sábado, 8 de agosto de 2015

AMBROSIA: El pop sinfónico más experimental



Estamos en 1970, en un suburbio de Los Angeles, California, David Pack (guitarra y voz), Joe Puerta (bajo y voz), Burleigh Drummond (batería) y Christopher North (teclados) fundan Ambrosia. Los impulsa su gusto en común por la música y las armonías vocales de Crosby, Stills, Nash & Young. De esta forma, empiezan a experimentar con un repertorio ecléctico de temas propios.  Y es que, justamente, el nombre que le ponen a su grupo representaba la visión de sus ideales musicales, que incluían todo tipo de formas, texturas, colores y estilos.

Si bien va a pasar bastante tiempo hasta que consigan firmar un contrato discográfico, Ambrosia pronto consigue hacerse medianamente conocido dentro del mundillo under de los grupos angelinos, despertando la admiración de cierto público interesado en la movida del rock progresivo, que ya empezaba a ser predominante en Inglaterra. Y es que los músicos de Ambrosia –entusiasmados por los primeros trabajos de King Crimson- estaban empecinados en su afán de integrar todas sus influencias musicales hasta crear un repertorio propio que estuviera en la misma veta que la de sus colegas ingleses.

En 1971 un sonidista amigo del grupo, que estaba trabajando en el famoso Hollywood Bowl, los invita a tocar en este escenario para probar un nuevo sistema de sonido que había sido instalado allí. Al verlos tocar, Gordon Parry, el ingeniero de sonido a cargo del Bowl, queda tan impresionado con Ambrosia, que les regala entradas para que vean un par de presentaciones de la Filarmónica de Los Angeles, dirigida por el famoso Zubin Mehta. Luego de que Parry se los presentara, Mehta, también entusiasmado con la propuesta de Ambrosia, decide incluir a la banda como parte de un concierto llamado All-American Dream Concert.

Luego de esta experiencia, Ambrosia audicionó en vivo para el ejecutivo musical Herb Alpert, la “A” de A&M Records, pero la prueba no salió del todo bien. A pesar de su pobre performance, Alpert les da otra oportunidad y les pide que le traigan algunos demos. Sin embargo, al final, no será A&M la discográfica que los contrate sino 20th Century Fox Records, en donde comienzan a grabar a fines de 1974.

Ese ansiado primer álbum homónimo, producido por Freddie Piro, sería editado en febrero de 1975. Sin dudas, fue un debut espectacular, en donde Ambrosia terminaría plasmando el que quizás haya sido su mejor trabajo. Un disco que contenía una elegante mixtura de pop y rock sinfónico, y que sorprendió tanto a la crítica como a personajes importantes del mundillo discográfico, como el productor Alan Parsons, quien dijo que Ambrosia era "un grupo norteamericano que sonaba como los ingleses". Y es que Ambrosia estaba repleto de excelentes temas como "Holdin' on to Yesterday", la bella balada “Love Arriver” o el genial "Nice, Nice, Very Nice", una canción con múltiples secciones musicales, cuya letra estaba inspirada en la novela Cat´s Cradle (“Cuna de Gato”, 1963) de Kurt Vonnegut Jr. En sí, todas las canciones de este disco contenían impecables arreglos, tanto melódicos como vocales, ya que todos los miembros del grupo cantaban y muy bien. Estas características estilísticas también se podían apreciar en el tema "Drink of Water", que sonaba como una atrayente mixtura de la música de Los Beach Boys con la de Pink Floyd (!). Además, en estas primeras composiciones del grupo se puede apreciar de qué forma la complejidad de la música de Ambrosia se anticiparía a los futuros trabajos del Alan Parsons Project. No por nada el propio Parsons participó de la grabación del álbum, como ingeniero de sonido, emprolijando y embelleciendo la calidad del mismo al propiciar la introducción de instrumentos, poco usuales en el rock, como la balalaica rusa y algunos gongs javaneses. Además, temas como "Time Waits for No One" recordaban lo mejor de grupos caracterizados por sus excelentes armonías vocales, como The Hollies. En resumen: el debut discográfico de Ambrosia era lo suficientemente intricado como para satisfacer a los fanáticos del rock progresivo, y tan atrapante y cancionero como para ganarse también la atención de un público no familiarizado con las pretensiones del rock sinfónico. 

Como decíamos antes, Alan Parsons se interesó mucho por la música de Ambrosia, por lo que no fue una sorpresa que luego fuera el productor de su segundo álbum Somewhere I've Never Travelled  en 1976, y que, incluso, convocara a los músicos del grupo para que participaran de la grabación del primer disco del Alan Parsons Project, el famoso Tales Of Mystery And Imagination, también editado por 20th Century Fox en 1976. Varios años más tarde, David Pack también participaría en la grabación de Try Anything Once (1993), co componiendo, tocando y cantando en tres canciones de este álbum solista de Parsons. Volviendo a Somewhere I´ve Never Travelled, en este segundo trabajo Ambrosia decide aumentar la apuesta e intenta grabar un disco aún más sinfónico y pretencioso que el primero. Para eso Parsons les sugiere la participación de su colaborador en APP, Andrew Powell, quien será el encargado de escribir los pomposos arreglos orquestales de varios de los temas del disco. Una propuesta ambiciosa desarrollada desde su apertura con “And”, un temita de menos de un minuto que se encadena con “Somewhere I´ve Never Travelled”, una impecable y lujosa canción en donde las ambiciones sinfónicas de Powell y Parsons empiezan a dar sus frutos, redondeando una labor sin fisura que les daba espacio a los músicos de Ambrosia para que demostraran toda su valía como instrumentistas. Otro momento alto del disco era “Cowboy Song”, un impresionante tema con muchas secciones musicales diferentes, que incluye un homenaje a las bandas sonoras de las series y películas clásicas del western, genialmente orquestado por Powell, y con reminiscencias de la obra del compositor Aaron Copland. Hasta aquí, un trabajo optimo y satisfactorio de Ambrosia, que luego continuaba con “Runnin´Away”, una canción pop menos pretenciosa, pero bien elaborada y con un buen trabajo vocal. “Harvey” era una balada acústica casi country, sin mayores pretensiones, que recordaba el trabajo de Dan Folgerberg. Luego de este descanso, el disco retomaba su alto nivel de elaboración en “I Wanna Know”, “The Blunt” (con cambios rítmicos alocados, y la inclusión de xilofones demenciales, que recordaban a Frank Zappa), y “Dense With Me George”, un espectacular tema (casi un tributo chopiniano) que desde su título –y en su letra- recordaba a la escritora George Sand, a partir de una melodía sacada de una obra del mismísimo Chopin, que es desarrollada hasta el paroxismo, derivando en un collage impresionante de música y estilos (pasando por la música clásica, el jazz y el pop), en donde Ambrosia terminaba haciendo hasta ritmos latinos y todo, en menos de ocho minutos. “Can´t Let a Woman” era un tema menos elaborado, pero de mucha calidad, en la clásica veta power ballads de mediados de los ´70. Finalmente, luego llegaba “We Need You Too”, una sutil despedida en donde Ambrosia terminaba de redondear otro disco antológico de gran nivel musical.

Después de esto, el grupo tendría otro suceso en 1977, con la grabación de un cover del tema de los Beatles, "Magical Mystery Tour", incluido en la banda sonora del film All This and World War II; lo que motivó que luego fueran fichados por la Warner Brothers Records, quienes los contratan antes de que empezaran a grabar su tercer disco, Life Beyond LA (1978), otra vez con Freddie Piro como productor. Sin embargo, no serían todas rosas, porque en medio de dicha grabación, se produce el alejamiento del tecladista Christopher North, quien solo participa en tres temas del disco. North decide irse de Ambrosia debido a compromisos familiares y a su disgusto con la orientación musical de la banda, que queda así reducida al formato de trio. ¿Y cuál era la famosa “nueva orientación musical” de Ambrosia? En principio, este es un disco en donde el grupo simplifica su sonido, acercándose a la veta cool de grupos exitosos como Doobie Brothers o Steely Dan, en una onda más jazzy o sutil, si se quiere. Y es que Life Beyond LA, como su nombre lo indica, es un disco en donde el ahora trio da cuenta de lo que su vida en Los Angeles. De movida nomás, en “Life Beyond LA”, otro tema de gran despliegue musical, pero con una ironía muy típica de la llamada Década del yo, una época en la que se ponderaba el invidualismo a ultranza en medio de una sociedad híper mercantilizada que ya anticipaba los primeros tiempos del neo conservadurismo. Como decíamos, la música de Ambrosia seguía sonando muy bien, y con el mismo nivel de perfeccionismo instrumental, pero ya no predominan aquí las escapadas experimentales de los dos álbumes anteriores, y se percibe como que el sonido del grupo se ablanda, orientándose más decididamente en la veta AOR del rock soft de fines de los ´70. Sin embargo, aún se pueden gozar de hermosos momentos musicales en temas como “Art Beware”, que se engancha con el sutil “Apothecary”, éste, sin dudas, con su sobria y elegante instrumentación, uno de los mejores del disco. Por el contrario, en “If Heaven Could Find Me” Ambrosia sonaba más funk, convencional, y pierde cierto atractivo musical. Seguramente, mucha gente que ya ni se acuerda de este disco –o, incluso, muchos que ni saben quién carajo son los Ambrosia- alguna vez hayan escuchado “How Much I Feel”, el gran hit de Life Beyond LA, un lento típico de la época, que aún hoy suena de vez en cuando en radios como Aspen. Por su parte, “Dancing With Myself” era otro tema muy groovero, muy funkero, tan pero tan bueno que es increíble que aún no se lo haya afanado Lenny Kravitz…
En “Angola”, curiosamente, los Ambrosia la juegan de graciosos y hacen una canción simple pero pegajosa que puede encontrarse a mitad de camino entre el “Pata Pata” y “Ob-La-Di, Ob-La-Da”. Mientras que en “Heart to Heart” vuelven a coparse con la onda country y romanticona de Folgerberg o –mejor- un David Gates, y hacen un lento, lujoso, lleno de violines y arreglos orquestales, aunque sin repetir el buen nivel de otrora. Finalmente, el disco concluye con dos composiciones bastantes diferentes entre sí: “Not as You Were”, una canción prog con gancho, que tranquilamente podría haber grabado Styx en su onda rock sinfónico de fantasía; y, el último, “Ready for Camarillo”, un tema oscuro y pretencioso, un sutil cierre para un disco que está bien, aunque no tan bien como los dos anteriores…

Y es que, evidentemente, a partir de esta nueva etapa como trio, el sonido del grupo se ablandó totalmente, hasta convertirse en una banda pop de FM del montón. Justamente, esta tendencia es la que predominaría en los últimos dos discos de Ambrosia, One Eighthy (1980) y Rock Island (1982), los cuales están bastante lejos de los momentos de mayor inspiración musical del grupo. Así y todo se las ingenian para grabar dos canciones exitosas: "Biggest Part of Me" y "You're the Only Woman", ambos lentos insignificantes, que parecen descartes de los Doobie Brothers, aunque aún hoy aparezcan, de vez en cuando, en emisoras radiales de música soft y en bandas sonoras alusivas a los primeros ’80. Por supuesto, luego de estos trabajos intrascendentes, a casi nadie sorprendió el final de Ambrosia en 1983.

Luego de esta ruptura los ex miembros de Ambrosia continuaron trabajando en sus carreras solistas, o como sesionistas, vocalistas y productores. Finalmente, entre 1989 y 1996 el grupo se reúne –incluyendo a sus miembros originales- para tocar en vivo, pero sin demasiada repercusión. A pesar de este traspié, quizás motivados por la onda revival interminable por los grupos de los ´70, desde principios de los 2000 Ambrosia está nuevamente en funcionamiento, con más integrantes aunque ya no con David Pack, tocando usualmente en el circuito nostálgico del rock norteamericano, y prometiendo grabar su primer álbum nuevo en casi 35 años. Será cuestión de esperar nomás, a ver que se traen entre manos los señores Puerta, North, Drummond y Cia. Por ahora nos queda el legado de esta banda bien setentosa y pretenciosa que alguna vez –en especial en sus dos primeros discos- , cumplió lo que prometió, grabando una música rock originalísima, elaborada y adictiva, que sigue sonando moderna aun hoy.

Emiliano Acevedo




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