
El
título de este disco no es casual. Hace referencia a su propia frase “Random is not whatever”, que obsesiona a García desde los 90. Como
explica el periodista Sergio Marchi en
su biografía No digas nada. Una vida de
Charly García: “El random es un
proceso aleatorio, en el que el azar o la casualidad son la variable principal.
Pero como bien dice el propio García, el random no es cualquier cosa, sino una
operación que generalmente llevan a cabo maquinas que establecen, por un
sistema algorítmico, distintos órdenes, otorgan parámetros determinados casi
por capricho o toman por idéntico procedimiento determinadas decisiones. Para
ejemplificar, si se pulsa la tecla ´random´ o ´shuffle´ en una compactera, la
máquina elegirá un tema del CD al azar. El random, en manos humanas, equivale a
encomendarse a la Divina Providencia, o en el mundo de Charly, ´buscar una cosa
y encontrar otra´”. Justamente, este Random
es una de las tantas sorpresas que el azar le deparó a García, y a sus fans,
por carácter transitivo.

En
función a esta situación, García entrega su primer disco en veinte años, con un
repertorio compuesto totalmente con temas propios. El último había sido el
discutido Say no more, de 1996,
venerado por los fans más acérrimos, y vituperado por el resto debido al carácter
experimental de su propuesta, quienes no alcanzaban a reconocer a su ídolo
detrás de esas paredes de disonancias que él mismo había edificado a su
alrededor.

El
positivismo ideológico de los textos también es fielmente reflejado en
canciones como “Primavera”, cándida crítica a la tecnología, con su tono festivo
y simpleza estructural, y esa intro inocente de banjo, a partir de la cual se
desarrolla una melodía símil adolescente, a la Sui Generis 2.0, en la que Charly (a la manera de Bob Dylan) se siente “hoy más joven que
ayer”, demarcando amigos y enemigos, como cuando canta: “ahora que estoy rehabilitado saldré de gira otra vez, me encerraran
cuando se acabe y roben lo que yo gané”.

“Ella
es tan Kubrick” es un rocanrol ligero, un poco flojo, pero simpático que repasa
la filmografía del gran cineasta norteamericano, uno de los preferidos de García,
aunque su melodía sinuosa hubiese turbado más que nunca a la música Wendy Carlos y a su jefe, el megalómano
Stanley, por supuesto. La siguiente
parada de este viaje se llama “Rivalidad”, una canción deliciosa que viaja
sobre la melodía del “Locomotion” de Goffin-King,
y aunque no paga boleto, pase o abono,
llega a buen destino, sorprendiendo a propios y ajenos, cuando Charly se pone
su smoking de fiesta, invitándonos a su Disco-Baby-Disco
personal. Buen tema, sin dudas.
“Otro”
es una canción con vocación de rock clásico y provocador, sintetizando
obsesiones propias de García. Una
enumeración de vicios varios, papeles, pelitos y papelazos; drogas, placebos y
sesiones de dementes psicoterapias, que van edificando un rockazo en la tradición
del clásico “No Toquen” o el más reciente “No importa”, de Kill Gil.
Sin
dudas, “Lluvia” es una gran canción, con reminiscencias al García de Filosofía Barata y Zapatos de Goma, que
retoma la fascinación de Charly por la estética cinematográfica. Después llega
“Believe”, cantada en inglés; otro muy
buen tema, bien pop sesentoso y garagero, con mucho ritmo, en el que el músico
da cuenta de sus influencias musicales primigenias.
¡Bienvenido
de vuelta! ¡Qué bueno es volver a encontrarse con ese Charly García irónico,
irreverente y gracioso de otras épocas, al que habíamos extrañado tanto! Y es
que “Amigos de Dios” está en la misma tónica de “José Mercado” y otros
clásicos, con el Bicolor metiendo el
dedo en la llaga, ironizando acerca de los pastores evangelistas de La Iglesia
Universal: “Es medianoche en la
televisión, cuando uno quiere algo de diversión, con maquillaje y sin disfraz,
aparecen los amigos de Dios. Son brasileiros, son de otro país, todos se
esconden debajo de un tapiz. Esto con Hitler, ya pasó, el milagro de una mala actuación
(…) Loco, cambio de canal, pero sigue el recital, ¿con qué mierda drogan a la
gente?” Y hasta se da el gusto de
tirarle una patadita al pasar al inefable Marcelingui,
el capo mayor de la televisión “basura”: “Toda
esta mierda sucedió, el día que Tinelli nació…”

El
cierre de Random llega con “Mundo B”,
que arranca con una cruda melodía en el piano, en la misma tónica de “Kill my
mother”, su tema en inglés incluido en El
Aguante. Luego, en la mitad de la canción, sorpresivamente, se desliza a
una cuidada cadena de acordes beatlescos,
hasta desembocar en un hermoso final que recuerda mucho a la melodía instrumental
de “Total interferencia”, el temazo compuesto por García y Spinetta, que cerraba Piano Bar. Mientras tanto, Charly se va, cantando los estribillos
de “I Want to Hold Your Hand” y “She Loves You”.

Pero
lo comercial no siempre es sinónimo de pobre, sino que a veces se transforma en
símbolo de algo accesible y disfrutable. Y eso es Ramdon: un disco para disfrutar una vez que uno reconoce que es
inútil pedirle a Charly que vuelva a realizar una obra maestra como Clics Modernos o Piano Bar. Ya lo hizo y nos quedan las grabaciones para seguir
disfrutándolas de por vida. Está en uno agradecer que siga ofreciendo nuevas
producciones o sufrir por lo que ya no es. Por supuesto, no solo por propia
voluntad sino por inexorable paso del tiempo y el océano de excesos al que lo
llevó el vivir siempre al borde, siendo fusible e icono máximo del rock más
visceral.
Random
es la prueba de que Charly está vivo y eso es motivo suficiente para disfrutar
esta alegría y compartirla.
Nacho
Melgarejo
Muy buena reseña Nacho! Gracias por compartir!
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