareció algo bien porteño. Justo estaba leyendo un libro de Discépolo también con todo ese ambiente del Buenos Aires de los años veinte o los treinta… Toda esa mitología me fue inspirando la letra de esta canción. Es una de mis canciones de las que estoy más orgulloso. Me parece que es una de las más logradas.

“En las nubes” es un tema bien en la onda Rubber Soul, ¿no?

Lucrecia: Sí, es un tema de Julián Carranza, otro de los que grabamos en Abbey Road. Y otro de los temas que tocamos la banda completa, es un tema en el que está toda la base grabada en vivo como se escucha, y después lo que hicimos fue sumarle las voces, alguna pandereta y nada más.

Fernando: Siempre le decíamos a Julián que este tema sonaba un poco a Billy Bond y La Pesada, tiene esa impronta. Es como una mezcla de Billy Bond con [el tema de los Beatles] “One After 909”. Julián es quizás el más rockero de la banda y tiene un anclaje con el blues, por el lado de Pappo, Claudio Gabis y demás.

Sigue “Otra vez”…

Lucrecia: Esa canción es de Fernando Viola, quien la tenía hace un tiempo. Creo que lo que hizo fue reescribirle la letra. Iba de cabeza con la onda del disco. Si la escuchás te vas a dar cuenta de que tiene influencias de Paul McCartney, Jeff Lynne, la ELO, en lo que respecta a la secuencia armónica, el tempo, etc. En el tema, el primer solo de guitarra lo hice yo especialmente para esta canción… Creo que tuve ahí una pequeña ayuda de George Harrison (se ríe)… quien me marcó el camino, y el último solo de guitarra lo hizo Julián. Lo curioso es que cuando él grabó su solo aún no había escuchado el que yo había hecho, y ahora escuchándolos te das cuenta que, de alguna forma, los dos fuimos por el mismo lado. La canción pedía un arreglo “tipo Harrison”

Fernando: En ese tema yo, en vez de usar el [bajo] Höfner, usé el Fender Precision porque el tema precisaba otro sonido de bajo, más en la línea de baladas como “Maybe I´m Amazed”.

Luego llega “Mucho mejor”, otro tema tuyo, Lucrecia…

Lucrecia: Tiene una letra bastante optimista. Es una de las canciones más nuevitas del disco, la hicimos el año pasado. La música es de Fernando, la letra es mía. Ahí estuve jugando un poco con los verbos en infinitivo, tratando de plasmar un mensaje que hablara de conectar con el amor, lo positivo, con poder aceptar los cambios, vencer el miedo… Y la primera estrofa que habla de “volver a abrazar”, ¿no?; después de haber estado tanto tiempo encerrados y distantes, de repente, poco a poco volver a abrazarnos y conectarnos.

Vos sos una persona muy espiritual, ¿eso se cuela en las letras a la hora de escribir una canción?

Lucrecia: Sí, totalmente. Yo conecto mucho con la espiritualidad, lo místico, el yoga, la meditación, con todo ese tipo de terapias y filosofías que conectan con algo superior, como una versión cada vez más mejorada de mí misma. A eso apunto. Por eso, como es algo que voy intentando poner en práctica, me gusta también contagiar el mensaje… Y de eso habla un poco “Mucho mejor”: superarse, por supuesto, cuesta pero el cambio está ahí al alcance de la mano.

Luego llega “Como el viento”…

Lucrecia: Esa es una canción cien por ciento de Fernando. También habla un poco de vencer los miedos. Es una de las últimas canciones que hicimos. Tiene un estilo bastante “vintage”, es un rock pesadito con alguna influencia de Roy Orbison. Un poco de rock clásico se cuela en ese tema.

Fernando: “Como el viento” me salió jugueteando con el acorde de Mi mayor, tratando de hacer algún rock… No me acuerdo si estaba tocando “Friends to Go”, el tema de Paul [McCartney] que está en Chaos And Creation… También hay un tema de los Beach Boys que se llama “Do It Again” que me encanta. Eso me influenció a darle ese tratamiento un poquito más “playero” a la canción.

¿De dónde surge “Vagabundo”?

Lucrecia: Es otra de las canciones de Julián Carranza en las que se nota el estilo de rock que a él le gusta tocar. Esa la grabamos a fines de 2018, comienzos de 2019, ahí en La Plata. Es una canción que suena bastante cruda, es un rocanrol directo.

Fernando: Es muy divertida la historia del tema. Julián tenía la música, con un riff bien rockerito, pero no tenía la letra y vino y nos contó una historia. Ahí nos relató que la noche anterior había estado tocando la guitarra en el comedor de su casa, que está lleno de discos y da a la calle. En eso nos dice que vino un linyera, una especie de vagabundo, y le empezó a decir que “tocara temas de John Mayall o de Muddy Waters…” A mí me sorprendió la historia y le dije que hiciera una letra con eso que le había pasado. Salió rápido, en dos o tres tomas, es un tema bien rockero como son los de Julián.

“Te quiero conmigo” es un acústico muy lindo, ¿cómo la compusieron?

Lucrecia: Es una canción en la que juntamos fragmentos de canciones que teníamos con Fernando. Juntamos las partes que teníamos cada uno y funcionó. Es una de las canciones más antiguas mías, la empecé a armar en el verano de 2014 y después la dejé, para ir retomándola de a poco con el paso del tiempo. Esta también la grabamos en Abbey Road. La letra es mía.

“Solo vos” es un tema bien directo…

Fernando: Yo quería hacer algo con el ritmo de “Stand By Me”, que me parece fabuloso. Es un tema –en especial la versión de Lennon- que en vivo funciona muy bien. Después empecé a armar una melodía que, de alguna manera, está inspirada en Buddy Holly. Para mí Buddy Holly es una de las grandes figuras del rocanrol que me gustan. Creo que fue el tipo que le puso melodía al rock, por algo los Beatles lo tenían como un referente. Buddy Holly mezcló el pop con el rock, y un poco de esa onda impregnó “Solo vos”.

Llega “Viajera”, un tema con reminiscencias del viejo rock argentino en clave folk, como aquellos viejos temas de Sui Generis o Arco Iris…

Lucrecia: Totalmente, exacto, va por ese lado. Es la otra canción de Fernando Viola, y que también tenía desde hace un tiempo. Es un acústico medio folkie, al estilo Sui Generis con también un claro sonido beatle, que encaja perfecto en el disco.

Fernando: Me gusta que de repente haya algún tema en el disco que no tenga batería o sea más acusticón, como este de Fer Viola.

El álbum se cierra con “Me hace bien”, otro tema power pop, bien arriba…

Lucrecia: Sí, es otra de las canciones que hicimos en Abbey Road. Es una oda a la amistad y la buena onda.

Fernando: “Me hace bien” es uno de los temas que surgió cuando nos juntamos. Yo les mostré a los chicos que quería hacer un tema en onda staccato, que es un ritmo que ahora no se usa mucho pero que en los 60 y 70 era muy común. Es el típico ritmo machacado de temas como “Penny Lane”, “Getting Better” o “Good Day Sunshine”… Tenía una melodía y estaba obsesionado con armar eso. Así que le dimos forma al tema. Luego pasó algo muy loco porque, cuando viajamos a Liverpool, nos acompañaron un grupo de 30 alumnos de mis cursos de “Experiencia Beatle”. La idea era que ellos hicieran visitas guiadas en Liverpool y demás. Cuando surgió la posibilidad de grabar en Abbey Road yo pensé que sería alucinante que todos ellos pudieran entrar en el estudio para conocerlo. Pero en ese momento no estaba abierto al público, así que se nos ocurrió hacerlos pasar como si fueran “un coro” del grupo. Así que entraron todos y durante dos horas amigos y fans pudieron disfrutar de la experiencia de grabar en Abbey Road. Una experiencia increíble para todos. Así que la canción tiene pedazos agregados de coros, en los que grabaron todos nuestros amigos…

Emiliano Acevedo


jueves, 25 de noviembre de 2021

CARCA: "Mi locura me tiene a salvo del poder del miedo..."


Si pudiéramos observar un laberinto desde arriba contaríamos con todas las comodidades para encontrar la entrada, la salida y el alivio inmediato de poder tomar desde esta perspectiva un plan estratégico. Ahora bien, dentro del laberinto cambia todo. En este caso, la única certeza sería la intención de búsqueda durante el recorrido.

Antes de ingresar a la vida nada nos plantea siquiera si estamos de acuerdo con ese decreto ajeno y todos tenemos eso en común, algo tácito que no consulta sino que plantea, además, un desafío: salir del laberinto a como dé lugar. Un poco antes, o un poco después, se sale a la fuerza hacia la recaída inevitable, como diría Julio Cortázar. Ese algo, sin informarnos absolutamente nada, nos inicia en el viaje en el que ya estamos… para seguir pensando en laberínticos recorridos vitales convocamos a Carca:

La búsqueda, como filosofía existencial, ¿es una herramienta que se forja?

Creo que la búsqueda es una condición nata. Un don que puede desarrollarse o no según las inquietudes del ser pero comparto la visión de creer que viene un poco por añadidura, y se desarrolla con las inquietudes, con la cultura, con los estímulos socioculturales entre relaciones humanas y, de hecho, no creo en un artista sin búsqueda como tampoco creo en un ser humano sin búsqueda, sin un anhelo completo, una meta, un proyecto, un deseo ulterior. Creo que todo eso es parte de esta chispa mágica que nos ha otorgado quien sabe quién o qué como afán y necesidad de torcer algún tipo de información o bien llegar a poder ser el vehículo para la transmisión de algún tipo de información que creemos necesaria.

Bifurcados, ciertos senderos se encuentran, que son siempre –citándote- los de quien sabe qué. En esta búsqueda, ¿no te pasa que percibís, como supo decir García Lorca “un pulso herido que ronda las cosas del otro lado”?

Creo que hay una simbiosis preliminar entre la obtención o concreción de la meta, en este caso “las cosas”, diría Lorca… Entiendo que hay una familiaridad con algo anterior. Incluso en el deseo que se presenta cuando dicha empresa se constituye en un hecho. Es ahí en donde creo que el buscador y su anhelo se reencuentran. No creo que sea la primera ocasión de ese encuentro. El creador y su bestia, su creación, se re-encuentran. Para mí la búsqueda corresponde a alguna especie de chip metido en nuestro ADN como información y como necesidad.

¿Y el miedo, Carca? A veces hacemos, o no, cosas por miedo. ¿No hay miedos que nos muestran por dónde o cuál es el camino para trascender lo que nos paraliza? ¿No es parte fundamental en la solución?

Creo que en mi caso particular, no tuvo ningún factor influyente en el diseño de mi destino, por llamarlo de alguna manera. La ausencia del miedo me ha constituido y me ha mostrado la parte heroica, la parte de la hidalguía de la vida. No me encontré con el miedo, ni de niño ni de preadolescente ni de adolescente. Quizás ahora a los 50 años lo que siento es reticencia hacia algunas situaciones o actitudes que habitan el mundo. El único miedo tangible que podría encontrar es el miedo a la maldad y violencia humana. Concretamente, ese tipo de reacciones arbitrarias y tiránicas de presidentes, dictadores, asesinos. Creo que he sabido transmutar el miedo en audacia, soy una persona netamente audaz en lo que concierne al diseño de mi destino. Incluso, como artista musical, no he hecho ni he dejado de hacer nada por miedo. Entiendo que mi desparpajo, desfachatez, inconsciencia es la que me fue empujando y motivando, junto con otros factores, a ser quien soy, quise o quiero ser. Lo mío es, básicamente, rebeldía. Entonces creo que mi locura me tiene a salvo del poder del miedo.

En El Nombre de la Rosa, el bibliotecario Jorge de Burgos (inspirado en Borges) dice: “La risa mata el miedo y sin miedo no hay fe”. ¿Qué lugar ocupa el humor en tu vida?

Recuerdo perfectamente la escena. Pero creo que el personaje se refería, estrictamente, a una fe cristiana que está relacionada con la puta esperanza. La esperanza, ese acto miserable de, justamente, esperar que otro, que no es uno mismo, venga a salvarte. El ser que se ampara en la esperanza se torna miserable. Esa es la gente, seguramente, muy devota de las religiones, sobretodo occidentales y, puntualmente, el cristianismo y sus derivados. Odio la esperanza. Ni siquiera tengo paciencia para esperar una respuesta, aunque positiva y constructiva, si de eso depende algún tipo de acontecimiento. Ese tiempo de espera me resulta tiempo muerto porque las cosas deberían ser más dinámicas. Entiendo que esa falta de dinamismo en las relaciones, en la coherencia, en la unión, y en la construcción de cosas buenas, es un factor determinante para el estado de cosas actual. En nuestro presente hay esperanza por todos lados pero no acción. Por un lado, la esperanza tiene que ver con falsas promesas, y por el otro, con una condición de miseria espiritual, y ahí ya me empieza a no gustar relacionarme con quienes la practican o la necesitan. La fe está relacionada con la confianza, con la seguridad, con el amor propio pese a la incertidumbre, la seguridad pese a la no certeza. Porque uno no es absolutamente visionario. Y con respecto al humor, entiendo que es como el Rivotril sano, como ese Soma de los pueblos que nos ampara, nos cobija, nos oficia de armadura, pero una armadura que solo nos protege de lo peor. El humor une y permite reírse de las cosas que realmente hay que reírse, no del otro.

¿Qué recuerdos tenés de tu infancia y que música se escuchaba en tu casa?

Lo más maravilloso que te puedo decir es que ese niño anhelaba las cosas que me han sucedido, y me suceden, en la vida. Eso es un regalo que creo que a muy pocos se les da. Quizás no fui demasiado ambicioso… (risas) Siempre le doy propina a la vida por lo que me dio, y siempre me quedo corto. Tuve la suerte de escuchar mucha música gracias a mi padre y madre. Ella me acercó a los primeros discos de Serrat que hoy conservo en mi corazón con mucho cariño. Pero, bueno, mi viejo era el desaforado de la música. Los viernes iba a la disquería y se traía 7 o 15 discos, lo que había salido esa semana. Entonces, en mi casa, se escuchaba de todo. Primero mi viejo fue usuario de vinilo, que era lo que había en esa época. Cuando salió el magazine, se pasó directamente a ese formato. El magazine desapareció muy rápido y quedó fascinado por el casete. Por eso gran parte de su discografía, lamentablemente, son casetes, no vinilos. Por suerte he escuchado de todo y he aprendido de ahí como se toca el bajo, la guitarra y la batería en varios géneros. Siempre me fascinó desmenuzar el cuadro de la música.

Y hablando de ese anhelo de niño, ¿qué pasó cuando te diste cuenta que la música era todo lo que querías?

Pasó lo que todos saben. Mis viejos no me reprimieron mi vocación musical ni mucho menos pero recuerdo que una vez cuando tenía 12 años tuve la oportunidad de tocar en una fiesta del Día de la Primavera en un colegio al mediodía. Como venía muy mal en el colegio, me habían impuesto una penitencia tácita. Yo estaba con mi abuela, porque mis padres laburaban, y la engañé saliendo por la ventana de la habitación. Así que esa picardía siempre me remite, con amor y ternura, a esa canción que toqué, a ese niño que se escapaba para tocar.

Desde tu experiencia en los escenarios, ¿qué carajo le pasó a la escena local?

Me atrevería a sostener que lo que nos ha pasado es la dictadura militar y todas sus infinitas consecuencias. Si nos ponemos a pensar en un mundo en donde cohabitaban Javier Martínez, Luis Alberto Spinetta, Miguel Abuelo, literatos como Copi, Bioy Casares, Cortázar; Oscar Alemán, el Instituto Di Tella, los artistas plásticos de esa época… ¿Cómo se comprende que ese mundo no haya sobrevivido? Bueno, hubo una dictadura militar en el medio, y el advenimiento de la democracia fue un poco cartón pintado para lo que tiene que ver con la cultura real. Hubo varias generaciones diezmadas por los militares, por el hambre, por la pobreza física, mental, intelectual, espiritual. Se han liberado todo tipo de drogas, absolutamente, nocivas generando una violenta dependencia. Obvio, que drogas hubo siempre pero en la actualidad son como una bomba que actúa sobre psiquis mal alimentadas, discriminadas, desclasificadas, ninguneadas. Hay varias generaciones que no han visto a sus padres trabajar. Pobres o ricos, las drogas siempre están en ambos estratos.

¿Qué pensás del paradigma al que llaman nueva industria musical?

Los paradigmas cambian constantemente. A veces solo para avivarnos y pegarnos un cachetazo que nos saque de la somnolencia del confort. Es necesario. No soy de esos que se quejan por el trap o demás. Esas circunstancias son inyecciones de energía renovada. Creo que debería ser tomado así, sobre todo porque viene de los jóvenes. No está bueno que los viejos denosten a los jóvenes… Yo no me permitiría estar jamás de ese lado.

¿Qué es la bohemia para vos?

De muy chico, a los cinco o seis años, le pregunté a mi madre qué era la bohemia porque era una palabra que me fascinaba. Y ella respondió que la bohemia era una corriente cultural de gente que, mayormente, se juntaba de noche. Gente que se junta a filosofar, a hablar de arte… Eso para mí fue un remolino de sensaciones todas juntas en la misma cabecita. Fue algo muy fuerte, tenía una fascinación absoluta y pensé “eso voy a hacer”.

¿Qué nos depara ahora tu carrera musical?

Mi futuro es una incertidumbre total, más o menos como la de casi todos los argentinos o los seres humanos. Pero, en cuanto a mi obra y mis canciones, estoy en un momento que tiene que ver con agrupar las composiciones y grabaciones, de estos últimos dos o tres años, en zonas estéticas distintas. Por lo que me sugieren, pautan, dicen, tengo dos medios discos… (risas). Así que tendría que terminarlos. En uno de ellos, hay un montón de colaboraciones. Por ejemplo, Javier Martínez, Julieta Venegas, Dante [Spinetta], Ema [Horvilleur], una armoniquista que se llama Jimena Monzón que me hace bailar el alma cuando toca. También, va a estar Graciela Borges, Alambre González, uno de mis guitarristas admirados y queridos; mi maestro de lap steel que se llama Pablo Hadida… En fin, siento que tengo canciones para dos discos bien diferentes. Veremos con el tiempo como se van decantando.


Mauro Feola