sábado, 15 de noviembre de 2014

“LA FAMA ES PURO CUENTO”, entrevista a Alambre González.

Mientras se sienta en su sillón preferido, Daniel Alambre González empieza a recordar algunas de las muchas anécdotas de su vida. A su lado descansa una hermosa guitarra eléctrica G&L, y otra que pertenece a su pequeño hijo. También hay una batería armada, con algunos equipos alrededor, una consola y varios parlantes. “Una vez fui sesionista de Cacho Castaña”, dice. “Ese sí que es un loco lindo, muy travieso, más rockero que ninguno, ¿eh? Un tipazo. Bueno, como sesionista he llegado a tocar hasta con Los Carabajal, y Los Nocheros.” Estamos en la casa de Alambre, en el barrio de Palermo, en la sala donde dedica muchas de sus horas a una de sus máximas pasiones: la música. A pesar que esta no es una habitación demasiado grande, aquí toca, compone, graba y enseña guitarra. Por supuesto, Alambre también es un melómano hecho y derecho. Será por eso que cerca nuestro hay varias estanterías llenas con cds y dvds de sus artistas preferidos.  Rápidamente, con solo mirar alguno de los títulos, es muy fácil darse cuenta que a nuestro entrevistado le gustan mucho el rock y el blues. De cualquier forma, sus gustos musicales son amplios y no se agotan en esos dos géneros. Por eso no sería raro verlo escuchando un tango, un disco de folklore o disfrutando de un dvd con un concierto de jazz fusión. Él mismo es un músico ecléctico, curioso y experimental, que ha transitado por varios ritmos y estilos. Ya lleva casi 50 años tocando, desde el momento en que su padre le regaló su primera guitarra. Fue durante la época de oro del folckore argentino, a mediados de los ´60. Esos fueron años de aprendizaje, haciendo música folklórica en la escuela primaria. Luego, durante su adolescencia en los ´70, González combinará su amor por las motos con su creciente entusiasmo por el rock, empezando a desarrollar una carrera tan intermitente como apasionada. Hoy, a pesar de ser uno los mejores (y más respetados) guitarristas del rock vernáculo, aun prefiriere un estilo de vida sencillo, alejado de los flashes y la notoriedad. Quizás, porque en el fondo, Alambre nunca dejó de ser ese pibe aventurero de Colegiales que pateaba las calles corriendo atrás de un sueño…

ENTREVISTA > Es común que los músicos de rock argentino de tu generación digan que empezaron tocando folklore. Es indudable la influencia de ese género en los ´60, ¿no?
Sí, tal cual. Bueno, en mi caso, yo empecé a los 12 años, a fines de los ´60. Sin embargo, ya venía escuchando música desde hacía varios años. Imaginate, esa fue la época más popular de Mercedes Sosa, Horacio Guarany, y otros intérpretes. Justamente, fue mi viejo quien incentivó esta pasión en mí, quizás debido a su propia frustración de no haber podido ser músico. Al principio, me hacía tocar el bombo y cantar, mientras me hacía escuchar discos del Cuchi Leguizamón, los Hermanos Ábalos, etc. A mí me mandaron a estudiar folklore con la guitarra, casi como por obligación. Paradójicamente, esa imposición familiar fue la que me terminó alejando del género, y que hizo que me dedicara al rock. Porque, al final, me terminé hinchando las pelotas con tanto folklore… Recién ahora me doy cuenta de lo groso que era tocar eso, y por eso me dan ganas de recuperar todo lo que alguna vez aprendí de la música folclórica. Porque si bien nosotros hacemos un rock nacional que tiene un sello muy nuestro, está muy bueno fusionarlo con el folklore o con el tango. Como lo que hace Iorio, con sus letras que incorporan cosas de Larralde. Intercambiar géneros y estilos está buenísimo…

¿Cuáles fueron los primeros artistas de rock que te gustaron?
Bueno, en un carnaval tuve la suerte de ver a Manal, a través una ventana, mientras estaba parado en la vereda de un local bailable que quedaba a diez cuadras de mi casa. En ese momento me volaron la cabeza, viste. Entonces decidí pasarme del folklore al rock. Así empecé a ir a un teatrito de la Calle Corrientes, a ver conciertos de Billy Bond y La Pesada. Siempre me acuerdo de una vez que estaba parado en la vereda de ese teatro y vi a Pappo bajando de una Estanciera, con una llave inglesa engrasada en la mano, yendo directo al escenario… ¡Una demencia! Todo eso me volvía loco. Aunque yo era un pibe, ya quería ser como ellos. Mi obsesión era ser como Claudio Gabis o como Kubero Díaz. En mi caso, al no tener referentes anteriores, el hecho de empezar viendo a estos pioneros de nuestro rock tocando en vivo fue un shock muy fuerte. Rápidamente, me empecé a obsesionar por su música, y me moría por tener acceso a todos los discos de La Pesada y los demás grupos de la movida. Por supuesto, esa época no era como ahora, en donde tenés internet o YouTube para ir conociendo bandas nuevas. En aquellos tiempos lo que hacíamos los pibes era prestarnos o intercambiar discos.

¿Cuándo empezaste a tocar guitarra eléctrica?
Más o menos, a los 14 o 15 años, con las primeras Faim, tratando de emular a mis ídolos. Como yo era fanático de El Reloj, en los shows miraba la guitarra Ovation ovalada de Willy Gardi, y me volvía muy loco. Por eso le llevé mi Faim al carpintero de la vuelta de mi casa para que le sacara los cuernos y me la dejara parecida a la guitarra de Willy.

Sos autodidacta, ¿no?
Sí, sí. Siempre digo que estudié en la “academia del orto”, porque toco todo de culo... (risas) Yo aprendí poniendo los discos en el Winco, a 16 RPM, vuelta y vuelta; hasta que iba sacando los solos de viola. Hoy hay mucha tecnología, muchos programas que te bajan la velocidad de los temas sin deformarte la canción, para que los vayas sacando mientras los escuchás. Pero yo no uso nada de eso, sigo siendo orejero. Nunca estudié, en el sentido más estricto de la palabra. Por supuesto, investigué por mi cuenta a la hora de aprender, pero mi escuela de la música terminó siendo encontrarme con amigos a tocar e irnos pasando cosas, técnicas, fraseos.

¿Cuáles fueron los primeros grupos de rock internacional que escuchaste?
Como yo no hice la secundaria, empecé a laburar en un taller mecánico de motos. Dio la casualidad que enfrente del taller ensayaba un grupo, y por eso siempre me quedaba escuchando lo que hacían con mucha atención. De repente, un día vino un gordo de pelo largo al taller para arreglar una Harley Davidson, y al verme tan copado con el rock, me regaló el disco Isla de Wight, de Jimi Hendrix. Por supuesto, la primera vez que lo escuché no entendí nada. De movida, me parecía muy rara la música de Jimi, pero finalmente me atrapó, y ahí empecé a tratar de imitar sus solos de viola. Después me copé mucho con Johnny Winter. En esa época también empecé a escuchar los vinilos de música negra, de la Motown o de Atlantic, que siempre estaban en la batea de las ofertas en las disquerías. Yo siempre prefería comprarme discos en oferta, en vez de comprarme álbumes nuevos. Porque con la misma plata que me salía un vinilo nuevo me podía llevar tres en oferta. Haciendo eso pude conocer un montón de álbumes maravillosos de Aretha Franklin, Otis Redding, Albert King, BB King, etc.

¿Y cómo fueron los primeros grupos en los que tocaste?
Al principio, armaba bandas barriales muy experimentales. Hacíamos covers de Cream, afanando los solos de Pappo.

¿Pappo fue el que te puso Alambre de sobrenombre?
Sí, tal cual. Fue en 1976, 77. En esa época yo ya estaba muy copado con la viola, y me encerraba horas y horas a tocar con la acústica. En esa época entré a laburar como asistente de Juan Rodríguez, el batero histórico. De esa manera me convierto en plomo de Polifemo, en donde tocaba Juancito, y también empiezo a ir a los ensayos de Seleste, la banda de David Lebón. De la mano de ellos dos también lo conocí a Charly (García), viste. En resumen, yo sentía que estaba tocando el cielo con las manos, al poder conocer a todos esos músicos a los que yo admiraba. Incluso, terminé formando un trío con (Alejandro) Medina y Juancito (Rodríguez), en donde hacíamos temas de Lifetime (la banda de jazz-rock de Tony Williams, en donde tocaba la viola Allan Holdsworth). Me acuerdo que Pappo venía a vernos tocar en un boliche que se llamaba Acueducto, y nos gritaba: “Eh, caretas, toquen blues…” (risas) Por supuesto, siempre que venía, lo invitábamos a que se subiera al escenario para tocar con nosotros. Finalmente, de tanto zapar y tocar juntos, terminamos haciendo una gira con el Carpo. Fue ahí, cuando me empezó a conocer un poco más, que Pappo me terminó apodando “Alambre”. Por supuesto, yo aún era muy pibe y no podría creer que ya estaba compartiendo la ruta con mis ídolos…

Así que terminaste tocando en esa versión de Pappo Blues…
Sí, yo le hacía la guitarra rítmica al Carpo. Todo un honor, por supuesto. Rápidamente, nos hicimos amigos, y terminé conociendo su casa y a Angelita, su mamá. Me acuerdo que ensayábamos en la pieza de arriba, y ahí empezó a hacerse el proyecto de lo que luego sería Riff, aunque yo no llegué a tocar ahí…

¿Cómo era Pappo?
Era como un pibe, un nene malo; pero un tipazo. Sé que hay otras personas que quizás pueden hablar mal de él, debido a alguna de sus conductas o reacciones, pero yo nunca tuve ningún problema, jamás me faltó el respeto. Siempre tuvimos la mejor onda, hasta el final. Hasta un mes antes de morirse, venía a mi casa y se tiraba en la cama a ver videos de blues y música negra, mientras mi mujer nos cebaba mate, o se venía conmigo a la quinta a comer con mi vieja. Por supuesto, ni hace falta que lo diga, como guitarrista es irreemplazable. Era muy groso. El loco llevaba encima la esencia misma del rock, y siempre salía a patear culos cuando tocaba. Lo extraño mucho.

¿QUIÉN DIJO QUE ERA FÁCIL SER MÚSICO?
Además de tocar junto a Pappo, en el ´78 Alambre participó de MAM como músico sesionista, en donde tocó junto a Ricardo y Omar Mollo y Diego Arnedo gracias a la recomendación de Juan Rodríguez; participando en los proyectos de “MAM” y “Familia G.R.A.M”. Más tarde llegaría el turno de Alambre y la Doble Nelson, en donde Alambre tocó junto a su hermano Gustavo Bolsa González (batería), Sirso Iseas (bajo), Pipo Vega (guitarra), Patán Vidal (teclados) y Claudia Puyó (coros). Luego, junto a Bolsa (batería), Máximo Pera Renauld (bajo) y Patán Vidal (teclados) grabó Sopa Caliente (2000), bajo el nombre de Alambre & los Vibroking. En 2007 grabó Casino, su primer disco solista, y luego Yo invito (2009); éste último con producción de Sirso Iseas y el propio Alambre, y la colaboración de Pato Raffo (batería), Silvio Marzolini (teclados), Daniel Andretta (guitarra) y Sirso Iseas (bajo).

¿Desde cuándo vivís de la música?
Desde nunca… (risas) No, bueno, yo laburé de todo lo que te puedas imaginar. Laburé mucho en casas de música, también de camionero llevando fruta, o haciendo mecánica de motos, como te contaba antes. Las motos son mi otra pasión, junto a la música. De hecho, hice tantos laburos diferentes a lo largo de mi vida porque siempre me costó mucho concebir a la música como un trabajo. Siempre prefería laburar de otra cosa para poder tocar lo que me gustaba, sin tener la necesidad de vivir de la música. Lo que también me pasó es que yo tuve muchos intervalos, muchos parates en mi actividad musical, a lo largo de los años. Quizás, eso pasaba porque nunca me tomé la música demasiado en serio. Capaz que tocaba un tiempo y luego paraba dos años, para irme a vivir al sur. Más tarde, volvía a tocar durante un tiempo, hasta que volvía a parar tres años para dedicarme a correr en moto. Incluso, en una época de mi vida, fui sesionista, y tocaba con un montón de gente diferente, o hacía jingles; hasta que también me cansaba de esos trabajos, porque me quemaban la cabeza, y terminaba largando todo, sin querer saber más nada con la música… Hasta que, de repente, volvía a tocar, y luego volvía a parar durante tres años para dedicarme a la droga… En resumen: estuve demasiado tiempo haciendo pelotudeces. Finalmente, un día me di cuenta que lo que en verdad me hacía feliz en la vida era dedicarme con todo a desarrollarme como músico. Hoy puedo decir que me siento pleno con lo que hago. También recién ahora, más o menos, puedo pilotear la situación, y vivir de la música. Por otra parte, a esta altura de mi vida, no me interesa hacer concesiones con respecto a lo que me gusta tocar. Si a alguien le gusta lo que yo hago, y me viene a buscar para que toque, bienvenido. Lo que nunca me gustó, ni me va a gustar, es ir corriendo desesperado atrás de un manager para que me dé pelota…

¿Cómo fue tu relación con las drogas?
En otras épocas, creo que las abordábamos como un despertar de la conciencia a otros lugares, o para meterse dentro del ser y así conocerse un poco más. Nos poníamos a charlar de cosas un poco más profundas, y esas charlas siempre eran muy copadas, viste. Por ahí, hoy se volvió un poco más violento el modo en que las personas se relacionan con las substancias. Por ejemplo, es muy triste ver lo que les pasa a los pibes con el paco. Creo que eso está un poco digitado por ciertos sectores del poder, ya sea por desidia o acción directa, haciendo que esta población de pibes marginales se mantengan los más pelotudos posibles o que, directamente, desaparezcan.

Antes dijiste que sentías que el consumo de drogas te había hecho perder el tiempo. ¿Hubo algún momento puntual en que te asustaste, en que pensaste “hasta acá llegué”?
Claro, porque cuando la droga pasa a ser lo más importante en tu vida, o lo prioritario, se vuelve una cagada. Eso me pasó cuando vi que todo se tornaba un círculo vicioso, un proceso que daba vueltas en un mismo lugar, y que ahí no se aprendía nada, que no se salía hacía ningún lugar y que quedabas boyando en la nada. Ahí me di cuenta de que necesitaba cambiar, y que pasaran a ser mucho más importantes en mi vida la música, el arte, la familia, los amigos. Entonces terminás priorizando las cosas de otra manera, enfocándote en lo que realmente importa en la vida, cambiando totalmente tu escala de valores.
  
EL ARTE DE HACER UNA CANCIÓN

Hablemos un poco de tus canciones. ¿Qué te inspiró la composición de “Perfume de licor”?
Ese tema está inspirado en los paseos que hacemos con mi hijo por el Barrio Chino, en donde él me pide que le compre alguna espada de los ninjas, bolitas u otros juguetes. Ahí siempre veía a unas chicas con una onda medio de tugurio, y me imaginaba que eran geishas. Me quedó flotando algo en la mente esa idea, de imaginarlas como protagonistas de una película oriental. Por supuesto, todo termina siendo algo meramente ficticio, nada que yo haya vivido en la realidad. Sin embargo, soy un convencido de que si algo vive en tu cabeza, aunque sea una fantasía, en algún lado de la vida existe.


¿Y “Hortensia”?
Esa canción tiene que ver con el barrio en donde vivía mi vieja, cerca de la calle Godoy Cruz, un lugar que siempre estaba lleno de travestis. Para mí era habitual ver a algún muchacho muy femenino pero con voz de hombre, porque siempre pululaban ahí nomás, abajo de la casa de mi vieja.

¿”Taxi al infierno”?
Ese tema es viejo. Lo hice en los ´80, pero había quedado inconcluso, tirado en el medio de un cajón. Creo que lo hice a partir de una frase suelta de donde se fue armando la letra, paulatinamente, en forma inexplicable. La verdad, no podría explicarte como lo compuse, porque ni yo mismo lo sé muy bien.

¿”El Alamblues”?
Ese es un tema de Jorge Pasquali, un muchacho muy amigo mío, que falleció hace poco. Él me había mostrado el tema, pero no tenía estribillo, no tenía letra. Entonces nos pusimos a tararearlos juntos, así yo le fui armando la letra; armamos el estribillo, y lo seguimos hasta terminar de darle forma. La letra habla acerca de una idea a la que adhiero, que se relaciona con “sostener la bandera de la dignidad y la autenticidad”, para pelear por lo que uno ama, y así plantarse en la vida desde un lugar propio. Es un tema al que le tengo mucho cariño, porque me recuerda a Jorge, un tipazo que fue muy compinche mío…

¿”La mosca y la araña”?
Uy, qué quilombo. La verdad, yo soy un desastre para explicar mis temas, porque mis letras están basadas en una imagen, en algo que veo, ¿entendés? Supongo que la letra de esta canción tiene que ver con otra ocurrencia mía, en donde relato lo que es estar en una fiesta, lo que sucede entremedio de un copetín, cuando, de pronto, entro a alucinarme con ese momento en que una mano gigante aparece para matar a esa “mosca” molesta que me está hinchando las pelotas. Se relaciona con esa idea de que siempre hay alguien, algún ser molesto, que te está “tocando el culo” en algún momento lindo.

¿”Pool, billar y copetín”?
Esa canción habla de Colegiales, Chacarita, la esquina de Lácroze y Álvarez Thomas. Trata sobre esos lugares que están arraigados en mi vida. Por ejemplo, el edificio en donde hoy está (la radio y teatro) Vorterix, porque ahí estuvo el cine de mi infancia. Siempre me acuerdo cuando era un pibe y ambicionaba cumplir 18 años para poder entrar a ver las funciones de adultos. Yo nací a dos cuadras de esa esquina. Por eso, cuando una vez me invitó Divididos a verlos tocar en ese teatro, me pegó mucho estar de vuelta en ese lugar, y recordar aquellas viejas películas que yo vi ahí. Casualmente, entre todos los trabajos que hice en mi vida, en ese cine laburé de combinador. Yo era el tipo que transportaba en moto los rollos de los films, de un cine a otro. Los ponía arriba del tanque de la moto, y salía de raje para llegar con el rollo que faltaba antes que terminara la proyección. También, enfrente de ese viejo cine había un billar en donde los pibes nos quedábamos dormidos, cabeceando arriba de la mesa hasta el otro día. En ese mismo lugar, desde muy chiquito, me he quedado varias veces mirando los billares desde la ventana, la ñata contra el vidrio. 

¿Por qué crees que las letras de tus temas tienen un dejo casi tanguero?
Salen así, no es algo planeado. Lo del tango me pega por el lado del barrio, los amigos; todas esas cosas que forman parte de la esencia de uno. No me sale escribir letras de canciones con mensajes implícitos o motivados por una temática determinada.

¿Qué canción de otro artista te hubiese gustado componer?
De Spinetta, unas cuantas. Me quedo con “Hola, Pequeño Ser”, un tema de Pescado Rabioso que tiene un solo de guitarra que es increíble. Un solo que me emociona siempre y nunca me canso de escuchar. Igual, son muchísimos los temas lindos que me apasionan. Hay muchas canciones de Pappo y de Divididos que me encantan. Hasta te podría nombrar algún tema del Cuchi Leguizamón, o a “Catalina Bahía”, de Pedro y Pablo. Es muy difícil nombrarte una sola de todas las canciones que me marcaron.

¿Te costó largarte a cantar?
Sí, mucho. Es más, aun me cuesta mucho. No sé si es algo que disfrute demasiado, viste. Aunque después me enganche y me relaje, siempre tengo la idea de quizás tendría que invitar a algún cantante para que cante mis temas y así poderme concentrar totalmente en la viola, que es lo que mejor sé hacer. Lo que pasa es que tener que estar dependiendo de los cantantes me vuelve loco, porque tienen mil idas y vueltas. Ese debe ser el motivo principal de que haya decidido ponerme a cantar yo. Además, estoy casi convencido de que, aunque yo cante como el culo, nadie va a interpretar mis temas mejor que yo…

AMIGOS, GUSTOS Y PREFERENCIAS

Aparte de la música, ¿te gusta alguna otra arte? ¿Películas, libros?
Sí, los libros. He leído mucha literatura de la movida de los ´70, y también a autores como Khrisnamurti. Lo que también me gusta mucho es la pintura, viste. Pintar es algo que me debo. Tengo ganas de hacerme un poco de tiempo para tirarme acá con un lienzo a pintar…

De movida, te debe gustar dibujar, entonces…
Sí, me gusta mucho. Igual, lo mío es muy amateur. De hecho, en algún momento he pintado algunos oleos, pero de manera nada profesional, de puro gusto nomás.

¿Siempre viviste acá, en Palermo?
No, yo nací en Colegiales, después viví en Chacarita, y luego me vine a vivir a Palermo. Pero cuando Palermo no era un barrio de putos…

Ahora se puso muy top…
Claro, antes vivir en Palermo era cosa de guapos. Por ejemplo, en la parte en donde ahora está Las Cañitas no entraba ni la cana, era super heavy esa zona. Después, de 20 años para acá, empezó a cambiar mucho, y todo el barrio se llenó de boliches… Una situación que ya me tiene harto, y por la que me quiero ir a la mierda. Porque a pesar de que aun siga viviendo esa gente que siempre estuvo acá, el barrio también está atestado de “forasteros”, como decía Pappo. De buenas a primeras, este barrio se llenó de extranjeros, turistas, o de gente que está de paso por los boliches. Por ejemplo, un domingo a la tarde me tenía que ir a tocar, y –por boludo- dejé la guitarra apoyada en un árbol. Salí, pegué la vuelta a la manzana, y al toque me avivé que no tenía la viola, pero cuando volví a buscarla ya se la habían llevado. En otra época, estoy seguro que me la hubiera rescatado un vecino, o si no el tipo del taller, o el del negocio que vende camperas acá enfrente; y me la hubiesen guardado. Pero ahora hay mucha gente pululando, que viene de paso al barrio, y se va. Seguramente, alguien que justo pasaba, la manoteó al voleo, y se la llevó…

Un bajón…
Sí, porque era un guitarra carísima, y una de mis preferidas. Para colmo, la perdí una semana después de comprarla. Me acuerdo que había puesto en un aviso, por si alguno la había encontrado o la había visto, para que me avisara; pero no pasó nada. Hasta que una tarde me tocan el timbre, abro la puerta, y aparece Ricardo (Mollo) con una viola en la mano, y me dice: “Tomá boludo, te regalo una guitarra”. Y me regaló una G&L divina. “Hacé lo que quieras. Vendela, tenela. Es tuya”. Yo no quería agarrarla, me daba vergüenza. Pero él insistió, diciéndome que no fuera pelotudo, que me la regalaba y no le tenía que agradecer nada. Esa actitud de Ricardo, tan generosa, fue maravillosa. Me demostró que es mi amigo y un tipazo genial, porque, a pesar de que no nos veamos seguido, nunca dejó de tenerme en cuenta.

Además de Ricardo, ¿quiénes son tus otros amigos entre los músicos del rock?
Diego Arnedo, Omar Mollo, Juancito Rodríguez, Alejandro Medina… Todos ellos son tipos con los que sé que puedo contar, si tengo algún problema. Todos son tipos a los que sabés que les podés golpear la puerta de la casa a la 6 de la mañana, y van a estar ahí para ayudarte, viste. Estos son los conocidos, sin embargo, tengo muchos amigos por fuera del mundo de la música, que también son parte de mi familia.

¿Cuáles son tus ídolos de la guitarra?
Un montón. De los extranjeros te puedo nombrar a Jeff Beck, George Benson, Scott Henderson, John Scofield, Johnny Winter, Albert King, B.B. King, Freddie King… De los de acá me quedo con Pappo (por supuesto), Daniel Raffo, Hugo Méndez, Matías Siciliano, Ricardo Mollo, Kubero Díaz, Botafogo… Qué sé yo, es una lista interminable. No sigo nombrándote, porque me están quedando afuera un montón que me gustan muchísimo.

¿Te gusta el rock actual?
Casi que no escucho rock en la radio. Me la paso escuchando tangos todo el día en la 92.7 (La 2x4 FM), porque los programas que hay en las radios de rock me aburren muchísimo. Tampoco me puedo enganchar con los nuevos grupos, sean ingleses o norteamericanos. Me parecen una mala copia, medio infantil, de grupos históricos como los Who, o de la música de los ´50 y ´60. No me identifico con nada de lo que está sucediendo.  

¿Te gustaría que hubiese más programas de rock nacional clásico?
Sí, porque así como se le da impulso a las nuevas bandas –algo que me parece genial-, también creo que estaría bárbaro que hubiese más espacios para que la gente del rock que la viene remando hace mucho tiempo, viste. Acá no se cuidan a los artistas veteranos, todo es una onda “bueno, no vende, ya no sirve”.

¿Cuáles dirías que son tus influencias estilísticas como músico?
Bueno, en eso soy medio cachivache. Siempre digo que soy aprendiz de todo y oficial de nada, viste. No soy un blusero clásico, tampoco jazzero, porque no sé tocar jazz, ni tampoco funkero… Pero me gusta todo, y por eso tengo un poquito de todo en mi estilo –como si fuera un hibrido-, y eso es lo que se puede apreciar en mis discos, que tienen baladas, algún funk, rock and roll, blues, fusión… Quizás, ese quilombo de estilos, comercialmente, no esté bueno; pero lo hago porque es lo que me gusta.

PRESENTANDO EL DISCO NUEVO

Además de tocar, ¿estuviste grabando nuevo material, últimamente?
Sí, en estos últimos años estuve grabando mi nuevo disco.

¿Cómo fue el proceso de composición de estas nuevas canciones?
Este material surgió en forma más salvaje que mi anterior álbum (Yo invito), que había tenido más labor de preproducción. En cambio, este disco nuevo es más crudo, nos tiramos de una a grabar los temas, sin cranearlos demasiado (sic). Por eso me gusta. Hacía rato que quería hacer un disco así, bien crudo. Sin embargo, todavía no logro grabar un disco tan crudo como me gustaría. Siempre fantaseé con grabar un disco en toma directa, dejando los solos como salen en directo, sin sobregrabaciones; con la banda sonando como si fuera en vivo, viste. Ese es un proyecto que todavía me debo.

¿El disco ya está terminado?
Sí. El cd ya está grabado, está listo. Falta mandarlo a fabricar, y en poco tiempo sale a la calle. Se va a llamar El Hombre. Por supuesto, es un disco armado 100% a pulmón.

¿Con quién lo grabaste?
Con los mismos pibes que Yo invito. Como te decía, este va a ser un disco urgente, directo. Con temas compuestos por mí, más uno de Pato (Raffo) y otro de Hugo. También va a incluir una versión del clásico de Robert Johnson “Rollin' and Tumblin'”. Los nombres de los temas son “Joselina”, “Martes 13”, “Tiro loco”, “Se feliz”, “Otra oportunidad”, “El hombre”, “Pin 9”,  “Preocupado y aburrido”, “Algún día”, “Corazones rotos” y  “Rodando y cayendo”. Fue grabado y mezclado por Mariano Ast.

Estás tocando mucho, ¿no?
Sí, por suerte. Venimos girando bastante, ahora estuvimos tocando en Capital, en un teatro del Abasto, también en Palermo; y antes tocamos en La Trastienda. También anduvimos por Mar del Plata. En marzo vamos a tocar de teloneros de Buddy Guy…

¿Alguna vez te molestó no ser un artista masivo, o ser considerado un guitarrista de culto?
Mirá, lo vivo con naturalidad porque la fama es puro cuento, como dice el tango. Eso es un problema, una expectativa de los demás, no mía.  Yo elegí tocar porque me gustaba. Si gano plata, mejor; pero si no gano, no importa, porque voy a seguir tocando lo mismo. Por suerte, la gente que me viene a ver es un público espectacular, que disfruta mucho con lo que yo hago. O sea, que no es una cuestión de cantidad, sino de calidad. Siempre me voy a sentir bendecido por el hecho de ser músico. Porque hago lo que me gusta, toco con amigos, a veces grabo, me divierto, disfruto… Eso, para mí, es el éxito.

ENTREVISTA: EMILIANO ACEVEDO
 


 

5 comentarios:

  1. Emocionante reportaje! Una historia de ejemplo Daniel Alambre Gonzalez! Gracias eternas por la música que nos das! Abrazo del alma!

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  2. Un grande Alambre, talento , humildad y huevos, mis respetos y admiracion

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  3. linda nota ¡¡ de alguien practicamente desconocido para el publico general¡

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    1. Gracias, Gastón! Justamente, esa es la esencia de nuestro blog...

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  4. DANNY,puro talento y gran persona

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