miércoles, 16 de marzo de 2016

AIRE AGAIN, entrevista a Carlos Riganti



Las dos pasiones de Carlos Riganti, pediatra y jefe de Inmunología del hospital Pedro de Elizalde, están bien definidas: la medicina y la música. En lo que respecta a su labor musical fue el baterista de una banda mítica, no solo del rock nacional, sino de toda la música popular argentina: Alas. Un grupo único, dinámico e imaginativo que mixturó el mejor rock progresivo con las raíces de la música autóctona: el tango y folklore. Antes de eso, Riganti había sido integrante de otro grupo de leyenda como Materia Gris y luego colaboró (como baterista sesionista) en trabajos de Raúl Porchetto y Piero. Su trayectoria posterior incluye otros proyectos grupales como Baranda, El Monitor, Los Cuerpos Cavernosos, Diga 33 (una banda formada sólo por médicos), Siga Ese Auto, el Guerschberg-Riganti-Sivori Jazz Trío y el Héctor Starc Trío; hasta llegar a su labor actual en varios grupos de jazz, como el que forma junto a su hija cantante, Paula Riganti: De Tal Palo, Jazz Group. Carlos también es un apasionado de la polirritmia y de la enseñanza. Entre los bateristas que fueron alumnos suyos podemos nombrar a Sebastián Peyceré, Jota Morelli, Charly Alberti, Julio Figueroa y Leonardo de Cecco, entre varios etcéteras. De todo esto hablamos en esta charla plena de música, que recorre la apasionada vida de este talentoso baterista argentino.
 
ENTREVISTA> ¿Cuáles fueron tus inicios en la música?
Empecé a tocar el tambor, siendo muy chico, con una mínima instrucción básica, en los primeros colegios donde estuve. Luego me empecé a interesar por la batería y así inicié una enseñanza formal en música, a partir de los 13 años. Tuve varios maestros, entre ellos: Carlos Krauss, León Augusto Jacobson (que es el percusionista de la Filarmónica del Teatro Colón), Chiche Heger y Eduardo Casalla (ambos bateristas de jazz).

¿Por qué elegiste la batería como tu instrumento?
Recuerdo que en mi jardín de infantes había una banda rítmica y yo ya estaba fascinado por el tambor. En el jardín, el tambor era un instrumento que rotaba, pasando por varias manos, pero cuando llegó a mis manos no rotó más… (risas) Me lo quedé yo.

¿Qué música escuchabas de chico?
Al principio escuchaba el Club del Clan, hasta que llegó la música de los Beatles y con ellos todos los otros grupos británicos de esa era. Yo veía al Club del Clan, porque era lo único que había, pero me parecía una cosa estúpida, ya que, para esa época había empezado a escuchar muchas bandas de jazz y ya estaba muy interesado en esa música. Mi viejo me traía discos de Gene Krupa. En ese momento estaba de moda que el baterista fuera una especie de showman porque, a partir de lo que hizo Krupa, la figura del baterista se volvió muy vistosa y así se comenzaron a ver varios tipos que especializaban en hacer solos de batería.

¿También estudiaste el método de Krupa?
Sí, era inevitable pasar por su método y por el método de Buddy Rich. Los dos eran mis ídolos. Me acuerdo de que en esa época era casi el único material impreso que había para aprender a tocar la batería, a diferencia de lo que pasa en la actualidad. Ahora encontrás infinidad de material para estudiar batería, en Internet y demás, hay mucha información, hasta podés ver videos sobre técnicas y demás. Cuando yo era chico, para ver a un tipo tocando jazz en la batería, teníamos que ir a los conciertos y pedir que nos dejaran pasar al backstage; para ver que era lo que hacían y poder hablar con ellos acerca de técnica. Fue una época plena de aventura y descubrimiento.

¿Qué te gustaba escuchar del jazz de principios de los 70?
Yo ya conocía a Miles Davis y me había deslumbrado con su música. Estaba en una etapa más “erudita”, por llamarla de alguna forma. Por eso, cuando apareció Weather Report (un grupo formado por ex integrantes de la banda de Miles Davis) me volaron la cabeza. En sus tres primeros años, la música de Weather Report era de vanguardia –esto fue antes de que empezaran a hacer un estilo de fusión- y me encantaba. Coincidieron con el clima imperante en esa época, en donde todos eran grupos acústicos, más tarde empezarían a electrificarse, a mediados de los 70; cuando se afianza la fusión como un estilo definido. También escuchaba mucho a la Mahavishnu Orquestra, en donde tocaba Billy Cobham.

Materia Gris
¿Cuáles fueron los primeros grupos en los que tocaste?
Mis primeros intentos se dieron tocando en grupos de mi barrio. Durante esa época, estuve en dos grupos; el más importante de ellos se llamaba Prohibido Estacionar. Tocábamos en un bar de San Isidro, que era donde yo vivía en ese momento, y llegamos a ser un grupo muy reconocido en la zona. Después de eso entro a Materia Gris, que fue mi primer grupo que tuvo trascendencia ya que logramos firmar un contrato con EMI. Con Materia Gris hicimos la primera ópera rock que se hizo acá: Oh perra vida de Beto, un trabajo muy importante. Luego de estar en Materia Gris, toqué con muchos artistas como baterista sesionista: con la banda de Valeria Lynch, con un cantante que se llamaba Ángel, con el grupo Cenizas y un par más. Luego de esa etapa como músico de sesión me llama Moretto y damos forma al proyecto de Alas.

Recién nos hablabas de Oh perra vida de Beto (1970), un disco legendario; que lamentablemente no volvió a ser editado…
Es una pena que no se reedité porque, además de ser un muy lindo disco, está muy bien grabado, ya que, a pesar de estar hecho con sólo 4 canales, los dos guitarristas de Materia Gris, Edgardo Rapetti y Julio Presas, eran técnicos de grabación y sabían bastante del tema. Además, lo grabamos en Phonalex; uno de los mejores estudios que había acá, en el cual se hacían bandas sonoras y doblajes para cine. Rapetti y Presas hicieron un trabajo de grabación que no se puede creer. Es un disco que suena realmente muy bien. Ese material lo tiene EMI, pero no lo volvió a editar. Yo escuché una versión que anda circulando por Internet, que masterizó Rapetti directamente de una copia en vinilo; y suena bastante bien. Así como no se reeditó este disco, tampoco volvió a ser editado en CD el disco Mundo Moderno que hice luego con Moris en España.

SOPLANDO EN UN VIENTO, PARA VOLAR…

¿Cómo se origina el proyecto de Alas?
A Gustavo Moretto lo conocía de chico, ya que, íbamos al mismo colegio en San Isidro. A pesar de que él era un año mayor que yo, nos conocimos durante la producción de una obra de teatro. Ahí yo estaba haciendo la música de la obra y Gustavo viene a proponerme que hagamos un grupo de jazz. Como yo ya estaba tocando en un grupo, le dije que en ese momento no podía. Sin embargo, quedó una promesa (a futuro) para hacer de hacer algo juntos. Luego yo entro a Materia Gris y él a Alma y Vida; pero igual nos seguíamos encontrando en conciertos y festivales de rock. Cuando él se va de Alma y Vida me llama por teléfono y me vuelve a tirar la idea de hacer un grupo juntos. Ya Gustavo había hablado con Alex (Zucker) para que fuera el bajista de la banda. Entonces nos juntamos y nos abocamos en este nuevo proyecto.

Moretto - Zuker - Riganti: Alas
Estuvieron bastante tiempo ensayando y tocando antes de hacer el disco, ¿no?
Sí, ensayamos casi un año. Durante el 74 ensayamos y nos largamos con todo en 1975. Era un momento muy complicado para empezar un grupo porque ya se había enrarecido bastante la situación política y social en el país. Luego del 76, pusieron toque de queda y se hacía muy complicado poder dar conciertos y demás. Era una realidad muy compleja, pero la remamos y la peleamos, como pudimos, hasta que el grupo se terminó desarmando en el 77.

Muchos de los fans que vieron a Alas en concierto (entre ellos Pedro Aznar) alguna vez comentaron acerca del impresionante sonido de la banda en vivo. Una verdadera aplanadora sónica que no llegó a ser captada en forma total en su primer disco (Alas, 1976)
Tiene mucha razón, Pedro, en decir eso. Hay una grabación pirata, que anda dando vueltas por ahí, registrada en un show en Martínez (ya con él tocando el bajo) que tiene toda la fuerza de lo que era Alas en vivo. Nosotros éramos una banda que sonaba con una energía increíble. Nuestro primer disco de estudio, aunque fue grabado con mucha prolijidad, no tiene el fuego que tenía el grupo en vivo. Eso es lo mismo que pasó con los discos de muchos grupos. Yo creo que la gente de EMI hizo un muy buen trabajo, pero me parece que sus técnicos de sonido tenían otra visión. Era gente que venía de grabar tango, folklore (los géneros que representaban el catálogo de EMI en Argentina), pero no tenían mucha idea del rock. Por eso, cuando llegamos al estudio para grabar con todos nuestros instrumentos, los amplificadores, sintetizadores, órgano Hammond y demás; estos tipos comprimieron el sonido, como si fuéramos un grupo de tango… Así suena ese disco. Los técnicos de EMI no entendieron demasiado el concepto, ni la fuerza, de nuestro sonido en vivo.

¿Cómo se generó ese sonido tan particular de Alas, no parecido a ninguno de los otros grupos de la época?
Me alegro de que lo digas porque, como nuestra formación de trío era parecida a la de Emerson, Lake & Palmer todo el mundo nos comparaba con ellos; pero nosotros no éramos ELP, ni nos interesaba serlo. Con Alas teníamos como precepto reflejar el tiempo y el espacio en donde estábamos. Queríamos que nuestra música fuera reconocida como propia de Buenos Aires (o de Argentina) y en consonancia con esa época que nos tocaba vivir. Para eso, contábamos con todas las influencias que ya teníamos, del jazz y del rock, sumadas a las de la música de nuestro país. En lo que a mí respecta, desde la batería, hacer esto requería un trabajo increíble. Imaginate que ni el folklore o el tango tenían batería. Lo que yo hice fue aplicar los conceptos de orquestación de la batería en el jazz, por ejemplo, los ostinatos (que se hacen entre la mano derecha y el hi hat, mientras que las voces que frasean son las del tambor y el bombo). Ese mismo concepto de orquestación fue el que empecé a usar para componer cosas para el tango. Practicaba, acompañando los discos de D´Arienzo que tenía mi viejo, escuchándolos, tratando de captar como era el fraseo de los bandoneones, cuál era el clima que obtenía su orquesta con eso. Con eso desarrollé mi propio estilo de batería. De movida, yo siempre encaré la batería no en un sentido propiamente baterístico sino, como si fuera un piano; ya que, si bien me encanta el groove, estoy convencido de que esa no es la única función que puede tener la batería. En Alas había partes en que la batería hacia cosas más grooveras y otros momentos de percusión netamente sinfónica. No era el mío un rol bateristico estricto, rígido. Incluso ahora veo que muchos pibes tocan folklore con la batería y hacen cosas maravillosas. Tengo muchos alumnos del interior, excelentes músicos todos, y con un enfoque rítmico fascinante.

Justamente en Alas podías combinar los ritmos de diversos géneros…
Yo siempre fui un fanático de la poliritmia, me interesan mucho las características que tiene que la batería como instrumento, ya que, al tener diferentes voces simultáneas, te permite tejer distintas estructuras rítmicas (simultaneas), una arriba de la otra. Hacer cosas polirítmicas no es nada fácil, pero vale la pena el esfuerzo. Llega un momento en que eso se transforma en una cosa muy natural, muy orgánica. Hay que poder incorporar ese tipo de frases, que tienen una vida propia; hay que transformarlo en una cosa orgánica sino sería un mero ejercicio aburrido, tonto, sin swing. El tema es hacer groovear a la polirritmia…

¿Cómo se une Pedro Aznar al grupo?
Yo lo conocía porque lo había ido a ver tocar en Madre Atómica; el grupo en donde estaba junto al Mono (Fontana). Fito Messina (alumno mío, en esa época) me los había recomendado. Viendo a Madre Atómica, conozco a Pedro y el Mono y me entero de que ellos eran fanáticos de Alas. Entonces, cuando se fue Zucker; yo sugerí a Pedro como reemplazante. Así que lo llevé a Gustavo para que lo conociera, pero había un inconveniente: Pedro era menor de edad, tenía 17 años y no podía firmar contratos, ni salir del país. Sólo lo podía hacer con la autorización del padre. Pero no nos importaron estos impedimentos, porque valía la pena tenerlo en el grupo. Una vez que estuvo autorizado, Alas terminó siendo el primer grupo en donde Pedro salió a hacer giras y el primer grupo con el cual grabó un disco en estudio. Su primer contrato discográfico, fue el que tuvo en EMI con Alas.

Algunos piensan, incluso, que estando en Alas Aznar se lució mucho más como bajista que en cosas que hizo después…
Yo coincido con eso. Pedro tuvo en nuestro grupo una libertad absoluta para desplegar toda su creatividad juvenil. Además, con Gustavo, lo animamos para que cantara. En Alas, además de tocar el bajo, Pedro tocaba flauta traversa y guitarra acústica, pero no quería cantar porque tenía vergüenza. Justo teníamos un tema que incluía un solo de flauta que Pedro había inventado para no tener que cantar. Un día, en un concierto en Santa Fe, pasó que se olvidó la flauta… Entonces, con Gustavo, le dijimos: “Bueno, ahora cantás…”; y así fue. Pedro siempre se acuerda de ese momento, porque dice que era increíble el pánico con el que salió a cantar en esa primera vez. Pero fue maravilloso, porque lo hizo genialmente bien. Por eso te digo que en Alas Pedro tuvo la chance de dar rienda suelta a ese bagaje creativo y curioso, propio de la adolescencia. El nuestro era un grupo insolente, nos animábamos a hacer cualquier cosa en lo musical. Teníamos momentos de música contemporánea, que representaban la destrucción de Buenos Aires (como se aprecia en “Buenos Aires Solo es Piedra”). Éramos 3 mocosos, en medio del Teatro Coliseo, con una producción impresionante para la época. Teníamos un gran atrevimiento, a nivel musical; no había otras bandas que se jugaran tanto.

En ese momento fueron muy elogiados por Piazzolla, que decía que veía el futuro de la música nacional en propuestas como la de Alas…
Yo siento que fue así, pero no me atrevería (de mi lado) en ponerlo en palabras, porque sería una actitud media soberbia. Pero no hay que olvidar que, hasta ese momento, Piazzolla había tenido una actitud muy crítica hacia la música de rock. Salvo Spinetta (al que Astor respetaba muchísimo), a todo lo otro que pasaba en el rock y eran cosas importantes, el tipo no le daba cabida; decía que esa no era una música de calidad. Por eso, cuando Piazzolla vino a escuchar a Alas, fue como si Dios nos besara en la frente. El tipo vino a ver un show nuestro a un lugar infame, pequeñito, en un subsuelo de la calle Cerrito. Luego, nos invitó a que lo viéramos tocar y hasta estuvimos en su casa. Esa fue una experiencia muy importante para nosotros. Su opinión nos dio el respaldo que (me parece) merecíamos. Me acuerdo también que, en ese momento, salieron en todos lados, en las revistas de rock, titulares que decían: “Piazzolla apoya al rock”. Como si él se hubiese dado vuelta y de ser un crítico pasara a apoyar al género. En nuestro caso particular, nosotros no queríamos hacer música de Piazzolla, pero sí inspirarnos en lo que él había hecho. Astor había llevado el tango a niveles de complejidad de autores como Bela Bartok. Eso nos parecía bárbaro y por eso queríamos seguir esa veta, mixturándola con el lenguaje que traíamos incorporados (como músicos de rock) y llevarla más allá de Bartok, hacía Schoemberg; llevarla hasta el dodecafonismo. Teníamos esa voluntad, esa estructura y ese proyecto. Y Piazzolla entendió muy bien nuestro objetivo. Vio que nosotros seguíamos su idea, su ejemplo, pero sin tratar de imitar su música.

Ustedes también tocaron con Rodolfo Mederos…
Con Mederos tocamos una sola vez. Mederos fue uno de los tres bandoneonistas que sumamos a Alas en nuestro primer concierto en el Coliseo; junto a Bosalini y Binelli. Los tres eran la línea de bandoneones de Pugliese. Después de esa experiencia -que fue la que llegó a oídos de Piazzolla y lo hizo interesarse por nuestro grupo- tocamos un tiempo con Binelli, de manera estable; y luego con Néstor Marconi. Hemos tenido la suerte de tocar con los mejores bandoneonistas de la Argentina.

¿Por qué tardó tanto en editarse el segundo disco del grupo (Pinta tu Aldea, 1983)?
Porque el contrato que teníamos con EMI tenía una cláusula de negociación de ambas partes. Cuando se vence el primer contrato, EMI decidió no renegociar con nosotros. EMI tenía una característica muy particular: continuamente cambiaban su personal jerárquico. Nosotros habíamos pautado nuestro contrato con un productor y cuando éste es reemplazado por otro tipo, al que nunca habíamos conocido, éste se negó a hacernos un nuevo contrato. Dejó que se vencieran los términos del contrato anterior y, aunque el segundo disco ya estaba grabado, no lo editó. Así, se terminó editando cuatro años después cuando ya habían caducado los términos del contrato anterior y tenían libertad para hacerlo.

¿Moretto ya tenía decidido irse del país o lo decidió ahí, apenas terminó Alas?
Era un momento muy difícil porque no se podía tocar acá en Argentina. Además, él tenía planeado ir a EEUU a continuar su formación como músico. Al mismo tiempo, yo terminé mi carrera de Medicina, que había detenido muchísimo por el proyecto de Alas; y luego también viajo fuera del país. Era un momento muy complicado para la música, el arte en general. En un cuartel lo primero que muere es el arte y Argentina se había transformado en un gran cuartel. Por eso, luego de recibirme, hago el Servicio Militar (porque había pedido prorroga) y me voy a España.

¿Te fuiste pensando en quedarte definitivamente allá?
Al principio sí, pensaba en quedarme y ver que podía hacer ahí. Sin embargo, luego cambiaron un poco las cosas en Argentina y decidí volverme.

A QUIENES SINO

¿Qué hiciste en España?
Toqué con Moris y también estuve dando clases. Acompañé a Roque Narvaja, en un par de temas que hizo en una radio; toqué con grupos españoles y trabajé mucho como sesionista, con uno de los arregladores de Serrat. Tuve la suerte de conocer y colaborar con muchos músicos…

También conociste a Phil Collins…
Sí, en Londres, pero esa fue una cosa medio cholula. Ocurrió luego de un concierto en el que tocaba una cantidad de gente alucinante que yo ni sabía quiénes eran. Después me vengo a dar cuenta de que uno de ellos era Phil Collins. Yo había querido escucharlo tocar con Brand X (que fue el grupo que más me gustó de todos en los que estuvo) pero ya habían tocado dos semanas antes ahí. Sin embargo, lo encontré, casi de casualidad, en este evento de jazz contemporáneo. Ahí tocaba el trombón uno de los hermanos de (Mike) Rutherford. De repente, sale un grupo experimental en donde estaba tocando la batería Collins. Como era un ambiente de mucha informalidad, no demasiado estructural, después del show tuve oportunidad de ir a hablar con él. Le conté que yo era un músico argentino, también baterista como él. Phil se interesó muchísimo y estuvimos charlando un montón. Era un tipo súper humilde, muy interesado por todo lo que pasaba acá en Argentina. Fue una experiencia lindísima.

¿Cuál fue tu actividad musical al volver a nuestro país?
Me vuelvo con Piero y me pongo a tocar en su banda, como músico de sesión y durante una gira que hizo. Hicimos una gira por el interior del país y otra por la costa. Estando en Villa Gesell conocí a Charly Alberti –quien recién estaba empezando con su proyecto de Soda- y a su padre Tito, uno de mis ídolos como baterista. Luego de estar trabajando, casi un año y medio con Piero me puse a hacer la residencia en pediatría.

Participaste del momento de mayor repercusión de Piero, cuando vuelve del exilio…
Sí, porque su música había estado prohibida. Recién volvió cuando se había calmado un poco la cosa. Sin embargo, tuvimos varias amenazas de bomba en los conciertos. Igual, yo ya tenía experiencia en eso, porque en Alas nos habían metido dos bombas de gas lacrimógeno en un concierto. Fuimos el único grupo de rock argentino al que le pasó esto…

¿Cuándo fue?
En el Teatro Ritz. Al lado vivía Cáceres Monié, el jefe de la Policía Federal; quién había decidido que no se hicieran más conciertos en ese teatro porque decía que se llenaba toda la cuadra de hippies… Como esto le molestaba, mandó a sus muchachos a hacer un operativo para que cerraran el teatro. Los tipos metieron el Falcon en la entrada, tiraron dos bombas de gas lacrimógeno y se fueron. El momento del atentado coincidió con nuestro show. La explosión hizo mierda un equipo cuadrafónico de Teddy Goldman y nosotros tuvimos que donarle todo el dinero de la recaudación para pagar los daños.

PINTA TU ALDEA Y SERAS UNIVERSAL

¿Cómo hiciste para combinar las dos pasiones de tu vida: la música y la medicina?
No fue fácil combinarlas, porque ambas carreras requieren mucho trabajo, pero logré hacerlo porque no tengo más pasiones que estas dos: la medicina (o la ciencia, en sí) y la musical. Yo siempre supe que iba a ser baterista y médico. Me di cuenta de eso a los 4 años, cuando tocaba el tambor en la banda rítmica del jardín (en San Pedro). Un día, mis viejos tuvieron que hacer un viaje a Capital y me dejaron a dormir en la casa de mi padrino, el medico del pueblo. Al otro día, cuando me levanté, lo vi con su guardapolvo, su corbata y la camisa impecable; atendiendo y recibiendo el afecto de la gente. Eso me pegó muchísimo y decidí que yo también quería hacer eso. Quería ser médico y tocar el tambor, esta fue una especie de epifanía muy temprana en mi vida. Desde entonces, no hice más que ocuparme en lograr ambos objetivos. Durante toda la adolescencia, me la pasé leyendo revistas de ciencias, escuchando discos de jazz y estudiando la batería.

El afiche del show del regreso, 2003.
¿Alguna vez te pusiste a pensar hacia donde hubiese evolucionado la música de Alas de haber continuado el proyecto?
Quizá hubiésemos parado, como efectivamente lo hicimos, y luego seguir. Lo que pasó es que nos tomó casi 25 años volver… Pero fue fantástico lo que ocurrió en 2003, cuando nos reencontramos, porque estaba todo intacto. Teníamos una mayor experiencia como músicos y nos planteamos hacer una cosa en la veta acústica, transformar el sonido del grupo (con la inclusión del piano) y volverlo más atemporal; que no estuviera atado a ningún momento de la tecnología, como había pasado con el uso del sintetizador.

¿Cómo planearon esta vuelta de Alas?
Fue casi de casualidad. Nosotros seguíamos en contacto, cada vez que viajaba a EEUU (ya fuera por congresos de medicina o por eventos relacionados con la batería) me encontraba con Moretto o con Zucker. Moretto siempre me invitaba a tocar jazz y hacíamos conciertos juntos en la universidad en la que da clases; pero nunca habíamos hablado de hacer ninguna cosa nueva con Alas. Hasta que un día me llamaron del “Retorno del Gigante”, un programa de radio dedicado al rock progresivo. Esta gente me hace un reportaje y me comenta que estaría bárbaro de que se reuniera Alas porque el grupo era considerado como “de culto” en varios países, en donde se estaba dando una especie de revival de todo lo relacionado con lo progresivo. Yo (hasta entonces) ni había tenido idea de esto. Me comentaron que les hablaban mucho de Alas en festivales de rock progresivo en Brasil, Portugal, Chile, Alemania, México, etc. El pibe que conducía el programa me decía que si Alas volvía (tranquilamente) podría tocar en varios de estos lugares. Luego de este reportaje, lo llamo a Moretto y le cuento todo esto; y él se copó mucho con la idea de que hubiese un público actual interesado por nuestra música. Por eso, luego de dos semanas, me llamó para contarme que había estado trabajando junto a (su hijo) Martín, escribiendo, decodificando, nuevos temas y me invitó a ir a su casa (en New Jersey) para unirme a esta movida. Estando allá, luego de ensayar juntos, me di cuenta de que este material nuevo podía funcionar. Por eso, comencé a viajar (con cierta periodicidad) a EEUU, cada vez que podía tomarme vacaciones en el hospital, hasta que grabamos. Primero tocamos un par de shows en Manhattan, en universidades; y después vinimos y tocamos en el ND Ateneo. Luego de ahí tocamos en Brasil, acá de vuelta y en Puerto Rico. Así se dio el regreso de Alas.

¿Cómo fue la grabación del tercer disco de Alas?
Se llamó Mímame Bandoneón y fue producido por Sonoram, un sello independiente de Buenos Aires. Editaron 1000 copias y luego se paró la edición. Es una pena que pasara esto porque sería buenísimo que más gente lo escuche. Es un disco acústico en donde participa Daniel Binelli y también colaboró Pedro, cantando en un tema, tocando el bajo y realizando la mezcla del disco. Como Gustavo y Alex tuvieron que volver, luego de terminar la grabación, a EEUU; nos quedamos Pedro y yo acá en Buenos Aires mezclando el disco en su casa. Pedro entiende totalmente el sonido del grupo y por eso hizo un trabajo notable. El disco está buenísimo, tiene temas nuevos que muestran como hubiera evolucionado Alas, luego de lo que hicimos en los 70. Me encanta eso, de que ninguno de nuestros 3 discos se parezca entre sí. Eso habla de una evolución que no se detuvo.

¿Hay posibilidades de reeditar este último material?
Seguro, también tenemos material filmado de nuestro segundo concierto en el ND, en 2003, que también está listo para ser editado (en algún momento) en DVD.

¿Tienen ganas de seguir tocando juntos?
Totalmente. En este momento estamos haciendo un “recreo”, que en nuestro caso lleva años. Si bien ahora estamos dedicados a nuestras cosas, calculo que en cualquier momento podemos llegar a concretarlo de vuelta. Pensá que a nosotros nos lleva años juntarnos a ensayar, grabar, tocar, etc. Yo estoy en Buenos Aires, Moretto vive en New Jersey y Zucker en Boston.

¿A qué se dedica Zucker ahora?
Él está tocando con varios grupos, inclusive con varios músicos argentinos radicados en EEUU. También toca acompañando a grupos que han sido muy famosos en nuestro país. Uno de ellos se llama "Los Irascibles" (en realidad, el nombre es otro, pero los músicos por cábala no lo solemos nombrar…). Con ese grupo, Alex está tocando en muchos lados, en muchas fiestas latinas alrededor del país. Es una de esas bandas que parece que no existen más pero allá continúan tocando, con uno o dos de los integrantes originales, haciendo sus viejos éxitos con gran suceso; aunque parezca algo difícil de entender.

Además de ser tu amigo, Moretto es un músico muy renombrado y destacado, ¿nos podrías decir algunas palabras acerca de él?
Gustavo es un tipo maravilloso y tocar junto a él me enriqueció como músico. Por eso yo considero a mi participación en Alas como si hubiese hecho una residencia, un postgrado musical. Moretto tiene una preparación y una educación musical suprema. Su madre era concertista de piano y compositora de música contemporánea. Por eso Gustavo, ya desde chico, vio como en su casa se reunían los más grandes compositores y exponentes de la música contemporánea argentina. No creo que haya demasiados casos como el suyo, de haber estado en contacto con ese nivel de música. Eso, sumado a su talento personal y su capacidad, lo convirtieron en el gran músico que después conocimos. Moretto tiene una lucidez y un conocimiento increíble, es un compositor hecho y derecho. Tiene la actitud de un compositor de música clásica contemporánea porque, aunque sea un pianista asombroso y toque bárbaro la trompeta, a él le interesa más ser compositor que instrumentista. Eso también lo marca y lo determina como músico. Yo conozco pocos tipos, en la historia de la música argentina, con tanta voluntad y capacidad como la que tiene Gustavo. Cuando estás con él siempre estás aprendiendo cosas. Es un docente por naturaleza.

¿Se podría decir que por estar enfocado tanto en la faz compositiva o en ese nivel académico no editó una mayor cantidad de discos?
Es una pregunta difícil, porque se relaciona directamente con la capacidad de trabajo que uno va teniendo, en diferentes momentos, y eso tiene mucho que ver con la vida emocional, personal y familiar. A veces, como músicos, estamos preocupados por situaciones que no te permiten estar focalizado en una cosa o en la otra. Me parece que (Gustavo) es una persona muy exigente y que su producción se relaciona en forma directa con eso. Lo que produce, el material que finalmente muestra es sólo aquel que ha pasado por todos los filtros de calidad que él se exige como músico.

NINGUN SILENCIO DE AGUAS PROFUNDAS

¿Qué te parece el rock nacional actual en relación con el movimiento de los 70?
En sus inicios, el rock estaba inmerso en una cruzada. Nuestra generación pensaba que a través de la música se iba a salvar el mundo, o algo parecido. Esa fue una idea, si se quiere, no sé, naif o adolescente; pero que le daba gran energía y empuje a ese movimiento de música rock que recién estaba surgiendo en nuestro país. Todos sentíamos que teníamos una gran responsabilidad y eso nos hacía trabajar con una capacidad y una entrega impresionante. En la actualidad también veo grupos que tienen esa voluntad, esa capacidad, y hacen cosas buenísimas. No te olvidés de que luego, de lo que hicimos nosotros en los 70, vinieron también un par de grupos con trascendencia internacional como Soda Stereo.

¿De los grupos que vinieron después, Soda fue el que más te interesó?
Me gustó mucho de entrada porque soy amigo de todos ellos y siempre me dio mucho placer todo lo que hicieron. Incluso soy el medico de sus hijos, el pediatra de los chicos de Zeta y los de Gustavo (Cerati). Yo recuerdo haber ido a escuchar sus primeros ensayos a la casa de Charly (Alberti), acá en Núñez, y ya ahí me volaron la cabeza. Era una banda impresionante. Para mí, son los Maradona del rock argentino.

¿Cuál es tu opinión del resto del rock nacional posterior a lo que hicieron con Alas en los 70?
Creo que es algo maravilloso lo que pasó con la música en Argentina. El rock nacional ha tenido una evolución muy interesante. Una movida como la nuestra no la podés encontrar en otros países de habla hispana. Allí no vas a encontrar grupos como Divididos, Soda, los Redondos, etc. En nuestro rock hay una ramificación que me parece increíble. Por ahí, ahora lo veo un poquito estancado al movimiento, pero creo que es sólo algo temporal. Esto pasa a veces, cuando la moda u otras cosas detienen un poco el progreso musical; pero veo generaciones nuevas de pibes, alumnos míos y otros que no (que tienen una cabeza muy abierta) haciendo propuestas muy interesantes. Hay muchos pibes que están siguiendo esta tradición que empezamos nosotros.

¿Qué te gusta escuchar ahora?
Trato de escuchar un poco de todo, escucho muchas cosas de jazz que antes no había escuchado o que redescubro ahora. Cosas de Wayne Shorter, discos de jazz de los `50 y ´60. Piazzolla es otro músico al que escucho siempre, ya que es una especie de Borges de la música, al que, a pesar de haberlo escuchado un montón de veces, siempre volvés… Del jazz actual, me gusta la última banda de Wayne Shorter. También escucho muchos grupos nuevos que me interesan mucho como la Dave Mathews Band, en donde hay un baterista muy bueno. En resumen: me gusta escuchar todo lo que suene bien. A mí, me gusta la música cuando desarrolla un motivo, con diferentes dinámicas y orquestaciones, dentro de una forma. Toda música que produce eso, sea el género que sea, me interesa. Cuando tiene una búsqueda tímbrica, orquestal (o instrumental), dinámica (de diferentes intensidades de volumen, en diferentes pasajes) y una evolución compositiva de los motivos; así definiría toda la música que me gusta. Todos estos son conceptos que incorporé a partir de mi labor junto a Moretto.

Emiliano Acevedo


3 comentarios:

  1. Otra excelente nota...me vino a la cabeza el recuerdo de verlo tocar en la tele (no recuerdo que programas), yo tendría, 11 o 12 añosy se los veia seguido a los ALAS y no podía creer lo que tocaba este cristiano jode hombre...como diria Torrente, un grosso...

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    1. Armando, muchas gracias por tu comentario, en youtube aparecio sin el audio estas imagenes de ese programa de TV que comentaste,
      https://youtu.be/evux5La-TVA?list=PLUzQwWaGgL6s998orNhGw9vCtmXyAfTbm

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    2. Este es pinta tu aldea de del show en el ateneo de 2003
      https://youtu.be/L7d45ivxl-8

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