viernes, 24 de abril de 2026

CANTÁNDOLE A LEONARD COHEN, entrevista a Mario Siperman

 


Mario Siperman es tecladista, productor y también arquitecto, miembro fundacional de Los Fabulosos Cadillacs, con un paso previo por los adelantados del tecno-pop argentino Los Encargados. En la actualidad, emprende también una tarea titánica que es la regrabación en castellano de las canciones de Leonard Cohen. El proyecto, que empezó hace diez años, se llama El Poeta, y es una carpeta aún en desarrollo donde ya se sumaron a cantar Cucuza CastielloNito MestreEmilio Del GuercioSilvina Garré, Leo García, Teresa ParodiVíctor Heredia, Ariel MinimalDaniela Herrero, entre otros. En esta charla con Mario, hablamos de este proyecto y de sus comienzos en la música. 

ENTREVISTA> ¿Cuáles son tus proyectos musicales en la actualidad? 

Mi actualidad se centra en el proyecto de El Poeta, canciones de Leonard Cohen en español. Por supuesto, sigo con Los Cadillacs. En el proyecto de El Poeta estoy a full preparando el cuarto disco, que ya lo tengo casi terminado. 

¿Qué va a incluir este cuarto disco? 

Algo groso es que finalmente va a estar “Aleluya”, que es el tema más emblemático de Leonard Cohen. Lo va a cantar Beto Cuevas, el cantante del grupo chileno La Ley. También va a estar “So Long Marianne”, cantado por Víctor Heredia. ¿Quién más está? Eh, están Mariana Michi y Débora Dixon, y también va a haber un tema cantado por Gustavo Roca, que es mi compañero en este proyecto. De a poco, vamos a empezar también a meter temas cantados por alguno de nosotros. Algo fuera de lo común es que “I´m Your Man”, otro tema emblemático de Cohen, va estar interpretado por el periodista Gustavo Lutteral, que canta increíblemente bien. 

¿Cómo hacen las adaptaciones al castellano de las canciones de Cohen? 

Claro, la gracia del proyecto es justamente es esa: que la obra de Leonard Cohen merece ser disfrutada la música y entendida la letra. También por eso se llama “El Poeta”, para darle mucho hincapié a lo que significa la parte escrita de su obra. Y en general las adaptaciones las hacemos entre Gustavo y yo. Cuando lo hacemos nosotros, cuando elegimos el cantante que pensamos que es la persona ideal para esa canción, tenemos después un mini feedback entre los tres porque en general vienen a cantar esos temas gente con mucha experiencia y quizás encuentran alguna palabra que les resuena mejor, que les gusta más. Por ejemplo, en el caso de Cucuza Castiello -que cantó “Chelsea Hotel”- le metió unas palabras un poquito más en sintonía con el lenguaje arrabalero del tango y fueron ideas de él. Y después hay otros temas con algunas personas, como por ejemplo Richard Coleman que grabó “The Future”, que nos pidió hacer él mismo la letra en español. También pasó con Andrea Echeverri, de Aterciopelados, con el único tema del que tenemos dos versiones hasta ahora: “Coming Back to You”, porque en el primer disco la cantaba Antonio Birabent. La versión de Antonio es muy lineal a la letra original, mientras que, por el contrario, Andrea hizo una versión muy libre de la letra, tomando algunas frases y la idea del significado de la canción. Entonces, está bueno que pase eso, que haya distintas situaciones. Porque así como buscamos cantantes distintos para darle un distinto sabor a cada canción, está bueno estar abierto a que haya cambios en la letra, siempre respetando la idea original de la canción. 

Las interpretaciones en castellano tienen vida propia, ¿no? 

Como todo proyecto que lleva muchos años también evolucionamos nosotros. Entonces ahora escucho algunas palabras que usé para la traducción de alguna canción y digo, "Esta otra palabra hubiera estado mejor o hubiera respetado más el sentido de la canción, sí, esta frase la hubiera cambiado, etc." Pero eso, bueno, te pasa siempre, con cualquier música u obra que hagas. Después, cuando la ves con perspectiva, le encontrás las cosas que le podrías haber hecho mejor. Lo bueno es que el proyecto sigue en pie y seguimos haciéndolo, por lo tanto hay perspectiva para ver las cosas a lo lejos. 

¿Y tu pasión por Leonard Cohen de dónde viene? 

Mi pasión por Leonard Cohen viene de un lado extraño. Primero, hay algo bueno en este proyecto: es que yo no soy un fan enfermo de Leonard Cohen, como si lo soy de The Who o de los Beatles, en donde me sé hasta el color de los calzoncillos de John Lennon. Con Leonard Cohen me pasa que es un artista que me gusta mucho, pero no tengo un fanatismo enfermo. Es más, tengo algunos discos, pero no tengo muchos discos de él. Sí, terminé escuchando casi toda su obra, cuando me metí de lleno en el proyecto. Pero tampoco todo, cada tanto me aparecen temas que no conocía, los escucho y me parecen buenos. O sea, tiene de bueno eso, que es un artista en la que su obra obviamente está completa pues falleció, pero sigo descubriendo cosas que para mí son inéditas o desconocidas. Y eso me gusta porque hace que de acá al futuro no esté todo linealmente estipulado y organizado, ¿entendés? O sea, si yo hiciera hoy en día versiones en español de una banda como The Who, ya sabría qué temas irían y en qué orden, en cada uno de los discos de las versiones. En este caso eso no pasa. Está mucho más abierto. ¿Y de dónde viene? Viene de algo bastante deforme. En el año 1977 mi papá me regaló un libro que era la enciclopedia del rock de la [revista] New Musical Express. Y en la tapa creo que estaba Marc Bolan, un tipo muy glam rock. Ya estaba empezando el punk pero el libro es anterior, debe ser del 76, no me acuerdo bien. Porque todavía no figuraban las bandas de punk rock. Hay muchos artistas del glam rock como Bowie y demás. Entonces, mirando todas las fotos en el orden alfabético, en un momento me topo con la letra C y aparecía un artista con pelo cortito, vestido con saco y corbata. Era el auténtico bicho raro de mi enciclopedia del rock. Y eso me llevó a curiosear, a ver quién era, que hacía ese tipo raro dentro del rock. 

Aparte Cohen era bastante mayor en edad que el resto de la generación de jóvenes rockeros de la época… 

Claro. Sí, porque él en realidad en sus primeros años se dedicó a escribir literatura, a escribir libros, poesía, novelas. Y él cae en Nueva York con su primera canción que es “Suzanne” y creo que ya era un tipo como de 30 años. Para estar en Nueva York en 1966, era un viejo. Era un tipo más grande. 

Volviendo a esas épocas primigenias, contanos un poco cómo te iniciaste en la música, ¿por qué elegiste el piano? Porque en tu época había mucha pasión por las guitarras, ¿no? Era más usual una guitarra que un piano. 

En realidad me inicié en la música porque tuve la suerte de nacer en 1963. O sea, que tenía 6 o 7 años cuando se separaron los Beatles. Era un momento increíble de la música. Era como la novedad, no solo de la música, o sea, yo digo siempre que antes de los Beatles el mundo era en blanco y negro, y a partir de los Beatles el mundo se iluminó y fue de colores. Incluso la manera de vestirse de la gente. Como se vestía mi papá, con traje gris para ir a la oficina, a después pasar a ponerse una chomba con flores. O sea, yo estaba en el colegio primario y quería tener una banda de rock y justo conocí a un pibito que también tenía las hermanas un poco más grandes y que seguían a Pescado Rabioso, Invisible e íbamos a la casa para escuchar esos discos y nos volvíamos locos. Entonces, cuando estábamos en cuarto, quinto grado del colegio, ya habíamos armado un dúo que se llamaba Imagen. Un dúo en una onda Sui Generis, o algo así. Este amiguito mío tocaba la guitarra, entonces yo tenía que tocar el piano. Así fue, así empezó y siguió todo. 

¿Fuiste a clases de piano? 

Sí, con una profesora de piano, doña Rosita, que vivía a tres, cuatro cuadras de mi casa, y era la mamá del dentista del barrio. En esa época vivía en Barrio Norte. Estudié más clásico que otra cosa. Ahí un poco por la influencia académica de mis viejos que eran universitarios, que tenían estudios más serios, y te decían que si querías estudiar piano tenías que estudiar clásico. Lo cual, en realidad, es un error; hubiera sido mucho mejor que yo hubiera estudiado de chiquito música popular, más tipo jazz, porque eso me hubiera servido mucho más. Pero no se consideraba hacer eso. Ahí todavía existía el prejuicio hacia el rockero. 

El secundario lo hiciste en el Colegio Nacional Buenos Aires, ¿no? 

Sí. Lamentablemente fui al Buenos Aires durante la peor época de la dictadura, cursé entre 1977 y el 82. Así que era horrible. 

Para salir un poco de esa opresión te fuiste metiendo cada vez más en la música, ¿no? ¿Cómo fue eso? 

Claro, lo rescatable del colegio era que había cuatro o cinco pibes con los cuales escuchamos muy buena música, estábamos copados en la etapa del jazz rock, música progresiva, Piazzolla y toda una cosa media intelectual, pero también escuchábamos a Pappo´s Blues. Yo fui a ver mucho a Pappo´s Blues cuando era chico en el Teatro Estrellas, que era un teatro chiquitito. También fui a ver muchas veces a Piazzolla con su Quinteto, vi a La Máquina de Hacer Pájaros y a Crucis, que claramente era mi banda favorita de ese momento. Vi muchos recitales. Vi a Joe Cocker en el año 77, la primera vez que vino, y fue increíble; ahí fui con mi hermana. También vi a Ravi Shankar, Paco de Lucía, Chick Corea y Weather Report con Jaco Pastorius. Muchos shows a los que iba con mis compañeros de colegio. Me acuerdo que en esa época había una bandita de chetos que se copaban con la música disco, por Fiebre de Sábado Por La Noche, y nosotros los detestábamos, y hoy en día amamos esa música, inclusive ahora soy fanático de los Bee Gees. Mientras tanto, nosotros entonces éramos rockeros que escuchábamos Gentle Giant, Premiata Forneria Marconi, Jarrett 

¿Y a Los Encargados cómo llegás? 

Eso fue por Hugo Foigelman, un compañerito del Buenos Aires, un pibe que toca increíblemente el piano. Él era de Caballito y conocía a Daniel Melero, que era de Flores. Hugo tocaba en lo que en lo que fue el grupo previo a Los Encargados, que se llamaba Graffiti. A Hugo Foigelman lo sortean para la colimba y cuando se va me recomienda a mí como reemplazo suyo en Los Encargados. Y ahí empecé a escuchar un poco de música electrónica porque en lo de Melero había muy buenos discos. Cerca de su casa, en Acoyte y Rivadavia, había una disquería que llamaba Tower Records; por supuesto no tenía nada que ver con la cadena norteamericana, salvo que le habían copiado el nombre y el logo. Ellos tenían unos discos muy buenos, y así en lo de Melero no solo había discos de Kraftwerk, Ultravox, esas cosas, sino también había álbumes de los Talking Heads, Sex Pistols, The Clash, Visage, Bowie, y ahí ya empieza a surgir este parentesco con lo que después fueron los Cadillacs, por más que la primera época del grupo no es ni The Specials ni Madness ni ska, ni eso, pero sí había mucho punk rock. 

Creo que al primer rock argentino de los 80 The Clash lo influenció bastante. 

Claro, pero Melero entendía el sentido de poder hacer música sin ser un virtuoso. Él decía como tocar sin saber tocar. Eso es un poquito el criterio del comienzo de los Cadillacs también, que era un criterio completamente vanguardista para el rock nacional de esa época. O sea, era casi como un manifiesto intelectual que insultaba a las generaciones anteriores del rock nacional. Pero una actitud necesaria, porque eso es el rock. El rock es desobedecer las leyes prescriptas de lo que había que hacer en la generación anterior. Qué es también lo que pasa ahora… 

¿Eso sigue pasando en la actualidad? 

Mirá, ahora hay pibes que tocan increíble. Hay unos instrumentistas como no hubo nunca en la historia de la música. ¿Por qué? Porque van al colegio y en el colegio en la clase de música estudian a Spinetta. Pero ¿qué pasa? No tienen esa bronca interna que teníamos nosotros hace más de cuarenta años. O sea, hoy en día, nosotros, los papás, queremos que nuestros hijos sean músicos o futbolistas, no queremos más que sean abogados, médicos, ingenieros o ingenieros de caminos. Entonces, les compramos las mejores Gibson Les Paul, los mejores teclados Nord, para que nuestros hijos hagan música. Entonces nuestros hijos tocan todo muy bien, pero ¿dónde está la bronca y el fuego? Es todo más difícil por eso. Pensá que todos los músicos que nosotros amamos: los Beatles, los Rolling Stones, Pink Floyd o The Who, eran todos pibitos que de bebés estuvieron en un refugio escuchando como les caían bombas encima. La mayoría se criaron en la calle sin padres, sin nada, con tías que le decían: "Vos con la guitarrita te vas a morir de hambre." Con todo eso. O sea, es durísimo, pero es una escuela que los pibes de ahora no tienen. 

¿Lo de Los Cadillacs empieza cuando te vas de Los Encargados? 

Yo básicamente me voy de Los Encargados porque me fui a tocar con Los Cadillacs que eran mis compañeros de diversión del fin de semana. Eran todos pibes de mi edad, mientras que Melero debe tener 6 años más que yo, me parece. Imaginate que cuando él tenía 24 o 25, yo tenía 18. O sea, no era mí. Estábamos juntos, éramos amigos, pero no era un amigo que iba a llamarme para hacer algo el fin de semana, ¿entendés? Entonces, en ese momento, yo opté por hacer música con los pibes con los que salía el fin de semana a pelotudear. Eso es como es y lo que me llevó a la decisión de dejar de tocar con Melero. Dejé de tocar con Los Encargados, que era una banda que no terminaba de trascender, pero que tenía un nombre, ya había armado sus cosas, para empezar a tocar con pibes con los que no habíamos hecho nada. Pero opté por eso, porque opté por la amistad, y sentirme más cómodo que con vidas mucho más grandes que yo. 

Y empiezan un poco con el rockabilly para después apuntar más por el ska y demás, ¿eso era un poco por los discos que escuchaban? 

Sí, sí. Claro, por eso se llamaba Cadillacs 57 también. El rockabilly y demás, creo que nos llegaron primero por los discos de los Stray Cats antes de empezar a escuchar Madness. Y los discos de Stray Cats estaban buenísimos. Eran espectaculares. Entonces, nos metimos un poquito más por ese lado y después sí, descubrimos Madness, The Specials y eso, y no solo nos encantaban sino que también era algo que podíamos tocar. Porque si nos llegaba a encantar “La Novena” de Beethoven, no hubiésemos podido tocar eso. Así que, por suerte, encontramos algo que nos gustaba y que era fácil. 

Sí, bueno, pero después aprendieron mucho, ahora son una institución musical… 

Bueno, claro, un poquito te lo estoy exagerando para hacerlo más divertido, pero, claro, vos escuchás Madness y los arreglos son muy sofisticados. No es joda. O sea, hay arreglos muy buenos, complicados y difíciles de tocar. 

¿Pegaron de entrada con Los Cadillacs? 

Sí, la verdad que fue todo muy rápido. Hicimos cuatro o cinco shows y eso también era lo lindo de esa época. O sea, por más que era complicado, tocamos en un barcito llamado Blues, en Marcelo T. de Alvear y Talcahuano y estaban en ese momento los directores artísticos de las compañías discográficas, que eran cinco, seis: EMI, CBS, RCA, Interdisc y no mucho más. Había cazadores de talentos yendo a ver a las nuevas bandas. Y nos vieron tocar ahí, así a la semana habíamos firmado contrato con Interdisc, con Pelo Aprile. Así fue y entramos a grabar rápido el primer disco, obviamente estábamos muy verdes musicalmente… En fin, hay muchas cosas de preproducción en el primer disco que son un desastre. Pero ese desastre también tiene su onda. Porque también pasó que, para el que buscaba algo distinto para escuchar, lo nuestro era una novedad, era algo fresco, divertido. Capaz que también generamos empatía por ese lado. Así que con el primer disco, por más que tiene muchos defectos, nos fue muy bien. Y eso fue el comienzo de esta historia en la que estamos hasta hoy, cuarenta años después… 

Emiliano Acevedo


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