
Para
empezar, esta es una producción que no guarda ninguna relación con el material
compuesto por Gabriel en su ex grupo. Esto demuestra la capacidad de
este artista para reinventarse, alejándose de cualquier posibilidad mínima de
anquilosamiento. A su vez, la música incluida en esta ópera prima es densa y
vibrante. Seamos claros, lo que consigue Gabriel a partir de este disco
es comenzar a hacer todo lo que siempre quiso (musicalmente hablando). Eso
significaría menos desarrollos instrumentales que los incluidos en Genesis -cuando
la mayor parte del sonido descansaba en la figura omnipresente del tecladista Tony
Banks-, además de incluir arreglos musicales bastantes extravagantes -a
veces minimalistas, a veces pomposos- en algunas composiciones (como los de la
apertura de "Morbund the Burgermeister").
Además, Gabriel
suena atractivo, seductor o "sexy"; como sucede con su actitud
"rocker" puesta en juego en "Modern Love". Pero su abanico
estilístico no se agota ahí, como podemos apreciar en la atractiva "Excuse
Me", casi una pieza de estilo "doo wop"; incluso, cercana a un
estilo clásico de "cabaret"; y también en "Waiting for the Big
One", donde hay finísimos arreglos jazzísticos. Muchos de los momentos más
enérgicos del disco los podemos apreciar en temas como "Slowburn" o
en esa monumental mezcla de orquesta con música disco de "Down the Dolce Vita"; así como en el gran
cierre del disco con la emotiva "Here Comes the Flood", uno de los
temas paradigmáticos de toda la trayectoria de Gabriel.

Gabriel
y Ezrin utilizaron durante la grabación
a prestigiosos músicos invitados, como Robert
Fripp (guitarra), que venía de desarmar King Crimson dos años antes; Tony
Levin (bajo), por supuesto, luego también integrante de Crimson y
colaborador full time de Gabriel de aquí en más; el baterista Allan Schawartzberg, el percusionista Jimmy Maelen, el guitarrista Steve Hunter; y los tecladistas Jozef Chirowski y Larry Fast, quienes se ocuparon de los efectos sonoros y los
sintetizadores.

En resumen, Gabriel
hizo casi todo bien en este disco: primero, exorcizó cualquier fantasma "genesiano"
que podría haberlo molestado -recordemos que, en esa misma época, Genesis (ya
sin él) comenzaba a despegar y a tener un inédito éxito comercial-, y por el
otro lado, con esta obra sentaría los cimientos de una trayectoria propia, a
años luz de cualquier preconcepto, que, a la postre, lo mostraría como uno de
los artistas más coherentes y respetados de la música rock de los últimos 40
años.
E. A.
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