miércoles, 28 de septiembre de 2016

ÁCIDO CANARIO, Volumen 6; Todos hablan, nadie escucha: Buscándote entre el ruido...





Este no es un álbum para todo el mundo, no es una obra masiva, pero se mete con la híper comunicación masiva de hoy, porque ese Todos hablan, nadie escucha (el sexto disco de Ácido Canario, esta vez en formato digital) nos interpela en esta época mediatizada por las comunicaciones en la que el hombre, cual homo-mediático-simbólico, es atravesado (casi literalmente) por millones de mensajes, cada día-hora-minuto. ¿Una era de la (no) comunicación, quizás? Todo disponible para ver y no vemos nada, todos los discos a un clic de distancia para escuchar y no escuchamos nada; mensajes que vienen, mensajes que van, una urdimbre de sentido, pero no nos enteramos de nada… La impotencia hecha Babel.

Para combatir esa incomunicación, por lo pronto, aquí tenemos otro álbum de Ácido Canario, el proyecto propulsado por ese músico inquieto llamado Zelmar Garín (compositor, multiinstrumentista y factótum del sello artesanal de rock experimental Noseso Records). Un artista idealista e inusual, quien cada dos años, a partir de un nuevo propósito estético y sonoro, desarma y arma formaciones del grupo con nuevos instrumentistas e instrumentos. Justamente, en esta sexta encarnación, Francisco Ferreras se encarga de las guitarras eléctricas, Matías Díaz toca bajo y trombón, Nahuel Creche se ocupa del octapad; y el propio Zelmar de todo lo demás, incluyendo un set de objetos amplificados, pedales en feedback, percusiones, guitarras, chatarra, y voces.

Como se aprecia, los recursos compositivos utilizados por Ácido Canario son más que particulares: sin perder el polo de la canción, para componer se inspiran en una serie de partituras gráficas realizadas por ellos mismos y que moldean el estilo, sonoridad y pensamiento estético. Desde ellas toman forma las melodías, letras, paisajes sonoros, diferentes planos, y multiplicidad de voces en movimiento. Los músicos se valen de instrumentos convencionales e inventados, ritmos armados con la re-amplificación de objetos, material de descarte como chapas, antenas, juguetes intervenidos, etc. Los convencionales como bajo, guitarra y trombón a veces son preparados con diferentes objetos. También emplean instrumentos electrónicos como el octapad y sintetizador analógico.

Y ya que estamos hablando de esta instrumentación inusual, valga una mínima advertencia, debido a que un oyente desprevenido fácilmente se ahogaría en la maraña de sonidos de este álbum. Porque esta es una obra que se degusta de a poco, no sirve de nada tratar de escuchar solo una parte de la misma, ni siquiera tratar de discernir los instrumentos en forma individual, ya que lo mejor es hacerse una imagen auditiva de todo como un conjunto que cobra sentido en contexto. Figura y fondo, líneas sonoras que parten de una guitarra a otra, atravesando todo el espectro del estéreo, sobrevolando ruidos blancos del éter. Melodías que se apagan dando origen a otras. Diferentes patrones rítmicos que son a menudo tocados simultáneamente, hasta llegar a un punto en que cada uno de los sonidos encuentra su lugar en la canción.

Todo suena por algo, nada es aleatorio o circunstancial. Aunque no parezca, este es un viaje matemático. Ese parece ser el efecto en la música de Ácido Canario: mantener una parte fuera de balance, sin dar a entender nunca que es lo que vendrá, pero siempre haciendo sentir al oyente que una lógica progresión está teniendo lugar en sus propios términos. Con ritmos que arrancan y paran, tempos cambiantes, líneas angulares de guitarra, todo, formando parte de una pieza sónica compleja pero muy atractiva, casi atrapante, como un mantra.

Todos hablan… funciona como una advertencia, casi un manifiesto sonoro, en donde la música es potente y visceral, pero sin dejar de ser sutil en algunas oportunidades  Hay variaciones de frecuencias, muchos samples, voces desintonizadas, ecos espaciales. Como si fuera una transmisión de onda corta viajando por una fibra óptica conectada a una radio Siete Mares. El dial va girando, pero es difícil encontrar una voz entre tanto cotorreo. Nadie escucha, nadie escucha. Tenemos de todo para escuchar pero somos incapaces de hacerlo, estamos impedidos de entrada y nos quedamos en esa modorra de la que no queremos salir. Volvemos a lo mismo: ¿para que sirvió ser hombres híper simbólicos si no podemos saber nada de lo que pasa al lado?

Y dentro de este mundo hostil este es un disco crítico, originalísimo, a años luz del rock encorsetado que oímos día y noche en los parlantes del mainstream. Un rock artesanal, realizado a partir de instrumentos convencionales e inventados, que resulta un verdadero cross a la mandíbula. Efectos sonoros delirantes y sobrecogedores, referencias a un pasado de ciencia ficción cosiéndose a fuego lento en los Sábados de Súper Acción. ¿Es esta obra una crítica al Sistema como totalidad? Sí, pero también hay esperanza en su mensaje, hay ansias de encuentro en la desesperación, como se lee en la letra de “Medios”, lo más cercano a un “hit” que puede grabar Ácido Canario: “A pesar del color, no hay paisaje. A pesar del dolor no hay rescate…” Porque, aunque no parezca, este también puede llegar a ser un álbum cancionero, y con letras con un sentido. Son letras que  se unen con el concepto del nombre del disco, que hace referencia a la incomunicación y a la falta de abstracción para poder vislumbrar más allá de lo cotidiano e inmediato. El propósito está formulado y es uno solo: escapar de este vacío que nos abruma. Y ahí justo llega ese folk acústico y lisérgico llamado “Detrás de la oscuridad”, con sus violines y trombones, que funciona cual declaración de principios, “porque te ando buscando…”

Gran tema gran, “Guerrero” contiene guitarras eléctricas que recuerdan al Flaco Spinetta de Peluson of milk, latas y una melodía arrebatada. Por su parte, “Templanza” arremete, con ese sonido acústico, hermético, casi inasible, en donde el tempo se va desinflando hasta mixturarse con “Templanza conclusión”. Una comunión definitiva, como quien se une al éter para alcanzar ese campo de batalla pos-mass-mediático, en donde un “Alfil” (tal vez igual, tal vez distinto a los de Spinetta, Borges y Lewis Carroll) busca conseguir la redención del oyente. He aquí un tema neo-psicodélico, hermoso, que va recorriéndote la sesera de oreja a oreja, guiado por sonidos de guitarra a la Mike Oldfield. Una invocación radioeléctrica que trata de encontrar su lugar entre tanto ruido, incomunicación y percepciones viciadas.

En “Corazón” se alcanza una paz aparente con esos latidos que parecen preservarse en el fondo de una caverna. “Umbral”, por su parte, sintetiza leitmotivs y melodías de esta obra, en esa fusión que podrimos denominar (delirantemente, of course…) como candombe-jazz-rock-electrónica. Música avant garde industrial, que va creciendo al calor del mantra en donde, por fin, alcanzamos a darnos cuenta que el amor termina siendo la única verdad.

Así de simple, así de directo. Sin dudas, Todos hablan, nadie escucha es un álbum monumental. Para escuchar y volver a escuchar, degustándolo como un buen vino. Quizás sea este, por lejos, parte del nuevo rock más interesante que vas a conocer en estas latitudes…

Este disco se consigue en www.nosesorecords.com/tienda y su presentación será una escucha a oscuras con performance en El Emergente, Acuña de Figueroa 1030, el próximo 15 de octubre a las 21 horas.

Emiliano Acevedo

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