domingo, 20 de abril de 2025

ÁCIDO CANARIO, Volumen 8; Encuentra tu Forma. Entrevista a Zelmar Garín

Ácido Canario es un grupo multifacético comandado por Zelmar Garín, que en cada disco lleva a cabo distintas experiencias, desde tocar canciones, improvisar o realizar performances. Cada dos años aproximadamente cambia la formación, la música y el concepto sonoro.

Desde sus comienzos en 2007 en formato de dúo junto a Nahuel Creche, hasta su última formación en cuarteto pasando por un trio, quinteto y sexteto. Ácido Canario trabaja con materiales nuevos, viejos, destruidos y reciclados. Composiciones que derivan a lugares insospechados, paredes de ruidismo, paisajes sonoros que van de lo kitsch a la desolación, colchones austeros de sonido pero con raíz en estos suelos también. Canciones de formación mutante dibujan preguntas en el espectador, quedando las respuestas en un viaje hacia la duda de su propia existencia. Llevan grabados ocho discos desde 2008, un ep y dos singles (uno a pedido de Daniel Melingo) todos editados por Noseso Records. Su propuesta ha sido recomendada por artistas consagrados como el propio Melingo, Andrea Prodan, Carlos Alonso y Diego Capusotto. El último álbum, disponible en todas las plataformas digitales, se llama Volumen 8: Encuentra tu forma y fue lanzado en 2024.

En esta nota que hoy les presentamos, Zelmar Garín (compositor, multiinstrumentista y factótum del sello artesanal de rock experimental Noseso Records) nos cuenta todo acerca de esta última producción de Ácido Canario. Un disco que contó con la participación del propio Zelmar en batería y voz; su hermano Waldemar Garín en guitarra, Matías Díaz en bajo y Nahuel Creche también en guitarra. 

ENTREVISTA> ¿Cómo fue el proceso de creación de este octavo disco de Ácido Canario?

Tuvo un proceso larguísimo. Lo terminamos el año pasado y enseguida fue editado.

¿Cómo lo craneaste? ¿Cómo se grabó y de dónde vienen estas composiciones?

En Ácido Canario cada dos o tres años cambiamos las formaciones. Cuando estaba haciendo el disco de la pandemia en 2021, nos juntamos para formar una banda que pudiera presentar ese proyecto. Fue una banda grande en la que tocó hasta mi sobrino, mi hermana, mi hermano, Nahuel y Matías. Gisela Peláez, mi pareja, hizo unos cortos, hizo un videoclip y tocó el violín en dos temas. Yo tenía una idea clara: En todos los demás proyectos de Ácido nunca toqué la batería, siempre estuve como guitarrista y cantante, entonces le dije a Nahuel que él tocara la guitarra y yo tocaba la batería. Así empecé a pensar las nuevas canciones desde la batería. Eso es algo relativamente nuevo para mí.

¿Cómo se grabó el disco?

Lo grabamos en Estudio Casa, que es la casa de Charly Acconcia, en donde grabamos casi todo. La grabación la pensamos casi en vivo. Es un disco bastante en vivo, está grabado todo en una pieza, una especie de salón que tiene Charly en la casa, con divisores, como un estudio profesional. Pero, en las tomas de las guitarras, la batería y el bajo, casi no hay pinchadas, y hay muy pocas sobre grabaciones, que era mi idea: que sonara como los discos de antes. No es que el disco tenga un sonido vintage, aunque siempre haya un eco de eso, pero sí que no tenga esa cuota artificial o de laboratorio que abunda ahora. Y aparte porque a los chicos; mi hermano, Matías y Nahuel los conozco hace muchos años. Hemos construido un código de la forma de tocar, de plantear la música; y me parecía que correspondía para la música que estábamos armando ahora que el disco sea de esa forma.

¿Las influencias musicales de este disco por dónde van?

Me parece que fue una decantación de una forma de encarar la música. No es que los últimos cinco o seis años estuve copado con algo en particular sino que van sucediéndome cosas. Yo estoy todo el tiempo en contacto con discos, con música, con archivos sonoros. También voy a escuchar bandas y solistas de diferentes estilos y géneros, porque estoy tocando continuamente. Todo el tiempo escucho artistas que van desde la música experimental hasta la canción más despojada, pasando por el punk; a todo eso sumale que trabajo en un instituto con archivos sonoros y vengo escuchando tangos del año 1906… Por ejemplo, el tango con el que empieza este nuevo disco de Ácido Canario (“El pensamiento”) siempre me gustó. Yo tengo el disco original de 1913. Los tipos tocan ahí con una impronta del tango de la guardia vieja, que está más arraigada a lo que podría ser la murga porteña que a lo que después fue el tango de la década del 40. Porque tiene un constante acompañamiento de una guitarra afinada en un tono más grave, con formas rítmicas de las frases muy negras… Después me enteré que el chabón que había hecho este tango vivía a tres, cuatro cuadras de donde vivía hasta hace poco, en La Boca. Así que con mi hermano, también fanático de ese tango, lo llevamos al terreno de la murga, el rock, el free y el tango mismo. Me parece también que en nuestro rock, tal vez por pudor o estigmatización, siempre se valorizó solo la figura de Piazzolla, todo lo demás no. Se entiende por la cuestión generacional, ¿no? Pero, salvo en la adolescencia, a mí siempre me atrajo más ese primer tango que el tango de Piazzolla. Soy fanático de Gardel y me encantan todas esas cosas que están relacionadas con el carnaval, que es algo que siempre he investigado y que me une muchas veces a proyectos vinculados a la murga argentina. Por eso pienso que esto son decantaciones, algo que siempre estuvo pero ahora lo llevamos a cabo adentro de la banda, lo cual es nuevo y me encanta como quedó. Porque armábamos los ritmos de la murga en la batería con chatarra, también con fuzzes. Por ejemplo, el bajo en un momento hace la melodía y le pone distorsión, y así como están encaradas las bases, el canyengue que tiene eso está bastante laburado, en vivo es súper divertido.

Después sigue “Presentación, Volumen 8”, ¿ese tema cómo lo hicieron?

En todos los discos aparece la voz del canario, tirando alguna línea. En este tema hay una nota pedal, porque yo toco un cuenco que da una nota, un sonido continuo de Si Bemol. Aproveché eso y laburamos a partir de la micro tonalidad. Las cuerdas de la guitarra le dan con un slide al Si Bemol pero se van desplazando milimétricamente. Así armé una estructura libre, sin pulso, con una armonía libre, en donde hago cosas más ambientales… Cuando la tocamos en vivo, intercepto el espacio… Tiene toda una estructura que es por tiempo. Después tiene un desarrollo rítmico, totalmente separado de lo que ocurre con las cuerdas, con la guitarras y con el bajo, y en un momento se unen y van a la canción siguiente que es “Encuentra tu forma”, la que le da nombre al disco.

¿Por qué el título “Encuentra tu forma”?

Es un poco lo que dice al final: “Hoy traje sorpresas, tiempo de soñar, buscando la aurora. Hoy trata de buscar, siempre hay un lugar para tu sombra. Hoy, bajo la sombra, sueña algo real, encuentra tu forma…” Es un poco lo que nos pasa a todos, en mi caso también siendo músico: Encontrar el lugar propio en el tiempo actual. Encontrar la forma para lo que vos viniste a este mundo. La canción en sí tiene una batería que va en 2/4, pero el riff está en 3/4. Entonces, todo el tiempo se van chocando los acentos rítmicos y yo juego con eso mientras canto la melodía. Joder con los acentos es algo que me gusta bastante… El tema es medio folclórico y milonguero, si analizás lo que hacen las guitarras. Es como si fuera un valsecito con una batería que va en 2/4. Eso viene de otras músicas ligadas a lo que hacía, por ejemplo, Captain Beefheart, o mismo el folklore.

De ahí saltamos a “Salamanca virtual”…

Ese debe ser el tema más folclórico del disco. Es una especie de zamba, chacarera psicodélica… Creo que es uno de los mejores temas del disco, me gusta mucho la armonía que tiene. El título hace referencia a la leyenda esa de ir caminando por Santiago del Estero y supuestamente hay en un lugar una especie de cueva que es el infierno. Eso está muy bien retratado en Nazareno Cruz y el Lobo, la película de Leonardo Favio. Un poco es ese espíritu. En realidad, el tema también habla sobre los desaparecidos, en una parte que se pone más serio y se queda sin ritmo, habla un poco de las voces de los olvidados. También somos todos los que no tenemos oportunidades de poder expresarnos y hacer sentir nuestra voz. Es algo onírico sobre alguien que entra a la salamanca. También se llama “Salamanca virtual” porque está todo lo que tiene que ver con la virtualidad que todo el tiempo te chupa, te pone como cosas urgentes a cuestiones que en realidad no son importantes. Toda esa mezcolanza forma parte de la canción.

¿Cuál sería el concepto que sobrevuela el disco?

Lo primero que aparece es una unión de sonidos, un bloque, ya que, excepto el último tema, está todo grabado en vivo; y el concepto es el de siempre: encontrarse a uno mismo dentro de algo que te quiere proponer la música. En este caso hay mucho relevamiento de nuestras raíces musicales. Por eso está la murga, que es un ritmo totalmente marginal; la guardia vieja y los tangueros de esa época, que es algo tampoco muy valorado; las raíces de nuestro rock vinculadas a tocar en vivo de las décadas de los 60 a los 90, incluso hay cosas medias sónicas en el disco. Incluye todo lo que el rock no revisitó por prejuicio. Hubo una chispa en los 70 y otra en los 80, pero hay un prejuicio tan grande con lo que tiene que ver con el folklore y el tango que me parece que hoy los grupos cada vez suenan menos argentinos, y me parece que eso no está bueno.

“Falsa libertad, carnet de gil” también había salido como single, ¿no?

Eso fue lo primero que sacamos. Está dedicado al personaje gorila típico argentino que nos llevó en cierta forma al gobierno que tenemos ahora. También está esa cosa típica de estar remarcándole al otro permanentemente sus errores y no poder vivir el ahora y ver lo bueno que tenemos. La cosa empática, ¿no? Hay mucha gente que solo puede mirarse el ombligo. Es un “ego-trip” bastante pesado que cunde mucho en las redes sociales también.

¿Cuál es el mensaje de “Mersa”?

Le puse “Mersa” porque es una canción de amor. Empieza con dos tonos típicos, medios calipsos, de las canciones románticas de los años 50, 60… Básicamente, habla de un desengaño amoroso. Lo que me gusta mucho del tema es que hicimos una especie de contrapunto milonguero con las guitarras, tocando en terceras, con unos fuzzes súper comprimidos que junto a la batería y el bajo le dan un arreglo que me encanta. Es una situación milonguera que no deja de ser una balada.

De ahí saltamos a “Promiscuo”…

Ese tema tiene dos partes, pero está todo arreglado con el ritmo de murga porteña con una armonía bastante rara, con una letra bastante onírica que habla de alguien que está pasando por unos periodos medios raros en donde le van sucediendo distintas situaciones y termina con una especie de vals, medio jazzeado, con un gran solo de Waldemar, que por la forma en que está tocado me hace acordar a algunas cosas de Invisible. Me parece una canción súper emotiva y tiene un ritmo que está poco trabajado en nuestro rock, en nuestra música popular.

De “Ermitaño”, ¿qué nos podés decir?

Es un tema con sus dotes de humor, con una letra bastante azarosa, tiene bastante de eso que ahora llaman “indie”, entre la Velvet Underground y Sonic Youth, una de las guitarras tiene las dos cuerdas afinadas en Si, lo que le da una especie de chorus medio raro… Es un tema en donde parece que está sonando siempre lo mismo pero no… El disco, en sí, está pensado para ser tocado en vivo, porque es un tema que dejamos para el final y en el concierto también lo tocamos al final de los shows. Es un tema que redondea el clímax de cómo se toca en vivo. La letra es azarosa. Yo suelo tirarme el Tarot, me gusta como disparador de cosas, para pensar y relacionar imágenes con preguntas que me surgen… Estaban por venir los chicos y casi no había hecho nada del tema y le pregunté al Tarot sobre que tenía que hablar y salió la figura del Ermitaño, que es un señor anciano que alza una lámpara y se alumbra el camino. De eso habla la letra…

La misma figura que aparece en The Song Remains The Same, la película de Led Zeppelin…

Claro, mismo en el Volumen 4 de Led Zeppelin, cuando abrís el vinilo está la figura. Bueno, [Jimmy] Page es bastante brujito, como sabés…

Sí, estaba ahí siguiendo a Aleister Crowley y demás…

Sí, se compró la mansión que había sido de Crowley. Bueno en ese disco, si te fijas en la parte muerta del vinilo, hay una frase de Crowley: “Haz lo que tú quieras…” Bueno, Crowley también aparece entre las figuras de las tapas de Sgt. Pepper´s, ¿no? Pero bueno, siempre se lo pone como algo diabólico y todo eso, pero para mí es un instrumento para trabajar el inconsciente y un poco habla de eso la canción “Ermitaño”.

¿De qué trata “EMAÚS”?

EMAÚS es como El Ejército de Salvación. Al EMAÚS lo inventó un cura francés. Es un lugar en donde la gente dona cosas, de las cuales, cuando son vendidas una parte de los ingresos sirve para pagarle a los empleados y otra para hacer donaciones. La gente rica hace años que les dona cosas al EMAÚS, que tiene sucursales en todo el mundo. El tema en sí es autobiográfico, en mi caso, porque una de las centrales de EMAÚS está en Isidro Casanova y ahí empecé a ir desde chico a comprar discos y otras cosas. Yo trabajaba toda la tarde con mi madre y unos hippies enrollando cositas de cerámica para hacer collares y con lo que me pagaban me iba al EMAÚS a comprarme discos, libros y ropa. Parte de mi cultura viene de cosas que compré ahí, aún sigo yendo. Para mí es un lugar mágico, que me da materia espiritual, una comida espiritual. El tema es una especie de chámame, con un arreglo de guitarra a lo Zitarrosa.

El disco se cierra con “Forma deforme”, que es otra declaración de principios…

Sí, así cerramos siempre los discos, con la última palabra del Canario. Con este disco se cierra una etapa, porque costó mucho trabajo el tocarlo, aparte uno va creciendo y juntarse con los amigos cada vez se hace más difícil. Estamos lejos entre nosotros, con compromisos varios y demás… Además, con Ácido Canario la pasamos bárbaro tocando, pero no ganamos dinero, por lo cual el proyecto se hace muy cuesta arriba.

¿Por qué?

La profesión del músico se ha ido bastardeando desde hace muchos años. También lo que pasa en Buenos Aires es que hay una oferta cultural muy zarpada, y en el micro mundo de Capital Federal tenés muchos conciertos a la vez. Ya no estamos hablando de los 60 o principios de los 70 en donde había diez bandas de rock. Ahora levantás una baldosa y hay cinco bandas de rock, y hay mucha gente que toca por hobby. También hay mucha gente que toca covers y todos tienen una banda de rock paralela… Eso está bien, pero, por ejemplo, nosotros fuimos a Europa en septiembre de 2023 con Los Peyotes y ahí me di cuenta de que, al ser más cortas las distancias entre los diferentes pueblos, uno puede armarse un circuito para tocar. Acá tenemos Buenos Aires, algunos lugares fuera de la Capital, en provincia; y en las demás provincias tenés para tocar Rosario, Córdoba y no mucho más. Entonces, la oferta es bastante chica. También hay una sobrepoblación de proyectos y de cosas. Acá, a diferencia de Europa, se armó una cultura de que las entradas a los shows están muy baratas porque no hay plata. En Europa, cualquier ticket de una banda chica o semi chica sale lo que equivale a tres cervezas, ¿viste? Que es lo que históricamente costó. Y acá tenés que una entrada a un show equivale a lo que sale una birra, entonces se hace muy difícil. Imaginate lo que es la repartija de la plata cuando son tres bandas, a lo que hay que descontar lo que se queda el bolichero y con lo que te tenés que pagar el flete o los costos para mover los instrumentos… Ósea, lo que es el under o los conciertos más a pulmón, se hace muy cuesta arriba. Además, por más que mucha gente te pague la entrada cuando tocás, hay una cultura malísima instalada en la que hay un montón de tipos que directamente te manguean la entrada todo el tiempo y después, como la entrada está muy barata los números no cierran nunca. Eso acá está impuesto, porque después si ponés la entrada a 20 lucas, por decir algo, después no va nadie. Estamos todos en la misma. En Europa hay más lugares, un circuito más organizado para tocar y la gente sale todos los días. Por otro lado en lo que es difusión de lo que hacés, en los últimos diez años cambiaron mucho las reglas de juego. Cuando vos querés presentar tus trabajos, no hay gente que haga prensa en forma tradicional, cambió todo el lenguaje, la llegada. Y aparte nosotros no tenemos el aval… Los avales para las músicas nuevas están en otro lado. Ahora se habla todo el tiempo de la música urbana y demás, todo está copado por eso; hubo un recambio y eso hace que los grupos de rock under no estemos en la mira. O sos un recontra clásico o estás en otro mambo o sos un mediático… Esa es la única forma de estar nuevamente en esos canales de difusión.

¿Cuáles son los proyectos de Ácido Canario?

Ahora se vienen dos fechas en vivo para despedir el disco. Una en Montevideo, Uruguay, el sábado 3 de mayo, que compartimos con el amigo Fer Henry que tiene una banda llamada Cuarzo junto a otras dos músicas; y otra banda llamada María y los Aviones Amarillos. Ambas bandas son del under uruguayo y es muy interesante lo que hacen. Para finalizar, el 16 de mayo tocamos en Roseti con [Guillermo] Piccolini, un verdadero prócer, y Amalgama, que es un trío muy joven de muchachas que hacen un indie dark muy copado e interesante.

Emiliano Acevedo




martes, 4 de marzo de 2025

CINCUENTA AÑOS DE EL RELOJ: Una recorrida por la historia de sus mejores discos junto a Eduardo Frezza


Leyenda total del hard rock de la zona oeste del Gran Buenos Aires y del partido de La Matanza en particular, El Reloj es una banda de culto para todos los que amamos este género. Una historia que comenzó hace cincuenta años y dio álbumes míticos. Justamente, en esta nota hablamos con el gran Eduardo Frezza (bajo y voz líder) para recorrer tres de aquellos grandes discos: El Reloj (1975), El Reloj II (1976) y Santos y Verdugos (1994); las tres obras que fueron grabadas por el quinteto original del grupo. Fue Frezza, junto al mítico Willy Gardi (guitarra, voz y violín), Osvaldo Zabala (guitarra), Luis Valenti (teclados, sintetizadores y voz) y el genial Juan “Locomotora” Espósito (batería), los que nos legaron semejantes discos [sin olvidar la participación de Carlitos Mira (guitarra) en El Reloj II]. Una nota en las que recorremos los tres discos canción a canción. Imperdible. Que la disfruten…

ENTREVISTA> ¿Por qué tardaron casi dos años (luego de firmar contrato con RCA) para sacar el primer disco, en 1975?

Lo que pasaba es que no estaban acostumbrados a trabajar con grupos de rock. Eran tipos muy reacios, desconfiados de tratar con tipos de pelo largo, y por eso te daban bola recién cuando empezabas a vender muchos discos. En RCA también hacían las cosas muy lentas. Además, tuvimos muchos problemas con el tema de la tapa del disco, porque hicieron un desastre con el dibujo que había hecho Espósito. Es más, también fue muy difícil grabarlo, porque el técnico de grabación de RCA no entendía un carajo como registrar la música de El Reloj. Así que no nos quedó otra que ir y meter mano en la consola. Lamentablemente, por nuestra inexperiencia, muchos sonidos no fueron grabados en forma óptima. Por eso creo que ese primer trabajo no alcanza a reflejar en su totalidad nuestro sonido. Aunque tuvimos muchas horas disponibles en el estudio, fue un bardo grabarlo.

El primer disco de El Reloj empieza con “Obertura”, ¿qué te acordás de esa improvisación anterior a “El Viejo Serafín”?

Cuando fuimos al estudio de la RCA a grabar, ahí había un piano Steinway. Así que lo vimos y nos agarró una emoción grande porque un piano así no lo encontrás en cualquier parte de la Argentina. El Steinway es un piano espectacular, tiene una afinación única y suena increíble. Como estaba abierta la tapa, se nos ocurrió golpear las cuerdas gruesas, lo que generaba un sonido tenebroso. Eso nos llamó la atención. Así empezamos a hacer sonidos, con la púa de la guitarra, con los dedos en el piano. Y así comenzamos a crear cosas e incluimos un cono con agua y soplamos con una pajita y salía el sonido de las burbujas. Se formó una onda musical bastante tenebrosa, a tal punto que un grupo evangelista nos acusaban de hacer pactos con el Demonio… Una pavada total. El tema es como si fueran dos dimensiones, una que te muestra como si estuviera naciendo un monstruo bastante raro, la otra dimensión te muestra a un arcángel que se llama Serafín, que nace como un mendigo de la calle que hace reír a la gente contando cuentos. La letra habla de eso. Así se pasa de una cosa a la otra: primero la parte tenebrosa y después un ser de luz como era Serafín. Te muestra que acá en la tierra la gente tiene la posibilidad de reformar su vida, a modificar el carácter y formas que tenemos de pensar y demás, a través de los ejemplos de cierta gente que es más avanzada que nosotros. Es un tema que muestra lo bueno y lo malo.

¿Y cómo fue compuesto “El Viejo Serafín”?

Me acuerdo que estaba en la casa de Willy y me dice que estaba componiendo un tema y que quería que lo viéramos. Empezamos a sacarlo, porque el tema es de él, y yo aporté algo de bajo. Fue muy interesante porque la canción tiene muchas partes bien diferenciadas. Esa habla de un ángel que se transformó en una persona común que vivía en la calle. Y está inspirada en una persona real que se llamaba, justamente, Serafín. El tipo era feliz divirtiendo a la gente, sin juzgar a nadie. Todo el mundo lo gastaba, lo cargaban; hasta que se murió. En ese momento, se dieron cuenta de que ese viejo era importante. Se terminaron dando cuenta de que ese tipo era igual a ellos.

¿Qué te acordás de “Más fuerte que el hombre”?

La onda es sobre la desesperación de una persona que está trabajando en la calle y está apurado porque quiere llegar a su casa pero llega a su casa cuando su pareja ya se fue. Es un tipo que no llega a tiempo. Es una de nuestras canciones que hace hincapié en el tema del tiempo, que es muy sagrado para la gente. El tiempo es “más fuerte que el hombre”. Vos podés aprovechar o desaprovechar el tiempo, tenés que hacer una elección. A través del trabajo mucha gente se esclaviza, porque vos podés tener tiempo para disfrutar y tiempo para trabajar. El tiempo es sagrado. Generalmente, las personas mayores empiezan a darse cuenta tarde de esto cuando les quedan pocos años de vida.

¿De qué habla “Hijos del Sol y la Tierra”?

Ese habla del espíritu humano que viene naciendo en diferentes estadios de vidas. Todos los estadios que va recorriendo el espíritu, a través de nacer – morir, nacer – morir, y siempre es el mismo espíritu de libertad. Por eso se llama “Hijos del Sol y la Tierra”. Va al Sol, hacia la luz, y vuelve a la Tierra, a aprender algunas lecciones sobre la vida pero también viene con un espíritu de libertad. Ser un ser libre. La letra te lo dice todo. Es una letra hecha por la madre de Willy y a nosotros nos impactó bastante por lo que comunicaba. Está todo ahí, habla de la libertad espiritual, nada menos.

El lado B del disco se abría con “Alguien más en quien confiar”. ¿Cuál es la historia de ese tema?

Es una historia común que se convirtió en clásico. Willy Gardi tenía mucha inspiración, era un tipo muy creativo. Él tuvo una competencia intelectual con Luis Valenti, para ver quién era el más rápido mentalmente. Estaban siempre compitiendo para ver quién era el que hacía el chiste más rápido y demás, hasta que un día se agarraron de los pelos. Entonces Willy se fue a su casa y quedó todo mal en la banda, casi se desarma el grupo en ese momento. Fue un lio bastante grande. Ahí, Willy para solucionar el problema, compuso el tema. Lo llamó a Valenti por teléfono y le dijo que tenía un tema nuevo y nos reunió a todos para ensayar. Y quedó todo bien después de eso. La letra te lo dice todo: “Mañana iré a buscarte, igual que todos los días, quiero hablarte una vez más…”

¿Cuál era la relación grupal, eran muy competitivos entre todos? ¿Era una relación tensa o más o menos?

Se puede decir que sí. Competitivos en el sentido de que éramos todos hermanos que nos queríamos mucho, pero, lamentablemente, todos éramos de un signo diferente. Y había que combinar los diferentes rasgos de carácter de cada uno. Tenías a un taurino, a un acuariano, sagitariano, librano, escorpiano, ariano… Vos fijate, éramos todos diferentes… Y esos cinco miembros originales éramos muy diferentes uno con respecto al otro. Yo soy signo de fuego y Willy Gardi era signo de aire, el signo de aire empuja al de fuego, lo alimenta; por eso estábamos siempre juntos. Nos llevábamos bárbaro en el sentido de que cada vez que nos juntábamos era una explosión creativa. Y después estaban los otros tres, que eran tres signos diferentes: Escorpio, Tauro y Acuario. Ellos tres se combinaban muy bien, porque cuando nosotros les traíamos un tema, lo agarraban en dos minutos y rápidamente le empezaban a poner arreglos de manera individual y ya salía todo. No teníamos que trabajar mucho. Eso es importante. Pero también había una competencia para ver que se dejaba en el tema y de qué manera, porque también eso podía desvirtuar la composición original. Ahí es donde se arman los despelotes en las bandas. Porque todos quieren aportar cosas pero hay que ver que se aporta, porque si no queda un “chorizo musical” y eso no está bueno. Una canción tiene que tener principio, estribillo y final; no se puede agregar cualquier cosa “porque queda lindo”. Hay bandas en las que todos los integrantes son virtuosos pero pasa esto que te estoy diciendo: en lo creativo son un desastre. Hay que tener virtuosismo pero también hay que saber el armado de las cosas. Porque si no la música se vuelve muy monótona.

Después llega “Blues del Atardecer”, otro clásico del grupo…

La melodía la hice en Rosario, mucho antes, en el año 67, 68, por ahí. Yo estaba en una plaza con unos amigos y de golpe empiezo a tocar los tonos de la canción, la melodía del tema. Y empecé a cantarla en un inglés improvisado. Después, cuando vine a Buenos Aires y conocí a Willy y los demás chicos de El Reloj, formamos la banda, y nos metíamos en la casa de Willy a componer los temas. Un día me dice Willy: “Está bueno ese tema, vamos a sacarlo…” La melodía era en una sola tonalidad, estaba en La, entonces Willy la sube a Si menor, y así hace una subida que la verdad mata. Aparte, cuando fuimos a ensayar, Juancito le metió un solo de batería alucinante. Así fue que le hicimos un arreglo que es explosivo. Hasta el día de hoy es un tema que lo seguimos tocando porque a la gente le encanta. ¿Por qué? Porque tiene todo lo que te estoy explicando: melodía, armonía, estribillo, final, punteo, solo de teclado… ¿Qué más se puede pedir? Se volvió un clásico el tema. Mirá hasta donde llegó, más de 50 años después. Agrego otra anécdota, el tema tenía otra letra que le había hecho yo, pero Willy trajo otra y entonces tuvimos una disputa acerca de que letra poníamos. Ahí dijimos, vamos al ensayo y tocamos el tema con todas las de la ley, ninguno la toca más o menos por una cuestión de conveniencia, vamos a tocarla… Y vos sabés que la letra salió sola. Cuando cantamos la letra de Willy nos dimos cuenta que tenía que ser esa. Pegaba la letra con el tema…

¿Y qué situaciones te inspiraban la composición de “Blues del Atardecer”?

A simple vista parece la historia de un tipo al que lo dejó la mina, ¿no? Sin embargo, en esa letra se habla de algo más: la intención de Unidad. El tipo se peleó con la mina, pero se da cuenta de que la tarde está gris, igual que él. Ahí hay algo, no está solo. “Estoy aquí, con mi tarde triste y gris”, ese es el sentido.

El disco se cierra con “Haciendo Blues y Jazz”…

Bueno, ese es un tema de Willy, pero la intención primaria la entonó en una zapada Horacio “Tucata” Suárez, que fue el primer guitarrista que tocó con Willy en El Reloj. Horacio era un violero muy zapador. No le gustaban los temas estructurados. Entonces, un día empezó a tocar en ritmo de jazz. A Willy le encantó eso y nos incentivó a arreglarlo. Le dije que sí y nos fuimos a su casa y ahí saqué una letra que tenía de la época en que había llegado de Rosario a Buenos Aires y que le había dedicado a mi mamá. Yo era muy chico, tendría 17 años y le decía: “Mamá, quedate tranquila, tu hijo está haciendo blues y jazz…” porque mi vieja estaba asustada, por el tema de la droga y demás, por el hecho de que yo estuviera en Buenos Aires. “El placer que tendrás, sin límite será…”, ¿entendés?, todo se lo decía a mi vieja para que se quedase tranquila. A Willy le gustó la letra y la metimos, así salió el tema. Es un tema simple, con una buena melodía de jazz. Todavía lo seguimos tocando en vivo. Tiene dinámica, tiene zapada, en el que cada uno de los músicos se puede lucir individualmente. Por supuesto, tiene una estructura. Porque sin estructura no podés hacer un edificio, se viene abajo.


EL RELOJ II (1976)

En este segundo álbum también se tomaron revancha con el tema de la tapa, con ese dibujazo de Horacio Fontova, ¿no?

Sí, porque le rompimos las pelotas a RCA para que no volvieran a cagarnos la tapa, como lo hicieron en el primer disco. Justamente, Fontova era amigo de Willy, y le regaló el dibujo para que la pusiéramos en la tapa. De cualquier forma, esa ilustración no había sido hecha especialmente para nuestro disco, porque el Negro, que fue un dibujante de la puta madre, siempre estaba haciendo ese tipo de trabajos en las tapas de Expreso Imaginario, por ejemplo. Fue Willy quien se volvió loco con esa imagen, y se la trajo porque tenía que ver con el material que estábamos haciendo. Ahí tenías un tipo, ni joven ni viejo, o ambas cosas a la vez, colgando en el tiempo y el espacio. Una ilustración espectacular.

También hay un salto importante en el sonido, en relación con el disco anterior…

Y sí, porque en el primero los técnicos no entendían un carajo la música que hacíamos, y nosotros empezamos a meter mano, todos a la vez, y no terminó quedando todo lo bien que podría haber sido. Una vez, incluso, Valenti me revoleó un zapato a mí y se lo encajó a un técnico, y se armó un quilombo terrible, porque le abrió un tajo en la cabeza y el tipo empezó a sangrar… También en el segundo álbum nos peleamos mucho en el estudio. Es más, una vez me agarré a trompadas con Willy, por esa cuestión.

¿Cómo fue eso?

Fue la primera vez que nos peleamos en la vida. Willy estaba jodiendo, y yo le dije: “Che, déjate de romper las pelotas, ¿no ves que estamos perdiendo el tiempo?” Se ve que no le gustó un carajo lo que le dije, y vino corriendo y nos agarramos a trompadas. Yo terminé con el tabique nasal sangrando y él con la mano derecha enyesada. Por suerte pudo seguir tocando porque le quedaron los dedos de la mano libres para agarrar la púa… [risas] Igual, indirectamente, nos salió bien la jodita. Porque debido a esta pelea, la RCA nos echó de sus estudios por peligrosos, y terminamos en los estudios del Nono Pugliese, el tipo que hacía las publicidades de los cigarrillos L&M con (la modelo) Claudia Sánchez, y ahí pudimos grabar con un técnico muy bueno. Por eso el segundo disco suena tan bien.

El segundo álbum de El Reloj empieza con “Al borde del abismo”, ¿qué te acordás de ese tema?

Es un tema instrumental, muy bien hecho y muy difícil de tocar. La letra tiene que ver con todo lo que ya hablamos. Ahí el personaje cuenta que la vida tiene su tiempo y sabe muy bien que en algún momento se va a morir. En conclusión, siempre estamos hablando del tiempo. Hay que aprovechar el tiempo que tenemos. No hay que desaprovechar ni un minuto y vivir a cuerpo presente todo.

Sigue “Tema triste”…

Ese directamente es instrumental, porque prácticamente es un canto tipo coro. Es un tema potente y pesado. Es muy bueno. Un día de estos vamos a tener que sacarlo de nuevo para poder tocarlo con la banda actual. Me gusta mucho, tiene una onda a Led Zeppelin.

Este segundo disco, a diferencia del primer álbum de la banda, es más sinfónico, más progresivo…

Tal cual. Del hard rock pasamos al rock sinfónico. Y el rock sinfónico es más instrumental que cantado. Yo tuve que resignar la parte cantada, cantar lo mínimo indispensable y empezar a darle más potencia a lo que hacía en el bajo. Esa justo era la época de Emerson, Lake & Palmer, Yes, etc.; y nosotros estábamos en la vanguardia para ver que podíamos aportar en lo sinfónico en Argentina. Así empezamos a estudiar en el conservatorio Julián Aguirre, en Banfield. Fue una experiencia muy piola que nos vino bien. Empezamos a tratar de ver qué carajo estábamos tocando. Porque habíamos hecho una música sinfónica bastante complicada, entonces queríamos saber qué era lo que estábamos haciendo musicalmente. Fuimos dos años al conservatorio. Yo estudiaba violonchelo y contrabajo, Willy guitarra y violín, Zabala guitarra, Valenti piano, y Juancito timbales y los instrumentos percusivos de orquesta.

El último tema del Lado A es “La Ciudad Desconocida”. ¿Qué recordás de esa canción?

Es un tema muy de Gardi y muy especial para todos nosotros. Lo admiramos mucho a Willy y nos encanta tocarlo, aunque el tono del canto es bastante elevado, a veces tengo que llegar a notas muy altas. Lo que tiene de bueno es la letra, que es muy especial. La ciudad desconocida es el corazón, el lugar en donde tenemos toda la energía de la vida. Una energía que no se pierde nunca, porque cuando te morís, morís como cuerpo físico, pero esa energía va a estar siempre en el universo y va a ir a la ciudad desconocida. Es lo mismo que si vos tirás una gota de agua en el mar. La gota no se pierde, se convierte en el agua del mar. Desde el punto de vista espiritual, cuando nos morimos vamos a parar al mar del universo. La letra explica todo eso.

Aparte tiene una intro de violín de Willy que es impresionante…

Sí, porque la madre era profesora de piano y de violín. Es una introducción elogiada por maestros de violín, incluso. Por ejemplo, el violinista de la sinfónica que tocaba con nosotros nos dijo que ese punteo de Willy era muy difícil de tocar y excelente. Mirá como será para que lo diga el músico de una sinfónica. Y cuando lo tuvieron que sacar ellos con la orquesta, les costó bastante. Porque no es un punteo simple. Está escrito de una manera, que solamente a Willy se le podía ocurrir. Nosotros le decíamos “el Paganini de El Reloj”. Era un músico genial. Le decíamos así, porque incluso se parecía físicamente a Paganini. Recuerdo mucho el concierto que dimos en el Luna Park, cuando tocamos con El Reloj, en donde Willy tocó con un violín todo pintado de blanco. Se apagaban todas las luces en su solo y una luz lo enfocaba a él, que estaba vestido todo de negro como Ritchie Blackmore en Deep Purple. En ese momento hubo un silencio en el público que fue alucinante, todos expectantes de lo que hacía él con el violín, hasta que arrancó la banda y ahí explotaron todos. También fue muy importante el aporte de Valenti en los teclados. La cuestión es que fue un show espectacular, que aún recuerdan todos los que estuvieron ahí. Fue inolvidable. Es una lástima que muchos de los recitales de El Reloj no se hayan podido filmar o grabar. Imaginate que nosotros llegamos a tocar en la cancha de All Boys, con 30 mil personas, ¿sabés lo que era eso? Era un verdadero hervidero, como si fuera un partido de fútbol. Se me ponía la piel de gallina, y cada vez estábamos tocando mejor, me temblaban las piernas.

¿Qué te acordás de “Aquel Triángulo”?

Lo hice yo y habla del centro que tenemos en el cerebro: la glándula pineal. Esa glándula, chiquita como una piña, cuando se enciende tiene unos pequeños cristales que reflejan una especie de arcoíris que se transforma en luz, que se conecta con la luz universal. De ahí viene la creatividad del hombre. Así nos conectamos con el universo mediante ese teléfono que es la glándula pineal. Al mismo tiempo, valga la redundancia, el tiempo no existe. Somos nosotros los que estamos viviendo y tenemos un parámetro que usamos para medir el tiempo. Es algo impresionante eso. Y son cosas que me vienen a la cabeza cada vez que hago un tema. Ya soy así, lamentablemente… [risas] Nací con esa impronta. Muchas preguntas que me hago, ¿para qué estamos acá?, ¿qué tipo de personas tenemos que ser?, etc… Creo que si vivís en el tiempo presente, en donde está el alma, el espíritu, ya no tenés más problemas, ni con el futuro ni con el pasado. Muchos de los recuerdos del pasado te trastornan, si estás en el tiempo presente y soltás esa carga del pasado, podés ser feliz. Porque, además, el futuro todavía es incierto, todavía no vino.

Luego llega “Harto y confundido”.

Tiene que ver con las personas que se drogan. El tipo está harto y confundido porque la droga es confusión. Llega un punto en que el tipo está tan harto que no le importa más vivir, lo único que le importa es drogarse. El personaje de la letra de la canción, se droga y empieza a ver figuras que no existen, tiene delirium tremens, le pasa de todo. Es un poco lo que le pasa a los jóvenes que se drogan aún hoy. No quiero decir que nosotros hayamos sido unos santos, pasamos por esa etapa y la pudimos superar, gracias a Dios; no sé si todos, pero la mayoría de nosotros. La droga deja muchas secuelas en el individuo y su familia, es un desastre. Este tema habla de eso, igual que “El Mandato”. Pero en “El Mandato” se da una opción a elegir: “Estoy harto de luchar, solo me quiero mandar…” Yo luego le cambié el final, porque era controvertido, le puse “solo me quiero amar”. Porque “mandar” se puede interpretar de muchas formas: “me quiero clavar una aguja y mandarme un líquido”, o como “me mando a mí mismo y me transformo”. O sea que va a la interpretación, a la mentalidad del que lo escucha. Cambié mandar por amar porque la cambié por el lado bueno, cambiar la droga por la vida.

¿"Aquella dulce victoria"?

Es totalmente instrumental. Una vez lo tocamos en el [teatro] Gran Rivadavia con una banda sinfónica de 25 músicos. Tener una sinfónica atrás es como tener un metrónomo, está buenísimo.

El disco termina con “Egolatría”, que es una zapada, ¿no?

Tal cual. Allí, cada uno de nosotros muestra un poco lo que sabía tocar. A esta altura de la nota, ya te habrás dado cuenta que los temas de El Reloj, desde el principio hasta el fin, tienen un sentido. Un sentido no mesiánico, porque ninguno de nosotros era mesías de nada. Pero sí tiene un sentido de búsqueda espiritual. O mejor, de búsqueda de un estado interior más consciente, más elevado. Porque la palabra “espiritual” está muy manoseada por las religiones y los cultos.


SANTOS Y VERDUGOS (1994)

¿Cómo se da la vuelta de El Reloj en los 90?

Simple, me encontré con Willy, fuimos a buscar a los otros tres, todos dijeron que sí, y lo hicimos. Si bien todos ya estábamos en una situación personal bastante diferente a la de 17 años atrás, la esencia era la misma. Teníamos guardado en el cajón un montón de material para hacer.

Con un sonido más heavy, ¿no?

Lo que pasa es que volvimos justo en una época heavy metal, pero no es que nosotros éramos “heavy”. Yo siempre lo aclaro: El Reloj no es heavy, es hard rock y rock sinfónico, y paremos de contar… Por ahí metíamos alguna balada blusera, pero siempre en clave hard rock. Nos encasillaron como “heavy” porque Juan tocaba la batería con dos bombos, pero, a mi entender, el heavy es otra cosa, es un estilo más constante, más lineal, no tiene tanta melodía como la que tenía nuestra música.

¿Cómo fue la grabación del álbum del regreso, Santos y verdugos?

Ese disco lo grabamos en El Cielito Records, con Gustavo Gauvry, un técnico de puta madre. Ahí está “Un Camino”, un tema mío en donde se toca todo Zabala, demostrando toda su calidad musical; y el Tano, ni hablar, impresionante como le pega a la batería en ese disco; para mí él siempre fue uno de los mejores bateristas del país, no tengo dudas…

¿Y te gusta cómo quedó?

Sí. Es un álbum muy bien grabado, con mucha carga, muchas regrabaciones, nos zarpamos regrabando instrumentos. ¡Ciento cincuenta horas de grabación tiene ese álbum! Los temas son muy pesados, buenos… Como te decía antes, teníamos que hacer un material heavy porque había mucho rechazo en esa época, si no aggiornabas el sonido te trataban de “viejo”. Una cagada, porque, por supuesto, la música nunca es vieja; pero te trataban así porque en esa época estaba el rock bastante encasillado…

¿Cómo era la relación entre ustedes en esa época?

Ya estábamos más viejitos, más asentados, viviendo en familia, criando hijos. Pudimos encontrarnos todos de nuevo para hacer algo nuevo. Dejémonos de joder, que ya tenemos una edad, basta de tantas diferencias entre nosotros… en fin, eso. Me acuerdo que vino Willy a mi casa, agarramos mi carpeta de música que había hecho, él tenía otra carpeta más, entonces nos pusimos seleccionar temas con la guitarra en mano para ver como los arreglábamos después. Así nace el disco, que lo ensayamos durante fácil tres meses, porque eran temas difíciles, bastante jodidos para tocar. Ahí hay temas muy buenos.

¿Los repasamos? ¿Qué te parece? Empecemos por “Amistad universal”.

Ese tema habla de que estamos arriba de un planeta que circula por el espacio a mucha velocidad, y que lleva una perfección y armonía tal que ninguno de nosotros sale despedido al espacio. El tema habla de valorar nuestra casa, el planeta Tierra. A lo último te dice que si supiéramos mirar lo importante que es el planeta, estaríamos más felices todos. La amistad que tenés que tener con el planeta y el universo.

¿Willy era muy lector de ciencia ficción? ¿De dónde salían esas letras?

No, salían del corazón. Interpretaba algo que tenía en su interior y lo compartía con los demás.

Otra de sus letras muy importantes es “Fabula del Hombre y el Ratón”…

Eso trata del camino de la evolución del hombre. Habla primero de un ser común, que se cansa de toda su vida miserable y en un momento se raya tanto que le pide a Dios cosas, al Universo… Y el Universo se las concede: pasar de ser un ratón a ser hombre. Pero cuando se convierte en hombre se da cuenta que sigue siendo igual de miserable que un ratón, entonces le vuelve a pedir a Dios ser únicamente luz. Entonces ahí llega a lo más elevado de la montaña y cambia. Pasar de vivir en forma miserable y en el mal a una forma más elevada.

¿”Oh, realidad”?

Ese tema te muestra una realidad cruel que viven las personas, que le piden a esa realidad que les expliquen porque están pasando ciertas pruebas que no entienden. Es un tipo encerrado en una torre de pruebas de la que no puede salir… Después, el tema te muestra que hay una luz que le indica que se puede salir del pozo, solo es necesario subir para salir de la oscuridad.

Luego llega un tema tuyo, “El sol del corazón”. ¿Cómo lo hiciste?

El tema habla de que hay una diferencia muy grande entre el cerebro y el corazón, entre lo que pensamos y lo que sentimos. Hay una lucha entre ambos. Si vos te ponés a pensar, la energía del corazón es magnética: atrae, es como un imán; mientras que la energía del cerebro es eléctrica. Si vos estas utilizando mal tu pensamiento atraes el mal en tu corazón. Estás desaprovechando la energía que te da tu corazón para pensar cualquier cosa que no tiene sentido. Entonces después no esperés que en la vida te vaya bien, que atraiga lo mejor, etc. Si estás pensando cualquier cosa, vas a atraer cualquier cosa a tu vida, porque el corazón te da lo que vos pedís. Hay que cambiar todo el pensamiento negativo que tenemos adentro. Y eso no es sencillo, es un camino de evolución…

Justamente, el tema que viene también es tuyo y se llama “Un camino”

Ese te explica como un tipo va pasando de religión en religión hasta que encuentra el amor, pero el amor que encuentra no es el amor correcto sino que es el amor superficial, el amor físico. Hasta que por fin encuentra el verdadero amor, que sería encontrarse a sí mismo y lograr una evolución espiritual como debe ser. Pero es todo un camino en el que vas a los saltos, vas a los golpes, hasta que tu consciencia empieza a iluminarse.

Es un blues ese, ¿no?

Es una balada blues. Tiene una onda Gary Moore.

La letra me hace acordar al libro Siddhartha, ¿no?

Sí, ahí tenés un buen ejemplo. Buda, Siddhartha… El tipo era un príncipe que vivía en un reino y estaba tan aislado por su familia que no sabía lo que pasaba afuera. Un día se escapa, se disfraza de hombre común y ahí ve la realidad de lo que es la pobreza de la gente que no es como él. Y ahí empezó el camino del Buda. Empezó a meditar para adentro y llegó a la conclusión de todo lo que estamos hablando en esta nota. Ahí en el corazón está la fuerza. Y si vos meditas y aquietás los pensamientos… Mejor dicho, más que aquietarlos, los observas. Te tenés que mirar a vos mismo. El Buda lo que hace cuando medita, no es eliminar pensamientos sino transformarlos. Transmuta los pensamientos en luz. Los convierte en otro tipo de energía espiritual.

Luego llega “No venimos solos”, ¿qué te acordás de ese tema?

Otro temazo de Willy Gardi, que tiene una letra tremenda. También habla del tiempo, en el cual cada momento es fugaz. Fijate que estamos hablando de lo mismo que decíamos antes en otro formato. Si desaprovechás el tiempo, pasás una vida entera en la que no hiciste nada y te morís… Te agarra el atardecer de la vida y no hiciste nada, las plantas son mejor que vos… [risas] Habla de no perder el tiempo

Justamente, él que vivió tan poco y dejó tanta obra…

Lo que pasa es que era un tipo hiperactivo. Él vivía el presente a full. El no discriminaba. Tenía una personalidad muy fuerte y había que seguirle el paso, no era joda. Tenía un espíritu de líder. Eso que tenía Willy yo lo tengo invertido. Yo tengo más pasividad, más introspección; Willy era más extrovertido. Esa diferencia nuestra generaba la atracción aire – fuego. Eso hacía que se agrande la creatividad de cada uno.  

Luego llega “El inmigrante”…

Ese tema habla de los inmigrantes que vinieron a nuestro país. Es un tema que hizo Juancito con Valenti y Zabala. Es muy buen tema. Ellos tres hablan un poco de sus antepasados familiares en la canción.

“La esencia es la misma” es otro tema de Willy…

Sí, era una máquina de hacer temas… Ese habla de que cuando uno nace y muere varias veces, el espíritu es el mismo siempre, lo que pasa es que vos te olvidás de todas las vidas anteriores. Tenés la oportunidad nueva de hacer tu vida. Es como que el universo te da una oportunidad de resarcir todo lo malo que hiciste anteriormente…

”Tu mente busca” lo hiciste con Willy, ¿no?

No, la música hicimos con Willy nomás, pero la letra la hizo un amigo mío de Rosario. Me la regaló una vez y yo la tenía anotada en un cuaderno. Me parecía muy linda porque habla del amor, de cómo se forma una pareja, del entendimiento, como queda embarazada la mujer y de la alegría de poder tener un hijo. Todo eso está en la letra. La leímos con Willy, nos gustó y le pusimos música. Un tema que tiene una fuerza bárbara y que hay que cantarlo rápido. Es un tema muy veloz.

El disco se cierra con “Balada del Potrero”…

Otro tema exclusivo de Willy que habla del lugar al que iban a jugar a la pelota cuando eran chicos y todo lo que vivían allí, desde la perspectiva de un adulto. La letra muestra que el adulto es un niño con edad. Lo que cuenta la letra es eso: nunca hay que perder la esencia del niño, la esencia de jugar, de estar alegre, de ser feliz. De chicos jugamos, tenemos alegría.

Muy lindo tema y acústico…

Sí, está bueno. Es muy explicativo de eso que estábamos hablando. Está buenísimo. Me di el gusto de cantarlo en el Auditorio Belgrano con la orquesta cuando se cumplieron 50 años de El Reloj. La sala llena. Muy lindo momento. El disco en vivo ya está editado y es muy bueno.

Emiliano Acevedo


jueves, 21 de noviembre de 2024

VUELA ALTO, WILLY...


Cada vez que muere un artista que admiramos mucho, es común sentir una profunda tristeza, como si ese ser que ya no está hubiese sido alguien de la familia, o un amigo cercano. En el caso de los músicos, seguramente, se piensa en su obra, en algunos de sus discos, o en alguna canción suya en particular, que nos acompañó en nuestras experiencias vitales individuales. Se recuerdan esos pequeños momentos de escucha atenta que hicieron crecer en nosotros la admiración que sentíamos hacía esa persona. Por eso, no es difícil imaginar cuanta gente, cuantos fans del rock, se habrán sentido así de tristes y melancólicos este aciago jueves 21 de noviembre de 2024, cuando se enteraron que Willy Quiroga había dejado de existir. De pronto se apagaba la vida de uno de los músicos más carismáticos y legendarios del rock argentino.  

Su nombre real fue Wilfrido Aníbal Quiroga y, durante sus 84 años de vida, fue mucho más que el fundador, bajista, cantante, líder, y compositor de Vox Dei, uno de los grupos leyenda del rock argentino; Willy también fue un personaje con el que era muy grato encontrar para charlar de música, de anécdotas, y de otras historias más. Por suerte lo pude entrevistar en varias oportunidades y en todas me dejó sinceras declaraciones que daban cuenta de su carácter de persona cabal. Un Grande con mayúscula. En esta nota recopilamos lo mejor de esas notas. ¡Gracias para siempre por tu obra imperecedera, Willy!

 LOS PRIMEROS AÑOS

"Empecé haciendo folklore, a los 18, 19 años. Se dio que había conseguido una guitarra, comprándosela a un hombre que estaba muy enfermo de la bebida. Yo siempre lo veía borracho, en un boliche, y con una guitarra a la que golpeaba. La guitarra se le caía, alguno la pateaba, no sé... Y un día se me dio por decirle –no sé porque, ya que yo no tocaba ningún instrumento, lo único que hacía era cantar-: “Eh, la vas a romper” Y él: “Bueno, que importa...” “¿No me la vendés?” Y así fue. Le compré una botella de vino y me fui con mi guitarra. La llevé a un Luthier a que la arregle, y, luego, un profesor me enseñó piezas típicas del folklore como “Zamba de Vargas”. Como soy una persona bastante intuitiva, aprendí muy rápido. Tengo la suerte de ser muy observador y tener buena memoria, por eso, en menos de un año de estar tocando la guitarra ya estaba en un grupo folklórico. Ahí, cantábamos, haciendo armonía a cuatro voces. Fue una experiencia que me sirvió para aprender mucho. Después, cuando tenía 20 años, vino un amigo a preguntarme si no quería aprender a tocar el bajo. El mismo me enseñó, y me trajo un bajo que había hecho un amigo suyo, que, en realidad, era un cacho de madera con unas cuerdas... Con este chico aprendí a tocar en el bajo algunos rocks, unas cumbias lindas de aquella época, cosas de Los WawancoLos Cinco del Ritmo. Así, conseguimos unos shows en los carnavales, en donde tocábamos dos secciones: empezábamos tocando cumbia y luego rock. Cuando llega el 62 –yo tenía 22 años-, escuché a los Beatles, y me enloquecí de la misma forma que le pasó a todo el mundo, y fui a comprarme una guitarra eléctrica. Me compraba las partituras de los Beatles, y cantaba los temas en inglés. En esa época también empiezo también a componer temas. Seguí con eso, hasta que por el 64, 65, me mudo a Berazategui. Ahí armo una banda, donde con otro chico hacíamos temas de los Beatles, mientras que también hacía folklore con mi amigo Chango Castro, un muy buen cantante y compositor. Con el Chango, componíamos temas muy lindos. A la gente les gustaba mucho lo que hacíamos, cuando tocábamos en vivo, pero, comercialmente, lo único que conseguíamos era comida y bebida, desgraciadamente. Hasta que, una noche, me vinieron a buscar los futuros Vox Dei. Ellos estaban armando la banda y les faltaba un integrante…”

SU INGRESO A VOX DEI Y SU VUELTA AL BAJO

“Los chicos, en principio, querían que yo tocara la guitarra. Ricardo Soulé era el bajista. Hacíamos temas de los Beatles, los Byrds... Hasta que un día se plantea la idea de hacer temas nuestros. Entonces, en un momento dado, Ricardo me quiso mostrar un acorde que yo no conocía, y le pasé la guitarra, porque no entendía su explicación sobre cómo se tocaba, para que directamente lo tocara él. Y así fue, Ricardo siguió con la guitarra, ¿y yo que hacía? Bueno, me volví a colgar el bajo, y no me lo descolgué nunca más...”

MANDIOCA, EL PRIMER SELLO

Ahí llegamos por intermedio de Luis Alberto Bufoni, un chico que trabajaba con Jorge Álvarez y Pedro Pujó. Nosotros habíamos grabado un demo –por intermedio de un cantante melódico, al que habíamos acompañado, como pago- que tenía el tema “Gimme Some Lovin” (del Spencer Davis Group) y “When a Man Love a Woman” (de Percy Sledge). A ese demo lo empezamos a mover, sin muchos resultados, hasta que amigo me da una tarjeta de este chico Bufoni, y lo llamo por teléfono. Cuando le llevamos el demo, nos dijo que le gustaba mucho, salvo que estaba en inglés. “Fíjense lo que se está haciendo ahora”, dijo, y puso a Manal. Bueno, cuando escuchamos a Javier Martínez nos quisimos matar. Nos encantó, pero no nos sentíamos todavía con el  coraje suficiente como para animarnos a cantar nosotros también en castellano. Luego ocurriría aquella famosa anécdota con Luis Alberto Spinetta en el (Teatro) Payró, cuando nos dice que no entendía como, si teníamos todo un idioma a nuestra disposición, seguíamos cantando en inglés. Eso nos terminó de convencer, e inmediatamente pasamos todo el material que ya teníamos hecho en inglés, al castellano. Así, mi primer tema compuesto para Vox Dei: “Bitter Sugar” se convierte en “Azúcar Amargo”; lo mismo que ocurre con los de Ricardo. Y grabamos Caliente (1970), un disco que tiene dos o tres temas clásicos que aun hoy seguimos tocando, sí o sí, siempre en nuestros shows.    

VOX DEI, EL COMIENZO DE UNA LEYENDA

“Yo le puse el nombre a la banda, como a todos los grupos en los que estuve. Antes de Vox Dei, nos llamábamos Mach 4, porque era la velocidad del sonido, y además porque éramos cuatro. Después, como a Jorge Álvarez Pedro Pujó no les gustaba ese nombre, porque en ese momento había bandas con nombres como Conexión Número 5Cuarta DimensiónLa Sociedad de los Siete, todos con números, me pidieron que le buscara otro nombre a la banda. Así, agarré un librito y veo la frase “Vox Populi, Vox Dei”. ¡Ese es el nombre! A Ricardo no le gustó, Godoy dijo que lo más importante era la música y no el nombre, y Rubén me dijo: “Está bueno, pongámosle ese nombre. Total, si no nos gusta, más adelante, lo cambiamos”. (risas)

LA BIBLIA, UN CONTRATO LEONINO…

Sí, nunca vimos plata. Yo creo que de La Biblia hemos vendido millones de copias, y -a un peso que es lo que nos hubieran dado por cada disco vendido- ahora seríamos millonarios. Pero no me importa, porque somos millonarios en amigos y en respeto. Yo pienso que fue el disco más vendido de la historia de la discografía argentina, y también el más mal pagado... Si querés darte cuenta de esto es fácil. La misma gente te lo dice. Es un disco que lo tienen todos. Es más, hay gente que lo compró dos, tres o cuatro veces. ¿Por qué? Porque se lo robaron, desapareció, o se rayó, y tuvieron que volverlo a comprar. Hay gente que lo tuvo primero en vinilo, luego en casete, y luego en CD. Se sigue vendiendo un montón. Aun hoy, (la compañía) Diapasón, que es la que tiene los derechos, me liquida las ganancias por las ventas de La Biblia, en forma trimestral. No, no hay registros. En esa época, todo en Argentina funcionaba -en casi un 70%- en negro. No había AFIP, no había un corno. Existían contadores que dibujaban todas las cifras de lo que había que declarar. Entonces, vos vendías 1000 unidades y te decían que habías vendido cuatro. En ese momento los que manteníamos a la compañía Disc Jockey éramos tres artistas: Charles AznavourPepito Pérez, y Vox Dei. Imagínate, que si a Pepito Pérez le dibujaban los números, diciéndole que había vendido 1000 unidades, cuando en realidad había vendido 5 veces eso, a nosotros, que vendíamos muchísimas más copias que él, directamente nos masacraban... Pero no había forma de hacer nada, porque no había ningún abogado que pudiera abrir los libros contables y hacer un balance a conciencia de cuanto se había vendido.”

LOS TEMAS QUE COMPUSO…

“Todos los temas que compuse me definen a mí. Desde “Loco, hacela callar” hasta “Total que más da”. Y te digo de donde vino la inspiración para hacerla. Nosotros teníamos que hacer nuestra primera gira a Mar del Plata, y teníamos nada más que los 9 o 10 temas del material de nuestro primer álbum para presentar en ese show. Y este tema (“Total, qué más da”) no tenía letra. Inventaba una letra medio en camelo, en inglés, y cantaba encima de esa música... Hasta ahí nadie me había dicho nunca nada de esa canción. Hasta que llega esta gira, e íbamos por la ruta en nuestro micro alquilado rumbo a la Costa, y yo iba mirando por la ventana los postes que pasaban, y pasaban... Pensaba: “¿Qué carajo voy a cantar hoy?”. Mientras que PujóÁlvarez, y los demás, estaban del otro lado, divirtiéndose, jugando a las cartas, tomando cerveza, jodiendo. Hasta que, de repente, viene el pibe que hacía de manager nuestro y me pregunta que me pasaba, porque no me unía a la joda. Le cuento que estaba preocupado porque no sabía que cantar, y que también tenía un tema al que no sabía que letra ponerle. A lo que él me dice: “No te calentés, vos siempre salís adelante...”  Y así fue que empecé: “Sigue siempre adelante sin mirar atrás...” Yo no sé si fue la mejor letra que escribí en mi vida, pero demuestra lo que yo pienso y lo que él me dijo: “Dale para adelante, atrás no hay nada”. Hubo gente que, cuando la escucharon, interpretaron que la letra decía que uno tenía que trepar como sea, pisándole la cabeza a los demás, sin que te importe nada. Aunque cada uno puede pensar lo que quiera, la canción no tenía nada que ver con eso, ni fue esa mi intención.”

JEREMÍAS…

“En “Jeremías…”, yo estaba componiendo la música, y tocaba y tocaba pero no se me ocurría nada para cantar. Mientras tanto Ricardo pasaba y me miraba. Hasta que me pregunta si tenía alguna letra compuesta para lo que tocaba. Cuando le dije que no, él me dijo si no quería que le pusiera una letra y acepté. Y salió con Jeremías, que era uno de los profetas, que terminó muy mal porque terminaron matándolo. Jeremías peleaba por su pueblo. Por eso dice: “Se acabaron las mentiras, esto no va más”. Una letra que nunca fue tan real como ahora, ¿no? [risas] Es una letra que no ha perdido vigencia para nada. Es un tema que en el momento que salió, todo el mundo dijo “whooow”… Por ejemplo, Rubén [Basoalto] remarcó el ton pesado, haciendo regrabaciones, lo que le dio más contundencia. Fue lo más pesado que había en esa época, no había nada más pesado que “Jeremías, pies de plomo”.

SU ALMA DE ROCANROL

“Si vos escuchás la obra de Vox Dei, yo generalmente soy el autor de todos los rocks. Tengo “Total que…”, “Compulsión”, “Es una nube…”, “Azúcar amargo; son todos rocks. Yo era el más rockero y él el más lírico, si se quiere. Ricardo es de Piscis y yo de Tauro, capaz que tiene que ver con eso. Los de Piscis son más volados, como es el caso de Spinetta. Los de Tauro somos más rocanrol, más tierra.

ES UNA NUBE, NO HAY DUDA…

“Yo tenía un amigo que era psicólogo y estaba casado con una modelo muy conocida y nos juntábamos en una casa en Vicente López a escuchar música y a hablar y un día este tipo estaba mirando por la ventana y dijo: “Es una nube, no hay duda. Se mueve como una nube.” Esa frase me pareció muy loca y me quedó resonando en la cabeza. Y se me ocurrió que a partir de ahí podría seguir una letra, dibujando cosas, para que nadie se diera cuenta de lo que quería decir…”

LOCO, HACELA CALLAR…

“Se me ocurrió a partir de conocer a una persona que hablaba, hablaba y tenía la respuesta para todo. El tipo sabía, daba consejos, etc. Un tipo repelente que se mofaba de todo. Así que escribí un tema de acuerdo a eso. Yo tuve un problema con esa persona -sin llegar a las piñas, claro- porque pensábamos distinto. Aparte yo había leído en (el poema) Desiderata: “Camina plácido entre el ruido”. Es decir, que entre toda la parafernalia de cosas uno tenía que seguir adelante, tranquilo, sin dejar que te involucren en determinadas cosas en las que vos no querés estar…”

EL PRESENTE DEL ROCK…

“Una banda puede ser masiva porque vende muchos discos, y todo eso, pero también hay un refrán muy típico que tenemos acá que es “los pingos se ven en la cancha”. Porque cuando ves tocar en vivo a muchas de esas bandas no entendés porque son tan masivas. Capaz que no suenan como corresponde pero, sin embargo, la gente está tan enceguecida y, prácticamente, ni escuchan lo que estos grupos hacen. Tampoco me quiero poner en un papel crítico e incisivo pero te puedo asegurar que nosotros, cuando nos vamos de gira, nos encontramos con grupos del interior que suenan muy bien, que tienen letras muy importantes pero que no van a llegar jamás a ser conocidos. Entonces, los termina rodeando una sensación de frustración increíble y, culturalmente, es una lástima que esas bandas no puedan trascender. Porque, si eso pasara, pienso que cambiarían muchas cosas.  

Pienso que siempre fue difícil. En la época que empezamos nosotros era difícil porque no había instrumentos ni equipos. Y tampoco había medios de difusión ni discográficas que se ocuparan de promover las bandas. Y hoy, hay tantas bandas que se hace difícil que alguna saque la cabeza y se destaque. Algunas suenan bien, nosotros somos amigos de varias, pero hay muchas que se parecen entre sí. Aparte no existen más las grabadoras. Todo ha cambiado. También, se acabó eso de tener toda la discografía de una banda. Ahora se escuchan temas salteados, no un disco entero.

Emiliano Acevedo