
Sí, esa mítica
noche Charly
García y Nito Mestre, acompañados por Rinaldo Rafanelli (bajo) y
Juan Rodríguez (batería), le ponían punto final a este proyecto meteórico que solo
necesitó tres álbumes de estudio para meterse en el corazón de toda una
generación. Al principio, fueron tildados de “blanditos”, por buena parte de la
ortodoxia rockera nacional, pero es indudable que sin ellos nada hubiese sido
lo mismo. Además, Charly y Nito se separaban en su mejor momento musical, luego
de la edición de Instituciones, un inmenso
álbum, arriesgado, desde lo lírico, que se animaba a coquetear con el mejor
rock progresivo electrónico, quedando a años luz del folk rock acústico y adolescente
de Vida, su primer disco.
Además, para
Charly García, Sui constituyó su primer vehículo experimental, es decir, un
espacio en donde el Bicolor empezó a
demostrar toda su musicalidad innata y su capacidad como letrista
hiperrealista. Sus composiciones daban cuenta del complicado entorno social y
político que le tocaba vivir. En este sentido, no podemos dejar de señalar que ese
afiebrado 75 fue el año del Rodrigazo, cuando
estalló una profunda crisis económica – sindical, mientras el poder del Brujo López Rega se licuaba, y el
desgobierno de Isabel Perón se hacía más evidente que nunca. Poco después, en Tucumán
se ponía en marcha el Operativo Independencia, en donde las fuerzas militares
de Bussi entran a combatir a los grupos guerrilleros de ERP y Montoneros,
desatando un espiral atroz de violencia y represión descontrolada, que allanó
el camino para la organización del plan sistemático de exterminio que las
Fuerzas Armadas desarrollarían a partir del Golpe Cívico Militar de marzo del
76.
Paradójicamente,
en este clima de época, y menos de ocho meses antes de aquella fecha aciaga, se
comenzó a promocionar la realización de esta fiesta de la juventud que fue el Adiós
Sui Generis. Ya para fines de agosto de 1975 se había agotado la
función programada para las 20.30 horas del cinco de septiembre, por lo que
debió agregarse otra función para las 23 del mismo día. Nunca se había visto
nada igual. Porque si bien La Pesada del
Rock N´ Roll ya había tocado en el Luna en 1972 –el día del famoso “rompan
todo” de Billy Bond-, esa había sido
una sola presentación, y no, dos seguidas como en el caso de Sui. Y este sí que
fue un evento multitudinario. Cuadras y cuadras de cola para entrar. Incluso,
hubo gente que llegó a las siete de la mañana.
Pero, ¿por qué
se separó Sui Generis? Le
preguntamos esto a Rinaldo Rafanelli:
“La cuestión es muy simple, Sui terminó
porque cuando estábamos presentando Instituciones la gente nos pedía los viejos éxitos del
dúo, tipo ´Canción para mi muerte´ o ´Rasguña las piedras´, y no le daba pelota
a los temas nuevos. Así que Charly se rayó y mandó todo al carajo. Yo
apoyé su idea de separarnos, pero Nito y Juan Rodríguez no
estaban de acuerdo. Cuando Charly le
dijo que nos separábamos, Jorge Álvarez casi nos mata. Él pensaba
que estábamos re locos por terminar este proyecto en el pináculo de su carrera.
Pero, como genio creativo que era, luego se le ocurre la idea de hacer el Adiós
Sui Generis, una despedida con película y todo. Un curro total, pero dale
que va... (risas) Así, sale la idea
de hacer dos Luna Park, aunque al principio iba a ser una sola presentación”.

En lo musical,
hay que destacar que este concierto, contra todo pronóstico, no fue un show nostálgico. Ya que no se interpretaron solo los hits del dúo. Por el
contrario, y en sintonía con el desarrollo de rock progresivo impulsado por Charly y Rinaldo en Instituciones,
hubo largas reelaboraciones instrumentales de los viejos temas, como ocurrió
con la versión de “Un Hada, Un Cisne”, que llegaba a 27 minutos de duración y
les daba espacio a todos los músicos para que se lucieran interpretando un
solo. Además, esa noche de septiembre fueron estrenados varios temas como “La
fuga del paralítico”, “Nena”, “Bubulina” y “Fabricante de mentiras”, todos de Ha sido; el inédito cuarto álbum de Sui
Generis que nunca se llegó a terminar de grabar, más allá del póstumo single “Alto
en la torre”. Sin embargo, luego de la ruptura de Sui Generis, varios de estos
temas nuevos fueron finalmente grabados: “Nena” por Seru Giran, pero con el nombre de “Eitileda”; “Bubulina” fue uno de
los primeros éxitos de La Máquina de
Hacer Pájaros; y “Fabricante de mentiras” sería popularizado por Nito Mestre y los Desconocidos de Siempre.
Las otras canciones nuevas tocadas esa noche fueron “La niña juega en el
jardín”, de Rafanelli; “El fantasma de Canterville”, luego grabada por Porsuigiego; y “El blues del levante”,
un tema mitológico y desprejuiciado (el famoso “polvo” que alguna vez supimos
escuchar), pedido hasta el hartazgo por el público en los shows de Charly hasta
bien entrados los 80, y que recién volvería a ser interpretado por García en la
reunión de Sui en el año 2000.

UNA FOTO INOLVIDABLE

Quizás debido a ese
espíritu curioso y vital que siempre tuvo, tiene una memoria privilegiada, casi
“periodística”, que le permite recordar con precisión y cariño la primera vez que
vio a Charly y Nito: “Tuve la suerte de
conocerlos el mismo día en que vinieron a hacer la prueba con Jorge Álvarez y
Billy Bond. Me acuerdo que ese día se presentaron en la oficina de Álvarez,
acompañados por María Rosa (Yorio) a
dar la prueba, por lo que yo creí que eran un trío tipo Peter, Paul & Mary. De movida me parecieron unos chicos
divinos. Sin embargo, para ellos era tan solo una prueba más, se ve que no
tenían demasiadas expectativas porque ya los habían rechazado de varias
grabadoras. Así que, de inmediato, con Charly en la guitarra, cantaron ´Canción
para mi muerte´. Sorpresivamente, apenas terminan, Álvarez dice: ´ese es un
tango genial´, agarra el
teléfono, marca el número del estudio Phonalex ¡y pide horas de grabación para
el otro día! Así de simple, así de rápido. Aun hoy Nito me cuenta que no lo
podían creer”.
Rápidamente,
Moreno se hizo amiga muy cercana de los Sui, sin perderse nunca ni un ensayo o
show del dúo: “Hay que recordar que hasta
ese momento el rock y los recitales eran cosa básicamente de hombres y
con Sui entraron la mujeres, y se volvió el primer fenómeno masivo del rock de
acá”
Más
allá que Ada participó en la
realización de varias tapas de discos famosas de la época, maquillando a Kubero Díaz en la impresionante foto
de su disco solista junto a La Pesada; asesorando en el vestuario de David Lebon en su primer lp; o
fotografiando a unos Crucis
vestidos con mamelucos en la contratapa de Los Delirios del Mariscal, su álbum más celebrado; su trabajo más
famoso fue la foto que les sacó a Charly y Nito, y que se usó para
promocionar el show de despedida: “Bueno,
con esa imagen empapelaron toda la ciudad, y luego se convirtió en la
fotografía emblemática de Sui, porque fue usada en varios compilados,
posters, etc. Esa fue la primera vez que logré que me prestaran un estudio
profesional con flashes para trabajar. Usé una cámara Hasselblad. La hicimos
en el estudio de mi exnovio, Jorge Fisbein, en la calle Castelli y Valentín Gómez, en Once, un
mes y medio antes del show del Luna. Salió rápido, tan solo un par de
tomas, porque Charly y Nito tenían la mejor predisposición. Por supuesto, esa
imagen tambien contó con el arte y el estilo de mi amigo Juan Gatti, el gran artista gráfico. Por eso todo se conjuró para
que esa imagen tenga la magia que la hizo inolvidable. Es la foto de dos
chicos de 23 años, que mantiene la misma frescura que hace 40 años, casi
tanto como la música de Sui”
Ada aún se emociona cuando recuerda esos viejos tiempos
de aventura rockera, cuando recién se estaban escribiendo las primeras
páginas de la historia del rock vernáculo: “En este punto te puedo decir que Sui Generis cambió la historia,
porque abrió el mercado del rock argentino, que casi no existía antes de
ellos. Con respecto al recital de despedida, fue algo tremendo. Lo que
recuerdo es que lo vivimos con poca tristeza, porque si bien Charly ya tenía
otros planes musicales en la cabeza, que hoy son de dominio público, no
pensábamos que la separación sería definitiva. Porque, además, no estaban
peleados ni nada de eso. Aprovecho para recordar que todo esto pasó en la
época más nefasta de la política y la sociedad de este país, cuando
cualquiera podía desaparecer y morir por nada… Creo que tanto Sui
Generis, como los otros grupos de ese momento, trajeron un soplo de
esperanza. Creo que con su música salvaron a muchos, muchísimos chicos de la
locura y la desesperación. En el caso de Sui, estoy convencida de que su
vigencia imperecedera se debe a que –más allá de lo musical- son dos personas
maravillosas. Dos seres de gran corazón… Fueron mis amigos, mis hermanos, no
tengo nada negativo que decir de ellos dos. Por algo los estamos recordando
hoy, cuarenta años después, ¿no? Los amo con el alma por lo que fueron, por
lo que son y lo que serán…”
Claro está que la experiencia de Sui
Generis es bien conocida, y siempre volverá
a sonar, más allá del paso del tiempo y las modas. A pesar de ello (o
justamente por eso) quisimos recordar su adiós a nuestro modo.
Emiliano Acevedo
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Excelente artículo
ResponderEliminarBellísimo artículo.
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