martes, 20 de octubre de 2026

MANAL, Reunión: Recorriendo el disco con Claudio Gabis

 


En 1980, Manal volvió a reunirse después de años de separación. La vuelta de Javier Martínez, Claudio Gabis y Alejandro Medina no solo puso nuevamente en escena a uno de los grupos fundacionales del rock argentino: también reabrió una historia de afinidades, diferencias y vínculos personales que el tiempo no había dejado intactos. El álbum Reunión, publicado en 1981, documentó ese reencuentro y sus circunstancias, en un contexto muy diferente al de los primeros años de la banda. 

¿Qué había quedado de aquella sociedad musical? ¿Cómo se relacionaban tres personalidades que habían compartido una experiencia decisiva y luego habían seguido caminos distintos? En esta charla exclusiva, Claudio Gabis reconstruye los entretelones de aquella reunión, repasa la dinámica interna de Manal y pone en perspectiva las relaciones entre sus integrantes, entre la memoria de lo vivido y las tensiones de volver a encontrarse. 

ENTREVISTA> En esta nota vamos a hablar del disco Reunión. Recapitulemos, ustedes se habían separado en 1971, ¿no? 

Exactamente. Hacia mediados del 71. 

Ya estaban muy crispadas las relaciones entre ustedes. 

Eh, sí, sí. Hay un punto de partida que, por supuesto, es mi opinión y es que Javier tendría que haber sido solista desde el comienzo de su carrera. O sea, que él tenía las capacidades, las habilidades y el talento como para emprender desde el vamos una carrera solista, pero no poseía ciertas capacidades de trabajo y de liderazgo. Por lo cual, finalmente, cuando se forma Manal, Javier se ve integrado dentro de un trío de pares, con dos músicos que tienen su mismo nivel y que de ninguna manera se asumen como acompañantes, sino cada uno como un par del otro durante un periodo que corresponde más o menos a la primera etapa de Manal, hasta la grabación del primer disco y un poco más. Esa situación se estabiliza, y fuimos realmente un grupo de tres socios igualitarios con igual capacidad de decisión y de liderazgo mutuo. 

Una estabilidad grupal que se terminó por romper… 

Pasó eso sobre todo por consejos de terceros, cuando Javier vuelve a soñar con su posición de solista. Eso afectó mucho al trío porque nosotros lo sentíamos, lo sabíamos. Además, nos llevaban chismes, conversaciones, cosas de él y ya estaban muy crispadas las cosas. 

¿Los chismes les llegaban por parte del manager, los periodistas? ¿Qué era?

Era una cuestión del ambiente que cada uno tenía y de lo que nos decían a cada uno, las cosas que en un determinado momento hizo que la pectina que nos unía se deteriorara. Así empezamos a notar que el grupo ya no está funcionando como debía, que al fin se destruía lo que se había construido en los años anteriores, que era claramente como cada uno empezaba a pensar en una carrera solista porque ya no hay más remedio. 

Al principio se integran a La Pesada con Billy Bond, vos y Alejandro más activamente y Javier muchísimo menos… 

Sí, a esa incipiente etapa de La Pesada en donde cambian los integrantes todos los días. Luego, cuando el grupo estuvo más establecido, es cuando yo entro a La Pesada con Kubero Díaz, Isa Portugheis, Jimmy Márquez, Alejandro Medina, Billy Bond y Jorge Pinchevsky. Ahí Javier no se integra de una manera permanente y ya empieza a hacer los planes que después conducen a que se vaya del país. Luego yo me mudo a Brasil, una mudanza que se va haciendo en varias etapas. Así cada uno de nosotros sigue su camino. 

Vos también estudiaste en Berklee, te perfeccionaste. ¿Cómo se da luego el tema de la reunión de Manal? 

Bueno, yo vine a Buenos Aires a comienzos de 1980. Yo vivía en Brasil, en Río, vine a Buenos Aires y justo sucedió la reunión de Almendra… 

Okay, ¿vos estabas tocando en ese momento en Índex? 

Sí. Estaba en Índex, claro. Así que vine a visitar a mi familia. Mi madre no estaba bien, tenía problemas psiquiátricos, y entonces vine a asistirlo un poco a mi padre con eso y justo se reunió Almendra. Ipso facto después de la reunión de Almendra me llama Pedro Pujó y me dice quiere reunirse conmigo. Efectivamente nos encontramos con un tercer personaje, Mauricio Zalcberg, que estaba asociándose con Pedro Pujó y me dicen: "Bueno, se ha reunido Almendra. ¿Qué opinas de reunir a Manal?” Yo le dije que me parecía muy bien, que era fantástico, porque además era una reivindicación de nuestra validez junto a Almendra y nuestra importancia en el nacimiento del movimiento del rock en Argentina. Además, era una buena oportunidad para nosotros como grupo humano. En ese momento Javier estaba viviendo en Barcelona. Alejandro estaba aquí y yo estaba en contacto con él en forma permanente. Así que tomé la propuesta y me reuní con Alejandro y se lo propuse. Alejandro dijo que sí, inmediatamente. Entonces yo les dije: "Con Javier no se va a poder resolver esto hablándolo por teléfono. Esto por llamada internacional no se resuelve”. Y entonces aceptaron que yo viajara a España y que tuviera reuniones en persona con Javier para convencerlo de hacer la reunión del grupo. Y fue lo que pasó, viajé a Europa, me encontré con Javier en Barcelona, y no tuve muchas dificultades en convencerlo. 

Fue rápido… 

Sí. Me puso sus condiciones de que viajara su chica. Esas fueron sus condiciones previas, se fijó una cantidad de dinero que era interesante en ese momento para cada uno y se firmó un contrato. Así se inició el proceso que consistió en que yo me quedara en Europa. Yo había viajado con mi esposa, ella se volvió a Brasil, y yo me quedé en Barcelona. Después de hacer un periplo por otros lugares, me quedé con Javier, para viajar de vuelta con él. Primero pasamos por Nueva York y compramos instrumentos ahí. Otra de nuestras condiciones había sido tener un adelanto de dinero para comprar instrumentos. Luego de esa estadía viajamos a Río de Janeiro. Alejandro fue desde aquí para Río, y nos reunimos los tres allá. 

Así empezaron los ensayos… 

Sí. Se alquiló una quinta a unos 140, 150 km de Río y ahí ensayamos antes de venir a hacer la presentación aquí, a principios de 1980. 

Ok. Hacen los conciertos en Obras, uno con televisación de Canal 11… 

Sí, una grabación que me encantaría conseguir, pero nunca lo pude hacer. En fin, los conciertos son exitosos, reunimos alrededor de 25 o 30 mil personas. Creo que fueron cinco o seis conciertos en Obras. El grupo sonaba muy bien, estábamos muy influenciados en aquella época por el rock y el jazz fusión, por esa etapa del virtuosismo. Con más complejidad musical, ya los tres nos habíamos desarrollado cada uno en el terreno de la composición y teníamos temas para aportar, no solo Javier. Durante la primera etapa del grupo, Javier, salvo en “Avellaneda Blues” que lo hizo conmigo, todos los temas eran de él. 

En este caso era una reunión en igualdad de condiciones… 

Se podría decir que sí. También digamos que cuando se realiza la reunión se había establecido una relación absolutamente igualitaria entre los tres. Con cierta mayor responsabilidad de mi parte ya que había reunido el grupo y también podía llevar un control administrativo de lo que estamos haciendo. Es decir, me ocupaba un poco de la parte material porque a partir de los conciertos decidimos continuar un tiempo, pero no en forma ilimitada. Nos fijamos unos meses. Lo que pasó es que después nos engolosinamos con Manal, su funcionamiento, como sonaba y todo lo demás, y decidimos seguir. Pero justo se da el comienzo de toda la nueva ola de los grupos que encarnaban la movida de los raros peinados nuevos, y empezaron a surgir grupos como Virus, Soda Stereo y todo eso. Dentro de ese entorno musical Manal desentonaba, porque lo que nosotros hacíamos era blues y fusión. No era lo que la gente esperaba. Nos decían que nuestra música era antigua y depresiva. Justo se estaba saliendo del periodo más oscuro del Proceso Militar, y la música empezó a adquirir un matiz más pasatista, mientras que, por el contrario, las letras y las cosas de Manal eran muy serias. Nuestra actitud era muy seria, la carga instrumental era muy importante y no era acorde con lo que se estaba haciendo en el mundo del rock o del pop latino. 

¿Por eso no funcionó la cosa? 

Yo creo que después del primer bombazo que produjo la reunión de Manal con los shows en Obras Sanitarias y dos o tres cositas más, empezó a decaer la expectativa puesta en nosotros. También empezó a decaer la convocatoria del grupo en los shows en vivo. 

Porque siguieron tocando, estuvieron en La Falda, hicieron más shows… 

Sí, tal cual. Pero en una clara línea descendente. 

Incluso, corregime si me equivoco, en un show tuvieron de teloneros a Los Redondos… 

Efectivamente, cerca de La Plata, no recuerdo si en Villa Elisa o en City Bell. 

Antes firman contrato discográfico con CBS. 

Sí, se consigue firmar un contrato discográfico con CBS que era bastante bueno. Así se plantea la grabación de un disco nuevo en donde preparamos el material, todas canciones nuevas y entramos al estudio con muchísimas ganas. La relación se había restablecido bastante bien entre nosotros. Musicalmente funcionábamos bien y grabamos ese disco con temas de los tres, con un sonido y una sofisticación propia del momento musical que se vivía.

 

REUNIÓN, TEMA POR TEMA

 

Pasemos al disco en sí. ¿Cómo se hizo la tapa? 

La tapa es una foto de José Luis Perotta, que era un gran amigo nuestro. Perotta fue un excelente fotógrafo y uno de los primeros que les sacaron fotos a Manal y la tapa es una escultura de un amigo mío, Carlos Alves de Lima. La escultura de Carlos es una representación de un homo urbanus, ¿no?, que nos gustó mucho. Es una buena tapa, tiene un buen arte. 

Adentro del disco hay otra foto de ustedes, hecha por Perotta en la Costanera, ¿no? 

Sí, tal cual. En la Costanera, en la parte del extremo norte de Puerto Nuevo. 

¿Cómo fue la grabación del disco? 

Fue a principios de 1981 en el tradicional estudio grande de CBS en la calle Paraguay.  Un super estudio. Nosotros nunca llevábamos gente a las grabaciones. Siempre solos con nuestro stage manager, Román Rulo Rodríguez, que también tocó percusión en algún tema. Tuvimos como invitado a Fats Fernández en dos temas. La grabación fue fantástica porque ya había una tecnología infinitamente más sofisticada y mejor que la que tuvimos en la grabación de los dos primeros discos, 10 años antes. Había recursos que antes no existían. Nosotros teníamos mucha más experiencia. El clima dentro del grupo era todavía bueno. 

¿Cómo eran los ensayos del grupo en ese momento? ¿Eran de encontrarse los tres a ensayar al mismo tiempo? Porque Medina dijo en una entrevista que había dificultades, porque por ahí Javier tardaba más, ¿puede ser? 

Bueno, Javier siempre tardaba más. Por eso te hablaba de la impecabilidad necesaria para liderar un grupo como ese. Había que ser impecable y tener una conducta que a Javier siempre le costó, no solo en relación a Manal… 

Él era más bohemio… 

Bueno, si querés utilizar esa palabra puede ser. Lo que pasaba es que yo además seguía viviendo en Brasil, así que no estaba todo el tiempo acá. Iba y venía. Yo seguía con mi familia en Brasil y estaba dos meses aquí y luego pasaba dos meses allá, porque estábamos excediendo el plan original. El plan original era hacer los conciertos de la reunión y después seguir con conciertos esporádicos y de repente se había replanteado la cosa hacia una resurrección plena de Manal. Que desde el punto de vista material era muy difícil, porque ya te digo, yo vivía fuera. De cualquier forma, ensayábamos bastante. El grupo sonaba muy bien, estaba sonando fenómeno. Estábamos los tres tocando bastante bien y entramos al estudio con todas las ganas de hacer un buen disco. 

¿Qué te acordás de “¿Doblé en una esquina”, el tema que abre el disco? 

“Doblé en una esquina” es un tema que fue subestimado por la gente, pero es un gran tema. Tiene una letra… ¿Cómo te diría? De un romanticismo simpático, ¿no? 

Un tono muy porteño… 

Muy porteño. Tiene un buen riff, una buena melodía, la letra es buena, es un buen tema de Javier, y yo particularmente me basé muchísimo en todo el acompañamiento, con un arreglo basado en The Police. Yo me basé muchísimo en Andy Summers. Además, era un buen tema de difusión, ese era el objetivo, ¿no?, que el tema sonara en la radio. 

¿A vos te gustaba The Police? Eso es toda una revelación. 

Me gustaba mucho, sí, sí, sí. Los escuchaba mucho. 

Un trío como ustedes, también con relaciones complicadas… 

El trío es una forma dificultosa, porque además nunca es estable, y siempre son dos contra uno. Va variando la cosa, pero siempre son dos contra uno en las relaciones internas del trío. 

¿Cómo hacía los temas Javier? ¿Con la guitarra acústica? 

Sí. Javier los hacía con la guitarra, con toda una serie de recursos autodidactas, pero con muchísima eficacia. Los temas de Javier son muy complejos armónicamente. Por eso cuando se habla de Manal, como un grupo de blues, que toca blues, eso no es exacto. En Manal hay tres, cuatro, cinco blues en todo su repertorio, y todo lo demás se acerca más al soul, al jazz. Javier, con esa metodología sui generis que tenía, conseguía una eficacia compositiva extraordinaria en sus temas. Y todo eso nos daba lugar a poder hacer cosas muy interesantes, ¿no? Y en ese disco las hay. 

El segundo tema del disco es tuyo: “Como si fuera a tocar las estrellas”. ¿Cómo lo hiciste? 

Bueno, es un tema basado en la ciencia ficción, específicamente en una novela de Olaf Stapledon que se llama El Hacedor de Estrellas, publicada por Minotauro en los años 60, con prólogo de Borges. Es una obra muy emblemática de la ciencia ficción de la primera mitad del siglo XX, y yo me inspiré en eso. Siempre he sido un gran lector de la ciencia ficción y ese tema habla de la imposibilidad de entender dónde estamos y de alcanzar eso que vemos, pero no sabemos qué es, ni que hay. Y es un tema con mucha influencia del jazz rock, ¿no? Inclusive el solo es muy jazzístico. Hay varios temas con tratamiento jazzístico en el disco. 

Vos sos muy lector, ¿no? Porque en tu primer disco solista también hablabas de un cuento de Lovecraft, creo. 

Sí. En tres temas, una trilogía de ficción: “El viaje de Lord Dunsany”, “Fiebre de la ruta” y “Más allá del valle del tiempo”. La frase de “mis ardientes pies” salió de un cuento de Lovecraft, de la serie de Los Mitos de Cthulhu.  Entonces, “Como si fuera tocar las estrellas” completaría ya una tetralogía. 

Tu tema lo canta Alejandro. A esa altura vos ya no querías cantar, ¿no? Porque al principio, en tu primer solista, sí lo habías hecho… 

Sí, nunca fui estimulado a cantar, al contrario, me hubiera gustado cantar más. Ya te digo, la estructura, los acordes y todo lo que conforma el tema son muy de jazz fusión de aquella época. 

Luego sigue “Juega al juego, jugador”, de Medina. Es un tema que él ya traía de su época en Pappo´s Blues, creo, ¿no? 

Efectivamente, muy buen tema. Sí, en ese tema mi interpretación es mala. Yo usé un distorsionador que no funcionaba bien y quedó así, pero el tema es buenísimo, con una onda media funky y muchísima potencia, la potencia habitual que había en las cosas de Medina. Un tema muy bueno. 

“Te daré mi mano”, es otro temazo de Martínez… 

Es un temazo con una letra espectacular. Le hicimos un arreglo complicado, también muy sofisticado, tiene sitar en algunas partes. Le puse sitar, tiene un trabajo importante de guitarra, bajo y batería. Quedó buenísimo. Y el tema es extraordinario con un mensaje además muy humano de amor y de solidaridad. Un tema que Javier después lo grabó de nuevo. 

Vos te copabas mucho con la onda oriental, ¿no? Con los ragas y demás… 

Tal cual. Se habla mucho de que yo traje el blues a la Argentina, pero además traje la música de la India, traje el raga… 

Apareciste tocando raga con Isa en los estudios Phonalex, ahí en esa escena de la película Hasta que se ponga el sol… 

Claro, tal cual. Ahí en la película ya estoy tocando, o sea que introduje también en Argentina no solo digamos el blues y aledaños, sino que fui de los primeros que se atrevió a hacer algo que tenía que ver con la música de la India, ¿no? 

Bueno, el lado B de Reunión empieza con “Sacúdeme la vida”, otro temazo de Medina. 

Otro temazo de Medina, latino, no inspirado directamente, pero muy cercano a Santana y a esa onda. Ahí ya participa Fats Fernández haciendo unos riffs. Es un buen tema, también muy bien cantado por Medina. Yo he tenido la suerte de trabajar con los dos mejores cantantes de este tipo de música que ha habido en Argentina, en mi opinión, ¿no? Es un muy buen tema, que venía de antes en el repertorio de Alejandro. Yo sí me inspiré en Santana en la manera de tocar la guitarra. 

¿Fats era amigo de ustedes? 

Era un amigo, sí. Nosotros éramos amigos de toda la gente de jazz, había mucha comunión con toda esa gente. 

Llega luego “Nos veremos mañana”, otro tema de Javier… 

Sí. Eso es un blues menor potentísimo. Ahí yo también toqué el órgano y el piano, a parte de la guitarra. Tiene una letra fantástica, una evocación de la soledad urbana y de cómo son las relaciones amorosas en esta jungla. Yo te diría que está conectado un poco con “Necesito un amor”, pero es más crudo, ya pertenece a una etapa de más escepticismo con respecto a los temas de amor anteriores de Javier. 

Llega otro tema de Medina: “Tengo algo en mi mente para vos”. 

Bueno, es francamente un tema en swing, medio jazzístico, yo hago un solo totalmente jazzístico con influencias de George Benson. También toca Fats Fernández en el tema, que tiene la picaresca propia de Medina. Alejandro siempre juega con el doble sentido, con la sensualidad del amor, y también está muy bien cantado y tocado. A nosotros nos gustaba tocar aproximándonos un poco lo que podíamos al lenguaje de jazz. Siempre nos gustó mucho el jazz. 

Y el disco se cierra con “La Centuria”, otro tema tuyo, casi eminentemente instrumental… 

Sí, y muy influenciado por la música de Pat Metheny. Yo hice el tema durante una época en que escuchaba mucho a Pat. Lo había conocido en Boston y había asistido a su estreno con el Pat Metheny Group. Yo estaba enamoradísimo, copadísimo, con el lenguaje de Pat y el tema está inspirado un poco en su música. De hecho, el solo está estructurado en base a una armonía de él, a la combinación modal, en realidad, de los modos del solo de un tema de Pat Metheny que se llama “San Lorenzo”. Ese es un tema en el cual el solo lo hace la Lyle Mays en el piano, yo tomé esa estructura de solo y es la que tiene “La centuria”. Y está también inspirado en Las centurias, en realidad, que es la obra de Nostradamus. Me basé en esa obra profética o pseudo profética. 

Después de que termina de grabarse el disco, ¿cuánto duraron juntos? 

No te sabría decir, pero poco tiempo. Después de grabado el disco se acentuó la disminución de convocatoria de Manal. Seamos claros. Tocábamos y había poca gente. No era lo que tenía que ser. Y también empiezan a repetirse las mismas situaciones desagradables y des vinculantes que habíamos tenido antes, ¿no? Entonces, yo quiero volverme a Brasil y quedarme allá, no estar yendo y viniendo, porque eso estaba resintiendo mi relación matrimonial. Por otra parte, Javier vuelve a pensar en lanzar su carrera solista, Alejandro también, hay desavenencias, ausencias, en fin, vuelven a repetirse las mismas cosas, los mismos síndromes de desavenencias de 10 años antes. Finalmente ocurren dos o tres sucesos, más urticantes y finalmente yo digo: "No, chau. Yo me voy a Brasil…” Ahí se terminó el grupo. 

No se pudo sostener en el tiempo… 

No. Pero ya te digo, el plan inicial era hacerlo solo unos meses, y luego empezaron a surgir desavenencias porque nos habíamos extendido, creyendo que podíamos reconstruir para siempre el grupo, pero terminamos cayendo en los mismos problemas de antes. No era algo que pensaba solo yo, era algo que pensábamos los tres con mayor o menor, como te diría, sinceridad, honestidad. Así que no me acuerdo exactamente de una situación límite, pero se da el portazo final, y se decide clausurar el grupo. Terminarlo. Así se terminó todo. 

En una entrevista, Javier dijo que le hubiera gustado grabar un disco de Manal cada tanto, pero que al final no se dio… 

Claro, a mí también, y a Alejandro también. Pero lo que pasa es que había una serie de problemas de base en nuestra relación que se habían acentuado. Ya habían pasado 10 años, éramos más adultos cada uno, más afirmados en nuestra propia personalidad, en nuestro propio criterio, en nuestra propia estética y proyecto artístico. Estábamos muy firmes cada uno en su lugar. Habíamos crecido cada uno en lo suyo. Si bien durante la primera etapa del grupo habíamos logrado un momento de placidez, buena relación y amistad; en esta segunda etapa también lo logramos, pero al poco tiempo, al irse repitiendo los problemas que ya habíamos tenido, evidentemente ya éramos tres tipos 10 años más grandes, cada uno con sus proyectos de vida particular, así que no tenía sentido seguir juntos, no podíamos. 

En los 90 hubo dos reencuentros parciales de dos integrantes, pero siempre faltaba la tercera pata del grupo… 

Sí, por ejemplo, está Manal en el Roxy. Siempre dice, Manal en el Roxy (Sin Claudio Gabis). Es decir, está aclarando que no es Manal. Manal es Javier Martínez, Alejandro Medina y Claudio Gabis. Eso era Manal. Manal era la reunión de los tres. Ni Javier poniéndose “Manal, Javier Martínez”. Ni yo poniendo “Claudio Gabis Manal”. Ni Alejandro poniéndose “Manal”, Pappo´s Blues o lo que fuere. Manal éramos los tres. Y punto. 

¿Los problemas personales también terminaron frustrando la última reunión de 2014?

Sí, se frustra por las mismas desavenencias personales. Esa fue una reunión muy difícil de producir, se hizo gracias a la habilidad de Corcho [Rodríguez], su sabiduría intelectual y callejera permitió reunirnos. Pero era muy difícil, muy difícil. Yo creo que ninguno de los tres llegó a ilusionarse con esa reunión. Era conveniente desde el punto de vista artístico, desde el punto de vista económico y era algo que tenía que producirse. Pero ninguno pensó que eso podría tener una continuidad segura y posible. 


Incluso se había proyectado un show en la Calle Corrientes, en el Gran Rex… 

Sí, que finalmente no se produjo por diversas razones, algunas económicas y otras debido a que ya cada uno había vuelto, digamos, a una actitud completamente individualista y sin expectativa, ilusión o esperanza de reencuentro. En 2014, al principio, había una cierta ilusión de reconciliación. Básicamente reconciliación de Javier con nosotros dos. Porque a lo largo de tantos años Javier había contraído lo que yo llamo “el síndrome de La Mancha”. Para lo cual hay que leer a Cervantes. ¿No? Yo creo que Javier había identificado a Alejandro Medina y a Claudio Gabis como molinos de viento, nos había identificado como enemigos, y entonces se había agudizado mucho eso. Esta última reunión se produjo, pero se nota mucho la tensión existente en el documental que hizo el Corcho. En fin, no éramos un grupo de tres ilusionados debutantes. Estábamos ahí haciendo un esfuerzo para llevarnos bien… 

Se vio de entrada eso, ¿no? 

Sí, muy rápido en los ensayos se vio que la reconciliación auténtica y duradera y un sinceramiento de nuestra relación mutua no se iba a producir y, bueno, terminamos con la reunión, después nos volvimos a reunir para tocar en el 17 para tocar dos o tres temas en el Teatro Vorterix, en un festival que organizó el Corcho, pero ya estaba todo roto. No hacía falta que apareciera Billy para decir: "Rompan todo." No, ya estaba todo roto entre nosotros. No había forma de restablecerlo, lamentablemente. 

Tal cual. Una pena porque la química musical existía entre ustedes… 

Sí, a pesar de nosotros. Es decir, podíamos tocar juntos a pesar de esa tensión, ese enfrentamiento y esa dificultad de relacionamiento que nosotros siempre tuvimos; además por ser personajes de diferentes extracciones sociales, de diferentes educaciones y de diferentes criterios y proyectos vitales... Pero eso en la primera etapa en la grabación de Reunión en 1981 y en parte un poquito en algunas cosas de la reunión de 2014, esa tensión que en otro grupo hubiera producido, digamos, caos, en Manal se traducía en potencia y en una especie de fisión nuclear. O sea, todo ese esa tensión energética gravo magnética se convertía en una cosa atractiva, ¿no? Como esas relaciones amorosas en las cuales hay enfrentamiento y problemas, pero, sin embargo, eso conduce a hacer muy bien el amor, por ejemplo. En nuestro caso conducía a hacer muy bien música. 

¿Hoy, a la distancia, como ves a Reunión dentro de la discografía de Manal? 

Bueno, es un disco excelente. Está muy bien tocado, muy bien grabado. Eh, tuvo mucha influencia en el trabajo de Miguel Abuelo cuando volvió a fundar Los Abuelos de la Nada en los ochentas. Creo que es un disco que está subestimado, no es conocido, pero los temas son buenos, las interpretaciones son muy buenas. Es una lástima porque mostraba un Manal que había evolucionado, cada uno de nosotros había evolucionado mucho y estábamos tocando muy bien y sonábamos muy bien juntos. Quizás, si hubiéramos tenido una mayor respuesta del público, en aquel momento esta segunda disolución que se produjo no se hubiera producido de la misma manera y Manal hubiera podido seguir funcionando de esa forma en que te mencionaba Javier que era cada tanto reunirnos, hacer un par de recitales y grabar alguna cosa más. Lamentablemente, no se dio. 

Emiliano Acevedo




No hay comentarios:

Publicar un comentario